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mdm magazine digital mosquero

Chiche Aracena Homenaje

Revista digital de pesca con mosca

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Cuando yo tenía casi dos años Luis contaba con algo más de ocho, durante ese tiempo él me traía juguetes (la mayoría construidos por nuestro amado padre), dicen que me decía, “acá está el chiche, vamos a jugar con el chiche”, cuando llegó el momento de decir papá, mamá y Luis; los dos primeros me salieron bastante bien, pero el de mi hermano solo pude llamarlo Chiche porque eso es lo que él representaba para mi; según mi madre le quedó ese sobrenombre porque no supe llamarlo Luis.La gran diferencia de edad (me llevaba algo más de seis años) no permitió que nuestros juegos y amigos fueran los mismos, mucho menos los de nuestro hermano Coco. Cuando Luis tenía 12 años se fue al sur (Río Gallegos) a estudiar, luego ya adulto regresó a casa para enseguida ir a trabajar, luego su casamiento y la colimba, su nueva vida y el trabajo que lo llevaban por varias ciudades; así fue casi nulo el tiempo que podíamos pasar juntos disfrutando. Más tarde se fue al extranjero por muchos años y varios países compartidos con Irene y Cesar; todos los años venia a la Argentina de vacaciones por 35 días, 3 o 5 de esos días los pasaba con mi madre y nosotros, y 30 pescando en sus ríos Neuquinos. A los 40 años tuvo su primer infarto, luego algún otro hasta que le hicieron 4 by-pass, una parte del cuore quedó sin trabajar hasta que tuvo que ser retirado del trabajo por estar muy delicado. Llegó al país hace unos 20 años, siempre dijo que todo éste tiempo lo vivió gratis, gracias al cuidado de su esposa, a los médicos, a sus caminatas y principalmente al consumo diario de dos litros de agua.

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Cuando estaba tan cerca de casa acordamos con mi amada esposa que si yo quería disfrutar con mi hermano el tiempo que durante tantos años había perdido debería hacerme mosquero y acompañarlo en sus salidas, comenzamos entonces a salir dos semanas en noviembre y dos en febrero, las primeras nos aguantaban las mujeres en la orilla de ríos y lagos y en febrero combinábamos pesca con entretenimientos y paseos. Hasta último momento mi pasión por la pesca se resumía en el mate y la compañía de Chiche, la última semana de su vida la pasamos juntos y no tuvimos moscas ni nos vestimos para ir por truchas, navegamos algo y tuvimos grandes y largos momentos de comunión, quedó algo triste cuando salí de Pantanito el viernes a la tarde, el sábado a las 23:00 hs. lo llamo y luego de su “hermanito querido” escucho su alegría por lo que habían pescado los muchachos y su satisfacción por el reportaje que le hicieron ése día, me pegó una frase: “hace un día que te fuiste y ya te extraño” me dijo, yo lo extrañaré toda la vida, le agradezco su campamento porque allí conocí a grandes y nobles amigos, algunos hoy son muy importantes en mi vida y para mi familia…… La creación del campamento y el foro le permitieron sentirse útil y creo que la gran cantidad de amigos ayudaron a estirar su estadía de éste lado de la vida, fui su confidente en casi todas sus decisiones y pocas cosas hacía sin consultarme, me sentí importante en su vida, creo que ahora mis padres disfrutarán sus charlas y compañía……….

Carlos A. Aracena mdm


Adios Amigo... A Chiche Aracena Mi maestro, mi amigo

Pepe Miguez mdm


Nada menos Te fuiste amigo. Es difícil decir algo, contar el dolor o escribir dos líneas sin caer en el relato de siempre; que eras bueno, que eras generoso, que eras un maestro, y todas esas frases hechas que no alcanzan a expresar ni siquiera un ápice aquello que “eras”, y mucho menos a describir el estado de ánimo que ahora me invade y abruma. Solo puedo decir que no te perdono. No te perdono partir sin avisarme, dejarme sin amaneceres en el río, sin tardes de mate, sin tu figura sentada al calor de la salamandra. No poder verte otra vez en el “Paula Olivia” con tu boina negra y tu perra Saskia afirmada en la proa, no te lo perdono. Tampoco que ya no armes mis líneas, o le pongas aceite a mis reeles, mucho menos dejarme sin algunas vacaciones, como aquellas que pasamos en el campo, en la península, o en casa; no te perdono todo eso y tampoco muchas otras cosas. Es que soy muy egoísta, lo admito, muy egoísta; si me hubieses avisado, muchas mañanas me habría tomado el tiempo para desayunar con vos y escuchar juntos las noticias, esas que escuchabas en tu radio portátil “naranja”. Si me hubieses avisado, me habría sentado muchas más veces a tomar mate por las tardes debajo del sauce, frente al carpón. Si me hubieses avisado, le habría prestado mucha más atención a tus palabras cuando desde el fondo dabas alguna clase magistral a los presentes mientras tirabas un par de leños en la estufa. También te habría acompañado más

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veces a navegar en tu querido bote si me hubieses avisado, habría pasado más momentos en tu compañía, te habría llamado por teléfono más seguido, y muchas más veces te habría dicho cuanto te quería y admiraba, seguramente lo hubiera hecho, esas y muchas otras cosas también; pero no me avisaste, no me dijiste nada, te fuiste como del rayo sin decir nada. Maldigo mil veces a la muerte que te ha llevado, siempre se lleva a los mejores. Nunca pudiste enseñarme a pescar, siempre fueron vanos tus intentos; es que soy “duro de entendederas”. Quisiste que aprendiera a leer el río, a lanzar, a armar líneas equilibradas, y aún a navegar tu Limay inmenso; te esforzaste por enseñarme, con ganas y empeño, pero no hubo caso. Todavía recuerdo tus contorsiones cuando dejé la hélice en las piedras subiendo desde “Lucceli”; aún lo recuerdo, sufrías mi torpeza mucho más que yo. Te conocí en el campamento una fría mañana de pascuas allá por el 2000; habíamos intercambiado solo unas líneas de cortesía por correo electrónico anunciando la intención de ir a pescar por primera vez ese río majestuoso. Supe ese mismo día que no era a pescar con mosca lo que aprendería de ti. Fuiste mi maestro, pero no mi maestro de pesca; junto a mi padre fuiste más que eso, fuiste mi maestro….de vida. Podía pasar horas escuchándote contar historias; tus días de pesca en Río Grande cuando la pesca con mosca era todavía una actividad reservada a “cuatro locos que hacían bailar unas plumitas por el aire”; tus jornadas de trabajo petrolero alrededor del mundo, esos recuerdos y anécdotas de capturas inolvidables en La Boca, tus explicaciones acerca de la física del lanza-

