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Número 2 Revista Inquie tos

Narrativa

Un hombre q ue paga a un a mujer para Mono pensan que se acuest te e con él Saliva Danzas de no che Leonor Ayer será ma ñana a cada segundo Me masturbo sin cesar El próxim cop tries tu la músi ca

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Opinión

Obama, el nu evo fetiche de la era afterpo El valor de la p literatura

Protoantropó logos, mund o de quesalid Antropólogos en potencia.

Reflexiones e n torno al trab ajo de campo Cultura, ¿sum . isión o conse nso?

Lírica Robocop 08 Contra el amo r ciego

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Un hombre p a g a a una mujer para que se acueste con él José Antonio Vila

Un hombre se matricula en un curso de escritura creativa. En este curso hay asignaturas que le interesan y otras que no le interesan en absoluto. Una de las que más le interesaban, en un principio, era la asignatura de Cuento. Sin embargo, para su desdicha, el profesor que imparte esta asignatura es un tipo anticuado que cree en el modelo chejovniano de cuento como los cristianos creen en la virginidad de la virgen María: para ese profesor la teoría de Chéjov sobre el cuento es un dogma de fe. “Si aparece un clavo en un relato es para que al final de la obra el protagonista acabe colgando de él”, eso dice el viejo Chéjov -tan anticuado como el profesor de la asignatura de Cuento del curso de escritura creativa. No se dan cuenta de que esa teoría no es otra cosa que una consideración a posteriori, una reflexión ad hoc que sólo sirve para enaltecer los cuentos, relatos y obras una vez éstos han sido escritos. Lo mismo que la “teoría del iceberg” de Hemingway, reformulada recientemente por Ricardo Piglia en sus Tesis sobre el cuento (el escritor argentino, en un fallido intento por parecer original y disimular su fuente, se inventa la noción de Historia 1 e Historia 2; como intento, no está mal). Es obvio que ninguno de ellos -doblemente obvio en los casos de Chéjov, que murió en 1904, y de Hemingway, quien hizo lo propio, por mano propia, o quizá más apropiado sería decir gatillo propio, en 1961- ha leído Las semanas del jardín, un libro magnífico que escribió Rafael Sánchez Ferlosio en 1974. En ese ensayo deslumbrante, en el que se hermanan la

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Narrativa

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cir los amantes del galicismo), Chéjov tiene razón, en ese caso, se impone la necesidad de expulsar de los cánones literarios occidentales el relato de las andanzas de Alonso Quijano (al que le sobran, así, a ojo, unas 700 páginas), y la obra del inmortal Marcel, quien precisó de unas 3.000 páginas y 15 volúmenes –si mal no recuerdo- para decir, en resumen, que el oficio de escritor es un oficio jodido y que los franceses son unos esnobs insufribles. La pertinencia, la brevedad y la economía lingüística son virtudes encomiables en el ámbito burocrático y periodístico, no así en el literario. Pero volvamos al hombre que se había matriculado en un curso de escritura creativa. Ahora está desesperado y angustiado porque su anticuado profesor de la asignatura de Cuento le ha pedido que escriba un cuento al estilo chejovniano –cómo no-, pero no él no sabe cómo hacerlo. Así que, para aliviarse, se dirige al apartamento de su vecina, una puta simpática y de buen corazón, que recibe a los clientes en su propia casa. No es la primera vez que se acuestan juntos, es más, suelen hacerlo con frecuencia, y a estas alturas ya se ha establecido entre ellos ese vínculo tan especial que solamente puede darse entre las putas y sus clientes habituales: él sigue pagándole, y ella acepta el dinero, aunque el intercambio pecuniario es una mera formalidad, una forma de guardar las apariencias y, de este modo, honrar la milenaria tradición del amor mercenario. En este preciso instante, los dos están follando como leones. Luego, él regresará a su apartamento, se sentará en su escritorio, y escribirá un cuento magnífico en el que su anticuado profesor de Cuento y el propio Chéjov terminarán colgando del mismo puto clavo de los cojones; y que la virgen María se apiade de sus almas, porque ni el hombre, ni la puta, ni yo, pensamos hacerlo.

pasión de la idea y la rigurosidad de la lógica, Ferlosio dinamita ambas concepciones, tesis o teorías acerca de lo que el cuento o la narración deben ser. En particular, su ataque frontal a la patética idea hemingwayesca del “iceberg” es antológico: Ferlosio pone de manifiesto cómo el éxito de semejante sandez se ha debido a que ésta ha servido como excusa perfecta para que críticos, exégetas, profesores de universidad y demás clases de infra hombres se hayan dedicado a hacer lo que más les gusta: dar rienda suelta a sus pulsiones sobre interpretativas. Evidente, por otra parte, pues esa deleznable ralea de subcriaturas no posee otro medio de justificar o legitimar su existencia más que escribiendo aburridísimos libros interpretativos (que, además, nadie lee) en los que pretenden demostrar cómo ellos han sido los únicos en dar con la llave hermenéutica que permita revelar el Gran-Misterio-de-lo-que-el-GranAutor-quiso-decir-de-Verdad. No merece siquiera la pena insistir en el hecho de que este procedimiento de paleontología literaria, comprensible y excusable en lectores de Agatha Christie y acólitos de Paulo Coelho, dista mucho de la humildad profesional y la seriedad exigibles en aquellos que se autoerigen en sabios, o peor aún, custodios del saber –como si el saber fuera un niño y necesitara de ellos o de su custodia. Por lo que respecta a esa otra farsa, la de Chéjov y su clavo, o lo que es lo mismo, esa noción según la cual ningún elemento de una narración debe ser superfluo o gratuito, ésta no puede más que inducir risas estentóreas en la concurrencia. ¿Es que, acaso, hay algo en la vida que no sea superfluo y gratuito? Parece que el viejo Chéjov, de seguir vivo hoy en día, habría ido a engrosar las filas de esos creacionistas que se niegan a creer que la presencia humana en la tierra sea producto de un azaroso y contingente capricho del universo. Si la idea de filiación marxista que concibe el arte como espejo mimético de lo real es cierta, entonces, las obras que mayor admiración deben suscitar son aquellas que con acierto mayor dan cuenta o reflejan (por no salir del campo semántico especular) el elemento fortuito y accidental de la existencia. Si, por el contrario o por contra (como gustan de de-

José Antonio Vila

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Mono pensante

Mi madre nació en una pequeña casa en el campo, en las cercanías de Ferreries, en el centro de Menorca, a inicios de los años 50. Un entorno hostil y miserable, donde el hambre y las condiciones de vida extremas eran el pan de cada día. Su madre murió siendo ella muy pequeña, y los siete hermanos tuvieron que cuidar unos de otros mientras mi abuelo hacía lo que buenamente podía para tirar la familia hacia adelante. Mi abuelo era ya adulto cuando vio pasar sobre su cabeza la primera avioneta de su vida, y mi madre cuenta a menudo sobre el día en que el rico del pueblo tuvo un televisor por primera vez. Recuerda cómo se amontonaban todos los niños y no tan niños del pueblo tras la ventana, desde la calle, para ver cómo se habían introducido todas esas personas pequeñitas en una caja. Sólo ha pasado una generación desde entonces, y hay un abismo tan grande entre lo que yo he tenido y lo dura que ha sido la lucha de la generación anterior, que se me hace difícil de imaginar. No consigo deshacerme de este extraño sentimiento de culpabilidad. Pero no quiero profundizar demasiado en el estilo de vida. Lo que me ha hecho pensar en los recuerdos de mi madre y mi abuelo ha sido un descubrimiento reciente de la ciencia, algo que me ha hecho sentir como mi madre asomándose por el ventanal de la familia adinerada de Ferreries, quedándose fascinada con la prestidigitación de la modernidad. En julio del 2008 asistí a una conferencia del Dr. Bartels, del Max Planck Institute, en colaboración con la Universidad de Pittsburgh, acerca de las nuevas posibilidades de la interacción cerebromáquina, las llamadas BMI. El vídeo de un minuto y trece segundos que allí vimos sirvió para dejar anticuadas prácticamente todas las novelas y películas de ciencia ficción del siglo XX y parte del XXI. Y dejar mi posición de incrédulo prepotente y cínico hacia el papel de la ciencia en el mundo moderno sin defensas, y a merced de descubrimientos por venir.

Franc Camps

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claro que hay un profundo debate ético que hacer a cada pequeño paso científico, y más en relación al órgano definitivo, el cerebro. Pero no es mi objetivo generar esta reflexión. Si me permiten, prefiero no pensar en ello por un momento y dejarme llevar, creer por un momento en la humanidad y darle el punto de confianza que no se merece, pero que me permite centrarme sólo en el sentimiento infantil que me daban ganas de levanterme en plena sala hecho de nuevo un chaval y gritar ‘¡¡Pero cómo mola!!’. Curioso que estuviera más fascinado yo que el propio chimpancé que, bajo expresión de resignación, se contentaba simplemente con tener algo que llevarse a la boca sólo con pensar un poco.

La muestra consiste en lo siguiente: en la pantalla vemos a un chimpancé sentado y sin moverse. El mono lleva un casco con electrodos que registran la actividad cerebral electromagnética en ciertos puntos estratégicos del cortex cerebral. Sin trepanación. La verdad es que el mono no parece estar muy incómodo ni preocupado, tiene una expresión bastante serena. La actividad registrada de su cerebro está conectada a un brazo mecánico articulado con unas pinzas en un extremo, de tal manera que el mono ha conseguido masterizar el movimiento del brazo mecánico como si fuera propio, sólo con el pensamiento. Ahí es nada. En el vídeo se puede ver al mono usando tranquilamente el brazo mecánico para atrapar porciones de comida y poniéndoselos en la boca, moviendo únicamente la mandíbula para masticar. Simplificando, el chimpancé movía cosas sólo con pensarlo. Los antiguos lo llamaban telequinesia, y hoy la llaman BMI, pero viene a ser lo mismo. Ver algo así le hace pasar a uno por distintos estados en poco tiempo. Uno se siente fascinado, esperanzado, lleno de miedo y de compasión en muy pocos segundos, o a lo mejor todo a la vez. Es inevitable empezar a preguntarse hacia dónde nos puede llevar todo esto. ¿Lo necesitamos? Las ventajas potenciales para lesionados medulares saltan a la vista, pero también se nos ocurren miles de usos perversos de este tipo de tecnología. Y está

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Saliva

Un vómito en la acera. Vaya, es mío........... Bien, me presento, me llamo Ben, tengo cuarenta y cinco años y soy una puta mierda andante. Hablemos de sexo:

Rubén Dario

-Te he dicho que no te voy a chupar la polla nunca más jodido puerco, no eres más que un borracho esnifador de farlopa barata que sólo sabe dejar que se la chupen y lo único que te preocupa es joderme a todas horas y por cualquier sitio. Estoy hasta el coño, joder. Ya no tienes ni trabajo. Piter murió y tú hace tiempo que también. Vuelve a ser quien eras Ben, vuelve. Necesito al de antes. -Bá! Púdrete. -Dije. Y me fui de casa sin ni siquiera dar un portazo, como tantas veces. Piter es, era, nuestro hijo, se llamaba Pedro pero siempre le llamábamos Piter, no me pregunten por qué. Y bueno, esa mujer tan cabreada es, que no era, lógicamente mi esposa, mi esposa Amanda, nos queríamos sí, nos queríamos, pero un día se rompió un plato y el amor con él. Y no, el plato no fue Piter joder, él murió como se cae una hoja de un árbol, por puta casualidad, quiero decir que tanto podría haber sido esa hoja en ese instante como otra hoja, me explico, le cayó encima el cartel de una farmacia, en fin, ya veis, cosas. Claro que sufrí, casi muero de ello, pero mi relación con Amanda ya se había finiquitado hacía tiempo y yo ya era una mierda antes de aquello. Pero después tuve un motivo para ser una mierda. O eso dicen. Me fui al bar de Toni. Cerveza [...] Cerveza [...] Cerveza [...] Cerveza [...] [...] [...] Click. -Coño Iván, ¿qué haces aquí conmigo? -Tú me recogiste borrachón jeje

