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LOS PROGRAMAS PARA EL TRATAMIENTO DE LAS DROGODEPENDENCIAS El tratamiento de las drogodependencias podemos definirlo, como la puesta en marcha de un Plan Terapéutico Individualizado cuyo objetivo es la recuperación del toxicómano. Este se estructura a partir de una petición de ayuda, realizada por el interesado/a o por personas relacionadas con él/ella. Es precisamente a partir de la demanda, desde donde se establece cualquier estrategia de intervención. Con frecuencia se olvida esta premisa, clave para la intervención. La necesidad de establecer un Plan Individual de Intervención, surge a partir de la existencia de diferentes perfiles de drogodependientes, como consecuencia claro está, de la diversidad de situaciones y dificultades que éstos presentan. A lo largo de estos años se han ido poniendo en marcha diferentes Programas, tendentes a cubrir los objetivos marcados en cada momento del Proceso de Recuperación.

Grandes Objetivos: • Abandono del consumo de drogas. • Incorporación Social. Estos amplios objetivos constituyen el horizonte de trabajo hacia el que dirigir las intervenciones, pero la realidad de las personas que acuden a los Centros de Tratamiento, el momento histórico y social en el que se desarrolla la intervención, nos conduce a otros Planteamientos: • Disminuir el consumo. • Frenar la degradación personal en la que se van adentrando. • Sustituir las drogas y consumos más problemáticos por otros que lo sean menos. • Atender las enfermedades y padecimientos físicos. • Reducir la conflictividad social y legal en la que se hayan inmersos. • Conseguir que en el futuro puedan plantearse objetivos más ambiciosos.

Blanca Molina M.

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Las intervenciones en drogodependencias deben de ser realistas, basadas en los objetivos posibles en cada momento y para cada sujeto, intentando conseguir siempre la bĂşsqueda de un mejor grado de compatibilidad social, asĂ­ como una reducciĂłn de la importancia de las drogas en su vida. Por ello existen una gran diversidad de Programas para el logro de los distintos objetivos, teniendo en cuenta las caracterĂ­sticas y circunstancias personales de los drogodependientes.

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Algunas reflexiones sobre la “Acogida” en drogodependencias: Es el Programa para el Inicio del tratamiento, esto es, donde se atiende la primera demanda del afectado y/o de su familia, no sólo porque es lo primero en la secuencia temporal, sino porque es a partir de la petición de ayuda desde donde se organiza toda la estrategia de intervención. Son las personas interesadas las que propondrán qué quieren, y cómo lo quieren. Hablo de “personas interesadas”, puesto que en gran parte de los casos, no existe un afectado exclusivamente, sino que son varios, incluso no coincide con la persona que presenta el “síntoma toxicomanía”. Algunos aspectos sobre la demanda: • Quién pide: En toxicomanías las demandas de intervención pueden provenir desde cualquier esfera. Es bastante frecuente encontrarnos frente a una petición de ayuda formulada por una persona ajena al problema, o que al menos no es el drogodependiente. Este aspecto es fundamental, teniendo en cuenta que en estas coordenadas la intervención no es posible. Tradicionalmente cuando existe un problema, es la persona que lo padece quien realmente trata de solucionarlo por sí mismo, o dirigiéndose al lugar adecuado y solicitando la ayuda necesaria, o al menos a eso es a lo que estamos acostumbrados, sobre todo en lo referente a dificultades relacionadas con la salud. Pues bien, en los casos de drogodependencias puede ocurrir, que el “síntoma” lo presente una persona, el sufrimiento producido por éste otra distinta, e incluso que la petición de ayuda la solicite otra persona. Este es un análisis que hay que realizar previo a cualquier intervención, puesto que tienen que coincidir en la misma persona “síntoma”+”sufrimiento”+”demanda”. Es lógico si consideramos que la demanda sólo se va a formular cuando el síntoma genere sufrimiento, en este caso, el toxicómano sólo solicitará ayuda, cuando su drogodependencia le suponga más dificultades, que beneficios y nunca antes. Quizás la primera tarea del profesional en la Acogida sea aclarar ésta primera premisa. Quién es el portador del “síntoma”, cómo se siente respecto al mismo, o qué repercusiones le comporta, y ayudarle a formular una demanda o petición al respecto, puesto que en muchas ocasiones, ésta no se formula (con frecuencia nos encontramos frente a usuarios que acuden a nuestros Servicios, relatan su historia, con más o menos datos, pero no piden nada).

