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Enero 2011

¡Lazaro!

masnàda

Segunda Edición Enero 2011


¡LAZARO! 2011

Agradecimientos Sara Rossi, Manuel Beyeler, Marcello Cartolano, Allessandra Giussani, Michele Mauri, Guido De Sigis, Barbara Salerno, Luisa Pedrazzini, Teatro il Foce. Teresa Costantini, Fundación Arte Vivo, Daniel Macke, Agustina Maruca, Germán Britos, Ricardo Mackintosh, Isabelle Petersen, Cintia Sola, Corinna Steinmann – Camenish, Eros Robbiani, Hans Ruedi Bortis, Edgardo Avila, Graciela Antognazza, Ines Durañona, Patricia del Mar, Diego Vigano, Diego de Elizalde, Nicolás Kohen, Pablo Lopez, Natali Gaskins, Cabuia Teatro, Gustavo Zidan, Emilio Gutierrez, Daniel Genoud, German Amato, Diego Fabrizio, Ana Inés Quadros, Lucas Ciarg, Camarín de las Musas, Teatro el Galpón. Mauricio Toro, Nicky Dice, Simone Spring, Astrid Juliana, Paolo Vignolo, Didier Pfifter, Malicanti, Consuelo García Frugoni, Henry Reyes, Andrea Ramirez, Manuel Sanchez, Elfos de San Gil, Unisangil, Carlos Zatizabal, Patricia Ariza, Sala Seki Sano, Corporación de Teatro Colombiano, Casa del Teatro Nacional, Teatro Varasanta, Mapa Teatro. Emanuele Santoro, Enrique Sanz, Mercedes Quadros, Gianni Macconi, Celestino Macconi, Catherine Maridor, Sambo Gansser, Romina Kalsi, Serena Wiederkehr, Mila Macconi, Rocco Macconi, Boris Tarpini, Mia Wojcik, Benicio Britos, Mara Bertelli, Vania Lurasky, Alfonso Zirpoli, Teatro Il Cortile, La Cambusa. Luis Molina, Elena Schaposnik, Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral, Luis Masci, Emily Lewis, Baraka Theatre Company. Piers Nimmo, Cosmo Cardoso, Polly Huggett, Instituto Cervantes Londres, Olvido Salazar Alonso, Siobhan Songour, Miguel Oyarzun, Heriberto Montalván, Robert Archer, John Weston, Hugo Maciel, Francisca Bancalari.

Interpretación Felix Augusto Quadros, Mathias Britos Música Original Mathias Britos, Marco Fagotti Dramaturgia y Dirección Felix Augusto Quadros Dirección de Movimiento Luca Zanetti, Salvatore Motta Producción Colombia Salvatore Motta, Colectivo Errante Producción Argentina Daniel Macke

¡LAZARO!

Segunda Edición Concepto y Edición general Felix Augusto Quadros Diseño Gráfico Yaku Sto

Musico en escena Suiza Ricardo Torres, Robinson Chaparro

Colaboraciones escritas Paolo Vignolo Simone Spring Mauricio Toro Jacob Logos Mathias Britos Felix Augusto Quadros

Musico en escena Colombia Efren Ramirez Bello, Edgar Villamizar

Fotografía Jan Eckert

Escenografía Marco Bertozzi, Felix Augusto Quadros

Musico en escena Buenos Aires Jorge Platero Musico en escena Montevideo Jorge Platero Musico en escena Suiza Stephan Selhorst Arte Jacob Logos Street Art Jaz (Franco Fasoli) Concepto Diseño Gráfico Masumi Briozzo Fotografía Jan Eckert Props Sambo Gansser Filmación ¡Lazaro! Ticino David Induni, Ricardo Torres, Fabio Salmina Teaser y Soporte Audiovisual Nicolas Bachmann

MASNÀDA

Suiza: + 41 78 647 8779 Londres: + 44 790 664 1950 Argentina: +54 911 61 86 64 78 www.masnadateatro.org quadros@gmail.com mathiasbritos@gmail.com


¡Lazaro! Errantes en el desierto, El Escudero y el Bardo persiguen las huellas de Lázaro; pero siempre, parece, llegan tarde, un poco tarde. La muerte acecha y el hambre oprime; en el fino juego de lo absurdo y lo real los rastros resignados por el prófucgo los posee en el delirio de habitar su propia historia. ¡Cuánta maña hará falta para poder sobrevivir a la faena e insistir con la persecución! . edito r ial 7 c ara c ter publ i c o 17 en el en c uentr o

por Felix Augusto Quadros 15

toro

por Mauricio Toro 18

tej i end o redes 20 spr i ng

por Simone Spirng 22

fas o l i 25 logos

por Jacob Logos 29

s o n o r i dades , g o lpes , p i ruetas

por Mathias Britos 30

v i gn o l o

por Paolo Vignolo 33

r o c k and r o ll

por Felix Augusto Quadros 37


ed i t o r i al

Contratapa de la resvista “La Calle”, de Bogotá, con una imágen que podría bien reproducir la escena de la operetta en la obra.

Un año es una vida, o en el caso de este 2010, con ¡Lázaro! fueron varias. El camino de las cenizas, enfrentarse al catabasis como ese largo rito iniciático y de sacrificio, es por momentos tan tormentoso como la misma creación, y nos enfrenta en la intimidad a la realidad que llega con el duro momento de caer en la cuenta que la propia creación se ha apoderado de uno mismo. Cuántas veces nos preguntamos antes de entrar en escéna, la emoción en los ojos, qué era eso que nos tenía allí, con el rostro blanco y la silueta envuelta en los paños de dos eternos buscadores, para comprender que no importaba demasiado encontrar una respuesta y, cómo con la inconciencia misma, no arrojabamos otra vez al escenario. En el camino, enfrentando los momentos más ajustados del camino, siempre hemos encontrado amigos, familia, hermanos y esos compañeros que te dan el beneficio de la duda con su propio esfuerzo. Dialogamos sobre lo exclusivo del teatro; Transformamos el arte en un producto para volver a buscar el arte. Anudamos imposibles circunstancias para aprender otra vez el paso y el ritmo de lo nuestro y de lo pequeño. Nos habituamos a la preparación del espectáculo y a la necesidad de contemplar el visto cada tanto para seguir afín al horizonte que nos habíamos propuesto. Y así, luego de más de un año de viaje, esfuerzos, ciertas frustraciones, dedicación, inversiónes, luminosas colaboraciones, mucho canto y el valor del regalo, presente, que se lleva para toda la vida, articulamos sobre el lujo de poder dedicarse a una obra durante tanto tiempo, con tanta colaboración, y en variadas geografías existenciales. Esta Segunda Edición muestra, pues, cómo se ha fraguado a través del encuentro este espíritu Lázaresco en un debate artístico contruído entre las varias artes. Volvímos a Lugano para cerrar este ciclo. Volvímos ciertamente cambiados y, sin más, con cierto ardor inconsciente en esto de revivir todas las noches, para asegurar en nostros el fuego de una transformación. ¡Lazaro! es caprichosa, o más bien celosa, y acaso como la vida misma nos ha siempre exigido nuestra más absoluta entrega. Es ahora tiempo de mostrarla con su riqueza ganada y llevada en mano de todos los que se la han cargado un tramo. Editorial Primera Edicion

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Segunda Edici贸n Primera Edicion

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La Regione Ticino 14 de Enero 2011 En la búsqueda de Lázaro. Mathias Britos y Felix Augusto Quadros en el Foce de Lugano.

prensa

caracter publico

“... aquello que se ve de esta crisis es el deseo de vivir y sobrepasarla, atravezando también por la desesperación: la imagen es como la de un animal que, mientras se ahoga, manifiesta un grandioso deseo de vivir.”

