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MercadeoGlobal.com/revista revista@MercadeoGlobal.com Mercadeo Global 8374 Market St Unit 161 4 Lakewood Ranch, FL 34202. USA

Editor General Álvaro Mendoza

alvaro@mercadeoglobal.com

Asesoría Periodística Carlos Eduardo González caredugo@mercadeoglobal.com

Diseño Giancarlo Rodríguez

gian@mercadeoglobal.com


EDITORIAL

Un día sin aprendizaje es un día perdido En las últimas semanas tuve dos experiencias extraordinarias, de esas a través de las cuales la vida me dice que haberme convertido en emprendedor fue la mejor decisión que pude tomar. Primero estuve en Asunción (Paraguay), un país que pocos tienen en el radar del emprendimiento, y luego regresé a Vigo (España), donde me siento como en casa. Es curioso cómo la percepción de las personas a veces se aleja de la realidad. Es, claro, producto de esas ideas que dan vueltas por la red en el sentido que quienes hacemos negocios por internet y hemos alcanzado el éxito somos multimillonarios. Y se cree que cada viaje que hacemos es por placer, y que recibimos millones por cada conferencia… Ojalá… Si bien el dinero no es lo que me mueve, sería hipócrita si te dijera que no me interesa: ¡claro que me interesa! Por el bienestar de mi familia, por el futuro de mis hijas, por la seguridad de quienes conforman mi equipo de trabajo, porque creo que, además, me lo merezco como retribución a lo que hago. Y esta, sin duda, es la clave del asunto. En Asunción, tuve la oportunidad de compartir con un público extraordinario. Personas llenas de entusiasmo, de sueños, de pasión y, sobre todo, de hambre de aprendizaje. Eso es lo que más me gusta. Podría decirte que de haber tenido el tiempo disponible todavía estaría allí respondiendo sus inquietudes, escuchando sus experiencias y riéndome. Uno de los asistentes, un joven muy inquieto, se convirtió en mi sombra durante ese evento

al que asistí junto con mis amigos Gus Sevilla y Edgady Aponte. “No sé cuándo vayas a volver a Paraguay, así que tengo que exprimirte ahora, sacarte todo lo que pueda”, me decía. En algún momento me incomodó, es cierto, pero luego se lo agradecí. Uno de los temas que más curiosidad le generaban a este joven era saber que recibe una persona como Álvaro Mendoza por una conferencia como la que tuve el privilegio de dar en Asunción. Siempre he sido reservado en mis cosas personales y este es un tema del que no hablo ni siquiera con mis colaboradores más cercanos, así que no le respondí. Mejor dicho, no le di una cifra (que era lo que quería escuchar), sino que preferí ofrecerle una reflexión. Los eventos presenciales son algo maravilloso, una experiencia que no me canso de recomendarles a mis clientes. Lo mejor es el contacto directo y cercano con la gente, esa posibilidad de sentir que en verdad puedes ayudar a transformar sus vidas. Sin embargo, lo mejor es que las ganancias no terminan ahí. ¡Por fortuna! Gracias al ejemplo de mis mentores, entendí que cada evento es algo así como una maestría intensiva. En pocos días, aprendes más que si leyeras diez libros (no quiere decir que no los leas) o que si hicieras un curso básico de marketing. Son experiencias inolvidables.

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Pero, volvamos al amigo aquel de Paraguay. Para que entendiera mi visión del asunto, le conté cómo era internet y cómo era el marketing cuando yo comencé, hace veinte años. Le resultaba inverosímil lo que le relataba, y debo confesar que hoy a mí también me parece increíble haber avanzado en ese ambiente en el que todo era muy muy difícil.

La estrategia que nos dio grandes resultados hoy, quizás mañana no sea efectiva. Esa herramienta que ayer nos facilitó la vida, hoy quizás sea obsoleta. El cliente que en el pasado nos compró varias veces, quizás cambió sus hábitos y ahora ya no está con nosotros. Una dinámica que, por supuesto, también se manifiesta en el conocimiento.

Quizás esa haya sido la clave y recuerdo una frase que algún día me dijo un amigo, experto en fútbol, de cuando el Mundial se realizó en Chile, en el año 1962. Ese país había sufrido un terremoto y, a pesar de ello, siguió adelante con la organización. “Como nada tenemos, todo lo vamos a hacer”, fueron las palabras que inmortalizó Carlos Dittborn.

Mi participación en los eventos presenciales obedece a que es la mejor estrategia para estar actualizado, para no desconectarme de la realidad, para no quedarme atrás en las nuevas tendencias del mercado. Créeme si te digo que aquello que te puede enseñar es una mínima parte del vasto conocimiento que adquiero en esas experiencias.

Este personaje fue un directivo de ese país, el promotor y gestor del torneo. Y Chile lo hizo todo, y le cumplió al mundo, y entró en la historia. Así nos tocó a muchos que empezamos la andadura del emprendimiento en aquellos finales del siglo XX. Nuestra labor era mucho más que hacer un clic y sentarnos a esperar que llovieran los millones.

Una de las principales razones por las cuales muchos negocios de emprendedores se quiebran es porque están sustentados en principios caducos o, cuando menos, revaluados o desactualizados. Es por eso que en la edición de MG La Revista de abril hablé de las ‘4P’ básicas del marketing, que siguen vigentes, pero que ya no están solas.

Durante el rato que charlé con este joven, le conté grosso modo cómo ha sido la evolución de los negocios por internet en estas dos décadas. La fascinación y la incredulidad se reflejaban en su rostro y me escuchaba concentrado. Hasta que, en algún momento, me interrumpió y me dijo: “Álvaro: ya sé. Desde hoy, voy a asistir a más eventos”, y se fue.

Y ahora, de acuerdo con lo prometido, me enfoco en las nuevas ‘4P’ (Persona, Proceso, Presencia y Productividad), que significaron un gran avance en la forma de hacer marketing y que, valga decirlo, hace un tiempo le entregaron el testigo a las ‘4C’. A ellas me referiré en la próxima entrega, la correspondiente al mes de junio.

¿Sabes cuál es el valor de los eventos presenciales? El aprendizaje. El que puedo ofrecerte y el que tú generosamente me brindas. Es una retroalimentación de doble vía, así esta expresión suene a redundancia. Es algo que necesito hacer con frecuencia, algo así como un polo a tierra, porque el marketing tiene una dinámica increíble y avanza muy rápido.

Por lo pronto, te invito a que reflexiones acerca de esta realidad: ¿Has invertido en tu conocimiento últimamente? ¿Te has actualizado? ¿O sigues aferrado a lo que aprendiste hace años por miedo a lo nuevo? El marketing, amigo mío, cambia todos los días y si no quieres quedarte en el pasado debes renovarte. Un día sin aprendizaje es un día perdido…

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Hubo un tiempo, que ya quedó enterrado en el pasado, en el que el marketing fue algo muy distinto a lo que hoy conocemos. Fue un largo tiempo, valga decirlo. Un tiempo en el que el consumidor era un agente pasivo, completamente subordinado, y el producto lo era todo. Sin embargo, como no hay mal que dure cien años, un buen día todo cambió. Es habitual que se crea que el cambio se produjo por cuenta de la llamada revolución digital, pero no es cierto. De hecho, se dio mucho antes de que esta llegara. Fue un drástico cambio de reglas que generó resistencia por parte de quienes hasta entonces tenían el sartén por el mango y no se resignaban a desempeñar un rol secundario. Como te conté en la pasada edición de MG La Revista, la del al mes de marzo, fue Jerome McCarthy el que creó este nuevo escenario. ¿Cómo lo hizo? A través de ese concepto denominado las ‘4P’ del marketing: producto, precio, promoción y plaza. Él hizo la formulación teórica, pero fue Phi8

lip Kotler el que la llevó a la práctica y la popularizó. La historia, caprichosa como cualquier bella dama, le dio el protagonismo a Kotler y mandó a McCarthy al baúl de los recuerdos. La diferencia entre uno y otro radica en que McCarthy nunca logró que sus postulados salieran del entorno académico, mientras que Kotler nos enseñó a sacar provecho de la teoría en la vida real, en nuestros negocios. Kotler nació el 27 de mayo de 1931 en Chicago (Illinois), cuando el mundo padecía las consecuencias de la Gran Depresión.


Con ese nombre se conoce la crisis económica que azotó al mundo entero y que estalló en 1929, pero que se prolongó a lo largo de toda la década siguiente (los años 30). Se originó por el derrumbe de la bolsa de Wall Street. Muchos lo consideran el padre del marketing moderno, un rótulo que no voy a discutir. Como tampoco tiene discusión que su generosa producción editorial cambió la forma en que se hacían los negocios, estableció un nuevo estándar y hoy, a pesar del nuevo siglo y de la revolución digital, está vigente. De hecho, es el pilar que sostiene la actividad. Durante décadas, se consideró que marketing consistía únicamente en vender. Las precarias estrategias que se empleaban estaban enfocadas enteramente en cerrar las ventas. Eran las épocas en la que el resultado de la gestión estaba determinado por las habilidades del vendedor, principalmente: su poder de convencimiento, su convicción. Con el producto en la mano, iba de puerta en puerta buscando a los clientes. Y cuando le abrían la puerta soltaba un discurso muy bien aprendido sobre las características

del producto. Si su verbo era lo suficientemente efectivo, lograba la venta; de lo contrario, pasaba a la siguiente puerta y volvía a comenzar de cero. Y así, sucesivamente. Cuando Kotler entró en escena, sin embargo, esto cambió. Propuso transformar el vetusto departamento de ventas en un nuevo departamento de marketing, con dos tareas claramente diferenciadas: un sector enfocado en la producción, es decir, darles a los vendedores qué ofrecer, y otro destinado a crear una buena oferta para el futuro. Esto supuso un cambio muy grande, aunque a simple vista no lo parezca. Introdujo conceptos como planeación, programación y estrategias, entre otros. Y, sobre todo, le dio realce al cliente. Lo sacó del ostracismo en el que había vivido durante décadas y les enseñó a las empresas que él era el verdadero protagonista de la historia. De forma arcaica, entonces, comenzó a hablarse de conceptos como retroalimentación, segmentación, investigación y medición. Aunque cueste creerlo, durante décadas los negocios funcionaron, vendieron, sin tener en cuenta estos preceptos. ¿Cómo lo hicieron?, no me lo imagino. Eran épocas en las que las ventas se hacían con los ojos cerrados. Kotler se encargó de abrirlos. Uno de los conceptos más importantes que introdujo fue el del cambio constante. Por mucho tiempo, los negocios se hicieron de la misma manera, con un libreto prestablecido y cuadriculado. Este personaje, sin embargo, percibió la dinámica del mercado y nos enseñó que debíamos estar preparados para el futuro. Cuando Kotler formuló su teoría, algunos creyeron que se refería a situaciones caóticas como la Gran Depresión. 9


