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Había una vez una niña de la etnia Warao llamada Sury, era la mayor de tres hermanos. Sury

desde

muy

pequeña siempre quiso ir al colegio, le llamaba mucho la atención el ver letreros en los caminos y deseaba saber que decían; acompañaba

o

cuando a

su

madre

hacer las compras, quería saber cómo sacaban las cuentas a la hora de pagar y dar los vueltos. Sin embargo, en la etnia Warao no habían escuelas ni lugares apropiados a donde ella pudiese ir a aprender, y escuelas de las otras etnias quedaban muy lejos. Sury siempre quiso aprender a sumar, restar, escribir, leer y hacer todas esas cosas divertidas que se hacen en la escuela. Todos los días, la pequeña niña le decía a sus padres cuanto ella deseaba aprender, pero ellos tristemente le decían que les encantaría que pudiera realizar sus sueños, solo que no podían ayudarla ya que el pueblo más cercano que tenía una escuelita, quedaba a muchas horas de distancia del suyo, siendo ella tan pequeña no podría ir sola, su madre no alcanzaba a llevarla ya que se dedicaba a cuidar a sus menores hermanos y su padre tenía que trabajar, aparte de que por razones económicas no podrían costear esa diaria travesía.


Sury, después de tanto insistir con sus padres, decidió quedarse tranquila y no suplicar más ir al colegio, ya que sabía que era algo imposible, en pocas palabras, la niña se había dado por vencida. Al pasar el tiempo, tal vez unas cuantas semanas, llego un niño a la etnia Warao, a Sury le llamo la atención este niño, lo observaba a diario, veía, como el niño, leía todos los letreros que ella nunca entendía que decían, Sury siempre se hacía la misma pregunta, ¿Quién será ese niño?, ¿De dónde vendrá?, ¿Cómo sabe leer?, y muchas otras preguntas que paseaban por su inquieta cabecita. Una mañana, justo cuando se hacía otra serie de preguntas, el niño se le acercó a Sury y le dijo: “Hola, ¿Cómo estás? soy Tayel, y soy de la etnia Pemón, ¿Cómo te llamas?”.

Sury, asombrada de que

aquel amistoso desconocido le hablara, le contesto: “Hola, mi nombre es Sury, ¿Qué te trae por aquí?” Tayel: Pues vine de vacaciones con mis padres ya que acabo de salir de la escuela, todos los años al terminar las clases vengo a pasar mis vacaciones, pero nunca te había visto. Sury: Yo vivo aquí y tampoco te había visto nunca ¿Vas a la escuela?preguntó más asombrada aún en un tono de tristeza. Tayel: Si. ¿Por qué tan triste Sury? Sury: Es que yo siempre he querido ir a la escuela-Y le contó su historia a Tayel.


Tayel: ¡Hey, yo puedo enseñarte lo que se!-Le dijo después de pensar por tan sólo 30 segundos en la desdicha de la niña … Sury: ¿En serio?-Totalmente feliz. Tayel: Claro, será divertido, y todas las vacaciones vendré para enseñarte más de lo que he aprendido en clases. Sury: Wow, eso me pone muy feliz. Tayel: ¿Quieres empezar ya? Sury: Siiiiiiiiiiiii… Comencemos ya!! Tayel: Ven, vamos a la orilla del lago. Así pasaban los días de Sury y Tayel, cada mañana, después del desayuno y de que Sury ayudara a su mamá en ciertas actividades en el hogar, iba a la orilla del lago a reunirse con Tayel para aprender algo nuevo, aprendía y se divertían mucho juntos. Cuando Tayel tenía que volver con sus padres, al final de las vacaciones a su etnia Pemón, Sury se ponía un poco triste, pero de inmediato pensaba en que su amigo regresaría pronto a enseñarle más cosas y se ponía de nuevo súper feliz; Tayel le dejaba tareas y entretenimientos educativos para que a Sury no se le olvidara lo que había aprendido. Siempre que Tayel no estaba, Sury practicaba y comenzó a enseñarles a los otros niños Waraos y sobre todo a sus pequeños hermanitos, todo lo que había aprendido gracias a su amigo, de esta manera compartía la tan valiosa información.


Así pasó mucho tiempo,

Sury

fueron

creciendo

haciéndose

y

Tayel y

grandes

amigos, cada año Tayel visitaba el pueblo de Sury y llevaba más y más información. Al pasar los años ya siendo

adultos,

decidieron juntos hacer una escuela para la etnia Warao, todos los habitantes estaban muy felices, los padres de Sury se encontraban muy orgullosos de su hija, ya que había logrado su meta y llevaba sus conocimientos a todos sus vecinos. Mientras la escuela se encontraba en construcción, Sury, para no perder el tiempo, daba clases bajo los árboles y hacía también juegos con los niños. Una vez terminada la escuela, Sury se convirtió en una gran maestra, nunca dejo de agradecerle a su amigo Tayel todo lo que el había hecho por ella y por tan lindo y unido pueblo. Sury y Tayel se casaron, tuvieron hermosos niños y vivieron felices por siempre!! Fin…


De pequeña Sury, una niña de la etnia Warao, mostraba una gran inclinación por aprender a leer, escribir, sumar, restar y en fin, todas aquellas cosas que se aprenden en la escuela. Cada día le insistía a sus padres que la ayudaran a aprender, pero éstos solo deseaban que Sury realizara sus sueños, ya que por diversos motivos de locación y recursos económicos, no podían complacer a la pequeña. La trama de este cuento cambia cuando Sury conoce a Tayel, un niño de la etnia Pemón, quien hace de Sury una niña totalmente distinta y feliz…


Sury quiere aprender