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POEMAS DISPERSOS DE ENRIQUE LIHN


POEMAS DISPERSOS DE ENRIQUE LIHN

"y a los autores jóvenes me gustaría gritarles: basta de farsas, ustedes entrarán también en el negocio porque la literatura es el oficio más blando" Enrique Lihn


Web editorial: www.matuteediciones.blogspot.com Correo: matuteediciones@gmail.com Facebook: www.facebook.com/matute.ediciones Issuu: http://issuu.com/matuteediciones Primera Edici贸n - 2013. Poemas de Enrique Lihn漏

Se puede reproducir citando la fuente.


Enrique Lihn: Poeta, novelista y ensayista chileno nacido en Santiago de Chile en 1929. Realizó sus estudios básicos en el Saint George College, posteriormente en el Colegio Alemán y en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Miembro de la generación del 50, inició muy joven la carrera literaria, incursionando no sólo en poesía sino también en el campo de la novela, el ensayo y la crítica. Fue profesor del Departamento Humanístico de la Universidad de Chile y en 1965 viajó a Paris mediante una beca de museología de la Unesco. Posteriormente vivió en Cuba y EE.UU., gracias a la beca Guggenheim obtenida en 1978. Su obra poética consta de numerosas publicaciones, entre las que se destacan: Nada se Escurre en 1949, Poemas de este tiempo y de otro en 1955, Poesía de paso en 1966, Situación Irregular en 1977, A partir de Manhattan en 1979, El Paseo Ahumada en 1983 y Diario de la muerte en 1989. De los galardones obtenidos sobresalen el Premio Municipal de Poesía 1970 por su obra La musiquilla de las pobres esferas y el Premio Casa de las Américas de Cuba por su obra Poesía de paso en 1966. Falleció en 1988.


LA VEJEZ DE NARCISO

Me miro en el espejo y no veo mi rostro. He desaparecido: el espejo es mi rostro. Me he desaparecido; porque de tanto verme en este espejo roto he perdido el sentido de mi rostro o, de tanto contarlo, se me ha vuelto infinito o la nada que en ĂŠl, como en todas las cosas, se ocultaba, lo oculta, la nada que estĂĄ en todo como el sol en la noche y soy mi propia ausencia frente a un espejo roto


YO LE DIJE AL AUTOR DE ESTOS SONETOS

Yo le dije al autor de estos sonetos que soy una camisa de once varas gato de siete vidas y dos caras nada que ver con rimas y cuartetos. Informal, mis secretos son secretos y no palabras ni palabras raras de estas que cuentan poco y son tan caras a un roedor de oscuros mamotretos. Pero el tal, sordo y mudo, me escribía con el hueco orejero de una mano pegado al rastro de una borradura sobre el desierto del papel que hervía de mi cólera suya: andar en vano detrás del propio ser sin su escritura.


DISPARAN EN LA NOCHE Los anónimos de siempre disparan en la noche a la que no se puede entrar de la que no se puede [salir coto de caza y placer de las hienas Los leones mismos se pervertirían si tuvieran [como ellas la exclusividad de la selva. Suenan esos disparos como algodón en los oídos empapados de nuestra sordera son el éter que [nos trae la noche y henos aquí tendidos en nuestros lechos de [operaciones Mañana habrá muertos, eso es todo Mejor que se guarden la noticia Por sus prontuarios no los conoceréis. Un coto de caza del tamaño del país Para que no haya que darle explicaciones a nadie. Se descansa en la prohibición de entrar en la zona [de peligro El corazón, órgano del miedo, funciona bien bajo [las balas del éter Dormir en paz, ya que no lo hacen los muertos. Estas líneas fueron escritas Con el canto de la goma de borrar.


LA MUSIQUILLA DE LAS POBRES ESFERAS Puede que sea cosa de ir tocando la musiquilla de las pobres esferas. Me cae mal esa Alquimia del Verbo, poesía, volvamos a la tierra. Aquí en París se vive de silencio lo que tú dices claro es cosa muerta. Bien si hablas por hablar, "a lo divino", mal si no pasas todas las fronteras. ¿Nunca fue la palabra un instrumento? Digan, al fin y al cabo, lo que quieran: en la profundidad de la ignorancia suena una musiquilla verdadera; sus auditores fueron en Babel los que escaparon a la confusión de las lenguas, gente anodina de los pisos bajos con un poco de todo en la cabeza; y el poeta más loco que sagrado pero con una locura con su cuerda capaz de darle cuerda a la alegría, capaz de darle cuerda a la tristeza. No se dirige a nadie el corazón pero la que habla sola es la cabeza; no se habla de la vida desde un púlpito ni se hace poesía en bibliotecas. Después de todo, ¿para qué leernos? La musiquilla de las pobres esferas suena por donde sopla el viento amargo que nos devuelve, poco a poco, a la tierra, el mismo que nos puso un día en pie pero bien al alcance de la huesa. Y en ningún caso en lo alto del coro, Bizancio fue: no hay vuelta. Puede que sea cosa de ir pensando en escuchar la musiquilla eterna.


