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LOS TESTIGOS DEL NAGUAL NOTA DEL EDITOR. La Editora Alba trae para nosotros este libro de testimonios sobre Carlos Castaneda, donde algunos de sus aprendices mexicanos más cercanos nos dicen quién fue este personaje. Carlos Castaneda es uno de los intelectuales modernos que mayores controversias han generado no sólo a nivel académico sino en todos los ámbitos de la sociedad, ya que su obra literaria ha llegado a millones de lectores en todo el mundo; sus libros —siempre ávidamente buscados— han influido de manera determinante en toda una generación de pensadores. Con una gran capacidad literaria, atrajo la atención mundial sobre el nagualismo, una especie de antiguas prácticas chamánicas del México prehispánico; sus afirmaciones tienen un nivel intelectual y una profundidad de conceptos que no esperaríamos de las tradiciones indígenas de México, a juzgar por la forma como nos han sido mostradas por la antropología oficial. El vínculo de Castaneda con México comenzó por los años 50 y 60, cuando entabló relaciones con aquel extraño viejo indio yaqui, Don Juan Matus, su maestro en el arte de la brujería y concluyó en mayo de 1998, cuando Florinda Donner y las otras brujas vinieron a su amado desierto de Sonora para esparcir sus cenizas. Se dice que el lugar exacto de la ceremonia fue aquel cerro que cierta vez su maestro le había regalado, y que era su lugar favorito, tanto en sus sueños como en sus múltiples retiros. La actividad pública de Castaneda se divide en dos fases. La primera transcurrió desde mediados de la década de los 70 hasta principios de los 90. Durante esos años, Castaneda mantuvo una gran reserva sobre su vida privada, llegando hasta el punto de evitar que lo fotografiaran o grabasen su voz. Sus escasos contactos eran con personas a las cuales él cuidadosamente elegía por algo muy vago, que llamaba “indicaciones”. Hacia mediados de los 80, comenzó a entrenar a pequeños grupos de aprendices en forma totalmente gratuita. Esos grupos tenían un carácter muy privado; se calificaban a sí mismos de “sociedad no esotérica, pero cerrada”. El círculo de México estuvo controlado sucesivamente por Fausto Rosales, Martha Venegas, Carlos Ortiz de la Huerta, Mariví de Teresa y Toni Karam, entre otros. La segunda parte del trabajo de Castaneda transcurrió entre 1994 y 1998; durante esos cuatro últimos años de actividades, el nagual se dedicó a impartir conferencias a grandes públicos y a organizar seminarios de prácticas de ejercicios bajo el nombre de Tensegridad. Según él mismo dijo, este cambio de estrategias estuvo motivado por el retorno de Carol Tiggs, la mujer nagual, momento en que quedó oficialmente sellado el fin del linaje de Don Juan Matus y el comienzo de una nueva era del nagualismo. De que Carlos era un tipo especial, no hay dudas. De que era un tremendo acechador, tampoco. Él sabía dónde le dolía más a quienes lo rodeaban y les fustigaba exactamente ese punto, con el fin de ayudarles a despertar. Es lógico que tal proceder dejara detrás una estela de doloridos, que sin entender qué era lo que decía y hacía el Nagual, se dedicaron luego a difamarlo y a desmeritar su mensaje de libertad. Los chismes sobre su vida privada, algunos verdaderos y otros falsos, no disminuyen el alcance de su obra, ya que, para los interesados en el tema, todo radica en la experimentación directa. Por otro lado, él mismo advirtió en repetidas ocasiones que, como ser humano, era un individuo común y corriente. Separar al hombre del nagual no es tarea fácil. Pero aquellos guerreros que tienen un propósito independiente de libertad, sin fantasías ni idealismo, saben que el nagualismo no es una religión, sino un


camino individual de conocimientos y corroboraciones, y sólo vale la pena emprenderlo con un fin abstracto. Un lector de Castaneda sólo puede considerarse aprendiz cuando decide dejar de lado a los maestros y enfrentar el conocimiento por sí mismo; y sólo se puede decir guerrero cuando ha dado el primer paso en la batalla contra su propio ego. A partir de ahí, si tiene suerte en su cacería de poder, puede que llegue a ser un hombre de conocimiento, es decir, un vidente, alguien capaz de corroborar las premisas del nagualismo a nivel de energía. Se han escrito muchos libros sobre la obra de Castaneda o inspirados en ella. Faltaba, sin embargo, el testimonio directo de quienes recibieron sus enseñanzas. Es por ello que nos hemos dado a la tarea de recoger las entrevistas que conforman el presente volumen, que esperamos sea de utilidad para aquellos buscadores que se interesan en el tema. Los entrevistados son personas serias, quienes por una u otra razón cruzaron sus caminos con el del nagual. Tengo la fortuna de conocer a varios de ellos y veo cómo luchan por vivir sus vidas impecablemente. Todos poseen personalidades fuertes y un criterio propio; su admiración por el ser humano que fue Castaneda y por su obra, es el producto legítimo de haber testificado la actividad de una persona fuera de lo común. Sus opiniones han sido publicadas tal cual ellos las expresaron, y no necesariamente reflejan el punto de vista de la editora. Las siguientes páginas nos muestran cómo la presencia del nagual afectó dramáticamente sus vidas, y cómo cada uno de ellos, a su vez, ha interpretado los conocimientos recibidos desde su propia visión y experiencia. Estos testimonios están destinados a sacudir la conciencia del lector, no tanto por lo especial que sean sus autores o por los logros energéticos que hayan alcanzado, sino por la implicación de que el nagualismo está hoy más vivo que nunca, y que es posible unirse a este intento, sea uno quién sea y esté donde esté. Juan Yoliliztli.


PRÓLOGO El editor solicitó mi testimonio para un libro sobre Carlos Castaneda. Mi opinión es que ya he entregado todo lo que podía en mi libro “Encuentros con el nagual”. De manera que, en lugar de concederle una entrevista, me ofrecí para realizar el prólogo de esta obra. Ante todo, me gustaría felicitar a los participantes por la decisión de hacer públicas las memorias y experiencias vividas con Castaneda. A mi modo de ver, esa es una forma de agradecer lo que recibimos de él, y al mismo tiempo, reconocer la titánica labor que él llevó a cabo para ayudarnos a tomar conciencia de nuestras posibilidades ocultas. Carlos nos enseñó que somos libres para emprender nuestra propia batalla por la evolución, y lo que importa es saber elegir en cuáles batallas nos conviene entrar y en cuáles no. En ese sentido, él trabajó activamente, tratando de convencernos a cada uno de nosotros para que aceptáramos el camino del guerrero, o el camino de la actitud impecable en la vida. También aplicó en nosotros técnicas que fueron diseñadas por los antiguos brujos de México para ayudarnos a borrar nuestra importancia personal, entrando en un sendero de ahorro energético y autorrealización. Uno de sus ardides favoritos era cortarnos de la lista de invitados. Creo que, al respecto, casi todos los que estuvimos cerca de él tenemos nuestras historias. La mía ocurrió justo al inicio de nuestra relación, en una época en que yo aún andaba buscando maestros que me orientaran. Me sentía muy contento de poder asistir a sus pláticas, y también orgulloso porque, de alguna forma, yo tenía o creía tener un acuerdo secreto con él. Todo ocurrió repentinamente, cuando me enteré que Carlos había estado en México y dado una conferencia en la Catedral, de la cual no me habían avisado. El incidente se repitió otras dos veces. Primero tuve una terrible sensación de desconcierto, después, de abatimiento. Recuerdo que pasé largas horas conjeturando sobre cuál podría ser la causa de que el nagual me estuviera dando la espalda de esa manera. ¿Acaso había yo hecho algo mal? Un día tocaron a mi puerta y, para mi completa sorpresa, era él. Me invitó a que fuéramos a comer a un restaurante de carnes que le gustaba mucho. Mientras platicábamos, me quejé de que ya no me estuviera invitando a sus reuniones. Él rió, habló acerca del pájaro de la libertad, y me dio a entender que, si yo no tomaba en serio sus sugerencias, podía perderlo para siempre. Desde esa vez, aprendí a dar lo mejor de mí en lo que fuera que el nagual me sugiriera. Nunca he lamentado esa decisión, ya que me ha ayudado de forma determinante en mi propio camino. Mi sugerencia a los buscadores del conocimiento es que no sólo sean guerreros de escritorio, envejeciendo al son de relatos de poder protagonizados por otros. ¡Atrévanse a experimentar! Carlos nos dejó su conocimiento, nos regaló los ejercicios de Tensegridad para preparar nuestros cuerpos físicos y energéticos para lo que vendrá, y nos dijo que la libertad no es un objetivo teórico, sino una posibilidad real al alcance de la mano. Aun cuando no creamos del todo en los postulados de los naguales, esto no tiene ninguna importancia, porque lo que nos libera no son las creencias, sino que empecemos a actuar, ahorremos energía y logremos ser impecables. Eso lo cambia todo. Una de las cosas que he aprendido en mis pasos por este mundo, es que cada uno de nosotros es un brujo en potencia, lo sepamos o no. En lo más profundo de nosotros hay un ser que sabe con una voz silenciosa. Ya conocemos el camino, hemos sido testigos de eventos prodigiosos y basta con recordarlos para recuperar nuestra dimensión mágica. También aprendí que, para que nuestra vida valga la pena, es preciso hacer de ella algo especial, porque vivir en forma mediocre y aburrida no es nuestro destino. ¿Qué es lo que nos impide dar un paso


más allá de lo común? Lo que importa es convertir nuestros sueños en realidad, y vivir la vida fuerte del guerrero que tiene un propósito y sabe cómo alcanzarlo. Nunca es tarde para emprender la batalla por la conciencia. Mientras estamos vivos, siempre hay una posibilidad para desandar los pasos y reclamar de regreso aquello que por derecho nos pertenece: nuestra plenitud energética, la herencia guerrera, la capacidad de asombro, de maravilla, para así penetrar en la aventura de lo desconocido. Tomar la decisión de aceptar los preceptos del camino de los brujos es apenas la mitad. Después de eso viene el trabajo duro: transformarnos, de simples humanos llenos de debilidades, en guerreros impecables con pleno control sobre sí mismos. Eso se logra a través de una revolución interna, donde el ser que va a morir lucha denodadamente para cumplir con su parte en la toma de conciencia. Mi reconocimiento a cada uno de los amigos que narran aquí sus historias junto al nagual. Carlos decía que mientras hay memoria, hay conciencia, y yo creo firmemente que con estos relatos, no sólo estamos reconociendo lo que recibimos de él, sino también contribuyendo al engrandecimiento de la obra que él empezó. Estoy seguro de que él hubiera querido atestiguar cómo sus aprendices se ponen de acuerdo para reconstruir “el mapa”, y emprenden un trabajo conjunto que sólo puede ser calificado como el resurgimiento del nagualismo como un fenómeno social. Agradezco al Espíritu por haberme dado la oportunidad de participar en este trabajo y por poder compartir el conocimiento del plan cósmico para la evolución de nuestra especie. Veo la llegada de un tiempo cuando el ser humano pueda buscar libre-mente, experimentar sin presiones y encontrar su camino en el laberinto de la energía. Veo nacer un hombre nuevo, más preocupado con su destino como ser que va a morir, que con las exigencias del orden social. El nagual no ha muerto. Carlos partió para ese fantástico viaje en el que todos nos embarcaremos algún día, pero el nagual permanece, puesto que es inmortal. Con deseo de plenitud para todos. Armando Torres.


INTRODUCCIÓN: EL LEGADO DE CARLOS CASTANEDA. (Análisis de los últimos conocimientos impartidos por Castaneda, a partir de citas contenidas en libros y presentaciones públicas.) Por Carlos Ortiz de la Huerta.

“Don Juan dijo que el silencio interno era un logro de tan tremenda importancia, que lo consideraba la condición esencial del chamanismo”1. Recordemos sus palabras en el libro Relatos de Poder: “El pasaje al mundo de los brujos se franquea después que el guerrero aprende a suspender el diálogo interno. Cambiar nuestra idea del mundo es la clave de la brujería, y la única manera de lograrlo es parar el diálogo interno”14. Con el título de Silencio Interno, Castaneda publicó, en edición privada, su décimo libro, donde define el silencio como “un estado de la percepción humana libre de pensamientos y verbalizaciones silenciosas”. Una vez logrado este silencio interior, se convierte en “la matriz necesaria para dar un gigantesco paso evolutivo, el mayor logro en la vida de un chamán: alcanzar el conocimiento silencioso”1. Este también fue el título de uno de sus libros, el número ocho, donde definió el conocimiento silencioso como “lo que sabe la parte vieja, el lado antiguo del hombre (la parte nueva es la razón). Es algo que todos poseemos y tiene total dominio, total conocimiento de todo... El hombre renunció al conocimiento silencioso por el mundo de la razón. Cuanto más se aferra a la razón, más efímero se vuelve el conocimiento silencioso”10. El conocimiento silencioso es “un nivel de conciencia que no requiere del funcionamiento de nuestro sistema cognoscitivo cotidiano”, ni de la “operación silenciosa del proceso cognoscitivo: el diálogo interno. Es un estado de la conciencia humana donde el conocimiento ocurre automática e instantáneamente... Donde todo lo que es pertinente al hombre es instantáneamente revelado. Don Juan creía que el hombre primitivo tuvo indicios del conocimiento silencioso infinitamente más poderosos que los que experimenta el hombre de hoy, aunque realmente no lo poseía. Creía que, no obstante que hemos perdido la capacidad de captar esos indicios, la avenida que conduce al conocimiento silencioso estará siempre abierta para el hombre, y esa avenida surge de la matriz del silencio interno” 1.

EL ORDEN SOCIAL IMPONE SU INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD La realidad, el mundo en general, es para los chamanes un continuo “flujo de energía pura”. “La energía en general es transformada por el punto de encaje (el punto luminoso donde tiene lugar o encaja la percepción o la conciencia) en un mundo verdadero, en el que los seres humanos, como organismos, pueden vivir o morir”6. Esta capacidad era para los chamanes un verdadero “acto mágico” que todos realizamos cotidianamente. Pero, por desgracia, esa energía pura, al convertirse en datos sensoriales, es interpretada


con apego a un “estricto sistema de interpretación que los chamanes llaman la forma humana”. De esta manera, “la mayor parte de nuestra actividad perceptual es interpretación” filtrada por “una visión o descripción del mundo, un sistema interpretativo” que nos impide ver la realidad directamente, tal cual es. Entre el in-dividuo y el mundo “siempre está en medio la descripción del mundo... siempre estamos a un paso de distancia, un salto atrás de nuestra vivencia del mundo”14, 6 . El orden social o la socialización nos impone un “sistema de creencias”7 que hace del hombre un ser “incapacitado para tomar decisiones... Esas enormes instituciones del orden social deciden por él”2. “Desde el momento en que nacemos, las pautas y los maestros comienzan a dirigir nuestra percepción del mundo”5. A esos maestros, Don Juan los denominaba “brujos malignos”. “¿Acaso puedes desviarte de la senda que te han trazado? —le cuestionaba a Castaneda—, No. Tus ideas y tus acciones están fijadas para siempre en sus términos. Eso es esclavitud. Yo, en cambio, te traje la libertad... Represento la libertad del guerrero”14. Don Juan le ofrecía la “libertad de percibir, no sólo el mundo que se da por hecho, sino todo lo que es humana-mente posible”10. El “camino del guerrero” que proponen los chamanes “es una maniobra sostenida para apuntalar a los guerreros... (para que intenten) quebrar el efecto de nuestro sistema interpretativo... a fin de que puedan dar el salto hacia la percepción directa de la energía tal como fluye en el Universo, es decir, sin procesarla a través de un sistema interpretativo”10. Así adquieren “la capacidad de percibir la esencia energética, la naturaleza intrínseca de las cosas, a la cual llaman ver”11 o “leer el infinito”. “La meta del chamanismo de Don Juan es romper los parámetros de la percepción histórica y cotidiana, y entrar a percibir lo desconocido.”8 LA IMPORTANCIA PERSONAL JUZGA EL MUNDO “El único medio para suspender los efectos de nuestro sistema interpretativo (parar el mundo o parar la visión del mundo) es cancelar el predominio de la importancia personal”, no sólo de esa “preocupación obsesiva por el propio yo”3, sino de nuestros “juicios y opiniones sobre la realidad”13, basados en nuestro condicionamiento cultural o socialización. Lo que acaba con la importancia personal es haber comprendido que la realidad es una interpretación. Saber esto fue la ventaja definitiva que tuvieron los nuevos videntes sobre los españoles”16. La “humildad del guerrero” es saber que “todo lo que nos rodea es un misterio insondable, y él mismo se considera un misterio más”15. “Un día esa mente del volador (el orden social) se marcha, si hemos luchado y trabajado hasta despojarnos de ella. Entonces perdemos la forma humana. Ya no hay yo, y nos convertimos en lectores del infinito. “Es el momento en que los chamanes aman realmente a la humanidad 7. La suspensión del juicio, o “suspender los efectos del sistema de interpretación normal”, es una “necesidad de toda práctica chamánica para expandir los parámetros de lo que pueden percibir, hasta el momento en que empiezan a percibir sistemáticamente lo desconocido”3. Los chamanes “suspenden sus juicios para ver... y cuando uno es testigo imparcial del infinito, sabe directamente”7. Esto es el conocimiento silencioso. “El brujo se propone con todas sus manipulaciones romper la visión cotidiana de la realidad, parar el mundo, suspender los juicios y opiniones sobre la realidad, acabar con el esto y el aquello, el sí y el no, alcanzar ese estado dichoso de imparcialidad contemplativa a que han aspirado todos los sabios”, escribe Octavio Paz en el prólogo del primer libro de Castaneda, Las Enseñanzas de Don Juan. Y concluye: “…la iniciación de Castaneda puede verse como un regreso, guiado por Don Juan y Don Genaro —ese Quijote y ese Sancho Panza de la brujería andante— como la recuperación de la visión directa del mundo. Todos vimos alguna vez el mundo con esa mirada ‘anterior’, pero hemos perdido el secreto. Perdimos el poder que une al que mira con aquello que mira”13.


EL VIAJE DE LA CONCIENCIA A OTROS MUNDOS DE LA PERCEPCIÓN “Los seres humanos se encuentran en un viaje de la conciencia momentáneamente interrumpido por fuerzas tenaces” 5. La interrupción es producto del orden social, también llamado “la conciencia de los voladores”7. “La conciencia es el único medio que tenemos para evolucionar —me dijo cierta vez Don Juan—. Algo ajeno a nosotros, algo que tiene que ver con la condición depredadora del Universo, ha interrumpido nuestra posibilidad de evolución, tomando posesión de nuestra conciencia”2. “Al forzar a sus discípulos a alcanzar el silencio interno, Don Juan estableció nuevamente la continuidad de su interrumpido viaje de conciencia”5. “El viaje que nuestra conciencia realiza a través de algo que los chamanes de la antigüedad denominaba el oscuro mar de la conciencia: algo que consideraban una parte integral del Universo, un elemento inconmensurable que lo impregna todo... tal como la materia o la luz”2. El “viaje de navegación en lo desconocido” se lleva a cabo en “otros mundos, otros reinos de la percepción”. “Navegar quiere decir moverse de un mundo a otro”1. Pero esos otros mundos se encuentran en realidad en “otras posiciones del punto de encaje”, diferentes de la posición cotidiana o la “posición de la razón”10. Es decir, se trata de diferentes niveles de conciencia, en uno de los cuales se localiza el llamado “mundo de los seres inorgánicos” (el reino de Sambogakhaya de los budistas, el Universo de símbolos y arquetipos investigado por Jung, fuente de las revelaciones de todas las mitologías). En la mitología de los chamanes, es el mundo de los “aliados” o “seres inorgánicos”, llamados los “emisarios de ensueño”. También es el reino de los “exploradores”, algunos de los cuales están más allá del reino de los seres inorgánicos, “en otros niveles de la conciencia, aún más distantes”11.

OTROS MUNDOS Para realizar esas visitaciones a otros mundos, los chamanes desarrollaron el arte del ensueño; la técnica, descubierta durante los sueños, de “mover el punto de encaje de su posición habitual”, para cambiar de estados y niveles de conciencia. Y para que esas visitaciones no fueran demasiado fugaces y pasajeras, elaboraron “otra de las altas artes de la brujería: el arte del acecho” que les permitía “fijar el punto de encaje a voluntad en la nueva posición a la que había sido desplazada”2. El mito nos quiere dar a entender que hay otros mundos de la percepción dentro de este mundo; hay una “sorprendente cantidad de mundos accesibles a la percepción humana”, descritos como “ámbitos omniincluyentes”, o sea, que incluyen todo lo que hay en la realidad. “Son mundos en los que se puede vivir y morir, tal como en este mundo de nuestra vida cotidiana”2, “mundos que son asombrosamente diferentes al nuestro, y sin embargo, en extremo similares”1. También se refiere a esos mundos como “otras regiones de energía, diferentes de la energía del mundo cotidiano, y sin embargo, similares en su núcleo básico”1. Dentro de la esfera luminosa o “burbuja de la percepción” que todos “somos” en esencia, los “antiguos brujos” habían descubierto “no menos de seiscientos puntos” a los cuales se puede desplazar el punto de encaje; cada uno de esos sitios es la “sede de mundos auténticos”2. “Esto significa que, si el punto de encaje se ubica en cualquiera de esos sitios, el resultado es el ingreso del practicante a un mundo totalmente nuevo”. El “enigma de dónde se encuentran esos seiscientos mundos diferentes” era para Don Juan “la esencia de la brujería, y sin embargo, no tiene ningún significado para la mente común”2. VER LA MARAVILLA DEL ORDEN


Y EL CAOS DEL UNIVERSO Al desarrollar el arte y la atención del ensueño, los brujos se dieron cuenta de que “habían llamado a las puertas de infinito. Habían tenido éxito en su intento de ampliar los parámetros de la percepción normal”, y que por lo tanto, “su estado de conciencia normal era infinitamente más variado que antes... A partir de ese momento, aquellos brujos podían, realmente, aventurarse hacia lo desconocido”2. Habían alcanzado “la meta del chamanismo”: mantener “un estado de conciencia acrecentado que nos permita percibir el mundo que nos rodea de una manera más amplia... y utilizar esa ampliación de los límites de su percepción dentro de su medio ambiente... Ver directamente la maravilla del orden y el caos del Universo” 8. “Los brujos le abrieron (a Castaneda) las puertas de la otra vida. Pero la otra vida está aquí, sí, la otra realidad es el mundo de todos los días. En el centro de este mundo de todos los días centellea... la revelación del mundo de allá... Todo es alusión, seña secreta, estamos en una de las esquinas del cuarto de los ecos, todo nos hace signos y todo se calla y oculta... La antropología llevó a Castaneda a la hechicería y esta a la visión unitaria del mundo, a la contemplación de la otredad en el mundo de todos los días” Octavio Paz13. Cuando los místicos alcanzan esa visión unitaria, esa percepción o conciencia de la unidad de todo lo existente, real-mente sienten que están en otro mundo, muy diferente, que a la vez sigue siendo el mismo. Pero no se necesita ser místico o brujo para tener vislumbres de la “otredad”: al suprimir e ir más allá de los “parámetros de la percepción normal y tradicional... el practicante puede lograr incluso ingresar en mundos inimaginables”2. LOS PASES MÁGICOS DE LA TENSEGRIDAD “¡Son mágicos! —exclamó Don Juan—, producen un efecto que no puede explicarse de forma ordinaria. Estos movimientos no son ejercicios físicos o meras posturas del cuerpo, son verdaderas tentativas para alcanzar un estado óptimo del ser. El intento de miles de chamanes se prolonga a través de esos movimientos”1. “Los pases mágicos son una especie de herencia oculta de la humanidad... Los practicantes experimentan al ejecutarlos un cambio sutil... es como un toque del Espíritu, como si, a través de los movimientos, volvieran a establecer ese lazo o eslabón perdido con la fuerza de vida que nos sostiene... Son como una manera de llamar al poder”5. Para enseñar estos pases al público en general en los seminarios de Tensegridad, Castaneda, las tres brujas y el Explorador azul (la hija mítica de Castaneda y Carol Tiggs) al fin “se han puesto al acceso”18 del mundo y de sus pedradas. Así nos dan una muestra ejemplar de la técnica del no—hacer (hacer lo opuesto de lo que siempre se hace), pues desde la “secrecía” se van al extremo de ¡poner anuncios de sus seminarios en plena vía pública! “Esta es mi forma de pagar, no me quiero marchar debiendo... llevándonos lo que Don Juan nos legó como patrimonio de la libertad”7. DESARROLLAR EL CUERPO ENERGÉTICO Nos dicen que la causa, digamos intrapsíquica, de esa “interrupción de nuestro viaje de conciencia”, es el actual predominio del “cuerpo derecho” (el tonal o lugar de la razón) sobre el “cuerpo izquierdo (el nagual o lugar del conocimiento silencioso). Para restablecer “la fusión equilibrada y armónica entre el cuerpo derecho y el izquierdo” y llegar a la totalidad de uno mismo como unidad del tonal y el nagual, “el practicante tenía que expandir su con-ciencia, la cual debía de ser apuntalada por una disciplina extraordinariamente exigente”. De lo contrario, ese “proceso evolutivo”, como lo es “cualquier tipo de expansión de la conciencia”, es “logrado de manera dolorosa” 2. “Cuando los dos lados del hombre, su cuerpo (derecho) y su cuerpo energético se juntan, ocurre el milagro de la libertad.” “El hombre en posesión de sus partes esenciales” alcanza “una nueva interpretación (de la energía del Universo) que es la Totalidad”3. El chamán puede así “unirse a todo lo que le rodea”17 o más bien percibir que “estamos unidos a todo lo demás”10.


