Issuu on Google+


Editorial

CHEQUE EN BLANCO

A

mediados  del  aĂąo  pasado  publicamos  una  charla  con  un  mĂşsico  que  tiene   muchos  seguidores  en  Argentina.  Este  mĂşsico  dijo,  durante  la  entrevista,   que  aquella  serĂ­a  la  última  vez  que  hablarĂ­a  con  la  prensa,  y  esa  noticia   se  multiplicĂł  en  los  diarios,  las  radios  y  la  tele.  De  pronto,  muchĂ­sima   gente  que  no  tenĂ­a  idea  de  la  existencia  de  Orsai  empezĂł  a  pedir  la  revista   en  los  quioscos  de  Buenos  Aires.  Los  quiosqueros,  que  tampoco  sabĂ­an  quĂŠ  era  Orsai,   durante  esa  semana  se  cansaron  de  escuchar  a  sus  clientes  decir  Ernesto,  deme  la   OrsaiÂť,  o  Ricardo,  ¿cuĂĄndo  llega  la  Orsai?Âť.  A  mediados  de  agosto  el  sindicato  de   quiosqueros  se  reuniĂł  â&#x20AC;&#x201D;lo  hacen  siempre  una  vez  al  mesâ&#x20AC;&#x201D;  y  uno  de  los  temas  a  tratar   fue  cĂłmo  conseguir  la  revista  Orsai  con  la  entrevista  al  mĂşsico.  Encontraron  en  la  web   mi  correo  electrĂłnico  y  me  escribieron  un  mail  escueto:  Necesitamos  cincuenta  mil   ejemplares  para  la  red  de  quioscos  de  diarios  y  revistas  de  Buenos  AiresÂť.  Supongo   que  estĂĄn  acostumbrados  a  pedir  las  cosas  asĂ­.  Nosotros  habĂ­amos  prometido  a  nuestros   lectores  imprimir  seis  mil  ejemplares  de  esa  ediciĂłn,  y  de  las  anteriores,  y  de  las  que   vendrĂ­an.  Seis  mil  ejemplares  fue,  durante  2012,  la  cifra  de  venta  que  nos  alcanzaba   para  pagar  los  sueldos  del  staff,  la  imprenta,  la  distribuciĂłn  y  los  honorarios  de  los   colaboradores.  Reimprimir  cincuenta  mil  ejemplares  mĂĄs  de  la  Orsai  N8  nos  habrĂ­a   UHSRUWDGRXQRVEHQHÂżFLRVOLPSLRVFHUFDQRVDOPHGLRPLOOyQGHGyODUHV<WDPELpQQRV habrĂ­a  convertido  en  una  revista  de  quioscos.  Una  revista  que  acepta  las  condiciones   abusivas  de  la  distribuciĂłn  tradicional,  una  revista  que  promete  algo  a  sus  lectores   y  despuĂŠs  hace  otra  cosa  por  dinero.  Es  decir,  una  mĂĄs.  La  respuesta  al  mail  de  los   quiosqueros  fue  inmediata:  Orsai  es  una  revista  que  distribuyen  sus  propios  lectores   y  sus  ediciones  no  se  venden  sueltas.  Muchas  graciasÂť.  Cuando  le  di  al  botĂłn  enviar   VHQWtVREUHWRGRDOLYLR<RVXHORVHUPX\ERFyQ\PHHQFDQWDGHFLUHQYR]DOWDGH quĂŠ  forma  pensamos  y  hacemos  las  cosas.  Pero  es  fĂĄcil  ser  bocĂłn  cuando  la  sombra  de   la  codicia  estĂĄ  lejos.  El  mail  de  los  quiosqueros,  en  cambio,  fue  una  tentaciĂłn  puntual.   <GHFLUOHVTXHQRFRQWUDQTXLOLGDGIXHSDUDQRVRWURVXQDIRUPDGHVDEHUTXHHVWDPRV a  gusto.  Estos  proyectos  del  siglo  veintiuno,  basados  en  comunidades  que  confĂ­an,   tienen  que  ser  transparentes  y  mantenerse,  dentro  de  lo  posible,  en  cĂ­rculos  pequeĂąos   y  con  lectores  reconocibles.  El  dĂ­a  que  no  podamos  responder  personalmente  un  mail   a  nuestros  lectores  estamos  fritos,  porque  ya  no  seremos  lo  que  querĂ­amos  ser.  Orsai   es  un  proyecto  amateur,  una  empresa  familiar  en  comunicaciĂłn  directa  con  seis  o  siete   mil  amigos.  Cualquier  giro  oscuro,  cualquier  mĂ­nima  traiciĂłn  a  las  promesas  iniciales,   OHURPSHUtDHOFRUD]yQDORVTXHFRQÂżDURQHQQRVRWURV1RVHTXLYRFDPRVPLOYHFHV\ nos  vamos  a  equivocar  mĂĄs,  pero  esos  errores  no  serĂĄn  nunca  codiciosos.  Ă&#x161;nicamente   TXHUHPRVWHQHUXQVXHOGR\GLYHUWLUQRVODVQRFKHVGHFLHUUH9LYLUGHHVWHRÂżFLRFRQ dignidad.  Pagarle  bien,  y  a  tiempo,  a  los  que  trabajan  con  nosotros.  Tener  lectores   exigentes,  felices  de  leer  historias  nuevas.  Darle  voz  a  periodistas  y  escritores  que   admiremos,  incluso  si  no  estamos  de  acuerdo  con  lo  que  dicen.  Ser  optimistas  con  el   PXQGRTXHYLHQH,QWHQWDUTXHQXHVWURVKLMRVHVWpQRUJXOORVRVGHQXHVWURWUDEDMR< pensar  siempre  que  cada  nĂşmero  de  la  revista  tiene  que  ser  el  mejor.  Esos  son  nuestros   EHQHÂżFLRV(QHVHWLSRGHLQWHUpVQRVJXVWDLQYHUWLUHOFDSLWDO%LHQYHQLGRVDOD2UVDL Q~PHURGRFH<JUDFLDVDXVWHGHVRWUDYH]SRUHOFKHTXHHQEODQFR[ HernĂĄn  Casciari

SOĂ&#x2018;AR  NO  CUESTA  NADA  MĂ S  QUE  TIEMPO,  QUE  VALE  ORO. 3


Cartas  de  lectores

&RPSDUDQODV2UVDLFRQ0HVVL3LHQVDQHQHOÂżQGHOPXQGR4XLHUHQKDFHU UHJDORV SHUR QR WLHQHQ D TXLpQ &RQÂżHVDQ VX DPRU SRU XQ GLVWULEXLGRU 0DQGDQFDUWDVPDQXVFULWDV$JUDGHFHQDVXVSDGUHV4XLHUHQFRVDVTXH \DHVWiQ\VHOOHYDQODVUHYLVWDVDODSXQWDPiVELSRODUGHODQFKRPXQGR $VtYLHQHQODVFDUWDVGHOD1FRQWRGDODHVTXL]RIUHQLD Ediciones imposibles Hace tiempo me enterĂŠ de la revista y el mundo Orsai gracias a un amigo acĂĄ en Rosario; sin duda me pareciĂł interesante pero lo deje ahĂ­, a un costado. La idea de suscribirme y todo eso no me tentaba mucho, pero por suerte tuve la oportunidad de apreciar la revista en los viajes que hicimos con nuestro equipo de fĂştbol del ascenso, en el cual estĂĄ mi amigo â&#x20AC;&#x201D;el que me introdujo en el temaâ&#x20AC;&#x201D;, y cada vez que la veĂ­a, la olĂ­a y la leĂ­a me acercaba mĂĄs a la revista. Cada nota me interesaba y sin duda la calidad de impresiĂłn y la suavidad en mis manos me sedujeron mucho. TardĂŠ varios nĂşmeros hasta suscribirme y subirme a este lindo barco. Por mĂĄs que no tenga los primeros nĂşmeros soy feliz porque lo dejo como algo mĂ­tico, como algo que no se puede alcanzar fĂĄcilmente, que lo hicieron los que se la jugaron y no como me pasĂł a mi que tardĂŠ en subirme, a veces me lamento y otras no. Es como saber que Messi existe y hace lo que hace y no verlo jamĂĄs en vivo, es de mi ciudad y gracias a Dios no lo conozco, es un mito, una leyenda. Como esta revista, de otro mundo. Quiero agradecerles a todos, por hacer tan linda cosa. ÂĄSalud viejo! Alejandro Fiorina Suscriptor N° 19656

Fin del T\UKVKLSĂ&#x201E;U SeĂąor Director: soy materialista. Cuando el que suscribe piensa LULSĂ&#x201E;UKLST\UKVUVW\LKL

dejar de aferrarse a aquello que le da seguridad, solaz, no puede dejar de ensimismar y acoplar su mente dentro de cierto texto que lo deja siempre fuera de lugar, offside, estupefacto, gratamente anonadado. Entonces la cabeza comienza a rebotar como una pelota de ping-pong, y uno, que se creĂ­a el campeĂłn ineluctable, LSTHJOVHSMHLSHSTHKLSHĂ&#x201E;LZ[H (Casciari dixit), cae en la cuenta de que en realidad estĂĄ entre la espada y la pared, esto es, no puede y no quiere que sus globos oculares, voraces, detengan su suculento recorrido por las letras y por la intertextualidad de dicho texto. Con un ritmo alocado, desenfrenado y asaz audible, la melodĂ­a de un jazz penetra en la sangre, en las vĂ­sceras, en el virgen olor de las pĂĄginas sucesivas, en la textura bondadosa del papel: Gillespie, Parker, Coltrane, Monk, Brubeck y el frenesĂ­ benigno es interminable, especie de torre o LKPĂ&#x201E;JPVX\LZLKLYY\TIHLUSVZ hombros, especie de gancho demoledor con direcciĂłn precisa y certera al tabique nasal, especie de bofetada de novia luego de un intento eminentemente porUVNYmĂ&#x201E;JVKLKLZ[Y\PYLZLVYPĂ&#x201E;JPV anal. Lo cierto es que cuando \UVLTWPLaHHWLUZHYLULSĂ&#x201E;U de mundo, no puede dejar de imaginar que una tropa iracunda de pingĂźinos vendrĂĄ a picotear la ventana de su habitaciĂłn y, con Ă­nfulas de aves descontroladas a causa de ingestas brutales de alcohol, destrozarĂĄ el vidrio divisorio y obligarĂĄ al humano de turno, en contra de su voluntad y de sus mĂĄs altos valores morales, a que se morfe, literalmente, los siguientes ingredientes que posiblemente formasen un cĂłctel asesino: sapo reventado, frito y descongelado, baba de caracol,

4

semen de toro, la bibliografĂ­a completa de Paulo Coelho, cinco cucharadas de excremento de paloma, orĂ­n de gato, vĂłmito caliente y, por Ăşltimo pero no menos importante, esencia de vainilla. No obstante, lo verdaderamente palpable y digno de ser recordado, como cuando uno aprende a atarse los cordones de la zapatilla o a andar en bicicleta sin rueditas por vez primera, lo verdaderamente sanguinario y cruel, es imaginar o siquiera concebir un mundo ZPU6YZHP,ZLZLYxHLSĂ&#x201E;UHSSH inexistencia pura, el vacĂ­o total: el aniquilamiento sistemĂĄtico de una estructura cuyos cimientos estĂĄn construidos a base de honestidad, buena leche, voluntad inquebrantable, amor y alguna que otra porciĂłn de cal y de arena. EspeYLTVZX\LLZLĂ&#x201E;UKLST\UKVKLS Ă&#x201E;UJVTVKLJxH1\SPVUVSSLN\L nunca. Esperemos que haya Orsai para rato. Atentamente, Enzo ServedĂ­a Suscriptor N° 07510

Una carta como Dios manda Querida Orsai: Me niego a dirigirle esta carta al seĂąor HernĂĄn Casciari porque este proyecto trasciende ampliamente al director responsable de la presente publicaciĂłn. A su vez le escribo con pluma fuente y a mano alzada porque la redacciĂłn de una carta de carĂĄcter personal es todo un ritual, en particular cuando su carĂĄcter es (ademĂĄs) amistoso. Soy estudiante de Derecho. En mis tiempos libres evito prender el televisor y me gusta leer y escuchar mĂşsica. TambiĂŠn me reĂşno con amigos. Desde hace un aĂąo


ORSAI.CARTAS@GMAIL.COM

es esta revista mi lectura obligada, siempre en pdf. Me bancan mis viejos. Es por eso que justo antes de escribirle a usted lo hice a Papá Noel con la intención de recibir el día de Navidad una suscripción a Orsai para el 2013. La razón por la que le escribo es para felicitarla por lo que ha hecho de usted misma y el positivo impacto que tiene en sus lectores. Usted no deja de ser una razón de inspiración en mi vida recordándome que somos muchos a los que no nos pasan la pelota por estar entre el arquero y el último defensor. Por estar en Orsai. Este verano, al igual que todos, va a hacer calor en Mendoza.

Transpirando y entre exámenes leeré esta carta en el próximo número. Esta vez en papel. Gianfranco Barchiesi Suscriptor N° 19014

Lector con malas compañías «Orsai se puede regalar a los amigos». Acabo de leerlo en el blog de la redacción de la revista. Al principio me ha resultado muy marketiniano, incluso me ha molestado ese aire a acción comercial. Después he pasado al estadio de: ¡oye, que buena idea!

²©9DVDYHUTXHVLVHODV PDQGRDPDQRPHODSXEOLFDQª

­:PX\PLYLZSSHTHYSHH[LUJP}UKLLKP[VYLZLZUVIZÄUNLZLY[YHKPJPVUHS® Un consejo de Gianfranco Barchiesi Suscriptor Nº 19.014

5

puedo regalarle una suscripción a algún buen amigo. A continuación, me he puesto a cavilar para encontrar a ese amigo o amiga, y entonces ha venido el abismo. No es que no tenga amigos. Tampoco un centenar. Soy una persona normal. Aparentemente normal, al menos. Si soy lector de Orsai, tampoco se me puede pedir que sea muy normal. Llegué a la revista desde el primer número editado (el primer año me conformé con la versión pdf y el segundo ya no me pude resistir al papel impreso), se pudiera pensar que llegué desde el blog y desde la lectura de un par de libros de Hernán, pero no, no llegué desde ahí, sino desde mucho más atrás. Cuando era niño, jugaba con otros compañeros y me enamoraba de alguna de mis compañeras. Todo, de nuevo, aparentemente normal. Pero en mi cabeza crecían mundos de fantasía alimentados por las páginas de los libros que me gustaba devorar, por las viñetas de aquellos cómics de aventuras y por los fotogramas de tanto celuloide engullido en grandes salas de cine a la antigua usanza. Mis amigos hablaban de fútbol y de disparar a los gorriones, de saltar las vallas de los colegios para entrar a los aseos y abrir todos los grifos, pero yo me abstraía de aquellas cosas y me imaginaba recorriendo África en globo, viviendo en una isla desierta con un amigo con nombre de día de la semana o navegando en busca de un tesoro. Me imaginaba tanto en otros lugares y otras vidas que además de leer y ver cine, me ponía a escribir cuentos. Hace poco, ya inmerso en mi madurez irreversible, me presenté a una entrevista de trabajo. Era para un puesto importante y la entrevistadora era una psicóloga de mirada astuta. Me hizo toda JSHZLKLWYLN\U[HZ`HSÄUHSTL puso delante un folio con tres [L_[VZKVUKLZLKLÄUxHULU ]HYPHZMYHZLZ[YLZWLYÄSLZWZPcológicos distintos: uno de los WmYYHMVZKLÄUxHH\UJSmZPJVLQLcutivo depredador, seguro de sí mismo y de ambición insaciable;


Cartas  de  lectores

LSZLN\UKVWmYYHMVKLÄUxH`H ni me acuerdo; el tercero decía frases del tipo: me siento distinto a los demás, cuando estoy con mucha gente me encuentro solo, creo que las demás personas de mi entorno no son como yo... No TLZLU[xHPKLU[PÄJHKVJVUUPUN\UVKLSVZWLYÄSLZWLYVLZHZ sentencias en concreto... no podía decirle a la entrevistadora que me sentía un tío raro, pero UVTLKLÄUxHU[HTWVJVUPUN\UV KLSVZV[YVZWLYÄSLZX\tLUJY\cijada más jodida, con el salario tan bueno que ofrecían con el W\LZ[V(SÄUHSSLKPQLX\LTL gustaría escoger unas cuantas frases de cada uno de los tres WLYÄSLZ4LKPQVX\LSHZZ\IYH`Hra y así lo hice, evitando siquiera acercarme a las temidas: me siento diferente... No me dieron el puesto, claro. Y siguiendo ese hilo conductor, muy resumido aquí, llego a ser suscriptor de Orsai y fan de ese proyecto tan apasionado. Decido regalarle una suscripción a alguno de mis amigos y... no encuentro ni uno solo que encaje con SHYL]PZ[H4PHTPNV1LZKLTHsiado serio y crítico, no le gusta nunca nada de lo que le sugiero. Quizás G., aunque tampoco, tiene los pies muy atornillados al suelo. M. seguro que no tiene ni tiempo para leer las revistas... y HZxOHZ[HLSÄUHS:PNVZPLUKV un tío raro, aunque ellos no se den cuenta. Juan Andrés Hernández Cegarra Suscriptor N° 03028

:\ZJYPW[VYHÅLJOHKH por distribuidor Señor Director: Le escribo porque hace mucho lo quería hacer y no se me ocurría qué decir y ahora tengo dos motivos para hacerlo. Como ya es de público conocimiento está terminando el año y como no estalló el mundo en mil pedazos (les escribo el

veintiocho de diciembre de 2012) uno hace un repaso de lo que le ocurrió durante el año. No voy a enumerar todo lo que me pasó porque no tiene importancia para ustedes y para mí tampoco algunas cosas. Solo le contaré dos cosas que tienen algún tipo de relación con la revista. Primero, recordé una parte del artículo de Gabriela Wiener en la Orsai 3 ­<UÄUKLZLTHUHJVUTPT\LYte», cuando un día cualquiera, acostada en mi cama, a punto de dormir, descubro un extraño bulto en mi pecho derecho que hace unos pocos días estaba segura que no estaba ahí. Me llamó la atención pero nada más. Pensé: «mañana veo qué onda con ESTO». Al otro día me doy cuenta que la pelota había crecido bastante durante la noche y esta vez sentía mucho dolor. Ahí me cagué. Decidí llamar al novio de una amiga que es ginecólogo y le pedí que un colega suyo me revise. Esa noche casi no dormí pensando boludeces. Bueno, resumiendo, por suerte no era nada grave. Solo un montón de quistes muy dolorosos por cierto que aparecen porque sí. Algunas mujeres los tienen y otras no. Tratamiento con pastillas y listo. Bueno, lo segundo que le quería contar es que renové la suscripción para el año 2013 no solo porque está buena la revista sino porque está mucho mejor mi distribuidor. Así que se imaginarán que soy una de las tantas personas agradecidas porque sale bimestralmente y solo espero dos meses y no tres para verlo otra vez (además de querer leer la revista más rápido, claro). Para los románticos que están leyendo, no se hagan ilusiones, no estoy con él. Él no sabe lo que siento. Tiene novia y yo soy muy cobarde para hacer algo. A otra cosa mariposa y listo. Bueno gente, mando un beso para todos los que hacen Orsai y sigan como hasta ahora. Obvio que no voy a decir quién soy, ya aclaré que soy cobarde. No quiero que mi distribuidor se

6

entere de lo que siento por él y menos que tengo una pelota en mi teta derecha hasta que desaparezca por completo por obra y gracia de las pastillas. P/D: Solo diré que no soy la suscriptora de la teta al aire. Saludos. Cintia Mariana Suárez Suscriptora N° 09245

En el nombre del padre Señor Director: Mi viejo me enseñó miles de cosas, entre ellas leer. Me contaba cuentos, me mostraba libros, me inventaba historias fantásticas de la nada, como quien prepara una cena para diez personas con solo dos ingredientes. El mundo que me enseñó a través de la lectura fue —y lo sigue siendo— una forma KL]PKH\UHÄSVZVMxH<UHTHULYH de ver con otros ojos el mismo mundo; de ver el mismo mundo con los ojos de otros. Recuerdo que mis penitencias muchas veces consistían en leer. 4PWHWmTLJHZ[PNHIHJVU1\SPV Verne, Dostoyevski y con Edgar Allan Poe. Ahora comprendo que lo que buscaba no era retarme sino generarme el hermoso hábito de ingerir eso que nadie te puede robar: historias. Una vez me mandé una macana a los diez años y me sancionó con Hamlet. Tuve que empezar a leer Shakespeare. Lo devoré. De a poco comencé a leer los otros libros de la biblioteca de mi padre, su única herencia material. Libros de Sábato, Cortázar, Wilde, Pérez Galdós, el Martín Fierro. Más historias. También recuerdo que nuestra rutina obligaba a que después de cenar debíamos bajar de nuestro departamento de la calle Montevideo y salir de paseo. Yo me aferraba a su mano grande para perdernos en las librerías de la avenida Corrientes. Me mostraba libros y revistas, dejaba que


ORSAI.CARTAS@GMAIL.COM

hojease y oliese las historias, de autores que de a poco se fueron quedando en mis lecturas. Esas eran nuestras sobremesas y cuĂĄnto las extraĂąo. El treinta y uno de diciembre pasado, a media hora de terminar el aĂąo mi papĂĄ se descompuso y cayĂł seco al suelo. Se quedĂł sin pulso y se puso blanco. Hubo que reanimarlo. Minutos despuĂŠs â&#x20AC;&#x201D;gracias a Diosâ&#x20AC;&#x201D; pudo festejar el aĂąo nuevo y tambiĂŠn su cumpleaĂąos nĂşmero setenta y cinco. Mi viejo conociĂł Orsai en diciembre pasado. La leĂ­mos en silencio en la playa con mi mirada vigilante de reojo, esperando sus sonrisas, comentarios o cualquier gesto que pudiera conmover a un viejo simple. Del mismo modo ĂŠl me habrĂĄ mirado hace veinticinco aĂąos. No sĂŠ cuĂĄnto tiempo mĂĄs tendrĂŠ a mi padre. Por eso, luego de su patatĂşs, decidĂ­ devolverle en un simple gesto lo que ĂŠl habĂ­a hecho por mĂ­ durante tantos aĂąos: suscribirlo a Orsai. Si estĂĄn leyendo esta carta es porque mi papĂĄ ya es suscriptor de la revista, supongo que el mĂĄs viejo, y ojalĂĄ que por muchos aĂąos mĂĄs. Sin embargo me di cuenta de que con la suscripciĂłn busco ademĂĄs otra cosa: darle aliento, invitarlo a mĂĄs, darle un mensaje. PapĂĄ: no encontrĂŠ mejor lugar que el de una revista literaria para agradecerte â&#x20AC;&#x201D;sin intermediariosâ&#x20AC;&#x201D; por enseĂąarme el amor por los libros, por ese legado que nunca me robarĂĄn: las historias.

tarios. Sin texto, solo el título y una imagen. TambiÊn se podía dejar comentarios a cada revista en forma global, en la pågina que reunía todas las notas. Espero que eso se recupere este aùo. ¥Bienvenida Orsai 2013! Atentamente, Mariano Gaitån Suscriptor N° 00039

La revista mĂĄs austral del mundo Estimado HernĂĄn, por algĂşn motivo que no linda con lo mĂ­stico, la pequeĂąa biblioteca de la base atesora y amontona â&#x20AC;&#x201D;en ese ordenâ&#x20AC;&#x201D; una colecciĂłn eclĂŠctica de libros y revistas de variados orĂ­genes. Si bien no encontrĂŠ ninguna Orsai, la convivencia en la base me demostrĂł, en mĂĄs de una oportunidad, que las vidas X\LHSSxJVUĂ&#x2026;\`LUZVUHU}UPTH

materia prima de las prosas de sus pĂĄginas. Revenida en ciber debido a la demanda de internet, la biblioteca de la Base Marambio â&#x20AC;&#x201D;ubicada en la isla homĂłnima, al este de la penĂ­nsula antĂĄrticaâ&#x20AC;&#x201D; es capaz de alojar en sus estanterĂ­as dos ediciones distintas de Los tipos duros no bailan de Mailer pero desafortunadamente ninguna Orsai. Estuve cavilando sobre la posibilidad de donar o simplemente abandonar el ejemplar de Orsai que me habĂ­a acompaĂąado a la campaĂąa con el afamado ÂŤGrupo HeidiÂť, pero mi mezquindad pudo mĂĄs que mi altruismo. DespuĂŠs de todo, quiĂŠn es uno para iniciar determinadas gestas en determinados lugares. Le envĂ­o lo que asumo corresponde al primer registro en el continente antĂĄrtico de la revista Orsai y, seguramente, la evidencia mĂĄs austral de nuestra revista. Javier N. Gelfo Suscriptor N° 07319

²Š0HOOHYRDOJRSDUDOHHUHQHOYLDMH SRUVLVHPHKDFHODUJRª

Sebastiån Dbsie Suscriptor N° 02417

Sus deseos son Ăłrdenes SeĂąor Director: Hay algo que tenĂ­amos en 2011 y hemos perdido en 2012. Antes de que la revista saliera de imprenta (o antes de concluir la distribuciĂłn) ya tenĂ­amos en el blog la pĂĄgina de cada nota para dejar comen-

­:PHKVUKL]HZUVOH`T\QLYLZWVULULSIVSZVV[YVZWSHJLYLZŽ Un consejo de Javier N. Gelfo Suscriptor Nº 7.319

7


BUDAPEST

PERFIL  DE  PERSONAJE


EL EXPERIMENTO

POLGAR UNA CRÓNICA DE GABRIELA MANULI ILUSTRADA POR GUILLERMO DECURGEZ


EL  EXPERIMENTO  POLGAR

L

DPLUDGD¿MDVREUHHOWDEOHURGHDMH-­ drez.   Las   manos   apretadas   contra   las   mejillas   rosadas.   Concentrada,   replegada  en  sí  misma,  una  nena  de   nueve   años   se   preparaba   para   em-­ pezar  la  partida.  Vestía  su  pulóver  de  la  suerte     —tejido   por   su   madre   unos   días   antes   de   co-­ menzar  el  torneo—  y  llevaba  consigo  un  peque-­ ño  tigre  de  madera:  un  amuleto. El  reloj  hacía  tic-­tac:  era  el  único  sonido   en  la  sala. Ella  movió. Decenas   de   varones   adultos   observaban   incrédulos   la   escena.   Su   oponente   —también   mayor—  sabía  que  no  era  una  partida  más:  mo-­ YLy<OXHJRPRYLyODQHQD<SDVDGRXQWLHPSR llegó  el  desenlace. —Jaque  mate  —dijo  ella.   La  criatura,  que  acababa  de  ganar  un  tor-­ neo  internacional  y  que  en  pocos  años  llegaría   a  ser  la  mejor  ajedrecista  de  todos  los  tiempos,   VHOODPDED-XGLW3ROJDU<HUDHOUHVXOWDGRGHXQ experimento.

GABRIELA MANULI Buenos Aires, 1980 Periodista, licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Políticas Públicas con especialización en medios por la Universidad de Europa Central. Hace más de diez años que trabaja en periodismo. Fue parte del suplemento de investigación del diario 7LYÄS. Como periodista free-lance escribió para medios argentinos —las revistas Rumbos, TXT y el diario La Nación— y medios internacionales como el diario El Mundo de España y La Nación de Chile. También trabajó como productora de radio y televisión. En 2008 fue becaria del World Press Institute en Estados Unidos. Ganadora de un premio de ensayos de la Fundación ,S3PIYV`ÄUHSPZ[HKLS7YLTPV Periodismo para la Tolerancia de la Federación Internacional de Periodistas, es también autora del blog más completo sobre Budapest en idioma español. Vivió casi tres años en la capital O‚UNHYH`HÄULZKLZL mudó a Washington, D.C.

E

l  experimento  Polgar.  Así  lo  llamaban  y  lo   llaman,   en   honor   al   padre   de   Judit   Polgar     —Laszlo  Polgar—,  quien  hace  ya  varias  déca-­ das   acuñó   una   hipótesis:   los   genios   no   nacen,   VHKDFHQ<KDEtDTXHKDOODUODHFXDFLyQTXHKL-­ ciera  posible  ese  logro.  La  clave,  pensó  Laszlo   entonces,   estaba   en   la   especialización   tempra-­ na:  en  dar  a  los  niños  muchas  horas  diarias  de   entrenamiento   y   someterlos   a   una   educación   alejada  de  la  escuela  formal  (algo  que  no  sería   sencillo  en  la  Hungría  comunista,  que  es  donde   nacieron  y  vivieron  los  Polgar).

SAQUÉ  CON  PERFECTO  DISIMULO  EL  AS  DE  MI  MANGA,  PERO  ERA  AJEDREZ. 10


GABRIELA  MANULI

ventana   â&#x20AC;&#x201D;dice   Klara   y   seĂąala   las   colinas   de   Buda,  al  otro  lado  del  rĂ­o.   La  casa  es  cĂĄlida  y  huele  a  zapallo  hervi-­ do.  Klara  tambiĂŠn  es  cĂĄlida.  Tiene  el  pelo  corto   y  renegrido,  y  sus  ojos  oscuros  llevan  el  marco   GH XQDV FHMDV ÂżQDV$XQ OXHJR GH WDQWRV DxRV â&#x20AC;&#x201D;y  de  tres  hijos  y  seis  nietosâ&#x20AC;&#x201D;  Klara  conserva   la  elegancia  que  se  ve  en  las  fotos  del  pasado,   cuando  acompaĂąaba  a  su  crĂ­a  a  los  torneos. El   hogar   de   los   Polgar   estĂĄ   lleno   de   re-­ cuerdos   de   esos   tiempos.   En   las   paredes,   las   imĂĄgenes  de  las  hermanas  de  pequeĂąas,  soste-­ niendo   trofeos,   comparten   espacio   con   diplo-­ mas  y  premios.   â&#x20AC;&#x201D;Esta  es  nuestra  historia,  estĂĄ  todo  colga-­ GRDFi²H[SOLFD.ODUD<ODSDODEUDŠWRGRÂŞHQ este  caso,  equivale  a  mucho.   En  las  paredes  puede  verse  un  currĂ­culum   interminable:   Judit   tuvo   victorias   clave   frente   a   campeones   mundiales   como   BorĂ­s   Spassky,   Anatoli   Karpov,   Garry   Kasparov,   Veselin   To-­ palov   y   Viswanathan   Anand.   AdemĂĄs,   es   la   Ăşnica   representante   femenina   en   el   top   20   de   la   FIDE,   al   que   llegĂł   a   trepar   hasta   el   octavo   puesto  en  2005  (Judit  es  la  única  mujer  que  in-­ gresĂł   al   top   10).   Esta   clase   de   triunfos   hicie-­ ron  que  muy  temprano  en  su  carrera  dejara  de   competir  con  mujeres  y  nunca  se  molestara  en   conseguir   el   tĂ­tulo   del   Womenâ&#x20AC;&#x2122;s   World   Chess   Championship  (el  campeonato  femenino  mun-­ dial),  aun  cuando  ya  a  los  doce  aĂąos  su  rating   era   mucho   mĂĄs   alto   que   el   de   la   campeona.   Ganadora   siete   veces   de   los   Oscar   del   Aje-­   drez   y   elegida   la   Mejor   Mujer  Ajedrecista   del   Siglo  XX,  Judit  tambiĂŠn  es  seĂąalada  como  una   de  las  personas  mĂĄs  inteligentes  del  mundo,  con   XQFRHÂżFLHQWHLQWHOHFWXDOGHFLHQWRVHWHQWDVX-­ perior  al  de  Bill  Gates  o  al  de  Stephen  Hawking. Aunque  esto  último  no  estĂĄ  en  las  paredes.   Ni  en  ninguna  otra  parte. En  el  piso  de  la  casa  de  los  Polgar  hay  unos   SRVWLWDPDULOORVFRQDQRWDFLRQHVHQK~QJDUR< en  un  rincĂłn  hay  una  pila  de  VHS  sosteniendo   un  manojo  de  papeles.  Se  trata,  sin  embargo,  de   un  caos  organizado.  O  al  menos  eso  es  lo  que   explica  Klara: â&#x20AC;&#x201D;Los  papeles  en  el  piso  son  los  mĂĄs  im-­ portantes  para  Laszlo,  asĂ­  que  no  hay  que  levan-­ tarlos,  hay  que  dejarlos  donde  Êl  los  puso  â&#x20AC;&#x201D;co-­ menta  frente  a  un  fallido  intento  de  contribuir   al  orden. Unos  minutos  mĂĄs  tarde  suena  el  timbre.   Klara  se  levanta  y  le  abre  la  puerta  a  su  marido.   Ă&#x2030;l  deja  su  gorra  y  su  campera  y  saluda  mientras  

Nadie  sabe  si  fue  punterĂ­a  o  coincidencia,   SHURORFLHUWRHVTXH/DV]ORFRQÂżUPyVXKLSyWH-­ sis  con  sus  tres  hijas.  Judit,  SofĂ­a  y  Susan  â&#x20AC;&#x201D;de   menor  a  mayorâ&#x20AC;&#x201D;  terminaron  siendo  un  trĂ­o  de   campeonas  de  ajedrez.   De   las   tres,   Judit   fue   la   que   mĂĄs   se   dis-­ tinguiĂł.   El   motivo:   a   los   nueve   aĂąos   ganĂł   su   primer  torneo  internacional  y  a  los  quince  aĂąos,   cuatro   meses   y   veintiocho   dĂ­as   rompiĂł   el   rĂŠ-­ cord  de  Bobby  Fischer  (quien  habĂ­a  mantenido   el  podio  por  treinta  y  cuatro  aĂąos)  y  se  convirtiĂł   en  la  Gran  Maestro  Internacional  mĂĄs  joven  de   la  historia,  un  tĂ­tulo  que  la  FederaciĂłn  Mundial   de  Ajedrez  (FIDE)  solo  otorga  a  los  mejores  ju-­ gadores.   IronĂ­as   del   destino,   Fischer   habĂ­a   pensa-­ do  hasta  entonces  que  las  mujeres  ajedrecistas   HUDQ ²SRU GHÂżQLFLyQ² SULQFLSLDQWHV 3HUR se   equivocĂł   no   solo   con   Judit,   sino   con   todas   las   hermanas   Polgar.   Susan,   SofĂ­a   y   Judit   se   volvieron  tan  imbatibles  que  en  1988  â&#x20AC;&#x201D;cuan-­ do   Judit   tenĂ­a   doce   aĂąosâ&#x20AC;&#x201D;   fueron   sumadas   al   equipo  olĂ­mpico  de  ajedrez  femenino.  Ese  aĂąo   la  prensa  bautizĂł  a  la  delegaciĂłn  con  el  nombre   de  PolgariaÂť. <3ROJDULDYROYLyD+XQJUtDFRQODPHGD-­ lla  de  oro. Luego  pasaron  los  aĂąos.

