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A Diana. Agradecimientos especiales a Manuel y Vicenta que hicieron posible este libro.


na de las grandes virtudes de este magnífico libro de Elgar Utreras Solano es el temperamento, que como un experimentado boxeador, tiene en su memoria la regla primera de todo combate, esa que ordena levantarse sin dudar cuando a uno lo tumban al piso porque ese es el único modo de poder continuar; y así procede el autor de La Casa en su lucha con las palabras. Lleva adelante su cometido de mostrarnos el horror de un infierno particular que no deja de lado la belleza y la ternura a fin de que el contexto del discurso poético sea pleno y sin fisuras. Es una alta responsabilidad la que sostiene Elgar Utreras Solano cuando arremete contra las palabras, cuando se decide a experimentar con ellas a fin de que el lenguaje otorgue ese brillo singular para que en el papel quede dicho; él no desconoce los riesgos cuando lo que intenta es recrearse desde las profundidades de una lengua, cuyo paisaje ha sido desmontado de un solo golpe eléctrico, zona inquietante del propio dolor no apetecible de ser visitada, un espacio que ordena las imágenes más crudas y demoledoras, aquello que rompe por salir, buscando el milagro del aire fresco. Un coraje recto es lo que se requiere para desarropar el alma y poner en acto una desgarradura poderosa que reclama, grita, susurra, indica y plantea un informe de situación como aquel combatiente que recién llegado de las líneas enemigas presenta el detalle de lo que acaba de observar. No hay otro modo de hacerlo, y esa es la consigna de Utreras, el vate que pone el cuerpo sin dudar y se reconstruye en su batalla interior e informa con exactitud dándole oportunidad a su voz entera, y si cae en el intento sabe con certeza que debe levantarse una vez más porque es un viejo conocedor de las potencialidades que encierran las palabras en su tensión exacta para que el verbo estalle y derrame. Hay versos elocuentes que grafican esto que digo con mayor soltura de la que pueden mis palabras: "El cerebro patéticamente desnudo/ en una radiografía decantará los vuelos reservados/ para otros instantes". Dura confesión que el poeta arroja sobre la tierra yerma y pone en tensión el cable que aún lo liga a la luz para acabar con el desamparo. O este otro: "Ella sobre los rosales siembra pájaros multicolores/


que hablan mi lengua trabada y secreta". Aquí sale a buscar con los jirones de su piel a cuestas porque intuye, siempre intuye el poeta que detrás del espejo hay un amor que espera que el sentido regrese y se aleje más allá de la congoja. Se trata de un texto duro como un látigo de viento que nos incluye y nos propone hacer un recorrido que no será fácil porque su urdimbre verdadera tiene la nunca vana pretensión de intentar resolver aquellos acertijos que solo a través de la lengua pueden sacarnos del abismo. Hay un ritmo, una cadencia que acompaña todo el recorrido de lectura que es notable y prefigura, desde la eterna conciencia del carácter colectivo que habita en las palabras, una estética cuya razón mayor es la obstinación por no diluirse ni sucumbir y ante todo, como alegato liminar del discurso, seguir adelante, a tientas si es preciso, pero jamás abandonar la dignidad que lo distingue. El poeta sabe de todo esto y no es poco lograr sostenerlo sin caer en la demagogia ni en el artificio. Elgar Utreras Solano es como un moderno Prometeo con su piedra propia y sabe que el arte siempre tiene razón, y es por ese motivo que tiene mano diestra para ofrecernos su corazón sangrante; el dice de manera magistral su convencimiento y su lucha interior en este hermoso verso: "Miles están de pie/ tengo mis sueños de testigo/ mis manos y mis vuelos". Léase este libro urgentemente porque de su hechizo tal vez saquemos, además del placer por la poesía, una radiografía exacta de nuestra propia finitud como especie.

Sergio Pravaz. Rawson. Patagonia Argentina.


A veces espero el sueño eléctrico Con que me sentencian a diluirme Y está bien Porque a veces juegas sucio Me dejas desnudo Mis manos estériles Sin parirme una vez más Tus vestidos rozan mis nervios Como mujer que sabe del futuro Para enterrarme como enfermo de guerra Le viene a cada tiempo un poco de soledad Y borrón Los días pasan como vidrios llenos de bichos muertos El sopor es la especialidad de la casa Las visitas amenizan el plato fuerte Los fabricantes del sueño trabajan en la cocina De un viaje sin memoria Así los días pasan cuando se te ocurre Agitar las pulseras del desaliento Nos movemos a un ritmo Que no pueden parar Me enseñas el abecedario Al oído Tan leve.


Vienes siempre cuando las hojas de mi interior Han caído y las sombras crecen como edificios En el ramaje de mi cerebro Mi padre busca explicaciones Hasta detrás de los eclipses Mi madre sólo calla Purísima desesperanza La que toca Tus vestidos acarician Mi catedral En la que recojo Una campana.


