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MAG Junio: Baúl de cosas inconclusas.

Número 0

Año1. 2011.


Número 0 • Año 1• Junio 2011

contenido Junio: Baúl de cosas inconclusas

8. Completo Incompleto.Jarabe de Palo. // 10. Réquiem por el sueño de Heath Ledger. // 12. La maldición Lee.El Cuervo. // 14. Réquiem incompleto.Mozart. // 16. Bolaño Inconcluso. // 17. Silence (In this own reply). La canción incompleta de los Beatles. // 18. Flight of the Conchords. Sin tercera temporada. // 20.La indiscreta fascinación de lo inconcluso. Karl Marx.


Gracias


Este temporal a destiempo, estas rejas en las niĂąas de mis ojos, esta pequeĂąa historia de amor que se cierra como un abanico que abierto mostraba a la bella alucinada: la mĂĄs desnuda del bosque en el silencio musical de los abrazos. Naufragio Inconcluso Alejandra Pizarnik


EDITORIAL El completo incompleto, la indiscreta fascinación de lo inconcluso... Baúl de cosas imposibles es la recopilación de cosas que no se completaron; los motivos pueden ser diferentes, pero siempre tienen algo en común, una obra incompleta, esperando que alguien o algo la encuentre.Esta edición hace honor a todas estas obras que no se completaron, a sus autores, a quienes las disfrutan, las disfrutaron o quienes simplemente son parte de ellas. Esta edición rinde tributo a todas esas obras, dejando un espacio para que con el tiempo, alguien mire hacia atrás y escriba una nueva historia.


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Réquiem por el sueño de

Heath Ledger

El imaginario mundo del Doctor Parnassus

Sergio Monsalve

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illiam estaba tratando el aspecto artístico de la película cuando recibió la llamada en la que le dijeron que Ledger había muerto; su primer pensamiento fue “La película terminó, es tan simple como eso”. El 22 de enero de 2008, la producción de la película fue interrumpida debido a la muerte del actor en Nueva York. Aunque la producción fue suspendida en forma indefinida el 24 de enero, según Christopher Plummer, quien interpreta al Doctor Parnassus, Gilliam determinó “rescatar” la película, considerando al principio utilizar imágenes en computadora para cambiarle mágicamente su apariencia al personaje de Heath Ledger, transformándolo tal vez en otro personaje, para conservar el tiempo invertido en la filmación y, si la película finalmente fuese realizada, dedicársela a Heath. La técnica sería similar a la transformación que se realizó sobre Brad Pitt en El curioso caso de Benjamin Button y el empleado sobre Roy Scheider en Iron Cross, la cual fue estrenada póstumamente.

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Los actores Johnny Depp, Colin Farrell y Jude Law fueron seleccionados para reemplazar a Heath Ledger, representando la nueva idea de la versión transformada del personaje de Ledger viajando a través de un espejo mágico. Con el papel asignado, la filmación se reinició en Vancouver en marzo de 2008. Depp era amigo de Gilliam quien protagonizó Fear and Loathing in Las Vegas y el proyecto abortado The Man Who Killed Don Quixote, y ha sido comparado con Ledger por el cinematógrafo Nicola Pecorini. Law era amigo de Ledger y había sido considerado para el papel de Tony, mientras que Farrell también era amigo de Heath. Depp, Farrell, y Law decidieron donar sus ganancias en la película a la hija de Ledger, Matilda, quien no estaba incluida en una antigua versión del testamento de Ledger, y Gilliam alteró la parte de los créditos pasando de “Una película de Terry Gilliam” a “Una película de Heath Ledger y sus amigos”. Una hermosa manera de decirle adios a Heath Ledger y de encumbrarlo en el panteón del séptimo arte, en compañía de sus mejores amigos.


ElLa Cuervo maldición Lee José María Blázquez El actor murió el 31 de marzo de 1993 a los 28 años en medio de la filmación de la película The Crow. Con la muerte de Brandon renació la leyenda de la maldición de la familia Lee y las mismas teorías que rodearon la extraña muerte de su padre, Bruce Lee.

