Issuu on Google+

CuaderRos de

Madlnat al -Zahr谩'

Vol. 5 C贸rdob

a, 2004


CTJADERI{OS DE MADiNAT AL-ZAI]RÁ'


Cuadernos de Madinat a|-Zahra Revista de difusión científica del Conjunto Arqueo.lógico Madrnat al-Zahra

CONSEJO DE REDACCIÓN (Miembros de ia Comisión Técnica de Madinat al-Zahra)

Presidente: D. JESÚS ROMERo BENÍTEZ Directur Genera/ d¿ Biene.¡ Calnrales

Vocales: D." MERCEDES MUDARRA BARRERO De/egada

Prorjrcia/ le Ca/ttra

rJe

Cít'daba

D. ANTONTO VALLEJO TRTANO Dirrtor del Con.funto Arquealígico Madjrat dl Z¿br¿ D. MANUEL ACIÉN ALMANSA Uniru':idad

de

rtIálaga

D." CARMEN BARCELÓ TORRES L,ttt. n)J¿J J. \ L/.ttri¡ D." JULIA CARABAZA BRAVO Uú¡w¡irlad d¿ ,\eúllt

D.JUAN STRRANO MUÑOZ Arquitecta

COMITÉ ASESOR D. PATRICE CRESSIER Ca:a de Vlázqrcz

D. CHRIST]AN E\rERT Irntituta Arqaeolígico A lenún

D. PIERRE GUICHARD tJnit,ersidad ¿tt llon II D. ESTEBAN HERNÁNDEZ BERMEJO Director delJardín Batánico rk Córdoba

D, M,'ANTONIA ]\4ARTíNEZ NUNEZ Uniursidal le lIálaga

D. ALASTAIR NORTHEDGE Uniuersi¿lad de

Parí:

I

D. VÍCTOR PÉREZ ESCOLANO fl n irer.¡ i tlad de S eú / la

O Junta de Andalucía. Consejcría dc Cultura (c) Los

Sor

autores

Imprenta San Pablo, S. L. - Córdoba Ángela de Ia Cruz, 1 2 - Teléfir¡o 951 283 106 ISSN:1119-9996 Depósito Legal: CO. 1.64412004


SUMARIO . ESTUDIOS EDUARDO MANZANO MORENO El

círculct de pocler de los califas ornelas cle

Córclaha

Pág. 9

JEAN-PIERRE VAN STAÉVEL

Prítoir jzgaler, bátir : droit de la judiciairu

)

Cordoae rJurant le

cr¡nslruclian et institarians

í'lX'

si¿cle

Pág.

3L

MOHAMED MEOUAK Madinat al-Zabm'

en las fuentes

árabu del occidente

i¡láttica

Pág. 53

BRUNA SORAVIA Une bistaire de la f.rna. Aurariré er le tuIutpaltis

d'Ibn

lígitirnirí dan:

Hayan

Pág. 81

MANIIELA MARÍN A/tos fancionarios para e/ ca/ifa: jueces 1 otras cargos de la

Adntinisnación cle'Al¡d al-Rabntan

III

Pá9.97

M.' ANTONIA MARTÍNEZ NÚÑEZ. MANUEL ACIÉN ATMANSA La epi¡1rafra

de

al-Zabra'

Pá9. I07

ya - pa / e s t i n i enne

Pás.159

Madinar

SOLANGE ORY L'

ep

i grap b i e umayy ade

s

CARMEN BARCETÓ El cíJin andalusi de "praaincias" durante el Califato

(3a0_403t9j2_10j3)

pá9. t73

ANTONTO VALLEJO TRTANO, ALBERTO MONTEJO CÓRDOBA, ANDRÉS GARCÍA CORTÉS /a interaenciín art¡aeo/ígica en /a "Ca:a de Ya'far" 1 en el ecliJicia cle "Patio cle los Pilaru" de X[adinat al-Zahra' Resa/tados preliminares de

Pá9.

I99


PATRICE CRESSIER,

MOURAD RAMMAH S¿bra al-A4ansariya : [Jne autre aille

caltfale

Pág.241

JUAN F. MURILLO REDONDO, MARÍA TERESA CASAL GARCÍA, ELENA CASTRO DEL RÍO Madinat Qar¡aba. Aproxinaciín al procesa de forntaciín de la ciudad emiral 1 califal a patir de la información arquealógica Pág. 217 VICENTE SALVATIERRA La instauraciín clel Califato en el AIra

Gaadalqaiuir

Pá5. 291

PEDRO GURRIARÁN DAZA Hacia una canstrucción del poder. Las prácticas edi/icias en la periferia andalusi duranre el

Pág. 297

ALBERTO CANTO GARCÍA El dinar en al-Andalas en el sigla X

Pás.327

Califaro

CAROLINA DOMÉNECH BELDA La

rnaneda

farimí 1 sa relaciín

con

al-Andalus

Pág. 339

PATRICE CRESSIER Histarias de capiteles: ¿Hubo talleres califales

pratincialesi'

Pá9. 751

TILO ULBERT Resafa en

Siria. Una

residencia

califal

de los últimrts onteyas en

)riente Pá9. 377

BERNABÉ CABAÑERO SUBIZA, VALERO HERRERA ONTAÑÓN La tecbu¡nbre de la ampliación de al-Hakan II rJe la mezqaita aljama d¿ Círdoba. Análisi: tícnico 1 estulio forxul de sa policrarnía

Pá9. 391

SABINE NOACK.HALEY Los capireles de

la hlezt¡aita

de

Madinar

al-Zaltra'

Pág.

Egypte

Pág. 445

4I3

MARIANNE BARRUCAND Le prentier clécor arcltitectural

fatimide

en

PIERRE GUICHARD Canc/usions

.

Pág.463

CRÓNICA DEL CONJUNTO

ANTONIO VALLEJO TRIANO, JOSÉ ESCUDERO ARANDA Crínica del Conlanto, añas 1998-2003

Pág. 47

I


ESTIJDIOS ACTAS DE LAS IV JORNADAS DE MADINAT AL-ZAHRÁ': Nuevas investigaciones sobre eI Califato de Córdoba Córdoba, 10-12 Noviembre 2003


ATTOS FUNCIONARIOS PARA EL CALIFA:

Y OTROS CARGOS DE LA ADMINISTRACTÓX DE'ABD AL-RAHMÁN IIII

JUECES

MANUELA

rranÍN

CSIC, A'I¿drid

ABSTRACT

REST]MEN

A través del estudio de las biografías de los ule'Abd al-Rahmán III, se analizan las

mas en época de

relaciones ent¡e el espacio político y el religioso,

sr-rs

contactos y sus áreas de conflicto o de colaboración.

estudia también Ia política de nombramientos 'Abd al-Rahmán III para el cargo de juez mayor de Córdoba, y las carreras políticas y funcionariales

Se de

de los designados para ese cargo.

Biographical sources are used in this article for the study of the relationship between the political and the religious spaces during the caliphate of 'Abd at-Rahmán III. Areas of rejection, conflict and cooperation between the 'ulama' and the government are identified and analyzed. In the last part of the article. the careers of the holders of Cordoba's judgeship are examined, and their common patterns explained as part of the Caliph's politics.

Key words

Palabras Calave

Califato de Córdoba

-

jueces, altos fi-rnciona-

Cordoba Caliphate - judges, high officials.

ri os.

f a pretensión de entender "el islam" como Lln Lsiste-u ideológico que proporciona las claves

considera como presupuesto inamovible la simbiosis entre religión y política en el islam, de manera

pan la comprensión de las sociedades

que el califa, autoridad slrprema en ambos espacios, encarna un ideal teocrático que se manifiesta en

necesarias

llamadas islámicas l-ra producido distorsiones significativas en el análisis histórico de esas sociedades. Por un lado, una

visión tradicional que aún persiste

muchos otros aspectos de Ia vida social. Por otro lado. se ha insistido en la existencia de un ámbito 91


específicamente político, al que no renían acceso Ios representantes del mundo religioso -los alfaquíes y

ulemas-, cluienes mantenían, a sll vez, un control estricto de su propio marco de acrr-ración. No pretendo aquí examinar y discurir las implicaciones de estas visiones contrapuestas, qr,re llegan hasta la actualidad política de nuestros díasr. Pero es en ese marco dónde quisiera situar mi propia aportación, Iimitada a un país de Ia periferia dei islam clásico -al-Ándalus y a un período muy concreto: el califato de 'Abd al-Rahmán III, en la primera mitacl del siglo IV/X. En ese lugar y en esa época se pueden observar ciertos fenómenos de Ia interacción entre religión y política que no responden a ninguna de ias dos interpretaciones anres señaladas; por el contrario, las fronteras entre ambos espacios pueden variar, borrarse o reconstruirse de acuerdo con opciones personales, condicionamrentos sociales y económicos, o a través de Ia decidida intervención de los representanres del poder. Se dibu¡a así un mapa de hechos complejos, entre los cuales es posible distingr-rir, en ocrsiones, esquemas de actuación signilicativos. No es posible extrapolar las conclusiones ol¡tenidas a otros períodos de la historia de al-Ándalus y, con mayor nzón, a la de otras regiones islámicas; pero la observación y esrlrdio de casos concretos como ei clue aquí se presenra sólo puede contribuir -cuando la documentación existenre así lo permite- a un mcjor r'onocimiento de la muy diversa histori¿r del mundo islámico premoderno. 1.

HISTORIA Y DOCUMENTOS

En las crónicas qlre describen el acontecer del reinado de 'Abd al-Rahmán III se mencionan con cierta frecuencia personajes que ocupirron puestos importantes en la administración califal, especialmente visires, gobernadores y cargos militaresr. Un documento de gran importancia nos informa sobre quiénes pertenecían a las élites del estado: se rrara de la sumisión de Zaragoza, firmada en 32J1937, y en la que aparecen, por este orden, los hijos del califa, sus tíos, visires, altos cargos (asbáb al-jutat: caíd, kátib, sábib al-íurta, ¡ahib al-mazálin, resorero, encargado del alarde), clientes de los omeyas, quray5íes, magistrados (juez mayor de Córdoba y sVhib a/-radcl), alfaquíes y notables de Zaragozaa. 92

Es decir, qlre en primer lugar aparecen,

e n este documento, personajes relacionados con el califa por vínculos de sangre o clientela, además de varios altos cargos; al frnal de la relación se mencionan dos magistrados, eI juez mayor de Córdoba y eI sábib al-rddd, y por írltimo, una lista de 25 alfaquíes, el grupo más numeroso, seguido por el de los clientes

omeyas (18).