E

s  un  tĂ­pico  dĂ­a  de  invierno  en  Budapest,  la   capital  de  HungrĂ­a.  El  frĂ­o  obliga  a  evitar  las   calles  y  es  difĂ­cil  detenerse  a  mirar  el  escenario   que  la  ciudad  ofrece.  Budapest  estĂĄ  signada  por   el  paso  del  Danubio:  un  rĂ­o  que  no  solo  impone   un  paisaje,  sino  que  divide  el  mapa  urbano  en  lo   que  hace  dos  siglos  eran  dos  ciudades:  Buda,  en   la  orilla  derecha,  y  Pest,  en  la  orilla  izquierda.   Los  Polgar  viven  en  Pest.  Su  departamen-­ to  estĂĄ  ubicado  en  uno  de  los  distritos  mĂĄs  caros   de  la  capital  hĂşngara,  en  pleno  centro  y  con  una   imponente  vista  al  Danubio  y  a  sus  puentes  mĂĄs   famosos,  esos  que  aparecen  en  todas  las  posta-­ les  de  viaje. Frente  a  la  puerta  estĂĄ  ahora  Klara  Polgar:   saluda  y  sonrĂ­e.   â&#x20AC;&#x201D;Laszlo   va   a   llegar   un   poco   mĂĄs   tarde   â&#x20AC;&#x201D;dice  en  un  inglĂŠs  simple  pero  claroâ&#x20AC;&#x201D;.  Judit   llamĂł   porque   habĂ­a   tenido   un   desperfecto   con   el  auto  y  nos  pidiĂł  que  cuidĂĄramos  a  Hanna  en   ODFDVDGHÂżQGHVHPDQDTXHWHQHPRVIXHUDGH Budapest  y...  no  estaba  previsto.   Judit  tiene  dos  hijos:  Hanna  y  Oliver. â&#x20AC;&#x201D;Puedo   ver   la   casa   de   Judit   desde   mi  

SI  TE  RECIB�S  DE  LA  UNIVERSIDAD,  TE  TIRAN  LOS  HUEVOS  TUS  AMIGOS;͞  SI  NO,  TUS  PADRES. 11


EL  EXPERIMENTO  POLGAR se   saca   los   zapatos,   cumpliendo   con   una   cos-­ tumbre  que  se  repite  en  las  casas  de  las  familias   hĂşngaras:  el  adentro,  dicen,  no  debe  mezclarse   con  el  afuera.   /DV]OROOHYDDQWHRMRVGHPDUFRÂżQR\XQD barba   blanca   y   tupida.   Las   canas   no   son   no-­ vedad:  ya  durante  la  adolescencia  de  sus  hijas   empezĂł  a  perder  color,  y  tambiĂŠn  pelo.  Ahora,   a   los   sesenta   y   seis   aĂąos,   la   calva   acentĂşa   las   lĂ­neas  redondas  de  su  rostro.  Luego  de  saludar   empieza  a  hablar  en  un  tono  de  voz  fuerte:  ese   timbre  de  los  maestros  de  escuela. Laszlo  habla  en  hĂşngaro,  a  un  ritmo  lento   y   con   pausas   para   que   Klara   interprete.   Es   un   ejercicio  que  ambos  tienen  aceitado  despuĂŠs  de   tantos   aĂąos   de   dar   entrevistas.   Por   momentos,   mĂĄs  que  traducir,  Klara  completa  y  adorna  sus   frases.   Porque   Laszlo   habla   poco.   Solo   se   ex-­ playa  cuando  se  mete  a  explicar  su  nuevo  pro-­ yecto  de  vida:  el  SĂşper  Ajedrez  Estrella  Polgar,   una  nueva  variante  del  juego  clĂĄsico,  hecha  esta   vez  sobre  un  tablero  hexagonal  de  treinta  y  siete   casillas. â&#x20AC;&#x201D;Por  favor,  mencione  el  ajedrez  estrella   en  esta  nota.  Es  mĂĄs  rĂĄpido  e  interesante,  tiene   ochenta  movimientos  â&#x20AC;&#x201D;dirĂĄ  Laszlo  en  unas  ho-­ ras,  cuando  termine  la  entrevista. â&#x20AC;&#x201D;ÂżPuede  publicar  las  instrucciones  tam-­ biĂŠn?  â&#x20AC;&#x201D;agregarĂĄ  Klara. Los  dos  se  mostrarĂĄn  ansiosos.  Pero  aho-­ ra  Laszlo  no  da  grandes  signos  de  entusiasmo.   Durante  la  charla  parece  inquieto:  lo  distrae  el   olor  de  la  comida  o  alguna  cuestiĂłn  relaciona-­ da  con  su  SĂşper  Ajedrez  Estrella.  Cada  vez  que   lo   menciona   cambia   su   tono   de   voz,   para   que   quede   claro   que   ese   â&#x20AC;&#x201D;y   no   otroâ&#x20AC;&#x201D;   es   el   tema   del  momento.   Laszlo  siempre  estĂĄ  tramando  algo.  Es  una   costumbre  que  ya  viene  del  colegio  secundario.   En   ese   entonces   observĂł   a   su   alrededor   y   vio   que  aquellos  compaĂąeros  que  tenĂ­an  una  fami-­ lia  que  los  motivaba  se  destacaban  mĂĄs  que  los   que  tenĂ­an  peor  suerte.  Luego  las  posibilidades   de  triunfar  en  el  futuro  eran  mucho  mĂĄs  altas.   Esa  diferencia  despertĂł  su  interĂŠs.  Laszlo   empezĂł   a   revisar   libros   tratando   de   encontrar   historias  de  niĂąos  prodigio  como  la  de  Mozart.   AsĂ­,  antes  de  haber  terminado  siquiera  la  edu-­ caciĂłn  formal,  empezĂł  a   escribir  los   primeros   capĂ­tulos  de  su  mĂŠtodo:  el  que  le  permitirĂ­a  fa-­ bricar  niĂąos  genios. En  ese  entonces  Laszlo  no  tenĂ­a  hijos.  Ni   siquiera   tenĂ­a   esposa.   Por   esa   ĂŠpoca   Klara   vi-­ vĂ­a   en   un   enclave   hĂşngaro   en   Ucrania   y   solĂ­a  

*DQDGRUDVLHWH YHFHVGHORV2VFDU GHO$MHGUH]\HOHJLGD OD0HMRU0XMHU $MHGUHFLVWDGHO6LJOR ;;-XGLWWDPELpQ HVVHxDODGDFRPR XQDGHODVSHUVRQDV más  inteligentes   GHOPXQGRFRQ XQFRH¿FLHQWH LQWHOHFWXDOGH VXSHULRUD%LOO*DWHV R6WHSKHQ+DZNLQJ

EN  LA  ESCUELA  DE  LA  VIDA  MUY  SEGUIDO  ME  LLEVAN  DE  UNA  OREJA  AL  RINCĂ&#x201C;N. 12


GABRIELA  MANULI

JUGAREMOS  AL  JUEGO  SIN  NOMBRE.  VENGA  SIN  ESTRATEGIA. 13


EL  EXPERIMENTO  POLGAR escribirse   cartas   con   compatriotas   para   practi-­ car  el  idioma.  Un  dĂ­a,  de  casualidad,  se  cruzĂł   con   la   madre   de   Laszlo   durante   un   viaje.   Ese   fue  el  único  azar  en  la  historia.  La  madre  pensĂł   que  Klara  podĂ­a  ser  la  mujer  ideal  para  su  hijo   y  decidiĂł  ponerlos  en  contacto.  Se  conocieron   por  carta  y  en  1965  se  encontraron  por  primera   YH] HQ %XGDSHVW$OOt /DV]OR OH IXH FRQÂżDQGR detalles  de  su  mĂŠtodo,  que  luego  publicarĂ­a  en   su  libro  (GXFDQGR*HQLRV.   â&#x20AC;&#x201D;Ă&#x2030;l  hablaba,  yo  lo  escuchaba.  Me  decĂ­a   que   el   sistema   educativo   no   era   bueno   y   que   le  gustarĂ­a  educar  a  sus  hijos  en  el  hogar  â&#x20AC;&#x201D;re-­ cuerda   Klara,   mientras   gira   la   cabeza   para   re-­ visar   la   olla   que   estĂĄ   sobre   el   fuego.  A   pocos   metros  de  la  mujer   estĂĄn   las   fotos.   Son   de   las   nenas  cuando  eran  chicas.  En  algunas  imĂĄgenes   Laszlo   viste   ropa   informal   y   en   otras   lleva   el   traje  de  las  competencias.  En  casi  todas,  eso  sĂ­,   tiene  la  misma  actitud:  las  manos  en  los  bolsi-­ llos.  Como  si  â&#x20AC;&#x201D;luego  de  haber  hecho  una  siem-­ braâ&#x20AC;&#x201D;  esperara  que  las  cosas  siguieran  su  curso. Para   el   tiempo   de   aquellas   fotos,   varias   etapas   â&#x20AC;&#x201D;en   rigorâ&#x20AC;&#x201D;   se   venĂ­an   cumpliendo   tal   como   estaba   planeado.   Por   empezar,   la   madre   de  Laszlo  habĂ­a  dado  en  el  blanco  y  la  empatĂ­a   entre  Klara  y  Laszlo  habĂ­a  sido  un  Êxito.  Klara   era  la  candidata  ideal:  no  solo  hablaba  idiomas   y   era   pedagoga   â&#x20AC;&#x201D;al   igual   que   Laszloâ&#x20AC;&#x201D;,   sino   que  recibĂ­a  de  buen  modo  las  excĂŠntricas  ideas   del  hombre,  que  se  las  transmitĂ­a  por  carta.  AsĂ­   que  pronto  se  resolviĂł  el  resto:  Laszlo  y  Klara   contrajeron  matrimonio  y  se  propusieron  criar   hijos  genios. Eso  tambiĂŠn  les  saliĂł  bien.

E

l  encuentro  con  Judit  Polgar,  la  mejor  aje-­ drecista  de  la  historia,  sucediĂł  unas  sema-­ nas  antes  de  la  charla  con  el  matrimonio  Pol-­ gar.  A  diferencia  de  sus  padres,  Judit  no  abriĂł   las  puertas  de  su  casa  y  eligiĂł  dar  la  entrevista   en  un  cafĂŠ  dentro  de  un  shopping  de  Buda.  El   local,  ubicado  en  un  subsuelo,  estaba  atestado   de  gente.   â&#x20AC;&#x201D;Podemos  probar  en  otro  lado,  conozco   otro  lugar  â&#x20AC;&#x201D;sugiriĂł  Judit.   El  otro  lugar  era  prĂĄcticamente  el  mismo   lugar:  quedaba  unos  pisos  mĂĄs  arriba,  en  un  pa-­ tio   de   comidas   dentro   del   shopping.   Mientras   subĂ­a   por   la   escalera   mecĂĄnica   y   el   sol   de   la   tarde  le  pegaba  en  el  rostro,  lo  que  podĂ­a  ver-­ se  era  esto:  una  mujer  joven  â&#x20AC;&#x201D;de  treinta  y  seis   aĂąosâ&#x20AC;&#x201D;  y  sencilla  â&#x20AC;&#x201D;pantalĂłn  de  vestir,  blusa  de  

algodĂłnâ&#x20AC;&#x201D;  conservando  muchos  de  sus  rasgos   de  niĂąa.   Judit   tomĂł   asiento   en   el   nuevo   espacio.   AllĂ­  habĂ­a  menos  ruido.  BuscĂł  una  carta  de  ju-­ gos  naturales  y  le  echĂł  un  vistazo:  cada  bebida   iba  acompaĂąada  por  su  informaciĂłn  nutricional.   Judit  analizĂł  los  datos  y  eligiĂł  la  opciĂłn  que  se   ajustaba   a   la   dieta   que   estaba   cumpliendo   por   aquellos   dĂ­as.   Luego   de   un   descanso   por   ma-­ ternidad,  Judit  habĂ­a  vuelto  a  las  pistas  y  al  en-­ WUHQDPLHQWRIXHUWH(VRVLJQLÂżFDEDHQWUHWDQWDV cosas,  que  debĂ­a  cuidarse.   â&#x20AC;&#x201D;Llevo  una  vida  muy  ocupada  â&#x20AC;&#x201D;dijoâ&#x20AC;&#x201D;.   MĂĄs  de  lo  que  me  gustarĂ­a. Judit   parecĂ­a   relajada   pero   hablaba   a   un   ritmo  rĂĄpido:  estaba  en  cierto  estado  de  concen-­ traciĂłn.   Sus   gestos   eran   sobrios   y   las   manos,   FRQ XQD ÂżQD FDSD GH HVPDOWH HQ ODV XxDV HV-­ taban  quietas  sobre  la  mesa.  Su  modo  de  mos-­ trarse   recordaba   a   su   juego:   la   paciencia   y   el   cĂĄlculo  estaban  en  ella. Casada   con   Gustav   Font,   un   veterinario   al   que   conociĂł   gracias   a   su   perro,   hoy   Judit   vive   en   una   casa   en   Buda   junto   a   sus   hijos,   Oliver  y  Hanna.  Pero  por  afuera  de  eso,  entre-­ na.  Viaja  por  el  mundo  participando  en  torneos   de  Êlite  y  lleva  adelante  proyectos  vinculados   con  el  ajedrez:  acaba  de  publicar  el  libro  Como   YHQFtD%REE\)LVFKHU  y  es  impulsora  del  pro-­ grama  de  ajedrez  en  las  escuelas  de  la  UniĂłn   Europea.   TambiĂŠn   tiene   varias   publicaciones   acompaĂąadas   con   ilustraciones   de   SofĂ­a,   la   hermana  del  medio. Luego  estĂĄn  los  viajes.  Si  bien  no  lleva  la   cuenta  exacta,  Judit  sabe  que  recorriĂł  al  menos   cincuenta  paĂ­ses.  En  Argentina  â&#x20AC;&#x201D;donde  estuvo   siete  vecesâ&#x20AC;&#x201D;  jugĂł  uno  de  sus  mejores  partidos   contra  AlexĂŠi   Shirov,   quien   en   ese   entonces   y   desde  1990  estaba  en  el  top  ten  del  ranking  in-­ ternacional.   El   partido   fue   en   1994   y   Judit   lo   derrotĂł.  TenĂ­a  dieciocho  aĂąos. En  las  biografĂ­as  de  Judit  â&#x20AC;&#x201D;donde  abun-­ dan  tĂŠrminos  como  la  mejorÂť,  la  primeraÂť  o   ÂŤla   ĂşnicaÂťâ&#x20AC;&#x201D;   se   cuenta   que   las   hermanas   Pol-­ gar  empezaron  a  jugar  a  los  tres  aĂąos.  Hay,  en   general,  varios  mitos  en  torno  a  las  niĂąas  y  su   infancia   precoz.   Uno   de   ellos,   relatado   por   el   entrenador  de  Judit,  dice  lo  siguiente:  una  ma-­ drugada,   en   pleno   anĂĄlisis   de   una   partida   con   Susan,  ni  ella  ni  el  hombre  podĂ­an  encontrar  la   manera  de  descifrar  algo  y  fueron  a  despertar  a   Judit.  La  pequeĂąa  se  levantĂł,  les  mostrĂł  la  so-­ luciĂłn  y  luego  volviĂł  a  la  camaÂť.   â&#x20AC;&#x201D;ÂżEso  fue  verdad?

ESCUELA  ESTOICA.  CLASES  DE  ASISTENCIA  OBLIGATORIA  TODO  EL  VERANO. 14


GABRIELA  MANULI

/DV]ORIXHPLUDGR con  recelo  por  el   JRELHUQR\WDPELpQ WXYRSUREOHPDV FRQOD)HGHUDFLyQ GHDMHGUH]TXHQR DFHSWDEDTXHODV PXMHUHVFRPSLWLHUDQ HQWRUQHRVPDVFXOLQRV

En  el  shopping,  Judit  no  estĂĄ  muy  segura   de   que   aquello   hubiera   sucedido.   Hizo   un   es-­ fuerzo   por   recordar.   PidiĂł   permiso   y   tomĂł   el   papel  de  la  entrevista,  donde  estaba  la  anĂŠcdota   impresa.   Lo   leyĂł   en   silencio,   intentando   darle   otra  oportunidad  a  su  memoria.  Mientras  lo  ha-­ cĂ­a   se   tomaba   las   mejillas   con   las   dos   manos   â&#x20AC;&#x201D;como   en   sus   tiempos   de   niĂąaâ&#x20AC;&#x201D;   y   movĂ­a   la   cabeza  de  izquierda  a  derecha. â&#x20AC;&#x201D;No  sĂŠ,  puede  serâ&#x20AC;Ś  la  verdad  es  que  no   me   acuerdo   â&#x20AC;&#x201D;dijo   mientras   devolvĂ­a   el   papel   y  daba  un  trago  a  su  jugo.  Su  rostro  no  demos-­ traba   sorpresa:   Judit   estaba,   estĂĄ,   acostumbra-­ da  a  escuchar  todo  tipo  de  historias  sobre  ella.   Muchas  llevan  errores  que  ya  ni  intenta  corre-­ gir,  como  pasĂł  con  una  biografĂ­a  escrita  por  un   maestro  que  jamĂĄs  se  molestĂł  en  entrevistarla.   Por  este  tipo  de  cosas,  Judit  es  amable  pero  cau-­ WD<HVVXIDPLOLDODTXHVHHQFDUJDDYHFHVGH acortar  distancias.  Dentro  de  un  tiempo,  desde   Missouri,  Susan  â&#x20AC;&#x201D;la  hermana  mayorâ&#x20AC;&#x201D;  encon-­ trarĂĄ  un  punto  medio:   â&#x20AC;&#x201D;Estoy   muy   segura   de   que   es   una   exa-­ geraciĂłn   â&#x20AC;&#x201D;dirĂĄ   por   telĂŠfonoâ&#x20AC;&#x201D;.   Pero   debimos   haber  llamado  a  Judy  para  que  nos  ayudara.  

A

hora,  por  el  ventanal  de  la  casa  de  los  Pol-­ gar  se  ve  cómo  atardece  sobre  el  Danubio.   Sentados  en  la  mesa  del  living,  en  el  centro  de   la  casa,  el  matrimonio  continúa  recordando  su   historia.  En  un  rincón  de  la  sala  puede  verse  una  

mesa   de   ping-­pong:   allĂ­   juega   Laszlo   con   sus   nietos  y  allĂ­  jugaron  tambiĂŠn  las  niĂąas  Polgar.   Cuando   iniciĂł   su   modelo   pedagĂłgico,   Laszlo   tenĂ­a  la  certeza  de  que  era  importante  el  entre-­ namiento  fĂ­sico.  EligiĂł  el  ping-­pong  porque  era   un  deporte  barato.   â&#x20AC;&#x201D;Quiero   mostrarle   las   instrucciones   del   ajedrez  estrella  â&#x20AC;&#x201D;seĂąala  Laszlo.  Es  su  obsesiĂłn   del  momento.  Se  pone  de  pie  y  busca  entre  sus   papeles   las   instrucciones   del   juego.   Klara   lo   ayuda,  las  encuentra  y  las  acerca  a  la  mesa.  Se   trata  de  un  pequeĂąo  folleto  en  blanco  y  negro   donde  se  reproducen  algunas  jugadas  sobre  un   tablero  en  forma  de  estrella.   â&#x20AC;&#x201D;Las   instrucciones   estĂĄn   en   hĂşngaro,   pero   tambiĂŠn   en   inglĂŠs   y   esperanto   â&#x20AC;&#x201D;agrega   Laszlo,  y  luego  gira  en  direcciĂłn  a  una  de  las   paredes.  AllĂ­,  en  colores  azul  y  blanco,  estĂĄ  el   mismo   tablero   pero   en   tamaĂąo   real.   Cuelga,   junto  a  las  fotos,  los  diplomas  y  los  trofeos  de   las  hermanas  Polgar.  Esa  pared  resume  las  obse-­ VLRQHVGH/DV]OR<WDPELpQVXFRQGHQD'HWUiV de  las  fotos  y  las  medallas  hay  una  contracara   sombrĂ­a.  El  experimento  Polgar  llegĂł  a  ser  tan   controversial  que  alguna  vez  las  autoridades  de   la  HungrĂ­a  comunista  amenazaron  con  internar   a  Laszlo  en  un  hospital  psiquiĂĄtrico. â&#x20AC;&#x201D;Nadie  entendĂ­a.  Ni  mi  madre,  ni  su  ma-­ dre,  ni  la  sociedad  â&#x20AC;&#x201D;dice  Klara  con  un  hablar   lento,  como  si  buscara  las  palabras  correctas.   Cuando   iniciaron   el   experimento,   los   Polgar   debieron   enfrentar   una   serie   de   varia-­ bles   adversas   que   llegaron   a   poner   en   peligro   la   continuidad   del   proyecto.   Decidir   educar   a   sus  hijas  fuera  de  los  cĂĄnones  tradicionales  no   fue  una  decisiĂłn  fĂĄcil  en  la  HungrĂ­a  comunista.   Laszlo  fue  mirado  con  recelo  por  el  gobierno  y   tambiĂŠn   tuvo   problemas   con   la   FederaciĂłn   de   ajedrez,  que  no  aceptaba  que  las  mujeres  com-­ pitieran  en  torneos  masculinos. Laszlo   tuvo   que   recorrer   pasillos   buro-­ crĂĄticos   â&#x20AC;&#x201D;con   carpetas   y   explicaciones   bajo   el   brazoâ&#x20AC;&#x201D;   para   lograr   conseguir   la   autoriza-­ ciĂłn   para   salir   del   paĂ­s   y   competir.   El   miedo   del   gobierno   era   que   los   Polgar   no   volvieran   mĂĄs.   Pero   la   victoria   olĂ­mpica   de   ÂŤPolgariaÂť   marcarĂ­a   el   inicio   de   otra   historia.   En   lo   que   DOJXQRV GHVFULELHURQ FRPR OD HVFHQLÂżFDFLyQ perfecta   de   un   cuento   de   hadas,   los   Polgar     â&#x20AC;&#x201D;luego  de  competirâ&#x20AC;&#x201D;  volvieron  a  pisar  tierra   hĂşngara   como   hĂŠroes   nacionales   y   comenza-­ ron  su  escalada  social.  Hoy  viven  en  un  barrio   turĂ­stico,  rodeado  de  malls  exclusivos,  locales   de  última  moda  y  hoteles  de  lujo.  Sin  embargo  

LA  IMAGINACIĂ&#x201C;N  LE  GANA  A  LA  REALIDAD  POR  UNA  CABEZA. 15


EL  EXPERIMENTO  POLGAR VXGHSDUWDPHQWR²XELFDGRHQXQHGLÂżFLRDQ-­ tiguo  y  restaurado,  y  con  una  vista  privilegiada   de  la  capitalâ&#x20AC;&#x201D;  conserva  un  aura  sencilla,  con   muebles   de   distintas   ĂŠpocas   y   sin   una   clara   unidad  estĂŠtica. â&#x20AC;&#x201D;Mis   padres   atravesaron   muchas   cosas   difĂ­ciles  â&#x20AC;&#x201D;recordĂł  Judit  dĂ­as  atrĂĄsâ&#x20AC;&#x201D;.  Para  los   tiempos  que  decidieron  educarnos  en  casa,  ob-­ viamente  no  era  una  forma  de  criar  y  educar  ni-­ Ăąos.  Igual  siempre  tuvimos  comida  en  el  plato.   Claro  que  al  principio  no  comĂ­amos  carne  todos   los  dĂ­as  y  mĂĄs  que  nada  era  comida  barata,  pero   estaba  bien. El  dinero  y  las  trabas  burocrĂĄticas  no  fue-­ ron   el   Ăşnico   escollo   de   los   Polgar,   en   un   co-­ mienzo.   TambiĂŠn   estaba   el   antisemitismo.   En   ese  caso,  el  problema  tenĂ­a  un  nombre  concre-­ WR%REE\)LVFKHU<DUHWLUDGRGHODVSLVWDVHO ajedrecista   pasaba   su   tiempo   tramando   teorĂ­as   conspirativas.  Para  las  hermanas  Polgar,  con  fa-­ miliares  perseguidos  por  el  Holocausto,  la  locu-­ ra  de  Fischer  se  hacĂ­a  difĂ­cil  de  aguantar.   â&#x20AC;&#x201D;Estaba   enfermo,   completamente   para-­ noico,  su  mente  estaba  llena  de  ideas  frenĂŠticas;Íž   siempre   hablaba   de   conspiraciones   de   rusos   y   judĂ­os   en   su   contra   â&#x20AC;&#x201D;contĂł   Judit   en   el   shop-­ ping.  No  exageraba.  En  declaraciones  radiales,   Fischer  (que  todavĂ­a  hoy  es  una  leyenda  del  aje-­ drez)   llegĂł   a   asegurar   que   era   perseguido   por   los   judĂ­os   dĂ­a   y   noche:   ÂŤMe   quieren   poner   en   la  cĂĄrcel,  estĂĄn  robando  todo  lo  que  tengo,  todo   el  tiempo  mienten  sobre  mĂ­Âť  dijo.  TambiĂŠn  se   UHÂżULy D HOORV FRPR ŠEDVWDUGRV PHQWLURVRVÂŞ \ ÂŤcriminalesÂť,   para   terminar   sentenciando   que   ÂŤson  una  amenaza  para  todo  el  mundoÂť.   Los  Polgar  sobrevivieron  tambiĂŠn  a  eso,   y  la  razĂłn  probablemente  haya  estado  fundada   en  la  tenacidad  de  Laszlo.  El  hombre  se  movĂ­a   FRQXQREMHWLYRÂżMR1DGDORFRUUtDGHVXHMH Antes  del  Êxito  de  Polgaria,  y  una  vez  que  lo-­ grĂł  conseguir  el  permiso  del  gobierno,  montĂł   su   ÂŤlaboratorioÂť   en   su   pequeĂąo   departamen-­ to  dentro  de  un  clĂĄsico  monoblock  comunista   en  Angyafold,   un   distrito   de   clase   trabajado-­ ra  en  Pest.  AllĂ­,  las  paredes  estaban  cubiertas   por   anĂĄlisis   de   partidas   de   ajedrez,   habĂ­a   un   inmenso   archivero   de   madera   â&#x20AC;&#x201D;lleno   de   mĂ­-­ nimos  cajonesâ&#x20AC;&#x201D;,  y  los  estantes  â&#x20AC;&#x201D;que  iban  del   piso  al  techoâ&#x20AC;&#x201D;  estaban  repletos  de  libros  con   jugadas  y  estrategias,  incluidos  los  tĂ­tulos  que   ĂŠl  mismo  habĂ­a  escrito.   La  habitaciĂłn  de  las  niĂąas  no  escapaba  a   la  lĂłgica  del  resto  de  la  casa.  AllĂ­  no  habĂ­a  pilas   de   juguetes   ni   osos   de   peluche   ni   amiguitos   a  

(OSUREOHPDWHQtD XQQRPEUHFRQFUHWR %REE\)LVFKHU <DUHWLUDGRGHODV SLVWDVHODMHGUHFLVWD SDVDEDVXWLHPSR WUDPDQGRWHRUtDV conspirativas.

la   hora   de   la   merienda,   ni   ninguna   otra   postal   comĂşn  de  la  infancia.   â&#x20AC;&#x201D;Para  los  chicos  es  importante  tener  ami-­ gos  no  de  la  misma  edad,  pero  sĂ­  de  la  misma   capacidad  intelectual  â&#x20AC;&#x201D;dice  Laszlo  en  su  casa. â&#x20AC;&#x201D;No   tuve   osos   de   peluche   pero   sĂ­   tuve   acceso  a  animales  de  verdad:  en  los  viajes  pude   abrazar   a   un   koala   y   acariciar   a   un   canguro     â&#x20AC;&#x201D;dijo  Judit  en  el  shopping. Al   principio   del   experimento,   Karla   y   Laszlo  se  encargaban  de  casi  todo.  Pero  a  medi-­ da  que  el  dinero  comenzĂł  a  llegar,  se  sumaron   entrenadores   profesionales.   El   mĂŠtodo   Polgar   incluĂ­a  sesiones  de  deporte  â&#x20AC;&#x201D;sobre  todo  ping-­ pongâ&#x20AC;&#x201D;  y  hasta  recreos  para  contar  chistes.  Las   niĂąas,  ademĂĄs,  todos  los  aĂąos  debĂ­an  rendir  un   H[DPHQRÂżFLDODSUHQGtDQOREiVLFRPX\UiSLGR y  luego  volvĂ­an  a  concentrarse  en  el  tablero. Klara  tuvo  un  rol  fundamental  en  esta  histo-­ ria.  ApuntalĂł  la  vida  familiar  y  se  ocupĂł  de  ense-­ Ăąarles  idiomas  a  las  niĂąas.  El  único  que  no  estaba   a  su  cargo  era  el  esperanto:  ese  era  territorio  de   Laszlo,  quien  aprendiĂł  la  lengua  para  entrar  en  la   fraternidad  que  suponĂ­a  el  idioma  y  recibir  alo-­ jamiento  gratis  durante  los  viajes  a  los  torneos.   Judit,   de   cara   a   estas   anĂŠcdotas,   acepta   que  la  mayorĂ­a  de  la  gente  encuentre  su  historia   un  poco  rara.   â&#x20AC;&#x201D;EmpecĂŠ   a   jugar   ajedrez   cuando   tenĂ­a   cinco   aĂąos   y   crecĂ­   en   circunstancias   muy   es-­ peciales   e   inusuales,   sin   ir   a   la   escuela   â&#x20AC;&#x201D;dijo   durante  la  entrevistaâ&#x20AC;&#x201D;.  EmpecĂŠ  de  muy  chica   y  los  medios  se  interesaron  mucho  en  mĂ­.  A  los  

LA  LĂ&#x201C;GICA  COMO  HERRAMIENTA  SOLO  SIRVE  BIEN  AFILADA. 16


GABRIELA  MANULI once  o  doce  aĂąos  pasĂŠ  momentos  difĂ­ciles.  Los   medios   siempre   estaban   buscando   cosas   desa-­ gradables   que   me   ponĂ­an   incĂłmoda   y   dicien-­ GRTXH\RQRHUDQRUPDO<DXQFXDQGRQROR decĂ­an   de   esa   manera   era   claro   que   me   veĂ­an   de   forma   extraĂąa.   Solo   porque   no   fuimos   a   la   escuela  trataban  de  descubrir  que  estĂĄbamos  lo-­ cos.   Lo   peor   eran   las   conferencias   de   prensa,   con  diez  periodistas  a  tu  alrededor,  todos  mirĂĄn-­ dote.  AdemĂĄs,  a  los  doce  aĂąos  no  querĂŠs  hablar   de   nada,   ni   de   la   escuela,   ni   de   tu   casa,   y   yo   tenĂ­a  que  lidiar  con  completos  extraĂąos. Para   protegerse,   las   hermanas   Polgar   ar-­ maron  una  defensa  hermĂŠtica,  basada  en  el  apo-­ yo  mutuo  y  â&#x20AC;&#x201D;aseguranâ&#x20AC;&#x201D;  libre  de  rivalidades  y   competencias  internas.  La  cohesiĂłn  era  la  única   forma  que  tenĂ­an  los  Polgar  de  seguir  enteros.   â&#x20AC;&#x201D;Eso   me   daba   seguridad   â&#x20AC;&#x201D;recordĂł   Ju-­ ditâ&#x20AC;&#x201D;.  AdemĂĄs   yo   no   me   sentĂ­a   anormal:   para   los   niĂąos   lo   habitual   es   lo   que   conocen   y   yo   estaba   acostumbrada   a   competir   con   hombres   adultos.  Para  mĂ­  lo  extraĂąo  era  jugar  contra  chi-­ cos  o  mujeres. â&#x20AC;&#x201D;ÂżLes  darĂ­as  esa  educaciĂłn  a  tus  hijos? â&#x20AC;&#x201D;No,  con  mi  marido  tenemos  una  idea  de   crianza   completamente   diferente.   Nosotras   vi-­ vĂ­amos  en  una  sociedad  muy  cerrada:  era  mi  fa-­ milia,  mis  entrenadores,  y  no  mucha  mĂĄs  gente.   Ahora  es  distinto.  No  estamos  pensando  en  de-­ jar  nuestros  trabajos  y  queremos  seguir  siendo   exitosos.  AdemĂĄs  lo  nuestro  no  fue  una  receta   simple.  Fue  como  una  comida  muy  especial  y   extremadamente   complicada:   habĂ­a   que   mari-­ nar  la  carne  por  dĂ­as,  con  diferentes  temperatu-­ ras...  Si  se  hace  con  amor  y  cuidado,  y  sabiendo   que   cocinar   ese   plato   de   cinco   dĂ­as   es   la   cosa   mĂĄs  importante  de  la  vida,  estĂĄ  bien.  Pero  si  no   te  interesa  cocinar,  o  nunca  cocinaste,  no  va  a   ser  lo  mismo. Judit  dijo  esto  acelerando  el  ritmo,  como   si   estuviera   enunciando   una   idea   varias   veces   repetida.  A   su   lado,   un   grupo   de   adolescentes   pasĂł  riendo  entre  las  mesas,  de  camino  al  Mc   Donalds.  El  primer  local  de  esta  cadena  en  toda   Europa   del   Este   y   Europa   Central   se   abriĂł   en   Budapest  reciĂŠn  en  1998,  y  a  solo  unos  metros   de   la   casa   donde   ahora   viven   Laszlo   y   Klara.   Para  esa  Êpoca  en  que  la  gente  hacĂ­a  cola  frente   a   un   mostrador,   Judit   tenĂ­a   doce   aĂąos   y   ya   se   estaba  convirtiendo  en  leyenda.   Todas,  de  algĂşn  modo,  hacĂ­an  historia. Susan  ayudĂł  a  preparar  el  terreno:  fue  la   primera  mujer  en  romper  la  barrera  de  gĂŠnero  en   el  ajedrez  y  en  ganar  el  tĂ­tulo  de  Gran  Maestra  

con  los  requisitos  tradicionales  para  hombres.  A   medida  que  crecĂ­a  su  rating,  las  circunstancias   progresaban.   6RItDDXQFXDQGRVHDXWRGHÂżQLyFRPRŠOD mĂĄs  dĂŠbilÂť  de  las  tres,  llegĂł  a  ser  la  sexta  mejor   jugadora  del  mundo. <-XGLWDODTXHWRGRVGHVFULEHQFRPROD mĂĄs   ambiciosa   y   trabajadora,   llegĂł   a   la   cima   del  podio.     â&#x20AC;&#x201D;ÂżCuĂĄntas   veces   leĂ­ste   el   libro   de   tu   padre?