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miento, o esas historias tan desopilantes. Escuchaba tus palabras con atención, pero también con admiración. Fuiste consecuente, tal vez la única persona realmente consecuente que he conocido; y lo fuiste hasta el final. Vivías según lo que predicabas, aquello que decías lo sostenías con el cuerpo y con el alma, inflexible en tus convicciones y terminante en tus principios, jamás renunciaste a tus pensamientos. Algunos de esos principios y convicciones fueron los que aprendí de vos Chiche, en estos tiempos en que todos los valores personales se colocan en la mesa de los intereses y conveniencias; donde todas las reglas son moneda de cambio para la obtención de beneficios temporales, eras una rara avis, una marca en el camino, una esperanza en medio de la noche, una voz que decía: no todo está perdido!. Esas convicciones y principios, esa esperanza y tenacidad fueron las que me enseñaste amigo. Una vez mientras pasaba momentos de zozobra me dijiste: - “tranquilo Pepe; ya va a pasar, se fuerte, aguantá, no aflojes; el mundo es de los que resisten y se sobreponen a las adversidades; cuando todo pase, te vas a sentir muy bien; el trabajo cumplido, hecho con amor y a conciencia es una de las mayores satisfacciones que puede darnos la vida” -. Así eras, una luz al final del túnel, una palabra de aliento para el amigo que lo necesitaba. Tu único propósito era enseñar a pescar; difundir la pesca con mosca, cuidar y proteger cada centímetro de río, cada pez y cada árbol, lo hacías con pasión, para todos los pescadores por igual sin excepción, sin interés ni distinción de ningún tipo, con inmensa generosidad. Cuantas veces intentaron comprarte, me consta porque lo vi, tu respuesta, siempre fue la misma: - “nunca cobré un centavo por enseñar a pescar y hacer lo que me gusta; no voy a empezar ahora” -.

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Atendías a todos de igual manera; tanto al experto y reconocido, como al novel e iniciado; especialmente a este le dedicabas tu tiempo, no guardabas nada, no escondías nada, todo lo que sabías - que era mucho -, lo transmitías sin más. Cientos de veces te he visto abrir la caja de herramientas marrón para arreglar una línea o un reel, cientos de veces llevar a los pescadores de a pie a los mejores lugares del río, pararte con ellos a corregir errores, a indicarles el mejor tiro, o señalar el probable lugar donde podría haber un pez; así eras, un maestro con todas las letras, un pescador increíble con cincuenta años de río puestos al servicio de los demás. Fuiste un grande en todos los sentidos, un pedazo de historia, ya no escribirás notas para el mdm, un proyecto en el que participaste desde el primer día, ya no to veré llegar con tu boina negra ni sentarse a tomar la sopa rodeado de amigos, siempre contento, siempre dispuesto. Muchas gracias amigo, gracias por todo lo que me diste, fuiste el mejor de todos; nunca pudiste enseñarme a pescar, pero me enseñaste algo mucho más importante, me mostraste una forma de vivir que trato todos los días de replicar; nunca fuiste mi maestro de pesca, solamente fuiste mi amigo, mi gran amigo, un título que llevaré con orgullo y honor hasta el último aliento. Gracias por haber sido mi amigo Chiche, mi maestro de la vida y mi amigo,....nada más. Nada menos!. Adiós amigo, nos veremos pronto.

Pepe Míguez

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Un ejemplo a imitar Alejandro Lisofsky Nunca conocí a Chiche personalmente, pero nuestra relación estuvo signada por un hecho que jamás me había sucedido y que, hasta el día de hoy, me mantiene gratamente sorprendido. En diciembre de 2014, concretábamos con un par de amigos un viaje de pesca al mítico, y por entonces desconocido para mí, río Limay medio. Soy un pescador con mosca desde hace poco tiempo, imaginen los millones de dudas que me surgieron una vez que ya habíamos coordinado la fecha (Marzo 2015): qué mosca uso, qué caña, qué línea. Con el fin de contrarrestar un poco mi ansiedad, comencé a leer todo lo que estuviese a mi alcance respecto al mencionado río. Pero nada terminaba por satisfacerme completamente. Es así que tomé la decisión de escribirle al creador del foro, con quien sólo había tenido un único contacto cuando me había registrado en el grupo; fue para darme la bienvenida, saludarme y ponerse a mi disposición por cualquier cosa que necesitara. “Una costumbre, un mensaje de rutina”, recuerdo que pensé.

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Entonces, le envío un mensaje a Chiche a través del foro y es ahí que ocurre mi primer asombro; me contesta ese mismo día. Yo me sentía en la gloria, me había contactado con alguien que sabía de pesca y que además respondía casi inmediatamente. Luego de unos breves intercambios de correos y mensajes, quedamos en que Chiche me ataría la línea. Yo solamente debía comprarla y mandarla a su casa para que haga el trabajo de manera gratuita, (segunda pequeña sorpresa para mí). Al principio creí que la tarea era sencilla pero cuando empecé a buscar la línea “Cortland Fairplay” que Chiche me había recomendado, empezaron las complicaciones. Rastreé el producto por Mendoza, Buenos Aires y Neuquén pero en todos lados obtuve resultados negativos. Por tal motivo, le informo a nuestro amigo lo que estaba sucediendo y él me dice que en la semana paseará los perros con un tipo que es mayorista, y por lo tanto me podría conseguir la línea, la corredera,


armar todo y enviármela. A esta altura, además de estar admirado por su generosidad, me sentía con pena por las molestias ocasionadas; pero no podía negarme. Chiche, en ese momento, era mi única guía para comprender la pesca con mosca. A la semana, estando en la oficina, suena el celular; grata sorpresa me dio comprobar que era Chiche el que llamaba, nunca lo había visto y me estaba “llamando”. Rápidamente contesto y debo reconocer que además de sorprendido estaba un poco nervioso. Cuando atiendo me saluda muy amablemente, se presenta y me pregunta como vengo con la organización para ir al Limay medio, a lo que yo respondo que ya sabía que era él quien llamaba ya que su número lo había agendado y que tenía casi todo listo, me faltaba solo la línea y practicar, a lo que Chiche responde un poco apenado: -“mira Ale soy muy malo para los números y el Hombre con el que salí no tenía esa línea, así que tomé una de las que tengo en casa y te la armé, ya la medí, pese y probé; te va a dar grandes resultados en el Limay con tu caña. Solo llamo para avisarte que la línea ya está en camino a La Pampa,solo te pido que me avises cuando llegue”. A esta altura, si estaba sorprendido de que un pescador con semejante experiencia me ayudara desinteresadamente, no me entraba en la cabeza que alguien a quien no conocía personalmente, me estuviese llamando para decirme que me había armado una línea y que como era “malo para los números” y se había comprometido a ayudarme, me la regalaba ya que el la tenía en su casa. En el momento no lo podía creer y no caía en la cuenta de semejante acto de generosidad ya que solo lo hacía con el fin de que yo pudiese pescar bien.

