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Cándido Sáez Viana

Memorias de la Guerra Civil Española


© Esta edición: José Luis Sáez Viana Coordinación editorial: Novelarte, Servicios Biográficos y Literarios S.L. Colaboradora: Paula Sáez Blanch Diseño de cubierta: Alberto Olaya Diseño de mapa: Willie Kaminsky Maquetación: Germán Mora Revisión y corrección: Florián Pérez Alarcó Primera edición: enero de 2010 ISBN: 978-84-613-7808-1 Nº Registro: 10/4979 Depósito Legal: V-383-2010 Impreso en Gráficas Nasve, s.l. Printed in Spain - Impreso en España Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establece penas de prisión y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios, para quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la perceptiva autorización.


A los sacrificados combatientes de aquella guerra tan ingrata y sin fundamento.


La Seu d’Urgell

Tremp

Huesca Tardienta

Río

Monzón

Zuera

Binéfar

Río Cin

ca

San Juan de Mozarrifar

Balaguer

Lleida

Zaragoza

Torrente de Cinca La Granja d’Escarp Mequinenza

Cariñena

Cervera

Bell-lloc d’Urgell

Tàrrega Mollerusa Les Borges Blanques

Serós Maials

Llardecans La Granadella Bovera

Flix Ascó Gandesa

Falset Mora d’Ebre

Reus Tarragona

El Pinell de Brai

Calamocha Ejulve

Mezquita de Jarque

Monreal del Campo

gre

Se

Tortosa Río Ebro

Cuevas de Almudén

Morella

Vinaroz

Teruel

Mar Mediterráneo

Camporrobles

Fuenterrobles Caudete de las Fuentes Jaraguas

Utiel Chiva

Requena Buñol Castiblanques Río

Valencia

Carlet Picassent Villanueva de Castellón

Júc

ar

Nacimiento

Prisión

Batalla

Bombardeo


Un día frío, ventoso, desapacible y festivo, marcado con el número dos de febrerillo el corto, veían mis ojos la primera luz de este mundo lleno de paradojas, penas y sinsabores, dolores más que placeres. Este día se celebraban las fiestas patronales del pueblo, denominadas las Candelas o Candelarias. De estas fechas, recién venido al mundo como estaba, poco podría yo contar. Sin embargo, pasados algunos años pude darme cuenta de cómo eran estas fiestas, de las cuales voy a referir unos pequeños detalles, aunque solo sirvan para glosar brevemente el panorama en el cual yo me asomaba al mundo. Era el día dos de febrero de 1918, año en que terminaría la Primera Guerra Mundial. El lugar, Fuenterrobles, un pueblo pequeño en habitantes, aunque esto no era óbice para festejar las Candelarias, unas fiestas que se celebraban cesando el trabajo en el campo si el tiempo era bueno, a pesar de que la mayoría de las veces la lluvia, la nieve o las heladas, obligaban a hacerlo por fuerza mayor. Siempre que el tiempo lo permitía duraban tres días, pero la mayoría de las veces se prolongaban por las lluvias, nieves o hielos, que impedían salir al campo a trabajar. Durante estas jornadas había procesiones en las cuales, además de llevar a la Virgen, se comía una torta especial elaborada por la gente del pueblo o por una determinada persona comprometida con un año de antelación. También se solían hacer otros dulces caseros y en las comidas todos se esmeraban un poco más de lo habitual, sacrificando para tal efecto algún pollo o conejo de corral. La nota típica la solían poner los clásicos turroneros, el pintoresco