<RQRPHVHQWtD DQRUPDOSDUDORV niùos  lo  normal  es   ORTXHFRQRFHQ\\R HVWDEDDFRVWXPEUDGD a  competir  con   KRPEUHVDGXOWRV 3DUDPtORH[WUDxR HUDMXJDUFRQWUD FKLFRVRPXMHUHV

En   el   shopping,   pequeĂąa   y   ausente   entre   el  mundo  de  gente,  Judit  pensĂł  unos  segundos   y  luego  respondiĂł.   â&#x20AC;&#x201D;Creo  que  una  vez.  Lo  escuchĂŠ  muchas   veces.  Era  parte  de  nuestra  vida  diaria,  de  cada   entrevista,  de  cada  pregunta  de  los  periodistas.   Me   sĂŠ   de   memoria   la   forma   en   que   mi   padre   piensa  â&#x20AC;&#x201D;dijo  de  un  modo  mecĂĄnico.  La  alusiĂłn   al  libro  de  Laszlo  parecĂ­a  hastiarla.  O  aburrirla.   Judit   mirĂł   su   reloj   y   advirtiĂł   que   era   hora   de   irse:   tenĂ­a   que   hacer   compras   y   volver   a   casa   con  sus  hijos.  HacĂ­a  poco  que  habĂ­a  regresado   de   un   torneo,   y   pronto   deberĂ­a   subirse   a   otro   aviĂłn  para  viajar  a  competir.  TenĂ­a  pocos  dĂ­as   para  estar  con  su  familia. â&#x20AC;&#x201D;ÂżCreĂŠs  que  tu  padre  estĂĄ  satisfecho  con   lo  que  fue  su  proyecto  de  vida?  â&#x20AC;&#x201D;fue  la  última   pregunta.

LA  POPULARIDAD  CRECIĂ&#x201C;  Y  SE  FUE  DE  LA  CASA  DE  SUS  PADRES. 17


EL  EXPERIMENO  POLGAR â&#x20AC;&#x201D;Siempre   fue   un   maximalista.   Siempre   quiso  mĂĄs.  Ă&#x2030;l  piensa  que  si  las  cosas  hubieran   sido  diferentes  yo  serĂ­a  campeĂłn  del  mundoÂť,   por  encima  de  hombres  y  mujeres.  Es  difĂ­cil  de   saber.  A   veces   estĂĄ   feliz,   y   a   veces   sueĂąa   que   todo  podrĂ­a  haber  sido  aĂşn  mejor.  

A  

lo  largo  de  los  aĂąos,  muchos  se  acercaron  a   Laszlo  interesados  en  la  clave  del  mĂŠtodo   Polgar.  Uno  de  ellos  fue  el  fallecido  ajedrecista   argentino   Gerardo   Barbero,   quien   tambiĂŠn   lo-­ grĂł   un   niĂąo   prodigio:   su   hijo,   JĂĄnos  AmĂŠrico,   consiguiĂł   una   beca   universitaria   en   Estados   Unidos  a  los  diecisĂŠis  aĂąos  y  hoy  trabaja  en  un   revolucionario  proyecto  en  Silicon  Valley. Otro  de  los  interesados  fue  un  millonario  y   mecenas  holandĂŠs  llamado  Joop  van  Oosterom,   quien  impulsĂł  una  idea  para  poner  a  prueba  el   mĂŠtodo.  El  objetivo  era  que  el  matrimonio  Pol-­ gar  adoptara  tres  niĂąos  de  Aruba  y  los  criara  del   mismo   modo   en   que   habĂ­a   criado   a   sus   hijas.   /DV]ORQRYHtDODKRUDGHKDFHUORSHURDOÂżQDO tuvo  que  dejar  la  idea  de  lado  por  la  burocracia   y  las  fuertes  crĂ­ticas  de  los  medios  de  la  Êpoca,   y  por  la  negativa  de  Klara,  quien  sabĂ­a  que  la   vida  no  pasaba  solo  por  el  ajedrez  y  que  criar  a   tres  hijos,  fueran  o  no  prodigio,  caerĂ­a  tambiĂŠn   sobre  sus  hombros.   â&#x20AC;&#x201D;Su  mayor  preocupaciĂłn  era  que,  si  los   entrenaba   sin   adoptarlos,   en   algĂşn   momento,   especialmente   cuando   llegara   el   ĂŠxito,   los   pa-­ dres  biolĂłgicos  podĂ­an  cambiar  de  idea  e  inte-­ rrumpir  el  experimento.  Era  algo  a  largo  plazo   y  si  lo  hacĂ­a  lo  querĂ­a  hacer  a  fondo  â&#x20AC;&#x201D;recordĂł   Susan  desde  Estados  Unidos.

â&#x20AC;&#x201D;L

os  medios  empezaron  a  decir  que  no   se   podĂ­an   hacer   experimentos   con   niĂąos.  Se  olvidan  que  es  algo  natural  y  que  los   padres  siempre  educan  a  los  hijos  â&#x20AC;&#x201D;dice  Laszlo   ahora,  aĂşn  molesto  por  el  fracaso  del  proyecto,   mientras  toma  asiento  en  el  comedor  de  su  casa. â&#x20AC;&#x201D;ÂżPor  quĂŠ  cree  que  Judit  fue  la  mejor  de   las  tres? Laszlo  hace  silencio  y  mira  a  Klara.  Ella   lo  entiende. â&#x20AC;&#x201D;Tiene   hambre   â&#x20AC;&#x201D;explica   con   una   son-­ risa,  mientras  se  levanta  de  la  mesa.  La  mujer   va  a  la  cocina  y  sirve  dos  platos  de  zapallo  con   crema  agria. Mientras  tanto,  Laszlo  aprovecha  esa  pau-­ sa  y  vuelve  a  la  carga  con  su  nuevo  proyecto,  

continuando  una  suerte  de  batalla  dialĂŠctica  en-­ tre  su  presente  y  un  pasado  que  parece  aburrirle.   Habla  en  un  hĂşngaro  lento  y  Klara  â&#x20AC;&#x201D;desde  la   distanciaâ&#x20AC;&#x201D;  hace  un  intento  por  traducirlo. Laszlo   no   responde   sobre   Judit.   Pero   sĂ­   dice  esto: â&#x20AC;&#x201D;La  campeona  del  ajedrez  Polgar  ahora   es  peruana,  pero  su  madre  es  hĂşngara.  Las  re-­ glas  se  pueden  encontrar  en  la  pĂĄgina  polgars-­ tarchess.com.   La   traducciĂłn   de   ÂŤpolgarstarchessÂť   es   ÂŤAjedrez  Estrella  PolgarÂť.  â&#x20AC;&#x201D;ÂżPor  quĂŠ  eligiĂł  ajedrez  para  sus  hijas  y   no  otra  cosa? â&#x20AC;&#x201D;Si  pensamos  en  la  situaciĂłn  actual,  ele-­ JLUtD DOJR PiV FLHQWtÂżFR FLHQFLDV QDWXUDOHV matemĂĄtica,   fĂ­sica,   medicina   o   computaciĂłn.   Pero   ĂŠramos   pobres   y   muchas   cosas   no   eran   posibles. â&#x20AC;&#x201D;ÂżEstĂĄ  satisfecho  con  los  resultados? Laszlo   piensa   unos   segundos.   Mientras   tanto  toma  un  pote  de  crema  agria  â&#x20AC;&#x201D;la  base  de   LQÂżQLGDGGHFRPLGDVK~QJDUDV²\UDVFDODVVR-­ bras  del  fondo.   â&#x20AC;&#x201D;Si  no  hubiĂŠramos  sido  tan  pobres  y  tan   criticados   y   presionados,   habrĂ­a   resultado   aĂşn   mucho  mejor. â&#x20AC;&#x201D;ÂżEntonces  hoy  no  habrĂ­a  elegido  ajedrez? â&#x20AC;&#x201D;No,  estoy  muy  seguro  de  que  no  habrĂ­a   elegido  ajedrez.  EducarĂ­a  al  doctor  que  ganarĂ­a   el  premio  Nobel. Luego   de   decir   esto,   Laszlo   se   sumerge   en  su  plato  de  zapallo,  lo  termina  y  ofrece  una   visita  al  club:  el  emporio,  sĂ­,  del  SĂşper  Ajedrez   Estrella  Polgar.   El  club  queda  a  metros  del  departamento.   Es   un   caserĂłn   antiguo   emplazado   en   un   cen-­ tro  cultural,  donde  todos  los  sĂĄbados  el  mismo   Laszlo  enseĂąa  el  ajedrez  inventado  por  Êl.  Una   vez   adentro,   Klara   vuelve   a   servir   de   guĂ­a   sin   perder  la  sonrisa  que  mantuvo  a  lo  largo  de  toda   la  entrevista,  y  sin  tampoco  perder  la  paciencia   para  traducir  a  su  marido.   En   el   club,   una   vidriera   exhibe   los   li-­ bros  que  tienen  a  Laszlo,  a  Judit  o  a  alguna  de   sus   hermanas   como   protagonistas.   TambiĂŠn     â&#x20AC;&#x201D;como   en   la   casa   de   los   Polgarâ&#x20AC;&#x201D;   hay   fotos,   videos,  trofeos,  recuerdos  de  campeonatos  y  en   un  salĂłn  â&#x20AC;&#x201D;una  vez  mĂĄsâ&#x20AC;&#x201D;  varias  mesas  con  ta-­ bleros  en  forma  de  estrella.   ²(VWRHV²GLFHÂżQDOPHQWH/DV]ORFRPR quien  muestra  una  evidencia.  Luego  dice  adiĂłs   y  se  pierde  en  su  nuevo  mundo.  Que  en  realidad   es  el  de  siempre.  [

ADAPTE  UN  HIJO. 18


GABRIELA  MANULI

GLOSARIO DE TĂ&#x2030;RMINOS Y PERSONAS Anand, Viswanathan: (1969) Gran Maestro de ajedrez. NaciĂł en India y actualmente es CampeĂłn del mundo de Ajedrez. Barbero, Gerardo: (1961-2001) Ajedrecista argentino, a quien la FIDE le otorgĂł los tĂ­tulos de Gran Maestro Internacional en 1985 y de Gran Maestro en 1987. FIDE: Sigla de la FĂŠdĂŠration Internationale des Ă&#x2030;checs (FederaciĂłn Internacional de Ajedrez). Fischer, Bobby: (1943-2008) Gran Maestro de ajedrez. NaciĂł en Chicago y se convirtiĂł en CampeĂłn mundial de ajedrez entre 1972 y 1975. En 1992 participĂł en un torneo de ajedrez en Yugoslavia, violando una resoluciĂłn de la ONU; como ese hecho podĂ­a acarrearle hasta diez aĂąos de prisiĂłn, nunca regresĂł a los Estados Unidos. Gates, Bill: (1955) Empresario estadounidense cofundador de la empresa de software Microsoft. Gran Maestro Internacional: TĂ­tulo otorgado por la FIDE (FĂŠdĂŠration Internationale des Ă&#x2030;checs) a jugadores de ajedrez excepcionales. Hawking, Stephen: (1942) FĂ­sico,

JVZT}SVNV`KP]\SNHKVYJPLU[xĂ&#x201E;JV britĂĄnico. Karpov, Anatoly: (1951) Gran Maestro Internacional de ajedrez. NaciĂł en la ex UniĂłn SoviĂŠtica y fue CampeĂłn mundial de ajedrez entre 1975 y 1982, y entre 1993 y 1999. Kasparov, Garry: (1963) Gran Maestro de ajedrez. NaciĂł en la ex UniĂłn SoviĂŠtica, hoy Azerbayan, y en 1985 se convirtiĂł en el CampeĂłn mundial de ajedrez mĂĄs joven de la historia. En 2005 anunciĂł su retirada del mundo del ajedrez para dedicarse a escribir y a la polĂ­tica. Malls: Centros comerciales. Polgar Ajedrez Estrella: Variante del ajedrez clĂĄsico, inventado por Laszlo Polgar, con reglas similares y un tablero hexagonal de treinta y siete casillas. Polgar, Judit: (1976) Ajedrecista hĂşngara. Gran Maestro Internacional y considerada la mejor jugadora de ajedrez de la historia. Polgar, Laszlo: Pedagogo y profesor de ajedrez. Ha escrito varios libros sobre ajedrez. 3ROJDU6RĂ°D (1974) Maestro Internacional y Gran Maestra Femenina

de ajedrez. Actualmente vive en CanadĂĄ y trabaja como profesora de ajedrez. Polgar, Susan: (1969) Escritora, jugadora y promotora de ajedrez. Actualmente vive en Estados y Unidos y creĂł la Polgar Chess Center y la FundaciĂłn Susan Polgar. Post-it: PequeĂąos papeles autoadhesivos de distintas formas y tamaĂąos. Shirov, AlexĂŠi: (1972) NaciĂł en Letonia y se nacionalizĂł espaĂąol. AdemĂĄs de Gran Maestro de ajedrez, Shirov es escritor. Silicon Valley: Zona sur del ĂĄrea de :HU-YHUJPZJVKLKPJHKHLZWLJxĂ&#x201E;JHmente al desarrollo tecnolĂłgico. Spassky, BorĂ­s: (1937) NaciĂł en Leningrado (actual San Petesburgo) y fue un niĂąo prodigio del ajedrez. Fue proclamado dĂŠcimo CampeĂłn mundial de ajedrez en 1969. Topalov, Veselin: (1975) Gran Maestro de ajedrez bĂşlgaro. Fue CampeĂłn mundial de ajedrez en 2005. Van Oosterom, Joop: (1937) Multimillonario holandĂŠs cofundador de la primera empresa de software de Holanda: Volmac.

DE  LA  VIDA  EN  SOCIEDAD  Y  OTROS  JUEGOS  COLECTIVOS. 19


SOBREMESA

APERTURA INDIA

M

i mejor recuerdo sobre ajedrez pasó en la Feria del Libro de Buenos Aires 1988 —le digo a Chiri. —Me alegra que empieces con esa anécdota. —Estaba el campeón cubano, no me acuerdo el nombre, abriendo unas simultáneas contra unas treinta personas. Y vos, querido Christian Gustavo, con tus dieciocho añitos, con tu cara de Paul McCartney púber, te sentaste. —A lo macho. —Si señor —le digo—. A lo macho. Y el campeón cubano fue haciéndole jaque mate a todos, y una hora después de despachar a veintinueve HÄJPVUHKVZX\LK}THUVHTHUVJVU]VZ —Yo estaba nerviosísimo —me dice Chiri—. Había mucha gente mirando. —¡Es que eras nuestro héroe! —le grito—. 9LWYLZLU[HIHZH[VKVZSVZHÄJPVUHKVZKLSTLQVY Q\LNV JYLHKV WVY LS OVTIYL +LMLUKPZ[L LZL HSÄS como un león herido. No me olvido nunca. —Me ofreció tablas con bronca, el campeón cubano —me dice él, con el recuerdo clavado en esa tarde—. Me miró enojado y me ofreció tablas. ·@ ]VZ [L SL]HU[HZ[L JVTV \UH LZÄUNL ` le diste la mano sin sonreír. Y todos aplaudimos y gritamos como en la cancha, porque éramos muchos. ·¦+L]LYKHK1VYNP[VLZ[\]L[HUIPLU& —Cuando entraste a esa feria eras mi amigo ·SLJVUÄLZV·J\HUKVZHSPZ[LLYHZTPxKVSV —De todos modos ese cubano no le llegaba UP H SVZ [HSVULZ H Z\ JVTWH[YPV[H 1VZt 9H‚S *Hpablanca —minimiza Chiri, ruborizado—. Lo más probable es que haya sido un impostor. Y que el verdadero campeón estuviera amordazado en el baño, secuestrado por Guillermo Patricio Kelly. ·¦2LSS`& ¦,S WLYPVKPZ[H& ·TL ZVYWYLUKV· Se me había caído del disco rígido. ¿Era anticas[YPZ[HUV& —Era de todo.... ¿Te imaginás a Kelly en la teSL]PZP}UHYNLU[PUHKLLZ[VZ[PLTWVZ&¦,U\UT}]PS KL9PHSWVYLQLTWSV& —Sería maravilloso. Lástima que esté muerto. ·0N\HSJVTWHYHKHJVUSHÄUHSLU[YL(SLROPUL y Capablanca, la anécdota de la simultánea con el cubano en la Feria del Libro es una reverenda IVS\KLa¦*VUVJtZSHOPZ[VYPHKLLZHÄUHS& ·§*SHYVIVS\KV3HÄUHSX\LZLQ\N}LU)\L-

nos Aires en el año veintisiete. Te la conté yo. ·¦7LYK}U&·KPJLtS·,ZHOPZ[VYPHSHSLxLU una nota buenísima de la web de la Jot Down… ·¦@X\PtU[LKPQVX\LSHSL`LYHZ& —No lo recuerdo —me dice Chiri, sin dar el brazo a torcer. Y cambia de tema—. ¿Cómo puede ser que todavía no haya una película sobre esa ÄUHS KL HQLKYLa& ¦:LYm WVYX\L WHZ} LU )\LUVZ (PYLZ`UVLU5\L]H@VYR& —Es probable —le digo—. Pero imagináte la Buenos Aires de esa época para un tipo como Capablanca. —Dicen que la ciudad lo perdió —me explica *OPYP·*HWHISHUJHM\LH[VKHZSHZÄLZ[HZHSHZ que lo invitaron, se emborrachó como un cubano en cada esquina y se volteó a todas las señoritas que pudo. Vino a ganar. Estaba clarísimo. Era un genio y nadie lo dudaba. —Pero un genio con resaca. Y el otro era una máquina obsesiva, un estudioso, un enfermito. Y le terminó ganando. Y nunca más le dio revancha. —Capablanca lo subestimó. Eso fue lo que dijo Alekhine. Y es verdad. Capablanca estaba acostumbrado a disfrutar las mieles del éxito sin hacer ni un solo esfuerzo. —El viejo Polgar debe sentir algo parecido frente al éxito de sus hijas —le digo a Chiri—. Se debe sentir subestimado, desplazado, el último orejón del tarro. Hizo tanto y se lo reconoce tan poco... ¡La vida es injusta! —Lo decís como con bronca. Lo miro a los ojos: —¿Vos te acordás por qué habíamos ido toKVZHSH-LYPHKLS3PIYVKL &5\LZ[YVZHTPNVZ del colegio, mis padres, éramos un montón... ·5PPKLH·TLYLZWVUKL·¦<UHL_J\YZP}U& —Nadie se acuerda... Fuimos todos en grupo porque había ganado un concurso literario, con un cuento, y me iban a dar el diploma y la medalla, en el stand de Colihue. ·¦-\LLZLH|VZLN\YV& —Sí, querido amigo, fue ese año, una hora HU[LZKL[\NLZ[HTHNUxÄJH4PZWHKYLZTPOLYmana, nuestros compañeros del colegio, todos se acuerdan de esa tarde como «la vez que Chiri le hizo tablas al campeón cubano». —Uy, perdón gordo, no sabía. —No me digas gordo cuando estoy sensible. [

NO  SABE  CÓMO  LE  FAVORECE  TODO  LO  QUE  DE  USTED  HE  OLVIDADO. 20


DOSIS  BIMESTRALES,  por  Montt

21


SANTA  CRUZ

HECHOS  POLICIALES

LA HISTORIA DE

LAS GEMELAS INVESTIGACIÓN Y FOTOS

RODOLFO PALACIOS


E RODOLFO PALACIOS Mar del Plata, 1977 TrabajĂł en el diario La RazĂłn y en las secciones policiales de los diarios El AtlĂĄntico, de Mar del Plata, 7LYĂ&#x201E;S y CrĂ­tica de la Argentina. ColaborĂł en el semanario La Maga, en las revistas Playboy, Ă&#x2018;, Muy Interesante y en el programa CĂĄrceles, de Telefe. EscribiĂł los libros El Ă ngel Negro, vida de Robledo Puch, asesino serial (Aguilar), Pasiones que matan, 13 crĂ­menes argentinos (Aguilar), Adorables criaturas, crĂłnicas grotescas de ladrones y asesinos (Editorial Ross) y Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres (Libros de cerca). AdemĂĄs es autor de dos biografĂ­as de la colecciĂłn ÂŤ200 argentinos, vida, pasiĂłn y muerte (1810-2010)Âť, dirigida por Jorge Lanata para la Revista 23. Dicta talleres de crĂłnica policial en el Centro Cultural Ricardo Rojas. Que la crĂłnica policial es lo suyo, no nos cabe duda. Y que es un buen profesor, tampoco. Vean si no en esta crĂłnica cĂłmo nos lleva ante asesinos, vĂ­ctimas y parentela para jugar al ping-pong y comer ravioles.

n  los  sueĂąos  de  Marcelina  del  Car-­ men  Orellana,  los  muertos  aparecen   en   blanco   y   negro.   A   sus   abuelos   los   sueĂąa   como   si   fueran   parte   de   una  foto  antigua.  Y  a  su  hija  Johana   â&#x20AC;&#x201D;asesinada   hace   dos   aĂąosâ&#x20AC;&#x201D;   Marcelina   la   ve   como  una  actriz  de  Hollywood:  peinado  tirante,   FHMDVÂżQDVRMRVQHJURVODELRV\QDUL]TXHFD-­ ben  perfectos  en  una  cara  angulosa  parecida  a  la   de  Audrey  Hepburn. Algunas   veces   la   imagen   es   domĂŠstica.   Otras,  es  absurda.  Una  noche,  Marcelina  soùó   FRQ XQD HVFHQD TXH URPStD OD PRQRWRQtD KD-­ bitual  del  paisaje  årido  y  salvaje  de  su  pueblo:   DOSLHGHXQFHUURHQXQFDPLQRTXHHOYLHQWR patagĂłnico  cubre  con  nubes  de  polvo  y  tierra,   Johana  sacaba  una  bolsa  llena  de  peces  de  co-­ lores  y  los  mezclaba  como  si  fueran  caramelos.   La  acompaĂąaban  dos  amigas:  contrastaban  con   VX SDOLGH] JULViFHD &XDQGR YHtD D VX PDGUH -RKDQDOHWLUDEDORVSHFHVTXHFDtDQ\DOHWHD-­ EDQFRQWUDHOVXHORDUHQRVR$OJXQRVTXHGDEDQ atrapados   entre   la   maleza:   sus   movimientos   UHSHQWLQRVVHYROYtDQOHQWRVFRPRHOSHVWDxHR GHXQPRULEXQGRŠ7tUHQOHPiVSHFHFLWRVDOD PDPLDVtVHDVXVWDÂŞOHVSHGtD-RKDQDDODVFKL-­ FDV%DMRORVSLHVGH-RKDQDKDEtDĂ&#x20AC;RUHV â&#x20AC;&#x201D;Flores   asesinadas   â&#x20AC;&#x201D;dirĂĄ   en   un   rato   Marcelina. 1RGLUiĂ&#x20AC;RUHVPDUFKLWDVGLUiĂ&#x20AC;RUHVDVHVL-­ nadas.  Sin  perfume. En  Pico  Truncado,  pueblo  de  veintiĂşn  mil   habitantes   del   norte   de   Santa   Cruz,   no   crecen   Ă&#x20AC;RUHVQLQDGDQSHFHVGHODVXSHUÂżFLHVROREUR-­ tan  cerros,  matas  de  pasto  y  petrĂłleo.  El  único   UtRTXHORDWUDYLHVDHO'HVHDGRHQORVGtDVGH YHUDQRTXHGDUHGXFLGRDXQKLORGHDJXD\HQ

ABRIMOS  DE  MADRUGADA.  A  VECES  ENTRAN  PESADILLAS.


LA  HISTORIA  DE  LAS  GEMELAS

amino  sin  rumbo  por  las  veredas  desiertas   GH3LFR7UXQFDGR(VODKRUDHQODTXHVH duerme   la   siesta   en   todos   los   pueblos.   La   paz   imperturbable  me  atormenta:  llegar  de  Buenos   Aires   a   un   lugar   sin   avenidas,   sin   sonidos   y   VLQFDRVGHWUiQVLWRHVLQTXLHWDQWH7HQGUpTXH DFRVWXPEUDUPHDQWHVGHTXHHOVLOHQFLRPHSD-­ rezca  tambiÊn  un  ruido  ensordecedor.   Llego  hasta  la  casa  de  Marcelina,  la  madre   de  Johana.  Estå  ubicada  en  un  barrio  de  cons-­ WUXFFLRQHVSDUHFLGDVDODVTXHORVQLxRVGLEXMDQ en  primer  grado:  un  rectångulo  con  una  puerta,   una  ventana  y  un  techo  a  dos  aguas.  Entro  sin   tocar  timbre.  La  puerta  estå  abierta,  como  en  las  

otras  casas  de  la  cuadra.  Cuando  paso  al  living,   YHR TXH 0DUFHOLQD HVWi VHQWDGD IUHQWH D XQD mesa  negra.  El  ambiente  es  lĂşgubre.  La  mujer   no  se  sorprende  por  mi  visita  no  anunciada. 'HVGH XQ WLHPSR D HVWD SDUWH OD FDVD GH Marcelina  se  convirtiĂł  en  un  destino  obligado   GHFXULRVRV\SHULRGLVWDVTXHEXVFDQVDEHUWR-­ GRVORVGHWDOOHVGHXQDKLVWRULDTXHOOHJyDORV medios  del  mundo.  Una  historia  al  estilo  de  las   WUDJHGLDV GH (XUtSLGHV 8QD KLVWRULD TXH ELHQ puede  ser  el  eslabĂłn  perdido  de  los  dramas  de   6KDNHVSHDUH8QDKLVWRULDTXHSDUHFHFRQFHEL-­ da  por  la  mente  de  Pedro  AlmodĂłvar.  Una  his-­ WRULD TXH UHFLpQ IXH UHVXPLGD HQ SRFDV OtQHDV \ TXH DKRUD YD D SURIXQGL]DUVH XQ SRFR PiV Johana  Casas  fue  asesinada  en  julio  de  2010.   'RVDxRVGHVSXpV(GLWK&DVDV²VXKHU-­ mana   gemelaâ&#x20AC;&#x201D;   va   a   casarse   con   el   presun-­ to   asesino   y   exnovio   de   Johana.   Ese   hombre,   9tFWRU 2UODQGR &LQJRODQL HVWi SUHVR HQ OD DOFDLGtD GHO 3XHEOR 0DUFHOLQD ²OD PDGUH GH las  chicasâ&#x20AC;&#x201D;  estĂĄ  haciendo  todo  lo  posible  para   LPSHGLUTXHODERGDVHUHDOLFH(OODWRGDYtDQR OR VDEH SHUR OR FLHUWR HV TXH QR WHQGUi p[LWR Aun   cuando   presente   un   recurso   de   amparo   a   OD-XVWLFLD\DXQFXDQGRSLGDTXHVHDQDOLFHHO HVWDGR PHQWDO GH (GLWK ²0DUFHOLQD FUHH TXH estĂĄ  locaâ&#x20AC;&#x201D;  los  peritos  darĂĄn  el  visto  bueno  y  la   boda  se  realizarĂĄ  en  el  medio  de  un  escĂĄndalo.   VolarĂĄn  huevos  para  Cingolani  y  Marcelina  no   irĂĄ  a  la  ceremonia. Pero  eso  es  el  futuro.  Marcelina,  ahora,  ig-­ QRUD²DXQTXHWDOYH]LQWX\H²ORTXHYHQGUi â&#x20AC;&#x201D;Ese   casamiento   es   otro   funeral   â&#x20AC;&#x201D;dice   Marcelina. 7LHQHORVSiUSDGRVLQĂ&#x20AC;DPDGRV\ORVODELRV detenidos  en  un  rictus  triste.  En  el  cuello  lleva   una   cadenita   con   la   imagen   de   Johana.   Es   un  

Pico Truncado. VeintiĂşn mil habitantes.

La madre. Marcelina del Carmen Orellana.

LQYLHUQR Ă&#x20AC;X\H D FRUUHQWDGDV 3DUDGRMDV GH OD QDWXUDOH]D UHDSDUHFH HQ OD pSRFD HQ TXH ORV SREODGRUHVGHVDSDUHFHQFRQODOOHJDGDGHOIUtR ODJHQWHVHHQFLHUUDHQVXVFDVDVSRUTXHHODLUH lastima  y  la  nieve  cubre  las  calles.   'RVDxRVDWUiVVLQHPEDUJRHQHOLQYLHU-­ QR GH  KXER DO PHQRV GRV SHUVRQDV TXH â&#x20AC;&#x201D;a  pesar  del  climaâ&#x20AC;&#x201D;  estuvieron  a  la  intempe-­ ULH\HQHOPHGLRGHOIUtR8QDIXH-RKDQD/D otra,  su  asesino.  Ambos  estaban  en  un  terreno   descampado   en   las   afueras   del   pueblo.   No   se   VDEHFyPROOHJDURQKDVWDDKtSHURVtVHVDEHOR otro:  el  hombre  matĂł  a  Johana  de  dos  balazos   y  con  ese  asesinato  marcĂł  el  inicio  de  un  caso   GLJQRGHXQDWUDJHGLDJULHJD\GHOTXHGRVDxRV GHVSXpV ²HV GHFLU DKRUD² KDEODUtD WRGR HO SDtV0LHQWUDVWRPRHODYLyQD3LFR7UXQFDGR 9tFWRU&LQJRODQLLQGLFDGRFRPRSUHVXQWRDVH-­ sino,  estĂĄ  haciendo  los  últimos  ajustes  de  su  ca-­ samiento  con  la  hermana  gemela  de  su  presunta   YtFWLPD&LQJRODQL\VXQRYLDTXLHUHQFRQWUDHU PDWULPRQLR ²FRPR ÂżQDOPHQWH OR KDUiQ² HO FDWRUFHGHIHEUHURHO'tDGHORV(QDPRUDGRV

C

SILBA  LA  BALA  SU  MELOD�A  DE  MUERTE. 24


RODOLFO  PALACIOS

URVWURTXHDSDUHFHHQWRGRVORVSRUWDUUHWUDWRVGH la  casa,  como  una  imagen  icĂłnica.  No  hay,  en   FDPELR IRWRJUDItDV GH (GLWK (OOD VH ODV OOHYy todas  cuando  se  peleĂł  con  su  madre  y  se  fue  a   YLYLUDORGHODKHUPDQDGH9tFWRU&LQJRODQL 3RUHVWHWLSRGHFRVDV0DUFHOLQDFUHHTXH (GLWK²GHYHLQWLWUpVDxRV²HVYtFWLPDGHRWUR FULPHQXQFULPHQVLPEyOLFRTXHODKDGHMDGR PXHUWDHQYLGD0DUFHOLQDVLHQWHTXH(GLWKHV DVHVLQDGDFDGDGtDSRUXQDSLVWRODLQYLVLEOHTXH se  dispara  en  silencio. â&#x20AC;&#x201D;EstĂĄ  tan  muerta  como  su  hermana.     'XUDQWHPLSULPHUDYLVLWD0DUFHOLQDGLFH pocas   palabras.   Pero   cada   una   de   ellas   suena   FRPR XQD VHQWHQFLD $XQTXH YLYH D GRV FXD-­ GUDVGH(GLWKGLFHTXHKDFHYDULRVGtDVTXHQR VHFUX]DFRQVXKLMD&DGDYH]TXHODYHVLHQWH HVFDORIUtRV (GLWK \ -RKDQD HUDQ GRV JRWDV GH agua:  la  misma  cara,  el  mismo  cuerpo,  la  misma   mirada,   los   mismos   gestos,   el   mismo   tono   de   voz,  la  misma  risa,  la  misma  forma  de  caminar.   &XDQGRYHD(GLWK0DUFHOLQDFUHHTXHYHD-R-­ hana.  Es  como  si  su  hija  asesinada  renaciera  en   su  hija  viva.  Y  si  antes  confundirlas  era  tierno   FXDQGR HUDQ EHEpV 0DUFHOLQD VH HTXLYRFDED

y  le  cambiaba  el  paĂąal  dos  veces  a  la  misma),   ahora  es  siniestro.   ²8VWHGYDDSHQVDUTXHQRHVWR\ELHQGH la  cabeza  â&#x20AC;&#x201D;dice  Marcelina  mientras  acaricia  la   FDGHQDHQVXFXHOOR²3HURFUHRTXH(GLWKPH mira  con  los  ojos  de  Johana.  Y  clama  justicia.   <ORTXHQRSXHGRVDEHUHVVL(GLWKHVWiFRQHO DVHVLQRGHVXKHUPDQDSRUTXHTXLHUHYHQJDUOD RSRUTXHHVWiORFD$YHFHVSLHQVRTXHHVWiSR-­ VHtGDÂŁ+DELHQGRWDQWRVKRPEUHVIXHDPHWHUVH con  este!   ²¢(VWi VHJXUD GH TXH &LQJRODQL PDWy D Johana? â&#x20AC;&#x201D;No   hay   dudas   de   eso.   Cingolani   es   el   demonio  en  persona. ²¢&UHHTXH(GLWKHVWiHQSHOLJUR" ²6t (O DVHVLQR SRGUtD PDWDUOD FRPR matĂł  a  Johana.  Son  una  familia  muy  rara. ²¢3RUTXpGLFHHVR" ²1RVpVLVRQGHXQDVHFWDRDOJRDVt$ la   Edith   la   tienen   como   secuestrada.   No   es   la   misma.  Cuando  la  veo  hablar  por  televisiĂłn,  no   es  ella.  Le  lavaron  la  cabeza.  QuizĂĄ  si  usted  lle-­ JDDFRQRFHUODSXHGDGDUVHFXHQWDGHORTXHOH digo.  La  hermana  de  Cingolani  no  la  deja  sola   HQ QLQJ~Q PRPHQWR$ Pt PH RGLD$\HU VDOt a   caminar   y   me   persiguiĂł   doce   cuadras   en   su   camioneta.  Hice  la  denuncia.   â&#x20AC;&#x201D;ÂżNo  piensa  hablar  con  Edith? â&#x20AC;&#x201D;Para  Navidad  le  mandĂŠ  mensajes  pero   ni  me  contestĂł.  Cingolani  me  las  robĂł  a  las  dos.   Eran  muy  unidas.  Si  usted  viera  las  fotos  se  da-­ UtDFXHQWD â&#x20AC;&#x201D;ÂżPuedo  ver  esas  fotos? â&#x20AC;&#x201D;No  lo  tome  a  mal,  pero  la  prensa  estĂĄ  lu-­ crando  con  esta  tragedia.  Han  llamado  de  todo   HOPXQGR\PHHQWHUpGHTXHXQYHFLQRYHQGLy una  foto  a  un  diario  alemĂĄn.  Todos  ganan  dine-­

La vĂ­ctima. Johana Casas.

