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z br e v ehi s t or i ade l ur ba ni s moe nz a r a g oz a da r Ă­ oma r c osg ui ne a hi s t or i adaa r qui t e c t ur a mi g ue l a . a be l l e i r adol dĂĄ n ma r z o2 0 1 2


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ÍNDICE

INTRODUCCIÓN .........................................................

4

PRIMEROS ASENTAMIENTOS ..................................

5

CAESARAUGUSTA .......................................................

8

CESARAGUSTA .............................................................

15

SARAQUSTA ..................................................................

21

SARAGOÇA EN LA EDAD MEDIA ............................

27

ÇARAGOÇA EN LA EDAD MODERNA ...................

33

ZARAGOZA EN EL SIGLO XIX ..................................

39

ZARAGOZA EN EL SIGLO XX ...................................

45

ZARAGOZA DESDE EL AÑO 2000 ............................

63

REFLEXIÓN FINAL ......................................................

69

CRÉDITOS FOTOGRÁFICOS .....................................

77

BIBLIOGRAFÍA .............................................................

79

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3


INTRODUCCIÓN ‘La forma de la ciudad siempre es la forma de un tiempo de la ciudad’ 01

La ciudad que hoy día es Zaragoza no es sino el resultado de múltiples transformaciones a lo largo de los siglos; transformaciones políticas, económicas y sociales que han ido conformando la ciudad. Con el paso de los años los cambios sociales concretos de cada período conllevan una forma de pensar y un modo de vida determinado que van dando prioridad a unas u otras actividades (el ocio y la higiene en época romana o el intercambio económico y la tecnología en la revolución industrial,...), que suelen ir aparejadas a su vez de acciones urbanísticas concretas que van modificando la forma de la ciudad. Los parámetros de permanencia y cambio en la teoría de los hechos urbanos introducidos por Aldo Rossi en su libro ‘La arquitectura de la ciudad’, así como la dialéctica existente entre el área-residencia y los elementos primarios nos permiten atender a la ciudad como a un hecho construido, como manufactura, donde cada elemento

cumple una función y tiene un significado determinado en un tiempo concreto de su vida. Ciudad, gran obra, hecho complejo destacable en la forma y en el espacio, sí, pero que también puede ser captada a través de sus fragmentos, de sus momentos diversos. La unidad de estos fragmentos está dada fundamentalmente por la historia, por la memoria que la ciudad tiene de sí misma. Admitiendo esta complejidad, abordaré el análisis de Zaragoza mediante el estudio del hecho urbano congelado en ciertos momentos históricos significativos. Así, junto al estudio de estos momentos ordenados cronológicamente, introduciré el análisis de ciertas zonas concretas de un modo transversal, es decir, analizadas a lo largo de la vida de la ciudad, de manera que puedan obtenerse conclusiones extrapolables al resto de la urbe, dándonos así pistas que nos permitan entender la complejidad del hecho urbano.

01 La arquitectura de la ciudad. Aldo Rossi. Ed. Gustavo Gili, p.104

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PRIMEROS ASENTAMIENTOS

1. Mapa de Europa según Estrabón (siglo I aC)

2. Mapa físico de Europa y África esquematizando la hipsometría

Estrabón plasmó acertadamente en su representación de Europa ciertas características geográficas que hoy en día se mantienen en la relación de Iberia con el resto del continente: su condición de Península, una isla adherida por una franja estrecha de territorio al resto de Europa, lo que le confiere un aislamiento natural; la cordillera montañosa de los Pirineos como frontera clara entre dichos territorios; y la existencia de dos grandes ríos, Tajo y Ebro –Íber–, que Estrabón representó por su relevancia en Iberia. La realidad de la Península en el litoral Mediterráneo es diametralmente diferente a la existente en el litoral Atlántico. Este último, a mar abierto, con vientos del norte y clima predominantemente atlántico se presenta de un modo más ‘introvertido’ que en el caso del litoral Mediterráneo. Dicho mar actúa como plaza, como espacio común de relación entre los diferentes territorios circundantes. Las condiciones climáticas y la cercanía, sumadas a la fuerte barrera que son los Pirineos, harán del mar Mediterráneo el principal medio de comunicación

entre la Península y los territorios que lo delimitan. La posición de la Península ibérica con respecto a Europa y África es, por consiguiente, la que determina en gran medida la evolución o el crecimiento de la misma en unas u otras direcciones. El valle del Ebro se presenta a su vez, dentro de este marco más amplio, como zona planimétrica intermedia entre las mesetas centrales de la Península y los ­Pirineos. Conecta en su recorrido de noroeste a sureste la ­Cordillera Cantábrica con el mar Mediterráneo, recogiendo en su camino numerosos afluentes que van definiendo una cuenca hidrográfica extensa y fértil, donde se han ido estableciendo históricamente numerosos asentamientos. El valle del Ebro adquiere así carácter de corredor dadas sus características morfológicas, posibilitando y facilitando el contacto y el desarrollo comercial a lo largo de su recorrido; y representa también la antesala de Europa, zona de contacto entre diferentes culturas provenientes tanto de la Península ibérica como del resto del continente europeo, configurando de este modo una región

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3. Formación de la cuenca hidrográfica del Ebro

5. Principales pueblos prerromanos en el valle del Ebro

propicia para los intercambios económicos y culturales. La zona de confluencia de los ríos Jalón, Huerva y Gá­lle­ go con el Ebro define un área rica en recursos hídricos que, junto a la protección que ofrece la topografía más ­cercana, se establece como zona propicia de asentamientos para grupos con una economía basada fundamentalmente en la agricultura. En esta zona se solapan los límites de cuatro importan­ tes pueblos prerromanos que habitaban la Península por el siglo III aC. Estos pueblos nacen del contacto de los pueblos autóctonos de la península con las tribus de origen indoeuropeo que les invadieron en la I Edad del Hierro, hacia el 600 aC. Del contacto de estos nuevos grupos con los pueblos mediterráneos (fenicios, tartessos, griegos y cartagineses) va surgiendo una nueva cultura: la cultura ibérica. Los Ilergetes, con base en Ilerda (Lleida) tuvieron el Ebro como su límite más meriodional; los

Sedetanos, con territorios que comprendían desde el mar ­mediterráneo hasta la mitad del valle del Ebro, fue un pueblo profundamente iberizado (llegando incluso a producir moneda propia) y se dice que ocupó una posición de puente entre estos pueblos íberos y los del centro de la Península, siendo la frontera entre ambos el entorno de la intersección entre los ríos Ebro, Huerva y Gállego, donde limitan también los Vascones al noroeste y los Celtíberos al suroeste. La ciudad-estado íbera sedetana de Salduie surgió en la confluencia de los ríos Ebro y Huerva, estando sita su amurallada acrópolis en un pequeño promontorio en la esquina noreste de la posterior muralla romana, práctica de asentamiento muy extendida en los pueblos íberos. Fue uno de los últimos asentamientos que llevaron a cabo los Sedetanos en su incursión por la Península y se encuentra prácticamente en la frontera con los otros pueblos prerro-

4. Entorno de Salduie, incluyendo el nacimiento de los ríos principales

6. Entorno de Salduie, confluencia de ríos y pueblos

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manos anteriormente citados. El pueblo Sedetano, con un amplio territorio que comprendía desde una gran zona del levante hasta una parte del valle del Ebro, se posicio­ nó del lado del Imperio Romano en la Segunda Guerra Púnica (principios del siglo III aC), ayudándoles en las batallas contra los cartagineses. Este importante hecho, sumado al lógico interés del Imperio Romano por ser el controlador principal del valle del Ebro (vía fundamental de comercio dado que era navegable), hace que exista una relación de entendimiento entre estas dos culturas. El pueblo Sedetano, por tanto, se fue romanizando con el tiempo y adoptando rasgos culturales propios de la cultura del Imperio Romano. Este colaboracionismo propició en el siglo II aC la ­construcción por parte del Imperio Romano de la pri­ mera colonia romana en el valle del Ebro, la colonia Celsa, a 50km río abajo de Salduie. Esta colonia fue en un principio final y posteriormente punto de parada de la Vía Augusta, que se adentraba desde Tarraco en el valle del Ebro pasando más tarde por lo que sería Caesaraugusta, hacia el interior de la Península ibérica llegando incluso hasta Asturica Augusta y Emerita Augusta. La voluntad de extensión del Imperio Romano, sus intereses de control sobre el valle del Ebro y su posición favorable como pueblo poderoso dentro del marco-plaza del mediterráneo son las razones por las que se procede en el año 14 aC a la fundación de Caesaraugusta.

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7. Vía Augusta principal y caminos secundarios


CAESARAUGUSTA

La fundación de la Colonia Caesar Augusta surge en el marco de la reorganización de las provincias de Hispania como consecuencia de la victoria por parte del Imperio en las Guerras Cántabras. Se procede a la creación de tres provincias (Tarraconensis, Baetica y Lusitania) divididas más tarde en conventos jurídicos, los cuales tendrían funciones judiciales y administrativas; Caesaraugusta nace de este modo como capital de convento jurídico, dentro de la provincia de la Tarraconensis, sustituyendo así a la colonia Celsa como ciudad de control romana en el valle del Ebro y reforzando a su vez la presencia del Imperio al disponer de una segunda ciudad relevante cercana a la ya existente Tarraco. La creación de Caesaraugusta responde en cierto modo a la de una ciudad romana de fundación colonial típica exceptuando que la buena relación del pueblo Sedetano (y la romanizada Salduie) con el Imperio hace que exista un clima más de colaboración que de imposición. Así, se sabe de la existencia de colonos romanos en su fundación, que convivieron con la población autóctona sedetana, a la cual se le otorgaron una serie de privilegios por ser ­colonia mixta inmune (como la posibilidad de acuñar moneda y la exención de pagar ciertos impuestos). La fundación de Caesaraugusta es coetánea de la de la colonia Barcino (Colonia Iulia Augusta Paterna ­Fauentia Barcino), actual Barcelona. Estudios demuestran que “Desde el nordeste peninsular al interior del valle del Ebro un mismo equipo humano se encarga de trazar plantas urbanas y centuriaciones y construir y amojonar vías” 02; equipo humano con unas bases fundacionales comunes que van aplicando (o adaptando en el caso de Caesaraugusta) a la fundación de sus ciudades. El caso de Barcino es en cierta medida paradigmático, posiblemente consecuencia de un terreno con una topografía eminentemente plana y con escasos asentamientos previos (salvo

8. Provincias de Hispania y capitales importantes

9. As de bronce de Caesar Augusta. Reverso: Yunta fundacional de bueyes guiada por sacerdote, siguiendo la tradición etrusca de fundación de ciudades. 10. Vista de la ciudad romana de Barcino

el pueblo Layetano, de localización incierta). Se configura un recinto amurallado, atravesado por el Cardo Maximus (transformación urbana de la Vía Augusta proveniente del norte) y por el Decumanus Maximus (perpendicular al Cardo, circulando de oeste a este), con el foro y un templo en su intersección, punto más elevado del territorio. En el caso de Caesaraugusta, la existencia de Salduie

02 El pasado presente: arqueología de los paisajes en la Hispania roma­ na. Enrique Ariño Gil, Josep M. Gurt Esparraguera, Josep M. Palet Martínez, p.133

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condiciona en gran medida la fundación de la colonia. El asentamiento preexistente, la acrópolis, estaba situada en uno de los puntos más elevados del territorio, tal y como solían hacer los pueblos íberos, controlando visualmente la zona, a salvo de las frecuentes crecidas del Ebro y con el río Huerva en las inmediaciones, de donde presumiblemente obtendrían agua para sus cultivos. Sin embargo, se han encontrado vestigios de canalizaciones en la margen derecha del Ebro que puede ser que abastecieran los terrenos de cultivo y la ciudad fortificada de Salduie tomando agua del Alaun (Jalón), a 30km río arriba del Ebro03. La centuriatio que llevó a cabo el equipo de agrimensores romano, definió las directrices a seguir en la creación de vías y parcelas dentro del recinto amurallado así como ordenó los terrenos de cultivo que le correspondían en las inmediaciones de la ciudad; atendiendo principalmente a la topografía y a criterios urbanísticos básicos, como las pendientes de las calles y su trazado para una buena evacuación de las aguas residuales, utilizaron un módulo principal (el Actus, 120 pies, unos 40m) que fueron adaptando en función de las condiciones topográficas concretas en cada caso. La ciudad de Salduie preexistente quedó integrada dentro del primer recinto amurallado (hacia el siglo I aC), uno de los mayores de Hispania (60 ha), que no fue colmatado hasta los momentos de mayor esplendor del Imperio Romano en Caesaraugusta (siglos II-III dC), y que quizás fue realizado con estas dimensio­ nes por la necesidad de alojar en su interior al primitivo

pueblo sedetano. Quizás es conveniente comentar en este punto las dife­ rentes maneras de interpretar la ciudad y el urbanismo en las ciudades sedetana y romana, dado que de algún modo convivirán en un período de tiempo. El pueblo sedetano, de cultura íbera, tendía a asentarse en promontorios o zonas con cierto control visual y defensivo, normalmente en las proximidades de ríos o con fuentes hídricas accesibles y sus explotaciones eran eminentemente agrícolas de regadío. Sus ciudades estaban más o menos fortificadas en función de su protección natural y las edificaciones se adosaban en su mayoría a la muralla enfocándose hacia un espacio interior común. Si bien es cierto que este espacio común no cumplía una función determinada04, todo lleva a pensar que el hecho de no estar construido era ya de por sí una singularidad, y que el contacto entre sus habitantes habría de darse en este primer ‘espacio público’. No existe sin embargo información suficiente acerca de su urbanismo como para establecer unos rasgos definitorios, pero es posible que los contactos con los pueblos del mediterráneo (cultura griega y púnica) hubieran aportado cierta ortogonalidad en su trazado.

11. Esquema de centuriación romana encima de la topografía detalla de

12. Poblado ibérico, asentamiento del siglo V aC en la comunidad

Caesaraugusta. En puntos, el perímetro que tendrá la muralla romana.

valenciana

03 Algunos comentarios sobre el abastecimiento de agua a Caesar­

04 El concepto de Oppidum en el mundo ibérico, Albert Enseñat

augusta. José Carlos Abadía 1994-2001, TRAIANVS 2001. Institución Fernando el Católico 1995, Cuadernos de Aragón nº23

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El pueblo romano, mucho más complejo socialmente que el sedetano (al menos en lo conocido) tenía un concepto distinto de ciudad, fruto de transformaciones profundas –ideológicas, políticas, sociales y económicas– de la


13. Ruinas de la ciudad colonial de Timgad, en Argelia

polis griega05. Siendo el punto de partida del Imperio la ciudad de Roma, la fundación de nuevas ciudades a lo largo de sus dominios fueron tomando ciertas características comunes que ciertamente en poco se parecían a las de su capital. La ciudad de fundación colonial romana prototípica aplica la geometría al territorio, al contrario que el mundo griego, en el que las polis iban adaptándose al terreno. Tiene su origen generalmente en la estabili­ zación de campamentos. La disposición de puertas y casas campamentarias ha de someterse a un sistema de claridad. Una vía principal, el cardo, recorre de norte a sur; y otra perpendicular a la anterior, el decumanus maximus, se extiende de este a oeste. Las vías paralelas a las anteriores y de menor dimensión (cardine y decumani) formarán con sus intersecciones las insulae, porciones de terreno donde se procedería a la edificación, todas de igual superficie. En la intersección de las dos vías principales (en una posición a medio camino entre simbólica y práctica) se situará normalmente el conjunto dinamizador de la ciudad: el foro. La actividad política y social se aglutina en los comienzos y se separará por funciones más adelante. En las inmediaciones del foro se situarán el teatro y las termas, ambos ejemplificadores de la riqueza cultural de la sociedad romana, dando gran importancia al ocio del pueblo y a la higiene. Las actividades públicas se completarán con el anfiteatro y el circo, que se situarán normalmente extramuros, convenientemente cerca de las vías principales de acceso a la ciudad.

queología, no permiten de momento establecer hipótesis coherentes de cuál fue el motivo y la fecha exactos de la fundación de la ciudad y su evolución en los primeros años. Pese a todo, siguiendo fundamentalmente la línea de investigación de Carmen Aguarod Otal y Antonio ­Mostalac Carrillo, intentaré exponer una visión conjunta y unitaria de este periodo que a mi juicio parece ­coherente: Caesaraugusta fue fundada por Augusto en el año ­ 1­4 aC 06, dentro de una idea global de ciudad colonial. Muy probablemente, a su llegada ya existía un gran número de dotaciones de infraestructuras tales como un pequeño puerto fluvial, un templo axial y un pequeño mercado (al modo de los macellum romanos), fruto de la posición estable en la que se encontraba el yacimiento sedetano de Salduie, especialmente romanizado07. En estos primeros años, además, no se procedería a la cons­ trucción de la muralla romana prototípica de las fundaciones coloniales, sino que, aprovechando las características topográficas, se habrían construido tan sólo los lienzos norte, sur y oeste08. Por lo tanto, parece que la ciudad fue sufriendo una serie de cambios desde que los romanos se asentaron en ella, 14. Estado del asentamiento de Salduie en su período de romanización, con alguna dotación romana pero sin llegar a ser colonia inmune.

La fundación o deductio de Caesaraugusta ha sido durante décadas un tema ciertamente controvertido entre los investigadores. La falta de claridad en las muestras y en los hallazgos encontrados en el campo de la ar­ 05 Polis Romana, hacia un nuevo modelo para los griegos del Imperio,

en el año 14 a.C., quizá el 23 de diciembre, fecha que coincide con el

Juan Manuel Cortés Copete.

quincuagésimo cumpleaños del emperador. Los estudios arqueológicos

06 La Colonia Caesar Augusta, Carmen Aguarod Otal, Antonio

y numismáticos parecen corroborar esta fecha.”

­Mostalac Carrillo, p.102: “Recientemente ya se afirma con cierta

07 Ibíd., p.104

seguridad que la Colonia Caesar Augusta es fundada por Augusto

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pasando de ser un asentamiento sedetano (siglo I aC) a una ciudad colonial romana con un gran número de dotaciones públicas y una estructura clara de ciudad (siglo III dc). Con la llegada de las primeras tropas romanas y su ‘fundación’ la ciudad no sufrió cambios significativos en su estructura urbana. Se sabe que había asentamientos residenciales en la zona intermedia entre el oppidum sedetano y la Huerva, pues la sociedad vivía momentos de relativa estabilidad, dadas sus buenas relaciones con el Imperio. Se procedió, como se ha mencionado anteriormente, a la centuriación de los terrenos agrícolas circundantes así como a la de los propios terrenos de la ciudad, que ya estaban en cierta medida ocupados por las propias construcciones sedetanas y por ­aquellos edificios fruto de los años intermedios en los que la ciudad estaba inmersa en el proceso de romanización. Un gran número de estas edificaciones se encontraba ‘fuera de la orde­na­ ción’ que los agrimensores se disponían a realizar, si bien no fueron demolidos inmediatamente y muchos convi­ vieron en este periodo de cambio. Así, la ciudad vivió unos primeros años (más bien décadas) de transición en los que formalmente gobernaba el Imperio Romano y el ‘germen de ciudad’ (si lo entendemos como deseo de formalizar un cierto orden, acorde con el poder del Imperio) permaneció latente.

15. As de bronce de Caesar Augusta. C·CA, Colonia Caesar Augusta

El gran acopio de material numismático encontrado en las diversas excavaciones arqueológicas han demostrado la importancia de la ceca de Caesaraugusta, tanto a nivel provincial como de todo el Imperio. Es especialmente significativo el cambio que se produce en la forma de referirse a la ciudad en los primeros años de acuñación

romana: en época de Augusto existe una alternancia entre ‘Caesaraugusta’ (véase imagen 9.) y ‘CCA’, hecho que está fechado unos 20 años después de la supuesta fundación de la ciudad09. Parece así que la condición de colonia inmune, no fue otorgada en el momento de su fundación sino más tarde y fue a partir de esta fecha cuando se in­ten­sificaron los trabajos de construcción y reconstrucción. La acuñación provincial de monedas era de circulación restringida normalmente a un área geográfica determinada y se realizaba por motivaciones puramente locales. Éstas eran promovidas principalmente por personajes influyentes y poderosos, junto con obras de construcción de la ciudad y su motivo principal era el de obte­ ner popularidad entre el pueblo y asegurar el flujo monetario suficiente que garantizara las transacciones comerciales a lo largo del Imperio10. La gran campaña de ­reconstrucción de buena parte de las instalaciones se llevó a cabo a principios del siglo I dC, ya con el emperador Tiberio al frente del Imperio. Las excavaciones del Foro, hoy debajo de La Seo, han determinado que el cambio que éste sufrió hubo de ser significativo, ya que el primer foro y mercado se si­tuaban a media ladera, con la plaza central

08 Las investigaciones más recientes plantean la posibilidad de que

Sin embargo, en 2003, un importante trabajo de conjunto de lo que

la muralla, al menos en el lado este (donde la ciudad estaba mejor

hasta ahora se sabía de la muralla [...], permitía asegurar a sus autores

protegida por el río Huerva), fuera construida en la segunda mitad del

que la muralla fue posiblemente construida en la segunda mitad del

siglo III, cfr. Antonio Mostalac Carrillo y María Pilar Biel Ibáñez, loc.

siglo III y que la técnica de ejecución fue uniforme: cuerpo interior de

cit. en Guillermo Fatás (dir.), Guía Histórico-Artística de Zaragoza, ed.

opus cæmenticium con revestimiento exterior de sillería y grosor de 7

de 2008, pág. 678:

m; mientras que el lado oriental sería de sillería con 6 m de espesor.”