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que pasa por tu casa, y estaban las dos gitanas de siempre sacándose las pelillas limpiando cristales, ya sabes, y apareció la policía, tenían el coche aparcado en la calle paralela y salió un gordo y calvo con una sonrisa de cabrón que ni te imaginas, las gitanas echaron a correr y el comedor de donuts empezó a rodar tras ellas, lo que no esperaba el poli es que a unos doscientos metros estaban dos gitanos inmensos y uno viejo en plan el padrino y tal sentados en el escalón de un portal, entonces el policía cogió a una de las gitanas pero justo al lado de los tres personajes, fue la leche, el seboso empezó a gritar: “¿por qué salisteis corriendo? ¿eh? ¿por qué? ¿por qué?” lo decía medio apabullando medio acojonao, estaba sudando como un puerco y ya no tenía la sonrisilla hijoputa en la cara y la gitana le contesta que siempre que las cogían les decían de todo que las llamaban putas y guarras y que un día le cogieron una teta y le escupieron o se las llevaban a comisaría y no sé que más, yo pensé lo rajan, lo meten en el portal y lo rajan, el viejo-padrino mira a uno y éste hace un movimiento con un brazo y el policía se gira hacia él, y sin tiempo a más el otro mete una mano en el bolsillo la saca y como quien corta el tallo de una flor le raja el cuello, así, sin más, y se van andando, me quedé blanco, y el ex-comedor de donuts entre sangre se desploma en el suelo con una mano en su cuello y la otra en la barriga como queriendo arrancársela o algo, yo doblé la esquina y no vi más, en fin, en sí me importaba

-Oh, bien, joder no sé dónde cojones he estado... aclárame... -Pues a mí me pillaste en la calle esa noche cuando iba a casa, me dijiste ¡monta chaval! ¡que nos vamos de juerga! Y cómo no, subí, no sé ni cómo podías conducir cacho cabrón, por suerte me dejaste coger a mí el volante, y bueno, nos fuimos de bar en bar y de raya en raya... -Je, me imagino. Joder si ya está amaneciendo. -Ya, y al final hemos venido a dar aquí, es un sitio cojonudo, debe de ser una acampada libre o algo, y las vistas son de puta madre, es una especie de acantilado, los de la tienda de ahí al lado llevan toda la noche follando y metiéndose coca hasta por sabe el diablo dónde jeje no paran de gritar, se metieron dos chavalillas la hostia de cachondas y tres pavos, y a follar, ya nos podrían hacer un hueco, anda, métete ésta que acabo de hacer. -Ok, me hace falta, snifff!!-bueno, éste es Iván, un amigo de la familia, tiene veinte y tantos, es un pieza, y es escritor, o eso dice él, yo también escribía, pero... no merecía la pena, nadie escuchaba. -Por cierto, esta tarde pasé por la principal

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Iván después de meterse la raya se metió una mano en el bolsillo trasero y sacó una hoja totalmente arrugada, había un inicio de lágrima queriendo salir del ojo, pero yo sabía que no la iba a dejar salir, en fin, me dio la hoja y la leí. “Un silencio entre ruinas romanas.

un carajo el policía la gitana la vecina del quinto el presidente, vamos que me ha dado igual para ser sinceros, lo que me jodió fue su sonrisa, hay que ser cabrón joder, se reía porque iba a descargarse con ellas, se reía de que iba a hacer daño así por las buenas, que hijoputa. -Snifff!!

Esa es mi infancia, mi alegría.

-Mira que te enrollas chaval, todo para decirme que no te gustó su sonrisa... ya ves, la sonrisa del frustrado, aunque el rajazo tal vez fue algo demasiado, pero en fin, yo ya ni río ni lloro ni siento nada cuando hago daño. Porque la verdad no sé ni cuándo lo hago, eso sí, trato de no hacerlo, trato de no sufrir ni de hacer sufrir, aunque con Amanda nos digamos de todo hay un fondo noble, es en plan descarga, supongo tanta mierda que nos soltamos... en fin... un día hablaremos y aclararemos las cosas...

Es lejana. Es extraña. Es vencida. Si la noche me vendiera un verso o el aire fresco de tus pupilas que hace tanto que no siento. Si de la tristeza, cruel quimera de cenizas, como el fénix renaciera la sonrisa.

-Pues Ben tío, al final lo que cuenta, lo que pesa, es el sufrimiento. Da igual su procedencia o si sabes que lo haces o no. Mira, hoy mi madre estaba llorando sentada en la taza del váter, y el váter ¡cuánto soporta! ¡cuánto traga! La noche anterior recibió mi semen y por la mañana las cagadas de mi viejo y la mía. Y después lágrimas. Debe de ser el váter más cargadito de sentimientos. Tal vez yo sea váter, Ben, tal vez yo sea váter. Y mi madre decía que no quería hablar, que no aguantaba más, tantas caras de desprecio, decía que estaba bien ahí, encerrada en sí misma. Y yo luego cojo y me encierro en esta cárcel de papel, en este puto folio, en este llanto interno. Al final lo que cuenta es el sufrimiento, Ben. Llora igual el niño que perdió su peonza como llora el marido que perdió su esposa. Lo que queda es un hueco, unas veces más grande otras más pequeño, el sufrir se vuelve pala y te golpea, a ser posible de canto y en la cara, después crea el hueco. Mira lo que escribí.-Snifff!!!

Si la palabra fuera justo como la ola y dejara en mi seca orilla su bravura y su ternura. Si por vivir no me desviviera. Si consiguiera ser feliz. Dejaría de llorar.” -Pero si tú no lloras Iván, tú lo que haces es no parar de esnifar. -Ya pero acabar un poema con dejaría de esnifar como que no. -Y por qué escribiste esto compadre, no tiene mucho que ver... -Iván escribía lo primero que le salía cuando algo le dolía, luego me lo enseñaba, y nosotros después de unas rayas nos poníamos muy poéticos siempre, era una buena amistad. -Yo qué sé tío, tengo versos danzando y

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Ben: Ben es un viejo en proceso que no quiere morirse y eso que ya cree haber vivido demasiado, Ben es alcoholismo y es pelo blanco y arrugas de amargura en toda su cara, es jersey de cuello alto y botas de monte, es sangre fría y sangre hirviente. Es un cúmulo de llantos y alegrías y fracasos, es un cúmulo de años perdidos y un hijo perdido y una esposa perdida. Es caos. Es una mierda como dice él.

correteando debajo de mi piel, y ahí van, hasta los dedos para agarrar el lápiz y ¡flop! la letra la palabra el verso el poema entero la pena entera; pero lo que me agradaría cuando me leyeran es que sintieran lo que yo siento cuando leo a alguien por primera vez, esa sensación de desvirgar un texto y sentir su sangre caliente de dulzura y rabia y pena recorrer mi ser, embriagarte de su pura miel que nunca antes respiraste y sentirte crecer, sí, eso es lo que yo busco al leer. Crecer. ¿Creciste, Ben?

Iván: Iván y su chaqueta verde y su pelo rubio revuelto y sus vaqueros gastados y su gramo de farla y su costo en el bolsillo, es un joven perdido en la comodidad de esta actual sociedad que no mata de hambre pero si de pena. Ya saben, la culpa siempre es de la sociedad.

-Sí, por supuesto, lo que me está creciendo es el pito oyendo chingar a los de la tienda de ahí, lo que hay ahí dentro es desesperación, compadre, intentan ahuyentar la soledad por la vía rápida de los sentidos, por el calor de los orgasmos; tres chicos, dos chicas, dos coños, tres pollas, cinco culos, diez manos, cinco bocas y piel y sudor y más piel y más sudor, y saliva... Toda un maraña de piel y ansiedad a la caza y captura de humedad y bocas y semen y almejas y orgasmos. De calor en definitiva. El sexo sin amor no es más, no es más ni menos que búsqueda de calor, ¿por qué pasar frío? ¿no?

Amanda: Amanda es una lágrima, es cabello cansino y moreno y largo como un adiós. Amanda es la tristeza, es el cuchillo que roza las venas de la muñeca. Es la desesperación de haberse equivocado de vida y no haber tenido el valor de cambiar. Amanda es, pues, tristeza. Es delgada casi sin pechos y no parece andar, se desliza por las aceras como perro vagabundo con alas. Amanda se va a suicidar.

Iván empieza a hacerse un porro y me pasa otra birra. El sol ya nos empezaba a joder bastante, saqué las gafas de sol, cogí la cerveza y seguimos hablando.

Piter: Piter era. Toni: Toni es An-tonio, el del bar.

Nota: inciso: pensamiento al pronto: rayo de coca: o un yo qué sé: Tengo la costumbre de enfrentarme a la duda y a la incomprensión cara a cara, y a esta en concreto: me-la-for-ni-qué. Mezcla de rebeldía y curiosidad. Un muro menos, un prado más. Y pensar que por eso matan y aíslan, destruyen vidas. Hipócritas acojonaos. Cojan una polla y chúpenla o penetren un coño con su lengua siendo del mismo sexo si desean hacerlo. Sin miedo joder, sin miedo. O enamórense.

Tres chicos, dos chicas: Eso se lo dejo a ustedes. También hay que usar la imaginación, no?. Seguimos hablando hasta la noche bien entrada entre cervezas, porros, soledad y rayas y rayas. -Ya puedes haber dado todo que cuando dejes de dar algo ya nunca habrás dado nada. [...] -¿Y dios? -Dios es un bastón quebrado, antes me agarro a mi polla. [...]

Bueno, llegado este punto, habrá que empezar la descripción de los personajes, ¿personajes?:

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¿que más quieres tú?, el día en que sus cenizas canten... no la harán por ti, por ti no.” Los Enemigos y su ay Antonio coño, la hostia...

-Mi vieja llora y llora y mi viejo es un cabrón con ella, la quiere eso sí, lo ha demostrado mil veces, pero la trata como un cabrón. [...] -Madrid es una lágrima del viento en los baños del metro haciendo cola por vivir. Madrid es gris. [...] -Y entre verso y verso, cómo no, el arcoiris. [...] -Amanda me engaña, y yo, me pudro en celos y me tiro a la primera que se deja. [...] -Me dijo mi vieja: “¡eres un hijo de puta! ¡te voy a matar! ¿nunca te rompieron los labios? ¡yo lo haré! ¡te odio! ¡te odio!” [...] -Vaya mierda es el fracaso, a la mínima tratan de hundirte un poco más y pocos me dan un abrazo. [...] -Cada vez que me cierran una puerta otra ya se está cerrando y la siguiente se cierra aun más fuerte. Es como una reacción en cadena directa a la nada. A la miseria. [...] -En esta época todo fluye como saliva, de boca en boca, de lengua en lengua. [...]

-Quisiera ser humo, ser un eterno cabello gris que cobra vida con la luz y pasear por el aire retorciéndome en ondas y giros creando belleza, y suspiros. Pero no, y el tiempo baila un vals con el humo y no conmigo, lo baila con la noche y no con mis pensamientos mientras fumo de este extraño veneno que me has dado y miro cada uno de mis rincones interiores. Mientras, la música de fondo se consume con el sonido envolvente de cada calada, y yo exhalo una nube muy gris y densa como si de una idea soplada se tratase atrapándome su desvanecimiento en el ambiente al paso de cada pestañeo del reloj, que no marca segundos porque se paró al introducir este humo en mi pecho y el tiempo viene a ser latidos del corazón, tic-tac, segundo va y volvamos a fumar... y la noche se consume, como la música, como el humo... como nuestras vidas, chaval, como nuestras vidas, enga, hazte otra, si no puedo crear: me destruyo. [...] -A querer no le enseñan a uno en la escuela. [...] -La tristeza es peor que el olvido, compadre, es peor que ser agua estancada en un río de funesta existencia. La tristeza es parálisis. Es vivir sin alma. Es peor que yo sin ella. Y ahora es todo nuevamente gris. Jodida existencia. SNIFFF!! [...]

Subo el volumen de la radio: “¿Es que no tienes bastante con su dolor? shoshito del mundo

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[...]

-Podría empezar a rascarme en las grietas de mi pecho y ver lo que hallo, tanto puedo toparme con una flor como con un condón usado. [...]

