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LA PSICOLOGIA HUMANISTA Una inspiración para aplicar en el salón de clase

INTRODUCCIÓN Con la disposición para cumplir con el requisito solicitado dentro de la unidad de aprendizaje Desarrollo del Potencial Humano que forma parte de las asignaturas de la Maestría en Desarrollo Humano y Educativo, nos proponemos hacer un análisis de los principales conceptos de la Psicología Humanista Consideramos los contenidos de esta corriente muy interesantes y valiosos, ya que apreciamos que no sólo son susceptibles de aplicarse como medios terapéuticos, sino que tienen una gran vigencia en el salón de clase, en donde como docentes necesitamos revalorizar la figura del educando y medirlo en su total dimensión de ser humano. Y sin que se pretenda atentar contra la esencia misma de la terapia sugerida por Rogers, ni abarcar campos en los que no tenemos ningún conocimiento, se nos ocurre pensar que los pasos sugeridos en la terapia usada en la Psicología Humanista bien pudieran servir de pauta, para usarlos en el salón de clase, a fin de fomentar valores dentro de los alumnos. Por otra parte, apreciamos que la Psicología Humanista, además de ser una corriente de la psicología y de la psicoterapia, es también un planteamiento de vida que revalúa al hombre, al situarlo como parte de un todo armónico; por lo tanto su aplicación en el salón de clase va como anillo al dedo para potencializar el desarrollo del educando. Lamentamos no tener más conocimientos propios de esta disciplina para estar en posibilidades de hacer un examen exhaustivo de los temas y de la aplicabilidad de la Psicología Humanista en el salón de clase. Sin embargo hemos querido plantear algunas inquietudes al respecto. Con el propósito de conocer un poco más de los temas que se tratan dentro de esta tendencia de la psicología, hemos leído algunos de los artículos encontrados en las páginas de Internet así como de los libros “El Desarrollo del Potencial Humano. Aportaciones de una psicología humanista” que presentan, en sus tres tomos, una compilación de diferentes autores, pero especialmente algunos artículos escritos por Carl Rogers. Las anteriores lecturas nos han permitido tener una mayor comprensión del tema, una idea más específica de sus antecedentes, planteamientos, principios, exponentes, desarrollos teóricos y terapias consideradas humanistas, así como sus aplicaciones y algunas críticas que se le hacen a esta postura psicológica. En el desarrollo de esta presentación nos proponemos hacer un revisión de los principales postulados de la Psicología Humanista, para que posteriormente estemos en posibilidades de definir cuál sería su aplicación en la interacción del alumno con el docente, interiorizando sus principios, para estar en posibilidades de trasmitirlos a aquellos seres humanos que lleguen a ser nuestros alumnos.


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PRINCIPALES POSTULADOS DE LA PSICOLOGÍA HUMANISTA En este apartado nos proponemos enunciar algunos de los postulados de la Psicología Humanista, habiendo escogido aquellos que más nos llamaron la atención, empezaremos por clarificar el concepto de hombre dentro de esta corriente: El ser humano está inmerso en el seno de diversos sistemas como la sociedad, la cultura, la educación que le sirven como contexto para vivir y lograr sus metas. La Psicología Humanista “entiende al ser humano, como un sistema – entendiendo como tal un conjunto de elementos conectados entre sí de tal forma que la variación de uno de ellos varía el conjunto- inserto en el seno de sistemas más amplios (familia por ejemplo) y a su vez estos sistemas dentro de otros más vastos (como podría ser una cultura concreta)”1 La Psicología Humanista elabora una nueva concepción del hombre, como reacción a las posturas establecidas por los conductivistas y los psicoanalistas, estableciendo que la individualidad es una característica primaria de la naturaleza humana, a la vez que reconoce una visión integradora del hombre, en la que éste se nos presenta integralmente y no como una suma de sus partes, como un ser completo. “Predominan claramente, en los teóricos de la personalidad de orientación humanista las concepciones holista y sistémica frente a los atomistas y reduccionistas. Aparece un interés acentuado por el estudio de la personalidad en su conjunto, singularidad e historicidad. La personalidad de un individuo no es atendida como la suma o yuxtaposición de funciones o procesos (cognitivos, emocionales, conductuales), sino como un sistema o conjunto organizado de forma peculiar en cada sujeto, un sistema configurado y un proceso de desarrollo”2 Como vemos la Psicología Humanista concibe al ser humano como una totalidad, en clara oposición a la dicotomía de otras corrientes filosóficas y psicológicas que insistían en separar al hombre en mente y cuerpo. Esa interrelación de los factores físicos, emocionales, espirituales son los que hacen, precisamente, que cada hombre sea diferente, que sea único e irrepetible, constituido en un todo. La Psicología Humanista se manifiesta a favor de reconocer que funcionamos como un organismo total, en que mente y cuerpo son distinciones hechas sólo para facilitar la comprensión teórica. Rogers manifiesta: “Aquí, es la maximación de todo lo subjetivo, interior, personal; aquí una relación es vivida, no examinada; y una persona, no un objeto, emerge; una persona que siente, escoge, cree, actúa, no como un autómata, sino como una persona”3 1

url: www.fundacion-jung.com.ar/psicologiahumanista.htm EJILEVICH, Grimaldi Horacio. “ Algunos aportes de C. G. Jung a la Psicología Humanista”. 2 url:www.instfromm.org/doc/libro_08.pdf ROSAL Ramón. Por qué y para qué surgió el movimiento de la psicología humanista. 3 LOFARGA, Corona Juan; Gómez del Campo, José. Desarrollo del Potencial Humano. Ed. Trillas. México. Vol. I. Pág. 109.