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Alborea con sus rifas y ruedas, y también un matrimonio que nosotros llamábamos los de la Mandangucia, y que todos los años instalaban una atracción de tiro al blanco. Mientras tanto, la banda de música del pueblo hacía sonar por la calle sus desafinados instrumentos interpretando Alma de Dios, según oí contar muchas veces a mi buena y querida madre, ya que por aquellos tiempos, recién venido al mundo como estaba, todavía no podía apreciar por mí mismo las dotes sinfónicas de mis coterráneos. El ambiente del pueblo en aquellos días era más armonioso que bullicioso. Las gentes se reunían en la Puerta del Capitán, donde se encontraba uno de los dos casinos del pueblo y en el que por una perra gorda servían café y ponche y se podía jugar al truc toda una tarde. Si hacía calor la gente permanecía en la calle, donde los turroneros, los quincalleros o el famoso Alborea atraían al personal en grandes y coloridos grupos. Por aquellos lejanos tiempos de principios del siglo XX, a los que nacíamos nos tenía que dejar la cigüeña en nuestro propio hogar, pues no se conocían residencias ni casas de maternidad en la España de entonces, al menos en nuestra contornada. De este modo, a mí me dejaron en casa de mis padres, un humilde hogar en el que ardía la lumbre de cepas muertas por la filoxera y sarmientos recién podados que, todo sea dicho, más que calentar hacían llorar por el humo que despedían. Mi padre, Eusebio Sáez García, era un hombre fuerte y corpulento, blanco de piel y de cabellos, por lo que su imagen se asemejaba a la de los patriarcas bíblicos que describían los libros de Catecismo e Historia Sagrada. Era jornalero agrícola, y como les pasaba a todos los de su clase, no podía dar jornales durante la mayor parte del invierno debido a las inclemencias del tiempo, que por estas tierras duraban casi toda la estación invernal. Hombre bondadoso y muy aferrado a su hogar, para él su mundo eran sus hijos y su mujer. Carecía de vicios, no fumaba ni jamás se embriagó. Era alegre y juerguista, sin desdoro de ninguna virtud. De ideales avanzados, fue más amigo de los pobres que de los ricos, pensó siempre en la justicia social y fue de los que nunca cambió de pensamiento, a pesar de que durante su vida los tiempos sí cambiarían infinidad de veces. Dejó este mundo un veintiuno de julio de 1968 a los setenta y ocho años

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nado y propicio a sus instintos y venganzas en aquellos primeros días de desorden y descontrol total de masas. En el pueblo se crearon controles y puestos de vigilancia en todas las carreteras de entrada. Al mismo tiempo, se creó un Comité Revolucionario que asumió las atribuciones y poderes que ostentaba hasta entonces el ayuntamiento. Por orden de este comité, se requisaron todas las propiedades que tenían los que eran considerados de derechas o fascistas. Además, saquearon y quemaron todas las imágenes que había en la Iglesia, lugar donde establecieron la denominada Casa del Pueblo. Como consecuencia de esta agitación se llevaron a Caudete de las Fuentes al anciano cura don Francisco Martínez, a la ama Doñana y a tres o cuatro más del pueblo, que serían asesinados por verdugos llegados de fuera y tal vez de común acuerdo con los más destacados dirigentes de la CNT de Fuenterrobles. Todo esto es lo que más o menos pasó durante aquellos primeros días de guerra en el pueblo. Después, ya todo se normalizó dentro de la anormalidad que supuso vivir una guerra civil. Pasó el tórrido verano lentamente mientras vivíamos pendientes de los partes de guerra y en constante sobresalto. Nuestro comercio había desaparecido un día cualquiera de aquellos primeros de la guerra cuando se presentaron unos cuantos dirigentes de la CNT (cuyos nombres no hacen el caso) y requisaron todas las existencias que había. Al salir dejaron clavada una tablilla sobre la puerta donde se leía:

REQUISADO POR LA CNT Como esta tablilla eran ya centenares las que se veían clavadas por todas partes. Parecía como si todo fuera de la CNT. Y es que, realmente, en aquellos días todo les pertenecía a ellos: haciendas, vidas y opiniones. ¡Cuántos, por miedo o por cobardía, se hicieron militantes de estas organizaciones, sin que por ello mejoraran sus situaciones y medios de vida! Pero otros, a pesar de ciertas amenazas veladas, no nos hicimos miembros de estas organizaciones. Libremente decidimos mantenernos leales a nuestras propias ideas y principios. Opta-

