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CAPITULO I "Mi peor represor"

Buenos Aires, 2 de septiembre de 2017

No puedo escucharte, verte u oler a alguien con un perfume parecido al tuyo sin evitar recordar que te extraño, sin evitar enamorarme cada vez más de vos. ¿Qué demonios me hiciste? me tomaste indefenso y me llevaste a un lugar de donde yo no sabia como volver. Porque me vuelven loco tu voz, tus ojos marrones y tu sonrisa pícara. Me enamoran tu boca, tu flequillo largo, tus gestos cuando algo te causa gracia, tu cara de culo cuando algo no te gusta, tu forma particular de esquivar a algunos compromisos, la forma en que me toleras cuando hago o digo alguna idiotez, o cuando simplemente no dejo de hablar. Me hacen perder la razón las formas que tenés de decirme algo sin


decirlo desdeñosamente, tus provocaciones para hacerme enojar, la manera torcida de caminar que tenés cuando estas cansado, el gesto al saludar que haces cuando te vas. Me gustan de vos la manera en que intentas disimular tus miedos, tus silencios y tu actitud pendenciera hacia cualquiera que me quiera lastimar; que me causa mucha gracia. Me hechizan tu letra horrible y tus errores de ortografía, los esfuerzos que haces por no ser antisocial, losalfajores de chocolate que preferís; tu vocabulario vulgar cuando estas nervioso y tu perfeccionismo. Me encanta la obsesión por el pelo que compartimos, esa horrible remera que detesto, tu manera rara de bailar. Me hipnotizan tus dibujos feos, que para mi son los mejores porque sé que los haces con amor. Y tus pestañas. Punto de inicio de todo. Nada hubiese sido "algo" sin esas pestañas que me cautivaron desde que me miraste de reojo ese primer día. Para que mentir, me gustaste desde ese primer día. Aunque yo nunca lo quise admitir en todos estos años, porque yo quería hacerte creer que vos me elegiste, pero no. Yo te elegí y lo volvería a hacer todos los días que me quedan. Sospecho que en


algún momento te diste cuenta que no fue así, porque en ese momento, en lugar de irme, me quedé y estaba de mas nervioso. Vos lo viste, y no dijiste nada. En lugar de enojarte, a pesar de que te dije que no, solo sonreíste. Y a mi me latió mas fuerte el corazón.

Así empezaba la carta que le escribí a Dante. Me llamo Pablo, pero me dicen Lolu. Tengo 26 años. Vivo con mi mejor amiga Laura en un departamentito que alquilamos en Belgrano. A los dos nos gusta el fútbol (esperamos ansiosos el mundial que se realizará el año que viene en Argentina), amo bailar y escuchar música. Trabajo de fotógrafo en una revista de moda. Soy de Tauro y soy gay. Tengo una enfermedad que me esta matando día a día. Pero no se asusten, la llevo muy bien y tengo pensado vivir muchos años mas. Desde hace diez años que mi mamá y papá saben que soy gay y mis tres hermanos menores creo que se enteraron un tiempo


después, aunque no me preocupé, en ese momento, por decirle nada a ellos. Se enteraron como se entero toda mi familia. La gigantesca boca de mamá se abrió para divulgarlo a todo el mundo sin preguntarme, como siempre. Yo en esos días no me preocupaba por eso, solo pensaba en el chico que por primera vez me había cautivado, con una fuerza tan grande que logró sacarme del clóset, sin que yo me dé cuenta. Porque si, nunca estuve realmente consiente de el paso que estaba dando. Fue todo tan vertiginoso y tan torpe a la vez, que hiso que sea todo insignificante e ilusorio. No me importaba nada lo que dijeran los demás. Pero esto paso mas adelante. En un principio, cuando todo esto comenzó, yo estaba en 2° año de la secundaria, un momento y un lugar en la vida de un adolescente más que complicado. Todos los que lo pasaron van a estar de acuerdo conmigo en que si no sos igual a los demás, o igual a la idea que tienen los demás de ellos mismos, la pasas mal. Venia sorteando estos obstáculos. No me metía en problemas, no consumía drogas y salía a bailar de vez en cuando al boliche de moda al cual todos los chicos y chicas de mi zona iban.


Pero mi pequeño grupo de amigas sabía en el fondo que yo era diferente, no era como los demás varones. Aunque me esforzaba por aparentar que si, que no había ningún problema en mi y que tampoco había que mencionar demasiado fuerte alguna broma al respecto, porque eso era motivo de un bochorno gigante, al menos para mi. Fui mi peor represor. Me convertí en el dictador más cruel de mis propios sentimientos, palabras, formas e incluso pensamientos. Pero en ese tiempo no lo sabia, creía que las cosas estaban bien siempre y cuando nadie sepa mi "pequeño” secreto. Yo era mi peor represor. Aparentaba todo lo mejor que podía. Tenía "novia” y hasta creí estar enamorado de ella. Se llamaba Luna. Nunca supe, hasta el día de hoy, si ese sentimiento efectivamente fue verdadero, o me deje amoldar por la sociedad que tácitamente me obligaba a hacer cosas que yo realmente no sentía. Razones para estar enamorado no me faltaban; ella era simplemente perfecta. Castaña de pelo largo y ojos color miel, sobre una sonrisa brillante y una figura, que deslumbraba a cualquier hombre. Su inteligencia era única, y