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• Qué pide: Segunda cuestión a tener en cuenta en éste análisis. Es precisamente la persona interesada la que dictaminará qué quiere y cómo lo quiere. Y esta voluntad expresa, por mucho que nos cueste reconocerlo, es el motivo de nuestra intervención, sobre ella se articula la única posibilidad de trabajo válido. Posiblemente la siguiente tarea del profesional sea la traducción de lo que se pide. Pero esto implica el compromiso del paciente, y difícilmente lo vamos a conseguir, si su petición se ve desatendida. No tiene porqué ser inadecuado partir del supuesto de que la persona sabe lo que necesita o le conviene, en vez de partir de la premisa contraria (esto no significa que de inmediato vamos a facilitar aquello que se nos pide, sin más análisis ni compromiso). Pero si a lo largo del proceso vamos a trabajar con la voluntariedad del paciente y con su responsabilidad personal, no parece oportuno comenzar descalificando de entrada al protagonista, además esta primera demanda no es el objetivo último de la intervención, sino sólo un primer elemento, eso sí fundamental, que nos va a indicar hacia donde dirigir nuestra intervención. Sin embargo es preciso realizar un análisis de la demanda, previo a formular una propuesta de intervención. Por tanto continuemos. • Por qué pide: La siguiente cuestión es tratar de determinar los motivos reales de ésta petición, y sobre todo a que van a conducir al paciente, o mejor qué quiere éste conseguir con ella, porque puede ocurrir que quizás los resultados esperados por el demandante, no coincidan con los resultados reales que pueden obtenerse. Es importante conocer lo que el paciente espera conseguir con su petición, si ésta es tramposa o realmente existe un deseo de cambio. Aquí cabe hablar de la decisión, aspecto clave para el futuro del Proceso de Recuperación. Verificar si la decisión de abandonar el consumo, (con todo lo que ello conlleva) está tomada, es el siguiente paso en nuestro análisis. Si el toxicómano no ha tomado la decisión, todas sus peticiones van a formularse con poca claridad y cargadas de una intencionalidad que nada tiene que ver con lo realmente terapéutico, no se producirán avances, y las relaciones con el profesional serán bastante dificultosas además de poco sinceras. La intervención aquí deberá tratar de desactivar las trampas que vayan apareciendo, así como facilitar elementos al toxicómano, para que se replantee su situación y avance en la toma de la “decisión”.

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• Cómo lo pide: La forma de plantear la demanda nos va a facilitar unos datos muy valiosos para completar nuestro análisis. Las demandas en drogodependencias presentan una características bastante particulares como vamos a pasar a ver: 1. URGENCIA: Esta es una característica que se presenta en la mayoría de las ocasiones. La intervención que se solicita debe ser rápida, ¡YA!, incluso sin dar demasiada información respecto al problema, es más, casi que el profesional tiene la obligación de adivinar la propia historia del paciente sin necesidad de información. Esta “urgencia” es presentada tanto por parte del afectado como de la familia. Por parte del Afectado se presenta como una situación insostenible, “ya no puedo más”, “los técnicos han de intervenir de inmediato”. Por parte de la Familia, tiene un carácter de “aquí te pillo…” relacionado con una falsa decisión: “ahora que por fin quiere hacer algo”, “hay que actuar antes de que se arrepienta”. El problema no es vivido como algo que ha tenido una evolución en el tiempo, por tanto planteado en estas coordenadas es lógico que ésta se presente con estas connotaciones. ¿Cómo responder ante la “Urgencia”? Evidentemente un problema que lleva generándose años (en la mayoría de los casos), difícilmente puede ser solucionado en unas horas, o unos días como en muchas ocasiones se pretende. Quizás esto esté muy claro en la mente del profesional de drogodependencias, pero no tanto en las expectativas de los afectados y/o sus familias, quienes intentan solucionar sus conflictos con el menor gasto posible, tanto en tiempo como en economía psíquica. Esto no quiere decir que los sujetos que de alguna manera sufren el problema, no comprendan la situación. Quizás la intervención del profesional en este caso sea precisamente, resituar a los demandantes y analizar con ellos los motivos reales de su urgencia, facilitando la información necesaria respecto al proceso a seguir específicamente en su situación. Hay que diferenciar entre intervenciones urgentes y respuestas rápidas. En muchas ocasiones los profesionales confundimos ambos términos. Sabemos que en pocas ocasiones se presentan realmente “situaciones urgentes” en toxicomanías, además también es ya una condición generalizada y casi convertida en dogma, que en los Centros Especializados de Atención a las Drogodependencias, no se admiten Urgencias, éstas son derivadas a los Servicios de Urgencias de los Hospitales, entendiendo que cuando éstas se producen de una manera objetiva, realmente los Centros de Atención a las Drogodependencias no están preparados técnicamente para abordarlas. Sin embargo esto no significa que las primeras respuestas dadas en los Centros de Tratamiento tengan que ser rigurosamente enlentecidas por largos Blanca Molina M.

