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Frontera

Explotación petrolera

José Ernesto Mancera y Pineda y Brigitte Gavio

Profesores del Departamento de Biología, Universidad Nacional de Colombia

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septiembre de 2013

Esfuerzos de conservación Si bien, la fauna en los mares y océanos es desconocida en gran parte, los científicos tienen evidencia de que su tasa de disminución y la degradación de sus ecosistemas están en aumento. Esto implica un incremento de enfermedades, extinciones locales de especies, disminución de poblaciones y homogenización de comunidades. La sobrepesca, la contaminación, la introducción de especies y la destrucción de hábitats representan las principales amenazas de origen antrópico (intervención humana). Estas muchas veces actúan en conjunto y sus efectos sobre los ecosistemas son en gran parte desconocidos o no entendidos en su complejidad e impacto. Por ello es necesario restaurar la biodiversidad marina a través de un manejo sostenible de las pesquerías, controlar la contaminación, conservar hábitats vitales y crear y manejar mejor las reservas marinas. Se debe invertir en la productividad de los servicios que el océano provee a la humanidad. Iniciativas nacionales y mundiales de diverso orden han creado figuras para proteger áreas de extraordinaria importancia. Es así como en el planeta existen cerca de 700 reservas internacionales de biósfera y más de 6.000 áreas marinas protegidas.

en el Caribe acabaría la vida marina La extracción de petróleo, aún sin accidentes eventuales, no es inocua para un medio marino biodiverso como la Reserva de Biósfera Seaflower, ubicada en el desmembrado Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. La sola operación de cargue de crudo implicaría la llegada de aguas de lastre y, con ellas, la de peligrosas especies invasoras.

Foto: Heins Bent

Muchos se preguntarán: ¿Qué fue lo que perdieron los colombianos tras el fallo de la corte Internacional de La Haya el 19 de noviembre del 2012?, ¿cuál es la importancia de los 75.000 km2 quitados al Departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina? y ¿por qué resulta tan inconveniente que Nicaragua o cualquier otra nación –incluida Colombia– explote hidrocarburos en la cuenca del Caribe? Para empezar, la diversidad biológica, definida como la variedad de formas de vida, incluyendo todos los niveles de organización –desde los genes hasta la biosfera– suministra protección, alimento, materiales y medicinas. Por tanto, juega un papel fundamental en el mantenimiento de la vida en el planeta y en el bienestar del ser humano. Además, es elemento clave para el desarrollo social, intelectual y espiritual de las sociedades, al estar ligada a la producción, transferencia, almacenamiento y reciclaje de materia. Hasta hace poco, la atención sobre la biodiversidad se centraba en las selvas tropicales; solo recientemente también incluye a los ambientes marinos. El más reciente censo mundial sobre la vida en el mar indica que existen cerca de 212.000 especies distribuidas en diversos ecosistemas; se destacan los arrecifes coralinos, los bosques de manglar, las praderas de macroalgas, los pastos marinos, los litorales rocosos, las playas, los fondos marinos y los ambientes pelagiales (el agua oceánica superficial). Las especies encontradas corresponden a cerca del 10% del total conocido en el planeta; no obstante, es mucho menor el conocimiento que se tiene de los océanos, debido a las dificultades y limitaciones en este ámbito de investigación.

El arrecife de coral en el Archipiélago de San Andrés es hogar de una alta diversidad de especies marinas.

Colombia posee cinco reservas, una de ellas llamada Seaflower, que incluye a San Andrés, Providencia y Santa Catalina, la misma que fue objeto de fraccionamiento por la Corte Internacional de Justicia, a tan solo doce años de que la Unesco –otra agencia de la ONU– la declarara como sitio ambiental de importancia para el planeta. Estas declaratorias han cobrado enorme importancia. Muchos países buscan la sostenibilidad de actividades productivas con áreas de protección cada vez más grandes. En los últimos siete años países como Australia, Estados Unidos, Kiribati y Gran Bretaña han resguardado mayores extensiones de mar (la Gran Barrera –300.000 km2–; Papahanaumokuakea en Hawai –360.000 km2–; Islas Phoenix –408.250 km2–; e Islas Chagos –545.000 km2–). El área marina protegida Seaflower, con 65.000 km2, es una de las más grandes del planeta (el ecosistema completo tiene 349.800 km²). Alberga gran diversidad de especies entre las que se cuentan más de 300 de macroalgas, 41 de corales, 40 de octocorales, 184 de invertebrados y más de 130 de peces. Además, allí se encuentra la segunda barrera de arrecifes más

grande y mejor conservada del Caribe (Old Providence). Recursos como la langosta espinosa y el caracol pala, que sustentan pesquerías de alta importancia sociocultural y económica para los habitantes de las islas, dependen, en alguna medida, del ciclo de vida y de la movilidad y conectividad de estas especies distribuidas en zonas distantes en el Caribe.

Riesgos latentes Aunque la exploración petrolera en el Caribe revitalizaría la economía, también representaría una inminente amenaza para la calidad y cantidad de los recursos protegidos. Cada año, alrededor de seis millones de toneladas de crudo son vertidas a los océanos y con ellas los hidrocarburos aromáticos policíclicos (componentes permanentes del petróleo), considerados dentro de los contaminantes más peligrosos, debido a su toxicidad aguda y de largo plazo. La naturaleza y la duración de los efectos negativos de los derrames sobre los ecosistemas dependen de varios factores, entre ellos el tipo de carburante, la cantidad derramada, la calidad de las aguas contaminadas, las condiciones climáticas prevalentes y el tipo de

biota. Por tanto, las consecuencias pueden manifestarse como daño agudo o inmediato, o como efectos sub-letales a largo plazo. Asimismo, la recuperación puede ser muy demorada porque muchas especies tienen una vida larga y un cambio generacional lento. De otro lado, la exploración petrolera, aún sin accidentes eventuales, no es inocua para el medio marino. Las operaciones de los buques de carga generalmente implican el descargue de aguas de lastre, que son el principal medio de dispersión de especies exóticas. Se trata de formas de vida que llegan a radicarse y proliferar descontroladamente en el sitio en el que son introducidas, lo que causa graves perjuicios al alterar la biodiversidad y permitir el florecimiento de variedades tóxicas. Sin duda, hay mayores beneficios económicos y de bienestar humano si se prioriza la conservación de reservas ambientales como la Seaflower sobre la explotación de hidrocarburos. A todas luces y mirado desde cualquier modelo económico inteligente y de largo plazo, es más rentable y ventajoso aprovechar sus bienes y servicios ecosistémicos, que explotar el oro negro, pues sería “Pan para hoy y hambre para el mañana”.

UN Periódico No. 170  

UN Periódico No. 170- Universidad Nacional de Colombia - Unimedios.

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