-¡AMANDA!!! -la sangre que salió de mi garganta con el grito se estampó en el cristal al entrar en conciencia.

A los dos días y ya casi amaneciendo salió una de las chicas de la tienda, se tambaleaba bastante, tenía el pelo muy grasiento y los ojos un poco subidos hacia arriba, estaba un poco ida, se acercó al coche, se apretujo contra la ventanilla y nos dejó ver sus pechos sudorosos que prácticamente no eran cubiertos por la camiseta negra que llevaba, estaba muy dada de sí y con algún que otro lamparón brillante, acercó su boca al cristal y dijo, bueno, gritó: “¡necesito una polla! ¡joder! ¡que se me va la olla! ¡necesito una polla!” Yo pensé que realmente lo que necesitaba era un abrazo. Pero, en fin: “Pasa, yo tengo una...” Entró. Chupó. Tragó. Luego levantó la cabeza y me miró con media sonrisa en la cara, como queriéndome decir que hizo un buen trabajo. Pero notó algo en mi mirada. Y yo también en la suya. Era su alma quien me hablaba, dolida, perdida y a través de su mirada en su reflejo en su brillo, vi su dolor, leí su tristeza su caos su negrura y ella se dio cuenta. Y ahora sí. Ahora la abracé. Rompió a llorar sobre mi abdomen.

Toni en el bar me dijo que Amanda llamó llorando antes de que yo llegara, le dijo que yo volviera en cuanto llegara al bar, o que si no que ya no volviera, y no volví. La llamé más tarde por teléfono. Comunicaba. Llamé a la vecina. No sé ni qué me dijo, sólo oía un perro ladrar. Me pregunto cómo voy a seguir narrando esta extraña historia una vez que haya arrancado el coche y mar adentro. En fin. Probemos. Rubén Darío

-Joder Iván, saca una cerveza para esta chica anda. -¿Eh? ¿Con quién hablas? -me dice entre lágrimas. -Mierda, sal del coche princesa.

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Danzas de noche Eric Rosales

ya creía estar. Curvas que no lograba distinguir de las olas del mar, tez blanca que se confundía con la luz que desprendían los peces al acercarse a la superficie para saludar al cielo, cabello que parecía bailar por sí solo, cuando Gea danzaba su sinfonía del silencio… Gea notó la mirada de Luna clavada en una de sus mejillas, y dio un giro, a tal velocidad, que a Luna le fue imposible huir o esconderse. Gea sonrió, e intentó recordar cuándo lo había hecho por última vez. Luna le devolvió la sonrisa, iluminándosele los ojos por primera vez en la vida. Fue entonces cuando pudo empezar a oír la melodía que la farera solía danzar. Ésta le tendió una mano, flagrante de energía, invitándola a consumar el acto del amor mediante el baile de la eternidad. Desde entonces, ya ninguna de las dos pasa las noches sola, pues las comparten bailando su vals, y nosotros podemos disfrutarlo cada noche, viendo a Luna rodeándonos con sus brazos. Cada veintiocho días, la pareja empieza un nuevo vals, y es por eso que, debido a la felicidad que le deporta el volver a empezar, a Luna se le ilumina toda la cara. Cuando no la podemos ver, es porque Luna y Gea se han retirado para hacer el amor, donde nadie les pueda ver.

Más allá de lo que nuestra memoria puede alcanzar, Luna paseaba, aburrida y taciturna, por oscuras sendas sin trayectoria definida. Luna no se dejaba ver, aun siendo la más bella de todas. Y es que sus andares quedaban confundidos dentro del mundo de los sueños, pues ella dormía de día y salía de noche. Al despertar, nadie era capaz de saber ciertamente si Luna era real o si era onírica. Gea era farera, así que también era conocedora a la perfección de los secretos de la noche. Vivía en el más grande de los faros jamás visto. Cuando lo encendía, no se distinguía la noche del día, y el mar brillaba cobrando vida propia. Pero Gea estaba triste, pues no soportaba estar tan sola, y ya hacía siglos que no encendía el faro. A Luna, que creía que el amor no tiene sexo, le gustaba pensar que nos enamoramos de mentes, y no de cuerpos femeninos o masculinos. Luna cada noche andaba años luz, hasta la Tierra, para poder contemplar cómo Gea, para matar el ruido desgarrador de la soledad, bailaba consigo misma una música que sólo ella era capaz de escuchar. Luna se sentía magnetizada por Gea, pero todos los días, cuando el sol empezaba a dejarse ver, tenía que volver a esos sombríos parajes que frecuentaba a diario, en busca de un rincón donde echarse a dormir. Un buen día, ya cansada de mirar desde lo lejos, Luna se acercó un poco más a Gea, para poder apreciar las formas de su cuerpo y el contorno de su faz. Quedó aún más maravillada de lo que

Eric Rosales

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Tot i que les seves mirades es van trobar per un instant, cap dels dos va recaure en la presència del altre.

Leonor

En els anys següents, degut a una profunda crisi econòmica internacional, el sector dels vidres es va veure afectat per greus pèrdues. El malestar social i les revoltes obreres acabaren d’enfonsar el negoci del pare de Leonor. Aquest, en un moment de desesperació, es va treure la vida calant foc a la seva arruïnada fàbrica quan ell era dins. Aquests fets afectaren directament a la privilegiada posició econòmica de la família. Entre d’altres coses, van haver de prescindir de la institutriu, de manera que Leonor passà a anar a una escola i a compartir aula i esbarjo amb altres nens i nenes de la seva edat. En aquells mateixos anys, els esforços de la mare de Javier van anar donant els seus fruits. Fent hores extres com a modista i guardant part dels diners proporcionats pels seus fills majors, va aconseguir que el seu fill petit pogués tenir l’oportunitat d’anar a l’escola i de compartir aula i esbarjo amb altres nens i nenes de la seva edat.

Eduard Suar i

Leonor Vatlle era una nena de set anys. Filla única. El seu pare dirigia una fàbrica d’ampolles de vidre. Duia vestidets de cotó fets a mida quan sortia els diumenges després de missa a passejar amb la seva mare pels jardins de Pedralbes. La seva mare la volia dotar d’una educació privilegiada. Una institutriu anava cada dia a casa seva i li ensenyava lectura, ortografia, ciències naturals i nocions bàsiques de matemàtiques. Tot i que gaudia de totes les comoditats i plaers que desitjaven els nens i nenes de la seva edat, ella sentia confusió i una terrible solitud per la manca de contacte amb iguals.

L’útim any d’educació obligatòria, Javier i Leonor ja feia temps que es coneixien. La relació entre ells va anar evolucionant fins al punt d’esdevenir una amistat certament especial. Quedaven els caps de setmana i anaven al cinema o a passejar pel port. En una d’aquestes ocasions es van declarar el més sincer afecte i es van prometre seguir junts per la resta de les seves vides.

Javier Miranda era un nen de set anys. Fill petit d’una família andalusa de cinc germans. El seu pare agonitzava en el fons d’una taverna del barri vell pocs mesos abans de morir d’una cirrosi causada per l’alcoholisme. Els seus germans duien el pa a taula a canvi de deixar-se l’esquena cada dia treballant com a estibadors al port de Barcelona. La seva mare es va prometre treure diners d’on fos per pagar una mínima educació per al seu fill. Ell recolzava els colzes a l’ampit de la finestra del petit menjador de casa seva i somiava amb una vida plena d’oportunitats. Un diumenge després de missa, Leonor i la seva mare van fer un canvi de plans i van agafar el tramvia per anar al parc de la Ciutadella. En pujarhi, es van creuar amb Javier, que venia de guanyar quatre calés fent de neteja sabates a les Rambles.

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a ella procedent del front. Va començar a sortir amb d’altres nois, al mateix temps que la seva mare feia gestions per tal d’aconseguir casar la seva estimada filla amb un bon partit, que els ajudés a recuperar la posició social que havien gaudit uns anys abans. Leonor, després d’haver patit algun desengany amorós, va acceptar de mala gana la proposta de la seva mare de casar-se amb un noi acomodat que s’havia sentit atret per les seves belleses. Va estar casada amb ell fins al final dels seus dies. Tot i així, mai no el va arribar a estimar, mentre ell la depreciava per la seva incapacitat natural per tenir descendència. El seu marit va començar a anar amb d’altres dones i a freqüentar els prostíbuls del Paral·lel. Sempre van mantenir les aparences i poca gent coneixia la infelicitat del matrimoni. Leonor tornava a gaudir d’una privilegiada posició econòmica, però seguia sentint la soledat que ja l’havia perseguit quan tenia set anys.

En acabar els estudis i arribar a la majoria d’edat, Javier va rebre una carta un matí de dilluns que el cridava a complir amb l’imperatiu militar. Al cap de pocs dies es va acomiadar de Leonor. Es van prometre mantenir correspondència i tornar a trobar-se un cop hagués acabat el servei. Al cap d’uns mesos, va esclatar la guerra entre Espanya i el Marroc. El conflicte durà tres anys i seixanta-set dies. Javier va ser al front, on va perdre el braç esquerre a l’alçada del colze. Durant els primers mesos van mantenir correspondència, però la distància i el pes dels afers quotidians de la vida de cada un d’ells els van anar separant dels seus records compartits. Quan Javier va tornar de la guerra va ingressar en un centre hospitalari on passà un any guarintse de les greus ferides patides al front. En sortir, es va posar a treballar com a ajudant al taller d’un dels seus germans, el qual el va acollir tot i ser conscient de les limitacions físiques del seu germà petit. Entre el taller i el bar de la cantonada va passar la resta de la seva solitària vida parlant de les històries de la mili amb d’altres excombatents de la guerra del Marroc, mentre alçaven els seus gots de ginebra barata que els emboirava la vista i la memòria. Un any després que el seu estimat hagués marxat, Leonor va començar a perdre les esperances de tornar-lo a veure. Ja no perseguia el carter carrer avall per demanar-li si tenia alguna carta per

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Un dia, quan Javier tenia cinquanta-vuit anys, va decidir sortir de la seva rutina diària per anar al parc de la Ciutadella. En pujar a l’autobús es va creuar amb una dona ensopida que si fa no fa tenia la seva mateixa edat. Tot i que les seves mirades es van trobar per un instant, cap dels dos va recaure en la presència del altre. Eduard Suari

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Ayer será mañana a cada segund o Bernat Rebés

rano remoto, cuando se querían a escondidas y mis padres aún no sabían nada, y la ONU era un sueño y Lia ignoraba que Paul no comprendía todavía que la vida es un segundo que se va de putas tres mil mierdas todas las veces, y Kelly vino esta tarde a mi casa, me miró fijamente a los ojos con sus ojos preñados de lágrimas sucias, manchadas de almohadas y mentiras fosilizadas, y me habló despacio buscando palabras que tal vez no existan para decirme que ha tomado la decisión más importante de su vida, como si decidir fuera algo que uno hace a propósito, y después de confesarme sus sueños, para consolarme o consolarse a sí misma, agarrará mi mano tibia o un poco fría y sudada como la pantalla del mundo, llorará un caudaloso río sagrado de dudas, y saldrá por esa puerta de infintos pomos para volver a escuchar el débil rumor de su rumbo errático que la llevará lejos, muy lejos, más allá de estas líneas escurridizas, al otro lado de la esquina truncada en la que Lia esperará encontrar mis ojos de Paul abarrotados de lluvia.