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Fotog rafía: W eb

ric Draven (raven significa ‘cuervo’ en inglés) es asesinado junto a su novia Shelly Webster por unos pandilleros drogadictos sin motivo alguno el día antes de su boda. Un año después de este suceso, Draven vuelve a la vida como “un auténtico ángel de la muerte” buscando venganza. La película se convirtió en objeto de culto y recaudó más de 50 millones de dólares en taquilla, que se debió en gran medida al morbo que despertó su maldición. Se rodó durante 1993 en Wilmington, Carolina del Norte, en los antiguos estudios Carolco. El papel de Eric había recaído en Brandon Lee, hijo del conocido actor y luchador de artes marciales Bruce Lee, y la dirección corría a cargo del egipcio Alex Proyas (“Dark City”, “Yo, robot”). El rodaje comenzó el 1 de febrero y fue, ante todo, muy accidentado. Tan solo el primer día un operario de carpintería sufrió cortes y quemaduras al electrocutarse con el tendido eléctrico. Casi mes y medio después, una tormenta destrozó buena parte de los decorados que se estaban utilizando, causando numerosos retrasos. Además, el director de atrezzo descubrió una bala de verdad dentro de una de las pistolas que se utilizaban en el rodaje, tuvieron un incidente con un operario descontento que entró conduciendo su coche por el estudio, un trabajador que se atravesó la mano con un destornillador o un especialista que se rompió varias costillas en una caída. Pero esto no fue lo más grave, hubo un accidente peor.


La Muerte Ocho días restaban para finalizar el rodaje y todo estaba preparado para filmar el momento en el que los pandilleros mataban a Eric en el apartamento de Shelley. Desde la dirección de atrezzo habían decidido utilizar balas reales sin pólvora en los primeros planos de la pistola para que todo pareciera más realista y así ahorrar tiempo y dinero. Andaban contra reloj por la gran cantidad de retrasos acumulados y esperar a fabricar o comprar munición de fogueo que diese el pego les demoraría demasiado. Así que pensaron en descargar el arma tras la toma e introducir en ella las balas de fogueo normales para el plano general, éstas estallarían provocando el ruido, humo y fogonazo característico de un disparo y así solventarían el problema. Brandon vestía ese día una camiseta con la frase “Hangman’s Joke” (la broma del verdugo), chaqueta y botas negras, y llevaba una bolsa de comestibles bajo el brazo. Tenía que entrar por la puerta y el actor Michael Massee (Fun boy, en la película) apretaría el gatillo de una 44 milímetros a unos 12 o 14 pasos de distancia. Se suponía que las balas debían de golpear la bolsa y Eric caería al suelo. Durante una de las tomas se dieron cuenta que Brandon no se había desplomado como tenían acordado, pero siguieron grabando. Fue en el momento en el que el director la dio por finalizada y vieron que el actor no se levantaba, cuando se dieron cuenta de que algo andaba mal. Una punta de bala de munición real se había colado y había perforado el abdomen del Brandon. Murió en el hospital de New Hanover el 31 de marzo de 1993, 12 horas después.

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Fue un duro golpe para el equipo, que decidió continuar con la película a base de planos descartados, el uso de un doble en escenas muy oscuras y la reconstrucción digital en postproducción. La malograda escena se replanteó y en ella podemos comprobar que no vemos la cara del actor hasta que cae por la ventana, que fue insertada por ordenador. Massee, destrozado, se tomó un año sabático tras el rodaje. Brandon al igual que su padre, murió durante el rodaje de una película. Él estaba convencido que había una maldición china en su familia, que era culpable de la muerte de su padre, y al parecer de su muerte misma.


MOZART Réquiem incompleto Miguel Ruiza

La Misa de Réquiem en re menor, K. 626, es una obra de Wolfgang Amadeus Mozart basada en los textos latinos para el acto litúrgico católico ofrecido en las defunciones, se trata de la decimonovena y última misa escrita por Mozart. Murió antes de terminarla, en 1791.

