Page 1

Plancha de Trabajos · Respetable Logia MEDIODÍA no 66 (GLSE) en los V:.V:. de Sevilla (España)

Espiritualidad QQ:. HH:. Recuerdo nuestras primeras discusiones en esta Logia a propósito de mi posicionamiento ateo, “tal cosa no es posible” se decía, “algún día tendrás que explicarme cómo puedes ser masón y abrir los trabajos a la gloria del G.A.D.U. y definirte como ateo”, “creo que algunos hacéis y decís las cosas como meros mantras, sin pensar en la profundidad de las palabras y las acciones” y así uno tras otro, la incredulidad se dejaba notar. Pero nada era tan visceral como cuando me atrevía a decir que la espiritualidad no era patrimonio de los creyentes y/o religiosos y que los ateos podíamos, es más, que los ateos de hecho y de facto éramos también personas con espiritualidad. Entonces era cuando todas las tormentas de Poseidón se desataban y Eolo soplaba sin respeto ni medida. Muchas veces lo más difícil es explicar lo que es más evidente para uno, pues en el terreno de las emociones nos faltan a veces palabras para definir y verbo para explicar, pero intentaré hacer un acercamiento a algunos conceptos que espero me ayuden a acercaros a una nueva forma de ver este tema, sin interés de convencer a nadie, quede esto claro, sino más bien, con el deseo de que comprendáis que siempre hay 1


otra mirada en las cosas. Tendremos que definir y diferenciar claramente algunos conceptos, pues en ello, en la mala interpretación de los términos, como decía Confucio, está el origen de todo enfrentamiento: Dios, religión, religiosidad, espíritu, espiritualidad, son conceptos que tendemos a superponer y a usar de forma incorrecta, generando una confusión que está en el origen y en la dificultad para entendernos. Pero tendríamos que empezar por la pregunta capital: ¿Se puede vivir sin Dios? La pregunta no es baladí. Muchos han sido los que sinceramente se la han planteado a lo largo de la historia, ¿se puede vivir sin Dios? y desde entonces los argumentos a favor y en contra se han sucedido. Para los creyentes el ser humano puede vivir sin la presencia de Dios, pero no sin Dios, puesto que, al ser el elemento creador, nada seria sin Él. Dicho de otra forma, se necesita a Dios para que nosotros seamos. De la necesidad de que Dios exista para que nosotros existamos surgen dos necesidades secundarias: ¿Cómo gestiono mi relación con Dios? y ¿Cómo vivencio mi creencia? De la primera, ¿cómo gestiono mi relación con Dios?, surgirá la religión; de la segunda, ¿cómo vivencio mi creencia?, la espiritualidad. En la primera gestionaremos todo el manual de instrucciones y rituales que nos permitirán esa relación con Dios y que servirá de facilitador para la segunda, la espiritualidad, en la cual viviré como propia una comunión íntima con mi creencia. Si

cambio

al

Dios, cambio 2

la

religión, pero

no

la


espiritualidad, puesto que, aunque cambie el marco formal de relación, no ocurre lo mismo con la acción íntima de comunión con mi creencia, pues ésta forma parte de la concepción formal y ética del individuo más que de la naturaleza de la divinidad. Desde este punto de vista, podemos apreciar ya una diferencia clara entre Dios, religión y espiritualidad, que usualmente tienden a confundirse, cuando no a sustituirse la una por la otra. Estamos en la situación absoluta. Tenemos todos los ingredientes antes de emprender el viaje hacia la pura esencia que os propongo en esta plancha. Tenemos uno o varios dioses que representan la divinidad, una religión que nos facilita la relación y una espiritualidad que nos permite vivenciar esa creencia, pero este tándem no es con mucho el único posible, pues no todos sus elementos – Dios, religión y espiritualidad – son imprescindibles. Veamos pues cómo el modelo se altera, pero no desaparece, si elimino uno a uno los elementos que lo componen, hasta llegar a su esencia. Empecemos por el primero. ¿Que ocurre si no hay Dios? ¿Qué ocurre si quito a Dios de la ecuación? ¿Seguiría existiendo la religión? ¿Se mantendría la espiritualidad? Este es el dilema. Obsérvese que hablo de espiritualidad y nunca de espíritu, por ser conceptos que tienen connotaciones sustancialmente diferentes. De los cientos de creencias que se practican en el mundo, tan solo tres grupos, los que agruparíamos dentro del Cristianismo, el Islam y el Judaísmo con todas sus variantes, son monoteístas. Las creencias politeístas son claramente minoritarias y se agrupan en pequeños ritos primitivos 3