“El conocimiento silencioso no es más que el contacto directo con el intento”10, con “aquello” que los chamanes llaman de muchas maneras: el nagual, el poder que rige los destinos del hombre, el águila, el Espíritu, lo abstracto, “una fuerza perenne que abarca al Universo entero”5. Para tener una idea de esa “fuerza perenne”, Castaneda explica que los seres humanos son en realidad “un conglomerado de campos de energía” que se mantienen unidos y cohesionados por una “fuerza vibratoria aglutinante... aparentemente similar a lo que los astrónomos de hoy en día creen que debe suceder en el núcleo de todas las galaxias... o a la fuerza aglutinante que mantiene unidos los componentes de un átomo o los elementos de una célula... un tipo de vibración que mantiene todo con vida, y al mismo tiempo, en su sitio”3. La culminación del arte del ensueño, o sea, trascender el estado de conciencia ordinario, es “el arduo esfuerzo por parte del practicante a fin de ponerse en contacto con la fuerza indescriptible y abarcadora que los brujos del antiguo México llamaban intento” 14, “esa fuerza que es consciente de sí misma, al grado de poder responder al llamado o comando de los chamanes”5. “En la disciplina del chamanismo hay un ítem denominado llamando al intento o intentar”4. “La intencionalidad o el intentar es la utilización pragmática del intento, la fuerza que lo facilita todo”5. “Para ensoñar necesitas intentarlo... la única forma que puedes intentar, es intentándolo”2. “Don Juan aconsejaba abstenerse de prácticas y procedimientos... Los practicantes (del camino del guerrero) deben intentar su cambio, deben intentar parar el mundo”4. “La evolución era el resultado de intentar a un nivel más profundo, y ese nivel está determinado por el silencio interno”2. “Para lograr realizar esta hazaña de navegación (en el mar de la conciencia), no puede haber procedimientos o pasos a seguir, sino un solo acto abstracto que lo define todo: el acto de reforzar nuestro lazo con la fuerza que se extiende a través del Universo... Es hacer que ese lazo (el vínculo de conexión con el Espíritu) forme parte de nuestros actos conscientes”1. En ese “acto de volvernos conscientes de nuestro lazo con el intento” es cuando se experimenta lo que Octavio Paz llama “la revelación del mundo de allá”13: el conocimiento silencioso. “El único lazo que vale la pena es nuestro lazo con esa fuerza que se extiende a través del Universo entero y que puede guiarnos” 5. “La brujería podría definirse como el proceso de limpiar nuestro vínculo con el intento”10. SER UN CONDUCTO IMPECABLE DEL ESPÍRITU “La gran tarea de los brujos es implementar la idea de que, para evolucionar, el hombre primero debe liberar su conciencia de las ataduras del orden social. Una vez que esté libre, el intento dirigirá la conciencia por un nuevo camino evolutivo”11. “Los chamanes dicen que el único maestro y guía posible que podemos tener, es el Espíritu... siendo el silencio interno el único requisito para alcanzarlo”10. Siempre buscando términos más abstractos para nombrar al Espíritu o el intento, Carlos usa también la palabra energía. “Quien quiera que siga el sendero del guerrero, está sujeto a los efectos de la energía, la cual abre el camino o lo cierra. Don Juan insistió que sus discípulos debían poseer la habilidad de obedecer los dictados de la energía, en vez de tratar de gobernarla imponiéndole nuestra voluntad”4. “Cuando un practicante alcanza un estado de profunda sobriedad, no puede equivocarse al leer los mandatos de la energía. Es como si la energía estuviera viva y consciente, y manifestara su voluntad... Los practicantes pagan muy caro cuando, por ignorancia u obstinación, se niegan a seguir las indicaciones de la energía”. “Llega un momento en la vida de todo practicante, en el cual éste es capaz de seguir el fluir de la energía, aunque no sea sino torpemente”. “Los rastreadores de la energía no imponen su voluntad; simplemente permiten que la energía se les muestre” 4. “Quien decide todo, es una fuerza impersonal consciente que los brujos llaman el intento o el Espíritu. Uno no es el jugador, uno es simplemente una ficha del ajedrez... Lo único que se puede ser es un conducto impecable (del Espíritu o la energía)”. “El intento es quien decide la obra de un chamán, ya sea literaria o cualquiera otra”8.


FLUIR POR LA VIDA MOTIVADOS CON AMOR REVERENTE “Lo que buscan los chamanes como Don Juan, es un estado de fluidez donde el yo personal no cuenta... Ser monolítico (o sea, no tener dos caras), y al mismo tiempo tener la flexibilidad para encarar lo que fuera, era la manera de vivir de Don Juan”8. El concepto de fluidez es clave en la enseñanza de Don Juan, y se relaciona con su idea de que “lo único que podemos hacer, es acceder a los dictámenes del intento”8. Asimismo, los conceptos de pragmatismo y disciplina. “La sobriedad y el pragmatismo son los dos únicos requisitos para alcanzar el conocimiento silencioso, para entrar a otros reinos de la percepción”. “Don Juan recalcó, en tantas formas como le fue posible, el valor de una actitud pragmática por parte de los practicantes del ensueño y del acecho”, y simplemente la definió como “la capacidad de absorber cualquier contingencia que se pueda presentar a lo largo del camino del guerrero”1. En relación con la disciplina, Don Juan declara que “no tiene nada que ver con rutinas acerbas, sino con la capacidad de encarar con serenidad las dificultades que no están incluidas en nuestras expectativas. Para ellos, la disciplina es un acto volitivo que les permite enfrentar todo lo que se les presenta, sin remordimientos ni expectativas”1. “Disciplina es saber adaptarse”7. La que nos parece una de las mejores descripciones de la fluidez de los chamanes, aparece en el libro de Florinda Donner: “En la segunda atención (atención de ensueño), o como prefiero llamarla, cuando ensoñamos despiertos, uno debe creer que el ensueño es tan verdadero como el mundo real. En otras palabras, debemos acceder... Detrás de todo acto irreprochable (o impecable) está el acceder, que no es aceptación. El acceder incluye un elemento dinámico: la acción. En el momento en que uno comienza a ensoñar despierto, se nos abre un mundo de incitantes e inexploradas posibilidades, donde la última audacia se convierte en realidad, donde se espera lo inesperado. Ese es el momento en que comienza la aventura definitiva del hombre, y el Universo se convierte en un lugar de posibilidades y maravillas ilimitadas”12. Pero, ¿qué es lo que nos da la motivación y disciplina para fluir con la vida, no con una simple aceptación resignada, sino “accediendo” ante cualquier contingencia o dificultad? Don Juan aclara que la extraordinaria disciplina de los chamanes “no es el resultado de su firmeza, sino de su admiración reverente (que sienten por el mundo, la humanidad, el misterio, el infinito)... Para los chamanes la disciplina es un arte: el arte de encarar el infinito sin vacilación... En pocas palabras, diría que la disciplina es el arte de sentir admiración reverente” 1. CONVERTIRNOS EN SERES QUE VAN A MORIR “Existen dos categorías de seres humanos: los inmortales, que nunca toman la muerte como punto de referencia, y se permiten el lujo de vivir su vida entera involucrados en palabras, descripciones, polémicas, acuerdos y desacuerdos... La otra categoría es la de los brujos o seres que van a morir... Si es que somos algo, somos seres sin ninguna importancia. “Y si es que tenemos algo, es esa convicción de que somos seres que vamos a morir, y algún día, habremos de encarar el infinito... Nosotros nos preparamos veinticuatro horas al día para encarar ese encuentro con el infinito”9. “La muerte es la única consejera sabia que tenemos... Nada importa más que su toque, y porque mí muerte está sentada aquí, junto a mí, no me siento más importante que ninguna otra cosa”18. “Si no se tiene en cuenta la muerte, todo es ordinario, trivial. Sólo porque la muerte nos anda acechando, es el mundo un misterio sin fin”14. Cuando se logra estar consciente de nuestra muerte inminente, “todo adquiere un orden y medida trascendentales”8.


“Los chamanes creen de verdad que si seguimos estrictamente el camino del guerrero, podemos usar nuestra muerte como una fuerza conductora para así convertirnos en seres que vamos a morir... El hecho de que vamos a morir nos hace poderosos y decididos... Los seres que van a morir son por definición seres mágicos, y no mueren a causa de la fatiga y el desgaste, sino que continúan en un viaje de conciencia”3. LA RECAPITULACIÓN: SEPARAR LA CONCIENCIA DE LA VIDA Los chamanes hablan de una “muerte alternativa”, o sea, que existe “una alternativa al modo común de morir”7, que se logra gracias a la recapitulación, técnica para “Ver y revivir todas las experiencias de nuestra vida”2 “sin crítica, sin búsqueda de fallas”19. “Los chamanes del México antiguo creían que existe una fuerza indescriptible, un inmenso conglomerado de campos energéticos, al cual llamaban metafóricamente el Águila, o el oscuro mar de la conciencia. Creían que el Águila le presta conciencia a un ser recién nacido, quien expande esa conciencia a través de las experiencias de la vida, hasta el momento en que esa fuerza exige que se le devuelva la conciencia”1. No obstante, si “logramos separar nuestra conciencia de nuestra experiencia vital, podemos retener nuestra conciencia; si no, moriremos. Todo depende de la recapitulación”7. “Recapitular significa entregar a esa fuerza, el Águila, lo que está buscando: nuestras experiencias de vida, con cierto grado de control que permita a los chamanes separar la conciencia de la vida”1. “La recapitulación hace posible nuestro retorno al punto de partida: el infinito, en posesión de total conciencia”19. MILES DE BRUJOS TRASCENDIERON LA MUERTE Don Juan aseguraba que “miles de brujos no murieron de la forma usual en que entendemos la muerte, sino que la trascendieron al retener su fuerza vital y desaparecer de la faz de la tierra, embarcados en un viaje definitivo de percepción”. “Cuando les llega el momento de dejar este mundo, arden desde adentro. Para un brujo es sumamente fácil ubicar su total o absoluta conciencia en esa fuerza vibratoria aglutinante (el intento), con el intento de arder; así parten como un soplo”2. “Creían los chamanes del linaje de Don Juan que, cuando la muerte se produce de esa manera, todo nuestro ser se convierte en energía, pero en un tipo de energía especial, que retiene la huella de nuestra individualidad... Don Juan llamaba a ese estado la libertad total, y decía que un ser humano libre de la socialización y del dominio de la sintaxis del lenguaje (que limita nuestras infinitas posibilidades preceptúales), y transformado así en una porción de energía pura y unificada, desaparece, se evapora, transformado en un ser inorgánico, un ser que posee conciencia, pero no organismo”. “De ninguna manera eso es inmortalidad —contestó Don Juan a la duda de Castaneda—. Simplemente es el ingreso a un proceso evolutivo, usando el único medio para evolucionar que el hombre posee: la conciencia.”2 LA DESPEDIDA DEL NAGUAL


A raíz de la noticia difundida por la prensa con relación a la muerte de Carlos Castaneda, apareció en Internet un boletín: “Declaraciones de Clear Green (Verde Claro, la agrupación que difunde su obra) con relación a la partida de Carlos Castaneda”. Entre otras cosas, señala: “Para Don Juan, el guerrero era un ser que vivía su vida plena hasta el borde, explorando las posibilidades infinitas de la conciencia humana que normalmente permanecen inutilizadas, un ser que se embarca, cuando le llega el tiempo, en un viaje definitivo de la conciencia, en la travesía hacia la libertad total. Don Juan describía esa alternativa a su aprendiz: ‘...los guerreros pueden conservar su conciencia, a la cual normalmente se renuncia al momento de la muerte. Al llegar el momento de su travesía, el cuerpo se enciende plenamente de conocimiento. Cada una de sus células se vuelve consciente de sí misma, así como también consciente de la totalidad del cuerpo’. “Carlos Castaneda dejó el mundo de la misma manera que lo hizo su maestro, Don Juan: con plena conciencia. La cognición del mundo cotidiano no nos ofrece una descripción para un fenómeno como éste. Por lo tanto, para mantenerse dentro de los términos, legalidades y registros requeridos por el mundo de la vida diaria, se declaró que Carlos Castaneda había muerto.” El boletín concluye: “De acuerdo con Don Juan, el viaje comienza aquí, en el mundo que habitamos, un mundo tan misterioso y abundante como cualquiera puede serlo. Todo lo que necesitamos para arrancarle las maravillas a este mundo de la vida cotidiana, es suficiente desapego. Pero aún más que desapego, necesitamos suficiente cariño y abandono.” LA LIBERTAD: AMAR EL MUNDO “Un guerrero debe amar su mundo —dijo Don Juan— con el objeto de que este mundo, en apariencia tan ordinario, nos abra y muestre sus maravillas”19. Esto, que sentimos como la despedida final del nagual Castaneda, nos parece semejante a la despedida final de su antecesor nagual. En el libro Relatos de Poder, Don Juan esboza con gran emoción la que él consideró como “la última lección, que siempre se deja para el momento final”. “Voy a revelarles un secreto de guerrero, quizás podrían llamarlo la predilección de un guerrero: la vida de un guerrero no puede ser en modo alguno fría, solitaria y sin sentimientos, porque se basa en su afecto, su devoción, su dedicación a su ser amado. ¿Y quién —podrían ustedes preguntarse— es ese ser amado? Esta tierra, este mundo. Para un guerrero no puede haber un amor mayor. Sola-mente si uno ama a esta tierra con pasión inflexible, puede uno liberarse de la tristeza... Solamente amando a este ser espléndido se puede dar libertad al espíritu del guerrero —Don Juan volvió a acariciar el suelo con ternura. “Este ser hermoso, que está vivo hasta sus últimos resquicios y que comprende cada sentimiento, me dio cariño, me curó mis dolores y, finalmente, cuando entendí todo mi cariño por él, me enseñó lo que es la libertad”14. Los números de las citas corresponden a: “El Silencio Interno”, por Carlos Castaneda. “Pases Mágicos”, por Carlos Castaneda. “Diario de Hermenéutica Aplicada”, número 1. “Diario de Hermenéutica Aplicada”, número 2. “Diario de Hermenéutica Aplicada”, número 3. “Diario de Hermenéutica Aplicada”, número 4. Pláticas del Seminario de Westwood.


Entrevista a Carlos Castaneda, por Daniel Trujillo, revista Uno Mismo, Chile. Entrevista a Florinda Donner, Taisha Abelar y Carol Tiggs, por Concha Labarta, revista Más Allá, España. “El Conocimiento Silencioso”, por Carlos Castaneda. “El Arte de Ensoñar”, por Carlos Castaneda. “Ser en el Ensueño”, por Florinda Donner. “Las Enseñanzas de Don Juan”, por Carlos Castaneda. “Relatos de Poder”, por Carlos Castaneda. “El Don del Águila”, por Carlos Castaneda. “El Fuego Interno”, por Carlos Castaneda. “Donde Cruzan los Brujos”, por Taisha Abelar. “Viaje a Ixtlán”, por Carlos Castaneda. “La Rueda del Tiempo”, por Carlos Castaneda. Agradecemos por el permiso de uso de este artículo a la revista En tiempo presente.

Sólo cuando uno encara la muerte total encara la muerte total Entrevista a Carlos Hidalgo de Bacatetes. —¿Cuándo te encontraste por primera vez con Castaneda? —Bueno, más bien, primero él me encontró, sin que yo me hubiera enterado. Era la presentación de su nuevo libro “El Don del Águila” en 1982, en el University Club de México a cargo de un grupo de intelectuales. Como me parecía demasiado racional y superficial lo que decían, me armé de valor y pedí la palabra: “En lo personal, pienso que el principal valor de los libros de Carlos Castaneda es el hecho de ser un auténtico sistema iniciativo —dije casi tartamudeando—; es decir, es una verdadera cosmogonía y contiene una serie de técnicas, digamos que de carácter psicológico, cuya práctica puede llegar a conducir a un máximo de desarrollo y plenitud humana y espiritual… en términos modernos, podemos considerar las enseñanzas del chamán Don Juan como toda una ‘tecnología’ destinada a la evolución de la conciencia individual… además, deberíamos sentirnos orgullosos porque en este campo quizás sea la más valiosa aportación de México al mundo. (Ahora pienso que esta cosmovisión es más bien una aportación de todo el Continente Americano, aunque se supone que su origen se remonta a los antiguos toltecas, Don Juan es un chamán de origen Yaqui, tribu indígena ubicada en la frontera entre Estados Unidos y México, y Castaneda el difusor de la enseñanza; no se sabe si era un pocho gringo-mexicano o un cholo peruano o tal vez brasileño; entonces se puede hablar de una sabiduría ‘multicultural’.) “Pues bien, para mi gran fortuna, después me enteré que el mismísimo Castaneda estaba escondido en alguna parte del salón escuchando lo que dije. Seguramente no le pareció mal, pues su ‘contacto mexicano’, Fausto Rosales, me invitó después a una reunión con Castaneda en ese mismo lugar, y además me dijo que invitara a otros supuestos candidatos a guerreros. “La primera impresión que tuve al verlo fue: ‘¡se parece al Don Juan que yo me imaginaba al leer sus libros!’ Aunque no era indígena, sino mestizo, y no de guaraches sino vistiendo de traje y corbata. Su apariencia simple y sencilla, sin poses, su estilo bromista y simpático, incluso mal hablado, me produjo una magnífica impresión. Hizo trizas desde aquel día el paradigma o imagen que teníamos del maestro o guía espiritual. No tomarse en serio y mofarse de sí mismo y de sus compañeras brujas era algo que dejaba a todos desconcertados y, a la vez, riendo a carcajadas. “Así como hacía chistes de todos los gurús y maestros que había conocido, (se aprovechaba de su fama para tener acceso a ellos), también él mismo se ridiculizaba diciéndose y actuándose como tarugo,


chaparrito y feo, y casi suplicaba no desilusionarnos de él por su apariencia, tal como le sucedía en Estados Unidos, según nos contó: “Esperan ver a Carlos Castaneda como el flamante, rubio y alto maestro —nos dijo, al mismo tiempo que burlonamente lo actuaba— que con su presencia y mirada dejaba impávidos a las multitudes, pero ¡vaya decepción que se llevan al verme así: prietito y chaparrito! “Uno de los mejores aprendizajes que nos dieron Carlos y sus compañeras brujas, fue hacernos ver cuál era el secreto para alcanzar la libertad psicológica y espiritual, objetivo de su sistema: aprender a no tomarse en serio, a reírse de uno mismo y lograr que la personalidad vaya teniendo cada vez mayor sutileza y sobriedad, hasta que su presencia casi pase desapercibida. Ese era el sentido metafórico de la frase de Don Juan: ‘El guerrero debe volverse invisible’. Pero ¡qué difícil hacer de la personalidad algo tenue como nos lo pedía Castaneda! “Con relación a lo anterior, recuerdo cuando le platicaba a Castaneda delante de un grupo sobre una poderosa guerrera de Canarias, España, y, emocionado con mi descubrimiento, le describía sus características, de fuerza, impresionante personalidad, arrojo, presencia de notoria belleza y carisma, etc., cuando de pronto me interrumpió el Nagual: “—Observen al Hidalgo haciendo una típica descripción en base al ‘orden social’. “Me sentí torpe y apenado, pues se valía de ese término para describir la visión del mundo ordinario o cotidiano basada en los convencionalismos y condicionamientos sociales. “Esta visión, en términos de la Psicología Transpersonal que yo estaba estudiando, es propia del nivel de conciencia egoicoracional. “Según esta ciencia o para-ciencia, los libros de Castaneda constituyen todo un modelo de desarrollo de la conciencia, como lo son los modelos de las tradiciones religiosas y espirituales, en los cuales se busca trascender el nivel egoicomental de conciencia y alcanzar el nivel transpersonal o trascendente de la conciencia, que según este modelo sería el de los brujos. Con toda intención usan esta palabra para no tomarse en serio en lugar de denominarse como en otros tiempos: iniciados, elegidos, espirituales o religiosos, etc. “En contraste con mis apreciaciones sobre la ‘guerrera Canaria’, te cuento de la burlona descripción que el Nagual hacía de ‘Nuri’, la hija simbólica de él y de la mujer nagual: Miuni o Carol Tiggs, y digo simbólica porque supuestamente ellos no la concibieron, sino que vino desde el otro mundo, como el explorador azul. Con mucha gracia la describía y la actuaba como si se tratara de una especie de araña patuda, enclenque y debilucha, como un ser insignificante que nadie se fijaba en ella, y sin ninguna gracia. Sin embargo tenía tal poder personal que la llegó a ubicar por encima de todos los brujos, incluso de sí mismo, pues cuando tuvieron que pasar pruebas difíciles como grupo, ella era la que los sacaba adelante y los estimulaba en su intento de brujos. “Cuando finalmente la conocimos, pudimos apreciar que su figura discreta y delgada, siempre cordial y sonriente, su presencia energética y su mirada eran literalmente ‘encantadoras’. Cuando tuve la fortuna de platicar con ella, repentinamente se levantó y dijo algo así como ¡me olvidé, tengo que alejarme! Y se fue a sentar a un lugar distante. El impacto psicológico de este movimiento me produjo una profunda tristeza, ella de inmediato lo notó y con una simple mirada me tranquilizó. O mi energía era demasiado densa para ella o era mi incapacidad para soportar, digamos, su voltaje energético por mucho tiempo, o ambas cosas, lo que me impidió platicar más tiempo con este ser sublime. Otra razón sería la facilidad con que me hubiera enamorado perdidamente de ella, como a cualquiera le hubiera ocurrido… “Puedo decir que Castaneda me entrenó para saber distinguir o ‘ver’ la diferencia entre una persona ‘pesada’ (lo decía tanto en un sentido físico-energético como psíquico), debido a su ‘egomanía’ o ‘megalomanía’ (términos que solía ‘amablemente’ usarlos en nuestra contra) y una persona ligera o liviana que ha perdido su ‘importancia personal’. Las personas ‘pesadas’ son muy notorias y se les ve como sobradas de energía. En cambio, él y sus brujas eran el prototipo de ligereza y presencia discreta que casi los hacía pasar desapercibidos. “Casi nos resultaba increíble que detrás de esa apariencia discreta, de finos modales, de amable gentileza de las brujas, se escondiera esa fuerza energética y esa capacidad de percepción, que sólo conviviendo con ellas se podía notar. Las delataba su aura energética o su penetrante mirada, que bien podían causarte gozo y plenitud, o hacerte sentir una extraña frialdad o vacío, sensaciones que supuestamente denotan su cercanía con lo desconocido, con el infinito, según después comprendimos.”


—¿Cuál fue la mayor enseñanza que te dejó Castaneda? —Aunque escuchar el contenido de sus pláticas era fascinante, al principio no es fácil percatarse que la enseñanza de Carlos es en otro nivel, lo que decía era sólo un medio para fijar la atención, lo más importante era abrirse a su presencia energética. “Me di cuenta de ello de una forma curiosa en una reunión con él en casa de Ariel Rosales: con gran expectación esperábamos escuchar la gran enseñanza del Nagual, pero se pasó el tiempo contando simpáticas anécdotas burlonas e incluso groseras. Yo no concebía tal vanidad de mi “héroe”, y triste decidí irme, pero al despedirme se me quedó mirando sonriente y misteriosamente, como haciéndome ver mi error. “Esa extraña mirada me dio mucho que pensar y cuando al fin se me ‘prendió el foco’ comprendí cómo el maravilloso efecto de su presencia, que en adelante tendría sobre nuestras vidas, no era tanto por sus tan anheladas enseñanzas intelectuales, sino por su irradiación personal de lo que ellos llaman energía chi (lo equivalente a la ‘gracia’ o la ‘shakti’ de los místicos). Esta era la razón por la cual al estar con ellos se experimentaba un estado de máxima plenitud, y como que todo se volvía luminoso con su presencia. Con el tiempo aprendí a abrirme y volverme receptivo a su irradiación energética e incluso él mismo me la hizo percibir con intensidad a través de sus misteriosos ojos. Llegué a sentir sus irradiaciones hasta por teléfono, cuando me llamaba el Nagual desde Los Ángeles. “Considero que ésa es la verdadera validación de un Nagual: convivir personalmente con él. Leerlo no es lo mismo; el caso era caminar, comer con él, dejarse arrastrar por su increíble vitalidad, eso por sí sólo era una prueba magnífica, contundente, de que existe un estado superior de conciencia. “Él buscaba con sus bromas y sus historias de brujería, a veces tenebrosas, fijar la atención de los participantes. “Era muy divertido observar nuestras caras im-pávidas y asustadas cuando nos contaba alguna fantástica historia sobre el desafiante de la muerte o de los temibles ‘voladores’. Como decía que los mexicanos somos muy mórbidos, se valía de ese tipo de historias para así ofrecernos indirectamente lo mejor que él podía darnos: su poderosa presencia y energía, capaz de inducirnos a una transformación interior que nos condujera a desarrollar nuestros niveles de conciencia.” —¿Cómo era su trato con ustedes? —Era afectuoso y cercano con todos por igual; imposible saber quién era el “favorito” —algo que todos anhelábamos y por lo cual inconscientemente peleábamos—. No obstante, quienes tenían más contacto con él les iba peor, porque no había sesión pública en la que no se mofara de nosotros, poniéndonos siempre como ejemplo de lo que no se debería hacer. Pero lo hacía con tanta gracia y habilidad, que ninguno se sentía ofendido. Eso sí, después de hacerle una fuerte e irónica crítica a alguien que no estuviera presente, al encontrárselo de nuevo lo abrazaba efusiva y afectuosamente, y veíamos que lo hacía con sinceridad. “La interacción con ellos no era fácil de llevar. Él mismo confesaba lo abrumador que resultaba tratar demasiado tiempo a un Nagual o a las brujas. Compartir con ellos era entrar en un fuerte proceso de depuración interna; de ahí que nos dieran continuos descansos, a veces de años. “Solía dejarnos en estados de realización, de plenitud y de gran fuerza que duraban meses; pero, en otras ocasiones, después de haber convivido con ellos, sentía que se acababa mi vida, no sólo porque vulneraban seriamente mis estructuras mentales, sino también porque provocaba fuertes procesos de limpieza o purificación o ‘muertes simbólicas’, según sus términos. “No obstante, sabíamos bien que cualesquiera que fueran las consecuencias, siempre serían positivas. Lo importante era estar con ellos el mayor tiempo posible y poder aguantar ese impacto energético y psicológico, aunque ni siquiera escuchásemos o entendiésemos lo que explicaran.” LAS “COMIDAS DE PODER” “Al principio creí que sus invitaciones a comer en algún restaurante eran como para relajarnos departiendo social y superficialmente con ellos, pero nada de eso, se trataba de ‘comidas de poder’ donde iban a decirse o a ocurrir cosas que ni el mismo Nagual sabía de antemano. Podían llegar a convertirse en momentos sublimes para quien estuviera atento y abierto a la energía. Bajo ese otro estado de conciencia que se generaba con su presencia, en ciertos instantes teníamos verdaderos


momentos de éxtasis grupales. En una ocasión comiendo unos ricos tamales y atole en el Café Tacuba, de pronto se hizo un extraño silencio y sentí que algo impresionante estaba ocurriendo, al grado de que estoy seguro de haber visto lágrimas de gozo en los ojos de las brujas. “Curiosamente, una simple tonada popular que se escuchara en el restaurante durante esas comidas me llegaba a provocar verdaderos ‘viajes’. Carlos sabía bien lo que me pasaba y un día comentó irónicamente: ¡Al Hidalgo le encanta la música! —siendo que jamás escucho música popular. “Cuando fuimos a España, les advertí a los españoles sobre las ‘comidas de poder’, pero ante la intensidad energética que ahí se producía y como buenos españoles se soltaban eufóricos todos a hablar al mismo tiempo; casi no dejaban decir algo al Nagual, pero él animosamente como que les seguía el juego social, y no había forma de que se callaran. Esta experiencia me sirvió para entender cómo se desatan las ‘defensas’ o resguardos psicológicos ante el impacto de los brujos, aunque también provocan estados de euforia.” EN LAS GRUTAS DE CACAHUAMILPA. “Una de las más poderosas experiencias con ellos fue en las grutas de Cacahuamilpa del Estado de Morelos. Nunca olvidaré cómo, conforme íbamos descendiendo por aquella oscuridad, el efecto de conciencia al estar cerca de los brujos, hacía que las caprichosas formas de las piedras se convirtieran para mí en fascinantes paisajes con una desconcertante semejanza a los grabados de Doré en la ‘Divina Comedia’ de Dante. Al contemplar esas formaciones, de pronto me parecían como visiones del paraíso o el purgatorio, o del mismo infierno, de una belleza indescriptible. Fue, sin duda, uno de los eventos más sorprendentes que he tenido en mi vida. “Tuvimos el privilegio de regresar a las mismas grutas, pero esta vez acompañados de Miuni (Carol Tiggs), Florinda y Taisha. Ese día se me reveló el carácter simbólico de ese descenso, con la presencia energética femenina de las brujas y penetrando al vientre materno de la Tierra. Me es imposible recordar lo que ahí ocurrió, pero sé que se relacionaba con los arquetipos de la Gran Madre y de lo femenino. Para mí, ellas se habían convertido en una especie de madres cósmicas, cuya cercanía y afecto jamás podré olvidar.” —Platícanos más sobre las brujas compañeras de Castaneda. —A Florinda la describiría como más intensa; su sangre venezolana la hacía más extrovertida y platicadora; no obstante mantenerse siempre ecuánime, escondía tal fuerza que a veces parecía desbordarla. Taisha daba la impresión de una mayor sutileza; parecía de mayor edad, pero tal vez era por su delgadez, aunque es difícil descubrir la edad de todas las brujas; se expresaba de forma lúcida, muy amable y directa, moviendo las manos con cierta exquisitez, derrochando sabiduría y profundo afecto. A Miuni es difícil describirla: era la encarnación misma del misterio por su apariencia y despertaba cierta fascinación con sus extraños ojos azules y astuta mirada. También muy delgada, de movimientos tan ágiles que parecía flotar cuando caminaba. “No me lo creerás, pero casi no recuerdo las palabras que escuché de ellas a causa de los estados de conciencia alterados que me generaban. Pero, me viene a la memoria un momento de poder que se dio en España cuando estaba frente a Miuni, la mujer nagual, y me deleitaba percibiendo la sutil energía de su presencia, y ella sonriendo me dijo: “—¡Ay, Hidalgo! ¿Cuándo dejarás de ser un místico? “Sabían que yo ya no tenía remedio con mis tendencias místicas, hasta la misma Taisha me compró un libro sobre San Juan de la Cruz en una librería de Los Ángeles a la cual nos llevaron, pues ella era como la encargada de hacerme el gran honor de atenderme, por una mayor afinidad energética o psicológica, según parece, y dándome por mi lado me habló de la importancia fundamental del Espíritu en sus vidas, de cómo todas sus acciones las realizaban a la luz de las señales del Espíritu: “—Por ejemplo, nos encanta ir a México, pero no depende únicamente de nosotros el tomar esa decisión; un día antes de viajar podemos recibir una señal del Espíritu que nos lo impida y a nosotros nos debe dar igual, ir o no ir a México. “A pesar de que el Nagual me tomaba un poco a broma mi parte mística, solía darme valiosas sugerencias: “—El mejor modo de llamar al Espíritu o hacerse notorio ante él es ofrecerle un ‘gesto’.


