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La Revista de la Escu Abril 2012

Ă?ndice


A 9 años de la Tragedia que Invadio Santa Fe Hoy es un día muy triste para la ciudad de Santa Fe. Es que se cumplen 9 años de una de las peores inundaciones de las que se tenga memoria en la provincia, la de 2003.

El 29 de abril del año 2003 ocurrió la gran y trágica inundación de la ciudad de Santa Fe, capital de la provincia homónima de la República Argentina. Casi 1/4 del casco urbano se anegó. Sólo luego de dos semanas las aguas descendieron. La catástrofe se produjo por la furia del clima, pero también por faltas de medidas adecuadas para prevenir la eventualidad de una peligrosa crecida del Salado. Largos períodos sin grandes crecidas estimularon la ocupación de parte del valle del río Salado. Desde hacía más de diez años no se medían las alturas y los caudales del río. Entonces, por una desgraciada convergencia de distintos factores ocurrió la tragedia. Ocurrió la destrucción, la desesperación, aun no se conoce con exactitud la cantidad de muertos. La acumulación de agua en la ciudad de Santa Fe se debió también al terraplén de una avenida de circunvalación, que obró como un embalse impidiendo el escurrimiento del agua, por lo cual tuvo que ser volado en tres puntos. Algo similar sucedió con un terraplén de defensa contra inundaciones. El desastre debe servir como experiencia, tanto en esa provincia como en el resto del país, para valorar las políticas de prevención y comprender que lo que se gasta en ellas es una inversión que evita costos económicos y humanos en el futuro.


“La boca del cielo se abrió. Desaforadas lluvias inacabables se precipitaron sobre la tierra. Y sobre un río: el Salado; y sobre una ciudad: la ciudad de Santa Fe; y sobre alrededor de 100.000 destinos, que debieron huir del agua sin piedad que avanzó como un incontenible dragón avasallador” Palabras de la maestra Victoria F. (Esc. Juan de Garay)

Empezar de Nuevo. Yo le tenia miedo a la oscuridad, hasta que las noches se hicieron largas y sin luz. Yo no resistía él frió fácilmente, hasta que aprendí a subsistir en ese estado. Yo le tenia miedo a los muertos, hasta que tuve que dormir en el cementerio. Más aún, yo le tenía miedo al espanto, hasta que tuve que dormir en el crematorio. Yo sentia rechazo por los rosarinos y los porteños, hasta que me dieron abrigo y alimento. Yo tenia rechazo por los judíos, hasta que me dieron medicamentos para mis hijos. Yo lucia vanidoso mi pulóver nuevo, hasta que se lo di a un niño con hipotermia. Yo elegía la comida cuidadosamente, hasta que tuve hambre. Yo desconfiaba de la tez cobriza, hasta que un brazo fuerte me saco del agua. Yo creía haber visto muchas cosas, hasta que vi a mi pueblo deambulando sin rumbo por las calles. Yo no quería al perro de mi vecino,


hasta que aquella noche lo sentí llorar hasta ahogarse. Yo no me acordaba de los ancianos, hasta que tuve que participar de los rescates.

Yo no sabia cocinar, hasta que tuve enfrente mío una olla con arroz y niños con hambre. Yo creía que mi casa era más importante que las otras, hasta que todas quedaron cubiertas por el agua. Yo estaba orgulloso de mi nombre y apellido, hasta que todos nos transformamos en seres anónimos. Yo casi no escuchaba radio, hasta que fue la que mantuvo viva mi energía. Yo criticaba a los bulliciosos estudiantes, hasta que de a cientos me tendieron sus manos solidarias. Yo estaba seguro de cómo serian mis próximos años, pero ahora no tanto. Yo vivía en una comunidad de clase política, pero ahora espero que se los haya llevado la corriente.

Yo no recordaba el nombre de todas las provincias, pero ahora las tengo en mi corazón. Yo no tenia buena memoria, tal vez por eso ahora no recuerde a todos. Pero tendré igual lo que me queda de vida, para agradecer a todos. Yo no te conocía, ahora eres mi hermano.


Teníamos un rió, ahora somos parte de él. Es la mañana. Ya salió el sol y no hace tanto frió. Gracias a Dios. Vamos a empezar de nuevo. Carlos Guillermo Garibay


Revista Abril - Prueba