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Retos de la cooperación solidaria en Guatemala: apoyo a la transformación de las relaciones de poder y la refundación del Estadoi Andrés Cabanas Planteo en esta exposición cuatro retos fundamentales para el trabajo de la cooperación solidaria, a partir de mi experiencia profesional y del análisis del contexto guatemalteco. La cooperación no es responsable única del subdesarrollo, la exclusión, la injusticia o la debilidad de las instituciones democráticas. Sin embargo, como uno de los actores sociales actuantes en Guatemala, las organizaciones cooperantes tenemos la obligación de realizar una relectura de la situación del país y de nuestros objetivos y forma de trabajo. Primer reto) Reflexionar autocríticamente sobre logros e impactos de nuestro esfuerzo. Es evidente que el trabajo de la cooperación en el país no está revirtiendo o modificando la extrema pobreza, el racismo, el sistema patriarcal que deriva en violencia masiva contra las mujeres, la discriminación contra homosexuales y lesbianas, etc. Por ejemplo, no hemos logrado impulsar la agenda de la paz, a pesar de que los Acuerdos de Paz han constituido el marco referencial privilegiado para nuestro trabajo durante los últimos años. El impulso de una reforma tributaria donde paguen más quienes más tienen, la superación del monoculturalismo a través de la reforma del Estado centralista, la consolidación de espacios de diálogo y de toma de decisiones, en el marco de una democracia participativa, son asuntos pendientes, contrapuestos a la profusa inversión realizada para desarrollar los Acuerdos. Tampoco han existido avances en el ejercicio de la ciudadanía por parte de las mujeres, a pesar de la transversalización del enfoque de género en absolutamente todos los proyectos de absolutamente todas las iniciativas de cooperación. Por el contrario, los más de 600 asesinatos promedio de mujeres desde el año 2000, precedidos de tortura en un 35% de los casos y de violación en el 45%, revelan la vigencia de una cultura de desprecio a las mujeres, y un contexto de perpetuación de relaciones desiguales de poder y carencia de garantías para su desarrollo en el espacio público, con el mensaje implícito de la conveniencia para las mujeres del retorno al hogar. De poco parecen haber servido tantos y tan bien intencionados procesos formativos y de promoción de la autoestima, empoderamiento o búsqueda de una nueva masculinidad. Segundo reto) Leer de manera dinámica el contexto y en particular el estado de los movimientos y las luchas sociales. Es fundamental conocer y responder a lo que se denomina el nuevo ciclo de lucha de los movimientos sociales, iniciado en 2003 a partir del fracaso en el


desarrollo de los Acuerdos de Paz. En este nuevo ciclo de luchas son importantes (disculpen si quedan fuera referentes relevantes) la defensa de la soberanía de los bienes naturales, a través de las consultas comunitarias; el paso de una etapa de resistencia pasiva a otra de lucha por el poder por parte de los movimientos indígenas; la emergencia del movimiento feminista, con la visibilización de lo privado como público y político, y la apuesta por la diversidad de actores y demandas en la construcción de una nueva sociedad. Si bien es cierto que el movimiento social en Guatemala está desarticulado y atomizado (constituye un actor marginal en el proceso de toma de decisiones) es necesario observar lo que el académico Peter Marchetti denomina “el actual proceso social de ruptura… la aparición de la política oculta de los excluidos en el escenario sociopolítico tradicional”. La lectura dinámica y positiva de este nuevo contexto de lucha debe llevar a la cooperación solidaria a la apuesta por el fortalecimiento de estos actores. De lo contrario, nos quedamos a la zaga de dinámicas sociales todavía no consolidadas pero innovadoras y rupturistas. Tercer reto) Apostar por acciones y procesos que tiendan a provocar transformaciones estructurales y la modificación de las actuales relaciones de poder. Algunas organizaciones cooperantes pretenden que Guatemala puede mejorar sin que se modifiquen sustancialmente la propiedad de la tierra, la estructura tributaria que favorece la evasión, la configuración centralista del Estado, alejada de la plurinacionalidad, o las relaciones de género basadas en la dominación y la subordinación. Al no promover reformas estructurales, los proyectos de la cooperación, incluso en el caso de que sean bienintencionados, se convierten en pequeñas islas, con impacto limitado en el bien vivir de las comunidades, y sin capacidad de trascender y sostenerse. Es el caso por ejemplo de maravillosos proyectos productivos que tropiezan con una lógica de mercados oligopólicos y cautivos. O de extraordinarios proyectos de fortalecimiento de poder local que se estancan ante la carencia de recursos financieros por parte de las municipalidades y los Consejos de Desarrollo (por la ausencia de una reforma tributaria integral y progresiva). O de impecables proyectos de legalización de tierras que se encuentran ante la evidencia de que no existen tierras para legalizar (pues ya están ocupadas, explotadas o han sido históricamente usurpadas para la agro exportación). O de idílicos proyectos con equidad de género que no abordan las relaciones de poder hombres-mujeres y desconocen la existencia de la violencia contra más del 60 por ciento de las mujeres. El reto de la cooperación solidaria reside aquí en abordar las relaciones inequitativas de poder, las relaciones de explotación, tanto en lo íntimo como en lo privado y lo público, y apoyar actores y soluciones orientadas a su transformación en relaciones equitativas y solidarias. Cuarto reto) Cuestionar el modelo económico existente en el Primer Mundo, causa del empobrecimiento de los países del Tercer Mundo.


La cooperación solidaria debe enfocarse en la denuncia de la participación de empresas canadienses, estadounidenses y europeas en los negocios monopólicos de energía eléctrica, telefonía, agua, pesca y producción de etanol (para satisfacer el mercado de consumo europeo en detrimento de la producción de alimentos y el combate a la desnutrición que afecta al 49% de la niñez). Es decir, debe superarse el vacío de información, análisis y denuncia sobre el actual ciclo de expoliación de los bienes naturales, considerado el tercer despojo. Para David Llistar, “No existe en el ideario de la cooperación un mapa integral de las causas de la pobreza originada por el Norte ni una evaluación comparada de la importancia relativa de cada una de estas causas y muchos de los mecanismos transnacionales que producen anticooperación” . La denuncia del Acuerdo de Asociación como mecanismo de legitimación del expolio de bienes naturales debe ser un escenario privilegiado de actuación. Reto fundamental: la politización de la Cooperación Estos retos se resumen en la necesidad de la politización de la cooperación y las organizaciones solidarias. Politizar, como lo entendemos a partir de la definición de Boaventura de Sousa Santos, implica “identificar relaciones de poder e imaginar formas prácticas de transformarlas en relaciones de autoridad compartida” en un contexto de “repolitización global de la práctica social”. Esta tarea ardua requerirá de profundos cambios organizativos y de formas de trabajo: desonegeización, búsqueda de autonomía financiera y autonomía política de la cooperación gubernamental, construcción de base social y movimiento político en el primer mundo, promoción de conciencia política (más allá de la sensibilización) y, sobre todo, el establecimiento de un diálogo y una relación horizontal con las y los actores del movimiento social en el Tercer Mundo que están promoviendo un nuevo ciclo de luchas: por la soberanía plena de las personas y poblaciones y por la refundación de los Estados corporativos e individualizados actuales. i

Ponencia presentada en el marco del Foro Social Américas Guatemala, octubre de 2008.


La cooperación solidaria en guatemala  

Revisión crítica de la cooperación en Guatemala. Ponencia presentada en Foro Social Américas Guatemala, octubre2008

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