Muchos segundos después, acaso varios millones de años más tarde, frente al sudor blanco de la ventana del mundo, comprendí que no tenía que tratar de comprender nada y que todo se va a la puta mierda tres mil veces a cada segundo, y empecé a contar lo que ahora cuento con un residuo de duda que pesa como todos los muertos y los recuerdos a la espalda. Cuando Inés me dijo que se iba a la India en busca de algún anhelo incierto, comencé a percibir que basta con el breve aleteo de una mariposa para desintegrar un segundo en polvo de cristales molidos. Decidí seguirla en secreto por los rincones de las calles atestadas de cuerpos jadeantes que pueblan los arrabales de mi memoria, y en una esquina encontré a Lia y me olvidé de todo y de Lia y creí que era la que no era, antes de darme cuenta de que era otra vez ella, la Inés fugitiva, la de las grandes quimeras. Había conocido a un joven canadiense, de nombre Paul o Jim, que trabajaba para la ONU en Bombay y que coleccionaba fósiles de conchas marinas hallados en las montañas. Peter o Joe había dejado a Kelly, su novia del instituto, porque el mundo es tan grande que asusta y él estaba asustado y era un adicto a las emociones fuertes, y cuando todo hubo pasado y Lia era un breve recuerdo difuso, Poe o Jaul o Jeter o Pim, que así se llamaba, era un satélite urbano de la Tierra y corría más allá de estas líneas escurridizas, y zas, desgarrará el silencio gritando desde el otro lado, como un ruido molesto detrás de la nuca, y Kelly en la cama me hablará de aquel ve-

Bernat Rebés

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Me masturbo sin cesar Rubén Darío

A veces dudo de si siempre estamos en un continuo andar o si siempre somos continuo estanque, es decir, no hay movimiento alguno, siempre es hoy. No hay manera de buscar algo porque siempre estamos y sólo estamos en un mismo momento que siempre es diferente y aunque lo queramos cambiar o lo queramos mantener igual, es imposible, el hecho de haber realizado un movimiento o tenido un pensamiento ya cambia el instante de antes y me veo inmerso en otro momento que va a volver a cambiar, y no a mi antojo y una mosca se cruzó y ya nada es igual que antes y el antes ya es un recuerdo. Sigo masturbándome a contra pelo como buen marinero del falso infierno: Las caricias son de piedra cuando las da un ser odiado, lo mismo que una aguja clavada entre los huevos. Pongamos los puntos sobre las íes, las cabezas cortadas sobre las esbeltas lanzas doradas de la victoria y los besos sobre las bocas.

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Las horas no pasan en balde, pasan a fuego quemando las hiedras del tiempo que jamás volverá. Jamás volveré a los rincones donde el dolor fue eterno. No hay nada de que enterarse, cierra los ojos y sueña y vuela adonde nunca estuviste y siempre deseaste estar, igual amaneces allí, sin penas. El diario de un onanista se escribe como un orgasmo entrecortado: en pequeños pedazos de suspiros negros:

Se trata de sentir sin interpretar, de pajearse sin cesar, no hay línea argumental, sólo versos como manos haciendo un buen trabajo de, de relax.

Al abrir la puerta de atrás de los sueños se extendió ante mí una pesadilla de tamañas dimensiones.

Lo grande, lo más grande cabe en lo más pequeño, dicen, no sé si será un comentario sexual o tal vez lo inmenso de lo diminuto nos eleve por el ojo del alfiler hasta el del huracán y veamos el mundo en su esplendor, desde el cielo, apagándose. Veremos que hay a quien le golpearon la cabeza contra la pared en el silencio del odio a sí mismo y a quien le besaron en una noche que se moría de miedo, tanto da, nada prevalece. Todo cae en el olvido, agoniza y finalmente, fin.

Cerré la puerta. Y qué raro saben los segundos bebidos en el infierno de una cama sola. Nunca estaré solo mientras yo exista y la barba me acompañe en el recorrido del amor a estar vivo. Es lo único que a fin de mes nos queda: pelos por afeitar, camas vacías que llenar de ti, tinieblas soleadas, ceniceros llenos de pensamientos y bolsillos vacíos. En el muelle me espera el barco de la derrota, el barco de la boca rota, o la cuchilla de afeitar segundos. Rasurando el tiempo uno se queda desnudo y lo único que me hace bien es amar y olvidar.

Rubén Darío

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El pròxim cop tries tu la música Franc Camps

el contorn de la cara, però se sentien l’alè i la calor del cos ben aprop. Ella li va fer un petó als llavis i després digué: - T’imagines per un moment que ve el teu company de planta? –i va esclatar a riure, tapant-se la boca amb la mà–. Fliparia. Del tot. - Uau, no vull ni imaginar-m’ho. Mare de déu, espero que no hi sigui quan sortim. –A ell també se li va escapar el riure–. Sí, sí, fliparia moltíssim. Van quedar-se un moment en silenci. De fons seguia sonant Frank Sinatra, repetint una vegada i una altra les mateixes cançons. - No et sembla una mica estrany que la música no s’hagi aturat? Vull dir, s’hauria hagut d’apagar, també. O com a mínim acabar-se el disc, no? Mare meva, és la primera vegada que faig l’amor amb el Frank Sinatra de fons. –i rient afegí– I sincerament espero que sigui l’última. - Ei, doncs a mi no m’ha molestat. No ho hauria pensat mai, però la veritat és que no ha estat malament. - De debò? De debò t’ha agradat? - Psè, no ha estat malament. Què vols que et digui li ha afegit surrealisme a la situació. Tu què hi hauries posat? - Qualsevol altra cosa! Per l’amor de déu, Frank Sinatra és el menys antieròtic que puc imaginar-me. Em fa pensar en àvies ballant! Sort que està fluix. Bé, i que la situació ha tingut tant de morbo que no m’ha estat gaire difícil concentrar-me. - Sí, la veritat és que ha estat espectacular.

Estaven els dos ajaguts a terra. Aquí i allà estaven mal llençades les diferents peces de roba. Ella tenia el cap recolzat sobre la seva espatlla i jugava amb algun dels pocs pèls que trobava al pit d’ell. Ell tenia el braç dret doblegat darrera el cap, de manera que s’hi pogués recolzar. Amb la mà esquerra jugava amb els rínxols d’ella. Els dos tenien els ulls oberts i la vista entretinguda en la foscor. - Que se’m fa estrany, tot això. –digué. - Millor que no hi pensem, no trobes? Quina altra cosa hauríem pogut fer? - Està bé, és veritat, ens hi han dut els esdeveniments, no? Tota la nit junts al final... Què s’esperaven que passés? –respongué ell, més per convèncer-se a si mateix que per a persuadir-la a ella. - Però deixa de preocupar-te, home, que no passa res. Qui vols que ho sàpiga? És més, què passaria si algú ho sabés? - Potser tens raó. Res, imagino, no passaria res. Però tampoc fa falta que ho anem pregonant per tot arreu, no? - No, no vull dir això... sinó que... bé, no ho sé, que jo no me’n penedeixo de res del que ha passat. M’ha agradat estar amb tu. -va fer una petita pausaPotser tu sí que te’n penedeixes. - No, dona, no és això. Jo... jo també m’ho he passat molt bé. Ella es va donar la volta i van quedar els dos amb les cares a tocar. No es podien reconèixer més enllà d’un lleuger reflexe ataronjat que els resseguia

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Fa plantejar-se coses. - Doncs sí. –afegí ella –. Espera, què vols dir? - Res, res, tonteries. Es van quedar un moment en silenci. - Bé, doncs la pròxima vegada poses la música tu. –digué ell, somrient. - Sí, clar, no et fot. –Pausa i somriure maliciós– A més, estàs pressuposant que hi haurà un pròxim cop. Al cap de pocs segons ell va esclatar a riure. Posant veu de falset, com imitant-la va fer: - Tu ets el del quart, oi que sí? Sempre havíem volgut conèixer-vos –encara va riure més. Va tornar a posar la seva veu de sempre–. Mare de déu, pots ser bastant directa quan vols, no? - Ui, i no has vist res. –féu ella, mirant-lo amb els ulls entornats, posant cara d’interessant–. Per cert, saps que em pensava que éreu parella vosaltres dos ? Vull dir que em pensava que eres gay. - Ah sí? –féu ell–. Què graciós, no? - Sí, té gràcia, sí. Qui ho anava a pensar. Saps què he pensat? He pensat, ‘Merda, m’havia de tocar amb el gay’ –I va esclatar a riure. - Bueno -va fer ell, amb un petit riure incòmode - ...Però està clar que després ja he vist que no. - La cosa és que sí que ho som. –continuà ell-. Parella, vull dir. - Perdona? –va dir ella, glaçant l’expressió. - Doncs que sí, que sóc gay. Que som gays, vaja. Va fer cara d’haver-ho entès, i digué, tot incorporant-se de cop. - No, en sèrio, què? - Joder, no sé com vols que t’ho digui. Eh, però que no passa res. Bé, no passa res perquè no em crea cap trauma, vull dir, ja havia estat amb dones de tant en tant, està bé. Potser sí que passa pel tema que estem sortint i vivint junts i tal. Però bueno, no té per què saber-ho, no? A més, vés a saber, potser ell està ara en un tren i també han passat coses. - Cagunlaputa. Cagunlaputa. Què fort. - Eh, eh, eh, però que no passa res, no?

Ella se’l va quedar mirant, amb la boca mig oberta. Va moure els llavis diverses vegades, sense aconseguir emetre cap so. Ell va seguir parlant. - Vull dir, però tu has vist la situació en què estem? A tu et sembla que t’ha d’importar el més mínim que jo estigui amb algú? Tu t’has mirat bé? Ella no sabia gaire bé quina cara posar. Perplexa. Al final se li va acabar escapant el riure, fins que va acabar rient a ple pulmó. - Tens tota la raó. – Continuà rient una estona més. Va tornar a jeure recolzant el cap sobre ell. – Quina tela. - Doncs sí. Ella va arraulir-se una mica, refregant el cap pel pit d’ell, fent sons com de ronroneig, com de gat mandrós. - Escolta, saps que no me’n recordo de com m’has dit que et deies? - I importa? –digué ell-. A aquestes alçades, jo diria que tant li fa. Com et ve més de gust dir-me? - Tens raó, doncs et diré... Frank. –Va dir, amb l’accent americà més exagerat que pogué. El va rodejar amb els braços i refregant el cap al seu pit digué– Ai, el meu Frank... -i deixà anar un suspir satisfet. - Eh, eh, un moment, per què Frank? Per què m’he de dir Frank? - Doncs jo què sé, perquè ets rosset i tal. Així, com europeu. És el primer que m’ha vingut al cap. - Doncs no, Frank no m’agrada. Si tu em dius Frank jo et diré Erykah. - Collons, no has trobat un nom més lleig?

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acabà per sincronitzar-se. Ell li va donar plaer amb la llengua a la vagina, i poc després la va començar a penetrar. Era el tercer condó i l’últim. - Creus que val la pena que ens intercanviem telèfons? - No ho sé. Per què? - No ho sé. - Doncs llavors millor que no. - Ja, jo també ho penso. Però, és que ha estat tan... màgic, que em costa de creure que ho hagi de deixar aquí. - Sí, però ens hem d’arriscar a que deixi de ser màgic. I si no tenim absolutament res en comú? Què passarà quan tot s’acabi? Quan ens treguin tot serà diferent. Jo... crec que ho vull deixar aquí. Va pronunciar la paraula aquí a la vegada que repicava un so metàl·lic greu i llunyà. Els dos es van quedar de nou en silenci, expectants. Ell va començar a dir ‘Ho has sentit això?’ quan de cop i volta el Frank Sinatra va deixar de sonar. La llum d’emergència es va apagar i al cap d’un moment els espetecs de la llum florescent van imposar-se cruelment a la abans càlida foscor de l’ascensor del Corte Inglés, i poc a poc aquest va començar a moure’s.

