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mercado latino | JUNIO 2019 más se interesen por la etapa revolucionaria del país, la visita a la Plaza de La Revolución es obligatoria. Es allí donde se puede contemplar la famosa silueta de Ernesto “Che” Guevara, sobre la fachada del Ministerio del Interior. Para cuando va cayendo el sol, el malecón es un lugar especial. A la vera del mar, con una buena botella de ron sobre el muro y con el murmullo de los locales de fondo. A las nueve en punto, hay otra cita histórica –y curiosa- “el cañonazo”. En la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, a esa hora se dispara un cañón. En la época

Varias personas caminan sobre los adoquines recién puestos en la comercial calle Del Obispo, en La Habana Vieja, en el centro histórico de la ciudad. EFE/ Alejandro Ernesto

Para salir de los cauces turísticos, el barrio de Playa y Habana Centro son dos buenas apuestas. En sus calles se respira vida habanera con diferentes cafés y bares en los que disfrutar de lo auténtico. Para comer, los Nardos es un restaurante muy conocido y frecuentado por turistas y locales, aunque a veces la proporción no es equilibrada. Encontrarlo es fácil: si se sitúa en las escaleras del capitolio verá una cola larga de gente esperando acceder a un edificio verde. Es ahí.

Vista de uno de los restaurantes ubicados en el “Callejón del Cuchillo” de la calle Zanja, en el corazón del Barrio Chino de La Habana, en Cuba. EFE/Alejandro Ernesto

El museo de la Revolución es una oda a la resistencia de Cuba frente a Estados Unidos. En él se pueden encontrar objetos y documentos que atestiguan los años de guerrilla de Castro. Para los que

colonial, a la que se remonta esta tradición, se anunciaba así el cierre de las puertas de la muralla. Y con la noche ya encima, las opciones para cenar son numerosas. En el restaurante Café Laurent, por ejemplo, se pueden degustar algunos de los platos más típicos de la gastronomía cubana. Y, para disfrutar de la música local, un nom-

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Edición JUNIO 2019 - Revista Mercado Latino