la reforzaba con grandes valores éticos y morales. Si no era perfecta, es lo más parecido a la perfección que conocí. Al lado de ella, mis escasos atractivos se volvían nulos. Yo era castaño de pelo lacio, de ojos color verde y alto. Mi tez era pálida como el papel y me costaba mucho mantenerme en forma. Siempre tuve problemas con mi imagen. La inseguridad y la baja autoestima, tal vez heredada de mamá y la necesidad de ser estético para los demás, que tal vez heredé de papá, hicieron de mí una moneda que podía caer de cara o seca. Algunos días me veía radiante y me llevaba al mundo por delante. Otros días, me sentía el sapo más feo y desagradable del pantano. Salir con Luna me hacia sentir mal. Ella intentaba realizar algún plan y yo ponía una nueva excusa para evitarla. Era insostenible. Ya no daba para más. No me gustaba sentirme así, pero tenía miedo. Miedo de dejarla y que todos dijeran cosas de mí. Debía mantener la farsa cueste lo que cueste. Pero ella valía mucho, y un idiota como yo no era nadie como para hacerla sufrir. Era ella o yo. Y preferí salvarme.


Por esos días, mi mejor amiga era Celeste. Una chica que vivía en mi barrio y también era mi compañera de curso. Era sincera conmigo, o al menos eso era lo que yo creía. Pasaba la mayor parte del tiempo con ella; salíamos a caminar, a bailar y a comprar ropa. Confiaba en ella y ella en mí. Un sábado de Julio había ido de visita a la casa de Celeste. Teníamos pensado ver unas películas y quedarnos adentro, porque en esos días hacía mucho frio. Pero por uno de esos misterios de la naturaleza o del destino, esa mañana era hermosa. El sol radiante iluminaba, sin negar sus rayos a todos aquellos que así lo quisieran. Mi visión al respecto del astro era bastante extraña ese día, ya que comúnmente lo odiaba. Evitaba a toda costa que mi pálida piel tuviese contacto con un delgado hilo de su luz. Fue por esa mística razón, que le propuse a mi amiga que salgamos a dar un paseo al aire libre, a la plaza que quedaba a dos cuadras de su casa. Y fuimos. En la plaza estaba todo el barrio y eso me molestaba, me sentía observado. Me imaginaba los comentarios que estarían haciendo


algunas personas de mí y eso era bastante incómodo. Mi amiga saludaba exageradamente a todos sus conocidos como si fueran sus mejores amigos. Yo en cambio, me quedaba atrás y saludaba con la mano a quienes no podía evitar no hacerlo. En esa plaza también estaba Flor, compañera de la escuela. Con un gesto de sorpresa en la cara por habernos encontrado allí, Flor se acercó a saludarnos. —¡Hola chicos!— saludó —¿Cómo andás, Flor? — le respondimos. —Bien, justo estoy de camino al supermercado, a buscar un par de cosas, porque hoy es el cumpleaños de mi hermana— nos dijo. —¿De Agus? — le preguntó Cele —Si, Agus hoy cumple 18 y vamos a hacer una fiesta sorpresa en mi casa. ¿Quieren venir? — nos invita amablemente Flor. —¡Si! Yo quiero ir — le respondió Cele.


—No creo que pueda, tengo que hacer un par de cosas para mañana — me disculpé. —¡Dale, Lolu! ¡Tenés que divertirte un poco! — me dijeron ambas. —No es solo por eso, es que sinceramente a tu hermana no la conozco, y me sentiría un poco desubicado yendo a su fiesta, mucho más si ella no sabe quienes son los invitados. —No te hagas drama por eso, —me tranquilizó Flor— van a ir muchas personas que mi hermana no conoce, además es en mi casa también. —Tiene razón Lolu, aparte vas a estar conmigo y yo no te voy a dejar solo — intentaba convencerme Cele— yo si conozco a Agus y es re buena onda, no va a tener problema. —No sé… voy a ver chicas. No les prometo nada. — concluí. Horas mas tarde, ya habían logrado convencerme. Esa tarde me preparé para ir a la fiesta. Me puse una camisa marrón chocolate y un jean negro. La verdad es que no tenía muchas ganas de ir, pero


me habían insistido tanto que desistí. Me encontré con Cele a la hora que habíamos pautado y llegamos juntos a la casa de Flor y Agus. Flor abrió la puerta con una sonrisa y nos invitó a pasar. —Hola chicos —Hola flor, — la saludó Celeste— ¡Trajimos algo para tomar! —Buenísimo, pasá por la cocina y guardálo en la heladera, ¿dale? — le dijo señalando un cuarto cercano —mientras, yo tengo que hablar con Lolu.

Mi cara de sorpresa fue evidente. ¿Porqué querría Flor hablar conmigo en privado? —Pensé— ¿Le habría molestado algo que dije? —Tengo un amigo para presentarte — comenzó la charla. Y yo me asusté.

CAPITULO 1  

capítulo 1 de Hallando lo que soy

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