HAY SÓLO DOS PAÍSES

Hay sólo dos países: el de los sanos y el de los [enfermos por un tiempo se puede gozar de doble [nacionalidad pero, a la larga, eso no tiene sentido Duele separarse, poco a poco, de los sanos a [quienes seguiremos unidos, hasta la muerte separadamente unidos Con los enfermos cabe una creciente complicidad que en nada se parece a la amistad o el amor (esas mitologías que dan sus últimos frutos a unos [pasos del hacha) Empezamos a enviar y recibir mensajes de [nuestros verdaderos conciudadanos una palabra de aliento un folleto sobre el cáncer


FRAGMENTO DE RESPUESTAS DE ENRIQUE LIHN enero de 1966 Federico Schopf:-¿Qué función dentro de la poesía chilena atribuye Ud. A su poesía? ¿En qué sentido cree Ud que se inserta en la poesía chilena y que significado le atribuye? Enrique Lihn: -Me sitúo entre los trabajadores que se han concertado, sin ponerse de acuerdo en el estilo, para levantar la casa de la poesía chilena. No se vive ni se escribe a la interperie. Hemos rescatado algunos restos del siglo diecinueve, quizás una hermosa puerta de hierro forjado, antigüedades. Pero todo eso se encuentra en el jardín y en el primer piso: yo trabajo en el tercero y no siempre con compañeros de mi agrado, pero cada cual hace lo suyo. Lo que no puede pedírsenos es que funcionemos como órganos de una determinada tradición estilística, bajo una sola batuta. Basta con una tradición de geniosidad, habilidad y eficacia en un país como éste, culturalmente en pañales: casi una selva, casi un desierto. Un buen refugio para completarlo mañana o para demolerlo pasado mañana, eso es todo. Lo que no soporto son los aprendices ineptos, los meros curiosos que circulan por la construcción o esos falsos niños con sus canastillos de arena en el jardín, y los poetastros, los poetas justamente olvidados, los “guaripoetas”


PORQUE ESCRIBÍ A Cristina y Angélica

Ahora que quizás, en un año de calma, piense: la poesía me sirvió para esto: no pude ser feliz, ello me fue negado, pero escribí. Escribí: fui la víctima de la mendicidad y el orgullo mezclados y ajusticié también a unos pocos lectores; tendía la mano en puertas que nunca, nunca he visto; una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies. Pero escribí: tuve esta rara certeza, la ilusión de tener el mundo entre las manos -¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco con toda su crueldad innecesaria-.

Escribí, mi escritura fue como la maleza de flores ácimas pero flores en fin, el pan de cada día de las tierras eriazas: una caparazón de espinas y raíces. De la vida tomé todas estas palabras como un niño oropel, guijarros junto al río: las cosas de una magia, perfectamente inútiles pero que siempre vuelven a renovar su encanto. La especie de locura con que vuela un anciano detrás de las palomas imitándolas me fue dada en lugar de servir para algo. Me condené escribiendo a que todos dudaran de mi existencia real (días de mi escritura, solar del extranjero). Todos los que sirvieron y los que fueron servidos digo que pasarán porque escribí


y hacerlo significa trabajar con la muerte codo a codo, robarle unos cuantos secretos. En su origen el río es una veta de agua -allí, por un momento, siquiera, en esa alturaluego, al final, un mar que nadie ve de los que están braceándose la vida. Porque escribí fui un odio vergonzante, pero el mar forma parte de mi escritura misma: línea de la rompiente en que un verso se espuma yo puedo reiterar la poesía. Estuve enfermo, sin lugar a dudas y no sólo de insomnio, también de ideas fijas que me hicieron leer con obscena atención a unos cuantos psicólogos, pero escribí y el crimen fue menor, lo pagué verso a verso hasta escribirlo, porque de la palabra que se ajusta al abismo surge un poco de oscura inteligencia y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados. Porque escribí no estuve en casa del verdugo ni me dejé llevar por el amor a Dios ni acepté que los hombres fueran dioses ni me hice desear como escribiente ni la pobreza me pareció atroz ni el poder una cosa deseable ni me lavé ni me ensucié las manos ni fueron vírgenes mis mejores amigas ni tuve como amigo a un fariseo ni a pesar de la cólera quise desbaratar a mi enemigo. Pero escribí y me muero por mi cuenta, porque escribí porque escribí estoy vivo.


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