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Por supuesto que a partir de ese momento lo adopté como mi guía y ejemplo a seguir en la pesca con mosca, intercambiando un sinfín de mails, todos y cada uno de ellos con dudas e inquietudes mías. Fue un maestro incansable y desinteresado, NUNCA dejo un mail sin responder. Lamentablemente, el maestro decidió irse a vadear otros ríos un par de semanas antes de que yo arribara al campamento. Me quedé con las ganas de conocerlo y charlar con él cara a cara, pero la experiencia de nuestra relación “virtual” me asegura que era un hombre de palabra: desde el primer día me ofreció su disposición y cumplió con creces, siempre. Ya en mi primera noche en el campamento, durante la sobremesa, brotó el recuerdo de Chiche entre los presentes. Sin dudarlo, en cuanto pude, conté mi anécdota de asombrado por el comportamiento que había tenido para conmigo y fue entonces que Kiko, amigo añejo de Chiche, resumió y dijo, hablando en primera persona como si estuviera dialogando con uno solo pero en realidad refiriéndose (y aclarándonos) a todos: “¿Ves?...Ese era Chiche”. Gracias por tanto, no habrá otro igual pero espero que muchos intenten imitarlo…

Alejandro Lisofsky

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e r p m e i s n r รณ o z a r P en o c i M Daniel Platero

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Se fue un grande.... Chiche … se fue un grande, y no lo digo por lo que pescaba, sino por lo que era, una gran persona. Generosamente volcaba sus grandes conocimientos a quien los necesitara, y se notaba el placer que sentía al hacerlo. Recuerdo que una vez charlando a través del foro Pesca y Devolución, me dió instrucciones de lanzamiento, las que aproveché y me dieron resultado. Si bien había pescado mucho el río Gallegos viviendo allá, era autodidacta, y al encontrar el foro comencé a leer con fruición todo lo que encontraba; entonces Chiche me desasnó de muchas cosas. Más tarde y habiendo entablado una relación de gran afecto, que fue mutua, tuve el honor de recibirlo en mi casa, donde cada tanto nos juntamos los mosqueros, a comer y charlar. Allí vino Chiche, y trajo todas sus herramientas para atar y modificar líneas; fue aquella una noche muy linda compartida con algunos de los habitués de las juntadas. Ya tarde y después de una buena picada y unos buenos vinos, se retiró en compañía de Pepe Miguez, pero se olvidó sus herramientas y a la mañana siguiente muy temprano me llamó para venir a buscarlas. La segunda vez que estuve con él fue en la casa de Pepe, en Liniers, junto a muchos mosqueros, y Chiche dió una clase de lanzamiento que todos aprovechamos. Así es que siento hoy gran un dolor por el amigo que se fue, pero lo recordaré siempre por las infinitas muestras de aprecio que tuvo; aunque una deuda me queda en la vida y es no haber ido nunca a su campamento, al que religiosamente me invitaba todos los años. Chau Chiche, estarás pescando en ríos de aguas transparentes esas truchas migratorias que te quitaban el sueño. Por siempre en mi corazón.

Daniel Platero

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Los ejemplos son enormes Franco Rossi El Forista Sin más expectativas de pesca que las de una escapada en solitario, me iba de vacaciones en familia rumbo a Neuquén y Río Negro. Un par de días antes, con el desorden típico de estar preparando las vacaciones, contacté a un miembro del foro de pesca con mosca en el que participaba asiduamente como para conocernos personalmente y tomarnos unos mates. Accedió inmediatamente y, antes de arreglar el horario para el encuentro, le propuse redoblar la apuesta, invitándolo a comer un asado en mi casa del lago Pellegrini. Volvió a acceder inmediatamente. Al otro día nos encontramos, comimos un rico asado y pasamos un rato muy ameno, con charlas repletas de anécdotas que nos iban presentando uno a otro. A media tarde se fue, no sin antes comentarme que un amigo de Buenos Aires estaba en la zona por trabajo y pretendía llevarlo a pescar al Limay, invitándome a ser parte de dicha salida. En ese momento me tocaba a mí acceder inmediatamente. Dos días después me ví llegando a su casa en Neuquén. Me recibió presentándome a Gustavo Parra, gran atador y pescador de la zona, y a su amigo de Buenos Aires que resultó ser Ricardo Murtagh, un caballero y placer de tipo, con quien compartí largas charlas a lo largo de nuestro viaje. Tomando unos ricos mates, hablamos un rato de lo que sería el periplo que nos tendría de regreso en Neuquén al otro día y, minutos más tarde, estábamos en la camioneta del forista, rumbo a Pichi Picún. Paramos en la ruta a almorzar, hicimos un brindis por una buena noticia que arrimó el amigo forista, seguimos nuestro camino y llegamos al puente de Pichi Picún. Bajamos, miramos, conversamos, luego cruzamos a lo de Martínez, tomamos unos buenos mates y volvimos a la zona del puente. Nos quedamos del lado rionegrino. Nos cambiamos lentamente y, a última hora, entramos al agua con Ricardo, ya que el amigo forista decidió no pescar, para hacerlo a la mañana siguiente.

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Primer tiro mío… borbollón, la mosca es “sacada” por la misma correntada y no logro clavar. Me quedo con la piel erizada y no vuelvo a tener un toque hasta sacar una perca, minutos antes de caer la noche. Ricardo tuvo un par de piques, uno muy bueno, no concretado tal vez por no ayudarse a clavar con la mano de la línea. Ahí estaban ellas, refugiadas en el bello Limay y haciéndonos pagar bien caro cada uno de nuestros errores. Salimos del agua comentando las experiencias y nos fuimos hacia Piedra del Águila, donde el amigo forista había reservado una habitación. Antes de ir a cenar nos sentamos fuera del hotel y, mientras tomábamos una cerveza, el cielo se iluminó completamente. Literalmente se hizo de día. Los presentes nos miramos perplejos. Era un gran meteorito pasando sobre nosotros. Todo hacía parecer que mi angel de la guarda estaba preparando un gran escenario para que aquel viaje fuera mágico. A las 5:30 estábamos arriba. Un buen café y otra vez rumbo al puente. Nuevamente arrancamos por las piedras del lado rionegrino. Rato después, cruzamos el puente y nos fuimos a pescar sobre el primer tramo de río. Hice unos tiros y salí del agua para sacar unas fotos, mientras miraba a este forista hacer sus lances. “Vení, parate a mi lado así te explico lo de la mano para juntar la línea”, me dijo. Y yo, aún a costa de estar cometiendo el error de mi vida, preferí dejar pasar su ofrecimiento, solo para verlo disfrutar de empuñar una caña. Espero que él lo haya entendido así y no como un desprecio de mi parte. Se hicieron las diez de la mañana y, mientras el amigo forista se tiraba una siestita en su camioneta, le manifesté mi intención de seguir río abajo. “Claro, andá que hay buenos lugares,” me dijo. Rato después tuve la suerte de pescar mi primera trucha en el Limay Medio. Una muy vigorosa marroncita de 1 kilo y monedas me regalaba una hermosa pelea. Acá hay tongo, dijo Ricardo al verme. A mí el Limay me está cobrando un peaje más caro!!! Salimos juntos del agua, Ricardo se adelantó mientras hice algún tiro más debajo de un sauce y, al llegar, le muestro mi cámara con la marroncita al amigo forista. - “Qué bonita marrón, cuándo la pescaste”? - “Seiscientos metros río abajo, hace un ratito nomás…” - “Peeeeero! Qué linda sorpresa!” Me dijo mientras, con un gesto propio de un padre, me palmeaba en la mejilla.

