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Photographer Max Donoso has specialized in the publication of books on the cultural heritage of Chile, including Parques y Jardines de Chile; Cousiño, Huellas de la Familia; Iglesias del Desierto; Iglesias y Capillas del Valle Central; Iglesias del Fin del Mundo; Chile, Geografía Industrial y Tecnológica and Iglesias de la Antigua Ruta de la Plata. He also collaborated in Casas de Campo Chilenas and Teatro Municipal de Santiago, 150 años.  His career  includes seminars and photography exhibitions in Chile and abroad.

ZAPALLAR

rincones y recuerdos El fotógrafo Max Donoso se ha especializado en la edición de libros sobre el patrimonio cultural de nuestro país; entre sus publicaciones destacan Parques y Jardines de Chile; Cousiño, Huellas de la Familia; Iglesias del Desierto; Iglesias y Capillas del Valle Central; Iglesias del Fin del Mundo; Chile, Geografía Industrial y Tecnológica e Iglesias de la Antigua Ruta de la Plata. También ha colaborado en los libros Casas de Campo Chilenas y Teatro Municipal de Santiago, 150 años. Su trayectoria incluye seminarios y exhibiciones de fotografía en Chile y en el extranjero.

Edgardo von Schroeders y Josefina Sutil, ligados por historia, corazón y tradición familiar a Zapallar, amigos de infancia y movidos por un cariño entrañable al lugar, deciden hacer este libro desde una mirada nostálgica; perpetuando así en evocadoras imágenes patrimoniales y en espectaculares fotografías de Max Donoso, la magia, esencia y encanto de este particular rincón de la costa central en Chile.

Edgardo von Schroeders and Josefina Sutil have been close friends since their early childhood. Both connected by history, feeling and family tradition to Zapallar, and moved by a deep love for the place, have been long working on this book which is meant to capture, through a nostalgic inspiration and the spectacular pictures of Max Donoso, the magic, essence and charm of this particular corner of Chile’s central valley.

ZAPALLAR rincones y recuerdos


ZAPALLAR rincones y recuerdos


ZAPALLAR rincones y recuerdos

PRODUCCIÓN EDITORIAL Edgardo von Schroeders Edwards Josefina Sutil Servoin

TEXTO HISTÓRICO Olaya Sanfuentes Echeverría

FOTOGRAFÍAS Max Donoso Saint

DISEÑO Y PRODUCCIÓN IMAX BRANDING


ZAPALLAR rincones y recuerdos

PRODUCCIÓN EDITORIAL Edgardo von Schroeders Edwards Josefina Sutil Servoin

TEXTO HISTÓRICO Olaya Sanfuentes Echeverría

FOTOGRAFÍAS Max Donoso Saint

DISEÑO Y PRODUCCIÓN IMAX BRANDING


MIRADA HISTÓRICA

10

RECUERDOS 72 BORDE COSTERO

75

CERROS PARQUES Y PUEBLO

123

CASAS Y JARDINES

157

TRADUCCIÓN AL INGLÉS

245


MIRADA HISTÓRICA

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RECUERDOS 72 BORDE COSTERO

75

CERROS PARQUES Y PUEBLO

123

CASAS Y JARDINES

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TRADUCCIÓN AL INGLÉS

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Nuestro especial agradecimiento a Carlos Cousiño Valdés, quien con el mismo espíritu generoso y altruista de don Olegario Ovalle, dio la partida a este proyecto.

Gracias a:

ZAPALLAR

Paulina Morales Errázuriz, Víctor Vial del Rio, Elizabeth Subercaseaux Somerhoff, Federico Ringueling Hunger, Jorge Edwards Fernández de Castro, Roberto Guzmán Lyon, Carlos Casanueva Tagle, Francisca Noé Echeverría, Andrés Prieto Pérez, Elisa Ureta Valdés, Rosa Pérez Carvallo, Inés Fierro Carrera, Jaime Molina Araya, Gabriela Echeverría Baeza, Angélica Landa Concha, Mina Vega de Figueroa, Sofía Sutil Alcalde, Adriana Sutil Alcalde, Juan Sutil Alcalde, Mignonette Saavedra Livoni, Noelle Echeñique Saavedra, Verónica Vicuña Pérez, Nemesio Vicuña Ureta, María Angélica Vicuña Ureta, Marta Montt Balmaceda, Diego José Fontecilla Sutil, Pilar Rodríguez Subercaseaux, Mónica Bosselin Pereira, Cecilia Puchi Reyes, José Subercaseaux Salas. Algunas de estas personas ya no están con nosotros y otros tantos puede que se nos olviden… Este libro ha tardado por diversos motivos, doce años en imprimirse.

JOSEFINA SUTIL SERVOIN EDGARDO von SCHROEDERS EDWARDS

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Nuestro especial agradecimiento a Carlos Cousiño Valdés, quien con el mismo espíritu generoso y altruista de don Olegario Ovalle, dio la partida a este proyecto.

Gracias a:

ZAPALLAR

Paulina Morales Errázuriz, Víctor Vial del Rio, Elizabeth Subercaseaux Somerhoff, Federico Ringueling Hunger, Jorge Edwards Fernández de Castro, Roberto Guzmán Lyon, Carlos Casanueva Tagle, Francisca Noé Echeverría, Andrés Prieto Pérez, Elisa Ureta Valdés, Rosa Pérez Carvallo, Inés Fierro Carrera, Jaime Molina Araya, Gabriela Echeverría Baeza, Angélica Landa Concha, Mina Vega de Figueroa, Sofía Sutil Alcalde, Adriana Sutil Alcalde, Juan Sutil Alcalde, Mignonette Saavedra Livoni, Noelle Echeñique Saavedra, Verónica Vicuña Pérez, Nemesio Vicuña Ureta, María Angélica Vicuña Ureta, Marta Montt Balmaceda, Diego José Fontecilla Sutil, Pilar Rodríguez Subercaseaux, Mónica Bosselin Pereira, Cecilia Puchi Reyes, José Subercaseaux Salas. Algunas de estas personas ya no están con nosotros y otros tantos puede que se nos olviden… Este libro ha tardado por diversos motivos, doce años en imprimirse.

JOSEFINA SUTIL SERVOIN EDGARDO von SCHROEDERS EDWARDS

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Cuadro Pablo Vidor, 1960. Colección particular.

PRÓLOGO

ZAPALLAR

Hace poco más de cien años don Olegario Ovalle Vicuña, dueño de la hacienda en que esta encantadora caleta se encuentra, tuvo un sueño inspirador: el de embellecer aún más la naturaleza, de por sí ya prodigiosa. Y por obra de su bastón, tesón y pecunia, convertirlo en un balneario en toda regla como los más bellos de Europa. Gracias a él y al buen ojo y gusto de muchos otros es que por generaciones hemos podido gozar de este sueño. La idea de hacer este libro que también fue soñado, es perpetuar en imágenes la magia que el lugar derrocha. Y como hacer un libro es un trabajo en equipo, muchas fueron las personas que haciendo uso de sus mejores recuerdos, nos abrieron corazones y baúles para sacar de ellos anécdotas y fotografías, alentándonos a realizarlo. El fin de este libro es mostrar lo que la naturaleza y el buen uso que de ella hicieron estos hombres con su delicadeza y visión, continúe en el tiempo para goce de muchos. Zapallar es mágico y así lo captó en sus fotos Max Donoso, con su sensibilidad de artista. Parte del equipo que por años trabajamos en este proyecto, tuvimos la suerte de dar nuestros primeros pasos por sus calles sinuosas, bosques umbrosos y arena dorada. Conocimos a sus personajes, jugamos en casitas y mansiones de cuento formando parte de su mitología. Por eso, sólo esperamos que la magia siga y toda obra que en el lugar se emprenda sea inspirada en el bien de todos; que prime el buen gusto por sobre la mezquindad y la visión de futuro basada en su historia. Gracias a todos quienes hicieron posible este libro… Y a los sueños. JOSEFINA SUTIL SERVOIN EDGARDO von SCHROEDERS EDWARDS

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Cuadro Pablo Vidor, 1960. Colección particular.

PRÓLOGO

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Hace poco más de cien años don Olegario Ovalle Vicuña, dueño de la hacienda en que esta encantadora caleta se encuentra, tuvo un sueño inspirador: el de embellecer aún más la naturaleza, de por sí ya prodigiosa. Y por obra de su bastón, tesón y pecunia, convertirlo en un balneario en toda regla como los más bellos de Europa. Gracias a él y al buen ojo y gusto de muchos otros es que por generaciones hemos podido gozar de este sueño. La idea de hacer este libro que también fue soñado, es perpetuar en imágenes la magia que el lugar derrocha. Y como hacer un libro es un trabajo en equipo, muchas fueron las personas que haciendo uso de sus mejores recuerdos, nos abrieron corazones y baúles para sacar de ellos anécdotas y fotografías, alentándonos a realizarlo. El fin de este libro es mostrar lo que la naturaleza y el buen uso que de ella hicieron estos hombres con su delicadeza y visión, continúe en el tiempo para goce de muchos. Zapallar es mágico y así lo captó en sus fotos Max Donoso, con su sensibilidad de artista. Parte del equipo que por años trabajamos en este proyecto, tuvimos la suerte de dar nuestros primeros pasos por sus calles sinuosas, bosques umbrosos y arena dorada. Conocimos a sus personajes, jugamos en casitas y mansiones de cuento formando parte de su mitología. Por eso, sólo esperamos que la magia siga y toda obra que en el lugar se emprenda sea inspirada en el bien de todos; que prime el buen gusto por sobre la mezquindad y la visión de futuro basada en su historia. Gracias a todos quienes hicieron posible este libro… Y a los sueños. JOSEFINA SUTIL SERVOIN EDGARDO von SCHROEDERS EDWARDS

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1896

MIRADA HISTÓRICA 1893

1906

1.

Rincón secreto y protegido, Zapallar se asoma desde las alturas de sus cerros o desde la distancia del camino costero que viene del norte, revelándose como un verdadero tesoro que premia a los sentidos. La vista se deleita frente a la multiplicidad de colores, desde los tonos verdosos de una naturaleza esplendorosa hasta el azul intenso del océano; la fría brisa marina dispersa un suave olor a mar que en algunas partes se mezcla con el de eucaliptos y el de tierra húmeda que mana de las quebradas; el sonido del reventar de las olas y el grito de las gaviotas se acalla frente al silencio de la inmensidad de los cerros. Este es Zapallar, lugar donde la costa del Pacífico se recoge para formar una pequeña caleta y se junta con los cerros de La Higuera y El Boldo, creando un espacio geográficamente cerrado y aislado, que lo convierte en un refugio protegido y de difícil acceso. Su clima y vegetación son únicos, creando una micro naturaleza que fue digna de admiración de todos cuantos la veían y que

1. En primer plano aparece Luis Porto Seguro, cuñado de Olegario Ovalle, observando un partido de tenis en la cancha del Gran Hotel Zapallar.

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10

2.

1896

aún hasta nuestros días no deja de sorprender. Este entorno privilegiado logró atraer a varias familias chilenas y alemanas en busca de climas templados y a otros que veían, en la benignidad del clima zapallarino y el mar como elemento saludable, una cura para saludes frágiles y el fortalecimiento del cuerpo y la voluntad en el frío baño marino. Este famoso clima zapallarino debe su bien ganado prestigio a las temperaturas templadas y uniformes y a la carencia de vientos. Esto se explica por la cadena de cerros que envuelve a la bahía permitiendo su imponderable vegetación y aquella nube casi permanente de la cual algunos veraneantes se quejan hasta el día de hoy. En el Zapallar de antaño, los veraneantes viajaban desde Santiago en forma bastante dificultosa, pero ansiosos de arribar pronto al tan añorado balneario. Algunas familias llegaban por tren hasta La Calera y de ahí, mediante otro ferrocarril más pequeño, que avanzaba por la trocha angosta

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2. Olegario Ovalle Vicuña, fundador de Zapallar.

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MIRADA HISTÓRICA 1893

1906

1.

Rincón secreto y protegido, Zapallar se asoma desde las alturas de sus cerros o desde la distancia del camino costero que viene del norte, revelándose como un verdadero tesoro que premia a los sentidos. La vista se deleita frente a la multiplicidad de colores, desde los tonos verdosos de una naturaleza esplendorosa hasta el azul intenso del océano; la fría brisa marina dispersa un suave olor a mar que en algunas partes se mezcla con el de eucaliptos y el de tierra húmeda que mana de las quebradas; el sonido del reventar de las olas y el grito de las gaviotas se acalla frente al silencio de la inmensidad de los cerros. Este es Zapallar, lugar donde la costa del Pacífico se recoge para formar una pequeña caleta y se junta con los cerros de La Higuera y El Boldo, creando un espacio geográficamente cerrado y aislado, que lo convierte en un refugio protegido y de difícil acceso. Su clima y vegetación son únicos, creando una micro naturaleza que fue digna de admiración de todos cuantos la veían y que

1. En primer plano aparece Luis Porto Seguro, cuñado de Olegario Ovalle, observando un partido de tenis en la cancha del Gran Hotel Zapallar.

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aún hasta nuestros días no deja de sorprender. Este entorno privilegiado logró atraer a varias familias chilenas y alemanas en busca de climas templados y a otros que veían, en la benignidad del clima zapallarino y el mar como elemento saludable, una cura para saludes frágiles y el fortalecimiento del cuerpo y la voluntad en el frío baño marino. Este famoso clima zapallarino debe su bien ganado prestigio a las temperaturas templadas y uniformes y a la carencia de vientos. Esto se explica por la cadena de cerros que envuelve a la bahía permitiendo su imponderable vegetación y aquella nube casi permanente de la cual algunos veraneantes se quejan hasta el día de hoy. En el Zapallar de antaño, los veraneantes viajaban desde Santiago en forma bastante dificultosa, pero ansiosos de arribar pronto al tan añorado balneario. Algunas familias llegaban por tren hasta La Calera y de ahí, mediante otro ferrocarril más pequeño, que avanzaba por la trocha angosta

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2. Olegario Ovalle Vicuña, fundador de Zapallar.

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1896

2.

1918

hasta Papudo, donde eran recogidos por un destartalado coche de alquiler que los llevaba a su destino. El viaje era largo y tedioso, como el de aquellos que viajaban hasta Viña del Mar y de ahí se transportaban en alguna barcaza para atracar en la pequeña caleta de Zapallar. A pesar de estas dificultades los veraneantes iban llenos de expectativas y con el recuerdo de que, para sus abuelos, que debían llegar a Zapallar desde Catapilco en grandes carretelas a cuatro caballos que conducía un tal Andrés Prado, el viaje era aún más difícil. Zapallar ya se había consagrado como balneario. Lo que algún día fue un sueño romántico del visionario don Olegario Ovalle Vicuña, brindaba ahora un enorme gozo y orgullo a quienes disfrutaban de su naturaleza y ambiente familiar durante los meses estivales. Hacia el año 1791 las tierras de Catapilco habían llegado a manos de la familia Vicuña y en 1884, al llevarse a cabo la repartición de los

1. Desde las llamadas Casas Grandes de Olegario Ovalle, vista de la bahía con barcaza “El Cachagua”, nave en que se transportaban los productos agrícolas de la hacienda y se traían materiales de construcción para la fundación del balneario. El león que aquí aparece fue tiempo después adquirido por Matías Errázuriz para su Villa.

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3.

1904

1.

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bienes entre los catorce hermanos, se le otorgó a Olegario la caleta de Zapallar. El heredero viajó a Europa en el año 1892 e influido por su admiración por los pueblos de Biarritz y Saint Tropez, concibió el sueño de que la caleta de su fundo se convirtiera en lugar de veraneo para sus familiares y amigos más cercanos. Con esta idea en mente, se abocaría a regalar sitios a todos aquellos que se comprometieran a construir en ellos una casa y un cerco. El primero que se vio beneficiado fue don Manuel Valledor, vecino de la región que construyó su casa apenas recibió la generosa donación de don Olegario. Con ese afán romántico, pero al mismo tiempo práctico y visionario, don Olegario regaló asimismo algunos solares a familias alemanas convencido de que ellas serían un agente de desarrollo en la región, por su marcado amor a la naturaleza y tesón en su conservación. Entre estos primeros alemanes que llegaron a Zapallar estaba don Federico Johow, connotado naturalista y fundador del Instituto Pedagógico

Nacional quien, seducido por el paisaje y clima de Zapallar, aceptó gustoso la invitación de don Olegario. Don Federico, gran entusiasta del clima zapallarino, decía que de todos los lugares poblados del mundo civilizado, Zapallar es el que posee menos transiciones de temperaturas en las veinticuatro horas. Otro caballero alemán que llegó por aquellas tierras fue don Adolfo Petzold, del negocio más importante de instrumentos musicales de Santiago, quien emigró a Zapallar cuando don Olegario le donó un sitio. Se fue con piano y petacas y se convirtió en el afinador oficial de pianos del lugar, oficio que de seguro no le tomaba mucho tiempo por ese entonces. Junto a los anteriores llegaron los hermanos Adolfo y Julio Moller, arquitecto el primero y gran especialista en plantas el segundo. Don Julio Moller, dueño del Jardín Hamburgo en Santiago, llevó a la costa una variedad de plantas, semillas

13

2. Casa de la hacienda en Catapilco. La caleta de Zapallar formaba parte de ella y pertenecía a la familia Ovalle Vicuña compuesta por catorce hermanos, a uno de los cuales, Olegario, le correspondió en herencia este precioso rincón. 3. Las Casas Grandes de Olegario remodeladas luego del terremoto de 1906.

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1896

2.

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hasta Papudo, donde eran recogidos por un destartalado coche de alquiler que los llevaba a su destino. El viaje era largo y tedioso, como el de aquellos que viajaban hasta Viña del Mar y de ahí se transportaban en alguna barcaza para atracar en la pequeña caleta de Zapallar. A pesar de estas dificultades los veraneantes iban llenos de expectativas y con el recuerdo de que, para sus abuelos, que debían llegar a Zapallar desde Catapilco en grandes carretelas a cuatro caballos que conducía un tal Andrés Prado, el viaje era aún más difícil. Zapallar ya se había consagrado como balneario. Lo que algún día fue un sueño romántico del visionario don Olegario Ovalle Vicuña, brindaba ahora un enorme gozo y orgullo a quienes disfrutaban de su naturaleza y ambiente familiar durante los meses estivales. Hacia el año 1791 las tierras de Catapilco habían llegado a manos de la familia Vicuña y en 1884, al llevarse a cabo la repartición de los

1. Desde las llamadas Casas Grandes de Olegario Ovalle, vista de la bahía con barcaza “El Cachagua”, nave en que se transportaban los productos agrícolas de la hacienda y se traían materiales de construcción para la fundación del balneario. El león que aquí aparece fue tiempo después adquirido por Matías Errázuriz para su Villa.

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3.

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bienes entre los catorce hermanos, se le otorgó a Olegario la caleta de Zapallar. El heredero viajó a Europa en el año 1892 e influido por su admiración por los pueblos de Biarritz y Saint Tropez, concibió el sueño de que la caleta de su fundo se convirtiera en lugar de veraneo para sus familiares y amigos más cercanos. Con esta idea en mente, se abocaría a regalar sitios a todos aquellos que se comprometieran a construir en ellos una casa y un cerco. El primero que se vio beneficiado fue don Manuel Valledor, vecino de la región que construyó su casa apenas recibió la generosa donación de don Olegario. Con ese afán romántico, pero al mismo tiempo práctico y visionario, don Olegario regaló asimismo algunos solares a familias alemanas convencido de que ellas serían un agente de desarrollo en la región, por su marcado amor a la naturaleza y tesón en su conservación. Entre estos primeros alemanes que llegaron a Zapallar estaba don Federico Johow, connotado naturalista y fundador del Instituto Pedagógico

Nacional quien, seducido por el paisaje y clima de Zapallar, aceptó gustoso la invitación de don Olegario. Don Federico, gran entusiasta del clima zapallarino, decía que de todos los lugares poblados del mundo civilizado, Zapallar es el que posee menos transiciones de temperaturas en las veinticuatro horas. Otro caballero alemán que llegó por aquellas tierras fue don Adolfo Petzold, del negocio más importante de instrumentos musicales de Santiago, quien emigró a Zapallar cuando don Olegario le donó un sitio. Se fue con piano y petacas y se convirtió en el afinador oficial de pianos del lugar, oficio que de seguro no le tomaba mucho tiempo por ese entonces. Junto a los anteriores llegaron los hermanos Adolfo y Julio Moller, arquitecto el primero y gran especialista en plantas el segundo. Don Julio Moller, dueño del Jardín Hamburgo en Santiago, llevó a la costa una variedad de plantas, semillas

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2. Casa de la hacienda en Catapilco. La caleta de Zapallar formaba parte de ella y pertenecía a la familia Ovalle Vicuña compuesta por catorce hermanos, a uno de los cuales, Olegario, le correspondió en herencia este precioso rincón. 3. Las Casas Grandes de Olegario remodeladas luego del terremoto de 1906.

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1904

2.

1906

3. 1.

1896

y arbustos que luego poblarían de vegetación los diversos jardines de Zapallar. Parques y jardines zapallarinos, abundantes en plantas y flores, alcanzarían gran fama gracias a la iniciativa fundadora de este alemán, cuyos descendientes son todavía parte del balneario y han heredado ese gusto exquisito por el arte del jardín. Los alemanes hicieron proliferar la vegetación del balneario. No fueron solamente los jardines particulares los que se beneficiaron con su llegada, sino que todo el entorno zapallarino. Los cerros, imponentes por sus grandes dimensiones y hermosa fisonomía, pero secos y marrones, se convirtieron en emblemas del verdor de Zapallar: peumos, olivillos, pitosporos, líquenes y helechos, se aclimataron perfectamente a su nuevo entorno, como si hubieran estado destinados a vivir ahí, enmarcando el azulado paisaje marino con su gama de verdes profundos. Esta vegetación frondosa y perenne conviviría con una fauna característica del lugar: gaviotas que resuenan por toda la caleta y que acompañan

1. La carreta como medio de transporte local. 2. Grupo familiar Ovalle Vicuña. 3. Casa del naturalista Federico Johow, quien hizo una importante contribución al incipiente balneario al clasificar flora y fauna del lugar, aconsejando a Olegario sobre qué especies privilegiar. Formó una completísima colección de pájaros que hoy se exhibe en el museo de ciencias naturales en Berlín.

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hasta el día de hoy las ocasiones de aperitivo frente al mar; el picaflor pequeño tan conocido por los chilenos, junto a otro gigante, que se veía entre las flores del chagual; el chungungo, especie de nutria marina que impresiona a grandes y niños por su aspecto y otras especies más pequeñas como arañas pollito, zancudos y pulgas marinas, con las que los veraneantes han sabido convivir con ingenio y humor. Don Olegario Ovalle hizo un balneario diferente. Desde el momento de su concepción, hacia el año 1892, Zapallar comenzaba su vida como un lugar peculiar que se diferenciaba de otros centros de veraneo. Una primera característica de este lugar era su carácter familiar: los Ovalle y los Pérez, parientes todos del fundador, se establecerían aquí por seis generaciones, junto a las otras familias de amigos y alemanes. Esta continuidad en la permanencia de la familia fundadora es lo que ha permitido conservar el apego a la tierra y el espíritu original que siempre ha caracterizado a Zapallar. El aspecto físico que el lugar fue adquiriendo desde sus

comienzos también le es propio y característico: don Olegario no consultó a arquitectos ni urbanistas, sino que se guió por un sueño y un espíritu que quedó plasmado en cada rincón del balneario. Con la ayuda de su bastón y de Alberto Díaz, se abocó a dibujar las calles y los sitios que regalaría a sus familiares y amigos, lo cual redundó en una irregularidad en el diseño del balneario. Es esta falta de uniformidad lo que le da su carácter y funda su particularidad y encanto. Las casas van surgiendo por aquí y por allá, por los cerros y por las quebradas, desparramadas y cubiertas de una tupida vegetación. El único nexo que tienen estas casas entre sí es un gracioso camino central acordonado con gruesas cadenas de fierro, que recorre Zapallar serpenteando por las quebradas. “Techos rojos, minaretes esbeltos, casitas limpias y alegres que parecen juguetes contemplados desde la altura; manchas verde intenso de vegetación y pinceladas rosa de jardines, forman este paisaje encajado entre cerros, como una colección de piedras finas montadas sobre rocas”, así 15

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y arbustos que luego poblarían de vegetación los diversos jardines de Zapallar. Parques y jardines zapallarinos, abundantes en plantas y flores, alcanzarían gran fama gracias a la iniciativa fundadora de este alemán, cuyos descendientes son todavía parte del balneario y han heredado ese gusto exquisito por el arte del jardín. Los alemanes hicieron proliferar la vegetación del balneario. No fueron solamente los jardines particulares los que se beneficiaron con su llegada, sino que todo el entorno zapallarino. Los cerros, imponentes por sus grandes dimensiones y hermosa fisonomía, pero secos y marrones, se convirtieron en emblemas del verdor de Zapallar: peumos, olivillos, pitosporos, líquenes y helechos, se aclimataron perfectamente a su nuevo entorno, como si hubieran estado destinados a vivir ahí, enmarcando el azulado paisaje marino con su gama de verdes profundos. Esta vegetación frondosa y perenne conviviría con una fauna característica del lugar: gaviotas que resuenan por toda la caleta y que acompañan

1. La carreta como medio de transporte local. 2. Grupo familiar Ovalle Vicuña. 3. Casa del naturalista Federico Johow, quien hizo una importante contribución al incipiente balneario al clasificar flora y fauna del lugar, aconsejando a Olegario sobre qué especies privilegiar. Formó una completísima colección de pájaros que hoy se exhibe en el museo de ciencias naturales en Berlín.

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hasta el día de hoy las ocasiones de aperitivo frente al mar; el picaflor pequeño tan conocido por los chilenos, junto a otro gigante, que se veía entre las flores del chagual; el chungungo, especie de nutria marina que impresiona a grandes y niños por su aspecto y otras especies más pequeñas como arañas pollito, zancudos y pulgas marinas, con las que los veraneantes han sabido convivir con ingenio y humor. Don Olegario Ovalle hizo un balneario diferente. Desde el momento de su concepción, hacia el año 1892, Zapallar comenzaba su vida como un lugar peculiar que se diferenciaba de otros centros de veraneo. Una primera característica de este lugar era su carácter familiar: los Ovalle y los Pérez, parientes todos del fundador, se establecerían aquí por seis generaciones, junto a las otras familias de amigos y alemanes. Esta continuidad en la permanencia de la familia fundadora es lo que ha permitido conservar el apego a la tierra y el espíritu original que siempre ha caracterizado a Zapallar. El aspecto físico que el lugar fue adquiriendo desde sus

comienzos también le es propio y característico: don Olegario no consultó a arquitectos ni urbanistas, sino que se guió por un sueño y un espíritu que quedó plasmado en cada rincón del balneario. Con la ayuda de su bastón y de Alberto Díaz, se abocó a dibujar las calles y los sitios que regalaría a sus familiares y amigos, lo cual redundó en una irregularidad en el diseño del balneario. Es esta falta de uniformidad lo que le da su carácter y funda su particularidad y encanto. Las casas van surgiendo por aquí y por allá, por los cerros y por las quebradas, desparramadas y cubiertas de una tupida vegetación. El único nexo que tienen estas casas entre sí es un gracioso camino central acordonado con gruesas cadenas de fierro, que recorre Zapallar serpenteando por las quebradas. “Techos rojos, minaretes esbeltos, casitas limpias y alegres que parecen juguetes contemplados desde la altura; manchas verde intenso de vegetación y pinceladas rosa de jardines, forman este paisaje encajado entre cerros, como una colección de piedras finas montadas sobre rocas”, así 15

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1936

1924

2.

1. Primera parroquia de Zapallar. En la década del 30 pasó a ser teatro y a la vez biógrafo, cuando entre todos los zapallarinos mediante rifas y donaciones, juntaron lo necesario para edificar la nueva iglesia. 2. Matías Errázuriz Ortúzar, original personaje de su época. Diplomático de gran mundo, casado con la heredera argentina Josefina Alvear, le encargó los planos de Villa Maricel a su amigo Le Corbusier, los que luego tuvieron que ser adaptados al terreno por el arquitecto zapallarino Carlos de Landa. 3. Villa Maricel. Matías Errázuriz, adelantado a su época, la habilitó como un loft instalando en el gran living su cama. Por la misma época se hizo construir en Buenos Aires el palacio, hoy museo que lleva su nombre. Las antiguas columnas greco romanas de su jardín fueron traídas de Italia.

1932

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1. Primera parroquia de Zapallar. En la década del 30 pasó a ser teatro y a la vez biógrafo, cuando entre todos los zapallarinos mediante rifas y donaciones, juntaron lo necesario para edificar la nueva iglesia. 2. Matías Errázuriz Ortúzar, original personaje de su época. Diplomático de gran mundo, casado con la heredera argentina Josefina Alvear, le encargó los planos de Villa Maricel a su amigo Le Corbusier, los que luego tuvieron que ser adaptados al terreno por el arquitecto zapallarino Carlos de Landa. 3. Villa Maricel. Matías Errázuriz, adelantado a su época, la habilitó como un loft instalando en el gran living su cama. Por la misma época se hizo construir en Buenos Aires el palacio, hoy museo que lleva su nombre. Las antiguas columnas greco romanas de su jardín fueron traídas de Italia.

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1950

1.

1913

1937

2.

1. Casa de Carlos Ossandón Barros, proyectada por el arquitecto Carlos González Cortez. Su cancha de tenis fue un importante centro para la vida social de la época. 2. Casa de Carlos Aldunate Solar. Fue proyectada por el arquitecto Josué Smith Solar. Su compra y restauración, luego de años de abandono tras el terremoto de 1965, fue un gran acierto del entonces alcalde de Zapallar Juan Sutil Alcalde, para instalar en ella la Municipalidad.

3. Casa estilo Tudor, edificada por Fernando Aldunate Errázuriz y proyectada por el arquitecto Carlos de Landa. Fue adquirida en 1948 por el embajador Jorge Saavedra como regalo a su señora Yolanda Livoni, reconocida por sus recetas y libro de cocina. Aparece aquí Matías Errázuriz en su caballo.

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1950

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1. Casa de Carlos Ossandón Barros, proyectada por el arquitecto Carlos González Cortez. Su cancha de tenis fue un importante centro para la vida social de la época. 2. Casa de Carlos Aldunate Solar. Fue proyectada por el arquitecto Josué Smith Solar. Su compra y restauración, luego de años de abandono tras el terremoto de 1965, fue un gran acierto del entonces alcalde de Zapallar Juan Sutil Alcalde, para instalar en ella la Municipalidad.

3. Casa estilo Tudor, edificada por Fernando Aldunate Errázuriz y proyectada por el arquitecto Carlos de Landa. Fue adquirida en 1948 por el embajador Jorge Saavedra como regalo a su señora Yolanda Livoni, reconocida por sus recetas y libro de cocina. Aparece aquí Matías Errázuriz en su caballo.

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1.

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describía una crónica del año 1917 en la Revista Zig Zag el encanto del paisaje zapallarino. Años más tarde, el alcalde Carlos Ossandón Guzmán diría, al inaugurar una placa conmemorativa del fundador, que felizmente la idea, concepción y espíritu de don Olegario se impusieron y se han conservado. Efectivamente ninguna de las calles llega finalmente al mar y la rampla que va desde la playa hasta la caleta de pescadores no es apta para vehículos, dos consecuencias del diseño de don Olegario que se mantienen hasta el día de hoy. Durante los primeros años de la fundación de Zapallar, los familiares, amigos e invitados de don Olegario, fueron configurando un lugar muy íntimo donde pasar los meses de verano. La vida en esta caleta del litoral chileno era una prolongación natural de las costumbres de la hacienda, donde todo transcurría en un ambiente acampado, con ritmos pausados y relaciones personales íntimas. Las rutinas

1. Perspectiva desde los jardines estilo inglés de la casa de Fernando Aldunate.

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zapallarinas eran muy parecidas a las del campo. Los días transcurrían entre actividades simples y sin formalidades, juegos que unían a la familia entera y largas conversaciones sobre lo humano y lo divino. El día comenzaba temprano con algún paseo matinal para gozar de la naturaleza. Luego se realizaban rondas y otros juegos al aire libre, seguidos por un almuerzo y una reparadora siesta. En la tarde se organizaba otro paseo, generalmente a caballo y en las noches se comía, se conversaba y se jugaban juegos de salón. Pero en Zapallar estaba el componente nuevo del mar, que estaba ahí en toda su inmensidad oceánica frente a los nuevos y pioneros colonos que se establecían. La playa se veía como un lugar peligroso porque los cortes que las olas hacían en la arena formaban escarpadas murallas de arena que atemorizaban a los veraneantes. Por esto, los primeros baños de mar en Zapallar se realizaban en una poza, debajo de las casas de don Olegario y la playa se miraba con ojos respetuosos como un paisaje sólo para admirar.

La temporada de veraneo en estos años fundacionales comenzaba en el mes de diciembre y se prolongaba hasta después del día de San Olegario, el 7 de marzo. Para esta ocasión, se organizaban grandes fiestas en que se traía hielo para los helados, perdices, pavos y huevos duros en el barquito Cachagua. Las señoras afanaban cocinando exquisitos manjares, dulces y tortas monumentales para este festejo en que todos estaban invitados para concelebrar al tan querido tío Olegario. La pasividad y vida rutinaria de estos años fundacionales se rompería, no obstante, con el terremoto del año 1906, que destruyó todo lo que se había construido. Comenzaba entonces una nueva etapa en la historia de este lugar, marcada ahora por la construcción de grandes mansiones, de estampas completamente diferentes unas de otras e imitando los estilos extranjeros que estaban en boga en esa época, resultando en hermosos caprichos arquitectónicos y

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ZAPALLAR


1.

1932

describía una crónica del año 1917 en la Revista Zig Zag el encanto del paisaje zapallarino. Años más tarde, el alcalde Carlos Ossandón Guzmán diría, al inaugurar una placa conmemorativa del fundador, que felizmente la idea, concepción y espíritu de don Olegario se impusieron y se han conservado. Efectivamente ninguna de las calles llega finalmente al mar y la rampla que va desde la playa hasta la caleta de pescadores no es apta para vehículos, dos consecuencias del diseño de don Olegario que se mantienen hasta el día de hoy. Durante los primeros años de la fundación de Zapallar, los familiares, amigos e invitados de don Olegario, fueron configurando un lugar muy íntimo donde pasar los meses de verano. La vida en esta caleta del litoral chileno era una prolongación natural de las costumbres de la hacienda, donde todo transcurría en un ambiente acampado, con ritmos pausados y relaciones personales íntimas. Las rutinas

1. Perspectiva desde los jardines estilo inglés de la casa de Fernando Aldunate.

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zapallarinas eran muy parecidas a las del campo. Los días transcurrían entre actividades simples y sin formalidades, juegos que unían a la familia entera y largas conversaciones sobre lo humano y lo divino. El día comenzaba temprano con algún paseo matinal para gozar de la naturaleza. Luego se realizaban rondas y otros juegos al aire libre, seguidos por un almuerzo y una reparadora siesta. En la tarde se organizaba otro paseo, generalmente a caballo y en las noches se comía, se conversaba y se jugaban juegos de salón. Pero en Zapallar estaba el componente nuevo del mar, que estaba ahí en toda su inmensidad oceánica frente a los nuevos y pioneros colonos que se establecían. La playa se veía como un lugar peligroso porque los cortes que las olas hacían en la arena formaban escarpadas murallas de arena que atemorizaban a los veraneantes. Por esto, los primeros baños de mar en Zapallar se realizaban en una poza, debajo de las casas de don Olegario y la playa se miraba con ojos respetuosos como un paisaje sólo para admirar.

La temporada de veraneo en estos años fundacionales comenzaba en el mes de diciembre y se prolongaba hasta después del día de San Olegario, el 7 de marzo. Para esta ocasión, se organizaban grandes fiestas en que se traía hielo para los helados, perdices, pavos y huevos duros en el barquito Cachagua. Las señoras afanaban cocinando exquisitos manjares, dulces y tortas monumentales para este festejo en que todos estaban invitados para concelebrar al tan querido tío Olegario. La pasividad y vida rutinaria de estos años fundacionales se rompería, no obstante, con el terremoto del año 1906, que destruyó todo lo que se había construido. Comenzaba entonces una nueva etapa en la historia de este lugar, marcada ahora por la construcción de grandes mansiones, de estampas completamente diferentes unas de otras e imitando los estilos extranjeros que estaban en boga en esa época, resultando en hermosos caprichos arquitectónicos y

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1.

1926

residencias de hadas, como describiría Alone al Zapallar de entonces. El famoso arquitecto Josué Smith intervino en esta etapa de la formación de Zapallar, dejando casas tan notables como la Villa Grebe, la mansión de Carlos Aldunate Solar y la casa de estilo bávaro de la señora María Luisa Mc Clure, hoy patrimonio nacional. De esta época datan también las casas de José Ureta, con un marcado carácter inglés, la iglesia que es hoy en día el teatro de Zapallar, la casa hecha por el arquitecto Carlos Werner a pedido de Bernardo Moreno y la de Alvaro Casanova, cuya mansión imitaba a un pequeño castillo con torreones y puentes levadizos, desde el cual se lanzaba diariamente el cañonazo de las 12. Fue después del terremoto que Santiago Ceppi, quien había recibido un terreno de regalo de parte de don Olegario, se construyó su casa con materiales y diseños traídos directamente de Italia. Lo que es hoy la Villa Olivia, constituye copia fiel de una villa italiana recreada en el litoral chileno. De esta época

1. Día de playa.

ZAPALLAR

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también es la casa de Carlos Ossandón Guzmán, el patriarca de una familia que tendría gran importancia en el posterior desarrollo de la historia del balneario y cuya casa fue el centro de reunión de los amantes del tenis. Un poco posterior es la edificación de aquella preciosa casa estilo Tudor que se erige sobre una colina y que perteneció a Fernando Aldunate. Con la edificación de las grandes casas, del Gran Hotel, de la iglesia (1909), Zapallar se va convirtiendo en un hermoso balneario, cuyos habitantes cuidan alhajando sus jardines y relacionándose estrechamente con la naturaleza para reunirse y divertirse. Los lugares naturales se van convirtiendo así en los puntos de reunión de los diferentes grupos. Las puestas de sol eran una excusa para que grandes y pequeños se reunieran en el Mar Bravo desde tiempos remotos hasta el día de hoy, haciendo correrías por el mirador desde el cual se aprecian las olas rompiendo sobre el roquerío, o donde se formaban los pololeos adolescentes. Las

idas al Cerro de la Cruz con su inconfundible pino solitario y sus peligrosos caletones eran un paseo obligado en un día nublado. También lo eran las correrías hacia la Isla Seca, los paseos a la cueva del pirata o las excursiones a los cerros que presiden el balneario. Y la playa. Siempre la playa. Ahí se paseaba, se conversaba, se cometían travesuras y se tomaban fabulosos baños de mar que comenzaban a ser un requisito para los que querían sentirse jóvenes y saludables. A la playa iban las señoras muy vestidas y, a la hora de entrar al mar, se bañaban con sus incómodos trajes y con unas gorras en el pelo. Las que no se bañaban, se paseaban vestidas por la rampla y se protegían del sol con unos coquetos parasoles. Los hombres, en cambio, tenían un atuendo un poco más práctico.