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Dicen los humanistas que el ser humano tiene la tarea de “desarrollar eso único y especial que somos”. Que antes que nada es necesario que el hombre se conozca a sí mismo, para lo que se requiere dejar de lado las “máscaras” o sea todas aquellas formas que se han ido asumiendo a lo largo de la vida y que llegan a ser parte del rol que se desempeña, pero que ocultan la auténtica forma de ser. Esas máscaras ocultan la verdadera identidad de la persona porque imponen el “debería “ser y no lo que realmente es. La actuación va en función de los demás y no en función del yo mismo. Este proceso no es fácil, en muchos casos puede resultar hasta doloroso porque se trata de enfrentarse con cuestiones que pueden estar muy arraigadas en nuestro interior. Para que dicho proceso pueda darse es necesario que el individuo “se abra a su experiencia”, lo que significa que: la persona toma conciencia de sus sentimientos y actitudes, advierte fácilmente las realidades externas, acepta los hechos tal y como son y no tiene intención de distorsionarlos para acomodarlos a su anterior forma de actuar, sus creencias pierden rigidez. En términos generales, el proceso terapéutico permite que la persona se vuelva más sensible a algunas manifestaciones corporales y a sus sentimientos; que se vuelva más realista y tolerante consigo misma y con los demás; que se despoje de todos aquellos sentimientos que le atan y que no permiten que salga su verdadero yo. El individuo que se ha quitado la máscara descubre que en él mismo están los parámetros que le permiten darse cuenta si la vida que está teniendo le satisface plenamente. En este proceso terapéutico, los humanistas le reconocen gran valor a las manifestaciones del organismo ya que la persona aprende a identificar en él las manifestaciones de su yo interior, la persona le tienen confianza a su propio organismo, al que le va a hacer caso cuando se presenten reacciones emocionales. Pero la unicidad del ser humano también se elabora como producto de todas esas experiencias externas que van a ser asimiladas y proyectadas de diferente manera en cada ser humano, haciendo que su existencia sea “La Psicoterapia integradora Humanista es singularmente subjetiva. epistemológicamente constructivista, es decir, parte de la concepción de la existencia de una realidad ajena a la propia conciencia cuyo conocimiento no se da en forma directa, sino a través de la mediación de la propia subjetividad, de manera que incluso las formas más simples de contacto con la realidad, las sensaciones, ya son percibidas impregnadas de subjetividad”4. Lo anterior denota que el ser humano tiene la posibilidad de crear su unidad como producto de su inteligencia y voluntad, facultades que le permitirán al hombre descubrir su “yo mismo”, de estar consciente de que es un ser único e irrepetible y por lo tanto valioso. 4

url: www.fundacion-jung.com.ar/psicologiahumanista.htm “ Algunos aportes de C.G. Jung a la Psicología Humanista”.


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Ese reconocimiento que hace la Psicología Humanista de la capacidad que tiene el hombre de vivir en forma consciente, hace que el hombre se pueda descubrir como un ser libre, es decir que tiene la posibilidad de elegir y decidir, no necesita desempeñar un papel pasivo de espectador sino que puede realizar decisiones activas que le permitan variar su situación vital. Esta libertad es reconocida por Rogers cuando se refiere a “Él es libre para ser él mismo o esconderse tras una máscara; de moverse hacia adelante o retroceder, de comportase de modos que sean destructivos para él y para otros, o en formas que son exaltantes; literalmente muy libre para vivir o morir, tanto en el sentido fisiológico como en el psicológico de ambos términos”5. Además el individuo tiene una serie de valores que dirigen su actuación, el ser humano configura internamente un propósito que le sirve para orientar su vida. La Psicología Humanista considera que los valores éticos constituyen un núcleo importante de la personalidad, el ser humano sustenta su vida en unos valores que forman la base de su identidad. Rogers reconoce que “Cuando el ser humano es interiormente libre para escoger lo que valora en forma profunda, tiende a valorar aquellos objetos, experiencias y metas que lo conducen a su propia supervivencia, crecimiento y desarrollo, y a la supervivencia y desarrollo de otros”6 y agrega “Finalmente, parece que hemos vuelto al tema de la universalidad de los valores, pero por una ruta diferente. En lugar de los valores universales “allá afuera” o de un sistema valoral universal impuesto por un grupo –filósofos, gobernantes o sacerdotes- , tenemos la posibilidad de contar con direcciones valorales humanas universales que emergen de la experiencia del organismo humano”7. De ahí que consideremos que es importante que esos valores sean el resultado de un aprendizaje, porque si son introyectados y no aprendidos, si no han sido adquiridos como producto de una experiencia personal, no serán asimilados como propios. Para Rogers cada persona vive y construye su personalidad a partir de ciertos objetivos y el objetivo más alto, aquel que le da motivación a la vida es ser feliz, autorrealizarse, sentirse adaptado. El único modo de autorrealizarse y ser feliz es aceptarse a sí mismo y llegar a ser quien se es, sin máscaras. Rogers está convencido de que toda la infelicidad de las personas proviene de no aceptarse como son. Sólo cuando una persona se acepta a sí misma, pierde todos los complejos de mostrarse tal y como es, frente a los demás y frente a sí mismo. Por ello Rogers afirma: “Parecía que cuando todas las formas en que el individuo se percibe a sí mismo –todas las percepciones de las cualidades, las habilidades, los impulsos y las actitudes de la persona, y todas las percepciones de sí mismo en 5

LOFARGA, Corona Juan; Gómez del Campo, José. Desarrollo del Potencial Humano .Ed. Trillas. México. Vol. I. Pág. 108.