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Este generoso forista neuquino con el que compartí un asado, que me invitó a pescar, que se ocupó de reservar la habitación en la hostería, de llevarnos a comer muy pero muy rico, de mostrarnos el lugar, de presentarnos cuanta persona se cruzaba en nuestro camino y que ahora palmeaba mi mejilla, era ni más ni menos que el señor Chiche Aracena, de los últimos exponentes de aquella gloriosa vieja escuela. Solo viviéndolo uno puede darse cuenta cuando una persona disfruta realmente del éxito y felicidad del otro. Y les aseguro que este hombre quiere que haya muchos pescadores felices por pescar. Me dió consejos para mejorar el doble tirón, más consejos sobre moscas a utilizar en la zona y hasta se ocupó de decirme estas palabras: “Tenés una cadencia envidiable para traer la mosca.”. Me dio tanta vergüenza, que solo atiné a decirle: “No me jodas Chiche…” Para enmarcar un gran recuerdo, me trajo además tres moscas de regalo, una de las cuales estaba dos días después en la boca de una hermosa marrón, mientras compartíamos una pesca en el mismo sector del río junto a Claudio Lezcano. Cuando se tiene la sensación de haber logrado algo que trae detrás de sí un proceso, un aprendizaje y muchas vivencias, la satisfacción es tan plena que desborda. Por eso luego de pescar esa buena trucha me senté en la orilla emocionado. Mil gracias Chiche, aquella vez generaste un recuerdo imborrable. Y así lo hiciste con cientos de pescadores. En apenas dos semanas, ya siete años después, le pediré permiso para jugar una vez más al gran Limay. Ya sin la posibilidad de tomar unos mates con vos, iré a tu campamento para honrar tu memoria. Desde donde estés, no te olvides de hacerme “pescar lindo”. Lo que venga, será yapa.

Franco Rossi

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Una caricia para el alma Gerardo Gutierrez La mejor manera que encuentro para tratar de resumir la trayectoria de personas como Chiche Aracena, es analizando las actividades que han desarrollado y el motivo que les llevó a concretarlas. Para mencionar solo algunas: Pionero y uno de los más fervientes difusores de la pesca con mosca y el cuidado del medio ambiente. Fundador del FORO PESCA Y DEVOLUCIÓN, uno de los espacios que mayor respuesta brinda a todos aquellos que se inician en la actividad. Creador de uno de los encuentros de pescadores con mosca con mayor convocatoria en todo el país … el “Chiche Camp”. Conocedor como pocos de los hábitos, alimentación, y lugares donde habitan las distintas variedades de truchas en los ríos de la Patagonia. Maestro autodidacta del casteo y en particular del roll cast, que a tantos nos trasmitió sin guardarse un solo secreto.

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Arquitecto de líneas; medidas y pesadas milimétricamente a fin de lograr el equilibrio justo para cada caña en particular; estableciendo la relación perfecta de masas entre shooting y runing, unidos con nudos casi imperceptibles, para así sumar esos fatídicos 5 metros que siempre nos faltan para llegar a la corredera. Experto timonel que exploraba las más seguras pasadas del Limay, transportando con su lancha a cada pescador que visitaba el campamento a lugares elegidos del río, aumentando sus posibilidades de pescar. Así podríamos continuar enumerando muchas otras virtudes y cualidades. De algo estoy muy seguro y es que todo lo que nos transmitió a los que tuvimos la suerte de conocerlo, no hubiera podido hacerlo sin cultivar el significado de la palabra AMISTAD, que en definitiva es dar y compartir sin importar recibir algo a cambio. Por eso estoy convencido que la mejor manera de honrar la amistad que nos regaló es seguir compartiendo nuestras salidas, las técnicas y los materiales de atado, las líneas que mejor se comportan en las distintas condiciones, la manera de devolver los peces al agua tratando de producirles el menor daño posible, promover encuentros, organizar salidas, y juntar voluntades para que continúe el campamento. En definitiva compartir entre amigos los mágicos momentos que nos regala la pesca con mosca. Siento que este es el desafío que nos dejó; si logramos concretarlo, les aseguro que será para él una caricia para el alma.

Gerardo Gutierrez

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Dimensión Jorge Sanjurjo

Aparte de la tristeza por la pérdida, lo primero que me salió cuando me enteré que Chiche se había transformado en leyenda fue decir “con el tiempo vamos a tomar real dimensión de lo que significaba Chiche”. No caben dudas de que Chiche era un “diferente”, en la pesca con mosca y en la vida, con un talento innato sobre el que aplicó conocimientos como solo él podía capitalizar, haciendo todo con una facilidad irrespetuosa como muchos zurdos nos acostumbraron a los argentinos, que pescó junto a los pioneros, que fue él mismo un pionero en la devolución de las capturas, que diseñaba sus líneas y las nuestras “a piaccere”, que conocía su río mejor que su casa y que tenía tantos principios que, por ejemplo, cuando la humanidad se encargó de destrozar el entorno en la Boca del Chimehuin decidió dejar de pescar para siempre su lugar favorito, y no volvió nunca más… Un personaje de sus características técnicas y conocimientos, pero nacido en el hemisferio norte, sin dudas hubiera sido una “celebrity” y aparte millonario, los vemos y hemos visto diariamente en la web, como grandes personalidades muchas veces sobrevaluadas; diseñan, construyen y venden cañas con marca propia, asesoran outfitters, dan clínicas y cursos, guían a millonarios, tienen sus shows televisivos, aportan sus nombres para respaldar productos (siempre a cambio del vil metal), etc.

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Sin embargo Chiche, con las mismas o mayores cualidades, decidió tomar otro camino, el camino de esos mismos principios que lo llevaron a abandonar su lugar predilecto de pesca para quedarse con los mejores recuerdos de tiempos vividos en años tempranos, eligió el camino de difundir a todo el mundo un deporte/arte/pasión, que otrora fuera elitista, para que ahora todos pudiéramos disfrutarlo por igual, por obligarnos con el ejemplo a comenzar a devolver nuestras capturas y últimamente, a que no tomáramos fotografías de los peces fuera del agua (siempre estaba un paso adelante), eligió el camino de la enseñanza, del cuidado del medio ambiente y del cuidado de los amigos, él nos decía a todos “amigo”, y no era de compromiso, aunque nos conociera desde diez minutos antes nos llamaba “amigo” y así nos hacía sentir. Lo más destacado, que creo le da a Chiche su real dimensión, es que todo esto lo llevó a cabo sin ningún interés material ni de ningún otro tipo, más que el de trascender dejando en todos nosotros la semilla de la generosidad, del conocimiento, de la amistad desinteresada y de la responsabilidad de ser guardianes de sus principios, que deberíamos hacerlos nuestros. El haber podido disfrutar a Chiche en innumerables ocasiones como clínicas en Palermo, cenas donde fuera, desayunos en el campamento, navegaciones en el Limay, pesca de dorados en San Nicolás, siempre ofreciendo didácticamente sus indicaciones y transmitiendo lo que para otro serían atesorados secretos era como si el “Flaco” Traverso se ofreciera a pasar por tu casa a buscarte y darte unas clases de manejo para que no te bocharan en el práctico, y ya que estaba, te dejara en lo de Guillermo Vilas, que se ofreció gentilmente a pasarse una tarde entera con vos para pulir ese revés que tanto te incomoda y encordar tu raqueta con la tensión y cuerda que mejor se adaptan a tu juego (no la más cara), o que Valdano te invitara a un asado y mientras se asa la carne, te enseñara a pegarle a la caprichosa y a entrenar tu equipo de futbol 5… Chiche fue tan generoso y tan alcanzable para todos que tal vez no nos dimos cuenta lo grande que era, el tiempo y la falta de un sustituto de su estirpe nos demostrarán su real dimensión y cuan afortunados fuimos en poder conocerlo y que nos llamara “amigo”.

