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UN NUEVO ROL… SEUDONIMO: GLEE 23010102653


UN NUEVO ROL…

“NO ME PIDAS MÁS DE LO QUE PUEDO DAR” (Ahorro) “CON DINERO Y MAS DINERO HAGO SIEMPRE LO QUE QUIERO” (Gastos) Anita (Ahorro) Arias

Graciela (Gastos) García 

Sencilla y emprendedora Despilfarradora

“Recuerdo mi último día de clases, recuerdo la última hora… sería la una de la tarde. Yo observaba aquel reloj, uno viejo y polveado que durante años nos mostraba las horas en el colegio. Y recuerdo ese instante en el que el sonido del timbre, nos dejaba entender por última vez, que era la salida del colegio hacia nuestras casas. Percibí una sensación bastante rara, de alegría al principio, mezclada con melancolía. Recuerdo que, en ese instante me hacía consciente de la rutina en la que había vivido, y en lo sucesivo mis experiencias me harían dar cuenta que todo lo que vivimos gira en torno a cumplir un rol en el mundo, en nuestro país, en nuestra sociedad, en nuestra familia. Y mi rol como escolar había terminado, comenzaba ahora otra etapa, con nuevas tareas y nuevos compromisos, un nuevo rol. Ah, y también recuerdo que en el pasadizo de salida, mi mejor amiga me esperaba. Cecilia, se acercó y me hizo una pregunta peculiar para entonces, yo era una chiquilla algo alocada e impredecible, bueno como cualquier adolescente. Pero la respuesta que le di, me acompañó por un buen tiempo. - ¿Por qué estás tan distraída? Pareces confundida ¿en qué piensas? - Ah…mmm. Sólo pensaba en cómo sería mi vida en un futuro. Ya sabes, mamá me envía a trabajar con mi tía, en Lima, y pues mi vida será diferente.


Yo iba a Lima a trabajar en el restaurant de mi tía. Ella me esperaba allá, con todo preparado, un cuarto para descansar, comida, atención, y hasta sueldo me iban a dar. Dejar mi ciudad, mi familia, me entristecía; pero me tenían que ir, mis padres hablaban de “crisis”, “inflación”, “necesidades”, “quiebra”. Yo no entendía mucho de eso, sólo sabía que tenía que ganar dinero para enviar a Tacna, y ahorrar para poder estudiar. Lunes en la mañana “Al que madruga, Dios le ayuda”. El trabajo que me esperaba era de mesera en un restaurant. Cuando llegué allá, me sorprendí mucho. Nunca pensé que en una misma calle, hubiera tantos negocios como el de mi tía. Eso me hizo reflexionar sobre el compromiso que asumía con ella. Yo iba a recibir muchos beneficios , y encima el sueldo, y yo qué iba a dar. Pues pensé convertirme en la mejor mesera de esa calle, y por qué no, proporcionar la mejor atención que en todos los restaurantes de la capital. Mi tía se sentiría orgullosa de mí. En mi primer día de trabajo, mientras hacía mis labores, no podía sacarme de la cabeza la imagen de mis padres trabajando, igual que yo, pero en otras labores. Mamá trabajaba en una casa cocinando y limpiando, era la empleada doméstica. Papá era peón en una chacra en la Yarada. Los veía de noche, sentados en el comedor por horas contando billetes y monedas, distribuyéndolos por grupos: “Esto para don Armando, esto para el Banco, esto para la luz, esto para los chicos, y nos falta…” Finalmente con los ahorritos que fueron juntando, mamá logró implementar un pequeño negocio en la casa, como ella alguna vez había planificado vender abarrotes, así tampoco nos faltaría nada, y estaría cerca a nosotros. Mi primera anécdota en el Restaurant ocurrió en la hora del refrigerio. Ahí pude conocer a todos mis nuevos compañeros. Todos nos sentábamos a comer y empezaban los comentarios del día. Siempre había que criticar o algo de qué burlarse. Y bueno, el nuevo siempre es el punto de atención. Así es que se día tuve que aprender a controlarme y aceptar las críticas y bromas de los demás. Sabía que lo hacían no con mala fe, sólo es la costumbre.