Sin embargo, sus enseñanzas están enfocadas en anticipar lo que puede suceder en el mercado en el futuro próximo: que no te cojan con la guardia abajo. Es una condición conocida como turbulencia, la nueva característica del mercado. Lo que cada empresa y cada empresario o emprendedor debe aprender es que tiene turbulencia propia. Es decir, la tuya es diferente a la mía, y la mía es distinta de la de Apple, por ejemplo. Entonces, no hay más opción que detectar esa turbulencia, conocerla y aprender a solucionarla. En esa labor, la voz del cliente tiene un gran peso. Los emprendedores tenemos que estar muy agradecidos con Philip Kotler, porque su labor nos permitió ingresar al mercado. Antes, este era algo reservado para los grandes, para las empresas de elevados presupuestos; ahora, por la magia de la segmentación, hasta los más pequeños podemos ser competitivos y exitosos si sabemos haber marketing. ¡Wow! Más allá de eso, sin embargo, para mí el gran aporte de Kotler al marketing es el concepto de proceso. No son acciones aisladas, inconscientes o improvisadas, sino que responden a un plan, a unas estrategias, a unos objetivos. Son medibles y se enfocan en diseñar una propuesta de valor específica para nuestro cliente, una que le genere satisfacción. Hubo una época, que por fortuna quedó enterrada en el pasado, en la que el marketing era algo accesorio y secundario para las empresas. Pero llegó Philip Kotler y con sus postulados modificó las reglas. Le dio al marketing el lugar que le corresponde y nos enseñó que el éxito radica, principalmente, en saber gestionar las crisis y los cambios. Esto redundó en un nuevo enfoque para los negocios, uno en el que el cliente saltó de las profundas oscuridades a los primeros planos. Fue el primero que habló de segmentación (y de rebote nos tiró un salvavidas a los emprendedores), de 10

Según Philip Kotler, el marketing convencional, el que se hacía en el pasado, ya murió. El de hoy se basa en las relaciones que podamos establecer con nuestros clientes.


posicionamiento, de investigación de mercados y de la satisfacción del cliente a través de las experiencias. Como vez, no se trata solamente de vender. La venta, que era el objetivo primario, pasó a ser la consecuencia de tus acciones y de tus decisiones, el último de la fila en el embudo de marketing. El producto también bajó unos escalones y su protagonismo lo ocuparon la planificación y la medición de las estrategias. Y no olvides las historias, crearlas y contarlas. “Los consumidores son los que ahora tienen el poder, ellos saben mucho más que tú mismo como compañía… Antiguamente, lo único que sabía acerca de una empresa era lo que ella le decía en ese comercial de 30 segundos”, afirma. Y según Kotler, hay que estar preparados, porque el marketing, como lo conocemos hoy, será distinto al de mañana…

Los 10 mandamientos del marketing 1. Ama a tus clientes y respeta a tus competidores 2. Sensibilízate ante el cambio y muéstrate dispuesto a la transformación 3. Cuida tu nombre y sé claro respecto a quién eres 4. Los clientes son diferentes; dirígete primero a aquellos a los que más puedas beneficiar 5. Ofrece siempre un buen envase a un precio justo 6. Muéstrate siempre visible y asequible y sé portador de buenas nuevas 7. Consigue clientes, consérvalos y haz que crezcan 8. Sea cual sea tu negocio, es una empresa de servicios 9. Perfecciona continuamente tu proceso de negocio en términos de calidad, coste y entrega 10. Recaba información relevante, pero utiliza tu sensatez para tomar la decisión final 11


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No hay mal que dure cien años, ni cliente que lo resista. Durante décadas, el cliente fue prácticamente un cero a la izquierda: solo contaba cuando compraba; si no compraba, se volvía invisible. Fue durante la prehistoria de los negocios, una era que se terminó el día en que ese actor pasivo decidió liberarse de las cadenas y gritar “¡Libertad, libertad!”. No fue fácil, ni rápido, pero lo consiguió. Fue un lento despertar, un largo proceso en el que primero tuvo que ser consciente de su rol, después debió vencer sus miedos (que no eran pocos) y después halló el escenario de la emancipación. ¡Toda una gesta! Sin embargo, más allá de las heridas sufridas, de las cicatrices, fue algo que valió la pena. De la mano de la tecnología, la irrupción de nuevos medios, de nuevos y poderosos canales de comunicación, provocó que el cliente entendiera que no podía seguir en el ostracismo. Poco a poco, clic a clic, a través de internet descubrió un universo ilimitado de conocimiento y de oportunidades. ¡Descubrió la interacción y ya no quiso ser sometido! La interacción digital es algo fascinante. A veces nos cuesta entender cómo ahora es tan fácil comunicarse al instante con una persona que está a miles de kilómetros de distancia. Antes, hace no muchos años, era una utopía. A veces nos cuesta entender también que podemos comprar artículos de cualquier marca, sin necesidad de ir a la tienda. Podría darte mil y un ejemplos más de cómo esta interacción nos cambió la vida para bien,

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pero estoy seguro de que tú conoces (o has sido protagonista) de esos y muchos episodios más. El primer efecto de la interacción digital fue que empoderó al consumidor: dejó de ser un objeto pasivo y se convirtió en uno muy muy activo en varios sentidos. Uno, que supo que era una pieza muy importante del engranaje, y decidió asumir y disfrutar ese nuevo rol. Dos, que entendió que podía (y debía) hacerse escuchar, y dejó atrás ese silencio cómplice que durante décadas lo condenó. Tres, que aprendió que podía obtener lo que deseaba, no solo lo que le ofrecían, y salió a buscarlo y adquirirlo.

Fue algo así como un golpe de estado para las empresas y empresarios que por tanto tiempo fueron dueños de la situación. Los obligó a cambiar los hábitos, a aceptar las nuevas reglas del juego (así fuera a regañadientes) y a darle al consumidor la importancia que se merece. No fue una cirugía cosmética, sino un cambio radical, del cielo a la tierra. Hoy sabemos que la consecuencia más impactante de este cambio fue que debimos aprender a brindarle experiencias satisfactorias y enriquecedoras al cliente para garantizar su fidelidad y su lealtad. ¿Lo mejor? No fue una derrota, de ninguna manera. Fue, por el contrario, una victoria para todos, porque ahora los beneficios son compartidos. La relación, que era eminentemente racional, se transformó en una muy emocional. Con consecuencias increíbles: tenemos la posibilidad de entrar al corazón de nuestro cliente, conocer sus sueños, compartir sus dolores y ayudarle a cristalizar los primeros y a solucionar los segundos. Un maravilloso aprendizaje de doble vía: la retroalimentación. Antes, el consumidor compraba porque el producto le parecía bueno, lo necesitaba o, simplemente, porque el precio se ajustaba a su presupuesto. Hoy, esos factores pasaron a un segundo plano, porque lo que el cliente espera de nosotros es que establezcamos una conexión que lo transporte al mundo de las experiencias increíbles e inolvidables. El marketing de hoy, por cuenta de este cambio, es prácticamente personalizado.

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Ya no le puedes apuntar al bosque, al bulto, como lo hacíamos en el pasado. Ahora tienes que conocer muy bien a tu cliente, saber cuál es su problema y diseñar la solución adecuada. Necesitas, además, estar en permanente contacto con él y nutrirlo de diversas formas. En virtud del empoderamiento, y dado que la información y el conocimiento se encuentran a un clic de distancia, solo quiere lo mejor para él. Busca, investiga, prueba, erra y acierta. No le teme al fracaso si sabe que, a la vuelta de la esquina, obtendrá la recompensa que espera. Interactúa, critica, opina, exige, sugiere, comparte conocimiento, nos nutre.

Ya no le puedes apuntar al bosque, al bulto, como lo hacíamos en el pasado. Ahora tienes que conocer muy bien a tu cliente, saber cuál es su problema y diseñar la solución adecuada.

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La persona (o personalización) es la primera de las nuevas ‘4P’ del marketing. Implica que ahora nuestros productos y servicios, nuestro trabajo, tienen que estar enfocados en atender las necesidades de los clientes. Significa que esos productos y servicios deben estar diseñados para satisfacer sus requerimientos, para darle experiencias positivas. Una última acotación: tan importante como el rol que ahora desempeña tu cliente es el que les corresponde a quienes trabajan contigo. Las nuevas reglas del juego exigen que esas personas estén alineadas con tu visión, tus valores, tus objetivos y, por supuesto, tu misión: ayudar a transformar la vida de tus clientes y llevarlos a cumplir sus sueños.