Jorge Sanjurjo

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Un sinónimo de bondad Lisandro Trini, “Lichu”

Comencé a pescar cuando apenas era un niño, me encontraría con la pesca con mosca teniendo 17 años. En el afán de aprender más, me topé con un sitio web llamado Fly-Fishing Argentina que se conformaba como un Foro (hoy llamado Pesca y Devolución); lugar donde mucha gente vuelca conocimientos y anécdotas referidas a nuestra pasión. En ese sitio participaba el querido Luis Chiche Aracena. Lógicamente, yo no lo conocía, como no conocía a nadie que participaba en este espacio. Pero él siempre estaba dispuesto a ayudarme, a explicarme todas las veces que fuera necesario y de las formas que fuese necesario para que su concepto quedara claro. Ya sea con las líneas, con las cañas, con las moscas, con técnicas de pesca, Chiche siempre era uno de los primeros en responder y una de las respuestas más completas.

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El tiempo me dio la posibilidad de conocerlo personalmente, y tal cual se mostraba a través de un sitio web, así era en persona. Ni bien te veía acercarte ya estaba atento a tu saludo; si no te conocía se presentaba cálidamente y te preguntaba para saber de vos, y si te conocía te esperaba un abrazo y una sonrisa. Una persona amable, honesta y bondadosa. Siempre te escuchaba, siempre estaba dispuesto a darte una mano. Tuve el placer de pescar cerca suyo, y verlo pescar. Verlo a él en el agua, casteando y pescando fiel a su estilo era algo maravilloso. Todo iba en armonía, el movimiento de su caña, la puntera, el doble tirón, el loop, el leader reposaba estirado y la mosca antes de tocar el agua ya estaba pescando. Un pescador con mosca impresionante!. Con el correr de los años llegué a apreciarlo mucho, a quererlo como un abuelo que me transmitía su pasión (esto nunca se lo dije a él porque me daba vergüenza); pero así como yo lo quería hay innumerable cantidad de personas que lo quieren. Esto, sin dudas, es lo que lo hace un distinto. Chiche ayudaba a todo el mundo, sin miramientos, y dando siempre lo mejor de él. No se guardaba nada, no tenía secretos. Si querías pescar a su lado él te lo iba a permitir, y más aún, te iba a transmitir todo lo que pudiese para que puedas pescar tan bien como lo hacía él. Luis siempre será un ejemplo para mi, no solo como pescador, sino también como persona. Gracias Chiche! Siempre te llevaré conmigo.

Lisandro Trini, “Lichu”

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Gracias Chiche! Pablo Carpovich

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Conocí a Chiche el 8 de septiembre del 2012, en una visita que hizo a Buenos Aires; hubo una reunión en Palermo donde como siempre muy amablemente repartió consejos y enseñanzas a todos los que nos acercamos, luego tuve la suerte de compartir un almuerzo con él y con un grupo pescadores. Yo ya había tenido un contacto con él a través del foro, por ese entonces él estaba comenzando el proceso reorganizar el foro para que siguiera funcionando aún cuando el ya no estuviera; en particular necesitaba una mano para manejar algunos aspectos técnicos relacionados con la administración del foro. Le ofrecí mi ayuda y a partir de ese encuentro en Buenos Aires seguimos en contacto, trabajando en el foro y por supuesto aprovechando su enorme amabilidad para realizarle consultas relacionadas con la pesca. Por supuesto que nadie se sorprendería si hablara de sus conocimientos y experiencia en la pesca con mosca, por eso quisiera contarles sobre un aspecto de Chiche que tal vez muchos desconozcan y que a mí me sorprendió. Más allá de desenvolverse muy bien con las herramientas de administración del foro, - algo que no es una tarea sencilla -, el hacía un trabajo minucioso de seguimiento sobre cada usuario que se registraba en el foro. Investigaba el historial del mail con el que se registraba, hasta y desde donde se conectaba para determinar si se trataba de alguien sospechoso que pudiera generar alguna actividad no deseada en el foro o intentara hackearlo. Hoy puedo decir con orgullo que yo fui parte del escuadrón de “Cyber-Defensa” del foro y que trabajé codo a codo con Chiche para mantener el espacio libre de ataques y de usuarios indeseados. Para cerrar les cuento, pude volver a encontrarme personalmente con él en su hábitat natural, en su campamento. Sé que es repetitivo, pero no puedo dejar de destacar su enorme generosidad. En abril del 2014 me pasó a buscar por el aeropuerto de Neuquén y me llevó a Pantanito, fueron unos días muy malos para la pesca porque el Limay está muy sucio después de una gran inundación, pero fueron unos días increíbles llenos de anécdotas y enseñanzas que me van a acompañar el resto de mi vida. ¡ Gracias Chiche !

Pablo Carpovich

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Gracias Chiche! Pablo Carpovich

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Conocí a Chiche el 8 de septiembre del 2012, en una visita que hizo a Buenos Aires; hubo una reunión en Palermo donde como siempre muy amablemente repartió consejos y enseñanzas a todos los que nos acercamos, luego tuve la suerte de compartir un almuerzo con él y con un grupo pescadores. Yo ya había tenido un contacto con él a través del foro, por ese entonces él estaba comenzando el proceso reorganizar el foro para que siguiera funcionando aún cuando el ya no estuviera; en particular necesitaba una mano para manejar algunos aspectos técnicos relacionados con la administración del foro. Le ofrecí mi ayuda y a partir de ese encuentro en Buenos Aires seguimos en contacto, trabajando en el foro y por supuesto aprovechando su enorme amabilidad para realizarle consultas relacionadas con la pesca. Por supuesto que nadie se sorprendería si hablara de sus conocimientos y experiencia en la pesca con mosca, por eso quisiera contarles sobre un aspecto de Chiche que tal vez muchos desconozcan y que a mí me sorprendió. Más allá de desenvolverse muy bien con las herramientas de administración del foro, - algo que no es una tarea sencilla -, el hacía un trabajo minucioso de seguimiento sobre cada usuario que se registraba en el foro. Investigaba el historial del mail con el que se registraba, hasta y desde donde se conectaba para determinar si se trataba de alguien sospechoso que pudiera generar alguna actividad no deseada en el foro o intentara hackearlo. Hoy puedo decir con orgullo que yo fui parte del escuadrón de “Cyber-Defensa” del foro y que trabajé codo a codo con Chiche para mantener el espacio libre de ataques y de usuarios indeseados. Para cerrar les cuento, pude volver a encontrarme personalmente con él en su hábitat natural, en su campamento. Sé que es repetitivo, pero no puedo dejar de destacar su enorme generosidad. En abril del 2014 me pasó a buscar por el aeropuerto de Neuquén y me llevó a Pantanito, fueron unos días muy malos para la pesca porque el Limay está muy sucio después de una gran inundación, pero fueron unos días increíbles llenos de anécdotas y enseñanzas que me van a acompañar el resto de mi vida. ¡ Gracias Chiche !