Erykah? I això? - Pel cabell, perquè el tens així com molt arrissat i afro i m’ha recordat a la Erykah Badú. Però blanca. Ella es donà la volta de cop i se’l quedà mirant amb els ulls ben oberts. Malgrat no el veiés del tot. - Què vols dir ‘blanca’?! –li etzibà ella. - Com? Doncs, de raça blanca, vull dir, que no ets negre. - Jo no sóc blanca! – respongué escandalitzada. - Com que no ets blanca? Jo... quan he entrat juraria que eres blanca. No t’ha pas canviat el color de la pell des que estem aquí, no? - Pero no sóc blanca, sóc mulata. El meu pare és de la República Dominicana i és negre. - I la teva mare? - La meva mare és de Prats del Lluçanès. Ell va parpellajar diverses vegades, compulsivament. - Perdona, el teu pare és de República Dominicana i la teva mare és de Prats del Lluçanès? - Sí, què passa? - No, no res, que m’ha fet gràcia. -digué ell, encara somrient-se.-

Franc Camps

Van estar-se molta estona en silenci, mentre les carícies els resseguien i dibuixaven el contorn dels seus cossos. Es van fer un petó llarg i humit. Van començar-se a tocar, de nou. Les mans anaven, i de tant en tant també venien. El ritme i la profunditat de les dues respiracions anava augmentant i

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Obama, el nuevo fetic h de la era afte e rpop Andrew Kenzo

La era afterpop ha sido nombrada y definida por Eloy Fernández Porta, profesor de la Universitat Pompeu Fabra. Por encima, me apropio del concepto y lo defino así: el Afterpop es la continuación del Pop, es decir, un nuevo paso hacia el comercialismo de los objetos y sucesos mezclados y sampleados por las nuevas tecnologías y el interés económico como motor coactivo. Hablemos ahora del Urpop, concepto acuñado por el mismo autor. El prefijo Ur, en alemán, significa antiguo, originario (definición aproximada de alguien que no tiene ni idea de alemán). Hoy en día, como he leído en un artículo de un diario online, nos pueden enviar un sms al móvil invitándonos a una galería de arte para presentar una exposición de lo 60’s. Obviamente, en los años sesenta el móvil no era ni una posibilidad futura, ni tan siquiera remota. Es esta mezcla de lo nuevo y lo viejo la que abre la brecha del afterpop y el urpop del postmodernismo en su plenitud actual. Urpop es, por lo tanto, traer al presente algo “pasado” y dotarlo de toda la parafernalia actual. ¿Qué pinta Obama en todo ello? En primer lugar, Obama ha sido elegido presidente de los EE.UU. con una amplia mayoría. Su elección ha suscitado, a partes iguales, esperanza y desconfianza. Ha sido duramente atacado por los grupos

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por el que no se paga un precio en metálico, pero que se puede apoyar económicamente vía Facebook. Hasta se puede participar en su grupo de fans. Creo que hay algo de fraudulento en todo ello y mis temores apuntan a la llamada “ola Obama”. Que Obama ha traído esperanza y aire nuevo a la Casa Blanca después del catastrófico mandato de Bush, nadie lo pone en duda, pero me siento algo escéptico al respecto. Los que estén maravillados con ello, siempre pueden comprar por Internet una camiseta con su foto estampada en colores Warholianos y con su eslogan detrás “Yes, we can”. Su victoria, puede verse como un gran paso democrático. Alguien que hace 300 años estaría bajo la tiranía de la esclavitud y la discriminación, es ahora el presidente del mundo. Mientras siguen habiendo negros en taparrabos en muchos países africanos, tenemos a uno que tiene poder, influencia y dinero. Obama es el nuevo fetiche Urpop, a consumir preferentemente antes de que envíe más tropas a Afganistán e Irak.

racistas y son muchos los que especulan “a este lo van a pelar”. No son pocos los blancos en EE.UU. que sienten un profundo desprecio acerca de los negros y, en todo caso, recuerdan con cierta nostalgia reprimida los tiempos en los que, por desgracia, éstos estaban sujetos a una discriminación apoyada por el mismo gobierno. De acuerdo, estoy siendo extremista, pero creo que me acerco, ni que sea nimiamente, a la realidad. Así pues, hay quien considera que el primer presidente negro de la historia de Norteamérica supone un cambio radical y de progreso, basado en la libertad, igualdad, y el ya mítico ascensor social. No obstante, más allá del color de su piel, se huele más el cambio estético que no el de base. Me decanto, ciertamente, por el cambio Urpop. Desde el comienzo de su ascensión al poder, Obama se ha acercado al stablishment político que todos los presidentes anteriores han tenido tan cerca, también desde el primer día. Algunos colectivos negros siguen marginados en el gran país de la democracia liberal y, lamentablemente y como he mencionado más arriba, muchos de sus antecesores vivieron en la triste condición de esclavos. Ahora, Obama está en el poder gracias a un sustento mayoritariamente de blancos, que se tildan de progresistas, y clases bajas inmigrantes y marginales que ven en él la solución para acabar con los dealers de su barrio. Obama, para la mayoría ilustrada americana que lo ha apoyado, es un fetiche que se consume cuando se le ve actuar, hablar y gesticular. Alguien

Para una mejor comprensión de los conceptos usados en el artículo, recomiendo la lectura de Homo Sampler “Tiempo y consumo en la era Afterpop”, de Eloy Fernández Porta. Anagrama Nov. 2008. Andrew Kenzo vanitydust.blogspot.com

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El valor de la literatur a

(una humilde reflexión) José Antonio Vila

Milan Kundera ensaya en su clásico libro de 1986 El arte de la novela acerca de diversas cuestiones relacionadas con el género novelesco, y una de las ideas que recorre subterráneamente el libro y que es abordada de manera más o menos explícita es la pregunta por el valor de la literatura. Kundera propone -al comienzo del texto con el que se abre el volumen (titulado “La desprestigiada herencia de Cervantes”)- una definición de literatura como aquello que, recurriendo a la pomposa y oscurantista fórmula de Heidegger, “evita que caigamos en el olvido del ser”. Empleando términos más prosaicos que, sin embargo, aumentan la claridad de las afirmaciones que realizamos, podemos decir que la literatura es una herramienta con la que nos acercamos al mundo, a la existencia humana en el mundo. Siguiendo en esta línea de pensamiento, el escritor checo habla de “novelas fuera de la historia de la novela”, expresión altiva y antipática, con la que se refiere a las novelas que, por seguir con el juego de las metáforas heideggerianas, no atienden a la “llamada del ser”. Como por desgracia el ser nunca ha tenido la bondadosa cortesía de revelar qué novelas atienden a su llamada y cuáles no, semejante tarea de discernimiento debe recaer en nosotros, pobres mortales. ¡Y no es cosa baladí! ¡Más bien nos encontramos ante un trabajo titánico: rastrear de entre los millones de novelas que han sido escritas a lo largo de la dilatada historia de este dignísimo género literario aquellas bendecidas con la marca del ser!

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joyciana en las situaciones más mundanales y cotidianas, por ejemplo, en el momento mágico en el que contempla cómo un futbolista anota el tanto que da la victoria a su equipo de fútbol favorito, cuando tunea con esmero su bólido de última generación, e incluso en el momento indescriptiblemente sublime de cumplir con la defecación largo tiempo aplazada. Y sí, para algunos de nosotros, nuestra pequeña salvación radica igualmente en la lectura de los poemas de T.S. Eliot. El valor que pueda poseer una obra literaria siempre es algo atribuido por el lector, depende de su mirada, de su sensibilidad, sus gustos, inclinaciones, anhelos… Me gustaría, sin embargo, dejar claro que no debe entenderse por esta idea un posicionamiento que se acerque a posturas relativistas del tipo “todo vale”, “todo es igual de bueno”, “ninguna opinión es mejor que otra”, etc. Nada más alejado de lo que intento exponer. Sucede, con todo, que discrepo del criterio que emplea Kundera para catalogar las novelas, que es el del valor, o como él dice, aquello que hace que no caigamos en el olvido del ser. Propongo en su lugar, puesto que cómo hemos visto es realmente imposible decidir quién está en el bando del ser y quién no, que el criterio que empleemos a la hora de enjuiciar las novelas sea el de la calidad. Por calidad entiendo la proximidad del resultado final de la obra al objetivo que pretende alcanzar el autor. Así, para ir más allá de una simple crítica hecha desde el gusto personal (me gusta o no me gusta), y alejarnos de la viciosa verborrea romántica del ser y el no-ser, una propuesta más objetiva es la que acabo de exponer: entrar dentro de la obra, intentar dilucidar cuál es el propósito de ésta, lo que el autor quiere decirnos, y ver en qué medida estos objetivos se han cumplido o no. Obviamente, esto nunca será una ciencia exacta, sino un punto de partida para una discusión sobre las obras literarias fundamentada en criterios racionales que, al fin y al cabo, son los únicos que posibilitan una discusión seria e impiden que suceda lo que pasa con algunos críticos que, como decía Manuel Vázquez Montalbán, aprenden a leer con unas gafas determinadas y se pasan el resto de su vida leyendo libros distintos con las mismas gafas puestas.

Esta búsqueda del ser, a la que valientemente se arroja Milan Kundera, revela una concepción esencialista de la literatura. Dicho en otras palabras –Dios me libre de caer en hermetismos heideggerianos-, una visión de la literatura que cree en la existencia de un valor intrínseco a las obras literarias. Ésta es una manera de entender la literatura heredera de la concepción romántica del arte, y transmitida a su vez por las vanguardias modernistas de principios del siglo XX, en la que éste adquiere el valor metafísico –metafísico en sentido aristotélico, es decir, aquello relativo al ser en tanto que serque en otras épocas era asociado a lo religioso o lo sagrado. Entendida de este modo, la literatura se transforma en un sucedáneo de metafísica para un mundo en el que las respuestas consoladoras de las doctrinas religiosas se han resquebrajado y susurran sin sentido, al igual que la voz de los hollow men de Eliot, como viento sobre hierba seca. Me parece que la idea de Octavio Paz según la cual la cultura aparece frente a la muerte es un buen camino para entender la fe que empapa la reflexión de Kundera acerca del valor de la novela. Fe es, en efecto, el término más adecuado para referirnos a ello, pues la confianza en el valor salvífico de la novela que manifiesta Kundera se me antoja francamente desmedida. No pienso que la novela sea, en este aspecto, esencialmente distinta de cualquier otra manifestación cultural a la hora de producir consuelos metafísicos. Además, por fortuna, hasta el más analfabeto de los hombres es capaz de experimentar esta comunión con el ser o epifanía

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De este modo, por ejemplo, si aplicamos los criterios que acabamos de presentar a la obra del mismo Kundera, podemos afirmar que la fuerza de sus novelas radica en la narración y en la estructura de la narración, y no, como él cree, en la reflexión pseudofilosófica que allí encontramos, que carece por completo de la altura y la “profundidad” que él se arroga. Más bien, el pensamiento literario de Kundera consiste en un reciclaje de lugares comunes de la filosofía existencialista –expuestos además, para mi gusto, con la más aparatosa e insoportable de las pomposidades- desarrollados a lo largo de una trama de temática sentimental. Una buena amiga mía, gran lectora de Kundera por cierto, comenta, con saludable autoironía, que las novelas de Kundera son “novelas rosa para chicas universitarias”. Así que, si tomamos como referencia el enunciado de Hermann Broch, tan apreciado por Kundera, que dice que una novela es inmoral si no ilumina parcelas de la existencia humana hasta entonces desconocidas, debemos concluir, por tanto, ¡que las novelas de Kundera son verdaderamente inmorales! Eso sí, inmorales pero de calidad. En mi opinión Milan Kundera comete el mismo error que los teólogos cristianos que al combinar en su labor el intelecto con la pasión esta última termina por jugarles una mala pasada y acaban enamorándose del objeto de su estudio. Así sucede con Kundera y la novela. El entusiasmo es un estado de ánimo muy apreciable que no carece de virtudes –incluso me atrevería a decir que al hablar de ciertas cosas es imposible no hacerlo desde el entusiasmo, e incluso es necesario hacerlo desde ahí- pero, desgraciadamente, cuenta con el gran inconveniente de reducir la amplitud de nuestra mirada y conceder una importancia hiperbólica al objeto de nuestros amores. De ahí la afirmación en El Telón de que la razón de ser de la novela sea la comprensión de la existencia humana. Humildemente pienso que con la novela no es suficiente. La existencia humana es demasiado compleja como para ser

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que la crítica al lirismo que Milan Kundera hace en La broma va encaminada en esta dirección, un lirismo triunfalista e idiotizante que sirve de embudo con el que la población traga de manera acrítica la política totalitaria hija de la revolución soviética. Sin embargo, como suele decirse coloquialmente, que Kundera se aplique también el cuento. El ser, como la comunión de los santos, seguro que es una cosa maravillosa; pero cabe recordar a los divinos de la retórica del ser y de las “novelas fuera de la historia de la novela” que muchos oyentes del ser se equivocaron de emisora al sintonizar sus aparatos radiofónicos y lo que captaron con ellos fue un discurso del Führer.