“Durante muchos años se mantuvo que en Caesar Augusta hubo dos

Mostalac y Biel (2008), p. 678.

murallas diferentes [...] la más antigua y, por tanto de época fundacio­

09 Germánico y Caesaraugusta, Joaquín Gómez-Pantoja, en [http://

nal de la Colonia, con un núcleo de opus cæmenticium y paramento

www2.uah.es/histant/pantoja/Publicado/Germanico.htm]

exterior de sillares; y la segunda, datada en el siglo III d. C., únicamente

10 Algunas cecas imperiales romanas, Manuel Pina, en [http://www.

de sillares. La colonial, en sus partes más representativas, debió de estar

tesorillo.com/roma/cecas_imp.htm]

concluida a finales del siglo I a. C., siendo uno de los elementos funda-

11 Germánico y Caesaraugusta, Joaquín Gómez-Pantoja, “De los

mentales del rango y prestigio de Caesar Augusta.

informes de los excavadores se desprende que la construcción del

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inclinada hacia el Ebro11. Las obras que se llevaron a cabo regularizaron el terreno, la disposición del nuevo Foro de Tiberio así como del edificio del Puerto Fluvial, actua­ ciones que hicieron que la zona principal de la ciudad fuese más accesible. Pese a las características clave anteriormente expuestas sobre las ciudades de fundación colonial dentro del im­ perio romano, el caso de Caesaraugusta se desmarca por su peculiaridad. Quizás el hecho más destacable dentro de su estructura urbana sea la aparición del foro no en la intersección entre el cardo maximus y el decumanus maximus, sino en el cuadrante nororiental de la ciudad, vinculado sin duda a un elemento de gran importancia: el puerto fluvial12. La navegabilidad del Ebro fue uno de los factores clave para que el Imperio Romano decidiera potenciar este asentamiento, el cual ya poseía antes de su fundación vías de comercio fluvial estables. Pero no sólo el transporte y venta de mercancías se vio favorecido, sino que el transporte de personas se potenció considerable­ mente, acortando los tiempos de espera necesarios en los viajes a la capital del Imperio. La posición del puerto, como he comentado, condiciona de manera inequívoca la distribución de la ciudad; situa­ do en una zona donde podían amarrar fácilmente los barcos, con no mucha profundidad, y a resguardo de las corrientes más fuertes del río. El estudio de la topografía del terreno, así como de la sección del Ebro al paso por Caesaraugusta, nos da una información muy valiosa a la hora de analizar las infraestructuras urbanas que fueron apareciendo en la ciudad. Parece lógico afirmar que la viabilidad de un proyecto de tal envergadura como la fundación de una ciudad estu­ viera directamente relacionada con las infraestructuras de comunicación entre este asentamiento y los demás puntos del Imperio. El hecho de asentarse con uno de sus lados principales paralelo al río indica que, de un modo u otro, la ciudad hubo de aportar la comunicación entre las dos riberas del mismo , comunicación probablemente inexistente hasta entonces (recordar la condición más introvertida del pueblo sedetano). El puente que materia­

lizaba esa conexión ya existía antes que las propias orillas si nos apoyamos en la teoría metafísica de Heidegger13 o, en otras palabras, ese puente en ese lugar es el que le da la dimensión real a la ciudad, fija su importancia con relación a su entorno más inmediato. Tal y como se observa en el plano de Cae­ saraugusta, la posición del primer puente sería más al este de la posición del actual Puente de piedra, decisión tomada dada la diferencia altimétrica de ambas orillas y la estrechez del Ebro en ese punto (lo que lleva aparejado una mayor velocidad del agua y unos requerimientos ingenieriles mayores). Bajo este supuesto, el primer puente podría haber sido de tablas de madera y situarse unos 450 metros río abajo de la posición del puente actual, en una zona más amplia con un flujo de agua más suave, óptima para un sistema cons­ tructivo más sencillo. Durante un gran número de siglos, esta sería la posición del Puente de Tablas, alternativa al que sería el Puente de Piedra, objetivo primordial en los futuros asedios a la ciudad. La relevancia de dicho puente es compara­ ble con la que tuvo en las primeras etapas de la ciudad el sistema de abaste­cimiento de agua y más concretamente con el puente-acueducto que cruzaba el Ebro entrando en la ciudad por su parte norte. La calidad del agua necesaria para abas­ tecer la ciudad no era la más adecuada en la Huerva (con una trayectoria vinculada a la agricultura y la ganadería) ni en el Ebro (discurre 360km hasta pasar por Zarago­ za), por lo que de las primeras infraestruc­ turas llevadas a cabo por la colonia será la construcción de un extenso canal que

segundo foro fue una empresa de grandes vuelos y no sólo por las

histant/pantoja/Publicado/Germanico.htm]

13 “Los lados de un río no existen antes del puente. El puente crea ambos

dificultades ingenieriles o económicas implícitas en el derribo, adecua­

12 “(...) la seguridad con que los romanos al construir nuevas ciu­

lados al salvar el río.”, Martin Heiddeger, Bauen, Wohnen, Denken, 1951.

da urbanización y engrandecimiento de las estructuras existentes,

dades, repetían elementos idénticos confiando precisamente al locus el

Traducción de Leonardo Díaz Borioli, Prensa.

sino porque lo nuevo se levantó conforme al plan maestro que guió el

valor de transfiguración (...)”, La arquitectura de la ciudad, Aldo Rossi,

trazado y edificación del resto de la ciudad.” en [http://www2.uah.es/

Ed. Gustavo Gili, p.187

16. Instantánea de la realidad urbana de Caesaraugusta. (escala 1/10000)

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tomara el agua del abundante y pirenaico río Gállego (ver gráfico 4) y la condujera por el Arrabal en la orilla izquierda del Ebro hasta llegar con la suficiente altura a los depósitos (caste­llum aquae) situados en la intersección entre el cardo y el decumanus, en el centro de la ciudad, mediante un sofisticado acueducto14. Esta construcción, que se supone fue de piedra, cruza el río en el punto más favorable para una construcción de este tipo. El puenteacueducto se apoya­ría en la mayor parte de su longitud en firme y pese a la gran velocidad del agua en ese punto, estaría lo suficientemente lastrado como para ser estable.

y decumani del sector oriental se orientarían hacia la Huerva” 15. Se produjeron constantes enterramientos en necrópolis que datan desde la primera mitad del siglo I dC, situadas siempre en los caminos de acceso a la ciudad (este, sur y oeste) y relacionadas principalmente con ritos de culto pagano, en consonancia con la religión politeísta de la sociedad romana. Pese a no existir una planificación de las mismas, la tendencia a disponer las tumbas alineadas a las vías de acceso para ser vistas por todo aquel que entrara a la ciudad y el reflejo en ellas de las posiciones sociales,

18. Ejemplo de enterramientos en necrópolis a lo largo de una vía de acceso a la ciudad amurallada, Plaça Vila de Madrid, Barcelona 17. Inscripciones en los conductos de canalización encontrados en el río Ebro, cercanos al Puente de Piedra en 1804, según J.A. Fernández, Cehopu 1994, p.136

Junto a las infraestructuras de abastecimiento y conducción de agua se encontraban las de saneamiento y desa­ güe de todo este agua utilizada. La red de cloacas que se conoce hasta este momento fue planificada a la vez que las vías y coincide, por lo tanto, con la modulación llevada a cabo en la centuriación de la ciudad (en línea de puntos en el plano 2.9). La orientación y el trazado de las cloacas, al igual que el de las vías aprovecha al máximo las condiciones topográficas naturales del terreno: “el vertido de aguas residuales de la mayor parte del cardo y cardines minores se orientó hacia el río Ebro; los del decumano

económicas e ideológicas de los fallecidos, produjo una cierta jerarquía y organización que se repitió en un gran número de ciudades del Imperio. Muchas de estas necrópolis siguieron utilizándose incluso posteriormente a la caída del Imperio, por lo que han registrado cambios en los ritos (incineraciones, enterramientos bajo el rito islámico, etc), si bien la práctica mayoritaria en época cristiana fue la implantación de las necrópolis junto a lugares sagrados, a menudo en el interior de las ciudades, así como los enterramientos rurales (reflejo de la paula­ tina migración al medio rural). El espacio público en Caesaraugusta fue mejorando considerablemente con el paso de los siglos y fue adqui­

14 “It is highly probable that the water came from the river Gállego,

highly modified Puente de Piedra bridge before later draining out into

and that its route started up at the Rabal dam, close to the town of

the castellum aquae in the city. These would have been in the highest

Zuera, some 28 kms away, upstream from Zaragoza, at an elevation

part of the city, at an elevation of around 207 m, perhaps in the Puerta

of 250 m. Its route followed that of the modern-day Rabal irrigation

Cinegia.” The organization of building work and constructions of

channel, which is probably Roman, as is its dam, until it reached the

siphons in Roman Aqueducts in Hispania, Ignacio González-Tascón,

left bank of the River Ebro. Once the channel reaches this point, it

Isabel Bestué Cardiel e Isabel Velázquez.

managed to cross the river through the construction of a siphon whose

15 La Colonia Caesar Augusta, Carmen Aguarod Otal, Antonio

venter, at an elevation of 203 m corresponds to the modern-day and

­Mostalac Carrillo, p.103

13


riendo la monumentalidad que los romanos dotaban a sus ciudades. Después de una primera fase de construcción en la que se acometieron las principales obras públicas­y se planificó el crecimiento de la ciudad, se fueron colma­ tando poco a poco las vías principales de acceso y segui­ damente se llevó a cabo una gran reordenación de la trama urbana, acorde con los principios establecidos por la centuriatio. Se previeron espacios vacíos en las insulae donde más tarde deberían construirse las grandes dotaciones públicas como las termas principales y el teatro. Por lo tanto, podríamos decir que Caesaraugusta sufrió un proceso de fundación fragmentado, donde la fase de construcción más tardía fue la más activa16. La ciudad vivió su momento de mayor esplendor entre la segunda mitad del siglo I y todo el siglo II dC. Fruto de las obras que se llevaron a cabo con el emperador Tiberio al frente del Imperio la ciudad gozó de un gran número de edificios públicos y de una buena gestión por parte de los gobernantes, fortaleciendo significativamente el comercio y reforzando así el peso de Caesaraugusta en la Hispania Tarraconense. Fue un período muy próspero y de gran relevancia, pues gran parte de las estructuras urbanas hoy día encontradas datan de estas fechas y éstas serán sin duda las responsables de que la ciudad mantenga cierta importancia a lo largo de la Edad Media.

Sin embargo, con la entrada del siglo III dC y concretamente en el año 212 dC con la Constitutio Antoniana (edicto de Caracalla), comienza un periodo quizás no de regresión, pero sí de disminución de la importancia de Caesaraugusta a nivel político debido al proceso de inestabilidad que atraviesa el Imperio. Las nuevas estruc­ turas socioeconómicas que van surgiendo desplazan hacia los medios rurales —al latifundio— los centros de gravedad locales, registrándose así los primeros síntomas de decadencia de los centros urbanos17. De este modo, muchas de las infraestructuras y de los espacios públicos levantados en las dos centurias anteriores empezaron a descuidarse considerablemente, como ocurre en el caso del teatro (despojado de sillares a finales del siglo III dC), el foro, la red de cloacas (colmatada en parte ya en el siglo III) o las termas públicas abandonadas finalmente en el siglo IV dC18.

16 Beltrán Lloris 1983, 44; Beltrán Lloris & alii  1987, ***; Beltrán Lloris

18 Las capitales provinciales de Hispania: colonia Caesar augusta, Xa-

1990, 199; Mostalac 1993, 232

vier Dupré i Raventós,Géza Alföldy, p.11

17 Caesaraugusta y Nemausus, comparación entre dos ciudades en su

19 Arce 1979, 77-79; F.Beltrán 2000a, 19-26

Para entender la evolución de Caesaraugusta en los siglos venideros es importante además entender la influencia que tendrá el cambio de religión dentro de la estructura social de la ciudad. El paulatino paso de una religión politeísta, donde el culto al emperador era de igual importancia que el culto a los dioses latinos, a una religión con un único dios y con unos fundamentos o dogmas claramente diferentes, supondrá un proceso lento e irrever­ sible en el que las estructuras de poder irán cambiando e irán imponiendo a su vez sus jerarquías en el proceso de evolución de la ciudad. En resumen, una religión que irá cobrando importancia a lo largo de los siglos venideros, con un temprano arraigo en la sociedad zaragozana a mitad del siglo III dC19 y que tendrá como escenario la Cesaragusta de las invasiones germánicas, de la caída del Imperio Romano de Occidente, hasta su relativo letargo con el período musulmán desde principios del siglo VIII dC.

paso por la Tardoantigüedad, Diana de León, p.2

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CESARAGUSTA

Pese a la denominación de este período como Cesaragusta visigoda por parte de la historiografía, creo necesario apuntar que, si bien es cierto que el telón de fondo común de todos estos siglos fue el poder real de los gobernantes visigodos, la relación cambiante de éstos con la nobleza laica y eclesiástica de la ciudad fueron los determinantes que marcaron la evolución de la ciudad. Por esto, creo necesario recalcar la creciente importancia que fue teniendo la comunidad cristiana con el paso de los siglos y, en mayor medida, a partir de las condiciones impuestas por la nobleza a los sucesivos gobiernos de la ciudad. De esta evolución en el tiempo se irá definiendo cómo la ciudad fue variando en términos urbanísticos, en función de su estructura social cambiante. En este período histórico, pues, no es el gobierno de la ciudad quien impone ni define los patrones de creci­ mien­­to urbano (como sí sucedió en época romana), sino que será la religión cristiana, una minoría en sus inicios, quien con sus necesidades irá definiendo nuevos modos de crecimiento.

CONTEXTO GLOBAL La etapa objeto de estudio abarca alrededor de tres siglos, comprendidos desde las invasiones de los pueblos del norte y del este de Europa (suevos, alanos, vándalos y, posteriormente, visigodos) a principios del siglo V hasta el derrumbamiento del pueblo visigodo y el inicio del período musulmán en el año 714 dC. El progresivo debilitamiento que fue sufriendo el Imperio Romano de Occidente, con Italia y Roma como centro de operaciones, se fue extendiendo a lo largo de sus territorios, llegando indudablemente a Hispania. Esta situación de debilidad, probablemente consecuencia del bajo nivel

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19. Situación inicial en el siglo IV; predominantes los territorios dominados por el Imperio Romano

demográfico, la mala administración y el malestar social, se vio agudizada por lo que fue en primer término el cau­ sante del derrumbe del Imperio: las invasiones bárbaras. Un hecho significativo que definió la estructura social de las ciudades del Bajo Imperio Romano fue la escasez de conquistas por parte del poder central, lo que derivó en la dificultad para obtener esclavos, conjunto social en el que se asentaba decisivamente la economía romana. Estos acontecimientos se sucedieron desde la crisis del siglo III y se fueron acentuando en las ciudades más alejadas de Roma a mediados del IV y en el V dC. Este desastre económico acabó por limar las clases medias de las ciudades y agravó las condiciones de los campesinos (tanto si provenían de esclavos o de hombres libres sometidos a colonato), y no hizo sino comenzar el proceso de feudali-


zación, que convertía a las clases altas en una aristocracia prefeudal y a las bajas en una nueva clase precedente de los siervos feudales, en una situación de semiesclavitud20. El siglo V está caracterizado por la incursión de nume­ rosos pueblos de origen germánico que causaron en gran medida la ruptura de la organización política y adminis­ trativa que el Imperio había adoptado en las distintas provincias en las que se dividía administrativamente His­ pania. Los diferentes pueblos se fueron asentando por la Península en el primer cuarto del siglo V y, por lo general, su integración y relación con los hispanorromanos fueron buenas. Existieron, sin embargo, diversos movimientos revolucionarios por parte de la clase más baja de la población hispana que, influenciados en cierto modo por el sector más belicoso de los pueblos germánicos, protagonizaron serios problemas en la zona de la Tarraconensis, más concretamente en el valle del Ebro. Como reacción a estos movimientos que peligraban aún más la estabilidad del Imperio Romano en Hispania, actuó el ejército visigodo en calidad de pueblo federado de Roma, defendiendo al Imperio de los invasores. Los visigodos, una vez cumplido su cometido de protección puntual y expulsión de los pueblos bárbaros (exceptuando a los suevos en la Gallaecia, sin graves problemas de convivencia), retornan al sur de la Galia, a sus territorios, con capital en Tolosa (actual Toulouse). Entre estas incursiones cabe destacar la posición que tuvo Caesaraugusta (desde ahora Cesaragusta) como objetivo siempre primordial dada su posición geográfica clave entre los ataques de los pueblos bárbaros. En el año 472, después de haber resistido numerosas embestidas por parte de dichos pueblos, la ciudad pasó a formar parte pacíficamente del reino visigodo. De este modo comenzaría históricamente lo que se conoce como el período visigodo de Zaragoza. De esta manera, a principios del siglo VI, el Reino Visigodo pasó a controlar prácticamente la totalidad de la Península ibérica, dada la incapacidad por parte del Imperio para controlar sus territorios. Se estima que el nú­mero total de visigodos en la Península no fue superior a 100.000 personas, de lo que cabe deducir que en un

20. Invasiones bárbaras en el siglo V. La unidad de Hispania se desmorona y aparecen numerosos pueblos que dominan territorios de un modo parcial.

21. El reino de los visigodos se extiende hasta buena parte del sur de Francia y toda la Península Ibérica, a excepción de los Suevos, Astures, Cántabros y Vascones, que v la cornisa cantábrica.

20 [http://es.wikipedia.org/wiki/Invasiones_germánicas_en_la_ Pen%C3%ADnsula_ibérica]

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Sin embargo, la situación del reino de Tolosa empeoró debido a los ataques de los francos y el pueblo visigodo (la totalidad de militares y civiles) hubo de replegarse ahora sí por el vasto territorio hispano. Los francos, en su voluntad de conquista de territorios visigodos, aíslan y sitian Cesaragusta en el año 541 sin conseguir no obstante la conquista de la ciudad, defendida por las aún fuertes murallas romanas. El siglo VI fue así, para Zaragoza, un siglo de inestabilidad, hambre y enfermedades, fruto de los continuos asedios que sufrió su población.

la Chronica Caesaraugustana, en el año 504 dC se produjeron espectáculos de circo, hecho sin duda anómalo en el conjunto de las ciudades de la antigua Hispania en el siglo VI, pero que no lo sería tanto para la sociedad cesaragustana, en la que convivieron múltiples tradiciones de diversas procedencias. Se han encontrado vestigios de lo que podría ser un anfiteatro en lo que por entonces serían las afueras de Cesaragusta, cerca del puente que cruza la Huerva21. En la sucesión de reyes visigodos hubo una preocupación patente de hacer converger la nobleza de ambas religiones (arriana y católica), puesto que las esferas civil y eclesiástica estaban ciertamente relacionadas, especialmente en las propuestas del Concilio III de Toledo, con la conver-

22. Reducción de las propiedades visigodas debido a sus problemas

23. Posición teórica de control máxima del pueblo visigodo, acechado

­internos. Los francos atacan desde el norte y el Imperio Bizantino

por los francos al norte y los contingentes árabes al sur.

prin­cipio su presencia no fue especialmente notable, y la sociedad aceptó en mayor medida el cambio de gobernanza.

desde el sur de la Península.

Es interesante destacar que Cesaragusta, pese a estar go­ bernada por una nobleza visigoda, conservaba un tono de vida muy acorde con los gustos romanos. Ciertas edificaciones de carácter público que fueron cayendo en desuso se demolieron y sus materiales fueron reutilizados para otras construcciones, como es el caso de las termas públicas, el teatro, gran cantidad de los edificios del foro y del puerto fluvial, etc. Sin embargo, tal y como se comenta en

sión de Recaredo al catolicismo. Desde la coronación de Recaredo hasta mitad del siglo VII se vivió un proceso de predominio de la nobleza sobre el poder real, sólo interrumpido esporádicamente por el intento de los reyes de proteger el poder personal a través de Concilios, mediante leyes y amenazas de excomunión, pero tal era el poder de los nobles que el reinado de uno u otro rey estaba siempre supeditado a los intereses de la nobleza. 21 Nota en Prensa: El anfiteatro de la Caesaraugusta romana, ¿bajo el hotel Palafox?, Mariano García, Heraldo.es, 24/04/2011

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En el año 653 dC se lleva a cabo una reforma administrativa que no hace sino acuciar el avanzado estado de feudalización: se transfieren las atribuciones que hasta entonces realizaban los funcionarios civiles a los funcio­ narios militares. Mientras tanto, van sucediéndose diferentes campañas militares con el objetivo de conquistar los territorios que se encontraban bajo dominio de los vascones y del contingente bizantino. Este último, inmerso en otras batallas para la protección del oriente y de la Península Itálica, no es capaz de ofrecer especial resistencia y acaba sucum­ biendo al dominio del reinado visigótico. Sin embargo las incursiones contra los vascones fueron constantes y muchos enfrentamientos tuvieron lugar en la zona del valle del Ebro, por lo que es posible que Cesaragusta se viera implicada. En el año 711 dC, cuando el ejército visigodo realizaba un ataque sobre los vascones, se inició una invasión de ejércitos musulmanes provenientes del norte de África que, sumada a la desestabilización y al desmembramiento del sistema visigótico, no tardaría en conquistar casi la totalidad de la Península ibérica.