Pablo Carpovich

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El día que salí a pescar

...y no pesqué!

Héctor Paletta Aún recuerdo el día que conocí a Chiche, llegamos al campamento con un grupo de amigos. Después de las presentaciones y preguntas correspondientes sobre mi persona (algo que hacía con todo el mundo), se ofreció a llevarme a un lugar donde seguro sacaría buenas truchas, siempre y cuando me pareciera bien. Lógicamente le dije que sí, y de inmediato empecé a preparar el equipo. Con todo listo me puse a esperar a Chiche, ansioso ante la posibilidad de poder salir a pescar con semejante personaje. Mientras tanto charlaba con uno, charlaba con otro, y fui conociendo a algunos amigos nuevos con los que luego hice salidas memorables. Llegó el mediodía y yo con los waders puestos y la caña en la mano; -este tipo se olvidó-, pensé para mis adentros. Y llegó el almuerzo, y ¿que vino después del almuerzo?... la siesta; eran como las 4 de la tarde y el debutante (o sea yo) todavía estaba con el wader puesto y la caña en la mano. Por fin apareció el tan esperado Chiche, …-hola Paletín-, me dijo; yo te prometí salir a pescar y vamos a salir, ¿tenés todo preparado? me preguntó…….yo no sabía si tirarlo al agua o ponerme a llorar.

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Cuando ya estábamos por partir, comenzó la tortura; que sacudíte los pies antes de entrar al bote, que la mosca se coloca en el 2do. pasa hilos, que ponéte de acá porque ahí va la perra, que la caña va de este lado porque no se que cosa, y otra, y otra, y otra; yo lo que quería , era ir a pescar, solo a pescar, nada más. Luego de un rato de navegar, llegamos al lugar indicado. Después de charlar un poco de la vida y habernos conocido un poco, me di cuenta de que le había caído bien. A mí en cambio, él me dejaba dudas, lo veía muy meticuloso y no llegaba a entenderlo en muchas cosas que explicaba. Lo primero que hizo al bajar del bote fue ponerse a mirar mi forma de castear; a estas alturas yo ya me quería volver, no lo aguantaba más, creo que no deben de haber pasado ni 5 minutos cuando se arrimó a mí y dijo: “- si te parece bien pará, te quiero decir un par de cosas-”. Al principio me molestó un poco, yo quería pescar, nada más que eso, y todavía no había empezado. En ese momento es cuando empiezo a darme cuenta de con quien estaba, apareció el verdadero Chiche, ese del que tanto hablaban; y estaba ahí sentado junto a mí, un completo desconocido al que podía haber dejado seguir pescando solo y listo. Pero no, sus ganas de enseñar eran más fuertes. Entonces me dijo algo que no voy a olvidar nunca (¿será porque me veía la cara de fastidio?): -“No se puede pretender que estemos siempre de acuerdo, la realidad es que casi nunca lo estamos, aunque de alguna manera, todos tenemos razón. En la pesca con mosca, no existe una verdad absoluta, nada es completamente cierto, en cada día de pesca se ve y se aprende algo nuevo”Yo le recalqué la gran diferencia de tiempo en la pesca entre él y yo; y me contestó que la pesca era al mismo tiempo, arte, ciencia y deporte, siendo imposible dominar cada una de sus facetas, ya que la vida es relativamente breve y que la perfección tiene sus límites, y que no hace falta ser un viejo pescador para tener el derecho de emitir ideas sobre la pesca, basta con comparar las opiniones de los demás y saber discernir al respecto. Así estuvimos hasta que regresamos al campamento, entre consejos y directivas, creí que conmigo se había equivocado de persona, pero después me dijeron que no hacía tratos diferenciales con los pescadores, que con todos se manejaba igual, tuviesen el nivel que tuviesen y vinieran de donde vinieran. Lamenté mucho su pérdida, con tipos así uno no se cruza muy seguido por la vida. Siento no haberlo conocido antes.

Héctor Paletta

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El camino del pescador Patricio Scorza

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Me levanté temprano, como todos los días, pero esta ocasión tenía un sabor especial porque iba a pescar con mi amigo Juan. La cita era en San Pedro, después del mediodía. Quedé solo en casa, tranquilo, sin apuro, y “al tranquito sobón de mi matungo viejo” entonado por el Pampa Larralde, fuí encerando la línea, y eligiendo la mosca que me daría el dorado de mi vida, ese que siempre está por venir… En una de las tantas cajas, encontré tres moscas de cabeza de ciervo, bien vestidas con plumas y craftfur, pero cortitas, imposibles de confundir. Me las había pedido Chiche, para la próxima pesca de dorados que compartiríamos, y que até siguiendo sus instrucciones. Ahora son moscas especiales me dije, y noté que me temblaban las manos. Me sentí abrumado por los recuerdos aún cercanos y tuve la necesidad imperiosa de escribir estas palabras en homenaje al maestro que se fue, y al amigo que siempre me acompañará. El Camino del Pescador La vida puede obsequiarnos momento mágicos, donde personas especiales se nos aparecen, signando un punto de inflexión en nuestra travesía. El día que conocí a Chiche Aracena supe de inmediato que él era una de esos seres extraordinarios que Dios a través de su alquimia misteriosa entrega celosamente solo en contadas ocasiones, muy de vez en cuando. Pesco desde que tengo memoria, en mi familia todos también lo hacían, y dí mis primeros pasos en un pequeño arroyo bonaerense que llamábamos “La Argentina”. Hice todas las “inferiores” en el mar, lagunas, y ríos, hasta recalar finalmente en la pesca con mosca, y fui “exitoso” también. Pesqué con secas, ninfas, wets, bucktails y streamers, muchas clases de

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peces, llevándome a pensar que había conquistado la cima como pescador. Y un buen día, Chiche se cruzó en mi senda, y comencé a descubrir otros conceptos de pesca y el cuidado del medioambiente. Fui imbuído de las cuestiones técnicas más refinadas, y fascinado escuché anécdotas enriquecedoras de viejas hazañas en la Boca del Chimehuín. Este es el camino de la pesca me dijo, el de la fuerza del ejemplo, y yo comencé a recorrerlo, mientras el suyo llegaba a su fin. Desde lo mas íntimo estoy convencido que no puede separarse al hombre de sus pasiones. Son esas emociones intensas y perdurables las que nos identifican. No podría siquiera pensar en Chiche Aracena sin ver al pescador, al maestro, y al amigo, cuando ya en el recuerdo uno es el otro de manera indisoluble. El me honró con su amistad, y me sentí querido. Gracias Chiche.-