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relación con otros- son aceptadas en la organización consciente del concepto del self, este logro se acompaña de sentimientos de comodidad y libertad de tensión que se experiencian como adaptación psicológica”8 La Psicología Humanista reconoce que el hombre lleva a cabo su existencia en un contexto social ya que su naturaleza se expresa en su relación con otros seres humanos. Solamente si las condiciones son favorables podremos desarrollar nuestras potencialidades al máximo y es a la sociedad a la que le corresponde, en buena cuenta, propiciar esas condiciones y como parte que somos de ella, debemos contribuir con nuestro quehacer, como ciudadanos comprometidos y responsables para lograr el Bien Común, suma de los bienes particulares, que es posible de construir, si damos por un hecho, en concordancia con la Psicología Humanista, que los hombres que constituyen la sociedad son de naturaleza intrínsecamente buena. “Al contrario del punto de vista de Freud, el enfoque humanista considera al ser humano como básicamente bueno, que ansía libertad y un entorno social positivo”9 Es, en esa inmersión del ser humano en la sociedad, en la que éste se realiza como tal, ya que crece o se destruye sólo en el contacto con los demás, es en esa interacción que se construye como Persona, de ahí que la Psicología Humanista señala que “Dejar de conocer a los demás como objetos, o medios para alcanzar nuestros propósitos personales es uno de los énfasis principales de esta corriente. Esta forma restringida de relacionarse con los demás se transforma en una barrera comunicacional entre los seres humanos, ya que nos concentramos en sólo una parte del otro (la que nos es útil, por ejemplo) y dejamos de verlo como un ser total, impidiendo una comunicación plena”10 Al igual que Maslow, Rogers consideró que los humanos necesitamos satisfacciones personales, las que podemos lograr al establecer relaciones muy estrechas con los demás; considera que nuestra postura frente al mundo se decide fundamentalmente por la percepción que tenemos de la realidad y de las demás personas. Por eso lo realmente interesante es buscar una buena forma de relacionarse con el mundo. Al respecto, refiriéndose a esa capacidad del ser humano Rogers afirma: “No necesitamos preguntar quién lo socializará, ya que una de sus necesidades más profundas es la de la afiliación y comunicación con los demás. Cuando es completamente él mismo, no puede evitar estar socializado de manera realista”11 Como seres humanos, a la vez necesitamos que esa sociedad nos reconozca, que las apreciaciones que tenemos de nosotros mismos coincidan con 8

LOFARGA, Corona Juan; Gómez del Campo, José. Desarrollo del Potencial Humano. Ed. Trillas. México Pag. 145. Vol.2. 9 url:www.ideasapiens.com/psicologia/cognitiva/tercera%20fuerza_%20psic_%20humanista.htm. SAEZ A. Psicología Humanista 10 url: enciclopediauniversal.com/wiki/Psicología-Humanista. “Psicología Humanista”. 11 LOFARGA, Corona Juan; Gómez del Campo, José. Desarrollo del Potencial Humano. Ed. Trillas. México. Vol.1 Pag. 105.


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las que tienen de nosotros los demás miembros del grupo. A esto Rogers lo llamó “consideración positiva incondicional” que “Se produce cuando una persona percibe que todas sus experiencias del yo (sentimientos, pensamientos, sensaciones, etc.) son merecedoras de la consideración positiva por parte de otras personas significativas”12 Con ello se produce un reconocimiento del grupo que nos permite estar cómodos, hay una aceptación y valoración, nuestras experiencias son aceptadas y no requerimos de máscara” alguna para permanecer dentro de la sociedad. El ser humano como un sujeto, reconocido en libertad, es capaz de responder de los actos que realiza y que le permiten ser “el mismo”. Esto sólo será posible de lograr en el tanto en que se hayan dado todas las situaciones anteriormente expuestas, de ahí que Rogers afirme que ”Al ser expuestos a estas condiciones, los individuos se vuelven más responsables de sí mismos, progresan en la actualización de sí mismos, se vuelven más flexibles y llegan a ser más creativamente adaptativos” Pero además el hombre debe buscar su vocación, entendida como ese encontrar su destino natural de hombre, esa tendencia para identificar la finalidad de su existencia y que es producto de su capacidad creadora como ser humano. Para Rogers el proceso de individualización (o de autorrealización o de crecimiento personal) constituye la tarea creadora más importante para la que todo individuo, y no sólo el artista, está capacitado en mayor o menor grado, de ahí que el hombre pueda ser “creador” en el tanto se ocupe de lograr vivencias profundas de encuentro consigo mismo y con el otro que le permitan autorrealizase. Al respecto el doctor en psicología Ramón Rosal no dice: “La actitud creadora no se manifiesta exclusivamente en los genios o en los científicos, inventores y artistas. Cualquier quehacer, importante o no, de la vida cotidiana: actividad laboral, relaciones interpersonales (amistosas, amorosas, sexuales, paterno filiales, de camaradería, etc.) pueden ser experimentadas o no de forma creativa en mayor o menor grado” 13 La Psicología Humanista identifica en el ser humano su capacidad creadora, reconociendo en éste a la persona activa que crea las más excelsas manifestaciones culturales pero que a la vez, en la cotidianidad de su vida, puede desarrollar esas capacidades y potencialidades que lo proyectan como ser creador. Al respecto transcribimos el pensamiento de Carl Rogers por considerarlo totalmente ilustrativo: “Uno de los elementos que me agradan en la formulación teorética que he dado es que ésta es para una persona creativa. En el punto final hipotético de la terapia dicha persona podría ser “una de las personas autorrealizadas” de Maslow. 12

url: usuarios.lycos.es/benidormfilosofia/paginas%20web/psicología_humanismo.htm. “La psicología Humanista Rogers y Maslow”. 13 url:www.instfromm.org/doc/libro_08.pdf ROSAL Ramòn. “Por qué y para qué surgió el movimiento de la psicología humanista”