CONFORMACIÓN DE LA CIUDAD Si bien es plausible suponer que el cristianismo llegaría a Caesaraugusta ya desde los tiempos de su fundación22, la importancia de esta religión minoritaria no crecería sino con el paso de los años. Poco a poco, y según ciertos sectores de la sociedad hispanorromana se adherían a esta nueva religión, fue creciendo su relevancia dentro de las altas esferas y, con ello, su patrimonio construido23. En sus inicios, el cristianismo fue una religión marginal tolerada por parte de los poderes romanos y que convivía, en cierto modo, con las comunidades judías (de número aún más escaso). Sin embargo, a mitad del siglo III, pasó a ser considerada como enemigo (y víctima) de un Estado beligerante y fueron múltiples las persecuciones decretadas por los emperadores. La actitud de resistencia de las iglesias se afianzará en seguida y ello impedirá al cristia­nismo beneficiarse de la amplia tolerancia romana para con la generalidad de los otros cultos, casi todos más flexibles. De este modo, las iglesias se convertirán en centros de resistencia y se situarán por lo general en zonas marginales de la ciudad, ya bien extramuros y cerca de las necrópolis o bien en terrenos dentro de las murallas

24. Esquema simplificado de la realidad de la Caesaraugusta romana, atendiendo a los diversos poderes u organismos que hacían posible el funcionamiento de la ciudad: el estado (en azul), la religión (en amarillo) y el ocio (en rojo). Su tamaño relativo, su posición en la trama urbana y las relaciones que entre ellos se establecieron son ciertamente significativos, y nos dan una visión condensada de la estructura social de la época.

22 Posible origen africano del Cristianismo español, Blázquez, J.M.,

un edificio de este tipo a la Iglesia a cambio de la salvación eterna.”

Archivo Español de Arqueología, Madrid, 1967

­Hispania tardoantigua y visigoda, Pablo C. Díaz Martínez,Clelia Mar-

23 “(...) villas y termas de propiedad privada se transformaron en

tínez Maza,Francisco Javier Sanz Huesma, p.247

iglesias según sus propietarios se convertían al cristianismo y donaban

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25. Esquema simplificado de la Cesaragusta­ visigoda, en el que pueden observarse los cambios urbanísticos sustanciales que acontecieron en la ciudad que, poniéndolos a su vez en relación con el esquema anterior, nos hacen ver la dilución de las estructuras de poder existentes en el mundo romano y su progresivo deterioro, lo que induce a lo que más tarde será el feudalismo. El estado pierde relevancia, gobierna el poder real (en azul); la religión cristiana (en amarillo) nace marginal y empieza a coger peso en la sociedad, mientras el ocio (en rojo), pese a la permanencia del importante centro de origen romano, se diluye por la trama urbana.

pero con una posición desfavorable, como veremos más adelante que acontece en el caso de Cesaragusta24. Para mediados del siglo III, la jerarquía eclesiástica fue cobrando importancia y son ciertamente muchos los obispos que en la ciudad vivían, celebrándose incluso (a partir del año 380 dC) Concilios en Zaragoza, de lo que se pueden deducir dos hechos: 1. el grado de actividad de la ciudad no era bajo, tal y como se piensa que todas las ciudades del Bajo Imperio sufrieron una gran crisis, ya que las infraestructuras necesarias para estos concilios no serían nada desdeñables; y 2. la existencia de algún centro concreto dedicado exclusivamente a la actividad religiosa y a la producción intelectual25. Diversos autores cristianos (obispos, diáconos...) regis­ traron los ataques y persecuciones perpetrados por el Imperio de las que se desprenden ciertos mitos dentro de la sociedad hispanorromana que, sin entrar a juzgar su veracidad, nos demuestran la existencia de dos centros de culto concretos en Cesaragusta: /1. El primer centro, quizás de una clara importancia, será el situado en los aledaños de la actual Basílica del Pilar. Se sabe por los textos mentados que allí hubo un pequeño centro en las primeras décadas del cristianismo, centro que perduraría con el culto a Santa María en época musulmana. Su posición, probablemente aprovechando la muralla norte, está dentro de los terrenos de la ciudad

pero en una zona desfavorable por las frecuentes crecidas del río, si bien pasaría a formar parte más adelante a ser el centro del barrio mozárabe en la Saraqusta musulmana. /2. Los textos hablan del asesinato de 18 mártires cristia­ nos, que fueron enterrados en unos terrenos situados entre la Huerva y el camino sur de acceso a la ciudad, que ya en época tardorromana albergaron una necrópolis. Entre dichos mártires estaría Engracia, a quien se consagraría una pequeña basílica en ese emplazamiento que perdu­ raría también en época musulmana26. Entre los siglos VI y VII se fundan en el territorio aragonés numerosos monasterios, siendo alguno de ellos de origen tardorromano. Otros, se potencian y adquieren una importancia especial, como es el caso del Monasterio de Santa Engracia, absorbiendo la relevancia social de su anterior basílica paleocristiana. También a principios del siglo VII, y acompañando a la creciente devoción del cristianismo en la ciudad, se creó en Cesaragusta una de las más importantes bibliotecas de la Península. El poder de la élite eclesiástica definió las relaciones con los sucesivos reyes visigodos y se mantuvo en una posición favorable. Se formó a hombres en los monasterios, entre los que destacaron especialmente algunos obispos que redactaron leyes y fomentaron una alta actividad intelectual sólo comparable a la de Sevilla y Toledo, referentes en toda la Hispania visigoda.

24 En torno a los orígenes del cristianismo hispano,

José Fernández Ubiña

Díaz y Díaz, M.C., 1967

26 Hispania tardoantigua y visigoda, Pablo C. Díaz Martínez,Clelia

25 Los orígenes del cristianismo hispano, algunas claves sociológicas,

Martínez Maza,Francisco Javier Sanz Huesma, p.247-250

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Es preciso sin duda apuntar también que ya desde media­ dos del siglo III dC, hubo en Caesaraugusta un cierto número de habitantes judíos. A su llegada se instalaron en la zona sudeste de la ciudad, dentro de la muralla y ocuparon una extensión de aproximadamente 1/6 (del total de la zona amurallada). Su llegada coincidió con el desmoronamiento de algunas de las infraestructuras ro­ manas y acabaron por situar su tejido residencial encima de las ruinas del teatro, razón por la cual no se supo de su existencia hasta su descubrimiento en los años 70 del pasado siglo. Se sabe que la relación entre los hispanor­ romanos y los judíos no fue mala, pese a ciertas políticas ofensivas por parte de los reyes visigodos, si bien estaban separados del resto de la ciudad romana por un muro de ladrillo y la conexión entre las dos partes se realizaba a través de siete puertas o postigos27. El esplendor del pueblo judío en Zaragoza no será sino hasta poco antes de su expulsión definitiva, en el siglo XV.

26. Instantánea de la realidad urbana de Cesaragusta (escala 1/10000)

27 Zaragoza en el siglo XV, Isabel Falcón, p.61-62

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SARAQUSTA

27. Incursión en la Península y avance de los pueblos árabes y beréberes

1/ ÁRABES Grupo mayoritario dentro de los musulmanes (los beré­ beres estaban considerados inferiores). Representaban la élite, tanto social como intelectual. 2/ AUTÓCTONOS –Muladíes. Así denominados a los cristianos que se convirtieron al Islam. Fue el grupo social que más aportó para la total implantación del Islam dentro de la ciudad. –Mozárabes. –Judíos. Tanto los mozárabes como los judíos tenían el estatus de protegidos, pudiendo así mantener su religión, si bien llegaron a una completa arabización cultural. El carácter pacifista de los musulmanes para con ‘las gentes del Libro’ (la Biblia), judíos y cristianos, hizo que las relacio­ nes entre ellos fueran buenas. De esta manera llegaron a convivir en la misma ciudad y dentro de las mismas

en el año 711 dC

La ya mentada decadencia del Imperio visigodo junto con el descuido de sus territorios más meridionales, supusie­ ron la ocasión perfecta para que surtieran efecto las incursiones organizadas desde el norte de África. Un contingente de árabes y beréberes entraron en la Península en el año 711 dC y fueron conquistando exitosamente numerosas ciudades a su paso tales como Sevilla, Córdoba, Mérida y Toledo, antes de penetrar en Cesaragusta tres años más tarde, en el 714. En un principio se estableció la ‘Marca Superior’ como el territorio comprendido entre Tortosa, Tarragona, Lleida, Huesca, Tudela y Calatayud, con Zaragoza como centro. La población en la cuenca del Ebro podría dividirse, pues, en dos grandes grupos: 28. Emirato de Córdoba. Tensión en la frontera cristiana

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murallas tres religiones diferentes, lo que de algún modo demuestra que fueron unos períodos de gran tolerancia y de prosperidad o bonanza económica. Además, gracias a la posición estratégica de Zaragoza y al extenso obispado que allí existía, se consiguió mantener un cierto grado de vida urbana, que se vio potenciada con las aportaciones a la calidad de vida de los musulmanes, tales como la reactivación de las ya obsoletas infraestructuras romanas. En el año 756 dC, un intento de reunificar todos los territorios bajo dominio musulmán llevó a Abderrahman I a establecer un estado independiente con capital en Córdoba, fue el denominado Emirato de Córdoba (que comprendió del 756 al 929 dC). Con él, se unifica Al-Andalus y se establecen relaciones diplomáticas con los reinos del norte, con el África septentrional y con el Imperio Bizantino. Es un periodo con un clima de estabilidad, caracterizado por el gran número de conversiones religiosas, lo que aceleró de forma notable el proceso de islamización.

Por lo tanto, podría decirse que la Saraqusta de los siglos IX y X se comportó como una ciudad musulmana clásica, cuya Medina ocupaba los terrenos intramuros de la muralla romana y la trama urbana se fue densificando y enrevesando, llegando a colmatar este límite en el propio siglo X dC. 30. Estereotipo de la ciudad islámica en el Oriente Medio. Interesante representación de la trama residencial y de los elementos singulares por N. Al-Sayyad

31. Vista aérea de una ciudad en el Valle de M’Zab, Argelia

29. La gran evolución social que sufrió la ciudad desde el año 714 hasta mediados del siglo IX no estuvo acompañada de una similar en términos urbanísticos. Cabe destacar la conversión de la existente iglesia goda de San Vicente, de rito cristiano, a la nueva Mezquita aljama, la gran mezquita de carácter público y con un importante componente social. Como consecuencia de este hecho la población cristiana perdió peso dentro de la ciudad, y se recluyó principalmente en el barrio que circundaba la iglesia de Santa María. Dicha población, dado que perdió su relevancia social dentro de la ciudad, se mantuvo estable durante los siglos de dominación musulmana ya que nunca llegó a colmatar su espacio intramuros.

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En el año 929 hubo un cambio importante en la concepción del gobierno de Al-Andalus pues pasó de ser un emir, con poderes civiles, a un califa, que aunaba los poderes civiles y religiosos en una sola personalidad, quien estaba al mando de la totalidad de los territorios musulmanes en la Península Ibérica28. De este modo, el período conocido como el Califato de Córdoba (929-1006 dC) fue próspero en términos generales, se avanzó considerablemente en la conquista religiosa del Islam y hubo un gran florecimiento cultural en la capital del reino. Sin embargo, la tranquilidad de los años de esplendor del Califato se vieron alterados a finales del siglo X. Cuando el poder central se debilitó, fruto de un mal gobierno, estallaron una serie de revueltas generales que acabaron con la unidad del Califato y provocó su desmembración en los llamados Reinos de Taifas. Pronto se estableció la Taifa de Zaragoza (1006-1110 dC), que comprendía en gran medida los territorios de la antigua Marca Superior. Esta independencia del poder central hizo que Saraqusta creara una administración independiente, llegando inclu­ so a acuñar moneda propia. Además, con la progresiva desaparición formal de la figura del Califa, los reyes taifas procuran imitar los modos califales a escala local y se convertirán en los principales focos de producción de cultura. Se intentan atraer intelectuales a la ciudad y se construyen palacios regios, como es el caso de las tres principales construcciones de los musulmanes en la península ibérica: La Alhambra de Granada, la Mezquita de Córdoba y el Palacio de la Aljafería de Zaragoza.

32. Califato de Córdoba 33. Reinos de Taifas, con la Taifa de Zaragoza compartiendo frontera con los reinos cristianos.

En este período califal y taifal el desarrollo urbanístico sí es parejo al social y político. El esplendor de estos reina­ dos se verá reflejado en Saraqusta en la expansión de la ciudad en nuevos barrios extramuros, puesto que la Medina ya se había colmatado en el período anterior. El sistema económico musulmán estaba basado fundamentalmente en la agricultura. Adoptan la infraestructura romana que se encontraba en desuso y la reactivan be­ne­ ficiándose de roturaciones, canales y desagües. Su habilidad en los cultivos unida al gran potencial agrícola de la zona y a los tiempos de estabilidad dentro de Al-Andalus fueron los responsables del aumento de población. Las

mezquitas, con su indiscutible labor aglutinadora de conocimientos, promovía una gran actividad intelectual, lo que generó una demanda real de textos escritos. Así surgió el gremio de libreros que, junto a diferentes nuevos colectivos de trabajadores, se fueron estableciendo a las afueras de la Medina. El gremio de alfareros también se situó en el crecimiento este de la ciudad, entre la Medina

28 emir (Del ár. hisp. amír, y este del ár. clás. amīr) 1. m. Príncipe o

los príncipes sarracenos que, como sucesores de Mahoma, ejercieron la

caudillo árabe.

suprema potestad religiosa y civil en algunos territorios musulmanes.

califa (Del fr. calife, y este del ár. clás. halīfah, vicario) 1. m. Título de

Fuente: www.rae.es

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y la Huerva. Sin embargo, las actividades productoras de carácter más contaminante como la metalurgia y el gremio de curtidores se instalaron en el arrabal del norte, situado en la margen izquierda del Ebro, que se estable­ cería como el arrabal industrial.

34. Esquema del momento de expansión en Saraqusta. La medina con la primera muralla, los arrabales adosados a ella y la nueva muralla que protege las nuevas construcciones.

1. Mezquita mayor, 2. Alcázar

Dentro de la muralla romana, sin embargo, se fueron distribuyendo los distintos componentes esenciales para la cultura musulmana. La mezquita aljama, continuando con la situación de los diferentes centros de culto anterio­ res, se sitúa en el cuadrante nordeste de la medina, más próximo al río que al centro físico de la ciudad (como solía ser costumbre en las ciudades musulmanas clásicas). Una vez fijada la posición de la mezquita principal, centro de la vida pública, se disponen las diversas mezquitas de barrio, dotadas también a su vez de minaretes desde los cuales llamar a la oración. En cuanto a los enterramientos, se situaban extramuros y muy probablemente fueran continuación de algunas necrópolis preexistentes, como es el caso del cementerio situado en la puerta oeste de la ciudad29.

35. Posición de las mezquitas en Toledo en la época islámica. Los radios de los círculos indican el alcance de la voz humana; sus centros, la localización de las mezquitas (J. Zozaya).

28 “La islamización de las necrópolis pone en evidencia el manteni­

muy intensa y próxima en el tiempo, ya que los nuevos enterramientos

miento del paisaje funerario después de la conversión religiosa de los

mantienen el lugar y la orientación de las sepulturas, por lo que cabe

habitantes de la ciudad, cuestionando el tópico de la inicial segrega­

pensar que se trata de poblaciones indígenas que una vez islamizadas,

ción funeraria y del rechazo musulmán a los ‘impuros’ cementerios

no tienen ningún problema en continuar enterrándose en el cemente-

cristianos, al tiempo que sugiere la temprana y poco traumática isla­

rio de sus ancestros.” La islamización de tudmir: balance y perspectivas,

mización religiosa de los mismos. La relación entre ambos rituales es

Sonia Gutiérrez Lloret.

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36. Instantánea de la realidad urbana de Saraqusta (escala 1/10000)

El zoco o mercado principal se situó esparcido por las inmediaciones de la mezquita aljama, por ser la zona de mayor afluencia. Sin embargo, en el caso de Saraqusta se han encontrado grandes estructuras a las afueras de la medina, rodeando al camino del sur, que corresponderían a las viviendas, talleres y zona de venta de los distintos gremios de Saraqusta. Quizás la hipótesis más plausible para que en este caso la posición del zoco fuera externa a la muralla romana, sea que las infraestructuras propias de un mercado condicionan en gran medida la trama

circundante, y más aún si ésta no está preparada para ello. Por esto, la entrada de bienes y la salida de desperdicios se producía de un modo más natural en el zoco situado extramuros que el principal, lo que haría que poco a poco fuera desapareciendo el mercado de la mezquita aljama. Creo importante seña­lar la relevancia que tienen las es­ tructuras urbanas que sustentan la vida social. El caso del mercado es especialmente paradigmático: a la creación de un nuevo barrio le suceden una nueva serie de necesi­ dades, que crean una realidad física –llamada en este caso

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zoco– que aúna a la población en torno a ella y la ordena. Es un elemento fundamental que hace ciudad. Todos estos crecimientos extramuros, así como los terre­ nos vinculados directamente a ellos, serán protegidos en este período por una muralla de rejola, tapial y ladrillo, de menor porte, altura y resistencia que la antigua mura­lla romana, pero que definirá los nuevos límites de creci­ miento y dotará a la ciudad de Saraqusta de un sistema defensivo nuevo, acorde con su personalidad e incues­ tionable posición de liderazgo en relación con la Penín


sula Ibérica. A finales del siglo IX se erigió a 1km de la ciudad por el camino oeste hacia Tudela una edificación de carácter defensivo denominada posteriormente La torre del Trovador. En los períodos de esplendor de los reinos Taifas, en el siglo XI, se procedió a la construcción de diversos palacios y una mezquita, todo ello protegido por un recinto fuertemente amurallado con foso. Su riqueza arquitectónica, único ejemplo de arquitectura islámica hispánica de la época Taifal, radica en la delicada concate­ nación de espacios, modulados mediante columnas y ­arcos de múltiples facturas y con una profusa decoración. El Palacio de la Aljafería se convertirá pronto en el principal foco difusor del mudéjar aragonés. Dicha construcción defensiva se encontraba situada dentro de los terrenos que los musulmanes llamaban la al-musara, un espacio abierto y amplio en el cual se realizaban ejercicios ecuestres, carreras de caballos, de­ mostraciones y desfiles militares, etc. y en el que también se cultivaban cereales. Era, en definitiva, el gran espacio libre de la ciudad abierto al río, donde también se realizaban fiestas y celebraciones multitudinarias. Estos terrenos serán de gran relevancia a mediados del siglo XX con las actuaciones llevadas a cabo por el INUR (Instituto Nacio­ nal de URbanización), como el Plan ACTUR (ACTuacio­ nes URbanísticas URgentes). Veremos más adelante también cómo el carácter propio de un lugar como en este caso la al-musara, se va formando con el paso de los años y de las generaciones que le van dando sentido. Cómo evoluciona éste trozo de ciudad a lo largo de los siglos y cómo lo recibimos hoy en nuestros días es tarea de todos los que pasaron y como tal hay que estudiarla, y conocerla30.

37. Avance de la reconquista desde el norte y breve gobierno de los almorávides en Saraqusta.

gobier­no ya que los avances de la reconquista se sucedían constantemente y no había una organización interna dentro del gobierno almorávide. Así, Alfonso I de Aragón el Batallador asedia la ciudad de Saraqusta en mayo de 1118 y formalizará su dominio definitivo a finales del mismo año, finalizando así el período musulmán y comenzando la Zaragoza cristiana.

Durante el siglo XI y a principios del XII, el ejército cristiano de las tierras castellano-leonesas liderado por Alfonso VI conquistó Toledo, punto de control clave para el poder musulmán. La reconquista va avanzando y el gobierno de la Taifa de Zaragoza pide ayuda al gran ejército de los Almorávides que avanzaba hacia el norte desde el Sahara imponiendo una vertiente más pura del Islam. Toman posesión de la ciudad de Saraqusta en el año 1110 bajo un clima delicado pero no durará mucho su 30 “Conocer es querer”, Entrevista: Arquitectura, Glenn Murcutt. Anatxu Zabalbeascoa. El País, Cultura, Babelia, 18/06/2005

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SARAGOÇA EN LA EDAD MEDIA A/ de 1118/XII a XIII Saragoça formó de inmediato parte sustancial del reino de Aragón a la conquista de Alfonso I en el año 1118. La unidad de sus terrenos se desvaneció sin embargo a su muerte sin descendencia y éstos se escindieron en el Reino de Navarra y el de Aragón (1134), siendo su hermano Ramiro II el sucesor impuesto por los nobles aragoneses y navarros –lo que sin duda denota el gran poder que por entonces la nobleza ostentaba–. Con el avance de la Reconquista hacia el sur el rey de Aragón Ramiro II tuvo en consideración el futuro de su reino y encaminó a éste a la unión con los Condados Catalanes. Para ello, firmó el casamiento de su hija Petronila con Ramón Berenguer IV de Barcelona en 1137, cuyo hijo en común Alfonso II sería el primer rey de la Corona de Aragón, en el año 1164.

38. Situación en la que los reinos estaban disgregados hacia 1137. 39. Unión de Aragón con los Condados Catalanes y conquistas de la

La conquista que llevó a cabo Alfonso I de Aragón en Saraqusta supuso la modificación de un gran número de patrones dentro de la estructura social de la ciudad; cambios sociales que inequívocamente se reflejarían posteriormente en la forma de la propia ciudad tal y como lo expresó Aldo Rossi en su libro La arquitectura de la ciudad: “La forma, la arquitectura de los hechos urbanos, emerge de la dinámica de la ciudad” 31. Así, la nueva Saragoça cristiana impuso su unidad reli­ giosa dentro de la Medina, expulsando de los terrenos murados a todos aquellos musulmanes que hasta entonces allí vivían. Los líderes en su mayoría emigraron hacia el Levante, donde todavía Al-Ándalus estaba viva, pero el grueso de la población musulmana no pudo o no quiso emigrar y se instaló entre las dos murallas. La principal zona de asentamiento de los musulmanes que se queda­ ron fue el llamado arrabal de curtidores, la zona que 31 Aldo Rossi, La arquitectura de la ciudad. Ed. Gustavo Gili, p.161

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Corona de Aragón hacia 1200.


