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Vivían en el bosque tres cerditos que estaban muy gordos y coloraditos. Los tres cerditos eran hermanos. Estaban siempre entretenidos: el pequeño se pasaba las horas tocando la flauta, el segundo tocaba muy bien el violín, y el tercero se dedicaba a trabajar, aunque a veces acompañaba a sus hermanos tocando el clarinete. Un día, los tres decidieron marcharse a vivir a otra parte.

Su mamá, al verlos partir, sintió mucha pena y preocupación: eran sus crías y temía que algo malo pudiera ocurrirles. Los vio alejarse y no pudo retener las lágrimas: ¡Pobres cerditos! ¡Qué será de ellos! Fuera de casa hay tantos peligros… ¡Y yo no estaré para protegerlos! ¡Ay, qué miedo me da pensarlo!


Decidieron hacerse una casa. Cada uno la suya. El pequeño la hizo con lo primero que encontró: de paja. Inmediatamente se puso a tocar la flauta.

El segundo, le dedicó un poco más de tiempo a la construcción de la casa. Buscó unos tablones de madera y la hizo de este material.

Los dos hermanos se burlaban mucho del mayor al verlo trabajar tanto: ¡No sé para qué trabajas tanto…!

¡Cuánto mejor estarías tocando con nosotros!


Pero el cerdito mayor, seguía con su tarea: la construcción de una casa sólida. ¡Allá vosotros!

Y los cerditos seguían tocando la flauta y el violín y bailando sin parar.

Hasta que un día apareció el lobo y se dirigió a la casa de paja para comerse al cerdito más pequeño.


Cuando el lobo llegó a tan endeble casa, le dijo riéndose que le abriera. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Si golpeo la casita, por los suelos caerá. Si soplo la casita, por los aires volará.

Golpeó y la casa cayó por los suelos. Sopló y la casa voló por los aires. Estoy perdido. El lobo me comerá.

El cerdito salió corriendo a la casa de su hermano, hecha con maderas, para salvarse. Pensaba que si llegaba con vida sin que lo alcanzara, el lobo no podría entrar en ella:

¡Déjame entrar! ¡El

lobo me quiere comer!

¡Vamos, rápido! Aquí estaremos a salvo.


Pero el lobo no se dio por vencido. Con su olfato siguió el rastro del cerdito que había huido y apostado detrás de un árbol se relamía de gusto pensando: Mejor aún, con dos cerditos quedaré más satisfecho. Dentro de poco estaréis en mis dientes. Pobrecitos, tan gorditos, tan redonditos…¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

Se acercó a la casa de madera y dijo: - ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Si golpeo la casita, por los suelos caerá. Si soplo la casita, por los aires volará. Golpeó y la casa cayó por los suelos. Sopló y la casa voló por los aires.


Entonces los dos hermanos salieron corriendo para refugiarse en la casa de ladrillos de su hermano mayor: -¡Déjanos pasar! ¡Rápido, el lobo nos quiere comer! El cerdito mayor les permitió entrar y cerró la puerta detrás de ellos. ¡Socorro! ¡Que viene el lobo! ¡Hermano, ayúdanos! ¡Déjanos pasar! ¡Que nos come! ¡El lobo! ¡El lobo! ¡Que viene el lobo!

El lobo golpeó …¡se dañó la pata! Sopló pero la casa seguía sin moverse. Entonces trepó al tejado e intentó entrar por el hueco de la chimenea. Pero los cerditos habían encendido la lumbre y habían puesto a calentar agua en un caldero. ¡Chaf! El lobo cayó justo dentro del caldero y murió. Desde entonces vivieron tranquilos y felices en su casita de ladrillos.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

lOS TRES CERDITOS  

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