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Con su sensitiva apertura a su mundo, su confianza en su propia habilidad para formar nuevas relaciones con su medio, sería el tipo de persona de la que surgen productos creativos y vida creativa. No por fuerza estaría “adaptado” a su cultura y casi, ciertamente no sería un conformista, sino que en cualquier momento y en cualquier cultura viviría de manera constructiva, en tanta armonía con su cultura como en una balanceada satisfacción de necesidades demandadas”14 La Psicología Humanista le reconoce tal valor a la cultura que:“El propio Jung nos legó el concepto de que el Ser Humano no nace todos los días, sino que es el resultante, no sólo de las interacciones socioculturales políticas y religiosas, sino también de sus propias raíces ancestrales, que se encuentran en los albores de la primigenia humanidad”15 A lo largo de la vida vamos construyendo el concepto que tenemos de nosotros mismos, producto de las experiencias adquiridas. La Psicología Humanista nos dice que el “yo es un concepto fluido y cambiante, no tenemos una personalidad fijada de antemano, sino que vamos cambiando a medida que nuestras experiencias internas y externas cambian”.16 Lo que nos da una motivación para seguir trabajando en la mejora de nuestra personalidad, para querer seguir construyéndonos, para buscar una nueva identidad, para estrechar la distancia entre el yo y el yo ideal de Rogers, para cumplir con nuestra vocación personal. Con lo que se quiere significar que la educación no es un proceso acabado, que debe ser permanente a fin de estar en posibilidades de desarrollar todas las potencialidades y capacidades como ser humano. Que la educación se ha de convertir en un medio y un fin para lograr ese objetivo de vida, para llegar a alcanzar la felicidad, para poder autorrealizarnos; para que con Rogers podamos decir: “Siempre estamos en camino de convertirnos en otra cosa diferente de lo que somos con el fin de hacer nuestra vida más plena”17 . Atendiendo a lo hasta aquí expresado creemos ver que la psicología humanista tiene como principal preocupación el bienestar y el desarrollo del ser humano, que su objetivo es la revalorización del hombre como tal, inmerso en los contextos de la sociedad, la educación y la cultura. Y que sus postulados están orientados a estimular y facilitar el crecimiento de la persona, a promover la dignidad humana.

“Mi experiencia es que él es miembro de la especie humana básicamente digno de confianza, cuyas características más profundas tienden hacia el desarrollo, la diferenciación, las relaciones cooperativas, cuya vida tiende fundamentalmente a moverse de la 14

LOFARGA, Corona Juan; Gómez del Campo, José. Desarrollo del Potencial Humano. Ed. Trillas. México. Vol.1. Pag. 105. 15 url: www.fundacion-jung.com.ar/psicologiahumanista.htm “ Algunos aportes de C.G. Jung a la Psicología Humanista. 16 Ibid. 17 url: usuarios.lycos.es/benidormfilosofia/paginas%20web/psicología_humanismo.htm. “La psicología Humanista Rogers y Maslow “


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dependencia a la independencia; cuyos impulsos tienden naturalmente a armonizarse en un complejo y cambiante patrón de autorregulación; cuyo carácter total es tal que tiende a preservarse y a mejorarse y a preservarse y mejorar su especie, y tal vez a conducirla hacia su más amplia evolución”18. “Valoro a la persona. De todas las increíbles formas vivientes y no vivientes que conozco en el universo, me parece que el ser humano individual, tiene el potencial más excitante, las posibilidades más grandes para un desarrollo expansivo, las capacidades más ricas para una vida autoconsciente. No puedo probar que el individuo sea el valor máximo; únicamente puedo decir que mi experiencia me lleva a poner un valor primario en la persona del ser humano.” 19

LA PSICOLOGÍA HUMANISTA: UNA INSPIRACIÓN PARA APLICARLA EN EL SALÓN DE CLASE

En esta parte del ensayo nos proponemos aplicar algunos de los contenidos temáticos de la Psicología Humanista, que de acuerdo con el análisis que hicimos en el apartado anterior, consideramos que es totalmente factible de llevar al salón de clases como una gran ayuda en la interacción entre el maestro y el educando. Ya decíamos que no conlleva esta aspiración, de ninguna forma, la idea de servir de proceso terapéutico; sin embargo sentimos que muchos de los planteamientos de esta corriente pueden ser de gran utilidad para los docentes que interactuamos con jóvenes, que hoy por hoy, tienen una baja autoestima y que por tal razón se cuestionan sobre el valor de su existencia, mostrándose escépticos en relación al valor de la familia, de la sociedad, de la educación, de la religión, de la autoridad, etc. La realidad actual caracterizada, entre otros, por la desigualdad, la injusticia social, el poder de manipulación, ha hecho que nuestros jóvenes estén inmersos en la incertidumbre, la desesperanza, el deterioro de los valores morales esenciales del ser humano, sociedades que han sido perfectamente concebidas por Ovidio S. D¨ Angelo quien las caracteriza de la siguiente manera: “Sociedades alienadoras del individuo, burocratizadas, o consumistas, manipuladoras e instauradoras de una docilidad y conformismo acrítico de diversos tipos de “hombre masa”, que alientan la desigualdad y la injusticia social, 18