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l Romanticismo convirtió a Wolfgang Amadeus Mozart en un mito a través de esta sobrecogedora obra: según la leyenda, el músico la compuso con la idea de que se trataba de su propio Réquiem, encargado por un mensajero de la muerte. Aunque la realidad parece ser menos poética, ello no resta un ápice a la potencia expresiva ni a la belleza de la partitura, con algunas secciones que se cuentan entre las cimas no sólo de la producción de Mozart, sino de la música universal: el “Introitus”, el “Kyrie”, el “Dies irae” o el “Lacrimosa”. En el último año de su vida, se presentó a Mozart, que estaba ya enfermo y deshecho, un taciturno desconocido, que le entregó una carta y desapareció. Era el encargo anónimo de una misa de réquiem, con promesa de buena recompensa. El fúnebre desconocido se volvió a presentar unos días después y pagó un anticipo, reco-

mendando a Mozart que no descuidase su obra. Volvió luego, de vez en cuando, para vigilar el progreso del trabajo. Era, sencillamente, el camarero del conde Franz von Walsegg, rico aficionado que tenía la debilidad de encargar obras a los grandes músicos para hacerlas ejecutar luego haciéndolas pasar por suyas. Pero aquellas circunstancias singulares turbaron la mente de Mozart, ya fatigada por la áspera y continua lucha por la vida. Se entregó a la composición del Réquiem con el máximo empeño y, al mismo tiempo, con la firme persuasión de que aquella obra había de ser también su canto fúnebre. En efecto, no pudo terminarla. La obra fue completada por su discípulo Franz Xaver Süssmayer (1766-1803), quien, en los últimos años de la vida del maestro, había vivido en estrecha intimidad artística con él. No es fácil determinar exactamente cuál es la parte debida a Süssmayer. Parece cierto que de los doce fragmentos que componen el Réquiem, sólo el primero -el “Réquiem” (Adagio)


seguido del “Kyrie” (Allegro) fugadosalió absolutamente terminado de las manos de Mozart. Los ocho fragmentos siguientes parecen haber sido orquestados en su redacción definitiva por Süssmayer según esbozos de Mozart que aseguran a lo menos la autenticidad de su diseño metódico y de sus principales intervenciones instrumentales. Las tres partes últimas (“Sanctus”, “Benedictus” y “Agnus Dei”) parecen ser totalmente de Süssmayer, quien, sin embargo, se sirvió cuanto pudo de la música preexistente de su maestro. Por ello, y no sólo por estas incertidumbres de atribución, es obra acerca de la cual es harto difícil emitir juicio. El Réquiem de Mozart se ofrece como una superación de la materia pasional (indudablemente la contemplación de la muerte y la meditación de algunos misterios supremos de la fe) en una visión de serena belleza. El frecuente empleo del contrapunto y del estilo fugado (sobre todo en el “Kyrie” y en el “Quam olim Abrahae” del “Domine Jesu”) significa para algunos críticos la inexorabilidad de la muerte; pero es también un mero tributo al estilo que era casi obligado por aquel tiempo en la música sacra. Como aterrorizada visión del juicio, el Réquiem se presenta envuelto en una dulce resignación limpia de rebelión y de miedo. La instrumentación es singularmente sobria por la exclusión de las flautas, de los oboes, de los clarinetes comunes y de las trompas; en cambio, tienen en ella gran papel, además de la masa de los instrumen-

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tos de cuerda, los “corni di bassetto”, especie de clarinetes más graves que los normales que agradaban mucho a Mozart. Los pasajes dramáticos y fuertes (esencialmente el “Dies irae” y el “Rex tremendae maiestatis”) están indudablemente llenos de carácter y diligentemente expresados (es de notar el efecto de un lento trino vibrado sobre el “Quantus tremor est futurus”); pero no alcanzan la penetrante intimidad expresiva, la honda sinceridad de los pasajes en que se funde una melancolía dulcísima y fatigada: el “Recordare,

Jesu pie” y el sublime “Lacrimosa”. Aquella característica del estilo mozartiano, la costumbre de una construcción del periodo melódico por preguntas y respuestas, halla en el empleo de los cuatro solistas (soprano, contralto, tenor y bajo) y del coro posibilidades sencillísimas y al mismo tiempo de gran efecto: destacan la separación del bajo de las demás voces (en el citado “Quantus tremor est futurus”), la continuada contraposición de “piano” y “forte” (“Ingemisco” en el “Recordare”), de “staccato” y “legato” (al principio del “Lacrimosa”) o el breve despliegue melódico que florece en la afanosa carrera contrapuntística (por ejemplo, la celestial frase del soprano: “et semini eius” que conduce al final del “Ofertorio”). Ello establece una tensión que