estudiada, comprendida o vivida a través de la novela y solamente a través de ella. Una aproximación a lo humano debe pasar por un conocimiento de las ciencias humanas, entre las que se incluye, por supuesto, la literatura; así como una formación sólida en el ámbito de las ciencias positivas (lo que nos llevaría a hablar del gran fracaso de los sistemas educativos contemporáneos en los que los estudiantes se ven obligados a escoger entre letras o ciencias, pero ésa es otra historia). El conocimiento, la cultura, el saber son valiosos en la medida en que estimulan la inteligencia, desarrollan la capacidad de abstracción y fomentan una conciencia crítica en los lectores. Es necesario recuperar la literatura como forma de conocimiento -pues ahí radica su valor- en una época en la que éste parece reducirse cada vez más a la mera aplicación de un saber técnico que no pone en cuestión la ideología imperante ni el discurso de la ortodoxia oficial. Pero tampoco debemos olvidar que las bellas palabras de la literatura pueden convertirse en un arma de doble filo, pues al trabajar con nuestras emociones provocan no sólo la suspensión de nuestro descreimiento sino, en el peor de los casos, también de nuestra capacidad de juicio crítico. ¿Qué hubiera sido del nacionalismo sin poetas nacionalistas? Entiendo

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Granada, Enero 2009 Anónimos conocidos

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Protoantropó logos, mundo de Qu esalid Núm

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Antropólogos en potencia: Reflex

iones en torn o al trabajo de campo The Boxer

nes, anotando en el cuaderno el eje de las preguntas. ¡Los temas son tantos y tan distintos! Pongamos un ejemplo, una mujer bereber, pero también árabe, a la vez que española, pero de ascendencia marroquí, pero nacida, crecida y educada en Ceuta, pero viviendo en Barcelona en la actualidad... ¿por dónde empezar?, ¿a qué dar prioridad?: bereberidad/ arabidad y todo lo que cada una de estas dos categorías conlleva, escolarización española/educación doméstica, contexto, compañeros de la escuela, de la calle, entre hermanos y entre primos, amigos y conocidos, ¿quiénes eran y cómo eran?, roles familiares distinguidos por género y por edad... Llegados a este punto, momento en el que podríamos seguir enunciando diez y veinte temas y puntos de partida más, nos percatamos de que en algunos de ellos no estamos pensando más que en estereotipos, ¡de qué bereberidad y arabidad se puede hablar cuando se hablan tres lenguas casi a la perfección en una misma unidad doméstica con los distintos miembros de la familia!, ¿en qué distinción de los roles familiares por género puede pensarse si ya hay diferencias entre las distintas generaciones de la familia? Vistas están las controversias en la enunciación de las preguntas y temas para la entrevista, pero las incógnitas sin resolver nos conducen también a las respuestas: nuestro trabajo supone, aunque conste de largas y amables charlas, un interrogatorio que en cierta medida conduce a un proceso de abstracción de la experiencia de la persona entrevistada. ¿Qué responderíamos, en seco, en frío, si se nos preguntase qué ha influido más en

Son tantas las ideas, son tantos los temas y posibles puntos de partida para el trabajo de campo que los hilos se entrelazan y confunden en un océano de posibilidades de las entrevistas. Al comenzar a apuntar en las primeras hojas de la libreta nueva vamos dándonos cuenta de en qué medida va estrechándose la línea argumental de la entrevista que estamos planteando al informante. ¡Cómo vamos a pasar por alto tantos otros puntos, tantas otras sendas y rutas que van a quedar todavía vírgenes y sin recorrer por nuestras inquietantes y descaradas preguntas lanzadas al entrevistado! Sin duda, arrancaremos esas primeras hojas y haremos borrón y cuenta nueva una y otra vez en nuestro cuaderno, hasta darnos cuenta de que lo único que hemos empezado son numerosos hilos, más o menos vinculados unos a otros, de posibilidades limitadas de la entrevista. Cierto es que las preguntas están relacionadas; evidentemente, el entrevistado es el mismo en todos los casos, pero, del planteamiento de uno u otro orden de la entrevista pueden resultar tantos personajes distintos, tan dispares a veces que seguimos buscando una línea argumental todavía más absoluta, que abarque todos esos aspectos particulares de la persona que responde sin caer en generalizaciones que empobrezcan la visión que pretendemos dar al lector –y a nosotros mismos- del trabajo. Con cualquier entrevistado las dificultades se nos presentan no una vez iniciadas las charlas sobre los más distintos temas sino ya desde el principio, desde antes de entablar esas conversacio-

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de humildad y conformismo, aceptando nuestra incapacidad para esa total compleción y realización de una perfecta sistematización de la entrevista, de la conversación, dejan de ocurrírsenos detalles, innumerables pequeñas cosas que podríamos preguntar al objeto de estudio con el fin de ir rellenando esos infinitos huecos que quedan y quedarán en la tela argumental que hemos ido confeccionando a lo largo de la entrevista: Si un aspecto lleva a otro, si cada cuestión y cada pregunta está relacionada directa o indirectamente a otra, más que un hilo, estaremos tejiendo una prenda que, en primer lugar, podrá ensancharse o no, dependiendo de hasta dónde alcance nuestra paciencia, en segundo lugar, podrá conformar un dibujo u otro y de unos colores determinados dependiendo de los aspectos a los que demos más relevancia o en los que nos apetezca insistir más, y en tercer lugar, como cuando envejece la tela de cualquier prenda, estará siempre repleta de diminutos agujeros, de pequeños claros en los que escasee la información. ¿Qué debemos y podemos hacer al respecto? Hay numerosas lagunas que me inquietan todavía y lo seguirán haciendo seguramente, aún así, no renuncio a la posibilidad casi utópica de alcanzar una sensación de tranquilidad y serenidad con respecto a los trabajos de campo o las entrevistas que deba realizar , las que sean en la situación que sea. La entrevista y el trabajo del que forma parte deberían concluir como concluye el proceso de creación de la obra de un artista, cuando ya no cabe añadir ni quitar ningún detalle, cuando cualquier añadidura, por ínfima que sea, es accesoria, cuando cualquier trazo, línea o matiz presente sobre la tela es necesario y parte sólida de la identidad y definición de la obra. ¿A qué clase de ciencia puede aspirarse?, ¿qué clase de lectura puede ofrecerse sin la confianza en un sistema, unas herramientas y unos métodos que, aunque estén en continuo proceso de reformulación y vayan siendo reconsiderados casi en cada caso, son necesarias ya únicamente para una captación, una lectura y una comprensión parcial de los hechos estudiados? Aunque acepto sin reticencias esas carencias y la-

nuestra educación, el ámbito doméstico o el ámbito público, como lo pueda ser la escuela? Es más, si lo que se los pidiese no fuera una respuesta monosílaba sino una descripción y argumentación de cómo llevamos a cabo la racionalización y argumentación de esa experiencia, ¿cómo relataríamos y demostraríamos la medida en la que un tipo de educación ha influido en el otro y viceversa? Si los papeles en el trabajo se intercambiasen y fuéramos nosotros los entrevistados, llegaríamos quizás a preguntarnos por la falsedad del interés del investigador en tales racionalizaciones, argumentaciones y relatos de nuestra vida personal, tan alejada de la suya? ¡No!, olvidábamos que somos nosotros los antropólogos, los científicos, y por lo tanto no tenemos otra voluntad que no sea la de la empatía, claro. Quizás siendo entrevistados no pongamos en duda esa empatía pero sí se nos pase por la mente la sensación de lo absurdo, ya no del interés del entrevistador –vamos a no ponerlo en duda y a conceder total credibilidad a su empatía y a la importancia de la necesidad de concederle varias entrevistas- sino lo absurdo del deber de abstracción, racionalización y formulación completamente organizada y estructurada de nuestra experiencia. Cierto es que si el investigador debe y pretende ser capaz de llevar a cabo un esfuerzo interpretativo de nuestro relato también podemos intentarlo nosotros mismos, quizás no para entenderlo o racionalizarlo en el modo en el que él lo hará, con el bagaje y conocimiento en ciencias sociales que él tiene, pero sí para plantear ante esa [nuestra propia] experiencia un orden, el que sea, temático, cronológico, emocional... Volviendo a nuestro papel como científicos sociales en potencia y tras estas breves y sencillas reflexiones acerca del trabajo de campo y las entrevistas a realizar para la captación de información seguimos teniendo conciencia de que esa idea turbadora de la sistematización, captación, ordenación y comprensión de la información es del todo parcial, perduran aún las dudas en torno al “y si” hubiéramos empezado por esto otro o por ahí, por aquel otro aspecto, las incógnitas sobre a dónde nos hubiera llevado todo ello siguen presentes. Ni siquiera habiendo llevado a cabo un difícil ejercicio

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trabajo de campo y en las entrevistas, trabajemos en ella y sirvámonos de ella, combinándola con una pizca de improvisación y reconsideración, sin perder el calzado con el que estamos caminando, que no será el mejor ni el más caro, sin dejarnos atrás la montura sobre la cual vamos avanzando, que aunque no sea la más rápida, lo irá siendo cada vez más en “viajes de campo”, trabajos y recorridos futuros.

gunas rechazo por completo la vía de la incógnita e inseguridad perpetua, en la que se pierda de vista el objeto de estudio inicial y quede éste reducido a nosotros mismos, encerrado en una individualidad e individualismo inseguro, pequeño, patético e incapaz de salir de ese caparazón de incompetencia y egocentrismo para dejar de mirarse el propio ombligo y acercarse a otros, a los objetos de estudio más allá de las agotadoras, vanas a la larga y vanidosas reflexiones eternas sobre el papel del antropólogo, la imparcialidad o la parcialidad del antropólogo, el contexto del antropólogo, la empatía o antipatía del antropólogo, la ineficacia del antropólogo, la incapacidad del sistema del antropólogo, la libreta y el cuaderno del antropólogo, el lápiz del antropólogo, el sacapuntas del antropólogo, los parientes del antropólogo, los amigos del antropólogo, la suegra del antropólogo, la resaca del antropólogo, el yo del antropólogo...¡basta ya!, ¡es suficiente! Pongámonos a trabajar cuanto antes. Después de tanto análisis y tantas reflexiones vamos a tener que plantearnos pensar más acerca de las conclusiones a las que ni siquiera hemos sido capaces de llegar y olvidarnos del motivo que nos ha llevado hacia la duda. Quizás mañana, quizá en otro momento, dejémoslo para luego. Por ahora aceptemos nuestro papel humilde en el campo de estudio, siguiendo –sin estar del todo seguros- una de todas las sendas posibles para la entrevista. Probablemente recorreremos más de una pero habremos comenzado a caminar por una sola de ellas, posiblemente recorreremos algunas más pero seguramente en dirección opuesta a la que habríamos tomado de escoger otro camino para empezar a entrevistar; en cualquier caso, sin olvidarnos de todo ello, estamos avanzando al haber aceptado un sistema y orden de cuestiones que, aunque incompleto, nos brinda por lo menos la oportunidad de completarlo al desvelar todas sus carencias e insuficiencias. Aceptemos una sistematización en el

The Boxer Guillermo Martín Sáiz Barcelona, Marzo de 2009

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Cultura, ¿sumisión o consenso? Randy “The R am”