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los privilegios infundados, el cercenamiento de los deberes y derechos sociales y ciudadanos básicos del individuo, la desigualdad de oportunidad de acceso a las esferas de lo económico, lo político y lo cultural, que no permite el florecimiento real de la esencia humana, constituyen contextos inapropiados para el desarrollo coherente de la dimensión ética de la persona”20 En contraste con esas difíciles realidades se hace necesario enseñar a nuestros alumnos contenidos optimistas, más no ilusorios. Pensamos que una manera de hacerlo es asumiendo un posición en la que al ser humano se le revalúa como tal. En este sentido los aportes de la Psicología Humanista son relevantes. Creemos que el compartir con los alumnos los postulados de esta corriente psicológica, nos permitirá establecer una acción educativa bajo una inspiración humanista que refuerce su desarrollo como seres humanos así como sus valores éticos. Las anteriores convicciones nos inducen a pretender que este trabajo no se quede únicamente en una elaboración teórica, por lo que nos proponemos analizar las posibilidades que existen de aplicar los conceptos humanistas en el salón de clase, para ello tomamos como referencia las características anotadas por Rogers para lograr que una “persona funcione plenamente” 21: -Autenticidad y Autoexpresión. Antes que nada, creo importante trasmitir a los alumnos esta nueva concepción de la dignidad humana. Es necesario que nuestros jóvenes tengan clara esta apreciación de lo que ellos han de significar como seres humanos, hay que enseñarles el valor de su existencia, de que son únicos e irrepetibles, que valen por lo que son, hay que hacérselos sentir. Creemos que, en muchas ocasiones, los adultos damos por un hecho que los jóvenes que nos escuchan tienen claros algunos conceptos, algunas apreciaciones que ya deben haber aprendido o asimilado en algún otro periodo de su vida. En aras de ello dejamos de lado ciertos temas o no los esbozamos con la suficiente profundidad y rigurosidad. Finalmente nos percatamos que hay un gran vacío, no sólo de conocimientos, sino de valoraciones adquiridas. Para ello, como docentes, debemos decirles, una y otra vez, el valor que tienen, hablarles de su dimensión y su compromiso como seres humanos, aunque nuestra materia no tenga que ver, de manera directa, con la ética. Creemos, que hoy más que nunca, los docentes debemos estar formados y comprometidos, con la necesidad de hacer muchos espacios, dentro de los contenidos temáticos de nuestras materia, según se den las circunstancias del día a día, para hacer planteamientos que les permitan a nuestros alumnos tomar conciencia de que 20

url: 168.96.200.17/ar/libros/cuba/angelo6.rtf. D. ANGELO Hernández.Ovidio.Valores, sociedad y creatividad. Biblioteca Vitual. Cosejo Latinoamericano de Ciencias Sociales 21 url: 168.96.200.17/ar/libros/cuba/angelo6.rtf. Sociales. Rogers C. “Libertad y creatividad en la educación” citado por. D. ANGELO Hernández.Ovidio.Valores, sociedad y creatividad. Biblioteca Vitual. Cosejo Latinoamericano de Ciencias.


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cada uno de ellos, en esa unicidad que los conforma, son lo más valioso que tienen. En este sentido compartimos con los autores del artículo “La universidad como espacio de aprendizaje ético” su propuesta: “Sin embargo, y sin dejar de ser el transmisor del conocimiento, creemos que, por un lado, el nuevo docente es el profesional encargado de enseñar a aprender la ciencia, de enseñar a gestionar el conocimiento de una forma significativa y con sentido personal para el estudiante, de crear auténticos escenarios de enseñanza y de aprendizaje, y, por otro, es el encargado de imprimir a los contenidos de enseñanza el carácter ético que hará que el estudiante sea un experto profesional y un buen ciudadano” 22 Como docentes debemos cultivar la disposición a que los alumnos se expresen tal y como son, invitarlos a dejar sus “máscaras”, entenderlos como un todo integrado, producto de una familia, de una época, de una generación, tratándolos con mucho respeto. Debemos asumir una posición de alerta cuando veamos síntomas que reflejen que algo no está en orden, a fin de dar la recomendación o consejo pertinente o para canalizarlos a las áreas, que por su formación y conocimiento, conocen de esta sintomatología. -Desarrollo permanente de sus potencialidades, autorrealización y creatividad El joven de hoy necesita saber que es importante lograr su autorrealización para llegar a ser feliz, que debe cultivar su mente y su espíritu, debe cuidar su cuerpo como partes de un todo integral. Para Maslow 23la persona progresa al ir superando una serie de necesidades, ordenadas jerárquicamente, de mayor a menor importancia biológica y de menor a mayor importancia psicológica. El alumno debe comprender que sólo estará realizado si canaliza todas sus potencialidades, a través de un proceso creativo, para conseguir su autorrealización. En este sentido como docentes debemos inspirar al educando a la búsqueda de cuestiones materiales e ideales que le permitan esa autorrealización, exhortándolo a que se aplique en el estudio, al cumplimiento con las tareas, en la participación en clase, en “el aquí y ahora” de la psicoterapia gestalt, y que le van a significar maduración y crecimiento. Al igual que en la terapia humanista debemos “centrar la atención en el cliente” o sea en nuestros estudiantes, invitándolos para que afronten sus experiencias reales y generen maneras de vivir más significativas. Para ello el educador debe acompañar al alumno a encontrar ese valor que es su sentido de vida. Pero cómo hacerlo? Al igual que en la terapia rogeriana debemos crear en el aula una atmósfera cálida y de aceptación para que los alumnos se sientan en 22

