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Semblanza de Don Juan Pacheco

Escudo de los Marqueses de Villena. Monasterio de los Trinitarios BELMONTE, (Cuenca).


Marqués de Villena III Señor de Belmonte Duque de Escalona Conde de Xiquena XXXIX Maestre de la Orden de Caballería de Santiago Administrador del Maestrazgo de Calatrava Gobernador de la Monarquía Mariscal de Castilla. La familia de los Pachecos, venidos a Castilla en el reinado de Juan I (1.379/1.390), era de origen portugués. Juan Fernández Pacheco, “el abuelo”, recibido de Enrique III, en 1398, la Villa de Belmonte y sobre ella fundó su señorío en 1.408, confirmando después por Juan II. De la hija María Pacheco, casada con Alfonso Téllez Girón, segundos señores de Belmonte, nacieron Juan Pacheco (1.420/1.474) y Pedro Téllez Girón (1.423/1.466) entre otros. A favor del primero los padres fundaron Mayorazgo de Belmonte en 1.429. Don Juan Pacheco, de palabra elocuente, trato afable y gran imaginación para inventar intrigas y promover disturbios, encontró campo adecuado para sus facultades en el ambiente de los reinados de Juan II y Enrique IV, de quien fue su doncel, favorito unas veces, enemigo otras y dominador siempre. Puesto por D. Alvaro de Luna en el séquito del Príncipe de Asturias como paje, supo captarse pronto su entera confianza, guiándose con sus perniciosos consejos en las frecuentes disensiones. Su política se basaba en la lucha entre los poderosos, sin escrúpulos de halagar a unos y a otros, según le resultara ventajoso. Desde 1.440 fomentó las intrigas en torno de D. Enrique contra su padre Juan II y contra el Contestable (D. Álvaro). Intervino en la sublevación en 1.441 y en el segundo destierro de D. Álvaro de Luna. Luchó también contra los nobles a favor de la monarquía, y en recompensa por la primera batalla de Olmedo, en 1.445, el Rey le concedió el titulo de Marqués de Villena con las tierras y lugares que habían pertenecido a los Infantes de Aragón. Por medio de D. Alvaro de Fonseca, obispo de Avila, pacta con D. Alvaro de Luna en 1.448 para alejar de la corte a los nobles mas poderosos y manejar a su antojo al Rey y a su heredero. Al año siguiente vuelve a confederarse contra D. Alvaro de Luna, no descansando en ello hasta la muerte del Contestable en 1.453. Cuando muere Juan II en 1.454, empieza a reinar Enrique IV (29 años), quien con su padre se había mostrado rebelde y desagradecido, siguiendo ciegamente los consejos de su favorito Pacheco, con lo cual demostraba que había heredado la abulia y indolencia paternas. Reciente estaba el escándalo de su separación con doña Blanca de Navarra, después de catorce años de unión estéril, por culpa del marido, cuya complexión, debilitada por vicios y desordenes prematuros, no le hacia apto la el matrimonio. Se anuló por impotencia y casó de segundas (21-51.455) con Juana de Portugal, una morena hermosa de dieciséis años, que traía en su corte 12 damas de deslumbrante belleza y poco recato, pues dicen que acariciaban su cuerpo con aceites y perfumes “descubriendo el seno hasta más allá del ombligo y dándose blaquete desde los pies hasta lo alto de los muslos, para que al caer de sus cabalgaduras – cosa arto frecuente – brillase en todos sus miembros uniforme blancura”. Esta corte corrompida de una Reina ligera y desaprensiva y un Rey afeminado e invertido, amigo de rodearse de gente de modesto origen, sin duda por la tendencia de los tímidos a buscar