“Le pregunté si practicar un no hacer (o sea, una técnica del guerrero) era un ‘gesto’ hacia el Espíritu y asintió con la cabeza, añadiendo lo que él sugería como máximo ‘gesto’ y que para mí coincidía con la contemplación mística: “—Tener siempre al Espíritu en mente. Es tu testigo las 24 horas del día. Dale lo mejor de ti mismo. El espíritu es el testigo del guerrero, por lo tanto tienen que ser impecables en sus vidas. “Me insistía en que volviera más abstracta mi idea de Dios, es decir, que trascendiera la imagen cultural y psíquica que me había formado de ese ‘Poder’ superior que según Don Juan rige los destinos humanos: “—Al Espíritu llámalo como algo abstracto… sus-tráete de todo lo concreto… no tiene forma, no es nada y esa nada es todo… cuando estés solo, llama al Intento (otra denominación que le dan al ‘Poder’)… hay que restablecer el vínculo (con el Espíritu)… restablecer una relación que ya existía. “Precisamente para no crearse una imagen concreta de esa realidad superior que de una manera personal o impersonal se manifiesta a los brujos, le dan diferentes nombres: el Nagual de los tiempos, el Poder, el Águila, el Espíritu, el Intento, lo Abstracto, el Infinito, el Oscuro mar de la conciencia, o simplemente Castaneda le llamaba Aquello (it en inglés) a esa fuerza perenne de vida que nos sostiene, que abarca al Universo entero. “Haciendo crítica alusiva a mi intelectualismo espiritual, añadió: “—El Espíritu recibe lo que le das en acción, no lo que explicas. “Y me comentó algo que también se lo diría a los demás ‘intelectualistas’ del grupo, que a la fecha todavía me causa preocupación: cuando conoció a uno de los más grandes escritores de lo espiritual, Alan Watts, lo encontró para su gran sorpresa en plena decadencia humana. Este ídolo de los buscadores espirituales, reconocía que no había podido alcanzar la liberación, haciéndole este comentario a Castaneda: Entiendo el Conocimiento, pero no lo puedo alcanzar: eso es belleza para mí. Me quedé con un sentimiento de profunda tristeza, y el Nagual concluyó: “—¡No hay que convertirse en héroes intelectuales! “Volviendo al tema de las brujas, de Florinda tengo mayores recuerdos; como habla el español mejor que las demás y es más sociable, teníamos más contacto con ella. Pero es casi vergonzoso contar la razón de mi primera plática con ella. A raíz de mi primer encuentro ‘formal’ con Castaneda, éste me dio amablemente su teléfono para cuando necesitara su ayuda. Pues bien, no había pasado mucho tiempo cuando empecé a sufrir de una intensa diarrea que casi me impedía salir de mi casa. Me preocupé tanto que decidí llamarle por teléfono a Los Ángeles, al Nagual. Cuando emocionado escuché su voz por el auricular e iba a decirle la razón de mi llamado, casi me paralizó con semejante pretexto para hablarle, pero el Nagual, a pesar de sus risillas, lo vio como algo natural y me dijo en broma: “—Ya deja de tomar tanto café, tocayo, y te voy a pasar a Florinda para que te ayude. “Yo me sentía apesadumbrado y ella se dio cuenta, me dijo amable y directamente que aunque esa preocupación por mi diarrea era debido a la mucha importancia que le doy a mi persona, también se debe a una especie de limpieza emocional, y a algo más serio: debido a que ya empezaba a tener logros en parar mi diálogo interno, me dijo: “—Tú no te percatas pero el cuerpo se afecta con ello, como siempre te estás hablando a ti mismo debido a esa importancia personal, cuando dejas de hacerlo el cuerpo da batalla. La diarrea significa que el cuerpo no te va a dejar ganar, no quiere quedarse atrás. “Sus palabras me sugerían como si el cuerpo se sintiera amenazado de muerte ante el vacío del silencio interior y sonara sus alarmas. Me dijo que el cuerpo reacciona a través de mi parte más débil, el intestino; el cuerpo tiene dos o tres maneras claves de reaccionar y siempre lo hace igual.” LAS “TERAPIAS ENERGÉTICAS” “Con relación al poder personal de Florinda, me gustaría platicarte algo muy curioso que ocurrió cuando íbamos rumbo a las grutas en una camioneta Combi. Pude observar cómo le daba una especie de terapia impresionante al conductor, un renombrado joven maestro que sufría del hábito neurótico de ser fuertemente crítico de todos y de todo, de lo cual obviamente se habían percatado los brujos. Pues bien, de pronto vi que Florinda se sentó junto a él, casi tocándolo como para ‘inyectarle’ energía, y empezó a decirle cosas para darle cuerda provocándole que intensificara sus críticas. Llegó un momento en que


realmente sentí miedo que nos fuésemos a salir de la carretera, el vehículo se tambaleaba todo con la intensidad del estado emocional de este joven, al grado de que Florinda tuvo que serenarlo, ya no dándole por su lado, sino haciendo ciertos comentarios en favor de la persona o situación. “Yo no me había percatado de esta especie de terapia hasta que un día ingenuamente defendí al ilustre Octavio Paz de las inclementes críticas de este brillante joven, pero él arremetió con mayor intensidad; yo estaba molesto y sorprendido al ver que todos ellos guardaban silencio, sabiendo que los brujos trataban y apreciaban mucho al poeta como así lo llamaban, hasta que caí en cuenta que era una más de sus extrañas terapias de catarsis. “Esta especie de catarsis psicológica que provocaban con su presencia llegó a su apoteosis en España: a sus reuniones asistió uno de los más conocidos maestros espirituales de ese país, fundador de toda una comunidad de ‘iniciados’. Pues bien, nos sorprendió que interrumpiera a Castaneda e iniciara una larga y veloz perorata haciendo gala de sus habilidades parlantes, pero en verdad como un enajenado que parecía nunca terminar de hablar. Ni cuenta se daba de la simpática cara de perplejidad que hacía el Nagual, como de burlona admiración; de no haber sido una situación tan embarazosa nos habríamos soltado a carcajadas. “Al fin alguien le puso el alto, pero no tardó en volver a hablar y cada vez más rápido, y no lo vas a creer, lo callaban y al rato seguía con sus ‘rollos’. Ya en privado humildemente reconoció que no sabía que le había ocurrido, abrir la boca y hablar era algo casi involuntario para él y se sentía apenado. El Nagual simplemente nos comentó que este hombre sufría de ‘verborrea’, típica enfermedad de los maestros espirituales, pero ya para entonces conocíamos el efecto catártico de su energía y cómo amplificaba de maneras tragicómicas nuestras egomanías. “Esto me recuerda cuando Jacobo Grinberg le contó a Castaneda de su nuevo libro, uno más de la numerosa y brillante serie de libros que había escrito. Pero el Nagual con una afectuosa pero maliciosa sonrisa le dijo que padecía de verborrea literaria. Jacobo reconoció lo dicho por el Nagual y suspendió la escritura de sus libros por un buen tiempo. “Otra anécdota que te puedo contar, fue precisamente con Jacobo y también con el joven hipercrítico del que te hablé antes, cuando pude constatar que esta especie de ‘catarsis’ también funcionaba, digamos, en positivo. “Estábamos en Los Ángeles, California, con los brujos, cuando Castaneda empezó a darles cuerda para que hablaran de Don Juan y su obra, al tiempo que los observaba fijamente. Aquello fue algo sorprendente: ambos empezaron a dar una magis-tral exposición del conocimiento de los brujos, el Nagual casi gozaba como niño al escucharlos y los estimulaba para que siguieran hablando más y más; ellos asombrados de sí mismos continuaban diciendo maravillas. “Jamás escuché una claridad tan grande e inteligente acerca de este conocimiento como aquel día, fue una especie de catarsis de inteligencia de estas dos mentes brillantes que fueron potenciadas al máximo con la presencia energética de los brujos.” —¿De qué les habló inicialmente Castaneda? —En las primeras reuniones hablaba de los ‘índices’, refiriéndose a las tareas o técnicas que le había enseñado su maestro tales como: suspender el diálogo interno, parar el mundo, ser inaccesibles, romper las rutinas, borrar la historia personal, etc., y que son aplicables por igual a todos los que están interesados en el conocimiento, enfatizando que: “El índice común a todos es reducir la importancia personal, reducir el ego personal. “Según nos explicó, los índices tienen la misión de permitirnos ahorrar energía para canalizarla y enfocarla en esa monumental tarea de trascender el ego personal y alcanzar la libertad. Insistía mucho en el aspecto pragmático del conocimiento de Don Juan, le interesaba sobre todo buscar su corroboración empírica, pues tratar de entender únicamente con la mente las unidades conceptuales de los brujos (que están diseñadas para nuestro ser total), nos arrojaba inevitablemente a encontrar inconsistencias lógicas en su enseñanza e incluso contradicciones y absurdos. “Esto explica en parte la cantidad de ‘detractores’ de su conocimiento, mismos que han aumentado a raíz de su ‘partida’. “La incomprensión de la estructura simbólica y de carácter mítico tanto de los contenidos de la enseñanza como de las conductas de los brujos, o la excesiva intelectualización de muchos lectores, o la


falta de auténtica práctica de los ‘índices’ y lo amenazante que resultan para las estructuras egoicas, ha ocasionado una desbandada de ‘guerreros’, e incluso ha producido reacciones de enojo y de crítica. “La práctica es el verdadero puente a las enseñanzas del Nagual; es la manera más rápida de ir por encima de las aparentes contradicciones y corroborar los postulados de los brujos. “Los índices de los que él hablaba se apoyaban en algo inmediato y manejable para nosotros: la fuerza de la voluntad. Eran técnicas que había que cultivar con una fuerte intencionalidad o intento inflexible para que produjeran fruto. “—Se trata de un acto de voluntad sistemático, para ello es necesario tener un fuerte propósito —nos dijo. “Esto es tan importante para ellos que por eso al Espíritu también lo denominaban el Intento, pues un esfuerzo permanente en la práctica de los índices podría lograr que nuestro intento se convirtiera en el Intento del Águila. “Esto sería como hacer coincidir nuestro libre albedrío con nuestro destino, o en simbología cristiana significaría que al ejercer nuestras determinaciones con un empeño ‘inflexible’, éstas llegan a coincidir, o mejor dicho, terminan por convertirse en la voluntad de Dios como según lo afirma San Juan de la Cruz: cuando el místico alcanza la unión del matrimonio espiritual entre el alma y Dios, es cuando las dos voluntades, la del alma y la de Dios, están en uno conformes… no quedando en el alma cosa que no sea voluntad de Dios.” EL SER AMADO DEL GUERRERO “Las técnicas más importantes para mí han sido: volverse inaccesible y borrar la historia personal, sobre todo para no dejarme arrastrar por la cómoda situación burguesa en la que había nacido. Nunca olvidaré sus tremendas palabras: “—¡Hay que morir al mundo cotidiano! —Se refería a la necesidad de borrar la historia personal, y alejarnos de amigos y familiares porque nos solidifican, nos hacen predecibles. Si uno quiere ser realmente libre, tiene que dejar a todos los que nos conocen bien, en nuestra personalidad actual. “Eso fue muy duro para mí; al principio significó un auténtico morir a un pasado, a una vida, a todo un mundo; no obstante, conforme avanzo en la práctica he sentido cómo que voy renaciendo a otro mundo, a otra realidad mucho más vasta que el pequeño mundo de afectos e intereses al cual me aferraba. Esto a la larga me ha conducido a descubrir el gran secreto de los brujos: el verdadero ser amado del guerrero: el Mundo. “Voy a tratar de explicarme valiéndome de los términos de Don Juan: todos vivimos como encerrados en una burbuja energética: al principio de nuestra vida estaba abierta y en contacto con el Mundo al cual realmente amábamos, luego poco a poco comienza a cerrarse hasta conformar una especie de ‘capullo’. Ahí dentro podemos pasarnos el resto de nuestra vida sin percatarnos, más que levemente, de los maravillosos ‘mundos’ que nos rodean. Utilizando los símbolos de Santa Teresa de Ávila, vivimos como larvas encerradas dentro del capullo que hemos fabricado, nos falta emprender el vuelo como mariposas en plena libertad. “—En las paredes redondas del capullo —señalaba Don Juan— sólo presenciamos nuestro propio reflejo… la cosa reflejada es nuestra descripción del mundo que luego se convierte en nuestra ‘visión del mundo’… en la cual queda atrapada nuestra atención. Es como si las paredes de nuestro capullo fueran un lente que filtra la realidad el cual está estructurado con la descripción del mundo que nos dieron desde la infancia, o sea el condicionamiento cultural o social convertido en nuestro propio paradigma o visión del mundo con la cual juzgamos y nos manejamos en la realidad. Por eso le llaman la burbuja de la percepción, porque percibimos los estímulos del exterior filtrados a través de sus paredes que conforman nuestro reducido sistema de interpretación de la realidad en el cual está ‘atrapada’ nuestra atención, nuestra conciencia. “Desde el punto de vista de la Psicología Transpersonal, se dice que en los primeros meses de vida nuestra conciencia (o percepción) está abierta y expandida en unidad y afinidad con todo lo que nos rodea (percibimos la energía de los estímulos directamente). Al pasar a la etapa egoicamental de


conciencia, esta percepción como que ‘cierra’ su gran expansión, (se reduce a un capullo etérico que rodea el cuerpo físico) y se inicia la con-formación de nuestra propia individualidad e identidad. “En términos de los brujos diríamos que es cu-ando nuestra atención y energía se concentran exclusivamente, en base a la visión del mundo que nos programó el orden social, en trabajar encerrados dentro de nuestra ‘burbuja’. En toda esta etapa (que se considera de transición, aunque en ella nos podemos pasar toda la vida) no existe una verdadera conexión con la Realidad (con mayúscula) plena del mundo exterior. Como el símil de la larva dentro de su capullo concentrando toda su energía en la metamorfosis que la transformara en radiante mariposa, así el individuo ‘ensimismado’ en el intenso trabajo de la etapa egoicamental de con-ciencia carece de suficiente energía para que su percepción pueda ‘volar’ en libertad y descubrir el misterio, la grandeza y belleza del mundo que le rodea. Esto sólo se puede lograr a partir de la siguiente etapa de la conciencia: el nivel transpersonal, o lo que es lo mismo, el nivel de los brujos. “Según leemos en el libro de Castaneda ‘Relatos de Poder’: el maestro brujo Don Juan trabajó desde adentro de la burbuja de la percepción de Castaneda para reacomodarle su visión del mundo y el benefactor brujo, Don Genaro, abre la burbuja desde afuera con la finalidad de permitirle tener una visión de la totalidad de uno mismo y del mundo, hasta alcanzar la conciencia total y por lo tanto la libertad total. “Es la Conciencia de Unidad según la Psicología Transpersonal, que implica la supresión de todas las fronteras mentales que dividen la Realidad en dualidades; tal como señalan los brujos, nuestra percepción crea barreras que dividen al Mundo en pares de opuestos: alma y cuerpo, mente y materia, bien y mal, Dios y Satanás. “Y la frontera o barrera más importante que ha creado la Evolución durante la etapa egoicaracional, es aquella que nos separa de la Realidad, del Mundo (nuestro ‘capullo’ o ‘burbuja’). “En mi caso, les debo toda mi gratitud a Castaneda y las brujas por su gran ayuda; casi sin darme cuenta, me impulsaron en ambos trabajos: en la ‘metamorfosis’ dentro del capullo de mi propia ‘larva’ y en la apertura del capullo de la percepción enseñándole a mi conciencia a dar los primeros pasos en la apertura de las alas de la percepción y en el aprendizaje del ‘vuelo’ a través del Mundo. “Como resultado de mi interacción con ellos, te platicaré algunas experiencias que comencé a tener: cierto día que practicaba los primeros pases mágicos publicados en el libro de Taisha como el intentar extender la llamada red etérea de nuestro cuerpo energético, de pronto sentí como si mi cuerpo se volviera gigantesco y abarcara, acostado, toda la Ciudad de México. “Al cabo de un tiempo de practicar esta gozosa técnica, empezaron a sucederme cosas extrañas con relación a mi automóvil: perdía la licencia, la tarjeta de circulación, seguido se me descomponía, todo lo cual culminó en un fuerte choque automovilístico, el primero que había tenido en mi vida. “Gracias a que al día siguiente del choque tenía ya programado un retiro de meditación Zen con una monja y en un convento cristiano, pude comprender no sólo el sentido de las insistentes señales del Espíritu, sino también de los ‘trucos’ (según término de Don Juan) a veces un tanto bruscos y hasta simpáticos, de los que se vale el Espíritu cuando no hacemos caso de sus primeras señales. Me vino la claridad de que ya era el momento de empezar a salir del ‘encierro’ en mi propia burbuja de la percepción para lo cual era necesario dejar mi auto, pues conformaba una auténtica prolongación de mi burbuja; comprendí que así como recorremos el mundo encerrados en nuestras burbujas de la percepción, así también lo hacemos en nuestras burbujas automovilísticas como una prolongación de la nuestra, sin establecer un verdadero contacto con la Realidad. “El automóvil es como un auténtico resguardo protector de ‘lo desconocido’: el misterio del mundo que nos rodea. Nos refugiamos en nuestro automóvil y en todo ‘lo conocido’: nuestras casas, oficinas, lugares afines, amistades, familiares, etcétera. ¿Por qué lo hacemos? Es como una silenciosa huida permanente de ‘lo desconocido’, del gran misterio en el cual vivimos inmersos. “Para los auténticos brujos de la tradición cristiana, la presencia inmanente de Dios en el mundo es tan evidente según lo han constatado, que hay que alcanzar la ‘purificación’ necesaria para so-portarla. En nuestro actual nivel de conciencia nos tenemos que proteger de no ver directamente la cara de Dios, por ello sólo de reojo echamos miradillas de vez en cuando al mundo que nos rodea, manteniéndonos bien refugiados en nuestra burbuja mediante interminables diálogos internos y en la tranquilidad protectora de ‘lo conocido’: la intensa actividad, el trabajo, los amigos y lugares


‘conocidos’. En términos de los brujos, carecemos de la energía necesaria para ‘ver’ la esencia del misterio que nos rodea, únicamente ahorrando suficiente energía podremos contemplar cómo lo trascendente está inmerso en el Mundo cotidiano. “Al empezar mi nueva tarea de caminar por las calles de la ciudad, y transportarme en minibuses o en metro, no podía creer mi dificultad de observar lo que acontecía a mi alrededor. Los diálogos internos se intensificaban como una forma de defensa, me decía a mí mismo que lo exterior carecía de interés, pensaba que era una ciudad fea y sucia (igual que sus ciudadanos), y era un peligro andar en estos lugares repletos de delincuentes, etc., etc. “Al cabo de un tiempo, empezó a gustarme ese no-hacer de andar por las calles y transportes públicos; me empezó a divertir mi desatino controlado de disfrazarme y actuar como intelectual o bohemio fachoso de pelo largo, para así protegerme, más que de los delincuentes, de la auténtica paranoia que todo burgués comparte respecto al mundo exterior. Porque según recordé, Ken Wilber dice que toda barrera divisoria creada por nuestra mente dentro de la Unidad de todo lo existente, hace que lo ubicado del otro lado de la barrera, lo perciba uno como ajeno y hostil. “Entonces me vino la imagen del mundo burgués como conformando una auténtica burbuja que los separa de la ‘amenazante’ Realidad (con mayúscula). Con la moda de viajar, según lo manda el status, en grandes camionetas de vidrios bien polarizados para no ver ni ser vistos del exterior; me percaté de lo alejado que están esas personas, metidas en sus burbujas automovilísticas al igual como yo lo estaba del mundo real conformado por la inmensa mayoría de la población que circula a pie o en transportes públicos por las calles de México. Llegué a sentir como si estos últimos fueran los verdaderos mexicanos, dueños y señores de nuestro país y los otros fueran como extraños o extranjeros, muy ajenos a la conciencia colectiva de nuestro pueblo. “Entusiasmado con mi nueva práctica del guerrero y sus técnicas del acecho: del estar atento y en observación alerta del mundo, a la larga ocurrió un fenómeno muy interesante: de pronto experimenté, mientras iba en el Metro, como si me hubiera ‘colado’ en la conciencia colectiva del verdadero México y de que mi persona era recibida cordialmente por sus miembros. Aquellos seres que me rodeaban, considerados por mi condicionamiento burgués como ‘vulgares’ y ‘feos’, comencé a verlos con una extraña belleza que brotaba mas allá de sus personas. Empezaba a sentir tal afecto por ellos que un día casi me soltaba llorando delante de todos. “Experimentaba hermosas sensaciones de mi infancia durante la cual, según lo descubrí, sí sentía la pertenencia a mi pueblo mexicano, compartiendo con él sus calles, transportes, campos y pueblos a donde me llevaban mis padres de días de campo o de vacaciones. Se supone que ese amplio sentido de pertenencia comenzó a disminuir desde la adolescencia justo cuando, en términos de Jung, se inicia el proceso de ‘individuación’, y ahora de nuevo se había ampliado: desde mi mundillo burgués hasta la sensación de pertenencia a todo un pueblo. “Y como un guerrero siguiendo su extraño Viaje a Ixtlán hacia ‘lo desconocido’, se me iba ‘exiliando’ de los mundos a los cuales pertenecía anteriormente, perdiendo en identidad y afinidad con mi familia, conocidos, amigos, trabajos y actividades del mundo burgués, pero ganando en identidad con el mundo auténticamente Real que me rodeaba. Recuerdo cómo en esas soledades por las cuales ha de pasar el guerrero, me sentía acogido y como en familia cuando me subía a un minibús, a veces apretujado entre esa multitud de misteriosos pero bellos rostros indígenas, quienes parecían darme la bienvenida a su mundo y consolarme de mis ‘exilios’. De pronto toda aquella supuesta fealdad de la ciudad y sus gentes, había cobrado gran belleza y significado que me hacía sentir feliz en mi nuevo hogar y con mi nueva familia “Ahora voy a platicarte cómo fue que continuó expandiéndose mi conciencia (y por lo tanto mi identidad): conforme le iba quitando esa gran importancia que le daba a mi persona, o sea al irme desidentificando de mi propia burbuja, al mismo tiempo mi conciencia se identificaba con la burbuja de mi país; pero según la Psicología Transpersonal el proceso no termina ahí; es posible continuarlo hasta la ambiciosa tarea de intentar identificarme con la burbuja del planeta entero. “Como al inicio de mi camino de guerrero vivía en un estado de alienación, bastante alejado psicológicamente de la realidad cotidiana y poco me importaba lo que ocurriese en este ‘primitivo’ planeta, por eso me extrañó cuando Castaneda nos hablaba sobre la importancia de preguntarnos:


“—¿Dónde se encuentra el hombre en su pensamiento contemporáneo? …hay que saber dónde estamos… hay que tener un romance con el cono-cimiento. “Yo estaba intrigado sobre cuál sería el significado de sus palabras, que decía con tanto énfasis. Al fin lo comprendí cuando apareció el libro de Florinda Donner ‘Ensoñar Despiertos’, donde leí con gran interés: “—Los hechiceros deben hallar cuál es el sentido no sólo de su mundo mágico, sino también del mundo cotidiano. —Y añadía Florinda que ellos procuran estar al tanto con lo último en todo (en inglés: up to day), y por esta razón Don Juan y los otros chamanes se dedicaban a interpretar los aspectos sociales, históricos, psicológicos, etc., de su mundo. “Me llamó mucho la atención que los brujos se interesaran seriamente por este mundo que me parecía tan materialista y conflictivo, y de que estuvieran muy al tanto del acontecer mundial, pues según escribe Florinda: Silvio Manuel gozaba viendo televisión y siempre estaba al día con las noticias del mundo, mismas que trasmitía a los otros groseramente exageradas. “Otro brujo, Emilito, dejaba perpleja a Florinda por el hecho de que supiese tanto de las tendencias intelectuales de occidente y hasta llegó a la increíble conclusión, que dado su magnífico logro de poder integrar razón e intuición, los brujos están un paso adelante de los intelectuales de occidente…en su romance con las ideas, han cultivado la razón hasta sus límites. ABRIR LAS ALAS DE LA PERCEPCIÓN “Estimulado por las palabras del Nagual y los textos de Florinda, emprendí mi nueva tarea. El objetivo era intentar ‘ver’ el sentido de los acontecimientos más que analizarlos desde una perspectiva puramente racional y por lo tanto dualista (buenos y malos, justos e injustos, etc.). Sabía que el guerrero tenía que ubicarse en una postura neutral, para él no existen puntos de vista que defender, es decir, no toma partido por nada ni nadie, lo cual hasta la fecha, me ha costado enorme trabajo. Sólo en la medida en que uno pueda lograr algo de esa imparcialidad contemplativa, en palabras de Octavio Paz (del prólogo a ‘Las Enseñanzas de Don Juan’), entonces es cuando uno puede llegar a tener revelaciones sobre el sentido de la historia; poder llegar a ‘verla’ en su esencia, aunque sea por momentos, la vuelve apasionante a pesar de sus conflictos y miseria. “Tuve la suerte de haber iniciado esta ‘práctica’ de guerrero de abrir las alas de la percepción , cuando recién había caído el Muro de Berlín, en un momento crucial de la historia según se me reveló en una magnífica ‘señal’: la Revolución Francesa, que es considerada el inicio de la Era Moderna, tuvo lugar en 1789 ¡y justo 200 años después, en 1989 cae la Cortina de Hierro y el Muro de Berlín, y comienza una nueva Era para la humanidad! En realidad, comprendí que la obviedad de esta ‘señal’ del Espíritu era como para concientizarnos a todos de que existe un poder que rige los destinos humanos, tal como lo afirman los brujos. “Desde el principio comencé a sentir un extraño interés por los sucesos mundiales y sus principales protagonistas. Veía las noticias internacionales en Eco —esa cadena de Televisa que luego desapareció, como también ocurrió con la sección del periódico Excelsior que leía diariamente: ‘Escena Mundial’. Al poner toda mi atención a lo que ocurría en el mundo, me fui percatando de cómo crecía con rapidez mi interés por los sucesos mundiales. “Al cabo de un tiempo casi me aterré cuando descubrí lo identificado que ya estaba con los eventos internacionales, ya eran como parte de mi vida. Experimentaba curiosas emociones y ya no podía dejar de enterarme día a día de lo que ocurría en el mundo. Mi mente casi alucinaba: ya percibía a los líderes políticos como mis ‘héroes’ o ‘villanos’ mitológicos, y me preocupaba mucho por ellos, por lo que fueran a decir o hacer. Todo ese mundo que me era tan ajeno, dejó de ser lo ‘desconocido’, y se había convertido en algo tan familiar y ‘conocido’; confieso que a veces dudaba de mi salud mental. “Me tranquilizó y me confirmó mis afinidades recién adquiridas por el mundo, el ponerme a leer la voluminosa obra de uno de los más grandes brujos videntes de nuestro tiempo: el jesuita Teilhard de Chardin, quien además fue un científico renombrado en su tiempo. El ‘veía’ y expresaba con fascinación cómo nuestro planeta se ha ido convirtiendo en un auténtico organismo viviente, proceso que se intensifica en estos momentos de globalización mundial, fenómeno que nos va unificando tanto humana y psíquicamente (con-formando el cerebro de ese organismo), como también por el comercio y las


finanzas (que constituyen su sistema nutricio, sanguíneo y linfático) o por las telecomunicaciones (su sistema nervioso). De la misma manera como se conforma la unidad del átomo a partir de la integración de las partículas subatómicas, y los átomos, a su vez, conformaron unidades más grandes de moléculas y de la aglutinación de éstas seguirán las células hasta llegar a los organismos más complejos que culminaron en el hombre, así Teilhard ‘vio’ cómo ahora los humanos estamos conformando, a manera de átomos o células conscientes, una nueva unidad: un súper organismo planetario. Siguiendo esta línea evolutiva de carácter biológico, el próximo paso que insinúa Teilhard para nuestro planeta, será el convertirnos ya plenamente unificados, en una nueva ‘célula’ que a su vez conformará, con todos los planetas vivientes, otro organismo cósmico. “Me dio gusto encontrar una corroboración de lo anterior en el texto que aparecía en el tercer Vídeo de Tensegridad grabado por los brujos: Los chamanes aseguran que la conciencia del hombre puede llegar a dar un salto gigantesco con relación a su percepción y llegar realmente a percibir el mundo bajo condiciones que desafían la imaginación. Ellos creen por ejemplo, que es posible percibir e interpretar el mundo en términos de otros organismos que pertenecen a diferentes tipos filogenéticos . “Es decir, aunque el planeta no pertenezca al mismo ‘filos’ o tronco dentro del árbol genealógico de la evolución de los organismos vivientes que ha culminado con el ser humano, no obstante nuestro planeta se puede llegar a percibir y a interpretar tal como un auténtico organismo o sistema viviente con su propio proceso de evolución. “Es evidente que este nivel de percepción o de conciencia total había sido alcanzado por Don Juan y Don Genaro en el momento de su supuesta ‘partida’ de este mundo, según lo revelaron en la conmovedora despedida final ante sus aprendices Pablito y Carlos Castaneda: “La vida de un guerrero no puede ser en modo alguno fría y solitaria y sin sentimientos, porque se basa en su afecto, su devoción y su dedicación a su ser amado. ¿Y quién —podrían ustedes preguntarse— es ese ser amado? …es esta tierra, este mundo. Para un guerrero no puede haber un amor más grande. Solamente si uno ama esta tierra con pasión inflexible puede uno liberarse de la tristeza. “Y refiriéndose a Genaro como ejemplo de guerrero impecable, Don Juan añade: “La Tierra sabe que Genaro la ama y por eso lo cuida y su vida está llena hasta el borde y su estado, dondequiera que esté, siempre será de abundancia. Genaro recorre las sendas de su ser amado y en cualquier sitio se encuentra en plenitud… “Don Juan acarició el suelo con ternura y concluyó: …y finalmente cuando comprendí todo el cariño que tenía por este ser hermoso, que está vivo hasta sus últimos resquicios, me enseñó lo que es la libertad…Solamente amando a este ser espléndido se puede dar libertad al espíritu del guerrero…y la libertad es alegría, eficiencia y abandono ante cualquier embate del destino. (‘Relatos de Poder.’)” —¿Nos puedes platicar de otro índice del cual les haya hablado Castaneda? —Otro índice que te permite entrar en las proposiciones prácticas de los brujos, es romper las rutinas de la vida, pero en especial las rutinas mentales. Una de las formas más efectivas para combatir nuestras rutinas mentales, es acechando sus repeticiones como si fuésemos un cazador. “Carlos decía que nosotros no usamos todos nuestros recursos, sólo los del mundo cotidiano: el mundo de la predictividad, del yo: “—Vivimos en un mundo donde todo es predecible, siempre estamos defendiendo algo y siempre usamos las mismas maneras para salirnos de las situaciones, ¡qué aburrición! “—El modo de contrarrestar eso es hacer patente lo rutinario de nuestra vida, observar o ‘acechar’ nuestras acciones y pensamientos repetitivos. Cuando nos damos cuenta de ello, nos salimos de la situación; eso es la libertad. “Para los brujos el camino de la evolución siempre va de ‘lo conocido’ a ‘lo desconocido’. Se detecta cuando nos enfrentamos a lo ‘desconocido’ por los efectos emocionales que nos crea: nos llenamos de emoción, nos exaltamos e incluso sentimos miedo. En cambio, la familiaridad de ‘lo conocido’ engendra aburrimiento y complacencia. Definió: “—La rutina es un estupefaciente que niega el vuelo de la imaginación, y estanca en la capacidad de cambio.


“Las rutinas mentales son un gran obstáculo para superar las contradicciones e incongruencias que creemos encontrar en el sendero del conocimiento. Cuando cambiamos los parámetros de pensamiento, ellas desaparecen. La existencia verdadera no está al alcance de nuestra mente. La realidad del brujo es experimental.” —¿Cómo definirías en pocas palabras El camino del Guerrero? —El sistema de enseñanzas de Carlos Castaneda se puede sintetizar como un no-hacer, lo cual se puede explicar como la práctica continua de una serie de acciones contrarias a lo que acostumbramos a hacer en el mundo. El no-hacer está dirigido entre otras cosas a romper nuestras propias rutinas, y sobre todo a alcanzar la auténtica libertad, que es psicológica y espiritual. Por ejemplo, todo el mundo busca ser alguien, sobresalir, ser importante, reconocido; lo cual, obviamente, es una esclavitud. Pues bien, un guerrero se sale de ese estereotipo, en lugar de pretender ser alguien se acepta tal como ya es, con la máxima humildad, o sea lo contrario de lo que solemos hacer, y busca entre sus recursos in-ternos la forma de ser impecable. “Tratando de practicar el no-hacer de suspender el diálogo interno, un día tuve la extraña experiencia de sentir que el mundo giraba en mi cabeza y de pronto se detenía produciéndose un gran silencio en mi mente, ¡cuánta paz y libertad sentí! En ese momento comprendí la esencia del camino del guerrero: parar el mundo o lo que es lo mismo lograr el silencio interior: es como si uno lograra escaparse del mundo, pero no del verdadero, sino del mundo que traemos en nuestra mente: de la rutina, del dolor, de la preocupación, la obsesión, del temor, de la inseguridad, de la importancia personal, etcétera.” —¿Cómo has entendido el concepto de la muerte como compañera del guerrero? —Lo que da al guerrero su fuerza de decisión, es enfrentar a la muerte. La Muerte (con mayúscula) es quizás el más importante concepto simbólico de los libros de Castaneda que abarca varios significados. En aquella visita que hice con el Nagual a Cacahuamilpa, pude constatar uno de ellos. Carlos provocó en Jacobo Grinberg lo que más tarde habría de ocurrirme a mí, y en forma permanente: el toque de la muerte o de la ‘tumbadora’ como también le llaman por sus continuos embates. Sólo unas palabras del Nagual bastaron para que Jacobo entrara en un proceso de muerte simbólica; siendo un gran investigador él nos iba describiendo con detalle sus vivencias durante el descenso a las grutas, todas sus sensaciones emocionales y corporales, que comúnmente solemos interpretar como una depresión. “Lo que sufrió el pobre Jacobo fue una buena lección para irnos familiarizando con esos toques de la muerte, indispensables para nuestra evolución personal. Al comprender su significado, dejé de luchar contra las ‘depresiones’ y éstas fueron disminuyendo en tiempo y en intensidad; ahora procuro, cada vez que tengo una pena o dolor, reconocer en ellos el golpe de la ‘tumbadora’, y me consuela repetir aquella frase de Hermann Hesse: Algo está muriendo en mí. “El Guerrero hace amistad con la muerte familiarizándose poco a poco con sus ‘toques’: esas muertes parciales (según término de Teilhard de Chardin) que se acentúan en este camino a consecuencia de la pérdida paulatina de lo que Don Juan llamaba ‘resguardos’: apegos, dependencias, identidades, ideologías, rutinas, etcétera. “Aunque todos están expuestos a los continuos embates de la ‘muerte’, al entrar en la senda del brujo se intensifica su gran labor pues ‘ella’ es la encargada de empujarnos inmisericordemente a evolucionar quitándonos poco a poco los ‘resguardos’ del mundo cotidiano, hasta que no nos queda otra posibilidad que comprometernos con los baluartes del camino del conocimiento del guerrero. “Y transcurridas todas las muertes parciales de nuestros resguardos, apegos y dependencias, el guerrero experimenta (literal y figuradamente) la muerte total, condición necesaria para alcanzar la conciencia total, es decir la conciencia de unidad del hombre con todo lo que le rodea. “—Sólo cuando uno encara la muerte total, alcanza la libertad total —nos decía Castaneda. “Es la percepción sin ‘barreras’ ni ‘fronteras’, o sea sin dualidades, la que nos dará la libertad total: la cual dice Don Juan sólo les llega a los guerreros cuando ya no les queda nada de importancia personal: sólo cuando son nada se convierten en todo. “Cuando leí lo anterior en el libro de Castaneda, casi no podía creer el gran parecido con lo dicho por San Juan de la Cruz: para llegar a serlo todo, no quieras ser algo en nada y, para colmo de su semejanza con su ‘tocayo’ Don Juan, en otra parte escribe San Juan: …y cuando viniere a quedar resuelto en nada, que será la suma humildad (es decir la muerte total de la importancia personal) quedará hecha la unión del matrimonio espiritual entre el alma (humana) y Dios. Como el místico


percibe a Dios ya no sólo como algo trascendente, sino también como algo inmanente o integrado plenamente al mundo. De ahí que el Santo acabe refiriéndose a Dios como el Todo: cuando reparas (o te resguardas) en algo, dejas de arrojarte al todo; para alcanzar del todo al todo, has de dejar todo, del todo. Es decir, hay que dejar todos los resguardos y sobre todo el de la importancia personal.” —¿Y cuál es la razón de que la muerte sea la única compañera sabia que tenemos? —La Muerte se convierte en la eterna compañera del guerrero y por ello dice Don Juan que es la única compañera sabia que tenemos. Una de sus magistrales maneras de enseñarnos la experimenté durante un viaje en avión a España que tuve el privilegio de hacer con el Nagual. “Castaneda era un gran vidente, sabía vida y milagros de cada uno de nosotros; bastó un comentario, hecho durante el vuelo, acerca de un aspecto ‘desconocido’ de mi vida, para que el impacto de sus palabras me pusieran ante la presencia de la ‘Muerte’. La lección también era ver cómo manejaría yo el encontronazo con la ‘tumbadora’, sin justificarme, ni defenderme. Al principio lo hice bien, y pude observar su expresión de satisfacción; pero a los pocos minutos caí en lo de siempre: la negación de una realidad personal que no me gustaba para nada. “Con el tiempo comprendí que una de las más sabias enseñanzas de la ‘muerte’ con su devastador toque es mostrarnos esas realidades traumáticas que los brujos llaman: lo desconocido que nadie quiere conocer; si las rechazamos perdemos la gran oportunidad de recapitularlas y así trasmutar y trascender nuestros problemas.” —¿Por qué hiciste un viaje con el Nagual a España? —Como antecedente de este viaje te cuento que ya había ido a España a dar una conferencia en un congreso internacional de cuestiones espirituales; el culpable de esta loca aventura fue Jacobo que les había contado a los organizadores acerca de mis análisis comparados entre los que eran para mí el máximo Santo español y el máximo Chamán mexicano: San Juan (de la Cruz) y Don Juan (Matus). “Les gustó tanto mi conferencia que al salir del teatro me encontré un buen número de fans que me bombardearon con preguntas. De ahí surgieron algunos apasionados del camino del guerrero que en adelante yo presumiría como mis discípulos. Aunque me parecían gente valiosa, no obstante lo puse en duda cuando le platiqué al Nagual sobre ellos y se interesó en contactarlos personalmente: “—Bueno, Nagual, no creo que valgan tanto la pena como para que vayas hasta España a conocerlos —le dije preocupado de que mi buena apreciación sobre ellos tuviera que ver más con mi vanidad de sentirme su maestro. Sin embargo, el Nagual insistió y menudo susto se llevaron cuando les hablé por teléfono y les informé del ‘ligero’ cambio en los planes que teníamos de reunirnos, pues estaría nada menos que Carlos Castaneda en persona, y después llegarían las poderosas brujas Miuni o la mujer Nagual y Nuri la hija simbólica de ambos. “Yo estaba tan feliz con tan maravillosa compañía de viaje, que nada me importó que durante sus pláticas en Madrid dijera ‘pestes’ de mí, des-prestigiándome ante los que yo consideraba mis admiradores. Además en el fondo había un auténtico gustillo cuando el Nagual hablaba de uno, aunque me pusiera del asco. Y sobre mis temores de que mis discípulos españoles lo decepcionaran, me quedé con la boca abierta cuando me dijo: “—Al presentarme a estos españoles y a Carlos de León (en México), ya te has reivindicado de lo mal que has quedado conmigo con tu sarta de gurús que has invitado a mis pláticas en México. “Ante estas inesperadas palabras de Castaneda deslizadas como siempre con su buen humor, traté de alegarle, pero empecé a tartamudear, lo cual solía sucederme con él y acto seguido el Nagual imitaba con simpáticos gestos mis tartamudeos. Con resignación acepté lo que me insinuaba: por lo general los líderes o maestros de los mundos esotéricos, espirituales o religiosos, como muchos de los que había invitado, estaban llenos de importancia personal y como les era tan gratificante su posición social, no alcanzaban la libertad. Yo también había caído en uno de los mayores peligros del camino de evolución individual: convertirme en gurú y entre otras gratificaciones, podía relacionarme con la gente con facilidad, pues desde una posición de superioridad, ¡quién me iba a tratar mal! “Precisamente ésta era una de las funciones más importantes del camino del guerrero: a diferencia de los brujos del pasado (entendiendo por brujo la persona que ha trascendido el nivel egoico-racional de conciencia), los cuales ocupaban posiciones sociales reconocidas y respetadas como profetas, sacerdotes, chamanes, monjes, samyassi, curanderos, adivinos, alquimistas, as-cetas, etc.; en la


actualidad es al contrario: un verdadero brujo causa temor y desconfianza ante una sociedad que vive fuertemente apegada a sus estructuras egoicas y se siente amenazada con cualquiera que las trascienda. “Para evitar lo anterior, el camino del guerrero mediante las técnicas del acecho y del desatino controlado, le permite al brujo esconder su verdadera naturaleza en el mundo ordinario y a la vez salvarse de volverse un presumido de los mundos esotéricos.” —¿Cómo se practica la técnica del desatino controlado? —Don Juan decía que todo el mundo vive un desatino sin fin y lo que tiene que hacer el guerrero es vivir ese mismo desatino pero conscientemente controlado. “Casi se tiene uno que convertir en actor, pero en realidad no es algo falso, sino que utilizamos nuestras propias ‘subpersonalidades’ o modos de ser que más nos convengan para ocultar nuestra realidad brujeril. Por ejemplo, a pesar de mis inseguridades, empecé a aplicar la técnica del acecho de tratar de ser simpático y encantador con la gente, y no obstante mi miedo al ridículo, llegaba a las reuniones saludando y abrazando a todo el mundo con euforia y simpatía. Me sorprendí al ver que era posible desarrollar esta técnica del acecho sin dejar de ser auténtico, pues en realidad todos tenemos esa otra personalidad encantadora; aunque a veces esté muy escondida como en mi caso, sólo hay que ponerla a funcionar y notar cómo la gente quedaba literalmente encantada con uno. Me llenaba de energía cuando podía mantenerme en el desatino controlado consciente, en cambio, podía comprobar cómo se pierde energía cuando uno usa de manera inconsciente las ‘máscaras’ de la importancia personal al tratar con la gente. “Carlos definió al acecho como el arte de comportarse en la vida cotidiana, una forma de conducta inusual que te permite vivir cosas insólitas. Es la capacidad de estar ahí, donde antes no podías, de permanecer en situaciones que afectan tu importancia personal, sin delatarte. “Aclaró que el desatino no es un engaño de actor, sino seguir las reglas del juego. Implica suspender los juicios, dejar de juzgar moralmente, relacionarnos con nuestros semejantes de una manera total, sin esperar recompensa de ningún tipo. Si no hay expectativas, el acto en sí es total y completo, y es digno de un guerrero. “Pero el acecho no se limita a conducirnos ante nuestros semejantes. Va mucho más lejos. Es la capacidad de comprender con la totalidad nuestro ser, que el aquí y ahora es todo cuanto existe. “Un acechador se da a la situación como si fuera final, se entrega a su relación con toda su alma. No espera nada más allá del momento, porque, en realidad, no hay nada más allá. “Para el guerrero, el punto más importante en el juego que tiene con el mundo cotidiano, es la capacidad de entregarse por entero y luego retirarse. Eso es acecho. El gran descubrimiento de los antiguos fue el acecho. “En un mundo que es producto de una interpretación, no hay realidades absolutas. Lo único que nos cabe es darnos cuenta de eso y controlar nuestro desatino. Acechar es usar todos nuestros recursos, sacar por ejemplo, el yo simpático y encantador que está ahí, debajo de nuestra piel, y ponerlo a trabajar. Es conocernos, activar nuestros ‘yoes’. ¡Es muy fácil sacar el yo gruñón cuando nos sentimos tentados a la ira! Lo difícil es ser encantador y cultivar las condiciones del guerrero acechador. “El acecho es la herramienta principal del brujo en su trato cotidiano, porque es lo único que le permite disimular el hecho real de que él no participa de las creencias del mundo. Tiene otra sintaxis, y desde el punto de vista de la gente común, esa otra sintaxis es locura.” LAS PURIFICACIONES ENERGÉTICAS DEL NAGUAL. “El acecho y el desatino controlado —como todos los conceptos de los brujos— suelen tener varios significados y a veces resultan difíciles de explicar de una manera teórica. Pero el Nagual podía hacerlo demostrándonoslo mediante sus acciones. “La práctica del ‘acecho’ es algo así como actuar o decir algo de tal manera que el verdadero sentido u objetivo esencial de esos actos o palabras queda oculto. Una forma del acecho que practicó el Nagual con nosotros, que aún hoy tiene efectos sobre mí y sobre otras personas, porque afectó muy profundamente nuestra importancia personal, se dio durante el proceso de fundar ‘Casa Amatlán’.” —¿Qué cosa es Casa Amatlán?


—Fue un centro que había planeado con Mariví para dedicarlo al Estudio y Desarrollo de la Conciencia pero que acabó siendo un experimento que supuestamente el Espíritu realizó con un grupo de aspirantes a guerreros. Cuando el Nagual se enteró de ese proyecto, me extrañó mucho su gran interés, al grado de ofrecernos dar ahí sus pláticas y las prácticas de los ejercicios que en un principio llamó pases mágicos y después les llamo Tensegridad; de hecho fue uno de los primeros foros públicos en los que practicaron. Llegamos a ilusionarnos tanto que pensamos que ahí tendría su base de operaciones; algo que no era posible pues olvidamos que los brujos no se ponen al alcance del mundo. “Para concluir la remodelación de la Casa sugirió que participasen los supuestos aspirantes a ‘guerreros’: Mariví, Perla, Heiko, Matías, Georgina, el Hidalgo, y también colaborara Eddy y Alejandro. Lo que entonces ocurrió fue para mí el mejor ejemplo de este tipo de acecho del Nagual: fundar el Centro nunca fue lo importante, lo esencial iba a ser el terrible y poderoso proceso de purificación energética que se daría durante la convivencia entre ese grupo gracias a que habíamos estado expuesto durante buen tiempo a las irradiaciones energéticas del Nagual. “En un principio no pudimos comprender la siguiente peladez que Carlos sugería: “—El lema del Centro será: ¡O cagáis, o os cagáis! y debéis ponerlo en el ángulo superior izquierdo del papel membretado —dijo con sobrecargada solemnidad. “Nos dejó en un estado de inquietud y de risa nerviosa, pero no tardamos mucho en darnos cuenta del sentido de la frase: o practicábamos la ‘recapitulación’ de nuestras vidas, técnica mediante la cual descubríamos, entre otras cosas, nuestros eventos traumáticos para descargarlos de su energía destructiva, o de no hacerlo, acabaríamos por arrojar esta energía sobre los demás, nos ‘cagaríamos’ sobre los otros durante nuestra continua convivencia. “Fue así que pronto comenzamos a sacar nuestra ‘caca’ personal, y no sólo eso, ¡nos la arrojamos unos a otros, enfrascados en tremendos pleitos! Todos quedamos sorprendidos de lo irracional de nuestras conductas. Ya no hubo dudas sobre el poderoso efecto purificante de la energía del Nagual. “Como el Nagual sabía perfectamente que eso ocurriría, nos encargó una extraña tarea que consistía en reunirnos cada semana durante media hora ‘y no más’, para decirnos cosas ‘hasta la despedida’, es decir todo lo que estábamos pensando y sintiendo de los demás. Era una forma de desahogo de todas estas transferencias psicológicas y energéticas que se iban a generar, pero no debía prolongarse demasiado para no acabar en enganches de pleitos interminables. Por desgracia no cumplimos esta tarea que hubiera podido aminorar los efectos de las irradiaciones nagualescas. LA RECAPITULACIÓN “Lo que nos iba magistralmente a demostrar era la cantidad de ‘porquería’ que nos contaminaba por dentro, la cual se haría evidente al aumentar nuestro nivel de energía gracias a los préstamos energéticos de los brujos. Con esta lección y sólo así sentiríamos la urgencia de diluirla en privado mediante la práctica de una de las más importantes técnicas del guerrero: la ‘recapitulación’. No se trata de un psicoanálisis, aunque también me ha funcionado como tal, sino más bien lo he entendido como una especie de ‘transmutación’ o transfor-mación a nivel energético de las sensaciones, emociones o sentimientos, ya sean gozosas o dolorosas; es decir, de todas esas cargas energéticas generadoras de nuestros apegos, temores, arrogancias, debilidades, sufrimientos, impulsos destructivos, etc., lo que para Jung conforma el contenido de nuestra ‘Sombra’. “Nos advirtió que, mientras estuviéramos involucrados en tales actividades, no nos recapituláramos entre nosotros ni tampoco a él, porque se trataba de mezclar ex-profeso nuestras energías y así mantenernos unidos por medio de lazos energéticos. Precisamente ésta es otra función de esta técnica: romper los vínculos energéticos que nos tienen atrapados con las gentes, instituciones, ideologías, identidades, etc.; es decir, lo que llamamos apegos y dependencias operan a nivel de energía. PERDER LA IMPORTANCIA PERSONAL


“El objeto de este acecho del Nagual era confrontar nuestra importancia personal, y por consecuencia también los traumas, condicionamientos, autocompasiones, etc., que nos hacen sentirnos la cosa más grande del mundo. Nos decía cosas impresionantes al respecto: “—El sentirnos importantes hace que uno gaste el noventa por ciento de su energía en defenderse. Si no se toman en serio, si no se sienten divinos, no hay insulto moral, y en consecuencia, nadie puede afectarlos. Yo no me tomo en serio para nada, ¡sin embargo mi trabajo es seriesísimo! Cuando sabemos que valemos un pepino, somos capaces de enfrentarnos a todo. Aprendan a caer al suelo, a dejar de sentirse como príncipes, a redimirse a ustedes mismos de las sugestiones de su propia mente. Si no me considero un ser extraordinario, ¡estoy salvado!” —¿Cómo tomó Carlos los conflictos que surgieron entre ustedes? —Aunque parezca increíble, ¡con mucho humor! Él había calculado exactamente nuestras reacciones y me enteré que se reían a carcajadas cuando los brujos platicaban entre sí sobre nuestros ‘agarrones’. “Yo había sido el peor de cuantos nos reunimos allí, siempre quería imponer mi punto de vista a los demás, acabé dándole de patadas en el trasero a Perla cuando en broma intentaba ahorcarme, pero se me dio la mejor oportunidad que tuve en mi vida para descubrir mi enorme importancia personal. “Aprovechó nuestras características personales que conocía bien por su videncia para darnos buenas lecciones. Él sabía que yo tenía conflicto hacia las mujeres con las que me relacionaba cercanamente. Para estimular mi neurosis, Carlos comenzó a tener deferencias para con Mariví, mismas que generaron una rivalidad con ella: “—Encárgate tú de inaugurar Casa Amatlán, porque este ‘huevón’ del Hidalgo no va a hacer nada — le dijo un día. “Ese fue el primer encontronazo. De pronto estábamos los dos dando órdenes y tratando de desplazarnos mutuamente, apoyados en la autoridad del Nagual. “Se supone que las circunstancias que se dieron en Casa Amatlán eran ‘trucos’ del Espíritu para darnos una serie de magistrales lecciones sobre nuestra realidad psicológica y energética. Como me resultaban tan abrumadoras ya me andaba por abandonar el proyecto del Centro de Estudios y así lo hubiera hecho si no fuera por las palabras de Castaneda: “—Hidalgo, esta Casa te la envía el Espíritu —apremiándome a no dejar pasar esta gran oportunidad de crecimiento personal, como después lo comprendí. “En una ocasión, Jacobo Grinberg me elogiaba por teléfono con el Nagual, por haberles hecho ver la manera magistral en que nos involucra en las ‘estratagemas’ de sus acechos. De pronto Jacobo se quedó callado y se puso serio cuando escuchó del Nagual: “—Dile al hidalgo que no sea tarugo, ¡cuándo aprenderá que todo esto lo realiza el Espíritu! “Nos dejó intrigados el hecho de que situaciones tan tremendas, absurdas y hasta simpáticas fueran planeadas por ese ‘Poder’ superior del cual tenemos una imagen tan diferente y seguramente tan limitada. “Sería erróneo juzgar tales maniobras o ‘estratagemas’ con un criterio común y corriente. “Él decía que no tenía la capacidad de crear estas situaciones; que sus jugueteos con la atención nos los ponía delante el Espíritu, y él mismo disfrutaba, y aprendía con todo ello como si fuese un espectador más. Y aquí nuevamente rompía con otro de nuestros paradigmas: que el Espíritu se manifestase haciendo semejantes bromas e incluso haciendo ‘trucos’ como lo leemos en sus libros. “A pesar de nuestra ineficacia a causa de nuestros continuos conflictos, al fin la Casa se transformó en un centro de estudios (aunque no de Carlos Castaneda, como ingenuamente creíamos). Después me enteré que Carlos me había puesto el sobrenombre de ‘guano’ (fertilizante que se hace del excremento animal); al principio lo sentí casi como un ofensa, pero luego entendí que era un auténtico elogio, pues con toda mi ‘caca’ neurótica que había arrojado durante la remozada de la casa, la había ‘fertilizado’ para ayudar a que naciera un centro de estudios.” —¿Explícanos qué es eso del pinche tirano? —En este camino uno tiene que explorarse y afinarse con verdadera pasión para tener siquiera una oportunidad de llegar al estado de impecabilidad. A fin de conseguir esto, los naguales tienen muchos métodos, y la interacción con un pinche tirano es probablemente el más eficaz.