40. Esquema de los crecimientos urbanos de población en el siglo XIII.

lindaba con la parte suroeste del Coso, entre los barrios de San Pablo y el arrabal de puerta Cinegia, siendo la calle principal vertebradora del barrio de la morería el Azoque –de origen etimológico compartido con zoco–. Los judíos, sin embargo, permanecerían en su judería tradicional, hasta que ésta se colmatara y hubieran de expandirse, allá por el siglo XIII gracias a unas concesiones que realizó Jaime I el Batallador, al otro lado del Coso, creando la judería nueva32.

De este modo la población cristiana fue creciendo y, con ella, la ciudad. El siglo XIII se caracteriza así por promo­ ver una ordenación política y urbana importante, que será la base para los próximos siglos. Se constatan principalmente dos barrios o zonas de crecimiento con características urbanísticas claramente diferenciadas:

El déficit de población que sufrió la ciudad de Saragoça como consecuencia de estas migraciones, las trató de suplir Alfonso I en sus intentos de repoblación, facilitando el asentamiento de nuevas familias mediante exenciones en el pago de ciertos impuestos o rentas y la dación en propiedad de las tierras que hubieran cultivado durante un determinado período de tiempo. Así, las baldías tierras fértiles circundantes de Saragoça acogieron a numerosos campesinos que buscaban una mejora de sus condiciones de vida y las ciudades recibieron a grupos de población promovidos seguramente por las beneficiosas cartas pueblas o de repoblación que ofrecía el monarca33.

1. Las tenerías y San Miguel; acompañando la compactación del entorno de San Agustín, surgen el barrio de San Miguel al suroeste y el de las tenerías al norte, ambos lindando con el río. La iglesia de San Miguel se adosa a la muralla musulmana y las casas se agolpan alrededor suyo, creando una pequeña plaza. La ubicación de las tenerías, sin embargo, radica en la voluntad práctica de alejar una industria muy contaminante para la ciudad llevándola aguas abajo. El trazado de estos crecimientos busca colmatar los espacios aún vacantes. 2. San Pablo, o la Población del Rey; el nuevo barrio se construyó en 1210 siguiendo unos criterios de cier­ to igualitarismo entre los diferentes ciudadanos, con un trazado más o menos regular siguiendo las trazas históricas –la acequia del Jalón o la centuriatio romana– y

32 Pervivencias y modificaciones del trazado medieval del caso urbano

33 Cartas de población y fueros en los siglos XI, XII e inicios del XIII,

en la zaragoza contemporánea, Isabel Yeste Navarro, p.908

por María Luísa Ledesma Rubio en Atlas de Historia de Aragón

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una parcelación también ordenada y equitativa/ecuáni­ me34. Dos factores acompañan además la creación del barrio de San Pablo que son, a mi juicio, determinantes. El primero: el barrio se crea en torno a la iglesia de San Blas, que define el centro del mismo –tanto social, como religioso–, lo que nos indica la gran relevancia de la ­Iglesia Católica dentro de la ciudad, como veremos detenidamente más adelante. El segundo punto: la creación de este barrio se hace simultáneamente al movimiento del mercado tradicional sito históricamente en la puerta ­Cinegia, a la puerta de Toledo, como nexo de unión entre la ciudad histórica y el nuevo barrio (que podríamos llamar ensanche). El traslado de dicha infraestructura (1218) resulta ser un hecho capital para el desarrollo urbano de Saragoça. Se creó en su mayor parte porticado, ahondando en el carácter social y público de este espacio, en el que no sólo se ejercían actividades comerciales sino que en cierta medida era también un espacio representativo –lugar de paso de las comitivas reales en su trayecto Palacio de la Aljafería-La Seo–, espacio de autos sacramentales, corridas de toros… Por lo tanto, la posición del mercado (elemento primario) da sentido a una nueva área-residencia y caracteriza ese espacio dentro del conjunto de la ciudad, carácter que permanecerá durante los siglos35. Al margen de las actuaciones de crecimiento de la ciudad, comienzan a acometerse en estos primeros siglos proyectos de cierta relevancia sobre piezas singulares dentro de la trama urbana. A la llegada de Alfonso I a la ciudad el puente de piedra se encontraba derruido y era el puente de tablas el único que estaba en funcionamiento dentro del entorno más inmediato de Saragoça. La necesidad de tener una buena obra de piedra llevó al gobierno de la ciudad a grandes campañas de recaudación y resultó ser una obra que se dilató hasta bien entrado el siglo XV. Su convicción de la unidad religiosa le llevó a la conver-

sión al culto cristiano de todas las mezquitas de la ciudad, objetivo que se cumplió en apenas 10 años, en 1128. La gran mezquita aljama no fue derruida de inmediato, sino que fue rápidamente consagrada al culto cristiano –bajo la advocación de San Salvador– y adaptada a las nuevas necesidades litúrgicas, mientras que la construcción de la nueva catedral no se iniciaría hasta 1166. Múltiples cambios le acaecerán a la primera catedral románica durante los próximos siglos, si bien la estructura espacial de estilo gótico-mudéjar que hoy conocemos se terminará en 1376. También se readaptó el antiguo alminar musulmán en torre-campanario mudéjar, que perduró hasta el siglo XVII, cuando fue derribado y sustituido por la actual torre barroca. Si la mezquita principal fue rápidamente adaptada y las demás mezquitas se convirtieron sin dilación al cristia­ nismo, las dos iglesias mozárabes que se habían mantenido durante dominación musulmana se engrandecieron y potenciaron significativamente. Pese a ser San Salvador la catedral de Saragoça (por ser el lugar real de culto, donde los reyes hacían ceremonias y juraban su lealtad a la corona), la iglesia de culto a la virgen tendrá siempre una importancia especial dentro de la ciudad, independientemente de la formalización en sí misma del templo. El espacio, el solar, se ha sacralizado con el paso de los siglos y tiene un peso propio en las dinámicas de la ciudad, se ha ido perfilando como un elemento primario indiscutible. El estado de deterioro de la capilla de culto mariano era tal que con la llegada de Alfonso I a la ciudad se comenzó la construcción de una nueva iglesia románica, cuyas obras no finalizaron hasta bien entrado el siglo XIII, de la cual apenas queda constancia alguna pues estuvo inmersa en sucesivos procesos de reformas y ampliaciones. En resumen, el proceso que comienza con la reconquista y culmina en el siglo XIII supone el progresivo afianza­ miento dentro de la sociedad de un nuevo modelo

34 “(…) una relectura del urbanismo medieval para demostrar cómo

ciudad ortogonal aragonesa a la cuadricular hispanoamericana como

la traza ortogonal iniciada en Jaca (1076) en función de unos fueros

proceso de innovación-difusión, condicionado por la utopía, Vicente

(“parcelas iguales para hombres iguales”) se transmite, junto con los

Bielza de Ory.

mismos, por el Camino de Santiago y hacia el resto de la Corona de

35 “La relación área-residencia y elementos primarios configura de

Aragón en su avance colonizador, influyendo tanto en la bastida, por el

modo concreto la ciudad. Siempre hay una estrecha unión entre los

norte, como en las Ordinaciones de las pueblas mallorquinas de Jaime

elementos primarios y el área; frecuentemente esta unión llega a ser sin

II (…) por el sur, a partir de los siglos XIII y XIV, dando lugar, en estos

más un hecho urbano tan preeminente hasta constituir una caracterís-

últimos casos, a estructuras cuadriculares en torno a plazas centrales,

tica de la ciudad.” Rossi, op. cit., p.167

que se prolongan ortogonalmente por el territorio circundante”. De la

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productivo que será el responsable del desarrollo en los sucesivos siglos. En este sentido, se puede hablar de una ocupación y explotación social del espacio, fruto del dominio por parte de los reyes de sus territorios, que derivó en la creación de señoríos. Estos señoríos significaban en muchos casos el pago a la alta nobleza por parte del rey por los apoyos prestados dentro de luchas internas; beneficios que se encargaban de extraer vía impuestos de una manera más o menos estricta a sus campesinos. El establecimiento de estas estructuras productivas mantu­ vo activo el medio rural pero dio también paso a una revita­lización importante de los centros urbanos, que determinó la creación de una nueva clase burguesa36, si bien todavía inmersos dentro de una sociedad de carácter eminentemente feudal. La ganadería adquirió una relevancia especial dentro del panorama económico de Aragón y ésto, se vio reforzado por la creación en 1218 de la Casa de ganaderos, en Zaragoza, institución de índole gremial similar a la Mesta en Castilla que recibió ciertos privilegios por parte del rey en relación con los diferentes gremios, y que generó una cierta oligarquía vinculada a la nobleza y la burguesía urbana. 41. Esquema de las principales vías pecuarias en la Península. En marrón, las que pastaban dentro del Reino de Aragón.

A finales del siglo XIII la economía aragonesa manifestaba algunos signos de crisis, que se agudizarán en el transcurso del siglo XIV, centuria conocida por la crisis secular para Europa y la cuenca del Mediterráneo.

B/ XIV a XV La crisis a nivel europeo que se vivió durante el siglo XIV tiene sus orígenes en unas pequeñas variaciones climáticas37, que afectaron negativamente a las cosechas agrícolas del campesinado, produciendo unos elevados índices de malnutrición que fueron letales cuando el brote de la Peste Negra se empezó a expandir desde Italia en 1347. Las consecuencias de esta pandemia fueron desastrosas en toda Europa, muriendo alrededor de 1/3 de toda su población. En el caso de Saragoça la situación de partida no era especialmente buena ya que la Corona de Aragón había quedado muy debilitada por la Guerra de los Dos Pedros (Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón) entre 1356 y 1369. Estas batallas tenían como objetivo principal la voluntad de tener el mayor poder entre estas dos coronas, pero los apoyos externos a ambos bandos hizo de este conflicto una parte significante más dentro de la Guerra de los 100 años. De este modo, cuando la gran epidemia azotó Saragoça en los años 1348 y 1349 las consecuencias fueron devastadoras y entre un 20 y un 30% de la población murió con el primer brote y los sucesivos de 1362 y 1384 (ver gráfico 70). Mientras la reconquista tenía cercado al Reino Nazarí de Granada y las disputas continuaban entre la corona de Aragón y la de Castilla, el por entonces rey de Aragón Pedro IV creó la Diputación del General del Reino de Aragón en 1364 que, de un modo u otro, ha llegado hasta nuestros días como la institución encargada de velar por los intereses generales de la región e intervenir en asuntos internos y externos del reino de carácter fiscal, administrativo y político y velar asimismo por el cumplimiento de los propios Fueros. La creación de este organismo en 1364

36 La ocupación del espacio y las transformaciones económicas en

37 Período cálido medieval, en http://es.wikipedia.org/wiki/Óptimo_

Aragón en los siglos XII y XIII, por María Luísa Ledesma Rubio.

medieval

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42. Conquistas de la Corona de Aragón (Baleares 1134, Sicilia 1282, Baleares 1311, Cerdeña 1322, Nápoles 1443) y cerco al reino de ­Granada.

responde principalmente a la necesidad de recaudación de impuestos por parte de la corona de Aragón para mantener activa su lucha contra Castilla, guerra que terminó sin ningún ganador propiamente dicho. En 1410 muere sin descendencia el rey de Aragón Martín I el Humano por lo que se reúnen los representantes de los reinos de Aragón, Valencia y el Principado de Cataluña para elegir a su sucesor. Será Fernando de Trastámara, castellano, quien ascienda al trono, imponiendo el castellano como idioma oficial de la corte y relegando el uso del idioma aragonés a la clase baja de la población, lo que causó su paulatina desaparición. Esta unión, como la mayoría (por no decir totalidad) de las uniones matri­ moniales de la realeza de la baja Edad Media estaban basadas fundamentalmente en las relaciones comerciales y los intereses políticos de sus gobernantes. Bajo estas premisas, el reinado de Fernando I de Aragón estará enfocado al paulatino acercamiento a Castilla, lo que acabará por cuajar en el año 1469 cuando el rey Fernando II de Aragón y III de Nápoles se case con Isabel de Castilla pasando a unificar ambas coronas y planteando la futura unión administrativa de España, si bien por aquel entonces dicha unión entre el Reino de Castilla y la Corona de Aragón fue solamente dinástica.

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Con este panorama social, la ciudad de Saragoça no registra muchos cambios en materia urbanística durante estas dos centurias. Las expansiones del siglo XIII son más que suficientes para acoger a una población que, debido a la grave regresión demográfica, no logra siquiera colmatar sus límites. Sin embargo, el Concejo de Saragoça, a la vista de la grave situación que se vivía como consecuencia de la poca higiene en la ciudad, va a fijar unas ciertas Ordenanzas en 1460 para la limpieza y ornato de las vías públicas, así como del mercado. En sí mismas sólo se acometen dos acciones urbanísticas promovidas por el ayuntamiento. L ­a primera fue la destrucción de todas las casas de la hilera norte de la ciudad, colindante con el Ebro, para facilitar las labores defensivas en el caso de conflictos bélicos y para facilitar también las labores de construcción del puen­te de piedra, que se intensificaron a principios del siglo XIV y terminaron definitivamente a mediados del XV, cuando se inauguró el puente que hoy conocemos. Al margen de estas dos acciones concretas, podríamos decir que la ciudad de Saragoça se definió claramente en estos dos siglos como una ciudad religiosa de primer orden. Con la expulsión del casco urbano de los moriscos y la reclusión de los judíos en su propio barrio se podría afirmar que la sociedad de Saragoça era mayoritariamente cristiana. De este modo, se produjo desde el ayuntamiento una clasificación de la ciudad en parroquias o barrios como unidad administrativa, donde cada parroquia tenía como centro religioso principal una iglesia determinada. La pertenencia a una determinada parroquia afianzó el sentimiento de barrio y pronto fue la puerta del templo el lugar de reunión de todos los parroquianos. Así, y con el paso del tiempo, las iglesias fueron creciendo en importancia y adquirieron protagonismo mediante la cons­ trucción de torres-campanario, unas veces en la propia iglesia, otras adosadas a ellas y en algún caso totalmente exentas al centro religioso. Torres y fachadas repletas de imaginería cristiana que precisaban de espacios represen­ tativos y simbólicos para poder ser apreciadas en su totalidad, razón por la cual fueron surgiendo plazas con el tiempo, relacionadas siempre de algún modo con un templo religioso.


43. Esquema de los barrios y parroquias homónimas en Saragoça en el siglo XV

Del mismo modo que pasó con el interior de la ciudad, el perímetro fue paulatinamente ocupándose de conventos y monasterios que ayudaron a percibir la ciudad como un todo religioso. Algunos de ellos ya existían desde hacía siglos y se encontraban extramuros –convento de Santa Engracia–, otros como el convento de San José nacieron extramuros y al otro lado del Huerva, con su historia fuertemente ligada a la existencia del puente junto al que se situaba, del que sacaba rédito. Como respuesta a la grave situación sanitaria causada por las pestes y las fuertes hambrunas por las malas cosechas comienzan a ser destacables las obras de beneficencia con cargo al presupuesto municipal. En este sentido, pese a la existencia de diversas casas privadas o pequeños centros­ sanitarios parroquiales esparcidos por la ciudad, la burguesía tuvo la idea de fundar un gran hospital secular, idea que sería llevada a cabo con la ayuda real en 1425, pasando a llamarse Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia. Este centro, situado en el Coso enfrente de Puerta Cinegia, tendría gran relevancia dentro de la ciudad y se mantendrá en uso hasta su destrucción con

los Sitios de 1808 y 1809. La voluntad de una unión política de España por parte de Isabel de Castilla vino a su vez también acompañada de la voluntad de una unidad religiosa. Con este fin se crea el Tribunal de la Santa Inquisición en 1478, como la insti­ tución encargada de mantener la ortodoxia católica en sus reinos. Las persecuciones a moriscos y judíos fueron numerosas desde entonces, si bien en los primeros años de la Inquisición la buena posición social de ciertas castas musulmanas impidió su procesamiento por motivos religiosos. Con la conquista cristiana de Granada en 1492 por parte de los Reyes Católicos se culminó el proceso de domina­ ción y dichos reinos pasaron a formar parte inmediatamente de la Corona de Castilla. En este mismo año, en 1492, se realizó efectiva la expulsión total de los judíos que vivían en España, salvo los que se convirtieron al cristianismo. Sin embargo, desde este momento las relaciones entre las tres religiones fueron deteriorándose y sería más adelante, en 1610, cuando se fijara la expulsión definitiva de los moriscos (ver gráfico XX).

45. Muralla en primer término y puente 44. Convento de Santa Engracia en un

y monasterio de San José, en un grabado

grabado de principios del siglo XIX.

de principios del siglo XIX.

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ÇARAGOÇA EN LA EDAD MODERNA

El siglo XVI se presenta en Çaragoça como un siglo de mejoría y cierta bonanza en comparación con las centu­ rias anteriores, tiempos de epidemias y hambrunas. Durante el transcurso de este siglo se percibe un continuo ascenso demográfico que responde de un modo natural a una sociedad en expansión (ver gráfico 70). La çaragoçana era una sociedad cada vez más heterogénea, en la que convivían el conjunto de los ciudadanos y la burguesía o nobleza, cuyo número y poder iban en aumento. Los consejos y asambleas de gobierno fueron derivando cada vez más en reuniones de aristócratas y nobles que, me­ diante medios poco democráticos, fueron reeligiéndose y perpetuando así su poder dentro de la ciudad38. Este siglo se caracteriza por lo tanto por la ejecución de numerosas construcciones llevadas a cabo sin tocar el trazado urbanístico existente. Se renueva el caserío me­ die­val casi en su totalidad y se proponen en muchos casos 46. Casa Armijo, claro ejemplo de

47. Palacio Huarte-Azara, otro

la arquitectura palaciega de estilo

ejemplo de los múltiples palacios

renacentista en Aragón en el siglo

que se construyeron en Aragón en

XVI.

la primera mitad del siglo XVI.

nuevas edificaciones más acordes con el gusto de la época. De este modo es conocida la Çaragoça del siglo XVI por los casi 200 palacios que se construyeron para familias nobles a lo largo de este siglo. Las líneas generales de estas edificaciones corresponden a la arquitectura renacentista italiana, por estar siempre organizados espacialmente en torno a un patio central, alrededor del cual se van distri­ buyendo las estancias en varias alturas. Sin embargo, a las características principales de este estilo se le unirá la herencia mudéjar de la arquitectura tradicional aragonesa, desde la estructura tripartita de fachada, los huecos en arco de medio punto e incluso las cornisas o aleros, que se utilizarán para cubrir miradores o galerías de arquillos. El ladrillo será el material principal utilizado, lo que confe­ rirá a la ciudad de una unidad cromática considerable. Al margen de la arquitectura de carácter privado también se llevaron a cabo ciertas construcciones públicas de relevancia. Si bien en el reinado de Fernando el Católico se fundó la Universidad, el caso más significativo fue el de la Lonja de Mercaderes que, edificada en 1551, es consi­ derada como el mejor ejemplo y la culminación de la 48. Palacio Strozzi, Florencia,

49. La Lonja, adaptación a la tradición

ejemplo del ideal palaciego

mudéjar aragonesa de los principios

renacentista.

estéticos del renacimiento italiano.

38 “(…) la aparición de las asambleas de gobierno en época foral

que quizá fuera más intenso en Aragón que en otros estados de la

supuso el triunfo de una oligarquía ciudadana que fue asumiendo las

Corona de Aragón por sus peculiaridades económicas, basadas en un

tareas directivas en los municipios aragoneses; este grupo, compuesto

predominio cada vez más intenso de las actividades agropecuarias”

en principio por capas medias de letrados, médicos, notarios, merca-

La nobleza y el poder local aragonés en los siglos XVII y XVIII, por José

deres o comerciantes enriquecidos; y rentistas y propietarios no nobles,

Antonio Moreno Nieves

sufrió a lo largo de la época moderna un proceso de aristocratización

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arquitectura del Renacimiento en Çaragoça. Este edificio­ de finalidad económica precapitalista, responde a la pe­ ti­­­ción por parte de los comerciantes de la ciudad de la construcción de un edificio civil destinado a intercambios mercantiles que, hasta entonces, eran llevados a cabo en las iglesias. De este modo, con la creación de un edificio público que respondía a un fin concreto se fijaba en el entorno de Santa María la Mayor, la Seo y el Puente de Piedra otro elemento singular dentro de la trama urbana de la ciudad, que sería determinante en los siglos poste­ riores en la definición del espacio representativo tal y como hoy día lo conocemos. En el mismo sentido la presión que ejercían los gremios­ de ganaderos y agricultores hicieron que, en el año 1510, se planteara el proyecto de la Acequia Imperial de Aragón, un canal que cogería agua del Ebro a unos 80km de Çaragoça para repartirla por los campos de cultivo que rodeaban la ciudad. Esta empresa se dilató en el tiempo debido a la gran inversión económica que suponía, por lo que no fue empezada hasta 1529 y el agua no llegó a Zaragoza sino hasta 1784. La característica principal de la Çaragoça del XVI fue la que se extraía del apelativo que le donaban los numerosos­ viajeros que por la ciudad pasaban: ‘la ciudad de las cien torres’. Era así pues todas las parroquias se valían de las­torres-campanario para atraer a sus feligreses y por entonces ya estaban en pie las de San Pablo, la Magdalena, San Miguel y San Gil. Sin embargo fue en 1504 cuando el ayuntamiento promovió la construcción de la llamada Torre Nueva para alojar el reloj público y las campanas

de la ciudad; una torre de carácter municipal y matiz exclusivamente civil, lo que supuso la forma­liza­­ ción de un nuevo hito urbano. Colocada en las inmediaciones de la Iglesia de San Felipe sirvió de referencia durante siglos y sería considerada por toda su población como un símbolo de la ciudad, hasta que se derruyó a finales del siglo XIX, no sin ser un elemento 50. Fotografía de la Torre Nueva antes de su deurbano determinante durante la molición en 1893. guerra de la Indepen­dencia de 39 principios del XIX . Relacionado con las frecuentes visitas que diferentes personajes hacían a Çaragoça destaca un documento que realizó Anton Van den Wyngaerde (Antonio de las Viñas según los documentos españoles) en 1563, como fruto del viaje del pintor flamenco por España recogiendo detalla­ das vistas de sus ciudades, bajo las órdenes de Felipe II. Esta vista de la ciudad, realizada desde el norte del Arra­ bal situado en la margen izquierda del Ebro, representa un material muy valioso por ser la primera representa­ ción real de Çaragoça que nos ha llegado hasta hoy. Su grado de detalle es altísimo, pudiendo llegar a distinguir la factura mudéjar de la Torre Nueva, la existencia de un sólo puente, la dirección del Coso y su espacio vacante e incluso la posición de todas y cada una de las iglesias y sus torres que en su día existieron, comprendiendo entonces el apelativo que se le dio a la ciudad en el siglo XVI. 51. Vista de la ciudad de Anton Van der Wyngaerde en 1563.