La gemela. Edith Casas, durante el juicio.

Cuando  ve  a  Edith,   Marcelina  cree  ver  a  su   hija  asesinada  renacer   en  su  hija  viva.

DEJE  SU  MENSAJE  LUEGO  DE  LA  SEĂ&#x2018;AL  DE  NO  QUIERO  ATENDERLEÂť. 25


LA  HISTORIA  DE  LAS  GEMELAS UR\\RVLJRSREUH6LTXLHUHXQDIRWRYDDWHQHU TXHSDJDUOD$FiSDVDQFRVDVH[WUDxDV(OVXHxR TXHWXYHFRQPLKLMD\ORVSHFHVHVUDUR1RKD\ GtDHQTXHQREXVTXHVDEHUTXpPHTXLVRGHFLU OD-RKDQLWD(ORWURGtDWXYHXQDSHVDGLOODPX\ WHQHEURVD2WURGtDVHODFXHQWR La   mujer   me   acompaĂąa   hasta   la   puerta   mientras  yo  recuerdo  el  sueĂąo  de  Johana  y  los   peces.  Me  siento  aturdido.  ¿HabrĂĄ  un  mensaje   cifrado  en  ese  sueĂąo?  Pienso  en  Twin  Peaks,  la   PtWLFDVHULHGH'DYLG/\QFKHQODTXHHOGHWHF-­ tive   Cooper,   del   FBI,   busca   resolver   los   enig-­ mas  del  crimen  de  Laura  Palmer  a  travĂŠs  de  las   LPiJHQHVTXHVXHxDHQODFDPDGHOKRWHOGHXQ pueblo  extraĂąo. (O VXHOR TXH SLVR HV ²FRPR HQ HO VXH-­ Ăąoâ&#x20AC;&#x201D;  pedregoso  y  seco.  Apuro  el  paso.  En  unos   minutos  Claudia,  la  hermana  de  Cingolani,  me   pasarĂĄ   a   buscar   por   el   hotel   donde   me   alojo.   Ella  y  su  hermano  han  decidido  recibirme  y  dar   su  versiĂłn  de  la  historia.  ContactĂŠ  a  Cingolani   FRQ XQD VLPSOH FDUWD TXH OH HQYLp D SULVLyQ \ HQODTXHPHFRPSURPHWtDDQRMX]JDUORVLQRD escuchar  su  relato.  Me  llamĂł  por  telĂŠfono  y  me   DQRWyFRPRYLVLWDSDUDTXHORYLHUDHOViEDGR\ el  domingo.   Me  pregunto  si  podrĂŠ  conocer  a  Edith,  ha-­ blar   con   ella,   hacerle   preguntas.   Cingolani   me   GLMR SRU WHOpIRQR TXH HUD XQD PXMHU GH SRFDV palabras:  solo  hablaba  con  Êl,  con  su  hermana  y   FRQVXVVREULQRV/DYHRHQXQDVIRWRVTXHLP-­ SULPtVXEHOOH]DLPSDFWD(VXQDEHOOH]DPLVWH-­ ULRVDDXQTXHDFDVRWRGDEHOOH]DORVHD7RPRXQ cafĂŠ  en  el  bar  del  hotel  Ciervo  Rojo  y  me  deten-­ go  en  su  mirada  penetrante  y  al  mismo  tiempo   lejana.  Escucho  una  bocina  desde  la  calle.  Le-­ vanto  la  vista  y  me  impresiono:  la  misma  cara   TXHYHtDHQODLPDJHQDKRUDPHPLUDDPt(V

Primera mirada. Edith Casas

Edith,  sentada  en  el  asiento  del  acompaĂąante. â&#x20AC;&#x201D;Vamos  a  dar  una  vuelta  â&#x20AC;&#x201D;grita  Claudia,   a  su  lado.  Tomo  el  último  sorbo  de  cafĂŠ,  guardo   las  fotos  en  un  cuaderno  y  salgo  a  la  calle.

A  

Johana  Casas  la  mataron  de  dos  balazos  el   diecisĂŠis   de   julio   de   2010.   Su   cuerpo   fue   HQFRQWUDGR SRU XQ HQWUHQDGRU GH SHUURV TXH UHFRUUtDXQGHVFDPSDGRXELFDGRDXQRVFXDWUR kilĂłmetros  del  centro  de  Pico  Truncado,  en  una   zona   conocida   como   cordĂłn   forestal,   cerca   de   XQVDQWXDULRGHOD'LIXQWD&RUUHD Š0DWDURQDXQDGHODVJHPHODVÂŞ(VHIXH HOFRPHQWDULRTXHUHFRUULyHOSXHEOR (QDTXHOHQWRQFHV&LQJRODQLKDEtDGHMD-­ do  de  salir  con  Johana  y  era  novio  de  Edith.  La   DXWRSVLD UHYHOy TXH HO DVHVLQR OD KDEtD HMHFX-­ WDGRGHXQEDOD]RDTXHPDUURSDHQHOFRUD]yQ y  de  otro  entre  la  segunda  y  la  tercera  costilla.   'HVGH XQ SULQFLSLR KXER GRV VRVSHFKR-­ VRV&LQJRODQL\0DUFRVŠHOWRVFRÂŞ'tD]HO~O-­ timo  novio  de  Johana.  Para  los  investigadores,   los  dos  organizaron  un  plan  para  eliminar  a  la   FKLFDŠ(UDGHHOORVRGHQDGLHÂŞDUJXPHQWyXQ detective   sobre   el   mĂłvil   del   crimen.   El   vein-­ tisiete  de  junio  de  2012,  la  Justicia  condenĂł  a   Cingolani   a   trece   aĂąos   de   prisiĂłn.   Los   jueces   tuvieron  en  cuenta  tres  pruebas:  las  manos  del   DFXVDGRWHQtDQSyOYRUDVHJ~QODSUXHEDGHSD-­ UDÂżQD FUHHQTXHHPSXxyHODUPDFRQODVGRV PDQRV XQUDVWUHRGHSHUURVKDEtDFRPSUREDGR TXH&LQJRODQLKDEtDHVWDGRHQODHVFHQDGHOFUL-­ PHQ\ODFRDUWDGD²TXHKDEtDSDVDGRODQRFKH en  el  casino  y  en  la  casa  de  una  amigaâ&#x20AC;&#x201D;  se  ha-­ EtDGHUUXPEDGR$0DUFRVŠHO7RVFRÂŞ'tD]SRU VXSDUWHORKDEtDQGHWHQLGRSHUROROLEHUDURQD OD VHPDQD SRUTXH QR WHQtD SUXHEDV HQ FRQWUD

El acusado. VĂ­ctor Orlando Cingolani.

NO  LO  QUIERO  PONER  EN  COMPROMISO,  ASĂ?  QUE  BAJARĂ&#x2030;  EL  ARMA. 26


RODOLFO  PALACIOS DXQFXDQGRKDEtDHVWDGRFRQ-RKDQD\FRQXQ grupo  de  amigas  en  la  noche  del  crimen.  Tiem-­ SRGHVSXpVVLQHPEDUJRXQ$'1UHDOL]DGRHQ una  colilla  de  cigarrillo  encontrada  en  el  lugar   GHO FULPHQ OR LQFULPLQDUtD SRUTXH KDEtD VLGR IXPDGDSRUpO'tD]VHUiMX]JDGRHQRWURMXLFLR SRUTXHHVWXYRVHLVPHVHVSUyIXJR ²$ 9tFWRU QXQFD OR SXGLHURQ XELFDU HQ OD HVFHQD GHO FULPHQ 1R KD\ WHVWLJRV TXH OR hayan   visto   o   lo   acusen.  Y   el   dermonitrotest,   TXHHVODSUXHEDGHSDUDÂżQDIXHKHFKRVLQOD SUHVHQFLD GH ORV SHULWRV GH SDUWH QL RÂżFLDOHV <HOSROLFtDTXHVHORKL]RQRWHQtDJXDQWHV\ XVyXQDFLQWDVFRWFKTXHFRUWyFRQORVGLHQWHV   â&#x20AC;&#x201D;dice  Claudia  mientras  vamos  en  la  camione-­ WD KDFLD VX FDVD (GLWK YLYH DKt GHVGH TXH VH peleĂł  con  sus  padres. ²3HUR VHJ~Q HVH WHVW WX KHUPDQR WHQtD pĂłlvora  en  las  manos. ²7HQtDSyOYRUDHQODPDQRGHUHFKDDSH-­ QDVHQODL]TXLHUGD(VUDURSRUTXHpOHV]XUGR (ODVHVLQRHV0DUFRV 'tD] D pO OR YLHURQ FRQ Johana  poco  antes  del  crimen.     Minutos   despuĂŠs   llegamos   a   la   casa   de   &ODXGLD 1R KD\ QDGLH DFi DGHQWUR 0DUWtQ el   marido   de   Claudia,   trabaja   en   el   petrĂłleo     â&#x20AC;&#x201D;como  muchos  de  los  hombres  del  lugarâ&#x20AC;&#x201D;  y   ahora  estĂĄ  en  Comodoro  Rivadavia.   â&#x20AC;&#x201D;El   petrĂłleo   avejenta.   Mi   marido   tiene   treinta   y   cuatro   aĂąos   pero   parece   mucho   mĂĄs   grande   â&#x20AC;&#x201D;dice   Claudia   mientras   abre   y   cierra   puertas  de  un  aparador.  Luego  me  pregunta  por   Buenos  Aires.  A   las   dos   les   llama   la   atenciĂłn   TXHKD\DYHQLGRGHVGHDOOi$%XHQRV$LUHVOD YHQLQDOFDQ]DEOHFRPRXQDFLXGDGGHSHOtFXOD TXH WLHQH OD IRUPD GH OD SDQWDOOD GHO WHOHYLVRU \GRQGHDGLDULRKD\FUtPHQHVURERVSHOHDV\ chimentos.  Claudia  pregunta  por  los  famosos  y  

GLFHTXHD3LFR7UXQFDGRQROOHJDQDGLHQLVL-­ TXLHUDP~VLFRVGHPHGLRSHOR Edith  escucha  todo  en  silencio.  Claudia  si-­ gue  hablando  y  pasa  de  la  farĂĄndula  a  los  temas   PXQGDQRV DQXQFLD TXH YD D FRFLQDU UDYLROHV Propongo  ir  a  comprar  un  vino  y  pan,  y  Edith   PHTXLHUHDFRPSDxDU¢4XHUUiFRQWDUPHDOJR" ¢0HSHGLUiD\XGD"¢'LUiTXHHVWiVHFXHVWUDGD" 3DUD QDGD VROR TXLHUH VDOLU D WRPDU DLUH 9D-­ PRVDXQDGHVSHQVDTXHKD\DGRVFXDGUDV/H SUHJXQWRVLFRQRFH%XHQRV$LUHV\PHGLFHTXH nunca  saliĂł  de  Pico  Truncado. â&#x20AC;&#x201D;ÂżEn   Buenos   Aires   hay   montaĂąas?     â&#x20AC;&#x201D;pregunta.   â&#x20AC;&#x201D;ÂżCĂłmo  si  hay  montaĂąas? â&#x20AC;&#x201D;Bueno,  lomas,  subidas. â&#x20AC;&#x201D;No,  hay  torres,  moles  de  cemento  y  una   multitud  de  estresados. Volvemos   y   en   la   casa   hay   olor   a   tuco.   Claudia  pone  los  platos  y  Edith  acomoda  el  pan   sobre  la  mesa.  Al  rato  cada  una  viene  con  una   fuente:  la  de  Edith  tiene  ravioles,  la  de  su  cuĂąa-­ da,  estofado.   â&#x20AC;&#x201D;Te  vas  a  chupar  los  dedos  â&#x20AC;&#x201D;dice  Edith. $KRUDVR\\RHOTXHHVWiHQVLOHQFLRRE-­ servĂĄndola   hipnotizado.   En   todo   asesinato,   el   periodista   policial   busca   saber   cĂłmo   era   la   YtFWLPD&DVLVLHPSUHODSHUVRQDDVHVLQDGDHV XQD IRWR TXH HQWUHJDQ VXV IDPLOLDUHV SDUD TXH aparezca  en  la  prensa.  La  única  posibilidad  de   YHUODHVDSDUWLUGHHVHLQVWDQWHHVWiWLFRTXHSDVD GHPDQRHQPDQR8QDGHODVWDQWDVFRVDVTXH PH LPSUHVLRQD GH HVWH FDVR HV TXH HV SRVLEOH YHU D OD YtFWLPD HQ PRYLPLHQWR YHU D -RKDQD sobrevivir  en  Edith.  No  solo  en  sus  rasgos,  sino   en  todos  los  detalles:  desde  la  respiraciĂłn  hasta   algĂşn   gesto   imperceptible.  Ahora   las   palabras   de  su  madre  Marcelina  resuenan  en  mi  cabeza:  

El implicado. Marcos ÂŤEl ToscoÂť DĂ­az.

El barrio. FrĂ­o apacible en Pico Truncado.

DORMIR  ES  MORIR  UN  POCO.  MORIR  ES  DORMIR  MUCHO. 27


LA  HISTORIA  DE  LAS  GEMELAS Š6RQGRVJRWDVGHDJXDÂŞŠ9HRORVRMRVGH-R-­ KDQDHQORVRMRVGH(GLWKÂŞŠ/D(GLWKHVWiSR-­ VHtGDSREUHFLWDÂŞ 0LURD(GLWK\QRYHRDXQDSRVHtGDVLQR DXQDFKLFDPLVWHULRVD'HYRUDPRVORVUDYLROHV y  con  Claudia  vaciamos  una  botella  de  vino  tin-­ to.  Edith  tiene  el  vaso  lleno  y  empieza  a  tomar   de  a  sorbos,  casi  por  aburrimiento. ²¢&XiOHVWXVHJXQGRQRPEUH"²TXLHUR VDEHU (OOD VRQUtH SRU SULPHUD YH] ²OD VRQUL-­ sa  la  hace  aĂşn  mĂĄs  bellaâ&#x20AC;&#x201D;  y  responde  con  otra   pregunta.   â&#x20AC;&#x201D;ÂżVos  tenĂŠs  segundo  nombre? ²6tSHURQRORSLHQVRGHFLU $O GHFLU HVR Vp TXH YR\ D JHQHUDU XQD curiosidad   desmedida.   Siempre   me   pasa.   Lla-­ PDUVH5HPLJLRHVDOJRDWtSLFRH[WUDxRDXQTXH haya  sido  el  nombre  de  mi  abuelo  y  de  mi  bi-­ sabuelo,   los   dos   comisarios,   los   dos   persegui-­ dores  de  cuatreros  y  piratas  del  asfalto. ²7HGLJRPLVHJXQGRQRPEUHVLPHGHFtV el  tuyo. â&#x20AC;&#x201D;Mejor   tratemos   de   adivinarlo   â&#x20AC;&#x201D;pro-­ SRQJR1RHVXQDHVWUDWHJLDDXQTXHWHUPLQDUp YLHQGRTXHHVWHMXHJRLQRFHQWH\KDVWDLQIDQWLO PH DFHUFDUi WDQWR D (GLWK TXH HQ ORV GtDV VL-­ guientes   me   confesarĂĄ   hasta   sus   sueĂąos,   tan   enigmĂĄticos  como  los  de  su  madre. ²<RTXLHURMXJDU²SLGH&ODXGLD Hacemos   dos   ahorcados.   Yo   debo   adivi-­ QDUHOQRPEUHRFXOWRGH(GLWK\HOODVHOPtR Vamos  anotando  las  letras  correctas  y  tachando   las  incorrectas. 'HVSXpVGHYDULRVLQWHQWRVHOODVOOHJDQD QRPEUHVWDQRPiVH[WUDxRVTXH5HPLJLR(GLWK DUULHVJD DOJXQRV LPSRVLEOHV Š5HIXJLRÂŞ Š5H-­ YDJLRÂŞŠ5HODJLRÂŞŠ5HWDJLRÂŞŠ5HOLJLRÂŞ ²£(VR²JULWDFXDQGRYHPLFDUDGHVRU-­

Foco. La segunda mirada de Edith Casas.

SUHVDDOHVFXFKDU5HOLJLR²ÂŁVHOODPD5HOLJLR â&#x20AC;&#x201D;No. â&#x20AC;&#x201D;ÂżRepigio? â&#x20AC;&#x201D;Menos. â&#x20AC;&#x201D;ÂżRetugio? â&#x20AC;&#x201D;Mucho  menos. â&#x20AC;&#x201D;ÂżRemigio? ²6t5HPLJLR Edith  y  Paula  se  abrazan  como  si  hubiesen   DGLYLQDGR OD SUHJXQWD GHO PLOOyQ 5tHQ D FDU-­ cajadas  y  se  burlan  de  mi  segundo  nombre.  Yo   SRGUtD KDEHU DGLYLQDGR HO GH (GLWK SHUR DOJR PHIUHQD(QHOSDSHODQRWpŠ-2²$²$ÂŞ )DOWDQGRVOHWUDV\VDOYRTXHHOVHJXQGR QRPEUH VHD Š-RYDWDÂŞ WRGRV ORV FDPLQRV FRQ-­ GXFHQD-RKDQD7HPRGHFLUORSRUVLPHHTXL-­ voco   y   el   nombre   de   Johana   le   trae   recuerdos   RSHVDGXPEUH3RURWURODGRVHUtDUDURTXHVX PDGUHOHKD\DSXHVWRHOPLVPRQRPEUHTXHD su  gemela.  Me  doy  por  vencido  para  evitar  un   momento  incĂłmodo.  Edith  devela  el  misterio: â&#x20AC;&#x201D;Johana.   Edith   Johana   me   llamo.   Joha-­ na,  como  mi  hermana.

L

a  cårcel  de  Truncado  es  muy  distinta  a  las   cårceles  bonaerenses.  Hay  guardias  cordia-­ OHVSLVRVHQFHUDGRVSDUHGHVEODQFDVTXHSDUH-­ FHQ UHFLpQ SLQWDGDV \ RORU D OtTXLGR GHVLQIHF-­ tante   de   lavanda.  A   Cingolani   le   llevo   un   pan   GXOFHXQEXGtQJDOOHWLWDVVXUWLGDVFLQFRDWDGRV de  cigarrillos  y  un  cómpact  de  Leo  Mattioli,  su   tGROR &LQJRODQLPHPDQGyXQDFDUWDHQODTXH cita   fragmentos   de   canciones,   le   dedica   temas   URPiQWLFRVD(GLWK\OHDJUDGHFHD'LRVSRUKD-­ berla  puesto  en  su  camino).  Aprovecho  para  co-­ lar  en  la  bolsa  una  lapicera  y  un  cuaderno.  Eso   PHVHUYLUiDPtDODKRUDGHHQWUHYLVWDUOR6LORV

Juegos peligrosos. El ahorcado.

BUSCAR  EL  ALMA  GEMELA  PARA  PONERLA  DE  DOBLE  DE  RIESGO. 28


RODOLFO  PALACIOS JXDUGLDVVHHQWHUDQGHTXHVR\SHULRGLVWDSUR-­ bablemente  no  me  dejen  entrar  sin  autorizaciĂłn   judicial.  Para  ellos  soy  un  amigo  de  Cingolani   TXHOOHJyGHVGH%XHQRV$LUHV Un   guardia   me   lleva   a   una   salita,   donde   me  hace  desnudar.  En  un  tacho  de  basura  veo   TXH KD\ REMHWRV TXH ORV IDPLOLDUHV QR SXGLH-­ ron   entrar:  pastillas   de  Viagra,   un   ladrillito  de   marihuana,   preservativos.   Yo   paso   la   revisiĂłn   y  el  control,  salvo  por  un  detalle:  el  pan  dulce   es  frutado  y  estĂĄ  prohibido.  En  las  celdas  â&#x20AC;&#x201D;di-­ FHQ²VHSRGUtDXVDUODIUXWDSDUDIHUPHQWDU\ KDFHU HO ŠSDMDULWRÂŞ HO WUDJR DOFRKyOLFR GH ORV presos.  No  me  imagino  a  un  preso  destrozando   el  pan  dulce  solo  por  la  fruta  abrillantada,  pero   DVtVRQODVFRVDV Otro  guardia  me  toma  las  huellas  dactila-­ res   y   me   lleva   hacia   un   pasillo.   La   cĂĄrcel   no   huele   a   cĂĄrcel:   huele   a   hospital.   Se   abren   dos   UHMDV GHWUiV GH OD VHJXQGD PH HVSHUD 9tFWRU Cingolani.   Tiene   veintiocho   aĂąos,   es   robusto,   WLHQHRMRVJUDQGHV OXHJRPHGLUiTXHOHGLFHQ ŠHORMyQÂŞ OOHYDHOSHORFRUWR\YLVWHXQDUHPH-­ ra  blanca  ajustada,  un  pantalĂłn  de  gimnasia  gris   y  zapatillas.       Me   abraza   como   si   me   conociera   desde   KDFH WLHPSR (O VDOyQ TXH SDUHFH UHFLpQ SLQ-­ tado  de  blanco,  tiene  mesas,  sillas  y  una  puerta   TXHFRQGXFHDXQSDWLRDFLHORDELHUWR$XQTXH en  la  celda  estĂĄ  solo,  en  los  espacios  comunes   Cingolani  convive  con  nueve  presos.  Con  ellos   juega  al  ping-­pong  y  a  la  play  station.  Lo  hace   en  los  ratos  libres.  Luego,  de  dos  a  siete  de  la   WDUGH&LQJRODQLWUDEDMDHQODFDUSLQWHUtDGHOSH-­ QDOIDEULFDVLOODVEDQTXLWRVPHVDVUHYLVWHURV portarretratos  y  cuadros.  Su  hermana  Claudia  se   dedica   a   vender   los   productos   afuera   y   la   ga-­ nancia   total   es   para   el   detenido.   En   otras   pri-­

siones,  los  presos  trabajan  pero  solo  cobran  un   PtVHURSHFXOLRGHFLQFXHQWDSHVRVPHQVXDOHV ²¢7HSDUHFHTXHVR\FRPRGLFHODSUHQ-­ VD"²TXLHUHVDEHU&LQJRODQL Estamos  sentados  a  una  mesa,  con  mate  y   facturas  de  por  medio.  En  unos  minutos  llega-­ rĂĄn  su  hermana  y  su  novia. ²¢<FyPRGLFHTXHVRVODSUHQVD" â&#x20AC;&#x201D;Un  monstruo.  Un  monstruo  asesino.   â&#x20AC;&#x201D;A  simple  vista,  no  parecĂŠs  â&#x20AC;&#x201D;le  digo.   &LQJRODQLVRQUtH â&#x20AC;&#x201D;Cuando  leas  la  causa  te  vas  a  dar  cuenta   GHTXHQRKD\SUXHEDV(VWiWRGRDUPDGRSRU-­

PrisiĂłn. Llegando a la cĂĄrcel.

Encuentro. Cingolani y el autor.

Otro  guardia  me   toma  las  huellas   dactilares  y  me  lleva   hacia  un  pasillo.   La  cårcel  no  huele   a  cårcel:  huele  a   hospital.  Se  abren   dos  rejas;͞  detrås  de   la  segunda  me  espera   Víctor  Cingolani.

UN  BUEN  TIPO  DEJA  HUELLA.  UN  MAL  TIPO  DEJA  MANCHAS. 29


LA  HISTORIA  DE  LAS  GEMELAS TXHHQ6DQWD&UX]ODMXVWLFLDHVDVtFRQGHQDQ DXQSHUHMLOSRUTXHQHFHVLWDQDXQDVHVLQRSDUD conformar  a  la  familia. ²(QODFDXVDGLFHTXHOHSHJDEDVD-RKD-­ QDTXHODWHQtDVDPHQD]DGD\TXHWHQtDVSyOYR-­ ra  en  las  manos. â&#x20AC;&#x201D;Es  mentira.  Nunca  le  peguĂŠ.  Y  la  prue-­ EDGHSDUDÂżQDVHKL]RVLQTXH\RVXSLHUDORTXH me  estaban  haciendo.  Y  como  dije  al  juez,  ha-­ EtDHVWDGRHQODFDPLRQHWDGHPLFXxDGRTXH suele  cazar  y  dejar  las  balas  en  los  asientos.  Y   ademĂĄs  uno  puede  tener  la  sustancia  de  la  pĂłl-­ vora  si  toca  orina,  fertilizantes.  Eso  lo  dice  un   SHULWRTXtPLFR ²(QHOH[SHGLHQWHFRQVWDTXHORVLQYHV-­ WLJDGRUHVFRPSUREDURQTXHHVWXYLVWHHQHOGHV-­ campado  donde  mataron  a  Johana. ²+XERWUHVUDVWUHRVFRQSHUURV'RVGLH-­ ron  negativo  con  testigos.  Y  llamativamente  uno   dio  positivo  sin  testigos.  AdemĂĄs  no  es  una  prue-­ EDFLHQWtÂżFD(ORORUGHXQDSHUVRQDSXHGHTXH-­ dar  hasta  un  mes  en  un  lugar,  eso  dicen  los  pe-­ ritos.  AdemĂĄs  no  tengo  auto  como  para  llegar  a   HVHOXJDU<RHVWDEDDYHLQWLFLQFRFXDGUDVGHDKt â&#x20AC;&#x201D;La  familia  de  Johana  te  acusĂł  de  haber-­ OHPDQGDGRPHQVDMHVHQODTXHODDPHQD]DEDV de  muerte  a  ella  y  a  su  novio. â&#x20AC;&#x201D;Es   mentira.   Y   esos   mensajes,   dice   la   causa,  fueron  hechos  en  forma  anĂłnima. â&#x20AC;&#x201D;ÂżQuĂŠ  hiciste  la  noche  del  crimen? ²)XLDOFDVLQR3HGtTXHLQFRUSRUDUDQODV cĂĄmaras  de  seguridad  pero  no  lo  hicieron.  Lue-­ go  fui  a  la  casa  de  una  amiga.  Estuve  hasta  las   seis  de  la  maĂąana.  A  esa  hora  estaban  matando   D-RKDQD+DFtDVHLVPHVHVTXH\RQRVDOtDFRQ ella.  Sus  amigas  dijeron  lo  mismo.   $QWHVGHTXHIXHUDDFXVDGRGHDVHVLQDWR 9tFWRU&LQJRODQLHUDXQSLEHGHSXHEORTXHWUD-­

EDMDEDGRFHKRUDVSRUGtDHQXQDHPSUHVDSH-­ WUROHUD+DFtDUHFRUULGRV\IXHMHIHGHFXDGULOOD ayudante   en   tareas   generales   y   mecĂĄnico.   Por   ODVQRFKHVVLQROOHJDEDFDQVDGRVDOtDFRQVXV DPLJRV3UHIHUtDLUDORVSURVWtEXORVDQWHVTXHD los  bares.   â&#x20AC;&#x201D;Amo   la   noche.   Con   mis   amigos   la   DSUHQGLPRV D FRQWURODU $SUHQGt D HVSHUDU D QR VHU DQVLRVR D GLVIUXWDU FDGD QRFKH SRUTXH QRKD\GRVQRFKHVLJXDOHV/DVPXMHUHVYHQtDQ VRODVVLQTXHODVIXHUDDEXVFDUFRPRXQGHVHV-­ perado.  Me  gustaba  dialogar,  conocer  historias.   Ă?bamos  al  puticlub,  pero  a  charlar.  A  veces  las   FKLFDVQRFREUDEDQSRUTXHSHJiEDPRVRQGD ²3RU OR TXH VH OHH HQ OD FDXVD HUDV XQ mujeriego  empedernido. ²£1R¢7HSDUHFH" â&#x20AC;&#x201D;ÂżCuĂĄntas  mujeres  pasaron  por  tu  vida? &LQJRODQLVHTXHGDFDOODGR\FLHUUDORVRMRV 'HVSXpVGHXQEUHYHFiOFXORPHQWDOUHYHOD â&#x20AC;&#x201D;Yâ&#x20AC;ŚhabrĂŠ   estado   con   unas   cuarenta   mujeres.   â&#x20AC;&#x201D;ÂżCĂłmo  conociste  a  Johana? ²(ORWURGtDVHORFRQWpD(GLWK\HOODVH UHtD$-RKDQDODFRQRFtHQHOELQJRXQPHGLR-­ GtD<RHVWDEDFRQPLYLHMD\XQDDPLJDGHHOOD Johana   estaba   en   una   mesa   con   su   padre   y   su   KHUPDQRDXQRVTXLQFHPHWURV(OODPHPLUDED \\RPHGDEDFXHQWD(UDPX\ERQLWDŠ$TXH PHODOHYDQWRÂŞOHGLMHDODDPLJDGHPLYLHMD<R YHQtDGHXQDUDFKDJDQDGRUD/DPLUpD-RKDQD y  le  hice  seĂąas.  Enseguida  se  levantĂł  y  fue  con   una  amiga  al  baĂąo.  Al  salir  me  tocĂł  la  espalda,   PH GL YXHOWD \ PH GLR XQ SDSHOLWR 0H KDEtD anotado  su  nombre  y  el  nĂşmero  de  celular.  Le   PDQGpPHQVDMHVDOWRTXH1RVYLPRVXQSDUGH veces  y  nos  pusimos  de  novios.  Salimos  un  aĂąo   y  medio.

El descampado. Todo ocurriĂł allĂ­.

Suerte. El Casino de Pico Truncado.

MUJER  OBJETA. 30


RODOLFO  PALACIOS pueblos  se  dicen  muchas  mentiras.  Se  vive  del   SXWHUtR+DEHUVDOLGRFRQODVJHPHODVTXHSDUD muchos  eran  las  chicas  mĂĄs  lindas  del  pueblo,   QRIXHXQDIDQWDVtD,JXDOWHYR\DFRQIHVDUDOJR DQWHVGHTXHYHQJDODJRUGD9RVVDEpVTXHGHV-­ puĂŠs   intercambiamos   parejas.   Es   decir,   yo   me   puse  de  novio  con  la  Edith  y  Wilfredo,  el  novio   de  la  Edith,  se  puso  de  novio  con  la  Johana.   â&#x20AC;&#x201D;ÂżEran  swingers? ²£1R 6H GLR DVt $Fi PXFKRV VH KDQ hecho   el   coco   pensando   chanchadas.  Algunos   sinvergĂźenzas   del   pueblo   me   han   puesto   un   apodo  fulero. â&#x20AC;&#x201D;ÂżCuĂĄl? â&#x20AC;&#x201D;Bin  Laden.  Osama  Bin  Laden. â&#x20AC;&#x201D;ÂżPor? ²3RUTXHPHYROWHpDODVJHPHODV ²¢/HVJXVWDUtDWHQHUKLMRV"²SUHJXQWR como  para  cambiar  el  tono  de  la  charla. â&#x20AC;&#x201D;Es  nuestro  sueĂąo.  Yo  madurĂŠ.  Te  voy  a   FRQIHVDUDOJRSRUTXHPHFDpVELHQ¢6DEpVXQD FRVD"+DFHGRVGtDVVRxpTXH(GLWK\\RHVWi-­ bamos  abrazados.  Y  en  el  medio,  acurrucadito,   KDEtDXQEHEp1XHVWUREHEp â&#x20AC;&#x201D;ÂżQuĂŠ  dijo  ella  de  ese  sueĂąo? â&#x20AC;&#x201D;Se  emocionĂł  hasta  las  lĂĄgrimas.  Tengo   otro   sueĂąo   lindo.  Ya   lo   soùÊ   como   tres   veces.   Los  dos  caminamos  por  la  playa,  sobre  la  arena,   descalzos  y  de  la  mano.  El  mar  es  azul  como  el   del  Caribe.   ²¢&XiQWRVKLMRVTXLHUHQWHQHU" â&#x20AC;&#x201D;Cuatro.  Nos  gustan  dos  nombres. â&#x20AC;&#x201D;ÂżLos  puedo  saber? ²6tDXQTXHVLVHHQWHUDOD(GLWKPHPDWD 0DQWHQHORV HQ VHFUHWR R KDVWD TXH HOOD WH ORV diga.  Nos  gustan  los  nombres  Johana  y  Luisina.   â&#x20AC;&#x201D;ÂżJohana  por  tu  exnovia  o  por  el  segun-­ do  nombre  de  Edith?