Si suponemos que una sociedad está edificada a partir de la combinación de dos factores íntimamente relacionados como lo son el consenso, normas y costumbres consuetudinarias que vinculan a todos los miembros que forman parte de la comunidad y la sumisión que, derivándose sin duda de esos aspectos colectivos, trata de evitar que lleguen a romperse o a fragmentarse, deberemos también analizar cómo funcionan esos imperativos de sumisión y consenso, mediante qué mecanismos se hacen efectivos. A partir de las lecturas empleadas para ello hemos llegado a la conclusión de que dos de los factores que consiguen la efectividad de esa sumisión y ese consenso son el “valor ritual” y el “estatus ritual”, ideas comentadas ampliamente por Radcliffe-Brown1. El valor ritual sería aquello considerado como sagrado. Este valor ritual podría traducirse, tratándose de una comunidad de lo que hablamos, por valor social. Esos valores rituales o sociales serían los aspectos sagrados, tabú, que legitimarían la cohesión de la comunidad. Su transgresión implicará una sanción ritual. Las ideas y valores sagrados de una sociedad serían pues todo aquello sobre lo cual se asienta la prohibición de su transgresión. Por otra parte, introduciendo otro de los aspectos principales en los que basamos el análisis, tenemos ante nosotros la noción de “estatus ritual”. Este estatus ritual no es en absoluto aleatorio sino que viene condicionado por la proximidad a ese campo de lo sagrado. De algún modo, hablamos también con ello de estatus social, de objetos, animales, personas, grupos dentro de la misma comunidad, personajes particulares, líderes o monarcas. Así pues, tenemos ya dibujado el esquema que presentamos como posible estructuración del orden social y cómo queda legitimado, siendo un sistema de sumisión pero al mismo tiempo consensual y no necesariamente tiránico. Sigamos pues. Los diferentes estaus rituales de cada objeto, de cada individuo o de cada facción, clase o grupo dentro de la misma comunidad no estarían –como ya hemos dicho- asignados a cada uno de ellos de manera aleatoria sino que todos, en su conjunto, formarían una red cohesionada y aparen-

Robinson

Un análisis de los conceptos de “valor ritual” y “estatus ritual” Hace unos días se me planteaba la cuestión de si los valores morales y las creencias religiosas podían, de algún modo, desvincularse de la vida social, del sistema político y, en definitiva, de la vida pública en cualquier cultura. No pretendo ahora debatir sobre la presencia implícita o explícita de las formas religiosas –cuales sean- en nuestra sociedad o en cualquier otra y el papel que deben o deberían ejercer. No deseo tampoco entrar aquí en la discusión sobre si la cultura debe o no desvincularse de la política (para ello cabría interrogarse sobre si se puede hablar de prácticas políticas –del poder o no- más allá de lo denominado como “cultura política” o, por otra parte, preguntarse si existe eso a lo que llamamos política –probablemente un concepto mucho más amplio de lo que habitualmente se considera- sin la compañía y sustento de ese término tan escurridizo como lo es la “cultura”). Además, al pensar sobre el significado de “cultura” –como fuerza estrechamente vinculada al orden y al rumbo social- se me presentaba la controversia de si era algo impuesto, forzado. El a priori carácter negativo de estas palabras es lo que me indujo a hacer algunos apuntes sobre los que creo se edifican esos sistemas y estructuras de orden social. Los conceptos de los que parto y que voy a barajar y definir van a ser “sumisión”, “consenso”, “valor ritual” y “estatus ritual”. El motivo para esa relación es el siguiente:

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es decir, qué es exactamente lo que hace que ese valor ritual sea tal. Para resolver estas cuestiones debemos hacer un breve alto en el camino y situarnos en la disyuntiva que suponen las diferencias entre lo que ha sido llamada “sociedad moderna” y las denominadas sociedades primitivas, entre las que encontraremos una enorme variedad de sistemas y órdenes sociales. En las primeras, aquellas inmersas en la modernidad, se habría producido un distanciamiento entre lo que podemos llamar como ideologías y aquello que se presenta como puramente material. En el campo de lo colectivo y de lo público ya no se daría una correspondencia entre lo ideológico, lo espiritual, lo inmaterial y lo religioso, por un lado, y lo material, empírico y “real”, por otro. Se habría producido una ruptura –casi podríamos decir que pretendida- entre lo uno y lo otro, relegando a lo primero, a las creencias inmateriales al ámbito de lo privado. Ello se debería a que, o bien habrían sido tachadas de supersticiones antimodernas y tradicionales en exceso, como obstáculos para el progreso de la razón, o bien habrían comenzado a recibir otro tratamiento, el de la intimidad, la libertad individual para ello, la fe. Por ello es por lo que podemos decir que, la religión, más que ser una práctica política y estrechamente vinculada al parentesco, a la política o a la economía, íntimamente relacionada al sistema social como mecanismo cohesionador, habría empezado a ser considerada como algo dependiente de la fe personal y privada de cada uno, siendo los elementos cohesionadores y consuetudinarios otros. Esa distinción radical entre lo sobrenatural –a veces considerado supersticioso y siempre irracional- y lo natural y racional, sería uno de los rasgos más definitorios de esas sociedades modernas. A partir de ello se habrían hecho diversos juicios de valor sobre las sociedades no modernas, pero debemos observar con mayor detenimiento el hecho de que, independientemente de que las religiones o creencias sean verdaderas o falsas (recordemos así la premisa de Émile Durkheim, que nos dice que no existen creencias falsas), es innegable que funcionan efectivamente como un mecanismo de cohesión social. Así lo considera Radcliffe-Brown, que anota en su obra aquí ya citada que el ritual “cultiva

Claude Lévi-Strauss temente coherente, perfectamente equilibrada. Un estatus ritual elevado y cercano a lo sagrado será siempre compensado por un contrario exacto, es decir, un estatus ritual más bien próximo a lo profano. Por lo tanto, podemos decir que las fuerzas sociales y la estructura de la comunidad, adopten la forma que adopten, siempre se hallarán en equilibrio y completamente reguladas, acordes con la forma del sistema que se dé en cada sociedad. Esa articulación a priori completa y casi perfecta no viene dada sino por el hecho de que todos y cada uno de los diferentes estatus rituales vienen vertebrados a partir de los valores rituales o valores sociales sagrados, ejes entorno a los cuales giran y con los que se corresponden, positiva o negativamente. Como Radcliffe-Brown explica, tanto lo sagrado como lo profano, tanto aquello que se encuentra en una posición más próxima a lo sagrado como aquello que está más cercano a lo profano con un estatus ritual digamos inferior, brotan de la misma semilla: “La santidad de tal jefe y la impureza de la persona empujada hacia la muerte por incesto, traen la misma fuente y son la misma cosa”2. Así se articula aparentemente la estructura social –recordemos que estamos hablando, al menos en estos primeros párrafos, de sociedades primitivas o por lo menos no modernas-, cobre la forma que cobre. Llegados a este punto cabe preguntarnos qué es lo que define esa sacralidad, ese valor ritual,

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irracionalidad y lo sobrenatural tal y como concibe estos el esquema de pensamiento de la racionalidad de Occidente. Veamos porqué. Tal y como apuntan Meyer Fortes y EvansPritchard en su libro Sistemas políticos africanos y recuperando las ideas de lo sagrado y de valor ritual que propone Radcliffe-Brown en Estructura y función en la sociedad primitiva, todo aquello sagrado o con un elevado valor ritual nos remite a un poder de legitimación que se alza por encima de cualquiera de los individuos que conforman la sociedad y la cultura, por encima de cualquier facción de estas. Aquello que puede hallarse en tal posición pueden ser mitos, tótems, tótems de antepasados de la comunidad o divinidades. A todo ello puede rendírsele culto mediante los ritos. Estos ritos no son –contrariamente a lo que muchos puedan pensar- la comprobación de que los restos de estas sociedades primitivas y no modernas tratan de aferrarse de manera furibunda a sus tradiciones, ya caducas, sino que en las más de las veces se trata de ritos completamente actuales, aunque sólo sea por su vigencia social. El motivo de nuestra posición es el siguiente: se trata de ritos que emulan, evocan, convocan o responden al llamamiento o valor ritual de un culto; la celebración de esos ritos –colectivos, sociales y consuetudinarios- implica una rememoración y actualización constante de la presencia en el campo de lo social y lo material de esos mitos, tótems, antepasados o, en definitiva, lo sagrado o los valores rituales y la forma de los símbolos con los que se presentan. Pierre Smith califica esa actualización en su artículo “Aspectos de la organización de los ritos” como el hecho de “reanimar la llama”5. En tal caso, las creencias, siempre que se expresen mediante los ritos que sean, mantendrán su vigencia y su contacto con la actualidad, no siendo mera tradición anclada en el pasado sino totalmente presente. Así pues, para ello podemos aplicar las consideraciones de Lévi-Strauss para hablar de la eficacia simbólica de los poderes del hechicero Quesalid: los ritos consisten en “volver pensable una situación dada en términos afectivos”6, trasladada a la sociedad. El rito restituye la vigencia social de los mitos

en el individuo los sentimientos de cuya existencia depende el mismo orden social.”3 Continuemos. Si decimos que las creencias religiosas de las sociedades no modernas o primitivas funcionan de manera completamente efectiva es porque, retomando ahora el hilo inicial, existe un equilibrio perfectamente regulado entre los valores rituales, sagrados y sociales con los estatus rituales, logrando con ello la adhesión y el consenso con respecto a esos valores. Con eso basta para demostrar o argumentar el carácter efectivo y social de las creencias religiosas, no necesariamente coercitivas, o no en un sentido que omita el consenso. Esas creencias religiosas pueden conducir al consenso porque conllevan acuerdo en las celebraciones de los ritos, que no son “simplemente un sistema de signos mediante los cuales se exterioriza la fe, sino [al contrario] el conjunto de los medios que la crean y recrean”4. De todas maneras, por muy presente que tengamos esta idea, podemos cuestionar y juzgar el hecho de que sean esas creencias religiosas –a las que se puede achacar superstición y que pueden ser relegadas a lo más hondo del pozo de la irracionalidad- las que articulen y, por decirlo de algún modo, administren y dibujen la forma del sistema de organización social. Como llevar a cabo ese juicio no es aquí nuestro cometido y no corresponde a las ciencias sociales hacerlo, al menos no en el campo de la antropología religiosa, lo que trataremos de hacer es demostrar que, al hablar de creencias religiosas, no estamos tratando con fenómenos de la

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ero 2 Revista Inquie tos que actualizan para hacerlos coherentes con el contexto en que se celebran. Por eso nos dice también Lévi-Strauss que la naturaleza de los ritos, de los mitos que se presentan en ellos, de su eficacia simbólica, “no es psíquica sino orgánica y mecánica”7, social en definitiva. A todo ello cabría añadir que, pese a que mito, símbolo o rito nos suenen a sociedades no modernas –aquellas que hacen públicos sus ritos religiosos y pública su ostentación-, deberíamos recordar que la mecha que enciende la llama de los mitos en las sociedades primitivas, que los revive, está presente también en los símbolos de las sociedades modernas. ¿Qué es la democracia sino un símbolo por suponer determinados valores rituales? ¿Qué suponen unas elecciones democráticas sino un rito de actualización de esos valores rituales? Cuántas veces habremos oído decir a los ministros de nuestros ritos –los políticos-, que vayamos a participar de la “fiesta de la democracia”. ¿En qué medida y de qué modo distan unos valores rituales de otros? Que los ritos son efectivos en cuanto a que ejercen ese papel actualizador nos lo aclara Durkheim de forma aún más sencilla: “Un calendario expresa un ritmo de la actividad colectiva al mismo tiempo que tiene como función asegurar su regularidad.”8 Hemos apuntado que los valores rituales hacen acto de presencia, con la expresión que supone el rito, social, en lo que las sociedades modernas llaman el mundo o plano de lo racional, lo material, lo real y lo natural. Por este mismo motivo las creencias religiosas, en las sociedades primitivas de las que nos hablan Meyer Fortes, EvansPritchard o Radcliffe-Brown, no suponen un debate entre lo racional y lo irracional, entre lo natural y lo sobrenatural. Ambos planos se hallan ligados y son, aparentemente (más adelante trataremos las contradicciones que pueden darse entre ambos), correspondientes. El medio por el cual se hace presente lo sobrenatural en lo natural o, por decirlo de otro modo, se vuelven coherentes y no contradictorios lo natural y lo sobrenatural, son los símbolos presentes en todo rito (y este es otro aspecto fundamental para el presente análisis). Esos símbolos