Algunos detalles

“Masnàda nace como formalización de un proceso de años, hecho de viajes y la voluntad de comprender la realidad en que vivimos, de una palabra que se traduce en acción,” explica Mathias Britos. Después de un año y medio, y una gira por Sur América, ¡Lázaro! vuelve a Lugano, esta noche y mañana a las 20.45 en el Teatro Foce, donde en el 2008 Britos y Felix Augusto Quadros han ideado el projecto Masnàda. Un alma teatral, esta de Masnàda, entre Suiza y Uruguay que, según Quadros, “está en la voluntad de manifestar un movimiento a través de la colaboración, con un giro artístico que no se limita solamente al teatro”. Una búsqueda formal que encuentra otros lenguajes, desde el diseño a la música en la cual, agrega, “la idea de “clown dramático” expone el universo que buscamos, una expresión teatral expuesta, abierta, generosa: una complicidad con el público para compartir un percurso en escena.” Una idea de teatro, continúa Quadros, fundada “sobre la curiosidad y el uso del cuerpo, una expresión tantas veces más fuerte que el uso de la cabeza: por eso podemos presentar un espectáculo en castellano en Lugano.” ¡Lázaro!, inspirado en el Lazarillo de Tormes (de autor anónimo), Jacques el Fatalista de Diderot y el Asno de Oro de Apuleyo (segundo siglo), ve a los dos autores (Quadros con el texto y la dirección, Britos con la música acompañado por Marco Fagotti) en los paños de un Bardo y un Escudero. “Lázaro – explica Quadros – ha tenido una transformación: al inicio la busqueda se basaba en el Lazarillo y el Asno de Oro, dos personajes invisibles para la sociedad. El trabajo en escena, y también luego uno con el artista Jacob Logos, nos ha llevado a una imagen de Lázaro muy fuerte, irreverente, casi una suerte de superheroe, más grande que todo y que de sí mismo: que sabe volver de la muerte.” Un Lázaro al cual los protagonistas continúan incesantemente buscando, agrega el director: “Es un personaje que no encontramos nunca, y sin embargo lo encontramos siempre: pues existe en cada uno de nosotros.” El espectáculo lleva a escena también una crisis contemporánea, no solo económica. ¿Cómo evitar de aplanarse al lugar de una mera crónica, mirando a lo universal? “Proponemos una busqueda sobre lo simbólico, los ritmos y lo frenético del mundo en que vivimos sobre el filo de la crisis y la constante tranformación. La imagen, la parte simbólica de la palabra, tiene mucha fuerza.” Y, continua ahora Britos, “aquello que se ve de esta crisis es el deseo de vivir y sobrepasarla, atravezando también por la desesperación: la imagen es como la de un animal que, mientras se ahoga, manifiesta un grandioso deseo de vivir.” Claudio Lo Ruso

LINKS: MASNADA TV www.masnada.org http://vimeo.com/channels/95568 De arriba izquierda: Carteles de ¡Lázaro! en las calles de Bogotá. Luca Zanetti, director de movimiento, habla con la RSI en el Teatro Il Foce, Lugano, enero 2011.

La Regione Ticino, 14 de Enero, 2011.

Arriba, comunicación de Trasguardi, con el Canto de Lazaro como inviatdo.

Carácter Público Caracter Público

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CO L O M B I A

EN EL ENCUENTRO Bajo los efectos de la magia y el candor.

“Llegamos hasta aquí, eludimos a la muerte, batimos al diablo en duelo con una sotana, dialogamos con nuestros ancestros en las fantasías más ludicas sin llegar nunca a un acuerdo, y todavía es como que no hay nada aquí dentro.” (Escudero, ¡LAZARO!). p o r fel i x august o quadr o s

Nos sentimos un poco como esos cuenteros de antaño, buscando el continente perdido y encontrando seres mitológicos. Porque el paraíso ya no vive del todo en este mundo imaginario, y los reinos de leyenda nos habitan en su medida un poco más grotesca y cotidiana. Gog y Magog es ya un indulto en las grandes capitales. El ciclope amanece acostado en las veredas sin reposo. Un fraile que busca la respuesta de todas las respuestas lo puede mirar a uno de rojo y pedirle, “pa un pan”. Y uno se cree un poco más iluso, en el ilusorio encuentro de la vida, que nos reunió a todos en Bogotá, y luego por Colombia durante dos largos e intensos meses. Porque en La Candelaria, Bogotá, la vida y la calle parecen buscarse en un abrazo sin pecho y como hueco. La devoción anda impregnada en esa mirada voraz de la gente, un ademán, un saludo acá y allá, una monedita, y el que cobra por minutos de celular pareciera asistirle al pasante de una cotidianeidad que para el que no anda habituado se le pasa como el aire entre los dedos. Vivir la vida es más un arrebato de insistencias, para muchos, que el preciado bien de la existencia más simple. Laz kick de Jacob Logos para ¡Lázaro! Arriba: vista desde el Jardin del Colibrí, Gusca, Colombia.

Algo nos pasó en La Candelaria.

Algo en nuestro encuentro, y las cirucnstancias que nos rodean. ¡Lázaro!, obra de teatro, cambiaba de humor, buscaba un pelaje más carnoso: lo dinámico temblaba desde adentro; lo gracioso se nos llenaba de una angustia, como que vivíamos ese desamparo que nos entraba por los ojos y que reside en la soledad más básica: compartir lo que no

Abajo: calle del volcán, La Candelaria, Bogotá.

En elUn Encuentro Mundo Generoso

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En casa con los herederos de los Gaiteros de San Jacinto, quienes nos agasajaron con más de una hora de música inmortal: “Un fuego de sangre pura que con lamento se canta”.

Impresión del artista Jacob Logos para ¡Lazaro!

“Será que la vida es también un poco así, como que uno le tiene que dejar un pedazo de uno para tomar otro...”

hay. El texto y la dramaturgia se nos llenaba de preguntas. ¿Otra vez lo mismo? Y el público de esas primeras semanas en la Seki Sano, parecía, experimentaba el trabajo escénico cada vez más como una transformación, un animal que cambiaba la piel, algo sufrido y sin dejar el estentóreo vigor para despellejarse y devolvernos al final cambiados. Es que esto también es Colombia: País de mil colores, rico y generoso. Un lugar en la tierra donde nada pareciera cambiar en el bélico estado de las cosas, pero todo es posible con la magia. Dónde nada tiene un fin exacto y todo puede volver a empezar, de un día al otro. Fiel realidad es la música y el amor que desde allí poblaron el mundo. La literatura y los laberintos de la soledad que se nos metieron también en el corazón. Se vive con la intensidad de un niño, que ha perdido la ingenuidad pero se niega a perder ese aroma fresco del sabor, y el baile, y la mirada fantaseosa de deseo con la vida. Extrañados por un anhelo de lo que dejabamos atrás, del amor que estaba lejos en nuestras tierras, en nuestra casa, nos lanzabamos al escenario noche tras noche en aras de despejar un poco más el vientre y salir más airosos: con más respuestas y menos preguntas. Empeñados en comprender que lo que estaba pasando allí sobre las tablas no podía mezclarse tanto con la realidad y que la realidad no podía metérsenos tanto en la escena. “Yo quería gritarles ¡Lázaro! durante la función” nos confesó un niño después de ver la obra, como si el reflejo con ese público y la búsqueda, y ese mismo público la búsqueda, fuese ya parejo. Un teatrista colombiano se sentía llevado por la zarzuela española, los ángulosos portes del quijote en la quijada de un burro, el revuelto de Beckett y el absurdo de una espera para traerla aquí, a la angustia de este aquí, y todo pa un pan. Un dramaturgo chileno sentía que la dramatrugía era más bien una imagen que se le metía en el subconciente. “¿Dónde están esos actores endiablados?” preguntaba la cubana, y es que tal vez sí lo estuvimos. Había gente que se veía sometida a un cimbronazo de energía. Otros