La apariciírn de esos 25 alfaquíes en un documento tan relevante parala l-ristoria del califato ncr parece ofrecer dudas sobre su interpretación. Un

lector actual los identihca de inmediato con

los

personajes más notables del ámbito propiamente

islámico, cuya firma otorgaba aval religioso a la acción política del califa. Puede concluirse que se trata de un claro ejemplo de teocracia en acción. Cuando se intenta perfilar las personalidades de esos alfaquíes, Ias cosas no son, sin embargo, tan claras. Junto a nombres muy conociclos o perfectamente identificabies en Ios diccionarios biográficosi, aparecen 10 qr-re no merecieron la arención de los autores de esas obrast'. Nos encontramos así ante Lrna primera conrradicción entre las bases documentales a nlrestra clisposición: hr-rbo alfaquíes que fr-reron considerados políricamente significarivos y de cuya frrma se cleja const¿rncia en un documento político registrado por Lrna c¡ónica histórica, mientras que no tuvieron Ia relevancia necesa¡i¿ en el mundo del saber como para ser incorporaclos al repertorio biográfico de los sabios de al-Ándalus. Debe explicarse su presencia por orras r¿rzoncs, entre las cuales no hay que descartar su pertenencia a familias de ulemas prestiéliosos (es el caso de alguno de ellos), o sus vínculos con el apararo político-ad-

ministrativo de los omeyas. Crónicas y diccionarios biográfrcos son, por tanto, complementarios sólo en parte , y Ias carencias de unas no se compensan con los datos de otros

viceversa. Ahora bien, gracias a los diccionarios biográfrcos es posible obtener informaciones

-y

notablemente detalladas sobre la intervención de los r-rlemas en el ámbito de ia poiítica, su rechazo a ese espacio o sL1 Lrtilización por parte del poder, y no por qr-re todo ello interesase a los autores de Ios diccionarios, sino porqlle el carácter cuanritativo de estas obras favorece la repetición de datos (y, por consiguiente, su comparación) en aspectos tan concretos como los señalados'-. Por otra parte , el


material narrativo o anécdotico que suele aparecer rn alguno de los diccionarios biográhcos conservados -el ejemplo más notable en ese sentido es el del (la/i'IyáQ ofrece en ocasiones la posibilidad de ob-

conducta y mostrarle el camino más adecuado. El ulema protagoniza entonces anécdotas eiemplares en las que el gobernante se ve obligado a reconocer

servar a los ulemas como protaé{onistas de acciones

anécclotas qr-Le a menudo sigr-ren un clesarrollo narra-

y portadoras por tanto de para los lectores de esas obras. EI sen-

la superioriclad moral y religiosa de su oponente,

consideradas ejemplares

tivo

signihcado

se

tido que adqr,rieren, hoy en clía, es probablemente muy distinto, pero aírn así tienen un valor del que carecen otro tipo de datos cle carácter más dedicidamente cuantitativo. Para el estudio que a continuación sigue, he utifizado las biografías de 67 ulemas qr-re vivieron durante el califato de 'Abd al-Rahmán III, o que murieron poco después cle iniciarse el reinado de su slrcesors y que ejercieron sLr actividacl en Córdoba o en estrecha relación con el poder omeya. La selección cle este

clrp^ biográhco se ha hecho cle acuerutilizado por eI c¡ad7'Iyácl en ia

do con el criterio

selección de los componentes de

lils "generaciones"

qlre corresponclen a ese periodo, alrnqLle a este Éarlrpo las biografías cle otros sabios registradas en diccionarios biográfrcos anteriores (Ibn Hárit al-.luianr e Ibn ¿rl-Farad]). El conjunto obtenido es de una gran variedad, pero no clebe olviclarse qlle, en toclo caso, se tr¿rta de un grupo cle élite respecto, no sólo al conjunto de la sociedad. sino también al de ios ulemas en sll toQahaqát)

se han incorpo¡aclo

talidad.

2.

ULEMAS Y PODER POLÍTICO Entre las actitLrdes que caracterizan a los ulemas

cuenta, sin cluda, el recl-iazo a aceptar cargos ollciales cuyo nombramiento procede del poder político. Este rechazr) se extiende en muchos más piadosos se

casos al 1¡

contacto con los representantes de ese poder

a la aceptación de sus dádir.as, llegando a extre-

mos cle escrupulosidad

aparentemente excesiva en

los ejemplos más signifrcados de esta

actitud!.

En el grupo de ulemas que se están estlrdianclo aquí, no llama la atención encontrar hr-rellas de esta

apartan de ese carácter tópico por las circunstan-

cias en que se produce -xunqLre no por su intcnción

moralizante- Iigura uno atribuiclo a Ibn al-Maé5át al-Azdl, cuando estaba enca¡gado del sermón clel viernes en la mezqr-rita aljama, sermón que solía ser bastante largo. Un viernes, en el clue el califa se en-

contral¡a en Córdoba a la hora cle la oración, liamó a su visir Abr-r 'Utmán b. IclrJsL(' y le ordenó que fuese a ver al predicaclor y Ie dijese que aligerase el tiempo dedicado al se¡món. El visir, buen diplomiitico, trasladó ia o¡clen añadienclo el pretexto de que al caliñ le dolía la cabeza, nzón clue le había impeclido ma¡cl-iar a MacLnat al-Zahrá' como era su cosrumbre, por lo cr-ral le pedía que abreviase su prédica, ya que no le parecía conveniente fakar aIa oración clel viernes. En la segunda p¿rrte dei relato, Ibn al-Ma55át no renuncr¡ a pronuncrlr un sermón todavía más largo de 1o habitual en é1, y el califa reconoce y premia su virtud re ligiosa, qlle no se ha plegado a sus requerimientos". Se documentan también en esta época, como en otras, ejemplos de ulemas qlle, ¿rnte la "amenaza" de ser nombrados cadíes, o de recibir la incleseada visita de un élran señor, huyen despavoridos. En otros

el biógrafo se limita a utilizar descripciones "se mezclaba mLly poco con la gente del mr-rncomo czrsos,

clo (c/unp)", "llev¿rba una vida retirada

(inqibid) y

se queclaba en su casa", "era de los que vivían ale-

jados del sultán", etc. Con todo, en el conjunto de biografías analizadas aquí, estas actitudes de ¡echa-

zo son claramente minorita¡ias. La gran mayoría de los sabios que destacaron dr-rrante el c¿rlifato de al-Násir no tuvieron ninguna ciificult;rd en incorporarse al aparato administrativo en slrs vertientes jurídico-religiosas, y alguno, incluso, eierció con-

total hasta diversos compromi-

siderables cuotas de poder político, como veremos m¿ís aclelante. L¿r renuncia al contacto con 1a pompa

con la realiclacl. En ciertas biografías se insiste,

mundan¿rl pertenece ¿l las corrientes ascéticas que

clase de

comportamiento, en una gradación que va

desde la repr,rlsa más sos

mr-ry semejante entre sí. Entre los relatos clue

por otra parte, en el valor ejemplar que ese contac-

to puede tener: se trata de acluéllos que Lrtilizan su posición ante el califa como medio para corregir sn

a1-Ándalus desde época temprana. proyección social, sin embargo, no pudo ser sino Su minoritari¿r. alrn entre los círculos de los r-rlemas. se desarroll¿rn en

97


Si la literatura biográfrca alaba las virtudes de los sabios de vida retirada. también lo hace con

de personajes menos relevantes, se observa cómo el nombramiento de juez en una provincia corona Lrna

quienes, como se dice en algún caso, gozaron de Ia privanza del emir o el califa. Esta posición eminente no es nllnca merecedora de censura, como tampoco Io es que un sabio reciba estipendios (yaun'lz) del soberano. Es más, se recogen algunas anécdotas en las que los compañe¡os de un determinado ulema desaprueban Ia incoherencia de su conducta si en un momento dado condena 1a "colaboración" con el poder y, más adelante, se mlrestra dispuesto a admitirla y acepta los cargos que se le ofrecenl2. ¿Cuáles eran esos cargos? Las biografías re-

trayectoria de jurisconsulto afamador i; o cómo, tras ejercer el cadiazgo en las provincias, se obtiene un puesto importante en la capital cordobesa't. Todos los cargos que documentan estas biografías comparten un ámbito específico, que es, precisamente, en el clue convergen y se superponen las áreas del poder político y el religioso. La coincidencia se acentúa e n el espacio de la mezquita allama, donde ejercen sus funciones el juez mayor y sus consultores, el director de Ia oración, el predicador, el gerente de los legados píos y el de Ias limosnas del califa. Nombrados todos ellos por el soberano, estos funcionarios componen la élite de una administración que gestiona todos los asuntos de Ia comunidad, con las únicas -pero muy importantes- excepciones de la fiscalidad y el ejército.

cogidas

me

ncionan los siguientes: jurisconsulto

(rnufawar), director de la oración, notario (¡ahib al-

ttala'iq), encargado de la distribución de las limosnas del califa (intánat al-sadaqa), predicador (ja¡ib), encargado de Ia íurta, gerente de los legados píos (nazar al-abbZs), secretario del juez (katib) y, por su-

puesro, ltez

(c1a¿7).

De estos últimos me ocuparé en un apartado especial dedicado a los jueces de 'Abd al-Rahmán III. En lo que se refiere al ¡esto de los cargos mencionados, se observa una neta diferencia entre el número de jurisconsultos (30) y el de otros funcionarios: 9 fueron directores de la oración, 1 notarios, ,1 se ocuparon de Ia gestión y distribución de las limosnas del caIifa,2 fueron predicadores, dos, jefes de la íarla y otros dos, gerentes de los legados píos. Hay también noticia de un secretario de juzgado.

