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5.b. Haga una valoración crítica de una obra del siglo XVIII que usted haya leído. La última y más importante comedia de Leandro Fernández de Moratín (1760-1828), “El sí de las niñas”, escrita en 1801, y representada en 1806, tiene como toda la producción dramática de Moratín una clara finalidad moral, acorde con el papel didáctico que se asignaba al arte del siglo XVIII. Él mismo decía que de lo representado deben resultar «puestos en ridículo los Leandro F. Moratín vicios y errores comunes en la sociedad y recomendadas por lo tanto la verdad y la virtud». Según el historiador de nuestro teatro F. Ruiz Ramón, el tema fundamental de la obra moratiniana es «la inautenticidad como forma de vida», que se expresa en tres asuntos:  Los conciertos matrimoniales: “El viejo y la niña”; “El barón”; “El sí de las niñas”  La educación de los jóvenes: “La mojigata”  La comedia de su tiempo: “La comedia nueva o el café” “El sí de las niñas” se trata de una comedia en prosa, dividida en tres actos, cuya acción se desarrolla en el reducido espacio de una posada de Alcalá de Henares. Su argumento lo tomó de una pequeña obra de Marivaux, titulada “L`école des mères” (“la escuela de las madres”), que él transformó en algo de muy superior categoría: «Doña Paquita, joven de dieciséis años, que acaba de salir del convento en el que se ha educado, va a casarse con don Diego, caballero de cincuenta y nueve. El matrimonio ha sido concertado entre el novio y doña Irene, madre de Paquita, sin contar con la opinión de ésta. Por su parte, la muchacha está enamorada del joven don Carlos, sobrino de don Diego. Coaccionados por ambiente y educación, ambos jóvenes no se atreven a publicar su mutuo amor y desobedecer a sus mayores. Casualmente, el caballero descubre la verdad y renuncia a sus pretensiones matrimoniales, permitiendo así que se casen los dos enamorados, ya que entiende (no sin dolor) que el matrimonio entre un viejo y una joven no está en consonancia con las leyes de la razón y de la naturaleza.»

“El sí de las niñas” es una comedia en prosa. Este género tuvo sus orígenes en la antigua Grecia, igual que la tragedia, y se diferenciaba de ésta en su tono superficial y desenfadado, asuntos tomados de la vida cotidiana y el desenlace feliz. La comedia del siglo XVIII español tiene como modelo inmediato la producción dramática del comediógrafo francés Molière, del que Moratín tradujo varias obras, y trata de ajustarse a las reglas de las «tres unidades» de lugar, tiempo y acción. Esta obra de Moratín tuvo, al ser representada, un éxito enorme, debido a que la obra reflejaba profundas preocupaciones del público de la época. Son dos los temas esenciales de esta obra: - El derecho a la libertad de elegir pareja. - La educación de la mujer. Como puede observarse en la obra, Moratín, como buen ilustrado, se muestra partidario del derecho que asiste a todo individuo para elegir su destino. Entrelazados con estos dos temas fundamentales, se tratan también en la obra otros temas secundarios como son el de la autoridad y egoísmo de los padres, y el de las ilusiones del viejo que se enamora de una joven. Este último tema está tratado de un modo muy diferente a como se hacía en las comedias de figurón del siglo XVII. Allí, el personaje del viejo enamorado resultaba siempre ridículo. Aquí, la dignidad y la conciencia ilustrada preside todos los actos de don Diego, que sabe encarar los hechos con sabiduría y rectitud, renunciando a sus ilusiones en beneficio del amor de los dos jóvenes. Con ello se asegura su respeto y cariño.