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residencias de hadas, como describiría Alone al Zapallar de entonces. El famoso arquitecto Josué Smith intervino en esta etapa de la formación de Zapallar, dejando casas tan notables como la Villa Grebe, la mansión de Carlos Aldunate Solar y la casa de estilo bávaro de la señora María Luisa Mc Clure, hoy patrimonio nacional. De esta época datan también las casas de José Ureta, con un marcado carácter inglés, la iglesia que es hoy en día el teatro de Zapallar, la casa hecha por el arquitecto Carlos Werner a pedido de Bernardo Moreno y la de Alvaro Casanova, cuya mansión imitaba a un pequeño castillo con torreones y puentes levadizos, desde el cual se lanzaba diariamente el cañonazo de las 12. Fue después del terremoto que Santiago Ceppi, quien había recibido un terreno de regalo de parte de don Olegario, se construyó su casa con materiales y diseños traídos directamente de Italia. Lo que es hoy la Villa Olivia, constituye copia fiel de una villa italiana recreada en el litoral chileno. De esta época

1. Día de playa.

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también es la casa de Carlos Ossandón Guzmán, el patriarca de una familia que tendría gran importancia en el posterior desarrollo de la historia del balneario y cuya casa fue el centro de reunión de los amantes del tenis. Un poco posterior es la edificación de aquella preciosa casa estilo Tudor que se erige sobre una colina y que perteneció a Fernando Aldunate. Con la edificación de las grandes casas, del Gran Hotel, de la iglesia (1909), Zapallar se va convirtiendo en un hermoso balneario, cuyos habitantes cuidan alhajando sus jardines y relacionándose estrechamente con la naturaleza para reunirse y divertirse. Los lugares naturales se van convirtiendo así en los puntos de reunión de los diferentes grupos. Las puestas de sol eran una excusa para que grandes y pequeños se reunieran en el Mar Bravo desde tiempos remotos hasta el día de hoy, haciendo correrías por el mirador desde el cual se aprecian las olas rompiendo sobre el roquerío, o donde se formaban los pololeos adolescentes. Las

idas al Cerro de la Cruz con su inconfundible pino solitario y sus peligrosos caletones eran un paseo obligado en un día nublado. También lo eran las correrías hacia la Isla Seca, los paseos a la cueva del pirata o las excursiones a los cerros que presiden el balneario. Y la playa. Siempre la playa. Ahí se paseaba, se conversaba, se cometían travesuras y se tomaban fabulosos baños de mar que comenzaban a ser un requisito para los que querían sentirse jóvenes y saludables. A la playa iban las señoras muy vestidas y, a la hora de entrar al mar, se bañaban con sus incómodos trajes y con unas gorras en el pelo. Las que no se bañaban, se paseaban vestidas por la rampla y se protegían del sol con unos coquetos parasoles. Los hombres, en cambio, tenían un atuendo un poco más práctico.

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ZAPALLAR


EL PROGRESO LLEGA A ZAPALLAR 1910

1920

1.

1920

El progreso comenzó a asomarse en Zapallar con la edificación de casas modernas, la llegada del alumbrado público y del agua potable, que hasta entonces era repartida en barriles sobre lomo de burros. En 1911 arribó el primer automóvil, lo cual no le restó tranquilidad al lugar: los vecinos establecieron el límite de velocidad en quince kilómetros por hora y dispusieron que cuando dos autos se encontraran debía cada uno tomar su derecha y evitar el choque. En 1922 una escuadrilla capitaneada por Edgardo Von Schroeders y compuesta por un “bote volador” y dos hidroaviones amarizó en la bahía. Los adelantos de la tecnología y las novedades de principios de siglo terminaban por asomarse también por el balneario zapallarino. La modernización en la administración tampoco tardó en manifestarse: el año 1919 se consiguió formar la comuna de Zapallar, para poder tener independencia de La Ligua.

ZAPALLAR

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Los fondos edilicios recaudados se utilizaron para este fin. Era ésta la consagración de un proceso que había comenzado anteriormente con la iniciativa de don Manuel Mackenna, la que pasó a la historia con el nombre de “Gran Jornada de Liberación de Zapallar”. Con la independencia administrativa, nacía una junta de vecinos, la tesorería, una pequeña dotación de carabineros y la Alcaldía de Zapallar, toda una institución lugareña que siempre ha sido ocupada por personas que aman el lugar y a su pueblo. Este es el espíritu con que nacía la Alcadía en la persona de Alejandro Fierro Carrera. La administración comunal propia demostró no ser suficiente, porque el balneario siguió ligado a la hacienda de Catapilco (de hecho, era una de las pertenencias). Por esta razón fue menester separarlo, para lo cual se formó en el año 1923 una comunidad de vecinos denominada “Balneario

25

2.

1. De izquierda a derecha: Elisa Ureta, Jorge Arteaga, Carmen Prieto Subercaseaux, la heredera argentina Josefina Alvear de Errázuriz (“pepa de oro”); Sara Valdés de Balmaceda, Julia Lynch de Baeza y Bebé Vicuña. 2. Los paseos a la quebrada del Tigre eran todo un acontecimiento, se alcanzaba después de una larga y empinada subida que partía generalmente dándose cita en la playa. Se organizaban picnic por el día a los que iban, veraneantes y residentes, llevando las viandas en mulas. Aquí, niños y sus mamas.

ZAPALLAR


EL PROGRESO LLEGA A ZAPALLAR 1910

1920

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1920

El progreso comenzó a asomarse en Zapallar con la edificación de casas modernas, la llegada del alumbrado público y del agua potable, que hasta entonces era repartida en barriles sobre lomo de burros. En 1911 arribó el primer automóvil, lo cual no le restó tranquilidad al lugar: los vecinos establecieron el límite de velocidad en quince kilómetros por hora y dispusieron que cuando dos autos se encontraran debía cada uno tomar su derecha y evitar el choque. En 1922 una escuadrilla capitaneada por Edgardo Von Schroeders y compuesta por un “bote volador” y dos hidroaviones amarizó en la bahía. Los adelantos de la tecnología y las novedades de principios de siglo terminaban por asomarse también por el balneario zapallarino. La modernización en la administración tampoco tardó en manifestarse: el año 1919 se consiguió formar la comuna de Zapallar, para poder tener independencia de La Ligua.

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Los fondos edilicios recaudados se utilizaron para este fin. Era ésta la consagración de un proceso que había comenzado anteriormente con la iniciativa de don Manuel Mackenna, la que pasó a la historia con el nombre de “Gran Jornada de Liberación de Zapallar”. Con la independencia administrativa, nacía una junta de vecinos, la tesorería, una pequeña dotación de carabineros y la Alcaldía de Zapallar, toda una institución lugareña que siempre ha sido ocupada por personas que aman el lugar y a su pueblo. Este es el espíritu con que nacía la Alcadía en la persona de Alejandro Fierro Carrera. La administración comunal propia demostró no ser suficiente, porque el balneario siguió ligado a la hacienda de Catapilco (de hecho, era una de las pertenencias). Por esta razón fue menester separarlo, para lo cual se formó en el año 1923 una comunidad de vecinos denominada “Balneario

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1. De izquierda a derecha: Elisa Ureta, Jorge Arteaga, Carmen Prieto Subercaseaux, la heredera argentina Josefina Alvear de Errázuriz (“pepa de oro”); Sara Valdés de Balmaceda, Julia Lynch de Baeza y Bebé Vicuña. 2. Los paseos a la quebrada del Tigre eran todo un acontecimiento, se alcanzaba después de una larga y empinada subida que partía generalmente dándose cita en la playa. Se organizaban picnic por el día a los que iban, veraneantes y residentes, llevando las viandas en mulas. Aquí, niños y sus mamas.

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1916

2.

1916

de Zapallar”, que abarcaba desde la playa de Las Cujas, en Cachagua, hasta el deslinde con el Puerto de Papudo. Esta gran extensión se constituyó en un ente autónomo y ocupado únicamente de los intereses del balneario. En este contexto de expansión independiente es que años más tarde se inauguraría el precioso cementerio de Zapallar, cuyos planos regaló al balneario Ismael Echeverría Carvallo, sobrino de don Olegario. Ninguno de estos cambios modernizadores sería capaz, no obstante, de robarle a Zapallar el carácter peculiar con que había nacido. Sus habitantes seguían cultivando el ambiente familiar y aquel modo de vida apegado a lo natural que lo hacía inconfundible. Los Pérez, descendientes de don Olegario, mantenían

1. En la playa, Manuel Mackenna y Elisa Ureta bajo una vela. 2. Niños con burro, costumbre que se mantiene hasta nuestros días. 3. Niños y niñas con gorras y trajes de baño a usanza de la época.

ZAPALLAR

3.

1920

1.

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aquel orgullo por lo propio, haciendo de Zapallar el mejor lugar posible, respetando al pueblo que residía allí en forma permanente. Zapallar se mantenía así alejado del espíritu ostentoso que comenzaba a caracterizar las costumbres de la vida moderna. “Esta gente distinguida llegaba de Santiago convencida de que la paz es lo único que repara el espíritu hastiado de ciudad y de convencionalismos”, comentaba Nathanael Yáñez, quien obtuviera años más tarde el Premio Nacional de Teatro.

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de Zapallar”, que abarcaba desde la playa de Las Cujas, en Cachagua, hasta el deslinde con el Puerto de Papudo. Esta gran extensión se constituyó en un ente autónomo y ocupado únicamente de los intereses del balneario. En este contexto de expansión independiente es que años más tarde se inauguraría el precioso cementerio de Zapallar, cuyos planos regaló al balneario Ismael Echeverría Carvallo, sobrino de don Olegario. Ninguno de estos cambios modernizadores sería capaz, no obstante, de robarle a Zapallar el carácter peculiar con que había nacido. Sus habitantes seguían cultivando el ambiente familiar y aquel modo de vida apegado a lo natural que lo hacía inconfundible. Los Pérez, descendientes de don Olegario, mantenían

1. En la playa, Manuel Mackenna y Elisa Ureta bajo una vela. 2. Niños con burro, costumbre que se mantiene hasta nuestros días. 3. Niños y niñas con gorras y trajes de baño a usanza de la época.

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aquel orgullo por lo propio, haciendo de Zapallar el mejor lugar posible, respetando al pueblo que residía allí en forma permanente. Zapallar se mantenía así alejado del espíritu ostentoso que comenzaba a caracterizar las costumbres de la vida moderna. “Esta gente distinguida llegaba de Santiago convencida de que la paz es lo único que repara el espíritu hastiado de ciudad y de convencionalismos”, comentaba Nathanael Yáñez, quien obtuviera años más tarde el Premio Nacional de Teatro.

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1.

1923

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1923

2.

1923

1. Cumpleaños infantil, familia Sutil Alcalde.

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2. Juegos de playa.

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1. Cumpleaños infantil, familia Sutil Alcalde.

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2. Juegos de playa.

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1930

2.

1925

1920

1.

3.

1. Hubo que redactar con carácter de urgencia un reglamento de tránsito, para que los pocos autos que llegaban a Zapallar no chocasen de frente en sus sinuosas calles.

ZAPALLAR

2. Lucía Alcalde de Sutil con su hijo Juan, futuro alcalde de Zapallar. 3. Marita Concha Subercaseaux junto a su elegante marido, el argentino Emilio Lamarca Gerrico.

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1. Hubo que redactar con carácter de urgencia un reglamento de tránsito, para que los pocos autos que llegaban a Zapallar no chocasen de frente en sus sinuosas calles.

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2. Lucía Alcalde de Sutil con su hijo Juan, futuro alcalde de Zapallar. 3. Marita Concha Subercaseaux junto a su elegante marido, el argentino Emilio Lamarca Gerrico.

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1.

1918

1. Panorámica de Zapallar desde cerro de La Cruz, con los hermanos Inés y Alejandro Fierro Carrera en primer plano.

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1. Panorámica de Zapallar desde cerro de La Cruz, con los hermanos Inés y Alejandro Fierro Carrera en primer plano.

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1930

1925

1.

1. Jugando en la playa. 2. Irene Wilson de Moreno, de gran belleza y fuerte personalidad en las rocas bajo su casa, con Francisca y Bernardo Moreno.

2.

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1. Jugando en la playa. 2. Irene Wilson de Moreno, de gran belleza y fuerte personalidad en las rocas bajo su casa, con Francisca y Bernardo Moreno.

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UN BALNEARIO ÚNICO 1930

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1.

Y así llegamos entonces a los años 30, a un lugar de veraneo en un entorno geográfico privilegiado y donde convivían varios grupos de características definidas aportando cada uno para hacer de Zapallar un balneario único. Por un lado estaba “la pandilla”, todas aquellas familias que descendían del grupo fundador, familiares y amigos de don Olegario; estaban asimismo los Ossandón, que serían los grandes impulsores del tenis en Zapallar; convivían con los anteriores el grupo de los alemanes, gente trabajadora y amantes de la naturaleza y del clima de Zapallar y el pueblo zapallarino, orgulloso de lo propio y siempre bien dispuesto a relacionarse con los otros grupos. Los veraneantes comenzaban a llegar al balneario a finales de diciembre, aunque algunas familias preferían el recogimiento del balneario para celebrar la Navidad. El viaje continuaba siendo una verdadera odisea, pero la bienvenida del verdor del paisaje y el olor a mar y a eucalipto que se

1. Vista de la playa y el restaurante de César Rojas.

ZAPALLAR

1928

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respiraba por todas partes compensaban el tedioso traslado. Todas las provisiones para el verano debían venir de Santiago porque poco es lo que se podía adquirir luego en Zapallar, para no mencionar los precios que algunos de los abarrotes alcanzaban en el balneario. Frente a esta situación, de la cual los veraneantes siempre se han quejado, la municipalidad reglamentaba los precios de los artículos de consumo para evitar abusos. El Almacén Eltit y el de Valderrama surtían de las cosas mínimas, entre las que no se pueden dejar de mencionar las alpargatas que los jóvenes adquirían al principio de sus vacaciones y que luego desechaban tras meses de uso por los cerros zapallarinos. Recordando al emblemático almacén zapallarino de Eltit, que surtió a varias generaciones, surgen las añoranzas de cuando a falta de vuelto, el dueño del almacén les daba a los chiquillos unas galletitas de mantequilla estilo escocés, que los niños exigían con yapa y todo. En los baúles que venían desde la capital se traían asimis-

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2.

2. En el Gran Hotel, Diego Sutil Prieto, Carmela Balmaceda de Casanueva, Carlos Fres, Carlos Casanueva Balmaceda, Juan Eduardo Subercaseaux Morla y Luis Casanueva Opazo, entre otros.

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UN BALNEARIO ÚNICO 1930

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1.

Y así llegamos entonces a los años 30, a un lugar de veraneo en un entorno geográfico privilegiado y donde convivían varios grupos de características definidas aportando cada uno para hacer de Zapallar un balneario único. Por un lado estaba “la pandilla”, todas aquellas familias que descendían del grupo fundador, familiares y amigos de don Olegario; estaban asimismo los Ossandón, que serían los grandes impulsores del tenis en Zapallar; convivían con los anteriores el grupo de los alemanes, gente trabajadora y amantes de la naturaleza y del clima de Zapallar y el pueblo zapallarino, orgulloso de lo propio y siempre bien dispuesto a relacionarse con los otros grupos. Los veraneantes comenzaban a llegar al balneario a finales de diciembre, aunque algunas familias preferían el recogimiento del balneario para celebrar la Navidad. El viaje continuaba siendo una verdadera odisea, pero la bienvenida del verdor del paisaje y el olor a mar y a eucalipto que se

1. Vista de la playa y el restaurante de César Rojas.

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respiraba por todas partes compensaban el tedioso traslado. Todas las provisiones para el verano debían venir de Santiago porque poco es lo que se podía adquirir luego en Zapallar, para no mencionar los precios que algunos de los abarrotes alcanzaban en el balneario. Frente a esta situación, de la cual los veraneantes siempre se han quejado, la municipalidad reglamentaba los precios de los artículos de consumo para evitar abusos. El Almacén Eltit y el de Valderrama surtían de las cosas mínimas, entre las que no se pueden dejar de mencionar las alpargatas que los jóvenes adquirían al principio de sus vacaciones y que luego desechaban tras meses de uso por los cerros zapallarinos. Recordando al emblemático almacén zapallarino de Eltit, que surtió a varias generaciones, surgen las añoranzas de cuando a falta de vuelto, el dueño del almacén les daba a los chiquillos unas galletitas de mantequilla estilo escocés, que los niños exigían con yapa y todo. En los baúles que venían desde la capital se traían asimis-

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2. En el Gran Hotel, Diego Sutil Prieto, Carmela Balmaceda de Casanueva, Carlos Fres, Carlos Casanueva Balmaceda, Juan Eduardo Subercaseaux Morla y Luis Casanueva Opazo, entre otros.

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1947

1947

2. 1.

1932

1. La llegada de este acorazado a la bahía causó gran sorpresa y revuelo, en él venía de visita el Ministro de Marina del entonces Presidente Arturo Alessandri Palma, Carlos Silva Cruz, quien convidó a bordo a los zapallarinos.

2. Las hermanas Morla Lynch destacaron en el Chile de su época por su refinada cultura y originalidad. Artistas, poetisas y escritoras, también conocidas por su afición al espiritismo. Aquí, Banda y Carmen leyendo en Zapallar. 3. Su AR Fernando María, Príncipe de Baviera e Infante de Borbón. Aquí con Carlos Ossandón Guzmán y familia en un torneo de tenis en la cancha de su casa.

ZAPALLAR

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mo las ropas que vestían a los veraneantes durante los meses estivales. Los adultos y mayores viajaban con sus mejores prendas, mientras que jóvenes y niños venían en completo plan de deportes y aventuras, con ropas cómodas y sencillas, pantalones largos y cortos, prendas para gozar de la playa y zapatos apropiados para las largas caminatas. Años más tarde, una costurera de Zapallar les haría los trajes de baño a las niñas. Los jóvenes llamaban la atención por sus cortes de pelo estilo militar, ya que el cabello corto debía durarles todo el verano. Si bien Zapallar comulgaba con el espíritu de elegancia que reinaba en el país en aquella época, no era un lugar donde la gente iba a exhibirse, sino que el objetivo era pasarlo bien en armonía con la naturaleza y el espíritu del lugar. Era éste un balneario diferente de otros como Viña del Mar y Cartagena, donde la vida urbana se había ido apoderando de las rutinas de sus gentes y donde la sociedad santiaguina se trasladaba para ver y ser vista. Las salidas fuera

de Santiago, que en un comienzo se habían justificado con la importancia de la vida al aire libre y el escape de los calores de la capital, se fueron convirtiendo para muchas mujeres de estos balnearios de moda en una excusa para exhibir trajes y ganar la carrera de la elegancia. Las idas a Valparaíso y Viña del Mar requerían de una enorme cantidad de maletas y baúles que transportaban toda la ropa necesaria para ser tildada de “chic”. Zapallar no competía en este torneo porque todavía el ambiente era muy campestre, el acceso al lugar complicado y la gente de costumbres bastante sencillas. Para los veraneantes, la rutina de vacaciones comenzaba temprano. A las 9 de la mañana la juventud ya estaba en pie, presta a comenzar una jornada de deportes, excursiones, playa y vida social. Muchos partían a jugar tenis a la casa de los Ossandón, o a la angosta cancha que tenía madame Gandon en su Gran Hotel. El tenis unía a generaciones y mientras los grandes jugaban, los chicos comentaban

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1. La llegada de este acorazado a la bahía causó gran sorpresa y revuelo, en él venía de visita el Ministro de Marina del entonces Presidente Arturo Alessandri Palma, Carlos Silva Cruz, quien convidó a bordo a los zapallarinos.

2. Las hermanas Morla Lynch destacaron en el Chile de su época por su refinada cultura y originalidad. Artistas, poetisas y escritoras, también conocidas por su afición al espiritismo. Aquí, Banda y Carmen leyendo en Zapallar. 3. Su AR Fernando María, Príncipe de Baviera e Infante de Borbón. Aquí con Carlos Ossandón Guzmán y familia en un torneo de tenis en la cancha de su casa.

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mo las ropas que vestían a los veraneantes durante los meses estivales. Los adultos y mayores viajaban con sus mejores prendas, mientras que jóvenes y niños venían en completo plan de deportes y aventuras, con ropas cómodas y sencillas, pantalones largos y cortos, prendas para gozar de la playa y zapatos apropiados para las largas caminatas. Años más tarde, una costurera de Zapallar les haría los trajes de baño a las niñas. Los jóvenes llamaban la atención por sus cortes de pelo estilo militar, ya que el cabello corto debía durarles todo el verano. Si bien Zapallar comulgaba con el espíritu de elegancia que reinaba en el país en aquella época, no era un lugar donde la gente iba a exhibirse, sino que el objetivo era pasarlo bien en armonía con la naturaleza y el espíritu del lugar. Era éste un balneario diferente de otros como Viña del Mar y Cartagena, donde la vida urbana se había ido apoderando de las rutinas de sus gentes y donde la sociedad santiaguina se trasladaba para ver y ser vista. Las salidas fuera

de Santiago, que en un comienzo se habían justificado con la importancia de la vida al aire libre y el escape de los calores de la capital, se fueron convirtiendo para muchas mujeres de estos balnearios de moda en una excusa para exhibir trajes y ganar la carrera de la elegancia. Las idas a Valparaíso y Viña del Mar requerían de una enorme cantidad de maletas y baúles que transportaban toda la ropa necesaria para ser tildada de “chic”. Zapallar no competía en este torneo porque todavía el ambiente era muy campestre, el acceso al lugar complicado y la gente de costumbres bastante sencillas. Para los veraneantes, la rutina de vacaciones comenzaba temprano. A las 9 de la mañana la juventud ya estaba en pie, presta a comenzar una jornada de deportes, excursiones, playa y vida social. Muchos partían a jugar tenis a la casa de los Ossandón, o a la angosta cancha que tenía madame Gandon en su Gran Hotel. El tenis unía a generaciones y mientras los grandes jugaban, los chicos comentaban

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o esperaban en la tribuna que alguien les favoreciera con algún peloteo. Zapallar siempre tenía algo que decir en lo que a tenis se refiere. El año 1917 al inaugurar los Ossandón su radiante cancha y el primer torneo de tenis del balneario contó Zapallar con la visita ilustre del entonces presidente de Chile Juan Luis Sanfuentes. Llegó éste en un flamante automóvil Hudson y los hijos del alcalde Fierro, vestidos de marineros, le entregaron una llave de casi dos metros hecha de flores con un enorme zapallo por escudo. Otra visita ilustre a los famosos campeonatos de tenis de Zapallar fue la de Su Alteza Real don Fernando María, Príncipe de Baviera e Infante de Borbón. El revuelo que causó esta visita fue impresionante: en las canchas se repartieron sandwiches, dulces, refrescos, y hubo una banda de música, fotógrafos y periodistas que a codazos se peleaban la atención de un príncipe alto, tieso, con monóculo y chaleco blanco y que perdió toda prestancia frente al temblor que le tocó durante su primera noche en Zapallar.

A los campeonatos de tenis zapallarinos concurrían siempre los mejores jugadores del país. Junto a los hermanos Ossandón Guzmán –Carlos y Teresa–, campeones de Chile en dobles mixto, llegaban al balneario figuras de la talla de Harnecker, campeón de Chile, Villegas y Ardí. Entre el género femenino destacaron las visitas de Ana de Prain, la gran campeona de Viña del Mar. Hubo algunos partidos en aquel entonces que fueron realmente célebres, como el de Carlos Ossandón con Luis Harnecker, el año 1918, en que el match duró tres horas y media e hizo sudar por igual a los deportistas y al nervioso público. Con la inauguración de la cancha de tenis de los Ossandón, se dio origen, asimismo, a las Semanas Zapallarinas: las primeras “semanas” que se celebraron en Chile y que después muchos otros pueblos y balnearios chilenos adoptarían. El pueblo entero participaba en las preparaciones de los bailes, campeonatos de tenis, fútbol y box, fiestas y banquetes que alegraban tanto a los

zapallarinos residentes como a los veraneantes. Durante los primeros años de estas celebraciones, la familia Ossandón solía celebrar el fin de las fiestas con una recepción que se remataba con un gran baile de máscaras con fines de beneficencia en el hotel de madame Gandon. El tenis fue asimismo el protagonista de lo que fue “la guerra de las pelotas”. En la década de los cuarenta un grupo de amigos de la “pandilla” jugaba a este deporte e insistía en perder las pelotas en la casa de don Horacio Pinto Agüero. Cuando esto ocurría, ellos sabían de las bajas probabilidades que había de recuperarlas, ya que el dueño se indignaba por los daños que hacían en su jardín. La pandilla decidió vengar esta afrenta y se puso como objetivo arrancar una pelota de concreto de las que adornaban los muros de don Horacio, por cada pelota de tenis que no les devolvieran. Si el día estaba nublado, otra alternativa de actividad eran los paseos masivos que se organizaban a las quebradas, así

41

1. Magdalena Casanova Vicuña, bajo una vela pintada por Álvaro Casanova Centeno con el emblema familiar. 2. En la bahía a bordo del acorazado Arturo Prat, aparecen aquí con el capitán, Gabriela Echeverría de Noé, Ismael Echeverría, Ema Valdés de Claro, Teresa López Edwards, Paul Aldunate Philips, Eduardo Pero, Chita Balmaceda y Carmen Martínez entre otros. 3. Una sencilla procesión de Semana Santa terminaba frente a la gruta de la virgen en el Cerro de La Cruz, con gran recogimiento de los fieles.

ZAPALLAR


1930

1.

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o esperaban en la tribuna que alguien les favoreciera con algún peloteo. Zapallar siempre tenía algo que decir en lo que a tenis se refiere. El año 1917 al inaugurar los Ossandón su radiante cancha y el primer torneo de tenis del balneario contó Zapallar con la visita ilustre del entonces presidente de Chile Juan Luis Sanfuentes. Llegó éste en un flamante automóvil Hudson y los hijos del alcalde Fierro, vestidos de marineros, le entregaron una llave de casi dos metros hecha de flores con un enorme zapallo por escudo. Otra visita ilustre a los famosos campeonatos de tenis de Zapallar fue la de Su Alteza Real don Fernando María, Príncipe de Baviera e Infante de Borbón. El revuelo que causó esta visita fue impresionante: en las canchas se repartieron sandwiches, dulces, refrescos, y hubo una banda de música, fotógrafos y periodistas que a codazos se peleaban la atención de un príncipe alto, tieso, con monóculo y chaleco blanco y que perdió toda prestancia frente al temblor que le tocó durante su primera noche en Zapallar.

A los campeonatos de tenis zapallarinos concurrían siempre los mejores jugadores del país. Junto a los hermanos Ossandón Guzmán –Carlos y Teresa–, campeones de Chile en dobles mixto, llegaban al balneario figuras de la talla de Harnecker, campeón de Chile, Villegas y Ardí. Entre el género femenino destacaron las visitas de Ana de Prain, la gran campeona de Viña del Mar. Hubo algunos partidos en aquel entonces que fueron realmente célebres, como el de Carlos Ossandón con Luis Harnecker, el año 1918, en que el match duró tres horas y media e hizo sudar por igual a los deportistas y al nervioso público. Con la inauguración de la cancha de tenis de los Ossandón, se dio origen, asimismo, a las Semanas Zapallarinas: las primeras “semanas” que se celebraron en Chile y que después muchos otros pueblos y balnearios chilenos adoptarían. El pueblo entero participaba en las preparaciones de los bailes, campeonatos de tenis, fútbol y box, fiestas y banquetes que alegraban tanto a los

zapallarinos residentes como a los veraneantes. Durante los primeros años de estas celebraciones, la familia Ossandón solía celebrar el fin de las fiestas con una recepción que se remataba con un gran baile de máscaras con fines de beneficencia en el hotel de madame Gandon. El tenis fue asimismo el protagonista de lo que fue “la guerra de las pelotas”. En la década de los cuarenta un grupo de amigos de la “pandilla” jugaba a este deporte e insistía en perder las pelotas en la casa de don Horacio Pinto Agüero. Cuando esto ocurría, ellos sabían de las bajas probabilidades que había de recuperarlas, ya que el dueño se indignaba por los daños que hacían en su jardín. La pandilla decidió vengar esta afrenta y se puso como objetivo arrancar una pelota de concreto de las que adornaban los muros de don Horacio, por cada pelota de tenis que no les devolvieran. Si el día estaba nublado, otra alternativa de actividad eran los paseos masivos que se organizaban a las quebradas, así

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1. Magdalena Casanova Vicuña, bajo una vela pintada por Álvaro Casanova Centeno con el emblema familiar. 2. En la bahía a bordo del acorazado Arturo Prat, aparecen aquí con el capitán, Gabriela Echeverría de Noé, Ismael Echeverría, Ema Valdés de Claro, Teresa López Edwards, Paul Aldunate Philips, Eduardo Pero, Chita Balmaceda y Carmen Martínez entre otros. 3. Una sencilla procesión de Semana Santa terminaba frente a la gruta de la virgen en el Cerro de La Cruz, con gran recogimiento de los fieles.

ZAPALLAR


1930

1.

como cabalgatas con caballos propios o que se tomaban prestados de algún pueblerino generoso. Famosas eran las idas a la quebrada del Tigre organizadas por Juan Cuesta, un argentino habitué del veraneo en Zapallar que, junto con hacerse cargo de la organización, invitaba con un fantástico picnic que lo hacía muy popular entre los chilenos, en general bastante recelosos frente a los afuerinos. En las crónicas de la época no es raro encontrarse con zapallarinas que se quejan de la venida de algunos argentinos cancheros al balneario porque rompían con el espíritu sencillo del lugar. Se quejaban del esnobismo importado y luchaban por conservar la sencillez y distinción, aunque muchas veces sucumbían frente al seductor encanto trasandino. Algunas madres de familia preferían arrendar un burro por el día y así surtían de panorama a los niños cuando no se podía ir a la playa. Para desplazarse de un lugar a otro, los chiquillos caminaban por las rocas, cruzaban de jardín

1. Sofía Sutil Alcalde, Carmen Letelier Alcalde y Lucía Sutil Alcalde en la playa. 2. Terraza de la familia Subercaseaux Morla: Chepa Vicuña, Javier Pérez (“Calelo”), Lucía Letelier, Paula Sutil, Juanita Pereira, Gonzalo Subercaseaux, Guillermo Guzmán, Mercedes de Landa, Gabriel Rodríguez y Pilar Subercaseaux, entre otros.

ZAPALLAR

1930

42

en jardín y pasaban a saludar a los dueños de casa que les ofrecían jugos y golosinas, gozando de aquel ambiente protegido y familiar que hacía tan agradable el veraneo. Este clima de pasividad, sin embargo, se rompía algunas veces cuando los orgullosos zapallarinos se enemistaban con los de Papudo. La rivalidad era evidente y terminaba en unas verdaderas luchas de caballería con lanzas y escudos. Los días de sol invitaban a la playa. Se llegaba enteramente vestido y los que se bañaban en el helado mar se cambiaban en unas carpas que los distintos grupos custodiaban para impedir las inoportunas miradas de curiosos. Las mujeres usaban un traje de baño estilo Directorio, que hoy nos causa asombro por su falta de funcionalidad y excesivo recato. Consistía en un vestido hasta la rodilla, de mangas cortas y complementado por una gorrita en la cabeza para protegerse de los rayos del sol. Los hombres llevaban un traje más ad hoc para la ocasión.

2.

Atrás habían quedado los años en que el balneario se había escandalizado ante las piernas de Manuel Mackenna. Efectivamente, este caballero fue el primero que apareció con shorts en este balneario. Un entrañable personaje del pueblo de Zapallar, Melitón Toledo, era “el cuidador de la playa”, encargado de poner las carpas diariamente y el que procuraba que las cosas perdidas volvieran a su origen. Los baños de mar eran largos y la juventud bastante osada: pocos eran los que no se atrevían a ir nadando hasta la misma caleta de pescadores, dejando completamente atrás aquellos años en que la playa atemorizaba. A mediodía los veraneantes ya comenzaban a sentir hambre y se sentaban en el restaurant de César Rojas, quien les servía unos deliciosos sandwiches que él preparaba personalmente y unas maltas con huevo inolvidables. Todos bromeban al imaginar quién sería el primero en encontrar en su sandwich, el dedo meñique que le faltaba a César. Este

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ZAPALLAR


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como cabalgatas con caballos propios o que se tomaban prestados de algún pueblerino generoso. Famosas eran las idas a la quebrada del Tigre organizadas por Juan Cuesta, un argentino habitué del veraneo en Zapallar que, junto con hacerse cargo de la organización, invitaba con un fantástico picnic que lo hacía muy popular entre los chilenos, en general bastante recelosos frente a los afuerinos. En las crónicas de la época no es raro encontrarse con zapallarinas que se quejan de la venida de algunos argentinos cancheros al balneario porque rompían con el espíritu sencillo del lugar. Se quejaban del esnobismo importado y luchaban por conservar la sencillez y distinción, aunque muchas veces sucumbían frente al seductor encanto trasandino. Algunas madres de familia preferían arrendar un burro por el día y así surtían de panorama a los niños cuando no se podía ir a la playa. Para desplazarse de un lugar a otro, los chiquillos caminaban por las rocas, cruzaban de jardín

1. Sofía Sutil Alcalde, Carmen Letelier Alcalde y Lucía Sutil Alcalde en la playa. 2. Terraza de la familia Subercaseaux Morla: Chepa Vicuña, Javier Pérez (“Calelo”), Lucía Letelier, Paula Sutil, Juanita Pereira, Gonzalo Subercaseaux, Guillermo Guzmán, Mercedes de Landa, Gabriel Rodríguez y Pilar Subercaseaux, entre otros.

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en jardín y pasaban a saludar a los dueños de casa que les ofrecían jugos y golosinas, gozando de aquel ambiente protegido y familiar que hacía tan agradable el veraneo. Este clima de pasividad, sin embargo, se rompía algunas veces cuando los orgullosos zapallarinos se enemistaban con los de Papudo. La rivalidad era evidente y terminaba en unas verdaderas luchas de caballería con lanzas y escudos. Los días de sol invitaban a la playa. Se llegaba enteramente vestido y los que se bañaban en el helado mar se cambiaban en unas carpas que los distintos grupos custodiaban para impedir las inoportunas miradas de curiosos. Las mujeres usaban un traje de baño estilo Directorio, que hoy nos causa asombro por su falta de funcionalidad y excesivo recato. Consistía en un vestido hasta la rodilla, de mangas cortas y complementado por una gorrita en la cabeza para protegerse de los rayos del sol. Los hombres llevaban un traje más ad hoc para la ocasión.

2.

Atrás habían quedado los años en que el balneario se había escandalizado ante las piernas de Manuel Mackenna. Efectivamente, este caballero fue el primero que apareció con shorts en este balneario. Un entrañable personaje del pueblo de Zapallar, Melitón Toledo, era “el cuidador de la playa”, encargado de poner las carpas diariamente y el que procuraba que las cosas perdidas volvieran a su origen. Los baños de mar eran largos y la juventud bastante osada: pocos eran los que no se atrevían a ir nadando hasta la misma caleta de pescadores, dejando completamente atrás aquellos años en que la playa atemorizaba. A mediodía los veraneantes ya comenzaban a sentir hambre y se sentaban en el restaurant de César Rojas, quien les servía unos deliciosos sandwiches que él preparaba personalmente y unas maltas con huevo inolvidables. Todos bromeban al imaginar quién sería el primero en encontrar en su sandwich, el dedo meñique que le faltaba a César. Este

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ZAPALLAR


1930

1.

1940

2.

ZAPALLAR

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1930

establecimiento zapallarino, cuyo origen se remonta al año 1934, fue por ese entonces punto de reunión y degustación de deliciosos platos. Famosos eran los caldillos, platos franceses y otras exquisiteces que ahí se preparaban y que los zapallarinos añoraban cuando estaban fuera del lugar. Se almorzaba generalmente a la 1:30, ocasión en que los veraneantes subían a sus casas, salvo que fueran invitados por Rosa Pérez, quien encargaba a sus empleados que bajaran los guisos a la playa y se sentaba a comer con mantel, platos y cubiertos. Los alemanes tenían, sin embargo, horarios diferentes. Solían almorzar hacia las 12, lo cual incidía en que no había muchas instancias en que la sociedad chilena se entremezclara con ellos. Una importante excepción al respecto eran los cocktails que en las tardes daba el doctor Federico Johow, en que chilenos y alemanes convivían y se divertían comentando sus jornadas zapallarinas. Otra familia alemana que interactuó con la sociedad chilena fueron los

3.

Erlwein, dueños en Santiago de una empresa cervecera y, en Zapallar, de la famosa fábrica de hielo que mantenía a bajas temperaturas las cervezas de los dueños y los refrescos del lugar. Don Miguel Erlwein se compenetró tanto del ambiente zapallarino que llegó a ser un querido alcalde del lugar y el fundador de los Bomberos de Zapallar. Pero las familias alemanas, a pesar de importantes excepciones, solían tener rutinas diferentes, hablaban alemán en sus hogares y celebraban todas las festividades de la cultura germana. En la casa del doctor Johow se festejaba cada año el cumpleaños del Kaiser con discursos y música germana. Otras actividades que se realizaban por la tarde eran ir al Mar Bravo, remar por la caleta o juntarse en el Gran Hotel, donde madame Gandon y sus hijas recibían espléndidamente y organizaban cocktails y bailes inolvidables. Famosos eran los pasteles que se encargaban al chef francés del Gran Hotel,

45

1. Un distinguido Nemesio Vicuña Pérez en tenida de montar fue quien, entre otras donaciones de tierras que pertenecían a su fundo de Cachagua, regaló también las del Club de Golf. 2. Fachada del legendario Gran Hotel Zapallar, desde los primeros años centro social del balneario. A él venían personalidades internacionales como también familias chilenas hospedándose antes y durante la construcción de sus casas. Se realizaron ahí famosos bailes y la kermesse anual, hasta su derrumbe causado por el terremoto de 1965. 3. Las cabalgatas eran parte de las actividades cotidianas. Aquí, un grupo de amigos saliendo a un paseo desde el Gran Hotel.

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establecimiento zapallarino, cuyo origen se remonta al año 1934, fue por ese entonces punto de reunión y degustación de deliciosos platos. Famosos eran los caldillos, platos franceses y otras exquisiteces que ahí se preparaban y que los zapallarinos añoraban cuando estaban fuera del lugar. Se almorzaba generalmente a la 1:30, ocasión en que los veraneantes subían a sus casas, salvo que fueran invitados por Rosa Pérez, quien encargaba a sus empleados que bajaran los guisos a la playa y se sentaba a comer con mantel, platos y cubiertos. Los alemanes tenían, sin embargo, horarios diferentes. Solían almorzar hacia las 12, lo cual incidía en que no había muchas instancias en que la sociedad chilena se entremezclara con ellos. Una importante excepción al respecto eran los cocktails que en las tardes daba el doctor Federico Johow, en que chilenos y alemanes convivían y se divertían comentando sus jornadas zapallarinas. Otra familia alemana que interactuó con la sociedad chilena fueron los

3.

