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Ciudad de MĂŠxico enero 2013 iqu

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“El cielo raso / dibuja un gato, un número, una mano cortada“ Julio Cortazar

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Ataxia

Pilar Morales

Un sonido seco, instantáneo, sin reverberación, trastornó mi letargo. Escenas inconexas e inverosímiles en las que varias personas hacían esfuerzos por tocar sus pies se revolvían frente a mí. Dudé. ¿Viajaba en un autobús? Necesité parpadear para confirmarlo. Esa simple acción provocó en mis ojos movimientos involuntarios. Tuve que cerrarlos. Un segundo golpe como de percusión me obligó a abrirlos nuevamente. El autobús estaba en marcha. Pude fijar la vista en el rostro de un hombre. Se encontraba de pie junto al conductor. Abría la boca desmesuradamente al tiempo que levantaba el brazo derecho. De su mano escapó un destello mezclado con ese sonido desconcertante que se repetía por tercera vez. Un tirón me obligó a ladear el cuerpo y luego a resbalar del asiento. Alguien balanceó un bolso de mujer a unos centímetros de mi cara. Una mano lo tomó bruscamente, algo salió de su interior. Una moneda. La vi caer al suelo y rodar por unos instantes. Sentí el impulso de alcanzarla, de no dejarla ir, pero una mujer me lo impidió. Jaló mi brazo. Quise zafarme. Quise hablarle. Mi lengua pesaba. Miré a la mujer. Podía ver sus labios moviéndose y la expresión de su rostro acompañando sus palabras. Adiviné una súplica. Miraba con insistencia mi pecho. Una mancha en mi blusa. Alguien tomó mi mano. No pude sentirlo.

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Primera plana

Oswaldo Trujillo

-A ver, lee eso otra vez… Esta madrugada…sorprendidos por un eficaz comando…el presidente municipal condenó lo sucedido y esta redacción… el infame y artero acto de tomar el puesto militar de San Juan Madera…un grupo de provocadores del llamado Frente Popular Comunista…Entre los criminales, Juan Saldívar, Rufino Ramírez, Mario González. -¿Estás seguro que dice González? -Eso mismo. -¿No se llama así el profesorcito de Miriam de la universidad? -Pregúntale a ella. Mario González: Revoltoso. Profesor de la universidad. “Muy guapo”.

En la oficina del director de la escuela, hubo que negar con la cabeza zarandeada por tantos no a esto, no a aquello. Sólo estamos investigando de rigor…algunas preguntas. Y luego el turno del descompuesto director, con su voz quebrada por el miedo: Institución respetable…Nosotros mismos apoyamos la campaña del presidente municipal …como director niego cualquier participación categóricamente … Exijo hablar con sus superiores. Pero ellos le contestaron: “Superiores mis huevos”. Se lo llevaron – alegando un aire de sospechosismo: hablas como él, como todos esos rojos; y ya no hubo tiempo para peinarse, ni sacudirse las burlonas saetas de la colmena de alumnos que lo miraban desde el salón de Mario: Mario González: Ciencias Naturales. 11: 00 a 13:00 Salón B234. Revoltoso. Calificación de la honorable junta académica: “peligro: ideas comunistas”.

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En la morgue hubo que reconocerlo. Veinte disparos. Diez al inútil aire, diez a las vísceras y al rostro; sólo dos en la versión oficial del comandante: No podemos traer a nadie a reconocerlo… Antes por mí que reviente comido por los gusanos… Poner al tanto a mi general... Atraparon ya al director de la escuela y cómplice…Firma ese montón de hojas y vámonos. Ya no se oyó la última saliva que salpicaba porque se cerró la puerta de la sala y su voz apenas escurría entre el balanceo del cerrojo. Tampoco hubo tiempo para leer la información sobre la etiqueta atada al tobillo desnudo del cadáver: Mario González: Desfigurado. Revoltoso. Profesor de Ciencias. Indeseable, Treintaytres. Causa de defunción: natural.

La enfermera garabateó la hora de defunción: 4.55, que coincidía con la hora de arribo de ese fatídico autobús a las 4: 54. Te dije que no tomáramos este mugroso autobús...Siempre se retrasa el transporte en este país tercermundista…Ya aguántate, mujer, ya vamos a llegar…Hacer escala antes en un pueblo…Pero es una estación militar, ¿cómo vas a pedirles que te dejen pasar al baño?…Lo que hay que hacer es decirle a ese pinche conductor que aluce el camino… Bienvenidos a San Juan Madera Km. 87…avanza… ciudad de progreso …!Agáchate, mujer! En la comisaría, arriba llovieron la sidra y las condecoraciones. Abajo, el mezcal, los felicitamientos y las risueñas mentadas. Afuera, los chismes de los periodistas preparando la nota. Apenas ayer…El plan estaba probado, pero los delató la luz de los faros… Un mugroso autobús… Si no, se hubieran cargado toda la estación con las armas…cansados de la miseria, toda esa plata derrochada a ríos y bocanadas... Historia para primera plana: Mario González: Revoltoso. Ciencia Natural. Indeseable. Treintaytres. Desfigurado. Guapo. Miriam. El diablo probablemente.