Soweto 1967

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tienen que tener una fuerza vinculante, de reciprocidad o hasta de solidaridad general, como la asabiya arabo-islámica de la comunidad de Medina y los compañeros del Profeta Mahoma. Esa solidaridad viene proporcionada por la cultura y es, como dice Max Weber, “un concepto que pertenece a la esfera de los valores sociales.”11 Dicha solidaridad se da entre los distintos estatus rituales y sociales, que articulados entorno a unos valores rituales, reconocen sus derechos y obligaciones para con el resto. Así lograría por ejemplo, una de las monarquías africanas estudiadas por Meyer Fortes y Evans-Pritchard, fundada en valores políticos y religiosos, la sumisión y el consenso. Es por esta razón, siendo los valores rituales efectivos, por la que, como dice Jean Pouillon en “Observaciones sobre el verbo creer”, la validez de una religión y sus valores rituales no se “cree” sino que se “percibe”12. Para el mantenimiento de esos vínculos es necesario que halla fuerzas reguladoras, valores, facciones e individuos que se relacionan dentro de una sociedad y una cultura. Todas las partes deben corresponderse –tomando una forma u otra- para que funcione esa sociedad. Esa correspondencia y fuerza reguladora es la forma o ideología que se da en cada caso, y es justamente de lo que tratan las creencias religiosas. La validez de esa correspondencia queda renovada cada vez que se celebran los ritos pertinentes. Esos ritos serán pues, los que manifiesten unos valores rituales que, como hemos dicho al inicio, requiere el orden (sea cual sea), el consenso y la sumisión. Así, la idea de “sumisión” no es vista de forma negativa pues no tiene porqué ir más allá de lo logrado de forma consuetudinaria (aunque sí lo hará en ocasiones y veremos porqué), con la participación de todos los diferentes estatus rituales, sociales. Recordemos por ello qué significa, por ejemplo, “Islam”: Sumisión. ¿Pero sumisión a qué? Sumisión o consenso a unos valores que son rituales y no por ello menos sociales y consensuados (ello no significa que la sumisión se acerque en ocasiones más a la opresión que al consenso, cosa que resolveremos más adelante). Lo sagrado, los valores rituales, quedan por tanto definidos por la

encarnan el valor ritual y son, en cualquier caso, la presencia de lo sagrado en lo social. Los símbolos no “re-presentan” o conmemoran en el sentido de la alegoría, los símbolos “presentan”, se manifiestan, los símbolos son, en cuanto que sagrados y con valor ritual, en lo social. No nos cansaremos de recordar a Claude Lévi-Staruss, también ahora, pues es él quien nos define “la vida social como un mundo de relaciones simbólicas”9. Llegamos así a uno de los puntos culminantes de estas páginas. Con todo, debemos ser capaces de comprender que esos valores rituales de los que hablamos no caen literalmente sobre la sociedad, venidos del plano de lo sobrenatural. Lo sobrenatural no está sino en lo natural, movido por lo social. Veamos un ejemplo: En Sistemas políticos africanos se nos presentan ejemplos de reyes que son el propio valor ritual, el centro de las relaciones a partir de las que se configura el orden social de un pueblo: “Para sus súbditos, un dirigente africano no es sólo una persona que puede imponer sus deseos a voluntad; es el eje de las relaciones políticas, el símbolo de su unidad y la encarnación de sus valores esenciales”10. Prosigamos. Al inicio hemos explicado qué es el estatus social y cómo funciona entorno al valor ritual. Con ello podría parecernos que es el estatus social, por girar alrededor suyo, lo que depende completamente del valor ritual. Ahí es donde podrían llegar algunos a hablar del dominio de la superstición. Para contradecirles humildemente, diremos que el estatus ritual depende del valor ritual y de lo sagrado tanto como esto último de los distintos estatus rituales. Los estaus sociales no vienen determinados desde arriba por esas divinidades, por lo sobrenatural. Los valores rituales o sociales no se dejan caer encima de la sociedad sin saber de dónde vienen o cómo se originaron. Aunque nuestra labor no es descubrir esos orígenes no podemos evitar fijarnos en su fuerza social y vislumbrar entre líneas, como mínimo, que el motor de su vigencia es exclusivamente social, natural y no sobrenatural (y con ello no queda lo sagrado deslegitimado lo más mínimo). Si hay una dependencia recíproca entre estatus y valores es porque se retroalimentan. Las sociedades

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entendidos de manera distinta por quienes pretendiesen ostentarlos y quienes tratasen de acercarse a ellos: Un claro ejemplo de esa dislocación nos lo ofrece el cristianismo mesiánico de Albert Luthuli y otros líderes religiosos negros sudafricanos durante el Apartheid. En ese caso, los valores rituales pueden ser usados en una doble dirección: como opresores, por parte del poder, o como liberadores y rebeldes, como es el caso de los negros sudafricanos, convirtiendo el cristianismo que practicaban en una especie de religión nacional de Sowetto y otras barriadas similares de las grandes ciudades. Estos breves apuntes sobre la tiranía y el abuso de los valores rituales nos recuerdan, de nuevo, a Émile Durkheim, pues un valor ritual no es tal sin consenso y aceptación a su alrededor: “Una institución humana no puede reposar sobre el error y sobre la mentira, pues así le hubiera sido imposible durar; si no estuviese fundada en la naturaleza de las cosas, hubiera encontrado resistencias que no hubiera podido superar.”14 En un caso de tiranía no sólo entrarían en contradicción los distintos estatus entre sí sino también los estatus con los valores rituales, con lo sagrado, de lo que se habría apoderado alguien en concreto o una facción. Estaríamos hablando, ahora sí, de autoritarismo, de valores rituales y creencias religiosas usadas como mecanismos de sometimiento en un sentido puramente coercitivo, más que de creencias y valores con un fin consensual, equilibrado y regulador. Como decimos, es difícilmente previsible qué sistema de valores puede derivar en ello y es difícil, a veces, dilucidar cuál es su forma, pues como hemos anotado anteriormente, no sólo un rey sino también un primer ministro, no sólo un sacerdote sino también un militar, puede hacer entrar en contradicción los valores rituales con los estatus rituales.

relación de las distintas fuerzas y estaus rituales/sociales que hallamos en una misma cultura. El ejemplo puesto unos párrafos atrás acerca de los valores rituales de la democracia resulta del todo esclarecedor, además de que no es muy diferente del de los ejemplos de sociedades africanas que nos ponen Meyer Fortes y Evans-Pritchard: “El factor estabilizador [...] es simplemente la suma total de las relaciones intersegmentales, [...] que perciben sus intereses comunes en los símbolos.”13 Finalmente diremos que justamente porque son sociales, los valores rituales no serán nunca inamovibles y eternos (además de que otro motivo de que no lo son es la constante actualización a la que se ven sujetos con la continua práctica de ritos, que no se aferran a una tradición sino que la construyen y por ello la ponen en movimiento, no dejándola anquilosada). ¿Qué ocurre para que esas tradiciones queden paralizadas y los ritos tengan un papel únicamente conmemorativo y no, además de ello, actualizador? ¿Qué ocurre para que comiencen a darse contradicciones, disputas y debates entre lo que antes correspondía casi automáticamente, a saber, racional-irracional, natural-sobrenatural, las creencias y la sociedad? Evans-Pritchard y Meyer Fortes nos hablan en Sistemas políticos africanos de la posibilidad de la tiranía. La posibilidad de la deriva hacia esta está prácticamente siempre presente en cualquier sistema de creencias, político y social y no siempre es fácil preverla. La tiranía supone un uso y abuso de los valores rituales por aquellos que ostentan una posición más próxima a estos, por su estatus ritual, porque ocupan posiciones de administración del poder. Los ejemplos pueden ofrecérnoslos monarquías o ministros de los ritos religiosos o líderes políticos de todo tipo (hasta presidentes de repúblicas y sus gobiernos en sociedades modernas). El tirano se servirá de las sanciones rituales ya existentes a raíz de la existencia de valores rituales y como mecanismos de consenso para usarlos de un modo mucho más coercitivo. Ese abuso de los valores rituales rompería la correspondencia y el equilibrio entre los distintos estatus rituales en torno a los valores rituales. Los valores rituales serían

Randy “The Ram” Robinson Guillermo Martín Sáiz Barcelona, Enero de 2009

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ero 2 Revista Inquie tos Notas 1 Alfred Reginald RADCLIFFE-BROWN; Estructura y función en la sociedad primitiva. Península, Barcelona, 1994. 2 Alfred Reginald RADCLIFFE-BROWN; Ob. cit. Página 159. 3 Alfred Reginald RADCLIFFE-BROWN; Ob. cit. Página 166. 4 Émile DURKHEIM; “Conclusión”. Las formas elementales de la vida religiosa. Alianza Editorial, Madrid, 2003. Página 628. 5 Pierre SMITH; “Aspectos de la organización de los ritos”, en Michel IZARD y Pierre SMITH (cord.); La función simbólica. Júcar Universidad, Madrid, 1989. Página 148. 6 Claude LÉVI-STRAUSS; “La eficacia simbólica”. Antropología estructural. Página 221. 7 Claude LÉVI-STRAUSS; Ob. cit. Página 221. 8 Émile DURKHEIM; “Introducción”. Las formas elementales de la vida religiosa. Alianza Editorial, Madrid, 2003. Página 40. 9 Claude LÉVI-STRAUSS; “Introducción a la obra de Marcel Mauss” en Marcel MAUSS; Sociología y antropología. Tecnos, Madrid, 1979. Página 17. 10 Meyer FORTES y E.E. EVANS-PRITCHARD; Sistemas políticos africanos, en LLOBERA (ed.); Antropología política. Anagrama, Barcelona, 1979. Página 102. 11 Max WEBER; “Estructuras de poder”. Ensayos de sociología contemporánea I. Planeta de Agostini, Barcelona, 1985. Página 135. 12 Jean POUILLON; “Observaciones sobre el verbo creer”, en Michel IZARD y Pierre SMITH (cord.); Ob. cit. Página 46. 13 Meyer FORTES y E.E. EVANS-PRITCHAR; Ob. cit. Páginas 96 y 100. 14 Émile DURKHEIM; Ob. cit. Página 27.

Bibliografía específica Émile DURKHEIM; “Objeto de la investigación” y “Conclusión”. Las formas elementales de la vida religiosa. Alianza Editorial, Madrid, 2003 Meyer FORTES y E.E. EVANS-PRITCHARD; Sistemas políticos africanos, en LLOBERA (ed.); Antropología política. Anagrama, Barcelona, 1979. Michel IZARD y Pierre SMITH (cord.); La función simbólica. Júcar Universidad, Madrid, 1989. Claude LÉVI-STRAUSS; “La eficacia simbólica”. Antropología estructural. Paidós, Barcelona, 1987. Claude LÉVI-STRAUSS; “Introducción a la obra de Marcel Mauss” en Marcel MAUSS; Sociología y antropología. Tecnos, Madrid, 1979. Alfred Reginald RADCLIFFE-BROWN; Estructura y función en la sociedad primitiva. Península, Barcelona, 1994. Max WEBER; “Estructuras de poder”. Ensayos de sociología contemporánea I. Planeta de Agostini, Barcelona, 1985.

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Lírica Número 2 Revista Inquie tos

Robocop 08 Pau Gonzále z

- és que penso que no em creureu... - va, digues... - d’acord: tracta d’un paio que era policia i uns molt dolents el maten a ell i a la seva família (dona i fill), amb això que la tecnologia el salva i el converteix en robot. És un experiment, una fusió home màquina, el cas és que amb el temps desenvolupa sentiments i té contradiccions: soc humà? per què tinc records? quina és la meva identitat? i de la nit d’estrelles contínues, la nit de llunes circulars, d’aquella nit cíclica, on l’home era nòmada i venerava la natura, d’aquella nit, s’alça la mateixa pregunta: quina és la meva identitat? ja us he dit que no us ho creuríeu...

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Lírica Número 2 Revista Inquie tos

Contra el amor ciego Bernat Rebés

No quiero que te enamores de mí. No quiero que sueñes que soy quien quieres que sea. No quiero que pienses que voy a hacer lo que deseas que haga. No quiero que imagines futuros castillos de felicidad y de arenas. No quiero que le hables en secreto a tu almohada sobre maravillosos bulevares de [luces y estrellas. No quiero que difames mis defectos, inexistentes a tus ojos, que ultrajes mis mentiras creyéndolas ciertas, que construyas discursos con tus yos y mis yos ideales en playas desiertas. Simplemente quiero que me ames como yo te amo. Un fuego ardiendo lejos de la locura del amor ciego.

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Revisión de te xtos_Bernat Rebés Fotografía de portada_ Joa n Torrens Diseño y maq uetación_gra friks.co

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