â&#x20AC;&#x201D;ÂżLlegaste  a  salir  con  las  dos  al  mismo   tiempo? â&#x20AC;&#x201D;No,  eso  nunca.   â&#x20AC;&#x201D;ÂżA  Johana  la  dejaste  por  Edith? ²&RQ-RKDQDQRVVHSDUDPRVSRUTXHHOOD TXHUtDWHQHUKLMRV\\RQR$GHPiVD-RKDQDQR le  gustaba  la  noche. â&#x20AC;&#x201D;ÂżY   cĂłmo   te   fuiste   enamorando   de   (GLWK"²TXLHURVDEHU â&#x20AC;&#x201D;Con  el  tiempo.  Edith  era  mi  cuĂąada.  Su   QRYLR VH OODPDED :LOIUHGR 6DOtDPRV ORV FXD-­ tro.  A  veces  la  invitaba  a  salir  a  Johana  y  como   (GLWKHVWDEDVRODYHQtDFRQQRVRWURV0HVHGX-­ jo  su  humildad,  su  sencillez,  su  bondad.  Ella  es   PX\UHVHUYDGD6XKHUPDQDTXHTXHUtDVHUPR-­ delo  y  hasta  fue  elegida  Reina  de  la  Belleza  de   Pico  Truncado,  era  mĂĄs  revoltosa.  Edith  ahora   FDSD]TXHTXLHUHPRGHODU)DPRVD\DHV â&#x20AC;&#x201D;ÂżNunca  las  confundiste? ²1R < HVR TXH HUDQ LJXDOHV +DVWD HO PLVPR WRQR GH YR] 3HUR -RKDQD VH SURGXFtD mĂĄs  y  Edith  es  mĂĄs  sencillita.  Igual  a  veces  la   YHRD(GLWKGHSHUÂżO\PHSDUHFHTXHHV-RKD-­ QD6HUtHQLJXDO(ORWURGtDVHORGLMH(VRPH impresiona. â&#x20AC;&#x201D;ÂżJohana  y  Edith  se  pelearon  por  vos? ²1R(GLWKOHIXHGHIUHQWHOHGLMRORTXH nos   pasaba   y   Johana   lo   entendiĂł.  A   Johana   la   TXLVH$(GLWKODDPR ²&XDOTXLHU PDQXDO GH SVLFRORJtD GLUtD TXHHQ(GLWKYHVD-RKDQD\TXHHQHOIRQGRVHQ-­ WtVTXHODUHHPSOD]DVWHRTXH-RKDQDVLJXHYLYD â&#x20AC;&#x201D;Esas  son  pavadas. ²(QODFDXVDXQDWHVWLJRGLFHTXHOHGL-­ MLVWHD(GLWKTXHTXHUtDVVDOLUFRQHOODSRUTXH HQ3LFR7UXQFDGRHUDORPiVSDUHFLGRTXHKD-­ EtDD-RKDQD â&#x20AC;&#x201D;Eso  es  falso.  Esto  es  un  pueblo  y  en  los  

ÂżCon cuĂĄl? Cingolani y una de las gemelas.

DalĂ­. El pub de Pico Truncado.

SE  LLENAN  LA  BOCA  HABLANDO  DEL  PUEBLO  Y  LO  DEJAN  TODO  BABEADO. 31


LA  HISTORIA  DE  LAS  GEMELAS ²/DVGRVVHOODPDEDQDVt<HVXQOLQGR QRPEUH 3HUR PH JXVWD SRUTXH HV HO VHJXQGR nombre  de  Edith. â&#x20AC;&#x201D;ÂżA  Johana  la  soĂąaste? â&#x20AC;&#x201D;Yo   estaba   en   un   complejo   del   gas   del   Estado:  era  una  especie  de  puente  con  dos  puer-­ WDV ODWHUDOHV DELHUWDV (OOD YHQtD FDPLQDQGR Lloraba.  Yo  la  paraba  y  le  preguntaba:  ¿EstĂĄs   FRQWHQWD SRU OR TXH SDVy"ÂŞ < HOOD PH GHFtD Š1RÂŞ<VHLEDWULVWHFRQRWUDFKLFD â&#x20AC;&#x201D;ÂżQuĂŠ  interpretaciĂłn  hacĂŠs  de  ese  sueĂąo? ²&UHRTXH-RKDQDFRQÂżUPDEDTXH\RHUD LQRFHQWH 0H GDED OD UD]yQ SRUTXH \R OH SUH-­ JXQWDEDVLHVWDEDFRQWHQWD\PHGHFtDTXHQR< HVWRORVRxpGHVSXpVGHOMXLFLR'HVSXpVGHTXH me  condenaran. En   este   momento,   la   gemela   entra   en   el   salĂłn  con  su  cuĂąada  Claudia.  Los  novios  se  sa-­ ludan  con  un  beso  apasionado.  Ellas  apoyan  en   ODPHVDORVUDYLROHVTXHVREUDURQGHODQRFKH anterior  y  una  docena  de  empanadas  de  carne  y   GHMDPyQ\TXHVR ²3UHJXQWiPHORTXHTXLHUDV²GLFH&LQ-­ JRODQL 1R OR KDFH FRQ WRQR GHVDÂżDQWH VLQR amistoso. ²¢5HFRUGiV DOJ~Q PRPHQWR TXH KD\DQ vivido  los  tres:  vos,  Johana  y  Edith? â&#x20AC;&#x201D;JugĂĄbamos  mucho.  Siempre  me  acuer-­ GRGHXQDWDUGHHQTXHODVFDUJXpDFDEDOOLWRD ODVGRV(OODVPHSHGtDQTXHFRUULHUD3HURQRV FDtPRV¢7HDFRUGiVJRUGD" Edith  lo  mira  pero  no  dice  nada. Cingolani  insiste: ²¢1RWHDFRUGiVTXHQRVFDtPRVORVWUHV" )XH HQ XQD HVTXLQD 8VWHGHV PH SHGtDQ TXH DSXUDUD6RQUHFXHUGRVTXHWHTXHGDQ (GLWK DVLHQWH FRQ OD FDEH]D TXL]iV SDUD conformar  a  su  novio.  

Ă&#x2030;l  le  acaricia  el  pelo,  le  besa  el  cuello  con   ternura  y  dice:   ²0HOOHQyODKXPLOGDGTXHWLHQH(GLWK(VR me  enamorĂł  de  ella.  Me  voy  tatuar  su  nombre. â&#x20AC;&#x201D;Y  yo  me  voy  a  tatuar  las  iniciales  J  y  V   ²DJUHJD(GLWK²3RU9tFWRU\-RKDQD Miro  a  Cingolani. ²¢6HQWtDVTXHHQHOMXLFLR(GLWKWHDSR\D-­ ba  pese  a  estar  con  los  padres  y  con  una  camise-­ WDTXHSHGtDMXVWLFLDSRUVXKHUPDQD" ²(OODSHGtDMXVWLFLD\HVRHVWiELHQ0H miraba   como   al   hombre   de   su   vida,   no   como   al   asesino   de   su   hermana.   En   el   juicio   trataba   GH QR PLUDUOD SDUD TXH OD IDPLOLD QR OH GLMHUD QDGD3HURIXHGLItFLO(VWDQOLQGDTXHODPLUDGD VHPHLEDVROD$UPDURQXQDKLVWRULDIDOVDTXH comprĂł   el   juez.   La   hipĂłtesis   de   los   investiga-­ GRUHVHVTXHFRQ0DUFRV\-RKDQDQRVIXLPRVD FKDUODUDXQGHVFDPSDGR/XHJRHOVDFyHOÂżH-­ UUROHPHWLyXQEDOD]R\PHORSDVyDPtSDUD TXHOHGLHUDRWUREDOD]R(VRHVLQFUHtEOH â&#x20AC;&#x201D;Yo  mirĂŠ  dos  veces  la  novela  ResistirĂŠ,   FRQ3DEOR(FKDUUL\)DELiQ9HQDTXHKDFtDGH malo  â&#x20AC;&#x201D;dice  Edithâ&#x20AC;&#x201D;.  Hace  poco  estaba  viendo   ODUHSHWLFLyQ'LJRHVWRSRUTXHHQHOVXHxRDSD-­ reciĂł  FabiĂĄn  Vena,  en  el  papel  de  Mauricio,  el   villano  de  la  novela.  Y  mi  hermana  estaba  rara.   1RWHQtDIRUPD3DUHFtDXQDOPD7RGDLOXPLQD-­ da.  FabiĂĄn  Vena  la  acariciĂł,  ella  se  puso  a  llorar   \DOÂżQDOGLMRÂŤGLMRÂŤ Pero  Edith  no  termina  de  contar  el  sueĂąo.   Llora  y  Cingolani  la  abraza.   ¢4Xp KDEUi GLFKR HO HVSHFWUR RQtULFR GH -RKDQD" ¢/R VDEUp DOJ~Q GtD" 3LHQVR HQ HVR mientras   la   pareja   sigue   abrazada;Íž   me   siento   atrapado  en  la  madeja  de  un  mensaje  cifrado.   2 DO PHQRV HVR PH SDVDUi FDGD YH] TXH ORV protagonistas   de   esta   historia   me   cuenten   sus  

CĂĄrcel. Edith y Cingolani, juntos.

Camiseta. Edith con el rostro de Johana.

TATUARSE  SECRETOS  DENTRO  DE  UNA  ARRUGA. 32


RODOLFO  PALACIOS

S

alimos  de  la  cĂĄrcel  y  subimos  a  la  camio-­ neta   de   Claudia.   Son   las   siete   de   la   tarde   pero   parece   mucho   mĂĄs   temprano.   En   Pico   Truncado  anochece  a  las  nueve  de  la  noche.  La   temperatura  supera  los  treinta  grados  y  en  una   UDGLR ORFDO GLFHQ TXH HV XQD PDUFD KLVWyULFD TXHKDFHPiVFDORUTXHHQHOQRUWHDUJHQWLQR Ahora  haremos  un  paseo  hacia  el  pasado,  ha-­ FLDODPDGUXJDGDHQODTXHYtFWLPD\DVHVLQR TXHGDURQFDUDDFDUDHQHVHLQVWDQWHLUUHYHUVL-­ EOHHQHOTXHXQDSHUVRQDPDWDDRWUD\VHPDWD DVtPLVPD6LHQWRXQDWHQVLyQTXHQROOHJDD ser  incomodidad:  he  recorrido  muchas  escenas   del  crimen,  he  caminado  por  donde  caminaron   ODV YtFWLPDV DQWHV GH VHU DUUHEDWDGDV GH HVWH mundo.  Pero  esta  vez  es  distinta:  voy  al  lugar   GHORVKHFKRVFRQXQDPXMHUTXHHVLJXDODOD asesinada.   Ahora   pasamos   por   la   plaza   del   pueblo,   FRQYHUWLGDHQFHQWURGHUHXQLyQGHMyYHQHVTXH se  pasan  botellas  de  cerveza  mientras  escuchan   $JDSRUQLVHOJUXSRFKHWRGHFXPELDTXHIDV-­ cina  a  los  porteĂąos.  Enfrente  estĂĄ  el  Casino,  un   HGLÂżFLRGRUDGRTXHGHVHQWRQDFRQHOOXJDUSD-­ rece  trasplantado  de  una  ciudad  bulliciosa.   ²$FiHVWXYR9tFWRUODQRFKHHQTXHPD-­ taron  a  Johana  â&#x20AC;&#x201D;dice  Claudia.  Seguimos  viaje   hacia  un  barrio  situado  a  unas  cinco  cuadras  del   FHQWURŠ3XWDFDEDUHWHUDÂŞVHOHHHQXQDFDVLWD ²$KtYLYHODDPLJDGHPLKHUPDQRTXH WUDEDMD HQ HO FDEDUHW Š7X 1RFKHÂŞ$Kt HVWXYR ĂŠl  mientras  mataban  a  Johana  â&#x20AC;&#x201D;sigue  Claudia.   Edith  va  a  su  lado,  callada,  atenta  a  todo.  Pasa-­ PRV SRU XQD FDOOH LQWHUQD 0H FXHQWDQ TXH HO FLQHFHUUyKDFHUDWR\TXHHOWHDWURGHOSXHEOR abre  cada  tanto:  ese  cada  tanto  puede  durar  dos   aĂąos.   ÂŤOsvaldo   Maimo,   te   merecĂŠs   un   monu-­ PHQWRÂŤHQFLPD WX\RÂŞ VH OHH HQ XQ JUDÂżWL HV-­

  Ella  pedía   justicia  y  eso  estå   bien.  Me  miraba   como  al  hombre  de   su  vida,  no  como   al  asesino  de  su   hermana.

VXHxRV(OORVFUHHQTXHGHWUiVGHHVDVLPiJH-­ nes  fragmentadas,   como   escenas   arrancadas   a   SHOtFXODVFX\RJpQHURVHUtDLPSRVLEOHDGLYLQDU VHRFXOWDXQDYHUGDG1RTXLHURSUHJXQWDUFXiO IXHHOÂżQDOGHHVHVXHxRTXHWDQWRDWRUPHQWDD Edith.  Volvemos  a  tomar  mate,  a  jugar  al  Lu-­ domatic.  Esta  vez  gana  Edith  y  el  perdedor  es   Cingolani.   ²£7LHPSR ²JULWD XQ JXDUGLD SDUD GDU SRUÂżQDOL]DGRHOKRUDULRGHYLVLWD$QWHVGHGHV-­ pedirnos,  Cingolani  les  dice  a  Edith  y  a  Claudia: â&#x20AC;&#x201D;Lleven   al   Rodolfo   a   la   escena   del   cri-­ PHQ\DKDFHUHOUHFRUULGRTXHVHJ~QODSROLFtD hice  hasta  matar  a  Johana. Sigo  pensando  en  el  sueĂąo  inconcluso  de   Edith.  Mejor  dicho:  en  el  relato  inconcluso  del   sueĂąo.  ¿QuĂŠ  dijo  Johana?  No  es  el  momento  de   preguntarlo.  

FabiĂĄn Vena. El villano de ÂŤResistirĂŠÂť.

Claudia. La hermana de Cingolani.

ME  ESTOY  ARMANDO  UN  CINE  EN  CASA.  YA  TENGO  LA  OSCURIDAD. 33


LA  HISTORIA  DE  LAS  GEMELAS tampado  en  un  paredĂłn,  dedicado  al  intendente   peronista  del  pueblo. Salimos  del  centro  y  tomamos  la  Ruta  44.   A   lo   lejos   se   ven   cuatro   molinos   de   viento   de   una  planta  hidrĂłgena.  Es  una  zona  de  descam-­ pados:  en  algunos  hay  altares  del  Gauchito  Gil,   y  en  otros  hay  criaderos  de  lombrices  de  tierra  o   GHFDEDOORVGHFDUUHUD7DPELpQKD\TXLQWDVFRQ LQYHUQDGHURV\HVWiQ²FHUFD²ODVYtDVPXHU-­ WDVGHOWUHQTXHGHMyGHSDVDUHOTXLQFHGHHQH-­ ro  de  1978.  Atravesamos  un  camino  cubierto  de   SLHGUDV TXH OHYDQWD WLHUUD \ SROYLOOR D QXHVWUR paso.  El  viento  silba  un  sonido  parecido  al  de   XQD TXHQD 1RV DFHUDPRV D XQ ORWH TXH DKRUD estĂĄ  enrejado.   ²$Kt HQFRQWUDURQ D -RKDQD +DEtDQ puesto  una  cruz,  pero  alguien  comprĂł  el  terreno   y  lo  enrejĂł  para  construir  una  vivienda.  AcĂĄ  no   se  encontrĂł  ninguna  huella  de  mi  hermano. Eso   dice   Claudia,   mientras   estaciona   la   camioneta.  Edith  tiene  una  expresiĂłn  sobresal-­ tada,  al  borde  del  espanto,  como  si  ya  hubiese   estado  en  este  lugar.  Me  pregunto  si  su  madre   0DUFHOLQD WLHQH UD]yQ FXDQGR GLFH TXH DKRUD Johana  mira  a  travĂŠs  de  los  ojos  de  su  hermana.   Edith  llora  en  silencio.  Como  si  contemplara  su   propia  muerte.   â&#x20AC;&#x201D;Ahora   vas   a   conocer   al   dinosaurio   del   pueblo  â&#x20AC;&#x201D;avisa  Claudia  como  para  cambiar  de   clima.   Ese   dinosaurio   fue   construido   en   1997   por   el   artista   Carlos   Regazzoni   con   restos   de   chapa  y  chatarra.  Mide  diecisiete  metros  de  lar-­ go,  tres  de  ancho  y  cuatro  de  altura.  En  la  mole   KD\JUDÂżWLV\OH\HQGDVGHDPRU Hasta  este  lugar,  segĂşn  declarĂł  Edith  a  la   justicia,  Cingolani  la  llevĂł  obligada  en  un  auto   y  la  forzĂł  a  tener  sexo,  unos  meses  antes  del  cri-­ men  de  Johana.  Cingolani  amenazĂł  con  aban-­

GRQDU D (GLWK \ GLMR TXH SRGtD PDWDUOD \ TXH nadie  iba  a  culparlo  a  Êl.  Pero  Edith  ahora  jura   TXHHVRORGLMRREOLJDGDSRUVXVSDGUHV 1RKD\PXFKRPiVTXHPLUDUYROYHPRV Esta   noche,   Claudia   me   invita   otra   vez   a  su  casa.  Llevo  cerveza  y  una  parrillada  para   tres.   Edith   tiene   buen   apetito   y   sed.   Entre   los   dos  tomamos  dos  botellas  de  cerveza.  Claudia   va  hacia  su  pieza,  abre  un  cajón  y  vuelve  con   XQD FDMD OOHQD GH FDUWDV &DUWDV GH DPRU TXH Cingolani  le  mandó  en  secreto  a  Edith,  cuando   Êl  cayó  preso  y  estaban  distanciados.  Esas  car-­ WDVGLULJLGDVD(GLWKIXHURQOHtGDVSRU&ODXGLD Edith   se   estå   enterando   en   este   momento.   No   ORJURHQWHQGHUSRUTXpODVOH\yODKHUPDQDGH Cingolani  y  no  su  novia.  Cuando  se  lo  pregunte,   &LQJRODQLGLUiTXHORKL]RSRUWLPLGH]SRUTXH QRTXHUtDSUHVLRQDUD(GLWKGXUDQWHHOSHUtRGR GHGXHORTXHSDVySRUHODVHVLQDWRGH-RKDQD Ademås  estaban  un  poco  distanciados.  Claudia   PHSDVDXQDFDUWDTXH&LQJRODQLOHPDQGyDHOOD (a  Claudia):  Las  chicas  me  tienen  abandonado,   SHURFXDQGRVDOJDOLEUHYDQDFDHUDPLVSLHVª DOFDQ]RDOHHU\SLHQVRTXpGLUi(GLWKFXDQGR lea  esa  frase.  Pero  ella  lee  todo  con  devoción.   Me  siento  un  testigo  privilegiado  de  esta  esce-­ QDGHVXVRMRVGHHQDPRUDGDOH\HQGRORTXHVX novio  escribió  de  puùo  y  letra,  con  la  intención   GHTXHHOODOROH\HUDDOJ~QGtD(VHGtDHVKR\ En  un  momento,  Edith  va  hacia  el  living  y   vuelve  con  fotos.   8Q SDU GH GtDV DQWHV VROR FRQVHJXtD GH Edith  el  silencio  o  la  indiferencia.  Hasta  llegó  a   tratarme  de  usted.  Pero  ahora  no  solo  me  cuenta   VXVVXHxRVVLQRTXHFRPSDUWHVXVUHFXHUGRV En  la  primera  tanda  de  fotos  aparece  con   su   gemela.   Las   dos   de   bebÊs,   de   niùas   (vesti-­ das   iguales,   con   conjuntitos   rosas)   y   de   ado-­

Los molinos. A la salida el pueblo.

El dinosaurio. La obra de Carlos Regazzoni.

VELà ZQUEZ,  TODO  MENTIRA. 34


RODOLFO  PALACIOS lescentes.   En   todas   las   imĂĄgenes   adivino   cuĂĄl   HV(GLWKQRVpVLSRUFDVXDOLGDGRSRUTXHKD\ DOJRTXHODGLIHUHQFLDGHVXKHUPDQD\TXHQR logro  develar.  Ella  mira  las  fotos  conmigo.  Al   menos   en   las   fotos,   las   gemelas   son   insepara-­ bles.   Nunca   posan   solas.  Aparecen   sonrientes,   sacando  la  lengua,  serias,  abrazadas,  subidas  a   un  caballo.  En  la  segunda  tanda,  Edith  muestra   IRWRV TXH VH VDFy FRQ &LQJRODQL +D\ DOJXQDV GHXQSDVHRURPiQWLFRTXHKLFLHURQDRULOODVGHO UtR 'HVHDGR GRQGH DFDPSDURQ HQ XQD FXHYD cerca  de  los  cerros.  En  algunas  imĂĄgenes  Cin-­ golani  hace  muecas.  En  otras,  ambos  aparecen   en  un  gomĂłn.     ²¢9LVWH TXH WH PRVWUp WRGDV ODV IRWRV"   â&#x20AC;&#x201D;me  dice  Edith. â&#x20AC;&#x201D;Gracias.   La   cerveza   ya   estĂĄ   haciendo   HIHFWR7RPDWHRWUD²EURPHRHOODUtH²9LHQ-­ GRODVIRWRVVHQRWDTXHFRQWXKHUPDQDWHQtDQ una  comunicaciĂłn  especial. ²6tVLDXQDGHQRVRWUDVOHSDVDEDDOJR ODRWUDORVHQWtD â&#x20AC;&#x201D;ÂżPor  ejemplo? â&#x20AC;&#x201D;Cuando   ĂŠramos   nenas   yo   le   dije   a   mi   PDPiTXH-RKDQDVHHVWDEDKDFLHQGRSLV<DO UDWRYLQRPLKHUPDQDGHOSDWLRSDUDGHFLUOHTXH VHHVWDEDKDFLHQGRSLV<FXDQGR\RWHQtDRQFH aĂąos   me   atropellĂł   un   auto   cuando   andaba   en   bicicleta.  Estuve  en  coma,  internada  en  Como-­ doro   Rivadavia.   Cuando   me   sacaron   el   respi-­ rador   me   hinchĂŠ   y   empecĂŠ   a   llamar   a   Johana.   Yo   estaba   con   mi   mamĂĄ   y   mi   hermana   estaba   en  Truncado  con  mi  papĂĄ.  Pero  mis  papĂĄs  me   FRQWDURQTXH-RKDQDHPSH]yDGHFLUTXH\ROD llamaba.  Y  estĂĄbamos  a  mĂĄs  de  doscientos  kilĂł-­ metros  de  distancia. ²¢6HQWLVWHDOJRODQRFKHHQTXHODPDWD-­ ron?  â&#x20AC;&#x201D;le  pregunto.

Edith  hace  silencio.  Luego  respira  hondo   y  habla. â&#x20AC;&#x201D;Estaba  como  rara.  IncĂłmoda.  Yo  estaba   FRQDPLJDV1RVDEtDTXpPHHVWDEDSDVDQGR 1R OR SRGtD H[SOLFDU (UD XQ YDFtR LQPHQVR LleguĂŠ  a  casa  de  madrugada  y  pasĂł  algo  extra-­ Ăąo:  mi  reloj  se  detuvo  a  las  cuatro  y  media  de   la  maĂąana. 6HVXSRQHTXHDHVDKRUD-RKDQDHUDIXVL-­ lada  en  el  descampado. 'HVSXpVGHHVWDUHYHODFLyQ(GLWKGHFLGH FRQWDUHOÂżQDOGHOVXHxRHQHOTXHVXKHUPDQD aparece   como   un   fantasma.   Los   protagonistas   de  este  caso  buscan  la  verdad  en  los  sueĂąos.  Si   en  los  sueĂąos  de  Marcelina  â&#x20AC;&#x201D;su  madreâ&#x20AC;&#x201D;,  Jo-­ KDQDFDPLQDHQEODQFR\QHJUR\UtHHQORVGH su  hermana  y  los  de  Cingolani  llora  a  mares. â&#x20AC;&#x201D;En  ese  sueĂąo  mi  hermana  era  un  alma.   <)DELiQ9HQDTXHHVWDEDHQHOSDSHOGHODQR-­ vela,  la  acariciaba.  Y  ella  lloraba. ²¢< TXp GHFtD" ²SUHJXQWp WRUSH \ DQ-­ VLRVRWHPtDTXHHOOODQWRLQWHUUXPSLHUDRWUDYH] HOÂżQDO3HURQRKL]RIDOWD(GLWKHVWDEDHQWHUD â&#x20AC;&#x201D;Y   mi   hermana,   llorando,   dijo:   ÂŤFue   0DUFRV0HPDWy0DUFRVÂŞ ²¢<TXpVLJQLÂżFDHVRSDUDYRV" ²4XH 9tFWRU QR OD PDWy (VWi FODUR (O DVHVLQRHV0DUFRV(O7RVFR0DUFRV'tD] Es   tarde,   llega   la   hora   de   irse.   Camino   SRUODVFDOOHVGH3LFR7UXQFDGRVLQGHVWLQRÂżMR Todo   estĂĄ   cerrado,   envuelto   en   una   oscuridad   TXH FRQYLHUWH HO FDPLQR HQ XQD ERFD GH ORER Las  únicas  luces,  estridentes  y  detectables  a  una   FXDGUDGHGLVWDQFLDVRQODVGHORVSXWHUtRV3RU ODV FDOOHV GHVÂżODQ DXWRV FRQ MyYHQHV TXH GDQ la  vuelta  al  perro.  Pasan  una  y  otra  vez,  lenta-­ mente,  escuchando  a  Gilda  o  a  Rodrigo.  Intento   HQWUDUHQHOFDEDUHWŠ7X1RFKHÂŞGRQGHWUDEDMD

Gauchito Gil. Altar en medio de la nada.

Edith. Mirando sus propias fotos.

DRAMAS  DE  LA  VIDA  REAL  MAL�SIMAMENTE  INTERPRETADOS  EN  LA  VIDA  REAL. 35


LA  HISTORIA  DE  LAS  GEMELAS 9DQHVD OD DPLJD GH &LQJRODQL \ OD PXMHU TXH el   hombre   usĂł   de   coartada,   pero   el   lugar   estĂĄ   cerrado.  A  tres  cuadras  estĂĄ  La  Reina  de  la  No-­ FKHÂŞFRPRWRGRSXWLFOXEHVXQVDOyQYLHMRFRQ una   fonola,   una   barra   y   varias   chicas   sentadas   esperando   la   llegada   de   los   hombres   sedientos   de   alcohol   y   de   sexo.   En   este   lugar,   en   2012,   XQWLSRTXHKDEtDVLGRHFKDGRSRUXQSDWRYLFD SRUFDXVDUHVFiQGDORVHQHOSURVWtEXOREDOHyOD entrada  y  matĂł  a  un  cliente  e  hiriĂł  a  una  chica.   Entro  y  todos  (ellas  y  ellos)  me  miran.  Voy  a  la   barra  y  canjeo  la  entrada  por  un  whisky  nacional   con  hielo.  Se  me  acerca  una  mujer  descomunal,   alta,  sensual,  morena,  cabello  ondulado  castaĂąo,   ojos   felinos   y   labios   perfectos.   Lleva   corpiĂąo,   tanga  y  zapatos  rojos.  Su  desnudez  brilla  en  la   RVFXULGDGGHOSURVWtEXOR ²¢'HGyQGHVRV"²OHSUHJXQWR ²'H GRQGH TXLHUDV ²GLFH FRQ FDGHQFLD colombiana.       No  pasarĂŠ  la  noche  con  ella.  Estoy  en  ese   lugar  para  tratar  de  buscar  pistas.  Estos  espacios   VyUGLGRV VRQ HO SDUDtVR LQIHUQDO SRU HO TXH VH PRYtD&LQJRODQL ²$FiDOJXQDVPXFKDFKDVORFRQRFtDQ< no  lo  creemos  capaz  de  lastimar  a  nadie.  Todo   ORFRQWUDULREHEpXQGtDXQPDULQHUROHSHJyD una  de  nosotras  y  Êl  saltĂł  a  defender  a  la  chica.   Otra  cosa  no  puedo  decir.  LleguĂŠ  de  Colombia   hace  un  mes. ²¢3RUTXpHOHJLVWHYHQLUDHVWHSXHEOR" ²3RUTXHKD\PXFKRGLQHURSDSL$PRU-­ FLWR DFi KD\ SHWUROHURV DEXUULGRV TXH EXVFDQ chicas  lindas.   La  mujer  me  acaricia  el  pelo. ²6t FRUD]yQ$Fi YDV D YHU JLWDQRV TXH YLHQHQDYLYLUSRUTXHYHQGHQVXVDXWRV<SROL-­ ]RQHVTXHYLHQHQGH'RPLQLFDQDRĂ&#x2C6;IULFDSRU-­

TXHDFiSXHGHQYLYLUGHDOJR¢6DEHVXQDFRVD" â&#x20AC;&#x201D;ÂżQuĂŠ? ²$Fi KD\ XQ IUXWR TXH VH OODPD FDODID-­ WH6LORGHYRUDVWHTXHGDVSDUDVLHPSUHHQHVWH SXHEOR<RORFRPt\FUHRTXHHVWHHVPLOXJDU en  el  mundo. 1RTXLHURSUREDUHOFDODIDWH En   el   local   suena   una   canciĂłn   de   Los   del  Fuego.  Pido  una  moneda  de  un  peso  y  me   DSRGHUR GH OD IRQROD %XVFR XQD FDQFLyQ TXH OHYDQWH HO FOLPD TXH OR YXHOYD IHVWLYR HQ YH] GH RVFXUR &DODPDUR HV HO ~QLFR URFNHUR TXH aparece   en   el   medio   de   Cristian   Castro,   Luis   0LJXHO 5RGULJR .DULQD 'DPDV *UDWLV$OFL-­ des,   Ricky   Maravilla   y  Arjona.   Elijo   ÂŤSin   do-­ FXPHQWRVÂŞXQKLWGHORVQRYHQWDDĂŠjame  que   te  cierre  esta  noche  los  ojos  /  y  maĂąana  vendrĂŠ   con  un  cigarro  a  la  cama  /  porque  no  tengo  mĂĄs   intenciones  que  seguir  /  bebiendo  de  esta  copa   que  no  estĂĄ  tan  rota.  /  Quiero  ser  el  único  que   te  muerda  en  la  boca  /  quiero  saber  que  la  vida   contigo  no  va  a  terminar.  /  ¥Porque  sĂ­,  porque   sĂ­,  porque  sĂ­!  /  Porque  en  esta  vida  /  no  quiero   pasar  mĂĄs  de  un  dĂ­a  entero  sin  ti.  /  ¥Porque  sĂ­,   porque  sĂ­,  porque  sĂ­! Las  putas  cantan  y  bailan.  Los  hombres  se   VXPDQ (O OXJDU HV XQD ÂżHVWD 8QD GH ODV FKL-­ cas,   de   vestido   transparente,   me   saca   a   bailar   y   no   logro   negarme.   Soy   uno   mĂĄs.   Puedo   ser   un   marinero,   un   polizĂłn,   un   petrolero,   un   ca-­ PLRQHURRXQWLSRLQÂżHO3HURQRVR\PiVTXH un  periodista  de  lentes  lleno  de  dudas.  La  chica   PH TXLHUH OOHYDU DO UHVHUYDGR 0H SLGH TXH OH pague  una  cerveza  con  un  pase  de  cien  pesos  y   SRUWUHVFLHQWRVPHLQYLWDDXQDFDVDTXHKD\DO ODGR$OOtHQDSHQDVPHGLDKRUDFXDOTXLHUDGH ORV KRPEUHV TXH DKRUD EDLODQ \ FDQWDQ SXHGH YDFLDUVXVPLVHULDV\²TXL]i²LQFOXVRSXHGH

El desierto. Un pueblo fantasma.

La reina de la noche. Un cabaret de dĂ­a.

HAB�A  TAN  POCA  GENTE  EN  AQUEL  PUEBLO,  QUE  LA  PUTA  TEN�A  QUE  HACER  DE  LOCO  DURANTE  EL  D�A. 36


RODOLFO  PALACIOS GHVFXEULUKRUURUL]DGRTXHHVWDVPXMHUHVHQWDQ-­ JDVRQDODYH]PDGUHV\H[WUDQMHUDVTXHQRYHQ a  sus  hijos  desde  hace  mucho  tiempo. Todo   â&#x20AC;&#x201D;chicas   y   clientesâ&#x20AC;&#x201D;   forma   parte   GHXQDPLVPDGHVGLFKD0HYR\ÂżQDOPHQWH(O sueĂąo  y  el  cansancio  han  ganado.  