MARTÍNEZ, Marín Miguel, Buscarais; Estrada, María Rosa y Esteban Bara, Francisco. “La universidad como espacio de aprendizaje ético” en Revista Ibero Americana de Educación . Número 29. pág.34. 2002

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ARDILA, Rubén. Psicología del aprendizaje Siglo XXI Editores. Octava edición. Pag. 98-99.


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confianza de expresarse abiertamente, proporcionándoles atención sincera y comprensión en sus procesos de aprendizaje. Es importante, para tal efecto, que como docentes ayudemos a definir la identidad de nuestros educandos, que les inculquemos confianza, para que puedan desarrollar sus potencialidades. Hay que motivarlos para que desarrollen su parte reflexiva, para que no actúen como “rebaño”, a fin de que no sean fáciles presas de la manipulación. En este sentido M. Lipman citado por D. Angelo menciona “Cuando la persona argumenta, hace autocorrecciones, brinda sustentaciones y construye el conocimiento con los otros, crea una nueva realidad y la compara con la propia existencia, extrae inferencias, elabora alternativas, escucha a los demás y reconoce lo valioso de sus puntos de vista ,etc., ese aprendizaje lo está capacitando para ejercer sus roles sociales de manera más integral, constructiva y solidaria, como ciudadano capaz de tomar lo valioso existente y construir, sobre ello, creativamente, en concertación con los demás”24

- Confianza en las elecciones personales y en la dirección de su propia vida Compartimos con Rogers la idea de que el individuo tiene dentro de sí los recursos suficientes que deben aflorar, para ello, hay que enseñarles a nuestros alumnos a reconocerse como seres libres a fin de que sean personas menos manipulables, menos sujetas a los estereotipos o prejuicios, congruentes en su actuación con lo que piensan. El alumno debe estar conciente de que debe responsabilizarse de su propia vida. Que es un imperativo que construya su propia jerarquía de valores, no como producto de la transmisión que hagamos como docentes, como si esos valores fueran verdades absolutas e invariables, que deban ser aprendidas por nuestros educandos; sino como producto de su propia experiencia, necesidades e intereses, acordes con aquellos principios que permiten su construcción como seres humanos libres, felices, responsables, comprometidos con su “yo mismo” y con su sociedad. Son nuestros alumnos los que deben descubrir y analizar las bases de conformación de valores, construirlos y desarrollarlos creativamente: “El enfoque de aprendizaje ético que proponemos pretende generar de forma sistemática las condiciones que hagan posible que el universitario mejore sus niveles de autoconocimiento, autonomía y autorregulación, facilitando así la construcción de su propio yo; y en los de capacidad de diálogo, comprensión crítica y razonamiento moral que contribuyen a potenciar la reflexión sociomoral” 25 24

url: 168.96.200.17/ar/libros/cuba/angelo6.rtf. D. ANGELO Hernández.Ovidio.Valores, sociedad y creatividad. Biblioteca Vitual. Cosejo Latinoamericano de Ciencias Sociales 25 MARTÍNEZ, Marín Miguel, Buscarais; Estrada, María Rosa y Esteban Bara, Francisco. “La universidad como espacio de aprendizaje ético” en Revista Ibero Americana de Educación . Número 29. pág.34. 2002


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-Valoración positiva de las relaciones personales profundas. Hay que sensibilizar a nuestros alumnos para que se sientan capaces de actuar en relación al otro, con formas respetuosas y amistosas. Para que sean capaces de aprender de los otros, de sus críticas, para que exista una tolerancia razonable. Compartimos con Rogers la idea de que el trato con los demás en un ambiente de aceptación ayuda a la comprensión de uno mismo y esta comprensión permite la superación de las dificultades. El alumnado debe estar consciente que forman parte de un todo que es la sociedad, en la que necesitarán desarrollarse. Que tienen una responsabilidad con la sociedad a la que le deben un aporte creativo a fin de lograr el “Bien Común” que propone el ideario de nuestra universidad y que como docente de Derecho le trasmitimos como conocimiento. Nuestros alumnos se deben ver como parte de esa sociedad pero a su vez, es necesario que como docentes fomentemos esa participación desde las aulas universitarias en programas de ayuda humanitaria y servicio social bien encauzado. “La universidad ha sido, desde sus orígenes, la encargada de formar profesionales y especialistas en diversas áreas del conocimiento, y hoy debería ser también la encargada de la formación de auténticos ciudadanos, responsables y comprometidos éticamente con la realidad social que les rodea”26 En todos estos procesos, tal y como lo hace el terapeuta que practica la Psicología Humanista, los docentes debemos asumir una posición empática, de autenticidad y aceptación. La terapia rogeriana requiere de ciertos atributos que son:27 1.-La empatía: definida por el diccionario como “la capacidad psíquica de situarse en el lugar de otra persona o cosa. Capacidad de compartir un estado de ánimo ajeno”. Al respecto dice Rogers: “Si analizamos y lo evaluamos, no lo comprenderemos; pero cuando alguien comprende cómo me siento y parece ser yo, sin querer analizarme o juzgarme, entonces puedo crecer en este clima. Estoy seguro de que no me encuentro solo en ese sentimiento. Creo que cuando el orientador puede entender la experiencia que está ocurriendo momento a momento en el mundo interior del paciente, como él la ve y la siente, sin perder la individualidad de su propia identidad en ese proceso empático, es probable que el cambio tenga lugar”28 26