compañía de personas inferiores a ellos para robustecer un concepto de superioridad que se es necesario, le ofreció a D. Juan Pacheco en bandeja de plata, la ocasión de mostrarse como buen gobernante. Pero en el marqués residía el genio de la pequeña intriga, de la habilidad para concertar voluntades contra algo o alguien, pero no el arte de gobernar. Iba cautelosamente hacia sus fines, que eran siempre su medro personal y sus dominios. Incapaz de ninguna idea grande ni de cualquier tarea constructiva. Su sagacidad, su elocuencia y su constante mala fe estaban al servicio de su sed de mando, quizá mejor, de su sed de riquezas. Por todo ello, tortuoso y falso, se limitó a fomentar las discordias que podían redundar en provecho propio, envolviendo el reino en todos los desastres que lleva consigo una guerra civil. En 1.480 fomentó secretamente la liga de Tudela, formada por el Rey de Aragón y otros magnates contra Enrique IV, y al mismo tiempo (¡que cinismo!), revelada a éste parte de la trama y le animaba en sus pretensiones a la Corona de Aragón y Navarra. Con todo, cuando en 1.462 la Reina doña Juana dio luz una niña, “La Beltraneja”, y se celebró el bautizo en Madrid de una forma fastuosa, actuó de ministro el arzobispo Carrillo y entre los padrinos figuraba D. Juan Pacheco, y de madrinas la Marquesa de Villena y la Infanta Isabel, niña entonces de diez años. A pesar de tantas mercedes como recibió Pacheco del Rey, se puso contra él en muchas ocasiones. En 1.464, reunidos los nobles en Alcalá, entre los que estaban el Almirante de Castilla, Fadrique Enriquez, el Conde de Paredes, Rodrigo Manrique (padre de Jorge Manrique), el arzobispo de Toledo, Alonso Carrillo, y su sobrino el Marqués de Villena, intentaron por dos veces apoderarse del Rey, de Don Beltrán y de la niña Juana, sin consequirlo. Nuevamente reunidos el mismo año en Burgos pidieron: A. Que se purificase la corte de invertidos y gente de mala catadura. B. Que dejasen en libertad a los niños Isabel y Alfonso, hermanastros de Enrique IV, que estaban medio secuestrados. C. Que se reconociera que Juana La Beltraneja, no era hija del Rey. Por este tiempo, el Rey D. Enrique preparó una entrevista con el de Portugal, D. Alfonso V, el Africano, viudo de bastante edad., para tratar de su boda con la Infanta Isabel (trece años). Dicen que él, al verla, quedó enamorado de ella “por muy hermosa y muy discreta”. Poco después, en el mismo año 1.464, D. Enrique nombró sucesor de su reino a su medio hermano el Infante Alfonso (hermano menor de Isabel), con el compromiso de casarse con Juana La Beltraneja, siendo curioso que en el documento no se la nombra nunca como hija suya. La cuestión de D. Beltrán de la Cueva del maestrázgo de Santiago, al que Pacheco aspiraba, le hizo saltar sobre todas las conveniencias y se declaró en franca rebeldía. El Marqués consiguió llevarse al Infante Alfonso y lo retuvo en su poder. Y al año siguiente, 1.465, los mismos nobles anteriormente citados levantaron en Ávila un estrado, pusieron un muñeco representando al Rey D. Enrique y le fueron arrancando cada uno, entre ellos el de Villena, los diversos atributos reales: la corona, la espada, la vara de la justicia... y lo echaron por tierra finalmente. A continuación subieron al Infante Alfonso (once años) y lo nombraron Rey de Castilla. Enemistados Pacheco y el Rey (1.466), el arzobispo de Sevilla pretendió reconciliarlos y ajustó la boda de Pedro Téllez Girón, maestre de Calatrava y hermano de Juan Pacheco de cuarenta y tres años, con la Infanta Isabel de quince años. Con una rapidez extraordinaria – todo se hizo así – había salido el novio desde Almagro con sus 3.000 lanzas y mucha gente de corte para justas y torneos en busca de la novia. Llevaba ya las licencias de Roma, pues era fraile profeso de Calatrava y las necesitaba. Cuando Isabel lo supo, ayunó tres días a pan y agua, pidiendo al cielo su muerte o la del otro, antes de casarse con un viudo cargado de bastardos y que no era de sangre real. Cuentan que su dama Beatriz de Bobadilla estaba dispuesta a matarlo, si llega a osar presentarse. Todo quedó solucionado con la muerte del maestre Girón, que en la primera jornada de camino, cerca de Ciudad Real enfermó de difteria y murió a los pocos días. También se quedó en intento la boda de Beatriz Pacheco, hermana del Marqués, con Fernando de Aragón, quien luego sería el esposo de Doña Isabel, la novia difícil de Castilla.