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Proceso:

esta es la clave del éxito sueño que siempre habías anhelado: viajes, lujos, descanso, placer…

La automatización es el sueño dorado de cualquier emprendedor. Por eso, también es uno de los más difíciles de conseguir. No solo porque se requiere invertir en tecnología, sino también porque implica un cambio de mentalidad que muchos no pueden obrar. Entonces, se da el peor de los escenarios: se vuelven esclavos de su negocio o tiran la toalla. ¿Cuál es el problema? Se han dejado meter en la cabeza la idea de que la automatización es un clic. En otras palabras: que si compras X o Y herramienta, que si tomas X o Y curso, basta un clic para poner a funcionar tu negocio en piloto automático. Después, puedes ir a darte la vida de en18

Si tú eres de los que todavía creen en eso, déjame decirte, amigo mío, que estás muy equivocado. Y, si no recapacitas pronto, tarde o temprano te darás un duro golpe contra el planeta. Llevo veinte años en el mundo de los negocios digitales y puede decirte, con absoluta franqueza, que no conozco a una sola persona que haya podido hacer eso. Es cierto que si haces bien tu trabajo en algún momento disfrutarás de eso que llamamos estilo de vida de internet. Pero, no es tan fácil como hacer un clic, y listo. Se requiere tiempo, mucha paciencia, más tiempo y mucha paciencia. Y, sobre todo, algo que muchos emprendedores omiten o consideran secundario: un método, un proceso, una estrategia.


La competencia creció exponencialmente y, lo más destacado, la oferta superó con creces a la demanda. ¡Un decorado muy diferente! Proceso es la segunda de las nuevas ‘4P’ del marketing, una revolución fantástica. En el pasado, en la prehistoria de los negocios, el único objetivo era vender. Las estrategias de promoción, sin embargo, eran precarias, como precario era el conocimiento del cliente. Bastaba ofrecerle el producto a un precio asequible y la transacción era un hecho.

Esa nueva realidad nos obligó a replantear lo que hacemos y, sobre todo, la forma en que lo hacemos: ¡adiós a la improvisación, adiós a actuar con los ojos cerrados! Además de conocer a nuestro cliente y entablar una relación cercana con él, también necesitamos ajustar nuestro negocio para que cumpla con los nuevos estándares y requerimientos.

Así, fácil, sencillo. Sin embargo, con el empoderamiento y el aprendizaje que el cliente adquirió con la llegada de la tecnología que lo puso a solo un clic de un universo ilimitado de información, las reglas cambiaron. La competencia creció exponencialmente y, lo más destacado, la oferta superó con creces a la demanda. ¡Un decorado muy diferente!

Una de las tareas imprescindibles para un emprendedor es diseñar e implementar los sistemas que le permitan operar con altos niveles de calidad y, por ende, competir en el mercado con ventaja (o, al menos, no en inferioridad de condiciones). No es una necedad, sino una necesidad: es la diferencia entre alcanzar el éxito o condenarte al fracaso.

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La ansiada automatización solo es posible cuando ese sistema funciona como un relojito suizo. Cuando cada acción está sustentada y relacionada con las demás, de modo que tus estrategias sean un perfecto rompecabezas. Nada debe estar al azar, no puede haber improvisación y los resultados están determinados por tus acciones y decisiones. Lo más importante, sin embargo, es que todo este engranaje debe responder a las necesidades, gustos y aspiraciones de tus clientes. ¡No a las tuyas!, sino a las de tus clientes. De lo contrario, no solo carecen de sentido, sino que tarde o temprano tu negocio dejará de ser la mejor opción para tus clientes y ellos se irán con la competencia. El diseño y la implementación de procesos en tu negocio arroja múltiples beneficios. Uno, tienes el control de lo que haces. Dos, puedes medir el impacto de tus acciones, tanto de manera global como individual.

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Automatizar es posible cuando cada acción está sustentada y relacionada con las demás, de modo que tus estrategias sean un perfecto rompecabezas.


La ansiada automatización solo es posible cuando ese sistema funciona como un relojito suizo.

Tres, optimizas las acciones, es decir, sacas el mejor provecho de tus recursos. Cuatro, tienes capacidad de reacción a las eventualidades. Sin embargo, lo más importante, la verdadera razón por la cual la automatización de tu negocio tiene sentido, es que ganas tiempo. El tiempo, seguramente lo sabes, es el activo más valioso de tu negocio y de tu vida: es lo único que no puedes recuperar. Cada minuto que pierdes es irremplazable y, además, impacta tus resultados de manera integral. El ansiado piloto automático es posible, pero debes ser consciente de qué se necesita para conseguirlo. Mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucho sacrificio. También, planificación, actualización permanente, implementación de tecnología, inversión y un eficiente equipo de trabajo. Y algo que muchos pasan por alto: debes escuchar siempre a tus clientes. En procura de brindarle a tu cliente experiencias satisfactorias y enriquecedoras, la implementación de procesos eficientes y productivos es obligatoria. Este es un gran avance de la revolución tecnológica y, también, uno de los factores que te permiten ser diferente y visible en el mercado. ¡Es la clave del éxito en los negocios del siglo XXI! 21


Presencia: el valor del don de la ubicuidad

Cuando era niño, el barrio era el mundo. Lo conocíamos al detalle, cada esquina, cada jardín, cada parque. Sabíamos quién vivía en cada casa, y hasta conocíamos sus hábitos. A cada uno lo llamábamos por su nombre y el vecino era, por lo general, el mejor amigo. El barrio era un mundo feliz y, quizás por eso, algún día tuvimos que dejarlo. Una de las características que más me gustaban del barrio era que había un lugar para todo: la tienda, para los dulces; el mercado, para los víveres; la panadería, para el desayuno; la fama (carnicería), para el almuerzo, y así sucesivamente. Y el dependiente de cada uno de esos negocios era un personaje: don Pedro, don Juan, doña María…

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Cuando necesitábamos algo o cuando teníamos un antojo, sabíamos a donde ir. Y me gozaba el recorrido, que era de unas cuantas calles, a sabiendas de que en mi destino encontraría eso que tanto anhelaba. ¡Cómo lo disfrutaba! De alguna forma, sin hacerlo consciente, esos lugares eran mi felicidad y don Pedro, don Juan, doña María, mis ídolos. Conocía de memoria cada uno de esos locales, al punto que con mis amigos jugábamos a ir con los ojos vendados y buscar algún producto: ¡siempre lo encontrábamos! Esos lugares eran nuestra segunda casa. Así no compráramos algo los visitábamos a diario, porque los disfrutábamos, porque allí éramos felices, porque nos sentíamos parte de ellos. Sin embargo, un día me fui el barrio, dejé atrás ese mundo feliz, y cargué solo con los recuerdos. Cuando viajo en el tiempo y me transporto a esa época, la memoria vuelve a ubicarme en cada uno de esos lugares, como si fuera niño otra vez. Y, como si fuera hoy, recreo la tienda, la panadería, la fama, todos esos lugares del barrio en que fui feliz. Después, con los años, aprendí que esas experiencias de mi infancia y adolescencia encierran grandes lecciones de marketing. A través de la experiencia y por lo que me enseñaron mis mentores, entendí la importancia de brindarle al cliente un lugar en el que se sienta feliz, donde sus sueños se hagan realidad, donde sus recuerdos echen raíces. Poco a poco, aprendí que la clave del éxito de mi negocio era que mis clientes se sintieran allí como en su segunda casa. Aprendí también que la presencia, la ter-

cera de las nuevas ‘4P’ del marketing, es un pilar importante de tu negocio. Está relacionado estrechamente con el ambiente en el que ofrecemos nuestro producto o servicio, y su trascendencia. Bien sabemos que todo entra por los ojos, que la primera impresión es la que vale. Pasa en la vida real, pasa en los negocios. Sin embargo, no podemos quedarnos ahí: la tan cacareada revolución digital nos demostró que la presencia también es la forma en que interactuamos con el mercado, la imagen de nuestra marca, su posicionamiento. Antes, te contaba, era toda una experiencia salir de casa e ir a la tienda del barrio a buscar un producto. Hoy, ese es un hábito exótico: ¡los productos vienen a nosotros! Es una transformación increíble. A través de los canales digitales, todo el día, todos los días, estamos conectados a eso que necesitamos, a lo que deseamos, a lo que aspiramos… Las figuras de don Pedro, don Juan o doña María, mis ídolos de la infancia, fueron sustituidas por un teléfono inteligente, un reloj inteligente, una tableta, en fin, por un dispositivo móvil. Son muy pocos los productos que no podemos adquirir a través de internet: a un solo clic de distancia está lo que queremos, y nos llega de inmediato. Una de las ‘4P’ originales es Plaza (o punto de venta), concebido como un lugar físico al que acudimos para adquirir lo que necesitamos. Como la tienda de don Pedro.

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A través de la experiencia y por lo que me enseñaron mis mentores, entendí la importancia de brindarle al cliente un lugar en el que se sienta feliz, donde sus sueños se hagan realidad, donde sus recuerdos echen raíces. Hoy, sin embargo, la tecnología nos enseñó que ese concepto evolucionó y se transformó en Presencia, con una característica especial: hay que tener el don de la ubicuidad. ¿Sabes en qué consiste? Esta palabra proviene del latín ubique, que significa “en todas partes”. Es una definición que, como se dice popularmente, tenemos que tomar con pinzas. ¿Por qué? Porque no la podemos asumir literalmente, a riesgo de malgastar recursos. En el mundo de los negocios hay que estar donde están los clientes, nada más. Optimizar recursos y conseguir un mayor impacto son, entre otros, los beneficios

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de estar presentes donde están tus clientes. Tus mensajes no se dispersan, tus acciones ofrecen resultados más efectivos. Tenemos que aprovechar el don de la ubicuidad, pero sin despreciar el mundo físico, el offline, por creer que vivimos en la era de lo virtual. Antes, estábamos sometidos a esperar que los clientes llegaran a nuestro negocio o invertir en publicidad. Hoy, gracias a la revolución digital, a las facilidades que nos brinda la tecnología, disfrutamos el don de la ubicuidad. Es una experiencia maravillosa estar donde están nuestros clientes, ser parte de su vida y que ellos sean parte de la nuestra.


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Productividad: fabricar experiencias inolvidables

En el papel, productividad “es la relación entre la cantidad de productos derivada de un sistema productivo en relación con los recursos utilizados. También puede ser definida como la relación entre los resultados y el tiempo utilizado para conseguirlos”. En esencia, “debe ser definida como el indicador de eficiencia” que acredita un negocio.