Hay un nervio roto en el extremo De esta casa Montón de guijarros Y las palabras están con la clave perdida ¿Cómo estás hoy? ¿Tienes algo que decir? Responde una mudez azul Y la semana ¿Qué tal? La espera Es estarse de vacaciones en el infierno Quizás sea todo una tormenta en la selva Un par de chicas asustadas Alguna víctima de robo Manejemos todas las posibilidades Mientras el vigor está en la dosis diaria No recuerdo si pasé por esto antes ¿Ud. Tendría la gentileza de decírmelo? Aquí es de lo único que se habla Las rosas no impresionan a nadie Ni los gatos La música estaría bien Hablar un poco más con los amigos ¿Ya se van? ¿No podrían quedarse un segundo más? Sin embargo así se va en este avión Un nervio hecho trizas Y este montón de guijarros


La tribu sin nombre partió cargando los hijos Que sembró en mi cabeza Yo los cogí tembloroso Y sin un peso Era mi solaz el verlos alejarse con los ojos cerrados Todo terminaba con un ojo abierto La casa era el lugar donde me perdía Como un cisne de Martínez Era el perfecto gato de porcelana Que fugado de sí y de la dama Miraba por su ventana Una ciudad que no le era propia Llena de tejados ausentes Luminosos baldíos Rostros de angustia Que fueron como viejas compañías La luz confusa de la luna Entraba en el cuarto Según no me engañan los recuerdos Aunque no son de confiar Dije algunas cosas para mí Y me eché a volar.


El vigilante se sumerge en su ojo Junto al bulto de ropa que me he vuelto Distorsionando la luz de mis zapatos Ahora recuerdo a mi abuela Que del rescoldo sacaba sus crías Es un pensamiento pasajero sin boleto El que queda dando vueltas sobre la mesa Donde nos reunimos a comer No se siente el filo sobre la carne Ni las trizas del último cometa Él también recuerda en otra lengua Él también sabe de su abandono Cuida al detalle Su soledad para no empañar la mía.


La casa es una soledad inyectable Que aliviana por cuenta controlada El temporal que me arrastra hacia repeticiones Incontables Me siento a la sombra de un ciruelo Que me recuerda a un amigo muerto Las horas se tornan en un hambre de amor Mientras estรกs tan lejos mi chiquilla Mirarme las manos es el pasatiempo Y las horas son de un hambre de amor que ni te cuento Todo el mundo pasa afuera Alzado en banderas Y estoy tan lejos de la marcha Sin la llave hasta hacerme un grito.


Sin ser santos lloran su propia sangre Mundanal dolor que se inscribe En los cromosomas ¿Esperas no salir premiado? Ojalá tengas suerte Sería una lástima otro mártir Mira que ya conozco varios Con la tarjeta marcada Un zorzal se posa ingenuamente Sobre el banco del patio de esta casa En medio de los edificios.


Serafines feroces están de pie junto a mi cama Para soñar la breve muerte No basta que en la mesa se oculten Las palabras Porque descifrarás bien el truco En mi representación de Houdini Vértigo es todo lo que me dices Vértigo de pájaro sin cielo Vértigo de caer siempre en el mismo lugar De escuchar la misma cancioncita De apostarse a la tarde de esta soledad Obligada y prescrita con receta retenida.


Desenterrará el puñal con que abrí la herida Me hará hablar bajo la luz como víctima Y criminal de mi propio crimen El cerebro patético desnudo En una radiografía decantará los vuelos reservados Para otros instantes Las desapariciones y carreras Mis piernas se han hecho fuerte con la demencia De una flor sin saber su identidad Mientras la casa es un ataúd Los muertos fuman Esperando las visitas.


Ella viene por mí disipando las oscuridades Que has dejado tiradas Viene con la ternura de la tarde y el alba Y es una fiesta que parece incontenible Que pone olvido a los pasillos de la soledad A los vigías Que rodean los jardines Ella sobre los rosales siembra pájaros multicolores Que hablan mi lengua trabada y secreta Me recoge como una hoja Para guardarla en el libro de poesía Que le regalé 12 años atrás.


Sentado en la misma piedra Me hago más piedra Y preguntan con insistencia por qué Y no les sé responder Me brotan musgos Uno que otro gorrión se posa Como queriendo buscar conversación Pero ya no recuerdo como empezar a hablar Y estos sueños eléctricos Que de tanto desaforar la noche Me sumen en olvidos primarios Y allí están otra vez ¿Cómo te sientes hoy? Finjo responder en su idioma Mi habla siempre asido al aire También sabe de antiguas tardes De amigos que ya partieron Donde el vino de ayer es polvo en la garganta La piedra que me crece asume mis propósitos Y ha brotado musgo bajo la lluvia.


Suelta la cuerda El abismo no es tan terrible Y no estás tan solo como crees Miles están de pie Tengo mis sueños de testigo Mis manos y mis vuelos Siempre hay alguien de buen corazón esperando Invéntate el viento las tardes junto al estero Hazlo Invéntate las noches ebrias en que la civita Es un buen lugar para vivir Dale un ojo a la mañana Con la llave que abre tus días Que cada cual va a lo suyo Y yo desde la ventana sigo mirando las hojas Cayendo en el estanque.