39 “Llaman la Torre Nueva a una que tiene cerca de trescientos años,

para tocar las horas, y otra para los quartos, que está en la aguja, con

pues se construyó en el de 1504. Está sola, y sin ningún arrimo en la

que remata” Viaje de España, por Antonio Ponz. Carta tercera. Madrid:

plaza que llaman de S. Felipe. Es de ladrillo como otras muchas de la

Viuda de Ibarra, 1788, t.15, p.86

ciudad y se nota que está algo ladeada. En ella hay una gran campana

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El relativo entendimiento alcanzado durante el siglo XVI entre nobleza y Estado propició una relación pausada y no hubo en Aragón serios altercados hasta el cambio de siglo. En 1591 se produjeron las Alteraciones de Aragón, en el que el pueblo aragonés se rebeló contra la voluntad de Felipe II de anteponer el poder de la Santa Inquisición al del Justicia de Aragón, personalidad encargada de velar por los Fueros y los derechos de los aragoneses. Se produjeron persecuciones y con la victoria del rey fueron ejecutados un buen número de seguidores del Justicia, lo que vino a su vez acompañado de una reducción conside­ rable de los privilegios aragoneses en 1710, al instaurarse los Decretos de Nueva Planta. La mala relación se fue agravando debido a la presión fiscal por parte de la Monarquía al Reino de Aragón, pues quería equiparar los impuestos en todas las zonas de sus dominios. En este sentido, gobernando Felipe IV y cuan­ do España entró en guerra con Francia, estalló en 1640 la guerra de Secesión Catalana o La guerra dels Segadors, en la que tomó parte Aragón del lado del Rey. Las consecuencias para Aragón fueron moral y económicamente desastrosas, lo que sumió definitivamente a la ciudad y al reino en la crisis del siglo XVII. Como se puede observar a lo largo de la historia, en numerosas ocasiones a un siglo de esplendor le sigue uno de crisis, y así lo fue el XVII para Saragossa. Las consecuencias de la Guerra dels Segadors junto con las malas cosechas provocaron un período de debilidad económica que, sumada a la expulsión definitiva de los moriscos en 1610 y a unas epidemias de peste que asolaron la ciudad, sumieron a la población en un período de pobreza y hambrunas, que provocó un estancamiento demográfico (ver gráfico 70).

la devoción religiosa, se crearon multitud de iglesias y se potenciaron las ya existentes –la nueva torre de la Seo o la construcción de la Basílica del Pilar en 1681– todo bajo un nuevo estilo artístico conocido como el Barroco. Pocas actuaciones sobre edificios civiles si bien sí que se llevó a cabo la apertura de la calle de San Gil en 1640 (hoy día San Jaime, la parte más septentrional del cardo romano), como única actuación urbanística de este siglo. Se tiene constancia de la existencia de la primera representación planimétrica de la ciudad de Saragossa realizada en 1610 por un autor anónimo. Resulta interesante la simplicidad de la representación, que casi podría interpretarse como un esquema, ciertamente útil para localizar aproximadamente antiguos centros religiosos. El no estar realizado a escala, hace que esté deformado por la percepción de su autor, dibujando el Coso (A en el plano) exageradamente amplio; la perfecta linealidad de las calles Mayor (C) y Nueva (B) tampoco se corresponde con la realidad, pero es un documento desprejuiciado e interesante. Sin embargo, las consecuencias de la gran riada que destruyó en 1643 las dos arcadas centrales del Puente de Piedra sí que las recogió con un alto grado de detalle Juan Bautista Martínez del Mazo, discípulo de Velázquez, en la Vista de Zaragoza en 1647. Este cuadro, encargado por el primogénito de Felipe IV, represen­ta a Saragossa

La reacción del estado llano a este período de penurias es en algún modo asimilable a lo que aconteció entre los si­glos XIV y XV. Aumentó 52. Primera representación planimétrica de la ciudad, alrededor de 1610.

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como una ciudad tranquila salvo por el puente derruido, y el ambiente cortesano de la orilla norte del Ebro responde a una visita de la comitiva del Rey. Es, en definitiva, una visión magnificadora de la ciudad y nos muestra la importancia que tuvo a mediados del siglo XVII. La Saragossa del siglo XVIII comienza encabezando el final de la Corona de Aragón, incorporándose definitivamente a Castilla en 1713, lo que afectó significativamente al desarrollo de la economía aragonesa al estar regida por las leyes de Castilla. De esta manera, el siglo se presenta de un modo dual: la profunda crisis económica del reino afecta a los más pobres, donde la propiedad de los terre­nos sigue siendo parte de un sistema feudal profun­da­mente arraigado; y al mismo tiempo el siglo de la Ilustra­ción y de la burguesía, que se movía con facilidad en un terreno cada vez más propicio para el liberalismo y que comenzó a dar sus frutos en la segunda mitad del mismo. La historia de este siglo está caracterizada por la figura de Ramón Pignatelli, personaje muy influyente en la sociedad aragonesa y que estuvo involucrado en numerosos proyectos todos de gran relevancia. El hospicio zaragoza­ no, la Real Casa de Misericordia se mejoró considerable­ mente durante los años en los que él estuvo al cargo de la institución (1724 y 1793) y creó una manufactura textil y la plaza de toros (en 1764) como forma de obte­ ner mayores rentas y no depender así de donaciones externas. Además, fue el principal impulsor del proyecto de las obras del Canal Imperial de Aragón, en respuesta a la rotura de la Acequia Imperial en 1722. Dentro de su proyecto global de gestión de los recursos consiguió repartir entre los campesinos gran parte de los terrenos que regaba el Canal Imperial a su paso por Saragossa, de modo que ayudó significativamente al desarrollo económico de la sociedad aragonesa. Sin embargo, pese a los intentos de algunos por hacer crecer una sociedad más igualitaria, el crecimiento demográfico registrado en el transcurso de este siglo (ver gráfico 70) unido a los

53. Cuadro de Del Mazo, Vista de Zaragoza en 1647

54. Esquema de España y sus dominios a mediados del siglo XVIII

constantes problemas económicos y de abastecimiento del campesinado provocaron diversos altercados y motines (en 1764 y en 1784) que no hicieron más que agravar la situación. A mediados de este siglo XVIII en el que apenas se lleva­ ron a cabo actuaciones urbanísticas remarcables, aparece en la ciudad de Zaragoza un documento de gran importancia para el estudio urbanístico de la ciudad: La Vista de la ciudad de Zaragoza por el Septentrion, de Carlos Casanova. Este plano se realiza en 1764, unos pocos años después de que Giambattista Nolli publicara La Pianta

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Grande di Roma en el año 1748. El grado de detalle y la visión arquitectónica que infunde Nolli en su representa­ ción hace de éste un objeto clave para el entendimiento de la ciudad de Roma y nos habla de un tiempo de la ciudad. El plano de Casanova, pese a ser una fuente de información muy importante, no llega al grado de detalle e implicación alcanzado por el de Nolli. Una posible causa podría ser que la naturaleza de su obra está enfocada más desde una posición de grabador que de arquitecto, como es el caso de Giambattista. En el documento aparecen dos dibujos principalmente: la planta propiamente dicha y una vista o alzado desde la orilla norte del Ebro, probablemente la razón de que el plano no esté orientado norte-sur (como sí lo está el plano de Nolli). La planta de la ciudad aparece generosamente rodeada de los terrenos de cultivo más inmediatos a la ciudad, con el Ebro como protagonista e incluyendo la Huerva, el arrabal norte así como el Palacio de la Aljafería. Representa las manzanas y las edificaciones de carácter privado con un rayado negro, lo que permite una visión rápida de contraposición llenos-vacíos. Utiliza también en gran medida la técnica empleada por Nolli a la hora de representar los elementos singulares, los monumentos, como espacio vacío resaltando únicamente los elementos estructurales así como el interior de las manzanas, los espacios comunes. De este modo, la Zaragoza de finales del XVIII mantiene en gran medida la forma de la primera muralla romana, con su trazado de callejuelas ligeramente modificado mientras que los diferentes crecimientos no llegan siquie­ ra a colmatar el límite impuesto por los musulmanes allá en el siglo IX. Existen ciertos puntos singulares dentro

de la trama urbana que, a lo largo del tiempo, se han ido definiendo como elementos primarios, y la ciudad ha ido creciendo con y alrededor de ellos. La plaza y la Basílica del Pilar; la Plaza de la Seo; El Coso, la calle que define geométricamente la ubicación de la primitiva muralla romana; el Puente de Piedra que, pese a los múltiples avatares, sigue siendo el vertebrador de la ciudad y el que pone en relación la ciudad con el exterior; y la plaza del Mercado, espacio público social por excelencia, vinculado a la nueva realidad de la población. En resumen, la historia de Saragossa en la Edad Moder­na comprende desde la coronación de Fernando el Católico como Fernando II de Aragón en 1479 hasta la invasión en la ciudad de las tropas napoleónicas de 1808. Los cambios­ acaecidos en estas tres centurias no fueron apenas signifi­ cativos en materia urbanística, si bien sí lo fueron en cuanto a las relaciones políticas y las consecuencias socia­ les de estos cambios. La sociedad aragonesa, pese a la abolición de sus fueros y la disminución de sus derechos fundamentales no reaccionó significativamente hasta la entrada de las tropas francesas a la ciudad, momento en el cual se involucró de tal modo, que tendría graves consecuencias a lo largo del siglo XIX.

55. Detalle del plano de Nolli (izquierda) y Casanova (derecha). La comparación a la misma escala nos da información útil de las distintas formas de representación que ambos autores utilizaron, así como del momento urbanístico en el que se encontraban. Mientras Zaragoza se­guía con el trazado medieval apenas sin modificar en Roma ya se habían acometido las obras del Tridente (Ripetta, Corso y Babuino), como proyecto urbanístico de gran relevancia.

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56. Vista de la ciudad de Zaragoza por el Septentrion, de Carlos Casanova.

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ZARAGOZA EN EL SIGLO XIX

La Zaragoza del siglo XIX tiene pronto que afrontar uno de los acontecimientos más significativos de toda la Edad Contemporánea: el Sitio, en 1808, de las tropas napoleónicas, estrategia fundamental para el control de Aragón y el abastecimiento de sus tropas en Cataluña. La ciudad resistió heroicamente este primer ataque y llevó a cabo serias obras de defensa a la espera del segundo, que se sucedió a principios de 1809. Pese a la enconada resistencia de todo el pueblo zaragozano, la ciudad sucumbió poco después debido al grandísimo número de bajas –en constante aumento por las epidemias– y por los incendios, que se sucedían constantemente. De los estimados 55.000 habitantes en 1808 no más de la mitad sobrevivieron, y se cree que 3/4 partes del caserío colapsó o tuvo que ser demolido. A la retirada de las tropas del ejército francés, éste destruyó la última arcada del Puente de Piedra, sumiendo a la ciudad en un período de seria decadencia que se prolongaría durante décadas.

57. Plano ideal de la ciudad de Zaragoza, con las obras defensivas llevadas a cabo.

De todos los destrozos que se ocasionaron como consecuencia de estas batallas de la Guerra de la Independencia, tres sectores de la ciudad fueron los más perjudicados: el arrabal situado en la margen izquierda del Ebro; el entorno de la parroquia de San Jaime, en Puerta Cinegia; y el crecimiento este del barrio de San Miguel y San Agustín, donde también quedó arruinado el edificio de la Universidad. En la zona de la entrada sur de la ciudad el gran complejo del Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia, que ocupaba varios solares con fachada al Coso, también fue destruido. Las consecuencias demográficas generales de este suceso fueron importantes, pues la ciudad tardaría alrededor de medio siglo en recuperar su ritmo, mientras que los destrozos en la trama urbana posibilitarían un nuevo desarrollo urbanístico, impensable hasta entonces.

El contexto político nacional que comenzó con el reinado de Fernando VII no fue inductor de una política de recuperación a nivel estatal –ejemplo de ello fue la reactivación de la Inquisición–, y no sería sino hasta el reinado de Isabel II cuando España tomaría un rumbo más mode­ rado. Durante la primera mitad de siglo las reformas del caserío interior fueron muchas y las propuestas urbanas, pocas. Sin embargo, las desamortizaciones llevadas a cabo primero por Mendizábal (1820-23, Trienio Liberal) y después por Madoz (1854-56, Bieno Progresista) como forma de obtener ingresos para saldar la deuda pública y financiar las Guerras Carlistas tendrán amplias consecuencias dentro del espectro social y también urbanístico de las ciudades y los campos40. 40 El bosque vuelve a estar animado, Carmen Morán, El País, lunes 28 de noviembre de 2011, edición impresa.

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58. Plano de los destrozos ocasionados por los Sitios, sobre el parcelario dibujado en 1764 por Casanova.

“Las desamortizaciones de Mendizábal transformaron gran parte del suelo no construido existente en el interior de la ciudad en suelo urbano o edificable, lo cual permitió el acceso a la propiedad del suelo de la nueva clase social emergente, la burguesía (…)” 41; de este modo se gestó en Zaragoza a partir de 1812 la idea de convertir los espacios vacantes al sur de la antigua Puerta Cinegia en un paseo arbolado que conectara con los que llegaban del monte de Torrero (adonde se trasladó en 1834 el cementerio de la ciudad) y el que venía de las esclusas de Casablanca, parte del Canal Imperial. Este proyecto de carácter burgués vino acompañado de la voluntad de ordenación de los terrenos que circundaban al paseo, llamado Salón de Santa Engracia en sus orígenes, estableciendo unas ordenanzas de edificación determinadas, proyecto que tardó en llevarse a cabo y que empezó a colmatarse desde la Plaza de la Constitución (hoy Plaza de España) hacia el exterior de la ciudad.

59. Plano de 1865, con el espacio vacante ocupado por el Paseo o Salón de Santa Engracia. La ciudad aún se cerraba con murallas.

41 Ideología y urbanismo en la Zaragoza decimonónica, Isabel Yeste Navarro, Artigrama, núm. 22, 2007

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En esta situación, y dentro del contexto nacional en el que las realizaciones de propuestas de ensanche empezaron a ser habituales42, José de Yarza elabora en 1861 el corres­ pondiente Plano Geométrico. Propone unas directrices de reforma interior del casco histórico como regularización de las vías principales (algunas, como la calle Alfonso I, serán llevadas a cabo) y ordena un posible crecimiento que poco sobrepasa la antigua muralla medieval. Las diferencias fundamentales que estriban entre este plan y sus coetáneos son, siguiendo las teorías de la investigadora Isabel Yeste43, que frente a que los otros son capaces de anteponerse a las necesidades reales de un claro aumento demográfico por venir en las siguientes décadas, la propuesta de Yarza opta por una colmatación interior –destruyendo buena parte del patrimonio histórico– y un modesto crecimiento extramuros, proponiendo escasos paquetes de vivienda y manteniendo así constante el precio del suelo, por lo que lo calificará como una ‘propuesta burguesa’. En estos momentos, la ciudad de Zaragoza prácticamente recuperada de las secuelas de la Guerra de la Indepen­ dencia y con una población de unos 60.000 habitantes en 1850 (ver gráfico 70), comienza un período decisivo de crecimiento que será imparable hasta nuestros días. La incipiente burguesía y su afán de riqueza optan por una modernización del modelo productivo y apuestan por el nuevo sector industrial. Las múltiples actividades de este tipo que se llevarán a cabo en la ciudad se verán extraordinariamente favorecidas con la aparición del ferrocarril. De nuevo se observan las repercusiones del potencial geográfico del asentamiento romano: se establece un cuadrilátero de comunicaciones País Vasco - Madrid - Valencia - Barcelona, del cual Zaragoza se encuentra en el centro. Al poco tiempo de estar construidas las estaciones que hacían los servicios Madrid-Zaragoza y Barcelona-LleidaZaragoza surgió la necesidad de una conexión rápida entre Madrid y Barcelona, lo que condujo de inmediato a la construcción del Puente del Ferrocarril en 1870, el segundo puente de la ciudad. Creo conveniente remarcar la incidencia que este hecho tuvo y tendría posteriormente: desde los inicios, la relación entre ambas riberas del río fue escasa, si bien la existencia del Puente de Piedra fue

fundamental para la propia existencia de la ciudad. Sin embargo, cuando en 1861 se plantearon las comunicaciones por primera vez a una escala urbana, el déficit de vías que comunicaban ambas orillas fue palpable; se registró el problema, pero no hubo voluntad por parte del ayuntamiento de la construcción de un nuevo puente. Por esto, la realidad cambió cuando el río fue cruzado por el ferrocarril y los terrenos por los que discurría se vieron

42 Barcelona (Cerdá, 1859), Madrid (Castro, 1857-1860), Valencia

43 Reforma interior y ensanche en la segunda mitad del siglo XIX en

(1858, sin aprobar), San Sebastián (Cortázar, 1862-1864), Bilbao

Zaragoza: el Plano Geométrico, Isabel Yeste Navarro, Artigrama, núm.

(Lázaro, 1861-1863, sin aprobar y 1866-1873), Vitoria (1865), Gijón

19, 2004

(1867), etc.

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60. Plano Geométrico de José de Yarza, 1861. 61. Principales líneas ferroviarias en funcionamiento en 1880.


fuertemente condicionados por su rígido trazado. La creciente importancia de la industria en Zaragoza supuso la creación de diversas estaciones, alrededor de las cuales se fueron urbanizando los terrenos para dar acogida a las grandes masas de proletariado, que no podían permitirse viviendas en las zonas de ensanche planeadas por la bur­ guesía. De este modo, en la segunda mitad del siglo XIX y a comienzos del XX el término municipal de Zaragoza fue objeto de sucesivas ocupaciones puntuales, vincula­ das a explotaciones en su mayoría industriales, sin estar el espacio que mediaba entre éstas y la ciudad, siquiera urbanizado. Dicha evolución industrial se reflejó en 1868 con la celebración de la Exposición Aragonesa, que se llevó a cabo en Zaragoza. Es la primera exhibición de carácter industrial en España, y tiene sus bases en la Exposición Universal de 1851 en Gran Bretaña; la voluntad principal fue reflejar la posición de Zaragoza y de Aragón en el ám­ bito nacional y dar cuenta de los significativos progresos en materia tecnológica. Esta exposición tiene lugar en la por entonces llamada Glorieta de Pignatelli –hoy Plaza de Aragón– y supuso el acicate a la urbanización de sus entornos más inmediatos. Se continuaron las ordenanzas ya fijadas para el Paseo de la Independencia –antes Salón o Paseo de Santa Engracia– y se planteó asimismo la ur­ banización de las calles perpendiculares. Pese a todo, fue tan sólo una acción más de urbanismo clásico, de embe­

62. Zaragoza en 1865. La ciudad se presenta con las dos actuaciones urbanísticas principales ejecutadas; el ferrocarril irrumpe en la ciudad. 1. Estación del Arrabal o del Norte. Realiza el trayecto Zaragoza-Llei­ da-Barcelona desde 1861. 2. Estación del Santo Sepulcro, uniendo Madriz-Zaragoza desde 1865. 3. Estación de Utrillas, en funcionamiento desde 1865. Al ser de vía estrecha quedará pronto en desuso al no poder integrarse en la red de ancho estándar.

63. Zaragoza a principios del siglo XX. En naranja los crecimientos, residenciales o de carácter industrial, que surgieron con el florecimien­ to del ferrocarril. 1. El puente construido en 1870 posibilitó los viajes Madrid-ZaragozaBarcelona sin tener que cambiar a pie de estación. Esta conexión se realizó sin plantearse el daño que se le hacía al Palacio de la Aljafería, que quedó literalmente entre líneas de ferrocarril. 2. Con motivo del paso de la línea hacia Barcelona se crea la Estación de Caminreal, que más tarde pasará a formar parte de la Estación de las Delicias. 3. La estación de Cariñena posibilitaba la unión con el Mediterráneo. Se creó en 1887 y dejó de estar en funcionamiento en 1933 por ser de vía estrecha. 4. La estación de Santo Sepulcro pasa a llamarse MZA (MadridZaragoza-Alicante) cuando posibilita a su vez a partir de 1884 los directos Madrid-Barcelona. Este trazado tendrá fuertes consecuencias urbanísticas y definirá el espacio urbano hasta que se cubra en 1960.