sería exagerado llamar dramática, pero que es el secreto del interés y de la consistencia del lenguaje mozartiano. Así el contrapunto, rítmicamente accidentado, del “Rex tremendae”, podría parecer algo intencionado y artificioso si no encontrase su complemento en los tres últimos compases, en que las voces se funden quietamente concordes en la serena invocación: “salva me, fons pietatis”. En el “Tuba mirum” las voces de los solistas florecen una tras otra como exquisitos arabescos de desnuda línea. Los grandes conjuntos corales adquieren orden, simetría y significado cuando las voces de las sopranos se mantienen firmes en el agudo (“luceat” y “Christe eleison” en el “Kyrie”, “homo reus” en el “Lacrimosa”). Probablemente a la prudente redacción de Süssmayer se debe atribuir la brevedad, tal vez excesiva, de cada uno de los trozos (nótese que el “Réquiem”, única parte que Mozart escribió por entero, es el más largo de todos): Mozart no era escritor conciso. Al contrario, especialmente en los años de su madurez, se entregaba a aquella “divina largura”, a aquella complacencia en su propio discurso, a aquel abandono despreocupado, que se hallan a menudo en músicos de temperamento poético, como Schubert y Brahms. Tal vez a este incompleto desarrollo, más aún que a la uniformidad de colorido y a la convencional expresión de ciertos pasajes, se debe atribuir la vaga insatisfacción que en algunos momentos deja esta última obra maestra del gran músico de Salzburgo.


Bolaño Inconcluso Relatos póstumos de autor chileno recogidos en El secreto del mal.

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ecreadores de una realidad que no puede ser abarcada en su totalidad, los escritores se debaten en un constante dilema: qué decir y qué callar; qué contar y qué dejar a la imaginación. Unos pocos, usan la economía literaria a su favor y hacen del escamoteo un estilo, al ocultar información en sus relatos y novelas. Es el caso de la obra narrativa de Roberto Bolaño, marcada por lo que se ha venido a llamar una ‘poética de

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la inconclusión’. Con mayor razón, esa ‘poética’ está presente en El secreto del mal, un conjunto de relatos póstumos que fueron rescatados del disco duro del computador del escritor chileno, luego que una insuficiencia hepática terminara con su vida en el 2003. El volumen fue publicado este año (2007) por editorial Anagrama. Como su propia vida, estos relatos de Bolaños están incompletos sea por naturaleza o por circunstancia. Algunas

piezas son sólo esbozos narrativos, otras pueden leerse como relatos plenos, pero ya se advierte en una de las narraciones: “este tipo de historias no tienen un final”. Hay en todos los cuentos una gran brecha (o vacío), que irremediablemente no puede ser llenada y de cuya configuración o naturaleza el lector sólo puede tener sospechas. Al menos en dos relatos se puede adivinar el comienzo de una novela.


(Is This Own Reply)

la canción incompleta de los Beatles n algún momento de los 60, George Harrison comenzó a escribir una canción en un pedazo de papel que acabó tirado en los estudios de Abbey Road. Aquellas diez líneas eran el principio de una canción, ‘Silence (Is This Own Reply)’, que ha sido completada cuarenta años más tarde por el cantante británico Dean Johnson. Según informaciones del diario británico ‘The Sun’, George Harrison sólo escribió las diez primeras líneas de la canción ‘Silence (Is This Own Reply)’ en un trozo de papel en cuyo reverso podían leerse las instrucciones para llegar a la casa que el manager de los Beatles, Brian Epstein, tenía en Sussex. Parece que ese pedazo de papel fue descartado, pero no acabó en la basura, sino en el suelo de los famosos estudios de Abbey Road en Londres. De allí acabó en manos del escritor Hunter Davies, que, mientras escribía la bio-

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grafía de los Beatles en 1968 había pedido una muestra de la letra que alguno de los cuatro chicos había dejado tirada en los estudios. Poco después, el escritor se ponía en contacto con un compositor de Liverpool, Dean Johnson, para pedirle que completara esa canción. “Cuando me dijo que le gustaría que trabajara en la canción inacabada de George Harrison lo encontré increíble, excitante y un gran honor. Mi tarea era seguir los sentimientos de George hasta el final de la canción”, explica Dean Johnson en declaraciones a ‘Spinner’. Aunque inicialmente se pensó que las letras hablaban sobre algún amor de Harrison, ahora se cree que se referían a la difícil relación que George mantenía con John Lennon. “Las palabras son brutalmente honestas y Harrison estaba escribiendo obviamente desde el corazón”, afirma el compositor.