Erlwein, dueños en Santiago de una empresa cervecera y, en Zapallar, de la famosa fábrica de hielo que mantenía a bajas temperaturas las cervezas de los dueños y los refrescos del lugar. Don Miguel Erlwein se compenetró tanto del ambiente zapallarino que llegó a ser un querido alcalde del lugar y el fundador de los Bomberos de Zapallar. Pero las familias alemanas, a pesar de importantes excepciones, solían tener rutinas diferentes, hablaban alemán en sus hogares y celebraban todas las festividades de la cultura germana. En la casa del doctor Johow se festejaba cada año el cumpleaños del Kaiser con discursos y música germana. Otras actividades que se realizaban por la tarde eran ir al Mar Bravo, remar por la caleta o juntarse en el Gran Hotel, donde madame Gandon y sus hijas recibían espléndidamente y organizaban cocktails y bailes inolvidables. Famosos eran los pasteles que se encargaban al chef francés del Gran Hotel,

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1. Un distinguido Nemesio Vicuña Pérez en tenida de montar fue quien, entre otras donaciones de tierras que pertenecían a su fundo de Cachagua, regaló también las del Club de Golf. 2. Fachada del legendario Gran Hotel Zapallar, desde los primeros años centro social del balneario. A él venían personalidades internacionales como también familias chilenas hospedándose antes y durante la construcción de sus casas. Se realizaron ahí famosos bailes y la kermesse anual, hasta su derrumbe causado por el terremoto de 1965. 3. Las cabalgatas eran parte de las actividades cotidianas. Aquí, un grupo de amigos saliendo a un paseo desde el Gran Hotel.

ZAPALLAR


1.

1. El tenis, importante actividad deportiva y social de la época, transcurría en casa de Carlos Ossandón.

ZAPALLAR

1927

que surtían, junto con los dulces de La Ligua, a las familias zapallarinas cuando convidaban a tomar el té. En el Gran Hotel se daban citas grandes y chicos, reflejando fielmente el ambiente familiar que reinaba en aquel entonces. Mientras los grandes bailaban y tomaban sus tragos, los más chicos también se hacían acompañar de una vitrola y husmeaban las escenas de los adultos. En la década de los años 20, era tanta la gente que quería ir a Zapallar, seducida por las anécdotas que aumentaban la atracción del lugar, que el hotel tuvo que ampliar su construcción. Incluso el mismísimo presidente González Videla llegó hasta Zapallar en un vapor de la Armada y fue recibido con una cálida recepción del pueblo con acopio de flores y música. Famoso por lo buen bailarín, el entonces presidente de Chile, llegó hasta el hotel de la madame francesa y pudo gozar de su hospitalidad y de la belleza del lugar. Si de visitas memorables se trata, no se puede dejar de

46

mencionar la del que fuera Ministro de Guerra y Marina del presidente Arturo Alessandri, don Carlos Silva Cruz. Un día cualquiera de la rutinaria vida de Zapallar, apareció en el balneario un buque de guerra que sorprendió y más bien atemorizó a los residentes del lugar. El ruido de los cañonazos y el humo de sus motores inundaron el lugar y la gente se amontonó en la playa expectante de los movimientos de la tripulación. ¿Qué guerra venía a pelear este barco destructor en las apacibles aguas zapallarinas? Pero el buque no venía en son de guerra sino que solamente transportaba a don Carlos que quería saludar a sus amigos zapallarinos y descansar durante un reparador fin de semana. A las 9:30 de la noche se daba por terminado el cóctel en el Gran Hotel y las familias se retiraban a la intimidad de su hogar para cenar. Después de comida muchos se volvían a juntar, a pesar de que la luz pública se apagaba a las 11 de la noche, dando al lugar un aspecto fantasmagórico.

Ahí se prendían las velas y algunos más esotéricos, como las hermanas Morla, aprovechaban el ambiente de misterio para realizar actividades de espiritismo. Los temerarios veraneantes zapallarinos se reunían en torno a una mesa, algunos formando cadena con las manos extendidas sobre la cubierta, mientras otros esperaban con curiosidad las comunicaciones con el más allá. Nadie se tomaba a burla estos encuentros que permitían conectarse con personajes tan célebres como Sócrates, Aristóteles, Pericles y Napoleón, que interrumpían su descanso o tormento eterno para conversar con estos jóvenes espiritistas. El encuentro con los espíritus del más allá se convirtió en una actividad social generalizada que concluyó en una seria amonestación del cura Moraga, párroco del lugar. Pero nada lograba opacar la popularidad de estas célebres Morla, conocidas por su buen humor, buen corazón y amor a la cultura. Muchos zapallarinos aún recuerdan la ocasión en que doña Luisa

Lynch de Morla invitó a la orquesta sinfónica completa con Víctor Tevah, su director, para tocar un concierto en la terraza de su casa de Zapallar. Las celebraciones de fiestas religiosas eran otra instancia típicamente zapallarina. El pueblo y los veraneantes se alineaban ordenadamente en una procesión que comenzaba en la iglesia y culminaba en el Cerro de la Cruz, donde una imagen de la virgen de Lourdes esperaba dentro de la gruta los cantos fervientes de sus feligreses. En Semana Santa, las campanas resonaban invitando a los fieles a participar en fiestas y procesiones con crucifijos en alto transportados por monaguillos, hijos de campesinos y pescadores. Los seguían las mujeres con sus velos en la cabeza, niños uniformados y otros devotos que llegaban hasta el Cerro de la Cruz en dolido vía crucis.

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1.

1. El tenis, importante actividad deportiva y social de la época, transcurría en casa de Carlos Ossandón.

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que surtían, junto con los dulces de La Ligua, a las familias zapallarinas cuando convidaban a tomar el té. En el Gran Hotel se daban citas grandes y chicos, reflejando fielmente el ambiente familiar que reinaba en aquel entonces. Mientras los grandes bailaban y tomaban sus tragos, los más chicos también se hacían acompañar de una vitrola y husmeaban las escenas de los adultos. En la década de los años 20, era tanta la gente que quería ir a Zapallar, seducida por las anécdotas que aumentaban la atracción del lugar, que el hotel tuvo que ampliar su construcción. Incluso el mismísimo presidente González Videla llegó hasta Zapallar en un vapor de la Armada y fue recibido con una cálida recepción del pueblo con acopio de flores y música. Famoso por lo buen bailarín, el entonces presidente de Chile, llegó hasta el hotel de la madame francesa y pudo gozar de su hospitalidad y de la belleza del lugar. Si de visitas memorables se trata, no se puede dejar de

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mencionar la del que fuera Ministro de Guerra y Marina del presidente Arturo Alessandri, don Carlos Silva Cruz. Un día cualquiera de la rutinaria vida de Zapallar, apareció en el balneario un buque de guerra que sorprendió y más bien atemorizó a los residentes del lugar. El ruido de los cañonazos y el humo de sus motores inundaron el lugar y la gente se amontonó en la playa expectante de los movimientos de la tripulación. ¿Qué guerra venía a pelear este barco destructor en las apacibles aguas zapallarinas? Pero el buque no venía en son de guerra sino que solamente transportaba a don Carlos que quería saludar a sus amigos zapallarinos y descansar durante un reparador fin de semana. A las 9:30 de la noche se daba por terminado el cóctel en el Gran Hotel y las familias se retiraban a la intimidad de su hogar para cenar. Después de comida muchos se volvían a juntar, a pesar de que la luz pública se apagaba a las 11 de la noche, dando al lugar un aspecto fantasmagórico.

Ahí se prendían las velas y algunos más esotéricos, como las hermanas Morla, aprovechaban el ambiente de misterio para realizar actividades de espiritismo. Los temerarios veraneantes zapallarinos se reunían en torno a una mesa, algunos formando cadena con las manos extendidas sobre la cubierta, mientras otros esperaban con curiosidad las comunicaciones con el más allá. Nadie se tomaba a burla estos encuentros que permitían conectarse con personajes tan célebres como Sócrates, Aristóteles, Pericles y Napoleón, que interrumpían su descanso o tormento eterno para conversar con estos jóvenes espiritistas. El encuentro con los espíritus del más allá se convirtió en una actividad social generalizada que concluyó en una seria amonestación del cura Moraga, párroco del lugar. Pero nada lograba opacar la popularidad de estas célebres Morla, conocidas por su buen humor, buen corazón y amor a la cultura. Muchos zapallarinos aún recuerdan la ocasión en que doña Luisa

Lynch de Morla invitó a la orquesta sinfónica completa con Víctor Tevah, su director, para tocar un concierto en la terraza de su casa de Zapallar. Las celebraciones de fiestas religiosas eran otra instancia típicamente zapallarina. El pueblo y los veraneantes se alineaban ordenadamente en una procesión que comenzaba en la iglesia y culminaba en el Cerro de la Cruz, donde una imagen de la virgen de Lourdes esperaba dentro de la gruta los cantos fervientes de sus feligreses. En Semana Santa, las campanas resonaban invitando a los fieles a participar en fiestas y procesiones con crucifijos en alto transportados por monaguillos, hijos de campesinos y pescadores. Los seguían las mujeres con sus velos en la cabeza, niños uniformados y otros devotos que llegaban hasta el Cerro de la Cruz en dolido vía crucis.

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1936

1.

1936

1940

1. Panorámica de la bahía, desde donde hoy se encuentra el pueblo reubicado en esa ladera, luego de que el terremoto de 1965 dejara en el suelo a prácticamente la totalidad de sus casas construidas en adobe. 2. En casa de la familia Subercaseaux Morla, sentada en el suelo Adriana sutil, Charin Edwards, Víctor Santa Cruz, Chalo Subercaseaux, Mercedes de Landa, Juan Sutil, Pilar Subercaseaux y Gabriel Rodríguez.

2.

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1.

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1. Panorámica de la bahía, desde donde hoy se encuentra el pueblo reubicado en esa ladera, luego de que el terremoto de 1965 dejara en el suelo a prácticamente la totalidad de sus casas construidas en adobe. 2. En casa de la familia Subercaseaux Morla, sentada en el suelo Adriana sutil, Charin Edwards, Víctor Santa Cruz, Chalo Subercaseaux, Mercedes de Landa, Juan Sutil, Pilar Subercaseaux y Gabriel Rodríguez.

2.

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ZAPALLAR Y SUS MÚLTIPLES ACTIVIDADES 1940

1930

1.

Si avanzamos en el tiempo hasta los años 40, divisamos algunos cambios muy tenues en la forma de veranear de los zapallarinos. Los enseres del veraneo seguían embarcándose con quince días de anticipación, pero existía ahora una empresa, el Expreso de Villalonga, que se ocupaba diligentemente del asunto. Villalonga iba a las casas de los veraneantes en Santiago y ayudaba a empacar todo lo necesario para llevar a Zapallar poniéndolo en grandes sacos. Las cosas se mandaban por tren y llegaban a Papudo, adonde iba un zapallarino –Nicodemo– a recogerlas en su destartalado camión. Cuando éste se asomaba de vuelta de su viaje hacia Zapallar, los veraneantes gritaban excitados ¡Ahí viene Nicodemo! La ropa para el verano había llegado. Los meses estivales pasaban apaciblemente en este rincón del litoral. Sin embargo, todos esperaban la llegada de la semana más excitante del veraneo: la Semana Zapallarina. Múltiples actividades unían a los diferentes grupos y las asperezas y competencias que a veces existían entre “pandilleros” y Ossandones, se olvidaban durante estos días de juegos y jolgorios en que todos convivían para celebrar al querido balneario y solidarizar para hacer de Zapallar un lugar aún

1. Castillo, creación de Álvaro Casanova Centeno, afamado pintor de marinas y aficionado a la construcción de barcos. Desde ahí se disparaba diariamente el cañonazo de las doce.

ZAPALLAR

1930

50

mejor. Al comienzo de estas celebraciones se elegía, entre un grupo de bellezas, a la reina de Zapallar y su corte de honor. Las fiestas solían comenzar con el izamiento de las flamantes banderas chilena y zapallarina. Esta última era ya el emblema del lugar, una simple composición de celeste con amarillo que se convertiría en un verdadero icono de identidad del lugar. Años antes, Javier Pérez, descendiente del fundador y gran amante de Zapallar, le había rendido homenaje:

2.

2. En la playa, Teresa Concha Cazot de Walker, Sofía Concha de Aldunate, Paloma Landa de Tagle y Teresa Walker Concha de Pérez.

Bandera zapallarina Azul y oro sus colores Mirándola se adivina La estirpe de sus cultores Bandera del ideal, Posee azules anhelos Y brillos de áureo metal. La hicieron manos de abuelos Con un jirón de los cielos Y el oro de un manot real.

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ZAPALLAR Y SUS MÚLTIPLES ACTIVIDADES 1940

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1.

Si avanzamos en el tiempo hasta los años 40, divisamos algunos cambios muy tenues en la forma de veranear de los zapallarinos. Los enseres del veraneo seguían embarcándose con quince días de anticipación, pero existía ahora una empresa, el Expreso de Villalonga, que se ocupaba diligentemente del asunto. Villalonga iba a las casas de los veraneantes en Santiago y ayudaba a empacar todo lo necesario para llevar a Zapallar poniéndolo en grandes sacos. Las cosas se mandaban por tren y llegaban a Papudo, adonde iba un zapallarino –Nicodemo– a recogerlas en su destartalado camión. Cuando éste se asomaba de vuelta de su viaje hacia Zapallar, los veraneantes gritaban excitados ¡Ahí viene Nicodemo! La ropa para el verano había llegado. Los meses estivales pasaban apaciblemente en este rincón del litoral. Sin embargo, todos esperaban la llegada de la semana más excitante del veraneo: la Semana Zapallarina. Múltiples actividades unían a los diferentes grupos y las asperezas y competencias que a veces existían entre “pandilleros” y Ossandones, se olvidaban durante estos días de juegos y jolgorios en que todos convivían para celebrar al querido balneario y solidarizar para hacer de Zapallar un lugar aún

1. Castillo, creación de Álvaro Casanova Centeno, afamado pintor de marinas y aficionado a la construcción de barcos. Desde ahí se disparaba diariamente el cañonazo de las doce.

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mejor. Al comienzo de estas celebraciones se elegía, entre un grupo de bellezas, a la reina de Zapallar y su corte de honor. Las fiestas solían comenzar con el izamiento de las flamantes banderas chilena y zapallarina. Esta última era ya el emblema del lugar, una simple composición de celeste con amarillo que se convertiría en un verdadero icono de identidad del lugar. Años antes, Javier Pérez, descendiente del fundador y gran amante de Zapallar, le había rendido homenaje:

2.

2. En la playa, Teresa Concha Cazot de Walker, Sofía Concha de Aldunate, Paloma Landa de Tagle y Teresa Walker Concha de Pérez.

Bandera zapallarina Azul y oro sus colores Mirándola se adivina La estirpe de sus cultores Bandera del ideal, Posee azules anhelos Y brillos de áureo metal. La hicieron manos de abuelos Con un jirón de los cielos Y el oro de un manot real.

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1950

1.

1934

2.

La semana zapallarina solía inaugurarse con un partido de tenis en la casa de los Ossandón. Se bajaba luego a la playa para continuar con las actividades deportivas de carreras de flotadores en el mar de 100, 200 y 400 mts. Después de almuerzo se realizaban actividades para los niños y se les organizaban bailes en el Tenis del Gran Hotel o en el Mar Bravo. En la tarde se escuchaba una Banda Militar y se hacía una batalla de serpentinas en la calle. Esto era un típico día de fiestas y competencias en la tan anhelada semana zapallarina. Los demás días serían parecidos: partidos de fútbol, conciertos, bailes, carreras de caballo a la chilena, campeonatos de box. Los veraneantes realmente se divertían pero, al mismo tiempo, aprovechaban el espíritu de grupo y solidaridad que se formaba, para ayudar a otros: las actividades recaudaban fondos para la gente del pueblo y servían, asimismo, para mejorar la infraestructura del balneario. Un evento novedoso de la vida zapallarina fue la aparición de las kermesses en el mes de febrero, las cuales además de satisfacer las ansias de entretención de los veraneantes, tenían un fin benéfico cual era recaudar dinero para ayudar al cura en su parroquia. El cura era otro personaje del Zapallar

ZAPALLAR

52

3.

1940

de entonces. Primero el cura Moraga, a quien todo le salía al revés pero a quien los veraneantes querían mucho. Y luego el cura Antonio Zanoletti quien, durante muchos años, fue un verdadero pastor de zapallarinos y veraneantes. Hasta el día de hoy, quien visite el cementerio verá que su tumba está siempre llena de flores, testimonio de su recuerdo imborrable. Las kermesses eran un divertidísimo evento del mes de febrero que premiaban el ingenio, el humor y la originalidad de los veraneantes. Eso era lo que importaba en Zapallar. Con el dinero obtenido en la kermesse y en los estrenos cinematográficos que daba Benito del Villar en los cines Rex de Santiago, la señora Juana Concha Subercaseaux tomó en sus manos la tarea de la construcción de una nueva iglesia para la comunidad zapallarina. En la búsqueda del estilo con que debía alzarse, la asesoró otro de los personajes más emblemáticos de Zapallar, Matías Errázuriz. Don Matías había visto en Viña del Mar una hermosa iglesita de unos religiosos benedictinos que habían traído los planos de Europa. La sencillez de esta iglesia lo cautivó y la de Zapallar fue construida según ese modelo. Y así nació la iglesia de Zapallar, ese monumento de piedra gris que resalta entre

el verdor de su plaza, donde se instaló, asimismo, una pila de agua de bronce del año 1682, que algún día perteneció a las monjas clarisas y ha sido declarada monumento nacional. El cura Erasmo Moraga quedó muy contento con la solidaridad de los veraneantes y por la forma que habían utilizado para reunir el dinero necesario: las kermesses. Estas eran una peculiar instancia que tenían los zapallarinos para divertirse con ingenio, ya que las coplas siempre tocaban, con finura y respeto, aquel lado flaco que todos querían esconder. Cada persona debía mostrar sus dotes -el canto, el baile, la poesía y el buen humory hacer que los otros disfrutaran igualmente. Cuando las kermesses de Zapallar comenzaban, la señora Marta Balmaceda de Montt se afanaba en la confección de los trajes y pelucas que usarían sus hijos y los amigos de éstos. Recurría al almacén de Eltit o al de la Emelina para aprovisionarse de limitados útiles que con su gracia y habilidad se transformaban en graciosos disfraces. Sus hijos hacían el papel de payasos y otros chiquillos hacían de copletistas:

“Estas flores muy bonitas que hay aquí en este salón las mandó con mucho cariño el señor Ossandón.” Y así iba transcurriendo el tiempo en este lugar que durante el año albergaba a su pueblo pescador, amante de la naturaleza y la vida tranquila. Los Figueroa, los Valenzuela, los Tapia, los Torreblanca, familias que se quedarían en este lugar por varias generaciones, apegados a lo propio y enamorados de este espacio único en el mundo. Muchos alemanes compartieron este sentimiento de identidad que producían el paisaje y la vida zapallarina y lo eligieron asimismo como su casa definitiva. Otros prefiririeron vivir en Santiago, pero volvían a Zapallar junto con los veraneantes chilenos, apenas las obligaciones capitalinas les permitían retornar a tan añorado lugar. Las vacaciones seguían siendo una instancia familiar e íntima en que grandes y niños compartían las actividades lúdicas y deportivas con el hermoso paisaje zapallarino como telón de fondo. El espíritu del fundador, sencillo y solidario, se mantenía fuerte e intacto.

53

1. La iglesia proyectada por el arquitecto Carlos de Landa en 1934, fue construida gracias a las donaciones de todos los zapallarinos. Aquí aparece con su campanario destruido en el terremoto de 1965. 2. En una visita del entonces Presidente Arturo Alessandri Palma, aquí con su perro y las hermanas Carmen y Ximena Morla, frente a su casa. 3. Los paseos en bote eran parte de las actividades cotidianas y muchas familias tenían uno para salir a remar.

ZAPALLAR


1950

1.

1934

2.

La semana zapallarina solía inaugurarse con un partido de tenis en la casa de los Ossandón. Se bajaba luego a la playa para continuar con las actividades deportivas de carreras de flotadores en el mar de 100, 200 y 400 mts. Después de almuerzo se realizaban actividades para los niños y se les organizaban bailes en el Tenis del Gran Hotel o en el Mar Bravo. En la tarde se escuchaba una Banda Militar y se hacía una batalla de serpentinas en la calle. Esto era un típico día de fiestas y competencias en la tan anhelada semana zapallarina. Los demás días serían parecidos: partidos de fútbol, conciertos, bailes, carreras de caballo a la chilena, campeonatos de box. Los veraneantes realmente se divertían pero, al mismo tiempo, aprovechaban el espíritu de grupo y solidaridad que se formaba, para ayudar a otros: las actividades recaudaban fondos para la gente del pueblo y servían, asimismo, para mejorar la infraestructura del balneario. Un evento novedoso de la vida zapallarina fue la aparición de las kermesses en el mes de febrero, las cuales además de satisfacer las ansias de entretención de los veraneantes, tenían un fin benéfico cual era recaudar dinero para ayudar al cura en su parroquia. El cura era otro personaje del Zapallar

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3.

1940

de entonces. Primero el cura Moraga, a quien todo le salía al revés pero a quien los veraneantes querían mucho. Y luego el cura Antonio Zanoletti quien, durante muchos años, fue un verdadero pastor de zapallarinos y veraneantes. Hasta el día de hoy, quien visite el cementerio verá que su tumba está siempre llena de flores, testimonio de su recuerdo imborrable. Las kermesses eran un divertidísimo evento del mes de febrero que premiaban el ingenio, el humor y la originalidad de los veraneantes. Eso era lo que importaba en Zapallar. Con el dinero obtenido en la kermesse y en los estrenos cinematográficos que daba Benito del Villar en los cines Rex de Santiago, la señora Juana Concha Subercaseaux tomó en sus manos la tarea de la construcción de una nueva iglesia para la comunidad zapallarina. En la búsqueda del estilo con que debía alzarse, la asesoró otro de los personajes más emblemáticos de Zapallar, Matías Errázuriz. Don Matías había visto en Viña del Mar una hermosa iglesita de unos religiosos benedictinos que habían traído los planos de Europa. La sencillez de esta iglesia lo cautivó y la de Zapallar fue construida según ese modelo. Y así nació la iglesia de Zapallar, ese monumento de piedra gris que resalta entre

el verdor de su plaza, donde se instaló, asimismo, una pila de agua de bronce del año 1682, que algún día perteneció a las monjas clarisas y ha sido declarada monumento nacional. El cura Erasmo Moraga quedó muy contento con la solidaridad de los veraneantes y por la forma que habían utilizado para reunir el dinero necesario: las kermesses. Estas eran una peculiar instancia que tenían los zapallarinos para divertirse con ingenio, ya que las coplas siempre tocaban, con finura y respeto, aquel lado flaco que todos querían esconder. Cada persona debía mostrar sus dotes -el canto, el baile, la poesía y el buen humory hacer que los otros disfrutaran igualmente. Cuando las kermesses de Zapallar comenzaban, la señora Marta Balmaceda de Montt se afanaba en la confección de los trajes y pelucas que usarían sus hijos y los amigos de éstos. Recurría al almacén de Eltit o al de la Emelina para aprovisionarse de limitados útiles que con su gracia y habilidad se transformaban en graciosos disfraces. Sus hijos hacían el papel de payasos y otros chiquillos hacían de copletistas:

“Estas flores muy bonitas que hay aquí en este salón las mandó con mucho cariño el señor Ossandón.” Y así iba transcurriendo el tiempo en este lugar que durante el año albergaba a su pueblo pescador, amante de la naturaleza y la vida tranquila. Los Figueroa, los Valenzuela, los Tapia, los Torreblanca, familias que se quedarían en este lugar por varias generaciones, apegados a lo propio y enamorados de este espacio único en el mundo. Muchos alemanes compartieron este sentimiento de identidad que producían el paisaje y la vida zapallarina y lo eligieron asimismo como su casa definitiva. Otros prefiririeron vivir en Santiago, pero volvían a Zapallar junto con los veraneantes chilenos, apenas las obligaciones capitalinas les permitían retornar a tan añorado lugar. Las vacaciones seguían siendo una instancia familiar e íntima en que grandes y niños compartían las actividades lúdicas y deportivas con el hermoso paisaje zapallarino como telón de fondo. El espíritu del fundador, sencillo y solidario, se mantenía fuerte e intacto.

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1. La iglesia proyectada por el arquitecto Carlos de Landa en 1934, fue construida gracias a las donaciones de todos los zapallarinos. Aquí aparece con su campanario destruido en el terremoto de 1965. 2. En una visita del entonces Presidente Arturo Alessandri Palma, aquí con su perro y las hermanas Carmen y Ximena Morla, frente a su casa. 3. Los paseos en bote eran parte de las actividades cotidianas y muchas familias tenían uno para salir a remar.

ZAPALLAR


1.

1926

Las relaciones entre las familias del pueblo y las de veraneantes eran fáciles y fluidas: las mamas de Zapallar llevaban a los niños que cuidaban a sus casas por las tardes, los niños del pueblo jugaban tenis con los veraneantes y, años más tarde, unas famosas pichangas en la estrenada cancha de baby fútbol. Los jardineros de las grandes casas se enorgullecían frente a sus patrones de la conservación de sus parques y los jóvenes de Santiago organizaban bailes en la parroquia, donde compartían con la gente del pueblo. Así como éstas, había muchas instancias de convivencia natural entre la gente del pueblo y los veraneantes. Hubo, asimismo, una serie de personajes entrañables del pueblo zapallarino, parte de la memoria colectiva de este lugar: “el polvillo”, hombre siempre alegre y omnipresente, montado sobre su burro e inmortalizado por el pintor Diego José Fontecilla en el frontis del teatro de Zapallar; Pasache, gran filósofo y conversador, por todos querido; el maestro Adolfo Carmona, siempre contratado por la Municipalidad para confiarle la reconstrucción del muelle y el arreglo de las dependencias públicas. Algunos zapallarinos recuerdan hoy en día ciertos tenues

ZAPALLAR

54

cambios que ocurrieron en el balneario hacia los años 50. Son los años en que llegaron a Zapallar personajes que habían viajado mucho, habían conocido el mundo en sus andanzas, y trajeron una cierta dosis de sofisticación al balneario. Don Matías Errázuriz, amigo personal de artistas de renombre como Sorolla y Valenzuela Puelma, poseía una casa extraordinaria, toda hecha de piedra y con una vista maravillosa. Los planos originales habían sido diseñados por Le Corbussier, pero luego modificados por arquitectos chilenos para ajustarse al paisaje nacional. El resultado fue una espléndida mansión que albergaba colecciones extraordinarias de cuanta cosa existía, rodeada de un hermoso parque con especies autóctonas y exóticas. Abundaban en su interior muebles finos y evocadores, arcones y armaduras. En una sala grande con artesonado dorado en el techo, Matías conservaba mesas góticas y crucifijos. Sin embargo, Matías Errázuriz brillaba por su simpatía y sencillez y solía vérsele arriba de un caballo con un poncho de vicuña o una chaqueta morada de terciopelo. Otro de estos “sofisticados” que llegó a Zapallar fue Mario Matta, gran decorador que se lucía por la forma de recibir a sus invitados. Pero no

debe de haber sido tanto el glamour, tampoco, porque la juventud siguió divirtiéndose en forma muy familiar y sencilla. Algunos recuerdan que después de comida, hacían grupo entre los amigos y salían a cantar a las calles. Todos gritaban ¡Los Coros!, ¡Los Coros! ¡Ahí vienen los Coros!, y la gente salía de sus casas a escuchar a los afinados veraneantes que se atrevían a entonar alguna canción de sobremesa. Famosas fueron también las reuniones organizadas por los Montt para escuchar música clásica, poesía y leer cosas que a todos interesaran. Manuel Montt Balmaceda, zapallarino de alma, recuerda con nostalgia aquellas jornadas literarias en que declamaban a Shakespeare por horas. O cuando Jorge Edwards llegaba a veranear con nuevos libros para recomendar y comentar entre los jóvenes ávidos de buenas letras. Otra de las familias típicas de Zapallar, los Letelier, pusieron un verano una boite privada, la Micaela, que se parecía más a una fonda popular que a un local sofisticado. Pero esta no fue la única iniciativa de este tipo en Zapallar: como en el pueblo había un bar para bailar que se llamaba “El Caremuerto”, una de las zapallarinas con más espíritu

festivo, Pilar Rodríguez, abrió un local alternativo al que bautizó como “Carevivo”. Lo instaló debajo de la terraza de su casa e invitó a todo el mundo. Incluso la orquesta del “Caremuerto” solía tocar en la discoteca de las Rodríguez. El teatro, las kermesses y las fiestas con disfraces seguían siendo las entretenciones sociales favoritas. Incluso el famoso director Eugenio Dittborn llegó hasta el balneario a dirigir una obra que se llamaba “El Pastel y la Torta”. Todo el mundo se disfrazaba y gozaba con el espíritu lúdico que animaba a los zapallarinos. Hasta el mismo cura Didier le prestó en una oportunidad su sotana a uno de los feligreses para que actuara en una representación, ocasión que le valió el eterno sobrenombre de “el fraile”. Las kermesses seguían animando la semana zapallarina y las coplas que se cantaban se pegaban para el resto del verano. Todavía algunas recuerdan haber tarareado durante meses “las ostritas pescaremos en el fondo de la mar” o bien “ Viene Nemesio con su trapecio para no gastar un peso”. Las niñas que querían tener un recuerdo imborrable de su juventud zapallarina, se hacían retratar por el famoso fotógrafo Feliu, quien les sacaba fotos en sus habituales disfraces.

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1. En la playa, todos amigos.

ZAPALLAR


1.

1926

Las relaciones entre las familias del pueblo y las de veraneantes eran fáciles y fluidas: las mamas de Zapallar llevaban a los niños que cuidaban a sus casas por las tardes, los niños del pueblo jugaban tenis con los veraneantes y, años más tarde, unas famosas pichangas en la estrenada cancha de baby fútbol. Los jardineros de las grandes casas se enorgullecían frente a sus patrones de la conservación de sus parques y los jóvenes de Santiago organizaban bailes en la parroquia, donde compartían con la gente del pueblo. Así como éstas, había muchas instancias de convivencia natural entre la gente del pueblo y los veraneantes. Hubo, asimismo, una serie de personajes entrañables del pueblo zapallarino, parte de la memoria colectiva de este lugar: “el polvillo”, hombre siempre alegre y omnipresente, montado sobre su burro e inmortalizado por el pintor Diego José Fontecilla en el frontis del teatro de Zapallar; Pasache, gran filósofo y conversador, por todos querido; el maestro Adolfo Carmona, siempre contratado por la Municipalidad para confiarle la reconstrucción del muelle y el arreglo de las dependencias públicas. Algunos zapallarinos recuerdan hoy en día ciertos tenues

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cambios que ocurrieron en el balneario hacia los años 50. Son los años en que llegaron a Zapallar personajes que habían viajado mucho, habían conocido el mundo en sus andanzas, y trajeron una cierta dosis de sofisticación al balneario. Don Matías Errázuriz, amigo personal de artistas de renombre como Sorolla y Valenzuela Puelma, poseía una casa extraordinaria, toda hecha de piedra y con una vista maravillosa. Los planos originales habían sido diseñados por Le Corbussier, pero luego modificados por arquitectos chilenos para ajustarse al paisaje nacional. El resultado fue una espléndida mansión que albergaba colecciones extraordinarias de cuanta cosa existía, rodeada de un hermoso parque con especies autóctonas y exóticas. Abundaban en su interior muebles finos y evocadores, arcones y armaduras. En una sala grande con artesonado dorado en el techo, Matías conservaba mesas góticas y crucifijos. Sin embargo, Matías Errázuriz brillaba por su simpatía y sencillez y solía vérsele arriba de un caballo con un poncho de vicuña o una chaqueta morada de terciopelo. Otro de estos “sofisticados” que llegó a Zapallar fue Mario Matta, gran decorador que se lucía por la forma de recibir a sus invitados. Pero no

debe de haber sido tanto el glamour, tampoco, porque la juventud siguió divirtiéndose en forma muy familiar y sencilla. Algunos recuerdan que después de comida, hacían grupo entre los amigos y salían a cantar a las calles. Todos gritaban ¡Los Coros!, ¡Los Coros! ¡Ahí vienen los Coros!, y la gente salía de sus casas a escuchar a los afinados veraneantes que se atrevían a entonar alguna canción de sobremesa. Famosas fueron también las reuniones organizadas por los Montt para escuchar música clásica, poesía y leer cosas que a todos interesaran. Manuel Montt Balmaceda, zapallarino de alma, recuerda con nostalgia aquellas jornadas literarias en que declamaban a Shakespeare por horas. O cuando Jorge Edwards llegaba a veranear con nuevos libros para recomendar y comentar entre los jóvenes ávidos de buenas letras. Otra de las familias típicas de Zapallar, los Letelier, pusieron un verano una boite privada, la Micaela, que se parecía más a una fonda popular que a un local sofisticado. Pero esta no fue la única iniciativa de este tipo en Zapallar: como en el pueblo había un bar para bailar que se llamaba “El Caremuerto”, una de las zapallarinas con más espíritu

festivo, Pilar Rodríguez, abrió un local alternativo al que bautizó como “Carevivo”. Lo instaló debajo de la terraza de su casa e invitó a todo el mundo. Incluso la orquesta del “Caremuerto” solía tocar en la discoteca de las Rodríguez. El teatro, las kermesses y las fiestas con disfraces seguían siendo las entretenciones sociales favoritas. Incluso el famoso director Eugenio Dittborn llegó hasta el balneario a dirigir una obra que se llamaba “El Pastel y la Torta”. Todo el mundo se disfrazaba y gozaba con el espíritu lúdico que animaba a los zapallarinos. Hasta el mismo cura Didier le prestó en una oportunidad su sotana a uno de los feligreses para que actuara en una representación, ocasión que le valió el eterno sobrenombre de “el fraile”. Las kermesses seguían animando la semana zapallarina y las coplas que se cantaban se pegaban para el resto del verano. Todavía algunas recuerdan haber tarareado durante meses “las ostritas pescaremos en el fondo de la mar” o bien “ Viene Nemesio con su trapecio para no gastar un peso”. Las niñas que querían tener un recuerdo imborrable de su juventud zapallarina, se hacían retratar por el famoso fotógrafo Feliu, quien les sacaba fotos en sus habituales disfraces.

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1. En la playa, todos amigos.

ZAPALLAR


1927

AIRES DE MODERNIDAD 1950

1.

Los años cincuenta presenciaron también un leve cambio en las costumbres en extremo pudorosas del Zapallar de entonces. A los asomos de glamour y elegancia que aportaban algunos chilenos viajados, se sumó el bikini como emblema de una nueva época que se comenzaba a adivinar. Cuando Marta Montt apareció en la playa con el primer bikini que se vio en Zapallar, los comentarios afloraron con rapidez. Y más rápida aún fue la expansión generalizada que tuvo esta prenda en la moda estival de aquel entonces. Algunas coplas de esos años recogen el asombro y admiración que causaba esta prenda:

1. Velas y quitasoles.

ZAPALLAR

1954

1950

56

“Zapallar es un balneario de selecta variedad tiene erizos y mariscos y también pelados priscos tiene pichos y pichotos tienen choclos tiene totos y también tremendos potos Hay jolgorios y chacotas y se juega con pelotas En los juegos más variados y no sean mal pensados Para ser zapallarino hay que ser muy singular Hay que ser roto muy fino y saber tirarse al mar Enredadas en las algas cuando son fuerte las olas Se asoman algunas nalgas de las tangas de las lolas Es tierra de los Ovalle de los Pérez y Ossandón De los Sutil de los Wilson y unos que no son”.

57

2.

2. En la playa, Marta Montt Balmaceda y Diego José Fontecilla Sutil.

ZAPALLAR


1927

AIRES DE MODERNIDAD 1950

1.

Los años cincuenta presenciaron también un leve cambio en las costumbres en extremo pudorosas del Zapallar de entonces. A los asomos de glamour y elegancia que aportaban algunos chilenos viajados, se sumó el bikini como emblema de una nueva época que se comenzaba a adivinar. Cuando Marta Montt apareció en la playa con el primer bikini que se vio en Zapallar, los comentarios afloraron con rapidez. Y más rápida aún fue la expansión generalizada que tuvo esta prenda en la moda estival de aquel entonces. Algunas coplas de esos años recogen el asombro y admiración que causaba esta prenda:

1. Velas y quitasoles.

ZAPALLAR

1954

1950

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“Zapallar es un balneario de selecta variedad tiene erizos y mariscos y también pelados priscos tiene pichos y pichotos tienen choclos tiene totos y también tremendos potos Hay jolgorios y chacotas y se juega con pelotas En los juegos más variados y no sean mal pensados Para ser zapallarino hay que ser muy singular Hay que ser roto muy fino y saber tirarse al mar Enredadas en las algas cuando son fuerte las olas Se asoman algunas nalgas de las tangas de las lolas Es tierra de los Ovalle de los Pérez y Ossandón De los Sutil de los Wilson y unos que no son”.

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2.

2. En la playa, Marta Montt Balmaceda y Diego José Fontecilla Sutil.

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1953

1.

1953

2.

ZAPALLAR

58

1950

Si seguimos hablando de la moda del verano, hay que recordar los estampados con motivos tropicales que hacía Javier Pérez en trajes de baño, bikinis y pareos. Este zapallarino de alma tenía en su casa un pequeño horno para realizar esta faena y los jóvenes llegaban donde él para adquirir estas prendas que parecían el uniforme de la juventud. Y siguiendo con los aires de modernidad que no tardaron en llegar a este pequeño pueblito del litoral, hoy en día algunos recuerdan que fue en los años 50 que algunos zapallarinos comenzaron a llegar al balneario en avión. La escena que se presenciaba en aquel entonces nos parece hoy espantosa ya que en unas avionetas chicas e inestables, algunos valientes aterrizaban en los potreros de Cachagua, lo que hoy constituye el Club Ecuestre. Desgraciadamente algunos de estos viajes aéreos terminaron en tragedia y la aparición de estas avionetas en el cielo terminó por ir desapareciendo. La vida transcurría tranquila y apacible en Zapallar,

pero al mismo tiempo se aceptaban todos los adelantos de la modernidad. La luz eléctrica llegó en los años 50, cuando los zapallarinos todavía iluminaban sus casas con un fétido carburo. Pero tanta modernidad no impidió, tampoco, que la luz pública se apagara diariamente a las 11 de la noche, lo que obviamente incidía en la forma de divertirse y en los horarios del veraneo. Se volvió a las prácticas de espiritismo que siempre han gustado tanto a los zapallarinos. En la casa de los Valledor se reunían todos aquellos que querían establecer contactos con el más allá y algunas recuerdan cómo los espíritus subían las mesas por las escaleras de esta gran casona. La llegada del gas licuado fue también un hito en el proceso de modernización. El advenimiento de éste no solamente produjo mayor comodidad y seguridad para las gentes de Zapallar, sino que también trajo consigo un cambio en el paisaje: en la medida que dejó de utilizarse la leña de los árboles de los cerros, creció considerablemente la vegetación.

3.

