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QUÉ SUCEDE EN MÉXICO Por: Laura Tlachi Santacruz1 El sometimiento del hombre por el hombre es una de las prácticas más antiguas que a lo largo de la historia se ha reproducido de diversas maneras. Hoy, en pleno siglo XXI, tras cientos de años de luchas por la abolición de la esclavitud y la implementación de leyes nacionales e internacionales que condenan esta práctica, nos enfrentamos a lo que podemos llamar “esclavitud moderna”. Según datos de Naciones Unidas, en este momento más de 20 millones de personas son víctimas de esclavitud, las situaciones que enfrentan abarcan trabajo infantil, matrimonio forzado, reclutamiento forzoso de niños para utilizarlos en conflictos armados, trata de personas y explotación sexual. Ningún país se encuentra exento del delito, las violaciones a los derechos humanos que la esclavitud moderna implica se reproducen en todas las latitudes en mayor o menor medida. Sin embargo, dentro de la esclavitud moderna, la trata de personas destaca por su rentabilidad, encontrándose entre los tres delitos más rentables para el crimen organizado. La trata de personas implica “la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos”2.

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Licenciada en Relaciones Internacionales por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla Artículo 3 del Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños 2


Del total de víctimas de trata, según la Organización Internacional del Trabajo, 56% son mujeres y niñas, quienes suelen ser sometidas a formas más severas de explotación, y el restante 44% lo ocupan hombres y niños. Mientras que en el caso de la trata con fines de explotación sexual, un 98% es ocupado por mujeres y niñas. Esta situación nos coloca frente a un innegable contexto de desigualdad y violencia contra la mujer, condición que persiste y se reproduce a lo largo del mundo; la mujer sigue siendo un objeto de uso y desecho para el hombre. En México, existe un lugar que reproduce esta práctica desde hace décadas y que ha sido catalogado por el Departamento de Estados Unidos como el principal “exportador” de mujeres hacia su territorio: Tlaxcala. Este estado se encuentra ubicado en la zona centro de la república mexicana, a sólo dos horas de la Ciudad de México; su superficie no sobrepasa el 0.2% del territorio nacional y cuenta con una población 1, 272 847 habitantes. De acuerdo al informe “Estadística sobre la eficiencia en el combate a la trata de personas en México”, presentado en 2013, por el Observatorio Nacional Ciudadano. La zona sur del estado es la que presenta un mayor número de personas dedicadas a reclutar, colocar y explotar mujeres; esta zona, alberga los municipios de Ayometla, Mazatecochco, Acuamanala, Xicohtzingo, Papalotla, Zacatelco y Tenancingo, este último bautizado por organizaciones de ayuda a la mujer como la capital de la trata de mujeres y hogar de cinco de los diez tratantes más buscados por los Estados Unidos. Tenancingo alberga un total de 10 mil habitantes, de los cuales se calcula que 3 mil se dedican a la trata con fines de explotación, delito que genera un promedio de mil millones de dólares anuales convirtiéndolo en la base de su economía. De acuerdo a un artículo publicado por el periódico The Guardian, en 2015, la historia de este crimen comenzó en los años 50 tras la industrialización del país; en esta época los hombres volvían a casa, después de permanecer un tiempo en los estados vecinos, con la intención de encontrar trabajos mejor remunerados que los que se ofrecían en las fábricas; así el proxenetismo y la trata de personas, que habían observado durante su trabajo fuera de la comunidad, se convertiría en una manera de salir adelante.