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Horas antes, un manotazo de luz abrillantó con los faros fantasmales del autobús la cara de Mario. Apenas pudo oír los tiros, y ya no hubo silbido que les pusiera sobre aviso. Pensó rápido porque sabía que apenas un minuto es lo que revienta la vida en la frente antes de muerto y quería acordarse de las cartas, de las risas con Saldívar, de los senos de Miriam, y de aquello que no era sino masa y agua brillante en su panza ahora, pero que bien pronto diría eles por erres. Ya no tuvo más para reflexionar por qué seguía la causa, y la causa de quién y luego o antes los senos apuntalados de Miriam pero sólo después de la tierra en los ojos…Saldívar cayendo al lado suyo…chorros de sangre en la frente…cristalería reventando a ráfagas rotundas, radiantes de metrallas…panza de …rojizas...brillo plomizo del faro del autobús… Miriam, y al final, justo debajo del letrero, Bienvenidos a San Juan Madera, se le aparecía, ningún túnel blanco ni ningún ángel, sino un epitafio y una cruz: Mario González. Profesor de Naturales. Miriam. Treintaytres. Padre. Héroe. - A ver, lee eso otra vez… - Esta madrugada, como se informó…entre otros Mario González, cayeron ante la legítima fuerza del estado… No permitiremos que un grupo de ideologías extranjeras ponga en riesgo la paz, las buenas costumbres…Yo, el Presidente Municipal.

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Progreso Susana Santoyo

El gobierno había anunciado la ruta de la nueva línea del Metrobús; para llegar al aeropuerto debía cruzar el centro, la merced y varias colonias del oriente; tenía que cruzar por la casa. Estábamos emocionados, una nueva ruta, y parecía ir por el eje. Comenzamos a ver los trabajos, intuimos los sentidos de cada trayecto ¿crees que la parada la hagan en esta esquina o en el semáforo? ¿Construirán una parada en el metro? ¿de este o del otro lado? Cada día especulábamos, nos quejábamos a veces de los cierres parciales pero ahí estaba, siempre hemos estado cerca del centro pero ahora parecía más cerca, casi tangible. Inauguraron la línea poco tiempo después de dar a conocer la ruta oficial. Ahí estaba la vía del Metrobús. A dos calles de mi casa pasa el autobús: sólo que no hace paradas. La última está a más de diez calles, ni si quiera cerca del metro más cercano. Hay que cruzar un vasto distribuidor vial para llegar a ella. De esa parada, bajan y suben un montón de personas, todas nos miramos un poco tristes cuando tenemos que cruzar por las noches las avenidas obscuras y caminar las calles mal iluminadas para llegar a casa. Miramos tristemente el Metrobús pasar sobre la avenida, a un costado de nuestros hogares, vibrante, luminoso, veloz. Luce tan eficiente, pero no se detiene. Hasta ahora no hemos dicho nada; lo usamos, subimos, suspiramos resignadamente.

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De tal sangre

Pablo Martínez Zárate

Es la misma composición de todas las mañanas. Día tras día, por lo menos de lunes a sábado, entre 7:00 y 7:30 de la mañana él compra esa publicación. Lo ha hecho durante años sin preguntarse por qué. ¿Cuándo fue la primera vez? ¿En qué momento se convirtió en un hábito? Él no lo sabe, tampoco cuestiona su consumo; lo compra, lo lee, lo bota casi siempre antes de llegar al trabajo, ya sea en el vagón, en un basurero público o en la calle, también basurero. Este martes él no va al trabajo. Lleva a su hijo de paseo al centro pues han comenzado las vacaciones. De igual modo, él se acerca al puesto como cada mañana, aunque media hora más tarde. Pero hoy sus ojos de cristal, hasta ahora inconmovibles, no se dejan seducir por ese conjunto de imágenes. La fórmula es tan primitiva que resulta difícil analizarla más allá de lo evidente. Dos terceras partes de la portada las ocupa un cadáver (o en su defecto, un índice de violencia: un vehículo destrozado o el arma del delito, una falda con manchas de sangre o una mano sobre la banqueta). El otro tercio de la plana lo ocupa una mujer en bikini, lencería, da igual. Su hijo tiene 10 años recién cumplidos. Ha visto centenares de veces el tabloide, pero siempre a la distancia. Hasta este momento, sus ojos nunca habían descansado — si el término tiene cabida — en la composición. Hoy se enfrentan a ella a escasos centímetros y el pequeño estremece. En la portada, un cuerpo con cinco heridas de bala; el único a cuadro le ha perforado la frente; ojos vacíos a medio abrir, la cabeza pendiendo por la ventana, cuyos fragmentos de cristal se cuelan entre el cabello y el cuello de la camisa. El titular sentencia: “Sobre mi cadáver…”; y el sumario: “dos rateros abordaron a un administrador de empresas con 120,000 pesos de nómina y el hombre defendió el dinero a muerte”. Por el tercio sexual, una güera artificial posando a tres cuartos, con sombrero de Papá Noé, bikini de camuflaje y una semiautomática en la mano derecha. 15


La vista del niño se debate entre ambas figuras. Por supuesto, vence la muerte. El padre, doblemente sorprendido, permanece en silencio. Lo conmueve el estremecimiento de su hijo. Como un milagro, los estragos de esas formas y su contrapunto amarillista se resuelven en su mente en una gramática inefable, incomunicable. Pregunta por publicaciones infantiles y compra una historieta. Toma la mano de su hijo y lo aleja del puesto, con dirección al andén. Al encontrar lugar en el vagón, le entrega el regalo. El niño apenas lo mira. Algo ha muerto en él. Difícil sería nombrarlo simplemente inocencia. Aquello perdido es algo mucho más profundo, algo para lo cual la Historia no tiene nombre. El padre deja la historieta en el vagón y nunca más comprará el tabloide. El hijo, por su parte, jamás comprará una historieta; en cambio, a la primera oportunidad que tenga, se hará de esos retratos de la muerte, siempre acompañada de su mujer de temporada. No la soltará nunca, o tal vez hasta que tenga un hijo y lo saque a pasear, un martes de vacaciones.

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Marco García portada, página 3 Vicente Jurado páginas 5, 9, 10, 11, 14 Equipo Nomastique página 17

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ADVERTENCIA: Mojigatos, liga de las buenas costumbres y persignados, abstĂŠnganse.

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Nomastique #10 / Alarma