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procesos, a veces fruto de la inexperiencia del profesional que hace la Acogida, y en otras como consecuencia de diseños de Procesos de Intervención bastante inadecuados. No debemos confundir la rapidez en la intervención, con responder inadecuadamente a demandas urgentes. Frenar la urgencia es dar respuestas sin rodeos, con las explicaciones necesarias para que el/los demandantes comprendan sus problemas y las vías de solución de los mismos. 2. DRAMATIZACIÓN: Consiste en el relato de toda una serie de sucesos provistos de una gran carga de tragedia (escenas de delincuencia, malos tratos familiares, etc…), que refuerzan los sentimientos de incapacidad y de impotencia de los protagonistas. Esta característica aparece con bastante frecuencia en la mayoría de los casos. Quizás la forma de desactivar esta trampa sea, analizar junto con los protagonistas de la historia estos hechos y la forma de resolverlos, tratando de potenciar las propias capacidades de los sujetos, que posibiliten cambios en su sistema de funcionamiento, en vez de angustia y lástima en el sistema terapéutico. En otras ocasiones puede suceder lo contrario, que el relato presente una ausencia de toda emotividad, como si los acontecimientos no tuvieran repercusión en quién los relata. 3. DELEGACIÓN: Aunque el problema se presenta como propio, son los técnicos los responsables de la solución, porque “ellos son los que saben”. La solución es ausencia de protagonismo por los demandantes. “Nosotros ya lo hemos intentado todo”, “¡cúrenmelo!”. Es bastante frecuente este tipo de demandas, donde se plantea el problema, sin ninguna intención de participar en la solución, como si de forma “mágica” pudieran solucionarlo otros. Esta es la “idea fantástica” que se tiene cuando los afectados y/o sus familias proponen por ejemplo, como solución a sus problemas el Ingreso en Comunidades Terapéuticas, vistas éstas como el lugar donde el toxicómano pasará un tiempo aislado y se convertirá en la persona en que todos desearían que se convirtiera. Todo ello por el simple hecho de permanecer fuera de su lugar de convivencia natural. Es bastante fácil caer en la tentación por parte de los técnicos de aceptar la delegación, porque es muy cómodo asumir la posición de “sabio” o especialista (que por otro lado es la que se espera por la otra parte) y comenzar a confeccionar la lista de indicaciones a seguir, mientras que los afectados, esperan obedientemente las recomendaciones sin ninguna implicación, con el consiguiente riesgo no sólo de que no las cumplan, sino de que también el fracaso sea atribuible al Sistema Terapéutico, provocando la desconfianza e

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ineficacia del mismo, además de imposibilitar los cambios necesarios en el Proceso de Recuperación. Es muy importante dar respuesta a la demanda desactivando previamente las delegaciones tramposas que imposibilitan la construcción del Proceso de Recuperación del toxicómano, donde precisamente él es el propio protagonista. 4. CHANTAJE: El demandante expone su petición bajo coacción, formulando la demanda en términos de exigencia y responsabilizando al Profesional de su situación. “Si no me ayudas en las condiciones que pedimos, tú serás el responsable de que siga consumiendo”. El problema es que cualquier respuesta que se articule en estas condiciones carece de validez, porque se hará en base a la exigencia y no a la necesidad, y por tanto el valor terapéutico desaparece. Si aceptamos esta situación el toxicómano cuando realmente quiera ayuda, no acudirá a nuestro Servicio, porque le estamos demostrando nuestra propia incompetencia, porque naturalmente que él sabe que la ayuda exigida no solucionará su problema, y si nosotros fuésemos expertos lo sabríamos y no habríamos cedido al chantaje. Una vez realizado éste análisis, la siguiente cuestión a plantearse es: • A qué están dispuestos: Tan importante es la disponibilidad del paciente, como la de la propia familia, que en muchas ocasiones, lejos de llegar a compromisos efectivos, dificulta o incluso boicotea la intervención. La disponibilidad del paciente supone en primer lugar, haber tomado la decisión, aunque en estos primeros momentos, ésta no esté demasiado consolidada, lo que posibilitará su participación en la elaboración de las prescripciones y compromisos para iniciar el camino hacia el “cambio”. La disponibilidad por parte de la familia, tendrá que manifestarse también, no sólo comprometiéndose a cumplir los acuerdos, sino cumpliéndolos y en muchas ocasiones, obligando al paciente a cumplir, en lugar de ocultar sus incumplimientos. En éstos momentos del inicio del tratamiento, realizaremos un primer análisis de la situación, definiendo los primeros objetivos, poniendo en práctica los primeros acuerdos, identificando los aspectos que dificultan o impiden el logro de los mismos.