Una crítica que recuerdo, y que hasta ahora cuido en no cometer, es el de la prioridad en la atención. Deben saber que un restaurant tiene horas punta, se llena en su totalidad y todos reclaman atención. Pues bien, yo atendía al primero que llegaba, como se supone, pero no debe ser así, en un negocio gastronómico. Porque un restaurant es un negocio, y el objetivo de todo negocio es la utilidad, y la utilidad en un restaurant está en los platos extras, los que hay que preparar con rapidez para atender al cliente y se sienta a gusto, como para que regrese contento. Los platos del menú, ya están preparados, y no se gana mucho con ellos. Recuerdo que el cajero fue el que más me repitió esa indicación. - Mira hija, a todos nos pagan por lo que gana el restaurant. Si tú no ayudas a que el restaurant gane, ¿cómo puedes cobrar? A uno le pagan por su trabajo. Uno recibe lo que da, pero transformado en billete. Es por tu trabajo por lo que recibirás un salario. Y esa frase, se quedó grabada en mi cabeza. Creo que se ha convertido en mi filosofía de vida “uno recibe lo que da”. Siempre lo aplico, no sólo en los negocios, también con mi familia. ¿Cómo podría exigirles a mis hijos cariño, si yo no lo doy? Ese primer día, también tuve una anécdota muy graciosa. Conocí a la hija de mí tía, Graciela se llamaba mi prima, y era de mi misma edad. Ella no trabajaba en el restaurant, sólo iba a comer El cocinero, al verla de inmediato reaccionó con la frase - Miren ya llegó Graciela “Gastos” la hija del dueño ¿Qué pedirá hoy? En la mesa de los empleados, me enteré que Graciela, tenía la costumbre de ordenar sus platos, nunca probaba el menú, y no pedía cualquier plato, sólo los mejores, o sea los más caros. Por eso la llamaban “gastos”. Y bueno, obviamente que para atender su pedido, enviaron a la nueva, o sea a mí. Cuando término de consumir su plato, fui a recogerlo, no tenía intenciones de presentarme ante ella, decirle que era su prima, su familia. Pero ella ya lo sabía, y mientras recogía los platos; “Gastos” me dijo: - Supongo te habrán informado que todo lo consumido va a la cuenta de mi padre, soy su hija.


Para el restaurant el consumo diario de Graciela, significaban gastos, puesto que eran suministros bastante caros que se perdían sin un cobro, ni sus padres comían así, ellos probaban siempre el menú. Pues sabían que el restaurant es como tienda de abarrotes, no puedes coger nada de allí, pues es la ganancia del negocio. Y Graciela no era consciente de ello, incluso a veces traía a sus amigos para que la acompañara. Ella no daba nada pero recibía platos bastante caros, eso tarde o temprano traería algunas consecuencias. En casa de tía Amanda, ella me decía que el negocio no iba bien. Que a veces se perdían suministros, y se daba cuenta porque la cantidad de platos no reflejaba la cantidad de lo comprado. Por eso me pedía que yo que era de confianza, me fijara en las boletas que entregaban los mozos, así ella sabría si realmente habían salido los platos que indicaba, también podía llevar el control de los suministros que salían, y los ingresos para el restaurant. Y era cierto, algunos mozos se quedaban con el dinero de clientes, cuando ellos no les pedían boletas, lo podían hacer cuando era hora punta, todos estábamos ocupados y no podíamos controlar la cantidad. Mi tía despidió a varios en el tiempo en que estuve trabajando allí. “La vida en Lima, no es como lo pintan” – ‘’La vida aquí, no es nada fácil’’ Luego de mucho trabajo y agotamiento, por fin llegó el primer fin de mes. En el trabajo todos estaban muy ocupados incluso yo. Cerca a mí estaba “Gastos”, ella preguntaba por su padre, pero nadie le daba razón, estaban ocupados por zamparse en la fila y cobrar primero. Al ver a Graciela me preguntaba cómo sería su papá en la casa. Nunca lo había visto en su rol de padre. Siempre estaba ocupado en sus negocios. Mi tía me contó que trabajó por muchos años de agricultor en Tacna, cultivó cebollas amarillas, esas jugosas que tenían tanta demanda en el mercado internacional, sabía que no era fácil tuvo que invertir en la semilla, los insecticidas , contratar personal, comprar los sacos y las mallas, fueron años de muchos sacrificios. Mi tío logró ahorrar dinero, vendió su terreno y se vino para la capital. Aprendió a trabajar con los bancos, aprendió que tenía que pagar impuestos por sus ingresos, y que el trabajo de sus trabajadores hay que remunerarlo.


