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LEYENDAS DE VILLAVICIOSA En el pueblo de Villaviciosa de Córdoba no hubo agua hasta 1977, por lo que cuando llovía se llenaban los arroyos de agua y las mujeres debían de aprovechar para coger la ropa y andar hasta el arroyo “El Helechal”, en la artesa, a 1 km del pueblo, donde el arroyo corría con una cristalina y limpia agua donde llegaban las mujeres con la ropa en cestos. Cogían las piedras con las que frotaban la ropa, de rodillas al margen del arroyo, frotándola con jabón casero fabricado por ellas mismas. Tras lavar las prendas se tendían allí mismo en lo alto de las piedras, secándose a los rayos del sol. Siempre se juntaba allí mucha gente, toda a lavar su ropa. La ropa después de ser lavada se quedaba con un agradable olor a tomillo debido al sitio donde se lavaba ya que había muchísimo sotobosque con buen olor. A partir de 1977 ya se instaló el agua en las casas, contando con la satisfacción de las mujeres al no tener que andar para lavar la ropa. Otra historia muy particular del pueblo era la forma de coger las aceitunas debido a que no contaban con máquinas de varear, ni fardos, etc. Solo disponían de palos que utilizaban para tirar la aceituna del olivo al suelo y tras ello se cogían a mano y se echaban en cestas y después en sacos. En conclusión, era muy duro ese trabajo en esas condiciones aparte de que se cogían muy poca cantidad de aceitunas al día José Manuel 4ºA


LA VIRGEN DE VILLAVICIOSA Según cuenta la leyenda la imagen de Nuestra Señora de Villaviciosa fue traída desde un lugar en Portugal llamado Vila Viçiosa hasta nuestro pueblo por un pastor llamado Hernando. La imagen fue robada por Hernando y la puso en un zurrón y llegó hasta Espiel. Depositó la imagen en un hueco de un alcornoque. Los portugueses al darse cuenta de que la imagen había sido robada corrieron a buscarla y llegaron hasta el alcornoque donde estaba colocada y junto a ella estaba Hernando. Este fue encarcelado pero tras escaparse de la prisión volvió a recuperar la imagen y la trasladó a su alcornoque. Los portugueses se dieron cuenta de que la imagen quería quedarse en ese lugar y fue entonces cuando se construyó una ermita. Se piensa que fue un milagro de la Virgen. José Nevado 4º


EL ÁRBOL DE LA MUJER Esta historia transcurre en tiempo de lobos, tiempos en los que estos animales salvajes dominaban la Sierra Morena. La mayoría de la gente vivía en el campo, en chozos o cortijos, ya que se dedicaban a hacer labores del campo como labraza con yunta, sementeras, cuida y crianza de ganado…por lo que en su mayor parte estaban en terrenos forestales y cuando necesitaban “jato” ( comida) venían al pueblo a pie o, como en la mayoría de los casos, en burro. Como en el caso de esta historia en la que una mujer iba con un burro y su hijo que era muy pequeño y venía al pueblo a comprar su “jato”. De regreso a su choza, los lobos la rodearon en el camino en la finca “ Palomares de Alcornocosas”. vVéndose la mujer rodeada por los lobos se acercó a un chaparro o encina en el que subió a su hijo. El burro salió corriendo y pegando patadas a los lobos. Al intentar subirse al árbol también la mujer, fue alcanzada por los lobos. Cuando fueron a buscarla porque no llegaba, sus familiares encontraron al niño llorando subido en el chaparro y los restos de la mujer que eran solamente unos huesos, restos de ropa y los zapatos con los pies dentro. Ese chaparro es conocido en el pueblo como el chaparro de la mujer. Isabel Martín 4º


LA GRANAÍNA Cuentan las leyendas antiguas que hace mucho tiempo en la calle Portugalejo vivía una anciana llamada Granaína; decían que era una mujer muy mala y los abuelos cuentan que les pegaba a los niños con la goma del pozo. Un día de verano hubo una tormenta y cayó un rayo en la cámara de madera de la casa de la Granaína, la paja que había empezó a arder y la Granañina quedó calcinada entre las vigas de madera de su casa. Los niños se asomaban a las ventanas y tiraban piedras. Ha pasado el tiempo y a los pequeños se les asusta diciéndoles : ¡que viene la Granaína! María Rivas 4ª

Leyendas de villaviciosa  

trabajo de escritura