La abundancia de jurisconsultos se explica f,ícilmente: el consejo (frra) del juez era un órgano colectivo, que en algún momento llegó a tener 16 miembrosrr. Es necesario tener en cuenta, por otro lado, que varias de estas funciones podían ser ejercidas simultáneamente: no es raro encontrar a un director de la oración qlre es además predicador o jtrez, o a un jurisconsulto que también es director de la oración. Más

difícil

Lrn carslt.J bonorurn,

puesto que a menudo Ios biográ-

es

precisar la existencia de

fos se Iimitan a señalar las funciones desempeñadas,

sin precisar su secuencia temporal. Ar-rn así, algr-rnos casos pueden servir como indicadores útiles de los peldaños que constitlrían una carrera en la administración califal. Los más significativos son los correspondientes a los jueces mayores de Córdoba, que son por otro lado los biograflados sobre los que disponemos de mayor información. En ejemplos 94

Por otro 1ado, el contexto religioso se acentúa más en cargos como el de director de Ia oración o el de predicador, mientras qlre en otros se difumina hasta desaparecer casi por completo. Ocurre así con los notarios, de qr,rienes se conocen cuatro biografías. Tres de ellos fueron notarios del califa, encargados de redactar los docr-rmentos personales

de 'Abd al-Rahmán III: Muhammad b. Ibráhim b. Masrur Ibn al-Yabbáb (m. después de 319 o 3201%I-931)r6, Muhammad b. Yahyi b. 'Umar b. Lubába al-Barlrun (nt. )301911-942), qrc ejerció ese cargo al final de su vida, después de haber sido destituido como juez de ElviraL:, y Qásim b. Muhammad b. Qásim b. Muhammad b. Muh¿rmmad b. Sayyár's, que sucedió al anterior en ese puesto de especial confr.anza en el entorno del califa. Como

su antecesor, Qásim b. Muhammad (m. )5i1964!65) pertenecía a una ilustre familia cordobesa qr-re había dado otros mieml¡ros a la élite intelectual y profesional del estado omeya. El padre de Qásim b. Muhammad había adquirido gran renombre como redactor de documentos notariales) y en esa capacidad asesoró aI |uez Ahmad b. Baqr durante su cadiazgole. No se dice en su biografía, sin embargo, que hubiera ocupado un cargo similar al de su hijo en la corte de al-Násir. El cuarto notario de que se tiene constancia es un caso bien distinto a los anteriores: se trata de Muhammad b. Fudayl b.

Hudayl al-Haddád (m. 3211938, en Ia batalla

de

Alhandega)2('. Como su laqab indica, Muhammad


b. Hudayl era comerciante en el zoco del hierro; sus

conocimientos de derecho islámico lo convirtieron

y comerciantes del zoco también fue notario (sahib

en muftí de los artesanos de Córdoba, de donde wa¿7'iqi-ha)2t

.

He destacado a estos cuatro notarios porque son los únicos de quienes se dan suficientes deta-

lles como para poder establecer con precisión las funciones que desempeñaron. De sr-rs biografías se desprende que un cargo como el de notario del califa exigía habilidades que iban más aIIá de1 estricto

conocimiento de las fórmulas notariales; bien es cierto que además proporcionaba a quienes lo ejercían una elevada posición y grandes áreas de poder. Igualmente importante debió de ser la función de notario del zoco cordobés, ejercida por Muhammad b. Fudayl al-Haddád. Otros dos comerciantes, uno llamado al-'Attár y otro al-Habbáb, fueron muftíes, como al-Haddád, para la "gente del zoco", es decir, que conocían las normas del derecho en clrestiones económicas y aconsejaban a sus colegas sobre las condiciones exigidas por esas normas para cumplir con la legalidad vigente". Junto a estos personajes, bien identificados en el ejercicio de un cargo muy

Durante todo el reinado de 'Abd al-Rahmán III, las muy abundantes noticias sobre los encargados de las diversas categorías de la íurta coinciden en situarlos fuera del mundo de los ulemas: se trata de personajes que son visires, jefes del ejército, clientes del caltfa... en una palabra, todos ellos pertenecen a la ahl al-jidma, los servidores del soberano-6. Segr-rirán siéndolo durante el reinado de al-Hakam

II,

pero éste inaugura una nueva política, que se trasluce en los nombramientos de ulemas para los abkvm al-íurta de Córdoba, política que continuará hasta frnales del califato. En total, durante la segunda mitad del s. IV/X, 16 sabios ejercieron esta función. dos de los cuales han sido incluidos en este estudio porque, a pesar de haber sido nombrados por al-Hakam II, su vida profesional se de-

tran Lrna decidida inclinación, en muchos de ellos,

sarrolló fundamentalmente bajo el reinado de all{ásir: 'Abd Alláh b. Muhammad b. 'Abd Alláh b. Abi Dulaym (m. 35 I1962-963) y el ya mencionado con anterioridad Qásim b. Muhammad b. Qásim b. Muhammad b. Muhammad b. Sayyár27. El examen de las biografías de estos 16 personajes cae fuera de los límites cronológicos de este estudio, pero seftalaré, sin embargo, que en varias de ellas se hace constar que se trataba de una magistratura de gran categoría (ja¡¡a rafi'a; y que ser nombrado para ella

hacia el cultivo de una disciplina

suponía un avance profesional considerable2s.

dellnido, las biografías de sabios de esta época mues-

-la redacción de documentos- que debía de proporcionar ingresos notables. Además de los ya mencionados, otros 14 sabios son descritos como expertos en ua¡a'iq ylo eníurut, una especialización qr-re supera a cualquier otra en la catalogación de saberes hecha por los biógrafos para esta época'j. Después de los notarios, los sabios que ejercieron como :ahib al-íurta parecen en principio situarse al margen de Io religioso y entrar de lleno en el ámbito de la administración

"civil". IJn examen

de

las biografías de sabios andalusíes que fueron encargados de esta función arroja algunos resultados inreresanres. que resumo a continuación.

Hasta la mención de los dos ¡ahib al-íurta a que me he ¡eferido antes. y que murieron en los primeros años del califato de al-Hakam II, no se sabe prácticamente de ningún ulema que 1o hubiera sido en Córdoba2a. Curiosamente, en la Marca Superior hay dos casos de ulemas encargados de esta función, que fueron nombrados por señores locales, pertenecientes a los Banu Tawil y los Banü Qasizt.

La aparición del nombre del califa al-Hakam II y su papel en la incorporación de ulemas a determinadas áreas de1 "servicio" administrativo me permite recordar que ya como príncipe heredero alHakam había tenido intervenciones importantes en el mundo de los ulemas. Tradicionalmente se viene caracteúzando a al-Hakam como un príncipe sabio, dedicado al estudio y aI mecenazgo, y que deiegó la gestión de los asuntos en las manos del cada vez más poderoso chambeián Muhammad b. Abi 'Ámir. No debe olvidarse, sin embargo, que al-Hakam tuvo

una activa vida política durante el reinado de su padre. Parte de esa actividad se llevó a cabo en e1 mundo de los ulemas, a los que al-Hakam utilizó para cfeaf un "partido" en qlre apoyarse, como se verá a continuación.

Los hechos más significativos, a este respecto, son los reiacionados con la ejecución de 'Abd Alláh, hijo de 'Abd al-Rahmán III ¡ por tanto, hermano de al-Hakam. Disponemos de dos versiones de esos sucesos, una más resumida, que es Ia que recoge el

9t


t@/i'IyáQ, y otra más detallada, reproducida por Ibn al-Abbár, que ia tomó del historiador Ibn 'Afif']e. El inicio del relato, según Ibn 'Afif, es esclarecedor: "E1 príncipe al-Hakam b. al-Násir Ii-din AIláh, príncipe heredero, y su hermano 'Abd Alláh, rivalizaban en el estudio Gdlal) a/:ililr), compitiendo en reunir ciencia y en tomar a los sabios como hechuras siryas (i¡tin7' ahli-hi¡, hacer de ellos miembros de su entorno, acercar sus posiciones y mejorarlos. Ibn 'Abd al-Barr, es decir, Ahmad b. Muhammad, el autor de Ia Historia, era de los qr-re se habían señalado en el partido (hizb) de'Abd AIIáh y había intimado con él hasta no separarse casi de é1" j(r. Como es sabido. 'Abd Alláh fue acusado ante su padre de conspirar para destronarlo, acusación que fue inmediatamente admitida por al-Násir. Cuando los enviados dei califa fueron a casa de 'ALrd AIláh para prenderlo, encontraron allí a "Ahmad b. Muhammad b. 'Abd al-Barr y a otro de sus compañeros, conocido por sahib al-uarda, clue era Ahmad b. 'Abd Alláh b. al-'Attár y qr-re estaban durmiendo allí. Ambos fi-reron apresados y llevados a al-Zahra' , la capital del príncipe de los creyentes, al-Násir, más abajo de Córdoba". A continuación, al-Násir informó a sus visires de Ia detención de su hiio 'Abd Alláh y de sus dos sabios amigos, reflexionando así sobre su presencia en la casa: "lo único que me asombra es que estuviera allí Ibn al-'Attár. ¿Qué es Io que Ie metió en esto, a pesar de su ignorancia y su poca malicia? En cuanto a Ibn 'Abd al-Barr, yo sé que él es quien le engañó (a'Abd Alláh) para convertirse en juez mayor, que Dios lo impida". Los visires se congratularon y pidieron a Dios por é1.