“Respondiendo a una pregunta que le hice, Carlos me explicó que la mayoría de nosotros somos tiranos para otros; de alguna manera, siempre estamos afectando a alguien con nuestra importancia personal y mientras más tenemos, más pinches tiranos somos de los demás, querámoslo o no. “Por otro lado, nos daba a entender que encontrarnos un buen tirano era un privilegio y casi nos sugería buscar enemigos tenebrosos, dignos adversarios llenos de importancia personal. “Este tipo de encuentro, según él, es el que verdaderamente puede darnos la fortaleza y la cordura necesarias para resistir allí donde no hay nada familiar a lo cual aferrarnos: para enfrentarnos a ‘lo desconocido’. Nunca hay que menospreciar a un pinche tirano como recurso para nuestro desarrollo. “—Si no somos capaces de enfrentar al pinche tirano, difícilmente podremos enfrentarnos a algo tan grande como es ‘lo desconocido’. “Es algo muy difícil de descubrir, pero en realidad luchar contra el pinche tirano es luchar contra nuestra propia importancia. Si podemos enfrentar-nos a nosotros mismos con estrategia de guerreros, entonces descubriremos lo desconocido que nadie quiere conocer, es decir, todo lo que nos resulta desagradable de nosotros y que nunca queremos reconocer, pero si aprendemos a lidiar con ello, nos proporciona una muy valiosa energía, y a la larga la libertad. “Tardé mucho en comprender que el verdadero tirano de nuestra vida es el ego, y a ese siempre lo tenemos a la mano. El digno adversario externo del que hablaba Don Juan es una metáfora del ego, porque uno proyecta todo hacia fuera y es más fácil ver nuestros problemas reflejados en los demás. “Así como idealizamos a las gentes, exagerando sus buenas cualidades, también alucinamos a quienes nos atacan, viendo caricaturas que, en realidad, son sólo reflejos de nuestros traumas. “Enfrentar al pinche tirano es un no-hacer enorme, puesto que el hacer natural en la etapa egoica de conciencia es huir y defendernos de todo y de todos. En cambio darle la bienvenida a alguien o algo que nos haga la vida imposible, conmueve seriamente los parámetros de la percepción, de modo que uno entra a ‘lo desconocido’. “—Hay que usar al pinche tirano como una oportunidad de mover el punto de encaje a una nueva posición —nos decía Castaneda refiriéndose al paso hacia un nivel de conciencia superior. “Para el guerrero no hay nada bueno o malo en la vida, todo en realidad es un desafío y enfrenta lo que sea siempre con una estrategia consciente. Todo pinche tirano nos hace evolucionar, y como ése es el sentido de la existencia, Don Juan alegaba de una manera humorística que el verdadero y máximo tirano es el Creador de la existencia, los demás son pinches o repinches tiranitos. Es decir, viendo la vida sólo desde una perspectiva racional, es fácil considerarla como una tiranía: en ese nivel de conciencia dualista todo lo percibimos como pares de opuestos: alegría y tristeza, bueno y malo, etcétera. “Carlos procuraba comportarse como un pinche tirano con todos nosotros, pero al mismo tiempo, era de una maravillosa gentileza y nos estimulaba en privado con nuestros auténticos logros de conciencia. “Con los más allegados, su conducta llegaba a ser en ocasiones exasperante, pero también producía resultados únicos en el nivel de la conciencia. Nunca perdía la oportunidad de hacer críticas irónicas de nuestros actos y vidas. Recuerdo que, en cierta ocasión, un psicólogo español que se reunía con nosotros, se dijo en tono de espanto: ¡Y pensar que cuando yo entre en confianza con el Nagual, me va a tratar así!” —¿Platícanos sobre tu experiencia en las prácticas de la Tensegridad? —Fue en Casa Amatlán donde por primera vez Castaneda nos dio los pases mágicos que más adelante denominó Tensegridad. En realidad al principio no me interesó mucho la práctica de esos ejercicios, que te los puedo describir como una combinación de artes marciales orientales, aunque tenían sus propias características originales; siempre buscando lo intelectual hacía que lo corporal me fuera desdeñable. “Pero al ver el interés del Nagual por enseñárnoslos, no me quedó otra que poner todo mi empeño en practicar esos movimientos tal cual nos los enseñaba, pero con mi torpeza para lo corporal, ni así me los aprendía. Sin embargo me tranquilizó descubrir que cada quien los hacía a su manera y no seguían con exactitud los movimientos tal como ágilmente nos los mostraba Castaneda, pero él no se inmutaba y casi no hacía nada por corregirlos.


“Cuando estábamos en Los Ángeles nos mostró nuevos ejercicios junto con una veintena de ‘gringos’ que según parece eran como un grupo piloto de experimentación de los pases mágicos y ahí también noté cierta libertad que les daban para hacer los movimientos. Aunado a lo anterior, me extrañó que cada vez nos daba nuevos ejercicios y en lugar de repasarnos los anteriores para ver si los habíamos aprendido, al contrario, nos ponía más y más. Después nos informó que había cientos de esos pases y nos los iba a dar todos; ¡menuda tarea me esperaba! Si apenas podía aprenderme unos cuantos. Te platico esto porque fue la clave para entender el sentido de estos ejercicios. “Era tal la importancia que le daba el Nagual tanto a la ‘recapitulación’ como a la Tensegridad que esto ejercía una gran presión sobre mí y me obligaba a practicarlos diariamente a pesar de mis resistencias. Pero poco a poco fui sintiendo un cierto bienestar físico, y una mayor fuerza y energía al practicarlos, lo cual al cabo de un tiempo se con-virtió en un placer y más adelante en casi una necesidad. “Pero, cuando ya se impartió la Tensegridad en eventos masivos, mi problema de aprender tal cantidad de nuevos pasos me llevó a una crisis, al grado que dejé de asistir a esos eventos e incluso hasta suspendí por un tiempo su práctica. “No recuerdo exactamente cómo ocurrió: de pronto un día me decidí a reiniciar mis prácticas y aunque resulte increíble, como que mi cuerpo por sí solo empezó a moverse y a efectuar imitaciones de esos ejercicios que me había esforzado en aprender. Me dejé llevar por ese impulso corporal y aquello se convirtió en una especie de danza, la cual para mi gran sorpresa, casi la hacía involuntariamente. “La experiencia me metía en un profundo silencio interno y resultaba de lo más placentera, era como un toque del Espíritu según lo confirmé en un texto de Castaneda. Empecé a repetir la experiencia hasta que un día ‘supe’, no sé cómo, que se trataba de mi propia danza de guerrero y en cierta manera era ejecutada por mi ‘doble’ o cuerpo energético conjuntamente con mi cuerpo físico valiéndose de las memorias de lo aprendido inconscientemente en toda esa cantidad de prácticas de Tensegridad. “Entonces comprendí el por qué nos saturaban con tantos y tantos ejercicios: la memoria corporal más que la intelectual los iba grabando hasta que algún día surgiera la propia expresión individual de la Tensegridad, que aún teniendo semejanzas con los demás ejercicios llegaría a tener su sello particular. “Con la práctica de Tensegridad, me llegué a admirar de la poca importancia que le daba al cuerpo. Ahora ya puedo entender por qué dice Don Juan que el cuerpo es el arma más poderosa del guerrero; y por qué para nuestra evolución personal es indispensable integrarlo a nuestra mente, según lo afirma la Psicología Transpersonal. “Creo que mi danza de Tensegridad ha sido fundamental en mi trabajo de desarrollo de la conciencia, la riqueza y expresión de movimientos que se dan gracias a ella, me han permitido cultivar el bienestar y ‘poder’ energético de mi cuerpo, lo que implica el desarrollo del doble energético, el despertar del Fuego Interno (la Kundalini) y algo muy necesario para mí: descender de la cabeza a la Tierra a través del cuerpo, para así poder contac-tar con el mundo real.” —¿Cuándo empezaste a recibir enseñanza más directa de Castaneda? —Fue la época en que me dedicaba a tomar cuanto sesshin (retiros intensivos de meditación Zen) hubiera en México, de todas las líneas y maestros. Era un fanático de la Meditación. Asimismo hacía tiempo que había empezado a profundizar en el Cristianismo Místico —en especial el de San Juan de la Cruz— y acostumbraba retirarme con frecuencia a monasterios cristianos a practicar la meditación u oración profunda; incluso llegué a tener buenas experiencias místicas. “Había abandonado las lecturas de los libros de Castaneda que tanto me fascinaban, hasta que un día me habló quien fue su contacto y editor en México, Fausto Rosales, pidiéndome que le consiguiera un buen lugar donde el Nagual diera una plática y que invitara gente interesante. Pues bien, como todo lo que ocurría con relación a los brujos, tuve la gran suerte de que nos prestaran un bello salón colonial recién restaurado, el cual ni siquiera había sido estrenado y estaba ubicado nada menos que atrás de la Catedral Metropolitana, justo en donde antiguamente se encontraba el Templo Mayor de la Gran Tenochtitlan, ¡vaya lugar para escuchar la sabiduría heredada de los antiguos mexicanos! “En acorde a mi importancia personal, me coloqué en la primera fila, justo enfrente del Nagual, incluso sentado adelante de Florinda. “Pero gracias a esa ubicación, la videncia de Florinda pudo detectar lo que después me explicaron.


“Al día siguiente me habló por teléfono el mismo Carlos Castaneda por primera vez y un tanto burlonamente, pero afectuoso, me dijo: “—Oye tocayo, qué loqueras has estado haciendo, pero con tus meditaciones o lo que sea has ahorrado mucha energía, ven a verme al Hotel Camino Real para que platiquemos… “Tuve la suerte de llegar tan rápido que pude encontrarlo en el momento de liquidar su cuenta en el mostrador del hotel justo antes de partir. Me dijo que se le había presentado una urgencia y tenía que adelantar su partida. Como ya no esperaba verme, nuestro encuentro en el mostrador lo consideró como una buena ‘señal’. “A partir de ese momento comenzaron las maravillosas conversaciones telefónicas desde Los Ángeles. “—La meditación te engarza a ti mismo —me dijo en una de ellas. “No obstante los beneficios que me había aportado al nivel de energía, me hizo ver cómo el tipo de meditación al que me dedicaba por entonces era como un resguardo para mí, algo así como tomar una piedra preciosa y engarzarla en un bello marco de metal; uno se queda enganchado en su propia imagen. De ahí que yo siguiera siendo un ‘ego maniático’. “Con el tiempo comprendí que mover el punto de encaje (o el punto luminoso donde encaja la percepción), como así le llaman al paso a otro estado superior de conciencia, tal como ocurre en la meditación, se puede realizar de una manera continuada con la práctica de los índices o técnicas de los brujos, y con menor peligro de caer en la importancia personal. Además, aunque en la meditación se alcancen niveles elevados de conciencia, al terminar de meditar se vuelve al estado ordinario de conciencia, que en su lenguaje es volver a la posición fija del punto de encaje al lugar de la razón. “Yo había estudiado en la Psicología Transpersonal que el sentido de la evolución individual consiste en trascender el nivel de conciencia egoicomental para alcanzar otros niveles superiores de conciencia. Con los nohaceres de los brujos este objetivo se va logrando de una manera tenue pero continuada, hasta que llegue el momento en que el punto de encaje se fije en una nueva posición o sea en otro nivel de conciencia. “Como en todas las tradiciones, en el Cristianismo o en el Zen existen técnicas para tratar de mantenerse continuamente en otros estados de conciencia, hasta que ese ‘estado’ se convierta en nivel de conciencia y se mantenga de manera permanente, pero ya en la vida cotidiana la práctica de las técnicas del mantram o koan o la oración continua y otras, se me olvidaba continuamente o no me resultan tan entretenidas como las técnicas de Don Juan. “Lo que me pareció tan interesante del sistema de Don Juan era su pragmatismo: nos daba ‘chamba’ para todo momento, puesto que para el guerrero cualquier circunstancia de la vida significaba una batalla de vida o muerte, lo cual te obliga a estar en continua práctica, en estado de alerta o ‘acecho’. Si juegas a estar en plena batalla no puedes andar distraído con tus preocupaciones y diálogos internos, te pueden matar. Actuar como un guerrero era suspender mi manera habitual de conducta, la cual operaba casi automática y semiconsciente-mente. Alguien me dio este ejemplo: Así como los pilotos aviadores cuando ya se sienten seguros prenden el automático y ya no tienen que estar muy conscientes de cómo vuela el avión, así lo hacemos nosotros con nuestra vida: prendemos el automático y dejamos de estar y actuar plenamente conscientes.” —¿Podrías platicar algo sobre tus experiencias místicas? —Tal como te conté, me había olvidado casi por completo de Don Juan al meterme de lleno al Zen y al Misticismo Cristiano. Pues bien, un día empecé a experimentar lo que se denomina una presencia mística, una muy hermosa vivencia de alguien o algo del ‘más allá’ que te acompaña, te guía y te trasmite ‘su’ pensamiento a través de ideas que le llegan a uno a la mente. “Pensé que era Cristo o el mismo Dios Padre que me hablaba y así pasé muchos meses en un estado de bienaventuranza, olvidándome de todos los problemas del mundo y ya estaba decidido a volverme monje contemplativo cuando ocurrió algo sorprendente. En aquellos días de alienación mística, justo cuando para mí era casi un sacrilegio acordarme de mis buenos tiempos de iniciación a la brujería, esa especie de ‘voz’ que suponía era de la divinidad, me dijo algo así como: “—Esto que escuchas es ‘la voz del Espíritu’ —quedé verdaderamente chocado, ¿acaso no era el mismo término que utilizaba Don Juan? me pregunté. Pues bien, casi me desmayo cuando días después


yo experimentaba una especie de contemplación mística, y esa misma voz me dijo—: esto es lo equivalente al ‘ver’ de Don Juan. “Siguió haciéndome comparaciones con el cono-cimiento de los brujos hasta que un día me reveló lo inesperado: “—Soy tu aliado. “Al escuchar esto sentí una mezcla de conflicto, de asombro y luego de satisfacción: comprendí entonces lo que significaba tener un ‘aliado’ como ‘protector’ o ‘guía’, según Don Juan: una entidad del ‘otro mundo’ que te va a acompañar en el difícil momento del camino cuando ya se van perdiendo los resguardos del mundo cotidiano. De inmediato busqué el libro de ‘Viaje a Ixtlán’ y en su último capítulo leí: todo cuanto amamos, odiamos o deseamos, va quedando atrás… tu aliado te llevará a ti solo a mundos desconocidos… (él) cambiará tu idea (o visión) del mundo… y cuando cambia, el mundo mismo cambia. “Ya tenía el privilegio de contar con un ‘aliado’ y fuera Dios Padre o un espíritu cualquiera, yo sentía el profundo amor de su compañía que me hizo pasar los meses quizás más hermosos de mi vida.” —¿Cómo se te presentó el ‘aliado’ del ‘otro mundo’? —Había terminado hacía tiempo con mi novia, una poderosa bruja que me tenía tan hechizado que estuve a punto de irme a vivir con ella a Tepoztlan, tener nuestros ‘hijitos’ y convertirnos en famosos líderes espirituales en ese pueblo mágico, recibiendo a numerosos fans en nuestro centro de estudios esotéricos. Además de importancia personal, yo estaba lleno de fuerza y de energía pues gracias a la lectura de los libros de Castaneda y a la práctica del guerrero, había lo-grado lo que se llama un verdadero despertar de conciencia. Pero con esta hermosa bruja no alcancé a pasar una de las grandes pruebas del guerrero: enfrentar al digno adversario (tal como le ocurrió a Castaneda con otras brujas), pues la convivencia con ella casi me mata, literalmente. “Fue así que un día tendido en un sillón sintiéndome tan mal física y psíquicamente, no me quedó otra, ante lo que yo sentía como fracaso de mi ser guerrero, que volver a mi religión y ponerme a rezarle a Dios para pedirle urgentemente su ayuda. Entonces, por increíble que parezca, de pronto tuve esa gran experiencia de sentir enfrente de mí una presencia mística. “Decidí irme a pasar largas temporadas a un Monasterio Benedictino en la ciudad de Cuernavaca, sólo acompañado de mi ‘aliado’, viviendo en un estado de gozo, a tal grado que no me importó para nada cuando un día me hablaron por teléfono al Monasterio, de urgencia, para informarme la pérdida casi total de mi dinero a causa del crack que hubo en la Bolsa de Valores de México. Tampoco me había importado dejar mi confortable casa de mis padres donde vivía como príncipe, para encerrarme en un pequeño cuartucho vejestorio de un monasterio; no volver a ver a mis amigos para platicar interminables rollos espirituales tomando un sabroso cafecito, olvidarme de todos mis proyectos para salvar el mundo, etcétera. “Estaba tan feliz, que decidí meterme al aspirantado para convertirme en monje. Pero un día mientras practicaba mis contemplaciones en compañía de mi ‘aliado’, de pronto sentí que éste se transformaba como en una pequeña nube y en un instante penetraba en mi cuerpo por la ‘coronilla’ de la cabeza. Experimenté todo tipo de sensaciones: gran tristeza porque ‘supe’, no sé cómo, que ya no volvería a ‘ver’ a mi amado ‘aliado’, pero también un profundo gozo al comprender que mi ‘aliado’ habita dentro de mí o acaso soy yo mismo en un nivel más profundo; lo más extraño fue llegar a sentir una gran responsabilidad por lo que significaba e implicaba para mi vida el haber experimentado todo lo anterior…” —¿Cómo consideró el Nagual tus experiencias místicas? —Aprendí con el Nagual que nuestra propensión a escudarnos de lo desconocido a través de lo conocido, incluso lo hacemos con la religión, es para así poner un cerco a lo desconocido trascendente e impedir que su profundidad nos abrume. “Eso no significa que Carlos negara la veracidad de las experiencias de los místicos cristianos a quienes consideraba brujos portentosos. Él sólo observaba hasta qué punto esas experiencias están mezcladas con la historia personal e influencia cultural de quien las tiene. “Según las visiones de los brujos, las experiencias de los místicos se deben a que algunos de ellos logran ver el molde humano, un haz de energía que pertenece exclusivamente al hombre. Él lo definió como una fuerza que constriñe a la biología y de la cual sale el hombre, algo maravilloso de ver. Y


cuando un místico tiene esa visión, cuando se pone en consenso con el molde, alineando lo que ellos llaman las emanaciones del Águila, mismas que nos hacen ser hombres, entonces cree ver a Dios. “—El molde del hombre es todo lo que somos…pero hay infinitamente más…—Y un día me confesó por teléfono desde Los Ángeles como él había tenido esa ‘visión’—: Vi al manojo de energías que hace al hombre…vi al hombre en toda su plenitud, al Dios-Hombre…sentía una compasión y piedad infinitas. “Pienso que el molde del hombre es como una especie de ADN cósmico, pero al nivel energético; es el arquetipo que da origen y que moldea nuestra existencia. Todos podemos verlo, pero nos es imposible verlo con entera objetividad. Para un cristiano, el molde del hombre es Dios Padre. Cada uno de nosotros lo verá según su religión, sexo e historia personal. Entonces, no hay que tomar nuestras particulares visiones del molde como algo absoluto, según me decía el Nagual: “—El hombre puede llegar a percibir cosas inconcebibles…hay que llegar al final del camino, a lo inaudito…y no entretenerse en visiones de la percepción histórica. “Los brujos proponen ir más allá de la experiencia mística individual, más allá de los condicionamientos que hemos recibido desde la infancia. Nos proponen ‘ver’ directamente al ‘Intento’, al ‘Espíritu’ al ‘Infinito’; algo que suena increíble pero no obstante está al alcance de un guerrero impecable. “Insistía en la necesidad de ser sobrios, de tomar todo lo que viene con desapego, no dejarse obsesionar por nada. A partir de ese principio, puede aventurarse a atestiguar los mundos más extraordinarios de la atención, pero manteniendo sus reacciones bajo control.” —¿Platícanos más sobre la técnica del ‘acecho’? —Es llegar a vivir plenamente conscientes de todo lo que nos sucede y de lo que ocurre a nuestro alrededor. Yo como buen neurótico descubrí que el gran impedimento para estar conscientes de la realidad, son nuestras neurosis y sus consecuentes importancias personales. Esto me lo hizo ver claramente el Nagual al hacerme burla de algo que para mí era motivo de gran orgullo; con sus simpáticas dramatizaciones, me decía: “—He aquí a Carlos (mencionando pomposamente mis apellidos), el gran catedrático de la honorable Universidad Iberoamericana, etc., etcétera. “Se refería a mis clases de Desarrollo Tranpersonal que daba en esa universidad y realmente empezó a preocuparme su sátira. Yo sentía que estaba haciendo una labor meritoria, ya que contribuía a la difusión del conocimiento espiritual y me puse a explicarle sobre la responsabilidad del pedagogo en estas áreas. “Él no más se reía, pero al ver mi insistencia en convencerlo, me dijo: “—Está bien, pero da tus clases con plena con-ciencia de todo lo que dices, entonces puedes decir lo que quieras, incluso barbaridades. “Al principio no entendí esa afirmación, para mí ¡era obvio que daba mis lecciones conscientemente! Pero en la primera oportunidad que intenté hacerme consciente de mí mismo y de mis alumnos, en lugar de conseguirlo, me enredé más y más con lo que decía, hasta el punto en que mis alumnos ya no entendían nada, ni yo mismo. Gracias a los préstamos energéticos del Nagual fui descubriendo que mis necesidades neuróticas de reconocimiento, aceptación, de demostrarle a ‘mami’ lo brillante que soy y competir con mis hermanos por el apapacho de ‘papi y mami’, etc., eran los más im-portantes motivadores para convertirme en ‘catedrático’. Todo esto me generaba una inseguridad y conflicto interno que me impedían dar mis clases conscientemente, y me provocaba pérdidas considerables de energía. “Esto lo acabé de entender cuando en una ocasión impartía una conferencia en Casa Tíbet: de pronto me percaté, ¡oh sorpresa!, que lo estaba haciendo de manera consciente. Como acababa de regresar de una semana de estancia con los brujos en Los Ángeles, venía cargado con su energía y gracias a ella pude brincarme, por decirlo así, el nivel del ego neurótico y dar casi toda la conferencia consciente de mí mismo. Me salió tan bien, que me puse hasta simpático, algo casi imposible para alguien como yo que me tomaba tan en serio.” —¿Podrías dar una definición chamánica de la energía? —Carlos nos daba a entender que la percepción o la conciencia se engrandece en la medida en que ahorramos y redistribuimos nuestra energía, cosa que podemos aprender a través de los recursos de la brujería. Teniendo en cuenta el nexo que existe entre conciencia y energía, nuestra tarea era descubrir


las situaciones en que perdemos o in-utilizamos la energía. Sobre todo sabiendo que, según él, no podemos aumentar el caudal de energía que ya traemos de nacimiento, lo único que podemos hacer con ella es redistribuirla. “Con relación a la pérdida de energía, el tema que más causaba revuelo en sus reuniones era la importancia dada por el Nagual al celibato. Todos protestaban y algunos alegaban a su favor las milenarias técnicas orientales para hacer el amor como un camino de desarrollo. Pero él nos hacía ver lo difícil que era no perder energía con la sexualidad, pues aún en estos casos de sexo sagrado, siempre acababa por involucrarse el ego y su importancia personal. “Desde como se presenta a la personalidad para realizar la conquista amorosa, los diálogos internos del enamoramiento, los conflictos pasionales, todo ello era motivo de pérdida de energía, pero sobre todo ponía énfasis en que en el acto sexual se desperdiciaba la más poderosa energía que existe: “—¿Por qué no aprovechar esa energía para evolucionar? —Y a quienes le discutían que el sexo no se los impedía, él los retaba—: A ver, tan siquiera traten de suspender el diálogo interno — algo que todos sabían era el requisito necesario para dar un paso evolutivo. “Y lo peor era cuando nos hacía ver que el procrear hijos dejaba a los padres extenuados y ante las protestas él se evadía diciendo: “—Sólo nos han hablado de la opción de la ‘reproducción’, pero existe también otra opción de vida: la evolución. “Al respecto, me impresionó mucho cuando un día llegábamos en mi auto a una de sus pláticas; de pronto me dijo ‘detente’ y me hizo fijar la atención en una de las guerreras extranjeras que estaba llegando y por la cual él había mostrado interés en ayudarle en el pasado: “—Obsérvala bien, acuérdate cómo era antes (de casarse y tener un hijo). Mírala ahora: ¿no te parece ya como una señorona y sin energía? “No pude negar que estaba en lo cierto, veía cómo esa gran fuerza de guerrera que yo le admiraba, se había desvanecido. Fue aquello una constatación en directo de sus teorías, una buena ayuda a convencerme del valor del celibato, que según él para mí era indispensable: “—Tú tienes que ser muy avaro con tu energía, pues eres el producto de una cogida aburrida. “Algo que no me era tan ofensivo, pues lo entendía como una expresión metafórica del mundo burgués en el cual nací, donde se vive tan bien ‘resguardado’ de la muerte, del cambio, del infinito, de ‘lo desconocido’, etc., que el gran precio a pagar es el aburrimiento. “Comprendí que el camino del brujo no consiste en tratar de manipular la energía por medios mágicos, o yogas sexuales, sino en estar atentos, alertas, en acecho constante. Ése es el sendero abstracto, el de los Videntes de ahora. No tenemos que hacer cosas fantásticas para conseguir resultados milagrosos: es cuestión de atención y de ser impecable. “—La conducta impecable es la que ahorra energía —nos insistía mucho el Nagual— y su concepto de impecabilidad está íntimamente relacionado con la importancia personal: me di cuenta que al manipular la vida en función de mi ego personal, buscando mi propio beneficio, dejaba de ser impecable y notaba pérdidas de energía.” —¿Qué relación existe entre el Águila y la ‘recapitulación’? —Su concepto del Águila lo he entendido como el ‘alma’ o la conciencia colectiva del planeta —lo que Grinberg llamaba el Hipercampo y Teilhard de Chardin la Noosfera—, la conciencia cósmica dentro de la cual existimos como burbujas individuales de atención. Por lo tanto, nuestras experiencias, en última instancia, pertenecen al Águila, y no tenemos modo de retener la individualidad más allá de la muerte, excepto teniendo en cuenta esa relación de dependencia. “Afirmó que el Águila se nutre de vivencias y experiencias, y nuestra disyuntiva, como seres conscientes, es morir para devolverle todo lo que fuimos. Pero existe la opción de recapitular nuestras vidas y ofrecerle una especie de copia fotostática energética” de nuestras experiencias vitales, con la cual se conforma el Poder que rige nuestros destinos. Como nuestra vida la pasamos casi inconsciente o semiconscientemente, al hacer conscientes nuestras experiencias a través de la recapitulación, creamos esa copia energética que entregamos al Águila y a la vez recuperamos la energía que habíamos dejado en esas experiencias. “—Denle al Águila lo que ella quiere, mediante la práctica de la recapitulación. Así les dejará libres —nos decía Castaneda.