que se debajan llevar por la fisicalidad a un mundo más poético. Un zurco por el comic, una matiz cinematográfica, para alguno la oscuridad de Tim Burton, y el resguardo insolente de la calle, el aroma que todo lo impregna de alboroto bien latinoamericano, una operetta con un olor a muerte que renace, el absurdo pero no del todo absurdo, máscaras sin velo, el grotesco que nunca llegó a reírse a carcajadas de sí mismo: Nos encontramos con los desechos de lo que estabamos queriendo decir, allí, de frente a nuestro sudor, cada noche; en San Gil y la abundancia de generosidad, en el Varasanta con sus salas en silencio, hasta en esa última semana en el Mapa Teatro con sus paredes armolinadas de faenas teatrales. Cada paso creativo parecería se cobra algo. Será que la vida es también un poco así, como que uno le tiene que dejar un pedazo de uno para tomar otro: En Colombia también nosotros escarbamos nuestro subconciente, con ese hambre de la angustia, todas las noches en busca de riqueza. Porque Colombia regala reconocimiento, un público listo para compartir, un mundo de encuentros que hacen grandes los momentos vividos. Comprendimos que de una historia nace un encuentro nace un producto; Que cada encuentro tiene algo de magia. Cada situación un poco más de vigor. Cada momento compartido una oportunidad para compartirlo más. Y de alguna forma cada persona teje con su punto la realidad para que nunca se acaben los encuentros que mueven a este nuestro mundo. Porque Colombia parecía insistir con nostros que lo nuestro es la colaboración, y que lo nuestro también es tuyo. MASNADA TV Vimeo Links: San Gil: http://vimeo.com/20470546 Tayrona: http://vimeo.com/20514913 Malicanti: http://vimeo.com/20460536 Culonas: http://vimeo.com/20390281

Pag opuesta: de arriba hacia la derecha, extracto del mural por el artista San Gileño, Rosenkranz, fotos de los viajes por el Parque Natural Tayrona, y Edgar Villamizar en preparación de su alquimia escénica.

En elUn Encuentro Mundo Generoso

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art i c ul o

toro Un tejido de Vida

p o r M aur i c i o t o r o

Bien mirado, el tejido de la vida es un sucesión de puntos ordenados, relacionados uno tras de otro, en una especie de ordenamiento natural que precisa la interrelación de toda la energía en tiempos, movimientos, colores, sonidos, olores, sensaciones, pura perfección natural y creativa. Sin embargo es tan frágil su ordenamiento natural, que fácilmente puede ser interrumpida su magnífica urdimbre. Ese equilibrio de fuerza y energía que es la vida, esa trasmisión de goce natural infinito; ese intercambio en el mundo o el tejido de lo relacional, es perturbado por la especie más inteligente, el hombre, que paradójicamente podría con su naturaleza interrelacionada restablecer un ordenamiento natural. ¿Realmente que tan importante es tejer? Para los ancestros el valor del tejido no es solamente una acción física en el uso de algún material que hace posible un objeto utilitario, es también el tejido del pensamiento y la palabra que hace posible la acción de las relaciones de unidad como riqueza principal. Basta con observar como está interrelacionado el tejido de la naturaleza o de la madre tierra para darnos cuenta de su armonía, sabiduría, abundancia y el maravilloso muestrario de los diferentes productos creativos del que somos beneficiarios. JARDIN COLIBRI, se encuentra ubicado en un pequeño pueblo llamado Guasca, en el antiplano colombiano a una hora de Bogotá, a 3000 metros de altura. En el lugar se producen alimentos en fresco orgánicos, se distribuyen en una red de consumidores naturalmente conscientes y se procesan para los visitantes. También, con un grupo de Mestizos, Muiskas y Wiwas de la sierra nevada de Santa Marta, se organiza el territorio como un lugar de Educación y Medicina Propia, con el uso y la palabra de vida de elementos como: el tejido (mochila, mambeadero), las plantas medicinales (tratamientos, uso de plantas), la cerámica, y recorridos vivenciales en lugares sagrados a lo largo y ancho de la región. Todo se ordena a través del Ritual de la palabra o Mambeadero. Este ritual ancestral, es el principio sagrado de la comunicación, del acuerdo, del cuidado del otro, es en donde el verbo se consagra con la creación de la vida. El círculo de la palabra se realiza con la ayuda de la hoja de Coca y el Tabaco el poder del fuego central que representa el sol y el corazón de los humanos. El mambeadero es la acción en donde se realizan acuerdos colectivos para la obra colectiva.

JARDIN COLIBRI, es así un tejido de vida que se ha venido elaborando naturalmente en principio con un trabajo de pareja, de familia y ahora comunitario. Es la unidad del pensamiento, palabra y acción de una mujer anglosajona y un mestizo sur americano que buscan establecer una relación más profunda con la tierra, con los hijos y con los seres humanos, para comprender desde la palabra - acción la común unión de lo espiritual con la materia y su relación con la madre tierra. Es aquí también donde hemos recibido a Masnàda, con cariño y enseñanza para fortalecer su búsqueda y así seguir mambeando, compartiendo una palabra de unidad, reflexión y entendimiento. Aquí en el territorio hemos compartido el Ayo (hoja de Coca), tejiendo la palabra – acción, y haciéndose entrega naturalmente de esta palabra ancentral para ser llevada en el corazón al otro lado del mundo, donde ha de continuar su mambeo y desde donde seguirá el tejido de la fina mochila de Masnàda. La obra de teatro “¡Lázaro!”, es un derroche de movimiento, color, sonido y sensaciones; un tejido creativo que tiene el poder de transportarnos a escenarios reales y de ensueños cotidianos, es un producto con un valor estético que comunica las frustraciones, soledades y esperanzas de la calle, de lo urbano y de lo ancestral. “¡Lázaro!” es la alquimia de la diferencia, que hace posible su ubicación en cualquier escenario y solamente basta encontrar como público a seres sensibles con el tejido de lo callejero para generar sensaciones confusas y llenas de preguntas para saber ¿que hay detrás de la ilusión de “¡Lázaro!”? ¿Un tejido relacional que alimenta la abundancia? ¿Un pensamiento de unidad que esta en permanente elaboración? ¿La primera puntada creativa para la elaboración fina de una mochila que posibilita la urdimbre relacional, que nos une con la Madre Tierra, con la abundancia, con el otro? Que “¡Lázaro!”, nos siga abriendo la trocha y ayudando en la elaboración fina de la gran mochila de la hermandad, la vida, lo comunitario; ahí seguiremos sembrando la semilla de la abundancia, la guardaremos y cuidaremos para que su crecimiento sea saludable y su cosecha abundante.