64. Planos de la Exposición Aragonesa de 1868

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65. Plano parcelario de Zaragoza, por Dionisio Casañal en 1880.

llissement, con el objetivo único de dotar a la vía de una unidad espacial, sin entrar a resolver los problemas adyacentes –como era el caso de la Huerta de Santa Engracia, que continuó sin ser urbanizada. Sin embargo, sí se puso hincapié en estos últimos años del siglo XIX en los proyectos de reforma interior, como fue la importante apertura de la calle Alfonso I, que conectaba el Coso con la basílica del Pilar. Esta actuación, descrita de este modo por el propio Yarza, “se justifica por la necesidad de trazar una nueva comunicación espaciosa, recta y cómoda hacia el interior de la población, una calle regular que conduzca directamente a la espaciosa plaza de Nuestra Señora del Pilar y al templo que le da nombre, concurrido en todas las épocas del año y visitado diaria y constantemente” 44, por lo que la voluntad de la apertura de dicha vía estaba fundamentada a medio camino entre una necesidad higienista –pues el caserío estaba especialmente defectuoso– y una visión religioso-turística. En cualquier caso, la vía consigue un alto grado de unidad tipológica y formal, mediante su vinculación a un rígido reglamento de la edificación que interpreta fielmente las exigencias del mercado: bajos + entreplanta + 3 (comer­ cial + residencial + residencial), con la consiguiente estratificación jerarquizada por rentas. A finales de siglo, en 1895, y con el objetivo de mejorar la travesía de la carretera Madrid-Francia que pasaba por Zaragoza, se procede a la construcción del Puente de

44 A.M.Z., Policía Urbana, Expedientes 837/1858 y 315/1859.

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66. Aspecto de Alfonso I poco después de su ejecución. 67. Primeras parcelaciones y urbanizaciones en el Paseo de la Independencia.


Nuestra Señora del Pilar, situado río abajo del de piedra, en la posición del anterior Puente de Tablas. Su ubicación era la adecuada como parte estructurante de una carre­ tera entendida a escala interurbana, pero sin embargo no atendía a la conexión urbana de la ciudad, situada a ambas márgenes del Ebro por lo que, unido a la falta de urbanización de los terrenos que componían el Arrabal, el problema de la conexión entre ambas márgenes quedó sin resolver. Este hecho puntual no hizo sino agravar la situación de aislamiento de la ribera izquierda del Ebro, y fue el condicionante para la tardía evolución urbanística de todo este sector.

Es de este modo como la ciudad de Zaragoza terminará el siglo XIX; inmersa en un proceso de cambio ya imparable y habiendo duplicado en escasos cincuenta años su población (con cerca de 100.000 habitantes en 1900), afrontará pronto reformas estructurales de gran importancia que irán dando la forma de la ciudad que hoy conocemos.

68. Panorama desde la Torre del Pilar, fotografía de principios del siglo XX

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ZARAGOZA EN EL SIGLO XX

69. Diagrama comparativo de la población de Zaragoza desde sus orígenes hasta el día de hoy. En el eje de abscisas los años; en el de ordenadas el número de habitantes.

La ciudad de Zaragoza comienza el siglo XX inmersa en una situación relativamente favorable. La burguesía controla prácticamente la totalidad de la actividad industrial y la ciudad acoge constantemente a campesinos del medio rural. El volumen de migraciones hacia las colonias españolas en el extranjero se invierte con la I Guerra Mundial, de manera que comienza a registrarse un gran proceso migratorio a escala nacional desde los núcleos de menor entidad hacia los principales, como Madrid, Barcelona o el País Vasco. Zaragoza, una ciudad de un tamaño medio, acogerá también a un gran número de campesinos procedentes de las proximidades y experimentará durante todo el siglo un crecimiento elevado, que aumentará significativamente en las décadas de los años 60 y 70. La ciudad, cuya población se había mantenido más o menos constante durante los dieciocho primeros siglos de su historia, crece en los últimos 200 años de un modo espectacular; siendo, no obstante, este proceso similar al de un gran número de ciudades españolas. Esta compresión social hace que la estructura urbana existente a principios de siglo sea incapaz de contener el extenso volumen de nuevos habitantes y que la ciudad crezca

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de un modo desordenado. La forma de asentarse de los nuevos ciudadanos y su posición con respecto al conjunto irán definiendo las nuevas relaciones urbanas, mientras que la demanda creciente de residencia –fruto del aumento demográfico– hará que las administraciones públicas deban tomar parte en el asunto, regulando las situaciones anómalas. Durante la primera mitad de siglo, el país sufre un gran déficit de viviendas debido a la gran demanda por parte de los colectivos de trabajadores que se instalan en las ciudades. Será un problema constante que se tratará de ajustar mediante las correspondientes leyes a escala nacional, en un primer momento dirigidas a la creación de casas baratas o de grandes volúmenes de viviendas de renta reducida. El contexto que se vive de inestabilidad política –dictadura militar de Primo de Rivera en 1923, instauración de la II República en 1931, Guerra Civil desde 1936 y la siguiente dictadura franquista desde 1939– no reduce, no obstante, el déficit de vivienda, por lo que seguirán promulgándose nuevas leyes con el objetivo de paliar dicha situación independientemente del gobierno que se encuentre en el poder.


70. Diagrama detallado del crecimiento demogrĂĄfico de la ciudad en el Ăşltimo siglo. Leyes dentro del marco urbanĂ­stico que fueron significativas en este contexto.

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La situación de Zaragoza, pese a ser una de las ciudades que no sufrió especialmente por pertenecer al bando de los sublevados, empeoró significativamente en los años del aislamiento internacional por la no adhesión de España a las Potencias del Eje en la II Guerra Mundial y por el fracaso de la Autarquía como sistema económico. Dicha situación de recesión se invirtió, no obstante, a partir de 1959 con el Plan de Estabilización, a través del cual se aumentó considerablemente la competitividad de la economía española y se fomentó la entrada de capital extranjero, aprovechando la coyuntura internacional favorable. Es así como la economía española crece considera­ blemente en la década de 1960 y, pese a las desigualdades sociales creadas en el intento de repuntar la economía –como los Planes de Desarrollo de 1963–, la población comienza a crecer en Zaragoza a un ritmo desmesurado fruto del paso a una economía de carácter cada vez más industrial. A este respecto, la fuerte expansión urbanística que se hubo de llevar a cabo durante estas décadas no se hizo de un modo especialmente ordenado, y las leyes que fueron aprobándose más que ordenar justamente el suelo fomentaron en cierto modo la especulación45. Tras la muerte de Franco y la posterior instauración de la Monarquía Parlamentaria en 1978 comienza en España un período de modernización de la sociedad y de la economía. Una mayor libertad política y social ha llevado en estos casi 35 años de democracia a una alternancia de gobiernos de diferentes ideologías, que han ido modificando en mayor o menor medida las diversas leyes urbanísticas y de gestión del suelo existentes. Dichas reformas se han fundamentado hasta bien entrado el siglo XXI en los puntos más conflictivos de dichas leyes, pero

no han conseguido con ello evitar que los cambios en la propiedad del suelo fruto de futuras acciones urbanísticas provocaran excesivas plusvalías, lo que ha conllevado –si bien es esta explicación ciertamente simplificada– a la situación en la que hoy día nos encontramos46. Una vez hecho este sucinto resumen de las condiciones sociales, económicas y políticas que más tuvieron que ver con el desarrollo de Zaragoza en este último siglo, creo conveniente hablar de las múltiples y diversas actuaciones urbanísticas que se fueron llevando a cabo en la ciudad –con el anterior marco legal como referencia–, siendo, en esencia, las responsables de la concreta evolución espacial de la ciudad. Zaragoza comienza el siglo XX inmersa en unos cambios profundos a nivel general. La imagen de la ciudad que hoy observamos es, en esencia, el resultado de la suma de dos tipos de actuaciones diferentes: las que reforman o alteran la ciudad existente –reformas del casco histórico– y las que planifican o registran un crecimiento extensivo fuera de la misma –ensanches en un primer momento y planes de ordenación después–.

45 Real Decreto Legislativo 2/2008, de 20 de junio, por el que se

por imperativo constitucional. Se llegaba así a la paradoja de pretender

aprueba el Texto Refundido de la Ley de Suelo. “El Titulo III aborda los

que el valor real no consistía en tasar la realidad, sino también las

criterios de valoración del suelo y las construcciones y edificaciones, a

meras expectativas generadas por la acción de los poderes públicos. Y

efectos reparcelatorios, expropiatorios y de responsabilidad patrimonial

aun en las ocasiones en que con los criterios mencionados se pretendía

de las Administraciones Públicas. Desde la Ley de 1956, la legislación

contener los justiprecios, se contribuyó más bien a todo lo contrario

del suelo ha establecido ininterrumpidamente un régimen de valora-

y, lo que es más importante, a enterrar el viejo principio de justicia y

ciones especial que desplaza la aplicación de los criterios generales de la

de sentido común contenido en el artículo 36 de la vieja pero todavía

Ley de Expropiación Forzosa. Lo ha hecho recurriendo a criterios que

vigente Ley de Expropiación Forzosa: que las tasaciones expropiatorias

han tenido sin excepción un denominador común: el de valorar el sue-

no han de tener en cuenta las plusvalías que sean consecuencia directa

lo a partir de cuál fuera su clasificación y categorización urbanísticas,

del plano o proyecto de obras que dan lugar a la expropiación ni las

esto es, partiendo de cuál fuera su destino y no su situación real. Unas

previsibles para el futuro.” en http://noticias.juridicas.com/base_datos/

veces se ha pretendido con ello aproximar las valoraciones al mercado,

Admin/rdleg2-2008.html

presumiendo que en el mercado del suelo no se producen fallos ni ten-

46 Resumen de la Ley del Suelo de 2007, en http://www.notariosyregis-

siones especulativas, contra las que los poderes públicos deben luchar

tradores.com/doctrina/resumenes/suelo.htm

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REFORMAS DEL CASCO HISTÓRICO Cuando José de Yarza en 1861 realizó el primer Plan General de Reforma Interior y procedió a la apertura de la calle Alfonso I sentó a su vez los precedentes en la política de actuaciones de reforma urbana en Zaragoza. Los posteriores arquitectos municipales vieron en este tipo de actuaciones la ocasión de revitalizar y modernizar el antiguo casco histórico de la ciudad. La aparición del auto­ móvil en la sociedad a principios del siglo XX suponía además la modificación en muchos casos del trazado de ciertas vías para adaptarlas a las nuevas necesidades, por lo que se llevaron a cabo los proyectos de alineación y ensanche de las calles Mayor y San Jorge a principios de siglo. El proyecto de Yarza incluía también tres proyectos que no habían sido llevados a cabo y que se replantearían constantemente a lo largo de los años. El primero fue la apertura de la calle del Portillo (actual Conde de Aranda), de gran utilidad para conectar una arteria principal de la ciudad como era el Coso, con la estación de Ferrocarril Madrid-Zaragoza-Alicante (MZA). Los otros dos proyectos buscaban establecer unas conexiones transversales – al modo de Alfonso I – que cruzaran la totalidad del casco histórico de Norte a Sur, conectando el Coso con el Ebro. Estos dos proyectos eran la prolongación de la calle de la Yedra (hoy San Vicente de Paúl) y la prolongación del Paseo de la Independencia hacia el Norte, este último ciertamente polémico y que sería recurrente en los posteriores Planes. En octubre de 1939, pocos meses después del desenlace de la Guerra Civil, se redacta el segundo Plan de Reforma Interior de la ciudad de Zaragoza. Este Plan, firmado por los arquitectos José Beltrán y Regino Borobio, marca un antes y un después en la historia del urbanismo para Zaragoza, pues se presenta como un Plan bien trabajado y con estudios ciertamente detallados de la realidad en la que se disponían a trabajar. Los Planes Parciales que se habían ido llevando a cabo desde 1861 para resolver pequeños emplazamientos no abarcaban el problema de la ciudad en su conjunto, y es por esto por lo que se plantea la reforma global del casco histórico. Para los

71. Calles Mayor y San Jorge.

72. Calle del Portillo.

73. Calle de la Yedra y prolongación del Paseo de la Independencia.

74. Estudio de Tráfico, estado actual (1939) de Borobio y Beltrán. Se puede observar cómo las vías modernas son capaces de absorber mayor cantidad de tráfico que las antiguas, lo que justificará nuevas aperturas.

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arquitectos Borobio y Beltrán, el tráfico, la salubridad y la estética eran los tres problemas principales de la ciudad histórica. Para conseguir estos objetivos, llevaron a cabo un proyecto en el que procedían a la apertura de numerosas vías y plazas en la trama urbana existente así como la corrección de muchas alineaciones de sus calles. Con la suma de estas actuaciones se conseguían sobradamente sus objetivos, sin plantearse quizás a qué precio, pues el grado de destrucción de la trama urbana histórica fue elevado. 75. Nuevas alineaciones propuestas en el Plan.

Se recupera de nuevo la prolongación y ensanche de la calle de la Yedra que, dado los problemas que conllevaron las expropiaciones, fue un proyecto que se dilató en el tiempo. El Barrio del Sepulcro, adyacente al final norte de la calle de la Yedra, se ordena y sanea, pues este barrio era de los que poseían edificaciones más antiguas, vinculadas al Convento del Santo Sepulcro, ya en pie desde el siglo XIII. Con la unión de las plazas del Pilar y la Seo se busca un espacio monumental y representativo, en el que se aúnen las exaltaciones religiosas al templo de Nuestra Señora del Pilar, los palacios oficiales del Ayuntamiento, y los desfiles patrióticos del nuevo Régimen. La prolongación del Paseo de la Independencia continuó siendo una aspiración por parte de los técnicos municipales durante décadas, y volvería a proponerse en el Plan de 1943, pero nunca llegaría a prosperar. El barrio de San Pablo, anteriormente llamado ‘La población del rey’, era por entonces el sector más densamente poblado de la ciudad y sus condiciones higiénicas eran desastrosas. Se propone la apertura de tres plazas y el ensanchamiento y la ordenación de numerosas calles, llevándose finalmente a cabo tan sólo el ensanche de la Calle de San Blas y la de Santa Inés. Nace otra vía estructurante paralela al Paseo de la Independencia uniendo la Puerta del Carmen con el Coso y llegando hasta el Ebro. Esta llamada Avenida Imperial (hoy día Avenida César Augusto) mejoró la fluidez de las comunicaciones en el Coso e impulsó la creación del Puente de Santiago en la década de los 60, que enriquecerá la conexión entre ambas riberas. En estas acciones se acabará derribando la manzana intermedia que existía en el Coso, no así el nuevo Mercado. Las reformas de la Plaza de la Magdalena y la Plaza de San Felipe

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76. Calle de la Yedra y el barrio del Sepulcro.

77. Plazas del Pilar y la Seo y prolongación de la Independencia.

78. Reforma del barrio de San Pablo.


fueron dirigidas también a facilitar el tráfico rodado dentro de la ciudad y también llevaron aparejadas numerosas obras de derribo de los edificios colindantes. Para completar estas acciones de apertura y creación de vacíos en la trama existente se promovió la ordenación y la edificación de ciertos entornos que, por haber sido propiedad de congregaciones religiosas, habían llegado a la mitad del siglo XX sin urbanizar. Propone, pues, la urbanización de las huertas de los conventos de Santa Inés, Fecetas y Santa Lucía, del sector de la Encarnación y Hospicio, así como de los terrenos comprendidos entre el crecimiento este de la ciudad y el río Huerva, como intento de enlazar el casco antiguo con el ensanche este de la ciudad. A partir de entonces se irían sucediendo diversos Planes de ordenación que, en sus planteamientos de extensión­ urbana y de crecimiento en los barrios periféricos, in­ cluirían de algún modo las actuaciones de reforma inte­ rior que hubieran quedado por hacer de Planes anterio­ res. De este modo, en el Plan General de Ordenación

79. Apertura de la Avenida Imperial.

80. Aperturas de plazas y urbanización de los antiguos terrenos de las huertas y conventos.

81. Compendio de todas las propuestas de reforma, alineación o apertura de nuevas vías del último siglo. En blanco, las que se llevaron a cabo.

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Urbana de 1957 de José de Yarza, no se llevó a cabo la tan ansiada prolongación del Paseo de la Independencia hacia el norte; la polémica quedó finalmente zanjada con el Plan General de Ordenación Urbana elaborado por Emilio Larrodera en 1968 en el que se invierte la tendencia de excesivo proteccionismo al automóvil y se empieza a apostar por un casco histórico peatonal. En la década de los 70 se llevan a cabo diversos Planes Parciales y Especiales de Reforma de zonas concretas del casco histórico, todos ellos buscando la reducción del tráfico rodado y la reserva de un mayor espacio para uso peatonal. Sin embargo, y pese a los intentos de ‘(…) la protección especial del antiguo núcleo urbano de forma global y uniforme, deteniendo el deterioro físico, inmobiliario y urbano del mismo, al igual que su degradación funcional y social’ 47 registrados en el Plan Especial del Centro Histórico de Zaragoza de 1981 y en el Plan de Actuaciones para el Casco Histórico de 1988, la situación del casco histórico fue empeorando continuamente. El proceso de abandono que han ido sufriendo los cascos históricos de nuestras ciudades en las últimas décadas –ya sea por causas generacionales, o porque el altísimo precio del suelo impide el asentamiento de grandes sectores de la sociedad– es el principal responsable de su deterioro por no contar con una masa crítica que fije las necesidades reales del sector y defienda la ciudad histórica existente frente a las acciones especulativas. En este sentido se redactó en 1997 el Plan Integral para la recuperación del Casco Histórico de Zaragoza (para el período 1997-2004) cuyo objetivo principal fue ‘(…) mejorar la calidad de vida de los residentes creando las condiciones sociales y urbanísticas que atraigan la iniciativa privada’ 48. Como estrategias para alcanzar dichos objetivos, la actuación planteó las siguientes tareas:

– Adquisición de suelo para equipamientos, espacios libres y viviendas. – Adquisición de edificios para su rehabilitación pública, con destino a equipamientos y vivienda. – Promoción pública de vivienda, fundamentalmente basada en la rehabilitación. – Mantener y rehabilitar el patrimonio histórico y arquitectónico. – Mejora de equipamientos. – Renovación de infraestructuras. – Incrementar los espacios libres y de relación. – Mejorar la accesibilidad en el Casco Histórico. – Aumentar el espacio peatonal. Al fin de la vigencia de dicho Plan se redactó la Renova­ ción del Plan Integral del Casco Histórico de Zaragoza 2005-2012 que diagnostica la eficacia del plan anterior y propone la revisión y la reconducción del mismo. Según el propio Plan, ‘De acuerdo con lo analizado, las principales causas de que sus objetivos no se hayan conseguido en todo lo esperado y de la subsistencia de algunas de sus carencias, se deben en parte a la evolución sociodemográfica de su población (inmigración), la especulación y falta de implicación de la iniciativa privada, la falta de aplica­ ción de la normativa vigente respecto a mantenimiento y conservación de los edificios de interés y a la edificación de solares, y sobre todo, en lo que a la eficacia del PICH se refiere, a la falta de una adecuada dirección en la gestión y coordinación de las diferentes políticas sectoriales, de los actores y de los gestores administrativos’ 49.

47 Plan Especial del Centro Histórico de Zaragoza. Información

(1997-2004), resumen revisado por Álvaro Sevilla Buitrago. Ayunta­

para participación pública en el avance. Editorial Heraldo de Aragón.

miento de Zaragoza

Zaragoza, octubre de 1981.

49 Renovación del Plan Integral del Casco Histórico de Zaragoza

48 Plan Integral para la recuperación del Casco Histórico de Zaragoza

2005-2012. Diagnóstico de la situación. Ayuntamiento de Zaragoza

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La ciudad histórica como la conocemos hoy es, quizás, la parte más compleja de Zaragoza. En esencia sigue siendo la primitiva ciudad amurallada romana, sigue teniendo los elementos primarios que fueron dando forma al tejido a su alrededor, sus polos de atracción, su tejido residencial caótico –herencia de la época musulmana y medieval– y también sus experimentos urbanísticos con vocación ordenadora e higienista de los dos últimos siglos. La ciudad es todo ello; tanto los proyectos que se llevaron a cabo como los que se quedaron en el camino y tanto los aciertos como los errores. Considero que todos estos acontecimientos, todos los cambios que se fueron dando en el mismo punto geográfico, son capas de información latentes y forman también parte de la historia de Zaragoza. Cada ciudadano forma parte del sistema que le acoge y, quizás sin saberlo, él aporta a su vez nuevas capas de información, nuevas relaciones. Éstas van cambiando con los años, con los siglos, y quizás muchas de ellas no sean hoy día visibles en una representación planimétrica, pero lo que sin duda es cierto es que están presentes y son una parte indispensable de la forma de la ciudad. 82. Ciudad histórica en el día de hoy.

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ENSANCHES Y PLANES DE ORDENACIÓN

El crecimiento demográfico que sufrió la ciudad de Zaragoza en la segunda mitad del siglo XIX fue el determinante de su posición urbana en el paso al siglo XX. En estos últimos 50 años, la ciudad duplicó su población llegando en el año 1900 a dar cobijo a casi 100.000 habi­ tantes. Esta situación, causada en el marco social por unos fuertes movimientos migratorios producidos desde el campo, se basó urbanísticamente en sus orígenes en asentamientos dispersos por la periferia, pues la ciudad tradicional no era capaz de asumir estos crecimientos. La creación en 1895 del servicio de tranvías posibilitó de un modo claro dicha dispersión, pues se trataba de un servicio público que conectaba la Plaza de la Constitución con puntos lejanos del extrarradio, recogiendo así a la población asentada a lo largo de las carreteras de Castellón, Torrero, Madrid o Barcelona. Esta descentralización sería la tónica a lo largo del siglo XX; del mismo modo en que el ferrocarril fue en el siglo pasado el principal estructurador –o, al menos, definidor– de unas jerarquías espaciales y urbanas, durante el siglo XX será en primer lugar el tranvía y después el automóvil los que definirán tanto la forma de asentamiento como su posición con respecto a la ciudad existente. En este contexto la sociedad de la época era consciente de que tenía que regularse el crecimiento de la ciudad y dicha preocupación fue patente en periódicos, así como tema central en las campañas electorales. De este modo se llevaron a cabo diversas propuestas de Anteproyecto de Ensanche en 1906, siendo la de los arquitectos municipales Dionisio Casañal y Ricardo Magdalena quizás la más acertada. Pese a no ser aprobada definitivamente, la propuesta en sí ya definía los patrones de crecimiento que por entonces se barajaban; principalmente, el crecimiento hacia el sur asentado en dos vías principales: el existente Paseo de Sagasta y la futura Gran Vía, que requerirá el cubrimiento parcial del río Huerva para su ejecución. Estas propuestas, a pesar de estar correctamente definidas y a ser especialmente necesarias, no se ejecutarán hasta la década de los años 20.