El correo era otra institución que seguía siendo tan primitiva como en sus orígenes: un cartero traía la correspondencia desde Papudo en mula y cuando llegaba a Zapallar se escribían unas listas con los afortunados en recibir cartas, las cuales se “cantaban” a las 3 de la tarde cada día al frente del correo. La asistencia médica no había sufrido ningún cambio favorable en los últimos años. Zapallar seguía sin ningún médico ni farmacia para atender las urgencias de su comunidad. En la década de los años 30, la ciencia médica estaba representada por una anciana con cara de bruja –la Andreíta–, que ayudaba a las embarazadas a parir con métodos que hoy son muy cuestionables: tras darle a la parturientas alguna bebida alcohólica y friegas de enjundia de gallina, las hacía colocarse en cuclillas y esperar horas de horas. Un dispensario que atendían algunas señoras veraneantes de buena voluntad asistía asimismo a los accidentados de verano. Hacia la década de los cincuenta surgió un nuevo personaje encargado de la

59

1. El Almirante Edgardo von Schroeders Sarratea, fundador del Club de Golf en Cachagua. El diseño de los nueve hoyos con que partió la cancha fue trazado con su palo de golf y él mismo plantó los árboles. Aquí, en su discurso inaugural. 2. Un sencillo Club House adosado a la casa de cuidadores de la cancha, donde Anita Araya de Molina preparaba unas exquisitas empanadas fritas para los socios. 3. En la playa, Diego José Fontecilla, María del Pilar Rodríguez, Pedro Erlwein, Teresa Elton y Gabi Erlwein, entre otros.

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1953

1.

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2.

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1950

Si seguimos hablando de la moda del verano, hay que recordar los estampados con motivos tropicales que hacía Javier Pérez en trajes de baño, bikinis y pareos. Este zapallarino de alma tenía en su casa un pequeño horno para realizar esta faena y los jóvenes llegaban donde él para adquirir estas prendas que parecían el uniforme de la juventud. Y siguiendo con los aires de modernidad que no tardaron en llegar a este pequeño pueblito del litoral, hoy en día algunos recuerdan que fue en los años 50 que algunos zapallarinos comenzaron a llegar al balneario en avión. La escena que se presenciaba en aquel entonces nos parece hoy espantosa ya que en unas avionetas chicas e inestables, algunos valientes aterrizaban en los potreros de Cachagua, lo que hoy constituye el Club Ecuestre. Desgraciadamente algunos de estos viajes aéreos terminaron en tragedia y la aparición de estas avionetas en el cielo terminó por ir desapareciendo. La vida transcurría tranquila y apacible en Zapallar,

pero al mismo tiempo se aceptaban todos los adelantos de la modernidad. La luz eléctrica llegó en los años 50, cuando los zapallarinos todavía iluminaban sus casas con un fétido carburo. Pero tanta modernidad no impidió, tampoco, que la luz pública se apagara diariamente a las 11 de la noche, lo que obviamente incidía en la forma de divertirse y en los horarios del veraneo. Se volvió a las prácticas de espiritismo que siempre han gustado tanto a los zapallarinos. En la casa de los Valledor se reunían todos aquellos que querían establecer contactos con el más allá y algunas recuerdan cómo los espíritus subían las mesas por las escaleras de esta gran casona. La llegada del gas licuado fue también un hito en el proceso de modernización. El advenimiento de éste no solamente produjo mayor comodidad y seguridad para las gentes de Zapallar, sino que también trajo consigo un cambio en el paisaje: en la medida que dejó de utilizarse la leña de los árboles de los cerros, creció considerablemente la vegetación.

3.

El correo era otra institución que seguía siendo tan primitiva como en sus orígenes: un cartero traía la correspondencia desde Papudo en mula y cuando llegaba a Zapallar se escribían unas listas con los afortunados en recibir cartas, las cuales se “cantaban” a las 3 de la tarde cada día al frente del correo. La asistencia médica no había sufrido ningún cambio favorable en los últimos años. Zapallar seguía sin ningún médico ni farmacia para atender las urgencias de su comunidad. En la década de los años 30, la ciencia médica estaba representada por una anciana con cara de bruja –la Andreíta–, que ayudaba a las embarazadas a parir con métodos que hoy son muy cuestionables: tras darle a la parturientas alguna bebida alcohólica y friegas de enjundia de gallina, las hacía colocarse en cuclillas y esperar horas de horas. Un dispensario que atendían algunas señoras veraneantes de buena voluntad asistía asimismo a los accidentados de verano. Hacia la década de los cincuenta surgió un nuevo personaje encargado de la

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1. El Almirante Edgardo von Schroeders Sarratea, fundador del Club de Golf en Cachagua. El diseño de los nueve hoyos con que partió la cancha fue trazado con su palo de golf y él mismo plantó los árboles. Aquí, en su discurso inaugural. 2. Un sencillo Club House adosado a la casa de cuidadores de la cancha, donde Anita Araya de Molina preparaba unas exquisitas empanadas fritas para los socios. 3. En la playa, Diego José Fontecilla, María del Pilar Rodríguez, Pedro Erlwein, Teresa Elton y Gabi Erlwein, entre otros.

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1961

1.

1965

2.

Página anterior: 1. Rincón en boiserie del gran living en Villa Maricel. 2. El diseñador de muebles y decorador Mario Matta Echaurren, quien con su llegada a Zapallar en los años cincuenta, trae consigo un estilo más glamoroso y mundano. Aquí con Mignonette Saavedra en la terraza de villa Maricel.

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salud del lugar: “el practicante” Valdevenito, quien sacaba espinas de erizos clavadas en los pies, curaba quemaduras y picadas de abeja. Los paseos seguían siendo los mismos, nada había cambiado: La Isla Seca, las excursiones organizadas a las quebradas para lanzarse por las lianas y luego bajar por los cerros hasta Cachagua; las subidas a los árboles a comer esas deliciosas peritas diminutas tan típicas de Zapallar; las deslizadas en trineos domésticos hechos con palos de la barraca para lanzarse por los cerros de pino zapallarinos; las caminatas eternas de ahí para allá, los saltos mortales sobre los caletones; las andanzas por las rocas, donde vivía la mítica “jaibera”, un personaje estrafalario como salido de la niebla matinal zapallarina que vivía en las rocas y tenía un hijo pescador. Años anteriores, la satírica y chispeante publicación local Ratos y Retos, le había dedicado unas líneas:

62

1962

La diosa de los mariscos Que como jaiba entre riscos Va a bañar Su silueta primorosa Perfumada cual rosa. Ave de sombra y misterio ¿cómo puede en su criterio preferir a ser la reina de todos, limitarse con tus modos de vivir?

3.

Y entre los panoramas preferidos la playa, por siempre la playa, donde se bañaban, jugaban badmington y a la peteca. Esta última era una novedad entre las diversiones del balneario. En un viaje que hizo Daniel Pérez a Brasil, trajo importado este juego y lo adaptó para Zapallar. La peteca era una pelota con forma de calabaza que Daniel Pérez ingeniosamente construyó con badana, arena y plumas de gaviota para que volara mejor. El juego tenía reglas simples, se jugaba en una cancha que simulaba la de tenis y perdía el que se le caía la peteca al suelo o la lanzaba fuera de las líneas de demarcación.

1. Se adaptaban con humor al quehacer local, conocidas obras de teatro en las que actuaban los veraneantes. Tal es el caso de la conocida Zarzuela de la Paloma, a la que llamaron para una función de beneficencia “La cazuela de la Paloma”. Aquí su creativa directora Rosa Pérez, con el actor principal y alcalde, Mario Alamparte. 2. Grupo de amigos en la Belle Epoque de los años 60, Hernán Rojas, Marta Montt, Patricia Valdés, Ernesto Lavín, Mañía Valdés, Mario Matta, Patricia Fernández, Ximena Echaurren, Eliana García Moreno y Jorge Astaburuaga. 3. Ximena Urrejola Echaurren.

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1961

1.

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Página anterior: 1. Rincón en boiserie del gran living en Villa Maricel. 2. El diseñador de muebles y decorador Mario Matta Echaurren, quien con su llegada a Zapallar en los años cincuenta, trae consigo un estilo más glamoroso y mundano. Aquí con Mignonette Saavedra en la terraza de villa Maricel.

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salud del lugar: “el practicante” Valdevenito, quien sacaba espinas de erizos clavadas en los pies, curaba quemaduras y picadas de abeja. Los paseos seguían siendo los mismos, nada había cambiado: La Isla Seca, las excursiones organizadas a las quebradas para lanzarse por las lianas y luego bajar por los cerros hasta Cachagua; las subidas a los árboles a comer esas deliciosas peritas diminutas tan típicas de Zapallar; las deslizadas en trineos domésticos hechos con palos de la barraca para lanzarse por los cerros de pino zapallarinos; las caminatas eternas de ahí para allá, los saltos mortales sobre los caletones; las andanzas por las rocas, donde vivía la mítica “jaibera”, un personaje estrafalario como salido de la niebla matinal zapallarina que vivía en las rocas y tenía un hijo pescador. Años anteriores, la satírica y chispeante publicación local Ratos y Retos, le había dedicado unas líneas:

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1962

La diosa de los mariscos Que como jaiba entre riscos Va a bañar Su silueta primorosa Perfumada cual rosa. Ave de sombra y misterio ¿cómo puede en su criterio preferir a ser la reina de todos, limitarse con tus modos de vivir?

3.

Y entre los panoramas preferidos la playa, por siempre la playa, donde se bañaban, jugaban badmington y a la peteca. Esta última era una novedad entre las diversiones del balneario. En un viaje que hizo Daniel Pérez a Brasil, trajo importado este juego y lo adaptó para Zapallar. La peteca era una pelota con forma de calabaza que Daniel Pérez ingeniosamente construyó con badana, arena y plumas de gaviota para que volara mejor. El juego tenía reglas simples, se jugaba en una cancha que simulaba la de tenis y perdía el que se le caía la peteca al suelo o la lanzaba fuera de las líneas de demarcación.

1. Se adaptaban con humor al quehacer local, conocidas obras de teatro en las que actuaban los veraneantes. Tal es el caso de la conocida Zarzuela de la Paloma, a la que llamaron para una función de beneficencia “La cazuela de la Paloma”. Aquí su creativa directora Rosa Pérez, con el actor principal y alcalde, Mario Alamparte. 2. Grupo de amigos en la Belle Epoque de los años 60, Hernán Rojas, Marta Montt, Patricia Valdés, Ernesto Lavín, Mañía Valdés, Mario Matta, Patricia Fernández, Ximena Echaurren, Eliana García Moreno y Jorge Astaburuaga. 3. Ximena Urrejola Echaurren.

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1927

CON SELLO Y ESTAMPA ORIGINAL 1960

1.

1972

1960

Los años sesenta se inauguraron con la tragedia que significó el incendio de la casa del Villar. Eran las tres y media de la mañana del 21 de septiembre de 1961, cuando comenzaron a sonar las campanas de la iglesia para dar señal de alarma. A los pocos minutos, todo el pueblo y los veraneantes, cada uno con la primera prenda que encontró, salió raudamente de su cama para ayudar a apagar las llamas de la casa de Benito del Villar. El dueño de casa se encontraba en Europa, mientras los bomberos de La Ligua solucionaban el problema que el pueblo con mucho tesón no había podido apagar. Cuando volvió de su viaje, Benito del Villar ofreció una calurosa recepción a todos cuantos cooperaron a apagar el incendio de su casa. Esta vivienda era todo un emblema zapallarino por su belleza y peculiar historia: era una réplica de una casa del siglo XVI, que se le conocía con el nombre de la “casa del carnicero”, en Hildesheim, Alemania. Fue adaptada en Chile por Josué Smith para la señora María Luisa Mc Clure de

1. Características de la playa eran sus carpas. Cada familia tenía una de lona rayada y cuando se deterioraban por la humedad y los años, eran reemplazadas por otra de los mismos colores, siendo así un distintivo familiar.

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Edwards, con una buena dosis de humor de parte del arquitecto. Durante la Segunda Guerra Mundial, el modelo alemán original se quemó con una bomba y los alemanes le pidieron los planos a los dueños de la casa en Chile para poder reconstruirla. Pero la historia de reciprocidad no acabó ahí, porque cuando sucedió el incendio de 1961, los del Villar pidieron entonces los planos a Alemania. Otra tragedia que literalmente removió a Zapallar fue el terremoto de 1965. Las cifras que grafican el desastre son impresionantes: el 70% de las casas del pueblo zapallarino quedó irrecuperable y un 30% seriamente dañado. Con las casas de veraneo ocurrió lo contrario: un 30% irrecuperable y un 70% seriamente dañado. Se cayó asimismo el Gran Hotel, la casa de Olegario Ovalle, las casas de la Hacienda Cachagua, la de las Morla, todas íconos de la historia zapallarina. La playa quedó absolutamente desfigurada, sin forma, como si la hubieran borrado. El alcalde de aquel

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2.

2. Playa de Cachagua con sus quitasoles de coirón, una característica que Diego Sutil Alcalde dio a las primeras construcciones y que siguieron muchas de las familias que llegaron, dándole al incipiente balneario una apariencia única y homogénea.

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1927

CON SELLO Y ESTAMPA ORIGINAL 1960

1.

1972

1960

Los años sesenta se inauguraron con la tragedia que significó el incendio de la casa del Villar. Eran las tres y media de la mañana del 21 de septiembre de 1961, cuando comenzaron a sonar las campanas de la iglesia para dar señal de alarma. A los pocos minutos, todo el pueblo y los veraneantes, cada uno con la primera prenda que encontró, salió raudamente de su cama para ayudar a apagar las llamas de la casa de Benito del Villar. El dueño de casa se encontraba en Europa, mientras los bomberos de La Ligua solucionaban el problema que el pueblo con mucho tesón no había podido apagar. Cuando volvió de su viaje, Benito del Villar ofreció una calurosa recepción a todos cuantos cooperaron a apagar el incendio de su casa. Esta vivienda era todo un emblema zapallarino por su belleza y peculiar historia: era una réplica de una casa del siglo XVI, que se le conocía con el nombre de la “casa del carnicero”, en Hildesheim, Alemania. Fue adaptada en Chile por Josué Smith para la señora María Luisa Mc Clure de

1. Características de la playa eran sus carpas. Cada familia tenía una de lona rayada y cuando se deterioraban por la humedad y los años, eran reemplazadas por otra de los mismos colores, siendo así un distintivo familiar.

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Edwards, con una buena dosis de humor de parte del arquitecto. Durante la Segunda Guerra Mundial, el modelo alemán original se quemó con una bomba y los alemanes le pidieron los planos a los dueños de la casa en Chile para poder reconstruirla. Pero la historia de reciprocidad no acabó ahí, porque cuando sucedió el incendio de 1961, los del Villar pidieron entonces los planos a Alemania. Otra tragedia que literalmente removió a Zapallar fue el terremoto de 1965. Las cifras que grafican el desastre son impresionantes: el 70% de las casas del pueblo zapallarino quedó irrecuperable y un 30% seriamente dañado. Con las casas de veraneo ocurrió lo contrario: un 30% irrecuperable y un 70% seriamente dañado. Se cayó asimismo el Gran Hotel, la casa de Olegario Ovalle, las casas de la Hacienda Cachagua, la de las Morla, todas íconos de la historia zapallarina. La playa quedó absolutamente desfigurada, sin forma, como si la hubieran borrado. El alcalde de aquel

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2.

2. Playa de Cachagua con sus quitasoles de coirón, una característica que Diego Sutil Alcalde dio a las primeras construcciones y que siguieron muchas de las familias que llegaron, dándole al incipiente balneario una apariencia única y homogénea.

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1956

1.

1927

1965

2.

entonces –Mario Alemparte–, junto a su amigo de infancia y un gran enamorado de Zapallar, Juan Sutil, fueron un ejemplo de liderazgo de la solidaridad que compartía toda la comunidad. El servicio público por amor al prójimo, la preocupación personal por cada uno de los afectados y el cuidado de las bellezas zapallarinas animó a estos dos amigos en la reconstrucción de Zapallar. La alcaldía de esa época entregó terrenos gratuitamente en los cerros de Zapallar, para que los pueblerinos pudieran edificarse sus casas nuevamente. A pesar del drama que significó el terremoto de 1965 una simpática anécdota aliviana su recuerdo y refleja el espíritu del lugar: estando don Antonio Carrasco de vacaciones en Europa, recibió un telegrama del cuidador de su casa zapallarina: “Terremoto grado nueve; “picentro”: su casa”. Ha pasado mucho tiempo desde la creación de Zapallar, fruto del sueño de don Olegario y del heredado espíritu

1. Primera iglesia en Cachagua, construida en 1956 por el arquitecto Jorge Elton. 2. Efectos del terremoto de 1965 en casa de familia Fierro Concha. 3. Fiesta en casa de Astrid Tafra.

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1962

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lugareño de los Pérez y otras familias fundadoras. Y no han pasado en vano todos estos años en que el balneario ha sido protagonista y, al mismo tiempo, testigo de los cambios acaecidos. Esta hermosa caleta del fundo de la Hacienda Catapilco ha sido intervenida por hombres que han participado y comulgado con los sueños de don Olegario, sueños de belleza y austeridad para un lugar geográfico único en el mundo. El hombre ha dejado su huella reflejada en una vegetación abundante que supera con creces lo que fue el lugar en sus orígenes, ha dejado plasmado asimismo su paso por el lugar en casas que son parte de nuestro patrimonio arquitectónico y cultural y huellas tangibles del acontecer histórico de nuestro país. Pero sobre todo, Zapallar ha sido el escenario de gentes que han sabido convivir entre ellos, preservando la belleza del lugar y aportando con una peculiar forma de diversión y de vida.

3.

Zapallar navega últimamente entre las corrientes contrarias de la tradición y la modernidad, tratando de conservar su sello y estampa originales, al tiempo que abre su territorio a nuevas familias que quieren participar también de las bonanzas del lugar y a las nuevas formas de divertirse que tiene la sociedad actual. La idea es que el pueblo prospere sin perder el estilo zapallarino, sin que los emblemas de la modernidad, como la publicidad y los centros comerciales, invadan al entrañable Zapallar. La travesía es difícil, pero esperamos que logre el equilibrio que siempre lo ha mantenido como un lugar único.

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1.

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2.

entonces –Mario Alemparte–, junto a su amigo de infancia y un gran enamorado de Zapallar, Juan Sutil, fueron un ejemplo de liderazgo de la solidaridad que compartía toda la comunidad. El servicio público por amor al prójimo, la preocupación personal por cada uno de los afectados y el cuidado de las bellezas zapallarinas animó a estos dos amigos en la reconstrucción de Zapallar. La alcaldía de esa época entregó terrenos gratuitamente en los cerros de Zapallar, para que los pueblerinos pudieran edificarse sus casas nuevamente. A pesar del drama que significó el terremoto de 1965 una simpática anécdota aliviana su recuerdo y refleja el espíritu del lugar: estando don Antonio Carrasco de vacaciones en Europa, recibió un telegrama del cuidador de su casa zapallarina: “Terremoto grado nueve; “picentro”: su casa”. Ha pasado mucho tiempo desde la creación de Zapallar, fruto del sueño de don Olegario y del heredado espíritu

1. Primera iglesia en Cachagua, construida en 1956 por el arquitecto Jorge Elton. 2. Efectos del terremoto de 1965 en casa de familia Fierro Concha. 3. Fiesta en casa de Astrid Tafra.

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lugareño de los Pérez y otras familias fundadoras. Y no han pasado en vano todos estos años en que el balneario ha sido protagonista y, al mismo tiempo, testigo de los cambios acaecidos. Esta hermosa caleta del fundo de la Hacienda Catapilco ha sido intervenida por hombres que han participado y comulgado con los sueños de don Olegario, sueños de belleza y austeridad para un lugar geográfico único en el mundo. El hombre ha dejado su huella reflejada en una vegetación abundante que supera con creces lo que fue el lugar en sus orígenes, ha dejado plasmado asimismo su paso por el lugar en casas que son parte de nuestro patrimonio arquitectónico y cultural y huellas tangibles del acontecer histórico de nuestro país. Pero sobre todo, Zapallar ha sido el escenario de gentes que han sabido convivir entre ellos, preservando la belleza del lugar y aportando con una peculiar forma de diversión y de vida.

3.

Zapallar navega últimamente entre las corrientes contrarias de la tradición y la modernidad, tratando de conservar su sello y estampa originales, al tiempo que abre su territorio a nuevas familias que quieren participar también de las bonanzas del lugar y a las nuevas formas de divertirse que tiene la sociedad actual. La idea es que el pueblo prospere sin perder el estilo zapallarino, sin que los emblemas de la modernidad, como la publicidad y los centros comerciales, invadan al entrañable Zapallar. La travesía es difícil, pero esperamos que logre el equilibrio que siempre lo ha mantenido como un lugar único.

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1.

1964

2.

1972

1. En la playa, María de los Ángeles Lavín, Carlos Aldunate, Lucho Lavín, Luis Valdivieso, Nacha Rencoret, Eugenio Salinas, Héctor Ducci, Juan Santa María, José Letelier, Gracia F. de Castro, Marta von Schroeders, Silvia Tafra, Elena Santa María, María Teresa Elton y Luis Fernando Moro.

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2. Caleta Zapallar, simple construcción en piedra y tejuela donde hervía a toda hora un delicioso caldo junto a los pescadores.

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2.

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1. En la playa, María de los Ángeles Lavín, Carlos Aldunate, Lucho Lavín, Luis Valdivieso, Nacha Rencoret, Eugenio Salinas, Héctor Ducci, Juan Santa María, José Letelier, Gracia F. de Castro, Marta von Schroeders, Silvia Tafra, Elena Santa María, María Teresa Elton y Luis Fernando Moro.

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2. Caleta Zapallar, simple construcción en piedra y tejuela donde hervía a toda hora un delicioso caldo junto a los pescadores.

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1977

1927

1978

1.

1972

2.

1. Sergio Echeñique Elliott vivió en dos de las principales casas de Zapallar. Primero en la de estilo Tudor edificada por Fernando Aldunate, a la que dotó con la primera piscina de agua dulce en el balneario. Fueron invitados suyos los Duques de Orleans, entre otras personalidades. También, al igual que sus dos predecesores, vivió con gran estilo en Villa Maricel. Aquí junto a su perro el día en que la recibió. 2. Grandes derrochadores de ingenio y champagne, Chalo Figueroa, Manuel Urrejola y Juan García de la Huerta. Aquí con Isabel Valdés de Cousiño y Verónica Balmaceda. 3. Parte del elegante living de Villa Maricel, aparece aquí la antigua alfombra principal y los clásicos muebles originales Matta, ya ambientados por Sergio Echeñique. 3.

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1. Sergio Echeñique Elliott vivió en dos de las principales casas de Zapallar. Primero en la de estilo Tudor edificada por Fernando Aldunate, a la que dotó con la primera piscina de agua dulce en el balneario. Fueron invitados suyos los Duques de Orleans, entre otras personalidades. También, al igual que sus dos predecesores, vivió con gran estilo en Villa Maricel. Aquí junto a su perro el día en que la recibió. 2. Grandes derrochadores de ingenio y champagne, Chalo Figueroa, Manuel Urrejola y Juan García de la Huerta. Aquí con Isabel Valdés de Cousiño y Verónica Balmaceda. 3. Parte del elegante living de Villa Maricel, aparece aquí la antigua alfombra principal y los clásicos muebles originales Matta, ya ambientados por Sergio Echeñique. 3.

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Cuadro de Diego José Fontecilla. Colección particular.

RECUERDOS

2012

ZAPALLAR

Como este es un libro para mirar y las imágenes hablan por sí solas, seré breve en mis recuerdos. Habría tanto más que decir y por supuesto algunos de las generaciones precedentes tendrían muchísimo que aportar, pero sería tanto y tan ricas sus memoria que harían imposible un libro como éste. Crecí en un Zapallar de finales de los años cincuenta tan diferente al de hoy, y también de cierta manera al de antes, donde todos se conocían. Recuerdo con especial fascinación de niño la semana zapallarina, cuando veraneantes y residentes de toda edad participaban de esta alegría conjunta llevando collares de papel volantín al estilo tahitiano. Se hacía como hoy en el mes de febrero, había gymkanas en busca de tesoros, kermesses en el Gran Hotel, rifas con tómbolas, campeonatos de tenis, carrera de botes, de natación, premios a poesías y coplas. Todo con el fin último de pasarlo bien recurriendo al ingenio y de paso, recolectar fondos ya fuese para la Escuela, Policlínico, Parroquia, Cementerio, Bomberos o cualquier obra en beneficio de todos. Pocos secretos duraban. La llegada de cartas se anunciaba a voz alta en el patio del correo a las tres de la tarde, el teléfono público, una sola cabina en el almacén de Armando, ahí se esperaba por horas una comunicación deficiente, entrecortada y a gritos; donde algunos hablaban en clave que eran descifradas al instante por la totalidad de la fila. 72

Se hacía mucho paseo, a la playa de Cachagua donde había poquísimas casas se iba por el día de picnic, lo mismo a la playa de las piedras preciosas de donde volvíamos cargados de ágatas, también a la Cueva del Pirata situada camino de Papudo, y a la del Loro, en los faldeos del Cerro de la Cruz. Salíamos a remar en unos grandes botes y había en la Bahía dos o tres embarcaciones cuyos dueños convidaban a todo el que cupiera o quisiera dar un paseo. En la playa cada familia tenía su propia carpa de lona rayada, además de una vela; ahí, junto con cambiarse el traje de baño, nacían amores y se terminaban noviazgos. Los chismes saltaban entre ellas como pulgas de mar, produciendo en algunos escozores y ronchas que duraban décadas, entonces la roca grande hacia de tácita frontera entre bandos. Los personajes lo eran por su charme, había expectación por cómo se vería Marta Montt ese día en la playa, cuál de las bellezas era la actual novia de Mario Matta y cómo sería su siempre nuevísimo Cadillac, ese verano. Curiosidad por quiénes, además de los Duques de Orleans y la Condesa de Matarasso fueron a la fiesta de Sergio Echeñique y se estaba también muy pendiente de lo que decían con su ingenio Diego José Fontecilla, certero en su ironía; Jorge Blanshard, divertido imitador; las Letelier, desde sus humeantes ollas de pallares; Rosa

Pérez, inventora de cuanto juego o adivinanza era posible concebir, y tantos otros. De si bajara a la playa Irene Wilson con su invitado Pablo Neruda, y por supuesto, qué hacían o decían todos. Quienes querían tranquilidad o privacidad se instalaban en el lado norte de la playa, alejados del restaurante de César Rojas que ofrecía deliciosos churrascos, batía vainas y confiaba en que algún día alguien pagara una cuenta. En noches de luna escuchábamos a Pichoto Carrasco en su propio parque declamar por horas y en un inglés impecable, las obras de Shakespeare, mientras el pintoresco artista Pedro Erlwein (“Choclo”) le desplumaba los pavos reales para una próxima coreografía. Los autos los arreglaba Oscarito Pasache, siempre con un alambre; dolores y accidentes, Valdebenito el practicante y la resaca terminaba en la misma olla del delicioso caldo que hervía a toda hora en la caleta junto a los pescadores. Algunos llegaban en avioneta haciendo piruetas sobre la playa para avisar su arribo, aterrizando luego de arriar vacas y ovejas desde el aire en un potrero de Cachagua, a los pies del Club de Golf fundado por mi abuelo. Agua nunca hubo. Pasábamos el verano a carreras a los estanques para ver si el nivel subía, milagro que dependía de un personaje llamado El Quelo. Los jardines, verdaderas proezas de sus dueños, se componían de cardenales, hibiscos, azucenas y plumbagos, regados generalmente con jarros de agua ya usados en la casa.

El terremoto de 1965 dejó en el suelo o a medio caer prácticamente a todo el pueblo construido en adobe, al Gran Hotel y a numerosas casonas, que abandonadas y sin vidrios, ya habitaban sólo fantasmas, espíritus buenos o al menos famosos que convocaron las hermanas Morla en largas sesiones de espiritismo, donde pesadas mesas caminaron solas hasta el jardín. Pocos años después en la Unidad Popular, no llegaban provisiones pero nunca faltó el ingenio ni los regalos del mar. Machas había en abundancia, las sacábamos en la playa de Cachagua donde rompía la ola bailando un entusiasta twist, lo mismo las jaibas de arena, locos había en las rocas, de camarones estaban repletas las pozas y de callampas los cerros. Entonces por las tardes juntábamos el botín de cada uno, alguien encontraba unos huevos, otro un par de limones y de chiquillos a viejos cantábamos coplas. En el transcurso de esa década se asfaltan los caminos de acceso y edifican los primeros departamentos, terminando así toda una época de aislada y sencilla elegancia que, con el paso del tiempo, fue convirtiéndose en lujo.

EDGARDO von SCHROEDERS EDWARDS

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Cuadro de Diego José Fontecilla. Colección particular.

RECUERDOS

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Como este es un libro para mirar y las imágenes hablan por sí solas, seré breve en mis recuerdos. Habría tanto más que decir y por supuesto algunos de las generaciones precedentes tendrían muchísimo que aportar, pero sería tanto y tan ricas sus memoria que harían imposible un libro como éste. Crecí en un Zapallar de finales de los años cincuenta tan diferente al de hoy, y también de cierta manera al de antes, donde todos se conocían. Recuerdo con especial fascinación de niño la semana zapallarina, cuando veraneantes y residentes de toda edad participaban de esta alegría conjunta llevando collares de papel volantín al estilo tahitiano. Se hacía como hoy en el mes de febrero, había gymkanas en busca de tesoros, kermesses en el Gran Hotel, rifas con tómbolas, campeonatos de tenis, carrera de botes, de natación, premios a poesías y coplas. Todo con el fin último de pasarlo bien recurriendo al ingenio y de paso, recolectar fondos ya fuese para la Escuela, Policlínico, Parroquia, Cementerio, Bomberos o cualquier obra en beneficio de todos. Pocos secretos duraban. La llegada de cartas se anunciaba a voz alta en el patio del correo a las tres de la tarde, el teléfono público, una sola cabina en el almacén de Armando, ahí se esperaba por horas una comunicación deficiente, entrecortada y a gritos; donde algunos hablaban en clave que eran descifradas al instante por la totalidad de la fila. 72

Se hacía mucho paseo, a la playa de Cachagua donde había poquísimas casas se iba por el día de picnic, lo mismo a la playa de las piedras preciosas de donde volvíamos cargados de ágatas, también a la Cueva del Pirata situada camino de Papudo, y a la del Loro, en los faldeos del Cerro de la Cruz. Salíamos a remar en unos grandes botes y había en la Bahía dos o tres embarcaciones cuyos dueños convidaban a todo el que cupiera o quisiera dar un paseo. En la playa cada familia tenía su propia carpa de lona rayada, además de una vela; ahí, junto con cambiarse el traje de baño, nacían amores y se terminaban noviazgos. Los chismes saltaban entre ellas como pulgas de mar, produciendo en algunos escozores y ronchas que duraban décadas, entonces la roca grande hacia de tácita frontera entre bandos. Los personajes lo eran por su charme, había expectación por cómo se vería Marta Montt ese día en la playa, cuál de las bellezas era la actual novia de Mario Matta y cómo sería su siempre nuevísimo Cadillac, ese verano. Curiosidad por quiénes, además de los Duques de Orleans y la Condesa de Matarasso fueron a la fiesta de Sergio Echeñique y se estaba también muy pendiente de lo que decían con su ingenio Diego José Fontecilla, certero en su ironía; Jorge Blanshard, divertido imitador; las Letelier, desde sus humeantes ollas de pallares; Rosa

Pérez, inventora de cuanto juego o adivinanza era posible concebir, y tantos otros. De si bajara a la playa Irene Wilson con su invitado Pablo Neruda, y por supuesto, qué hacían o decían todos. Quienes querían tranquilidad o privacidad se instalaban en el lado norte de la playa, alejados del restaurante de César Rojas que ofrecía deliciosos churrascos, batía vainas y confiaba en que algún día alguien pagara una cuenta. En noches de luna escuchábamos a Pichoto Carrasco en su propio parque declamar por horas y en un inglés impecable, las obras de Shakespeare, mientras el pintoresco artista Pedro Erlwein (“Choclo”) le desplumaba los pavos reales para una próxima coreografía. Los autos los arreglaba Oscarito Pasache, siempre con un alambre; dolores y accidentes, Valdebenito el practicante y la resaca terminaba en la misma olla del delicioso caldo que hervía a toda hora en la caleta junto a los pescadores. Algunos llegaban en avioneta haciendo piruetas sobre la playa para avisar su arribo, aterrizando luego de arriar vacas y ovejas desde el aire en un potrero de Cachagua, a los pies del Club de Golf fundado por mi abuelo. Agua nunca hubo. Pasábamos el verano a carreras a los estanques para ver si el nivel subía, milagro que dependía de un personaje llamado El Quelo. Los jardines, verdaderas proezas de sus dueños, se componían de cardenales, hibiscos, azucenas y plumbagos, regados generalmente con jarros de agua ya usados en la casa.

El terremoto de 1965 dejó en el suelo o a medio caer prácticamente a todo el pueblo construido en adobe, al Gran Hotel y a numerosas casonas, que abandonadas y sin vidrios, ya habitaban sólo fantasmas, espíritus buenos o al menos famosos que convocaron las hermanas Morla en largas sesiones de espiritismo, donde pesadas mesas caminaron solas hasta el jardín. Pocos años después en la Unidad Popular, no llegaban provisiones pero nunca faltó el ingenio ni los regalos del mar. Machas había en abundancia, las sacábamos en la playa de Cachagua donde rompía la ola bailando un entusiasta twist, lo mismo las jaibas de arena, locos había en las rocas, de camarones estaban repletas las pozas y de callampas los cerros. Entonces por las tardes juntábamos el botín de cada uno, alguien encontraba unos huevos, otro un par de limones y de chiquillos a viejos cantábamos coplas. En el transcurso de esa década se asfaltan los caminos de acceso y edifican los primeros departamentos, terminando así toda una época de aislada y sencilla elegancia que, con el paso del tiempo, fue convirtiéndose en lujo.

EDGARDO von SCHROEDERS EDWARDS

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BORDE COSTERO Escondido rincón de mil primores engastado entre el mar y la montaña, donde secan su red los pescadores tendidos al umbral de la cabaña en olorosas sábanas de flores.

DANIEL VALENZUELA PUELMA

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BORDE COSTERO Escondido rincón de mil primores engastado entre el mar y la montaña, donde secan su red los pescadores tendidos al umbral de la cabaña en olorosas sábanas de flores.

DANIEL VALENZUELA PUELMA

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Roquerío en Cachagua. Las Cujas, Cachagua.

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Roquerío en Cachagua. Las Cujas, Cachagua.

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Vista norte de la bahĂ­a. Caracterizan a Zapallar sus paseos peatonales en piedra.

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Vista norte de la bahĂ­a. Caracterizan a Zapallar sus paseos peatonales en piedra.

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Caletita Zapallar La de la playa encantada ¡Ay! Qué triste es tu salida ¡Y qué alegre tu llegada!

Anónimo

Los botes de madera fueron en su mayoría construidos por el artesano zapallarino Pedro Brand.

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Caletita Zapallar La de la playa encantada ¡Ay! Qué triste es tu salida ¡Y qué alegre tu llegada!

Anónimo

Los botes de madera fueron en su mayoría construidos por el artesano zapallarino Pedro Brand.

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En el fogรณn de La Caleta siempre hierve un delicioso caldo. Vista del Cerro de La Cruz desde la playa.

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En el fogรณn de La Caleta siempre hierve un delicioso caldo. Vista del Cerro de La Cruz desde la playa.

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Pág. anterior: Panorámica de la playa de Cachagua y la isla de Los Pingüinos. Océano Pacífico y al fondo el cementerio. La flor del cactus costero. ZAPALLAR

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Pág. anterior: Panorámica de la playa de Cachagua y la isla de Los Pingüinos. Océano Pacífico y al fondo el cementerio. La flor del cactus costero. ZAPALLAR

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El Señor abrió las manos al azar y esa riqueza magnífica cayó en la tierra y el mar. Anónimo

Rambla borde costero, lado norte de la bahía. Chaguales.

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El Señor abrió las manos al azar y esa riqueza magnífica cayó en la tierra y el mar. Anónimo

Rambla borde costero, lado norte de la bahía. Chaguales.

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La playa después de la lluvia. Vista al sur de la bahía.

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La playa después de la lluvia. Vista al sur de la bahía.

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Vino un reposo sedante; se hizo brisa el huracán; las olas, como una orquesta, empezaron a vibrar. Anónimo

Pág. anterior: Panorámica de playita Las Cujas. Destacan los característicos pinos sobre el cerro de La Cruz.

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Vino un reposo sedante; se hizo brisa el huracán; las olas, como una orquesta, empezaron a vibrar. Anónimo

Pág. anterior: Panorámica de playita Las Cujas. Destacan los característicos pinos sobre el cerro de La Cruz.

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Cielos invernales desde la playa. Pelícanos, habitantes permanentes de la bahía.

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Cielos invernales desde la playa. Pelícanos, habitantes permanentes de la bahía.

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Casita de pescadores en piedra y tejuela, diseĂąada por el arquitecto Carlos Casanueva.

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Casita de pescadores en piedra y tejuela, diseĂąada por el arquitecto Carlos Casanueva.

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Si Zapallar no tuviera senderos que hablaran de fugas, qué hermoso pretexto habría para no dejarlo nunca. Maravilla de mi tierra entre pinares y espumas; único sitio del mundo donde no es triste la luna.

ANÓNIMO Jardines en la bahía. Rambla de la playa.

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Si Zapallar no tuviera senderos que hablaran de fugas, qué hermoso pretexto habría para no dejarlo nunca. Maravilla de mi tierra entre pinares y espumas; único sitio del mundo donde no es triste la luna.

ANÓNIMO Jardines en la bahía. Rambla de la playa.

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En el característico restaurante César. Vista del restaurante César desde la arena.

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En el característico restaurante César. Vista del restaurante César desde la arena.

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ReciĂŠn sacados del mar. Vista de la playa desde el muelle.

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ReciĂŠn sacados del mar. Vista de la playa desde el muelle.

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Su mar ceñido de ondulante espuma que en los peñascos ásperos remata, levanta a techos vaporosa bruma que en el ambiente tibio se dilata y en los campos se extiende y se perfuma.

DANIEL VALENZUELA PUELMA Restaurante Chiringuito. La Roca Grande de la playa.

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Su mar ceñido de ondulante espuma que en los peñascos ásperos remata, levanta a techos vaporosa bruma que en el ambiente tibio se dilata y en los campos se extiende y se perfuma.

DANIEL VALENZUELA PUELMA Restaurante Chiringuito. La Roca Grande de la playa.

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1. Vista angulo de la playa desde rambla lado norte.

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1. Vista angulo de la playa desde rambla lado norte.

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Señor, amé tu creación.

EPITAFIO, PAZ ECHEVERRÍA

La magia del antiguo cementerio, sus terrenos fueron donados por la familia Ossandón para el eterno descanso tanto de zapallarinos como de papudanos en su lado norte. Su singular diseño fue proyectado por Ismael Echeverría Carvallo.

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Señor, amé tu creación.

EPITAFIO, PAZ ECHEVERRÍA

La magia del antiguo cementerio, sus terrenos fueron donados por la familia Ossandón para el eterno descanso tanto de zapallarinos como de papudanos en su lado norte. Su singular diseño fue proyectado por Ismael Echeverría Carvallo.

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Bahía Las Cujas en Cachagua.

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Bahía Las Cujas en Cachagua.

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Mรกgicos atardeceres. Pรกg. siguiente: Amanecer en la playa de Cachagua.

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Mรกgicos atardeceres. Pรกg. siguiente: Amanecer en la playa de Cachagua.

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CERROS, PARQUES Y PUEBLO Las calles de Zapallar igual que seres afines, se aman unas a las otras, se buscan y se despiden. Mรกs que calles, son caminos de ilusiรณn. Entre jardines unas grandes letras curvas como jugando, describen.