20 Por James Rocaforte


Flight of the Conchords Segunda temporada inconclusa. Sin tercera temporada.

ret y Jemaine son dos chicos de Nueva Zelanda que se instalan en Nueva York con la intención de triunfar en el mundo de la música con su dúo, cuyo nombre da título a la serie y con el que se han pateado buena parte del globo en la vida real sus dos protagonistas, haciendo una suerte de folk/pop humorístico de lo más fresco y agradable. Durante las dos temporadas podemos ver el peculiar modo en el que enfocan sus problemas de adaptación a una nueva vida y los entuertos en los que se meten con personajes secundarios como Mel, la única fan del grupo o Murray, el penoso manager a tiempo parcial que graba un videoclip con un teléfono móvil o les

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consigue una presentación en un acuario. Con brillantes canciones que se integran perfectamente en la trama y que en ningún caso convierten a la serie en una comedia musical a la que estamos acostumbrados a ver. Esta genialidad demuestra que basta con el talento y las buenas historias para tocar la fibra de la gente. Estoy seguro de que no sería mejor si la HBO hubiese destinado más dinero a su producción y eso bien podría servir de lección a aquellos que necesitan millones en patrocinios para hacer grandes producciones que terminan siendo canceladas. Tiene ese toque de sencillez y gusto por un guión bien escrito del que hacen gala otras nuevas comedias

como The I.T. Crowd o The Office. Jemaine Clement y Bret McKenzie han confirmado oficialmente, que Flight of the Conchords no regresará para una tercera y última temporada. a pesar de la respuesta favorable del público, a lo largo de las anteriores. La decisión de no regresar para una tercera temporada se debe a razones creativas ya que el grupo considera que escribir los guiones y las canciones de cada episodio es sumamente exigente. Ambos se han mostrado muy orgullosos de su trabajo en las dos temporadas de la serie y han comentado que si bien los personajes que interpretán no volverán a verse, ellos si seguirán existiendo.


KARL MARX

la indiscreta fascinación de lo inconcluso e unos años a la fecha ha recuperado la atención de los estudiosos internacionales un autor casi olvidado: Karl Marx. Su pensamiento, tan aparentemente fuera de moda como irrenunciable para la comprensión del presente, ha retornado a los campos libres del saber. Su obra, liberada de la odiosa función de instrumentum regni a la que había sido constreñida instrumentalmente, se ha convertido en objeto de renovado interés. Fue Engels, después de la muerte de Marx, el primero en dedicarse a la tarea dificilísima -en vista de la dispersión de los materiales, lo oscuro del lenguaje y lo ilegible de la escritura- de entregar ala imprenta el Nachlass fragmentario del amigo. La aparición del tercer libro de El capital, el único al que Marx no logró ni siquiera aproximadamente darle una forma definitiva, replantea también esta problemática. La intensa actividad de redacción realizada por Engels, a la que le dedicó sus mejores energías du-

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rante el largo periodo del tiempo comprendido entre 1885 y 1894, produjo la transformación de un texto bastante profesional, compuesto de “pensamientos escritos in statu nascendi” y apuntes preliminares, a otro unitario, que originó la figura de una teoría económica sistemática y completa, anticipatoria de muchas malas interpretaciones. De mayor consideración es el volumen precedente, que, contiene los últimos seis manuscritos de Marx correspondientes al tercer libro de El Capital, escritos entre 1871 y 1882. El más importante de ellos es el voluminoso Mehwertrate und Profitrate mathematisch behandelt de 1875, así como los textos añadidos por Engels durante su trabajo como editor. Precisamente estos últimos muestran, con inequívoca exactitud, el camino recorrido hasta la versión publicada y -al resaltar la cantidad de las intervenciones sobre el texto, muy superiores a las hasta ahora aceptadas- permiten finalmente formu-

