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Durante esa comida, en una manera diminuta, comprendo en donde Jesús halló su fuerza. Él alzó sus ojos más allá del horizonte y vio la mesa. Enfocó el banquete. Lo que vio le dio fuerza para terminar, y terminar con fuerza. Tales momentos nos aguardan. En un mundo ajeno a los músculos abdominales y la lectura rápida tomaremos nuestro lugar a la mesa. En una hora que no tiene fin descansaremos. Rodeados de santos y de Jesús mismo, el trabajo, a la verdad, habrá concluido. La cosecha final será recogida, nos sentaremos, y Cristo bendecirá la comida con estas palabras: «Bien, buen siervo y fiel» ( Mateo 25.23 ). Y en ese momento, la carrera bien habrá valido la pena.

También pido que les sean iluminados los ojos del corazón para que conozcan la esperanza a la que Él los ha llamado, la riqueza de su gloriosa herencia en los santos

EFESIOS 1.18 (NVI)

CONCLUSIÓN

PONGA SUS OJOS EN CRISTO Hay veces cuando vemos. Y hay veces cuando vemos . Permítame mostrarle lo que quiero decir: Todo cambia la mañana en que usted ve el letrero «se vende» en el bote de su vecino. Su bote de lujo. Es el bote de pesca que usted ha codiciado durante los tres años pasados. De súbito nada más importa. Una atracción gravitacional atrae su vehículo hacia la vereda. Usted lanza un suspiro como si su sueño reluciera al sol. Le pasa los dedos y apenas roza el borde, y hace una pausa solo para limpiarse la saliva que le corre y cae por la camisa. Al contemplarlo, usted se transporta mentalmente al lago Tamapwantee, y es como si existieran solo usted, las aguas cristalinas y su bote de lujo. O tal vez el siguiente párrafo le describe mejor:

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Como Jesús  

¿Quieres ser como Jesús?

Como Jesús  

¿Quieres ser como Jesús?

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