“Cuando le pregunté al Nagual que si uno estuviera consciente de lo que hace no necesitaría recapitularlo, él estuvo de acuerdo. La recapitulación funciona para los actos de la vida que no se han hecho plenamente conscientes. Si la energía no es convocada de regreso, entonces se queda allá, en los eventos. Según lo entiendo, cuando observas las situaciones de la vida al 100%, las trasmutas, hablando en filosofía tántrica. Además nosotros no vemos las cosas plenamente como son, porque sólo usamos una pequeña parte de la atención. “Carlos nos decía que si no recapitulas bien a una persona, te va a volver a aparecer en tu vida. Esto es porque, según parece, las fibras de conciencia que desperdigamos en nuestro trato con los demás seguirán atrayendo a la energía perdida para tapar el hueco. También decía que la gente de la que uno quiere deshacerse y no puede, es porque no la ha recapitulado. “La técnica en sí es muy sencilla. Primero tienes que armar la memoria. Debes realizar inventarios de tu propia vida, los sentimientos gastados, las frustraciones, los momentos de ira, los enamoramientos, todo eso. Recapitular es poner las memorias sobre la mesa y verlas en forma desapegada. Una vez que expones tu colección particular de incidentes, te vas reconociendo, sabes que ése soy yo. Ahí está mi necesidad de reconocimiento, por delante de todo. Ahora siguiendo la técnica de cambiar las fachadas del Tonal, voy a poner esta necesidad detrás, en segundo plano. “Recapitular es aplicar conciencia sobre los recuerdos para redistribuir su energía y así cambiar la importancia relativa que les damos a nuestras características personales. Es también para terminar o cerrar círculos. “Un aspecto en el que insistía, era que la recapitulación debe ir acompañada de una respiración particular. Afirmaba que respirar es un acto mágico, porque limpia, y que, en realidad, armar los recuerdos consiste en inhalar los filamentos perdidos y exhalar los que no nos pertenecen. “La respiración especializada consiste en unos movimientos de la cabeza a ambos lados. Nos explicó que ese movimiento le da masaje al hipotálamo. El hipotálamo es un gran centro transformador de la energía que ayuda a separar el cerebro derecho del izquierdo. Cuando estamos tensos se atasca, se contrae toda la zona. “Lo que el Águila consume al final de nuestra vida es la primera atención, enriquecida por las experiencias de la historia personal. Sin embargo, el brujo hace una especie de contrato con nuestro Hacedor que presupone devolverle la experiencia, no la conciencia. Y este pago podemos hacerlo a través de la recapitulación. “La recapitulación es una de las más valiosas herramientas para despejar el camino en dirección a lo más importante para un brujo: pasar a otro nivel de conciencia, porque eso significa el paso a ‘otro mundo’. En términos concretos, se trata de redireccionar y redistribuir la energía. Al traer de vuelta nuestros filamentos, se completa el círculo de la energía.” —¿Podrías explicar el concepto de segunda atención? —El ideal de un guerrero impecable es llegar a estar plenamente consciente del aquí y el ahora, lo cual le permitirá Ver. Ver es percibir el mundo en términos de segunda atención. “Toda forma de atención tiene la misma base: darse cuenta de las cosas que pasan. Pero podemos atender de maneras muy distintas. Carlos definió que la segunda atención es atender a lo que ocurre debajo de la mesa (la mesa somos nosotros y nuestro mundo; el Nagual de los tiempos es esa parte nuestra desconocida que está ahí abajo). “Él afirmaba que cuando nacemos, nos dan la conciencia pero sin cultivar; apenas si nos damos cuenta de lo que pasa afuera. A medida que vivimos, convertimos la conciencia bruta en atención. Todos nacemos como brujos, pero pronto nos centramos en el sentimiento de ser ‘un yo’ y comenzamos a verlo todo a través de ese filtro. Al reforzar con el tiempo este modo de percibir, nos convertimos en seres cotidianos y nos quedamos fijos en lo que los brujos llaman la primera atención. “Por otra parte, el cultivo de la atención con técnicas de brujería nos lleva de regreso a lo que éramos, la transforma en segunda atención, un sentimiento en que uno ya no es uno, sino una expansión, algo mucho más amplio y menos dependiente del cuerpo físico.” —¿Qué es el Punto de encaje? —Es el lugar donde la conciencia en abstracto se transforma en un acto concreto de percepción. Percibimos una realidad o un ‘mundo’ según fijemos nuestra atención en una posición dada.


“El punto de encaje es una luminosidad más intensa que el resto de nuestro capullo luminoso, al moverse cambian por completo los parámetros de nuestra percepción. Un brujo mueve su punto de encaje considerablemente después de ahorrar suficiente energía. La característica de ese movimiento es que nos proporciona una vivencia inmediata de lo desconocido y tenemos que aguantar el embate de la ‘muerte’, hasta que ese campo enorme se haga conocido. Carlos lo experimentaba como una sensación de vacío; dijo: “—Al mover el punto de encaje viene el miedo a la soledad. Uno está solo frente a la eternidad. “Respondiendo a una pregunta, aseguró que lo que pasa en el ‘más allá’ no tiene el menor interés. Nos dijo que no tenemos que preocuparnos por el trato con los aliados y esas cosas de los otros mundos, porque lo verdaderamente importante de mover el punto de encaje, es el propio movimiento, es sacarlo de su posición fija en el limitado nivel de conciencia mental-racional. Independiente-mente de lo excitante que puede ser explorar los millones de mundos accesibles a nuestra atención, lo que fascina a los brujos es el acto de fluir, el cambio entre las diversas capas de la realidad. “En realidad, todas las técnicas de la brujería son modos de mover el punto de encaje. En sus presentaciones, Carlos nos enseñó varios ejercicios que están al alcance de la mayoría de nosotros. Uno de ellos es usar un pinche tirano, enfrentándolo impecablemente. Otra forma muy empleada por los brujos son los alucinógenos; pero enfatiza que, para proceder como guerreros, tenemos que aprender a desplazar el punto de encaje por nosotros mismos. “El punto de encaje debe moverse de su fijeza: eso es lo importante; entonces podemos hacer réplicas voluntarias de ese movimiento. “Una réplica que está al alcance de los brujos desde las primeras etapas del camino, es lo que llaman el estado de conciencia acrecentada. Este es un tipo de desplazamiento que enciende emanaciones cercanas a lo cotidiano. El guerrero tiene que aprender a no asustarse y a usar las visiones o alucinaciones como una puerta al poder. “Carlos distinguía entre este desplazamiento moderado y los movimientos fuertes. Todo depende de la distancia a la que se traslada el punto de encaje con respecto a su ubicación habitual. Afirmaba que el modo más seguro de inducir movimientos pronunciados es el arte de ensoñar; es decir, desarrollar la atención necesaria para moverse entre los sueños y la vida cotidiana. Definió: “—El ensueño es una forma de meditación [como la oriental] pero en un estado profundo. Es controlar la atención que uno fija en los elementos de cualquier sueño, redistribuyendo de esa manera la energía ahorrada.” —¿Cómo interpretas el mensaje de Castaneda? —En esto estoy de acuerdo con Carlos Ortiz en que tanto los escritos como el lenguaje de Carlos pertenecen al género mitológico. El Nagual nos decía: los brujos somos protagonistas de un mito viviente. Sus vidas son historias de poder, en cuyas metáforas o símbolos hemos de descubrir profundas enseñanzas. Respecto a las narraciones de sus libros, Don Juan decía: No son historias que se puedan leer como si fueran cuentos; tienes que repasarlas, luego pensarlas y volverlas a pensar. Las mitologías son revelaciones provenientes de un nivel superior de conciencia. Así que, de entrada, no hay que tomarlas literalmente ni analizarlas con una lógica racional. “En su libro ‘El Conocimiento Silencioso’, Carlos declara que estas historias son manifestaciones del Espíritu, y que las escribió como un trabajo de brujería. El único modo como podemos descifrar su sentido es a través del conocimiento silencioso. En una de sus charlas en Casa Amatlán, nos dijo: “—Don Juan quería que yo escribiera esos libros, pero no como un acto de escritor, sino como un acto de brujería a través del ensueño. Me ordenó: ésa es tu tarea. Entonces, yo no escribo; ensueño el texto y debo hacer una réplica exacta de lo que ensoñé. No puedo corregir ni hacerle una revisión. Lo mío es un proceso hechicero, no una acción cotidiana. Yo no soy escritor, ¡no soy nadie! “Las historias de sus libros, así como sus pláticas públicas y personales, tienen una doble lectura. Incluso a maestros tan brillantes con Jacobo Grinberg o Carlos de León les era difícil comprender cómo funciona algo tan extraño como es la mitología viviente que personifican los brujos. Tanto Grinberg como de León cayeron en la trampa de decir que ¡el Nagual era un mentiroso! “Cuando se lo comuniqué al Nagual, él replicó: “—A ver, dile a Jacobo que demuestre cuáles son mis mentiras.


“Pero él no se atrevió a hacerlo; de hecho, acabó reconociendo que había un modo superior de interpretar el nagualismo. “En otra ocasión, Carlos me aseguró: “—Yo no tengo la capacidad ni el tiempo para inventar lo que sucede. Mi autoridad real es el Águila, y mi destino, ser testigo impecable de los designios del Águila. “Afirmó que los guerreros no mienten, porque pierden su energía si lo hacen. Las cosas que un guerrero atestigua en sus viajes por el infinito no son falsedades ni alucinaciones. Son indescriptibles, eso sí, cosas que no tienen precedentes en el mundo cotidiano. “Uno tiene que ser humilde y aprender a controlar las reacciones de la mente para seguir atestiguando. “El problema es que esas historias no son ni verdades ni mentiras, en el sentido habitual del lenguaje. Como todas las mitologías, nos confrontan con lo más difícil para la razón dualista: la paradoja. En cierto sentido, describen hechos reales, pero también ficticios. Son símbolos y como tales tienen varios significados a la vez. Lo importante para un estudiante es el contenido profundo, atenerse al espíritu y no a la letra. “Precisamente, para que no nos apegáramos a la letra, o sea, a los conceptos, Carlos los cambiaba continuamente, impidiendo que estableciéramos clasificaciones. “Esto lo podíamos apreciar en cada libro nuevo que salía después de ‘Relatos de Poder’. “Para mí el mejor ejemplo eran las diversas palabras que utilizaba para referirse a lo trascendente: el poder que rige los destinos humanos, el nagual de los tiempos, el ‘Espíritu’, ‘lo Abstracto’, ‘el Intento’, ‘lo Infinito’, el oscuro mar de la conciencia, etcétera. Es la experiencia y el cono-cimiento silencioso lo que nos revela el verdadero significado de aquello (it en inglés, como también lo denominaba).” LA ‘HIJA’ DEL NAGUAL, SECUESTRADA “El mejor ejemplo de que no podemos tomar literalmente todo lo que dicen estos protagonistas del mito viviente ocurrió cuando estábamos con ellos en Los Ángeles, California. De pronto un día nos telefonean con preocupación porque Nuri, la hija simbólica de Carlos y Carol Tiggs había sido secuestrada por unos brujos temibles. La ansiedad y angustia que generó esta noticia en nuestro grupo acabó en un drama y cuando nos enteramos de que estos brujos temibles le habían cortado la cabellera, algunas de las compañeras lloraban inconsolablemente. No obstante, en la noche, nos invitaron a cenar en casa de Margarita Nieto como si nada hubiera pasado, y entonces ¡menuda sorpresa nos llevamos! La misma Nuri nos abre la puerta y nos recibe muy radiante y cordial, mostrándonos su nuevo y moderno corte de pelo. “Ya adentro de la casa, nadie dijo ni media palabra, la lección había sido comprendida: en el mundo de los brujos no hay que tomar nada al pie de la letra. Fue tal el impacto que recibimos al ver a Nuri como si nada y tan encantadora como siempre, que ya nadie olvidaría lo que es un mito viviente. “Ésa era la lección de una típica historia de brujería. Y por supuesto, no fue mentira: es probable que sus colegas de brujería —que en sus afectuosas exageraciones Carlos presentaba como seres temibles— hayan obligado a la chica a acudir al salón de peinados, porque ya le hacía falta un buen corte. “Con todo lo anterior no quiero decir que Don Juan haya sido una invención de Castaneda; sí existió y era un gran maestro, según he sabido por otras personas que también lo conocieron. Era de origen indígena, pero, como se puede constatar en los libros, llegó a ser una persona cultivada. Su origen forma parte del mito: Don Juan, el indio yaqui, ¿era de Estados Unidos o México? Lo mismo ocurre con respecto a Castaneda: ¿era gringo-mexicano, cholo peruano o brasileño? En realidad, no tiene importancia. El mensaje tal vez sea que todos juntos formamos una unidad continental, un bloque que trasciende los nacionalismos.” —¿Por qué Carlos cambiaba continuamente los términos que usaba? —Era parte de su método de enseñanzas. Lo que el Nagual nos contaba era reflejo del mundo real, de los vaivenes que tienen lugar en el reino de la energía, más allá de la mente racional, donde no hay nada definitivo. Cambiaba los términos para referirse a las ideas, e incluso cambiaba las ideas, simplificando, sintetizando, descubriendo nuevas aristas. Lo hacía para que no nos apegáramos a conceptos o sistemas de pensamiento.


“Una característica de nuestros encuentros es que siempre nos preguntábamos: ¿y qué pasó con lo anterior, en qué quedó todo? Esperábamos con-clusiones, pero Carlos nos cambiaba la historia. “En ocasiones, su método provocaba reacciones contradictorias, como cuando invité a los conservadores maestros e investigadores de la Universidad Iberoamericana a una reunión con él. Después del encuentro me comentaron sus impresiones. Aun-que no faltaron las dudas y desconcierto ante las revolucionarias ideas y las actitudes bromistas del Nagual, todos estuvieron maravillados; durante la junta que tuvimos uno de los más brillantes investigadores se levantó y dijo que había sido el día más feliz de su vida, y nadie encontró exagerado su comentario. No obstante, una o dos semanas más tarde, ocurrió algo increíble para mí: noté que todos me rehuían cuando me los encontraba. Ya ninguno de ellos quería volver a hablar de Castaneda. “Es importante tomar en cuenta las reacciones tan opuestas que generaba el Nagual; su presencia energética y sus palabras causaban gran entusiasmo y anhelos de libertad, pero también resultaban temibles, porque rompen con el establishment, con el mundo de apegos que usamos como resguardos. Después de esta experiencia, comprendí lo que los brujos decían: que a nadie le gusta ser libre; el ser humano prefiere la comodidad esclavizante de lo conocido, a enfrentarse a la amenazante libertad de lo desconocido.” —¿Por qué Carlos rehuía la comparación con otras realidades culturales? —El problema está en que ese escrutinio sólo podemos emprenderlo a través de la mente, y, como él decía, la mente es el volador, es una instalación extranjera, alienígena. Los chamanes han desarrollado su conocimiento a través de una herramienta mucho más poderosa que el intelecto: el conocimiento silencioso. Por lo tanto, para entenderlos, tenemos que suspender el diálogo interno, parar la mente, lo que implica en sus términos parar el mundo o más bien el mundo que hemos creado en nuestra cabeza. “Al principio de nuestro aprendizaje, todos nosotros queríamos contrastar lo que él nos decía con el yoga, con el budismo, el cristianismo, ¡con lo que fuera! Él esquivaba entrar en ese tema. En cierta ocasión él accedió a nuestra insistencia: “Era el día de mi cumpleaños y había reunido en mi casa a Jacobo Grinberg, Carlos de León y Ramón Tomassinni para que se conocieran con otros genios como ellos del conocimiento espiritual: los hermanos Ariel y Fausto Rosales. Cuál no va siendo mi sorpresa que cuando me asomo por la ventana para ver quién había tocado el timbre, logro distinguir en medio de la oscuridad, el rostro sonriente de Carlos Castaneda, que se les había ‘pegado’ a los Rosales para conocer a esta bola de locos reunidos en mi casa. Fue inolvidable esa reunión. Como todos quisieron hacer sus análisis comparados con lo escrito en sus libros, el Nagual comentó: “—¡Está bien, les voy a dar el gusto! Preparen todas sus preguntas para la próxima reunión, que allí voy a entrar en todo tipo de comparaciones. “Yo me emocioné mucho, pues sinceramente quería encontrar los puntos de semejanza entre las enseñanzas de Don Juan y lo que había leído en los textos de misticismo cristiano. Pero cuando nos volvimos a ver, él no quiso hablar del asunto, él quería que nos concentráramos con total integridad en su sistema de conocimiento, de acciones prácticas, donde las comparaciones salen sobrando. “Una característica de los brujos es que toman la enseñanza tal como llega a ellos a través de su ‘Ver’, y no se andan buscando permisos para corroborarla; que tomáramos sus palabras como un bloque, sin tratar de establecer semejanzas con nada de lo que habíamos leído por ahí. Además Carlos nos decía que: “—El mundo de Don Juan está lleno de contra-dicciones. La brujería es un sistema hecho de paradojas. La tarea de los brujos consiste en hacer un puente artístico entre las contradicciones. “Eso significa que dejas de interpretar el mundo únicamente con la razón y comienzas a verlo también a través del conocimiento silencioso. Sólo el arte puede hacer el puente entre dos bloques que no se juntarán jamás, porque pertenecen a mundos diferentes. “La enseñanza de Carlos es el arte de crear síntesis entre los opuestos. Él decía que la brujería es una abstracción, porque no se apoya en la razón ni en ninguna otra forma limitada de ver el mundo. El artista puede unir en su espíritu cosas que al hombre de ciencias le parecen contradictorias, y por eso crea, modifica el mundo. Lo mismo hace un brujo. “La verdadera solución a las contradicciones del camino del brujo, es la práctica. Entre mis notas, tengo una donde Carlos afirmó:


“—La brujería es un sistema de acciones prácticas corroborado empíricamente. Un Nagual es alguien que ha podido constatar empíricamente el conocimiento. “Insistía en que lleváramos a la práctica lo que aprendimos, porque de otro modo el sendero de los brujos no vale la pena. “Lo primero para un practicante es aprender a creer sin creer, generar un acto de fe inicial, un tener que creer en los brujos y su conocimiento, sabiendo que creer es un acto deliberado y que no podrá ser demostrado a través de la mente. Luego viene la constatación. “Carlos insistía en que somos algo más que intelecto: el cuerpo. “El hombre —decía— se relaciona con el mundo a través del intelecto, pero no presta su cuerpo. Pasamos por alto una enormidad de estímulos que son parte de nuestra experiencia actual. “Un guerrero tiene que saber exactamente lo que está sucediendo a cada momento y no puede pasar por alto ninguno estímulo. “—Lo real es lo que está pasando ahora. “Quienes lo conocimos, sabemos que él vivía su momento íntegramente, y eso se notaba en cada gesto de su cuerpo, en la expresión de su rostro, en la intensidad de su mirada. Estaba completamente al tanto de todo lo que le rodeaba. “Según él, cualquier suceso puede ser una señal del Espíritu. “Y ninguna cosa es más importante que otra; la importancia es la que le da uno mismo; uno es el que le da valor a las cosas.” —Háblanos del concepto de impecabilidad de los brujos. —Los brujos han sustituido el concepto de ser buenos con la búsqueda de la impecabilidad. Ser impecables implica montar guardia contra nuestras debilidades las 24 horas del día. Este concepto no deriva de una consideración moral, sino energética. Por lo tanto, no se cultiva a través de los sentimientos cotidianos, sino mediante el intento. La decisión que cuenta para ser un guerrero, es ser impecable. —¿Cómo se puede ser impecable? —En palabras de Carlos, deshaciéndose de la importancia personal, misma que nos obliga a consumir casi toda nuestra energía en la defensa del ego, en lugar de dedicarnos a lo abstracto. Si sólo hablamos de nosotros mismos, no nos podremos transformar. En cambio, si dejamos de lado la importancia personal, ahorramos el noventa por ciento de la energía. “—Lo que a mí me afina —nos decía—, es ser impecable con ustedes. Ser un guerrero impecable implica que uno acepta su destino y se comporta de la mejor manera que esté al alcance de sus posibilidades. “Un guerrero impecable no tiene importancia personal y por ello ahorra energía y utiliza el excedente para percibir pragmáticamente otras formas de realidad. Esto es una operación muy delicada, porque el guerrero está obligado a romper las unidades perceptivas de la manera más imaginativa posible. Ahí interviene el segundo principio de su conducta social: el acecho. En el camino del guerrero impecable nada es bueno o malo: para él, todo lo que existen son desafíos.” —¿Qué es la libertad? —Según Carlos, la libertad final es salirse del mundo con conciencia total. Don Juan le decía que somos aventureros por naturaleza, y que si se abre la puerta de la libertad, tenemos una nueva opción. En una ocasión, le contó que los mayas abrieron una puerta dimensional en la energía y se autoconsumieron, es decir, pasaron al otro mundo. Afirmó: “—En Yucatán llegaron colectivamente a la tercera atención. “Lo importante de esas historias no es su historicidad, sino la revelación, el empuje que puede darnos el saber que otras personas, en otras épocas, se propusieron retos casi imposibles, ¡y triunfaron! Lo que él quería era que nos atreviéramos a soñar, a proponernos cosas que están más allá de nuestras cogniciones. Afirmaba que podemos usar la atención como combustible y arder desde dentro, para así no tener que pasar por la extinción de la individualidad. Explicó: “—Somos víctimas de un determinismo espantoso, pero, en medio de esa prisión, el Águila ha determinado que se abra una puerta para nosotros. Es algo muy bello, una paradoja: todo está aparentemente condicionado, y sin embargo, podemos vivir un milagro: la libertad.


“—La libertad es transformar todo lo que somos en conciencia de ser, integrar nuestro cuerpo y nuestra mente en un resultado energético inconmensurable, recogido en un enorme punto de encaje. Para ser libres tenemos que renunciar a los trofeos del mundo, morir en lo que somos ahora y renacer en todo lo que podemos ser. Sólo cuando uno encara la muerte total, alcanza la libertad total.”