fundamentalmente en algunas zonas de África y Oceanía, aunque en justicia deberíamos incluir en este grupo al amplio espectro que compone el Hinduismo, puesto que, aunque su panteón es piramidal, es decir, hay un orden jerárquico de divinidades, no es menos cierto que todas ellas reciben adoración separada y, que dichas divinidades, tienen personalidad diferenciada, tal como ocurría en la antigua Grecia o la antigua Roma en donde, a pesar de tener panteones fuertemente piramidales, sus religiones son consideradas como politeístas. Si incluimos pues el Hinduismo entre las religiones politeístas, tendríamos que, un 23% de la población mundial sería politeísta y un 43% sería monoteísta. Y después está Asia, un 33% de la población mundial, en donde todas sus creencias adolecen de un Dios al que dirigirse: Budismo en todas sus variantes, Sintoísmo, Jainismo, Taoísmo, Zen (aunque es en esencia una derivación del Budismo), Confucionismo (aunque no es estrictamente una religión). En todas ellas no encontramos ningún panteón de divinidad, en todas se habla del Karma, el destino, la rueda de la vida, la energía, la naturaleza, la iluminación, pero nunca de un Dios, nunca de divinidades y, si ocurre, es porque se cita alguna divinidad del Hinduismo o de las antiguas religiones chinas ya prácticamente extinguidas. La gran diferencia que introduce Siddharta Gautama más conocido para la historia como El Buda es que, apoyándose en una religión ampliamente politeísta como la Hindú, postula un camino de iluminación y trascendencia sin dioses y de aquí derivarían luego casi todas las religiones que hoy se practican en Asia, con excepción del Confucionismo y alguna otra religión primitiva.

4


Para Buda la creencia en Dioses era completamente irrelevante. Lo importante era el camino de la virtud, que era el único medio de alcanzar la iluminación. Es más, si alguien tiene dudas, no tiene más que consultar el Dhammapada, obra culmen del Budismo, escrito alrededor del 377 a.c. en la segunda gran asamblea budista y que recoge las enseñanzas del maestro. Citaré los versículos 188 y 189 del capitulo 14 que habla precisamente de El Buda: “Llevados por el miedo, los hombres acuden a montañas sagradas, bosques sagrados, grutas sagradas, árboles sagrados y templos. Pero no son refugios seguros. Acudiendo a estos refugios, uno no se libera del dolor”. Solo en el budismo tibetano, el más nuevo y reciente, que por su aislamiento histórico se desarrolló en algunos aspectos de forma autónoma, encontramos, como le ocurrió al pueblo de Israel cuando se creyó olvidado por Moisés, algunos vestigios de regreso a las viejas usanzas deístas, si bien esto solo puede entenderse como una desviación de la doctrina. La respuesta a la pregunta que nos formulábamos estaría contestada: “Un tercio de la humanidad vive sin Dios, aunque mantiene un ideal de trascendencia de esta vida, para lo cual estructura en código y ritual la relación con esa creencia (religión) y facilita la relación íntima con la misma (espiritualidad)”. Hablaríamos pues de religión y espiritualidad sin Dios. Religión, pues necesita estructurar el código formal y ritual con la trascendencia de esta vida a la que aspira y espiritual, pues necesita vivenciar esta trascendencia. El concepto de trascendencia se erige pues en el sustituto de Dios en estas religiones.