Arriba: El Mamo y su familia en la casa Jardín del Colibrí. Derecha: Centro de la Maloca (cabaña sacra) en el Jardín del Colibrí, donde se practíca el mambeo, el ritual de la palabra.

MASNADA TV Vimeo Links: Niño Machetero: http://vimeo.com/20561409 Toro Musica

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c rea c i o n

tejiendo redes La maleta que viaja

Felix y Mathias en la sala Seki Sano, La Candelaria, toman un respiro de empezar a atar elásticos.

Las bolsas encendidas como quedaran al final de la gira, en el teatro Il Foce, Suiza, luego de mucho buscar contrapesos que también entren en la valija.

Mathias y Edgar en la llegada al Mapa teatro.

La preparación de Edgar y sus instrumentos detrás de escena en San Gil, Santandér.

Página opuesta, Felix testea un bolson inflado. Poryección del armado del Mapa Teatro en Bogotá.

Tejiendo En elRedes Hangar

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art i c ul o

spring Escuchar con los ojos

p o r s i m o ne spr i ng

* Simone Spring, responsable cultural en la embajada de Suiza en Colombia, actualmente en la Sektion Kulturprojekte del Ministerio de la Cultura en Berna, Suiza. Cuando ví el material impreso que me presentó Salvatore Motta en la Embajada Suiza en Bogotá sobre el espectáculo ¡Lázaro! de Masnàda, quedé sorprendida por la vitalidad de los rostros desnudos, por así llamarlo, como por cierto estoicismo de las máscaras orientales pintadas como pantallas sobre sus caras. Al ver el espectáculo por primera vez, tuve que rectificar esta impresión de estoicismo asiático, al ver como sus rostros pintados cobraban vida propia. Entiendo perfectamente que el acto de maquillarse genera una sugestión y que uno se convierte gradualmente en el personaje que va a representar. En ¡Lázaro!, uno recuerda que el maquillaje también es por excelencia una fuente de expresión escénica muy poderosa. Kesho, el maquillaje kabuki, significa adornar para cambiar. El resultado de este proceso incluye a la persona original y al nuevo personaje, dando gradualmente nacimiento a otro ser. En el caso de Félix Augusto y de Mathias, son tantos los personajes, los seres y los rostros que muestran y que les pertenecen de manera intrínseca, que me sentí como en un gabinete de espejos, rodeada al infinito por estos reflejos suyos, diferentes siempre. Sin embargo, existe un hilo conductor a nivel visual que son la profundidad de sus ojos y la intensidad de su mirada. Un antiguo proverbio dice que “los ojos dicen tanto como la boca”. En consecuencia, debemos “escuchar” los ojos. En el caso de su maquillaje logran crear un fondo sobre el cual la actuación de su mirada, por así llamarlo, resulta todavía más intensa y poderosa, a veces cruda. Lecoq dice que cada persona lleva en su ser una dimensión abstracta de colores, espacios, luz, materias y sonidos. Los elementos de nuestras diversas experiencias, nuestras sensaciones y emociones, todo lo que hemos tocado, saboreado y visto alguna vez, queda irremediablemente grabado en nuestra memoria y nuestro cuerpo. De esta base nace el impulso de crear algo. Y esta base suya es de una riqueza enorme. Y gracias a ello, su público se transforma en el lienzo sobre el cual escriben con sus ojos, sus bocas, su carne y su sangre, volviéndolo cómplice de este viaje a su interior. También fue Lecoq quien dijo que cada persona lleva dentro de sí una máscara. Mathias y Félix, ustedes se funden y a veces confunden con sus personajes, con su persona, con los sueños, miedos y deseos de ambos, mezclando las fronteras de una realidad abstracta, a veces frágil y solitaria, a veces callejera, pero siempre vibrante y emotiva. Hablamos en su momento sobre los pequeños encuentros que rodearon siempre las puestas de la obra y la importancia del encuentro, también fuera del escenario, como forma de expresión y relación. En el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española “encuentro” significa: 1. m. Acto de coincidir en un punto dos o más cosas, por lo común chocando una contra otra (chocando, ¿un poco?...).

2. m. Acto de encontrarse (encontrarse, ¿un poco?...). 3. m. Oposición, contradicción. Etc. (oponerse y contradecir, ¿un poco?...). ¿Por qué pongo este resumen? Simplemente como introducción o explicación del por qué no puedo concebir “pequeños encuentros”… O bien es un encuentro, o un roce involuntario y casual. Este contacto con Masnàda definitivamente no fue un roce, ¡sino todo un encuentro! La escritora francesa Benoite Groult, en su libro “les vaisseaux du coeur”, dice algo como “hay personas que nos tocan la piel y hay personas que nos tocan el corazón”. Seguramente leísteis Kavafis: mi parte preferida es esta:

“Los elementos de nuestras diversas experiencias, nuestras sensaciones y emociones, todo lo que hemos tocado, saboreadoo y visto alguna vez, queda irremediablemente grabado en nuestra memoria y en nuestro cuerpo. Lecoq” embargo, las raíces del arte se encuentran en su antigua función ritual y mágica. A través de ¡Lázaro!, ustedes logran transmitir este lenguaje artístico arcaico. Tienen sus raíces más allá de sus tierras y genes suizos y latinoamericanos, más allá de su educación, su cultura, sus conocimientos y capacidades. ¡Lázaro! fue la aventura de un viaje hacia los paisajes de la memoria, la búsqueda de las llaves perdidas de la unidad entre el cuerpo, la palabra y su encuentro. “¿Qué es la metafísica sobre el escenario? Es el intento del actor, de la

persona, de sobrepasar los límites de su cuerpo (…). Yo trabajo con el cuerpo, no con ideas. Desde el principio, rompo con el texto, para poder crear un vértigo de alta temperatura. Un cuarto de éxtasis. Cuando uno existe únicamente en la mente y sólo recita el texto, entonces se queda en una sola esfera, la esfera de las ideas”. Como Theodoros Terzopoulos, ustedes rompen con el texto, sobrepasan los límites de sus cuerpos y dejan su público pasmado y sin aliento. Su teatro no se limita a un estilo, un tiempo, un lenguaje o una región, es un teatro orgánico, muy de ustedes, sí, pero al mismo tiempo muy de todos y por supuesto muy pero muy mío.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca. Llegar allí, he aquí tu destino. Más no hagas con prisas tu camino; Mejor será que dure muchos años, Y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla, Rico de cuanto habrás ganado en el camino. No has de esperar que Ítaca te enriquezca: Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje. Sin ellas, jamás habrías partido; Más no tiene otra cosa que ofrecerte. Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado. Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia, Sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas. Siempre depende de los que se cruzaron en el camino de Ítaca. Todo lo que no se cuida y apapacha, como dicen en México, muere tarde o temprano. Y lo importante es el camino, Y estamos en él, no dependen los rumbos, existen los cruces. Y si no hay cruce, siempre hay teléfono, Internet, y tanto más. Caminar por una carretera sin explorar el universo que lo rodea carece de sentido. Para mí, lo más importante del viaje son los altos en el camino que permiten ver, tocar, sentir y saborear este mundo. Y Masnàda fue para mí una estación clave, volviéndose una parada larga y mágica. Este encuentro fue con ¡Lázaro!, Felix Augusto y Mathias, pero también conmigo, permitiéndome regresar en el tiempo, cambiar de horizonte y recuperar parte de esta capacidad de sueño y de lucha sobre un trasfondo artístico de rebelión y cuestionamiento de la sociedad, sus normas y sus realidades. Y fue así que nació, más que una complicidad, una bella amistad. A medida que el ser humano evolucionó, las diversas manifestaciones artísticas se transformaron a menudo en un producto de consumo. Sin Spring Primera Edicion

