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ARAGÓN / LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA / JUNIO 07 / CUESTIONES DE ANÁLISIS DE TEXTO

TEXTO La vocación literaria no se produce o decanta en tal o cual pasaje de nuestra biografía, sino que está inscrita en nuestros genes; es un don (o una condena) que se recibe de forma misteriosa y que tarda más o menos en manifestarse, o que incluso no llega a manifestarse nunca, si quien lo recibió hace oídos sordos al llamado. El escritor es escritor desde que nace, pero es precisa una concatenación de circunstancias catalizadoras que manifiesten esa verdad escondida. La primera de esas circunstancias catalizadoras que esculpieron mi vocación dormida me sobrevino a una edad de la que ni siquiera tengo memoria. Mi abuelo, con quien tan ligado estuve en los años de la infancia, me enseñó a leer y escribir cuando apenas tenía tres años, antes de empezar a ir a la escuela. La lectura fue la llave que mi abuelo me entregó para descifrar el mundo. Él no era un hombre leído, pero al despertar en mí la curiosidad por la lectura actuó como un catalizador providencial de mi vocación, que luego se robustecería cuando empezó a llevarme consigo a la biblioteca municipal. Mientras él hojeaba la prensa, me dejaba en la sala infantil, donde pude alimentar vorazmente una pasión que todavía era caótica, informe y sin desbastar. Como no tuve cicerone que me guiase en aquel bosque de libros, fui un lector omnívoro, de un eclecticismo que alternaba el oro y la ganga. Y juraría que esta mezcolanza de libros imprescindibles y fútiles fue a la postre beneficiosa, pues descubrí que la literatura es una casa con muchas puertas, un recinto de dichosa libertad cuyos inquilinos pueden cambiar de estancia cuanto les apetezca, hasta establecer definitivamente su morada. En aquella casa me quedé para siempre, dichoso de haber encontrado un refugio contra la intemperie, y en ella espero morir, dejando en herencia a quienes vengan detrás de mí una habitación atestada de palabras. Porque la vocación literaria es también una forma de hospitalidad. Antonio Muñoz Molina

1. Resumen del texto.

El autor reflexiona sobre la vocación literaria y mantiene que esta es genética y depende de uno y sus circunstancias el querer y poder desarrollarla. Él, en concreto, se la debe a su abuelo, quien le enseñó a leer y escribir y le llevó a la biblioteca municipal, donde descubrió que la literatura es múltiple y diversa y sirve de refugio a sus lectores. 2. Características del tipo de texto. Se trata de un texto humanístico perteneciente a la modalidad discursiva de los escritos expositivo-argumentativos dentro del registro culto. Podría estar publicado en el medio periodístico como parte de un artículo o columna de opinión o formar parte de un texto más extenso, un ensayo. Su tema es el de la vocación literaria y la función que esta pueda tener. La estructura es de tipo deductivo o analizante, ya que parte de la conclusión (primer

Ediciones SM


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párrafo); en los dos siguientes párrafos argumenta esta conclusión con su experiencia personal: el aprendizaje de la lectura y la escritura gracias a su abuelo (segundo párrafo) y su experiencia de lectura en la biblioteca municipal (tercer párrafo). La función predominante en el texto es la expresiva dado su carácter subjetivo: uso de la primera persona y de palabras connotativas y valorativas. Morfológicamente destaca el predominio de los elementos nominales dado el carácter conceptual del texto. Los sustantivos son principalmente abstractos y generalizadores en la tesis (primer párrafo: vocación literaria, escritor, circunstancias catalizadoras,) y de carácter concreto (posesivos en primera persona) en la argumentación a través de sus experiencias biográficas: mi abuelo, la escuela, la prensa…En cualquier caso, predominan los sustantivos abstractos sobre los concretos: la hospitalidad, la lectura, la infancia… En la adjetivación, predominan los adjetivos pospuestos al sustantivo con valor especificativo: circunstancias catalizadoras, biblioteca municipal, vocación literaria… En cuanto a los verbos, aparecen el presente, con valor atemporal en la tesis (el escritor es escritor desde que nace), y el pretérito perfecto simple y pretérito imperfecto en la argumentación autobiográfica, donde se narran hechos del pasado. Respecto a las personas verbales, nos encontramos con la tercera persona en la tesis (aquí aparecen posesivos en primera persona del plural con valor inclusivo: está inscrita en nuestros genes) y primera y tercera persona en el desarrollo de su propia experiencia. En el plano léxico-semántico, el vocabulario pertenece a un registro culto (decanta, catalizador, eclecticismo…), aunque aparecen también algunas expresiones cercanas al registro coloquial, lo que corroboraría que pudiese ser un texto periodístico que intenta un acercamiento al lector (él no era un hombre leído, está mezcolanza…). En el significado, predominan, como decíamos antes, las connotaciones, dado el carácter subjetivo del texto (alimentar vorazmente una pasión, libros imprescindibles y fútiles, refugio contra la intemperie…). Sintácticamente predominan las oraciones largas y compuestas con estructuras binarias y hasta de tres elementos (caótica, informe y sin devastar), debido al registro culto predominante. Por último, habría que reseñar algunos elementos literarios, propios tanto del ensayo como del artículo periodístico. Así, encontramos abundantes metáforas relativas a la literatura y los libros (la literatura es una casa con muchas puertas, bosque de libros, habitación atestada de palabras…). Aparecen también algunas antítesis como don/condena, oro/ganga, imprescindibles/fútiles… que intentan reflejar la multiplicidad de la literatura.

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