Patricio Scorza

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s í u L a í c o o con

Así l

Renato Ciruzzi

El mundo sería un lugar mejor con más gente como Luis Aracena Promediaba el otoño del ´97 y como aseguraban los viejos pescadores, “los álamos estaban amarillos”, por ende " suben las marrones". Era ése el motivo principal por el que estaba en Pantanito, con mi primera caña de mosca, una Daiwa de fibra de vidrio que había conseguido en combo y oferta con reel y línea en un comercio de Neuquén capital, cuando este señor algo canoso y corpulento se me acercó cuidando de no dar un mal paso ya que estábamos sobre una barranca mirando el río y aguardando por los demás para embarcar en la lancha rumbo a los mejores pozones, y con esa calidez que tenía me preguntó - No tiene pocos pasahilos esa caña? -

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Así lo conocí a Luis, porque lo llamé siempre por su nombre y no por su apodo; en su mejor actitud, la de ayudar, siempre, a quien sea y en cualquier circunstancia. Seguramente habrá por ahí muchos que saben mucho de líneas, de reels, de cañas, de técnicas y de lugares; muchos que alardean de sus conocimientos y capturas, que siempre tienen a mano la anécdota de aquella gran trucha que les dio la graduación de pescadores con la más alta calificación. Por lo general exageran y sólo recuerdan las buenas, las que se escaparon quedan en el olvido, en fin muchos que saben mucho, seguro más de lo que sabía Luis, pero


de lo que no tengo dudas es que difícil será encontrar alguien con la calidad humana y la ética de este gran hombre. Siempre solidario, siempre a mano, ante cualquier problema estaba a la par, con esa calidez en el trato que lo distinguía, su predisposición a dejar todo de lado con tal de dar una mano. Fui testigo de mil charlas, de mates y vinos, a orillas de cualquier espejo de agua de la Patagonia, era siempre igual, una cálida sonrisa, sus suaves manos que transmitían afecto y conocimientos, su infinita paciencia y su afán incansable para que todos entendiéramos la mecánica del lanzamiento, de por qué hacíamos lo que hacíamos y cómo hacerlo mejor y con el menor esfuerzo, todo eso sin pedir jamás nada a cambio, jamás cobró a cambio de sus conocimientos. Hoy ya no está físicamente, pero sembró tanto y por tantos campos fértiles que está en nosotros hacer que su semilla germine y se multiplique, honrar con actos aquellas características de su persona que tanto alabamos y extrañamos. El mundo sería un lugar mejor con más gente como Luis Aracena; que su ejemplo e hidalguía perduren en el tiempo es la mejor manera de honrar su memoria.

Renato Ciruzzi

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Adios maestro a un

Ricardo Murtagh

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A los pescadores nos resulta habitual encontrarnos con pares y es normal encontrarse en la vida con personas que tienen alma docente; aunque no es frecuente. Pero ni es frecuente ni es normal encontrarnos con un pescador que tenga alma de docente. Quienes tuvimos el gusto de conocer a Chiche y tratar con él, podemos decir que lo antedicho no se aplica. Chiche era docente cuando explicaba detalladamente por cuáles leyes físicas se rige el buen casteo. Lo demostraba y ayudaba a corregir errores. Chiche era docente cuando mostraba cómo había que dejar caer el streamer y en qué sitios de la estructura de un río. Chiche era docente cuando acogía a quien quisiera ir a su campamento, también al proponer cual o tal lugar donde dejarte pescando. Chiche era docente cuando explicaba, convengamos que en este caso hasta casi el hartazgo, por qué para subir a su bote la línea tenía que estar enganchada en las patitas del primer pasahilo y no en el ganchito ad hoc instalado por el fabricante. Chiche era docente cuando pesaba, cortaba y ataba líneas frente a cualquiera que se lo pidiera. Chiche era docente cuando escribía en sus páginas, cuando terciaba y opinaba por la web, demostrando sus conocimientos, sin ufanarse de ellos. Chiche tenía alma de docente y se daba el gusto de ejercitar esa cualidad en cualquier oportunidad que hubiera. Pero también era muy buen compañero de pesca y si uno lo necesitaba allí estaba él. Hace varios años, en febrero de 2009, para aprovechar un viaje de trabajo le conté que me podía quedar un fin de semana en Neuquén. Prestamente armó una salida de dos días para ir a Pichi Picún Leufú, salida que gozamos los tres, pues lo invitó a Franco Rossi, quien resultó también una excelente compañía. Recuerdos de esa salida tengo varios y muy lindos. Pero el que más apunta a lo que estamos diciendo es que cuando ya en el río servicialmente me ayudaba a armar la caña me preguntó qué tippet quería poner. Era él quien conocía el lugar, era él el más experimentado. Pero así y todo, quien sabía perfectamente cómo convenía armar la línea le preguntaba al dueño cómo quería hacerlo. Se dirá que este es un recuerdo tonto, sin gracia. Es posible que así sea, pero para mí revela al verdadero docente, aquel que ayuda, que asiste, que aconseja pero no impone. En esa salida lo pasamos muy bien y nos divertimos mucho. Al regresar el domingo por la tarde y dejarme en el aeropuerto los tres decidimos que la mejor forma de recordar nuestra salida era la foto final frente al hall de “Partidas”. Yo parado en el medio con los brazos abiertos como si estuviera sosteniendo un gran pez. Esa fue fotoshopeada luego por Franco con una espléndida trucha. Lamentablemente la perdí en una de esas reconfiguraciones de la PC. Lo que no he perdido son lindos recuerdos de un pescador que sabía mucho… y sabía trasmitirlo a muchos, como pocos.

Ricardo Murtagh mdm


Hasta siempre

Maestro! Rino Giacomelli

Son pocos los hombres que cuando desaparecen fisicamente dejan una impronta en todos aquellos que hemos tenido oportunidad de conocerlo. No me cabe duda que Don Chiche Aracena es uno de esos pocos privilegiados que dejan una huella muy profunda en todo el medio social en que interactuaba y que por su obra y su bohonomía estará en el Panteón de los Grandes. Chiche no sólo ha sido un pescador de primera magnitud, a la altura de los mejores, sino que su obra no se limitaba a la pesca. No podemos olvidar su incansable labor en defensa no sólo de las truchas, sino de todos los animales y la naturaleza. Su tarea no se limitaba simplemente a hablar, sino que todo lo que decía lo ponía en práctica, vaya como ejemplo su incansable prédica en pos de la práctica de la pesca con devolución que caló muy hondo en casi todos los pescadores y todos lo hemos visto pescar una gran trucha y prácticamente pedirle perdón antes de liberarla. Pero quizá las obras por las que sea más sea recordado es la creación del Foro “Pesca y Devolución”, donde escribió numerosos y magistrales artículos enseñándonos sobre todos los innumerables tópicos de la pesca con mosca, desde el comportamiento de las grandes truchas migratorias en el Limay, pasando a explicar tanto sea el roll cast o bien el double haul, como la confección de un shooting o una línea de flote. Nada de lo que tuviera que ver con el fly cast le era ignorado. Chiche fue una verdadera Enciclopedia de las truchas y de la pesca.