En 1.467, después de la derrota de los nobles de Olmedo, D. Juan Pacheco, “buitre de tanta carnicería”, consiguió que lo nombraran Maestre de Santiago, sin ser confirmado por el Rey hasta el año siguiente, Por estas fechas había dos reyes: D. Enrique IV sin autoridad y su hermanastro D. Alfonso (catorce años), puesto por los nobles. Pero, caminando éste, acompañado de Pacheco, desde Arévalo de Toledo, enfermó de peste bubónica, cerca de Ávila y murió a los cinco días el niño Alfonso. Entonces doña Isabel, como sucesora obligada del Reino, fue protegida por el arzobispo Carrillo y por su sobrino Pacheco, y trasladada a Ávila. Mientras tanto doña Juana la reina “que no había usado limpiamente su cuerpo”, se fugó con el hijo del alcalde de Alaejos, que era sobrino del arzobispo Fonseca y bisnieto de Pedro “El Cruel”, y viviendo en abierto adulterio, tuvo dos hijos con él: Pedro y Andrés, quienes vinieron a ser un argumento poderoso contra los que defendían el derecho al trono de La Beltraneja. En esta ocasión, con motivo de la fuga de la Reina, Don Enrique pactó con Pacheco, reconociendo a doña Isabel, su media hermana, como Princesa heredera y que no se le obligaría a casar contra su voluntad, ni ella lo haría sin el consentimiento del Rey. Para dar solemnidad a este convenio, el Rey desde Madrid y doña Isabel desde Ávila, se juntaron (19/IX/1.468) cerca de San Martín de Valdeiglesias, en una venta, en cuya proximidad están los Toros de Guisando, y firmaron el pacto y una mutua concordia. Después de la firma. Pacheco se llevó a Enrique y a Isabel a Ocaña, donde se celebraron Cortes que reconocieron a Isabel como Princesa sucesora y trataron de su matrimonio sin llegar a un acuerdo determinado. Pacheco y el Rey tenían como interés en que Isabel se casara con el de Portugal, o con cualquier otro pretendiente, ingles o francés, menos con D. Fernando, el heredero de Aragón. El de Villena temía que, casada con éste, le pudieran quitar sus posesiones en el marquesado, que antes habían sido de los Infantes de Aragón. Ella, por el contrario, a sus dieciocho años, junto con Pacheco que el matrimonio mas conveniente era con su primo Fernando, y así lo trató en secreto y presentó sus condiciones, que el novio firmó en Cervera en 1.469. Como quiera que D. Enrique, confiado, junto a Pacheco, su espíritu malo, marchó a pacificar Andalucía, Isabel salió desde Ocaña camino de Arévalo. Pero al saber que dicha villa se la había quitado a su madre, que estaba medio loca, se marchó a Madrigal de las Altas Torres. Era el mes de Junio. Conocida por Pacheco la boda de Isabel y Fernando (celebrada de tapadillo en Valladolid, Octubre de 1.469), le llevó a maniobrar contra ellos, consiguiendo que el Monarca volviera a legitimar a La Beltraneja en 1.470. De donde resulta que, en un principio, no queriendo reconocer a La Beltraneja, luchó por el medio hermano Alfonso; a la muerte de éste, por su hermana Doña Isabel; y al final, a favor de la misma que no quería. Pacheco fue, pues, incapaz de concebir otro juego político que no fuera el de aprovechamos como él, y dada su condición moral, totalmente negativa, era por naturaleza enemigo de cualquier idea. Fue durante muchos años la verdadera mano gobernante de Castilla y luchó siempre contra los que podían hacer peligrar el afianzamiento de su posición o de sus riquezas. Riquezas que fueron creciendo de modo fabuloso; sus posesiones se extendían desde Cuenca hasta Almería, pasando por toda la provincia de Albacete, con Belmonte, Alarcón, San Clemente, Utiel, Requena, Villean, Velez Rubio, Baeza, Ocaña, Uclés, Madrid... Se calcula que tenía unos 150.000 vasallos, a lo largo de 25.000 kilómetros cuadrados de tierra, con una renta anual de 100.000 ducados, equivalente hoy a 3.000.000 millones de ptas/mes. Un pequeño reino poderoso dentro de Castilla. Estuvo casado con doña Paría Portocarrero; y viudo , dos años antes de morir, en 1.472, casó de terceras con una hija del Conde de Háro.