La clave de la productividad, para un emprendedor, radica en dos aspectos: uno, tener el control de lo que haces y, dos, medir con precisión el resultado de cada una de tus acciones. Dado que no contamos con grandes presupuestos, que no tenemos equipos numerosos, necesitamos optimizar los recursos, hacerlos rendir, como dirían los abuelos.

Está claro que es un negocio y que el objetivo es que sea rentable, sostenible, para que perdure en el tiempo. En el caso de los emprendedores, sin embargo, este concepto hay que repensarlo porque adquiere unas connotaciones adicionales, porque amplía el abanico de sus acepciones. Sí, llega hasta el límite de ayudar a transformar las vidas de otros.

La adecuada combinación de producto, proceso y productividad, además, deriva en otro concepto muy importante: calidad. Es común que muchas empresas y emprendedores consideren que su diferencial es el producto (y puede serlo), pero en realidad lo que llama la atención del consumidor, lo que hace que se incline por tu oferta, es la calidad.

En términos raciones, la productividad está estrechamente relacionada con Producto, la primera de las ‘4P’ originales, y con Proceso, la segunda de las nuevas ‘4P’ del marketing. Son una cadena: dependen la una de la otra. Si algo falla en el proceso, lo más seguro es que el producto no satisfaga al cliente y, entonces, se afecte la productividad del negocio.

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Es una suerte de malabarismo: necesitas un buen producto que esté ajustado a tu presupuesto, pero que también corresponda a las exigencias y anhelos del mercado. No puedes excederte, so pena de hacer inviable económicamente tu negocio, pero tampoco puedes rebajar la


calidad, a riesgo de convertirte en otro más, en uno igual al resto. Además, la irrupción de la tecnología, que está al alcance de todos, nos permitió a los emprendedores competir legítimamente en un mercado que antes estaba reservado solo para los grandes: en presupuesto, en recursos, en posicionamiento, en impacto. Es, sin duda, un reto apasionante, pero implica una responsabilidad que supera a algunos. Algo que debes entender es que, en el caso de la productividad, el fin sí justifica los medios. ¿Eso qué quiere decir? Que cada paso que des, cada decisión que adoptes, cada recurso que utilices, cada dólar que inviertas, repercute directamente en la productividad, en la calidad de lo que ofreces. No puede haber ruedas sueltas o cabos sin atar. Y cuando falla el sistema no podemos satisfacer al cliente, que hoy es lo más importante. Y esa es la otra cara de la evolución del término, una que podríamos llamar emocional: en esta era digital, la productividad se mide también desde otra vereda: la experiencia del cliente.

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En el caso de los emprendedores, sin embargo, este concepto hay que repensarlo porque adquiere unas connotaciones adicionales, porque amplía el abanico de sus acepciones. Sí, llega hasta el límite de ayudar a transformar las vidas de otros. Esta es, al fin de cuentas, la que marca la pauta de nuestra relación con él. Quizás el producto sea satisfactorio, quizás el precio sea conveniente, quizás le demos la solución a su problema, quizás… Sin embargo, si la experiencia no colma sus expectativas, nos dirá adiós y se irá con la competencia. Son las reglas del siglo XXI, en virtud de una oferta que supera con creces la demanda: solo si es feliz, el cliente se queda con nosotros. Por eso, la productividad también se mide ahora en otros términos: los del valor agregado. Cuando nos damos a conocer en el mercado, cuando tenemos el contacto inicial con el prospecto, hacemos una promesa que, se supone, vamos a cumplir. Y quizás lo hagamos, pero eso no siempre es suficiente. Los nuevos estándares exigen más, mucho más.

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El valor agregado se expresa como calidad top, como servicio al cliente sobresaliente, como contenido de calidad gratuito que educa y enriquece al cliente y estrecha el vínculo para que se convierta en evangelizador de nuestra marca. Esa es la nueva concepción de productividad y también requiere el diseño y la implementación de sistemas eficientes. Esta otra acepción de productividad, más ligada a lo emocional que a lo racional, también es susceptible de medirse. De hecho, sería un grave error no medir los resultados de estas acciones. ¿Cómo hacerlo? La más sencilla, directa y efectiva alternativa es consultar al mercado, preguntarles a nuestros clientes. Y la tecnología nos da el apoyo ideal. La razón de ser de un negocio en el siglo XXI va más allá de los números, de las cifras económicas, que siguen siendo el soporte racional. Pero, en especial los emprendedores, debemos entender que hay otro tipo de productividad que nos permite descollar en el mercado: aquella que se traduce en experiencias inolvidables para el cliente.

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ENTREVISTA

La automatización perfecta es servir y ser feliz El sueño dorado de cualquier emprendedor es la automatización ciento por ciento de su negocio. Por supuesto, es algo fácil muy difícil de lograr. De hecho, Geni Ramos, especialista en automatización y una de las voces más autorizadas del mercado de los negocios digitales en el mundo hispano, está convencida de que no es posible. “Esa idea del ordenador en la playa y el negocio ciento por ciento en piloto automático NO existe”, afirma, con énfasis especial en el NO (en mayúsculas). “Por lo menos, ese no es mi caso”, dice con honestidad. Lo que quizás Geni y los emprendedores debemos aprender es que no hay una automatización perfecta, y tampoco la necesitamos. ¿Por qué? No existe porque, más allá de los beneficios que nos ofrecen las poderosas herramientas digitales, no podemos desconectarnos completamente de nuestro negocio. Y no es conveniente, tampoco, porque eso significaría desconectarnos también de nuestros clientes, que son la razón de ser de lo que hacemos, que son nuestro activo más valioso.

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No la necesitamos, tampoco, porque si bien los emprendedores cultivamos un estilo de vida que nos permite disfrutar de la vida, nuestro negocio no es un trabajo convencional. Hacemos lo que hacemos por pasión, porque lo disfrutamos, porque nos brinda felicidad, porque nos permite el enriquecedor contacto con nuestros clientes. ¡Necesitamos trabajar! Por eso, a lo que debemos tender a es encontrar el adecuado punto de equilibrio entre trabajo presencial (el que solo podemos hacer nosotros, el contacto directo con nuestros clientes), trabajo automatizado (el que nos facilita la tecnología) y una vida plena. Si bien ha dado grandes pasos en ese proceso, Geni admite que está lejos de alcanzar la meta. “El dinero en internet se puede ganar sin tener que estar 10 horas frente al ordenador. Si tuviese que volver a empezar, me enfocaría más en la estrategia y en la creación de infoproductos, en vez de dar servicios durante 6 horas al día. Al final de cada jornada terminas muy cansado y no le dedicas tiempo a lo que realmente importa”, afirma. Y lo que realmente importa es que Geni vive su trabajo con pasión, está comprometida con ayudar a sus clientes y disfruta lo que hace. “¡Lo mejor es la libertad! Soy feliz de hacer lo que me apetezca: viajar, tomar vacaciones o trabajar desde cualquier lugar del mundo”, explica. Por eso, no se ve en un trabajo distinto, en uno convencional. “Cuando estaba comenzando este camino, me ofrecieron más de una oportunidad de trabajo. Sin embargo, recuerdo la flexibilidad y la libertad que tengo, y que ninguna empresa puede ofrecerme, y la desecho”, asegura. Aunque nadie puede decir de esta agua no beberé, Geni no se plantea esa posibilidad: “Vivo demasiado bien”, agrega. Llegar hasta este punto, sin embargo, no fue tan fácil como puede parecer. De hecho, fue bien difícil. Cuando terminó los estudios de Publicidad y Relaciones Públicas (el mundo de las

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comunicaciones es su gran pasión), España vivía días complicados por cuenta de una grave crisis económica que literalmente echó por tierra los sueños de muchos. “No me podía quedar aquí, así que me fui al Reino Unido”, cuenta. Sí, así no más, de un día para otro, empacó maletas, se despidió de su familia y amigos y abandonó Sils, un pequeño pueblo de poco más de 6.000 habitantes, ubicado en la provincia de Gerona, en Cataluña, y se fue a las islas británicas. ¡Fue la mejor decisión que tomó en su vida! “Allí descubrí el marketing digital mientras trabajaba en una agencia. Me certifiqué en Infusionsoft y vi la oportunidad de mercado que había en España”. Cuando concluyó su contrato, sintió que había un gran vacío en su vida: extrañaba de más a su familia y a sus amigos. Entonces, tomó el avión de regreso a casa y empezó su negocio digital. El espíritu emprendedor Geni lo lleva en el ADN: sus padres son emprendedores y, por eso, creció con la idea de transformarse en uno ella también. A los 19 años, luego de que sus padres se separaron, abrió un bar en el pueblo. Uno pequeño que le dejó grandes enseñanzas: “Aprendí cómo funcionan los negocios y decidí que no trabajaría para otros”. No fue solo el aprendizaje: también preparó centenares de mojitos, compartió grandes momentos con los clientes y ahorró el dinero que le permitió viajar al Reino Unido y la vida le abrió un universo infinito de oportuni34

dades, de maravillosas experiencias. Una de ellas, la conferencia de Dan y Nick, dos influencers ingleses, a la que asistió en Londres. “Allí vi en el escenario a Frank Kern, Jeff Mask y otros referentes de la industria y me di cuenta de a gran oportunidad de negocio que había en internet”, relata. Aunque no tenía idea de en qué se estaba metiendo, y tampoco conocía a los referentes del mercado en español, ya no pudo echar marcha atrás: estaba completamente atrapada, enamorada. Después aparecieron en su vida Vilma Núñez, Laura Ribas, Benlly Hidalgo y otros que le mostraron el camino: “Ellos son los grandes del mercado y yo quiero ser también uno de ellos”, afirma. “Vilma me dio el empujón para crear mi primer infoproducto y Benlly es una fuente de inspiración sobre


