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crónica

Las nuevas generaciones de Berástegui desconocen la prosperidad de la que fuera la población más importante de la región

de espectáculos musicales vieron un nuevo horizonte económico en ese recóndito pueblo de Córdoba.

El desplome de un imperio La prosperidad en Berástegui se desplomó como un castillo de naipes de manera sorpresiva en el ingenio, arrastrando a su paso la rentabilidad del comercio en el pueblo. La producción empezó a disminuir al igual que el mercado de oferta. La excesiva carga de pasivos de la empresa obligó a sus propietarios a buscar socios capitalistas que asumieran las deudas sin resultados positivos. A finales de 1954, el entonces presidente de Colombia, general Gustavo Rojas Pinilla, quien se convirtió en el último propietario de la fábrica azucarera, decidió cerrar sus puertas ante el descalabro financiero y la falta de liquidez de la misma. La decisión obligó igualmente al cierre de casi la totalidad del comercio del pueblo que volvió a la desesperanza y el olvido.

EDICIÓN 2 - OCTUBRE DE 2010

Dos años después, el 14 de marzo de 1956, el Juzgado Segundo Civil de Cartagena llevó a cabo el remate de toda la estructura de la industria azucarera, y puso punto final a la principal etapa de un pueblo que se ilusionó con la dulzura de lo que producía su suelo, y que prometía aportar un enorme desarrollo a la región.

Un presente sin claridad El panorama del Berástegui de hoy es muy distinto al de 60 años atrás. Familias que viven de lo poco que dan los sembrados de algodón, arroz y maíz y el negocio informal. Los oficios que predominan son jornaleros y mototaxistas. La riqueza se concentra en unos pocos hacendados. Las familias subsisten bajo el olvido y la mirada indolente de sus gobernantes, especialmente los del municipio de Ciénaga de Oro. Aunque cuenta con la segunda sede en importancia de la Universidad de Córdoba, el nivel de analfabetismo en el

pueblo supera el 30 por ciento de los seis mil habitantes. Pese a tener casi la totalidad de los servicios públicos, la prestación es precaria. La salud pública es cuestionada porque solo cuenta con un puesto de atención médica en regulares condiciones. La única calle pavimentada es la entrada principal, donde funcionan algunas tiendas de abarrotes, almacenes de ropa y cantinas. El alcalde de Ciénaga de Oro, Plinio D’Paola, sostiene que la falta de inversión en Berástegui obedece a las dificultades que tiene el municipio de Ciénaga de Oro para desarrollar obras y generar empleo ante el proceso de intervención económica a que fue sometido hace varios años. Las ‘mieles’ del progreso que hicieron famoso a Berástegui por cuenta de la productividad de la caña de azúcar quedaron solo en el recuerdo de los más viejos, mientras las nuevas generaciones viven el ‘amargo’ destino de la desesperanza y el atraso.

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SIN FRONTERAS_ED_2  

REVISTA DEL CARIBE COLOMBIANO

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