MARTÍNEZ, Marín Miguel, Buscarais; Estrada, María Rosa y Esteban Bara, Francisco. “La universidad como espacio de aprendizaje ético” en Revista Ibero Americana de Educación . Número 29. pág.23. 2002

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MARQUEZ, Lemus Liliana. La tercera Fuerza: la psicología humanista. Universidad Autónoma de México 28 LOFARGA, Corona Juan; Gómez del Campo, José. Desarrollo del Potencial Humano. Ed. Trillas. Vol. 2. pag. 125


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Como docentes empáticos debemos manifestarnos sensibles hacia las necesidades, sentimientos y circunstancias de nuestro educando, ya que con ello estamos trasmitiendo la importancia que tiene para nosotros ese alumno y valorándolo como ser humano en todo su significado. Lo que equivale a decir que debemos ser capaces de vivir las circunstancias de vida de nuestro alumnado. Desde este punto de vista debemos ponernos en el lugar del alumno, ya que muchas veces se nos olvida los ímpetus de juventud que alguna vez tuvimos y queremos tratarlos como “niños grandes”, pretendiendo que actúen como adultos pero no dándoles la confianza para que se responsabilicen como tales, asumiendo de nuestra parte actitudes poco sensibles y hasta arrogantes. Los docentes debemos tratar al estudiante en función de su propia experiencia interna, pero sobre todo debe tratar de interactuar con su alumno, más allá de un pase de lista, de una exposición temática frente al grupo. Estamos convencidos que en relación a nuestros alumnos deben propiciarse los momentos oportunos para que se den verdaderos “encuentros” que implican entreverar nuestro ámbito de vida como docentes, con el ámbito de vida del alumno a fin de intercambiar posibilidades y que de acuerdo con la filosofía humanista desarrollada por Alfonso López Quintás tiene múltiples exigencias: “ Así entendida, la relación de encuentro no se da automáticamente, como fruto de la mera vecindad. Debe ser creada esforzadamente, mediante el cumplimiento de ciertas exigencias ineludibles: generosidad y apertura de espíritu, respeto, equilibrio entre la fusión y el alejamiento, disponibilidad, veracidad y confianza, agradecimiento, paciencia, capacidad de asombro y sobrecogimiento, comprensión y simpatía, ternura, amabilidad y cordialidad, fidelidad…” 29 Descubrimos que el fomentar el “encuentro” así entendido entre docentes y alumnos, en una relación empática, va a significar fomentar toda esa serie de valores que sugiere López Quintás con lo que estaríamos contribuyendo a la formación como seres humanos de nuestros alumnos. 2.- Congruencia: “Esta se elabora a partir de la experiencia práctica y su representación en la conciencia del individuo”30 Al respecto resulta ilustrativo el ejemplo expuesto por Rogers cuando se refiere a este tema: “Cada uno de nosotros podríamos nombrar personas conocidas que parece que siempre están desenvolviéndose bajo una máscara, que están actuando un papel, que tienen que decir cosas que no las sienten. Están mostrando incongruencia. No nos revelamos muy profundamente ante tales personas. Por otro lado, cada uno de nosotros conoce individuos en quienes de alguna manera confiamos, porque percibimos que ellos mismos están siendo lo que son, que estamos tratando con la persona misma, y no con una máscara de cortesía y profesionalismo. Ésta es la cualidad de la que hablamos, y se supone 29

López Quintás Alfonso .El arte de pensar con rigor y de vivir de forma creativa. Asociación para el progreso de las ciencias. España. Pág. 195 30 MARQUEZ, Lemus Liliana. La tercera Fuerza: la psicología humanista. Universidad Autónoma de México. Mexico. 2002


