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Usted lo sabe tan bien como yo: una cosa es empezar algo, y otra enteramente diferente, completarlo. Usted piensa que voy a hablarle de la importancia de terminarlo todo. Podría ser que usted esté a punto de recibir un chubasco de castigo. Si piensa así, tranquilícese. «No empiece lo que no puede terminar» no es uno de mis puntos. No le voy a decir nada respecto a lo que se usa para pavimentar el camino al infierno. Para serle franco, no creo que usted debería terminar todo lo que empieza. (Todo estudiante con deberes debe haber abierto bien los ojos.) Hay ciertos proyectos que es mejor dejarlos a medias, y otros que sabiamente hay que abandonar. (Sin embargo, no pondría los deberes escolares en esa lista.) Podemos obsesionarnos tanto con concluir algo que nos cegamos a la eficacia. Sencillamente porque haya un proyecto sobre la mesa, eso no quiere decir que uno no lo puede devolver al estante. No; mi deseo no es convencerlo de que termine todo lo que comienza. Mi deseo es animarle a que termine lo que debe terminar . Ciertas carreras son opcionales, como la de lograr músculos abdominales bien definidos y la lectura rápida. Otras carreras son esenciales, como la carrera de la fe. Considere esta admonición del autor de Hebreos: «Corramos la carrera que tenemos por delante, sin cejar nunca» (véase Hebreos 12.1 ).

LA CARRERA Si hubiera habido fútbol en el Antiguo Testamento estoy seguro de que los escritores hubieran hablado de goles y tiros libres; pero no lo había, así que hablaron de correr. La palabra carrera procede del griego agon , de donde procede nuestra palabra agonía . La carrera del cristiano no es un trote por hacer ejercicios, sino una carrera exigente, agotadora, y algunas veces agonizante. Se requiere esfuerzo masivo para terminar con fuerza. Lo más probable es que usted ya haya notado que muchos no la terminan así. ¿Ha observado cuántos se quedan a un lado del sendero? Solían correr. Hubo un tiempo en que se mantenían al paso. Pero se cansaron. No pensaron que la carrera sería tan ardua. Acaso se desanimaron cuando alguien se tropezó con ellos, o se intimidaron por algún otro corredor. Cualquiera que haya sido la razón, ya no corren. Pueden ser cristianos. Tal vez asistan a la iglesia. Tal vez depositan un peso en el plato de la ofrenda y calientan una banca, pero sus corazones no están en la carrera. Se retiraron antes de tiempo. A menos que algo cambie, su mejor obra habrá sido la primera, y la concluyeron con un quejido. 96

Como Jesús  

¿Quieres ser como Jesús?

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