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Extractos del mural del artisa argentino Jaz (Franco Fasoli) pagina opuesta, extracto del mural. Jaz en acción callejera.

street art

fasoli La pared no se vende “La pared no se vende”, se leía como manifiesto, en un cuadrado blanco sucedáneo de un bastidor de buenas dimensiones dentro del marco de un muro en un profundo azul, que le hacía de fondo a una silueta, ahora media silueta. Franco Fasoli, conocido muralista como Jaz, preparaba su pintura negra y rodillo para cubrir esta misma pared y pintar el mural de ¡Lázaro! Parece que había alguno, conocido por todos ya, que cubría los murales con fibra de vidrio, los cincelaba hasta extraerlos como una tela, y los vendía por buena suma en galerías reconocidas. Este pedazo, pintado por él, me dice Jaz por completo despreocupado, lo vendió por veintemil pesos. Hay códigos, aún en la intemperie callejera, que corresponden a una cierta civilidad artística. La pared no es anónima. En la habitud de la dedicación, aguerrida sin falta, Buenos Aires está cubierta con un afianzado movimiento muralista, del cual Jaz es ciertamente protagonista. Sus murales, en la sorpresa de una esquina, nunca nos dejan indiferentes. Yo lo conocí a través de una publicación sobre grafiteros porteños. Un año después estabamos charlando en su estudio sobre la posibilidad de una colaboración. Fue lo más simple del mundo, un grato encuentro que nunca se retractó y que culminó no solo con la manifestación de su mural, sino que en su generosidad hacer de la residencia de Jacob Logos en Buenos Aires: algo puntual en el encuentro entre dos artistas. Para Jaz, los personajes en la obra estaban muertos, y se enfrentaban constantemente al espejo de sus sombras. ¡Lazaro!, personaje omnipresente, sería aquel que les daría la llave para volver a la vida. Grabado en el frente de Fitz Roy y Loyola en Palermo viejo, ya casi Chacarita, en la Ciudad de Buenos Aires, fue Jaz quien por fin le dio a ¡Lazaro! su lugar en la calle dura y fría. MASNADA TV Vimeo Link: http://vimeo.com/20524264

Fasoli

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El mural de Jaz, “Lázaro Aquí” en Buenos Aires.

Fasoli Hipervínculos

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arte

LOGOS Espiritus felinos, calles y dibujos

p o r J A CO B L O G O S

El estudio en la calle Lemos 55, en Chacarita, que pronto será un espacio de arte, teatro y encuentros internacionales, me recordaba a una vieja casa de campaña. Limpié un patio interno que proveía la mejor luz si desplazaba los caballetes durante el día, y la luz de la construcción (de lo que será probablemente la mejor area del café del futuro teatro), podía ahogarse con un Sonic Youth atado a mis orejas lo suficientemente fuerte. En las semanas que estuve allí, entre visitas y numerosos vagabundeos por las calles de Buenos Aires, tuve tiempo de dedicarme, experimentar y practicar técnicas texturales que para mi sostiene el tema de sujeto y dictamina la composición. Por ejemplo, las paredes y los colores de los edificios de Colonia y Carmelo en Uruguay, son excactamente el tipo de superficie desarticulada que me esmero en crear como base para mis pinturas. En Buenos Aires, junto Jazz y los muchachos de la actual corriente muralista, tuve la oportunidad de pintar directamente sobre este tipo de superficies en algunos de los muchos asignados espacios para murales que la ciudad tiene para ofrecer, un concepto que mi ciudad natal en South Australia haría bien en seguir. En su defecto, continuaré en la practica de tranplantar esa sutil belleza de las paredes en mis telas. MASNADA TV Vimeo Link: http://vimeo.com/20532692

“The wounded Lion of Nemea”, por Jacob Logos durante su estadía en Lemos 55, Buenos Aires. Pag opuesta, de arriba: “Tiger” por Logos, dos ilustraciones para ¡Lázaro!, Jacob en acción callejera en Buenos AIres, Mural sobre la calle Thames en Villa Crespo, una calle en la colonial Colonia, Uruguay.

Logos Espíritus Creativos

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st o r y tell i ng

Sonoridades, golpes, piruetas Hablo en música p o r math i as br i t o s

Cada uno de los sentidos puede ser refinado a través del ejercicio de los estímulos. Al inicio del proceso de la mis-en-scene del espectáculo, en Londres, mi trabajo era el de músico en escena. Es decir, sonorizar las acciones que se jugaban durante ciertos momentos de espectáculo. La cosa era bastante inmediata y eficaz. Luego de esta primera etapa, ya con el espectáculo desarrollado y escrito para dos actores y al re-encontrarnos con la necesidad de sonorizar, casi por magia recibimos la colaboración fundamental y preciosísima de dos grandes amigos: Robinson Chaparro y Ricardo Torres. Su intervencion en el ámbito musical de los storytellings abrió nuevas e inesperadas fronteras perimiténdonos, como actores, sentirnos mucho más libres en nuestras acciones sobre el escenario. Por ejemplo, percibir, a través de una explosión y el sonido de un proyectil en cámara lenta, un retroceso fisico con el escalofrío de la piel que se precipita en una larga onda a través de todo el cuerpo. Algo similar ocurrió en Colombia, mientras trabajabamos con Efren Ramirez Bello como músico en escena. Nos encontramos en Guasca, un caserío a mas de 3000 metros de altura sobre el nivel del mar, en plana campiña, para concentrarnos y trabajar con el nuevo team. En el haber de instrumentos de todo tipo, tambores, maracas, uñas de cabra, claves, cajón, pitos, y muchos otros. Durante los ensayos nos dimos cuenta cuánto nos faltaba el bajo eléctrico y toda la parte de sonidos electrónicos a los cuales estabamos tan habituados durante nuestras presentaciones en Suiza al momento del debut. Buscabamos soluciones para llenar tal vacío. Luego de diversos argumentos sobre tener o no tener un nuevo bajista, nos convencimos que debíamos someternos al rigor de proponer todo en tono acústico. Esto nos proponía en una dirección que buscamos desde el inicio, es decir, no depender de nada más que de nuestras fuerzas. Hacer del espectáculo tan autónomo de fuentes externas hasta poder presentarlo donde sea, incluso en la misma calle. Como en Suiza, Colombia nos daba nuevas soluciones, necesarias, inevitables, fortificantes. Iniciaba así un interesante trabajo, uno de reproducir sonidos que antes estaban grabados de sonidos reales con un simple instrumento acústico. Sonidos como el de una bomba, disparos, automóviles que pasaban a gran velocidad, jingles, etc. El ritmo es también melódico, sobre todo si se reproduce con los más variados intrumentos como cacerolas, bandejas, campanas y una batería hecha enteramente de material reciclado. La necesidad de rendirlo todo acústico nos aguizaba el ingenio y mutaba nuestras acciones en escena que ahora debían redescubrir el punto de encuentro con la armonía de la música. Edgar Villamizar, encargado entre otras cosas de los efectos especiales, comenzaba a participar de los efectos sonoros desde detrás de los telones escénicos, provocando en el espectador una percepción al sonido como si viniera de un Dolby surround, pero acústico. La soledad de los dos personajes en escena era ahora circundada por sonidos y murmullos que llegaban desde todas las direcciones, provocando en nostros, los actores, nuevas y orgánicas reacciones. En Buenos Aires y Montevideo trabajamos con Jorge Platero, un maestro del Candome del Uruguay. Crecido en Montevideo, hijo de arte,

