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Whisky Color  Atardecer    

  ¿Que si la eché de menos? Bueno…no sé…supongo que debería rendirme a la evidencia. Sería demasiado atrevido negarlo. El orgullo es algo que te come por dentro, ¿sabes? Se extiende por todas tus entrañas, alimentándose de tus mejores momentos. Supongo que sí, que la eché de menos. Quizá demasiado tiempo. Recuerdo que durante ese tiempo tuve muchos amigos. Sí. Yo los escuchaba a ellos y ellos me escuchaban a mí. Mi amigo Jack Daniels nunca osó abandonarme, ni en el peor de los momentos. Tampoco Paul…Paul Desmond. Tocaba su saxo para mí cuando más lo necesitaba. A través de mi viejo gramófono me hablaba de los atardeceres a pies del Golden Gate, de cómo brillaban los ojos de esas parejas adolescentes mientras él saboreaba su tabaco. Me hablaba de cómo preparar un buen ‘Martini seco’, de lo efímero que puede resultar el pleno bienestar o de cómo el orgullo te come por dentro. Sí. De él lo aprendí. Latas de conserva, ceniceros repletos y relojes de inarmónicos engranajes también se convirtieron en fieles aliados. Pero aprendí muchas otras cosas en ese periodo. El tiempo se puede consumir de infinitas maneras, ¿entiendes? Aprendí muchas otras cosas. Sí. Útiles o no… ¿a quién le importa? Aprendí a montar en menos de treinta segundos un Colt-Magnum 357. También aprendí que con dos balas en la recámara, en una ruleta rusa, incluso si los participantes giran el tambor después de apretar el gatillo, siempre tiene más posibilidades de vencer el segundo ‘pulsador’…y de sobrevivir, claro. Ya se lo que estás pensando. Quieres saber cómo pude descubrir algo así, ¿verdad? Probando, evidentemente. Ha pasado tiempo…mucho tiempo y, sinceramente, no creo que ahora las cosas estén mejor por aquí. El espejo me escupe una metáfora desfigurada del pasado cada vez que me atrevo a invadir su territorio. Apenas dejo que entre luz por los resquicios de las persianas durante el día. Solamente las alzo cuando el sol está a punto de ponerse. Todo el estudio se inunda de ese fuerte


color rojizo. El humo de mi cigarro se diluye en esa luz conciliadora y Crono congela unos minutos para mí, como el más óptimo presente. El tiempo. El maldito tiempo. Amo y señor absoluto… Hará como dos semanas que no aparezco por ese hospital. No, no te precipites…no me he rendido. En realidad, he sabido hacerme rápido con la victoria. Ese insolente nódulo en el pulmón derecho no sabía con quién estaba tratando cuando decidió quedarse a dormir. Está totalmente acobardado. Me fumo una cajetilla y media de cigarrillos todos los días, para recordarle quién es el que manda. Él parece estar dándose cuenta y por eso, nervioso y asustado, se mueve a toda prisa, creyendo que puede ser su último minuto. Se extiende voraz cada día que pasa. Lo sé. Diría que lo noto…saltando de un órgano a otro, haciendo su fugaz y letal periplo a través de mi sangre. Ya ves que no tengo cara de que me importe. Supongo que creerás que me he vuelto frío, que me he sumido en la más profunda desidia…o algo así. Quizá lleves razón. En realidad, me siguen fascinando las mismas cosas que entonces, solo que ya no me hacen falta. Sé que también crees que me volví loco hace tiempo. Todavía me queda un último cigarro ¿sabes?…y un par de balas en la recámara. Gonzalo Rielo

Enlace Contra-Escritura http://www.contraescritura.com/2012/whisky-­‐color-­‐atardecer/  

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