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crónica

El ‘amargo’ destino de

Berástegui Los recuerdos de lo que fue la Empresa Azucarera de Berástegui solo quedan en la mente y los relatos de unos pocos habitantes de este pueblo que se convirtió, entre 1897 y 1954, en el motor de la economía del departamento de Córdoba.

A

pesar de ser un corregimiento del municipio de Ciénaga de Oro, distante 37 kilómetros de Montería, la capital del departamento, Berástegui era el epicentro de los negocios y la prosperidad por la generosidad de la planta de cultivo y procesamiento de la caña de azúcar. Los hermanos Manuel y el general Francisco Burgos Rubio, herederos del sacerdote español José María Berástegui (que colgó los hábitos), dieron inicio a la fábrica que alcanzó a producir 10 mil bultos de azúcar blanca mensualmente. En esa época, se convirtió en el segundo proyecto más importante en ese renglón de la economía colombiana. Por tierra, mar y aire eran transportados grandes cargamentos de azúcar hacia el resto de la nación y países europeos y de Centroamérica. Se generaron empleos directos e indirectos. La bonanza azucarera cautivó a miles de personas, colombianas y extranjeras, que se instalaron en la

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comarca. Eran ingenieros, técnicos, obreros, jornaleros y mensajeros que conseguían un enganche logrando endulzar sus bolsillos por cuenta del gran ingenio. Mexicanos, rusos, brasileros, ingleses, argentinos, uruguayos, pero especialmente cubanos, llegaron a Berástegui, contratados para poner en funcionamiento la gran empresa. Muchos de ellos vivieron romances con mujeres de la región, que más tarde se convirtieron en sus esposas y madres de sus hijos, como cuatro cubanos: José Manuel López, Ángel Laza, Pedro Muñiz y Juan Baró. En la actualidad los descendientes de estos viven en Berástegui, Montería, Cereté y Ciénaga de Oro. Como las casas del pueblo no alcanzaban a albergar a tanto foráneo, en los campos cañaverales de las extensas haciendas fueron construidos improvisados campamentos. Muchos de esos cambuches pasaron a ser, años más tarde, las casas que en la actualidad conforman el pueblo. En Berástegui nadie compraba azúcar: su consumo

El ingenio azucarero fue el más importante del Caribe entre 1857 y 1954, por la producción de caña y la calidad del ganado Sumidos en la desesperanza se encuentran los habitantes de Berástegui, ante la falta de inversión social

era auspiciado por el ingenio que suministraba lo necesario a cada familia. El proyecto de los Burgos no se limitó al cultivo y procesamiento de la caña. Las 6 mil hectáreas de la gran hacienda Berástegui también sirvieron para la cría de ganado, sacrificado y exportado a los mercados extranjeros. Por ello, una jornada de pago a los más de 1.500 trabajadores de la planta entre 1930 y 1954 podía durar hasta una semana, tiempo en el cual las filas en la sección de personal eran muy extensas. Por esos días, el pueblo se convertía en una plaza de ferias, donde los almacenes de ropa y zapato, cantinas, distribuidores de insumos agropecuarios y vendedores ambulantes hacían su ‘agosto’ con las ventas. Dueños de almacenes de Montería, Cartagena, Barranquilla y Sincelejo también se trastearon al pueblo. Las damas de compañía, propietarios de cantinas y hasta promotores

EDICIÓN 2 - OCTUBRE DE 2010

SIN FRONTERAS_ED_2  

REVISTA DEL CARIBE COLOMBIANO

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