Ya hemos pasado por esto antes Es un malabar donde se rasgan Las intenciones y quedan a polvo Es lo de siempre en su mutilación favorita De los ideales que parecen carecer De toda la fuerza con que se inyectan Mis sueños son tan pobres como para pedir caridad Aunque siempre estás presente Descubro tu cansancio Tus palomas rotas en tu bolsito verde Queriendo soplar Tus dedos escrituras en mis manos Como si invocaras la risa en esta habitación Y de pronto lo lograrás Todo salido de mí Casi en una fugaz eternidad Me doy sin pensarlo A tu movida Llegada la hora Adiós Y yo leo ciego Mis manos.


En esta casa Siempre estoy cavando El gato negro que me lleva Se pasea por el muro de la casa vecina A través de sus ojos veo el mundo La lucha en la que debería estar Pero me consume esta derrota En pequeñas porciones De estímulo se disparan Contra el hambre Y la maldita injusticia se repite Como un programa de TV Todo me dice que la calle es el instante A vivir Que la calle es el momento a respirar La calle mi voz Mi fuerza la de los otros Los pasillos empañados no dejan ver la luz.


Jinetes de doble filo apuntan Contra la doncella de cartón Que cuelga en la pared Filo que cruza mis venas Explora un caudal Los vigilantes el temor ¡Ardor por la cabeza! ¡Piedras del exilio! ¿Jirafas saboreando el tronco de la jaula? ¿El miedo del hipopótamo en celo? …3,2,1...


Mensajero del sue帽o Dale a mis venas su visi贸n Navegar sin miedo Esta noche busco Algo que me haga descansar Mi agitaci贸n despierta gatos incinerados Y a cu谩nto muerto encuentro a mi paso Vamos Dame el aguijonazo del reposo Ya he pagado mil veces el precio.


De la ausencia blanca con que me pusieron A pestañar Al más mundano de los espejos Que muestra mi cara Apenas recordada Cuando se atrevía a fingir Su mueca Tras la quietud de las puertas Los vigilantes fuman a escondidas Su noche El que pasa silencioso por los pasillos De esta casa rota Extravió el abecedario de sus manos.


De qu茅 hablar Si le da por porfiarme con esta angustia terrena Y de alturas como ojos quebrados De minero al sol Un mont贸n de nervios Que traquetea con el viento No negar茅 que a veces encuentro consolaci贸n En la mujer cuyos dedos Dibujan en la luz su nombre.


Ud. sabe como anestecian los sentidos En esta casa Ud. indica para que los ojos Traguen un poco de luz Tengo la idea que no he cumplido con la tarea Aunque me falte ese reposo del que tanto hablamos Me voy lento lento tan lento Vacío con que se intoxican mis venas Un vacío que me viene escrito Descolorido sin sabor Lejos de una tarde frente al mar Ud.lleva la cuenta de mis caídas y cuánto me cuesta Sabe que tengo perdido el cielo El temblor en todo el cuerpo La llave en la mano La salida en el corazón.


Deambular por ahí Entre parajes Con pesadillas de soldado Buscar una dormida La luna está fija Sobre la ventana No lleva a ningún lado Recorrer la casa Las cámaras tienen el registro Estoy tan cansado Te pido que no me veas así Pero el ácido me juega de equilibrista Cada pastilla en su momento Hace lo suyo Para no quitarme de este lado Donde te sigo amando Y la noche es tan larga Que tengo mucho amor Aunque no estés.


La distancia Acostumbrada a dormir Ya no espera Te digo como un desposeído Que tiene una caja de zapatos y un libro negro Poemas: Regálame tu noche en la urgencia Lo único que puedo poseer Despojarme como vino sobre la mesa Volver a sentir frío Como un combatiente Un resto de vida en su fusil Volver a casa para la cena Ángel desgarrado entre las manos Las campanas hacen vibrar los vidrios El encierro es tremendo Las palabras son cenizas.


El silencio os personajes solitarios que habitan los diversos y tensos espacios compositivos, los objetos, las texturas, los elementos simbólicos que pueblan cada una de sus composiciones, funcionan en la obra de Maximo Beltrán como ecos lejanos de un tiempo ya olvidado que se aferra de manera desgarradora a nuestro presente. La composición jugada en blancos y negros extremos nos sacude de forma directa y es por medio de sus silencios que se aglutinan de manera coherente cada uno de estos trabajos. Es justamente este silencio, el que a la manera de un hilo conductor nos lleva a recorrer estos temas cargados de reminiscencias. Es allí donde un halo trágico subyace por detrás de esa apariencia apacible. Este salto de obra en obra que nos deposita en el final del recorrido, nos lleva a un viaje interior en donde como simples espectadores no podemos más que apropiamos de esta experiencia absolutamente conmovedora para reflexionar sobre todo el contenido de la misma. Leonardo Mezzetti


Libro  

Libro La Casa de Elgar Utreras - poesía Máximo Beltrán - fotografía

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