Al-Násir decidió que Ibn 'Abd al-Barr fuera ejecutado el día de la fiesta, la fresta de los sacrificios, que era cu¿rndo se había frjado la conjura. Ese día amaneció muerto en la cárcell su cadáver fue e ntregado a su familia y fue enterrado en el cemente¡io del Arrabal. Esto ocurrió en 338"r'. La conjura de 'Abd Alláh, real o inventada,

se ha atribuido a rina intervención de emisarios frtimíesj2. En el relato de Ibn 'Afif se deja en el anonimato a los "calumniadores" que acudieron a al-Násir, pero cabría slrponer que procedían del entorno del príncipe heredero, con o sin sll conocimiento. Lo que sí queda claro, tras la lectura del texto, es que existía una rivalidad muy acusada entre los dos hermanos, y que ambos habían creado 96

a su alrededor una red clientelar a la que pertenecían miembros destacados de las elites cordobesas. La caracterización que se atribuye a al-Násir de Ios dos sabios detenidos con su hijo no deja de rener su interés: Ibn al-'Attár es disculpado por su ignorancia, pero a Il¡n 'Al¡d al-Barr se le atribuye toda la responsabilidad de los hechos, que habría impr,rlsado llevado por la ambición de convertirse en juez mayor de Córdoba. Como veremos despr-rés, las luchas entre los candidatos a este puesto podían ser feroces, y la utilización de ese argumento por parte del caiifa signiÉca que podía ser considerado como

verosímil. Ibn 'Abd al-Barr pagó con su vida, en todo caso, su pertenencia al partido de 'Abd Alláh, del que se había convertido en príncipal portavoz. En cuanto a Ibn al-'Attár, acaudalado propietario rural y conocido por slr añcrón a la buena mesa, es notable que ninglrna de sus biografías se ocupe de este episodio de su vida, del que salió indemne gracias a la pobre opinión qr-re de él tenía el califarr. En todo este episodio se observa claramente la utilización por parte de los príncipes omeyas del mundo de los ulemas y de cómo éstos, por su parte, se integraban sin dificultad en el jue¿¡o del poder político, que les reportaba ventajas importantes en sus carreras profesionales -aunque también les sometía a los peligros de la lucha entre partidos. Durante slr etapa como príncipe heredero, y por supuesto también como califa, al-Hakam cre6 a su alrededor un círculo de sabios cuya excelencia reflejaba la sr-rya propia, y que le sirvieron en sus dive¡sas capacidades.

No siempre eran cordobeses:

el príncipe debía de tener sistemas de información bastante desarrollados, que le permitían hacer traer a la capital de al-Ándalus a quienes destacaban por su saber en todo el país. Así, en rabi, II de 336loctubre de 941 , htzo venir a Córdoba a Muhammad

b. 'Isá Ibn al-Qallás, para instalarle a continuación en la mezquita aljama de Madinat al-Zahrá')".IJn caso semejante es el de 'Abd al-Malik b. al-'Ásr b. Muhammad b. Bakr al-Sa'di; cuando volvió de una Iarga rihla de más de diez años, en la clue había estudiado con numerosísimos maestros orientales. el

príncipe heredero Io nombró miembro del consejo consultivo del juezrt.

En el alcáza¡ de Madinat al-Zahrá' murió en 3tIl962-963, a comienzos del califato de al-Hakam, Ibn Abi Dulaym, mencionado anteriormente como


sahib se

al-íarta de Córdol¡a. De Ibn Abr Dulaym

dice en su biografía que tenía privanza con el

tima de las maniobras dilatorias de Abu Ibráhim, que no acude a su llamada tan rápidamente como

príncipe heredero, y se sabe que al-Hakam lo había nombrado juez de Pechina y Elvira'6. Otro ejemplo

desearía el soberano"l.

interesante, por los detalles qu€ se dan acerca de las relaciones entre al-Hakam y los ulemas, es el

Abu Ibráhim

b. 'Abd AIIáh b. 'Abd al-Barr alKaikináni (m. 34I 9)2-95))'- . La estrecha relación

de Muhammad

1

que mantllvo con al-Hakam se explica en su biogralía por una intervención sobrenatural: durante

peregrinación aLa Meca, "había orado ante eI ntihrab de Zacarías, en Jerusalén, pidiendo a Dios que le concediese la estima de su sultan y (su petición) fue respondida"j8. Estamos aquí muy su viaje de

lejos de las

actitudes de rechazo hacia todo contacto

con el poder a las que me he referidoantes y, como

indicado, el biógrafo no maniflesta reticencia ni censura ante los hechos que relatare. Es más: este episodio clausura el relato en e1 que se explica cómo al-KaSkrnáni "tenía br-rena posición (ntanzila) con al-Hakam al-Mustansir, pero éste se enfadó con él por algo y juró que no traspasaría el umbral de su saia de reuniones (malt/i¡)durante un año. Luego no pudo soportar su ausencia y le hizo llamar, poniéndole un asiento fuera del nu1/is, hasta que se cumpiió el año y volvió a su costumbre anterior"ro. En los primeros años del reinado de al-Hakam murió (en 314 o )151965-966) Abu Ibráhim Isháq b. Ibráhim al-Tu!'ibi, cuya biografía sintetiza admirablemente las ambigiledades de la relación entre el poder político y el ámbito religioso. Se trata, sin duda, de una trayectoria ejemplar, en la que el bió-

ya se ha

grafo ha seleccionado una serie de anécdotas y sucesos

que convierten a

Abu Ibráhim en un prototipo

ideal, propuesto como modelo de comportamiento

const¡uir una "ciudad religiosa" que no sólo escapase al control político de los gobernantes, sino que lo sustituyese. En todos los encuentros de Abr-r Ibráhim con al-Hakam, el

para quienes aspiraban a

sabio es

siempre la hgura dominante, demostrándo-

la superioridad de los religioso sobre lo político. La postura de al-Hakam, tal como se describe se así

en la larga biografía de

modo, el texto biográfico restablece Ias verdaderas intenciones del califa: un sabio piadoso y ejemplar como Abü Ibráhrm es una amenaza para el poder político, incluso aunque éste se personifrque en alguien como al-Hakam, prototipo de gobernante virtuoso. Gracias a Abu Ibráhim se puede mantener un modelo de relación entre las esferas de 1o religioso y lo político que responde perfectamente a las exigencias de quienes mantenían Ia primacía de 1o primero sobre lo segundo. No obstante , los mismos autores que recogen esta excepcional biografía no desdeñaron incluir otras muchas que, como se ha ido viendo, configuran un panorama muy distinto. En é1, la acción sistemática de los califas, y mlry especialmente la de al-Hakam desde su posición de

príncipe heredero, se dirige hacia la absorción

de

los ulemas en el entramado administrativo y político y slr wilización como instrumento de apoyo a la

dinastía. EI caso de los jueces mayores de Córdoba, que se verá a continuación, conllrma esta situación, a la que añade orros marices.

Abu Ibráhirn, es siempre

de respeto y consideración: fi-re

él quien propuso su

nombre, siendo príncipe heredero, como miembro del consejo del juez; es él quien 1o visita en sll casa y admite que no se levante a saludarlo debido a su vejez; es

Puede considerarse paradójico el que, si bien es definido en su biografía como "de ios que estaban alejados del poder (su/tVn)",Ia gran mayoría de las anécdotas recogidas por eI c¡ad7'Iyád en su biografía se refieran, precisamente, a su reiación con al-Hakam. Sin embargo, esta abundancia de información no es casual -ya se ha mostrado su intencionalidad- y se completa inequívocamente a través del pártafo final de Iabiografía de Abu Ibrá him: "se mencionó que cuando se informó de su muerte aI califa al-Hakam, éste dijo: "alabado sea Dios, que nos ha ahorrado su maldad y nos ha librado de é1". Se contó también que cuando la noticia de su muerte liegó a al-Hakam, junto con la de una conquista, dijo: no sé cual de las dos me alegra más, si la toma de la fortaleza o ia muerte de Isháq, por el temor que le tenía y la obediencia que le prestaba la gente comírn (a/:Vtlnu)"'2. De este

también al-Hakam quien, ya califa, es víc-

3. LOS JUECES MAYORES DE CÓRDOBA

EI primer juez nombrado por 'Abd al-Rahmán III, en rabi' II de 3O0/noviembre de )12 fue Muhammad b. 'Abd aI-JáIiq al-Gassánr. En reali91


dad, lo que hizo el emir fi-ie confirmar en su cargo de juez de Elvira a quien había te nido un papel de cisivo a la hora de conseguirle el apoyo del lund de Damascoll. Un hecho similar se registra en ra!,ab de 30l/enero de 9I4, cuando 'Umar b. 'Abd al'AzIzIbn al-Qütiya (el padre del famoso historiador y gramático) es nombrado juez de la cora de Écija como recompensa por slr intervención para poner término a la secesión sevillanaaa. En 3081920, durante la expedición de Muez, 'Abd al-Rahmán III se instala en Guadalalara, de donde nombra gobernador a Sa'id b. Mundir al-Qura5i, y juez a

Muhammad b. Maysürr-. En 1161928-!, cuando ei emir omeya logra eliminar la disidencia de Mérida, el portavoz de los rebeldes es e1 alfaquí bereber Ibn

Mundir, que consigue, como contrapartida

a su ac-

tuación, ser nombrado juez de Ia ciudad16. La relevancia social y poiítica del cargo de juez aparece nítidamente en estas noticias sobre los primeros años del reinado de 'Abd al-Rahmán III, en ios que la actividad del emir se centra en la recuperación del control sobre los territorios andalusíes en los que se habían instalado poderes autónomos.

Mientras tanto, ¿qué pasaba en Córdoba? Como en las ciudades que se acaban de mencionar -Elvira, Sevilla, Mérida, Guadalajara- las élites locales habían establecido en la capital andalusí sus

propios sistemas de ocupación de cargos administrativoslr. Vinculados a través de redes familiares y económicas, los candidatos a convertirse en juez, director de la oración o predicador en Ia mezquita aljama procedían de ambientes sociales mlry concretos, difuminados en la literatura biográfica, que pretende ofrecer írnicamente una visión de la excelencia intelectual de sus proragonistas, pero que no puede evitar el ofrecer datos sobre los niveles jerárquicos en los que éstos se mueven. Los jueces mayores de Córdoba nombrados por 'Abd al-Rahmán III pertenecen todos elios a lo que los biógrafos denominan "casas nobles , ya sea por el origen de su linaje,yapor la continuidad en el ejercicio de funciones prestigiosas en la administración. En Córdoba, por otro lado, el nuevo emir no tenía que premiar a quienes le ayudaban a consolidar su poder territorial. Al acceder al poder, 'Abd al-Rahmán III se limita a confrrmar en su cargo al jrez nombrado por su abuelo 'Abd Alláh en 29I1903-904: Ahmad b. Mi-rhammad b. Ziyed b. 'Abd al-Rahmán al-Lajmi, 98

conocido como al-Habrbas. Para esta conlirmación, el nuevo emir recurrió, sin embargo, a consultas que aparecen reflejadas en la biografía de otro posible candidato, Muhammad b. 'Umar b. Lubábale; el argi-rmento decisivo fue, precisamente, 1a pertenencia de al-Habib a una familia en cierto modo especializada en