Así comenzó y se mantiene un delito que se maneja a través de redes familiares; “el negocio” se transfiere de generación en generación, desde pequeños los niños son educados para reclutar a las víctimas, mientras que las mujeres de la familia son educadas para convertirse en cómplices; la técnica que aprenden los futuros padrotes o proxenetas ha sido la misma por generaciones. Los padrotes viajan a distintos estados, enamoran a mujeres cuyo común denominador es la pobreza y la falta de educación; estas mujeres, comúnmente menores de edad, son llevadas a Tenancingo bajo promesas de matrimonio o trabajo, una vez aquí son obligadas a prostituirse por “amor” o con la excusa de resolver problemas financieros; para el momento en que la víctima se da cuenta de la situación ya es demasiado tarde, son amenazadas con hacerle daño a sus familias si es que se resisten a seguir “trabajando”. Pero Tenancingo es sólo una parada, las mujeres son enviadas a lugares más rentables del país y por su puesto de los Estados Unidos donde su cuerpo puede ser vendido hasta 60 veces en un día, a tal grado que, según la periodista Lydia Cacho, las ganancias por cada mujer víctima de trata pueden ascender a 100 mil dólares anuales. Esta práctica no es un secreto para el tlaxcalteca; tengo 25 años y viví 18 en el estado de Tlaxcala, cuando era pequeña escuchaba historias de Tenancingo que sólo alcanzaba a comprender como “los hombres de ahí se roban a las mujeres”, pero conforme fui creciendo cree conciencia de que lo que ahí sucedía era trata de mujeres. Sin embargo, un alto porcentaje de la población no suele crear esta conciencia de tal manera que el delito se ha normalizado. Asimismo las historias que la gente reproduce de los padrotes o proxenetas de Tenancingo suelen colocarlos como el ideal de vida, sobre todo entre los extractos más pobres de la sociedad tlaxcalteca; la gente habla con admiración de aquellos hombres que con menos de 30 años han sido capaces de adquirir automóviles de miles y millones de pesos y cuyas mansiones no le piden nada a las propiedades más extravagantes de los jefes de los cárteles de la droga.


De esta manera la trata de mujeres parece enraizarse cada vez más en la cultura del estado al grado que, según un estudio de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, uno de cada cinco niños quiere ser padrote cuando crezca. Sin embargo, de la mano con el problema cultural viene un problema institucional sumamente grave, porque ¿dónde están las autoridades? ¿Dónde han estado durante más de cincuenta años en los que se han violado los derechos humanos de miles y miles de mujeres y niñas? El “éxito” del delito en Tenancingo y en los municipios que han sido identificados como focos rojos en el estado, responde a la corrupción, complicidad y por ende ineficiencia de las autoridades en todos los niveles, tal y como lo han señalado distintas organizaciones. Y si bien, en los últimos años se han registrado avances legislativos en torno a la sanción y erradicación de la trata, lo cierto es que estos no han logrado repercutir en la realidad. Sumado a ello, se pueden encontrar testimonios de víctimas que señalan a policías municipales y estatales como clientes y cómplices de este delito. Es por ende que se hace apremiante el exigir a las autoridades el cumplimiento de la ley, el cese de la corrupción y la impunidad y el impulso por generar un sistema donde violar la ley genere altos costos para el infractor. Sin embargo, no podemos dejar de observar que junto al problema institucional se encuentra un problema cultural que apunta a la persistencia de una sociedad con rasgos de machismo fuertemente arraigados donde la mujer sigue siendo cosificada. Es por ello que no sólo el cumplimiento de la ley es necesario, sino que también lo es una educación enfocada en la equidad de género que concientice a la población sobre el problema y que permita crear un panorama inclusivo y de respeto a los derechos humanos para las nuevas generaciones. Porque en este estado tan pequeño donde muchos piensan que no pasa nada, lo cierto es que pasa mucho, pasa que todos los días una mujer es privada de su libertad y se le arrebata su dignidad como ser humano. Pasa que al igual que en este lugar, la mujer sigue siendo una mercancía en muchos países de América, Asia, África, Europa y Oceanía. Es por ello que el


tlaxcalteca, el mexicano y todo ser humano no pude seguir asumiendo la trata de mujeres con fines de explotaciรณn sexual como un mal menor; no se puede seguir normalizando la esclavitud, no podemos darnos el lujo de seguir deshumanizรกndonos.

La capital de la trata de mujeres en México  
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