85. Anteproyecto de ensanche, 1906. 86. Anteproyecto de ensanche, por Burbano, 1906.

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83. Plano de Zaragoza, Dionisio Casañal, 1899. En rojo las líneas de tranvía y la urbanización de la huerta de Santa Engracia. 84. Anteproyecto de ensanche, Casañal y Magdalena, 1906.


Desde la urbanización del Paseo de la Independencia 30 años atrás se buscaba la ocasión de urbanizar a su vez unos terrenos que estaban especialmente cerca de la ciudad tradicional pero que todavía no se habían valorado: los terrenos de la Huerta de Santa Engracia. Ya en 1900 se realizó un primer estudio de Ordenación urbanística de la Huerta de Santa Engracia, que fijaba a grandes rasgos la posición de las futuras manzanas y organizaba el encuen­ tro entre las nuevas edificaciones y las traseras de las viviendas que ya daban al Paseo de la Independencia y al Coso. Es de destacar la propuesta de una gran plaza en el centro de la ordenación, a modo de los pulmones-square londinenses, que ordena el conjunto y se define como el centro indiscutible de la zona. En 1908 se celebra en Zaragoza, en los terrenos de la Huerta de Santa Engracia, la Exposición Hispano-France­ sa como recordatorio del centenario de los Sitios. En ella participaron un gran número de empresas tanto españolas como francesas y el objetivo principal era demostrar el empuje cultural y económico de la ciudad y de Aragón, a la vez que reconducir las relaciones con los vecinos franceses. El escenario de dicha exposición fue en torno a la plaza central de la Huerta de Santa Engracia –la Plaza de los Sitios– y fue el incentivo indispensable para la esperada activación del proyecto de reordenación de dichos terrenos. Todos los edificios tenían un carácter efímero y desaparecieron después de la Exposición salvo dos: el Palacio de Museos –actual Museo Provincial de Zaragoza– y la Escuela Superior de Comercio, Arte e Industrias –actual Escuela de Artes y Oficios–. La Exposición se encargaría de revitalizar la importancia urbanística del sector, generando el Ayuntamiento la situación propicia para la inversión privada mediante la creación de un parque de cierta entidad y de dos equipamientos públicos de escala urbana, el cual se iría construyendo con el paso de los años hasta su colmatación, en la década de 1940.

87. Ordenación urbanística de la huerta de Santa Engracia, 1900.

88. Plano de Zaragoza, por Dionisio Casañal, 1908. Pueden observarse (en rojo) los dos edificios civiles que impulsarían la urbanización.

89 90 91 Avenida central y plaza central de la Exposición HispanoFrancesa de 1908. A la derecha, vista del Paseo de la Independencia.

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Pese al continuo crecimiento demográfico de las dos primeras décadas (100.000 habitantes en 1900 y 140.000 en 1920) y el terreno legal fértil que posibilitaba la pro­ mulgación de la Ley de Casas Baratas en 1911, el Ayuntamiento no tomó ninguna decisión al respecto en estos primeros años por lo que fue la iniciativa privada la que, mediante asociaciones y cooperativas, llevó a cabo algún proyecto aislado de construcción de viviendas de renta reducida. Ya en el año 1924 el Ayuntamiento le encargó a su Arquitecto Municipal Miguel Ángel Navarro el Proyecto de zona de ensanche, que proponía una extensión de la ciudad hacia el sur, vertebrándola en función de una avenida, la Gran Vía, que conduciría hasta una

92. Plano general de Urbanización, SZUC, 1928. El eje principal (vertical, en la foto) representa el segundo tramo de la Gran Vía, que desemboca en el Parque de Buenavista.

93 94 95 Fotografías aéreas realizadas hacia 1932, donde puede observarse el cubrimiento del río en el primer tramo de la Gran Vía, el paso de la línea de ferrocarril MZA y la urbanización del segundo tramo. 96. Vuelo fotogramétrico llevado a cabo por la Confederación Hidrográfica del Ebro, en 1927.

gran zona verde, el Parque de Buenavista –hoy Parque Primo de Rivera–. El proyecto se adjudicó primeramente a la empresa Rapid Cem Fer, que quebró y se retomaría en 1928 a cargo de la Sociedad Zaragozana de Urbanización y Cons­trucción (SZUC), una sociedad mixta entre un banco y el Ayuntamiento, que ampliaría el proyecto previendo la construcción de diez mil viviendas en el entorno de la línea ferroviaria MZA. Dicho proyecto (redactado por Secundino Zuazo, M.A. Navarro y J.M. Ribas) reflejado en el Plano General de

Urbanización de la zona de Ensanche de Zaragoza se ocupa en primer lugar de las condiciones de articulación espacial y funcional del ensanche con la ciudad existente, sin por ello reducir su composición a una simple prolongación de ésta. El significado estructural y formal de este trazado se corresponde con una rigurosa zonificación tipológica en la que las nuevas tipologías propuestas (edificación abierta, bloques aislados…) se disponen adecuándose a la distribución de las rentas del suelo50.

50 “Vemos, pues, que es una labor orgánica y acertada que impide la

dición económica diferente, lo que constituye un ideal en lo que afecta

separación de viviendas por clases sociales aisladas las unas de las otras

al problema social de la vivienda.” extracto del Real Decreto del 2 de

y que procura, en cambio, una convivencia entre personas de con-

marzo de 1928, en el que se aprueba el proyecto.

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La redefinición geométrica de la Gran Vía propuesta en 1906 en el primer Anteproyecto de ensanche hace que las obras de urbanización comiencen en 1924 con el cubri­ miento parcial del Huerva y vayan concretándose con el paso de los años bajo los sucesivos Planes Gene­rales de Ordenación. Con la publicación del Plano Gene­ ral de Ensanche de la ciudad en 1933 por M.A. Navarro se produce una escisión entre las dos escalas del planeamiento. Mientras que el proyecto liderado por Zuazo puede establecer un cierto control formal sobre una parte de la ciudad, Nava­ rro procederá a redactar un plan que permita sistematizar el creci­ miento urbano relacionando las distintas áreas urbanas. Es decir, un Plan en el que la organización de la red viaria responda a la necesidad de ordenar el tráfico, convirtiéndose a un tiempo en un elemento fundamental de la política de suelo. El modelo urbanístico resultante continuará asignando al planeamiento su función tradicional de extensión del mercado del suelo urbano, dando lugar a la conversión de un modelo mixto basado en la promoción de agrupa­ ciones de viviendas como forma de extensión urbana en otro suficientemente controlado por un proyecto de ensanche51. El Plan lo conforman dos barrios principales: Miralbueno (en rojo, en el plano) hacia el oeste, se extendía 141 ha y tenía una capacidad para 28.000 habitantes; y Miraflores (en azul) hacia el sureste, de 88 ha y con capacidad para 17.000 habitantes. Dadas sus grandes dimensiones y para poder hacer frente a su financiación, se subdividieron ambos barrios en sectores según los criterios modernos del urbanismo, de especialización en zonas caracterizadas por distintos trazados de vías, forma y extensión de sus manzanas. En los 5 años que duró el gobierno de la República se constató una intensa vida cultural y social. De entre los

diversos proyectos de pavimentación y adecuación de los nuevos barrios de la ciudad, el Ayuntamiento y el Ministerio de Instrucción Pública negociaron la construcción de la Ciudad Universitaria de Aragón. La Universidad cedió la propiedad de los antiguos edificios históricos que tenía repartidos por la ciudad y recibió a cambio, dentro de la zonificación que establecía el Plan, unas 15 ha dentro de la Zona de Casas Baratas. Su posición, conectada directamente con la Plaza de San Francisco –centro principal de la Gran Vía– era una posición privilegiada y definía el límite sur de la ciudad, dejando los terrenos intermedios entre ésta y la ciudad, vacantes, fomentando de este modo la revalorización de dichos terrenos. En palabras de aquella época, ‘es una buena oportunidad para que la universidad contribuya a hacer ciudad de una forma integrada, armónica y ordenada, y la situación propuesta es óptima para ello’ 52. La historia de la construcción de la Ciudad Universitaria de Aragón (CUA) es similar a la de otras ciudades univer­ sitarias españolas, como es el caso de la de Madrid, que estuvo estrechamente ligada a la evolución política y sufrió una serie de altibajos en el periodo de cambio de

51 Reflexiones extraídas de la conferencia dada por Francisco Javier

Urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982.

Monclús en torno al tema ‘La vivienda obrera en el crecimiento urbano

52 VV.AA., La universidad de Zaragoza, p.108

97. Plano general de ensanche. Límites y zonas, por Navarro, 1933

de Zaragoza. Las casas baratas’, incluida en el libro Evolución Histórico-

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Régimen. Sin embargo, una vez terminada la guerra, los franquistas se hicieron dueños del proyecto universitario y su continuidad quedó asegurada dada la presión y la demanda social que existía en la época. En estos años, el excesivo afluente de población provocaba serios problemas de desempleo. El Ayuntamiento llevará a cabo una política de contratación masiva para reducir las tasas de paro –enormes entre 1933 y 1935–, empleando a los obreros en la construcción de obras públicas. Este procedimiento sería utilizado en multitud de ocasiones como en la construcción de la Exposición Hispano-Francesa en 1908, la construcción de la CUA en el año 1935, e incluso posteriormente en la década de los 60 con el soterramiento de las vías de tren de MZA. Sin embargo, al tratarse de soluciones parciales en función de la situación, no llegarían a satisfacer la constante deman­ da habitual de trabajo. Como ya señalé anteriormente, el Plan de Reforma Inte­rior del Casco Histórico y el Plan de reforma del Ensanche de Miraflores, ambos de 1939 y a cargo de los arquitectos Borobio y Beltrán supuso un punto de inflexión dentro de la metodología del urbanismo y de la planificación en Zaragoza. A principios del año 1938, el equipo de arquitectos municipales desarrolla un plano representativo del estado actual de la ciudad. En él puede observarse la evolución de las políticas de ordenación del Plan anterior: el barrio de las Delicias aparece como un sector ya compactado, al igual que la Huerta de Santa Engracia, donde ya se han completado las edificaciones residenciales alrededor de la plaza. No se observan, sin embargo, grandes movimientos en la zona circundante a la Gran Vía, salvo algún grupo de casas de la Ciudad Jardín cercana al río. En esta situación, tras haber estudiado el estado actual del tráfico en la ciudad existente, se elabora un plano de la Red arterial de Tráfico en el que, a grandes rasgos, se propone la revisión de ciertas zonas de ensanche ante­ riormente aprobadas así como la ejecución de nuevas vías arteriales para el correcto funcionamiento de la ciudad. Estas propuestas marcaban las directrices para el desarrollo viario que más adelante se recogerían en los

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98. Plano de Zaragoza, por Borobio y Beltrán, 1938. Está definida la urbanización de la Gran Vía y aparecen dos edificios de la Universidad.

99. Red arterial y de tráfico, por Borobio y Beltrán, 1938.

sucesivos Planes de Ordenación, buscando un desarrollo circular mediante la creación de cinturones que descongestionaran el tráfico en su interior. Los estudios encargados por parte del Ayuntamiento cristalizaron en 1943 con el Anteproyecto de ordenación general escrito por Yarza, Borobio y Beltrán que, tras unos pequeños cambios y la adaptación a la nueva Ley


del Suelo de 1956 acabó convirtiéndose en el primer Plan General de Ordenación de Zaragoza de 1957. El Anteproyecto constituye el primer intento en la historia de Zaragoza de ordenación de la ciudad completa. Entre sus objetivos se encontraban el ordenar la ciudad y su futuro desarrollo, así como –siguiendo palabras del Plan– ‘contener el desenfreno especulativo actual, que ha dado origen al caos existente en algunos sectores de ensanche de la población debido a la falta de una idea general que encauce las iniciativas públicas y privadas para el aprovechamiento del suelo, estableciendo límites a las diferentes actividades y marcando los principios de colaboración y armonía de todos los sectores que intervienen en la orde­ nación y expansión de la ciudad’. Sin embargo en dicho Plan no aparecen medidas de este tipo sino que será un mero planeamiento físico, aunque defina por primera vez una estructura físico-espacial de la ciudad completa (vías rodadas, ferrocarriles, parques, zonas industriales, etc). Subyace también en el Plan la idea de que la forma de contener el ‘desenfreno especulativo’ es ordenando mucho suelo, planteamiento que hoy día sabemos que es superfi­ cial y falso. Como concepto, el Anteproyecto se define como un Plan de Ensanche que abarca la ciudad completa y la trata como un conjunto acabado en sí mismo. El centro es la ciudad romana y medieval y desde ella salen vías radiales que conectan con un sistema de vías mayor, de esquema radiocéntrico. Se procede a su vez a una fuerte zonificación de usos (zonas verdes, deportivas, ferroviaria, comercial y residencial) y donde la edificación residencial se subdivide en aislada, abierta o cerrada y en extensiva e intensiva a su vez.

100. Anteproyecto de ordenación general, por Yarza, Borobio y Beltrán.

En el Plan se valora también la construcción de tres puentes más sobre el Ebro, fortaleciendo de este modo la futura unión entre las dos riberas del río. Sin embargo, la existencia de un cierto número de vías estructurantes que ya posibilitaban la entrada y salida de la ciudad hizo que la propuesta de una organización viaria a escala macro se diluyera, y no se reforzaría dicha unión hasta los años 70. Pese a todo, el Ayuntamiento construyó una pasarela metálica pensada para uso peatonal en la prolongación de la Avenida Imperial. Cuando el tráfico rodado entre las dos orillas se intensificó, sólo existían los dos puentes tradicionales para soportarlo –el Puente de Piedra y el Puente de Nuestra Señora del Pilar, aguas abajo–, de modo que pronto se valoraría la sustitución de la pasarela metálica por un nuevo puente para coches. En la década de los 50 se registró un gran aumento demográfico pasando de unos 260.000 habitantes en 1950 a 326.000 en 1960, agudizando de un modo extremo la demanda total de vivienda. Se calcula que el déficit total fue de 1.500.000 de unidades en toda España, lo que obligará a una nueva política de vivienda que dará lugar a la aparición de grandes barrios obreros y núcleos poblacionales que nacen ya descentralizados. Aprovechando este déficit de vivienda y el escaso control por parte de los Ayuntamientos comenzará a registrarse una mayor iniciativa privada y la creación de las grandes inmobiliarias. La escasa planificación del suelo hizo que nacieran zonas

101. Pasarela metálica sobre el Ebro, en construccón. Años 40.

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habitadas con una gran densidad y desprovistas de los servicios públicos básicos, con un resultado de muy baja calidad de vida. Se construyen y colmatan en estos años sectores como Las Fuentes o Miraflores, víctimas de una fiebre especulativa de viviendas de baja calidad y poco coste material. El Plan General de Ordenación Urbana elaborado por Yarza en 1957 supone la continuación de las líneas de crecimiento propuestas en su anterior Anteproyecto. Se refuerza la idea de una ciudad cerrada y compacta, separada del exterior por una gran autopista –y por un radio de 2km de zona agrícola– y configurada en su interior en torno a las vías de tráfico con un trazado radioconcéntrico. Este límite perfectamente definido no contempla sin embargo toda la realidad construida y deja fuera de su planificación a barrios obreros como Oliver –nacido de una parcelación privada en los años 30– y Valde­ fierro –vinculado directamente con el Canal Imperial–, privándoles de un desarrollo urbanístico básico hasta 1980. Se busca con este Plan limitar el crecimiento de la ciudad a un máximo de 500.000 de habitantes, pero no se regula de un modo coherente la construcción en altura, atendiendo tan sólo a unos criterios de construcción intensiva o extensiva en relación a la distancia de la edificación con respecto al casco histórico. Pese a ser elaborado a finales de los años 50 y tener la constancia del crecimiento demográfico que se estaba viviendo, no fue capaz de anticiparse a lo que sería el gran desarrollo de la sociedad española y en concreto de Zaragoza a partir del Plan de Estabilización de 1959. La idea de ciudad cerrada y autosuficiente recuerda a la concepción por parte del franquismo de la Autarquía como sistema económico, por lo que cuando se produzca el aperturismo económico la ciudad no será capaz de absorber las nuevas demandas de residencia. En dicho Plan se propone la construcción de 5 puentes de tráfico rodado más y un sexto destinado exclusivamente a ferrocarril, situado más al este que los demás. El Puen­ te de Santiago se comienza a construir poco después, inaugurándose definitivamente en 1967. También se apuesta por el soterramiento definitivo de las vías de tren

102. Plan general de ordenación urbana de Zaragoza, por Yarza, 1957. 103. Esquema conceptual del Plan. Se suprime el ferrocarril que cruzaba el río y llama la atención el cinturón de 2km de ‘zona de protección’.

de MZA que discurrían por la ciudad, lo que representó para Zaragoza la posibilidad de extenderse más allá de lo que tradicionalmente se había considerado como núcleo urbano de la ciudad, pues el tendido ferroviario no sólo era una brecha topográfica en el espacio urbano de la ciudad, sino –y esto es lo fundamental– un límite socioeconómico, más allá del cual comenzaban a manifestarse síntomas de marginación suburbial53. 53 El ferrocarril y la evolución urbana de Zaragoza, María Carmen Faus Pujol.

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104 105 106 Durante la década de los 60 se llevaron a cabo numerosas construcciones de infraestructuras públicas. Arriba, el puente del ferrocarril sobre el Ebro –reaprovechado para tráfico rodado en 1987–, puente de Santiago en construcción o soterramiento de las vías del tren MZA.

La Ley de Propiedad Horizontal aprobada en 1960 cambia las condiciones que se habían venido usando en cuanto a la compra de viviendas. A partir de este momento, se permite valorar y vender las casas por pisos y no sólo como edificación en su totalidad, lo que provocará un boom para las inmobiliarias y una mayor rentabilidad para los inversores, aumentando aún más la especulación en unos momentos de gran crecimiento. Además, con la declaración en 1964 de Zaragoza como Polo de Desarrollo Industrial se observará un notable crecimiento del sector industrial y una mayor inversión pública, que vendrá acompañada del mayor crecimiento demográfico de la historia de la ciudad, alrededor de un 30%. Zaragoza pasó de tener 326.000 habitantes en 1960 a 480.000 en 1970. Es en este contexto de crecimiento desmesurado y escasa planificación coherente cuando el arquitecto y urbanista Emilio Larrodera redacta el Plan General de Ordenación Urbana de 1968. En este Plan se modifica la tendencia del anterior a concentrar la ciudad y hacerla funcionar con corredores o anillos concéntricos y se pasa a un sistema más abierto, que acoge los crecimientos espontáneos anteriores y los vincula en el Planeamiento. Considera que la solución ha de tener en cuenta dos escalas de intervención y plantea una zonificación también para el término municipal. En él, apuesta por un creci­ miento lineal a lo largo de las carreteras que dan acceso a la ciudad y por potenciar el crecimiento de un nuevo núcleo situado en la margen del Gállego pero vincula­ do estratégicamente con Zaragoza. Destaca también en el Plan el claro intento de desarrollo de la margen

107. Plan general de ordenación urbana, por Larrodera, casco urbano.

108. Plan general de ordenación urbana, por Larrodera, término municipal. 1968.

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izquierda del Ebro, ordenando gran superficie de suelo y enlazándola debidamente a la existente mediante un serio sistema de puentes. El cubrimiento definitivo de las líneas de ferro­carril que cruzaban la ciudad por el sur y la creación de un puente específico para el tren aguas abajo hace innecesaria la antigua vía de conexión MadridZaragoza-Barcelona, que oprimía la Aljafería, el barrio de las Delicias y las primeras edificaciones del barrio de la Almozara. De este modo se elimina dicho enlace, aliviando y ordenando la zona, y el puente pasará a reutilizarse a partir de 1987 para tráfico rodado, completando así el sistema de puentes. Con el desarrollo pensado para la orilla izquierda del Ebro y con el Plan de Larrodera en vigor, se empezaron a llevar a cabo grandes expropiaciones en los terrenos situados al norte y al noroeste del antiguo arrabal de la ciudad. En total, se prevé una capacidad residencial de entre 150.000 y 200.000 habitantes, para una superficie de 665 ha. El despegue de la vivienda en estos terrenos se producirá con el Decreto de creación de las ACTuaciones URbanísticas urgentes (ACTUR) dictado por el Ministe­ rio de la Vivienda en los años 70 y que tuvo como finalidad el disponer de suelo urbanizado a precio razonable para satisfacer la necesidad de viviendas sociales en las grandes concentraciones urbanas. El crecimiento de la ciudad proseguirá por varios frentes y generará un proceso grave de dispersión urbana. Surgirán promociones de vivienda de iniciativa privada, como el caso de Montecanal, en 1974, conectada a las infraestructuras generales por encontrarse entre la auto­ vía de Madrid y la carretera de Valencia. Da respuesta al nuevo modelo de crecimiento urbano constituido por viviendas unifamiliares integradas en el tejido urbano residencial. Este desbordamiento de los límites municipales y el flujo residencial al exterior de la ciudad traerá consigo la consecuente degradación del casco histórico, que los primeros ayuntamientos democráticos intentarán recuperar mediante diversos planes y reformas.