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En la gélida madrugada del tres de enero nos despertamos con el lejano tronar de los cañones enemigos que estaban comenzando la última y definitiva ofensiva para conquistar Cataluña. El lejano rumor de la batalla se dejaba sentir por la parte baja de Lérida y por la parte alta de Camarasa. En esta mañana invernal, el frente había sido roto por estos dos puntos antes mencionados y la resistencia del ejército rojo pasó a ser esporádica y poco efectiva. Por este motivo, los fascistas avanzaron rápidamente, penetrando como dos cuñas en forma de tenaza con el fin de dejar aisladas todas las fuerzas de los rojos estacionadas en los llanos de Urgell. Este día lo pasamos entero al pie de la máquina, con las armas preparadas y dispuestos a repeler la ofensiva. Esperábamos al enemigo. Sin embargo, el día pasaba y la noche llegó sin que en este frente el enemigo hubiera hecho movimientos que denotasen el inicio de una ofensiva, aunque por los dos puntos por donde la madrugada anterior había empezado la ofensiva no cesó de escucharse el cañoneo y el fragor del combate, señal clara de la importancia que tenía para ellos este nuevo avance. Bien entrada la noche y cuando estábamos reunidos con la incertidumbre y la incógnita de lo que sucedería al día siguiente, llegó el enlace Cortejans a darnos la noticia de que preparásemos todo y que estuviésemos a punto para retirarnos hacia atrás antes de que amaneciera el nuevo día. Cuando ya lo teníamos todo dispuesto apareció el teniente Fernández que nos ordenó que le siguiéramos. Nos llevó hasta donde estaba todo nuestro batallón preparado para marchar hacia un nuevo destino que no sabíamos todavía cuál era. En la posición que abandonamos tuvimos que dejar abandonadas la mayor parte de las cajas de municiones y material que teníamos preparado. Solo nos llevamos con nosotros el armamento y las municiones que cada cual pudo transportar. Así lo ordenó el teniente. Sin duda era vital hacer esta retirada rápidamente, ya que corríamos peligro de quedar encerrados y atrapados en aquella ancha tenaza que el enemigo estaba tratando de crear a marchas forzadas. Cruzamos aquellos campos endurecidos por la terrible helada y atravesamos innumerables canales y acequias, la mayoría con

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EPÍLOGO Aunque la guerra terminó el uno de abril de 1939, seguimos, año tras año, y hasta el momento presente del año 1972, sin haber logrado todavía la paz, la verdadera paz. La paz justa que equilibra los derechos y los deberes de todos los españoles, aún no ha llegado. El sacrificio, el martirio y el estoicismo de las masas trabajadoras y de aquellas que con su esfuerzo lo producen todo, aún no ha sido compensado. Después de treinta y cinco años, cuando escribo estas páginas, continuamos del mismo modo y con el mismo régimen. Las condiciones económicas han mejorado mucho, aunque estamos muy distantes y retrasados aún con respecto a las demás naciones europeas en cuanto al nivel de vida. En cuanto a libertad política, seguimos con la misma dictadura y en manos de los mismos gerifaltes que ganaron la guerra. Si algún relevo ha habido, ha sido cuando la muerte se ha llevado a algunos de ellos Con estas últimas páginas finalizo las memorias que abarcan desde mi nacimiento, el día dos de febrero de 1918, hasta el uno de septiembre de 1939, fecha de inicio de la Segunda Guerra Mundial. Este periodo comprende los veintiún largos y primeros años de mi vida, años en los cuales se modeló mi carácter presionado por las dispares y extrañas situaciones a que nos vimos obligados a vivir los de nuestra generación. En primer lugar, una infancia carente de medios debido a la posguerra de la primera guerra europea. Más tarde, una adolescencia inquieta, intranquila y llena de inquietudes. Y, finalmente, la Guerra Civil Española, la que terminaría con nuestra juventud prematuramente, resultando supervivientes de ella los que tuvimos esa gran suerte, aunque marcados por recuerdos, complejos y taras físicas para el resto de nuestras vidas. El horror, el odio y el resentimiento nos acompañarán siempre como un lastre pesado e inseparable. Cuando alguien lea estas palabras, si es que se interesa por hacerlo, en ellas verá plasmados los hechos de una vida atormentada por haber coincidido con tan trágicas circunstancias. En este libro, tal vez no encontrará el florido arte literario de

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esas otras obras que son glorias de la literatura universal; pero sí encontrará escritas, en prosa humilde y en algún momento chabacana, los hechos crudos y reales tal y como ocurrieron. Todo lo escrito en estas páginas es pura y real verdad, sin adornos ni mistificaciones. Todos estos hechos fueron vividos por mí mismo. Algunos felices y lisonjeros, la mayoría, en cambio, trágicos y dolorosos... pero todos ellos reales. Terminé de escribir estas memorias el día ocho de marzo de 1972, aniversario del nacimiento de mi hijo y también aniversario de la trágica muerte de mi hermano. Valencia, ocho de marzo de 1972.