emigrado a Brasil en la búsqueda del Africa de sus raíces, ha condensado en un único músico todo aquello que habíamos aprendido hasta el momento, sumándolo a su precíosisimo bagaje musical. Trabajar con él ha sido, como siempre, una experiencia marcada de innumerables repeticiones y el encuentro de soluciones. Tambien aquí todo el arsenal de instrumentos debía ser nuevamente armado con las posibilidades a la mano. El problema principal, esta vez, eran los soportes. La técnica para transmitir aquello necesario a un nivel sonoro había indudablemente mejorado, ya sabíamos como reproducir ciertos sonidos y que soluciones eran mejor que otras. Platero, en su elaboración de la tantísima información recibida reaccionaba con calma y reflección. Aún si se trataba de una explosión, por necesidad un sonido violento, en la coreografía de los golpes del momento era para él dificil pegarle al tambor, y usaba un alambre destartalado para hacer sonar un platillo que casi no se sentía. El ritmo era perfecto pero sutil y dulce. Jorge, que desde hace varios años trabaja en el campo de la musico-terapia, actuaba sobre nosotros sutilmente haciendo pesar su propia necesidad en encontrar un equilibrio entre la música y la acción. Nosotros, entre la desesperación y la frustración de no tener esa percución furiosa en los momentos que necesitabamos, nos entregabamos en nuestra esperanza a las manos de su buen sentido. Todo lo que era el elemento Tierra, iba a la izquierda, y aquello que era Aire, a la derecha. Jorge introducía los elementos en el espacio musical, llevando con ellos una energía sutil que impregnaba los sonidos por él reproducidos influenciando nuestras acciones para siempre y maravillando al público. Devueltos a Suiza con 24 presentaciones en el haber, entre Suiza, Colombia, Argentina y Uruguay, nos sentíamos físicamente prontos, tranquilos y capaces de proporcionarle al nuevo músico en escena, Stephan Selhorst, la información del grandísimo trabajo que requieren los storytellings con consolidada claridad. En Lugano la cuestión instrumental no ha sido un problema pues la actividad musical mantenida durante todo el año se abría en una sala de ensayos semejante a un pequeño museo de tambores, instrumentos varios, todos prontos a hacer su parte. Stephan ha actuado con una eficacia extraordinaria, digna de un grande. En cuatro días, record absoluto, estabamos en escena delante de un espeso público en el teatro il Foce de Lugano. La música perfecta, el público estupefacto. Para concluir, retomo las palabras del inicio: cada sentido puede ser refinado a través del ejercicio de los estímulos. Nada es más cierto, cada sentido puede ser cultivado y de este trabajo se puede descubrir que aquello que antes era líneal existe a su vez formado por una cantidad de dimensiones impresionantes, de tonos, niveles, intenciones, sonidos, volumenes, colores, elementos, acentos, etc… El sonido está compuesto de una miríada de variables que en el conjunto pueden transmitir un estímulo y que, acompañado de una acción, dan forma a un universo complejo e impregnado de sensaciones. Junto a Felix, Robinson, Ricardo, Efren, Edgar, Jorge y Stephan cada particular sonido en ¡Lazaro! encierra el empeño y el trabajo de todos.

Extracto del trabajo en pentagrama para los Storytellings por el músiico Colombiano Efren Ramirez Bello.

Los musicos que nos han acompañado durante el viaje. (de abajo hacia arriba): Ricardo Torres y Robinson Chaparro. Efren Ramirez Bello y Edgar Villamizar. Jorge Platero. Stephan Selhorst.

MASNADA TV Vimeo Link: http://vimeo.com/21691444

Sonoridades, PrimeraGolpes, Edicion Piruetas Suoni, Colpi, Capriole

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entrev i sta

vignolo Poseídos de folklore y són latino

p o r PA O L O V I G N O L O

“Paolo Vignolo aparece con una sonrisa de pelo a pelo. La barba roja, y la cabellera ajustada en una medida colita, se reducen cada tanto a un gesto de sorpresa con la vida. Todo es posible con Paolo, puede llegar con un paraguas, un maletín, y varios libros en la mano, y luego de unos mates y una charla intensa irse olvidándose de todo pero tomándose bien fuerte la cabeza. Y uno se pregunta como ha hecho en sus viajes por las selvas amazónicas, sus aventuras de investigación por la profunda Colombia, historias de fronteras que trascienden a la imaginación propia de un cargo de profesor de historia en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad de Colombia. Paolo es esa especie de Indiana Jones que sí se encuentra en Latinoamérica. Italiano, muy latino, y muy alegre, si bien él prefiere auto denominarse un “Obelix Alpino.” Paolo, has tenido mucha relación con el teatro durante tus años en Italia, con la compañía Residui Teatro, por ejemplo, para luego volcarte a la investigación y a lo académico como historiador. Pero todos llevamos a cuestas nuestras vivencias: ¿cómo has logrado resolver tu vida de teatro en tu búsqueda como historiador? Para mí el teatro es una adicción, una encantadora adicción. Si te pica el bichito ese del teatro ya no hay cura, hay que aprender a vivir el resto de la vida con la tentación. Puede que uno no se dedique a tiempo completo al oficio teatral, pero siempre está ahí. En mi caso el bichito me picó al comienzo de la universidad, cuando trabajaba como acomodador en el Piccolo Teatro de Milano. “Acomodador” en italiano se dice “máscara”; dentro del dispositivo del teatro “a la italiana” la máscara es la figura encargada de la relación entre el escenario y el público; el lugar perfecto para comprender el tras de escena, los ensayos y las replicas, el pánico del estreno, los chismes del camarín, las trasnoches de los técnicos, los desvelos de los actores, los comentarios de los espectadores. Al llegar a Colombia descubrí otro teatro, el teatro que desborda las paredes del teatro mísmo, que sale a la calle, se instala en los semáforos y se monta en las busetas, el teatro que se cuela en las casas, en las escuelas, en las familias. Por eso años después, al presentarse la posibilidad de armar un taller de teatro en un centro juvenil de barrio en Roma, nos dió por meternos a explorar la metropolitana, los edificios abandonados, los espacios no convencionales. De ahí surgió el grupo Residui Teatro, ¡que en estos días cumple 10 años de actividades! Ya sin mí, porque en 2003 volví a Colombia para integrarme a tiempo completo a la vida universitaria. Sin embargo el teatro sigue siendo parte de mi cotidianeidad, gracias a la actividad docente; finalmente todo salón de clase es un escenario, y toda clase una puesta en escena. Hay seminarios en donde prima la participación del público, hay talleres de pura improvisación, hay conferencias que tienen toda la solemnidad de un teatro shakesperiano, o quizás de un rey Ubu. Ciertas clases asumen tintes brechtianos, o grotowskianos, otras son á la Ibsen o estilo teatro del oprimido. A veces es un ejercicio de teatro dramático, a veces el asunto toma más bien un giro cómico, a veces inclusive puede degenerar en psicodrama. También en la actividad investigativa lo teatral sigue presente, no es

