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Periódico – Nº 195 – Universidad Nacional de Colombia

diciembre 2015 | 21

Los wayúu estrenan enramada con diseño moderno

Ciudad & Territorio

Giovanni Clavijo Figueroa, Unimedios Bogotá

En Manaure, municipio ubicado en La Guajira, las comunidades wayúu Walaschein y Patsua’in disfrutan de una nueva enramada construida con materia prima de la región, diseñada a partir del conocimiento empírico de sus integrantes pero con elementos de la arquitectura actual.

aunque el territorio es lo único que los wayúu poseen con certeza, este no les ofrece las posibilidades de llevar una vida digna. Las condiciones climáticas de la región, caracterizada por la extrema aridez y la ausencia de lluvias, así como la escasez de agua potable, dificultan cada vez más su subsistencia, lo que les ocasiona problemas graves, como la desnutrición. Basta ver cómo en el municipio de Manaure la sal fue hasta unos años la columna vertebral de la economía de estas comunidades indígenas, pues de esta especie de “oro blanco” obtuvieron durante mucho tiempo una parte de los ingresos con los que mantenían a sus familias. Sin embargo, la situación cambió y en la actualidad los hombres salen a ofrecer su fuerza de trabajo por unos pocos pesos, mientras los más afortunados, que se ubican cerca al mar, sobreviven de la pesca, otros, de la cría de cabras. De su única posesión, el suelo, sacan el material para levantar sus rancherías, cuyas casas erigidas de manera autóctona para protegerse del látigo del clima, están armadas de madera y tierra, mientras la enramada o “lú’úma” (que representa el centro de la actividad social y de reposo durante el día), lo está de troncos de trupillo (árbol nativo) y yotojoro (cactus). Para los wayúu (que representan el 20 % de los indígenas de Colombia, con un total de 270.413 personas según el censo de 2005), las enramadas son como una especie de casas comunales ancestrales donde cuelgan sus vistosos chinchorros para recibir a los visitantes, realizan sus ceremonias tradicionales, velan a sus muertos o celebran sus festividades. “Se trata del único espacio donde realizamos asambleas o socializamos con las demás rancherías (otras comunidades), por lo que

foto: Leon Andres Montoya Arias

enramada fusionó los conocimientos empíricos de la comunidad wayúu con los tecnificados de la un.

es un lugar de suma importancia para la cohesión social y la conservación de nuestras costumbres”, afirma Libardo Pushaina, vocero de la comunidades Ichien, Poloushirras, Walaschein y Patsua’in. Pero estas especies de chozas sin paredes, por donde el aire caribeño corre libremente, son pequeñas (tienen dimensiones de 6 x 6 m –metros –), no son muy altas (1,80 m máximo) y el techo es casi plano. Frente a ese escenario, 24 estudiantes de arquitectura del Grupo de Investigación en Madera y Guadua de la Universidad Nacional de Colombia (un), bajo la coordinación del profesor Jorge Lozano, diseñaron una enramada más amplia y segura para esta comunidad.

Diseño colaborativo Para obtener los primeros insumos que les sirvieran como base en el diseño de una nueva propuesta, los futuros arquitectos tuvieron la oportunidad de interactuar durante varios días con los integrantes de las comunidades, quienes compartieron sus expectativas y necesidades en torno a la construcción de un lugar que, además de amplio, respetara su tradición y concepto de territorio. Después, menciona el docente Lozano, se realizó un curso de capacitación en el que los indígenas hicieron una demostración de cómo hacen sus construcciones (viviendas, cocinas, enramadas, etc.); luego, los integrantes del grupo les indicaron cuáles eran las debilidades que tenían en la parte estructural por vientos fuertes, por ejemplo, y les enseñaron la manera apropiada de reforzarlas. Superada la parte de acercamiento y sensibilización, el equipo de la un desarrolló diez propuestas de diseño, de las cuales cuatro fueron escogidas por la comunidad wayúu. El estudiante León Andrés Montoya y el arquitecto Nick Acero señalan que “cada una de ellas está enfocada en criterios técnicos, exigencias climáticas y geográficas e involucran las ideas surgidas de las reuniones”. Asimismo, tras una disertación conjunta se decidió que el primer diseño de enramada que se llevaría a cabo sería el de las comunidades Walaschein y Patsua’in, que tienen una alta interacción social, pues apenas las separan cinco minutos de distancia a pie. En 2016 se tiene pre-

vista la construcción de otras tres enramadas. La propuesta comprende un armazón de 12 x 8 m de base y 4 m de altura, la cubierta está seccionada para dar espacio a una chimenea que facilita la circulación del aire y consta de una estructura tridimensional central que es la que soporta la mayor parte del peso de la construcción y de las hamacas. Además, el área cubierta está libre de columnas centrales, lo que facilita la interacción entre las personas y libera el espacio para albergar a más de 50; finalmente, en los vértices de la enramada se diseñaron paneles que emulan los diseños de las tejedoras wayúu y funcionan como elementos que le dan rigidez a la estructura.

La construcción Bajo temperaturas superiores a los 38 ºC (grados centígrados) y arduas jornadas de trabajo, el equipo fue poco a poco dando forma a la nueva enramada en el espacio que la comunidad destinó para ella. Lo primero que hicieron fue seleccionar y clasificar la madera según su longitud y uso final; el siguiente paso fue armar las vigas y columnas sobre el suelo, así como trazar el área para intervenir; a continuación identificaron los puntos donde irían las columnas y las alturas a las que se levantarían las vigas (proceso que se conoce como replanteo), y con los elementos ensamblados mediante pernos metálicos se levantó la estructura. En cuanto a la cubierta o techo de la “lú’úma”, se escogió la parte leñosa del yotojoro seco,

se armaron y ataron manojos que posteriormente se ubicaron en capas superpuestas de 20 cm (centímetros) de distancia uno de otro y se instalaron de abajo hacia arriba, tal y como se hace con los techos de paja; una vez realizado ese proceso, se amarraron con tiras que se obtienen del reciclaje de llantas; de esta parte, se encargaron algunos integrantes de la comunidad wayúu, pues corresponde a una técnica ancestral con la que suelen cubrir sus construcciones. “La falta de fluido eléctrico fue uno de los mayores retos del equipo, ya que nos implicó el uso de herramientas manuales, lo que añadió cierto grado de dificultad en todos los procesos constructivos”, recuerda el estudiante Montoya, quien agrega que esta situación los obligó a tener que aprovechar únicamente la luz del día para avanzar en la obra, que tardo 18 días. Una vez finalizada la enramada, el siguiente paso fue el de la prueba de carga, que se realizó poniendo peso a la estructura para medir si se deformaba o presentaba alguna alteración en su configuración. “Constatamos que efectivamente era segura y cumplía con los requerimientos de diseño que se plantearon en el proyecto”, destaca el arquitecto Lozano. Gracias a esta iniciativa financiada por la Fundación Caminos de Identidad (Fucai), los wayúu ya tienen una nueva casa comunal diseñada desde la arquitectura moderna, en la cual los conocimientos adquiridos les servirán como fuente de inspiración la próxima vez que erijan sus propias construcciones. Así, mientras que en Colombia se construyen proyectos de gran envergadura, como el Centro de Convenciones Ágora, en Bogotá, con un presupuesto de 350.000 millones de pesos; la Urbanización Ciudad Bicentenario, en Cartagena, con una inversión de 35.600 millones de pesos; y la Loma, en Barraquilla, un moderno edificio de 11 pisos y 89.000 m2 (metros cuadrados); en La Guajira 250 wayúu aplauden la construcción de una sencilla pero significativa “lú’úma”.

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