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QUICK MICK

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PILOTOS

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Michael Doohan es uno de esos pilotos que todo el mundo baraja a la hora de escoger al mejor de la historia. No soy partidario de elegir entre pilotos de distintas épocas, pero lo que si es seguro, es que a Doohan le tocó conducir las motos más difíciles de todos los tiempos, y no sólo lo logró, sino que arrasó en el intento. Doohan tenía ese halo especial que sólo tienen algunos elegidos y que convierte a un piloto en leyenda. Era rápido, bestialmente rápido, pero eso no era todo. También era frío como el hielo, metódico, duro como una roca y ganador, ¡sobre todo ganador!. No le bastaba con ganar, necesitaba aplastar a sus rivales. Un segundo puesto para él era una derrota. Sólo se quedaba a gusto si arrasaba. Cuando perdía, sacaba a la luz todo su mal genio. Era un auténtico tornado. La verdad es que tenía mal carácter y no caía bien al público. ¡No le importaba!. De hecho, nunca fue el piloto más popular del paddock ni el más querido

por los fans. Lo dicho, no le importaba. Su único objetivo era ganar y ¡vaya si lo hacía! Cuenta la leyenda que entre Doohan y Jeremy Burguess (en la actualidad jefe de mecánicos de Rossi) crearon el lema: “¡Aplasta a los cabrones!”. No hay mucho que añadir.

UN POCO DE HISTORIA Mick nació en Brisbane (Australia) en 1965, en el seno de una familia motera. Todos los hermanos competían en speedway y en campeonatos nacionales. Desde la primera vez que se subió en una moto, Mick se mostró como un piloto rapidísimo. Con 17 años, comenzó a competir en asfalto sobre una MOTO

Yamaha 250 gracias a los esfuerzos de su hermano y al apoyo de los concesionarios locales. Poco a poco, y a base de esfuerzos incluso económicos, Mick se fue haciendo un hueco en los campeonatos australianos de velocidad. Siempre con material de segunda fila, lograba luchar por los primeros puestos de las competiciones más importantes de Australia. Su pericia no pasó desapercibida y le empezaron a llegar ofertas importantes: primero sustituyó a Mick Dowson en una carrera de Superbikes con una Suzuki. Quedó quinto. Después, le ofrecieron correr las 8 horas de Suzuka. No terminó la carrera, pero consiguió una oferta


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para correr una carrera del Campeonato del Mundo de TT. Subió al podio. En 1988, Doohan se convirtió en piloto oficial Yamaha para el Campeonato Australiano de Superbikes. Realizó una gran temporada y corrió de nuevo las 8 horas de Suzuka, aunque no terminó la carrera, cuajó una gran actuación. Para 1989, Yamaha no le quería perder. También desde Suzuki se le ofreció correr junto a Schwantz en el mundial de 500 cc. Sin embargo, fue Honda la que convenció al australiano para correr en el mundial de 500 cc, con las indomables motos de HRC. Aquellas motos eran realmente difíciles de conducir. En 1989, Doohan se dedicó a tratar de comprender como llevar aquellas bestias y terminó la temporada en 9ª posición con un sólo podio. Sin embargo, en 1990, empezó a estar delante, logrando su primera victoria en Hungaroring y terminando el Mundial

en tercera posición. En 1991, Doohan entró directamente en la lucha por el título frente a Rainey y Schwantz. Las caídas y unos neumáticos poco desarrollados le impidieron lograrlo. Ese mismo año, ganó junto a Gardner las 8 horas de Suzuka. También durante 1991, y asesorado en todo momento por su inseparable jefe de mecánicos (Jeremy Burguess), en Honda evolucionaron el motor “Big Bang”, que variaba el encendido aumentando la potencia en bajos, a pesar de sacrificar algunos caballos, cuando la moto giraba alta de revoluciones. El nuevo motor fue un éxito y 1992 iba a ser su año. Comenzó la temporada arrasando, y parecía que nadie podía frenar su ascensión hacia el título. Sin embargo, cuando llevaban 12 carreras disputadas y dominaba cómodamente la clasificación, la suerte le dio la espalda. En los entrenamientos del GP de Assen,

su Honda le escupió, saltó por los aires y le cayó encima de su pierna izquierda, destrozándosela completamente. Mick Doohan estuvo a punto de quedarse sin pierna y sólo una increíble intervención quirúrgica logró salvársela. Durante muchas carreras se tuvo que sacrificar y ver por televisión como Rainey y Schwantz le recortaban la ventaja obtenida carrera tras carrera. Al final de temporada, y subiéndose a la moto con muletas, forzó la máquina para defender un título que debía haber sido suyo. No lo logró. Rainey se alzó con aquella corona gracias a su regularidad. En 1993, comenzó lastrado por la lesión y no pudo ser competitivo en toda la temporada. En la segunda parte del Mundial, Doohan volvió a dar muestras de su nivel, pero en Laguna Seca se volvió a caer rompiéndose el hombro y con ello dio por terminada una temporada que, a la postre y tras la lesión irrever- 