sólo un caso, si uno de los principales ejes de mi trabajo es la exploración de la fiesta, de los rituales, de las acciones performáticas. ¿Qué te ha traído a Colombia y te mantiene enamorado aún de este país, sus culturas y sus vivencias? A Colombia me trajo un barco de vela, imagínate. Yo que me mareo en una buseta. Era el 1992 y me había ganado una pequeña beca para un intercambio a Colombia, que supuestamente iba a durar 6 meses. No fue difícil ganársela, de hecho era el único candidato. En tiempos de Pablo Escobar Colombia no era un destino muy apetecido, qué digamos. Pues resulta que el padre de un amigo mío del colegio, que había sido campeón del mundo de vela en no sé qué categoría, estaba organizando la travesía del cruce del océano, aprovechando la regata conmemorativa de los 500 años del viaje de Cristóbal Colón. Se trataba de una cuestión bastante seria, las ocho personas de la tripulación se entrenaban desde hacía meses todos los fines de semanas. Sin embargo a última hora uno de ellos tuvo un problema laboral y tuvo que retirarse del proyecto. Una noche, Carlo, mi amigo, en chiste me dijo: ¿Tú vas a Colombia, no? Si quieres te damos un aventón, te acercamos hasta Puerto Rico. Dicho y hecho. Así fue, yo no tenía idea de vela, pero terminé embarcado como mozo en esa extraordinaria aventura. Todavía se lo agradezco, una experiencia inolvidable. Ironías de la suerte, ahora trabajo en una investigación sobre la conquista, y me encuentro en abierta disputa con esa misma retórica celebrativa que me trajo a las Américas. Así llegué a Colombia, por amor al viaje, en búsqueda de aventura, también escapándome de la burbuja aburguesada del diario vivir milanés. Y me amañé, como se dice por acá. Me enamoré y sigo enamorado de estas tierras y de sus gentes. Claro está, ya el enamoramiento de los primeros tiempos se ha transformado, ahora es una relación más madura, digamos. Te pongo un ejemplo: en un comienzo todo era emoción, todo era adrenalina. Con que a uno no le pasara nada, la violencia política y el conflicto armado eran anécdotas exóticas que uno atravesaba en un estado de descabellada semi-inconsciencia. Hoy, que tengo familia acá, que tengo una red de afectos profundos, he aprendido en carne propia esa expresión tan colombiana: “Me duele el país”. Este dolor, este duelo ya lo tengo incorporado, ya me acompaña, me persigue, me pertenece. Sí, porque en Colombia prácticamente no hay familia que no tenga sus duelos y sus dolores a raíz de la violencia política de los últimos 50 años. Nos enfrentamos a una escenografía encendida, las luces se disuelven, los personajes pintarrajeados son expulsados a escena: ¿Cómo vives los primeros momentos de ¡LÁZARO!? ¿Hacia dónde te lleva esta propuesta a lo largo de la obra? Dices bien, los dos personajes de ¡Lázaro! son “expulsados” a escena. Desde el primer momento el espectador se confronta con esta paradoja. Estaba Vignolo Canto de Lázaro

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Página precedente: para nostros el fuego del espíritu, una ilustración del Libro Rojo de Carl Jung.

La obra Abaporu (1928), por Tasila, pintada durante el surgimiento del Movimiento Atropofágico. En guaraní “aba poru” singifica “hombre que come hombre.” Imagen luego tomada por los modernistas brasileros para la construcción de su identidad cultural en la lucha de dependencia intelectual de Europa.

contándote de cómo quedé fascinado por el teatro que desborda la sala e invade la vida misma. Bueno, con ¡Lázaro! sentí el proceso inverso, es como si los personajes llegaran al teatro por casualidad, en sus vagabundeos por el mundo. Expulsados de la vida, se refugian provisionalmente en un teatro, para terminar otra vez expulsados a escena. ¡Lázaro! retoma el teatro del absurdo y lo lleva más allá del absurdo mismo. Que no es, como en la dramaturgia europea, la búsqueda vana de un sentido a la existencia a partir del no sentido, sino que es el rebusque para la existencia, más allá del sentido o del no sentido. Ya no hay búsqueda, sólo rebusque. La vida misma es rebusque. El teatro del absurdo en las metrópolis latinoamericanas se confunde con la simple crónica. Vladimiro y Estragón engañan el tiempo esperando a Godot, Rosencrantz y Guilderstein juegan a escondite con el destino en la sombra de Hamlet, el Bardo y el Escudero en ¡Lázaro! en cambio, reciclan, reciclan, reciclan, músicas, textos, imágenes, objetos, todo se recicla. Es algo parecido a lo que las vanguardias brasileras de los años veinte plantearon con el manifiesto antropofágico, para enfrentarse a la cultura hegemónica hay que volverse algo caníbal, como los “salvajes” Tupinamba, que se comen al hombre civilizado. ¿Devorar la cultura europea, digerirla, asimilarla, defecarla? ¿Tu-pi or not Tu-pi? Ese es el dilema. ¡Lázaro! convoca a esta peculiar forma de antropofagia cultural que es el reciclaje. Es una colcha de retazos tejida a partir de las pesadillas del surrealismo, del non-sense del teatro del absurdo, de los “sueños de la razón que genera monstruos”. ¡Lázaro! es una colcha de retazos que no pretende defender ninguna postura existencial, sino simplemente cobijarse del frío de un mundo hostil. Como teatrista, académico, caminante de largos caminos de investigación, los encuentros entre diversas actividades son siempre necesarios: ¿Cómo ves la propuesta de trabajo de Masnàda, desde lo pequeño en el contexto de la constante colaboración, para lograr lo grande de contar una historia? El nombre ya lo dice todo: “Masnàda”. La primera vez que lo oí no podía no relacionarlo con el significado italiano de pandilla, chusma, clan, banda de malandros. Luego me di cuenta de las implicaciones de un pequeño deslice en el accento, del italiano al español, o al itañolo: Masnàda, Más-nada, nada más, casi un Statement. Pinta de malandros, sí, pero malandros modestos. Sus humildes malandros. Y sin embargo bastaría una coma para pasar de la humildad al orgullo más desmedido: Más, nada. Casi como quien diga non plus ultra, más allá, mejor, imposible. Un anhelo a franquear todo límite. Si Masnáda logra explicitar los múltiples rumbos ya implícitos en su etimología, puede ir muy, muy lejos…más lejos que…¡más nada! Bogotá fue centro de un movimiento de teatro callejero durante las décadas de los ‘80’, y ‘90’. ¿Qué importancia tuvo este largo acontecimiento de sustento artístico que aún hoy vibra en el teatro Colombiano?

“Es un espectáculo entre teatro, música y mimo sorprendente...”

“...el Bardo y el Escudero en ¡Lázaro! en cambio, reciclan, reciclan, reciclan, músicas, textos, imágenes, objetos, todo se recicla.”