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ANEXO DETALLE HISTÓRICO DE LA BATALLA DEL EBRO. En números redondos, la batalla del Ebro causó 200.000 bajas, 110.000 republicanos y 90.000 nacionales, en 115 días de intensos, continuos y monótonos combates de desgaste. El veinticinco de julio de 1938, en una operación planeada por el jefe del Estado Mayor del Ejército Popular de la República, el general Vicente Rojo, el ejército del Ebro, mandado por Juan Modesto Guilloto y formado por los cuerpos de ejército dirigidos por Enrique Líster y Manuel Tagüeña, atravesaba el río por doce puntos distintos y establecía una cabeza de puente. Frente a este estaba el cuerpo de ejército marroquí del general Yagüe. El propósito inicial del mando republicano fue envolver por la retaguardia a los ejércitos nacionales que, después de haber dividido en dos el territorio republicano, y al haber conquistado Vinaroz el quince de abril, convergieron sobre Valencia en lugar de continuar hacia Cataluña. El veinticinco de julio, después de vencer una resistencia numantina en el accidentado Maestrazgo, y cuando Valencia estaba casi al alcance de su mano, Franco tuvo que suspender el avance y volverse hacia la cabeza de puente del Ebro. La operación inicial del cruce del río resultó ser un éxito táctico y estratégico. Franco aceptó así el eterno principio de la estrategia militar según el cual el objetivo principal de toda guerra es la destrucción del enemigo, es decir, el grueso del ejército contrario en cantidad y calidad. Luego vendría el resto. El dos de agosto Franco llegó a la línea de fuego y se encargó personalmente del mando supremo de la batalla. Para el primero de agosto, Vicente Rojo renunciaba al ataque. La batalla del Ebro había terminado y con esto daba comienzo la batalla defensiva. Así se inició una lucha de aniquilamiento y de desgaste que ganaría quien contase con mejor artillería, aviación, reservas, comunicaciones y servicios en el Ebro. Cayeron los más veteranos y los mejores de ambos ejércitos. Al final acabaron luchando once divisiones de cada bando y otras unidades menores. Bajo el mando del general Dávíla, el cuerpo

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de ejército marroquí del general Yagüe se le unió en la batalla del Maestrazgo, protagonizada por el general García Valiño. Perdida la ocasión de vencer, los republicanos continuaron la lucha con la esperanza de que la crisis checa provocada por los nazis desembocase en un conflicto europeo generalizado. La firma del pacto de Munich, el veintiocho de septiembre, no les hizo ceder, pensando quizás en que el conflicto europeo acabaría llegando a tiempo si se resistía desesperadamente. Sin embargo, el treinta y uno de octubre, con un despliegue de toda su aviación y de 500 piezas de artillería, los nacionalistas realizaron la única gran maniobra de la batalla y conquistaron la sierra de Cavalls. El dieciséis de noviembre fueron volados los últimos puentes tras la retirada de los últimos supervivientes republicanos. El veintisiete de noviembre Indalecio Prieto salió hacia Chile con la misión de lograr por todos los medios la mediación de los países hispanoamericanos para llegar a una paz concertada, pero fue demasiado tarde. El diez de diciembre los ejércitos de Franco irrumpieron en una Cataluña prácticamente indefensa.

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APÉNDICE: ARCHIVO FOTOGRÁFICO


Primera pรกgina del manuscrito original

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Ăšltima pĂĄgina del manuscrito original

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En la Calle Bailén

Cándido y su esposa Carmen

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Cรกndido cuando prestaba Servicio Militar, posterior a la Guerra Civil

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Mosquetón VZ 24 de fabricación checa.

Ametralladora Hotchkiss M1914 de fabricación española

Mortero Valero calibre 81 mm

Cinta rígida para ametralladora Hotchkiss 7 mm

Ametralladora Maxim M10 de fabricación rusa

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Granada de mortero Valero calibre 81 Reformada

Granada de mortero Brandt calibre 81 con espoleta silvia

Granada de mano B3 defensiva Granada de mano universal defensiva con espoleta B3

Granada de mano B3 defensiva polaca

Granada de mano defensiva B3 polaca mod. 31

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Este libro se terminó de imprimir el 2 de febrero de 2010, coincidiendo con el 92 cumpleaños de su autor, Cándido Sáez Viana


MEMORIAS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA  

La memoria prodigiosa de Cándido Sáez Viana, nos traslada con gran lujo de detalles a la pesadilla de la Guerra Civil Española.

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