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En ese mismo Foro todos hemos tenido (y afortunadamente seguimos teniendo, gracias a la desinteresada labor de un puñado de sus seguidores), la oportunidad de aprender mucho, de formular preguntas que siempre fueron respondidas, de transmitir vivencias y contar anécdotas de los diversos foristas, entre quienes se ha formado una verdadera cofradía.


La otra gran obra de Chiche fue la creación del “Campamento” en el Limay, donde creó con su esfuerzo (no sólo físico sino muchas veces económico). El supo abrir ese campamento, que fue iniciado con unos pocos amigos, a todos aquellos que quisieran participar, sin ningún tipo de discriminación, ya sean pescadores avezados o bien noveles. A quienes no éramos tan avezados se ocupó personalmente de enseñarnos las diversas técnicas para mejorar sustancialmente nuestro casteo y todo ello en forma absolutamente gratuita. Con su propia embarcación se ocupaba de llevar a los distintos lugares del río, que él bien conocía, e ir a buscar luego a quienes no teníamos lancha. Me permito contarles una anécdota personal. Cuando fui al campamento por primera vez con Geraguti y otro amigo, (hace ya siete años), teníamos pensado quedarnos tres o cuatro días y luego seguir viaje para el lago Cholila. Cuando pasaron unos tres días mis compañeros me preguntaron si nos quedabamos en el campamento o seguíamos viaje para el Cholila. Recuerdo que mi respuesta fue: “como nos vamos a ir de este lugar si esto es como hacer un curso en Oxford y gratis” y fue así que nos quedamos los siete días. Luego volvimos todos los años, pues allí no sólo aprendimos un montón de cosas sobre pesca sino que por la cordialidad y el hermoso ambiente que reinaba y que Chiche, como buen maestro, admirablemente se encargaba de que fuera así, hicimos muchos amigos entrañables a los que volvemos a ver año tras año. Por último no quiero dejar pasar un aspecto muy particular de Chiche y era que nunca quiso percibir o cobrar absolutamente nada por divulgar sus enormes conocimientos. Era de los pocos que al dinero no le daba ninguna importancia. Con el renombre que tenía bien podría haber hecho mucha plata con sólo lucir una marca de ropa o bien una caña en particular, sin embargo nunca lo quiso hacer. Es más recuerdo haberlo visto usar un chaleco de pesca al que le había tapado la marca con una tira de tela negra cosida sobre ella para que no se viera. Realmente un ser excepcional, un Quijote moderno de los que aparecen muy esporádicamente y que cuando uno tiene la suerte y el honor de haber compartido horas y charlas con él se vuelve a tener fe en el género humano. Hasta siempre MAESTRO, te vamos a extrañar.

Rino Giacomelli

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El día que conocí a

Chiche Aracena

Fernando Romero

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El fin de semana largo de marzo pasado fui a pescar a Pantanito y tuve el enorme privilegio y placer de conocer a Chiche. Fue el día sábado antes de pascua, llegué a la zona del campamento cerca del mediodía; antes había estado haciendo unos tiros en otra parte del río. No quise parar en la carpa para no molestar, porque no conocía a nadie, por tímido, por que se yo!. Pase con la camioneta por el costado del campamento principal, topé con el río y doblé a la izquierda, allí me estacioné unos cincuenta metros mas adelante a la orilla del Limay, cerca de la esquina formada por el brazo con el río principal. Comencé a bajar las cañas que ya traía armadas, listas para seguir pescando; en ese momento veo que del lado del campamento se acercaba un señor con campera roja, venía caminando hacia mi lado, no se si estaba de recorrida o si se acercó solo para saludar. Inmediatamente lo reconocí, me acerqué a su encuentro y lo saludé, le pregunté si el era Chiche, se sonrió y me dijo que si. Le comenté que estaba en el foro Pesca y Devolución, me preguntó de dónde era, le dije -de Buenos Aires-, y me contestó ¨-que lindo encontrarnos acá-¨ Estuvimos conversando un buen rato, algo más de cinco minutos. Me preguntó si necesitaba algo, a modo de chiste le dije que si: ¨pescar una trucha¨. Me dijo que las condiciones no eran las ideales, porque había mucho viento, que había estado hablando con su hijo, quien había visto el pronostico y le había comentado que el viento iría mermando; que el domingo iba a estar lindo, ya sin viento. Me indico un lugar donde siempre hay truchas, en el brazo secundario: ¨fijáte allá donde el agua cambia de color, enfrente a las dos matitas que están del otro lado del río¨ Le pedí que me recomendara alguna mosca,

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me dijo que eso no era tan importante: ¨No importa si la mosca es más linda o más fea, si tiene o no tiene pestañas, lo importante es la forma en que se la presentás a la trucha¨. Y me dijo: ¨yo pesco en la caída¨ - Como es eso?, ¨tiro y recojo enseguida, en cuatro o cinco segundos tengo de nuevo la mosca conmigo, el líder debe quedar bien estirado justo antes de caer, unos 20 cm encima de la superficie....me voy moviendo, hago dos tiros en cada lugar y sigo¨. Me explicó que la trucha mira en el momento que la mosca hace contacto con el agua, observa su movimiento y si es engañada la ataca... fue una clase magistral!! Me pidió que le prestara una de las cañas para enseñarme como enganchar la línea en la caña para su traslado. Pasó la línea por detrás del reel y enganchó la mosca en un pasahilo del medio de la caña. ¨Así no te pinchas la mano¨ me dijo. Antes de despedirnos, me volvió a ofrecer ayuda, me dijo que cualquier cosa que necesitara le avisara, que si quería pasara a la vuelta por el campamento, lo cual no hice y me voy a arrepentir toda mi vida. Tal vez pensé que iba a tener mas oportunidades de poder charlar con él. Y así, luego de darnos nuevamente la mano se dió la media vuelta y volvió caminado lentamente para el lado del campamento. Lo cierto es que el domingo me desperté temprano, miré por la ventana del hospedaje en Picún y tal cual me lo había anticipado Chiche, no corría una gota de viento, las hojas de los árboles estaban inmóviles. Ese día no fuí al río porque debía llegar al mediodía al aeropuerto de Neuquen para devolver la camioneta y tomar el avión de vuelta a casa. Disculpen si fui muy extenso pero me impresionó mucho la noticia, no quería dejar de comentar este encuentro porque significó mucho para mi, siempre sentí una gran admiración por este hombre desde que comencé a saber de él a través del foro. Por un lado me siento triste pero por otro pienso en la suerte que tuve de poder conocerlo, en la casualidad del encuentro a penas unas horas antes de su partida. Muchas Gracias Chiche Aracena!. Que descanses en paz. Un saludo grande a su familia y amigos.

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Fernando Romero. mdm


Aprender a pescar con mosca significa comenzar un camino que dura, al menos... toda la vida.

Luis “Chiche�Aracena (1941-2016)

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Homeja a Chiche Aracena  

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