ANร“NIMO

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CERROS, PARQUES Y PUEBLO Las calles de Zapallar igual que seres afines, se aman unas a las otras, se buscan y se despiden. Mรกs que calles, son caminos de ilusiรณn. Entre jardines unas grandes letras curvas como jugando, describen.

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Muritos en piedra con cadenas de buque, ideadas y traĂ­das con gran acierto por el entonces alcalde de Zapallar Benito del Villar, para cercos de calles y casas.

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Muritos en piedra con cadenas de buque, ideadas y traĂ­das con gran acierto por el entonces alcalde de Zapallar Benito del Villar, para cercos de calles y casas.

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Burros que oyen rancheras, su dueño les pone música por las tardes para destresarlos luego de pasear a los niños por las calles de Cachagua. Primero parroquia, luego teatro y biógrafo, ahí se representaban obras creadas y actuadas por los veraneantes. Los cuadros fueron pintados por el artista Diego José Fontecilla y representan a dos de los personajes más queridos por los zapallarinos: el Polvillo y Alberto Pasache, maestro que hacía de todo.

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Burros que oyen rancheras, su dueño les pone música por las tardes para destresarlos luego de pasear a los niños por las calles de Cachagua. Primero parroquia, luego teatro y biógrafo, ahí se representaban obras creadas y actuadas por los veraneantes. Los cuadros fueron pintados por el artista Diego José Fontecilla y representan a dos de los personajes más queridos por los zapallarinos: el Polvillo y Alberto Pasache, maestro que hacía de todo.

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En la plaza, el busto de Olegario Ovalle Vicuña. Los bosques de Zapallar son junto con el parque Nacional Fray Jorge, el ecosistema costero mediterráneo más importante de Chile. Gran parte de la flora que contiene es endémica y fue casi extinta por la explotación que de ella se hizo hasta 1910, tiempo en que Federico Johow recomendara a Olegario detener el carboneo y sacar las vacas.

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En la plaza, el busto de Olegario Ovalle Vicuña. Los bosques de Zapallar son junto con el parque Nacional Fray Jorge, el ecosistema costero mediterráneo más importante de Chile. Gran parte de la flora que contiene es endémica y fue casi extinta por la explotación que de ella se hizo hasta 1910, tiempo en que Federico Johow recomendara a Olegario detener el carboneo y sacar las vacas.

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Calle principal de un Zapallar invernal.

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Jardín de Isabel Valdés de Cousiño, proyectado por la paisajista Moira Hamilton.

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Calle principal de un Zapallar invernal.

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Jardín de Isabel Valdés de Cousiño, proyectado por la paisajista Moira Hamilton.

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Bajando a la caleta. Gracias madre piadosa por favores concedidos.

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Bajando a la caleta. Gracias madre piadosa por favores concedidos.

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Que el que venga siempre vea, este rincón de montaña cuyos pies, el mar le baña con bosques por cabellera y sea, lo que es y era.

JAVIER PÉREZ OVALLE Faldeos en playa de Las Cujas en Cachagua. Panorámica con vista norte de Zapallar.

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Que el que venga siempre vea, este rincón de montaña cuyos pies, el mar le baña con bosques por cabellera y sea, lo que es y era.

JAVIER PÉREZ OVALLE Faldeos en playa de Las Cujas en Cachagua. Panorámica con vista norte de Zapallar.

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Rincรณn entre los pinos donde se divisa el pueblo. En la Quebrada del Tigre.

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Rincรณn entre los pinos donde se divisa el pueblo. En la Quebrada del Tigre.

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Característica vegetación bajo la casa Wilson.

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Característica vegetación bajo la casa Wilson.

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Sus manos estaban llenas de riqueza sideral. Las abrió pródigamente y... así nació Zapallar. ANÓNIMO

Autóctona vegetación costera con vista al norte en el cerro de La Cruz. Rincón entre pinos.

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Sus manos estaban llenas de riqueza sideral. Las abrió pródigamente y... así nació Zapallar. ANÓNIMO

Autóctona vegetación costera con vista al norte en el cerro de La Cruz. Rincón entre pinos.

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Rincones.

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Rincones.

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En la plaza, pila monumento Nacional del siglo XVII. PerteneciĂł al convento de las Carmelitas y fue comprada por Miguel Erlwein cuando fue alcalde, como regalo a Zapallar. La iglesia de Zapallar fue construida en el aĂąo 1934 con planos del arquitecto Carlos de Landa.

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En la plaza, pila monumento Nacional del siglo XVII. PerteneciĂł al convento de las Carmelitas y fue comprada por Miguel Erlwein cuando fue alcalde, como regalo a Zapallar. La iglesia de Zapallar fue construida en el aĂąo 1934 con planos del arquitecto Carlos de Landa.

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Pรกg. siguiente: Panorรกmica de Zapallar desde los tupidos y umbrosos bosques de el cerro El Boldo.

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Pรกg. siguiente: Panorรกmica de Zapallar desde los tupidos y umbrosos bosques de el cerro El Boldo.

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CASAS Y JARDINES Techos rojos, minaretes esbeltas, casitas limpias y alegres que parecen juguetes contemplados desde la altura; manchas verdes intenso de vegetaciรณn y pinceladas rosa de jardines, forman este paisaje encajado entre cerros, como una colecciรณn de piedras finas montadas sobre rocas.

REVISTA ZIG ZAG 1917

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CASAS Y JARDINES Techos rojos, minaretes esbeltas, casitas limpias y alegres que parecen juguetes contemplados desde la altura; manchas verdes intenso de vegetaciรณn y pinceladas rosa de jardines, forman este paisaje encajado entre cerros, como una colecciรณn de piedras finas montadas sobre rocas.

REVISTA ZIG ZAG 1917

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Casa edificada por Carlos Aldunate Solar y proyectada por su primo el arquitecto JosuĂŠ Smith Solar. Hoy alberga a la Municipalidad.

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Casa edificada por Carlos Aldunate Solar y proyectada por su primo el arquitecto JosuĂŠ Smith Solar. Hoy alberga a la Municipalidad.

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Rejas de acceso a casa y Parque Ossandรณn.

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Rejas de acceso a casa y Parque Ossandรณn.

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Casa edificada por Carlos Ossandón Barros y proyectada por el arquitecto Ricardo González Cortés.

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Casa edificada por Carlos Ossandón Barros y proyectada por el arquitecto Ricardo González Cortés.

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En la puntilla de Cachagua, Casa LĂłpez, edificada por Pedro Aldunate, dueĂąo de la hacienda San Alfonso, como casa de veraneo del fundo. Vivieron en ella el rico salitrero y violinista Zaridakis con su mujer, la gran escultora Munnier.

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En la puntilla de Cachagua, Casa LĂłpez, edificada por Pedro Aldunate, dueĂąo de la hacienda San Alfonso, como casa de veraneo del fundo. Vivieron en ella el rico salitrero y violinista Zaridakis con su mujer, la gran escultora Munnier.

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Casa Del Villar, traída en barco por María Luisa Mc Clure de Edwards, réplica de una casa que vio en Baviera y que luego fue adaptada al terreno por Josué Smith en 1924.

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Casa Del Villar, traída en barco por María Luisa Mc Clure de Edwards, réplica de una casa que vio en Baviera y que luego fue adaptada al terreno por Josué Smith en 1924.

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Casa Ureta, antiguas caballerizas. Antigua lecherĂ­a remodelada por familia Covarrubias conservando su sencillo estilo original.

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Casa Ureta, antiguas caballerizas. Antigua lecherĂ­a remodelada por familia Covarrubias conservando su sencillo estilo original.

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Parque diseñado por Roberto Guzmán Lyon. Casa Biblioteca El Parque, proyectada por el arquitecto Mathias Klotz.

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Parque diseñado por Roberto Guzmán Lyon. Casa Biblioteca El Parque, proyectada por el arquitecto Mathias Klotz.

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Antigua casa de Francisca Ossandรณn, hoy forma parte del Parque Guzmรกn.

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Antigua casa de Francisca Ossandรณn, hoy forma parte del Parque Guzmรกn.

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Casa edificada en una primera etapa por Francisco de Paula Pérez en 1880. Posteriormente, su hijo Félix Pérez Ovalle le construyó el ala norte con planos de Josué Smith.

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Casa Erlwein, edificada por la familia Arnolds con un novedoso sistema de paneles donde no se utilizaron clavos. Posteriormente fue adquirida por Miguel Erlwein.

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Casa edificada en una primera etapa por Francisco de Paula Pérez en 1880. Posteriormente, su hijo Félix Pérez Ovalle le construyó el ala norte con planos de Josué Smith.

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Casa Erlwein, edificada por la familia Arnolds con un novedoso sistema de paneles donde no se utilizaron clavos. Posteriormente fue adquirida por Miguel Erlwein.

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Pág anterior: Encantador en su sencillez, este living conserva el espíritu de su original dueño el pintor Diego José Fontecilla. En el comedor, cuadro del artista. Corredor, testigo de inolvidables tardes de ingenio y risa.

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Pág anterior: Encantador en su sencillez, este living conserva el espíritu de su original dueño el pintor Diego José Fontecilla. En el comedor, cuadro del artista. Corredor, testigo de inolvidables tardes de ingenio y risa.

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Originalmente casa del poeta Arturo Reyes Ovalle, remodelada con gran acierto por la familia Mekis. Su fachada y jardĂ­n evocan la campiĂąa inglesa.

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Originalmente casa del poeta Arturo Reyes Ovalle, remodelada con gran acierto por la familia Mekis. Su fachada y jardĂ­n evocan la campiĂąa inglesa.

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Casa edificada por la familia Johnson Gana y remodelada por Jorge Arteaga.

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Casa edificada por la familia Johnson Gana y remodelada por Jorge Arteaga.

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Y en los suaves recuestos de las lomas perdido entre el follaje y la verdura como blanca bandada de palomas se extiende el caserío por la altura envuelto en una atmósfera de aromas.

DANIEL VALENZUELA PUELMA Castillo, creación de Álvaro Casanova Centeno, afamado pintor de marinas.

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Y en los suaves recuestos de las lomas perdido entre el follaje y la verdura como blanca bandada de palomas se extiende el caserío por la altura envuelto en una atmósfera de aromas.

DANIEL VALENZUELA PUELMA Castillo, creación de Álvaro Casanova Centeno, afamado pintor de marinas.

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Hoy conocida como casa Wilson, fue edificada en 1918 por la familia Werner quienes, al morir su única hija de un amor no correspondido, la vendieron a Irene Wilson de Moreno. ZAPALLAR

Prácticamente inalterado, su interior conserva en sus nobles maderas y muebles de época la rica historia de la casa.

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Hoy conocida como casa Wilson, fue edificada en 1918 por la familia Werner quienes, al morir su única hija de un amor no correspondido, la vendieron a Irene Wilson de Moreno. ZAPALLAR

Prácticamente inalterado, su interior conserva en sus nobles maderas y muebles de época la rica historia de la casa.

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Casa estilo Tudor edificada por Fernando Aldunate Errรกzuriz y proyectada por el arquitecto Carlos de Landa.

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Casa estilo Tudor edificada por Fernando Aldunate Errรกzuriz y proyectada por el arquitecto Carlos de Landa.

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Hotel Isla Seca. Su estilo exterior, proyectado por el arquitecto Sebastián Álvarez, se inspiró en la antigua casa de la familia Pérez Ovalle. Se instalaron en sus jardines con gran acierto las cadenas de buque, símbolo del balneario.

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Hotel Isla Seca. Su estilo exterior, proyectado por el arquitecto Sebastián Álvarez, se inspiró en la antigua casa de la familia Pérez Ovalle. Se instalaron en sus jardines con gran acierto las cadenas de buque, símbolo del balneario.

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Casa Concha. De las más antiguas construcciones, edificada por Pinto Agüero y luego remodelada en 1920 por Alberto Cruz Montt, encargo de Juan Eduardo Concha Subercaseaux.

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Casa Concha. De las más antiguas construcciones, edificada por Pinto Agüero y luego remodelada en 1920 por Alberto Cruz Montt, encargo de Juan Eduardo Concha Subercaseaux.

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Y cuando brotan las flores, y nacen las mariposas y los seres y las cosas, no dicen sino de amores. Entonces, a sus sopores, Zapallar logra vencer.

JAVIER PÉREZ OVALLE Colorido jardín Eyzaguirre Letelier.

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Y cuando brotan las flores, y nacen las mariposas y los seres y las cosas, no dicen sino de amores. Entonces, a sus sopores, Zapallar logra vencer.

JAVIER PÉREZ OVALLE Colorido jardín Eyzaguirre Letelier.

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Sobre la caleta, Casa Meduña Ferré proyectada por el arquitecto Cristián Fernández. Antigua casona de la familia Pérez Ovalle.

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Sobre la caleta, Casa Meduña Ferré proyectada por el arquitecto Cristián Fernández. Antigua casona de la familia Pérez Ovalle.

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Casa familia Ossandรณn.

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Casa familia Ossandรณn.

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Antiguo quiosco almacén de Aurelio Figueroa, ahí se abastecía el balneario de frutas, verduras y caramelos para los niños. Casa edificada en la primera época del balneario por el naturalista Federico Johow.

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Antiguo quiosco almacén de Aurelio Figueroa, ahí se abastecía el balneario de frutas, verduras y caramelos para los niños. Casa edificada en la primera época del balneario por el naturalista Federico Johow.

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Zapallar todo lo tiene; fina gracia, distinción, auténticas elegancias, voces para el corazón... palabras para el ingenio y culto para el amor.

ANÓNIMO

En los cerros de Zapallar, Villa Zapallo, proyectada por la arquitecta Noelle Echeñique.

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Zapallar todo lo tiene; fina gracia, distinción, auténticas elegancias, voces para el corazón... palabras para el ingenio y culto para el amor.

ANÓNIMO

En los cerros de Zapallar, Villa Zapallo, proyectada por la arquitecta Noelle Echeñique.

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Patio de acceso a la casa y ladridos de bienvenida. El living y su acogedora atemporalidad.

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Patio de acceso a la casa y ladridos de bienvenida. El living y su acogedora atemporalidad.

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Villa Maricel. El jardín de su actual propietaria María Luisa Vial de Claro.

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El León de Bronce que aquí aparece, estuvo en los primeros tiempos del balneario en casa de Olegario Ovalle.

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Villa Maricel. El jardín de su actual propietaria María Luisa Vial de Claro.

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El León de Bronce que aquí aparece, estuvo en los primeros tiempos del balneario en casa de Olegario Ovalle.

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PĂĄg anterior: Casa El Pangue, edificada por el arquitecto Juan EcheĂąique para su familia en lo que fuera una aislada playita. Originalmente casa de bombas del agua para el Gran Hotel, remodelada por familia Eluchans con planos del arquitecto Carlos Rencoret.

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PĂĄg anterior: Casa El Pangue, edificada por el arquitecto Juan EcheĂąique para su familia en lo que fuera una aislada playita. Originalmente casa de bombas del agua para el Gran Hotel, remodelada por familia Eluchans con planos del arquitecto Carlos Rencoret.

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Tienes todo lo dulce de un ambiente que flota entre tus olas y tus vientos; eres como un paisaje suspendido en mitad de la tierra y el firmamento. Sobre la playa, casa inspirada en las islas griegas edificada por Martín Subercaseaux, con planos del arquitecto Pedro Fontecilla, en los terrenos donde antiguamente se ubicaba la casa de Manuel Valledor. Hoy casa Errázuriz.

ANÓNIMO

Desde la casa, mirada íntima a la playa.

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Tienes todo lo dulce de un ambiente que flota entre tus olas y tus vientos; eres como un paisaje suspendido en mitad de la tierra y el firmamento. Sobre la playa, casa inspirada en las islas griegas edificada por Martín Subercaseaux, con planos del arquitecto Pedro Fontecilla, en los terrenos donde antiguamente se ubicaba la casa de Manuel Valledor. Hoy casa Errázuriz.

ANÓNIMO

Desde la casa, mirada íntima a la playa.

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Emplazada sobre la playa, casa de inspiración alpina edificada por Enrique Block con planos del arquitecto Santiago Roy. Sobre la playa se destaca esta casa de la familia Stunpf, también de inspiración alpina.

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Emplazada sobre la playa, casa de inspiración alpina edificada por Enrique Block con planos del arquitecto Santiago Roy. Sobre la playa se destaca esta casa de la familia Stunpf, también de inspiración alpina.

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Casa de bote. Rincón del jardín proyectado por la paisajista Teresa Moller.

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Casa de bote. Rincón del jardín proyectado por la paisajista Teresa Moller.

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Desecha la mala idea, De hacerte villa estirada No aceptes nunca por nada, Que te hagan de linda fea.

JAVIER PÉREZ OVALLE

Originalmente, casa de botes de la familia Sutil en Cachagua y luego por años, centro de la bohemia literaria de la época, cuando en ella vivieron Paula Sutil y Enrique Álvarez. Inalterado en el tiempo su acogedor dormitorio.

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Desecha la mala idea, De hacerte villa estirada No aceptes nunca por nada, Que te hagan de linda fea.

JAVIER PÉREZ OVALLE

Originalmente, casa de botes de la familia Sutil en Cachagua y luego por años, centro de la bohemia literaria de la época, cuando en ella vivieron Paula Sutil y Enrique Álvarez. Inalterado en el tiempo su acogedor dormitorio.

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Casa Matte, proyectada por el arquitecto ChristiĂĄn de Groote, en los terrenos donde se ubicaban las Casas Grandes de Olegario Ovalle. Su espectacular piscina integrando la bahĂ­a de Zapallar.

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Casa Matte, proyectada por el arquitecto ChristiĂĄn de Groote, en los terrenos donde se ubicaban las Casas Grandes de Olegario Ovalle. Su espectacular piscina integrando la bahĂ­a de Zapallar.

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Sólo el capricho del arte y la alegría del mar han podido hacer de un sueño fantasía y realidad

POESÍA WASHINGTON ESPEJO

En la casa Vial proyectada por la arquitecta Memé Gatica, la réplica del antiguo velero en este living parece querer navegar.

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Sólo el capricho del arte y la alegría del mar han podido hacer de un sueño fantasía y realidad

POESÍA WASHINGTON ESPEJO

En la casa Vial proyectada por la arquitecta Memé Gatica, la réplica del antiguo velero en este living parece querer navegar.

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Dejo con pena este sitio de amistad y simpatías que en un conjunto divino de sencillez y armonías. Las almas que en él habitan se alimentan de bellezas; y así como las abejas chupan flores y dan miel, en esta gente hay bondad, en el ambiente pureza y encanto en la soledad.

Pág anterior: De color Jacinto y primoroso jardín, esta casa evoca otro tiempo, encargo de sus dueños Los García de La Huerta Sutil a la arquitecta Noelle Echeñique.

POEMA CARLOS MORLA

Ambientado con muebles de familia, acogedor rincón en el living. Otoño en la terraza bajo las parras.

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Dejo con pena este sitio de amistad y simpatías que en un conjunto divino de sencillez y armonías. Las almas que en él habitan se alimentan de bellezas; y así como las abejas chupan flores y dan miel, en esta gente hay bondad, en el ambiente pureza y encanto en la soledad.

Pág anterior: De color Jacinto y primoroso jardín, esta casa evoca otro tiempo, encargo de sus dueños Los García de La Huerta Sutil a la arquitecta Noelle Echeñique.

POEMA CARLOS MORLA

Ambientado con muebles de familia, acogedor rincón en el living. Otoño en la terraza bajo las parras.

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ZAPALLAR corners and memories

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PROLOGUE

“Las Carpas” Painting , by Diego José Fontecilla Sutil.Private collection.

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Our special thanks to Carlos Cousiño Valdés, who, with the same generous and altruistic spirit of Mister Olegario Ovalle, initiated this project. Thanks to: Paulina Morales Errázuriz, Víctor Vial del Rio, Elizabeth Subercaseaux Somerhoff, Federico Ringueling Hunger, Jorge Edwards Fernández de Castro, Roberto Guzmán Lyon, Carlos Casanueva Tagle, Francisca Noé Echeverría, Andrés Prieto Pérez, Elisa Ureta Valdés, Rosa Pérez Carvallo, Inés Fierro Carrera, Jaime Molina Araya, Gabriel Echeverría Baeza, Angélica Landa Concha, Mina Vega de Figueroa, Sofía Sutil Alcalde, Adriana Sutil Alcalde, Juan Sutil Alcalde, Mignonet Saavedra Livoni, Noel Echeñique Saavedra, Verónica Vicuña Pérez, Nemesio Vicuña Ureta, María Angélica Vicuña Ureta, Marta Montt Balmaceda, Diego José Fontecilla Sutil, Pilar Rodríguez Subercaseaux, Mónica Bosselin Pereira, Cecilia Puchi Reyes, José Subercaseaux Salas. Some of these people are no longer with us and we might have forgotten some others... This book has taken twelve years to print for many reasons.

Some one hundred years ago, Olegario Ovalle Vicuña, owner of the estate where this lovely cove is located, had an inspiring dream: further embellishing the nature whose origin was already prodigious. And relying on his tireless, tenacity and generous funding, transform it into a resort just like the most beautiful ones in Europe. Thanks to him and to the good taste of many others, we have been enjoying this dream during generations. The idea of making this book, also dreamt, is perpetuating in images the magic this place radiates. And because making a book is a team work, many people, using their best memories, opened up their hearts and trunks to get anecdotes and photographs, thus encouraging us to carry this out. The purpose of this book is showing the nature and good use these men made of it; which, thanks to their kindness and vision, continues in time for the enjoyment of many people. Zapallar is magical and that magic was captured by Max Donoso in his pictures, with his artistic sensitivity. Part of the team that for many years worked on this project had the luck of taking their first steps through its windings roads, shady woods and golden sand. We met its people, played in small tale houses and mansions becoming a part of its mythology. That is why, we can only hope that the magic remains and every work undertaken is inspired by the good of others; that the good taste prevails over meanness and the vision of the future shall be based on its history.

Thanks to everyone who made this book possible... And to dreams. JOSEFINA SUTIL SERVOIN EDGARDO von SCHROEDERS EDWARDS JOSEFINA SUTIL SERVOIN EDGARDO von SCHROEDERS EDWARDS

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ZAPALLAR


PROLOGUE

“Las Carpas” Painting , by Diego José Fontecilla Sutil.Private collection.

ZAPALLAR

Our special thanks to Carlos Cousiño Valdés, who, with the same generous and altruistic spirit of Mister Olegario Ovalle, initiated this project. Thanks to: Paulina Morales Errázuriz, Víctor Vial del Rio, Elizabeth Subercaseaux Somerhoff, Federico Ringueling Hunger, Jorge Edwards Fernández de Castro, Roberto Guzmán Lyon, Carlos Casanueva Tagle, Francisca Noé Echeverría, Andrés Prieto Pérez, Elisa Ureta Valdés, Rosa Pérez Carvallo, Inés Fierro Carrera, Jaime Molina Araya, Gabriel Echeverría Baeza, Angélica Landa Concha, Mina Vega de Figueroa, Sofía Sutil Alcalde, Adriana Sutil Alcalde, Juan Sutil Alcalde, Mignonet Saavedra Livoni, Noel Echeñique Saavedra, Verónica Vicuña Pérez, Nemesio Vicuña Ureta, María Angélica Vicuña Ureta, Marta Montt Balmaceda, Diego José Fontecilla Sutil, Pilar Rodríguez Subercaseaux, Mónica Bosselin Pereira, Cecilia Puchi Reyes, José Subercaseaux Salas. Some of these people are no longer with us and we might have forgotten some others... This book has taken twelve years to print for many reasons.

Some one hundred years ago, Olegario Ovalle Vicuña, owner of the estate where this lovely cove is located, had an inspiring dream: further embellishing the nature whose origin was already prodigious. And relying on his tireless, tenacity and generous funding, transform it into a resort just like the most beautiful ones in Europe. Thanks to him and to the good taste of many others, we have been enjoying this dream during generations. The idea of making this book, also dreamt, is perpetuating in images the magic this place radiates. And because making a book is a team work, many people, using their best memories, opened up their hearts and trunks to get anecdotes and photographs, thus encouraging us to carry this out. The purpose of this book is showing the nature and good use these men made of it; which, thanks to their kindness and vision, continues in time for the enjoyment of many people. Zapallar is magical and that magic was captured by Max Donoso in his pictures, with his artistic sensitivity. Part of the team that for many years worked on this project had the luck of taking their first steps through its windings roads, shady woods and golden sand. We met its people, played in small tale houses and mansions becoming a part of its mythology. That is why, we can only hope that the magic remains and every work undertaken is inspired by the good of others; that the good taste prevails over meanness and the vision of the future shall be based on its history.

Thanks to everyone who made this book possible... And to dreams. JOSEFINA SUTIL SERVOIN EDGARDO von SCHROEDERS EDWARDS JOSEFINA SUTIL SERVOIN EDGARDO von SCHROEDERS EDWARDS

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ZAPALLAR


HISTORIC LOOK 1893 P. 11 1. In foreground there is Luis Porto Seguro, brother-in-law of Olegario Ovalle, watching a tennis match in the court of Gran Hotel Zapallar. 2. Olegario Ovalle Vicuña, founder of Zapallar.

P. 12 1. From the so-called Big Houses of Olegario Ovalle, a view of the bay with the “El Cachagua” barge, a vessel used to transport the agricultural products of the estate and to bring construction materials for the foundation of the resort. The lion seen there was later purchased by Matías Errázuriz for his villa.

P. 13 2. Casa de Hacienda at Catapilco. The Zapallar cove was part of it and it belonged to the Ovalle Vicuña family. Olegario of the twelve Ovalle Vicuña brothers inherited this beautiful corner of the world. 3. Olegario’s Big Houses remodeled after the 1906 earthquake.

P. 14 1. The cart as local means of transportation. 2. Ovalle Vicuña family group. 3. House of the naturalist Federico Johow, who made an important contribution to the incipient resort by classifying the fauna and flora of the place, advising Olegario on the species he had to favor. He created a complete collection of birds that are exhibit today in the Berlin Natural Science Museum.

ZAPALLAR

A secret and protected corner, Zapallar is seen from the heights of its hills or the length of the coast road from the north, appearing as a real jewel to reward the senses. The delightful view of the multiplicity of colours, from the greenish tones of the sumptuous vegetation to the intense blue of the ocean; the cold sea breeze spreads a soft sea aroma which in some parts mixes with that of eucalyptus and the damp earth that abounds in the gullies; the sound of breaking waves and the cries of the gulls that are subdued by the silence of the immensity of the hills. This is Zapallar, where the Pacific coast secludes itself to form a small bay and comes together with the La Higuera and El Boldo hills, creating a geographically enclosed and isolated space that makes it a protected refuge and of difficult access. Its climate and vegetation are unique, creating a micro nature that was worthy of admiration for all those who saw it and which even today does not cease to surprise. This privileged environment attracted several Chilean and German families seeking a temperate climate and others who saw in the benign Zapallar climate and the sea a healthy element, a cure for delicate health and the strengthening of the body and will with a cold swim in the sea. This famous Zapallar climate won its well-earned fame due to its moderate and uniform temperatures and the absence of winds. This is because of the chain of hills that surround the bay and stimulate its imponderable vegetation and that permanent cloud that some summer visitors complain about to this day. Years ago, summer visitors to Zapallar travelled from Santiago in fairly difficult conditions and were anxious to arrive soon at the longed-for resort. Some families arrived by train as far as La Calera and then by a smaller railway which advanced by narrow gauge to Papudo where they were collected by a ramshackle hired car that took them to their destination. The journey was long and tedious as it was also for those who travelled to Viña del Mar and then boarded a boat that took them to the cove of Zapallar. Despite these difficulties, the visitors went full of expectations and remembered that

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the journey was even more difficult for their grandparents who had to reach Zapallar from Catapilco in large four-horse carriages driven by one Andrés Prado. Zapallar had already been baptized as a seaside resort. What was one day just a romantic dream of the visionary Don Olegario Ovalle Vicuña, now provided enormous delight and pride to those who enjoyed its nature and family atmosphere during the summer months. The Catapilco lands came into the ownership of the Vicuña family in around 1791 and, in 1884, in the distribution of the estate between the fourteen brothers, Olegario was granted the bay of Zapallar. The heir travelled to Europe in 1892 and, influenced by his admiration for the towns of Biarritz and Saint Tropez, conceived the dream that the bay of his farm could be transformed into a summer place for his relatives and closest friends. With this idea in mind, he began to give away plots to all those who promised to build a house and fence in their land. The first to benefit was Don Manuel Valledor, a native of the region who built his house as soon as he had received the generous gift from Don Olegario. With this romantic zeal, but at the same time practical and visionary, Don Olegario also gave some plots to German families, convinced that these would be an agent for development in the region because of their known love of nature and tenacity for its conservation. Among the first Germans to arrive at Zapallar were Don Federico Johow, a reputed naturalist and founder of the National Pedagogical Institute who, seduced by Zapallar’s countryside and climate, accepted the invitation of Don Olegario with pleasure. Don Federico, a great enthusiast for the local climate, said that out of all the populated places in the civilized world, Zapallar is the one with the least temperature variation over a twenty-four hour period. Another German gentleman who reached these lands was Don Adolfo Petzold, owner of Santiago’s largest musical instrument business, who emigrated to Zapallar when Don Olegario gave him a plot. He went with piano and trunks and became the area’s official piano tuner, a business that surely did not take up much of his time.

The brothers Adolfo and Julio Moller arrived at the same time, the first an architect and the second a great plant specialist. Don Julio Moller, owner of the Jardín Hamburgo in Santiago, took a variety of plants, seeds and shrubs to the coast that would then provide the vegetation of the various gardens in Zapallar. Zapallar’s parks and gardens, full of plants and flowers, would become famous thanks to the founding initiative of this German whose descendents are still part of the resort and have inherited that exquisite taste for gardening. The Germans ensured the proliferation of vegetation in the village. It was not only private gardens that benefited from their arrival but the whole Zapallar environment. The hills, impressive because of their large size and beautiful features, but dry and brown, became emblems of the greenness of Zapallar: Peumos, Olivillos, Pitosporos, lichens and ferns acclimatized perfectly to their new surroundings as if they had been designed to live there, framing the blue sea scenery with their wide range of deep greens. This rich and perennial vegetation would live side-by-side with the characteristic fauna of the place: gulls that are heard all around the bay and accompany the drinking of aperitifs in front of the sea still today; the small hummingbird well known to Chileans together with another giant, to be seen among the flowers of the caraguata; the Chungungo, a species of sea otter that impresses adults and children by its appearance, and other smaller species like “Pollito” spiders, mosquitos and sea fleas with which holiday-makers have learned to live with ingenuity and humour. Don Olegario Ovalle made a different kind of resort. From its conception in around 1892, Zapallar began life as a special place that was different to other holiday centres. A first characteristic of this place was its family nature: the Ovalles and Perezes, all relatives of the founder would remain there for six generations together with other families of friends and the Germans. This continuity in the permanence of the founding family is what has served to preserve the fondness for the land and the

original spirit that has always characterized Zapallar. The physical aspects the place began to acquire from its origins are also its own and characteristic: Don Olegario consulted no architect or urban-planners but was guided by a dream and spirit that has remained shaped in every corner of the resort. With the help of his cane and Alberto Díaz, he began to plan the streets and the plots that he would give to his relatives and friends; this resulted in an irregular nature in the resort’s design. It is this lack of uniformity that gives it its character and supports its individuality and charm. The houses appear here and there, on the hills and in the gullies, scattered and covered by dense vegetation. The only connection that exists between the houses is a pleasant central road lined with thick iron chains that wind around the ravines of Zapallar. “Red roofs, slim minarets, clean and pleasing cottages that appear as toys when seen from above; intense green patches of vegetation and rose brushstrokes of gardens form this scenery encased between hills like a collection of precious stones piled upon the rocks”, as described in a report in 1917 in the magazine Zig Zag about the charm of Zapallar. Years later, the mayor Carlos Ossandón Guzmán would say, in inaugurating a commemorative plaque to the founder, that happily the idea, concept and spirit of Don Olegario had been imposed and been preserved. In fact, none of the streets end up by the sea and the ramp between the beach and the fishermen’s cove is not apt for vehicles, two consequences of the design of Don Olegario that have been maintained until now. During the first years after Zapallar’s foundation, the relatives, friends and guests of Don Olegario were shaping a very intimate place to spend the summer months. Life in this bay on the Chilean coast was a natural prolongation of ranch customs where everything happens within a camp atmosphere, with unhurried activities and intimate personal relations. Zapallar routine was very similar to that of the countryside. Days passed with simple and informal activities, games that involved the whole family and long con-

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P. 17 1. First parish church in Zapallar. In the 1930s it became a theater and at the same time, a biographer, when every person in Zapallar, through raffles and donations, collected the money necessary to build the new church. 2. Matías Errázuriz Ortúzar, a different personality of his time. A diplomat of great experience, married to the Argentinean heiress Josefina Alvear. He entrusted his friend Le Corbusier with the plans of Villa Maricel, which later had to be adapted to the land by the Zapallar architect Carlos de Landa. 3. Villa Maricel. Matías Errázuriz, ahead of his time, transformed it into a loft and installed his bed in his large living room. During that time, he ordered the construction of the palace, at present a museum that has his name, in Buenos Aires.

ZAPALLAR


HISTORIC LOOK 1893 P. 11 1. In foreground there is Luis Porto Seguro, brother-in-law of Olegario Ovalle, watching a tennis match in the court of Gran Hotel Zapallar. 2. Olegario Ovalle Vicuña, founder of Zapallar.

P. 12 1. From the so-called Big Houses of Olegario Ovalle, a view of the bay with the “El Cachagua” barge, a vessel used to transport the agricultural products of the estate and to bring construction materials for the foundation of the resort. The lion seen there was later purchased by Matías Errázuriz for his villa.

P. 13 2. Casa de Hacienda at Catapilco. The Zapallar cove was part of it and it belonged to the Ovalle Vicuña family. Olegario of the twelve Ovalle Vicuña brothers inherited this beautiful corner of the world. 3. Olegario’s Big Houses remodeled after the 1906 earthquake.

P. 14 1. The cart as local means of transportation. 2. Ovalle Vicuña family group. 3. House of the naturalist Federico Johow, who made an important contribution to the incipient resort by classifying the fauna and flora of the place, advising Olegario on the species he had to favor. He created a complete collection of birds that are exhibit today in the Berlin Natural Science Museum.

ZAPALLAR

A secret and protected corner, Zapallar is seen from the heights of its hills or the length of the coast road from the north, appearing as a real jewel to reward the senses. The delightful view of the multiplicity of colours, from the greenish tones of the sumptuous vegetation to the intense blue of the ocean; the cold sea breeze spreads a soft sea aroma which in some parts mixes with that of eucalyptus and the damp earth that abounds in the gullies; the sound of breaking waves and the cries of the gulls that are subdued by the silence of the immensity of the hills. This is Zapallar, where the Pacific coast secludes itself to form a small bay and comes together with the La Higuera and El Boldo hills, creating a geographically enclosed and isolated space that makes it a protected refuge and of difficult access. Its climate and vegetation are unique, creating a micro nature that was worthy of admiration for all those who saw it and which even today does not cease to surprise. This privileged environment attracted several Chilean and German families seeking a temperate climate and others who saw in the benign Zapallar climate and the sea a healthy element, a cure for delicate health and the strengthening of the body and will with a cold swim in the sea. This famous Zapallar climate won its well-earned fame due to its moderate and uniform temperatures and the absence of winds. This is because of the chain of hills that surround the bay and stimulate its imponderable vegetation and that permanent cloud that some summer visitors complain about to this day. Years ago, summer visitors to Zapallar travelled from Santiago in fairly difficult conditions and were anxious to arrive soon at the longed-for resort. Some families arrived by train as far as La Calera and then by a smaller railway which advanced by narrow gauge to Papudo where they were collected by a ramshackle hired car that took them to their destination. The journey was long and tedious as it was also for those who travelled to Viña del Mar and then boarded a boat that took them to the cove of Zapallar. Despite these difficulties, the visitors went full of expectations and remembered that

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the journey was even more difficult for their grandparents who had to reach Zapallar from Catapilco in large four-horse carriages driven by one Andrés Prado. Zapallar had already been baptized as a seaside resort. What was one day just a romantic dream of the visionary Don Olegario Ovalle Vicuña, now provided enormous delight and pride to those who enjoyed its nature and family atmosphere during the summer months. The Catapilco lands came into the ownership of the Vicuña family in around 1791 and, in 1884, in the distribution of the estate between the fourteen brothers, Olegario was granted the bay of Zapallar. The heir travelled to Europe in 1892 and, influenced by his admiration for the towns of Biarritz and Saint Tropez, conceived the dream that the bay of his farm could be transformed into a summer place for his relatives and closest friends. With this idea in mind, he began to give away plots to all those who promised to build a house and fence in their land. The first to benefit was Don Manuel Valledor, a native of the region who built his house as soon as he had received the generous gift from Don Olegario. With this romantic zeal, but at the same time practical and visionary, Don Olegario also gave some plots to German families, convinced that these would be an agent for development in the region because of their known love of nature and tenacity for its conservation. Among the first Germans to arrive at Zapallar were Don Federico Johow, a reputed naturalist and founder of the National Pedagogical Institute who, seduced by Zapallar’s countryside and climate, accepted the invitation of Don Olegario with pleasure. Don Federico, a great enthusiast for the local climate, said that out of all the populated places in the civilized world, Zapallar is the one with the least temperature variation over a twenty-four hour period. Another German gentleman who reached these lands was Don Adolfo Petzold, owner of Santiago’s largest musical instrument business, who emigrated to Zapallar when Don Olegario gave him a plot. He went with piano and trunks and became the area’s official piano tuner, a business that surely did not take up much of his time.