Sólo cuando uno encara la muerte total encara la muerte total Entrevista a Carlos Hidalgo de Bacatetes. —¿Cuándo te encontraste por primera vez con Castaneda? —Bueno, más bien, primero él me encontró, sin que yo me hubiera enterado. Era la presentación de su nuevo libro “El Don del Águila” en 1982, en el University Club de México a cargo de un grupo de intelectuales. Como me parecía demasiado racional y superficial lo que decían, me armé de valor y pedí la palabra: “En lo personal, pienso que el principal valor de los libros de Carlos Castaneda es el hecho de ser un auténtico sistema iniciativo —dije casi tartamudeando—; es decir, es una verdadera cosmogonía y contiene una serie de técnicas, digamos que de carácter psicológico, cuya práctica puede llegar a conducir a un máximo de desarrollo y plenitud humana y espiritual… en términos modernos, podemos considerar las enseñanzas del chamán Don Juan como toda una ‘tecnología’ destinada a la evolución de la conciencia individual… además, deberíamos sentirnos orgullosos porque en este campo quizás sea la más valiosa aportación de México al mundo. (Ahora pienso que esta cosmovisión es más bien una aportación de todo el Continente Americano, aunque se supone que su origen se remonta a los antiguos toltecas, Don Juan es un chamán de origen Yaqui, tribu indígena ubicada en la frontera entre Estados Unidos y México, y Castaneda el difusor de la enseñanza; no se sabe si era un pocho gringomexicano o un cholo peruano o tal vez brasileño; entonces se puede hablar de una sabiduría ‘multicultural’.) “Pues bien, para mi gran fortuna, después me enteré que el mismísimo Castaneda estaba escondido en alguna parte del salón escuchando lo que dije. Seguramente no le pareció mal, pues su ‘contacto mexicano’, Fausto Rosales, me invitó después a una reunión con Castaneda en ese mismo lugar, y además me dijo que invitara a otros supuestos candidatos a guerreros. “La primera impresión que tuve al verlo fue: ‘¡se parece al Don Juan que yo me imaginaba al leer sus libros!’ Aunque no era indígena, sino mestizo, y no de guaraches sino vistiendo de traje y corbata. Su apariencia simple y sencilla, sin poses, su estilo bromista y simpático, incluso mal hablado, me produjo una magnífica impresión. Hizo trizas desde aquel día el paradigma o imagen que teníamos del maestro o guía espiritual. No tomarse en serio y mofarse de sí mismo y de sus compañeras brujas era algo que dejaba a todos desconcertados y, a la vez, riendo a carcajadas. “Así como hacía chistes de todos los gurús y maestros que había conocido, (se aprovechaba de su fama para tener acceso a ellos), también él mismo se ridiculizaba diciéndose y actuándose como tarugo, chaparrito y feo, y casi suplicaba no desilusionarnos de él por su apariencia, tal como le sucedía en Estados Unidos, según nos contó: “Esperan ver a Carlos Castaneda como el flamante, rubio y alto maestro —nos dijo, al mismo tiempo que burlonamente lo actuaba— que con su presencia y mirada dejaba impávidos a las multitudes, pero ¡vaya decepción que se llevan al verme así: prietito y chaparrito! “Uno de los mejores aprendizajes que nos dieron Carlos y sus compañeras brujas, fue hacernos ver cuál era el secreto para alcanzar la libertad psicológica y espiritual, objetivo de su sistema: aprender a no tomarse en serio, a reírse de uno mismo y lograr que la personalidad vaya teniendo cada vez mayor sutileza y sobriedad, hasta que su presencia casi pase desapercibida. Ese era el sentido metafórico de la frase de Don Juan: ‘El guerrero debe volverse invisible’. Pero ¡qué difícil hacer de la personalidad algo tenue como nos lo pedía Castaneda! “Con relación a lo anterior, recuerdo cuando le platicaba a Castaneda delante de un grupo sobre una poderosa guerrera de Canarias, España, y, emocionado con mi descubrimiento, le describía sus


características, de fuerza, impresionante personalidad, arrojo, presencia de notoria belleza y carisma, etc., cuando de pronto me interrumpió el Nagual: “—Observen al Hidalgo haciendo una típica descripción en base al ‘orden social’. “Me sentí torpe y apenado, pues se valía de ese término para describir la visión del mundo ordinario o cotidiano basada en los convencionalismos y condicionamientos sociales. “Esta visión, en términos de la Psicología Transpersonal que yo estaba estudiando, es propia del nivel de conciencia egoicoracional. “Según esta ciencia o para-ciencia, los libros de Castaneda constituyen todo un modelo de desarrollo de la conciencia, como lo son los modelos de las tradiciones religiosas y espirituales, en los cuales se busca trascender el nivel egoicomental de conciencia y alcanzar el nivel transpersonal o trascendente de la conciencia, que según este modelo sería el de los brujos. Con toda intención usan esta palabra para no tomarse en serio en lugar de denominarse como en otros tiempos: iniciados, elegidos, espirituales o religiosos, etc. “En contraste con mis apreciaciones sobre la ‘guerrera Canaria’, te cuento de la burlona descripción que el Nagual hacía de ‘Nuri’, la hija simbólica de él y de la mujer nagual: Miuni o Carol Tiggs, y digo simbólica porque supuestamente ellos no la concibieron, sino que vino desde el otro mundo, como el explorador azul. Con mucha gracia la describía y la actuaba como si se tratara de una especie de araña patuda, enclenque y debilucha, como un ser insignificante que nadie se fijaba en ella, y sin ninguna gracia. Sin embargo tenía tal poder personal que la llegó a ubicar por encima de todos los brujos, incluso de sí mismo, pues cuando tuvieron que pasar pruebas difíciles como grupo, ella era la que los sacaba adelante y los estimulaba en su intento de brujos . “Cuando finalmente la conocimos, pudimos apreciar que su figura discreta y delgada, siempre cordial y sonriente, su presencia energética y su mirada eran literalmente ‘encantadoras’. Cuando tuve la fortuna de platicar con ella, repentinamente se levantó y dijo algo así como ¡me olvidé, tengo que alejarme! Y se fue a sentar a un lugar distante. El impacto psicológico de este movimiento me produjo una profunda tristeza, ella de inmediato lo notó y con una simple mirada me tranquilizó. O mi energía era demasiado densa para ella o era mi incapacidad para soportar, digamos, su voltaje energético por mucho tiempo, o ambas cosas, lo que me impidió platicar más tiempo con este ser sublime. Otra razón sería la facilidad con que me hubiera enamorado perdidamente de ella, como a cualquiera le hubiera ocurrido… “Puedo decir que Castaneda me entrenó para saber distinguir o ‘ver’ la diferencia entre una persona ‘pesada’ (lo decía tanto en un sentido físico-energético como psíquico), debido a su ‘egomanía’ o ‘megalomanía’ (términos que solía ‘amablemente’ usarlos en nuestra contra) y una persona ligera o liviana que ha perdido su ‘importancia personal’. Las personas ‘pesadas’ son muy notorias y se les ve como sobradas de energía. En cambio, él y sus brujas eran el prototipo de ligereza y presencia discreta que casi los hacía pasar desapercibidos. “Casi nos resultaba increíble que detrás de esa apariencia discreta, de finos modales, de amable gentileza de las brujas, se escondiera esa fuerza energética y esa capacidad de percepción, que sólo conviviendo con ellas se podía notar. Las delataba su aura energética o su penetrante mirada, que bien podían causarte gozo y plenitud, o hacerte sentir una extraña frialdad o vacío, sensaciones que supuestamente denotan su cercanía con lo desconocido, con el infinito, según después comprendimos.” —¿Cuál fue la mayor enseñanza que te dejó Castaneda? —Aunque escuchar el contenido de sus pláticas era fascinante, al principio no es fácil percatarse que la enseñanza de Carlos es en otro nivel, lo que decía era sólo un medio para fijar la atención, lo más importante era abrirse a su presencia energética. “Me di cuenta de ello de una forma curiosa en una reunión con él en casa de Ariel Rosales: con gran expectación esperábamos escuchar la gran enseñanza del Nagual, pero se pasó el tiempo contando simpáticas anécdotas burlonas e incluso groseras. Yo no concebía tal vanidad de mi “héroe”, y triste decidí irme, pero al despedirme se me quedó mirando sonriente y misteriosamente, como haciéndome ver mi error. “Esa extraña mirada me dio mucho que pensar y cuando al fin se me ‘prendió el foco’ comprendí cómo el maravilloso efecto de su presencia, que en adelante tendría sobre nuestras vidas, no era tanto por sus tan anheladas enseñanzas intelectuales, sino por su irradiación personal de lo que ellos llaman


energía chi (lo equivalente a la ‘gracia’ o la ‘shakti’ de los místicos). Esta era la razón por la cual al estar con ellos se experimentaba un estado de máxima plenitud, y como que todo se volvía luminoso con su presencia. Con el tiempo aprendí a abrirme y volverme receptivo a su irradiación energética e incluso él mismo me la hizo percibir con intensidad a través de sus misteriosos ojos. Llegué a sentir sus irradiaciones hasta por teléfono, cuando me llamaba el Nagual desde Los Ángeles. “Considero que ésa es la verdadera validación de un Nagual: convivir personalmente con él. Leerlo no es lo mismo; el caso era caminar, comer con él, dejarse arrastrar por su increíble vitalidad, eso por sí sólo era una prueba magnífica, contundente, de que existe un estado superior de conciencia. “Él buscaba con sus bromas y sus historias de brujería, a veces tenebrosas, fijar la atención de los participantes. “Era muy divertido observar nuestras caras impávidas y asustadas cuando nos contaba alguna fantástica historia sobre el desafiante de la muerte o de los temibles ‘voladores’. Como decía que los mexicanos somos muy mórbidos, se valía de ese tipo de historias para así ofrecernos indirectamente lo mejor que él podía darnos: su poderosa presencia y energía, capaz de inducirnos a una transformación interior que nos condujera a desarrollar nuestros niveles de conciencia.” — ¿Cómo era su trato con ustedes? — Era afectuoso y cercano con todos por igual; imposible saber quién era el “favorito” —algo que todos anhelábamos y por lo cual inconscientemente peleábamos—. No obstante, quienes tenían más contacto con él les iba peor, porque no había sesión pública en la que no se mofara de nosotros, poniéndonos siempre como ejemplo de lo que no se debería hacer. Pero lo hacía con tanta gracia y habilidad, que ninguno se sentía ofendido. Eso sí, después de hacerle una fuerte e irónica crítica a alguien que no estuviera presente, al encontrárselo de nuevo lo abrazaba efusiva y afectuosamente, y veíamos que lo hacía con sinceridad. “La interacción con ellos no era fácil de llevar. Él mismo confesaba lo abrumador que resultaba tratar demasiado tiempo a un Nagual o a las brujas. Compartir con ellos era entrar en un fuerte proceso de depuración interna; de ahí que nos dieran continuos descansos, a veces de años. “Solía dejarnos en estados de realización, de plenitud y de gran fuerza que duraban meses; pero, en otras ocasiones, después de haber convivido con ellos, sentía que se acababa mi vida, no sólo porque vulneraban seriamente mis estructuras mentales, sino también porque provocaba fuertes procesos de limpieza o purificación o ‘muertes simbólicas’, según sus términos. “No obstante, sabíamos bien que cualesquiera que fueran las consecuencias, siempre serían positivas. Lo importante era estar con ellos el mayor tiempo posible y poder aguantar ese impacto energético y psicológico, aunque ni siquiera escuchásemos o entendiésemos lo que explicaran.” LAS “COMIDAS DE PODER” “Al principio creí que sus invitaciones a comer en algún restaurante eran como para relajarnos departiendo social y superficialmente con ellos, pero nada de eso, se trataba de ‘comidas de poder’ donde iban a decirse o a ocurrir cosas que ni el mismo Nagual sabía de antemano. Podían llegar a convertirse en momentos sublimes para quien estuviera atento y abierto a la energía. Bajo ese otro estado de conciencia que se generaba con su presencia, en ciertos instantes teníamos verdaderos momentos de éxtasis grupales. En una ocasión comiendo unos ricos tamales y atole en el Café Tacuba, de pronto se hizo un extraño silencio y sentí que algo impresionante estaba ocurriendo, al grado de que estoy seguro de haber visto lágrimas de gozo en los ojos de las brujas. “Curiosamente, una simple tonada popular que se escuchara en el restaurante durante esas comidas me llegaba a provocar verdaderos ‘viajes’. Carlos sabía bien lo que me pasaba y un día comentó irónicamente: ¡Al Hidalgo le encanta la música! —siendo que jamás escucho música popular. “Cuando fuimos a España, les advertí a los españoles sobre las ‘comidas de poder’, pero ante la intensidad energética que ahí se producía y como buenos españoles se soltaban eufóricos todos a hablar al mismo tiempo; casi no dejaban decir algo al Nagual, pero él animosamente como que les seguía el juego social, y no había forma de que se callaran. Esta experiencia me sirvió para entender cómo se desatan las ‘defensas’ o resguardos psicológicos ante el impacto de los brujos, aunque también provocan estados de euforia.”


EN LAS GRUTAS DE CACAHUAMILPA. “Una de las más poderosas experiencias con ellos fue en las grutas de Cacahuamilpa del Estado de Morelos. Nunca olvidaré cómo, conforme íbamos descendiendo por aquella oscuridad, el efecto de conciencia al estar cerca de los brujos, hacía que las caprichosas formas de las piedras se convirtieran para mí en fascinantes paisajes con una desconcertante semejanza a los grabados de Doré en la ‘Divina Comedia’ de Dante. Al contemplar esas formaciones, de pronto me parecían como visiones del paraíso o el purgatorio, o del mismo infierno, de una belleza indescriptible. Fue, sin duda, uno de los eventos más sorprendentes que he tenido en mi vida. “Tuvimos el privilegio de regresar a las mismas grutas, pero esta vez acompañados de Miuni (Carol Tiggs), Florinda y Taisha. Ese día se me reveló el carácter simbólico de ese descenso, con la presencia energética femenina de las brujas y penetrando al vientre materno de la Tierra. Me es imposible recordar lo que ahí ocurrió, pero sé que se relacionaba con los arquetipos de la Gran Madre y de lo femenino. Para mí, ellas se habían convertido en una especie de madres cósmicas, cuya cercanía y afecto jamás podré olvidar.” —Platícanos más sobre las brujas compañeras de Castaneda. —A Florinda la describiría como más intensa; su sangre venezolana la hacía más extrovertida y platicadora; no obstante mantenerse siempre ecuánime, escondía tal fuerza que a veces parecía desbordarla. Taisha daba la impresión de una mayor sutileza; parecía de mayor edad, pero tal vez era por su delgadez, aunque es difícil descubrir la edad de todas las brujas; se expresaba de forma lúcida, muy amable y directa, moviendo las manos con cierta exquisitez, derrochando sabiduría y profundo afecto. A Miuni es difícil describirla: era la encarnación misma del misterio por su apariencia y despertaba cierta fascinación con sus extraños ojos azules y astuta mirada. También muy delgada, de movimientos tan ágiles que parecía flotar cuando caminaba. “No me lo creerás, pero casi no recuerdo las palabras que escuché de ellas a causa de los estados de conciencia alterados que me generaban. Pero, me viene a la memoria un momento de poder que se dio en España cuando estaba frente a Miuni, la mujer nagual, y me deleitaba percibiendo la sutil energía de su presencia, y ella sonriendo me dijo: “—¡Ay, Hidalgo! ¿Cuándo dejarás de ser un místico? “Sabían que yo ya no tenía remedio con mis tendencias místicas, hasta la misma Taisha me compró un libro sobre San Juan de la Cruz en una librería de Los Ángeles a la cual nos llevaron, pues ella era como la encargada de hacerme el gran honor de atenderme, por una mayor afinidad energética o psicológica, según parece, y dándome por mi lado me habló de la importancia fundamental del Espíritu en sus vidas, de cómo todas sus acciones las realizaban a la luz de las señales del Espíritu: “—Por ejemplo, nos encanta ir a México, pero no depende únicamente de nosotros el tomar esa decisión; un día antes de viajar podemos recibir una señal del Espíritu que nos lo impida y a nosotros nos debe dar igual, ir o no ir a México. “A pesar de que el Nagual me tomaba un poco a broma mi parte mística, solía darme valiosas sugerencias: “—El mejor modo de llamar al Espíritu o hacerse notorio ante él es ofrecerle un ‘gesto’. “Le pregunté si practicar un no hacer (o sea, una técnica del guerrero) era un ‘gesto’ hacia el Espíritu y asintió con la cabeza, añadiendo lo que él sugería como máximo ‘gesto’ y que para mí coincidía con la contemplación mística: “—Tener siempre al Espíritu en mente. Es tu testigo las 24 horas del día. Dale lo mejor de ti mismo. El espíritu es el testigo del guerrero, por lo tanto tienen que ser impecables en sus vidas. “Me insistía en que volviera más abstracta mi idea de Dios, es decir, que trascendiera la imagen cultural y psíquica que me había formado de ese ‘Poder’ superior que según Don Juan rige los destinos humanos : “—Al Espíritu llámalo como algo abstracto… sus-tráete de todo lo concreto… no tiene forma, no es nada y esa nada es todo… cuando estés solo, llama al Intento (otra denominación que le dan al ‘Poder’)… hay que restablecer el vínculo (con el Espíritu)… restablecer una relación que ya existía.


“Precisamente para no crearse una imagen concreta de esa realidad superior que de una manera personal o impersonal se manifiesta a los brujos, le dan diferentes nombres: el Nagual de los tiempos, el Poder, el Águila, el Espíritu, el Intento, lo Abstracto, el Infinito, el Oscuro mar de la conciencia, o simplemente Castaneda le llamaba Aquello (it en inglés) a esa fuerza perenne de vida que nos sostiene, que abarca al Universo entero. “Haciendo crítica alusiva a mi intelectualismo espiritual, añadió: “—El Espíritu recibe lo que le das en acción, no lo que explicas. “Y me comentó algo que también se lo diría a los demás ‘intelectualistas’ del grupo, que a la fecha todavía me causa preocupación: cuando conoció a uno de los más grandes escritores de lo espiritual, Alan Watts, lo encontró para su gran sorpresa en plena decadencia humana. Este ídolo de los buscadores espirituales, reconocía que no había podido alcanzar la liberación, haciéndole este comentario a Castaneda: Entiendo el Conocimiento, pero no lo puedo alcanzar: eso es belleza para mí. Me quedé con un sentimiento de profunda tristeza, y el Nagual concluyó: “—¡No hay que convertirse en héroes intelectuales! “Volviendo al tema de las brujas, de Florinda tengo mayores recuerdos; como habla el español mejor que las demás y es más sociable, teníamos más contacto con ella. Pero es casi vergonzoso contar la razón de mi primera plática con ella. A raíz de mi primer encuentro ‘formal’ con Castaneda, éste me dio amablemente su teléfono para cuando necesitara su ayuda. Pues bien, no había pasado mucho tiempo cuando empecé a sufrir de una intensa diarrea que casi me impedía salir de mi casa. Me preocupé tanto que decidí llamarle por teléfono a Los Ángeles, al Nagual. Cuando emocionado escuché su voz por el auricular e iba a decirle la razón de mi llamado, casi me paralizó con semejante pretexto para hablarle, pero el Nagual, a pesar de sus risillas, lo vio como algo natural y me dijo en broma: “—Ya deja de tomar tanto café, tocayo, y te voy a pasar a Florinda para que te ayude. “Yo me sentía apesadumbrado y ella se dio cuenta, me dijo amable y directamente que aunque esa preocupación por mi diarrea era debido a la mucha importancia que le doy a mi persona, también se debe a una especie de limpieza emocional, y a algo más serio: debido a que ya empezaba a tener logros en parar mi diálogo interno, me dijo: “—Tú no te percatas pero el cuerpo se afecta con ello, como siempre te estás hablando a ti mismo debido a esa importancia personal, cuando dejas de hacerlo el cuerpo da batalla. La diarrea significa que el cuerpo no te va a dejar ganar, no quiere quedarse atrás. “Sus palabras me sugerían como si el cuerpo se sintiera amenazado de muerte ante el vacío del silencio interior y sonara sus alarmas. Me dijo que el cuerpo reacciona a través de mi parte más débil, el intestino; el cuerpo tiene dos o tres maneras claves de reaccionar y siempre lo hace igual.” LAS “TERAPIAS ENERGÉTICAS” “Con relación al poder personal de Florinda, me gustaría platicarte algo muy curioso que ocurrió cuando íbamos rumbo a las grutas en una camioneta Combi. Pude observar cómo le daba una especie de terapia impresionante al conductor, un renombrado joven maestro que sufría del hábito neurótico de ser fuertemente crítico de todos y de todo, de lo cual obviamente se habían percatado los brujos. Pues bien, de pronto vi que Florinda se sentó junto a él, casi tocándolo como para ‘inyectarle’ energía, y empezó a decirle cosas para darle cuerda provocándole que intensificara sus críticas. Llegó un momento en que realmente sentí miedo que nos fuésemos a salir de la carretera, el vehículo se tambaleaba todo con la intensidad del estado emocional de este joven, al grado de que Florinda tuvo que serenarlo, ya no dándole por su lado, sino haciendo ciertos comentarios en favor de la persona o situación. “Yo no me había percatado de esta especie de terapia hasta que un día ingenuamente defendí al ilustre Octavio Paz de las inclementes críticas de este brillante joven, pero él arremetió con mayor intensidad; yo estaba molesto y sorprendido al ver que todos ellos guardaban silencio, sabiendo que los brujos trataban y apreciaban mucho al poeta como así lo llamaban, hasta que caí en cuenta que era una más de sus extrañas terapias de catarsis. “Esta especie de catarsis psicológica que provocaban con su presencia llegó a su apoteosis en España: a sus reuniones asistió uno de los más conocidos maestros espirituales de ese país, fundador de toda una comunidad de ‘iniciados’. Pues bien, nos sorprendió que interrumpiera a Castaneda e iniciara una larga


y veloz perorata haciendo gala de sus habilidades parlantes, pero en verdad como un enajenado que parecía nunca terminar de hablar. Ni cuenta se daba de la simpática cara de perplejidad que hacía el Nagual, como de burlona admiración; de no haber sido una situación tan embarazosa nos habríamos soltado a carcajadas. “Al fin alguien le puso el alto, pero no tardó en volver a hablar y cada vez más rápido, y no lo vas a creer, lo callaban y al rato seguía con sus ‘rollos’. Ya en privado humildemente reconoció que no sabía que le había ocurrido, abrir la boca y hablar era algo casi involuntario para él y se sentía apenado. El Nagual simplemente nos comentó que este hombre sufría de ‘verborrea’, típica enfermedad de los maestros espirituales, pero ya para entonces conocíamos el efecto catártico de su energía y cómo amplificaba de maneras tragicómicas nuestras egomanías. “Esto me recuerda cuando Jacobo Grinberg le contó a Castaneda de su nuevo libro, uno más de la numerosa y brillante serie de libros que había escrito. Pero el Nagual con una afectuosa pero maliciosa sonrisa le dijo que padecía de verborrea literaria. Jacobo reconoció lo dicho por el Nagual y suspendió la escritura de sus libros por un buen tiempo. “Otra anécdota que te puedo contar, fue precisamente con Jacobo y también con el joven hipercrítico del que te hablé antes, cuando pude constatar que esta especie de ‘catarsis’ también funcionaba, digamos, en positivo. “Estábamos en Los Ángeles, California, con los brujos, cuando Castaneda empezó a darles cuerda para que hablaran de Don Juan y su obra, al tiempo que los observaba fijamente. Aquello fue algo sorprendente: ambos empezaron a dar una magistral exposición del conocimiento de los brujos, el Nagual casi gozaba como niño al escucharlos y los estimulaba para que siguieran hablando más y más; ellos asombrados de sí mismos continuaban diciendo maravillas. “Jamás escuché una claridad tan grande e inteligente acerca de este conocimiento como aquel día, fue una especie de catarsis de inteligencia de estas dos mentes brillantes que fueron potenciadas al máximo con la presencia energética de los brujos.” —¿De qué les habló inicialmente Castaneda? —En las primeras reuniones hablaba de los ‘índices’, refiriéndose a las tareas o técnicas que le había enseñado su maestro tales como: suspender el diálogo interno, parar el mundo, ser inaccesibles, romper las rutinas, borrar la historia personal, etc., y que son aplicables por igual a todos los que están interesados en el conocimiento, enfatizando que: “El índice común a todos es reducir la importancia personal, reducir el ego personal. “Según nos explicó, los índices tienen la misión de permitirnos ahorrar energía para canalizarla y enfocarla en esa monumental tarea de trascender el ego personal y alcanzar la libertad. Insistía mucho en el aspecto pragmático del conocimiento de Don Juan, le interesaba sobre todo buscar su corroboración empírica, pues tratar de entender únicamente con la mente las unidades conceptuales de los brujos (que están diseñadas para nuestro ser total), nos arrojaba inevitablemente a encontrar inconsistencias lógicas en su enseñanza e incluso contradicciones y absurdos. “Esto explica en parte la cantidad de ‘detractores’ de su conocimiento, mismos que han aumentado a raíz de su ‘partida’. “La incomprensión de la estructura simbólica y de carácter mítico tanto de los contenidos de la enseñanza como de las conductas de los brujos, o la excesiva intelectualización de muchos lectores, o la falta de auténtica práctica de los ‘índices’ y lo amenazante que resultan para las estructuras egoicas, ha ocasionado una desbandada de ‘guerreros’, e incluso ha producido reacciones de enojo y de crítica. “La práctica es el verdadero puente a las enseñanzas del Nagual; es la manera más rápida de ir por encima de las aparentes contradicciones y corroborar los postulados de los brujos. “Los índices de los que él hablaba se apoyaban en algo inmediato y manejable para nosotros: la fuerza de la voluntad. Eran técnicas que había que cultivar con una fuerte intencionalidad o intento inflexible para que produjeran fruto. “—Se trata de un acto de voluntad sistemático, para ello es necesario tener un fuerte propósito —nos dijo.


“Esto es tan importante para ellos que por eso al Espíritu también lo denominaban el Intento, pues un esfuerzo permanente en la práctica de los índices podría lograr que nuestro intento se convirtiera en el Intento del Águila. “Esto sería como hacer coincidir nuestro libre albedrío con nuestro destino, o en simbología cristiana significaría que al ejercer nuestras determinaciones con un empeño ‘inflexible’, éstas llegan a coincidir, o mejor dicho, terminan por convertirse en la voluntad de Dios como según lo afirma San Juan de la Cruz: cuando el místico alcanza la unión del matrimonio espiritual entre el alma y Dios, es cuando las dos voluntades, la del alma y la de Dios, están en uno conformes… no quedando en el alma cosa que no sea voluntad de Dios.” EL SER AMADO DEL GUERRERO “Las técnicas más importantes para mí han sido: volverse inaccesible y borrar la historia personal, sobre todo para no dejarme arrastrar por la cómoda situación burguesa en la que había nacido. Nunca olvidaré sus tremendas palabras: “—¡Hay que morir al mundo cotidiano! —Se refería a la necesidad de borrar la historia personal, y alejarnos de amigos y familiares porque nos solidifican, nos hacen predecibles. Si uno quiere ser realmente libre, tiene que dejar a todos los que nos conocen bien, en nuestra personalidad actual. “Eso fue muy duro para mí; al principio significó un auténtico morir a un pasado, a una vida, a todo un mundo; no obstante, conforme avanzo en la práctica he sentido cómo que voy renaciendo a otro mundo, a otra realidad mucho más vasta que el pequeño mundo de afectos e intereses al cual me aferraba. Esto a la larga me ha conducido a descubrir el gran secreto de los brujos: el verdadero ser amado del guerrero: el Mundo. “Voy a tratar de explicarme valiéndome de los términos de Don Juan: todos vivimos como encerrados en una burbuja energética: al principio de nuestra vida estaba abierta y en contacto con el Mundo al cual realmente amábamos, luego poco a poco comienza a cerrarse hasta conformar una especie de ‘capullo’. Ahí dentro podemos pasarnos el resto de nuestra vida sin percatarnos, más que levemente, de los maravillosos ‘mundos’ que nos rodean. Utilizando los símbolos de Santa Teresa de Ávila, vivimos como larvas encerradas dentro del capullo que hemos fabricado, nos falta emprender el vuelo como mariposas en plena libertad. “—En las paredes redondas del capullo —señalaba Don Juan— sólo presenciamos nuestro propio reflejo… la cosa reflejada es nuestra descripción del mundo que luego se convierte en nuestra ‘visión del mundo’… en la cual queda atrapada nuestra atención. Es como si las paredes de nuestro capullo fueran un lente que filtra la realidad el cual está estructurado con la descripción del mundo que nos dieron desde la infancia, o sea el condicionamiento cultural o social convertido en nuestro propio paradigma o visión del mundo con la cual juzgamos y nos manejamos en la realidad. Por eso le llaman la burbuja de la percepción, porque percibimos los estímulos del exterior filtrados a través de sus paredes que conforman nuestro reducido sistema de interpretación de la realidad en el cual está ‘atrapada’ nuestra atención, nuestra conciencia. “Desde el punto de vista de la Psicología Transpersonal, se dice que en los primeros meses de vida nuestra conciencia (o percepción) está abierta y expandida en unidad y afinidad con todo lo que nos rodea (percibimos la energía de los estímulos directamente). Al pasar a la etapa egoicamental de conciencia, esta percepción como que ‘cierra’ su gran expansión, (se reduce a un capullo etérico que rodea el cuerpo físico) y se inicia la con-formación de nuestra propia individualidad e identidad. “En términos de los brujos diríamos que es cu-ando nuestra atención y energía se concentran exclusivamente, en base a la visión del mundo que nos programó el orden social, en trabajar encerrados dentro de nuestra ‘burbuja’. En toda esta etapa (que se considera de transición, aunque en ella nos podemos pasar toda la vida) no existe una verdadera conexión con la Realidad (con mayúscula) plena del mundo exterior. Como el símil de la larva dentro de su capullo concentrando toda su energía en la metamorfosis que la transformara en radiante mariposa, así el individuo ‘ensimismado’ en el intenso trabajo de la etapa egoicamental de con-ciencia carece de suficiente energía para que su percepción pueda ‘volar’ en libertad y descubrir el misterio, la grandeza y belleza del mundo que le rodea. Esto