'

Me  pregunto  quÊ   me  diferencia  de   un  cazador.  He   venido  a  este  lugar   a  cazar  imågenes,   intimidades,   recuerdos,  gestos,   silencios  y  frases  de   los  protagonistas  de   esta  historia.

RPLQJRSRUODPDxDQD0DUWtQHOPDULGR de  Claudia,  acaba  de  llegar  de  Comodoro   Rivadavia,  donde  trabajĂł  en  un  pozo  petrolero.   Hoy  es  su  cumpleaĂąos  y  su  cordialidad  lo  lle-­ va  a  hacerme  una  doble  invitaciĂłn.  A  la  noche   harĂĄ  un  cordero  patagĂłnico  y  ahora  me  llevarĂĄ   a  dar  una  vuelta  por  la  zona  de  los  cerros.  Su-­ bimos   a   la   camioneta.   Por   la   ventanilla   puede   YHUVH HO &HUUR 7UXQFDGR VH OODPD DVt SRUTXH VXFLPDSDUHFHDSODVWDGDRLQFRPSOHWD TXHOH da  nombre  al  pueblo  y  pueden  verse  los  pozos   FRQSHWUyOHR/RVFDPLRQHVFDUJDQPiTXLQDV\ el  ruido  de  los  motores  se  impone  a  todo.  Hay   un  olor  parecido  al  de  los  talleres  mecĂĄnicos:  a   nafta,  grasa  y  aceite. â&#x20AC;&#x201D;Si   veo   algĂşn   animalito,   voy   a   cazar     ²DQXQFLD0DUWtQ 0H SUHJXQWR TXp PH GLIHUHQFLD GH XQ cazador.  He  venido  a  este  lugar  a  cazar  imĂĄge-­ nes,   intimidades,   recuerdos,   gestos,   silencios   y   frases   de   los   protagonistas   de   esta   historia.   Agazapado   y   acechante,   con   la   mirada   puesta   DGHVFXEULUHOPiVPtQLPRPRYLPLHQWREXVTXp hurgar  en  las  profundidades  de  la  memoria  de   &LQJRODQL\KDVWDSUREpSXQWHUtDSDUDFDSWXUDU los  sueĂąos  de  su  novia  Edith.   ²¢9HVDOJ~QDYHVWUX]"²SUHJXQWD0DUWtQ â&#x20AC;&#x201D;Por  ahora  no  â&#x20AC;&#x201D;le  respondo  y  echo  un   vistazo  al  paisaje  monĂłtono.  Todo  parece  pinta-­ do  por  la  mano  de  un  artista  aburrido.

²£$Kt YD XQR ²JULWD 0DUWtQ \ DFHOHUD por   el   camino   de   tierra.   Levanta   polvo   a   los   costados  y  al  frente.  Adelante,  a  unos  cincuenta   PHWURVXQDYHVWUX]FRUUHFRPRORKDUtDHO&R-­ rrecaminos  ante  la  embestida  del  Coyote.  Pero   ODFDPLRQHWDGH0DUWtQQRHVHOFR\RWHGHOGLEX-­ jito:  alcanza  al  avestruz.  El  cazador  y  su  presa   estĂĄn  a  pocos  pasos.  A  pocos  segundos.  El  aves-­ WUX] VH TXHGD TXLHWR (O PLHGR OR SDUDOL]D (O DQLPDOLWR LJQRUD TXH OH TXHGDQ GLH] VHJXQGRV GHYLGD/RTXHWDUGH0DUWtQHQIUHQDUOHYDQWDU HOULĂ&#x20AC;HGHVXVSLHUQDV\KDFHUSXQWHUtD3XP(O primer  tiro  da  en  el  ala  derecha.  El  avestruz  se   tambalea.  

MartĂ­n. El cuĂąado de Edith.

Toma uno. La caza del avestruz.

LA  HERIDA  SE  QUEJA  CON  SANGRE. 37


LA  HISTORIA  DE  LAS  GEMELAS ²<DHVWi²GLFH0DUWtQ6HEDMDFRUUHDO avestruz  unos  metros  y  lo  agarra  de  las  dos  pa-­ WDV/RWLUDHQODFDELQDGHODFDPLRQHWDTXHVH llena  de  sangre  y  plumas. ²$KtYDRWUR²GLFH0DUWtQ\DFHOHUDOD FDPLRQHWD² 6L QRV TXHGDPRV DWDVFDGRV DFi no  nos  saca  nadie.   /XHJRIUHQDVDFDHOULĂ&#x20AC;H\KDFHSXQWHUtD 'HEHUiVHUSUHFLVRSRUTXHOHTXHGDQFXDWURED-­ ODV'RVGDQHQHOFXHUSRGHXQDYHVWUX]2WUD OHSHUIRUDODSDWDDXQ]RUULWRTXHDKRUDVHHV-­ cabulle  por  los  pastizales.  La  cuarta  da  al  pie  de   un  cerro.   â&#x20AC;&#x201D;Esta  noche  vas  a  comer  corderito  pata-­ JyQLFR\DYHVWUX]²GLFH0DUWtQ Con  la  camioneta  llena,  ahora  me  lleva  a   XQOXJDUGRQGHKD\RWURVVHUHVTXHIXHURQFD-­ ]DGRV OD SHQLWHQFLDUtD$OOt PH HVSHUD &LQJR-­ lani  para  nuestro  segundo  encuentro.  En  la  sala   hay  ahora  una  mesa  de  ping-­pong  y  tres  mesas   RFXSDGDVFRQRWURVSUHVRVTXHUHFLEHQDVXVID-­ miliares.  Uno  de  ellos  toca  la  guitarra  para  su   HVSRVD\VXSHTXHxRKLMR Claudia  aparece  con  un  pan  casero  y  con   XQWXSSHUFRQODFDUQHTXHVREUyDQRFKH â&#x20AC;&#x201D;ÂżJugamos   al   ping-­pong?   â&#x20AC;&#x201D;pregunta   Cingolani. (GLWKOR DOLHQWD GHVGH XQ FRVWDGR DXQTXH DYHFHVKLQFKDSRUPtSDUDIDVWLGLDUDVXQRYLR &LQJRODQLPHFDHELHQ\DXQTXHODVSHULFLDVOR GHÂżQHQFRPRDOJXLHQSHOLJURVRFRQUDVJRVSVLFR-­ pĂĄticos,  me  parece  un  buen  tipo.  MĂĄs  allĂĄ  de  eso,   no  sĂŠ  si  estoy  jugando  al  ping-­pong  con  un  asesi-­ QRGHVSLDGDGRRFRQXQLQRFHQWHTXHHVWiSUHVR Cingolani   tiene   un   golpe   potente.   ÂŤSoy   FRPRORVFKLQRVÂŞEURPHD3HUROHJDQRHOSDU-­ tido  21  a  16.  Pide  revancha  inmediata.  Esta  vez   (GLWKVHTXHGDVHQWDGDFRQ&ODXGLD6RQWHVWL-­

JRVGHODSDOL]DTXHPHGD&LQJRODQL3DUHFLHUD TXHVXSDOHWDGLULJHODSHORWLWDDVXDQWRMR(Q uno  de  sus  remates  la  pelotita  fue  a  dar  a  la  ca-­ beza  de  Edith. â&#x20AC;&#x201D;Ahora  me  van  a  volver  a  acusar  de  gol-­ peador  â&#x20AC;&#x201D;dice  Cingolani. 'HVSXpV GH PL GHUURWD LQYLWR D SDVDU D (GLWK6HDFHUFDFRQWLPLGH]GLFHTXHHVPDOD jugadora.   Pero   a   los   pocos   segundos   me   gana   cuatro   a   cero.   Cingolani,   desde   un   costado,   se   UtH \ VH EXUOD GH PL SREUH FRPLHQ]R 5HSXQWR con  tiros  rĂĄpidos.  Trato  de  no  mirar  el  escote  de   (GLWKQLVXEHOODFDUDSRUTXHSRGUtDWHQHUSUR-­ blemas.  Y  me  pregunto  si  mi  mal  juego  se  debe  a   TXH&LQJRODQLPHLQWLPLGDRDTXHODEHOOH]DGH Edith  me  encandila.  Pero  dejo  de  pensar  en  eso   y  ahora  voy  ganando.  Edith  se  mueve  con  rapi-­ dez,  protesta  como  una  niĂąa  caprichosa  cuando   pega   mal   o   cuando   la   sorprendo   con   un   punto   preciso.  Vamos  17  a  14.  Luego  nos  ponemos  17   iguales  y  Cingolani  le  toca  la  cola  para  festejar,   SHURHOODVHLQFRPRGD\OHGLFHTXHODGHMHMXJDU WUDQTXLOD SRUTXH OD GHVFRQFHQWUD 7LHQH UD]yQ se   vuelve   a   dispersar   cuando   ĂŠl   la   abraza   o   le   GLFHFyPRPHMRUDUHOVDTXH0LWULXQIRHVLQDSH-­ ODEOHD4XHSDVHHOTXHVLJXH (OTXHVLJXHHV&LQJRODQL Mientras  jugamos  aprovecho  para  hacerle   preguntas.   â&#x20AC;&#x201D;ÂżTuviste   una   infancia   feliz?   â&#x20AC;&#x201D;le   digo   mientras  corro  de  un  costado  a  otro  ante  su  pe-­ loteo  insistente. ²6t$ Pt \ D PL KHUPDQD QR QRV IDOWy nada.   Mi   viejo   muriĂł   cuando   ĂŠramos   chicos.   7XYR XQ LQIDUWR < PL YLHMD WXYR TXH VDOLU D limpiar   casas   por   hora.   Claudia   fue   como   una   VHJXQGDPDGUHSDUDPt²UHVSRQGH&LQJRODQL TXHPHJDQDFLQFRDGRV

Toma dos. El avestruz cazado.

Regreso. A la cĂĄrcel de Pico Truncado.

PERSIGO  AL  AVESTRUZ  POR  TODA  LA  HABITACIĂ&#x201C;N  PARA  QUE  DESEMPOLVE  LOS  MUEBLES. 38


RODOLFO  PALACIOS Saco  y  le  pregunto  si  alguna  vez  pensĂł  en   irse  a  una  ciudad  grande. 9tFWRU &LQJRODQL UHVSRQGH FRQ XQ UHYpV cruzado  y  dice: â&#x20AC;&#x201D;El   pueblo   siempre   es   triste.   No   hay   nada  para  hacer.  No  cruzarte  con  alguien  en  un   SXHEORFKLFRVLJQLÂżFDQRVDOLUDODFDOOH Me  va  ganando  12  a  3.  El  partido  es  irre-­ montable.  En  la  mesa,  Edith  y  Claudia  juegan   DO/XGRPDWLF\WRPDQPDWHFRQEXGtQ1RKD\ JXDUGLDVDODYLVWDSHURPHFRQWDURQTXHYLJL-­ ODQSRUXQRVYHQWLOXFHVTXHGDQDOVDOyQ â&#x20AC;&#x201D;Mi   sueĂąo   es   construir   una   casa,   pasar   ODVYDFDFLRQHVHQHO3DUTXHGHOD&RVWDHQ7L-­ gre,  y  envejecer  con  Edith.  Y  jugar  con  nuestros   hijos:  hacer  muĂąecos  de  nieve  o  atar  unas  cajas   DODVELFLV\MXJDUDTXHHVXQWULQHRFRPR\R KDFtDGHSLEH El   partido   sigue   pero   yo   estoy   en   otra   FRVDD&LQJRODQLPHFXHQWDTXHVLHPSUH OHJXVWyHOULHVJRTXHFRUUtDSLFDGDV\TXHOOHJy a  ir  a  doscientos  kilĂłmetros  por  hora.  Una  vez   OHVDFyXQDIRWRDOYHORFtPHWURFRQHVHUHJLVWUR Fin  del  partido.  Me  gana  21  a  8.   ²£/HGLXQDSDOL]D²OHGLFHD(GLWK\OD abrazaâ&#x20AC;&#x201D;.  El  Remigio  va  a  soĂąar  con  esto.   â&#x20AC;&#x201D;Hablando   de   eso   â&#x20AC;&#x201D;intervengoâ&#x20AC;&#x201D;,   Âżtu-­ viste  mĂĄs  sueĂąos  interesantes?   â&#x20AC;&#x201D;ÂżLos  cuento?  â&#x20AC;&#x201D;le  pregunta  Cingolani  a   Edith,  buscando  su  aprobaciĂłn. Ella  lo  mira,  seria. â&#x20AC;&#x201D;ÂżPuedo  contarlos,  mi  amor?  â&#x20AC;&#x201D;insiste  Êl.   ²$ORVWX\RVFRQWDORV$ORVPtRVGHMi-­ los  donde  estĂĄn,  bien  guardaditos. (GLWKVRQUtHFRQXQDUDUDGXO]XUD&LQJR-­ lani  habla: ²$QRFKH RWUD YH] VRxp TXH HVWiEDPRV con  la  Edith  juntitos,  en  la  playa  de  Las  Gru-­

Cingolani  me  cae   bien  y  aunque  las   SHULFLDVORGH¿QHQ como  alguien   peligroso  con  rasgos   psicopåticos,  me   parece  un  buen  tipo.   Mås  allå  de  eso,  no   sÊ  si  estoy  jugando   al  ping-­pong  con  un   asesino  despiadado  o   con  un  inocente  que   estå  preso.

La pareja. El amor en dĂ­as de visita.

Ă&#x161;ltima mirada. Edith Casas.

ES  USTED  UN  PĂ&#x2030;SIMO  ASESINO:  PARECE  UN  ASESINO. 39


LA  HISTORIA  DE  LAS  GEMELAS WDV ¢6DEtDV TXH WHQHPRV ODV DOLDQ]DV" /DV FRPSUpFRQORVEDQTXLWRV\PHVLWDVTXHIDEUL-­ TXp\YHQGt<WRPDPRVODGHFLVLyQGHFDVDUQRV HOFDWRUFHGHIHEUHURHO'tDGHORV(QDPRUDGRV Yo  me  voy  a  poner  un  traje  azul  y  Edith  un  ves-­ WLGRFRUWRTXHQRTXLHURYHUSRUTXHWUDHVXHUWH 'HVSXpVGHGDUHOVtHQHO5HJLVWUR&LYLOYDPRV DWHQHUQXHVWUDYLVLWDtQWLPDHQODFiUFHO1XHV-­ WUDOXQDGHPLHO+D\PHGLRVTXHTXLHUHQFRP-­ prar  la  exclusividad  del  casorio,  pero  eso  no  se   negocia.  No  somos  famosos  de  la  revista  Caras. (OGtDGHOFDVDPLHQWRpOHVWDUiGHWUDMH\ corbata,  y  ella  llevarĂĄ  un  vestido  corto,  fucsia,   pegado   al   cuerpo.   Su   belleza   â&#x20AC;&#x201D;y   el   escĂĄnda-­ ORGHODFHUHPRQLD²VHUiQWDQQRWDEOHVTXHOD revista   Playboy   incluso   pensarĂĄ   en   hacer   con   Edith  una  sesiĂłn  de  fotos.  Pero  ahora  ninguno   de  los  novios  imagina  un  futuro  semejante.   Al  salir  por  el  pasillo  angosto  miro  a  tra-­ vĂŠs  de  uno  de  los  ventiluces  para  tener  la  pers-­ SHFWLYD GH ORV JXDUGLDV (O TXH HOLMR SDUD YHU KDFLDHOVDOyQHVMXVWRHOTXHPXHVWUDD&LQJR-­ lani   y   Edith.   Ellos   no   pueden   verme.   Pero   yo   VtHVWiQDEUD]DGRV\VHEHVDQFRQSDVLyQ&RQ HVRVEHVRVTXHVHYHQHQODVSHOtFXODVURPiQWL-­ cas,  pero  no  en  las  cĂĄrceles. VPLFXDUWRGtDHQ3LFR7UXQFDGR<DQRPH VLHQWRREVHUYDGRSRUWRGRVDXQTXHPDQWHQ-­ JRXQSRGHUTXHPHKDFHGLVWLQWRDORVSREODGR-­ res:  mis  secretos,  a  diferencia  de  los  suyos,  estĂĄn   resguardados.  Mantener  un  secreto  en  un  pueblo   ŠHVHPRQVWUXRGHPLOFDEH]DVÂŞFRPRGHFtDHO poeta  Alexander  Pope),  es  casi  imposible.   Todos,   en   Pico   Truncado,   hablan   del   ro-­ PDQFHTXHFRQPXHYHDOSDtV â&#x20AC;&#x201D;La  piba  estĂĄ  loca  â&#x20AC;&#x201D;dice  un  remisero.

²3DUDPtTXHTXLHUHYHQJDUVHSHURKXELH-­ VHHOHJLGRRWURFDPLQR²GLFH0DUWKDNLRVTXH-­ ra,  acostumbrada  a  las  telenovelas  de  la  tarde. â&#x20AC;&#x201D;El  tipo  anduvo  con  todas  las  minas  del   SXHEOR1RVpTXpOHYHQ'HEHVHUXQWRURHQOD cama  â&#x20AC;&#x201D;arriesga  Mario,  mozo. Mientras  los  pobladores  hablan  y  esperan   HOQXHYRFDStWXORGHOFXOHEUyQ0DUFHOLQDYXHO-­ ve  a  recibirme  en  su  casa. â&#x20AC;&#x201D;Si   se   casan,   serĂĄ   como   otro   crimen     â&#x20AC;&#x201D;reitera,  como  la  primera  vezâ&#x20AC;&#x201D;.  Como  si  me   hubiesen  matado  otro  hijo.     â&#x20AC;&#x201D;ÂżUsted   desde   un   comienzo   aceptĂł   la   relaciĂłn? â&#x20AC;&#x201D;Cuando  Johana  empezĂł  a  salir  con  Cin-­ JRODQLWHQtDTXLQFHDxRV)XHHQ$XWRULFp HOQRYLD]JRSRUTXHHUDPHMRUHVRDQWHVGHTXH vagara  por  la  calle. â&#x20AC;&#x201D;ÂżFue  testigo  de  algĂşn  tipo  de  maltrato? ²8QDYH]DFiXQGtDURPSLyXQYLGULRGH la   ventana.   TirĂł   una   piĂąa   a   Johana   y   la   mano   SDVyGHODUJR(OODQRTXHUtDVDEHUQDGDFRQpO <(GLWKVLHPSUHQRVGLMRTXH&LQJRODQLODKDEtD REOLJDGRDVDOLUFRQpOTXHODWHQtDDPHQD]DGD /HGLMRTXHVLQRHUDVXQRYLDpOLEDDPDWDUDVX familia  o  prendernos  fuego  la  casa.  Por  eso  no   volviĂł  a  acusarlo.  A  Johana  le  pegaba  y  a  Edith   WDPELpQ$QWHVGHTXHDSDUHFLHUD&LQJRODQLHQ sus   vidas,   mis   hijas   eran   inseparables.   Johana   era  mĂĄs  gordita,  mĂĄs  comunicativa  y  mĂĄs  cari-­ xRVD'HFKLTXLWDVODVYHVWtDLJXDO 0DUFHOLQDFXHQWDTXHODSULPHUDHQQDFHU IXH (GLWK$ ORV TXLQFH PLQXWRV OOHJy -RKDQD Jugaban   mucho   entre   ellas   y   la   comunicaciĂłn   era   especial.   Si   a   una   le   pasaba   algo,   dice   su   PDGUHODRWUDORSUHVHQWtD ²/D~OWLPDYH]TXHODYLD(GLWKPHVD-­ ludĂł  desde  la  puerta.  Estaba  vestida  de  negro.  

Vecinos. Gente de Pico Truncado.

Madre. La sombra de Marcelina.

E

I  WANT  TO  BREAK  FREE  (QUIERO  ROMPER  COSAS  LIBREMENTE). 40


RODOLFO  PALACIOS Š&KDXPDPLÂŞPHGLMR\OHYDQWyODPDQR0H impresionĂł.  Era  Johanita.   Marcelina  llora.  En  este  lugar  hay  dos  pie-­ ]DVYDFtDVODGH(GLWK\ODGH-RKDQD/DFDVD TXHGyUHGXFLGDDOOLYLQJDODFRFLQD\DOGRUPL-­ torio  principal.     $QWHVGHLUPHOHUHFXHUGRTXHHQPLSUL-­ PHUDYLVLWDPHKDEtDKDEODGRGHXQVXHxRKR-­ UUHQGRTXHQRKDEtDOOHJDGRDFRQWDUPH(VWDYH] lo  revela  con  todos  los  detalles,  sentada  frente  a   una  mesa,  con  las  manos  entrelazadas  y  los  ojos   entreabiertos,  como  si  estuviera  en  trance.   â&#x20AC;&#x201D;Edith  y  Johana  estĂĄn  en  la  misma  cama.   9HVWLGDVLJXDO'HUHSHQWH&LQJRODQLVHWUDQV-­ forma   en   un   monstruo   y   golpea   a   Johana   y   la   mata.  Y  Edith,  atemorizada,  no  hace  nada.  Solo   mira.   Cingolani   descuartiza   a   su   hermana,   la   pone  adentro  de  una  olla  grande  y  se  va  de  la   FDVD(GLWKTXHGDLQPRYLOL]DGD3LHQVRTXHHQ ODYLGDUHDOSDVDHVR(GLWKHVWiKDFLHQGRORTXH QRTXLHUHKDFHU/RTXHOHREOLJDQDKDFHU/D pobre   estĂĄ   loca.   Johana   estĂĄ   muy   enojada   con   su   hermana.   Edith   se   burlĂł   en   vida   de   ella   y   ahora  de  muerta.  Es  una  doble  traiciĂłn. Marcelina   habla   de   su   hija   asesinada   en   presente. Un  rato  despuĂŠs  me  despido  de  ella  y  voy   caminando  hacia  la  plaza.  En  la  puerta  del  ca-­ sino  hay  un  hombre  parado  como  una  estatua.   Es  enjuto  y  tiene  pelo  corto,  barba  rala,  mirada   KXLGL]D\XQDYHVWLPHQWDD~QPiVOODPDWLYDTXH sus  gestos  aparatosos.  A  ese  hombrecito  todos   ORFRQRFHQFRPR7DWiHVHOORFRRÂżFLDOGHOSXH-­ blo.  Luce  corbata,  saco,  pantalĂłn  de  vestir  y  una   camisa  con  estampados  chillones  con  forma  de   SHTXHxRVUD\RV7DWiWLHQHODPHQWHGHXQQLxR de  ocho  aĂąos,  el  vocabulario  de  uno  de  tres  y  el   cuerpo  de  un  hombre  de  cuarenta.  

No  creo  haber  visto  un  loco  de  pueblo  tan   peculiar.  A  mi  memoria  vienen  otros  persona-­ MHVLQVyOLWRVTXHFRQRFtVHUHVTXHKDELWDQRWUR pliego   de   la   realidad.   Recuerdo   al   ÂŤhombre   FDFKHWDGDÂŞ/RGHVFXEUtXQDPDxDQDHQ&RQV-­ WLWXFLyQ HQ XQD HVTXLQD DJD]DSDGR FRPR XQ SHUURUDELRVR'HFDGDGRVRWUHVSHUVRQDVTXH SDVDEDQSRUHVHOXJDUXQDGHHOODVUHFLEtDXQD FDFKHWDGDVRUSUHVLYDHLQMXVWLÂżFDGD8QDYH]OR observĂŠ  durante  poco  mĂĄs  de  una  hora,  como  si   estuviese  ante  un  nĂşmero  de  circo  o  en  el  me-­ dio  de  un  episodio  de  /RVWUHVFKLĂ&#x20AC;DGRV.  TratĂŠ   GHDGLYLQDUSDUDPLVDGHQWURVTXLpQVHVDOYDUtD GHO JROSH \ TXLpQ QR +RPEUHV PXMHUHV DQ-­ FLDQRV\KDVWDQLxRVSRGtDQFDHUHQODWUDPSD FRQIRUPDGHPDQRDELHUWDTXHHOORFROHVWHQtD preparada. Pero   TatĂĄ   es   Ăşnico.   Es   una   especie   de   camaleĂłn,   como   Zelig,   la   criatura   de   Woody   $OOHQ TXH PXWDED FRQ VX DOUHGHGRU +D\ GtDV HQORVTXH7DWiVHYLVWHFRPRXQSROLFtD\GH-­ WLHQH DO TXH QR OR VDOXGD$ YHFHV VH FDO]D HO uniforme  de  bombero  y  apaga  incendios  imagi-­ narios.  Una  noche  lo  vieron  vestido  de  ladrĂłn:   con  antifaz  y  una  pistola  de  juguete,  simulando   esconder  un  tesoro  bajo  una  baldosa.   â&#x20AC;&#x201D;El  pueblo  se  encariùó  con  TatĂĄ.  Es  una   atracciĂłn.  Entre  todos  le  damos  disfraces  para   TXH VH SRQJD 8QD YH] VH GLVIUD]y GH JHUHQWH GHO FDVLQR ÂŁ3RGpV FUHHU TXH QR WH GDED EROD â&#x20AC;&#x201D;cuenta  Margot  SĂĄez,  una  vecina. TatĂĄ  es  una  celebridad:  los  jĂłvenes  le  con-­ vidan  cerveza  y  Êl  toma  del  pico  de  la  botella.   A  veces,  cuando  ve  una  chica  linda,  saca  un  te-­ OpIRQR FHOXODU TXH QR DQGD \ ÂżQJH KDEODU FRQ una  mujer: â&#x20AC;&#x201D;Mamor   tamo,   tamo   mamor.   Mua   mua   PXDWHTXHURPXWR0XWtVLPR

Vistas. El pueblo, la plaza.

TatĂĄ. El mĂĄs querido del pueblo.

SE  LLAMA  LOCO  A  CUALQUIER  DESENFADADO. 41


LA  HISTORIA  DE  LAS  GEMELAS sa.   Una   de   ellas   fue   la   de   la   perito  Alejandra   $]SLUR]TXLHQGHFODUyHQHOMXLFLRTXHHQORV H[iPHQHV&LQJRODQLKDEtDGLEXMDGRXQD¿JXUD con  una  raya  en  el  pecho,  justo  a  la  altura  donde   -RKDQDKDEtDUHFLELGRORVEDOD]RVŠ1ROHLP-­ SRUWDTXHVXVQRYLDVVLPXOWiQHDVVHDQJHPHODV por  su  modalidad  cuasi  incestuosa,  pero  ellas  se   pelean   por   Êl   como   salida   a   una   triangulación   HGtSLFDªHVFULELy$VSLUR]HQVXLQIRUPH Pero   Edith   y   Cingolani   no   le   dieron   im-­ portancia.  Ignoran  el  mito  de  Edipo  y  descono-­ FHQODVWHRUtDVGH)UHXG

¿Ves  que  estå   poseída?, bromea  Claudia seùalando  a  Edith.   Š/DPDGUHDO¿QDO tiene  razón.

Le  saco  una  foto  y  posa  con  gusto.   ²¢'HTXpVHGLVIUD]y7DWi"²OHSUHJXQWR ²'H7DWiGH7DWiEHQR²PHUHVSRQGH Mås   tarde,   cuando   le   diga   sobre   mi   en-­ cuentro   con  Tatå,   Edith   me   contarå   la   historia   GHOORFR'HWUiVGHORSLQWRUHVFR\ORPRQVWUXR-­ so  suele  ocultarse  lo  trågico: ²(O SREUH TXHGy WRQWLWR SRU ODV SDOL]DV TXHOHGDEDHOSDGUHFXDQGRHUDFKLFR²GLUi Las   vueltas   de   la   vida,   ahora   Edith   es   vista  por  algunos  como  la  loca  del  pueblo.  Su   PDGUHODYHDVt<QRVRORHOOD0XFKRVQRVH explican   cómo   puede   Edith   estar   noviando   con  el  hombre  condenado  por  el  crimen  de  su   hermana.   TÊcnicamente,   sin   embargo,   Edith   HVWi HQ VXV FDEDOHV$ WDO SXQWR TXH ODV SHUL-­ cias  psicológicas  autorizaron  la  boda  con  Cin-­ JRODQL SRUTXH (GLWK ŠQR SUHVHQWD GLVIXQFLyQ SVLFROyJLFD R PHQWDO TXH OH LPSLGD FRQWUDHU PDWULPRQLRª &LQJRODQL \ (GLWK VH UtHQ GH WRGDV ODV FRQFOXVLRQHVSVLFROyJLFDVTXHKXERHQODFDX-­

1RFKHĂ°QDOEl corderito patagĂłnico.

E

sta  noche  tengo  un  plan.  Soy  uno  de  los  in-­ YLWDGRVDOFXPSOHDxRVGH0DUWtQHOPDULGR de   Claudia,   el   cuĂąado   de   Cingolani.   MaĂąana   volverĂŠ  a  Buenos  Aires.  La  despedida  no  pue-­ de  ser  mejor:  Fernet  con  Coca  Cola  y  corderito   patagĂłnico.   El   agasajado   trabaja   en   el   fogĂłn,   transpirado  por  el  fuego.   â&#x20AC;&#x201D;TomĂĄ,   vas   a   ser   el   primero   en   probar-­ ORSRUTXHIXLVWHPLDVLVWHQWH²GLFH\PHGDD probar   un   pedazo   de   avestruz   pinchado   en   un   tenedor.  El  sabor  es  delicioso.  Ya  no  siento  cul-­ SDSRUODFDFHUtDGHHVWDPDxDQD (Q HO TXLQFKR KD\ RWURV LQYLWDGRV &ULV-­ WLQDODPDGUHGH9tFWRU\&ODXGLDHOSDGUHGH 0DUWtQXQJUXSRGHYHFLQRV HQWUHHOORV0DU-­ got,   Miguel   y   sus   hijas   mellizas)   y   amigos   de   sus   hijos.   Edith   y   Claudia   limpian   los   vidrios   GHXQDSXHUWDFRUUHGL]DTXHFRQGXFHDOOLYLQJ ²'DOH(GLWKOXVWUiELHQ'DOH1RVHUYtV para   nada.   Si   no   limpiĂĄs,   no   comĂŠs   â&#x20AC;&#x201D;bromea   &ODXGLD/XHJRDJUHJD²3RQpHQODQRWDTXH ODWHQHPRVVHFXHVWUDGDTXHODREOLJDPRVDHV-­ WDUDFi\OHGHFLPRVORTXHWLHQHTXHKDEODU (GLWKVHUtH

Claudia. La torta de cumpleaĂąos.

TE  INVITO  A  MI  FIESTITA.  LA  CITA  ES  DE  17:00  A  17:03. 42


RODOLFO  PALACIOS $XQTXH KD\ RWURV OXJDUHV OD JHPHOD VH VLHQWDDOODGRPtR6pTXHPHIDOWDQSUHJXQWDV por  hacerle  y  esta  es  mi  última  noche  en  el  pue-­ blo.  Ahora  ella  y  Claudia  me  muestran  mĂĄs  fo-­ tos.  Miramos  cuatro  ålbumes  de  la  infancia  de   Cingolani.  Edith  mira  las  fotos  fascinada. ²£4XpOLQGR²H[FODPDFXDQGRYHXQD imagen  de  su  novio  cuando  era  bebĂŠ.   Cingolani   aparece   en   distintas   situacio-­ nes,   muchas   veces   al   lado   de   su   hermana:   en   OD FXQD GXUDQWH VX SULPHU EDxR HQ HO MDUGtQ como  abanderado,  en  la  primaria,  en  la  secun-­ daria,   jugando   un   partido   de   fĂştbol,   de   viaje,   acampando   en   los   cerros,   como   parte   de   un   JUXSRGHJHQGDUPHUtDMXYHQLO ORGHMyGHVSXpV de  un  aĂąo),  en  cumpleaĂąos  (con  globos,  tortas,   JXLUQDOGDV \ DÂżFKHV GH 0LFNH\ \ HO 3DWR 'R-­ QDOG \HQÂżHVWDVGHÂżQGHDxR'HWRGDVHOODV KD\XQDIRWRTXHPHOODPDODDWHQFLyQ&LQJR-­ lani  estĂĄ  en  un  acto  infantil  sobre  un  escenario.   Tanto  Êl  como  sus  compaĂąeros  estĂĄn  disfraza-­ dos   de   cowboys   y   llevan   pistolas   de   juguete.   Todos  agarran  las  pistolas  con  una  mano,  salvo   &LQJRODQL TXH OD HPSXxD FRQ ODV GRV 6HJ~Q los  detectives,  Cingolani  agarrĂł  el  arma  con  las   GRV PDQRV GH OD PLVPD PDQHUD HQ OD TXH OR hace  en  esa  foto  de  su  infancia. ²1L VXHxHV TXH WH YDV D TXHGDU FRQ DO-­ guna   foto   â&#x20AC;&#x201D;le   advierte   Cristina,   la   madre   de   Cingolani,  a  Edith. Edith  la  provoca  en  chiste:  saca  dos  fotos   y  se  las  pone  en  el  escote.   A   los   pocos   minutos,   las   fotos   desapare-­ FHQ&ULVWLQDFDVLGHVHVSHUDGDSUHJXQWDTXLpQ las   tiene.   Fue   Edith,   le   dice   Claudia.   Pero   es   broma.  Las  fotos  estĂĄn  guardadas  en  un  cajĂłn   GHODFDVD&ULVWLQDODVUHFXSHUD6RQPtDVGLFH Edith  pone  cara  de  mala.  