Murió el día 4 de Octubre de 1.474, cerca de las murallas de Trujillo y sus restos fueron trasladados al Monasterio del Parral, en la ciudad de Segovia, donde tiene un suntuoso sepulcro hecho por Juan Rodríguez y Luis Giraldo en 1530. “Vivió gobernando en cualquier parte que estuvo durante mas de treinta años y murió en gran prosperidad”, resume Pulgar en Claros Varones. Lo cierto es que, siendo dueño por completo del Gobierno, pude ser el Alvaro de Luna del reinado de Enrique IV, pero imitando a éste sólo en su afán de riquezas y de dominio, no alcanzó su alta visión política si supo igualarle en su fidelidad, demostrando únicamente ser un magnífico conspirador con mucha astucia y pocos escrúpulos, pero incapaz de hacer frente a los graves problemas del reino. Este fue el hombre, según las notas tomadas de la Historia de España, (Marques de Lozoya, Ramón M. Pidal. T. XV y XVII. Dicc. Rev. Occidente). Ante el cabe preguntar: D. Juan Pacheco, padre y señor de San Clemente durante una generación, ¿cómo influyó en el desarrollo incipiente de la villa?. Dicen los psiquiatras y sabemos por experiencia, que las primeras papillas son las que dejan huella para toda la vida, pero en este caso, como en tantos más, no es fácil establecer relaciones. Para que el psicoanálisis no sea un timo necesita muchos datos y mucho tiempo. Ahora bien, al margen de la ciencia, puestos a buscar sutiles influencias, podrían señalarse algunas. Por ejemplo: San Clemente desenvuelve su personalidad, a lo largo de sus primeros veinticinco años, con plena autonomía, a pesar de ser pieza sometida al señorío de Villena. El señor, demasiado ocupado en un juego de altura, en que los naipes son reyes y caballeros de verdad, no interviene, no molesta, no coacciona en ningún sentido en su pequeño retoño, que puede ir creciendo a sus anchas. Tampoco ha de soportar sobre sus espaldas los duros impuestos de un dueño pobre con reducidas posesiones. San Clemente viene a ser un miembro insignificante en el conjunto de tan vastos dominios, de forma que, al no padecer grandes sangrías, acumula vitalidad y riquezas. Finalmente, ante las noticias que llegan de las intrigas y continuas deslealtades del señor, hay que suponer que los súbditos fieles irían asimilando poco a poco la necesidad de evadirse y pasa a una situación realenga, siempre deseada. Todo ello en el campo de la pura fantasía, sin documentos en que apoyarse directamente.

Apéndice Árbol Genealógico de los Marqueses de Villena


Juan Pacheco: I Marques de Villena y Duque de Escalona, fue hijo de Alfonso Téllez Girón y María Pacheco: abuelos paternos fueron, Martín Vázquez de Acuña, I Conde de Valencia y Teresa Téllez Girón. Juan Pacheco: (1.419/1.474), casó tres veces: 1ª. Con Juana (Angelina) de Luna 2ª. Con María Portocarrero. 3ª. Con María de Velasco. Diego López Pacheco: (1.443/1.529) II Marqués de Villena, nació del segundo matrimonio con María Portocarrero. Casado primero con Juana de Luna, nació Juan Pacheco de Luna, que fue Conde de San Esteban de Gormáz. De la segunda mujer, Juana Enríquez, nació el III Marqués de Villena. Diego López Pacheco: (1.503/1.556), III Marqués de Villena, que casó con Luisa Cabrera y Bobadilla, Marquesa de Moya, nació: Francisco López Pacheco: (1.532/1.574) IV Marqués de Villena, que casó con Juana Lucas de Toledo, y tuvieron a : Juan Gaspar Fernández Pacheco: (1.563/1.615) V Marqués de Villena, casado con Serafína de Portugal y Braganza. (Doc. Arch. De los Duques de Ferias – II Casa Pacheco, por Pilar León Madrid, 1.967, pag. 380) En el mismo archivo figuran los documentos siguientes: (1.091) Juan II concede a Alfonso Téllez Girón un juro situado en las alcabalas de Villarejo y San Clemente término de Alarcón, Madrid, 5 de abril de 1.433. (36) Juan II concede el titulo de Marqués de Villena a D. Juan Pacheco, (San Martín de Valdeiglesias, 12 de septiembre de 1.445). (38) Juan II autoriza al príncipe D. Enrique para dar mil vasallos al Marqués de Villena, (San Martín de Valdeiglesias, 13 de septiembre de 1.445). (39) El príncipe Enrique IV otorga mil vasallos al Marqués de Villena, (Almagro, 24 de septiembre de 1.445). (122) Privilegio de Juan II confirmando la donación de Villena, Sax, y Yecla.... dadas por la príncipe don Enrique a don Juan Pacheco (Toro, 16 de abril de 1.446). (124) Juan II concede a don Juan Pacheco la villa de Alarcón (Cuéllar, 23 de mayo de 1.446). (126) Confirmación de Juan II de la donación de Alarcón (Tudela de Duero, 20 de diciembre de 1.446). (146) Enrique IV confirma a don Juan Pacheco las donaciones de Belmonte, Alarcón, San Clemente... (Córdoba, 6 de junio de 1.455). (152) Pleito homenaje del Rey Don Juan de Aragón y Navarra a favor de don Juan Pacheco, Marqués de Villena, traspasándole cualquier derecho que pudiese haber quedado en la ciudad de Chinchilla y villas de Alarcón, Albacete y San Clemente, etc. ( Sin fecha) (359) El Rey Don Juan de Navarra propone a Enrique IV ceder ciertas fortalezas y villas a cambio de un juro de 3.500.000 millones de maraveries. Entre las villas cedidas no se incluirían Albacete, Alarcón y San Clemente, etc. , que habían de quedar para don Juan Pacheco, (19 de febrero de 1.445)


Don Juan Pacheco  

Semblanza Don Juan Pacheco

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