Pero lo que no aprendió, es que los hijos son también una inversión, que pueden darnos ingresos (satisfacción) o egresos (decepción). Y si en un negocio inviertes dinero, en una familia inviertes tiempo. La verdad es que a mi tío le fue bien en los negocios, pero no así en lo familiar. Yo veía que su familia casi nunca se reunía a charlar, lo único que los unía era el negocio. Y si al negocio le iba mal, a la familia también. En fin, entendí que mi tío tiene lo que quiere: dinero. Una familia cumple un rol dentro de la sociedad. Está para formar ciudadanos responsables, que cumplan con sus responsabilidades. Al tener ingresos, ya sea de un negocio u oficio, uno debe responsabilizarse de las necesidades de los integrantes de la familia. Darles alimento, vestimenta, educación, cariño. Si tú no das, no recibes. Y Graciela gastos no recibió más que lo material, por eso sólo valoraba eso. Yo trabajaba para enviar dinero a mi familia, porque ellos lo necesitaban, y tarde o temprano yo también necesitaría de ellos. Cuando llegó mi turno para recibir mi primera remuneración, escuchaba a lo lejos diferentes comentarios: - ¡Qué bueno! “Me cae como anillo al dedo” este dinero lo necesito para pagar el recibo de luz, agua y teléfono; además el crédito del mercado. - Ahora podré llevar a mi esposa al hospital para que se haga un chequeo y compraré sus medicinas. - Ahorraré un poco más para los estudios de mi hija… - Podré avanzar un poco más mi casa. Al escuchar esos comentarios entendí cómo vamos aprendiendo a vivir, trabajamos prestando nuestros servicios para los demás, recibimos un ingreso que lo podemos adaptar a nuestras necesidades y con un poquito de excedente podemos ahorrar. Eso es planificar, hacer un presupuesto. - ¡Mi primer sueldo! ¿Cuánto le mandaré a mamá? ¿Cuánto ahorraré para mis estudios? ¿Cuánto puedo gastar? – Eran preguntas difíciles de responder, en aquel momento sólo quería disfrutar de ver reflejado mis esfuerzos en dinero. - Anita, por ser tu primer mes, y ya que estabas a prueba, recibirás s/. 550, es el sueldo mínimo, y poco a poco se te incrementará, depende de tu trabajo- eso me dijeron cuando recibí mi paga.


En aquel entonces me parecía un montón de plata. Pero cuando enfermé por primera vez, todo mi sueldo se terminó en medicamentos. Cuando le conté eso a mi tía, cómo me habrá gritado. - ¡Pero no sabes que existe un seguro de salud!. Tú estás en planillas, y tienes derecho a atenderte gratuitamente. Por algo ellos reciben un aporte que nosotros le damos por tu trabajo aquí. Yo no lo sabía, pero desde entonces, cuando enfermaba, que fueron pocas veces felizmente, me atendí allí. Incluso ahora, que ya no trabajo para alguien, me inscribí como Independiente, ahora yo aporto y ellos me atienden. Se dan cuenta “das y recibes”. Finalmente me puse a estudiar por las noches Gastronomía. Fue muy duro, porque el tiempo no me alcanzaba, pero sabía que tenía que avanzar, tenía que progresar, y el negocio de los alimentos podría ser la forma de ayudar a mis tíos, que me ayudaron, a mis padres que me necesitaban y a mí para el futuro de los míos. Allí, en el CETPRO, además de preparar alimentos, me enseñaron un curso muy importante que me ayuda aún hoy: Economía. El profesor de Economía nos habló del objetivo de todo negocio es generar utilidades para los dueños. Yo lo entendí así: “Uno invierte dinero, da sus ahorros o arriesga un crédito, con la esperanza de obtener, recibir ganancias”. Y así lo apliqué. Cuando un negocio luego de cumplir con sus obligaciones con el Estado (impuesto a las ventas, a la Renta), el pago a sus trabajadores (planilla de sueldos y salarios) tiene todavía dinero, es decir los Ingresos son superiores a los Gastos, estamos hablando de un Superávit. Y la meta es que cada año, el superávit sea mayor. Por el contrario, si el negocio tiene más gastos que ingresos, es Déficit, y significa que el negocio no funciona, y pues tienes que cerrarlo, o cambiar de giro. Y así pues estuve por 3 años en Lima, mis tíos estaban contentos conmigo en la cocina. El Restaurant tuvo los más altos Superávit desde que lo crearon. Mis tíos pasaron a ser considerados del régimen Simplificado en la SUNAT a régimen General, pues ya teníamos que importar algunos ingredientes para platos internacionales, la SUNAT se encarga de verificar los ingresos y egresos, para determinar la contribución tributarios al gobierno central. Mi tío se quejaba mucho de ello, pero yo entendí que no le puedes


pedir al gobierno obras, servicios, sino contribuyes con tus impuestos para que las pueda realizar. Al principio le daba la razón a mi tío, cuando decía que no quería pagar, que era como regalarles su dinero a esos políticos que no trabajaban. Y cuando veía postas médicas olvidadas, escuelas deterioradas, pues parecía que sí. Pero después, recordando mi lección “recibes lo que das”, entendí que mi tío recibía lo que daba, poco. No había mucha vigilancia, porque el Estado no tenía la suficiente cantidad de dinero para más policías, o más iluminación. Creo que si todos ponemos el hombro la familia y las empresas programando bien sus gastos, pagando puntualmente sus impuestos, eso permitiría que el Estado pueda invertir en los servicios básicos que necesitan todos los peruanos. El negocio creció, y con ello, también mis expectativas. Yo quería regresar a Tacna, con mis ahorros, crédito del banco y mucho empeño tener mi propio Restaurant “Doña Anita”. Sí, ahora sé que también cumplo un rol, tengo que prepararme para ser una buena peruana que aporte para el progreso, y para eso debo ser también responsable con mis obligaciones. Porque finalmente es cierto, uno recibe lo que da. Recibo ingresos Entrego una parte en impuestos Recibo a cambio bienes y servicios públicos. FIN


Queridas alumnas