todo en el balance de vida profesional y personal”. Y más tarde llegaron a su vida Miquel Baixas, su mentor desde diciembre de 2016, y otros maestros que dejaron profunda huella: Hyen Uk Chu (negocios), Tatiana Arias (finanzas), Walter May (embudos de ventas), Christian y Alfonso (productos prémium) y Álvaro Mendoza (su historia). Y hay más, una lista interminable, como sus sueños y proyectos. Uno de ellos, uno muy importante, es recuperar su ritmo en el deporte. “Uno de los motivos por los que me fui al Reino Unido fue que sufrí una lesión en la espalda y no puede continuar con la temporada de Twirling”, cuenta. Esta es una disciplina que combina la gimnasia rítmica y el baile, además de la ejecución de juegos malabares. En febrero de 2017, Geni estuvo en Disneyworld,

en Orlando (Estados Unidos), en una competencia internacional llamada Twirlmanía: fue tercera entre 100 participantes. “Este año, mi meta es balancear mejor mi vida deportiva con la profesional y volver a la Twirlmanía en febrero de 2019”, dice ilusionada. ¡Lo logrará, seguro que sí! ¿Cómo lo sé? Porque conozco las dos premisas que orientan la vida de Geni, las mismas que le han permitido cumplir otros sueños, servir a otros y convertirse en inspiración para muchos: una es que debes ser feliz en lo que haces, y ella es muy feliz; otra es que el camino no es fácil, pero cualquier meta se pueda alcanzar si en verdad te lo propones. “Sin duda, este viaje ha valido la pena”, dice. ¡Claro que ha valido la pena! En unos pocos años, ayudó a más de 100 emprendedores a implementar Infusionsoft para automatizar sus negocios, con un 90 por ciento de casos de éxito. “Lo único que me hace falta es hacer crecer mi equipo de trabajo ¡Ese sí que es un buen reto!”. Uno que Geni, sin duda, aprobará.

¿Quieres saber más de Geni Ramos? https://www.laconsultoriadigital.com/ https://www.facebook.com/ramos.geni https://twitter.com/geni_ramos?lang=es https://www.instagram.com/geniramos/?hl=es-la

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ENTREVISTA La magia de aprender de los errores “Soy una mujer única, poderosa, grandiosa, exitosa, amorosa, tierna y una fuente de inspiración”. Esa es la forma en que Lorena Ochoa Rubio se presenta en su perfil de Facebook, clara muestra de aquella dualidad de las palabras: cuando lo dicen todo, pero también cuando son insuficientes para expresar el valor íntegro de una persona. Nacida en Bogotá, a los 31 años Lorena ha vivido con tanta intensidad y ha experimentado tantos fracasos que cualquiera podría pensar que la suya es la historia de una persona de 60 años, o de 90. Su espíritu, sin embargo, sigue siendo el de una niña soñadora, el de una jovencita que no renuncia a lo que desea, el de una luchadora que no se rinde. La suya podría ser la historia de cientos de miles de mujeres latinoamericanas, a las que la vida puso en este mundo en medio de precariedad. Sin embargo, cuando llegues al final de la nota te darás cuenta de que la de Lorena Ochoa es una historia extraordinaria no solo por el proceso (errores, aprendizajes), sino por los resultados (transformación). Su madre, Nancy Rubio, ha trabajado toda la vida en un salón de belleza y con eso sacó adelante a sus dos hijos. Fue madre soltera y tuvo que enfrentarse a grandes dificultades para conseguir este objetivo. Fabián, su hermano, trabaja en el mundo de las farmacéuticas y siempre fue el cómplice, el apoyo y la 36

inspiración para Lorena. “De mi papá lo desconozco todo”, dice. Fue alguien que siempre estuvo ausente y que cuando se presentó fue para ocasionar más problemas. También está Yohana, la hermana de la que solo supieron muchos años después, abogada, con la que Lorena tiene hoy una relación cercana. “Creo que es de lo mejor que me ha pasado en la vida”, asegura. Siempre soñó con ser artista diseñadora, y hoy lo es, pero entre el punto A y el punto B hay no solo un largo camino, sino un sinfín de dificultades. Por las carencias económicas, en el colegio no le permitieron cursar el último año de bachillerato y ese fue el comienzo de muchos tropiezos. “Fue algo frustrante, porque era una niña y no sabía qué hacer”. Entonces, empezó a trabajar en el salón de belleza de mamá, donde un cliente, rector de un colegio oficial, le dio la oportunidad de terminar los estudios. Sin embargo, dado que no podía acreditar haber cursado los dos años anteriores, no se pudo graduar. Y, sin el diploma, tampoco pudo ingresar a la universidad. Era un oscuro túnel sin salida. Entró a trabajar en McDonald’s y luego se matriculó en Unitec, para estudiar Diseño Gráfico. Pero, como suele ocurrir, tuvo que escoger: trabajo o estudio, y no podía dejar de trabajar.


“En la casa, al que primero entró a la universidad, mi hermano, se le brindó todo el apoyo, mientras yo trabajaba”, cuenta. Así, entonces, llegó a El Corral Gourmet. Si bien creció laboralmente y aprendió mucho, en esta etapa la influencia del ambiente y de las personas hizo que perdiera el norte. “Me inventé la historia de que el Diseño Gráfico no me iba a dar lo que necesitaba para vivir bien y, como le tenía terror a la pobreza, dejé los estudios”. Años más tarde, entendería que fue un grave error, una decisión emocional. El siguiente paso, surgido también desde el fondo del corazón, significó otro tropiezo. “Me cansé de ver sufrir a mi mamá y dejé la casa, convencida de que yo era el problema”. Tenía 19 años y se lanzó a enfrentar la vida real, con todas sus consecuencias, sin estar preparada para eso. Y lo pagó caro, por supuesto, porque cometió otras equivocaciones. Después surgió la posibilidad de irse a Austria, a trabajar como niñera (nana), pero resultó una estafa. Para colmo, había dejado su trabajo y, otra vez, vuelva a empezar. Lo hizo, de nuevo, acompañando a su mamá. Una clienta del salón de belleza, que administraba un local de accesorios para mujer en un centro comercial, se la llevó a trabajar con ella. Era la firma Accessorize, parte del Grupo Sterling Joyeros. “Empecé a aprender y, sobre todo, a reconectarme con lo que quería.

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Me convertí en la mejor asesora y comencé a ascender”. Un ascenso en el que, claro, hubo caídas. La empresa creció y se abrieron no solo más tiendas, sino también la puerta de las oportunidades. Y las aprovechó. Logró que Alan Bursztyn, el gerente, la nombrara Visual Merchandising de la marca. “Comencé a capacitarme, estudiaba sola, buscaba artículos en internet y trataba de aprovechar las capacitaciones de los expertos de la marca”. Por los resultados acreditados, la promovieron como coordinadora nacional, con una condición: debía estudiar. Ingresó a la Escuela Arturo Tejada Cano, a cursar Diseño y Mercadeo de Modas. Y luego llegó al país Par Fois, otra marca del Grupo Sterling Joyeros, en la que brindó apoyo. “Era estudiar, trabajar y viajar”. Al poco tiempo, se reventó: dijo no más y se fue a Naf Naf, otra marca femenina, como coordinadora comercial. Pero, no le renovaron el contrato. Pensó que era el momento de comenzar a construir sus sueños. Por intermedio de una amiga llegó a donde el fotógrafo Óscar Nizo, reconocido en el ámbito de la moda, que la ayudó solo cuando vio su persistencia, su terquedad, su pasión. Hicieron unas fotos que se convirtieron en la identidad de la marca con la que se presentó a una pequeña feria. Le fue bien, pero el dinero que recibió solo alcanzó para pagar las deudas. Después estuvo en otra feria, más grande, pero la falta de un sustento sólido la llevó a fracasar de nuevo, y lo perdió todo. “Aprendí que para realizar tus sueños tienes que pagar un precio, y el del emprendimiento 38

es alto. Y, también, que para triunfar no es suficiente con las ganas”. Tiró la toalla y regresó a la realidad: se vinculó al Centro Comercial Diverplaza, como directora comercial. Fue como la universidad y la maestría en lo relacionado con las marcas, los aspectos financiero y legal y, claro, el contacto con los clientes. “Entendí cómo es el verdadero funcionamiento de un negocio”. Pero, volvieron las dificultades. La salud le jugó una mala pasada: le diagnosticaron el Síndrome de Ovario Poloquístico, y tuvieron que intervenirla para extraer un tumor. Durante la cirugía, los médicos vieron que todos los órganos de su cuerpo están unidos unos con otros por adherencia peritoneal, origen de males como migraña severa, glicemia, retención de líquidos y otros. Por esos problemas de salud, que le impedían desempeñarse a plenitud, le cancelaron el contrato de trabajo. “Esa noche, llegué a mi casa y me senté en el cuarto a ver las fotos que tenía en el teléfono, y me encontré aquellas con las que todo había iniciado”. Fue un duro golpe, porque entendió que se había rendido sin razón, abandonado sus sueños. “Retomé otra vez, de cero”. A través de Santiago Velilla, un amigo, volvió a producir sus accesorios con la idea de presentarse en una feria llamada Whatcho. Aunque no tenía un centavo, le ayudaron con el estand. “Entendí los errores que había cometido y que yo era la responsable de mis fracasos, por las decisiones que había tomado, por no planificar”.