el

cadiazgo de Córdoba, que ha-

bían ocupado su padre y slr tío paterno. Al-Hablb había sido nombrado, en época de 'Abd Alláh, con el apoyo del aparato político, es decir, de los visires del entonces emir de al-Ándalus50. El nombramiento de al-Habrb es una muestra, por parte del nuevo emir, de continuismo y deseo de mantener inalterable el aparato administrativo cordobés, para permitirle ocuparse de otras empresas más Lugentes. Sin embargo, las luchas internas entre ias facciones enfrentadas dentro de ese aparato se revelan bien pronto: al-Habib fi-re destituido el mismo año del acceso al poder de 'Abd al-Rahmán III, nombrándose en su lugar a Aslam b. 'Abd al'Aztztt. Entre J00/912-913 y 3I41926-c¡27, los

dos jueces libran una batalla frontal ante el emir y luego califa, que los alterna en la magistratura cordobesa en dos ocasiones consecutivas. En esa lu-

cha se enf¡entan dos redes clientelares que sufren Ias consecuencias de cada destitución o nombramiento: los protegidos (saná'i') de cada uno de ellos son persegr-ridos alternativamente. Aslam b. 'Abd aI: Aztz perte necía a una ilustre familia de clientes de los omeyas, y su hermano Há5im había sido uno de los generales más destacados del ejército omeya, mientras que al-Habib podía presumir de prestigio familiar. En su enfrentamiento con Aslam, al-Habi b no dudó en recurrir a la intervenctón de una aytnt. ualad del chambelán del emir, Badr, a través de la cual consiguió que Badr le introdujera en el círculo íntimo de 'Abd al-Rahmán III ¡ de ese modo, acceder al favor del príncipe y derrotar a su rivaltr. En 3121924-925 rr,urió al-Habib y 'Abd alRahmán III volvió a nombrar juez mayor de Córdoba a Aslam b. 'Abd aI-'AzIz. Poco tiempo duró éste en el cargo; disminuido en slrs facultades físrcas,

pidió ser relevado de sus fr-rnciones en 3L41926-c)27 (murió en 3I71929-930 o 319l93l-932). EI califa hal¡ía ullizado, hasta entonces, a dos representantes del "establishment" cr¡rdobés, herederos de las redes familiares de linaje prestiÉlioso que se habían instaurado desde los inicios de la presencia islámica


Ibérica. Para continuar en el emblemático cargo de juez mayor de Córdoba, la siguien-

en la Península

te elección del calil¿ no deja de ser significativa: desde 31,i/926-92J hasra 1241911-916, año de su muerte, el cargo fue ocupado por Ahmad b. Baqi b. Majladtr. En la biografía de Ahmad b. Bacli se hace notar

el califa, así como su y su sensatez en la aplicnción de las normas jurídicas. A diferencia de Aslam, se dice, era muy poco riguroso y utilizaba sli sentido común y

el aprecio en el clue 1o tenía carácte¡ afable

su

rnteligencia más que su conocimiento de ios texPor otr¿r parte, slrs orígenes familiares

tos y normas.

eran muy diferentes

de los de los

jr-reces

anteriores.

biografía incir-rye la conocida anécdota en la qr-re, al ser pregr-rntado por sr-r iinaje, responde que sus Su

antepasados

eran clientes de una mujer de Jaén,

provocando la admiración clel príncipe he¡edero alHakam por su modestia al reconocer unos orígenes humildes". En cuanto aI prestigio fámiliar por vía cle realizaciones intelectuales, Ahmad b. Baqr gozó sin duda del conseguido por slr padre, aunclue no hay que olvidar los problemas a qlre éste se enf¡entó y la persecución cle que fue objeto por parte de algunos de sus coiegas. De forma que el "per6l" de Ahmad b. Baqi se desmarca Lrn ranro del de sus dos antecesores en el car¡¡o, y es posible que el califa pretendiera, con este nombramiento, inaugurar una nlle\¡a etapa en la provisión de jueces mayores de Córdoba, cuyas lealtades tuvieran más que ver con su propia persona y no tanto con Ias "familias" de ulemas. Algo que también distingue a Ahmad b. Baqi de los jueces anteriores a él es que tenía cierta experiencia administrativa, plresto que había estado encargado de la distribución de ias limosnas y

director cle la oración-t. Este aspecto se acentua¡á muy significativ¿rmente en las biografías de los otros tres sabios que sucedieron a Ahmad b. había sido

Baqi en el cadiazgo de Córdob¿r.

El primero de ellos fue Ahmad b. 'Abd Alláh b. Abi Tálib Gusn b. Tálib l:. Ziyád b. 'Abd alHamid b. al-Sabáh b. Yazrd b. Ziyad ai-AsbahL-', que, nombrado a la mlrerte cle Ahmad b. Baqi ()21193t-936), permaneció en ei cargo durante dos años y unos meses, hasta su fallecimiento en

experiencia como altos fr-rncionarios, y su biografía lo hace así constar expresamente: "al principio de su carrer¿r, el príncipe de los creyentes lo h¿rbía nombrado zabazoqte y administrador de los l¡ienes de algunas de sus mu1'eres. Se le había conirado también el gobierno de algunas coras y el cadiazgo de la de Elvira, c¿rrélo que desempeñaba cu¿rndo lo traslacló el príncipe de los creyents para ocupar el de juez mayor de Córcloba"ti. Ahmad b. 'Abd Alláh no parece haber destacado en el mundo del saber, allnque se alaba, naturalmente, su conocimiento de las cuestiones legales. Pero lo clue sí se clesprencle de si-r ca¡acteúzactón es que se trataba cle un funcionario de larga y comple j¿r experiencia, un burócr¿rta experto en temas muy dive rsos y ligzrdo a la persona del califa. A la muerte de Ahmad b. 'Abd Alláh al-Asbahi, 'Abd al-Rahmán III escogió como nlievo iuez a Lrn personaje de perfil muy similar. Si acaso, se acentúan más las características presentes en al-Asbahi y ya apuntadas en Ahmad b. Baqi, y hasta podría pensarse en que, hacia la mitad del califato de alN-asir, se habían desarrollado pautas muy precisas para 1a selección de altos fr-rncionarios. Este nuevo juez, Muhammad b. 'Abd Alláh b. Yahyá b. Yal-ryá b. Yahy) Ibn Abi 'Is) (m. 7391950-9t 1) es un personaje bastzrnte conocido, por lo que me limitaré aquí a señalar los zrspectos de su biografía qr-re más interesan ¿rl tema de esta exposición;s. Ibn Abi 'Isá tuvo una amplísima y variada carrera funcionarial, en la que se encuentran tanto el ejercicio del cadiazgo en diversas ciudades y coras (Pechina, Toledo, Jaén, Elvira), como la supervisión de los gobernadores ('anmaL). Llevó a cabo dive¡sas misiones de confianza para el califa, al qlie representó en el norte de África en )191931 c¡-rando era luez de Jaén¡e, o en las regiones fronterizas de al-Ándalus; uno cle los encar¡¡os clue recibió de alNásir fue Ia construcción de la fortaleza de Medinaceli, en colaboración con el generrl Gálib'i0. La categoría alca¡zada por Ibn Abi 'isi en el coniunto de la aclministración califai no admite cluclas, y es bien definida por al-Bunnáhi: "el califá no dejó de emplearlo, además de ser cadí, en misiones y embajadas a grandes señores, en misiones de confianza en

du l-hi!i'a de 326lseptiembre de 93U. Ahmad b. 'Abd Alláh inicia la serie de jueces qr-re son selec-

Ias fronteras (...), en construi¡ fortalezas y org,anizar

por el calila debido, principalmente, a su

sus ejércitos en Ia tierra enemiga, de manera que

cionados

las expediciones militares, y en la intervención de

99


a veces

teníala capacidad de los caídes de sus ejér-

citos"6'. Como prueba de hasta qué pr-rnto llegaba Ia privanza de Ibn Abi 'is) con al-Násir, uno de sus biógrafos afirma que "era amado por el pueblo ('ánutu), cercano a la aristocracia (12:sa) y aI califa, cuyos secretos le eran frados. El califa incluso le hacía compartir las sesiones con sus visires, aunqLle no tuviera ese títlrlo. Acudía a ellas y daba su opinión cuando se la pedía""2.

La gestión de Ibn Abi 'isá en la cora de Elvira, como juez y supervisor del gobierno, había sido ran efi,caz qr-re el califa la premió con el nombramiento de juez mayor de Córdoba, en dr: I-hijtjra de 326lsepr.iembre de 938. Como se acaba de verl este nombramiento no impidió que al-Násir encargase de sucesivas misiones de conÉanza a Ibn Abr 'Isá, al que durante su ausencia sustituía el notario Qásim b. Muhammad, mencionado con anterioridad, que había sido el secretario de su juzgado en Elvira. EI ju.ez mayor de Córdoba se convirtió en instrumento

de la política de al-N-asir tanto en al-Ándalus como en el norte de África, borrándose así las fronteras

entre los espacios religioso-jurídicos y políticos. Hasta llegar al cargo de juez, eI carsus bonorunt de ai-Asbahi y el de Ibn Abi 'Isá reflejan una preparación similar, en tanto en cuanto les ha permitido acumular experiencia y preparación en cargos judiciales y administrativos. Tienen otro punto en común: al ser nombrados, el califa les convoca y ies comunica sus instrucciones para el ejercicio del cargo. Los textos en que se alude a esta comunicación6r no pasan de dar una idea muy general, y puede pensarse que el califa se limitó a recomendaciones banales sobre la justicia. Sin embargo, es difícil no poner en relación esta "audiencia previa" del califa con la cuidadosa selección de los recién nombrados ¡ desde una perspectiva más amplia, con 1a creación del aparato burocrático califal, del c¡,re nos han llegado ran esc¿sas not ici¿rs. El último de los jueces de Córdoba nombrado por 'Abd al-Rahmán III lo fue a la muerte de Ibn Abr 'isá, en )3919)0. Como éste, Mundir b. Sa'id al-Bal|-rti era de origen bereber y, al iguai que sus dos predecesores en el cargo, tenía una notable carrera rras de sí6'i. Había sido juez de Mérida, del Yawf y de las regiones fronterizas orientales; Io mismo que Ibn Abi 'isá, hal¡ía estado encargado de misiones diplomáticas en el norte de África y 100