The brothers Adolfo and Julio Moller arrived at the same time, the first an architect and the second a great plant specialist. Don Julio Moller, owner of the Jardín Hamburgo in Santiago, took a variety of plants, seeds and shrubs to the coast that would then provide the vegetation of the various gardens in Zapallar. Zapallar’s parks and gardens, full of plants and flowers, would become famous thanks to the founding initiative of this German whose descendents are still part of the resort and have inherited that exquisite taste for gardening. The Germans ensured the proliferation of vegetation in the village. It was not only private gardens that benefited from their arrival but the whole Zapallar environment. The hills, impressive because of their large size and beautiful features, but dry and brown, became emblems of the greenness of Zapallar: Peumos, Olivillos, Pitosporos, lichens and ferns acclimatized perfectly to their new surroundings as if they had been designed to live there, framing the blue sea scenery with their wide range of deep greens. This rich and perennial vegetation would live side-by-side with the characteristic fauna of the place: gulls that are heard all around the bay and accompany the drinking of aperitifs in front of the sea still today; the small hummingbird well known to Chileans together with another giant, to be seen among the flowers of the caraguata; the Chungungo, a species of sea otter that impresses adults and children by its appearance, and other smaller species like “Pollito” spiders, mosquitos and sea fleas with which holiday-makers have learned to live with ingenuity and humour. Don Olegario Ovalle made a different kind of resort. From its conception in around 1892, Zapallar began life as a special place that was different to other holiday centres. A first characteristic of this place was its family nature: the Ovalles and Perezes, all relatives of the founder would remain there for six generations together with other families of friends and the Germans. This continuity in the permanence of the founding family is what has served to preserve the fondness for the land and the

original spirit that has always characterized Zapallar. The physical aspects the place began to acquire from its origins are also its own and characteristic: Don Olegario consulted no architect or urban-planners but was guided by a dream and spirit that has remained shaped in every corner of the resort. With the help of his cane and Alberto Díaz, he began to plan the streets and the plots that he would give to his relatives and friends; this resulted in an irregular nature in the resort’s design. It is this lack of uniformity that gives it its character and supports its individuality and charm. The houses appear here and there, on the hills and in the gullies, scattered and covered by dense vegetation. The only connection that exists between the houses is a pleasant central road lined with thick iron chains that wind around the ravines of Zapallar. “Red roofs, slim minarets, clean and pleasing cottages that appear as toys when seen from above; intense green patches of vegetation and rose brushstrokes of gardens form this scenery encased between hills like a collection of precious stones piled upon the rocks”, as described in a report in 1917 in the magazine Zig Zag about the charm of Zapallar. Years later, the mayor Carlos Ossandón Guzmán would say, in inaugurating a commemorative plaque to the founder, that happily the idea, concept and spirit of Don Olegario had been imposed and been preserved. In fact, none of the streets end up by the sea and the ramp between the beach and the fishermen’s cove is not apt for vehicles, two consequences of the design of Don Olegario that have been maintained until now. During the first years after Zapallar’s foundation, the relatives, friends and guests of Don Olegario were shaping a very intimate place to spend the summer months. Life in this bay on the Chilean coast was a natural prolongation of ranch customs where everything happens within a camp atmosphere, with unhurried activities and intimate personal relations. Zapallar routine was very similar to that of the countryside. Days passed with simple and informal activities, games that involved the whole family and long con-

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P. 17 1. First parish church in Zapallar. In the 1930s it became a theater and at the same time, a biographer, when every person in Zapallar, through raffles and donations, collected the money necessary to build the new church. 2. Matías Errázuriz Ortúzar, a different personality of his time. A diplomat of great experience, married to the Argentinean heiress Josefina Alvear. He entrusted his friend Le Corbusier with the plans of Villa Maricel, which later had to be adapted to the land by the Zapallar architect Carlos de Landa. 3. Villa Maricel. Matías Errázuriz, ahead of his time, transformed it into a loft and installed his bed in his large living room. During that time, he ordered the construction of the palace, at present a museum that has his name, in Buenos Aires.

ZAPALLAR


PROGRESS REACHES ZAPALLAR

P. 25 1. From left to right: Elisa Ureta, Jorge Arteaga, Carmen Prieto Subercaseaux, the rich Argentinean heiress Josefa Alvear de Errázuriz (“gold nugget”); Sara Valdés de Balmaceda, Julia Lynch de Baeza and Bebé Vicuña. 2. The trips to the Tigre ravine were quite an event. The ravine was reached after a long and steep climb that usually started by meeting at the beach. Daily picnics were organized to which tourists and residents attended, taking the food on mules.

1910 P. 18 1. House of Carlos Ossandón Barros, projected by the architect Carlos González Cortez. His tennis court was an important center for the social life of that time. 2. House of Carlos Aldunate Solar. It was projected by the architect Josué Smith Solar. Its purchase and restoration, after years of abandonment after the 1965 earthquake, was a great accomplishment then by the mayor of Zapallar Juan Sutil Alcalde, in order to adapt it as the Municipality. 3. Tudor-style house, built by Fernando Aldunate Errázuriz and projected by the architect Carlos de Landa. It was acquired in 1948 by Ambassador Jorge Saavedra as a present for Mrs. Yolanda Livoni, recognized by her recipes and cook book. Matías Errázuriz on his horse can be seen here.

P. 20 1. Perspective from the English-style gardens of Fernando Aldunate’s house.

P. 22 1. Day at the beach.

ZAPALLAR

versations on human and divine matters. Days began early with a morning stroll to enjoy nature. Then there would be rounds and other open-air games followed by lunch and a restful siesta. Another outing was organized for the evening, generally on horseback, and at night there was dinner, conversation and drawing-room games. But in Zapallar there was the new component of the sea, there in all its oceanic immensity in front of the new and pioneering settlers living there. The beach was seen as a dangerous place because the shape of the waves caused the sand to form steep walls that frightened the visitors. The first sea bathing at Zapallar therefore was in a pool below the houses of Don Olegario and the beach was watched with respectful eyes as scenery only to be admired. The summer season in these founding years began in December and lasted until after the day of Saint Olegario, 7th March. Large parties were organized for this occasion for which ice for ice creams, partridges, turkeys and hard-boiled eggs were brought in a boat called Cachagua. The women worked hard cooking exquisite dishes, sweets and monumental cakes for this festivity to which everyone was invited to celebrate with dear Uncle Olegario. This passive and routine life of those founding years ended with the earthquake of 1906 which destroyed everything that had been built. A new stage in the history of the place was thus begun, this time marked by the construction of large mansions each of a different design and imitating the foreign styles in fashion at the time, resulting in beautiful architectural whims and fairy-tale houses, as Alone described the Zapallar at that time. The famous architect Josué Smith took part in this formation stage, leaving notable houses like the Villa Grebe, the mansion of Carlos Aldunate Solar and the Bavarian-style house of Mrs María Luisa MacLure, today a national monument. Dating from this time also are the houses of José Ureta, with a strong English flavour, the church which today is the Zapallar theatre, the house built by the architect Carlos Werner for Bernardo Moreno and that of Alvaro Casanova whose mansion imitated a small

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castle with turrets and drawbridges from which the daily canon shot was fired at midday. It was following the earthquake that Santiago Ceppi, who had received land as a present from Don Olegario, built his house with materials and designs brought directly from Italy. What is today the Villa Olivia is a faithful copy of an Italian villa recreated on the Chilean coast. The house of Carlos Ossandón Guzmán also dates from that period. He was the patriarch of a family that would be very important later in the history of the village and whose house was the meeting place for tennis lovers. A little later, a precious Tudor-style house belonging to Fernando Aldunate was built on a hillside. With the building of these grand houses, the Gran Hotel and the church (1909), Zapallar was becoming a beautiful beach resort, cared for by its residents who decorated their gardens and remained closely related to nature for their meetings and amusement. Natural places therefore became meeting points for different groups. The setting of the sun has been the excuse for the meeting of old and young at the Mar Bravo from remote times to the present day, making excursions to the headland to watch the waves breaking over the rocks or where young romances were being formed. Outings to the Cerro de la Cruz with its unmistakable solitary pine tree and its dangerous little coves were an obligatory activity for a cloudy day. Others were excursions to the Isla Seca, walks to the pirate’s cave or to the hills surrounding the town. And the beach. Always the beach. There you strolled, talked, larked about and bathed in the sea, which was becoming a necessity for all those who wished to feel young and healthy. The ladies went to the beach very well dressed and bathed in the sea in their uncomfortable suits and swimming caps. Those who did not bathe strolled fully dressed around the ramp and protected themselves with coquettish parasols. The men, on the other hand, wore somewhat more practical clothes.

Progress started to appear in Zapallar with the building of modern houses and the arrival of street lighting and drinking water which until then was distributed in barrels on donkeys. In 1911, the first automobile arrived which caused some concern to the place: the residents set a speed limit of fifteen kilometres per hour and ordered that when two cars came face to face, they should steer to their right to avoid hitting each other. In 1922, a squadron captained by Edgardo Von Schroeders, and comprising a flying boat and two sea-planes, landed in the bay. The technological advances and novelties of the turn of the century finally appeared also in the resort of Zapallar. Neither did modernization in administration take long to appear: in 1919, the Zapallar municipality was formed in order to become independent from La Ligua. The civic funds collected were used for this purpose and were the consecration of a process begun earlier on the initiative of Don Manuel Mackenna which passed to history with the name Gran Jornada de Liberación de Zapallar. With its administrative independence, a residents’ committee, treasury office, a small police station and the mayoral office of Zapallar were formed, a completely local institution that has always been run by people who love the place and its people. This was the spirit in which the mayoral office was born, in the person of Alejandro Fierro Carrera. The local administration proved to be insufficient because the town continued to be linked to the Catapilco ranch (in fact, it was one of its assets). It was therefore necessary to separate it and, in 1923, a community of residents called Zapallar Resort was formed, covering from Las Cujas Beach in Cachagua to its border with the port of Papudo. This large area was constituted as an autonomous entity and was concerned only with the resort’s interests. Within this context of independent expansion, the attractive Zapallar cemetery would be opened years later whose plans were given to the resort by Ismael Echeverría Carvallo, a nephew of Don Olegario. None of these modernizations was capable, however, of

Here, children and their mothers.

robbing Zapallar of the special character it was born with. Its inhabitants continued to cultivate the family atmosphere and a way of life linked to nature which made it unmistakable. The Pérez family, descendents of Don Olegario, held that pride as its own, making Zapallar the best possible place and respecting the village people who lived there all the year round. Zapallar thus kept itself apart from the ostentatious spirit that began to characterize the modern life-style. ”These distinguished people arrived from Santiago convinced that peace is the only thing that repairs tiring city life and its conventions”, commented Nathanael Yánez who years later won the National Theatre Prize.

P. 26 1. At the beach, Manuel Mackenna and Elisa Ureta under a sail. 2. Children with a donkey, a custom that still remains. 3. Boys and girls with hats and bathing suits worn at that time.

P. 29 1. Children’s birthday party, Sutil Alcalde family. 2. Beach games.

P. 31 1. A traffic regulation had to be urgently written to prevent the few cars that arrived to Zapallar from colliding head-on in its winding roads. 2. Lucía Alcalde de Sutil with her son Juan, future mayor of Zapallar. 3. Marita Concha Subercaseaux with her elegant husband, Argentinean Emilio Lamarca Gerrico.

P. 33 1. Panoramic shot of Zapallar from the La Cruz hill, with siblings Inés and Alejandro Fierro Carrera in front.

P. 34 1. Playing at the beach. 2. Irene Wilson de Moreno, great beauty and strong personality, on the rocks below her house, with Francisca and Bernardo Moreno.

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ZAPALLAR


PROGRESS REACHES ZAPALLAR

P. 25 1. From left to right: Elisa Ureta, Jorge Arteaga, Carmen Prieto Subercaseaux, the rich Argentinean heiress Josefa Alvear de Errázuriz (“gold nugget”); Sara Valdés de Balmaceda, Julia Lynch de Baeza and Bebé Vicuña. 2. The trips to the Tigre ravine were quite an event. The ravine was reached after a long and steep climb that usually started by meeting at the beach. Daily picnics were organized to which tourists and residents attended, taking the food on mules.

1910 P. 18 1. House of Carlos Ossandón Barros, projected by the architect Carlos González Cortez. His tennis court was an important center for the social life of that time. 2. House of Carlos Aldunate Solar. It was projected by the architect Josué Smith Solar. Its purchase and restoration, after years of abandonment after the 1965 earthquake, was a great accomplishment then by the mayor of Zapallar Juan Sutil Alcalde, in order to adapt it as the Municipality. 3. Tudor-style house, built by Fernando Aldunate Errázuriz and projected by the architect Carlos de Landa. It was acquired in 1948 by Ambassador Jorge Saavedra as a present for Mrs. Yolanda Livoni, recognized by her recipes and cook book. Matías Errázuriz on his horse can be seen here.

P. 20 1. Perspective from the English-style gardens of Fernando Aldunate’s house.

P. 22 1. Day at the beach.

ZAPALLAR

versations on human and divine matters. Days began early with a morning stroll to enjoy nature. Then there would be rounds and other open-air games followed by lunch and a restful siesta. Another outing was organized for the evening, generally on horseback, and at night there was dinner, conversation and drawing-room games. But in Zapallar there was the new component of the sea, there in all its oceanic immensity in front of the new and pioneering settlers living there. The beach was seen as a dangerous place because the shape of the waves caused the sand to form steep walls that frightened the visitors. The first sea bathing at Zapallar therefore was in a pool below the houses of Don Olegario and the beach was watched with respectful eyes as scenery only to be admired. The summer season in these founding years began in December and lasted until after the day of Saint Olegario, 7th March. Large parties were organized for this occasion for which ice for ice creams, partridges, turkeys and hard-boiled eggs were brought in a boat called Cachagua. The women worked hard cooking exquisite dishes, sweets and monumental cakes for this festivity to which everyone was invited to celebrate with dear Uncle Olegario. This passive and routine life of those founding years ended with the earthquake of 1906 which destroyed everything that had been built. A new stage in the history of the place was thus begun, this time marked by the construction of large mansions each of a different design and imitating the foreign styles in fashion at the time, resulting in beautiful architectural whims and fairy-tale houses, as Alone described the Zapallar at that time. The famous architect Josué Smith took part in this formation stage, leaving notable houses like the Villa Grebe, the mansion of Carlos Aldunate Solar and the Bavarian-style house of Mrs María Luisa MacLure, today a national monument. Dating from this time also are the houses of José Ureta, with a strong English flavour, the church which today is the Zapallar theatre, the house built by the architect Carlos Werner for Bernardo Moreno and that of Alvaro Casanova whose mansion imitated a small

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castle with turrets and drawbridges from which the daily canon shot was fired at midday. It was following the earthquake that Santiago Ceppi, who had received land as a present from Don Olegario, built his house with materials and designs brought directly from Italy. What is today the Villa Olivia is a faithful copy of an Italian villa recreated on the Chilean coast. The house of Carlos Ossandón Guzmán also dates from that period. He was the patriarch of a family that would be very important later in the history of the village and whose house was the meeting place for tennis lovers. A little later, a precious Tudor-style house belonging to Fernando Aldunate was built on a hillside. With the building of these grand houses, the Gran Hotel and the church (1909), Zapallar was becoming a beautiful beach resort, cared for by its residents who decorated their gardens and remained closely related to nature for their meetings and amusement. Natural places therefore became meeting points for different groups. The setting of the sun has been the excuse for the meeting of old and young at the Mar Bravo from remote times to the present day, making excursions to the headland to watch the waves breaking over the rocks or where young romances were being formed. Outings to the Cerro de la Cruz with its unmistakable solitary pine tree and its dangerous little coves were an obligatory activity for a cloudy day. Others were excursions to the Isla Seca, walks to the pirate’s cave or to the hills surrounding the town. And the beach. Always the beach. There you strolled, talked, larked about and bathed in the sea, which was becoming a necessity for all those who wished to feel young and healthy. The ladies went to the beach very well dressed and bathed in the sea in their uncomfortable suits and swimming caps. Those who did not bathe strolled fully dressed around the ramp and protected themselves with coquettish parasols. The men, on the other hand, wore somewhat more practical clothes.

Progress started to appear in Zapallar with the building of modern houses and the arrival of street lighting and drinking water which until then was distributed in barrels on donkeys. In 1911, the first automobile arrived which caused some concern to the place: the residents set a speed limit of fifteen kilometres per hour and ordered that when two cars came face to face, they should steer to their right to avoid hitting each other. In 1922, a squadron captained by Edgardo Von Schroeders, and comprising a flying boat and two sea-planes, landed in the bay. The technological advances and novelties of the turn of the century finally appeared also in the resort of Zapallar. Neither did modernization in administration take long to appear: in 1919, the Zapallar municipality was formed in order to become independent from La Ligua. The civic funds collected were used for this purpose and were the consecration of a process begun earlier on the initiative of Don Manuel Mackenna which passed to history with the name Gran Jornada de Liberación de Zapallar. With its administrative independence, a residents’ committee, treasury office, a small police station and the mayoral office of Zapallar were formed, a completely local institution that has always been run by people who love the place and its people. This was the spirit in which the mayoral office was born, in the person of Alejandro Fierro Carrera. The local administration proved to be insufficient because the town continued to be linked to the Catapilco ranch (in fact, it was one of its assets). It was therefore necessary to separate it and, in 1923, a community of residents called Zapallar Resort was formed, covering from Las Cujas Beach in Cachagua to its border with the port of Papudo. This large area was constituted as an autonomous entity and was concerned only with the resort’s interests. Within this context of independent expansion, the attractive Zapallar cemetery would be opened years later whose plans were given to the resort by Ismael Echeverría Carvallo, a nephew of Don Olegario. None of these modernizations was capable, however, of

Here, children and their mothers.

robbing Zapallar of the special character it was born with. Its inhabitants continued to cultivate the family atmosphere and a way of life linked to nature which made it unmistakable. The Pérez family, descendents of Don Olegario, held that pride as its own, making Zapallar the best possible place and respecting the village people who lived there all the year round. Zapallar thus kept itself apart from the ostentatious spirit that began to characterize the modern life-style. ”These distinguished people arrived from Santiago convinced that peace is the only thing that repairs tiring city life and its conventions”, commented Nathanael Yánez who years later won the National Theatre Prize.

P. 26 1. At the beach, Manuel Mackenna and Elisa Ureta under a sail. 2. Children with a donkey, a custom that still remains. 3. Boys and girls with hats and bathing suits worn at that time.

P. 29 1. Children’s birthday party, Sutil Alcalde family. 2. Beach games.

P. 31 1. A traffic regulation had to be urgently written to prevent the few cars that arrived to Zapallar from colliding head-on in its winding roads. 2. Lucía Alcalde de Sutil with her son Juan, future mayor of Zapallar. 3. Marita Concha Subercaseaux with her elegant husband, Argentinean Emilio Lamarca Gerrico.

P. 33 1. Panoramic shot of Zapallar from the La Cruz hill, with siblings Inés and Alejandro Fierro Carrera in front.

P. 34 1. Playing at the beach. 2. Irene Wilson de Moreno, great beauty and strong personality, on the rocks below her house, with Francisca and Bernardo Moreno.

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ZAPALLAR


A UNIQUE RESORT 1930 P. 37 1. View of the beach and the restaurant of César Rojas. 2. At the Gran Hotel, Diego Sutil Prieto, Carmela Balmaceda de Casanueva, Carlos Fres, Carlos Casanueva Balmaceda, Juan Eduardo Subercaseaux Morla and Luis Casanueva Opazo, among others.

P. 38 1. The arrival of this battleship to the bay caused great surprise and stir. The Minister of Navy of the President at that time, Arturo Alessandri Palma, Carlos Silva Cruz was in the vessel and invited the people of Zapallar on board. 2. The Morla Lynch sisters stood out in Chile at that time due to their refined culture and originality. Artists, poets and writers, also known for their love to spiritualism. Here, Banda and Carmen reading at Zapallar. 3. His Royal Highness Ferdinand Maria, Prince of Bavaria and Infanta of Spain. Here with Carlos Ossandón Guzmán and family in a tennis tournament at his house court.

ZAPALLAR

We thus arrive at the 1930s, a summer place in a privileged geographical surrounding where various groups of defined characteristics lived together with each contributing to make Zapallar a unique resort. On the one hand was “the clique”, those families that descended from the founding group, relatives and friends of Don Olegario; there was also the Ossandón family, which would be the great promoters of tennis in Zapallar; and the group of Germans lived side by side with these, working people, lovers of nature and of the climate of Zapallar and its local people, proud of themselves and always well disposed to mix with the other groups. The summer visitors began to arrive there in late December although some families preferred the tranquility of the resort to celebrate Christmas. The journey continued to be a real adventure but the welcome of the green scenery and the smell of the sea and eucalyptus felt everywhere compensated for the tedious trip. All the provisions for the summer had to come from Santiago because little could be bought then in Zapallar, not to mention the prices of some of the groceries in the resort. To meet this situation, which visitors were always complaining about, the municipality regulated the prices of items of consumption to prevent abuse. The stores El Almacén Eltit and Valderrama provided the basic things, including the flip-flops that young people bought at the start of their holidays and threw away again, worn out, months later in the Zapallar hills. Remembering the emblematic Zapallar store Eltit, which served several generations, when the owner had no change, he used to give the children some Scottish butter biscuits which the children demanded with something extra. The trunks coming from the capital brought the clothing for dressing the visitors during the summer months. The adults and elderly travelled with their best clothes while the young people and children came fully prepared for sports and adventure, with comfortable and simple clothes, long and short trousers, costumes to enjoy the beach and suitable shoes for the long walks. Years later, a Zapallar dressmaker made bathing costumes for the girls. The young men drew

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attention with their military-style haircuts, as short hair would last them the whole summer. While Zapallar joined in the spirit of elegance that was prevalent in the country at that time, it was not a place where people would show off; the object was to have a good time in harmony with nature and the spirit of the place. This was a different resort to others like Viña del Mar and Cartagena, where urban life had been taking over people’s routines and where Santiago society moved to see and be seen. Journeys outside Santiago, which initially had been justified by the importance of life in the fresh air and the need to escape from the heat of the capital, became, for many women of those fashionable resorts, an excuse to show off their clothes and win the elegance race. Trips to Valparaíso and Viña del Mar would require an enormous number of cases and trunks to carry all the clothes needed in order to be declared chic. Zapallar did not compete in this competition because the atmosphere was still very country, with access to the place complicated and with people following fairly simple customs. The holiday routine for the visitors began early. At 9 o’clock in the morning, the young people were up and ready to start a day of sports, excursions, beach and social life. Many left to play tennis at the house of the Ossandóns or on the narrow court of Madame Gandon at her Gran Hotel. Tennis brought the generations together and while the older ones played, the younger ones commented or waited outside the court for someone to invite them to play. Zapallar always had something to say in tennis. In 1917, when the Ossandóns opened their new court and inaugurated the first tennis tournament in Zapallar, it received the visit of the then president of Chile, Don Juan Luis Sanfuentes. He arrived in a brandnew Hudson car and the sons of the mayor Fierro, dressed as sailors, presented him with a key almost two metres long made of flowers with an enormous pumpkin for a shield. Another illustrious visitor to the famous Zapallar tennis tournaments was His Royal Highness Don Fernando María, Prince of Bavaria and Prince of Borbonne. The commotion this visit caused was tremendous: sandwiches, sweets and

drinks were given away on the courts, there was a band of music, and photographers and journalists elbowed each other to gain the attention of the prince who was tall, stiff, with a monocle and dressed in a white jacket. He lost all his formal presence when there was an earth tremor during his first night in Zapallar. The best players in Chile always came to the Zapallar tennis tournaments. In addition to the Ossandón Guzmán brother and sister (Carlos and Teresa), Chilean mixed-doubles champions, figures like Harnecker, the Chilean champion, Villegas and Ardí also participated. In the ladies category, noteworthy were the visits of Ana de Prain, the grand champion of Viña del Mar. There were some games at that time that were really famous, like Carlos Ossandón against Luis Harnecker in 1918, a match that lasted three hours and a half and made both the players and the nervous public sweat. The opening of the Ossandón tennis court also led to the Zapallar Weeks: the first “weeks” to be celebrated in Chile and which many other Chilean towns and resorts copied later. The entire town took part in the preparations for dances, tennis tournaments, football and boxing matches, parties and banquets that gave pleasure to both Zapallar residents and visitors. During the early years of these celebrations, the Ossandón family used to celebrate their ending with a reception which culminated in a grand masked ball for charity in Madame Gandon’s hotel. The tennis was also the protagonist in “the tennis balls war”. In the 1940s, a group of friends of the “clique” used to play and insisted on losing balls into the house of Don Horacio Pinto Agüero. When this happened, they knew there was little possibility of being able to recover them as the owner was always annoyed at the damage they caused to his garden. The clique decided to take revenge by digging out a concrete ball from those decorating the walls of Don Horacio’s garden for every tennis ball that was not returned. If the day were cloudy, another alternative was the mass organized excursions among the gullies, riding their own horses or those lent by some generous villager. Famous were

the trips to the Tigre ravine organized by Juan Cuesta, an Argentine who habitually summered in Zapallar who, as well as being responsible for the organization, invited everyone to a fantastic picnic that made him very popular with the Chileans who were generally quite suspicious of outsiders. It was not uncommon in the chronicles of the time to find Zapallar ladies complaining about the arrival of self-important Argentines in the resort because they broke the simple spirit of the place. They complained about imported snobbery and fought to preserve the simplicity and distinction, although often succumbing to the seductive Argentine charm. Some mothers preferred to hire a donkey for the day and so provide an activity for the children when they could not go to the beach. To move from one place to another, the children climbed over the rocks, crossed from garden to garden and greeted the house owners who offered them juices and sweets, enjoying that protected and family environment that made the summer so pleasurable. This passive aura was however broken sometimes when the proud Zapallar people fought with those from Papudo. The rivalry was obvious and ended with actual horse-back fights with lances and shields. Sunny days drew everyone to the beach. They arrived fully dressed and those that swam in the freezing sea water changed in tents which the different groups guarded from the inopportune glances of the curious. The women used the “Directorio” style of bathing costume which today seems amazing for its lack of functionality and excessive modesty. It consisted of a dress down to the knees and with short sleeves and was complemented by a head cap for protection from the sun. The men used a more ad hoc costume for the occasion. Left behind were the days when the resort had been scandalized by the legs of Manuel Mackenna who was the first to appear there in shorts. A well-loved personality of the village of Zapallar, Melitón Toledo, was the “beach caretaker”, responsible for placing the tents every day and who tried to find the things that

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P. 41 1. Magdalena Casanova Vicuña, under a sail painted by Álvaro Casanova Centeno with the family emblem. 2. At the bay, on board of the Arturo Prat battleship, here with the Captain, Gabriela Echeverría de Noé, Ismael Echeverría, Ema Valdés de Claro, Teresa López Edwards, Paul Aldunate Philips, Eduardo Pero, Chita Balmaceda and Carmen Martínez, among others. 3. A simple Easter Procession ended in front of the Virgin Grotto in the La Cruz Hill, with great devotion from the faithful.

P. 42 1. Sofía Sutil Alcalde, Carmen Letelier Alcalde and Lucía Sutil Alcalde at the beach. 2. Balcony of the Subercaseaux Morla family: Chepa Vicuña, Javier Pérez (“Calelo”), Lucía Letelier, Paula Sutil, Juanita Pereira, Gonzalo Subercaseaux, Guillermo Guzmán, Mercedes de Landa, Gabriel Rodríguez and Pilar Subercaseaux, among others.

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A UNIQUE RESORT 1930 P. 37 1. View of the beach and the restaurant of César Rojas. 2. At the Gran Hotel, Diego Sutil Prieto, Carmela Balmaceda de Casanueva, Carlos Fres, Carlos Casanueva Balmaceda, Juan Eduardo Subercaseaux Morla and Luis Casanueva Opazo, among others.

P. 38 1. The arrival of this battleship to the bay caused great surprise and stir. The Minister of Navy of the President at that time, Arturo Alessandri Palma, Carlos Silva Cruz was in the vessel and invited the people of Zapallar on board. 2. The Morla Lynch sisters stood out in Chile at that time due to their refined culture and originality. Artists, poets and writers, also known for their love to spiritualism. Here, Banda and Carmen reading at Zapallar. 3. His Royal Highness Ferdinand Maria, Prince of Bavaria and Infanta of Spain. Here with Carlos Ossandón Guzmán and family in a tennis tournament at his house court.

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We thus arrive at the 1930s, a summer place in a privileged geographical surrounding where various groups of defined characteristics lived together with each contributing to make Zapallar a unique resort. On the one hand was “the clique”, those families that descended from the founding group, relatives and friends of Don Olegario; there was also the Ossandón family, which would be the great promoters of tennis in Zapallar; and the group of Germans lived side by side with these, working people, lovers of nature and of the climate of Zapallar and its local people, proud of themselves and always well disposed to mix with the other groups. The summer visitors began to arrive there in late December although some families preferred the tranquility of the resort to celebrate Christmas. The journey continued to be a real adventure but the welcome of the green scenery and the smell of the sea and eucalyptus felt everywhere compensated for the tedious trip. All the provisions for the summer had to come from Santiago because little could be bought then in Zapallar, not to mention the prices of some of the groceries in the resort. To meet this situation, which visitors were always complaining about, the municipality regulated the prices of items of consumption to prevent abuse. The stores El Almacén Eltit and Valderrama provided the basic things, including the flip-flops that young people bought at the start of their holidays and threw away again, worn out, months later in the Zapallar hills. Remembering the emblematic Zapallar store Eltit, which served several generations, when the owner had no change, he used to give the children some Scottish butter biscuits which the children demanded with something extra. The trunks coming from the capital brought the clothing for dressing the visitors during the summer months. The adults and elderly travelled with their best clothes while the young people and children came fully prepared for sports and adventure, with comfortable and simple clothes, long and short trousers, costumes to enjoy the beach and suitable shoes for the long walks. Years later, a Zapallar dressmaker made bathing costumes for the girls. The young men drew

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attention with their military-style haircuts, as short hair would last them the whole summer. While Zapallar joined in the spirit of elegance that was prevalent in the country at that time, it was not a place where people would show off; the object was to have a good time in harmony with nature and the spirit of the place. This was a different resort to others like Viña del Mar and Cartagena, where urban life had been taking over people’s routines and where Santiago society moved to see and be seen. Journeys outside Santiago, which initially had been justified by the importance of life in the fresh air and the need to escape from the heat of the capital, became, for many women of those fashionable resorts, an excuse to show off their clothes and win the elegance race. Trips to Valparaíso and Viña del Mar would require an enormous number of cases and trunks to carry all the clothes needed in order to be declared chic. Zapallar did not compete in this competition because the atmosphere was still very country, with access to the place complicated and with people following fairly simple customs. The holiday routine for the visitors began early. At 9 o’clock in the morning, the young people were up and ready to start a day of sports, excursions, beach and social life. Many left to play tennis at the house of the Ossandóns or on the narrow court of Madame Gandon at her Gran Hotel. Tennis brought the generations together and while the older ones played, the younger ones commented or waited outside the court for someone to invite them to play. Zapallar always had something to say in tennis. In 1917, when the Ossandóns opened their new court and inaugurated the first tennis tournament in Zapallar, it received the visit of the then president of Chile, Don Juan Luis Sanfuentes. He arrived in a brandnew Hudson car and the sons of the mayor Fierro, dressed as sailors, presented him with a key almost two metres long made of flowers with an enormous pumpkin for a shield. Another illustrious visitor to the famous Zapallar tennis tournaments was His Royal Highness Don Fernando María, Prince of Bavaria and Prince of Borbonne. The commotion this visit caused was tremendous: sandwiches, sweets and

drinks were given away on the courts, there was a band of music, and photographers and journalists elbowed each other to gain the attention of the prince who was tall, stiff, with a monocle and dressed in a white jacket. He lost all his formal presence when there was an earth tremor during his first night in Zapallar. The best players in Chile always came to the Zapallar tennis tournaments. In addition to the Ossandón Guzmán brother and sister (Carlos and Teresa), Chilean mixed-doubles champions, figures like Harnecker, the Chilean champion, Villegas and Ardí also participated. In the ladies category, noteworthy were the visits of Ana de Prain, the grand champion of Viña del Mar. There were some games at that time that were really famous, like Carlos Ossandón against Luis Harnecker in 1918, a match that lasted three hours and a half and made both the players and the nervous public sweat. The opening of the Ossandón tennis court also led to the Zapallar Weeks: the first “weeks” to be celebrated in Chile and which many other Chilean towns and resorts copied later. The entire town took part in the preparations for dances, tennis tournaments, football and boxing matches, parties and banquets that gave pleasure to both Zapallar residents and visitors. During the early years of these celebrations, the Ossandón family used to celebrate their ending with a reception which culminated in a grand masked ball for charity in Madame Gandon’s hotel. The tennis was also the protagonist in “the tennis balls war”. In the 1940s, a group of friends of the “clique” used to play and insisted on losing balls into the house of Don Horacio Pinto Agüero. When this happened, they knew there was little possibility of being able to recover them as the owner was always annoyed at the damage they caused to his garden. The clique decided to take revenge by digging out a concrete ball from those decorating the walls of Don Horacio’s garden for every tennis ball that was not returned. If the day were cloudy, another alternative was the mass organized excursions among the gullies, riding their own horses or those lent by some generous villager. Famous were

the trips to the Tigre ravine organized by Juan Cuesta, an Argentine who habitually summered in Zapallar who, as well as being responsible for the organization, invited everyone to a fantastic picnic that made him very popular with the Chileans who were generally quite suspicious of outsiders. It was not uncommon in the chronicles of the time to find Zapallar ladies complaining about the arrival of self-important Argentines in the resort because they broke the simple spirit of the place. They complained about imported snobbery and fought to preserve the simplicity and distinction, although often succumbing to the seductive Argentine charm. Some mothers preferred to hire a donkey for the day and so provide an activity for the children when they could not go to the beach. To move from one place to another, the children climbed over the rocks, crossed from garden to garden and greeted the house owners who offered them juices and sweets, enjoying that protected and family environment that made the summer so pleasurable. This passive aura was however broken sometimes when the proud Zapallar people fought with those from Papudo. The rivalry was obvious and ended with actual horse-back fights with lances and shields. Sunny days drew everyone to the beach. They arrived fully dressed and those that swam in the freezing sea water changed in tents which the different groups guarded from the inopportune glances of the curious. The women used the “Directorio” style of bathing costume which today seems amazing for its lack of functionality and excessive modesty. It consisted of a dress down to the knees and with short sleeves and was complemented by a head cap for protection from the sun. The men used a more ad hoc costume for the occasion. Left behind were the days when the resort had been scandalized by the legs of Manuel Mackenna who was the first to appear there in shorts. A well-loved personality of the village of Zapallar, Melitón Toledo, was the “beach caretaker”, responsible for placing the tents every day and who tried to find the things that

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P. 41 1. Magdalena Casanova Vicuña, under a sail painted by Álvaro Casanova Centeno with the family emblem. 2. At the bay, on board of the Arturo Prat battleship, here with the Captain, Gabriela Echeverría de Noé, Ismael Echeverría, Ema Valdés de Claro, Teresa López Edwards, Paul Aldunate Philips, Eduardo Pero, Chita Balmaceda and Carmen Martínez, among others. 3. A simple Easter Procession ended in front of the Virgin Grotto in the La Cruz Hill, with great devotion from the faithful.

P. 42 1. Sofía Sutil Alcalde, Carmen Letelier Alcalde and Lucía Sutil Alcalde at the beach. 2. Balcony of the Subercaseaux Morla family: Chepa Vicuña, Javier Pérez (“Calelo”), Lucía Letelier, Paula Sutil, Juanita Pereira, Gonzalo Subercaseaux, Guillermo Guzmán, Mercedes de Landa, Gabriel Rodríguez and Pilar Subercaseaux, among others.

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had been lost. Sea bathing was long drawn out and the young people quite audacious: only a few dared not swim to the fishermen’s cove, leaving completely behind the time when the beach was a frightening thing. By midday, the visitors were beginning to feel hungry and took their seats at the César Rojas restaurant where they were served with delicious sandwiches prepared by him personally and the unforgettable dark beer with egg. Everyone joked about who would be the first to find César’s missing little finger in their sandwich. This Zapallar establishment, whose origin dates back to 1934, was then the place to meet and enjoy the delicious food. Famous were the fish stews, French dishes and other special dishes prepared there and which the visitors dreamed about when they were no longer there. Lunch was normally at 1.30 p.m., when the visitors climbed back to their houses, except for those invited by Rosa Pérez who ordered her staff to bring the dishes down to the beach where they sat down to eat with table cloth, plates and cutlery. The Germans however followed different hours. They used to lunch at midday which meant that there were few occasions when Chilean society could mix with them. An important exception were the cocktail parties that Doctor Federico Johow used to give in the evenings when Chileans and Germans came together and enjoyed themselves discussing their daily activities in Zapallar. Another German family that interacted with Chilean society was the Erlweins, owners in Santiago of a brewery and, in Zapallar, of the famous ice-making plant which kept the owner’s beer cool as well as local drinks. Don Miguel Erlwein entered fully into the Zapallar scene and eventually became a well-loved mayor of the town and founder of the fire brigade. But the German families, despite important exceptions, used to follow different routines, speak German in their homes and celebrate all the German festivities. The Kaiser’s birthday was celebrated every year in the house of Doctor Johow, with speeches and German music. Other evening activities were to go to the Mar Bravo headland, row a boat around the bay or gather together in the

P. 45 1. A distinguished Nemesio Vicuña Pérez, in a riding outfit, was the one who, among other land donations that belonged to his estate in Cachagua, also gave the land of the Golf club. 2. Front of the legendary Gran Hotel Zapallar, since the first few years a social gathering at the resort. International personalities attended this place as well as Chilean families staying before and during the construction of their houses. Famous balls took place there, as well as annual kermises, until its collapse in the 1965 earthquake. 3. Horseback ridings were part of the daily activities. Here, a group of friends going on a ride from the Gran Hotel.

P. 46 1. Tennis, an important sport and social activity at the time, took place in Carlos Ossandón’s house.

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Gran Hotel where Madame Gandon and her daughters entertained splendidly and organized unforgettable cocktail parties and dances. It was famous for its pastries, prepared by the hotel’s French chef, which supplied the Zapallar families when they made tea invitations, together with the traditional sweets brought from La Ligua. Large and small engagements were arranged at the Gran Hotel, faithfully reflecting the family atmosphere prevalent at the time. While the grown-ups danced and took their drinks, the younger folk also did so accompanied by an old gramophone while snooping on the actions of the adults. In the 1920s, there were so many people who wanted to go to Zapallar, seduced by the anecdotes that increased the attraction of the place, that the hotel had to expand its building. The president González Videla arrived in Zapallar in a naval steamer and was received by a warm town reception with hundreds of flowers and music. Known as a good dancer, the president stayed at the French lady’s hotel, enjoying its hospitality and beauty. While on the subject of memorable visits, a mention should be made of that of the Minister of War and the Navy of President Arturo Alessandri, Don Carlos Silva Cruz. On a typical day in the life of Zapallar, a warship appeared in the bay, surprising and causing consternation amongst the residents. The noise of the canons and the smoke from its engines filled the place and the people massed on the beach to await the crew’s actions. What war was this destroyer going to fight in these peaceful Zapallar waters? But the ship did not come on a war footing but only to carry Don Carlos who wanted to greet his Zapallar friends and rest for the weekend. The cocktail at the Gran Hotel was over by 9.30 p.m. and the families returned to the intimacy of their homes for dinner. After dinner, many gathered together again despite the fact that the street lighting was turned off at 11 p.m., giving the place a phantasmagoric atmosphere. Candles were lit and some more esoteric people, like the Morla sisters, used the mysterious ambiance to perform spiritualism. The dearing Zapallar visitors met around a table, some forming a chain

of hands on the table cloth while others waited communications with the beyond with curiosity. No-one joked about these meetings that provided contact with personalities like Socrates, Aristotle, Pericles and Napoleon who had to interrupt their rest or eternal torment to speak to these young spiritualists. Meetings with the spirits from beyond became a generalized social activity which concluded with a serious rebuke from Father Moraga, the local priest. But he was unable to suppress the popularity of these famous Morla sisters, known for their good sense of humour, good hearts and love of culture. Many Zapallar people still remember the occasion when Mrs Luisa Lynch de Morla invited the full symphony orchestra with Víctor Tevah, its director, to give a concert on the terrace of their house there. Religious festivals were another typically Zapallar activity. The town and visitors lined up in orderly fashion to process from the church to the Cerro de la Cruz where an image of the Virgin of Lourdes waited within the grotto to hear the fervent songs of the faithful. At Easter, the bells rang to invite the faithful to participate in the festivals and processions with crucifixes carried on high by altar boys, the sons of farmhands and fishermen. The women followed with their heads veiled, the children in uniform and other devout people who arrived at the Cerro de la Cruz in penitence vía crucis.