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Tras haber adquirido una nueva deuda, con la mercancía lista, recibió otro golpe: la feria se canceló. “Fui a donde Santiago y le rogué, pero no cambió su decisión. Me fui para la casa y pasé toda la noche llorando”, relata. Había subido unos peldaños en la escalera y creía que por fin nada iba a detenerla, pero la vida la puso otra vez en el punto de partida. Lo que Lorena no sabía es que la vida le enviaba un mensaje cifrado que ella, en aquel momento, no comprendió. Estaba involucrada en un entrenamiento, un coaching de vida, en el que conoció a Oswaldo y Jasbleidy, sus actuales socios. Son dueños de Terranoil, una empresa que exporta aceite de palma y glicerina, y hoy son sus ángeles de la guarda. Desesperada, cansada de fracasar una y otra vez, se reunió con ellos y les pidió ayuda. “Llegué con el paño en el que cargo mis accesorios y les hable de mi negocio”. Les contó sus sueños, su experiencia, sus tropiezos, su experiencia. “Uno de los momentos más felices de mi vida se dio cuando él me preguntó: Bueno, ¿qué hay que hacer”. Estaba en una etapa de la vida de esas que nadie puede explicar, de esas en las que uno ve tragedia cuando en realidad hay oportunidad. “La vida es un tren de oportunidades y el que se sube a él tiene que aguantarse lo que ocurra dentro del tren”. Por supuesto, ella se subió y hoy disfruta los gozosos de la vida: el pasado 22 de diciembre abrió Nice for Me. Tras 15 intensos días de trabajo, abrieron las puertas. “Todavía no lo creo. Es increíble lo que ocurre cuando tú como emprendedor dejas de pensar en el hacer y te enfocas en el ser. Cuando tú eres, logras cosas, se te abren puertas, la gente cree en ti”. Ahora, el reto es hacer que la gente conozca la marca, que la conviertan en una de sus preferidas. 40


A pesar de la inmensa dicha de, por fin, ver cristalizado su sueño de tener un negocio propio, Lorena sabe que los momentos difíciles están a la vuelta de la esquina, y está lista para enfrentarlos. Como también está lista para arrancarle a la vida más días felices, más sueños, más experiencias gratificantes, más conocimiento, más alegrías, más sonrisas…

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REFLEXIÓN

La segunda oportunidad de

La vida le sonreía: acababa de nacer Silvana (llamada igual que la abuela), su primera nieta; su tema Por estas calles no solo le había dado el nombre a una telenovela, sino que se convirtió en el grito de batalla de sus compatriotas, en protestas contra el presidente Nicolás Maduro. Y su álbum Sueños clandestinos había sido nominado al Grammy Latino. ¿Qué más le podía pedir a la vida? Una segunda oportunidad, sin duda. Pocos días antes de asistir a la gala en Las Vegas (finalmente, no obtuvo el premio), tropezó al subir a la tarima para dar un concierto en Miami. Después descubrió un grande hematoma de color negro en el brazo. “Pensé que era por la adrenalina, pues no sentí un golpe fuerte”, dijo. En los días siguientes, sin embargo, vio cómo aparecían en diferentes partes del cuerpo hematomas similares. Esa fue la voz de alerta. Su vida en ese momento era normal y su salud, perfecta, según le dijo al médico que lo atendió. Después de una serie de rigurosos exámenes, le dieron el diagnóstico: sufría mielodisplasia, un cáncer de la médula espinal. Corría el mes de febrero de 2014 y a Giordano Di Marzo, Yordano para sus millones de seguidores en el planeta, se le caía el mundo 44

a pedazos. Sin previo aviso, de un día para otro, pasó de estar en la cima a tener que enfrentar a una traicionera enfermedad que lo puso cara a cara con la muerte. Hoy, esa batalla por la vida continúa y la quiere ganar. Durante meses, sin embargo, Yordano guardó silencio: no quería que sus fans supieran por lo que estaba pasando. Sin embargo, como es habitual, comenzaron los rumores y tuvo que afrontar la situación. Contó la verdad y cómo su vida se había convertido en un infierno, porque pasó a ser una víctima más de la situación límite que vivía Venezuela. La noticia, debo confesarlo, me produjo un gran impacto. A finales de los años 90, cuando aún vivía en Colombia, con frecuencia me reunía con mis amigos a escuchar música y los temas de Yordano no podían faltar. Manantial de corazón siempre fue mi preferida y no solo era de las que siempre escuchábamos, sino que la cantábamos a grito herido. Yordano nació el 27 de octubre de 1951, en Roma (Italia), y cuando tenía 12 años se desplazó a Venezuela con su familia, en busca de mejores oportunidades. Allí se graduó como arquitecto, pero archivó el diploma tan pronto lo tuvo en sus manos. Entendió que solo sería feliz si perseguía su sueño, el que lo haría feliz: dedicarse a la música.


De 1970 a 1978 integró el grupo Ford Rojo 1954 y luego se transformó en el vocalista de Sietecuero. El despegue, sin embargo, se dio en los años 80. En 1984, tras una primera grabación que no trascendió, lanzó el disco Yordano, que incluía temas como Manantial de corazón, Bailando tan cerca y Aquel lugar secreto. ¡Se desató la Yordanomanía! Por la edad, los médicos recomendaron iniciar con sesiones de quimioterapia, a la espera de que la respuesta del cuerpo fuera positiva. Fue un calvario, y no solo por las conocidas consecuencias de este tratamiento, sino porque las medicinas que requería no se conseguían en Venezuela. Sus allegados, entonces, comenzaron una campaña solidaria. Aunque nunca se informó quién sería el receptor, lograron conseguir algunas dosis. Las demás las obtuvieron en Bogotá (Colombia), a donde su esposa Yuri Bastidas tuvo que viajar. Lamentablemente, el tratamiento no dio los frutos esperados y los médicos le dijeron que solo había una salida: un trasplante parcial de la médula ósea. Además de lidiar con una enfermedad que podía avanzar y convertirse en una leucemia mortal, Yordano tuvo que solucionar dos problemas: uno, encontrar un hospital idóneo para realizarse la operación y, más difícil aún, hallar un donante compatible. De manera increíble, la vida le sonrió: entonces, dejó su país y se trasladó a Nueva York. Allí, gracias a las gestiones de los médicos que lo trataban en Venezuela, fue acogido en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center y se instaló en un pequeño apartamento en Queens.

“Me mataron, pero no me morí”: en 2017, la cuenta de Twitter de Yordano fue hackeada y se publicó la noticia de su fallecimiento. El propio Yordano salió a desmentir la versión. 45


Además, se cruzó en su camino un donante ciento por ciento compatible, del que aún hoy desconoce su identidad. La intervención quirúrgica se realizó en enero de 2015. Los médicos dijeron que había sido un éxito, pero era solo el comienzo. El proceso de recuperación tarda seis años y cada día es una nueva batalla. Para colmo, los elevados costos del tratamiento acabaron con sus recursos y tuvo que salir a pedir ayuda. En junio de ese año, en Miami, varios colegas se reunieron en un concierto para recaudar fondos. Y una amiga le sugirió comenzar una campaña en internet. Lo hicieron a través de GoFoundMe #ManantialDeCorazonParaYordano. La meta es recolectar los 250.000 dólares que se requieren para completar el tratamiento y en los primeros seis meses recibieron poco más de 117.000 dólares. La lucha continúa, porque Yordano no se rinde.

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La solidaridad de familiares, amigos, seguidores y ciudadanos anónimos ha sido vital para que Yordano siga su lucha. Una recompensa a tantas alegrías que nos da con su música.


“Yo quiero seguir adelante, quiero vivir”, fue el dramático testimonio que Yordano publicó en un video en Twitter. Las secuelas de tratamiento y las dificultades económicas, entre otras razones, le han impedido continuar con su carrera de forma normal, así que no tuvo más remedio que apelar a la solidaridad de sus seguidores y del público en general.

“No es luchar contra la muerte; es luchar por la vida”, le dijo el médico Sergio Giralt. En eso anda Yordano desde el día que le diagnosticaron la enfermedad, el día en que su vida cambió en un abrir y cerrar de ojos. Tenía los días contados, pero su pasión por la vida le enseñó que ni siquiera la muerte (a la que esquivó tres veces) es un obstáculo invencible.

El calvario continúa: son frecuentes las recaídas, ha sufrido cuatro accidentes como el que le provocó la fractura de fémur y la enfermedad lo obligó a volver a empezar, desde cero, en muchas actividades habituales. “Tuve que aprender a caminar”, contó en una entrevista. Sin embargo, se aferra a la vida y la música es su mejor medicina.

A diario, escucho los lamentos de muchas personas que maldicen la vida porque su negocio quebró, porque las ventas cayeron, porque no pudieron darles a sus hijos el regalo que les habían prometido. Yo mismo, a veces, olvido cuán generosa ha sido la vida conmigo, olvido las maravillosas bendiciones que me brinda cada día de múltiples formas.

En 2016 publicó El tren de los recuerdos, un álbum con sus éxitos cantados a dúo con figuras como Carlos Vives, Franco De Vita, Andrés Cepeda, Ricardo Montaner y Santiago Cruz, entre otros. Y hay otra producción lista, pero el lanzamiento no se ha podido realizar porque, por ahora, todas sus energías están enfocadas en derrotar a la enfermedad.

Es, entonces, cuando recuerdo que, como Yordano, yo también recibí una segunda oportunidad. Y procuro aprovecharla al máximo, vivo cada día al máximo, con toda la intensidad. Y me entrego al máximo para retribuirle a la vida lo que me ha dado, aplicando la premisa que ilumina mi camino: “El mejor negocio del mundo es servir”…

¿Quieres saber más de Yordano? https://es.gofundme.com/manantial-de-corazon-para-yordano https://www.facebook.com/yordanodimarzo https://twitter.com/@yordanooficial https://www.instagram.com/yordanodimarzo/

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Lo más destacado de nuestro (tu) blog

Sé como Forrest Gump: ¡ve, corre por tus sueños! Al verlo tan frágil, tan torpe, tan distraído, es imposible percibir tanta fortaleza, tanta habilidad, tanto enfoque. No podría decirte con exactitud cuántas veces he visto la película, porque perdí la cuenta. Lo que sí puedo asegurarte es que, cada vez que me siento frente a la pantalla y observo los 142 minutos de Forrest Gump, me estremezco. Alguna vez, quizás, te conté que no soy muy aficionado a la televisión. Hoy, prefiero las series y las películas de Netflix, que puedo disfrutar en compañía de mi esposa y mis dos hijas. Pero, de cuando en cuando me siento a hacer zapping, a ver qué sorpresa me encuentro. Y la sorpresa es que cada vez que me encuentro Forrest Gump la vuelvo a ver. Con la misma expectativa y la misma ansiedad de la primera vez. A pesar de que ya sé qué ocurre en cada escena. A pesar de que hay fragmentos que podría recitar de memoria. Lo que no he podido descubrir, te lo confieso, es por qué cada vez que veo esta película encuentro enseñanzas nuevas, lecciones enriquecedoras para mis negocios. “¿Para tus negocios, Álvaro?”, te preguntarás. Sí, aunque se antoje raro. La historia está basada en una novela del mismo nombre, escrita por Winston Groom. La película fue dirigida por Robert Zemeckis y protagonizada por el gran Tom Hanks, junto con Robin Wright, Gary Sinise y Sally Field. Se estrenó el 6 de ju44

nio de 1994 y ganó 6 premios Óscar. Forrest Gump era un tipo común y corriente nacido en Alabama con una severa discapacidad motriz que le obligaba a usar unas pesadas prótesis ortopédicas de metal. Por ese motivo, era centro de las burlas de sus vecinos y compañeros. Su vida transcurría entre esos episodios y algunos momentos alegres en los que mostraba su otro yo. Con una magia increíble, el guion nos pasea de la mano de Forrest Gump por algunos de los episodios que marcaron la historia de los Estados Unidos entre 1945 y 1982.


