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Sombras


Era uno de ésos días

oscuros, fríos y sombríos que nos acechaban últimamente…fue entonces cuando encontré los pasos que me llevarón al camino que creía olvidado. Hay veces que hace que se te escapen los pies y caminas sin darte cuenta alejandote del lugar al que pretendías llegar.

Mientras por la ventana los copos intentaban cuajar en la copas de los árboles, y el frío pretendía inmiscuirse en el alma, la ciudad gris se abría paso entre las marañas de mi mente, cuando una imagen me transportó a la niñez, al olor de las calles llenas de gente, a un pueblo en el que las estrellas iluminaban las noches, donde los árboles se transformaban en guaridas y refugios a los que subíamos con ansia de aventura.


Recostados en la mejor casa del árbol que jamás se había construido mientras el sol se escapaba entre las ramas jugueteando con sus hojas, Javier se incorporó, y señalando con su dedo a una extraña mujer, vestida de negro, con el cabello cubierto por un pañuelo y una cesta que llevaba colgando del brazo, desafiante se acercó al árbol. El silencio se hizo entre nosotros. Se agachó y de su cesta sacó algo que no conseguimos ver, lo metió en un agujero del arbol y se alejó dejando un halo de misterio a nuestro alrededor.

Al bajar, vimos que la vieja nos había dejado un mapa, en el que estaba dibujado un camino a lo desconocido.


Debíamos decidir por dónde empezar, la intriga y las ganas de descubrir ocupaban los segundos y recorrían nuestros cuerpos; sin pensar nos fuimos al primer punto que nos marcaba el mapa, un cobertizo abandonado a las afueras del pueblo, entramos y a lo lejos, vimos un gran libro viejo, nos acercamos, lo abrimos y en su interior aparecieron unos códigos indescifrables, palabras inconexas, dibujos extraños que relataban una historia antingua de la que nadie hablaba.

La del ladrón de sombras.


En aquellos tiempos, las calles estaban llenas de gente que iba y venia, sin pararse ni tan solo un minuto, habían sucumbido al tiempo, se habían convertido en esclavos. El ladrón de sombras provocando y aprovechando aquella circunstancia empezó a apoderarse de las sombras de aquellos hombres, niños, ancianos y todo aquél que se cruzaba por su camino, en un segundo el tiempo se escapaba de entre sus manos y sucumbian en un estado atonito y melancólico que olvidaban la felicidad, ... pero, según el libro, no se conformaría sólo con las sombras de los hombres de aquella ciudad, seguiría su camino hasta alcanzar todas las existentes haciendo desaparecer su reflejo y el de los árboles y animales.


DebĂ­amos pararle, no permitirle que se apoderara de la esencia del mundo.


Emprendimos un largo viaje hacia la ciudad donde empezó todo, cuando llegamos, vimos con nuestros propios ojos que no existia sombra alguna, los rostros reflejaban tristeza y monotonia, los ciudadanos no eran conscientes de su desdicha, de la ausencia de siluetas, de la penumbra en la que estaban sumidos. No hablamos con nadie, nos dejamos llevar por el instinto y acompañados por las instrucciones del libro nos dejamos guiar para encontrar cuanto antes a un anciano llamado Sadecki, que según el libro nos daría la energía suficiente para combatir a la oscuridad.


sombras  

cuento para regalar a mi hermano el dia de su boda

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