²¢9HVTXHHVWiSRVHtGD"²EURPHD&ODX-­ GLD²/DPDGUHDO¿QDOWLHQHUD]yQ ²6LGHVFXEULHUDVTXH9tFWRUODPDWy¢VH-­ JXLUtDVFRQpO"²SUHJXQWR ²(VRQRYDDSDVDUSRUTXHpOQRIXH<R tambiÊn  creo  en  Êl.  Y  demasiadas  cosas  me  hi-­ FLHURQYHUTXHpOQRHVFXOSDEOH8QRQRSXHGH KDFHUVHFDUJRGHORTXHQRKL]R ²3HURDQWHODMXVWLFLDGHFODUDVWHTXHpOWH SHJDEDDYRV\D-RKDQDTXHXQDYH]WXYRVH[R FRQYRVSRUODIXHU]D\TXHSDUDYRVKDEtDWHQL-­ GRTXHYHUFRQHOFULPHQ ²(VRORGLMHSRUTXHPLSDSiPHSUHVLR-­ Qy<VHQWtTXHVLQRORKDFtDLEDQDSHQVDUTXH QRTXHUtDTXHVHVXSLHUDTXLpQKDEtDPDWDGRD mi  hermana.   Edith   toma   cerveza,   ensimismada.   En   la   mesa  se  cuentan  chistes,  se  discute  sobre  fútbol,   y  la  madre  de  Cingolani  habla  de  su  fanatismo   SRU ODV PRWRV +RQGD \ GHVDItD D XQ VREULQR adolescente  a  correr  una  picada.   (GLWKYDFtDHOYDVRVHVLUYHPiV\GHFLGH revelarme  sus  últimos  sueùos.   ²&UHRHQORVVXHxRVSRUTXHQRPLHQWHQ ²GLFHSRUOREDMR(GLWKDGYLHUWHTXHDYHFHV VRQWDQQtWLGRVTXHORVYLYHFRPRVLKXELHVHQ RFXUULGR$TXtYDQWUHVGHHOORV $OSULPHUVXHxROROODPDUHPRVŠHOLQWUXVRª ²0DUFRV'tD]DSDUHFHSRUODYHQWDQDGH la  casa  de  mi  mamå  y  mira  hacia  adentro.  Estå   vestido  a  rayas  negras  y  blancas.  Cuando  noso-­ tras  salimos  Êl  se  esconde. (O VHJXQGR VXHxR SRGUtD WLWXODUVH ŠOD OL-­ EHUWDGª ²$SDUHFH9tFWRUHQHOMX]JDGRURGHDGR GHSROLFtDV3DVDPHPLUD\PHVRQUtHSRUTXH YDDTXHGDUOLEUH0LSDGUHHVWiVHQWDGRHQXQ banco  y,  al  verlo  pasar,  baja  la  vista.  El  sueùo  

Costumbre. Foto escolar de Cingolani.

Fin. El acusado y la hermana de la vĂ­ctima.

HERIDO  POR  UNA  MIRADA  PERDIDA. 43


LA  HISTORIA  DE  LAS  GEMELAS PHJXVWDSRUTXHXQDYH]QRVPLUDPRVDVtFRQ 9tFWRU1HYDED\DpOVHOROOHYDEDQHVSRVDGR en  un  patrullero.   (OWHUFHUVXHxRVHOODPDŠORVYHVWLGRVÂŞ\ (GLWKVHORFRQWyDODSVLFyORJDTXHODH[DPLQy para  ver  si  estaba  en  condiciones  mentales  para   casarse:   â&#x20AC;&#x201D;Yo  estoy  con  un  vestido  de  novia  blanco   y  largo,  mi  hermana  usa  otro  mĂĄs  corto  y  Clau-­ GLDXQRGLVWLQWR$PtPHJXVWDHOGH&ODXGLDD &ODXGLDHOGHPLKHUPDQD\DPLKHUPDQDHOPtR Edith  me  mira. ²/RLPSRUWDQWHHVTXHWRGRORTXHVXHxR se  cumple.   (VRGLFH(GLWKTXHQRHVWiERUUDFKD+D tomado  menos  de  dos  vasos  de  cerveza.   ²8QDYH]VRxpTXHDOPDULGRGHPLPDPi le  pasaba  algo  malo.  EstĂĄbamos  en  una  sala  de   hospital,   todos   preocupados,   como   esperando   XQPLODJUR$ORWURGtDPHHQWHUpGHTXHKDEtD tenido  un  infarto.  Por  suerte  sobreviviĂł.  Tengo   sueĂąos  profĂŠticos.  No  fallo. Ahora,  en  esta  noche  relajada,  Edith,  va  a   FRQIHVDUPHVX~OWLPRVXHxR'HXQHTXLSRGH mĂşsica  suena  una  canciĂłn  de  Pepo  Lara,  el  can-­ tante  de  cumbia  favorito  de  Edith.  Pero  ella  casi   no  le  presta  atenciĂłn.  Estamos  alejados  del  res-­ WRHQODSXQWDGHODPHVD\FXDOTXLHUDTXHQRV YHD SRGUtD SHQVDU TXH QRV FRQRFHPRV GHVGH hace  tiempo.  El  resto  de  la  gente  aplaude  al  asa-­ dor,  y  en  un  rato  vendrĂĄ  la  torta  de  cumpleaĂąos   decorada  con  un  dibujo  de  Claudia  en  bikini,  en   KRQRUD0DUWtQ(GLWKVHDFHUFDDPLRtGRSDUD hablarme,  pero  en  ese  momento  una  de  las  hijas   mellizas  de  Margot  â&#x20AC;&#x201D;amiga  de  Claudiaâ&#x20AC;&#x201D;,  me   mira,  me  hace  un  corte  de  manga,  me  dedica  un   IXFN\RX\VHUtHDFDUFDMDGDV7LHQHSUREOHPDV GHDSUHQGL]DMHSRUTXHDOQDFHUIXHDVÂż[LDGDSRU

el   cordĂłn   umbilical   de   su   melliza,   me   explica   su  madre.  Pero  yo  hago  un  gesto  comprensivo   \PHQRUVRORPHLPSRUWDORTXH(GLWKYDDUH-­ velarme  ahora: ²6RxpFRQYRV²GLFH\VHTXHGDHQVL-­ OHQFLR(VWiVHULDFRPRVLWXYLHUDTXHGHFLUPH algo  malo.   Claudia  se  acerca  y  mira  atenta.   ²¢4XpVRxDVWH"²TXLHURVDEHU ²6RxpTXHVHFDtDHODYLyQTXHWHQpVTXH WRPDU PDxDQD 9RV FDtDV DO PDU 3HUR HUDV HO Ăşnico  sobreviviente. ²$KEXHQR0HTXHGRWUDQTXLOR ²1RSHURDOUDWRWHSUHQGtDVIXHJR\PR-­ UtDVFDOFLQDGR 0HUtRSHURHOODVLJXHVHULD ²+LFHPDOHQGHFtUWHORÂŁ4XpFDVXDOLGDG $VtPRUtDV²GLFH\VHxDODODSDQWDOODGHOWHOH-­ YLVRUGDQODSHOtFXODDestino  Final  2  y  justo  se   YHXQDHVFHQDGDQWHVFDXQKRPEUHFDHDOYDFtR prendido  fuego. ²¢3DUDTXpVHORGLMLVWH"²ODUHWD&ODXGLD Edith  la  mira  con  falsa  inocencia. â&#x20AC;&#x201D;Se  me  escapĂł  â&#x20AC;&#x201D;dice,  risueĂąaâ&#x20AC;&#x201D;.  Igual   estĂĄs  a  tiempo. ²¢$WLHPSRGHTXp" ²'HYLDMDUHQPLFUR7DUGDXQGtDSHUR llegĂĄs  vivo. /R FRQÂżHVR VR\ IyELFR D PXFKDV FRVDV (QWUHHOODVDYLDMDUHQDYLyQ6pTXHHVXQPH-­ GLR VHJXUR \ TXH ODV SUREDELOLGDGHV GH PRULU estrellado  son  1,4  en  un  millĂłn,  segĂşn  las  esta-­ GtVWLFDVGH%RHLQJ6LHPSUHTXHYXHORPHSUH-­ gunto   si   formarĂŠ   parte   de   ese   malogrado   1,4.   Edith  acaba  de  meter  el  dedo  en  la  llaga.  Ahora   tengo  miedo  de  volar. ²9DVDTXHGDUFRPRHOSXHEORWUXQFDGR ²EURPHD&ODXGLD(GLWKVHUtH

Los tres. VĂ­ctor Cingolani, el autor de la crĂłnica y Edith Casas.

NO  SĂ&#x2030;  DE  ESO  DE  SUBIRSE  A  UN  AVIĂ&#x201C;N,  YO  PREFIERO  ENTRAR. 44


RODOLFO  PALACIOS Claudia   Cingolani   parece   encendida   con   su  humor  negro: ²0HSDUHFHTXHYDPRVDWHQHUXQDERGD \XQYHORULR4XHGiWHWUDQTXLORTXHWHYDPRVD hacer  un  homenaje. <DHVODKRUDGHGHVSHGLUVH'HERLUPHD descansar   unas   horas   antes   del   viaje   y   supon-­ JRTXH(GLWKGHEHTXHUHULUDHQFRQWUDUVHFRQ sus  sueùos  profÊticos.  Ahora  se  hace  seùas  con   Claudia.   Se   van   y   enseguida   aparecen   con   un   UHJDOR TXH TXLHUHQ GDUPH HV XQ UHYLVWHUR GH madera   hecho   por   Cingolani.  Agradezco   y   las   abrazo.   Salgo  a  la  calle  y  la  oscuridad  es  un  telón   TXHFXEUH3LFR7UXQFDGR&DPLQRKDFLDODHV-­ TXLQD (GLWK \ &ODXGLD HVWiQ HQ OD SXHUWD 0H VDOXGDQ FRQ OD PDQR$ OR OHMRV HVFXFKR TXH Edith  me  grita:   ²£5HYDJLR£/RGHOVXHxRORLQYHQWp£(O DYLyQ QR VH YD D FDHU £7H YDPRV D LQYLWDU DO casamiento! Mi   paranoia   no   ayuda.   No   sÊ   si   dice   la   YHUGDGRVLTXLHUHWUDQTXLOL]DUPH7DPSRFRVp SRUTXpOHGR\WDQWDLPSRUWDQFLDDXQVXHxR<D es  tarde:  temo  subirme  al  avión.  Si  su  sueùo  se   FXPSOH FRPR VH FXPSOLHURQ ORV RWURV TXLHUH GHFLU TXH WHQJR DSHQDV GLH] KRUDV SDUD FRQWDU esta  historia.

L

OHJDHOGtDGHYROYHUD%XHQRV$LUHV6XER al  avión  y  el  despegue  es  normal.  En  las  dos   KRUDVTXHGXUDHOYXHORVLHQWRQHUYLRVLVPR3HUR YR\JDQDQGRFRQ¿DQ]D\VHJXULGDGFRQIRUPHHO viaje  termina  y  empiezan  a  verse,  desde  las  al-­ turas,  las  luces  de  la  ciudad.  Parecen  luciÊrna-­ JDVª SLHQVR \ PH UHODMR 3HUR PH HTXLYRFR DO cantar  victoria:  al  aterrizar,  el  avión  golpea  con   ODSLVWDDQWHVGHWLHPSR6HQWLPRVHOWUDTXHWHR Agarrados   a   los   apoyabrazos,   dos   hombres   se   SUHJXQWDQ TXp KDEUi SDVDGR SRU TXp HO SLORWR hizo  esa  mala  maniobra.  En  el  medio  de  la  in-­ FHUWLGXPEUH OOHJDPRV DO ¿QDO GH OD SLVWD 1RV detenemos.  Unos  diez  aplaudimos  y  yo  aplaudo   PiVTXHWRGRV$SODXGRFRPRTXLHQDSODXGHD UDELDU\GHSLHDODUWLVWDTXHEULOOD\GHMDODYLGD sobre  un  escenario.  En  el  avión  solo  se  escuchan   PLVDSODXVRVGHVDIRUDGRV/RVQHQHVUtHQ/RV grandes  me  miran  como  si  fuera  un  maniåtico.   No  me  importa.  No  tengo  fuerzas  para  explicar-­ les  todo.  Respiro  aliviado  y  al  mismo  tiempo  me   invade   la   ansiedad.   Me   saco   el   cinturón   y   me   paro.  Una  azafata  me  llama  la  atención.  Siento   el  impulso  de  contarle  la  historia  de  las  gemelas,   pero  no  hay  tiempo.  Busco  mi  telÊfono.  Ni  bien   ORSHUPLWDQYR\DOODPDUD(GLWKSDUDGHFLUOHTXH OOHJXpVDQR\VDOYR$GHPiVFRQ¿HVRQRYHR ODKRUDGHTXHPHFXHQWHVXVXHxRGHDQRFKH[  

GLOSARIO DE TĂ&#x2030;RMINOS Y PERSONAS Celular: TelĂŠfono mĂłvil. Cinta scotch: Cinta adhesiva. Cheto: Palabra que, en Argentina, designa a la gente VIP. Correr picadas: Forma clandestina e ilegal de correr carreras en centros urbanos o cerca de ellos. ConstituciĂłn: Barrio de la ciudad de Buenos Aires. Dermonitrotest: 7Y\LIHKLWHYHĂ&#x201E;UH que determina si existen restos de pĂłlvora en un lugar determinado. Difunta Correa: Figura mĂ­tica en Argentina y Chile. En la provincia de San Juan hay un santuario que es visitado por miles de peregrinos. Echarri, Pablo: (Buenos Aires, 1968) Actor y productor argentino. Gauchito Gil: Figura religiosa que en Argentina genera devociĂłn popular. GomĂłn: EmbarcaciĂłn de caucho, PUĂ&#x2026;HISLJVU\UTV[VYM\LYHKL borda. ZĂłdiac. Jogging: Ropa deportiva. En

EspaĂąa, ÂŤchĂĄndalÂť. Los del Fuego: Grupo argentino de cumbia. /RVWUHVFKLĂąDGRV Grupo cĂłmico estadounidense. Actuaron desde 1922 hasta 1970. Ludomatic: Juego de mesa similar al ParchĂ­s. Maimo, Osvaldo: Actual intendente de la localidad de Pico Truncado, provincia de Santa Cruz. Mattioli, Leonardo Guillermo: (Santa Fe, 1972- Buenos Aires, 2011) MĂĄs conocido como Leo Mattioli, fue un cantante de cumbia argentino. Pajarito: Bebida alcohĂłlica que se obtiene con frutas fermentadas, levadura, agua de arroz y azĂşcar. Se elabora de manera clandestina en las cĂĄrceles. Parque de la Costa: Parque de diversiones ubicado en la localidad de Tigre, Buenos Aires.

Patovica: Manera argentina de llamar al personal de seguridad. Pico Truncado: Ciudad petrolera ubicada en el norte de la provincia de Santa Cruz, Argentina. Quena: Instrumento de viento utilizado entre los habitantes de los Andes centrales. Regazzoni, Carlos: (Chubut, 1943) Artista, escultor y pintor argentino. Remera: Camiseta. Remisero: Conductor de un ÂŤremĂ­sÂť, que es un servicio de transporte pĂşblico similar al taxi. ResistirĂŠ: Telenovela argentina estrenada en 2003, protagonizada por Pablo Echarri y Celeste Cid. Tigre: Ciudad de la provincia de Buenos Aires. Tirar una piĂąa: Dar un golpe. Trompada, puĂąetazo. Vena, FabiĂĄn: (Buenos Aires, 1968) Actor de televisiĂłn, teatro y cine argentino.

TENGO  UNA  LEVE  SOSPECHA  FLOTANDO  EN  EL  AIRE. 45


SOBREMESA

COMO DOS GOTAS DE AGUA

D

ice un estudio muy serio... —le digo. —¿Es una teoría tuya, no? —me interrumpe Chiri. —Más o menos... Pero si empiezo diciendo que es un estudio serio me prestás más atención. —¿Qué dice el estudio? —Que si ponen adelante tuyo a un ser humano idéntico, a un gemelo absoluto, y los encierran a los dos en una habitación, tres horas después solo pueden haber pasado dos cosas. A: que vos y tu gemelo hayan peleado hasta la muerte. B: que hayan tenido sexo consentido. —¿Conversar no? —Sí, claro... Las dos primeras horas son de conversación y tanteo. Pero a la tercera hora uno mata al otro o cogen por el culo. —No estoy de acuerdo. —Pensalo bien. —Lo estoy pensando bien, no me cierra. —Pensalo a solas... Date tiempo. —Bueno, lo voy a pensar mejor —me dice—. Igual, lo que más me preocupa es lo siguiente: ¿cómo puede ser que un gemelo sienta a la distancia lo que le pasa al otro? Es un gran misterio de la naturaleza, ¿no? —Me hace acordar a una serie francesa que vi hace poco, Les Revenants —le digo—. Es una historia buenísima pero que, para mi gusto, se KLZPUÅH\UWVJVOHJPHLSÄUHS —¿Qué tiene que ver eso con los gemelos? —Muchísimo —le digo—. Escuchá: la serie transcurre en un pueblito francés de montaña, un lugar muy tranquilo parecido a Sant Celoni, en el que de golpe los muertos empiezan a volver a la vida, como si nada. —¿Otra historia de zombis? —Pero esta es rara, porque los muertos están igual que cuando se fueron, salvo que no se acuerdan de nada. Uno de esos muertos es Camille, la gemela de Lena. Camille se muere a los quince años y Lena sigue viva. Cuando la muerta regresa su hermana gemela tiene cuatro años más que ella, y el choque entre las dos es rarísimo. ¿Te imaginás? —¿Pero es una historia de zombis? —¡No! Es una historia de muertos que regresan a la vida, pero no son zombis… —¿Y entonces qué son?

—Todavía no se sabe bien, porque va a haber una segunda temporada. —¿Y desde cuándo los franceses especulan con segundas temporadas? —Desde que ven tele yanqui, supongo —le digo—. Hablando de gemelos franceses, el otro día leí un caso rarísimo de dos hermanos idénticos: Elwin y Yohan. Están presos acusados de seis violaciones. La policía francesa piensa que el responsable es uno de los dos, pero como se gestaron en la misma placenta las pruebas de ADN no sirven, porque no revelan diferencias genéticas. Y nadie sabe qué hacer. —¡Qué cosa más rara! ¿Y ellos se acusan mutuamente de las violaciones? —Ellos dice que son inocentes. Pero sin emIHYNV\UHKLSHZ]xJ[PTHZSVZPKLU[PÄJ} —Entonces están al horno… —Pero la víctima no puede decir cuál de los dos fue el atacante, ¡porque son como dos gotas de agua! —¿Por qué los franceses no agarraron esta historia buenísima en vez de haber hecho esa mierda de los zombis? —¡No es de zombis! —me indigno—. No me vuelvas loco. Y la serie está buena. —¿Lo gemelos Elwin y Yohan estarán encerrados en la misma celda? —¿Por? —Porque me quedé pensando en tu teoría del principio —me dice—. Realmente puede ser insoportable estar encerrado tres horas con otro idéntico a vos sin querer matarlo. —O... —O sin querer... ¿cogerlo? Chiri se queda en silencio, sorprendido. —¿Viste? Es una teoría muy buena. —¿Cómo la descubriste? —me pregunta. —Un día me quedé mirándome al espejo muy serio. Había fumado, ojo. Me quedé quieto, y al YH[VLSYLÅLQVLYH\UHWLYZVUHYLHSX\LHJ[\HIH` pensaba como yo. Lo sentí muy vívido. —¿Y entonces qué pasó? —me pregunta Chiri— ¿Rompiste el espejo, aniquilaste al intruso? —No. El espejo quedó todo baboseado. Fue un amor muy intenso... Ahí nació la teoría. —¿Se te ocurrió de repente? —Se le ocurrió a él mientras yo lo abrazaba. [

LLEVO  MI  ESPEJITO  PARA  CUANDO  SE  ME  DA  POR  BUSCARME  A  MÍ  MISMO. 46


SANT  CELONI

CRÓNICAS  DE  BOLSILLO

PAPELITOS Una  fábula  económica


UN CUENTO INFANTIL DE HERNÁN CASCIARI ILUSTRADO POR JUAN PABLO CARO SOBRE UNA IDEA DE ALFREDO MOLARES

É

rase   un   pueblo   tranquilo   en   el   que   habitaban   muchos   vecinos   tranqui-­ los.   Todos   llevaban   una   vida   agra-­ dable  y  sencilla  y  cada  uno  deseaba   prosperar.   Pepe   era   uno   de   ellos.   Una   tarde   Pepe   salió   a   caminar   por   el   pueblo   y  tuvo  sed.  Siguió  caminando  y  tuvo  más  sed.   Cuando  volvió  a  su  casa,  y  mientras  descorcha-­ ba  una  botella,  descubrió  algo  que  nadie  había   descubierto  antes:  en  el  pueblo  no  había  bares.   Pepe   pensó   que   si   montaba   un   bar   podría   ser   feliz  y  hacer  felices  a  otros  dándoles  de  beber.   Y  además,  ganar  dinero.   Durante  dos  noches  Pepe  hizo  un  listado   de   lo   necesario   para   montar   el   primer   bar   del   pueblo:   primero   necesitaría   diez   mil   monedas   para  comprar  mesas,  sillas, ��copas,  bebidas  y  un   palenque  para  que  los  parroquianos  dejaran  sus   caballos;;   después   le   harían   falta   dos   semanas   para   convertir   su   casa   en   un   bar;;   y   más   tarde   otras  dos  semanas  para  tener  las  mesas  repletas   de  vecinos  sedientos.   Su   amigo   Moncho,   que   esa   tarde   pasaba   por  allí,  le  dio  un  excelente  nombre  para  el  bar. Por  supuesto,  Pepe  no  tenía  diez  mil  mo-­ nedas,  pero  durante  la  noche  se  le  ocurrió  una   buena   forma   de   conseguirlas.   La   tarde   del   sá-­ bado   recortó   mil   papelitos   y   escribió   en   cada   uno  de  ellos  «Próximamente,  bar  de  Pepe».  El   domingo,  después  de  misa,  se  fue  a  la  plaza  del   pueblo  vestido  con  su  mejor  traje: —Queridos  vecinos,  voy  a  montar  un  bar   a  las  afueras  del  pueblo  —dijo,  y  todo  el  mundo   dejó  de  conversar  para  mirarlo.   —¡Qué   gran   idea!   —exclamó   Ramón,   con  su  cigarro  en  la  boca. Pepe  se  sintió  cómodo  con  la  atención  de   todo  el  mundo  y  mostró  en  abanico  los  papeles   recortados.   —Cada  uno  de  estos  mil  papelitos  cuesta   diez  monedas  —les  dijo  Pepe  a  sus  vecinos—.  

Quien  me  compre  un  papelito  deberá  guardarlo   y  no  perderlo,  porque  de  aquí  a  un  mes,  cuando   mi  bar  tenga  clientes,  entregaré  doce  monedas   por  cada  papelito  que  vuelva  a  mis  manos. —¿Pero   no   costaba   diez   monedas   cada   papelito?  —preguntó  Moncho,  al  que  todos  te-­ nían  por  el  tonto  del  pueblo—.  ¿Por  qué  vas  a   regalar  dos  monedas?   —No   es   regalar,   Moncho,   es   compensar.   Compensaré  a  los  que  me  ayuden  a  cumplir  mi   sueño,  que  es  el  de  tener  un  bar  en  las  afueras   del  pueblo. —Tiene  sentido  —dijo  el  Alcalde—,  mu-­ cho  sentido. —Me  parece  muy  bien  —sopesó  Ernesto,   que  era  rico  y  entendía  de  negocios. —¡Qué  gran  idea!  —dijo  el  cura  Francis-­ co,  y  rebuscó  en  sus  bolsillos. De   ese   modo   tan   simple,   y   en   una   sola   mañana  de  domingo,  Pepe  consiguió  el  dinero   para   montar   un   bar:   entre   todos   le   entregaron   diez   mil   monedas   exactas   por   la   venta   de   mil   papelitos. —Yo  le  compré  dos  papelitos  —dijo  Sabi-­ no,  que  era  pobre  y  optimista. —¡Yo   treinta   y   seis!   —exclamó   Quique,   que  era  codicioso  y  altanero. —Yo  le  compré  cinco  papelitos,  y  pienso   emborracharme  en  ese  bar  para  celebrar  el  ne-­ gocio  más  fácil  de  mi  vida  —dijo  Luis. Y  todos  rieron. Pepe  se  fue  a  su  casa  ese  domingo  con  las   diez   mil   monedas   en   la   mochila   y   se   durmió   pensando  en  su  bar.   El  lunes  por  la  mañana  viajó  a  la  gran  ciu-­ dad   y   compró   madera   para   construir   un   mos-­ trador  robusto.  Volvió  a  su  casa  y  se  puso  a  tra-­ bajar.  No  pasó  por  la  plaza  del  pueblo  en  toda   la  semana.  Es  decir:  no  se  enteró  de  que  había   encendido,  entre  sus  vecinos,  un  extraño  furor   por  los  papelitos.

ANDA  CON  CARA  DE  SUEÑO  SIN  CUMPLIR. 49


PAPELITOS,  por  Hernån  Casciari

La  primera  semana

L

a  plaza  del  pueblo  estaba  llena  de  gente,  y   eso  era  muy  raro  para  un  lunes.  Varios  ve-­ cinos  habĂ­an  pasado  la  noche  entera  recortando   y  escribiendo  sus  propios  papelitos,  porque  ha-­ bĂ­an  descubierto  que  tambiĂŠn  ellos  tenĂ­an  pro-­ yectos  para  ofrecer.   Unos   papelitos   decĂ­an   ÂŤEn   breve   Hela-­ derĂ­a   de   HoracioÂť.   Otros   decĂ­an   ÂŤMuy   pronto   PeluquerĂ­a  de  CarmenÂť.  Incluso  algunos  decĂ­an   Š$ÂżQGHPHV0RQFKRKDUiYLDMHVDOD/XQDÂŞ De  pronto,  la  plaza  se  convirtiĂł  en  un  lu-­ gar  atestado:  los  vecinos  se  subĂ­an  a  las  farolas,   o  se  trepaban  a  la  fuente,  para  comprar  o  vender   porciones  de  nuevos  proyectos. Esto  ocurriĂł  el  lunes  y  el  martes  fue  toda-­ vĂ­a  peor.  El  miĂŠrcoles  ya  no  se  podĂ­a  caminar   por  la  plaza.  El  Alcalde  tuvo  que  poner  orden  y   habilitĂł  un  lugar  cerrado  para  que  los  vecinos   pudieran  reunirse  sin  destrozar  los  espacios  pĂş-­ blicos.  Este  pequeĂąo  local  se  inaugurĂł  el  jueves   por  la  maĂąana  y  fue  bautizado  con  el  nombre  de   SalĂłn  de  los  Papelitos. Y  asĂ­  ocurriĂł  que  el  viernes  todos  los  que   tenĂ­an   un   proyecto   ya   habĂ­an   conseguido   las   monedas  necesarias  y  se  habĂ­an  puesto  a  traba-­ jar.   Horacio   buscaba   los   mejores   sabores   para   su  heladerĂ­a,  Pepe  serruchaba  la  madera  para  el   PRVWUDGRUGHVXEDU&DUPHQDÂżODEDWLMHUDVSDUD VX Ă&#x20AC;DPDQWH SHOXTXHUtD \ 0RQFKR FRPSUDED dos  caballos  para  hacer  viajes  a  la  Luna.   Solamente   quedaban,   en   el   SalĂłn   de   los   Papelitos,  un  puĂąado  de  vecinos  a  los  que  nun-­ ca  se  les  habĂ­a  ocurrido  ningĂşn  proyecto  inte-­ resante  para  llevar  a  cabo.  Lo  único  que  tenĂ­an   estos  vecinos  eran  papelitos.   â&#x20AC;&#x201D;Necesito  dinero  para  cigarros  â&#x20AC;&#x201D;se  que-­ jĂł  RamĂłn  en  voz  altaâ&#x20AC;&#x201D;.  Hace  unos  dĂ­as  le  cam-­ biĂŠ  este  papelito  a  Pepe  por  mis  únicas  diez  mo-­ nedas,  pero  la  tabaquerĂ­a  de  RaĂşl  no  me  acepta   papelitos,  y  necesito  fumar.   â&#x20AC;&#x201D;ÂĄA  mĂ­  me  pasa  lo  mismo!  â&#x20AC;&#x201D;dijo  Luisâ&#x20AC;&#x201D;  

ÂĄQuiero  ir  al  cine  y  tengo  los  bolsillos  vacĂ­os! Los  murmullos  fueron  cada  vez  mayores. â&#x20AC;&#x201D;En  tres  semanas  Pepe  le  darĂĄ  doce  mo-­ nedas  a  quien  le  devuelva  este  papelito  â&#x20AC;&#x201D;dijo   Sabino,  con  los  ojos  brillososâ&#x20AC;&#x201D;.  ¥Vendo  mi  pa-­ pelito,  ahora  mismo,  por  nueve  monedas! â&#x20AC;&#x201D;Trato   hecho   â&#x20AC;&#x201D;exclamĂł   Ernesto,   que   era   rico   pero   querĂ­a   serlo   todavĂ­a   mĂĄs,   y   le   arrancĂł  el  papelito  de  las  manos  a  Sabino. RamĂłn   y   Luis   tambiĂŠn   vendieron   su   pa-­ pelito  por  menos  de  diez  monedas  y,  mientras   uno  corrĂ­a  a  comprar  cigarros  y  el  otro  al  cine,   los   demĂĄs   vecinos   vieron   que   aquella   era   una   nueva  forma  de  hacer  negocios,  aunque  ya  no   hubiera  proyectos  que  vender.   Algunos   se   subieron   a   las   sillas,   otros   a   las  mesas,  y  empezaron  a  ofrecer  lo  que  tenĂ­an. â&#x20AC;&#x201D;ÂĄCambio   cuatro   papelitos   de   Horacio   por  dos  papelitos  de  Carmen! â&#x20AC;&#x201D;ÂĄEntrego   ocho   papelitos   de   Moncho   y   mi  caballo  por  cincuenta  monedas!   Cuando  entrĂł  al  SalĂłn  el  cura  Francisco,   todos  hicieron  silencio. â&#x20AC;&#x201D;El  dĂ­a  que  Moncho  puso  a  la  venta  sus   papelitos  â&#x20AC;&#x201D;dijo  el  curaâ&#x20AC;&#x201D;,  yo  le  comprĂŠ  algu-­ nos  porque  Moncho  es  tonto:  los  vende  a  siete   monedas   y   devolverĂĄ   quince.   Pero   ahora   ne-­ cesito  monedas  para  arreglar  la  campana  de  la   iglesia.  Pongo  a  la  venta  mis  papelitos  de  Mon-­ cho  a  seis  monedas  cada  uno. â&#x20AC;&#x201D;ÂżCuĂĄl   es   el   proyecto   de   Moncho,   pa-­ dre?  â&#x20AC;&#x201D;preguntĂł  Quique. â&#x20AC;&#x201D;EstĂĄ  construyendo  un  carro  muy  largo,   tirado  por  dos  caballos  â&#x20AC;&#x201D;dijo  el  curaâ&#x20AC;&#x201D;,  el  po-­ bre  quiere  hacer  viajes  a  la  Luna. Quique  hizo  un  gesto  negativo. â&#x20AC;&#x201D;ÂżY  si  te  los  dejo  a  cinco?  â&#x20AC;&#x201D;regateĂł  el   cura  Francisco. â&#x20AC;&#x201D;Los   compro   por   cuatro,   padre   â&#x20AC;&#x201D;dijo   Quique,  con  gesto  de  limosna  dominical. â&#x20AC;&#x201D;ÂĄAh,  Dios  te  bendiga,  hijo  mĂ­o!

EL  JINETE  SIN  CABEZA  NO  PUDO  VER  QUE  LE  VENDIERON  UN  CABALLO  SIN  CABEZA. 50


!"#$%&'()*#&

!"#$%!&'()*(+,-'%--,


EN EL PAÍS DE

LOS SIETE

LOCOS UNA CRÓNICA DE !"#$%&!$'(%) ILUSTRADA POR %)*)'+)&+,!-'(


"($"!$4&#,$/"$!3,$,'"-"$!3*3,

!