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Los siete únicos personajes de la obra presentan caracteres individualizados, cuidadosamente delineados en sus rasgos psicológicos particulares, representan a la sociedad de la época: - doña Paquita: joven de dieciséis años, educada en un convento, se comporta apocadamente, sumisa a la voluntad de los mayores, incapaz de ser sincera y manifestar sus sentimientos, «a una niña no la es lícito decir con ingenuidad lo que siente». - don Diego: hombre maduro, buena posición, prudente, educado y culto, resume en su carácter el pensamiento ilustrado. - doña Irene: madre de doña Paquita, personaje autoritario, dominante, y que se deja llevar por sus intereses egoístas sobre su hija, «siempre la interrumpe, todo se lo habla» - don Carlos: sobrino de don Diego, «mozo de talento, instruido, excelente soldado, amabilísimo por todas sus circunstancias» enamorado de doña Paquita, se mueve entre el amor hacia ella y el cariño y respeto que le merece su tío. - Los criados Simón, Rita y Calamocha: recuerdan por su carácter popular y su lenguaje cómico a los criados de las comedias barrocas. Los tres coinciden en el respeto y fidelidad a sus señores. La comedia moratiniana se adapta por completo en cuanto a su técnica y estilo a las normas estéticas del Neoclasicismo. En “La poética” de Luzán, se concebía la representación teatral como un medio adecuado para la reforma moral y social, por lo que el arte escénico debía encontrar un adecuado equilibrio entre «la utilidad y el deleite». Moratín destaca por haber sabido encontrar ese equilibrio. De “El sí de las niñas” es extraen lecciones morales, pero es, además, una comedia divertida que provoca a menudo la sonrisa del espectador. Esto se debe a que el autor domina el arte de presentar las cosas de un modo cómico, pero dejando translucir en el fondo de ellas una rigurosa seriedad. Todas las piezas teatrales de Moratín siguen fielmente la regla de las tres unidades. Así, en “El sí de las niñas” la acción se desarrolla en un único escenario: «una sala de paso con cuatro puertas de habitaciones para huéspedes» de una posada de Alcalá de Henares. Moratín siguiendo el ejemplo de Iriarte, gusta de puntualizar al principio de cada obra el tiempo de duración de la misma: «La acción empieza a las siete de la tarde y acaba a las cinco de la mañana siguiente». Así, pues, el espacio y el tiempo de esta comedia son limitados; pero esto no constituye una desventaja para la misma, sino que se trata, por el contrario, de un acierto teatral, ya que el espacio y el tiempo contribuyen a intensificar la acción. Moratín se ha propuesto construir una comedia de «acción interior», lo importante no son los hechos que ocurren, sino lo que acontece en el alma de los personajes. Las tres unidades dan a la obra como resultado una tensión dramática. El diálogo ,parte esencial de toda pieza dramática, cobra en esta comedia una importancia decisiva. Todo ocurre a través de él, y la feliz solución final vendrá precisamente porque los personajes han sabido dialogar sosegada, civilizadamente. La tensión dramática de la obra viene dada porque a personajes dialogantes se oponen otros que no saben o no pueden expresarse con claridad. Tras la inautenticidad de sus palabras se esconde la inautenticidad de sus vidas. Éste es el caso de Paquita, personaje incapaz para el diálogo abierto, debido a la equivocada educación recibida. Si la muchacha hubiera sabido o podido hablar claro desde el principio, no se hubiera dado el conflicto. Podríamos clasificar como realista el teatro de Moratín. Con ello queremos decir que este autor ha elegido un conflicto, un ambiente y unos personajes pertenecientes a la vida cotidiana. La comedia neoclásica, ya lo hemos dicho, tiene una finalidad moral y pretende ajustarse a las normas de naturalidad y racionalidad. Por todo ello, lo fantástico, lo alegórico o lo espectacular están excluidos. La consecución de los fines morales que Moratín pretende, lleva consigo elegir un tema enraizado en la problemática de los hombres de su tiempo y unos personajes y ambientes fácilmente reconocibles por el público. Así ocurre en esta comedia: el casamiento entre un anciano y una jovencita era algo corriente en la época, pero de ello se derivaban una serie de desajustes sociales

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que preocupaban a muchos. Asimismo, todos los personajes de la obra son perfectamente verosímiles. Fijémonos, por ultimo, en la habilidad con que Moratín utiliza procedimientos escénicos que podríamos denominar naturales. Por ejemplo en el tercer acto el escenario se ilumina, recurso escénico de probada eficacia, pero no de una manera artificial, sino naturalmente, por la luz del día. Esta habilidad para dotar de naturalidad lo que es artificio escénico constituye, sin duda alguna, uno de los mayores aciertos técnicos de Moratín. La lengua utilizada en los diálogos es completamente moderna. Muy pocas diferencias podemos establecer con el español actual. Lo que sí debemos destacar es la eficacia dramática de la misma. En primer lugar, Moratín es un maestro en el arte de emplear el lenguaje adecuado a cada personaje. Por ejemplo don Diego es un caballero de edad madura, buena posición, educado y culto. Todas estas características se reflejan en su forma de expresarse, al igual que las intervenciones de doña Paquita son cortas, casi lacónicas, como corresponde a una persona que tiene dificultades para expresarse libremente ante sus mayores. En segundo lugar, el diálogo se ajusta perfectamente a cada situación. Cuando los personajes se encuentran embargados por la emoción, este hecho se manifiesta lingüísticamente en la abundancia de frases exclamativas e interrogativas, muchas de ellas retóricas, 1as frases inacabadas, los puntos suspensivos, etc. Los cambios de tonalidad y las pausas que interrumpen el diálogo contribuyen a ahondar el contenido sentimental de la situación. Debemos señalar, también, la adecuación del lenguaje al tono realista de la obra. No encontramos en ella frases grandilocuentes, declamatorias o efectistas (como en el teatro barroco o en el romántico), sino que el diálogo discurre por la sencillez cotidiana. Por ultimo, conviene decir, en elogio del autor, que los propósitos morales de la obra no le han hecho incurrir en el abuso de discursos doctrinales. Como conclusión, Leandro Fernández Moratín es el creador en España de una fórmula teatral que va a tener enorme importancia durante los siglos XIX y XX. Es el primero de nuestros grandes dramaturgos en llevar a la escena la vida cotidiana de las clases medias o burguesas. Los conflictos que se representan no son ajenos al espectador medio, que va a encontrar en el teatro no sólo un espectáculo capaz de entretenerlo o fascinarlo, sino también, un lugar donde se debaten problemas que le conciernen. Este teatro apacible, de tono medio y finalidad moral es una escuela de costumbres. Todas las piezas teatrales realistas del XIX y la Alta Comedia del XX (Jacinto Benavente) tienen sus antecedentes en la comedia moratiniana. Señalemos, por último, que “El sí de las niñas” es por su corrección y elaboración perfecta, una pequeña obra maestra, que todavía sigue representándose en nuestro tiempo.

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El sí de las niñas moratín  

Valoración crítica dl Siglo XVIII- El sí de las niñas de L.F.Moratín

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