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Narrativa_completo

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178 Narrar y aprender historia El supuesto de que la narrativa puede insertarse en el currículo se da bajo la premisa de que la explicación histórica se expresa de manera natural en la narrativa, y que toda narrativa expresa una forma de razonar y de configurar la realidad. Esta inferencia epistemológica de la historia nos lleva a pensar que cualquier propuesta pedagógica tiene que contemplar “los hechos históricos” inmersos en una narrativa, en la cual estos hechos “adquieren significación por su posición en el eje del relato, es decir, en el tiempo”.41 La historia es ante todo reconstrucción de los saberes culturales. Antes que la suma de descubrimientos de fuentes históricas, la historia problematiza a la realidad para poder comprenderla. Así pues, su enseñanza debe priorizar la reconstrucción del conocimiento por encima de la retención o transmisión de información; el alumno debe formular interrogantes antes que memorizar, debe recrear una interpretación mediante la profundización de un problema para que comprenda la realidad en sus múltiples particularidades. La eficacia de la narrativa se encuentra en el hecho de que un problema histórico puede abarcarse tan ampliamente o tan profundamente como se pretenda. Si ponemos por caso el movimiento estudiantil de 1968 en México, éste se puede trabajar desde su nivel más concreto, mediante las historias o relatos de los actores sociales de ese momento, o bien, se puede analizar como parte de la política autoritaria y represiva del gobierno mexicano de esa época; también nos podemos detener minuciosamente en lo que sucedió el 2 de octubre —fecha muy importante de este movimiento social. Desde cualquier perspectiva, lo particular debe estar inserto en una problematización que nos permita su contextualización. Pero entonces, ¿qué es lo que nos brinda la narrativa como una opción en la enseñanza de la historia? Es, ante todo, un enfoque interpretativo del conocimiento histórico, más que una serie de informaciones que puedan ser útiles —o no. La narrativa posee un poder transformador y nos pone en contacto con otras experiencias. Por ejemplo, cuando un historiador se enfrenta a los textos de otro, vive la experiencia del otro, le produce dudas e incluso transforma sus propias ideas, pero, sobre todo, genera nuevas interrogantes: “yo me identifiqué con las ideas de otra persona expresadas abstractamente y sin la mediación de los personajes humanos imaginarios. No

La función de la narrativa en la educación. Capítulo 4  
La función de la narrativa en la educación. Capítulo 4  
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