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P. 48 1. Panoramic shot of the bay. The town was relocated in that hillside after the 1965 earthquake demolished almost every house built with adobe. 2. House of the Subercaseaux Morla family. Sitting on the floor Adriana Sutil, Charin Edwards, Víctor Santa Cruz, Chalo Subercaseaux, Mercedes de Landa, Juan Sutil, Pilar Subercaseaux and Gabriel Rodríguez.

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had been lost. Sea bathing was long drawn out and the young people quite audacious: only a few dared not swim to the fishermen’s cove, leaving completely behind the time when the beach was a frightening thing. By midday, the visitors were beginning to feel hungry and took their seats at the César Rojas restaurant where they were served with delicious sandwiches prepared by him personally and the unforgettable dark beer with egg. Everyone joked about who would be the first to find César’s missing little finger in their sandwich. This Zapallar establishment, whose origin dates back to 1934, was then the place to meet and enjoy the delicious food. Famous were the fish stews, French dishes and other special dishes prepared there and which the visitors dreamed about when they were no longer there. Lunch was normally at 1.30 p.m., when the visitors climbed back to their houses, except for those invited by Rosa Pérez who ordered her staff to bring the dishes down to the beach where they sat down to eat with table cloth, plates and cutlery. The Germans however followed different hours. They used to lunch at midday which meant that there were few occasions when Chilean society could mix with them. An important exception were the cocktail parties that Doctor Federico Johow used to give in the evenings when Chileans and Germans came together and enjoyed themselves discussing their daily activities in Zapallar. Another German family that interacted with Chilean society was the Erlweins, owners in Santiago of a brewery and, in Zapallar, of the famous ice-making plant which kept the owner’s beer cool as well as local drinks. Don Miguel Erlwein entered fully into the Zapallar scene and eventually became a well-loved mayor of the town and founder of the fire brigade. But the German families, despite important exceptions, used to follow different routines, speak German in their homes and celebrate all the German festivities. The Kaiser’s birthday was celebrated every year in the house of Doctor Johow, with speeches and German music. Other evening activities were to go to the Mar Bravo headland, row a boat around the bay or gather together in the

P. 45 1. A distinguished Nemesio Vicuña Pérez, in a riding outfit, was the one who, among other land donations that belonged to his estate in Cachagua, also gave the land of the Golf club. 2. Front of the legendary Gran Hotel Zapallar, since the first few years a social gathering at the resort. International personalities attended this place as well as Chilean families staying before and during the construction of their houses. Famous balls took place there, as well as annual kermises, until its collapse in the 1965 earthquake. 3. Horseback ridings were part of the daily activities. Here, a group of friends going on a ride from the Gran Hotel.

P. 46 1. Tennis, an important sport and social activity at the time, took place in Carlos Ossandón’s house.

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Gran Hotel where Madame Gandon and her daughters entertained splendidly and organized unforgettable cocktail parties and dances. It was famous for its pastries, prepared by the hotel’s French chef, which supplied the Zapallar families when they made tea invitations, together with the traditional sweets brought from La Ligua. Large and small engagements were arranged at the Gran Hotel, faithfully reflecting the family atmosphere prevalent at the time. While the grown-ups danced and took their drinks, the younger folk also did so accompanied by an old gramophone while snooping on the actions of the adults. In the 1920s, there were so many people who wanted to go to Zapallar, seduced by the anecdotes that increased the attraction of the place, that the hotel had to expand its building. The president González Videla arrived in Zapallar in a naval steamer and was received by a warm town reception with hundreds of flowers and music. Known as a good dancer, the president stayed at the French lady’s hotel, enjoying its hospitality and beauty. While on the subject of memorable visits, a mention should be made of that of the Minister of War and the Navy of President Arturo Alessandri, Don Carlos Silva Cruz. On a typical day in the life of Zapallar, a warship appeared in the bay, surprising and causing consternation amongst the residents. The noise of the canons and the smoke from its engines filled the place and the people massed on the beach to await the crew’s actions. What war was this destroyer going to fight in these peaceful Zapallar waters? But the ship did not come on a war footing but only to carry Don Carlos who wanted to greet his Zapallar friends and rest for the weekend. The cocktail at the Gran Hotel was over by 9.30 p.m. and the families returned to the intimacy of their homes for dinner. After dinner, many gathered together again despite the fact that the street lighting was turned off at 11 p.m., giving the place a phantasmagoric atmosphere. Candles were lit and some more esoteric people, like the Morla sisters, used the mysterious ambiance to perform spiritualism. The dearing Zapallar visitors met around a table, some forming a chain

of hands on the table cloth while others waited communications with the beyond with curiosity. No-one joked about these meetings that provided contact with personalities like Socrates, Aristotle, Pericles and Napoleon who had to interrupt their rest or eternal torment to speak to these young spiritualists. Meetings with the spirits from beyond became a generalized social activity which concluded with a serious rebuke from Father Moraga, the local priest. But he was unable to suppress the popularity of these famous Morla sisters, known for their good sense of humour, good hearts and love of culture. Many Zapallar people still remember the occasion when Mrs Luisa Lynch de Morla invited the full symphony orchestra with Víctor Tevah, its director, to give a concert on the terrace of their house there. Religious festivals were another typically Zapallar activity. The town and visitors lined up in orderly fashion to process from the church to the Cerro de la Cruz where an image of the Virgin of Lourdes waited within the grotto to hear the fervent songs of the faithful. At Easter, the bells rang to invite the faithful to participate in the festivals and processions with crucifixes carried on high by altar boys, the sons of farmhands and fishermen. The women followed with their heads veiled, the children in uniform and other devout people who arrived at the Cerro de la Cruz in penitence vía crucis.

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P. 48 1. Panoramic shot of the bay. The town was relocated in that hillside after the 1965 earthquake demolished almost every house built with adobe. 2. House of the Subercaseaux Morla family. Sitting on the floor Adriana Sutil, Charin Edwards, Víctor Santa Cruz, Chalo Subercaseaux, Mercedes de Landa, Juan Sutil, Pilar Subercaseaux and Gabriel Rodríguez.

ZAPALLAR


ZAPALLAR AND ITS MULTIPLE ACTIVITIES 1940 If we advance in time to the 1940s, we see some very tenuous changes in the way that Zapallar visitors summered. The summer household goods continued to be sent fifteen days ahead but there was now a company, the Villalonga Express, that diligently looked after the matter. Villalonga went to the Santiago houses of the visitors and helped to pack everything necessary to take to Zapallar in large sacks. The things were sent by train to Papudo where a Zapallar villager, Nicodemo, collected them in his dilapidated truck. When this appeared on its return to Zapallar, the visitors cried excitedly “Here comes Nicodemo”. The summer clothing had arrived. The summer months passed peaceably in this corner of the coast. But everyone was waiting for the most exciting week of the summer: the Zapallar Week. Multiple activities brought together different groups and the harshness and competition that sometimes existed between the “clique” and the Ossandons were forgotten during these days of games and boisterous frolics that everyone enjoyed in celebration of their beloved resort and in working together to make Zapallar an even better place. The celebrations began with the election of the queen of Zapallar and her court of honour from among the most beautiful girls. The festivities used to start with the raising of bright Chilean and Zapallar flags. The latter was already the emblem of the place, a simple composition of light blue and yellow which would become a true icon for identifying the village. Years before, Javier Pérez, a descendent of the founder and a great lover of Zapallar, had made homage to it:

ZAPALLAR

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Zapallar flag Blue and gold its colours Seeing it one sees The lineage of its worshipers. Flag of the ideal, Has yearning blues And shining golden metal. Made by the hands of grandparents With a shred from the skies And the gold of a real manot.

The Zapallar Week usually began with a tennis match at the house of the Ossandóns. Activities then moved to the beach with swimming races of 100, 200 and 400 metres between sea rafts. After lunch, there would be activities for the children and dances would be organized in the tennis court of the Gran Hotel or at Mar Bravo. A military band would play in the evening and there would be a battle of paper streamers in the street. This was a typical day of festivity and competitions in the so awaited Zapallar Week. The other days were similar: football matches, concerts, dances, Chilean horse races, boxing tournaments. The visitors really enjoyed themselves but, at the same time, benefited from the group spirit and solidarity that was formed to help others: the activities generated funds for the village people and also served to improve the resort’s infrastructure. A new event in Zapallar life was the appearance of the kermesses every February which, apart from providing entertainment for the visitors, served to collect funds to help the priest with his parish. He was another of the Zapallar personalities of the time. First Father Moraga, for whom everything turned out backwards but who was much loved by the visitors. And then the priest Antonio Zanoletti who for many years was a true pastor of the Zapallar people and visitors. Anyone visiting the cemetery even today will see a tomb that is always surrounded by flowers, a testimony to his unforgettable memory. The kermesses were an amusing February event which rewarded the ingenuity, humour and originality of the summer visitors. This was what was important in Zapallar. With the funds raised at the kermesse and the cinema premieres given by Benito del Villar in the Rex cinemas in Santiago, Mrs Juana Concha Subercaseaux took on her shoulders the task of building a new church for the Zapallar community. In the search for the style of the building, she was advised by another of the most emblematic personalities in Zapallar, Matías Errázuriz. Don Matías had seen a beautiful Benedictine church in Viña del Mar the plans of which the

monks had brought from Europe. Its simplicity captivated him and the Zapallar church was built on the same model. Thus the church was born, that grey stone monument standing out amongst the green of the square where a bronze water fountain dating from 1682 was installed, originally belonging to Clarist nuns and now a national monument. The priest Erasmo Moraga was extremely pleased with the solidarity of the visitors and the way in which they had collected the necessary money: the kermesses. These were a special moment for the Zapallar people to enjoy themselves with ingenuity as the verses always, with good taste and respect, touched on that weak side that everyone wished to hide. Everyone had to show their talents: signing, dancing, poetry and good humour, and also ensuring that the others enjoyed themselves. When the Zapallar kermesses began, Mrs Marta Balmaceda de Montt worked eagerly in making the costumes and wigs used by her children and their friends. She would go to the Eltit or Emelina stores to buy the limited accessories that she would need to transform them into pleasing fancy dresses, with her grace and ability. Her children played the role of clowns and other children were the extras.

P. 51 1. Castle, creation of Álvaro Casanova Centeno, famous seascape painter and a ship construction enthusiast. The twelve o’clock cannonshot was fired daily from that spot. 2. At the beach, Teresa Concha Cazot de Walker, Sofía Concha de Aldunate, Paloma Landa de Tagle and Teresa Walker Concha de Pérez.

“These very beautiful flowers that are here in this room were sent with much love to mister Ossandón”.

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ZAPALLAR AND ITS MULTIPLE ACTIVITIES 1940 If we advance in time to the 1940s, we see some very tenuous changes in the way that Zapallar visitors summered. The summer household goods continued to be sent fifteen days ahead but there was now a company, the Villalonga Express, that diligently looked after the matter. Villalonga went to the Santiago houses of the visitors and helped to pack everything necessary to take to Zapallar in large sacks. The things were sent by train to Papudo where a Zapallar villager, Nicodemo, collected them in his dilapidated truck. When this appeared on its return to Zapallar, the visitors cried excitedly “Here comes Nicodemo”. The summer clothing had arrived. The summer months passed peaceably in this corner of the coast. But everyone was waiting for the most exciting week of the summer: the Zapallar Week. Multiple activities brought together different groups and the harshness and competition that sometimes existed between the “clique” and the Ossandons were forgotten during these days of games and boisterous frolics that everyone enjoyed in celebration of their beloved resort and in working together to make Zapallar an even better place. The celebrations began with the election of the queen of Zapallar and her court of honour from among the most beautiful girls. The festivities used to start with the raising of bright Chilean and Zapallar flags. The latter was already the emblem of the place, a simple composition of light blue and yellow which would become a true icon for identifying the village. Years before, Javier Pérez, a descendent of the founder and a great lover of Zapallar, had made homage to it:

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Zapallar flag Blue and gold its colours Seeing it one sees The lineage of its worshipers. Flag of the ideal, Has yearning blues And shining golden metal. Made by the hands of grandparents With a shred from the skies And the gold of a real manot.

The Zapallar Week usually began with a tennis match at the house of the Ossandóns. Activities then moved to the beach with swimming races of 100, 200 and 400 metres between sea rafts. After lunch, there would be activities for the children and dances would be organized in the tennis court of the Gran Hotel or at Mar Bravo. A military band would play in the evening and there would be a battle of paper streamers in the street. This was a typical day of festivity and competitions in the so awaited Zapallar Week. The other days were similar: football matches, concerts, dances, Chilean horse races, boxing tournaments. The visitors really enjoyed themselves but, at the same time, benefited from the group spirit and solidarity that was formed to help others: the activities generated funds for the village people and also served to improve the resort’s infrastructure. A new event in Zapallar life was the appearance of the kermesses every February which, apart from providing entertainment for the visitors, served to collect funds to help the priest with his parish. He was another of the Zapallar personalities of the time. First Father Moraga, for whom everything turned out backwards but who was much loved by the visitors. And then the priest Antonio Zanoletti who for many years was a true pastor of the Zapallar people and visitors. Anyone visiting the cemetery even today will see a tomb that is always surrounded by flowers, a testimony to his unforgettable memory. The kermesses were an amusing February event which rewarded the ingenuity, humour and originality of the summer visitors. This was what was important in Zapallar. With the funds raised at the kermesse and the cinema premieres given by Benito del Villar in the Rex cinemas in Santiago, Mrs Juana Concha Subercaseaux took on her shoulders the task of building a new church for the Zapallar community. In the search for the style of the building, she was advised by another of the most emblematic personalities in Zapallar, Matías Errázuriz. Don Matías had seen a beautiful Benedictine church in Viña del Mar the plans of which the

monks had brought from Europe. Its simplicity captivated him and the Zapallar church was built on the same model. Thus the church was born, that grey stone monument standing out amongst the green of the square where a bronze water fountain dating from 1682 was installed, originally belonging to Clarist nuns and now a national monument. The priest Erasmo Moraga was extremely pleased with the solidarity of the visitors and the way in which they had collected the necessary money: the kermesses. These were a special moment for the Zapallar people to enjoy themselves with ingenuity as the verses always, with good taste and respect, touched on that weak side that everyone wished to hide. Everyone had to show their talents: signing, dancing, poetry and good humour, and also ensuring that the others enjoyed themselves. When the Zapallar kermesses began, Mrs Marta Balmaceda de Montt worked eagerly in making the costumes and wigs used by her children and their friends. She would go to the Eltit or Emelina stores to buy the limited accessories that she would need to transform them into pleasing fancy dresses, with her grace and ability. Her children played the role of clowns and other children were the extras.

P. 51 1. Castle, creation of Álvaro Casanova Centeno, famous seascape painter and a ship construction enthusiast. The twelve o’clock cannonshot was fired daily from that spot. 2. At the beach, Teresa Concha Cazot de Walker, Sofía Concha de Aldunate, Paloma Landa de Tagle and Teresa Walker Concha de Pérez.

“These very beautiful flowers that are here in this room were sent with much love to mister Ossandón”.

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ZAPALLAR


And the time passed in this place which during the year was the home of its fishing people, lovers of nature and the quiet life. The Figueroa, Valenzuela, Tapia and Torreblanca families would remain there for several generations, attached to themselves and in love with this unique space in the world. Many Germans shared this feeling of identity produced by the scenery and Zapallar lifestyle, and chose it as their first home. Others preferred to live in Santiago but returned to Zapallar together with the Chilean summer visitors as soon as their commitments in the capital allowed them to return to such a desirable place. Holidays continued to be a family and intimate affair in which the older people and children shared in the games and sports activities with the marvellous Zapallar scenery as the background. The spirit of the founder, simple and solidary, was maintained firmly and intact. Relations between the village families and the summer visitors were easy and fluent: the Zapallar mothers fetched the boys who looked after their houses in the evenings, village boys played tennis with the visitors and, years much later, played some famous matches in the recently-opened babyfootball pitch. The gardeners of the large houses swelled with pride in the presence of their employers for the keeping of their parks and the young people from Santiago organized dances in the parish which they shared with the villagers. There were many such instances of the natural cohabitation between the villagers and the summer visitors. There were also a series of affectionate personalities of Zapallar village, part of the collective memory of this place: “El Polvillo”, an always-happy and ever-present man mounted on his donkey and immortalized by the painter Diego José Fontecilla in the entrance to the Zapallar theatre; Pasache, a great philosopher and conversationalist loved by everyone; and the craftsman Adolfo Carmona, always contracted by the municipality for the reconstruction of the quay and repairing the public offices. Some Zapallar people remember today certain tenuous

ZAPALLAR

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changes that occurred in the resort around the 1950s. These were the years in which some well-travelled people who knew the world arrived in Zapallar and brought a certain dose of sophistication to the resort. Don Matías Errázuriz, a personal friend of well-known artists like Sorolla and Valenzuela Puelma, owned an extraordinary house, completely made of stone and with a marvellous view. The original plans had been drawn up by Le Corbussier but then modified by Chilean architects to adjust to the local surroundings. The result was a splendid mansion that contained extraordinary collections of everything that existed, surrounded by a beautiful park with native and exotic species. Inside there was an abundance of fine and evocative furniture, large chests and armour. Matías kept gothic tables and crucifixes in a large room with a gold coffered ceiling. But Matías Errázuriz also stood out for his kindness and simplicity and used to be seen on horseback with a vicuña poncho or a purple velvet jacket. Another of these “sophisticates” to arrive in Zapallar was Mario Matta, a great decorator who was known for the way in which he entertained his guests. But the glamour could not have been so great because the young people continued to enjoy themselves in a very family and simple way. Some remember that after dinner, they formed a group of friends and went to sing in the streets. Everyone shouted “The singers. The singers. Here come the singers!”, and the people came out of their houses to listen to the tuneful summer visitors who dared to sing after-dinner songs. Famous also were the meetings organized by the Montts to listen to classical music, poetry and to read things of interest to everyone. Manuel Montt Balmaceda, a Zapallar-ite to the soul, remembers with nostalgia those literary evenings in which Shakespeare was recited for hours on end. Or when Jorge Edwards came to pass the summer with new books to recommend and discuss with young people keen on literature. Another of the typical families of Zapallar, the Leteliers, opened a private discotheque one summer, called La Micaela, which appeared to be more a popular inn than a sophisti-

cated premises. But this was not the only initiative of this kind in Zapallar: as the village had a bar for dancing called “El Caremuerto”, one of the Zapallar visitors with a more festive spirit, Pilar Rodríguez, opened an alternative place which she baptized “Carevivo”. This was installed below the terrace of her home and she invited everyone. The band of “Caremuerto” also even played occasionally in the Rodríguez discotheque. The theatre, the kermesses and the fancy-dress parties continued to be the favourite social entertainments. The famous director Eugenio Dittborn even came to the resort to direct a play called “El Pastel y la Torta”. Everyone was in fancy dress and enjoyed the playful spirit that animated the Zapallar people. Even the priest Didier lent his cassock on one occasion to one of the parishioners in order to act in a presentation, which earned him the eternal nickname of the “Friar”. The kermesses continued to animate the Zapallar Week and the verses that were sung stuck for the rest of the summer. Some still remember having hummed for months “the oysters we fish at the bottom of the sea” or “Here comes Nemesio with his trapeze so as not to spend a cent”. The girls who wanted an unforgettable memento of their Zapallar youth did so by having their photograph taken by the famous photographer Feliu who took shots in their usual fancy dresses.

P. 53 1. The church projected by architect Carlos de Landa in 1934, was built thanks to the donations of the people of Zapallar. Here with his bell tower destroyed during the 1965 earthquake. 2. During a visit of President Arturo Alessandri Palma, here with his dog, and the sisters Carmen and Ximena Morla, in front of his house. 3. The boat rides were part of the daily activities and many families had their own boats to go rowing.

P. 55 1. At the beach, all friends.

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And the time passed in this place which during the year was the home of its fishing people, lovers of nature and the quiet life. The Figueroa, Valenzuela, Tapia and Torreblanca families would remain there for several generations, attached to themselves and in love with this unique space in the world. Many Germans shared this feeling of identity produced by the scenery and Zapallar lifestyle, and chose it as their first home. Others preferred to live in Santiago but returned to Zapallar together with the Chilean summer visitors as soon as their commitments in the capital allowed them to return to such a desirable place. Holidays continued to be a family and intimate affair in which the older people and children shared in the games and sports activities with the marvellous Zapallar scenery as the background. The spirit of the founder, simple and solidary, was maintained firmly and intact. Relations between the village families and the summer visitors were easy and fluent: the Zapallar mothers fetched the boys who looked after their houses in the evenings, village boys played tennis with the visitors and, years much later, played some famous matches in the recently-opened babyfootball pitch. The gardeners of the large houses swelled with pride in the presence of their employers for the keeping of their parks and the young people from Santiago organized dances in the parish which they shared with the villagers. There were many such instances of the natural cohabitation between the villagers and the summer visitors. There were also a series of affectionate personalities of Zapallar village, part of the collective memory of this place: “El Polvillo”, an always-happy and ever-present man mounted on his donkey and immortalized by the painter Diego José Fontecilla in the entrance to the Zapallar theatre; Pasache, a great philosopher and conversationalist loved by everyone; and the craftsman Adolfo Carmona, always contracted by the municipality for the reconstruction of the quay and repairing the public offices. Some Zapallar people remember today certain tenuous

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changes that occurred in the resort around the 1950s. These were the years in which some well-travelled people who knew the world arrived in Zapallar and brought a certain dose of sophistication to the resort. Don Matías Errázuriz, a personal friend of well-known artists like Sorolla and Valenzuela Puelma, owned an extraordinary house, completely made of stone and with a marvellous view. The original plans had been drawn up by Le Corbussier but then modified by Chilean architects to adjust to the local surroundings. The result was a splendid mansion that contained extraordinary collections of everything that existed, surrounded by a beautiful park with native and exotic species. Inside there was an abundance of fine and evocative furniture, large chests and armour. Matías kept gothic tables and crucifixes in a large room with a gold coffered ceiling. But Matías Errázuriz also stood out for his kindness and simplicity and used to be seen on horseback with a vicuña poncho or a purple velvet jacket. Another of these “sophisticates” to arrive in Zapallar was Mario Matta, a great decorator who was known for the way in which he entertained his guests. But the glamour could not have been so great because the young people continued to enjoy themselves in a very family and simple way. Some remember that after dinner, they formed a group of friends and went to sing in the streets. Everyone shouted “The singers. The singers. Here come the singers!”, and the people came out of their houses to listen to the tuneful summer visitors who dared to sing after-dinner songs. Famous also were the meetings organized by the Montts to listen to classical music, poetry and to read things of interest to everyone. Manuel Montt Balmaceda, a Zapallar-ite to the soul, remembers with nostalgia those literary evenings in which Shakespeare was recited for hours on end. Or when Jorge Edwards came to pass the summer with new books to recommend and discuss with young people keen on literature. Another of the typical families of Zapallar, the Leteliers, opened a private discotheque one summer, called La Micaela, which appeared to be more a popular inn than a sophisti-

cated premises. But this was not the only initiative of this kind in Zapallar: as the village had a bar for dancing called “El Caremuerto”, one of the Zapallar visitors with a more festive spirit, Pilar Rodríguez, opened an alternative place which she baptized “Carevivo”. This was installed below the terrace of her home and she invited everyone. The band of “Caremuerto” also even played occasionally in the Rodríguez discotheque. The theatre, the kermesses and the fancy-dress parties continued to be the favourite social entertainments. The famous director Eugenio Dittborn even came to the resort to direct a play called “El Pastel y la Torta”. Everyone was in fancy dress and enjoyed the playful spirit that animated the Zapallar people. Even the priest Didier lent his cassock on one occasion to one of the parishioners in order to act in a presentation, which earned him the eternal nickname of the “Friar”. The kermesses continued to animate the Zapallar Week and the verses that were sung stuck for the rest of the summer. Some still remember having hummed for months “the oysters we fish at the bottom of the sea” or “Here comes Nemesio with his trapeze so as not to spend a cent”. The girls who wanted an unforgettable memento of their Zapallar youth did so by having their photograph taken by the famous photographer Feliu who took shots in their usual fancy dresses.

P. 53 1. The church projected by architect Carlos de Landa in 1934, was built thanks to the donations of the people of Zapallar. Here with his bell tower destroyed during the 1965 earthquake. 2. During a visit of President Arturo Alessandri Palma, here with his dog, and the sisters Carmen and Ximena Morla, in front of his house. 3. The boat rides were part of the daily activities and many families had their own boats to go rowing.

P. 55 1. At the beach, all friends.

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AIRS OF MODERNITY 1950 P. 57 1. Sails and parasols. 2. At the beach, Marta Montt Balmaceda and Diego José Fontecilla Sutil.

P. 59 1. Admiral Edgardo von Schroeders Sarratea, founder of the Cachagua Golf Club. The design of the nine holes that started the court was traced

The 1950s also saw a slight change in the extremely modest customs of Zapallar at that time. To the hints of glamour and elegance brought back by some Chilean travellers was added the bikini as an emblem of a new epoch that was beginning to appear. When Marta Montt appeared on the beach in the first bikini seen in Zapallar, comments came forth quickly. And quicker still was the generalized expansion that this item of summer clothing from then on. Some verses from that time reflect the shock and admiration caused by this garment:

with his golf club and he planted the trees himself. Here, during his opening speech. 2. A simple Club House attached to the house of the keepers, where Anita Araya de Molina used to make delicious fried empanadas for the members. 3. At the beach, Diego José Fontecilla, María del Pilar Rodríguez, Pedro Erlwein, Teresa Elton y Gabi Erlwein, among others.

P. 61 1. Boiserie corner of the big living room at Villa Maricel. 2. The furniture designer Mario Matta

“Zapallar is a resort of the select variety it has sea urchins and shellfish and also pealed peaches it has doggies and pichotos has corn has totos and also tremendous bottoms There are frolics and joking and balls are played with In the most varied games and not thought badly of To be a Zapallarite you have to be very special You have to be a well bred rascal and know how to throw yourself into the sea Caught in the seaweed when the waves are large Appear occasional cheeks of the girls’ tangas This is the land of the Ovalles, Pérez and Ossandóns Of the Sutils, Wilsons and some who are not”.

Echaurren, who together with his arrival to Zapallar in the 1950s brought along a more glamorous and mundane style. Here with Mignonet Saavedra on the balcony of Villa Maricel.

ZAPALLAR

If we continue to talk about summer fashions, we have to remember the stamped tropical designs that Javier Pérez made on bathing costumes, bikinis and pareos. This Zapallar-ite to the soul had a small oven in his house for this purpose and the young people went there to buy these garments that appeared to be the uniform of the youth. And following this theme of modernity that did not take long to reach this small coastal village, some today recall that it was in the 1950s that some Zapallar people began to arrive there by aircraft. The scene at that time seems to us

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horrifying today to think that some valiant people landed these small and unstable light aircraft in the fields of Cachagua, in what today is the Equestrian Club. Unfortunately, some of these air journeys ended in disaster and the presence of these aeroplanes in the local sky gradually disappeared. Life passed by quietly and peaceably in Zapallar but, at the same time, all the progress of modernity was accepted. Electricity reached the village in the 1950s when the people were still lighting their houses with smelly carbide. But all this modernity could not prevent the street lighting from being turned off daily at 11 p.m., obviously influencing the way people enjoyed themselves and their summer hours. There was a return to the spiritualism practices that Zapallar people had always liked. All those wanting to make contact with the far beyond met in the house of the Valledors and some recall how the spirits carried tables up the stairs of that large mansion. The arrival of liquid gas was also a landmark in the modernization of the resort. Its coming not only produced greater convenience and safety for the people of Zapallar but also brought with it a change of scenery: the vegetation grew considerably as firewood from the trees on the hills was no longer used. The postal service was another institution that continued to be as primitive as in its origins: a postman brought the correspondence from Papudo by mule and when he reached Zapallar, lists were prepared of those fortunate to receive letters and these were “shouted” at 3 in the afternoon every day in front of the post office. Medical attention had seen no favourable change in the previous years and Zapallar continued without a doctor or pharmacy for meeting emergencies in the community. During the 1930s, medical science was represented by an old lady with the face of a witch (Andreíta) who assisted at births using methods which today would be very questionable: after giving the expectant mothers an alcoholic drink and massages with a hen’s ovary fat, she made them squat and wait for hours on end. A dispensary who offered

to attend some mothers on holiday also attended to summer accidents. Towards the 1950s, a new personality appeared to be responsible for the health of the place: the “practicante” Valdevenito who extracted sea-urchin spines from the feet and cured burns and bee stings. The walks continued to be the same, nothing had changed: the Isla Seca, the organized excursions to the gullies before brushing through vines and then down the hills to Cachagua; climbing trees to eat those delicious minute pears so typical of Zapallar; sliding on domestic sledges made of wood down the hills covered with pine trees; the eternal walks from here to there, the mortal jumps over the rocky coves; walks over the rocks where the mythical “jaivera” lived, a bizarre character who appeared out of the morning Zapallar mist and lived among the rocks and had a fisherman son. Years before, the satirical and amusing local publication Ratos y Retos had dedicated these lines to him:

P. 61 1. Well known plays were adapted with grace to the local routines, and performed by the tourists. Such is the case of the well-known Zarzuela de la Paloma, which was renamed for a charity event “La Cazuela de la Paloma”. Here, its creative director Rosa Pérez, with the lead actor and mayor, Mario Alamparte. 2. At the beach, a group of friends at the Belle Epoque in the 60s. From left to right: Hernán Rojas, Marta Montt, Patricia Valdés, Ernesto Lavín, Mañía Valdés, Mario Matta, Patricia Fernández, Ximena Echaurren, Eliana García Moreno and Jorge Astaburuaga. 3. Ximena Urrejola Echaurren.

The goddess of the shellfish That like crab between crags Goes to bathe Her exquisite silhouette Perfumed like rose. Bird of shadow and mystery What can be her criteria Prefer to be the queen of all, Limit herself with her way of living? And among the preferred beach activities, always the beach, where they bathed, played badminton and “peteca”. The last-named was a novelty among the resort’s amusements. During a visit by Daniel Pérez to Brazil, he brought this game and adapted it to Zapallar. Peteca was a ball in the form of a pumpkin that Daniel Pérez ingeniously built with sheepskin, sand and gull feathers so that it flew better. The game had simple rules, was played in a court simulating that of tennis and he who let the Peteca touch the ground or threw it outside the boundary lines lost.

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AIRS OF MODERNITY 1950 P. 57 1. Sails and parasols. 2. At the beach, Marta Montt Balmaceda and Diego José Fontecilla Sutil.

P. 59 1. Admiral Edgardo von Schroeders Sarratea, founder of the Cachagua Golf Club. The design of the nine holes that started the court was traced

The 1950s also saw a slight change in the extremely modest customs of Zapallar at that time. To the hints of glamour and elegance brought back by some Chilean travellers was added the bikini as an emblem of a new epoch that was beginning to appear. When Marta Montt appeared on the beach in the first bikini seen in Zapallar, comments came forth quickly. And quicker still was the generalized expansion that this item of summer clothing from then on. Some verses from that time reflect the shock and admiration caused by this garment:

with his golf club and he planted the trees himself. Here, during his opening speech. 2. A simple Club House attached to the house of the keepers, where Anita Araya de Molina used to make delicious fried empanadas for the members. 3. At the beach, Diego José Fontecilla, María del Pilar Rodríguez, Pedro Erlwein, Teresa Elton y Gabi Erlwein, among others.

P. 61 1. Boiserie corner of the big living room at Villa Maricel. 2. The furniture designer Mario Matta

“Zapallar is a resort of the select variety it has sea urchins and shellfish and also pealed peaches it has doggies and pichotos has corn has totos and also tremendous bottoms There are frolics and joking and balls are played with In the most varied games and not thought badly of To be a Zapallarite you have to be very special You have to be a well bred rascal and know how to throw yourself into the sea Caught in the seaweed when the waves are large Appear occasional cheeks of the girls’ tangas This is the land of the Ovalles, Pérez and Ossandóns Of the Sutils, Wilsons and some who are not”.

Echaurren, who together with his arrival to Zapallar in the 1950s brought along a more glamorous and mundane style. Here with Mignonet Saavedra on the balcony of Villa Maricel.

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If we continue to talk about summer fashions, we have to remember the stamped tropical designs that Javier Pérez made on bathing costumes, bikinis and pareos. This Zapallar-ite to the soul had a small oven in his house for this purpose and the young people went there to buy these garments that appeared to be the uniform of the youth. And following this theme of modernity that did not take long to reach this small coastal village, some today recall that it was in the 1950s that some Zapallar people began to arrive there by aircraft. The scene at that time seems to us

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horrifying today to think that some valiant people landed these small and unstable light aircraft in the fields of Cachagua, in what today is the Equestrian Club. Unfortunately, some of these air journeys ended in disaster and the presence of these aeroplanes in the local sky gradually disappeared. Life passed by quietly and peaceably in Zapallar but, at the same time, all the progress of modernity was accepted. Electricity reached the village in the 1950s when the people were still lighting their houses with smelly carbide. But all this modernity could not prevent the street lighting from being turned off daily at 11 p.m., obviously influencing the way people enjoyed themselves and their summer hours. There was a return to the spiritualism practices that Zapallar people had always liked. All those wanting to make contact with the far beyond met in the house of the Valledors and some recall how the spirits carried tables up the stairs of that large mansion. The arrival of liquid gas was also a landmark in the modernization of the resort. Its coming not only produced greater convenience and safety for the people of Zapallar but also brought with it a change of scenery: the vegetation grew considerably as firewood from the trees on the hills was no longer used. The postal service was another institution that continued to be as primitive as in its origins: a postman brought the correspondence from Papudo by mule and when he reached Zapallar, lists were prepared of those fortunate to receive letters and these were “shouted” at 3 in the afternoon every day in front of the post office. Medical attention had seen no favourable change in the previous years and Zapallar continued without a doctor or pharmacy for meeting emergencies in the community. During the 1930s, medical science was represented by an old lady with the face of a witch (Andreíta) who assisted at births using methods which today would be very questionable: after giving the expectant mothers an alcoholic drink and massages with a hen’s ovary fat, she made them squat and wait for hours on end. A dispensary who offered

to attend some mothers on holiday also attended to summer accidents. Towards the 1950s, a new personality appeared to be responsible for the health of the place: the “practicante” Valdevenito who extracted sea-urchin spines from the feet and cured burns and bee stings. The walks continued to be the same, nothing had changed: the Isla Seca, the organized excursions to the gullies before brushing through vines and then down the hills to Cachagua; climbing trees to eat those delicious minute pears so typical of Zapallar; sliding on domestic sledges made of wood down the hills covered with pine trees; the eternal walks from here to there, the mortal jumps over the rocky coves; walks over the rocks where the mythical “jaivera” lived, a bizarre character who appeared out of the morning Zapallar mist and lived among the rocks and had a fisherman son. Years before, the satirical and amusing local publication Ratos y Retos had dedicated these lines to him:

P. 61 1. Well known plays were adapted with grace to the local routines, and performed by the tourists. Such is the case of the well-known Zarzuela de la Paloma, which was renamed for a charity event “La Cazuela de la Paloma”. Here, its creative director Rosa Pérez, with the lead actor and mayor, Mario Alamparte. 2. At the beach, a group of friends at the Belle Epoque in the 60s. From left to right: Hernán Rojas, Marta Montt, Patricia Valdés, Ernesto Lavín, Mañía Valdés, Mario Matta, Patricia Fernández, Ximena Echaurren, Eliana García Moreno and Jorge Astaburuaga. 3. Ximena Urrejola Echaurren.

The goddess of the shellfish That like crab between crags Goes to bathe Her exquisite silhouette Perfumed like rose. Bird of shadow and mystery What can be her criteria Prefer to be the queen of all, Limit herself with her way of living? And among the preferred beach activities, always the beach, where they bathed, played badminton and “peteca”. The last-named was a novelty among the resort’s amusements. During a visit by Daniel Pérez to Brazil, he brought this game and adapted it to Zapallar. Peteca was a ball in the form of a pumpkin that Daniel Pérez ingeniously built with sheepskin, sand and gull feathers so that it flew better. The game had simple rules, was played in a court simulating that of tennis and he who let the Peteca touch the ground or threw it outside the boundary lines lost.

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ZAPALLAR


P. 65 1. Tents were characteristic of the beach. Every family had a striped canvas tent and when they were damaged by the humidity and the years that went by, they were replaced by a new one bearing the same colors, thus becoming a family sign.

WITH ORIGINAL SEALAND STAMP

COASTAL SHORE

HOUSES AND GARDENS

Hidden corner of a thousand beauties set between the sea and the mountain, where fishermen dry their nets at the threshold of the cabin in scentful sheets of flowers.

Red roofs, slim minarets, clean and pleasing cottages that appear as toys when seen from above; intense green patches of vegetation and rose brushstrokes of gardens, form this scenery encased between hills like a collection of precious stones piled upon the rocks.

DANIEL VALENZUELA PUELMA

and that was followed by the new

Zapallar little cove That of the enchanted beach Ah! How sad your leaving And how happy your arrival!

families, giving the incipient resort a

ANONYMOUS

2. Cachagua Beach with its coiron parasols, a feature that Diego Sutil Alcalde gave to the first constructions

unique and homogenous look.

P. 66 1956 by architect Jorge Elton. thquake at the house of the Fierro Concha family. 3. Party at Astrid Tafra’s house.

P. 68 1. At the beach, María de los Ángeles Lavín, Carlos Aldunate, Lucho Lavín, Luis Valdivieso, Nacha Rencoret, Eugenio Salinas, Héctor Ducci, Juan Santa María, José Letelier, Gracia F. de Castro, Marta von Schroeders, Silvia Tafra, Elena Santa María, María Teresa Elton and Luis Fernando Moro. 2. Zapallar Cove, simple construction on stone and shingle, where there was a steaming delicious soap at all times near the fishermen.

P. 68 1. Sergio Echeñique Elliott lived in two of the main houses in Zapallar. First, in the Tudor-style house built by Fernando Aldunate, to which he added the first fresh-water pool in the resort. The Dukes of Orleans, among other personalities, were his guests. Also, as well as his two predecessors, hi lived in style at Villa Maricel. Here, with his dog the day he received it. 2. Great wit and champagne spendthrifts, Chalo Figueroa, Manuel Urrejola and Juan García de la Huerta. Here with Isabel Valdés de Cousiño and Verónica Balmaceda. 3. Part of the elegant living room of Villa Maricel. Here is the antique main carpet and the original classical Matta furniture, already adapted by Sergio Echeñique.

ZAPALLAR

Zapallar has everything; fine grace, distinction, authentic elegance, voices for the heart... words for the genius and homage for love. ANONYMOUS

The Lord opened his hands at random And that magnificent richness Fell on the land and the sea.