durante su cadiazgo en la frontera, se le había hecho "supervisor de todos sus cadíes y gobernadores e inspector de los que a ellas [las Marcas] venían del país franco"6t. Una serie de funciones, todas ellas, que parecen calcadas de las que, en su momento, habír desem¡eñado lbn Abr 'lsá. El cargo de jLrcz mayor de Córdoba parece haberse convertido en la culminación de una carrera de alto funcionario. He al¡-rdido al hecho de que tanto Ibn Abi 'isá

como Mundir b. Sa'id eran de origen bereber. El

primero descendía de Yahyá b. Yahyá, y gozaba, por tanto, de un prestigio familiar vinculado mr-ry estrechamente al malikismo"". Por el contrario, Mundir b. Sa'rd es el primero de sr-i familia en salir de la oscuridad ¡ además, no era malikí, aunque como juez se atuviera a ios criterios cle esa escuela. Por su parte, la onomástica de Ahmad b. 'Abd Alláh al-Asbahi indica qlle pertenecíaau.n linaje de origen árabe. Esta diversidad de opciones étnicas e intelectuales en los tres últimos jueces de1 reinado de al-Nasir, qlre oclrp¿uon el cargo desde 3241935936 hasta itt1966 (Mr-rndir sobrevivió al primer

califa omeya) indica que Ios criterios qlre Ilevaron a sus nombramientos residieron sobre todo en su perfrl profesional como fieles servidores de 'Abcl alRahmán III. En el caso de Mundir esta afirmación debe ser matlzada, no obstante, alalttz de las diversas anécdotas que 1o muestran como censor del califa, cuyos derroches en la construcción de Madinat al-Zahrá' criticó públicamente siendo juez, además de no ceder a sus pretensiones de comprar Llna casa que perrenecía a unos huérfanost . El mcnsajr cjcm-

plar de estas situaciones recuerda otras similares, alguna ya cttada, en las que el poder del soberano debe inciinarse ante la superioridad moral del hombre de religión: de Mundir b. Sa'id se afirma que era

un hombre de acendrada piedad y comportamiento ascético.

Una vez llegado al califato, al-Hakam confrrmó como juez de Córdoba a Mundir b. Sa'id, del mismo modo qlre su padre había hecho con alHabrb, nombrado por slr predecesor, el emir 'Abd

Alleh. A1 morir Mundi¡ en 3J51966, la elección del nuevo califa recayó en Muhammad b. Isháq b. Mundir b. Ibráhim b. Muhammad b. al-Salim b. Abi 'Ikrima"s, un cordobés de ilustre Iinaje, ya qr-re pertenecía a una familia de mawutlT de ios omeyas


pri-

que estaba instalacla en al-Andalus, en Ia cora de

es. Pero se tiende a olvidar que sll formación y

Sidonia, descle la conquista.

meras funciones no son nada excepcionales dentro del contexto que acabamos de analizar. El recorrido

Ibn al-Salim. como se le conoce habitualmente, fue el único juez mayor cle Córdoi¡a nombraclo por ai-Hakam

II, al que sobrevivió, y con el clLre man-

tuvo una estrecha relación descle que, siendo príncipe heredero, al-Hak¿rm le propuso que l'riciera la peregrinación en nombre cle su maclre, Marj'án, que

una manda en su testamento con ese al-Salim no aceptó ese encarÉjo, pero sí el de trabajar en Ia biblioteca del príncipe6e. A continuación al-Hakam 1o hizo miembro del consejo consultivo clel juez de Córdoba; al iniciarse slr reinaclo había dejado frn. Il¡n

como califa, 1o nombró para la magistratura cle las apelaciones (mazalini)

y para la íurla y, finalmente, Córdoba, predicador y director de Ia oración. Ibn al-Salim murió en 361 1971-918. La carrera de Ibn al-Sahm dihere de la de sus predecesores en dos asl)ectos importantes. En prijuez mayor de

mer lugar, nunca salió de

Córdoba, excepto para ha-

y estudia¡ en Egipto, La Mec¿ y Medina, en )121943-914. Pero fue en la capital cle al-Ándalus donde desa¡¡olló toda slr actividacl profesional, en parte dedicada al cultivo de las ciencias y en parte, como se acaba de ver, vinculada al favor de al-Hak¿rm. En segundo lugar, los cargos que ocupó carecieron de Ia proyección política que se observa en l¿rs carreras de Ibn Abi 'is) y MrLndir cer la peregrinación

b. Sa'id, cuyas responsabilidades les llev¿rron a supervisar la labor de los gobernadores provinciales y

intervenir activamente en la acción norteafricana III. La documentación de la que disponemos no nos permite saber si esta limitación del papel representado por Ibn al-Sairm en el entorno del califa al-Hakam II se clebió a una elección propia o a una decisión del soberano. Una posible interpretación del papei otorgado a Ibn ala

de 'Abd al-Rahmán

Salim en la administración califal Lraría pensar clue

al-Hakam, a dife¡encia de su padre, habría planteado una separación mucho más evicle nte entre los ámbitos de lo religioso y Io político, concediendo al primero una alltonomía que compensase su falta cle intervención en el segundo. Sin embargo, en el reinado cle al-Hakam se cuenta con un ejemplo notorio que desmiente esta posibilidad: me re fiero, naturalmente, aMuhammacl Ibn Abi 'Ámir. La carrera de Almanzor se suele calificar de fulgurante y extraordinaria, y sin duda

1o

de Ibn

Abi 'Ámir por los cliferentes

escalones de la

administración califal se asemeja mucho al de los jueces corclobeses nombrados por al-Násir: administraclor de los bienes cle las mr,rjeres omeyas, director de la ceca, jr-rez en sedes provinciales, etc.-". Lo verdaderamente excepcional en 1a carrera profesional de Almanzor es c1r-re consiguie¡a alcanzar cotas de poder importantes en Ia dirección y gestión de Ia acción militar del califato, 1o qr-re le permitió ambicionar un puesto aúrn más decisivo qr-re el de juez mayor de Córdoba. Thnto Ibn al-Sallm como Ibn Abi 'Ámir proceclían de familias de origen árabe, establecidas cle antigr,ro en Ia misma región del sur de ¿rl-Ándalus; su rivalidad sólo se registra en Ias fuentes árabes a la muerte de al-Hakam, cr-rando Ibn al-S¿rlim censLlra ia elección de un niño. Hifim II, como califa. Desde entonces, clice la biografía cle Ibn al-Salim, Ibn Abi'Ámir no dejó de oponérsele hasta su mlrerte, un año clespués. Pero es muy posible que esa oposición se hubiera manifestado con anterioridad, cLrando el futuro Almanzor estaba constrr-ryendo, para sí mismo, un nlrevo modelo cle integración de los funcionarios califales en el aparato de1 poder, saltando las barreras que separaban los cargos jurídico-religiosos de los político-militares. No puede por menos de pensarse que si Muhammad Ibn Abi 'Ámir l'rubiera pertenecido al mundo cle los ulemas en época de 'Abd al-Rahmán III, la culminación cle su carrera hubiese sido el nombramiento de juez mayor de Córdoba, como ocurrió con Ibn Abr 'Isá. En la segunda mitad del s. IV/X, y bajo el reinado de al-Hakam II, no sólo ese puesto estaba ya ocupado por Ibn ai-Salim-, sino que Ibn Abi 'Ámir buscó y consigr-Lió áreas nuevas de poder que habían estado hasta entonces fuera del alcance cle los ulemas.

CONCLUSIONES Los datos de que disponemos sobre Ia administr¿rción califal son escasos y fragmentarios. Proceden

sobre toclo de las crónicas clue, como en ei caso de al-Muqtabis, detallan para determinados periodos los nombramientos de gobernerdores provinciales, visires, Li otros carÉaos como eI de ¡ahib al^ltadina. 101


Son también las crónicas las que informan, muy someramente, sobre la organizactón interna del alcázar, gol>ernado por los faüs, y sobre el aparato militar y fiscal. De las noticias conservadas se puede deduci¡ la existencia cle una burocracia múltiple y compleja, clryos mecanismos de formación y clesarroilo nos son completamente desconocidos.

del reinado de 'Abd al-Rahmán III, es reveladora de los enfrentamientos entre las diversas "familias" de esas élites. La política posterior del califa en cuanto a los nombramientos para ese puesto Ileva a pensar que trató de fragmentar las solidaridades creadas en

Por su parte, la literatura biográhca permite una aproximación a esa burocracia desde una

mismo tiempo, se percibe la instauración cle un proceso de prueba, a través del cu¿rl los funcionarios más eficientes iban dan-

perspectiva pecr-rliar, puesto que sólo abarca un espectro limitado de las funciones administrativas existentes en el "estado" cordobés. Puesto que írnicamente se incluyen en los diccionarios biográficos a quienes adquirieron notoriedad como sabios, sólo a través de Ias biografías de Ios sabios qr-re además de serlo ocuparon cargos administrativos es posible recomponer una parte de las estructuras del poder de los omeyas cordobeses. La visión así obtenida es necesariamente parcial, pero como he intentado mostrar, no por ello menos signi6cativa. Lo que nos señalan los clatos de la literatura biográfica, con todas las precauciones con que han de manejarse, es Ia existencia en Córdoba de unas élites urbanas clue h-rchan por ocupar áreas de influencia en el aparato cle la administración estatal y qlre Lrtilizan para ello todos los recursos a su alcance . La lucha por el control del pr,resto de juez mayor de Córdoba, que preside los primeros arios

t02

torno a esas familias tradicionales, seleccionando personalidades que le fi-reran afines y en cuya lealtad pudiera confiar.