No te los voy a relatar, porque no aún no viste la película te daño la experiencia y, si ya la viste, conoces de sobra los detalles. Sin embargo, sí te puedo hablar de marketing. La vida de Forrest Gump, que en la cita nos la reflejan como una gran tragedia convertida en algo extraordinario, no es muy distinta de la tuya o de la mía. Con un leve retraso mental y una discapacidad motriz, el joven Forrest parecía condenado a una vida de frustraciones, dolor y discriminación. Él, sin embargo, se las arregló para cambiar eso. Quizás tus dificultades, tus problemas o tus limitaciones sean distintas a las de Forrest, pero es seguro que las encontraste en tu camino. Todos encontramos obstáculos en el camino. Sin embargo, no todos tenemos la capacidad, la tenacidad, la mentalidad, la fuerza de voluntad y la decisión para em-

prender las acciones que nos permitan cambiar esa realidad. Esa, sin duda, es la primera lección que podemos aprender de Forrest Gump. Tu origen no es un condicionante: más allá de las dificultades que debas sortear, podrás alcanzar el éxito y la felicidad si trabajas por ello. Nadie creía en Forrest, pero él con su tozudez y con su ingenuidad demostró que nada es imposible. No cuando se quiere salir adelante. Una segunda lección que nos deja el bueno del Forrest es que la vida no es color de rosa. Hay altos y bajos, subidas y caídas, errores y aciertos, alegría y tristeza. Si lo que esperas es un tapete de pétalo de rosas, ¡ten cuidado con las espinas! En medio de la dificultad, Forrest fue feliz y encontró en su interior las herramientas para construir un mejor futuro. Famosa es la frase “La vida es como una caja de chocolates: nunca sabes de qué sabor te va a tocar”, que repetía su madre.

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Y es cierto. Cada día es una oportunidad que nos da la vida y tenemos que aprovecharla con sus altas y sus bajas, a sabiendas de que siempre habrá días mejores y días peores. Ese es uno de los encantos de la vida: es impredecible. Por otro lado, ¿te imaginas qué habría sido de la vida de Forrest si se hubiera quedado pensando en lo que otros decían de él? Su virtud fue huir de ese entorno tóxico y dar lo mejor de sí cada minuto para construir su destino. Nunca esgrimió una disculpa, nunca se escudó en sus males: todos los días dio lo mejor de sí para crear una vida satisfactoria. Por supuesto, como mentor de emprendedores lo que más admiro de Forrest Gump es su capacidad para tomar acción. Contra la dureza con la que lo trató la vida, contra las burlas de sus semejantes, contra las limitaciones que le quiso imponer el destino, contra todo. Su resiliencia es ejemplar, lo mismo que su constancia, su perseverancia, su terquedad por sobresalir. De lo anterior se desprende otra gran lección: ¡Jamás te rindas! ¿Cuántas veces cayó Forrest Gump? Una menos de las que se levantó. Siempre encontró las fuerzas, el motivo, la pasión y la decisión para seguir adelante. Nada ni nadie pudo detenerlo. ¿Te imaginas de lo que serías capaz si un día te levantas con la determinación de Forrest Gump?

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El miedo nunca fue un obstáculo para Forrest Gump. ¿Sabes por qué? Porque sus sueños eran más grandes. Porque su deseo de superación era más grande. Porque su pasión era más grande. Lo que ocurre es que a veces nos enfocamos en lo negativo y despreciamos aquellos recursos y esas herramientas única e invaluables que nos regaló la vida. ¿Te das cuenta de cuánto podemos aprender de un personaje como Forrest Gump? Sin embargo, las tres más grandes lecciones las guardé para el final. Son las que más me gustan a mí, pero estoy seguro de que cada vez que veas la película tú encontrarás otras distintas. Son las que más me gustan porque son aquellas con las que más me identifico: 1) Nunca sabes de qué eres capaz hasta que lo intentas: date una oportunidad. Levántate hoy y di “¡Sí, puedo! ¡Sí, quiero!”. Y ve, corre y hazlo realidad. Será algo maravilloso. 2) Haz lo que amas, sin importar qué sea: nunca serás feliz o exitoso si no te dedicas a lo que en realidad te apasiona. Haz lo que te gusta y no trabajarás ni un solo día de tu vida. 3) Sé agradecido y bríndales a otros lo que te hace grande: tu conocimiento, tus talentos y tu experiencia valen y sirven cuando los compartes. ¡No te niegues esa felicidad! Te repito: no sé cuántas veces he visto Forrest Gump y tampoco sé cuántas más la veré. Sin embargo, de lo que sí estoy seguro es que procuraré seguir aprovechando en mi vida y en mis negocios aquello que este singular personaje me enseña. Tú eres más grande que mis miedos y las dificultades, así que, como Forrest Gump, ¡ve, corre por tus sueños!


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Lo más destacado de nuestro (tu) blog

Geniales lecciones de marketing, ¡de película! Para verdades, el tiempo, solían decir los abuelos con esa sabiduría que solo nos brindan los años y los errores. Una frase que bien podría ser el epitafio en las tumbas de Reed Hastings y Marc Randolph, los creadores de Netflix. En 1997, cuando cristalizaron su idea, solo ellos creían que pudiera convertirse en el rey del entretenimiento que es hoy. Pongámonos en contexto: en esa recta final de los años 90, internet era todavía una novedad en muchos lugares del mundo. Los servicios eran costosos y, por ende, limitados. Además, los computadores no estaban al alcance de todos, como ahora: eran artículos de lujo por sus elevados precios. Y las especificaciones técnicas eran bastante precarias. Ir al cine era todavía un hábito muy fuerte, una rutina familiar. De hecho, cuando se daba el 52

estreno de una película importante era común ver largas filas en las taquillas y las entradas de los teatros. Nadie vislumbraba que esa costumbre, una tradición cultivada durante años y años, pudiera cambiar. Sin embargo, el siglo XXI obró el milagro. Antes, sin embargo, hay que decir que como alternativa al cine estaba el alquiler de películas para observar en casa. En muchos hogares, al televisor le habían llegado unos hermanitos llamados Betamax, primero, y VHS, después. Fueron los años de la dictadura de Blockbuster, el gigante que tocó el cielo con las manos y luego sucumbió a sus errores. Con estos aparatos, la experiencia cambió: salíamos de casa para alquilar las películas que deseábamos ver y regresábamos para instalarnos frente al televisor, provistos de las con-


Una fortaleza de Netflix es que rompió el esquema establecido y cambió los hábitos del mercado. ¿Cómo? En vez de series que avanzan capítulo a capítulo, creó las temporadas completas.

sabidas palomitas de maíz, dispuestos para disfrutar durante horas. Y nos daba la madrugada viendo una, dos o tres películas, una tras otra, como si fuera un festival. Uno de los habituales visitantes de Blockbuster era Reed. Lo fue hasta que un día olvidó regresar la película que había alquilado y cuando fue a entregarla le cobraron una multa de ¡40 dólares! Indignado, y sin derecho a pataleo, la pagó. Y juró nunca más vivir un momento tan desagradable. Y deseó que ninguna otra persona sufriera lo mismo que él. Entonces, unió sus esfuerzos con Randolph y creó Netflix. Uno muy distinto al que hoy conocemos, por las limitaciones tecnologías ya mencionadas. También, porque Blockbuster lucía indestronable. De hecho, Reed intentó aliarse con el gigante del momento, pero su propuesta fue rechazada con un gesto soberbio que lo marcó. Con el rabo entre las piernas, rumiando la humillación, Reed abandonó la oficina del CEO de Blockbuster y le declaró la pelea. En silencio, por supuesto, para evitar que, de nuevo, alguien más se burlada de él. Netflix nació como una tienda de alquiler, pero con dos características distintas: se podía rentar desde casa y no había multas por atrasos.

No eran argumentos de suficiente peso para competirle en ese momento a Blockbuster, que se paseaba orondo por el mercado. Sin embargo, el paso del tiempo, ese sabio que conoce todas las verdades, le fue abriendo puertas. La creciente inconformidad de los clientes del gigante del alquiler le abrió un espacio y le dio una buena oportunidad. Durante al menos un lustro, sin embargo, el panorama para Netflix fue gris oscuro. Registró pérdidas sucesivas y su sostenibilidad estuvo comprometida. Hasta que encontró el aliado ideal para salir del hoyo: internet. El rápido avance de la tecnología, sumado a la visión de sus creadores y a las acertadas decisiones, le dieron vida a Netflix. En 1999, abrió la primera página web en la que los usuarios podían suscribirse, pagar en línea, hacer su pedido y recibirlo a vuelta de correo. De manera increíble, logró torcer la tendencia de números rojos y sus finanzas comenzaron a robustecerse. Tanto, que en 2003 registró, por primera vez, ganancias. Y millonarias. Comenzaba una nueva era.