1960

1. First church in Cachagua, built in 2. Consequences of the 1965 ear-

ZIG ZAG MAGAZINE 1917

The 1960s began with the tragedy of the fire at the Villar house. It was half past three in the morning on 21 September 1961 when the church bells rang to give the alarm. Within a few minutes, all the village people and summer visitors jumped rapidly out of their beds and, putting on the first thing to hand, went to help put out the flames consuming the house of Benito del Villar. The owner of the house was in Europe while the firemen of La Ligua solved the problem which the people, with much perseverance, had unable to do. When he returned from his journey, Benito del Villar offered a warm reception for all those that helped in putting out the fire. This home was a particular Zapallar emblem for its beauty and peculiar history: it was a replica of a house of the XVI century which was known as the “butcher’s house” in Hildesheim, Germany. It was adapted in Chile by Josué Smith for Mrs María Luisa MacLure de Edwards, with the architect contributing a good dose of humour. During the Second World War, the original German model was burnt down when a bomb hit it and the Germans asked for the plans of the house in Chile in order to be able to rebuild it. But the history of reciprocity did not end there because when the fire of 1961 occurred, the Villar family asked for the plans from Germany. Another tragedy that literally moved Zapallar was the earthquake of 1964. The figures of the disaster are impressive: 70% of the houses of the Zapallar village were irrecoverable and 30% seriously damaged. The reverse occurred with the summer houses: 30% irrecoverable and 70% seriously damaged. The Gran Hotel also fell as also the house of Olegario Ovalle, the houses of the Cachagua estate and that of the Morlas, all icons of Zapallar history. The beach was absolutely disfigured and left without form as if it had been swept away. The mayor at the time, Mario Alemparte, together with his friend from infancy and great lover of Zapallar, Juan Sutil, were an example of leadership of the solidarity that all the community shared. Public service for love of a neighbour, a personal concern for everyone affected and care for Zapallar’s beauty encouraged these two friends in the reconstruction of Zapallar.

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The mayoralty gave away land on the hills of Zapallar so that villagers could build their houses again. Despite the drama of the 1964 earthquake, a nice anecdote lightens the memory and reflects the spirit of the place: when Don Antonio Carrasco was on holiday in Europe, he received a telegram from the caretaker of his Zapallar house saying “Earthquake grade nine; “picentre”: your house”. A long time has passed since the creation of Zapallar, the fruit of the dream of Don Olegario and the inherited homely spirit of the Pérez and other founding families. And all those years have not passed in vain, in which the resort has been the protagonist and at the same time witness of the changes that have taken place. This beautiful small bay of the Catapilco Estate farm has been intervened by men who have participated and communed with the dreams of Don Olegario, dreams of beauty and austerity for a unique geographic place in this world. Man has left his mark reflected in the abundant vegetation that vastly exceeds what originally existed there, has left his passage through the place moulded in houses that are part of our architectural and cultural heritage and tangible marks of our country’s history. But above all, Zapallar has been the scenario of people who have known how to live with each other, preserving the beauty of the place and contributing a peculiar form of amusement and life. Zapallar is lately navigating between the contrary currents of tradition and modernity, trying to preserve its original seal and stamp while opening its territory to new families who wish to participate in the prosperity of the place and the new forms of amusement of present society. The idea is that the village should prosper without losing its particular style, without the emblems of modernity like advertising and commercial centres invading the intimate Zapallar. The journey is difficult but we expect to reach the balance that has always kept it as a unique place.

ANONYMOUS

A sedating rest came; the hurricane became a breeze; the waves, like an orchestra, began to vibrate.

And on the smooth slopes of the hills lost in the foliage and the greenness like a white flock of doves is the hamlet on the height enclosed in an atmosphere of aromas. DANIEL VALENZUELA PUELMA

ANONYMOUS

If Zapallar had no pathways that speak of escapes, what beautiful pretext for not leaving ever. Wonder of my land between pines and foam; unique place in the world where the moon is not sad. ANONYMOUS

And when the flowers bloom, And the butterflies are born And the beings and the things, Say no more than love words. Then, to its stupors, Zapallar manages to win. JAVIER PÉREZ OVALLE

Its sea, encircled by undulating foam breaking on the sharp crags, lifts to the roofs a misty vapour that in the mild atmosphere spreads and extends to and perfumes the fields. DANIEL VALENZUELA PUELMA

You have all the sweetness of an atmosphere that floats between your waves and your winds; you are like a suspended landscape in the middle of the earth and the firmament. ANONYMOUS

HILLS, PARKS AND VILLAGE The streets of Zapallar, like human beings, love each other and seek out and say good-bye to each other. More than streets, they are ways of illusion. They describe, like playing, large curved letters between gardens.

Only the whim of the art and the happiness of the sea have been able to make out of a dream fantasy and reality. POETRY WASHINGTON ESPEJO

ANONYMOUS

May he who comes always see, This corner of mountain Whose feet, the sea bathes them With woods for hair And be, what it is and was.

I leave sadly this place of friendship and affection that is a divine combination of simplicity and harmony. The souls that live there feed on the beauties; and thus like the bees suck flowers and give honey, in this people there is generosity, in the ambiance purity and enchantment in the solitude.

JAVIER PÉREZ OVALLE

POEM CARLOS MORLA

Their hands are full of sidereal richness. He opened them lavishly and ... thus Zapallar was born. ANONYMOUS

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ZAPALLAR


P. 65 1. Tents were characteristic of the beach. Every family had a striped canvas tent and when they were damaged by the humidity and the years that went by, they were replaced by a new one bearing the same colors, thus becoming a family sign.

WITH ORIGINAL SEALAND STAMP

COASTAL SHORE

HOUSES AND GARDENS

Hidden corner of a thousand beauties set between the sea and the mountain, where fishermen dry their nets at the threshold of the cabin in scentful sheets of flowers.

Red roofs, slim minarets, clean and pleasing cottages that appear as toys when seen from above; intense green patches of vegetation and rose brushstrokes of gardens, form this scenery encased between hills like a collection of precious stones piled upon the rocks.

DANIEL VALENZUELA PUELMA

and that was followed by the new

Zapallar little cove That of the enchanted beach Ah! How sad your leaving And how happy your arrival!

families, giving the incipient resort a

ANONYMOUS

2. Cachagua Beach with its coiron parasols, a feature that Diego Sutil Alcalde gave to the first constructions

unique and homogenous look.

P. 66 1956 by architect Jorge Elton. thquake at the house of the Fierro Concha family. 3. Party at Astrid Tafra’s house.

P. 68 1. At the beach, María de los Ángeles Lavín, Carlos Aldunate, Lucho Lavín, Luis Valdivieso, Nacha Rencoret, Eugenio Salinas, Héctor Ducci, Juan Santa María, José Letelier, Gracia F. de Castro, Marta von Schroeders, Silvia Tafra, Elena Santa María, María Teresa Elton and Luis Fernando Moro. 2. Zapallar Cove, simple construction on stone and shingle, where there was a steaming delicious soap at all times near the fishermen.

P. 68 1. Sergio Echeñique Elliott lived in two of the main houses in Zapallar. First, in the Tudor-style house built by Fernando Aldunate, to which he added the first fresh-water pool in the resort. The Dukes of Orleans, among other personalities, were his guests. Also, as well as his two predecessors, hi lived in style at Villa Maricel. Here, with his dog the day he received it. 2. Great wit and champagne spendthrifts, Chalo Figueroa, Manuel Urrejola and Juan García de la Huerta. Here with Isabel Valdés de Cousiño and Verónica Balmaceda. 3. Part of the elegant living room of Villa Maricel. Here is the antique main carpet and the original classical Matta furniture, already adapted by Sergio Echeñique.

ZAPALLAR

Zapallar has everything; fine grace, distinction, authentic elegance, voices for the heart... words for the genius and homage for love. ANONYMOUS

The Lord opened his hands at random And that magnificent richness Fell on the land and the sea.

1960

1. First church in Cachagua, built in 2. Consequences of the 1965 ear-

ZIG ZAG MAGAZINE 1917

The 1960s began with the tragedy of the fire at the Villar house. It was half past three in the morning on 21 September 1961 when the church bells rang to give the alarm. Within a few minutes, all the village people and summer visitors jumped rapidly out of their beds and, putting on the first thing to hand, went to help put out the flames consuming the house of Benito del Villar. The owner of the house was in Europe while the firemen of La Ligua solved the problem which the people, with much perseverance, had unable to do. When he returned from his journey, Benito del Villar offered a warm reception for all those that helped in putting out the fire. This home was a particular Zapallar emblem for its beauty and peculiar history: it was a replica of a house of the XVI century which was known as the “butcher’s house” in Hildesheim, Germany. It was adapted in Chile by Josué Smith for Mrs María Luisa MacLure de Edwards, with the architect contributing a good dose of humour. During the Second World War, the original German model was burnt down when a bomb hit it and the Germans asked for the plans of the house in Chile in order to be able to rebuild it. But the history of reciprocity did not end there because when the fire of 1961 occurred, the Villar family asked for the plans from Germany. Another tragedy that literally moved Zapallar was the earthquake of 1964. The figures of the disaster are impressive: 70% of the houses of the Zapallar village were irrecoverable and 30% seriously damaged. The reverse occurred with the summer houses: 30% irrecoverable and 70% seriously damaged. The Gran Hotel also fell as also the house of Olegario Ovalle, the houses of the Cachagua estate and that of the Morlas, all icons of Zapallar history. The beach was absolutely disfigured and left without form as if it had been swept away. The mayor at the time, Mario Alemparte, together with his friend from infancy and great lover of Zapallar, Juan Sutil, were an example of leadership of the solidarity that all the community shared. Public service for love of a neighbour, a personal concern for everyone affected and care for Zapallar’s beauty encouraged these two friends in the reconstruction of Zapallar.

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The mayoralty gave away land on the hills of Zapallar so that villagers could build their houses again. Despite the drama of the 1964 earthquake, a nice anecdote lightens the memory and reflects the spirit of the place: when Don Antonio Carrasco was on holiday in Europe, he received a telegram from the caretaker of his Zapallar house saying “Earthquake grade nine; “picentre”: your house”. A long time has passed since the creation of Zapallar, the fruit of the dream of Don Olegario and the inherited homely spirit of the Pérez and other founding families. And all those years have not passed in vain, in which the resort has been the protagonist and at the same time witness of the changes that have taken place. This beautiful small bay of the Catapilco Estate farm has been intervened by men who have participated and communed with the dreams of Don Olegario, dreams of beauty and austerity for a unique geographic place in this world. Man has left his mark reflected in the abundant vegetation that vastly exceeds what originally existed there, has left his passage through the place moulded in houses that are part of our architectural and cultural heritage and tangible marks of our country’s history. But above all, Zapallar has been the scenario of people who have known how to live with each other, preserving the beauty of the place and contributing a peculiar form of amusement and life. Zapallar is lately navigating between the contrary currents of tradition and modernity, trying to preserve its original seal and stamp while opening its territory to new families who wish to participate in the prosperity of the place and the new forms of amusement of present society. The idea is that the village should prosper without losing its particular style, without the emblems of modernity like advertising and commercial centres invading the intimate Zapallar. The journey is difficult but we expect to reach the balance that has always kept it as a unique place.

ANONYMOUS

A sedating rest came; the hurricane became a breeze; the waves, like an orchestra, began to vibrate.

And on the smooth slopes of the hills lost in the foliage and the greenness like a white flock of doves is the hamlet on the height enclosed in an atmosphere of aromas. DANIEL VALENZUELA PUELMA

ANONYMOUS

If Zapallar had no pathways that speak of escapes, what beautiful pretext for not leaving ever. Wonder of my land between pines and foam; unique place in the world where the moon is not sad. ANONYMOUS

And when the flowers bloom, And the butterflies are born And the beings and the things, Say no more than love words. Then, to its stupors, Zapallar manages to win. JAVIER PÉREZ OVALLE

Its sea, encircled by undulating foam breaking on the sharp crags, lifts to the roofs a misty vapour that in the mild atmosphere spreads and extends to and perfumes the fields. DANIEL VALENZUELA PUELMA

You have all the sweetness of an atmosphere that floats between your waves and your winds; you are like a suspended landscape in the middle of the earth and the firmament. ANONYMOUS

HILLS, PARKS AND VILLAGE The streets of Zapallar, like human beings, love each other and seek out and say good-bye to each other. More than streets, they are ways of illusion. They describe, like playing, large curved letters between gardens.

Only the whim of the art and the happiness of the sea have been able to make out of a dream fantasy and reality. POETRY WASHINGTON ESPEJO

ANONYMOUS

May he who comes always see, This corner of mountain Whose feet, the sea bathes them With woods for hair And be, what it is and was.

I leave sadly this place of friendship and affection that is a divine combination of simplicity and harmony. The souls that live there feed on the beauties; and thus like the bees suck flowers and give honey, in this people there is generosity, in the ambiance purity and enchantment in the solitude.

JAVIER PÉREZ OVALLE

POEM CARLOS MORLA

Their hands are full of sidereal richness. He opened them lavishly and ... thus Zapallar was born. ANONYMOUS

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ZAPALLAR


COASTLINE

HILLS, PARKS AND TOWN

HOUSES AND GARDENS

78 Rocks in Cachagua.

126 Stone walls with ship chains, devised and brought by the mayor of Zapallar at that time, Benito del Villar, to be used in streets and house fences.

159 House built by Carlos Aldunate Solar and projected by his cousin, architect Josué Smith Solar. Today it accommodates the Municipality.

193 Practically unaltered, its interior preserves the house’s rich history in its fine wood and furniture of the time.

226 Located over the beach, house of Alpine inspiration built by Enrique Block with plans of the architect Santiago Roy.

128 Donkeys that listen to rancheras. The owner plays them the music to unnerve them after an evening carrying children through the streets of Cachagua.

160 Access gate to the Ossandón house and Park.

195 Tudor-style house built by Fernando Aldunate Errázuriz and projected by the architect Carlos de Landa.

227 Over the beach this house of the Stunpf family stands out, also of Alpine inspiration.

196 Isla Seca Hotel. Its outside style, projected by the architect Sebastián Álvarez, was inspired by the old house of the Pérez Ovalle family. The ship chains were installed in its gardens, quite rightly, as a symbol of the resort.

230 Originally, boat house of the Sutil family in Cachagua and then, for years the center of the literary Bohemian of that time, when Paula Sutil and Enrique Álvarez lived in it.

79 Las Cujas Cachagua. 80 Northern view of the bay. 81 The stone pedestrian paths characterize Zapallar. 82 Most of the wooden boats were built by the Zapallar artisan Pedro Brand. 84 A delicious soup is always boiling on La Caleta’s bonfire. 85 View of the La Cruz Hill from the beach. 86-87 Panoramic shot of the Cachagua beach and the Penguins’ Island. 88 Pacific Ocean and the cemetery in the background. 89 The flower of the coastal cactus. 90 Coastline Boulevard, north side of the bay. 91 Puya Chilensis. 92 The beach after the rain. 93 Southern view of the bay. 94-95 Panoramic shot of the Las Cujas beach. 97 The characteristic pines stand out over the La Cruz Hill. 98 Winter skies from the beach. 99 Pelicans, permanent residents of the bay. 100 Small fishermen’s house on stone and shingle, designed by the architect Carlos Casanueva. 104 Gardens in the bay. 105 Beach’s Boulevard. 106 In the typical César restaurant. 107 View of César restaurant from the sand. 108 Fresh from the ocean. 109 View of the beach from El Muelle (The Pier). 110 Chiringuito Restaurant. 111 The Big Rock in the beach. 114 The magic of the old cemetery. Its land was donated by the Ossandón family for the eternal rest of both the people of Zapallar and Papudo, in the north. 116 Las Cujas Bay in Cachagua. 119 Magical sunsets.

129 First parish church, then theater and biographer, where plays created and performed by the tourists were shown. The paintings were created by the artist Diego José Fontecilla and they represented two of the most lovable characters in Zapallar: the Polvillo, dealer of everything that could be paid for (garden cress, mushrooms, cladodes) and Alberto Pasache, a very talented builder. 130 At the square, the bust of Olegario Ovalle Vicuña. 131 The woods of Zapallar near the Fray Jorge National Park, the most important Mediterranean coastal ecosystem in Chile. Big part of the flora is endemic and it was almost extinct because of its exploitation until 1910, when Federico Johow recommended Olegario to stop the coaling activity and the removal of cows. 132 Main street in Winter Zapallar. 133 Garden of Isabel Valdés de Cousiño, projected by landscape gardener Moira Hamilton. 134 Going down to the cove. 135 Thank you holy Mother for granted favors. 138 Foothills at Las Cujas beach in Cachagua. 139 Panoramic shot viewing northern Zapallar. 140 Corner between the pines where the town can be seen. 141 At the Tiger ravine. 142 Typical vegetation beneath the Wilson house. 144 Native coastal vegetation viewing the north of the La Cruz Hill. 145 Corner between the pines. 149 Corners. 150 At the square, national monument of the XVII century. It belonged to the Carmelitas convent and it was purchased by Miguel Erlwein when he was the mayor, as a present to Zapallar. 151 The Zapallar church was built in 1934 with plans by the architect Carlos de Landa. 154 Panoramic shot of Zapallar from the dense and shady woods of the El Boldo hill.

ZAPALLAR

163 House built by Carlos Ossandón Barros and projected by the architect Ricardo González Cortés. 164 At the end of Cachagua, López House built by Pedro Aldunate, owner of the Sal Alfonso estate, as a summer house. The rich saltpeter entrepreneur and violinist Zaridakis and his wife, the great sculptress Munnier, lived in this house. 167 Del Villar House, brought by ship by Marie Luise Maclure de Edwards, replica of a house she saw in Bavaria and that was later adapted to the land by Josué Smith in 1924. 168 Ureta House. 169 Old dairy remodeled by the Covarrubias family preserving its original and simple style. 172 Park designed by Roberto Guzmán Lyon. 173 El Parque Library House, projected by architect Mathias Klotz. 174 Old house of Francisca Ossandón, today part of the Guzmán Park. 176 Detail of the house built in a first stage by Francisco de Paula Pérez in 1880. Later, his son Félix Pérez Ovalle built a north wing with plans from Josué Smith. 177 Erlwein House, built by the Arnolds family with a new system of panels where no nails were used. It was later purchased by Miguel Erlwein, who, when he was the mayor, gave to Zapallar the old pile that decorates the square. 179 Charming in its simplicity, this living room preserves the spirit of its original owner, painter Diego José Fontecilla. 180 In the dining room, artist’s painting. 181 Hallway, witness of unforgettable afternoons of wit and laughter. 184 Originally, house owned by the poet Arturo Reyes Ovalle, remodeled, quite rightly, by the Mekis family. 187 House built by the Johnson Gana family and remodeled by Jorge Arteaga. 188 Castle, creation of Álvaro Casanova Centeno. 192 Known today as the Wilson House, it was built in 1918 by the Werner family, who, after their only daughter passed away of an unrequited love, sold it to Irene Wilson de Moreno.

MEMORIES

199 Concha House. Of the oldest constructions in the resort, built by the Minister Pinto Agüero and remodeled in 1920 by Alberto Cruz Montt, a work ordered by Juan Eduardo Concha Subercaseaux. 200 The colorful garden of the Eyzaguirre Letelier property. 202 Over the cove, Meduña House projected by the architect Cristián Fernández. 203 Old town house of the Pérez Ovalle family. 204 House of Ossandón family. 206 Old kiosk of Aurelio Figueroa, a place where the people of the resort bought their fruits, vegetables and candies for the children. 207 House built during the first era of the resort by the naturalist Federico Johow. 208 In the hills of Zapallar, Villa Zapallo, projected by architect Noelle Echeñique. 210 Access yard to the house and welcoming barks. 211 The living room and its cozy timelessness. 214 Villa Maricel. The current owner, María Luisa Vial Ovalle, takes care of the garden in the Villa. 215 The Bronze Lion here, was present during the first era of the resort in Olegario Ovalle’s house. 219 El Pangue House, built by the architect Juan Echeñique for his family in an isolated small beach. 221 Originally, the water pump house for the Gran Hotel, remodeled by the Luchan family with plans from the architect Carlos Rencoret. 222 Over the beach, house inspired by the Greek Islands built by Martín Subercaseaux, with plans of the architect Pedro Fontecilla, in the land where the so-called Big Houses of Manuel Valledor were previously located and that later belonged to Ximena Morla de Subercaseaux. 223 From the house, intimate view of the beach.

260

Poema: Get rid of the bad idea To become a posh hamlet By nothing ever get to accept Ugly form lovely to be made 231 Its cozy bedroom unaltered in time. 232 Matte House, projected by the architect Cristián de Grote in the fields where the so called Big Houses of Olegario Ovalle were located. 233 Its spectacular pool integrating the Zapallar bay. 235 In the Vial house projected by the architect Memé Gatica, it seems that the replica of the old sailboat in this living room wants to go sailing. 237 Of a blue color and delicate garden, this house evokes another period, entrusted by its owners, the García de La Huerta Sutil, to the architect Noelle Echeñique. 238 Set with family furniture, welcoming corner in the living room. 239 Autumn in the balcony under the grapevines.

Because this is a book to look at and images speak for themselves, I will be brief with my memories. There would be so much more to say and, of course, some of the previous generations would have a lot to contribute; but their memories would be so rich that they would be impossible to include in a book like this. I grew up in Zapallar in the late 1950s, so different from the Zapallar we have today, and in a certain way from the one before, where everybody knew each other, and from a very early age I knew who was who. I remember with special affection as a kid, the “Semana Zapallarina” (Zapallar Celebration Week), when tourists and residents of all ages participated of this common happy environment wearing Tahitian-style silk-paper necklaces. This celebration took place, like today, in February; there were treasure hunts, kermises at the Gran Hotel, charity raffles, tennis tournaments, boat, swimming races, and poetry and verse contests. All of this with the purpose of having a good time using wit and collecting funds, whether for the School, Polyclinic, Church, Cemetery, Fire Department or for any other charity. No secrets were kept. The arrival of letters was announced aloud in the backyard of the mail office at three o’clock in the afternoon. There was only one phone booth at Armando’s grocery store. You had to wait for hours for a poor, faltering and screaming communication; some people spoke in codes that were decoded immediately by everyone waiting in line. We would go walking to the Cachagua beach, that at that time had only a few houses, and had picnics. We also went to the beach of precious stones and came back with our pockets full of agates; as well as to the Pirate’s Cave on the road to Papudo, and to the Loro’s Cave, in the La Cruz Hill. We went rowing on these huge boats and in the bay the owners of two or three ships invited everyone who wanted to go on sailing. At the beach, every family had their own striped canvas tent and a sail. These things were used as dressing rooms. In these places love was born and love was lost, as well. Gossip jumped from tent to tent like sand hoppers, creating bitterness and bumps that lasted for years, so the big rock worked as a tacit border between conflicting sides. Important people were considered as such because of their charm. There was expectation about what Marta Montt would wear that day at the beach, which beauty was the current girlfriend of Mario Matta and what his new Cadillac would look like that summer. Curiosity about who, besides the Dukes of Orleans and the Countess of Matarasso, attended Sergio Echeñique’s party. Everybody was looking forward to the witty words by people like Diego José Fontecilla, sound with his irony; Jorge Blanshard, funny impersonator; the Letelier girls, from their steaming pots of butter bean; Rosa Pérez, inventor of every game and riddle possible to be invented, and many others.

Whether Irene Wilson went to the beach with Pablo Neruda as her guest, and of course, what others were saying or doing. Those who wanted peace and privacy went to the northern side of the beach, away from César Rojas’ restaurant, which offered delicious churrascos (beef sandwich), whipped vaina cocktails and was confident that someday someone would finally pay the bill. During full moon nights we would listen to Pichoto Carrasco at his own park reciting for hours and in perfect English the works of Shakespeare, while the artist Pedro Erlwein (“Choclo”) plucked peacocks for the next choreography. Oscarito Pasache fixed cars, always with a wire; pain and accidents, Valdebenito the assistant and the hangover ended up in the same pot of the delicious soup that would always boil in the cove near the fishermen. Some people arrived on light aircrafts doing stunts over the beach to inform of their arrival, landing after herding cows and sheep from the air in a Cachagua paddock, in the foothills of the Golf Club founded by my grandfather. Water supply was always a problem. We would spend the summer in the ponds to see if the water level would go up, a miracle that depended on a figure called El Quelo. The gardens, true achievements of their owners, were made of cardinals, hibiscus, lilies and plumbago, usually watered with water jars already used in the house. The 1965 earthquake collapsed almost the entire town that was built with adobe, including the Gran Hotel and several big houses that abandoned and with broken glass were only inhabited by ghosts, good spirits or famous characters evoked by the Morla sisters in long séances, where heavy tables moved by on their own to the garden. A few years later during the Unidad Popular (70s left wing government), provisions never arrived to town but we could always count on the ocean’s wit and gifts. There were plenty of pink clams that we would take from the Cachagua beach while dancing to twist music. The same happened with crabs in the sand and abalones in the rocks. There were ponds filled with shrimps and mushrooms. Every afternoon we would gather our loot, someone would bring some eggs, lemons, and every child and adult would sing a few songs. During that decade the access roads were paved and the first apartments were built, thus ending the era of isolated and simple elegance that, over time, became a luxury.

EDGARDO von SCHROEDERS EDWARDS

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ZAPALLAR


COASTLINE

HILLS, PARKS AND TOWN

HOUSES AND GARDENS

78 Rocks in Cachagua.

126 Stone walls with ship chains, devised and brought by the mayor of Zapallar at that time, Benito del Villar, to be used in streets and house fences.

159 House built by Carlos Aldunate Solar and projected by his cousin, architect Josué Smith Solar. Today it accommodates the Municipality.

193 Practically unaltered, its interior preserves the house’s rich history in its fine wood and furniture of the time.

226 Located over the beach, house of Alpine inspiration built by Enrique Block with plans of the architect Santiago Roy.

128 Donkeys that listen to rancheras. The owner plays them the music to unnerve them after an evening carrying children through the streets of Cachagua.

160 Access gate to the Ossandón house and Park.

195 Tudor-style house built by Fernando Aldunate Errázuriz and projected by the architect Carlos de Landa.

227 Over the beach this house of the Stunpf family stands out, also of Alpine inspiration.

196 Isla Seca Hotel. Its outside style, projected by the architect Sebastián Álvarez, was inspired by the old house of the Pérez Ovalle family. The ship chains were installed in its gardens, quite rightly, as a symbol of the resort.

230 Originally, boat house of the Sutil family in Cachagua and then, for years the center of the literary Bohemian of that time, when Paula Sutil and Enrique Álvarez lived in it.

79 Las Cujas Cachagua. 80 Northern view of the bay. 81 The stone pedestrian paths characterize Zapallar. 82 Most of the wooden boats were built by the Zapallar artisan Pedro Brand. 84 A delicious soup is always boiling on La Caleta’s bonfire. 85 View of the La Cruz Hill from the beach. 86-87 Panoramic shot of the Cachagua beach and the Penguins’ Island. 88 Pacific Ocean and the cemetery in the background. 89 The flower of the coastal cactus. 90 Coastline Boulevard, north side of the bay. 91 Puya Chilensis. 92 The beach after the rain. 93 Southern view of the bay. 94-95 Panoramic shot of the Las Cujas beach. 97 The characteristic pines stand out over the La Cruz Hill. 98 Winter skies from the beach. 99 Pelicans, permanent residents of the bay. 100 Small fishermen’s house on stone and shingle, designed by the architect Carlos Casanueva. 104 Gardens in the bay. 105 Beach’s Boulevard. 106 In the typical César restaurant. 107 View of César restaurant from the sand. 108 Fresh from the ocean. 109 View of the beach from El Muelle (The Pier). 110 Chiringuito Restaurant. 111 The Big Rock in the beach. 114 The magic of the old cemetery. Its land was donated by the Ossandón family for the eternal rest of both the people of Zapallar and Papudo, in the north. 116 Las Cujas Bay in Cachagua. 119 Magical sunsets.

129 First parish church, then theater and biographer, where plays created and performed by the tourists were shown. The paintings were created by the artist Diego José Fontecilla and they represented two of the most lovable characters in Zapallar: the Polvillo, dealer of everything that could be paid for (garden cress, mushrooms, cladodes) and Alberto Pasache, a very talented builder. 130 At the square, the bust of Olegario Ovalle Vicuña. 131 The woods of Zapallar near the Fray Jorge National Park, the most important Mediterranean coastal ecosystem in Chile. Big part of the flora is endemic and it was almost extinct because of its exploitation until 1910, when Federico Johow recommended Olegario to stop the coaling activity and the removal of cows. 132 Main street in Winter Zapallar. 133 Garden of Isabel Valdés de Cousiño, projected by landscape gardener Moira Hamilton. 134 Going down to the cove. 135 Thank you holy Mother for granted favors. 138 Foothills at Las Cujas beach in Cachagua. 139 Panoramic shot viewing northern Zapallar. 140 Corner between the pines where the town can be seen. 141 At the Tiger ravine. 142 Typical vegetation beneath the Wilson house. 144 Native coastal vegetation viewing the north of the La Cruz Hill. 145 Corner between the pines. 149 Corners. 150 At the square, national monument of the XVII century. It belonged to the Carmelitas convent and it was purchased by Miguel Erlwein when he was the mayor, as a present to Zapallar. 151 The Zapallar church was built in 1934 with plans by the architect Carlos de Landa. 154 Panoramic shot of Zapallar from the dense and shady woods of the El Boldo hill.

ZAPALLAR

163 House built by Carlos Ossandón Barros and projected by the architect Ricardo González Cortés. 164 At the end of Cachagua, López House built by Pedro Aldunate, owner of the Sal Alfonso estate, as a summer house. The rich saltpeter entrepreneur and violinist Zaridakis and his wife, the great sculptress Munnier, lived in this house. 167 Del Villar House, brought by ship by Marie Luise Maclure de Edwards, replica of a house she saw in Bavaria and that was later adapted to the land by Josué Smith in 1924. 168 Ureta House. 169 Old dairy remodeled by the Covarrubias family preserving its original and simple style. 172 Park designed by Roberto Guzmán Lyon. 173 El Parque Library House, projected by architect Mathias Klotz. 174 Old house of Francisca Ossandón, today part of the Guzmán Park. 176 Detail of the house built in a first stage by Francisco de Paula Pérez in 1880. Later, his son Félix Pérez Ovalle built a north wing with plans from Josué Smith. 177 Erlwein House, built by the Arnolds family with a new system of panels where no nails were used. It was later purchased by Miguel Erlwein, who, when he was the mayor, gave to Zapallar the old pile that decorates the square. 179 Charming in its simplicity, this living room preserves the spirit of its original owner, painter Diego José Fontecilla. 180 In the dining room, artist’s painting. 181 Hallway, witness of unforgettable afternoons of wit and laughter. 184 Originally, house owned by the poet Arturo Reyes Ovalle, remodeled, quite rightly, by the Mekis family. 187 House built by the Johnson Gana family and remodeled by Jorge Arteaga. 188 Castle, creation of Álvaro Casanova Centeno. 192 Known today as the Wilson House, it was built in 1918 by the Werner family, who, after their only daughter passed away of an unrequited love, sold it to Irene Wilson de Moreno.

MEMORIES

199 Concha House. Of the oldest constructions in the resort, built by the Minister Pinto Agüero and remodeled in 1920 by Alberto Cruz Montt, a work ordered by Juan Eduardo Concha Subercaseaux. 200 The colorful garden of the Eyzaguirre Letelier property. 202 Over the cove, Meduña House projected by the architect Cristián Fernández. 203 Old town house of the Pérez Ovalle family. 204 House of Ossandón family. 206 Old kiosk of Aurelio Figueroa, a place where the people of the resort bought their fruits, vegetables and candies for the children. 207 House built during the first era of the resort by the naturalist Federico Johow. 208 In the hills of Zapallar, Villa Zapallo, projected by architect Noelle Echeñique. 210 Access yard to the house and welcoming barks. 211 The living room and its cozy timelessness. 214 Villa Maricel. The current owner, María Luisa Vial Ovalle, takes care of the garden in the Villa. 215 The Bronze Lion here, was present during the first era of the resort in Olegario Ovalle’s house. 219 El Pangue House, built by the architect Juan Echeñique for his family in an isolated small beach. 221 Originally, the water pump house for the Gran Hotel, remodeled by the Luchan family with plans from the architect Carlos Rencoret. 222 Over the beach, house inspired by the Greek Islands built by Martín Subercaseaux, with plans of the architect Pedro Fontecilla, in the land where the so-called Big Houses of Manuel Valledor were previously located and that later belonged to Ximena Morla de Subercaseaux. 223 From the house, intimate view of the beach.

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Poema: Get rid of the bad idea To become a posh hamlet By nothing ever get to accept Ugly form lovely to be made 231 Its cozy bedroom unaltered in time. 232 Matte House, projected by the architect Cristián de Grote in the fields where the so called Big Houses of Olegario Ovalle were located. 233 Its spectacular pool integrating the Zapallar bay. 235 In the Vial house projected by the architect Memé Gatica, it seems that the replica of the old sailboat in this living room wants to go sailing. 237 Of a blue color and delicate garden, this house evokes another period, entrusted by its owners, the García de La Huerta Sutil, to the architect Noelle Echeñique. 238 Set with family furniture, welcoming corner in the living room. 239 Autumn in the balcony under the grapevines.

Because this is a book to look at and images speak for themselves, I will be brief with my memories. There would be so much more to say and, of course, some of the previous generations would have a lot to contribute; but their memories would be so rich that they would be impossible to include in a book like this. I grew up in Zapallar in the late 1950s, so different from the Zapallar we have today, and in a certain way from the one before, where everybody knew each other, and from a very early age I knew who was who. I remember with special affection as a kid, the “Semana Zapallarina” (Zapallar Celebration Week), when tourists and residents of all ages participated of this common happy environment wearing Tahitian-style silk-paper necklaces. This celebration took place, like today, in February; there were treasure hunts, kermises at the Gran Hotel, charity raffles, tennis tournaments, boat, swimming races, and poetry and verse contests. All of this with the purpose of having a good time using wit and collecting funds, whether for the School, Polyclinic, Church, Cemetery, Fire Department or for any other charity. No secrets were kept. The arrival of letters was announced aloud in the backyard of the mail office at three o’clock in the afternoon. There was only one phone booth at Armando’s grocery store. You had to wait for hours for a poor, faltering and screaming communication; some people spoke in codes that were decoded immediately by everyone waiting in line. We would go walking to the Cachagua beach, that at that time had only a few houses, and had picnics. We also went to the beach of precious stones and came back with our pockets full of agates; as well as to the Pirate’s Cave on the road to Papudo, and to the Loro’s Cave, in the La Cruz Hill. We went rowing on these huge boats and in the bay the owners of two or three ships invited everyone who wanted to go on sailing. At the beach, every family had their own striped canvas tent and a sail. These things were used as dressing rooms. In these places love was born and love was lost, as well. Gossip jumped from tent to tent like sand hoppers, creating bitterness and bumps that lasted for years, so the big rock worked as a tacit border between conflicting sides. Important people were considered as such because of their charm. There was expectation about what Marta Montt would wear that day at the beach, which beauty was the current girlfriend of Mario Matta and what his new Cadillac would look like that summer. Curiosity about who, besides the Dukes of Orleans and the Countess of Matarasso, attended Sergio Echeñique’s party. Everybody was looking forward to the witty words by people like Diego José Fontecilla, sound with his irony; Jorge Blanshard, funny impersonator; the Letelier girls, from their steaming pots of butter bean; Rosa Pérez, inventor of every game and riddle possible to be invented, and many others.

Whether Irene Wilson went to the beach with Pablo Neruda as her guest, and of course, what others were saying or doing. Those who wanted peace and privacy went to the northern side of the beach, away from César Rojas’ restaurant, which offered delicious churrascos (beef sandwich), whipped vaina cocktails and was confident that someday someone would finally pay the bill. During full moon nights we would listen to Pichoto Carrasco at his own park reciting for hours and in perfect English the works of Shakespeare, while the artist Pedro Erlwein (“Choclo”) plucked peacocks for the next choreography. Oscarito Pasache fixed cars, always with a wire; pain and accidents, Valdebenito the assistant and the hangover ended up in the same pot of the delicious soup that would always boil in the cove near the fishermen. Some people arrived on light aircrafts doing stunts over the beach to inform of their arrival, landing after herding cows and sheep from the air in a Cachagua paddock, in the foothills of the Golf Club founded by my grandfather. Water supply was always a problem. We would spend the summer in the ponds to see if the water level would go up, a miracle that depended on a figure called El Quelo. The gardens, true achievements of their owners, were made of cardinals, hibiscus, lilies and plumbago, usually watered with water jars already used in the house. The 1965 earthquake collapsed almost the entire town that was built with adobe, including the Gran Hotel and several big houses that abandoned and with broken glass were only inhabited by ghosts, good spirits or famous characters evoked by the Morla sisters in long séances, where heavy tables moved by on their own to the garden. A few years later during the Unidad Popular (70s left wing government), provisions never arrived to town but we could always count on the ocean’s wit and gifts. There were plenty of pink clams that we would take from the Cachagua beach while dancing to twist music. The same happened with crabs in the sand and abalones in the rocks. There were ponds filled with shrimps and mushrooms. Every afternoon we would gather our loot, someone would bring some eggs, lemons, and every child and adult would sing a few songs. During that decade the access roads were paved and the first apartments were built, thus ending the era of isolated and simple elegance that, over time, became a luxury.

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Impresión Fyrma Gráfica Inscripción N° 138.452 de 10 de marzo de 2004 Derechos reservados Prohibida su reproducción total o parcial I.S.B.N.

Este libro tiene un formato de 28,3 x 31,0 cm (cerrado) y una extensión de 262 páginas. Su tirada es de 2.000 ejemplares, impreso en papel couché opaco 170gr, 6/6 colores, tapas duras en cartón piedra, forradas en Cialux más aplicación de cuño seco en tapa. Sobrecubierta, tamaño extendido 89,4 x 31,8 cm, impresa a 5/0 colores en couché 250gr con polipropileno brillante. La encuadernación es de costura hilo y hot melt. Las guardas están impresas en Nettuno Blue Navy 216 gr. La tipografía es la AustralisPro en sus versiones Regular e Italic. Los programas utilizados fueron InDesign y Photoshop.

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Photographer Max Donoso has specialized in the publication of books on the cultural heritage of Chile, including Parques y Jardines de Chile; Cousiño, Huellas de la Familia; Iglesias del Desierto; Iglesias y Capillas del Valle Central; Iglesias del Fin del Mundo; Chile, Geografía Industrial y Tecnológica and Iglesias de la Antigua Ruta de la Plata. He also collaborated in Casas de Campo Chilenas and Teatro Municipal de Santiago, 150 años.  His career  includes seminars and photography exhibitions in Chile and abroad.

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rincones y recuerdos El fotógrafo Max Donoso se ha especializado en la edición de libros sobre el patrimonio cultural de nuestro país; entre sus publicaciones destacan Parques y Jardines de Chile; Cousiño, Huellas de la Familia; Iglesias del Desierto; Iglesias y Capillas del Valle Central; Iglesias del Fin del Mundo; Chile, Geografía Industrial y Tecnológica e Iglesias de la Antigua Ruta de la Plata. También ha colaborado en los libros Casas de Campo Chilenas y Teatro Municipal de Santiago, 150 años. Su trayectoria incluye seminarios y exhibiciones de fotografía en Chile y en el extranjero.

Edgardo von Schroeders y Josefina Sutil, ligados por historia, corazón y tradición familiar a Zapallar, amigos de infancia y movidos por un cariño entrañable al lugar, deciden hacer este libro desde una mirada nostálgica; perpetuando así en evocadoras imágenes patrimoniales y en espectaculares fotografías de Max Donoso, la magia, esencia y encanto de este particular rincón de la costa central en Chile.

Edgardo von Schroeders and Josefina Sutil have been close friends since their early childhood. Both connected by history, feeling and family tradition to Zapallar, and moved by a deep love for the place, have been long working on this book which is meant to capture, through a nostalgic inspiration and the spectacular pictures of Max Donoso, the magic, essence and charm of this particular corner of Chile’s central valley.

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