5


Aunque soy consciente que estamos forzando la interpretación de algunos términos en aras de ser concisos en un análisis que no puede alargarse 300 páginas, en sentido estricto del término bien podría hablarse de religiones ateas. Así lo entienden un buen número de antropólogos y pensadores modernos, incluso, algunos teólogos, puesto que, el ateísmo, como comentaremos más adelante, no entra en la existencia o no de trascendencia, se limita tan solo a negar la divinidad. Se puede pues vivir sin Dios como hemos visto, pero…. ¿se puede vivir sin religión? ¿Se puede vivir sin espiritualidad? Son los dos elementos que nos quedan de la fórmula primigenia. ¿Se puede vivir sin el concepto de trascendencia? La función última de toda religión es ofrecer una alternativa a esta vida, en ello se basa el código de toda religión o creencia. El sentido de trascendencia, con o sin Dios, es pues consustancial al concepto de religión, de hecho puede haber religión sin Dios, pero no sin trascendencia. Si eliminamos la trascendencia de esta vida, desaparece la religión, pues deja de tener razón de ser. En las religiones sin Dios, como en el resto, la necesidad de alternativa a esta vida se torna necesaria y por lo tanto tendremos que formular el código conceptual y ritual (religión) que nos ayude a su obtención y que nos facilite la relación íntima o espiritual con esa creencia (espiritualidad). Este es un concepto que podría ser compartido por un ateo, puesto que el ateo no entra en el concepto de la trascendencia, como antes comentamos, que no cuestiona en sentido estricto, sino que solo niega la existencia de Dios o su imposibilidad de ser, en función del tipo de ateísmo que se trate. En sentido estricto, un taoísta o un budista son tan ateos como el que 6


más. Otro tema será si el ateo, además de ser ateo, cree o no en la trascendencia de esta vida, pero este es un aspecto que se añadiría a su condición de ateo y que no derivaría necesariamente de dicha condición. El concepto de ateo, incluso en su acepción más extrema, el denominado ateísmo duro, solo entra en la negación por imposibilidad de la divinidad, nada más. Lo demás son connotaciones que provienen de otras derivadas, pero no necesariamente de la condición de ateo. Estaríamos así ante una aparente paradoja, ¿puede un ateo ser religioso y espiritual? En esencia si, nada lo impide, puesto que, si a pesar de negar la existencia de Dioses, tiene una concepción trascendente de esta vida, cualquiera que sea el concepto de esa trascendencia, tendrá las dos necesidades que lleva aparejado: Estructurar moral, ética y ritualmente esa relación (religión o religiosidad) y facilitar la relación íntima con esa creencia (espiritualidad). Partíamos de una ecuación con tres variables, de las cuales solo nos quedan dos, la religión y la espiritualidad. Es el momento de dar otro paso. ¿Qué ocurre si negamos la trascendencia de esta vida a otra, sea esta trascendencia la que sea: un cielo, el nirvana, el paraíso….? ¿Qué ocurre si afirmamos que toda la vida posible es ésta y no otra vida? Estaremos de acuerdo que es imposible demostrar de forma científica y empírica una creencia basada en la fe. Por lo tanto, si lo que el creyente cree, lo cree por convicción íntima de fe, debería ser receptivo a que otra persona, aplicando, no la fe,

7


sino la razón o al menos su razón, pudiera recalar en otra convicción diferente. Es por ello que resulta poco adecuado criticar a alguien que en uso de su razón afirma lo contrario de lo que otro cree con la única razón de su fe. No debemos pues extrañarnos de que algunos afirmemos que no hay más vida que esta vida y eso es tan demostrable como cualquier otra postura que se presente a examen. Estamos pues ante una alternativa, una posibilidad que habrá que considerar en nuestra ecuación. La negación de la trascendencia de esta vida hace desaparecer la religión y el concepto de religiosidad, puesto que elimina su razón de ser. Ya hemos comentado que no hay otro sentido para la religión que la de estructurar la relación con un concepto trascendente de esta vida y en eso no podremos encontrar ninguna religión en el mundo, ni en la Historia, que no responda a este patrón. Poco a poco vamos avanzando en este recorrido hacia la nada. Hemos visto que se puede vivir sin Dios (la situación de las religiones ateas y de los mismos ateos) y que incluso se puede vivir sin religión (la situación de los ateos que niegan la trascendencia de esta vida). Solo nos quedaría la espiritualidad y por fin llega la gran pregunta, ¿puede la espiritualidad sobrevivir a la falta de Dios y a la falta de religión? ¿Existe o puede existir una espiritualidad sin el concepto trascendente? La trascendencia religiosa nos facilita una alternativa a esta vida, pero no es la única acepción posible del concepto de trascendencia. ¿Que otra cosa es la iluminación más que una trascendencia en este mundo, aquí y ahora, de lo que somos, 8