Cuando llegué a Bogotá no conocía a nadie. A la semana ya estaba envuelto en un vértigo fervoroso hecho de teatro, rumba, actividad política. Era una ciudad al borde del colapso, la violencia callejera desbordaba, el conflicto armado que azotaba el país, las bombas del narcotráfico, los apagones de luz varias veces al día, un tráfico inmanejable, un aislamiento internacional inquietante para una metrópolis de siete millones de habitantes. Pero también era una ciudad en ebullición, todos los días se vivían como si fueran a ser el último, con esa misma intensidad. “Por lo menos acá no se aburre uno”, se decía con un humor negro muy bogotano. Recuerdo un grafiti en el baño del “Goce Pagano”, un chuzo en un barrio de mala muerte donde íbamos a bailar la mejor salsa de la ciudad: “El país se derrumba, ¡Y nosotros de rumba!” Todo el mundo estaba muy curioso por saber del otro lado del charco, de Gringolandia, de Europa, de Italia…y sin embargo todo el mundo repetía “bacano qué estás acá, acá es el lugar donde hay que estar”. Y sí. Fueron años muy fecundos, muy intensos para la escena teatral. Es de este humus cultural y artístico que se alimentaron los grupos que animaban la escena teatral del momento, muchos de los cuales ahora son muy reconocidos. El surgimiento del Festival Iberoamericano de Teatro y del Festival Alternativo, hoy quizás el acontecimiento teatral más importante en las Américas, se debe en buena parte a este fervor. Grupos como “El teatro de los Sentidos”, “Mapa Teatro”, “Varasanta”, “Ensamblaje Teatro”, “Teatro Tierra”, “Adra Danza”, “Teatro Malandro”, sólo para nombrar los que más conozco, hicieron escuela, formaron gente, abrieron caminos. Un ejemplo, a los pocos meses de haber llegado a Colombia me puse a trabajar un par de años con un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional que, bajo la guía de Enrique Vargas, hacían estrafalarios experimentos de teatro olfativo y sensorial en un sótano del auditorio central. De esta vaina de locos surgió el montaje “El hilo de Ariadna”, que le dió la vuelta al mundo ganando premios y reconocimientos en los grandes festivales internacionales. Hoy en día el Teatro de los Sentidos tiene una maravillosa sede en Barcelona y es de los grupos más aclamados de Europa, pocos recuerdan que nació en los sótanos de la Nacional.

vivideros apestados a muerte. Sí, porque para renacer hay que morir. No hay resurrección sin pasión, y no hay pasión sin sufrimiento. Ahora bien, ¡Lázaro!, para mí, representa el lado árido, sombrío del ciclo, es la travesía por el desierto, las ojeras de doña Cuaresma, la guitarra desgarrada de Atahaualpa Yupanqui. ¡Lázaro! es un camino por las hambrunas, las sequías, los ayunos, el carnaval aparece sólo como sueño de Cucaña, fruto de las alucinaciones del hambre, como “sensualidad de las vidas desesperadas” diría Paolo Conte, como deseo de comunidad de quien está solo a trajinar por esta tierra, y lo sabe. Por eso me encanta saber que Masnàda está pensando en explorar el otro lado de la máscara de ¡Lázaro!: Carnal. Carnal y ¡Lázaro! son dos máscaras complementarias del mismo rostro, o dos rostros de la misma máscara, no sé. Carnal el lazarún y Lázaro el descarnado, algo así. Ojalá pueda acompañarlos en este nuevo viaje.

América Latina surge de sus cenizas una y otra vez. Renacer, es una aptitud de este maravilloso continente. ¿Cuántas máscaras y fiestas sostienen esta magia, y cómo el carnaval es también fiesta de muerte y renacimientos? De acuerdo contigo. El ciclo de vida, muerte y resurrección, que está a la base de todo proceso carnavalesco, es también una de las claves para comprender las dinámicas de estas tierras, tierras de derrotas antiguas y derroteros renovados, de logros milagrosos y de bienes malogrados, de destierros descarnados y bonanzas malditas, de muertos que bailan y de Vignolo Cuerpo

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r i o de la plata

rock and roll Al cuore

p o r fel i x august o quadr o s

Visto desde el Caribe, el Río de la Plata es el lejano Sur. Estando allí, en otra vuelta más de la vida, uno no puede más que confirmar la perspectiva: “es” el lejano Sur. En la cuna de tango que se lleva a cada paso, queda claro que no hay más que repetir su nostálgica atracción por Solanas y por Piazzola: “Vuelvo al Sur, como se vuelve siempre al amor, vuelvo a vos, con mi deseo, con mi temor.” Jorge Platero, quien nos acompañó los dos meses entre preparación y funciones, hablaba de este Río amarronado, plateado con el sol cuando se refleja de canto, como el depositario de todos los sedimentos que desde el Brasil y el Paraguay se arrastran para llegar allí. Es la Mississipi Latinoamericana. Tiene el blues en la milonga. En Buenos Aires todo es intenso y maquinario; latino y movedizo, el filo en los labios, arrebol en la actitud de provocar y correr, y entre tanta convulsión es imposible hacer de lo funcional del caos otra cosa más que Buenos Aires. Es imposible vivir en la constante crisis sin entregarse a ella. Los laberintos psicológicos más audaces de su población son para el extranjero intransitables. Y por más que estas raíces porteñas corran en la sangre en ¡Lázaro! y en nostros, jugársela de local es como querer mover un peñasco con el aliento. A cuchillo es el asunto gaucho. Y como el tango, el baile le llega a uno después de degustar el desengaño, y el desamor, y esa fría melancolía intelectual que todo lo define y te deja así, medio tirado donde te dejaron, sin tanto más. Es muy fácil afirmarse en los encantos y la seducción de la porteña exhuberancia, donde siempre está todo por hacer y donde todo pasa todo el tiempo. Pero es breve y, como frente a una hembra fatal, uno entiende que es impotente ante los deseos, que las cosas son siempre así, que el juego ya está hecho, y no hay mucho que hacerle más que cantarle, a coro: “...que al jurar sonriendo, el amor que está mintiendo, quema en una hoguera todo mi querer.”.

Cuando nos dimos cuenta, siempre un poco tarde, ya era Diciembre, y ya estabamos medio fuera del juego. Un salto a Montevideo, nos devolvió el provecho de un escenario noble como lo es el Teatro el Galpón, histórico y familiar. La tierra misma familiar. Así como hemos buscado todo el año esa exclusiva relación con lo que hacemos, cuando todo pareciera tan dependiente de lo masivo, la relación entre lo pequeño de un teatro íntimo como éxito y lo absurdo de entregarse al fuero sin ganancias y en estos tiempos, fue en el Camarín de las Musas, lugar de culto y dedicación al filoso arte porteño, donde recibimos la exclusividad de comentarios llenos de agradecimiento y vocación. Y fue allí, en esa sala, donde ¡Lázaro! tomó su lugar y nos dejó disfrutar cada segundo de los setenta minutos que nos tuvo tanto aquí, en la región más árida del inconsciente, que como el pulso mismo nos empuja a seguir, y seguir, y seguir. Era de noche. Me levanté del suelo con un sentido esfuerzo. Qué golpe. Me dolía adentro, como en los riñones. Tenía todavía algo de olor a cloáca en las túnicas y en las manos todavía. ¿Había estado bebiendo? No. No recuerdo. En la calle un farolito a medio colgar. Me sentí los bolsillos y tenía unas monedas todavía. Y una carta. La miro. O más bien la observo. Era un siete, de oros. A los días encontraría otra, una reina de diamantes. Si pudiera recordar qué pasó, pensé en mis adentros, tal vez pudiera saber dónde estoy. Caminé hasta la esquina. A lo lejos un par de borrachos se divertían con una botella de arrastre. Salieron unas mujeres de un recinto a mis espaldas, divetidas, coquetas, en tacos. Desde adentro sonaba el compás. Entré. MASNADA TV Vimeo Link: http://vimeo.com/21654336

RockCuerpo and Roll

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masnàda MASNÀDA Via Camoghé 8 6900 Lugano, CH

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¡Lazaro! Segunda Edicion  

Segunda Edicion de la revista de lazaro, viajes, colaboraciones, y todo el 2010.

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