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Simultáneamente, el reinado de Blockbuster empezaba a resquebrajarse, víctima de las torpes decisiones de sus directivos. Haber hecho caso omiso de las quejas de sus clientes, no evolucionar el modelo de negocio y creer que no había competidores que pudieran hacerle mella fueron algunos de los errores del gigante del alquiler. Y, claro, quebró.

Hoy, Netflix cuenta con casi 90 millones de suscriptores en 190 países. Sus películas, series y documentales están en boca de todos y disfruta las mieles del triunfo. Sin embargo, no se duerme en los laureles. Continúa evolucionando, innovando, adaptándose a los gustos de los nuevos consumidores, a la tecnología y a los vaivenes del mercado.

Invisible durante años, el ascenso de Netflix y la demostración de que su propuesta era viable llamó la atención de grandes inversionistas. ¡El golpe de suerte que hacía falta! La inyección económica les dio vuelo a los sueños y a los proyectos de Reed y Randolph y Netflix, poco a poco, se convirtió en la mejor compañía para toda la familia.

En los últimos días, por ejemplo, hizo dos anuncios que demuestran que su reinado es para rato. Ted Sarandos, su director de contenidos, informó que la compañía se fijó la meta de ser el referente de entretenimiento en Europa, como ya lo es en EE. UU. y Latinoamérica. Para conseguirlo, invertirá 8.000 millones de dólares durante 2018.

Comenzó con las transmisiones por internet y luego pasó a los televisores y hasta a las consolas de juego. Una alternativa para cada uno, para cada gusto, para cada segmento del mercado. ¡Genial! Y, para su fortuna, la tecnología evolucionaba a velocidades asombrosas y le ofrecía grandes y nuevas oportunidades. Y Netflix las aprovechó.

“Con más de 100 proyectos este año, queremos demostrarle al público europeo que estamos comprometidos con la idea de ser un referente en el entretenimiento. Lo haremos ofreciendo a los creadores de contenido locales una plataforma mundial”, dijo Sarandos. El modelo de negocio exitoso en otros lugares, se replicará en el Viejo Continente.

En 2010, cuando Blockbuster ya era parte de la historia, emprendió el proceso de expansión. De millones de hogares en Estados Unidos se instaló en los de miles de familias de Canadá, primero, y de Latinoamérica, después. Ese paso fue posible gracias a que jubiló el ya obsoleto sistema de alquiler físico y potenció los canales digitales.

Pero, eso no es todo. Consciente de que no puede repetir los errores de marcas que ya no existen, Netflix le apuesta a ofrecer sus contenidos en dispositivos móviles. Acaba de presentar su nueva versión móvil, inspirada en Instagram, que goza de gran aceptación. La nueva interfaz les recomienda contenidos a los usuarios según sus solicitudes previas.

La transmisión de video vía internet, por suscripción, se convirtió en su gran fortaleza. Lo mismo que la producción de series propias, que pronto se adueñaron de los corazones de los clientes y marcaron tendencia. Lo mejor es que Netflix, a diferencia de Blockbuster, siempre escuchó a los clientes y, por eso, desarrolló justamente lo que ellos querían ver.

Netflix surgió cuando nadie creía que el streaming pudiera existir, le cobró caro la prepotencia y los errores a Blockbuster y cambió los hábitos de millones de hogares en todo el mundo. Hoy, crece y evoluciona bajo la premisa de satisfacer los gustos de sus clientes y, sobre todo, de brindarles una experiencia única. ¡Marketing del bueno!

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Lo más destacado de nuestro (tu) blog

No soy un buen televidente, debo reconocerlo. Alguna vez lo fui, sí, pero fue un hábito que cambié con el tiempo. Ahora, con mis hijas, vemos películas y series de Netflix, pero no puedo decir que siga alguna en particular. Sin embargo, hay una en especial con la que me identifico y que, cuando tengo la oportunidad, la veo sin falta: Los Simpson. Como sabes, soy una persona que viaja con frecuencia a dictar conferencias y a eventos en los que soy anfitrión o participante. Paso mucho tiempo preparando material, editando videos, articulando estrategias con mi equipo de trabajo. Y el poco tiempo libre del que dispongo lo uso para compartir con mi familia, que es mi polo a tierra, mi razón de ser. Pero, a veces, para desconectarme, me siento frente al televisor y escaneo los canales a ver si encuentro algo que me distraiga. Busco esencialmente programas que me hagan reír, que no sean la repetición de los problemas que nos aquejan a diario y, por eso, omito los telenoticieros, los programas de debate y me divierto con deportes y Los Simpson. Para algunos, los Simpson son una familia común y corriente, hasta vulgar, pero eso es justamente uno de sus éxitos y una de las razones por las cuales me encanta. En muchas situaciones me veo reflejado y ahí radica uno de los encantos de la serie: logró conectarse con 56


cientos de millones de familias Simpson que hay en el el mundo. La mía, la tuya, la del vecino, la de tu amigo… Lo cierto es que desde que el 19 de abril de 1987, en El Show de Tracy Ullman se emitieron los cortos de Los Simpson por primera vez, Homero, Margie, Bart y demás personajes se convirtieron en miembros de nuestras familias y, lo mejor, nos dejaron una gran cantidad de lecciones de marketing. ¿Lo sabías? Son tantas, tan variadas y tan valiosas, que seguramente algún día se publique un libro con todas ellas. Sin embargo, en esta oportunidad me remitiré a diez, las que a mi juicio son las más importantes, las que más enseñanzas nos dejan a los emprendedores. Ojalá la lectura te resulte tan entretenida como el mejor de los capítulos de Los Simpson. Veamos:

En estas 29 pson m i S s o L , s a d tempora hos c e h 2 1 a n ro a t n a l e d a e 0 s 0 0 2 n E . l a e r de la la vida presidente l se habló de n 2014 Trump y e de o s a c l e n o r destapa en n ó i c p u r r o c la FIFA. 1) El poder de lo disruptivo: el 17 de di-

ciembre de 1989, cuando se estrenó la serie, no fueron pocos los que le auguraron el fracaso. ¿La razón? Nadie concebía unos dibujos animados para adultos. Ese, sin embargo, fue el primer gran golpe de Los Simpson, que derribaron un paradigma, se atrevieron a ser distintos y calaron de inmediato en ese nicho.

2) El poder de la marca: desde aquel día,

se acumulan 29 temporadas sin interrupción, con casi 650 episodios emitidos, récord para una comedia de situación. Los atributos de los personajes, con sus imperfecciones y sus defectos, son un pilar del éxito y la razón principal por la cual Los Simpson se convirtieron en el programa favoritos de millones.

3) El poder del trabajo en equipo: si bien el

nombre que sobresale es el de Matt Groening, su socio James L. Brooks y todos y cada uno de los creativos, guionistas y las voces conforman un gran equipo. Son una maquinaria perfecta, que funciona coordinadamente, muestra de que el capital humano es el activo más importante detrás de un producto.

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4) El poder de la adaptación: si hay algo

valioso que nos han enseñado Los Simpson es su capacidad para evolucionar, estar al día con los adelantos tecnológicos, con los temas de moda, con las polémicas calientes del momento. Es la muestra de la dinámica propia de los negocios exitosos: todo cambia. Por eso, la serie es apta para todos los públicos.

5) El poder de las emociones: el humor

es el arma secreta de Los Simpson para entrar en nuestras casas, ser parte de nuestras familias y de nuestras vidas. Y sus problemas, y sus conflictos, y sus sueños se convirtieron en los nuestros gracias a las emociones que nos transmiten. Esa, amigo mío, es la conexión más poderosa que puedes lograr con otros.

6) El poder del storytelling: es otra de las armas de Los Simpson para involucrarnos en la trama es la calidad de sus historias. Reímos con sus torpezas o sufrimos con sus males como si fueran propios. Sus relatos, en la ficción, se antojan muy reales y consiguen que nos conectemos con ellos. Nos vemos reflejados en ellos, y eso nos mete en la historia.

7) El poder de una oferta irresistible: producto netamente esta-

dounidense, está tan bien hecho que, con las adaptaciones requeridas, actualmente se emite en más de 40 países tan diversos como Suráfrica, Japón, algunos del Oriente Medio, Europa y América. Ser auténtico en cada lugar es la clave de esa internacionalización, otro de sus hitos.

8) El poder de la diversificación: a pesar de su éxito, Los Simpson cumplen con la premisa de no poner todos los huevos en la mis-

ma canasta. Groening creó el programa Futurama en 1997 y diez años más tarde estrenó la película de Los Simpson, con la que recaudó más de 500 millones de dólares. Y varios productos de la ficción hoy son parte de la realidad.

9) El poder del contenido de valor: a través

de recursos como el humor y la sátira, además de sus poderosas historias, Los Simpson nos hacen reflexionar sobre la realidad, nos llevan a cuestionarla. Son críticos de temas tan mundanos como la política, el deporte y, claro, las relaciones. Sus mensajes son impactantes y, sin duda, nos enriquecen.

10) El poder de una PUV: a diferencia de

lo que ha ocurrido con muchos programas y series de televisión, incluso con libros, nadie se ha atrevido o nadie ha podido copiar a Los Simpson. Su éxito es tal, que nadie osa enfrentar a esta familia. Sus personajes, su humor, su música y sus situaciones son tan propias, que una copia sería un fracaso seguro. Veintinueve temporadas consecutivas, más de 600 episodios emitidos, 27 Premios Emmy recibidos, un Récord Guinness (la comedia de situación que más ha perdurado en los Estados Unidos) y la condición de soberano del rating en horario estelar son algunas de las credenciales de Los Simpson. Un producto genial que nos enseña algo todos los días. Si eres emprendedor, o si estás en proceso de serlo, necesitas cultivar un hábito que, te lo aseguro por experiencia propia, te dará un plus: todo lo que mires, todo lo que leas, todo lo que llame tu atención, asúmelo con ojos de marketero. Sí, busca elementos de marketing y te sorprenderás con el conocimiento tan valioso que está ahí escondido.

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