Al

do muestras de su eÉcaci¿ en Lrna serie sucesiva de plrestos o funciones que les permitían aspirar a formar parte del círculo íntimo del pocler. Tá1 como se desprende de los textos biográficos, la selección de candidatos a ese círculo, y su nombramiento en Ios peldaños anteriores corresponde siempre al califa, omnipresente y omnisciente, conocedor de los mejores perfiles profesionales y árbitro incontestable de su incorpo¡ación a niveles sr-rperiores. Este proceso de absorción de los ulemas hacia la

administración califal no se hizo sin tropiezos. Las anécdotas sobre la actitud recriminante de algunos de ellos, presentados en sus biografías como auténticos censores de los soberanos, reflejan la resistencia

del ámbito religioso

zr perder sr,r independencia y a convertirse en meros instrumentos del poder político. La batalla estaba perclicla de antemano, pero es notable qr-ie hasta hoy nos hayan llegado sus ecos.


NOTAS Deseo agradeccr a

M. Fierro sus observaciones a Ia

ejemplos muy distintos, en Ia obra citada de M. L. Ávila o de C. Petry (.The rit,ili¿tn elite ol Cdiro in the later

7. Otros

lectur¿r

de un primer borraclor de este trabajo. Tras su exposición pirbLica, durantc

la celel¡¡ación cle las IV Jornadas de

IVlaclinat al-Zahrá', E. Manzano Moreno y

A. Vallejo Triano

plantearon algunas cuestiones

a las cluc he intentaclo dar

respuesta cn 1a redacción 6nal.

Mi agraclecimiento

a todos quienes

Xtiddks

8.

a ellos y

Age:, Princeton, 1981). Para la época Lrosterior a ésta, cf. C. de la Puente, "Poder político y poder judicial en ai-Andalus al final del s. IV/X: Almanzor y "strs" juristas", Al-Qantara,200'i (en prensa).

9. M. Marín, "lnqlbid'an al-.riltán:

participaron en el coioquio.

Entre las contribuciones más recicntes a este debate. r'éanse

in al-Andalus",

dcJ. Dakhlia, [,¿ diuar¡ de: rois: le lolitic1ae et le rellierx lans /'is/an,Puís, 1998, y dc A. tl-Azneh, Mu.rlint

d¡id, 199,i, I21-1i9.

las obras

Kingthip: Pou'er ard rba Stred in Xlu¡li¡n, Cbristi¿tn aud Pagan Pdi¡i¡.¡, Londres, 7997 Véase a este rcspecto

10. Cf M. L. Ávila, L¿ socied¿d, n." 1023. 11. Sobre Ibn al-Maííát, cf. M. L. Ávlla,

.

M.

:

A/-ltrqtah: V, ed. P Chalmeta, E Corrientc y M. Subh, Madrid, 1979, p. .i08-9; trad. M. J. Viguera y F. Corrientc, Zragoza.1981, p. 306-7. Cf. P Chalmeta, "La

Son los siguicntes:

1

- 91f ", Anrurio

de

fIi.¡taria

l

Muhammad b. Qásim b. Muhammad al-

l{lir: Qrr.im l'. \lu'.t b. .'l-Ási ,¡¡.. ¡. 1il-tt..lon,l¡

¿/-'f¿knila, ecl. M. Alarcón, N{adrid, 1915, n." 2i2{))t Has¿rn b. 'Abd Alláh (id., n." ztO1); Muhrmmad b. 'Abcl Alláh b. 'Abcl al-Barr al Tu!'ibi (id., n." 12118); Ahmad b. Duhaym b..lalil al-Umarvi (id., n." I I8); 'Umar l¡. Ya1¡yi {b. Umarl b. Lubába (id., n." 96U); Ismá'il lb. 'Umarl b. Nrasih al-Ivfajziimi (id., n." 257); Husayn b. hav quc corregir a Ibn al-Abbá¡,

,id.. n. 1tl2,: l.i b. Nf ul'.,mm,rJ h. Ibr.thrm b. l'.r .rl-Kinrnl M. L. Ar il¡. /.r l\l.rll.rnrnr¡J 1,. Ah,l rl-:al.rm rl-JLrirnr

sñdad bisltanoaur.rtluana al Jina/ dtl califata, Nladrid, I 985, n." 521); 'Ubayd AILáh b. Ahmad b. Yahy) al-Lay¡i (M. Marín, "Nómina', n." 896); Muhammad b. Jálid b. \üfahL¡ al Tamimi (id., n." L 175) y MuJrammad b. Abdun Lr. Fahd (M. L. Avrla, It

socjtda¿/, n."

L¿t srriedad, n." 316.

lllll).

Ish-q b. 'lmrán b. Ib¡áhim b. Qásim b. Hilál al-Qaysi, perteneciente a la famiiia de los Banu Hilál Gu abuelo sí esth clocumentado biográhcamentc, cf. M. D. Guardiola, 'Los Banu Hill", EOBA V, Madrid, 1992, p li2-l); 'Umar b. 'Abd al-YabL¡ár al-Bakri; 'Amr b. 'Amr

en ser nombrado para varios cargos de la administración ju-

13.

15-51.

M. L. Ávila y L. Molina, Madr:id ,1992, n;' }D. 'Abd Alláh b. Muhammad b. 'Abd Alláh b. Abi Dulaym fue jurisconsrLlto, juez de Pechina y Elvira y, hnd.mente saLib ¿/.íart¿ de Córdol¡a hasta srL mlrerte en 3i1/962-i ('Iyád, ed.

li

7

t6. l1

.

18. 19. 20.

tn¡,/ ol-.'.aJ.,t ¡1. Vl. 1.. I 5{tr.

M. Marín, "Nómina", n." 11t)7. Ibn Flárit. Ajbar, t." 210 $. 179). Otras biografías, en M. Marín, "Nómina", n.' 1360. Sobre su actuación como jurisconslrlto en beneficio de los intereses del califá, cl A. M. Ca¡balle,¡a Debasa, Legados !ío.r 1, findaciows fani/i¿res ea a/Ardalu (.rig/a.; IVIX-VI1X11), Mad¡id, 2002, p. 187-188. M. L. Avila, L¿ saciedad, n.'' 898. M. Nfarín, 'Nómina", n." 1310. En Ibn F.Iayyán, A[trqrabis V, p 4441i31, se le mencionf, en¡re los alfaqrLíes mltertos en esa batalla, bajo el nombrc

21. 22.

b. al-

al-Rn'ayni; Yahyá b. Zaku:yá' b. Yahy); Umavya al-Ru'aynr al-Lajmi (posiblencnte padre de Ahmacl b. Llmayya); al-

dicial ('Iyád, T¿rtib altnacláriÉ, VI, p. 2fl5). 'Iyáci, 'l'ar¡lb al ntarJ¿rik,YI,p. 121 . Cf. M. Marín, "úu ct ahl ¡l-fr.ra dans al-And¿rlus", Sla¿id l¡l¿nica LXII (IL)Bi),

t1. Ahmad b. l)uhaym b. Jalil b. 'Abcl al-Yabbar L¡. Harb b. Abr Harb fie rutfi.u'¿r a su vuelta de la rihla, y alcanzó gran renombtc. Fue nombraclo juez de Toledo en 31il)44-4) y cle ahí fue trasltrdaclo al cadiazgo de Pechina y la cora de Elvira (Ibn l{árr¡ al-Juiani, Ajhar a/-futlahA' u'¿-/+tnh¿tddi¿in,

Sc t¡ar¡r de:

Ás is al-Quralr; 'Abd Allth b. Bunclár b. 'Antar alQaysi; Ahmad b. 'Abd al-Yabbár ¿l-Bak¡i (posiblemente lcrmJnu,lr't rlrLr b. AbJ ¡l-Y¡bbJrll AIrm.r(l b. I m,r¡r,L

al:n¿¿krik,YI,

se muestra en la biografía de Ibn al-Salim, cluien tras reprochar a un colega que hubiese aceptado trabajar en la bil¡lioteca calilai y recibir por rur ello un salario, consientc

)7 6, 503-52t.

ljmarvi (M. Nf¡r¡ín, "Nómina de sabios de al Andalus (911501r1L-961)", LOBAI, Maclrid, 1988,23-I82, n." I310); Muhammad b. Yahy) b. 'l]mar b. Lubaba (id., n." 1160); lluhammad b. Muhammacl b. Abd ¿rl-Strlám al-Juiani (id.,

lslan,Ma

12. Así

Ibn IIal'yán,

"sumisión clc Zaragoz,a" clel 321

en el

Rabat, 1981, p. 117-8.

Meouak, Panuoir sout,cr¿tirt. adni-

l*lV¿lVllbXc : iicl¿r, Helsinki I 999.

Jel Der¿rbo E:paííol,

políiltt

La anécdota aquí rcsumida, en 'Iyád, 'Íar¡ib

ili:trdtilil ,eiltrdh ú í/ites !o/)t)qte.r dans /'llsp4ne uiltd)).7¿e I

'n/¿trta'and political power

Saber religiaso y poder

cie

Muhammacl b. Faysal b. Hu{ayl. Ibn Hrri¡, AjbAr, n." 217 (p. 181). Sob¡c los muftíes del zoco de Córdoba, cf. M. Marín, "El oficio de la cienci¿r v otros cl6cios: en torno a l¿r onomástic¿r

de los ulemas anclalusíes', EOBÁ

VII, Madricl,

1995, p.

179-1s0.

2J.

MrLhammad b. Yahyá l¡. 'Umtrr b. Lubába al-Btrryun fue autor cle un Kit-b a/-ua¿i'iq y Faraj' b. S¿rlam¡r b. Zuhayr también cscribió una obra sobre el mismo tema (de Ia primera

b. Muhammad b. Nizár al-Kilá'i y Muhammacl b. id b. Mu'ád al-5a'báni (cuyo padre si cstá document¿do biográficamente, cf. M. Marín, 'Nómina", n." 51!). Es probable que uro de los alfaquíes cle esta lista, Mundir 1¡. Sa id b. Abcl Alláh al-Llmawi, pueda identiflcarse con Munglir b.

a/'u'af iq"

en el estuclio sociarl y económico de al-Andalus",

Sa'id al-Bailuti, cle cluicn se volverá ¿ hablar más adelante.

A,|EAH

(2000), l_.10.

un manuscrito que procede la záu i¡n

Has¿rn

se conscfv!1, al p:rrecer,

Sa

de Tamagrut). EI texto mais antiguo de que se dispone en Ia actualiclad es el cle ll¡n al- Attrr (m. jt)9'1OUS). Cf F J. Aguirre Sáclabar, "Notas acerca de la proyección de los " Ltnh 4L)

101


24.