lar una valoración cierta sobre su papel de editor, a la vez que destacan el valor y los límites de dicho papel. A su vez, el segundo presenta parte de los trabajos del último Engels. En el volumen se alternan proyectos y apuntes entre los que se encuentra el manuscrito Rolle der Gewalt in der Geschichte, liberado de las intervenciones de Bernstein, quien se encargó de la primera edición; textos dedicados a las organizaciones del movimiento obrero; prólogos a la reimpresión de escritos anteriormente publicados y artículos. Entre estos últimos tienen un especial interés Die auswärtige Politk des russischen Zarentums, historia sobre dos siglos de la política exterior rusa publicada en Die Neue Zeit, prohibida posteriormente por Stalin en 1934, y Juristen-Socialismus, escrito junto con Kautsky, a quien se le reconoce, por primera vez con certeza, la paternidad de cada una de las partes. Las novedades de la edición histórico-crítica se pueden también


constatar en la tercera sección, dedicada a la correspondencia. El tema principal del reciente volumen, lo constituye la actividad política de Marx en el seno de la International Working Men’s Association, que se había fundado en Londres el 28 de septiembre de 1864. Las cartas documentan lo realizado por Marx en el periodo de vida inicial de la organización, y durante el cual obtuvo rápidamente el puesto de mayor prestigio, a la vez que pudo realizar su deseo de unir la aceptación del público (que lo veía nuevamente, después de dieciséis años, en primera línea) al trabajo científico. Entre los temas que se debatieron están la función de las organizaciones sindicales -cuya importancia resaltó, a la vez que puntualizó (en contra de Lassalle, y su propuesta de establecer corporativas financiadas por el Estado Prusiano) que “la clase obrera es revolucionaria, o no es nada”; la polémica contra el owenista Weston, que apareció en el ciclo de conferencias reunidas posteriormente en 1896 bajo el título de Salario, Precio y ganancia; las consideraciones sobre la guerra civil en los Estados Unidos; el opúsculo de Engels La cuestión militar prusiana y el Partido Obrero Alemán. El otro volumen sobre la correspondencia recientemente editado tiene como fondo la recesión económica de 1857. Esta revive en Marx la esperanza de una vivificación del movimiento revolucionario después del reflujo iniciado con la derrota de 1848: “la crisis ha ahondado como un hábil viejo

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topo”. Esta expectativa le infunde una renovada productividad intelectual y lo impulsa a delinear las orientaciones fundamentales de su teoría económica “antes del déluge”, tan esperada, y hasta ahora no realizada. En el plano personal, esta fase se caracteriza por la “lacerante miseria”: “no creo que algún otro haya escrito sobre el dinero con tanta carencia del mismo”. Marx lucha desesperadamente para que la precariedad de su propia condición

no le impida llevar a buen término su “Economía” y declara: “Debo realizar a cualquier precio mi intento sin permitir que la sociedad burguesa me transforme en una money-making machine”. Sin embargo, aunque se dedicó totalmente a la redacción del segundo fascículo, éste jamás apareció, y para la conclusión del primer libro de El capital, el único terminado, fue necesario esperar hasta 1867. La parte restante de su inmenso proyecto, en contra del carácter sistemático que se le ha atribuido constantemente, será realizada de manera parcial y permanecerá extraordinariamente llena de manuscritos abandonados, esbozos provisorios y proyectos inconclusos. El carácter inconcluso -fiel compañero y destino de la obra de Marxpersiste también en las obras juveniles.

El primer número de la nueva serie del Marx-Engels-Jahrbuch dedicado en su totalidad a La ideología alemana, es una prueba irrefutable de ello. Insistiendo sobre el joven Marx, se menciona la reedición de la compilación de obras juveniles editada por los estudiosos socialdemócratas Landshut y Meyer que en 1932, contemporáneamente a la primera Marx-Engels Gesamtausgabe, hicieron posible la difusión -aunque con diversos errores en cuanto a los contenidos y la sistematización de varias partes de los textos y con una deficienteinterpretación sobre los originales- de los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 y de La ideología alemana, que hasta entonces eran inéditos. Después de tantos momentos marcados por una profunda y reiterada incomprensión de Marx, según lo testimonian la sistematización de su teoría crítica, el empobrecimiento que ha acompañado su difusión, la manipulación y la censura de sus escritos y su utilización instrumental en función de las necesidades políticas, el carácter inconcluso de su obra se manifiesta con una fascinación indiscreta, libre de soluciones de continuidad con las interpretaciones que anteriormente la habían desnaturalizado hasta convertirla en una fragante negación. De esta resurge la riqueza de un pensamiento problemático y polimorfo, y el largo horizonte sobre el cual la Marx Forschung tiene todavía tantos senderos por recorrer.


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