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109. Barrio ACTUR. Imagen actual.

110. Montecanal. Imagen actual.


El Plan General de Ordenación Urbana de 1986 se elaboró teniendo como marco referencial una situación de recesión y estancamiento de la ciudad, si bien su aprobación correspondió ya a un período de recuperación de la actividad económica. Sin embargo, tuvo que ser revisado en 1993, cuando las previsiones de futuro se veían desbordadas por la dinámica de expansión de los años ochenta. Este Plan dotó a Zaragoza de un adecuado nivel de equipamientos y estableció una ordenación periférica acorde a las previsiones. Se procedió a la construcción del Puente de la Unión, que ponía en funcionamiento el ne­ cesario Segundo Cinturón y completaba la comunicación entre las dos riberas moviendo un flujo de tráfico importante; se inauguró en 1989. El mal estado del Puente del Pilar hizo que el Ayuntamiento organizara un concurso para la construcción de un nuevo puente en sus inmediaciones y conservar éste como peatonal. Finalmente, la respuesta fue la construcción de dos puentes, simétricos con respecto al original, de un sólo carril, que agilizaban también la circulación de vehículos y posibilitaba una unión exclusivamente peatonal entre las dos márgenes54. El PGOU redactado en el 86 y revisado en el año 93 es el último cuyo desarrollo se mantuvo íntegramente dentro del siglo XX. Los cambios que se fueron produciendo en los últimos años del siglo impulsaron al Ayuntamiento a la redacción de un nuevo Plan General que sentaría las bases de desarrollo para los próximos años. Este Plan se aprobó inicialmente en 1999 y tendría sucesivas reformas y ampliaciones, responsables más cercanos de la situación en la que hoy se encuentra la ciudad. 111 112 113 Esquemas de tráfico en 1988, 1994 y 1997.

54 Los puentes sobre el río Ebro en Zaragoza. Entre la ciudad perdida y la deseada. Isabel Yeste. Febrero, Abril, Junio 2008

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ZARAGOZA DESDE EL AÑO 2000

114. Estructura Urbanística, Plan General de Ordenación Urbana de Zaragoza de 1999, revisión de 2002.

El Plan General de Ordenación Urbana de 1999 nace con unos objetivos concretos a medio y largo plazo, de modo que las posteriores modificaciones no hacen sino constatar dicho horizonte y confirmar el camino a seguir para conseguir los objetivos propuestos. Observar la ciudad como un ente complejo que tiene vida propia y que ha de ir evolucionando pero que también forma parte de unas relaciones a escala supramunicipal, hizo entender la realidad de Zaragoza más como el centro fundamental de un área metropolitana muy poblada y que, pensada en conjunto, concentraba grandes oportunidades para un desarrollo futuro. Se prevé así la construcción de numero-

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sas infraestructuras, utilizadas como motor de transformación y desarrollo, dentro de un marco territorial más amplio, si bien con especial repercusión dentro de las dinámicas urbanas. El descontrolado urbanismo que se llevó a cabo durante las décadas anteriores se basó principalmente en regular grandes cantidades de suelo con el objetivo claro de realizar un parque inmobiliario residencial capaz de absor­ ber los ingentes movimientos migratorios. Las consecuencias reales que esta clase de planeamiento ha tenido en el desarrollo de la ciudad han sido variadas, si bien podrían resumirse en aislamiento, descontextualización de tejidos,


pérdida de la identidad y del sentido de ciudad, falta de dotaciones públicas, abandono de la ciudad tradicional, etc. Por todo esto, el PGOU afronta de un modo concreto los objetivos a alcanzar con dicho Plan en materia de vivienda: 1. Dotar al Ayuntamiento de instrumentos que le permi­ tan intervenir eficazmente en el mercado del suelo de manera que se pueda ejercer una influencia real en los precios de la vivienda. 2. Fomentar la conservación de la ciudad consolidada y la formación de un parque de viviendas suficientemente va­ riado en sus características (morfológicas, tipológicas…). 3. Evitar que el desarrollo de nuevos suelos residenciales dé lugar a pequeñas islas urbanas, urbanizaciones inco­ne­ xas y sin entidad suficiente como para constituir verdade­ ras entidades ciudadanas55. Sin embargo, y pese a todos los esfuerzos de la Adminis­ tración por redactar dichas directivas de ordenación con los nuevos criterios, surgen en estos años planificaciones de grandes dimensiones con escasas capacidades de hacer ciudad o de evitar convertirse en islas urbanas. Desarro­llos hacia el sur cercanos a Montecanal como Valdespartera (10.000 viviendas en antiguos suelos del Ministerio de Defensa), ArcoSur (21.500 viviendas) o construcciones como Puerto Venecia (83.000 m2, IKEA, Media Markt, Leroy Merlin…) no hacen sino incidir en el crecimiento por polígonos, desvinculados de la ciudad existente y con unas previsiones demográficas un tanto dudosas para la situación actual. En esta última década se puso de nuevo de manifiesto la importancia de la posición de Zaragoza con respecto a la Península Ibérica. Como dije, la cuenca del Ebro ha sido tradicionalmente enlace y motor económico en la historia de España. Desde la Diputación General de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza, cofinanciados por dos cajas de ahorros aragonesas, se apostó por la terciarización de las economías regionales y por la creación de la Plataforma Logística de Zaragoza (PLAZA). Este centro –con más de 13 millones de metros cuadrados– se creó con la voluntad de ser el mayor centro de logística del sur de Europa y ocupa una posición muy importante dentro del panorama económico español. Su posición estratégica responde de una manera inequí­

115. Estructura Urbanística, Plan General de Ordenación Urbana de Zaragoza de 1999, texto refundido de 2007. (Hoja 40)

116. Propuesta de urbanización de Arcosur.

117. Arcosur, en primer plano. Entre ésta y Montecanal, Valdespartera. 118. Puerto Venecia en primer término, bajo el cementerio de Torrero.

55 Urbanismo y vivienda, el Plan General de Ordenación del Ayun­ tamiento de Zaragoza, Carmelo Bosque Palacín, Gerente de Urbanismo, Ayuntamiento de Zaragoza. Diciembre de 2004

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voca a las necesidades de un gran centro de operaciones como este. Desde la Revolución Industrial, que prota­ gonizó el mayor desarrollo económico de España y de Zaragoza a finales del siglo XIX y principios del XX, la posición de las industrias con respecto a la ciudad ha sido, quizás, el tema más importante para su desarrollo. A su vez, dichos asentamientos condicionaron más tarde la posible evolución de la ciudad –de un modo similar a lo que pasó con el tendido del ferrocarril–. Por esto, la protección mediante normativas urbanísticas y clasificaciones del suelo que se fueron llevando a cabo durante la primera y, sobre todo, la segunda mitad del siglo XX sobre los terrenos cercanos a las ciudades impidió significativamente el asentamiento de un gran número de industrias que, por sus necesidades, buscaban terrenos cercanos al ferrocarril y, a su vez, a la ciudad.

119. Arcosur en urbanización en primer término y PLAZA y el aero­ puerto al fondo. 120. Esquema de la realidad metropolitana de Zaragoza. La superficie de PLAZA contrasta en tamaño con la de la ciudad tradicional.

Los criterios de selección de la ubicación de las industrias son hoy en día similares a los que se tuvieron en cuenta en su día. Para este tipo de actividad industrial necesitaban estar cerca de la ciudad para que los obreros pudie­ran acceder cómodamente a ella –de hecho se fueron creando barriadas residen­ ciales por parte de las industrias donde alojaban a sus empleados– pero también necesitaban una gran malla de infraestructuras que posibilitara que su producto fuera rápidamente distribuido por el resto de la geografía. De este modo, la posición de P ­ LAZA hoy día responde de un modo similar a los mismos criterios: relativamente cerca de la ciudad de modo que los trabajadores pue­ dan acceder a ella en coche, conectada a la Autovía de Madrid de un modo inmediato, a las líneas de ferrocarril ya existentes que comunicaban Madrid con Zaragoza y especialmente cerca del Aeropuerto. Su implantación se condicionó en cierto modo a la implan­ tación del AVE en Zaragoza, que ampliaría las conexiones de un modo espectacular. Parte principal del proyecto de mejora de infraestructuras a escala supramunicipal es la llegada del AVE a Zaragoza. Las obras se terminaron en el año 2003 con la construc-

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ción de la Estación Intermodal de Zaragoza-Delicias, que aglutina todos los esfuerzos que se fueron haciendo durante décadas para unir en una sola estación todas las vías de tren que desembocaban en Zaragoza. La supresión de las comunicaciones entre las dos riberas del río por el puente hizo que la antigua Estación del Norte –que reali­ zaba los servicios con Barcelona– entrara en desuso, así como que la estación de MZA (Campo Sepulcro) que en su día pasó a llamarse del Portillo, se suprimiera, liberan-


121 122 Estado actual de la estación intermodal y de su entorno; fotografía aérea.

do unos terrenos muy amplios del interior de la ciudad que tradicionalmente habían tenido un carácter industrial ferroviario, y pasaran a formar parte de la red de espacios públicos de la ciudad. En el PGOU de 1999 se hicieron los trámites para adquirir por parte del Ayuntamiento los terrenos del Meandro de Ranillas y se planteó la urbanización del sector en contacto con el Ebro, a la vez que la construcción del Puente del Tercer Milenio. Éstos serían los primeros pasos del proyecto que culminaría con la Expo 2008. La revisión del Plan en 2002 delimitó debidamente los terrenos, exclu­ yendo 140 ha del meandro de los terrenos de la exposición –de 25 ha–, intentando preservar así un gran espacio natural protegido de ribera. La voluntad por parte de los impulsores de dicho proyecto era Incorporar el Ebro en la ciudad, trabajando en este sentido en el proyecto cultural de la Expo y a su vez en el tratamiento de ambas riberas del río. Los proyectos de adecuación y urbanización de la zona se intensifican y, para el verano de 2008, se cons­ truyen tres puentes: el Puente del Tercer Milenio –que comunicaba el barrio ACTUR con el de la Almozara–, el Pabellón Puente –un edificio público que hacía las veces de exposición y entrada principal al recinto– y la Pasarela del Voluntariado –tercer punto de acceso, exclusivamente peatonal–.

123. Foto del meandro de Ranillas en el estado previo a la construcción. 124. Propuesta de urbanización del meandro y la Expo. 125. Estado final del sector EXPO.

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El proyecto Expo Zaragoza 2008 representa una manera diferente de afrontar grandes actuaciones urbanísticas, difíciles de afrontar sin un proyecto de esta magnitud. Cabe preguntarse no obstante cuál es la dirección a seguir a la hora de realizar los Planes de Ordenación, si desarro­llar Planes desmesuradamente ambiciosos y de dudosa rentabilidad (no sólo rentabilidad económica, sino urbanística y de calidad de vida para la ciudad) o bien apostar por un urbanismo racional y justo. Pese a la etiqueta de ‘sostenibilidad’ y al tema elegido del agua como fundamento del proyecto, la Expo de Zaragoza no deja de incluirse dentro de una serie de Exposiciones Universales en las que –más en los últimos años– se produce un incremento forzado del atractivo hacia esa ciudad en un lapso temporal muy corto. Se potencia de este modo una forma más de turismo de masas con una gran capacidad de movimiento del capital, que genera un conocimiento de la ciudad probablemente imposible de conseguir de otros modos. Precisamente por estos motivos, el resultado o el balance final de una actuación de estas magnitudes debería de ser, en términos generales, positivos y que no se limitaran a la Exposición. A estos efectos se creó la sociedad Expo Zaragoza Empresarial S.A., encargada de crear un parque empresarial­–DINAMIZA–, un gran centro de ocio –FLUVIA–, el Instituto del Cambio Climático y la Ciudad de la Justicia, aglutinando todos los servicios vinculados a los juzgados de la ciudad. La creación de esta alternativa para el conjunto edificado de la Expo parece en un primer momento positiva, si bien la materialización de estos objetivos no se ha completado a más de tres años vista de la finalización de la Exposición.

126. Disposición de los distintos pabellones, de los puentes que cruzan el Ebro y de las vías de acceso.

127. Imagen final de la EXPO con la ciudad al fondo. 128. Plano resumen del objetivo ‘Anillo Verde 2008’, realizado por el Consorcio Expo.

A la par de la creación de este parque empresarial se trabajó paralelamente con un Plan de Acompañamiento al proyecto de la Expo. Dicho Plan acoge el Proyecto de Riberas que se inició en el 2001 y el Plan Director del Ebro, buscando una coherente puesta en valor del Ebro como corredor principal y verdadero espacio público de la ciudad. El horizonte de este Plan supera los tiempos de la Exposición y gestiona a su vez proyectos de mejora en los sistemas de transporte, creación de equipamientos culturales a lo largo del eje fluvial y quizás la parte más importante: el proyecto del Anillo Verde.

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Este corredor verde está dentro de los proyectos activos hoy día que tienen mayor voluntad de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y podría equipararse a proyec­ tos de escala metropolitana con un claro componente de preservación natural, como son el Plan de Copenhage o el Parque de Helsinki. Existe en este sentido un Convenio de colaboración entre el Ayuntamiento y la Universidad de Zaragoza que se encarga de crear las llamadas Guías de Integración Urbanística y Paisajística, que persiguen ‘el establecimiento de unas bases encaminadas a la revitali­ zación de los barrios e incremento del aprovechamiento de las oportunidades de la ciudad de Zaragoza como lugar de encuentro, mejora de la calidad medioambiental y el bienestar social, interesando a tal fin culminar el sistema de espacios verdes que comprende el Anillo Verde y las riberas del Ebro, Gállego, Huerva y Canal Imperial de Aragón, así como su integración con el tejido urbano consolidado’ además, ‘el trabajo podrá servir de base para la elaboración del correspondiente Plan Especial y el Plan de usos y gestión de los espacios libres’ 56.

129. Unidades paisajísticas y ámbitos de intervención en las Guías de Integración Urbanística y Paisajística, 2011 (escala 1/50.000) 56 Guías de integración urbanística y paisajística. Orla Este de Zaragoza. Convenio de colaboración entre el Ayuntamiento y la Universidad de Zaragoza. Enero 2011

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REFLEXIÓN FINAL

‘Partes enteras de la ciudad presentan signos concretos de su modo de vivir, una forma propia y una memoria propia. Por otro lado, los elementos primarios se configuran como aquellos que con su presencia aceleran el proceso de la dinámica urbana. Estos elementos pueden ser entendidos desde un mero punto de vista funcional, como actividades fijas de la colectividad para la colectividad, pero sobre todo pueden identificarse con hechos urbanos definidos, un acontecimiento y una arquitectura que resumen la ciudad’ 57

Zaragoza es más que una ciudad. Es el hecho complejo del que habla Rossi, la dinámica urbana, la historia de la ciudad y la vida de todas aquellas personas que pasaron por ella. Pero también es presente, y es así como ha de ser entendida. Cualquier estudio del pasado, no obstante, es imprescin­ dible, pues responde a las preguntas que hoy en día nos formulamos al intentar avanzar; ha de tenerse en cuenta que el tiempo es el factor clave, que con su transcurrir va dando forma al hecho urbano.

57 La arquitectura de la ciudad, Aldo Rossi. Ed. Gustavo Gili, p. 172, 173

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130. La ciudad de Zaragoza y los elementos mรกs cercanos que la componen. (escala 1/50.000)

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La ciudad es, a su vez, territorio. Nace en un lugar concreto y con unas características determinadas que definen su devenir. Si bien las relacio­ nes entre las dos escalas van cambiando con el paso del tiempo, siempre existe una fuerte dependencia entre ellas, hasta el punto en el que son una misma realidad. Por esto, de poco sirven proyectos urbanos sostenibles que buscan como fin en sí mismos la preservación de la naturaleza, si no les acompaña un entendimiento profundo de la realidad compleja en la que vivimos.

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131. La ciudad de Zaragoza con el entorno fĂ­sico que la define.

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‘No existe la ciudad, sino que existen diversas y diferenciadas formas de vida urbana’ 58

Pero, ante todo, la ciudad somos personas. Las que pertenecen al territorio por herencia –cercanas al concepto de polis griega– o las que buscan su lugar en función de lo que les aporta –aceptando sus leyes internas, como en la civitas romana–. Formas diversas de vivir e interpretar las ciudades, que reflejan la complejidad del ser humano y que son, en esencia, las responsables de la forma del hecho urbano.

58 La ciudad, Massimo Cacciari. Ed. Gustavo Gili, p. 09.

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132 133 134 Tres fragmentos cualquiera de vida en Zaragoza.

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‘Un aspecto que me impresiona mucho en la arquitectura y en la ciudad de nuestro tiempo es el empeño en llevarlo todo a su acabamiento, a su final, a su finalización. Esta tensión hacia una solución definitiva impide la complementariedad entre las varias escalas, entre el tejido humano y el monumento, entre el espacio abierto y el construido. Hoy cualquier intervención, aunque sea pequeña y fragmentaria, se obstina en conseguir una imagen final. Así se explica la dificultad de la compenetración entre las distintas partes de la ciudad’ 59

59 Álvaro Siza en Arquitectura y ciudad, la tradición moderna entre la continuidad y la ruptura. ‘La resonancia del lugar. Arquitectura contem­ poránea y contexto’, texto de Juan Miguel Hernández León. Ediciones Arte y Estética, Círculo de Bellas Artes, p. 18. 2007

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CRÉDITOS FOTOGRÁFICOS

1 [http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/88/Map_of_Europe_according_to_Strabo.jpg] 9 [http://rgonzalez.blogspot.es/] 10 [http://paseandohistoria.blogspot.com/] 12 [http://es.wikipedia.org/wiki/Puntal_dels_Llops 13 [http://www.adevaherranz.es/Arte/UNIVERSAL/ EDAD%20ANTIGUA/Roma/Art%20Arq%20II%20Ruinas%20de%20Timgad%20Argelia%20ano%20100.gif] 15 [http://rgonzalez.blogspot.es/] 17 [http://www.arct.cam.ac.uk/personal-page/james/ichs/ Vol%202%201305-1322%20Gonzalez%20T.pdf] 18 [http://www.1en1bcn.com.es/obras/ciutat-vella/necropolis-romana/necropolis-romana.html] 30 La ciudad musulmana y la influencia del urbanismo occidental en su conformación, Mazen Suleiman Shinaq. 31 Pietro Laureano en Patrimoni de la Humanitat al Magrib, Gas Natural SDG, S.A. 35 Juan Zozaya Stabel-Hansen, en Las ciudades andalusíes: morfologías físicas, Juan Antonio Souto Lasala 44 AMZ [Archivo Municipal de Zaragoza] 45 AMZ 46 Autor escarlati en [http://es.wikipedia.org/wiki/Arquitectura_renacentista_de_Zaragoza] 47 Autor escarlati en [http://es.wikipedia.org/wiki/Arquitectura_renacentista_de_Zaragoza] 48 [http://www.alcovacreativa.org/firenze_palazzo_ strozzi.jpg] 49 Facultad de Ciencias de Zaragoza 50 J. Laurent (1816 - 1886) [http://es.wikipedia.org/wiki/ Archivo:Torre-Nueva_2_Zaragoza_Spain.jpg] 51 [http://img185.imageshack.us/img185/3804/zaragoza. jpg] 52 Biblioteca Nacional de Francia, en [http://www.heraldo.es/noticias/cultura/descubierto_paris_plano_mas_ antiguo_zaragoza.html]

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53 Museo del Prado; derechos: The Yorck Project: 10.000 Meisterwerke der Malerei. DVD-ROM, 2002. ISBN 3936122202. Distributed by DIRECTMEDIA Publishing GmbH. 56 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982. 57 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982. 59 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982. 60 Reforma interior y ensanche en la segunda mitad del siglo XIX en Zaragoza: el Plano Geométrico. Artigrama, núm. 19, 2004, 427-451 – I.S.S.N.: 0213-1498 64 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982. 65 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982. 66 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982. 67 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982. 68 AMZ 74 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982. 75 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982. 82 [http://maps.google.es/] 83 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982. 84 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982. 85 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982. 86 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982.


87 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982. 88 Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Zaragoza, 1982. 89 AMZ 90 AMZ 92 AMZ 93 AMZ 94 AMZ 95 AMZ 96 Confederación Hidrográfica del Ebro 97 AMZ 98 AMZ 99 AMZ 100 AMZ 101 AMZ 102 AMZ 103 AMZ 104 AMZ 105 Emilio Gil 107 AMZ 108 AMZ 109 [http://maps.google.es/] 110 [http://maps.google.es/] 111 AMZ 112 AMZ 113 AMZ 114 AMZ 115 AMZ 116 [http://www.icog.es/_portal/uploads/aragon/arcosur. jpg] 117 [http://envuelo.es/] 118 [http://envuelo.es/] 119 [http://envuelo.es/] 120 Antonio Beltrán. AMZ

121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134

[http://maps.google.es/] Alejo Bagué Consorcio Expo Zaragoza 2008 [http://islasterritorio.blogspot.com] [www.parquedelagua.com] [http://envuelo.es/] [http://envuelo.es/] Consorcio Expo Zaragoza 2008 Ayuntamiento y Universidad de Zaragoza [http://maps.google.es/] [http://maps.google.es/] [http://maps.google.es/] [http://maps.google.es/] [http://maps.google.es/]

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Darío Marcos Guinea "Breve historia del urbanismo en Zaragoza"  

http://issuu.com/dariomguinea/docs/az_urbanismozaragoza de Dario Marcos Guinea Se trata de un estudio de 87 páginas con abundante documentac...

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