Puede considerarse como una excepción a esta afirmación

el

c¿so de Muhammad

II

I{ahmán

b. Harit, nombrado por 'Abd al-

para Ia iarta, cargo que también había ocupado

su padre. Muhammad b. Flarir, en efecto, fue incorporado

(M. Marín, "Nómina", n.' i 160) en calidad de ulema, si bien sus biógráfbs señalan que

a varios diccionarios biográlicos

su ciencia era escasa. Muhammad b.

en v¿rios procesos de he¡erodoxia daxia e

er¡

al Andalas durann

e/

Háril ruvo parte rcriva

(ci M. Fierro, L¿

periodo

42. 43. 44. 45.

Ibídem, p. 134. Ibn F.Iayyán, l[nqtabi.r, V, p. 58/55. Ibídem, p. 81/72. Ibídem, p. ti9 601127 y 7621t29. /16. Ibídem, p. 2,10/183. 4l . Ct. M. L. Ávila, "Cargos hereditarios en la administración judicial y religiosa clc al-Anclalus", Saber religioso 1, pader pali-

hetero-

onqt¿,Madrtd, 1987) y

jerció también como zaLrazoque. al-Faradi, Ta'rij 'tlanzV'al-Andalm, ed. E Codera, M¿-

2i. Ibn

drid, 1891-92, nírms., 911 y

1,183;

Ibn Hánr, Aibar,

n.''

lus

Meouak. "Notes sur le vizirat et les vizirs en al-Anda-

i

I'époque umayyade", S¡udi¿ lslan)u

LXXVIII (1993),

18 1- 190.

27.

2U.

M. L. Áuila, La "ibn Abi DulaCastilla, J. rna íabra", E)BA VI, Madrid,

Sobre el primero de estos dos personajes, ¡oúedad,

n.' 54.

Véase también

ym: aclaraciones en torno t 1994.121 r12. Véase Ibn al-Faradi, Ta'rij, n:úms. 161, 165, 206, 529,

1

al-Juianr, Qndar Qrtaba, ed. y trad. J. Ribera, Madrid, 1911, p. 1881234 'Iyrcl,'lartib altnadarik, Y, p. 190-1.

j3. M. Marín, "Nónina", n." 1t)5. j4. Ibn Hari¡, Qadil Qnr¡rba, p.

Ic)21239; 'Iyád, Tartib a/maürik,Y,p.2O2. Sob¡e los tttauJ/1, rf . M. Fierro, "Arabes, beréberes, muladíes y ttatt,-/i. Alguntrs ¡eflexiones sobre los

464.

29. 10.

1. j2. 3

Sobre el cual, véase J. Castilla, "Ahmad tbn'AfIl', E)BA IV, Granada, 1990, 111-16. Ibn al-Abbár, Al Halla a/-si1ará', ed. H Mu'nis, EI Cairo, 1963, I, p. 206. Acerca de Ibn'Abd al-Barr, M. J. Viguera, "La historia de alfaquíes y jueces de Ahmad b. 'Abd alBarr", Mt'tannr al-Hadára al-Andalul1a, El Cairo, 1985. Ibn al-Abbár, Al-Hnlla al-siyra' ,I, p. 207-8. E. Lévi-Provengal, Eslaña ntruh¡tana hast¿ la caíd¿ del cal)fato rle Círdoba (7 1 1 1 0 3 1 de J. C. ), vol. IV cle Histori¿ rJe Espnña dingrdapor Ramón Menéndez Pidal, Madrid, 19j0, p. 327, aflrma que no hay ningún texto árarbe que permitr

datos de los diccionarios biográficos andalusíes", E0BA I" , Al-Qantara

19.

También

se sabe,

55.

j6. j7. )8.

,i1.

Ibídem. Aunqrre en el texto citado se menciona a al-Hakam con su título califal (al-Mustansir), la fecha de muerte de al-Kaikináni (3,i11952-953) sitíra el episoclio durante el reinado de 'Abd al-Rahmán III. De las v¿rias biografías de Abü Ibráhrm (M. L. Áviia, La n;' 512), la más extensa es la de 'Iyád, Tartib al

sociedad,

maclirik, YI, p. I 26-34.

r04

1a

bibliografía allí cita-

'Iyád, T¿rtib al ru¿dZriÉ, V, p. 200. 1/:15.

Ibn \Iari¡, Qrdtu Qnrtaba, p. 2()21252. Me he ocupado de ln biografir.le Ibn Abi Isi en "Una familia de ulem¿rs cordobeses: los B¡nt A bi 'Isi '. ,Ai-Qr tiara,YI

)16. Matlrabts

Y p. 291/

219. En 1321913-944,

siendo ya juez mayor de Córdoba, volvió a ir en misión diplomática ¿rl norte de Áfric¡ (rl-B.rkri, Kirnh a/-Xlrgrib Ji dikr bilAd lfriq)1a ta-l-Alagrib. Desrilttion de /'Afriqru.reptcntrionak, ed. y trad. M. G. de Slane, reimpr. Paris, 1965, II, p. u13). 60. Ct M. Meouak, "La biographie de Galib, haut fonctionnaire andalou de l'époque calilale: carriére politique er rirres honorilrques", Al-Qanrara Ibn Abi

6l.

la capitai ('Iyad,Tartib al ruadarik, VI, p. 171).

40.

999), 65-97 (y

M. Marín, "Nómina", n."

59. Ibn layyán,

mad¡ de ¡l-H,tk¿m r Córclob¡: el roled¡no Alr b. l.r b. 'Ubayd al-Tuj'ibt (.m. 3411952-953), que huyó de su rcsi a

(1

(1985), 291-)20 y en "Parentesco simbólico y matrimonio entre los ulemas andalusíes", Al-Qantara, XVI (1995), 335-

no obstante, de un sabio que eludió la lla

dcncia al saber que el príncrpe heredero deseaba llamarlo

XX

da).

31. Una inte¡esante

.

YII,

Madrid, 1995, p. 4I-54 y "Los mauali de 'Abd al-Rahmán

hacet esta suposición. ¿nécdot¿r relativtr a este personaje, en M. Marin, A\/erel ut al-Ándalu, Madrid, 2000, p. 251 14. Sob¡e este personale, cf, M. Marín, "Rihla y biografías de ibn al-Qallás (m. 1171948)", Horunaje al ProfesorJasí A4aría Fírneas Bestein, I, Granada, 1995,581-591. lt. 'Abd al-Malik b. al-'Ási murió en 330191I-942 (M. Ma¡ín, "Nómina", n." 864). 'fartib altna¿liriÉ, VI, p. 150. 'IyAd, -16. '-. M. M¿rin, Nómin¿ , n. |2 rS. 38. 'Iyád, Tartib al-n¿¿láriÉ, VI, p. 1 19.

.

'Iyad,Tartth al n¿duik, V, p 153. Este hecho se especiiica en la biografía de 'Abdün b. Muhammad b. Fihr, que fue nombrado juez de Córdoba estando ausente en su propiedad rural. Los visires aprovecharon esta circunstancia para promover el nombramiento de al-Habib (Iyád,Tartlb al mcli.rik, V p 187). M. Marín, 'Nómina", n." 248.

51. 52. Ibn Hárr¡

65,

98t, 128i, 1299,1)23,1326, t15I,1155; Ibn BaikurváI, Kirib a/-Si/a, ed. 'I. al-'Attár, El Cairo, i95 j, núms. 6 y

.

EOBA V, p. It9-121

49.

i0.

252.

26. M.

lslan, Madrid, lL)94, p. 27 -31 Una extensa biografía de este persontrje, en M. Fierro, "Tres famili¿rs ¿rndalusíes de época omeya arpocladas "Banu Ziyád"", tico en el

48.

62. 63.

64.

'isi

XI (1990), p.9i-f 12. E¡ 329t.)+tt

había sido enviado a Ia Marctr Superior para me-

diar en una disputa entre sus emires (Ibn Hayyan, Muqtabis Y p. 46sll5i). Al-Bunnáht, Kirab dl Marclaba a/-'nbá fi nan ltstahaqr1 a/qadá' u,a-/-fut1á, ed. E. Lévi-Provengarl, reimpr. Beirut, s. a., p. 60. 'Iyád, Tarttb al ruadarik, VI, p. 98. Ibn Hárr¡, QttEr Qrr¡tba, p. 2OI -201 I 2i 1 -1 3. Unt extensa biografía de Munglir b. Sa'id, en H. de Felipe, Idenridd¿ ) atattá.rtica de las beríberu de al-Ancl¿lu¡, Madrid, 1997, p. 202-214, a donde remito para las refc¡encias a las fuentes árabes. Veáse también 'Abd al-Rahmán b.


1991,p.269-344.

Aunque en un momento anterior había censurado que otro ulema lo hiciera, y cobrase un salario por ello. De nuevo se presenta el tema del rechazo a colaborar con los miembros de la dinastía, rechazo que, por razofles que no se indican en su biografía, fue superado sin dilicultad por Ibn al-Sallm ('7yád,Tat1b al-nadárik, VI, p. 285). C. de 1a Puente, "La caractertztctón de Almanzor", Biografías 1 gínero biográfro en el )ccitJente islámico (E0BA' Vlll) Ma-

H. de Felipe, ldentidad 1 anomástica, p.209-272. M. L. Ávila, La sociedad, n.' 7 53.

Sebastián, 2003.

69

Muhammad al-Sij,ilmási, Qadi l-Anda/as u'a-jatlba-há /-mufaruah al-irnánt Mundir b. Sa'7d al-Ballnfi, Beirut, 2002. Texto de

65

Ibn Hayyán, citado en H. de Felipe, Identidad

anomástica, 66.

61

.

68.

1

p. 206.

M. Fierro, "EI alfaquí beréber Yahy)L b. Yahyá al-Laytr (m. 2)41848),.eI inteligente de al-Andalus"", Biografías y gí nua biográfto en el )ccidente islánico (EOBA, V111), Madrid,

10

drld, 1997,

3

67

-402. Véase ahora L. Bariani,

A lmanzor, San

T L0t


Altos funcionarios para el califa: jueces y otros cargos de la administración de 'Abd al-Rahman III