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Un día cualquiera, en el siglo XVII, en el castillo de Mariana de Austria y Felipe IV, vivía su hija, la infanta Margarita. Era una niña de seis años, de cabello rubio y liso y de piel clara. Era muy curiosa, y siempre se inventaba alguna excusa para ir a jugar. A la infanta Margarita, le gustaba mucho ver a los niños del pueblo jugando y ayudando a sus madres, cosa que ella no podía hacer porque se pasaba todo el día probándose vestidos y aprendiendo a ser una buena princesa. Un día decidió ir al pueblo para integrarse y jugar con los niños. En el castillo no la echaron en falta hasta la hora de probarse su gran vestido para cuando llegara Diego Velázquez para retratar a sus padres. Todos en el castillo, estaban muy preocupados. Primero, pensaron que podría estar jugando con las meninas. Cuando descubrieron que las meninas tampoco sabían nada, mandaron a sus guardias a buscarla por todo el pueblo, mientras que ellos la buscaban por los territorios del castillo. Mientras tanto, Margarita se disponía a caminar por el pueblo, ya vestida con ropa de campesina, con un moño bajo y barro por las prendas y las mejillas, para que no la descubrieran. Le fascinaba ver a los niños. Parecían muy felices a pesar de llevar ropas tan simples y no comer lo que quisieran. Margarita, decidió integrarse en alguna familia campesina para saber lo que es vivir en esas condiciones. Se dispuso a llamar a algunas puertas y preguntar si podían acogerla en su casa. Todas las respuestas eran que no. Hasta que en una humilde casa de dos hijos de su misma edad, decidió acogerla mientras que sus padres (como ella dijo) estaban trabajando fuera del país. La dueña de aquella casa era una mujer joven con problemas de movilidad. Sus dos hijos siempre estaban ayudándola a hacer la comida y a trabajar en el campo, dado que su padre había fallecido hacía tres años. A Margarita le pareció muy bien ayudar a su nueva madre con las tareas de la casa, mientras que sus hermanos trabajaban la tierra e iban a comprar. Margarita les preguntó que de donde sacaban el dinero. Y sus nuevos hermanos le contestaron, que los reyes les hacían trabajar sus tierras a cambio de un salario mínimo. A Margarita le pareció muy mal. Siempre había pensado que las personas que trabajaban las tierras de su castillo, cobraban mucho y siempre tenían lo necesario. Decidió que cuando volviera al castillo se enfrentaría a sus padres para que esto cambiara.


Uno de sus hermanos le propuso ir a trabajar con ellos para ganar más dinero para las medicinas de su madre y la comida. Margarita dijo que si, aunque tenía miedo por si la descubrían los guardias. Por eso, decidió ponerse una capa larga que le tapara el rostro y el cabello. Se dispusieron a trabajar. La infanta descubrió que trabajar las tierras era muy duro. Varias veces había tenido que bajar la cabeza porque había guardias mirando si por allí estaba Margarita. Al acabar el trabajo en el campo, todos volvieron a sus casas con su dinero y un cuarto de su cosecha. Al llegar a casa, Margarita ayudó a su madre a preparar un guiso con un trozo pequeño de pescado y algo de pan. Ella, no estaba muy acostumbrada a comer esas cosas. En su castillo, se comía mucha carne y pan fresco. Aun así le gustó mucho el sabor. Después de comer decidió salir a fuera a jugar con sus hermanos y otros amigos suyos . Se lo pasó muy bien jugando a las canicas y al escondite. Pasaron varios días, y los padres de Margarita decidieron que sus guardias entraran en todas las casas del pueblo. Cuando Margarita se enteró de lo que sus padres iban a hacer, decidió que se despediría esa misma noche de su familia. Cuando acabaron de cenar, Margarita se despidió de su familia de acogida, diciendo que sus padres ya habían vuelto. Su madre, le dio un pañuelito con una vasija de agua y un poco de pan para el camino. Se abrazaron y Margarita se fue. Ya en la calle, Margarita se fue a la fuente más cercana para lavarse y peinarse. Cogió el sendero más corto hacia el castillo y recogió el vestido que había reemplazado por su ropa de campesina. Al llegar al castillo, sus padres, las meninas y los criados fueron corriendo a darle un gran abrazo. Cuando todos se relajaron, sus padres le preguntaron a su hija donde había estado. Ella le respondió que había pasado los cuatro anteriores días en la casa de una humilde familia, que no tenían un padre para ganar el dinero necesario. Sus padres pensaban que lo había pasado muy mal. Entonces, Margarita les contó todo lo que había disfrutado con su familia de acogida y todos sus nuevos amigos, a pesar de ser campesinos. Sus padres arreglaron todo lo que la niña les pidió. Velázquez hizo un gran cuadro, al que tituló: “La familia de Felipe IV”. La infanta iba cada cierto tiempo a ver a sus amigos campesinos y a su familia de acogida. Aunque siempre iba vestida con sus antiguas ropas de campesina, el moño mal hecho y la cara llena de barro, ya que los padres habían decidido no revelar la verdad.


La aventura de margarita