hacia un ser iluminado mejor, más evolucionado e incluso más espiritual? En estos casos hablaríamos de trascender del ser, pero no necesariamente hacia una vida futura, pues no nos moveríamos nunca de los parámetros de la existencia conocida. Una persona que tenga por aspiración convertirse en un ser más evolucionado moral y éticamente, en alcanzar un estado más consciente de la existencia y de su integración en el todo, estaría hablando de un deseo de trascender de aquel que es, hacia otro ser en el que aspira a convertirse. ¿A que otra cosa nos dedicamos aquí, en este Templo, queridos hermanos? ¿Acaso no es la aspiración de trascender de quien somos, lo que nos trajo al difícil trabajo del mazo y el cincel? ¿Acaso no hablamos de aspirar a la iluminación cuando explicamos nuestra actividad y esa iluminación, esa transformación, esa metamorfosis del ser profano al ser iluminado? ¿Quizá lo aplazamos para mejor vida? ¡No, QQHH! Trabajamos para que se produzca aquí y ahora, en esta vida, como lo pretenden los budistas, como lo pretendían los místicos, como lo perseguían los humanistas. Como decía Andrés Comte-Sponville, uno de los pensadores contemporáneos más relevantes, “La espiritualidad ha de ser entendida como la parte de nosotros que es capaz de confrontarse con el misterio del ser”. Hemos visto que la espiritualidad es la necesidad de relación íntima con una convicción trascendente y desde ese planteamiento, un ateo que niega una alternativa a esta vida, pero aspire a una trascendencia dentro de ella, puede y de hecho posee una concepción espiritual, pues la íntima relación con esa convicción y la íntima necesidad de comunión con ese deseo de trascendencia así lo exigen. 9


Pero ya no podemos seguir eliminando conceptos de la ecuación, pues, aunque es posible vivir sin Dios y es posible vivir sin religión, no es posible vivir sin espiritualidad, puesto que la ausencia de una trascendencia, no solo de esta vida, sino incluso dentro de esta vida, lleva necesariamente a la destrucción de toda esperanza y a la anulación del ser. Quizá este concepto lo podamos comentar en otro momento. La espiritualidad es pues el común denominador, el nexo de unión, incluso entre nosotros aquí y ahora. Es el elemento que compartimos cualquiera que sea nuestra concepción vital. Es por ello que podemos convivir y trabajar en pos de una trascendencia, que para unos será religiosa y para otros no, que para unos estará fijada en otra vida y para otros en ésta, que para unos estará guiada por sendas religiosas y para otros por la senda de la razón. Unos lo expresaréis en términos de moral y otros lo haremos en términos de ética, pero todos compartimos un sentido espiritual de la vida, aunque no sea la misma espiritualidad. Es por ello que la masonería lleva postulando desde su mismo origen, pues hay documentos que muestran debates sobre el tema contemporáneos a las mismas Constituciones de Anderson, que una de las soluciones que permitirían la superación de conflictos, como lo demuestra nuestro día a día, es avanzar hacia sociedades cada vez mas espirituales, pero para ello deberíamos tener claras dos cosas: la primera, la diferencia que hoy hemos tratado, entre la Divinidad, la religión y/o religiosidad y la espiritualidad y la segunda que debemos situar la espiritualidad en el centro del vértice y desplazar los conceptos de religión e incluso de Dios, que pasarían al ámbito de lo secundario, es decir, en conceptos de sociedad, al ámbito de lo privado, puesto que es en la espiritualidad donde se produciría el encuentro. 10


Estaríamos hablando de los fundamentos de una sociedad laica, que, como digo, está en la misma esencia y génesis de la masonería. No es en absoluto una nueva moda. Sociedad laica que no puede ni debe ser sociedad sin espiritualidad, pues es precisamente en la espiritualidad donde la sociedad laica encuentra su clave de bóveda. He dicho. J.A. R.·. L.·. Mediodía nº 66 Or.·. de Sevilla, Octubre 2010 (e.·.v.·.)

11

Espiritualidad  

Trabajo de arquitectura

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you