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Ejemplo: Alejamiento del círculo de consumo. Cambios en las relaciones familiares (no pedir dinero, estar más tiempo en casa, …). Reducir el consumo. Preparar un programa de actividades para la desintoxicación. Es muy importante que tanto toxicómano como familia, entiendan y compartan las prescripciones, y que no vivan los cambios como una imposición, sino como una verdadera necesidad en el camino hacia la recuperación. La Acogida es la primera etapa en el Proceso de Recuperación, cuya meta es posibilitar la construcción del Sistema Terapéutico. Lo que significa: • Analizar la demanda: ⇒ Aclarando los aspectos más oscuros de la misma (desactivando trampas, tranquilizando, informando sobre las dudas, etc…) ⇒ Descubrir junto con los demandantes, las posibilidades terapéuticas reales que existen. ⇒ Facilitar la percepción del protagonismo que los demandantes tienen en la resolución del problema. • Trabajar la decisión (no el mero deseo o la ilusión) de abandonar el consumo de drogas, tanto por parte del consumidor como en la familia, quién a veces es quien únicamente tiene el deseo de cambio. • Valorar la ayuda que puede y está dispuesto a proporcionar el entorno (familiar y/o de amistad) del consumidor. • Estudiar los condicionantes (de salud, de capacidad psíquica, familiares, sociales,…) que pueden influir en la forma como se pueda llevar a cabo el proceso. • Ver las posibilidades realistas de solución, determinando unos Objetivos adecuados en la intervención. • Establecer unos primeros acuerdos (según las circunstancias y las posibilidades): ⇒ Realizar analítica para el estudio orgánico. ⇒ Convocar a otros miembros de la familia. ⇒ Llevar a cabo algunas tareas. ⇒ Completar la recogida de datos para el estudio del caso: ⇒ Toxicológicos. ⇒ Sociales. ⇒ Orgánicos. ⇒ Psicológicos. • Elaborar una Oferta Terapéutica, lo que significa formular una primera Propuesta de Intervención, teniendo en cuenta las posibilidades reales del Centro, definiendo las tareas y los Programas que se van a utilizar, y asignando también un Profesional de referencia con quien se realizará este trabajo.

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Algunas cuestiones que conviene no confundir: • El trabajo terapéutico realizado en la fase de Acogida no es dar una mera información a cerca del Centro de Tratamiento y de los Recursos de que se dispone para la intervención en drogodependencias, y sí es todo lo anteriormente descrito. • El Profesional que realiza la Acogida, nunca mentirá respecto a las dificultades que conlleva el Proceso de Recuperación, en su intento de seducir, o de animar al toxicómano a que inicie el tratamiento. • No debemos olvidar que debe formularse una petición para que la ayuda pueda llevarse a efecto, y que el Profesional debe facilitar con sus intervenciones que esto ocurra, pero desde luego, no yendo por delante de los afectados. • Es muy importante saber escuchar, diferenciando la demanda explícita de la implícita, y sobre todo tratando tanto a las personas como a las situaciones de manera individual, haciendo las distinciones oportunas para poder establecer ese Plan Terapéutico Individualizado que en definitiva es el tratamiento. • En los casos de Reinicio de tratamiento, hay que valorar además otras cuestiones: 1. Tiempo transcurrido desde el Abandono del tratamiento. 2. Tratamientos anteriores y duración de los mismos. 3. Motivos del Abandono. 4. Nueva demanda. 5. Cómo ve la nueva situación. 6. Expectativas.

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Algunas reflexiones sobre la “Acogida” en drogodependencias  

Escrito por Blanca Molina M.

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