sólo se puede lograr a partir de la siguiente etapa de la conciencia: el nivel transpersonal, o lo que es lo mismo, el nivel de los brujos. “Según leemos en el libro de Castaneda ‘Relatos de Poder’: el maestro brujo Don Juan trabajó desde adentro de la burbuja de la percepción de Castaneda para reacomodarle su visión del mundo y el benefactor brujo, Don Genaro, abre la burbuja desde afuera con la finalidad de permitirle tener una visión de la tot-lidad de uno mismo y del mundo, hasta alcanzar la conciencia total y por lo tanto la libertad total. “Es la Conciencia de Unidad según la Psicología Transpersonal, que implica la supresión de todas las fronteras mentales que dividen la Realidad en dualidades; tal como señalan los brujos, nuestra percepción crea barreras que dividen al Mundo en pares de opuestos: alma y cuerpo, mente y materia, bien y mal, Dios y Satanás. “Y la frontera o barrera más importante que ha creado la Evolución durante la etapa egoicaracional, es aquella que nos separa de la Realidad, del Mundo (nuestro ‘capullo’ o ‘burbuja’). “En mi caso, les debo toda mi gratitud a Castaneda y las brujas por su gran ayuda; casi sin darme cuenta, me impulsaron en ambos trabajos: en la ‘metamorfosis’ dentro del capullo de mi propia ‘larva’ y en la apertura del capullo de la percepción enseñándole a mi conciencia a dar los primeros pasos en la apertura de las alas de la percepción y en el aprendizaje del ‘vuelo’ a través del Mundo. “Como resultado de mi interacción con ellos, te platicaré algunas experiencias que comencé a tener: cierto día que practicaba los primeros pases mágicos publicados en el libro de Taisha como el intentar extender la llamada red etérea de nuestro cuerpo energético, de pronto sentí como si mi cuerpo se volviera gigantesco y abarcara, acostado, toda la Ciudad de México. “Al cabo de un tiempo de practicar esta gozosa técnica, empezaron a sucederme cosas extrañas con relación a mi automóvil: perdía la licencia, la tarjeta de circulación, seguido se me descomponía, todo lo cual culminó en un fuerte choque automovilístico, el primero que había tenido en mi vida. “Gracias a que al día siguiente del choque tenía ya programado un retiro de meditación Zen con una monja y en un convento cristiano, pude comprender no sólo el sentido de las insistentes señales del Espíritu, sino también de los ‘trucos’ (según término de Don Juan) a veces un tanto bruscos y hasta simpáticos, de los que se vale el Espíritu cuando no hacemos caso de sus primeras señales. Me vino la claridad de que ya era el momento de empezar a salir del ‘encierro’ en mi propia burbuja de la percepción para lo cual era necesario dejar mi auto, pues conformaba una auténtica prolongación de mi burbuja; comprendí que así como recorremos el mundo encerrados en nuestras burbujas de la percepción , así también lo hacemos en nuestras burbujas automovilísticas como una prolongación de la nuestra, sin establecer un verdadero contacto con la Realidad. “El automóvil es como un auténtico resguardo protector de ‘lo desconocido’: el misterio del mundo que nos rodea. Nos refugiamos en nuestro automóvil y en todo ‘lo conocido’: nuestras casas, oficinas, lugares afines, amistades, familiares, etcétera. ¿Por qué lo hacemos? Es como una silenciosa huida permanente de ‘lo desconocido’, del gran misterio en el cual vivimos inmersos. “Para los auténticos brujos de la tradición cristiana, la presencia inmanente de Dios en el mundo es tan evidente según lo han constatado, que hay que alcanzar la ‘purificación’ necesaria para so-portarla. En nuestro actual nivel de conciencia nos tenemos que proteger de no ver directamente la cara de Dios, por ello sólo de reojo echamos miradillas de vez en cuando al mundo que nos rodea, manteniéndonos bien refugiados en nuestra burbuja mediante interminables diálogos internos y en la tranquilidad protectora de ‘lo conocido’: la intensa actividad, el trabajo, los amigos y lugares ‘conocidos’. En términos de los brujos, carecemos de la energía necesaria para ‘ver’ la esencia del misterio que nos rodea, únicamente ahorrando suficiente energía podremos contemplar cómo lo trascendente está inmerso en el Mundo cotidiano. “Al empezar mi nueva tarea de caminar por las calles de la ciudad, y transportarme en minibuses o en metro, no podía creer mi dificultad de observar lo que acontecía a mi alrededor. Los diálogos internos se intensificaban como una forma de defensa, me decía a mí mismo que lo exterior carecía de interés, pensaba que era una ciudad fea y sucia (igual que sus ciudadanos), y era un peligro andar en estos lugares repletos de delincuentes, etc., etc. “Al cabo de un tiempo, empezó a gustarme ese no-hacer de andar por las calles y transportes públicos; me empezó a divertir mi desatino controlado de disfrazarme y actuar como intelectual o


bohemio fachoso de pelo largo, para así protegerme, más que de los delincuentes, de la auténtica paranoia que todo burgués comparte respecto al mundo exterior. Porque según recordé, Ken Wilber dice que toda barrera divisoria creada por nuestra mente dentro de la Unidad de todo lo existente, hace que lo ubicado del otro lado de la barrera, lo perciba uno como ajeno y hostil. “Entonces me vino la imagen del mundo burgués como conformando una auténtica burbuja que los separa de la ‘amenazante’ Realidad (con mayúscula). Con la moda de viajar, según lo manda el status, en grandes camionetas de vidrios bien polarizados para no ver ni ser vistos del exterior; me percaté de lo alejado que están esas personas, metidas en sus burbujas automovilísticas al igual como yo lo estaba del mundo real conformado por la inmensa mayoría de la población que circula a pie o en transportes públicos por las calles de México. Llegué a sentir como si estos últimos fueran los verdaderos mexicanos, dueños y señores de nuestro país y los otros fueran como extraños o extranjeros, muy ajenos a la conciencia colectiva de nuestro pueblo. “Entusiasmado con mi nueva práctica del guerrero y sus técnicas del acecho: del estar atento y en observación alerta del mundo, a la larga ocurrió un fenómeno muy interesante: de pronto experimenté, mientras iba en el Metro, como si me hubiera ‘colado’ en la conciencia colectiva del verdadero México y de que mi persona era recibida cordialmente por sus miembros. Aquellos seres que me rodeaban, considerados por mi condicionamiento burgués como ‘vulgares’ y ‘feos’, comencé a verlos con una extraña belleza que brotaba mas allá de sus personas. Empezaba a sentir tal afecto por ellos que un día casi me soltaba llorando delante de todos. “Experimentaba hermosas sensaciones de mi infancia durante la cual, según lo descubrí, sí sentía la pertenencia a mi pueblo mexicano, compartiendo con él sus calles, transportes, campos y pueblos a donde me llevaban mis padres de días de campo o de vacaciones. Se supone que ese amplio sentido de pertenencia comenzó a disminuir desde la adolescencia justo cuando, en términos de Jung, se inicia el proceso de ‘individuación’, y ahora de nuevo se había ampliado: desde mi mundillo burgués hasta la sensación de pertenencia a todo un pueblo. “Y como un guerrero siguiendo su extraño Viaje a Ixtlán hacia ‘lo desconocido’, se me iba ‘exiliando’ de los mundos a los cuales pertenecía anteriormente, perdiendo en identidad y afinidad con mi familia, conocidos, amigos, trabajos y actividades del mundo burgués, pero ganando en identidad con el mundo auténticamente Real que me rodeaba. Recuerdo cómo en esas soledades por las cuales ha de pasar el guerrero, me sentía acogido y como en familia cuando me subía a un minibús, a veces apretujado entre esa multitud de misteriosos pero bellos rostros indígenas, quienes parecían darme la bienvenida a su mundo y consolarme de mis ‘exilios’. De pronto toda aquella supuesta fealdad de la ciudad y sus gentes, había cobrado gran belleza y significado que me hacía sentir feliz en mi nuevo hogar y con mi nueva familia “Ahora voy a platicarte cómo fue que continuó expandiéndose mi conciencia (y por lo tanto mi identidad): conforme le iba quitando esa gran importancia que le daba a mi persona, o sea al irme desidentificando de mi propia burbuja, al mismo tiempo mi conciencia se identificaba con la burbuja de mi país; pero según la Psicología Transpersonal el proceso no termina ahí; es posible continuarlo hasta la ambiciosa tarea de intentar identificarme con la burbuja del planeta entero. “Como al inicio de mi camino de guerrero vivía en un estado de alienación, bastante alejado psicológicamente de la realidad cotidiana y poco me importaba lo que ocurriese en este ‘primitivo’ planeta, por eso me extrañó cuando Castaneda nos hablaba sobre la importancia de preguntarnos: “—¿Dónde se encuentra el hombre en su pensamiento contemporáneo? …hay que saber dónde estamos… hay que tener un romance con el cono-cimiento. “Yo estaba intrigado sobre cuál sería el significado de sus palabras, que decía con tanto énfasis. Al fin lo comprendí cuando apareció el libro de Florinda Donner ‘Ensoñar Despiertos’, donde leí con gran interés: “—Los hechiceros deben hallar cuál es el sentido no sólo de su mundo mágico, sino también del mundo cotidiano. —Y añadía Florinda que ellos procuran estar al tanto con lo último en todo (en inglés: up to day), y por esta razón Don Juan y los otros chamanes se dedicaban a interpretar los aspectos sociales, históricos, psicológicos, etc., de su mundo. “Me llamó mucho la atención que los brujos se interesaran seriamente por este mundo que me parecía tan materialista y conflictivo, y de que estuvieran muy al tanto del acontecer mundial, pues según


escribe Florinda: Silvio Manuel gozaba viendo televisión y siempre estaba al día con las noticias del mundo, mismas que trasmitía a los otros groseramente exageradas. “Otro brujo, Emilito, dejaba perpleja a Florinda por el hecho de que supiese tanto de las tendencias intelectuales de occidente y hasta llegó a la increíble conclusión, que dado su magnífico logro de poder integrar razón e intuición, los brujos están un paso adelante de los intelectuales de occidente…en su romance con las ideas, han cultivado la razón hasta sus límites.

ABRIR LAS ALAS DE LA PERCEPCIÓN “Estimulado por las palabras del Nagual y los textos de Florinda, emprendí mi nueva tarea. El objetivo era intentar ‘ver’ el sentido de los acontecimientos más que analizarlos desde una perspectiva puramente racional y por lo tanto dualista (buenos y malos, justos e injustos, etc.). Sabía que el guerrero tenía que ubicarse en una postura neutral, para él no existen puntos de vista que defender, es decir, no toma partido por nada ni nadie, lo cual hasta la fecha, me ha costado enorme trabajo. Sólo en la medida en que uno pueda lograr algo de esa im-parcialidad contemplativa, en palabras de Octavio Paz (del prólogo a ‘Las Enseñanzas de Don Juan’), entonces es cuando uno puede llegar a tener revelaciones sobre el sentido de la historia; poder llegar a ‘verla’ en su esencia, aunque sea por momentos, la vuelve apasionante a pesar de sus conflictos y miseria. “Tuve la suerte de haber iniciado esta ‘práctica’ de guerrero de abrir las alas de la percepción, cuando recién había caído el Muro de Berlín, en un momento crucial de la historia según se me reveló en una magnífica ‘señal’: la Revolución Francesa, que es considerada el inicio de la Era Moderna, tuvo lugar en 1789 ¡y justo 200 años después, en 1989 cae la Cortina de Hierro y el Muro de Berlín, y comienza una nueva Era para la humanidad! En realidad, comprendí que la obviedad de esta ‘señal’ del Espíritu era como para concientizarnos a todos de que existe un poder que rige los destinos humanos, tal como lo afirman los brujos. “Desde el principio comencé a sentir un extraño interés por los sucesos mundiales y sus principales protagonistas. Veía las noticias internacionales en Eco —esa cadena de Televisa que luego desapareció, como también ocurrió con la sección del periódico Excelsior que leía diariamente: ‘Escena Mundial’. Al poner toda mi atención a lo que ocurría en el mundo, me fui percatando de cómo crecía con rapidez mi interés por los sucesos mundiales. “Al cabo de un tiempo casi me aterré cuando descubrí lo identificado que ya estaba con los eventos internacionales, ya eran como parte de mi vida. Experimentaba curiosas emociones y ya no podía dejar de enterarme día a día de lo que ocurría en el mundo. Mi mente casi alucinaba: ya percibía a los líderes políticos como mis ‘héroes’ o ‘villanos’ mitológicos, y me preocupaba mucho por ellos, por lo que fueran a decir o hacer. Todo ese mundo que me era tan ajeno, dejó de ser lo ‘desconocido’, y se había convertido en algo tan familiar y ‘conocido’; confieso que a veces dudaba de mi salud mental. “Me tranquilizó y me confirmó mis afinidades recién adquiridas por el mundo, el ponerme a leer la voluminosa obra de uno de los más grandes brujos videntes de nuestro tiempo: el jesuita Teilhard de Chardin, quien además fue un científico renombrado en su tiempo. El ‘veía’ y expresaba con fascinación cómo nuestro planeta se ha ido convirtiendo en un auténtico organismo viviente, proceso que se intensifica en estos momentos de globalización mundial, fenómeno que nos va unificando tanto humana y psíquicamente (con-formando el cerebro de ese organismo), como también por el comercio y las finanzas (que constituyen su sistema nutricio, sanguíneo y linfático) o por las telecomunicaciones (su sistema nervioso). De la misma manera como se conforma la unidad del átomo a partir de la integración de las partículas subatómicas, y los átomos, a su vez, conformaron unidades más grandes de moléculas y de la aglutinación de éstas seguirán las células hasta llegar a los organismos más complejos que culminaron en el hombre, así Teilhard ‘vio’ cómo ahora los humanos estamos conformando, a manera de átomos o células conscientes, una nueva unidad: un súper organismo planetario. Siguiendo esta línea evolutiva de carácter biológico, el próximo paso que insinúa Teilhard para nuestro planeta, será el


convertirnos ya plenamente unificados, en una nueva ‘célula’ que a su vez conformará, con todos los planetas vivientes, otro organismo cósmico. “Me dio gusto encontrar una corroboración de lo anterior en el texto que aparecía en el tercer Vídeo de Tensegridad grabado por los brujos: Los chamanes aseguran que la conciencia del hombre puede llegar a dar un salto gigantesco con relación a su percepción y llegar realmente a percibir el mundo bajo condiciones que desafían la imaginación. Ellos creen por ejemplo, que es posible percibir e interpretar el mundo en términos de otros organismos que pertenecen a diferentes tipos filogenéticos. “Es decir, aunque el planeta no pertenezca al mismo ‘filos’ o tronco dentro del árbol genealógico de la evolución de los organismos vivientes que ha culminado con el ser humano, no obstante nuestro planeta se puede llegar a percibir y a interpretar tal como un auténtico organismo o sistema viviente con su propio proceso de evolución. “Es evidente que este nivel de percepción o de conciencia total había sido alcanzado por Don Juan y Don Genaro en el momento de su supuesta ‘partida’ de este mundo, según lo revelaron en la conmovedora despedida final ante sus aprendices Pablito y Carlos Castaneda: “La vida de un guerrero no puede ser en modo alguno fría y solitaria y sin sentimientos, porque se basa en su afecto, su devoción y su dedicación a su ser amado. ¿Y quién —podrían ustedes preguntarse— es ese ser amado? …es esta tierra, este mundo. Para un guerrero no puede haber un amor más grande. Solamente si uno ama esta tierra con pasión inflexible puede uno liberarse de la tristeza. “Y refiriéndose a Genaro como ejemplo de guerrero impecable, Don Juan añade: “La Tierra sabe que Genaro la ama y por eso lo cuida y su vida está llena hasta el borde y su estado, dondequiera que esté, siempre será de abundancia. Genaro recorre las sendas de su ser amado y en cualquier sitio se encuentra en plenitud… “Don Juan acarició el suelo con ternura y concluyó: …y finalmente cuando comprendí todo el cariño que tenía por este ser hermoso, que está vivo hasta sus últimos resquicios, me enseñó lo que es la libertad…Solamente amando a este ser espléndido se puede dar libertad al espíritu del guerrero…y la libertad es alegría, eficiencia y abandono ante cualquier embate del destino. (‘Relatos de Poder.’)” —¿Nos puedes platicar de otro índice del cual les haya hablado Castaneda? —Otro índice que te permite entrar en las proposiciones prácticas de los brujos, es romper las rutinas de la vida, pero en especial las rutinas mentales. Una de las formas más efectivas para combatir nuestras rutinas mentales, es acechando sus repeticiones como si fuésemos un cazador. “Carlos decía que nosotros no usamos todos nuestros recursos, sólo los del mundo cotidiano: el mundo de la predictividad, del yo: “—Vivimos en un mundo donde todo es predecible, siempre estamos defendiendo algo y siempre usamos las mismas maneras para salirnos de las situaciones, ¡qué aburrición! “—El modo de contrarrestar eso es hacer patente lo rutinario de nuestra vida, observar o ‘acechar’ nuestras acciones y pensamientos repetitivos. Cuando nos damos cuenta de ello, nos salimos de la situación; eso es la libertad. “Para los brujos el camino de la evolución siempre va de ‘lo conocido’ a ‘lo desconocido’. Se detecta cuando nos enfrentamos a lo ‘desconocido’ por los efectos emocionales que nos crea: nos llenamos de emoción, nos exaltamos e incluso sentimos miedo. En cambio, la familiaridad de ‘lo conocido’ engendra aburrimiento y complacencia. Definió: “—La rutina es un estupefaciente que niega el vuelo de la imaginación, y estanca en la capacidad de cambio. “Las rutinas mentales son un gran obstáculo para superar las contradicciones e incongruencias que creemos encontrar en el sendero del conocimiento. Cuando cambiamos los parámetros de pensamiento, ellas desaparecen. La existencia verdadera no está al alcance de nuestra mente. La realidad del brujo es experimental.” —¿Cómo definirías en pocas palabras El camino del Guerrero? —El sistema de enseñanzas de Carlos Castaneda se puede sintetizar como un no-hacer, lo cual se puede explicar como la práctica continua de una serie de acciones contrarias a lo que acostumbramos a hacer en el mundo. El no-hacer está dirigido entre otras cosas a romper nuestras propias rutinas, y sobre todo a alcanzar la auténtica libertad, que es psicológica y espiritual. Por ejemplo, todo el mundo busca


ser alguien, sobresalir, ser importante, reconocido; lo cual, obviamente, es una esclavitud. Pues bien, un guerrero se sale de ese estereotipo, en lugar de pretender ser alguien se acepta tal como ya es, con la máxima humildad, o sea lo contrario de lo que solemos hacer, y busca entre sus recursos in-ternos la forma de ser impecable. “Tratando de practicar el no-hacer de suspender el diálogo interno, un día tuve la extraña experiencia de sentir que el mundo giraba en mi cabeza y de pronto se detenía produciéndose un gran silencio en mi mente, ¡cuánta paz y libertad sentí! En ese momento comprendí la esencia del camino del guerrero: parar el mundo o lo que es lo mismo lograr el silencio interior: es como si uno lograra escaparse del mundo, pero no del verdadero, sino del mundo que traemos en nuestra mente: de la rutina, del dolor, de la preocupación, la obsesión, del temor, de la inseguridad, de la importancia personal, etcétera.” —¿Cómo has entendido el concepto de la muerte como compañera del guerrero? —Lo que da al guerrero su fuerza de decisión, es enfrentar a la muerte. La Muerte (con mayúscula) es quizás el más importante concepto simbólico de los libros de Castaneda que abarca varios significados. En aquella visita que hice con el Nagual a Cacahuamilpa, pude constatar uno de ellos. Carlos provocó en Jacobo Grinberg lo que más tarde habría de ocurrirme a mí, y en forma permanente: el toque de la muerte o de la ‘tumbadora’ como también le llaman por sus continuos embates. Sólo unas palabras del Nagual bastaron para que Jacobo entrara en un proceso de muerte simbólica; siendo un gran investigador él nos iba describiendo con detalle sus vivencias durante el descenso a las grutas, todas sus sensaciones emocionales y corporales, que comúnmente solemos interpretar como una depresión. “Lo que sufrió el pobre Jacobo fue una buena lección para irnos familiarizando con esos toques de la muerte, indispensables para nuestra evolución personal. Al comprender su significado, dejé de luchar contra las ‘depresiones’ y éstas fueron disminuyendo en tiempo y en intensidad; ahora procuro, cada vez que tengo una pena o dolor, reconocer en ellos el golpe de la ‘tumbadora’, y me consuela re-petir aquella frase de Hermann Hesse: Algo está muriendo en mí. “El Guerrero hace amistad con la muerte familiarizándose poco a poco con sus ‘toques’: esas muertes parciales (según término de Teilhard de Chardin) que se acentúan en este camino a consecuencia de la pérdida paulatina de lo que Don Juan llamaba ‘resguardos’: apegos, dependencias, identidades, ideologías, rutinas, etcétera. “Aunque todos están expuestos a los continuos embates de la ‘muerte’, al entrar en la senda del brujo se intensifica su gran labor pues ‘ella’ es la encargada de empujarnos inmisericordemente a evolucionar quitándonos poco a poco los ‘resguardos’ del mundo cotidiano, hasta que no nos queda otra posibilidad que comprometernos con los baluartes del camino del conocimiento del guerrero. “Y transcurridas todas las muertes parciales de nuestros resguardos, apegos y dependencias, el guerrero experimenta (literal y figuradamente) la muerte total, condición necesaria para alcanzar la conciencia total, es decir la conciencia de unidad del hombre con todo lo que le rodea. “—Sólo cuando uno encara la muerte total, alcanza la libertad total —nos decía Castaneda. “Es la percepción sin ‘barreras’ ni ‘fronteras’, o sea sin dualidades, la que nos dará la libertad total: la cual dice Don Juan sólo les llega a los guerreros cuando ya no les queda nada de importancia personal: sólo cuando son nada se convierten en todo. “Cuando leí lo anterior en el libro de Castaneda, casi no podía creer el gran parecido con lo dicho por San Juan de la Cruz: para llegar a serlo todo, no quieras ser algo en nada y, para colmo de su semejanza con su ‘tocayo’ Don Juan, en otra parte escribe San Juan: …y cuando viniere a quedar resuelto en nada, que será la suma humildad (es decir la muerte total de la importancia personal) quedará hecha la unión del matrimonio espiritual entre el alma (humana) y Dios. Como el místico percibe a Dios ya no sólo como algo trascendente, sino también como algo inmanente o integrado plenamente al mundo. De ahí que el Santo acabe refiriéndose a Dios como el Todo: cuando reparas (o te resguardas) en algo, dejas de arrojarte al todo; para alcanzar del todo al todo, has de dejar todo, del todo. Es decir, hay que dejar todos los resguardos y sobre todo el de la importancia personal.” —¿Y cuál es la razón de que la muerte sea la única compañera sabia que tenemos? —La Muerte se convierte en la eterna compañera del guerrero y por ello dice Don Juan que es la única compañera sabia que tenemos. Una de sus magistrales maneras de enseñarnos la experimenté durante un viaje en avión a España que tuve el privilegio de hacer con el Nagual.


“Castaneda era un gran vidente, sabía vida y milagros de cada uno de nosotros; bastó un comentario, hecho durante el vuelo, acerca de un aspecto ‘desconocido’ de mi vida, para que el impacto de sus palabras me pusieran ante la presencia de la ‘Muerte’. La lección también era ver cómo manejaría yo el encontronazo con la ‘tumbadora’, sin justificarme, ni defenderme. Al principio lo hice bien, y pude observar su expresión de satisfacción; pero a los pocos minutos caí en lo de siempre: la negación de una realidad personal que no me gustaba para nada. “Con el tiempo comprendí que una de las más sabias enseñanzas de la ‘muerte’ con su devastador toque es mostrarnos esas realidades traumáticas que los brujos llaman: lo desconocido que nadie quiere conocer; si las rechazamos perdemos la gran oportunidad de recapitularlas y así trasmutar y trascender nuestros problemas.” —¿Por qué hiciste un viaje con el Nagual a España? —Como antecedente de este viaje te cuento que ya había ido a España a dar una conferencia en un congreso internacional de cuestiones espirituales; el culpable de esta loca aventura fue Jacobo que les había contado a los organizadores acerca de mis análisis comparados entre los que eran para mí el máximo Santo español y el máximo Chamán mexicano: San Juan (de la Cruz) y Don Juan (Matus). “Les gustó tanto mi conferencia que al salir del teatro me encontré un buen número de fans que me bombardearon con preguntas. De ahí surgieron algunos apasionados del camino del guerrero que en adelante yo presumiría como mis discípulos. Aunque me parecían gente valiosa, no obstante lo puse en duda cuando le platiqué al Nagual sobre ellos y se interesó en contactarlos personalmente: “—Bueno, Nagual, no creo que valgan tanto la pena como para que vayas hasta España a conocerlos —le dije preocupado de que mi buena apreciación sobre ellos tuviera que ver más con mi vanidad de sentirme su maestro. Sin embargo, el Nagual insistió y menudo susto se llevaron cuando les hablé por teléfono y les informé del ‘ligero’ cambio en los planes que teníamos de reunirnos, pues estaría nada menos que Carlos Castaneda en persona, y después llegarían las poderosas brujas Miuni o la mujer Nagual y Nuri la hija simbólica de ambos. “Yo estaba tan feliz con tan maravillosa compañía de viaje, que nada me importó que durante sus pláticas en Madrid dijera ‘pestes’ de mí, des-prestigiándome ante los que yo consideraba mis admiradores. Además en el fondo había un auténtico gustillo cuando el Nagual hablaba de uno, aunque me pusiera del asco. Y sobre mis temores de que mis discípulos españoles lo decepcionaran, me quedé con la boca abierta cuando me dijo: “—Al presentarme a estos españoles y a Carlos de León (en México), ya te has reivindicado de lo mal que has quedado conmigo con tu sarta de gurús que has invitado a mis pláticas en México. “Ante estas inesperadas palabras de Castaneda deslizadas como siempre con su buen humor, traté de alegarle, pero empecé a tartamudear, lo cual solía sucederme con él y acto seguido el Nagual imitaba con simpáticos gestos mis tartamudeos. Con resignación acepté lo que me insinuaba: por lo general los líderes o maestros de los mundos esotéricos, espirituales o religiosos, como muchos de los que había invitado, estaban llenos de importancia personal y como les era tan gratificante su posición social, no alcanzaban la libertad. Yo también había caído en uno de los mayores peligros del camino de evolución individual: convertirme en gurú y entre otras gratificaciones, podía relacionarme con la gente con facilidad, pues desde una posición de superioridad, ¡quién me iba a tratar mal! “Precisamente ésta era una de las funciones más importantes del camino del guerrero: a diferencia de los brujos del pasado (entendiendo por brujo la persona que ha trascendido el nivel egoicoracional de conciencia), los cuales ocupaban posiciones sociales reconocidas y respetadas como profetas, sacerdotes, chamanes, monjes, samyassi, curanderos, adivinos, alquimistas, as-cetas, etc.; en la actualidad es al contrario: un verdadero brujo causa temor y desconfianza ante una sociedad que vive fuertemente apegada a sus estructuras egoicas y se siente amenazada con cualquiera que las trascienda. “Para evitar lo anterior, el camino del guerrero mediante las técnicas del acecho y del desatino controlado, le permite al brujo esconder su verdadera naturaleza en el mundo ordinario y a la vez salvarse de volverse un presumido de los mundos esotéricos.” —¿Cómo


La voz del corazรณn es un mensaje de la Eternidad. Un saludo desde el silencio

Los testigos del nagual castaneda  
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