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Doohan se alzó con su tercera corona. 1997 estuvo marcado por un cambio de motor por parte del australiano, que volvió al Screamer (el indomable motor de 1992) mientras que sus compañeros de box siguieron utilizando el Big Bang. Doohan tenía cuatro motos para escoger entre los diferentes tipos de motor, mientras que Crivi y Okada solo tenían uno. Fue un golpe psicológico para el español que durante esta temporada no logró ser tan competitivo como en la anterior. Aunque le ganó en Jerez (su feudo) y en Phillip Island (por caída), Doohan ganó 10 carreras y arrolló en la consecución del título mundial. En 1998 entró en escena el piloto italiano Max Biaggi. Tanto él (que ganó la primera carrera) como Crivillé se encargaron de poner las cosas difíciles al australiano, pero la superioridad de Doohan volvió a quedar patente a partir de la segunda mitad de temporada. Mick ganó ocho carreras y se alzó con comodidad con su quinto título mundial consecutivo. Sin embargo, el final de su carrera estaba más cerca de lo que nadie podía pensar.

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LA MALDITA LÍNEA DE JEREZ.

 sible de Rainey, sería el primer y úni-

co título mundial de Kevin Schwantz.

EL REINADO DEL “TRUENO” En 1994, por fin, comenzó su reinado. De las tres primeras carreras sólo ganó una, pero a partir de ahí, y tras solucionar problemas con las suspensiones de su NSR, el Campeonato fue un paseo. Ganó todo lo que se le puso por delante. A partir de Jerez ganó siete carreras consecutivas, y aunque a final de la temporada bajó un poco el ritmo para asegurar el título, fue capaz de coronarse campeón a tres carreras del final del Mundial y con 9 victorias en su haber. En 1995, Doohan no fue tan consistente. La presión de Beattie (Suzuki) y de los españoles Alberto Puig, Alex Crivillé y Carlos Checa (Honda) hicieron que el australiano cometiese bastantes errores, sobre todo en la primera mitad del Campeonato. En uno de estos errores, en Jerez, Alberto Puig aprovechó la caída del australiano para ganar el que, a la postre, sería su única victoria en 500 cc. Al final, 7 victorias daban el se-

gundo título mundial a Doohan. 1996 marcó el principio del duelo entre Doohan y Crivillé. Aquel año, las carreras tuvieron como aliciente los intensos duelos entre el español y el australiano. Aunque Doohan ganó en la mayoría de las ocasiones, las carreras se decidían por milésimas. En Jerez, el público privó a Crivi de la victoria invadiendo la pista antes de tiempo. Sin embargo, en Australia y Brno, Crivillé fue capaz de imponerse al australiano después de aguantar toda la carrera “a rueda” de éste. Doohan no dudó en criticar abiertamente a Alex por su estrategia y el duelo fue aumentando en intensidad hasta que en Eastern Creek, después de una carrera con continuos choques de carenado y adelantamientos excesivamente agresivos, ambos pilotos se fueron por los suelos. Cuenta la leyenda que en los boxes ambos pilotos y sus equipos llegaron a las manos, aunque previamente se encargaron de echar a las cámaras, por lo que nunca sabremos que pasó realmente aquel día. Independientemente de todo esto,

En los entrenamientos de Jerez de 1999 había llovido. Los pilotos rodaban por un circuito seco, pero fuera de la trazada todavía había humedad. Doohan salió derrapando de una curva y su rueda trasera patinó sobre la línea blanca que todavía estaba mojada. Mick voló e impactó contra un muro sin protecciones a gran velocidad. Literalmente se reventó. Tanto su pierna como su brazo derechos quedaron destrozados, y además, se rompió el codo izquierdo. Doohan, uno de los más rápidos pilotos de la historia de las motos, tuvo que retirarse de manera forzada y totalmente en contra de su voluntad. Trabajó duro para poder volver a las motos, pero esta vez, no fue capaz. En Jerez terminó la carrera deportiva de un monstruo. Nos habría gustado verle compitiendo contra Valentino Rossi, pero el destino lo impidió. No pudo ser. Sin embargo, en la retina nos quedarán siempre sus escapadas en solitario, esa forma especial de descolgarse de la moto, sus larguísimas derrapadas y cómo fue capaz de domar una de las máquinas más indomables sobre las que se ha corrido en moto. En el Circuito de Jerez tuvimos que despedirnos de uno de esos pilotos que hacen grande el deporte del motociclismo: de una leyenda. 


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