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Periódico ­– Nº 195 – Universidad Nacional de Colombia

Especial San Andrés

diciembre 2015 | 12

Tres años de un fallo problemático Antonio J. Rengifo L, profesor de la Universidad Nacional de Colombia, coordinador del Centro de Pensamiento Mares y Océanos

La decisión de la Corte Internacional de Justicia (cij) debió generar una movilización institucional no solo para enfrentar las posteriores arremetidas judiciales de Nicaragua, sino también para concebir políticas públicas con capacidad para influir en la intrincada geopolítica del Caribe.

en noviembre de 2012, el fallo de la cij puso a Colombia frente a presiones sobre su soberanía marítima, poco comunes en el devenir de los Estados. Tres años después del problemático fallo, dos evoluciones globales, a saber, el desarrollo progresivo de la “economía azul” y las luchas de los Estados por las plataformas continentales, parecen consolidarse de manera definitiva. Adicionalmente, dos nuevos procesos judiciales dirigidos también por Nicaragua contra el Caribe colombiano ponen al país ante la necesidad de enfrentar esos embates frente a la Corte, al concebir al mismo tiempo políticas públicas para enfrentar la intrincada geopolítica del Caribe, en la cual hay que contextualizar las demandas del país centroamericano. En ese sentido, Colombia debe superar las lógicas judiciales preparando respuestas a las tensiones por la apropiación de los espacios oceánicos frente al siglo XXI, en lo cual Nicaragua parece haber tomado varias leguas de ventaja con respecto a sus vecinos de la región.

Economía azul En los últimos años, las crisis, ciertas y vislumbradas de un sistema financiero mundial apoyado sobre precarios equilibrios, han contribuido a im-

pulsar una economía basada en la explotación de mares y océanos como alternativa real de desarrollo para los países ribereños. Los océanos, sopa cósmica en donde se originó la vida, constituyen el 72 % de la superficie y el 95 % de la biósfera, generan oxígeno, absorben dióxido de carbono, regulan el clima y la temperatura del planeta. El lecho marino suministra el 33 % de hidrocarburos en el mundo, con exploración y explotación en constante expansión y enormes reservas de difícil cuantificación. Las tecnologías para la exploración han abierto las fronteras marinas para la bioprospección, la minería y un vasto potencial para la “energía azul” renovable. Un estudio del Fondo Mundial para la Naturaleza (wwf, por sus siglas en inglés), la Universidad de Queensland, en Australia, y otras instituciones, calcula en 24 trillones de dólares el valor de los océanos, suma que aumentaría considerablemente si incluyera los servicios incuantificables que ellos prestan, por ejemplo, los relacionados con la regulación del clima en el planeta. Considerado el producto marino bruto anual, los océanos ocupan el séptimo lugar entre las economías más importantes del mundo. Pero el auge de los mares para las economías del mundo es problemático. Las actividades humanas y la explotación exacerbada de sus recursos están generando

pérdida de biodiversidad, contaminación en aumento y erosión de las zonas litorales. El cambio climático amenaza con transformar los equilibrios ecológicos que los océanos han mantenido durante miles de años. Asimismo, el enorme potencial económico, los medios tecnológicos disponibles para la explotación, las opciones para la investigación científica y la bioprospección, al igual que la importancia estratégica para la defensa, el comercio y la navegación, han puesto a los océanos en el centro de las codicias de los Estados, a favor de unas normas aportadas desde el Derecho del Mar para el reparto pacífico de los espacios marinos, aún en proceso de consolidación y a menudo de difícil aplicación, dada su complejidad técnica. Es precisamente debido a la incipiente consolidación de esas reglas que cortes y tribunales internacionales han visto en los últimos años un incremento inusitado de procesos judiciales para delimitación marítima. Un informe reciente de la British Broadcasting Corporation (bbc), servicio público de radio, televisión e Internet del Reino Unido, da cuenta de que América Latina es la región del mundo con más disputas en trámite ante la cij; de un total de 13 en la región, la mayoría se concentra en el Caribe. De todas las zonas marítimas, las plataformas continentales

constituyen el escenario principal de codicias y controversias entre los Estados.

Carrera por las plataformas Las plataformas continentales, según las teorías más aceptadas, habrían terminado de formarse hace unos 18.000 años, durante los períodos interglaciares cuando esas áreas no estaban aún bajo el agua; éstas contienen depósitos de minerales y reservas de energía mayores a las de energía fósil. A su vez, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, de la cual Colombia no es Estado Parte, desarrolla todo lo relacionado con la plataforma continental. El artículo 76 define esa zona marítima como la parte del lecho y el subsuelo de las áreas submarinas que se extienden más allá de su mar territorial y a todo lo largo de la prolongación natural de su territorio hasta el borde exterior del margen continental, o bien hasta una distancia de 200 millas marinas en los casos en que el borde exterior del margen continental no llegue a esa distancia. Bajo ciertas condiciones, los Estados pueden solicitar la extensión de su plataforma continental más allá de las 200 millas. Debido a complejidades técnicas, esas disposiciones han sido reconocidas como las de más difícil aplicación en todo el derecho internacional. No se trata pues de que, frente a la demanda de Nicaragua por

fotos: archivo Unimedios

las voces de inconformidad de la población raizal en el Archipiélago están acusando la ausencia de esas políticas públicas.

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