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que mientras más genuino y congruente sea el terapeuta en la relación, habrá mayores posibilidades de que ocurra un cambio en la personalidad del paciente”31 .Como podemos apreciar ese razonamiento es totalmente ajustado a la realidad que se vive en la interacción entre el docente y el educando. Los docentes debemos ser capaces de vivir de acorde con nuestra realidad y ajustar nuetsra forma de vida a esos valores que tratamos de trasmitir, para servir de referencia de vida al educando. Debemos tener la capacidad de participar en la tarea de cambio de nuestros alumnos, sin caer en la tentación de la manipulación, actuando siempre de forma respetuosa y transparente. 3.- Aceptación positiva incondicional: es el respeto que debemos tener por el alumno como ser humano, que no implica enjuiciarlo sino aceptarlo en su integridad, apreciándolo y reconociendo su igualdad y libertad, Menciona Rogers: “Que es más probable que el desarrollo y el cambio ocurran, mientras más tome el orientador una actitud afectuosa, positiva y aceptante hacia lo que hay en el paciente. Esto significa que él aprecia a su paciente como una persona con una cualidad de sentimiento que en alguna forma es igual a la que un padre tiene por su hijo, apreciándolo como una persona sin hacer caso del comportamiento particular que en ese momento tenga: Significa que se preocupa por su paciente de una manera no posesiva, como una persona con potencialidades”32 Coincidimos en que nuestra actuación como docentes debe estar también caracterizada por un interés incondicional. Finalmente debemos apuntar, que así como la Psicología Humanista reconoce, que para que la terapia dé los resultados pretendidos es necesario que se dé en una atmósfera adecuada “que es la combinación de elementos que existen y que caracterizan la calidad humana de la situación terapéutica”33 también creemos, que es necesario que en el aula se dé la atmósfera apropiada, para que, en un ambiente de seguridad y calor humano, el alumno pueda sentirse a gusto para que externe sus pensamientos y proyecte su libertad. Para ello debemos procurar que la atmósfera de la clase se dé dentro de un marco de respeto, promover la autonomía y el valor del diálogo. “Las sesiones de aula deben representar verdaderas comunidades de aprendizaje con un gestor del proceso, como es el docente, que se encarga de organizar y de controlar las actividades puestas en marcha, de manera que cada persona puede desarrollar sus propias estrategias heurísticas de aprendizaje, al 31

LOFARGA, Corona Juan; Gómez del Campo, José. Desarrollo del Potencial Humano. Ed. Trillas. México. Vol. 2. pag. 123

32

LOFARGA, Corona Juan; Gómez del Campo, José. Desarrollo del Potencial Humano. Ed. Trillas. México. Vol. 2. Pag. 126-127 33 MARQUEZ, Lemus Liliana. La tercera Fuerza: la psicología humanista. Universidad Autónoma de México. México.2002


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tiempo que se comparte entre todo el grupo una manera de trabajar y de aprender un discurso propio concreto de esa comunidad de aprendizaje”

Las anteriores reflexiones nos llevan a concluir que el proceso de enseñanza aprendizaje, en el que como docentes jugamos un papel importante, desde la perspectiva humanista, debe ser un proceso centrado básicamente en el alumno a fin de lograr su desarrollo integral. Porque si nosotros somos importantes más lo son ellos. Al respecto coincidimos con la apreciación del Doctor Lafraga en su artículo “La Educación centrada en el estudiante” quien dice que: “Tal vez parezca pleonástico hablar de un proceso educativo centrado en el estudiante. Si no está centrado en éste, ¿dónde podría estarlo?” 34

Conclusiones 34

LOFARGA, Corona Juan; Gómez del Campo, José. Desarrollo del Potencial Humano. Ed. Trillas. México. Vol. 2. pag. 263.


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Al finalizar la realización de este ensayo podemos llegar a las siguientes conclusiones: La Psicología Humanista centra su atención en la singularidad del hombre y en su autorrealización como una postura alternativa entre el psicoanálisis y el conductivismo, dejando de lado lo postulados mecanicistas, atomistas, deterministas, reduccionistas para resaltar las posturas holista, sistémica y.constructivista, postulados que permite revalorizar la posición del ser humano. Es una fuente de enriquecimiento para la comprensión del inabarcable misterio de lo humano. La revisión realizada de algunos de los postulados de la Psicología Humanista nos lleva a concluir que su principal preocupación es lograr la realización del ser humano como tal. La posibilidad de aplicar la Psicología Humanista al salón de clase nos parece totalmente viable, pero tendrá que ser un llamado a los que nos dedicamos a la docencia, para que nos demos la oportunidad de romper con ciertos modelos ya establecidos a fin de permitir, que nuestros alumnos se autorrealicen, siendo responsables y libres. Los contenidos temáticos de la Psicología Humanista nos han de permitir fomentar la preocupación por nosotros mismos, por otras personas y por el mundo natural, nos ha de permitir ser creativos desde la cotidianidad de nuestros días, tener una mayor apertura hacia nuevas ideas. En general ha de servir de inspiración para trasmitir una serie de valores a nuestro alumnado, que por su parte ha de “darse cuenta” de su existencia, de su dignidad humana, de su “yo mismo”. La Psicología Humanista nos interpela para que tomemos conciencia de nuestro “yo mismo” y hagamos conciencia en nuestros estudiantes para que descubran su “yo mismo”; para que nos quitemos las “máscaras” como docentes e invitemos a nuestros educandos a quitarse las suyas. A descubrir nuevos métodos de enseñanza en los que valoremos la integridad humana de nuestros estudiantes, que han de ser los actores principales de esta relación, porque la educación ha de estar centrada en ellos que son la esperanza del mañana y a los que le apostamos la construcción de un mundo mejor, ya que coincidimos con Rogers, quien dice:

“En la actualidad, me encuentro realmente fascinado con lo que, estoy convencido, es un fenómeno de lo más significativo: veo el surgimiento de un nuevo hombre, mismo que considero es la persona del mañana”.35 En lo particular, también le apostamos a esa persona del mañana, que la vemos hoy, en esos alumnos sentados en el pupitre del salón de clase y con los que día a día interactuamos en aras del proceso enseñanza aprendizaje.

BIBLIOGRAFÏA

35

LOFARGA, Corona Juan; Gómez del Campo, José. Desarrollo del Potencial Humano. Ed. Trillas. México. Vol. 1. pag. 222.


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LA PSICOLOGIA HUMANISTA Una inspiraci贸n para aplicar en el sal贸n de clase

LA PSICOLOGÍA HUMANISTA EN EL SALÓN DE CLASE  

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