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Entrada la noche, los rituales de la gente cambian. Esperando entre fuegos y trincheras psíquicas auguran la venida de una nueva luna, nuevas figuras trazadas con estrellas. El nombre de cada uno se esconde en el apareamiento de sus palabras que saltan de la garganta al sereno quemado de este encuentro. Aplauso entre la línea del tiempo que desata la constante difuminada en la ruptura de su propia estirpe. Una cultura se abraza a los deseos más íntimos de su frágil existencia. Sopla el sueño, funde las miradas caídas a decenas de risas estables que aprisionan la existencia más absurda de todas, para después, entre sí, suplicar al infinito la eternidad de su propia oda. Entre esos círculos humanos están ellos, desnudos de todo, esperando las ropas del silencio. Bailan y giran entre el fuego de sus sobrevivientes ejes y abren grande la boca para gemir; son de todos, de ellos mismos, solos pero dispuestos a abrirse al acojo de una magna tropa de luz. Por fin se encuentran para saber que una parte ciega los vislumbró en el destierro de sus antiguos miedos erógenos. Se sienten y abordan el frágil camino que se topa en sus sueños.Vomitan lo de antes y se abrazan, el fuego baila y el resto del grupo se eleva en la posesión de un ser abdomen en la esquina de un zigzagueante cuerpo húmedo y etéreo. Hoy de nuevo juntos…como lo dice el oráculo. Nada interfiere, nada se resta, pues se adhieren a ellos los significados y denotaciones en silencio. Son pequeños seres malditos que en sonidos claves y pinturas rotas tratan de limpiar su ansiedad, aunque sea inútil pues no hay salida. Ellos suspiran, se apasionan y descienden en capricornios rústicos de piedra cantera para elevarse en planetas que no existen. Son rojos los ruegos y todos caen derrotados por la fuerza que siempre buscan y no saben controlar. Ahora nuevamente son los dueños de distancias que se esfuman en la atmósfera picante de este río de sangre que palpita rocas, lama, suerte y un nervio finito dispuesto a la muerte. Pero se miran la profundidad vacía de sus ojos caídos en la guerra del encuentro. “Somos” no lo entienden pero tampoco el “soy” o “es” . Sólo se sienten mientras se desangran arrancándose el último deseo de vivir.


Abrazados calmaremos esta alquimia sucia para no ser de nuevo la espiga en la mano del gigante. Cabremos abrazados en una grieta de la noche, esta alquimia sucia será agua de lluvia, la calle más larga a oscuras, una luz tocará cada gota del cielo y cabremos algún día en las grietas de la noche para volver a los monstruos bajo la cama, a los columpios y súbeme más alto. Ayer cantaron las mismas aves pero hoy no las oigo, ayer salté del sueño. Tú sí tienes el valor para acabar con todo, yo no tengo el valor para quedarme. Cuántas veces jugué a cortarme las venas, a vaciar tarros de chocolate. Cuántas veces es hoy aquel día. Cómo voy a volver a tenerme. No se me olvida ese tú en cama. Cómo prescindir de ese ti. Ocurre lo que cuál sea venga aunque parezca yo tener. No puedo sostenerme de todos los andenes ni ver volar hacia ti los trenes. Mi mirada es un sueño de plata que sangra dentro del ánima, túnel de sapiencia y camino de viejo retorno. No puedo iniciar un vuelo ni sostenerme al suelo en la caída. Mis manos son noches de vidrios y de ganas, piedras de rencor y envío solitario. No puedo ayudarte en este espacio ni vivir de plano nuestras dimensiones. Mi surtidor es veneno de serpiente, fogata de fuego frío.


Nada puede ser tuyo porque nada es mío. Déjame darte la nada más pura, esta sonrisa, un beso caliente: húmedas bocas como vaginas, dos caminos que se hieren siempre. Todo lo que existo me divaga en un recorrido de muerte, loco andar que se oculta en la vieja consigna de tu yo enrarecido dentro de las serpientes del alma, en los pasos mansos de mí vencido.


Carta a los Reyes magos

Queridos reyes, Pese a mi gusto por el ron, por la cerveza y otros vicios, tengo desde tiempos españoles un recuerdo grato y preciso sobre mi fe en ustedes tres: recuerdo siempre mi juguete de madera y mi primer póster de Robin Hood; mi primera chocoaventura; sin más penas que la petición: necesito a Natha (Kinski). Me he portado bien. Aunque sea manden una copia plástica, made in china, de su original.


Persigo las agujas de un Edipo para no ensordecerme con esta vil ceguera que apaga nuestra lumbre. La verdadera cruz se esconde en las astillas y la busco, me crucifica el día y la noche me adopta para seguir sombría con mi sangre. Hay un punto en la noche donde todo lo encuentro, hay una fisura por la que me asomo cuando el otro yo duerme, y me asombro y despierto y habito un circo árido de cínicos payasos. La carne que me trenza y constituye le pertenece a otro, la voz con la que lamo tus oídos es un vagar antiguo de fantasmas. Leo mis manos y en sus arroyos no existe más historia que relojes de arena y muertes circulares, y la línea de vida es una zanja honda donde entierran al muerto cuando huye, y el amor en mi mano es una línea rota de navajas. Me encierro bajo un árbol, y construyo una celda de duros pensamientos; mi corazón no late, son mis dedos que tragan lo que tocan, mis oídos, mi olfato, mis miradas confusas que no pueden perderse aunque las alimente con el ácido fino que me lleva hasta el mar. Más allá de mí la ventana se abre y me caen las estrellas en los hombros, y llevo a cuestas la reunión de los astros –maquino estas palabras con la suerte que encuentro en un tarot. Porque una carta suya es cualquier carta, es el ave de augurio y son los ojos que hoy miran desde ti. Estoy dormido en un desierto de placeres obtusos, en el rincón que me he formado mientras crezco. Se retuerce el que soy en el estómago de aquel gigante que engulle todo para esconder el hambre que no cesa. Mientras escribo me vuelvo más angosto y al final de las puntas seré el mismo gusano que viste de seda a la esperanza, para que no nos muestre su cuerpo de roedor calvo y marchito. No estoy perdido porque no hay centro ni límite; no he muerto aún porque el final es imposible; no he de encontrarme nunca en este cuerpo de títere sin cuervos; no he de partir jamás, aunque siga bebiendo de la copa secreta que me quita la vida.



Pirata#3