./(0/(1.2.(34(564/278/(9(0/5(17:25( 34( 7;5<7/5278/=( 205>?074@5( ?04( A4( 5B4/60@4(1.@(>5A(25>>4A(34>(24/6@.(34( +04/.A(&7@4A( 1.3@C( A4@( 64A67<.( 34( 0/( 14?04D.( ;7>5<@.E( 2./F0/373.A( 4/6@4(>5(;0>67603(G4A5(;5@45(34(A4@4A(;5>H0I ;.@53.A( ?04( 25;7/5( 34A>7:5/3.( 4>( 10><5@( 1.@( A0A(64>JF./.A(7/64>7<4/64AG(A0@<4/(2.;.(A.;I K@5A(H0737:5A(/.(0/.(A7/.(374:(*@3.A57/L(B47/64=( 65>(B4:(6@47/65(&A6@8>.<.A(9(0/(;./68/(34("0I ¿DQHV 0HODQFyOLFRV /RV KpURHV \ YLOODQRV GH ".K4@6.(&@>6( 4A6C/(5?0M=(4/( 4A65(&@<4/67/5(34>( A7<>.(B47/670/.=(;CA(1@4A4/64A(A7(25K4(?04(H524( .2H.(3J2535A=(15@5(@42.@35@/.A(?04(/535(.(;09( 1.2.(H5(25;K753.(9(?04(>5(!"#$%=(>5(&'()(%=(4>( *+,-"(.(15@5(4/64/34@/.A(;4N.@=(>5(.)'-%=(A7<04( 1@4A7374/3.( >5A( @4>527./4A( A.275>4A( 4/( 0/( 15MA( GRQGH²GLFHQ²QDGDHVORTXHSDUHFH Š(Q ODV QRYHODV GH$UOW HO GLQHUR GH¿QH >.A(4/7<;5A(9(4>(A0A14/A.(34(>5(6@5;5O=(4A2@7K4( "725@3.(P7<>75(4/(0/(4/A59.(A.K@4(>5(>764@560@5( 34>( 506.@( 34( /"#0 #'+-+0 1"$"#< ODV QRYHODV GH &@>6(A./=(2.;.(A4(A5K4=(/.(A.>.(0/5(@537.<@5FM5( H[TXLVLWDGHOD$UJHQWLQDGHORVDxRVWUHLQWD6RQ 65;K7J/( @4>56.A( F060@7A65A( ?04( /.A( 4/BM5/( 34AI 34( 4>( 15A53.( 2./67/05A( A4D5>4A( 34( 5>4@65( A.K@4( QXHVWURSUHVHQWH3HURGHMHPRVSRUXQPRPHQWR 5(>.A(>0/C672.A(5@>675/.A(9(24/6@J;./.A(4/(4A.A( A4@4A(56.@;4/653.A(?04(10>0>5/(1.@(4>(24/6@.(34( %XHQRV$LUHV+DEODQVLQSDXVDGHOQHJRFLRTXH 4A6C/(5(10/6.(34(2./2@465@=(34(>5(A0K735(34A4/F@4I /535(34(>.A(1@427.A=(34(0/(34A204/6.(;59QA20>.( 4/(4A64(.(5?04>(A014@;4@253.=(34(0/(3.A(1.@(0/.( 7;14@37K>4(4/(4>(27/4=(34(>5A(B47/672056@.(20.65A( A7/(7/64@4A4A(2./(>5A(?04(15<5@C/(>5A(B52527./4A( .(34(>.(25@.(?04(4A6C(4>(38>5@(GA74;1@4(4>(38I ODU²\ORSRFRTXHULQGHHOVDODULR

CĂ&#x2030;SAR CALERO Madrid, 1965 DesarrollĂł su carrera profesional colaborando en diferentes medios: Diario 16, El PaĂ­s, The Washington Post, El Universal, Cambio y La NaciĂłn, entre otros. Fue corresponsal en MĂŠxico, CentroamĂŠrica y Cuba. En 2008 publicĂł la novela Humano (InĂŠditor) y en 2011 ganĂł el Premio Narrativa de Viajes Eurostars-RBA con su libro de crĂłnicas Cuba a cĂĄmara lenta. ColaborĂł en Orsai N2 con la JY}UPJH­9HKV^P[aR`LULSĂ&#x201E;U del mundoÂť. Actualmente estĂĄ HĂ&#x201E;UJHKVLU)\LUVZ(PYLZ donde se encarga de la redacciĂłn de temas internacionales para el diario La NaciĂłn. TambiĂŠn se encarga, en sus ratos libres, de escuchar a la gente y tomarle nota a la calle. ÂżDe quĂŠ hablan los porteĂąos? ÂżCuĂĄl es el tema que genera mĂĄs ansiedad en la Argentina? Una pista: es verde y estĂĄ en un corral. ÂżAdivinaron? No importa, igual lean la crĂłnica y pasen por caja antes que cambie el precio.

!"#$%!&$'()!&*'+($,"$,'"(-"$"($!&,$.+(&/&,01$"2&$"($!&,$.+(/3!&,1 !"


*6,&2$*&!"23 !05/3.( ;4( 7/A65>J( 4/( +04/.A( &7@4A=( 4/( 4/4@.(34(RSST=(0/5(34(;7A(37A6@5227./4A(F04(@4I <7A6@5@(4U6@526.A(34(2./B4@A527./4A=(15>5K@5A(9( F@5A4A(4/6@42.@6535A(2./(>5A(?04(A4(1.3@M5/(5@I ;5@(G2.;.(A7(A4(6@565@5(34(0/5(/.B4>5(34(P4I UHF²LQWHUPLQDEOHVKLVWRULDVGHYLGDFRWLGLDQD 1R HV XQD WDUHD GLItFLO (O DUJHQWLQR TXH DPD 4>(4UH7K727./7A;.(H5A65(>M;764A(7/A.A142H53.A=( H5K>5( 15@5( ?04( >.( 4A202H4( /.( A.>.( A0( 7/64@>.I 206.@( ;CA( 24@25/.( A7/.=( 5( A4@( 1.A7K>4=( 6.3.( 4>( PXQGR5HOHJDGRVDYLYLUHQHOFXORGHOPXQGR 1.@(0/(;5>4/64/373.(2./()7.A(V4/(4>(;.;4/6.( 34( 2@45@( 5>( 5@<4/67/.( 6.35BM5( /.( 4A65K5/( ;09( 2>5@.A( >.A( 56@7K06.A( A0K>7;4A( ?04( 34A5@@.>>5@M5( 4>(1.@64D.=(?04(6.3.(>.(A5K4=(H5A65(>.(?04(34AI 2./.24W=(>.A(5@<4/67/.A(6@565/(34(?04(A0(B.:(A4( SHUFLEDDOOHQGHORVPDUHV1RLPSRUWDVLQRHQI FXHQWUDQUHVSXHVWDDORWURODGRGHO$WOiQWLFR(O 5@<4/67/.(H5K>5(65;K7J/(G.(5/64A(?04(/535G( SDUDVtPLVPR9LYHFRPRYLVOXPEUy2UWHJD\ X5AA46=(4/6@4<53.(/.(5(0/5(@45>7353(A7/.(5(0/5( LPDJHQ©(VVREUHPDQHUD1DUFLVR(V1DUFLVR \ODIXHQWHGH1DUFLVR/ROOHYDWRGRFRQVLJROD UHDOLGDGODLPDJHQ\HOHVSHMRª !./(4>(15A.(34(>.A(5D.A=(>5(251527353(34( .KA4@B5278/(A4(B5(37>094/3.(9(4>(4U6@5/N4@.(5A0I ;4(2.;.(/.@;5>4A(274@6.A(HCK76.A(9(A760527./4A( 34>(15MA(4/(4>(?04(B7B4=(>.A(;7A;.A(HCK76.A(9(A7I 60527./4A(5/64(>.A(?04(4>(@427J/(>>4<53.(/.(34N5( 34(5A.;K@5@A4E(34A10JA(34(B7B7@(B5@7.A(5D.A(4/( /D+DEDQDSRUHMHPSORPHSDUHFtDQRUPDOYHU A5>7@(34>(5<05(4/(>5(K.25/5(34(>5(K5HM5(5(0/(K0:.( FRQXQSDUJRGHGLH]OLEUDVHQODVPDQRV +DFH \D WLHPSR TXH WHQJR WDQ DVLPLODGD >5(15>5K@5(Y<0765O(2.;.=(1.@(4N4;1>.=(4>(H42H.( 34(?04(>.A(506.A(27@20>4/(.2015/3.(A0(25@@7>(9( HOGHOYHFLQR7DPSRFRSUHJXQWR\DDQDGLHHQ ?0J(;.;4/6.(F04@./(K.;K5@34535A(>5A(524@5A( 34(+04/.A(&7@4A=(9(5A0;.(>.A(4A<07/24A(2.;.( 0/( 35D.( 2.>564@5>( 34( 4A5( <04@@5( ?04( 34K78( 34( OLEUDUODFLXGDG1RDUTXHR\DODVFHMDVFXDQGR 4>(2>74/64(?04(4A6C(34>5/64(34(;M(4/(4>(Z5@;52769( 15<5(0/5(15A65(34(374/64A(2./(A0(65@N465(34(2@JI GLWRHQWUHVFyPRGDVFXRWDV<KDVWDYHROyJLFR ?04(>.A(2.>4267B.A(34(>5(>M/45(?04(;CA(0A.(G>5( [\R=(?04(B5(34(,>7B.A(5(-5(+.25G(15A4/(1.@(>5( SDUDGDGHWUHVHQWUHV7DPSRFRPHVRUSUHQGH 95=(1.@(.6@5(15@64=(2@0:5@;4(2./(65/65A(>7K@4@M5A( FRPREDUHVGHPRVFDVKD\HQPL0DGULGQDWDO 3HURDOSULQFLSLRVtPHFDXVDEDSHUSOHMLGDG Y-5(1@4.2015278/(1.@(4>(37/4@.(4A(4>(64;5( 34( 2./B4@A5278/( 1@4F4@73.( 34( >.A( 5@<4/67/.AO=( 5/.6J(4/(0/(20534@/.(5(1.2.(34(>>4<5@(5(+04/.A( $LUHV (UD REYLDPHQWH XQ FRPHQWDULR H[DJHI

@53.=( 104A( /535( H59( ;CA( 4U24A7B.( ?04( 6.;5@( >5( 15@64( 1.@( 4>( 6.3.( 9( H5K>5@( 34( 0/5( A.274353( HQWpUPLQRVJHQHUDOHV3HURVLDVXPLPRVFRPR 0/(526.(34(F4(>5(7/4B765K>4(<4/4@5>7:5278/=(5(4A5( 4/67353( ?04( >>5;5;.A( Y5@<4/67/.O( V.( ;CA( 4AI SHFt¿FDPHQWH©SRUWHxRª QRSDUHFHLPSRUWDUOH 34;5A753.(4>(2./64U6.(4/(?04(A4(4/204/6@4(15@5( PHQWDU OD ELFKD +DFH XQDV VHPDQDV KDEODED 2./(0/5(N.B4/(>7K@4@5(34(>5(5B4/735(!.@@74/64A( A.K@4(>5(<@5/(.F4@65(20>60@5>(?04(K@7/35(+04/.A( &7@4A=(2./(A0(24>4K@535(4A24/5(34(6456@.(7/34I 14/374/64=(>.A(@42765>4A(34(6.3.(671.(34(;QA725=( 4U1.A727./4A=( F4@75A( 5@6MA6725A]( Y'M=( 6.3.( 4A.( 4A6C( ;09( K74/( A7( 64/JA( 1>565( G;4( 7/64@@0;I 178G=( >.A( @42765>4A( A./( 25@.A( 9( 4>( 6456@.( 65;I ELpQª<DFRQWLQXDFLyQPHSUHJXQWyVL\RPH OR SRGtD SHUPLWLU 6ROR OH IDOWy LQWHUHVDUVH SRU PLVXHOGRXQDD¿FLyQ ODGHTXHUHUVDEHUFXiQI 6.(<5/5(4>(34(5>(>53.W(;09(5@<4/67/5=(A.K@4(6.3.( VLHOGHDOODGRHVH[WUDQMHUR(O~QLFROtPLWHTXH 15@424(H5K4@(4/(;564@75(2@4;56MA6725(4A(H5K>5@( 34>( 37/4@.( 1@.17.( G<@5/( 65KQG( 1.@?04( 4/( 4>( 7;5<7/5@7.(5@<4/67/.(4>(4/@7?0427;74/6.(14@A.I QDO\ODFRUUXSFLyQFDPLQDQGHODPDQR P5@5( 6@565@( 34( 37A24@/7@( ?0J( H59( 34( 274@6.( 4/(4>(;76.(34(>5(.KA4A78/(34(>.A(5@<4/67/.A(2./( 4>(37/4@.(/535(;4N.@(?04(K0245@(0/(1.2.(4/(>5( KLVWRULDVRFLRSROtWLFDGHOSDtV/DVRFLyORJD$QD ^.@6;5/=(506.@5(4/6@4(.6@.A(>7K@.A(34(2",#-3)$4 $'5,0 '!%.',%3'%0 6+0 1%0 6+#'.)%16%60 #"$'%1=( ;4( GHVSHMDDOJXQDVGXGDV(QORVVDORQHVGHWDQJR 34(P5@MA(G;4(204/65(^.@6;5/G(H5KM5(0/(37I FKRUHFXUUHQWH©5LFRFRPRXQDUJHQWLQRª(UDQ >.A( 674;1.A( 34( >5( 520;0>5278/( 34( @7?04:5( <@5I FLDVDO¿OyQGHODH[SRUWDFLyQGHJDQDGR\WULJR &0/?04(>5(@7?04:5(G;4(52>5@5(>5(A.278>.<5G( >5( .A64/65K5( >5( .>7<5@?0M5( 64@@564/74/64E( Y*A5( 15@64( 34( >5( A.274353( 5@<4/67/5( A4( 25@5264@7:5K5( 1.@(4A65@(5>(65/6.(34(>5(/.B4353=(A4@(2./A0;7A65( \YLDMDUSRU(XURSD6LHPSUHHVWXYRPX\DWHQWD 5( >5( ;.35( 9( 64/M5( 0/5( B5A65( B735( A.275>( 3./34( A525K5(5(@4>027@(A0A(53?07A727./4A(4/(>5(25A5(9(4/( ODHVWDQFLD<DKtTXHGyHVDLPDJHQGHODUJHQWLI /.(2.;.(0/(671.(2./A0;7A65=(4UH7K727./7A65=(?04( /.(674/4(7/2./B4/74/64(4/(<5A65@(9(4/(;.A6@5@A4=( HQWLUDUORTXHKDSDVDGRGHPRGDª _/5( 7;5<4/( ?04( 95( 14@27K74@./( 5><0/.A( YLDMHURV H[WUDQMHURV KDFH PiV GH FLHQ DxRV !.;.( 4>( 3@5;560@<.( 2565>C/( '5/675<.( "0A7D.>=( ?04(B7A768(&@<4/67/5(30@5/64(4>(24/64/5@7.(34(>5( 7/3414/34/275(V[`[SW(9(A4(?0438(15A;53.E(Y&2C( HOGLQHURHVHOUH\ª2HOHVFULWRUSRODFR:LWROG X.;K@.a72:=(?04(B7B78(;CA(34(B47/64(5D.A(4/(4>( 15MA(5(;43753.A(34>(A7<>.(15A53.E(Y-5(&@<4/67/5(

5'$5'!!+($/"$/+!&2",$-'"("$/",32/"(&/&$!&$*35&1 !#


"($"!$4&#,$/"$!3,$,'"-"$!3*3, G4A2@7K4(4/(A0A(375@7.AG(4A(0/(4A65/274@.(4/6@4( >5A(/527./4A=(0/(.>7<5@25(.@<0>>.A5;4/64(A4/65I GRVREUHVXVHVSOpQGLGRVWHUULWRULRVª -5( .KA4A78/( 34>( 5@<4/67/.( 1.@( 4>( 37/4@.( VH PDQL¿HVWD QR REVWDQWH WDQWR HQ pSRFDV GH DEXQGDQFLD FRPR GH FULVLV (Q 710 8%9#0 6+0 1%#0 !%3%*'11%#  HOHVFULWRUFKDTXHxR0HPSR X75@37/4>>7( 4U1>725( 28;.( A4( F.@N8( 4A4( BM/20>.( 4A14275>(2./(>5(1>565E(Y'7(H59(;02H.A(;76.A(?04( 0/.(A5K4(?04(10434/(64/4@(B5>734:(4/(.6@5A(A.I 2743534A=( 2.;.( 4A( >8<72.=( 1@.K5K>4;4/64( 4A64( VHDXQRGHORVPiVJHQXLQDPHQWHDUJHQWLQRV< 34A34(>04<.(?04( 674/4(?04( B4@( 2./( >5( 14@B4@A5( @4>5278/(?04(H4;.A(4/65K>53.(2./(>5(42./.;M5( 5(>.(>5@<.(34(1.@(>.(;4/.A(4>(Q>67;.(;437.(A7I <>.L( 34@7B5( 34( >5( 14A537>>5( ?04( H4;.A( B4/73.( 1534274/3.(>.A(5@<4/67/.A(34(1.@(>.(;4/.A(6@4A( .(2056@.(<4/4@527./4AE(4>(1@.24A.(34(2./A65/64( 4;1.K@427;74/6.=( >.( ?04( A4( >>5;5( >5( 15014@7I :5278/( 34( >5( A.274353( V9( /.( A.>.( 34( >5A( 2>5A4A( PHGLDV OOHYyDHVWDHVSHFLHGHR¿FLRSDUDOHOR ?04( 6.3.A( >.A( 5@<4/67/.A( 674/4/E( A4@( 0/( 1.2.( HFRQRPLVWDVD¿FLRQDGRVSRULPSHULRGHODVFLUI FXQVWDQFLDVª < ODV FLUFXQVWDQFLDV KDQ VLGR EDVWDQWH 2./B0>A5A(4/(&@<4/67/5(b'4@C(4/6./24A(B4@353( ?04(4/(2535(5@<4/67/.(A4(4A2./34(0/(42./.;7AI 65c(-.A(1@.24A.A(6@50;C672.A(34N5/(H04>>5A(?04( 2./3727./5/( >5( 2./30265( F060@5( 34>( A0N46.=( ;4( 4U1>725( 4>( 1A72.5/5>7A65( X5K@74>( ".>8/=( 506.@( 34( K4A6IA4>>4@A( 2.;.( :'#-"3'%#0 6+0 6'*;, ©/RV B57B4/4A(42./8;72.A(34(>5(42./.;M5(5@<4/67/5( H5/(34N53.(;5@25AL(1@.24A.A(2.;.(4>(".3@7<5I :.( V0/5( <@5/( 34B5>05278/( 34>( 14A.( 0/735( 5( 0/( F04@64(50;4/6.(34(>.A(1@427.AW(4/(>.A(5D.A(A4I 64/65(.(>5(2@7A7A(34(RSS[(A4<0@5;4/64(H5/(34N5I 3.(0/5(7/?074603(524@25(34>(64;5(34>(37/4@.(?04( >.(H5(B04>6.(0/5(204A678/(34(14@;5/4/64(5/A74I GDG SDUD QRVRWURVª $UJHQWLQD ²PH UHFXHUGD ".>8/G(4A6C(1.K>535(1.@(34A24/374/64A(34(7/I ;7<@5/64A(?04(B7/74@./(H094/3.(34(>5(<04@@5(9( 4>(H5;K@4(4/(*0@.15=(<4/64(?04(<05@35K5(2535( 14A.( ?04( <5/5K5( 15@5( 2./A6@07@A4( 0/( F060@.( .( SDUDHQYLDUDVXIDPLOLDHQVXVSDtVHVGHRULJHQ ".>8/( H5( B75N53.( @4274/64;4/64( 1.@( *A15D5( 9( X@4275(9(H5(1.373.(2./A6565@(?04(>5(B7@0>4/275( 34( >5( 2@7A7A( 95( 4A6C( 34N5/3.( 65;K7J/( A0( ;5@25( 4/( >5( @4>5278/( 34( 4A5A( A.2743534A( 2./( 4>( 37/4I UR ©3VLFROyJLFDPHQWH KDEODQGR HO GLQHUR QR 4A(;CA(?04(0/(A0A67606.(34(>5(2.;1>467603(9(4>( SRGHU+D\RWURVYDORUHVFRPRODFXOWXUDHOWDI >4/6.=(462J64@5=(?04(10434/(.2015@(4A4(>0<5@(34( H524@/.A( A4/67@( A4<0@.A( 9( 1.64/64A=( 14@.( 4/( >5( A.274353( 251765>7A65( 4>( 37/4@.( B74/4( 2.;.( 5/7I

>>.(5>(343.(15@5(>.<@5@(4A5(7;1.A60@5(4/(K0A25( GHXQDFRPSOHWLWXGTXHQXQFDVHUiSRVLEOH(O VHUKXPDQRHVXQVHUHQIDOWDSRUVXHUWHª0H 2.;4/65(".>8/(?04(A0A(15274/64A(A.>.(>4(H5K>5/( GHSODWDFXDQGRWLHQHQSUREOHPDVHFRQyPLFRV -.A(5H.@@7A65A=(1.@(4N4;1>.=(A04>4/(A4@(A0N46.A( EDVWDQWHQHXUyWLFRV 8QDDQVLHGDGTXHVHPDQL¿HVWDDODKRUD 34( 342737@( 28;.( @4/65K7>7:5@( 4>( 37/4@.( A.K@5/I 64( 9( ?04( 565D4( 1.@( 65/6.( 5( >5A( 2>5A4A( ;4375A( 9( DOWDV7RGR DUJHQWLQR DO TXH OH VREUD XQ PDQI JR D ¿QDO GH PHV VDEH D FXiQWR FRWL]D HO GyI >5@=(>5(;./435(@4F0<7.(34(0/(15MA(?04(B7B78(4>( A04D.(34(>5(2./B4@67K7>7353(V0/(14A.E(0/(38>5@W( 30@5/64(>5(3J2535(34(>.A(/.B4/65=(>.A(5D.A(34>( Y34;4(3.AO=(205/3.(;02H.A(5@<4/67/.A(7K5/(5( 0LDPLGHFRPSUDVFRPRTXLHQEDMDDOTXLRVFR GHODHVTXLQDDSRUWDEDFR/RVDxRVGHSL]]D\ 2H5;1C/=(4>(<@5/(>4<53.(1.>M672.(34(5?04>(650I ;560@<.( 2./( 1567>>5A( 2./.273.( 1.10>5@;4/64( 2.;.(*>(%//.;K@5K>4(V1.@(>.(?04(@4A1465@4;.A( >5(A5K730@M5(1.10>5@(9(/.(>.(/.;K@5@4;.AW=(?04( 1@7B567:8(;437.(15MA(9(1@4/378(>5(H.<04@5(15@5( HOJUDQLQFHQGLRGH$H[FHSFLyQGHHVRV 5D.A=(>5(1@4.2015278/(1.@(>5(2.67:5278/(34>(38>5@( VLHPSUHKDHVWDGRSUHVHQWHHQWUHORVDUJHQWLQRV &RQXQDLQÃ&#x20AC;DFLyQTXHURQGDHOYHLQWLFLQFRSRU 274/6.(5/05>(V50/?04(4>(<.K74@/.(A.>.(@42./.24( 0/(374:(1.@(274/6.W=(4>(5H.@@.(4/(37B7A5A(4@5(5><.( H5K7605>(4/6@4(>5A(2>5A4A(;4375A(9(5>65A(H5A65(?04( >5(1@4A734/65(!@7A67/5(d7@2H/4@(>.<@8(>5(@44>42I 278/( 4/( .260K@4( 34( RS[[( 2./( 0/5( 5K@0;53.@5( ;59.@M5(9(3427378(525K5@(2./(>.(?04(34/.;7/8( ©DKRUURHVSHFXODWLYRª<HOODPLVPDSDUDGDU HMHPSORVHDSOLFyHOFXHQWR\SHVL¿FyVXVDKRI UURVHQGyODUHV HVGHFLUGHMyGHHVSHFXODU (O FRQWUROFDPELDULRKDEtDOOHJDGRSDUDTXHGDUVH *>(*A653.(G5@<0;4/68(4>(<.K74@/.G(/424A765I K5(37B7A5A(15@5(H524@(F@4/64(5>(15<.(34(7;1.@I WDFLRQHV\YHQFLPLHQWRVGHGHXGD<ODVGLYLVDV A4(4A65K5/(4AF0;5/3.E(.2H4/65(;7>(;7>>./4A(34( 38>5@4A(4/(>.A(Q>67;.A(27/2.(5D.A=(A4<Q/(356.A( R¿FLDOHVQLPiVQLPHQRVTXHHOGLHFLRFKRSRU FLHQWRGHO3,% */(4>(.6@.(>53.(34(>5(6@7/2H4@5=(>.A(2@M672.A( B74@./(4/(4>(241.(5>(38>5@(0/5(A04@64(34(2.@@5>76.( HQGLYLVDV6RORHQDOJXQRVVXSXHVWRV YLDMHVDO 4U64@7.@=(15<.(34(3464@;7/535A(7;1.@6527./4AW( A4(10434/(2.;1@5@(38>5@4A(34(;5/4@5(>4<5>(4/( 4>(15MA(?04=(34A10JA(34(*A653.A(_/73.A=(564A.@5( PiVELOOHWHVYHUGHVHQHOPXQGR$FDGDDUJHQI WLQROHFRUUHVSRQGHUtDQVHJ~QGDWRVGHO7HVRUR /.@645;4@725/.=(;7>(6@4A274/6.A(38>5@4A(F@4/64(5( ORVVHLVGyODUHVSHUFiSLWDGH%UDVLO$XQTXHHQ

73$89'"23$-"("2$9($5'!!+($/"$/+!&2",$7$&5'.3,$89"$(3$!3$,"4&(1 !$


*6,&2$*&!"23

ODV¿ODVR¿FLDOLVWDVVHGH¿HQGHODPHGLGDFRPR 0/5( A5>B5<05@35( 34( >5( 42./.;M5( /527./5>=( 4/I 6@4(>5(6@.15(H59(.17/7./4A(15@5(6.3.A(>.A(<0A6.A=( 34A34(>.A(34F4/A.@4A(52J@@7;.A(34>(2./6@.>(25;I K75@7.(H5A65(>.A(?04(A4(1@4<0/65/(1.@(?0J(4>(<.I K74@/.(5>(?04(B.65@./(>4A(.K>7<5(5H.@5(5(2.;464@( XQDLOHJDOLGDGSDUDDGTXLULUGyODUHV©¢3RUTXp WHQJR\RTXHLUDXQDFXHYD ORVFKLULQJXLWRV¿I /5/274@.A(3./34(.14@5(4>(;4@253.(/4<@.W(2.;.( A7(F04@5(0/5(34>7/204/64cO=(A4(1@4<0/65(0/5(1@.I IHVLRQDOUHODFLRQDGDFRQHOPXQGRGHODFXOWXUD -5A(?04N5A(9(5>5K5/:5A(1.@(4>(241.(5>(38I >5@( A4( 51@.175@./( 4/( >.A( Q>67;.A( ;4A4A( 34( >5A( FRQYHUVDFLRQHV VREUH HO GLQHUR (Q XQD FHQD 2./(6@4A(5;7<.A(e7@2H/4@7A65A(V4>(5/67<0.(K7/.I ;7.(14@./7A65f<.@7>5(?0438(H.9(A014@53.(1.@(4>( 34(e7@2H/4@7A65f5/67e7@2H/4@7A65W=(6.3.A(254/(4/( 0/5( 20@7.A5( 2./6@5372278/E( >5( /.@;5( 4A( K04/5( 15@5(4>(15MA(G5@<0;4/65/G(9(;5>5(15@5(4>>.A=( ?04( 65;K7J/( /424A765/( 38>5@4A( 15@5( A5>7@( F04@5( GHOSDtV©$PtPHFDJDURQYLDMRD(FXDGRU\ QHFHVLWRGyODUHVªVHODPHQWDXQRGHHOORV©<R LQWHQWpSHGLUGyODUHVDOD$),3 OD+DFLHQGDDUI <4/67/5(?04(506.@7:5(0/.A(27/204/65(38>5@4A(1.@( 3M5(15@5(>.A(B75N4A(5>(4U64@7.@=(50/?04(4>(A7A64;5( A4(254(2535(3.A(1.@(6@4A(9(4/(>5(1@C26725(@4A0>65( 6.65>;4/64(5@K76@5@7.(5(>5(H.@5(34(5A7</5@(37B7I

710%3.+,-',"<0 =)+0%!%0+10 +>?'&'$'",'#!"0 ?%#-%019!'-+#0 ',#"#@+$?%6"#<0 ?%&1%0@%3%0=)+01"0 +#$)$?+0,"0#"1"0#)0 ',-+31"$)-"30!;#0 $+3$%,"0#',"<0%0 #+30@"#'&1+<0-"6"0 +10!),6"A

"($"!$,94"25"2*&/3$5"$:&*"($*&/&$;"<$5=,$/",*9"(-3,>$/"$5"2*&/"2#&$432$"!$5',53$/'("231 !%


"($"!$4&#,$/"$!3,$,'"-"$!3*3,

43("2$!&$-&,&$/"$'(-"26,$,3?2"$!&$5",&$/"$/'("231 !!


*6,&2$*&!"23 VDV SHURPHSLGLHURQXQDFODYH¿VFDO\QRWHQI JRªFRQ¿HVDRWUR©<QLVHWHRFXUUDSHGLUODª 7/64@B74/4(4>(64@24@.E(Y!05/65(;4/.A(7/F.@;5I 278/(64/<5/(34(B.A=(;4N.@L(4A6C/(4A14@5/3.(?04( OODPHVDVXSXHUWDSDUDFD]DUWHª Hablemos de guita P4@.(28;.(/.(H5K>5@(34(37/4@.(6.3.(4>(674;1.(A7( >.A(;437.A(34(2.;0/725278/(A4(34A590/5/(2./( 4A4(5A0/6.(9(2./2>094/(>5(N.@/535(34(>5(;7A;5( PDQHUD1RKD\PiVTXHHQFHQGHUHOWHOHYLVRU 9(A7/6./7:5@(5><0/.(34(4A.A(25/5>4A(?04(.F@424/( /.67275A(V>5(;7A;5(/.67275(6.3.(4>(674;1.W(30I UDQWHODVYHLQWLFXDWURKRUDVGHOGtD$KtHVWiHO DQDOLVWD GH WXUQR KDEODQGR GH JXLWD +R\ WRFD 4>( A5>5@7.( 34( >.A( 1.@64@.A( 34( +04/.A(&7@4A=( 0/( 64;5(?04(/.(34N5(7/37F4@4/64(5(/5374(104A(H59( ?074/( 174/A5( ?04( <5/5/( 34;5A753.( VA0( A04>3.( 4A6C(;09(1.@(4/27;5(34>(A5>5@7.(1@.;437.=(?04( @./35( >.A( 27/2.( ;7>( ?07/74/6.A( 14A.A( ;4/A05I OHVXQRVQRYHFLHQWRVHXURV ©6LHOSRUWHURGH PLHGL¿FLRJDQDPiVTXH\RHVTXHDOJRDQGD ;5>(4/(4A64(15MAO=(@4204@3.(?04(;4(2.;4/68(0/( DPLJR SHULRGLVWD 6H HTXLYRFDED OR TXH DQGD PDOQRHV$UJHQWLQDVLQRHOR¿FLRGHSHULRGLVWD DTXt\HQ3HUQDPEXFR&DPELRGHFDQDO\HVI 202H.(?04(5><074/(H5K>5(34(>5(2.@@01278/(4/(*AI SDxD\ORVVREUHVXHOGRVHQHO3DUWLGR3RSXODU ©0LUi HVWRV HVSDxROHV HVWiQ FRSLDQGR OR TXH KDFtDPRVDFiª6LQHPEDUJRQRHVWiPX\FODUR TXLpQFRSLyDTXLpQ1RKD\PiVTXHOHHUD%HOI <@5/.=(0/.(34(>.A(1@824@4A(34(>5(%/3414/34/275=( 4/( 0/5( 34( >5A( 25@65A( ?04( 4/B78( 5( A0( 153@4( A.I EUHORTXHYLRHQOD(VSDxDGH¿QDOHVGHOVLJOR GLHFLRFKR ©0L TXHULGR SDGUH OD SODWD SXHGH ;02H.( K74/( 37@7<735=( 64/74/3.( 5><Q/( 2./.27I ;74/6.(4/(>5A(2.A5A(34(>5(!.@64(9(A5K74/3.(>.A( 2./3026.A(A4(>>4<5(5(2./A4<07@(>.(?04(A4(?074@4( 2./(4>>5L(5?0M(;CA(B5>4(515@4/65@(@7?04:5A(?04( SREUH]DSXHVDWRGRVDEUHORVRMRVHOPHWDOª !5;K7.(34(/04B.(34(25/5>(9(;4(6.1.(2./( HO REMHWR PiV GHVHDGR GHO PRPHQWR HO GyODU (QVHJXLGDSLHQVRHQ*XLOOHUPR0RUHQRHOWRI GRSRGHURVR VHFUHWDULR GH &RPHUFLR (Q WLHPI 1.A(4/(?04(4>(38>5@(15@5>4>.(4A6C(K5674/3.(6.3.A( >.A(@J2.@3A(9(H5(A014@53.(>.A(g=\S(14A.A(G4A( 3427@=( 0/( 27/204/65( 1.@( 274/6.( 1.@( 4/27;5( 34>( R¿FLDO² 0RUHQR DFDED GH SURQRVWLFDU TXH HO GyODUR¿FLDOSRGUtDOOHJDUDORVVHLVSHVRVD¿I /5>4A(34(RS[hL(64/<5;.A(4/(204/65(?04(5(1@7/I FLSLRVGHDxRURQGDORVFLQFRSHVRV<VLORKD GLFKR0RUHQRXQDVXHUWHGH5DVSXWtQGHONLUI

2H/4@7A;.( 2515:( 34( @427K7@( 5( 274@6.A( 4;1@4A5I @7.A(2./(<05/64A(34(K.U4.(15@5(1./4@(>5A(2.A5A( 2>5@5A(34A34(4>(1@7/2717.=(2.;.(;M/7;.(2./B74I /4( 1@4A65@( 564/278/=( 1.@( ;CA( 2.;1>7253.( ?04( @4A0>64( 4/( 4A64( 15MA( 5A7;7>5@( @C1735;4/64( >.A( DYDWDUHVGHOGyODU '7( 5><Q/( 4U6@5/N4@.( 564@@7:8( 1.@( 1@7;4@5( B4:( 4/(&@<4/67/5( 4>( 15A53.( 37427A7464( 34( 4/4I @.=(1@.K5K>4;4/64(/.(H595(1.373.(4/64/34@(>.A( 6760>5@4A(34(>5(1@4/A5(34(4A4(3M5E(Y*>(38>5@(K>04( OOHJyDSHVRVª¢(OGyODUEOXH"1RWHQJR >5(;4/.@(7345(34(1.@(?0J(5>(38>5@(?04(A4(B4/34( 4/( 4>( ;4@253.( /4<@.( /.( >.( 34/.;7/5/( 1.@( A0( QRPEUH©QHJURªHQOXJDUGHOODPDUOREOXH< 4A.(/.(4A(6.3.=(1.@?04(4/(&@<4/67/5(H59(65/65A( 4A14274A(34(38>5@4A(?04(204A65(1@.1./4@(0/(7/I YHQWDULR (VWi HO GyODU EOXH GH ODV FXHYDV \ HO <@44/(34(>.A(Y5@K.>76.AO=(4A5A(1>5/65A(H0;5/5A( ?04(104K>5/(>5(2J/6@725(25>>4(Z>.@735(5>(<@76.(34( Y25;K7.=( 25;K7.O( 9( ?04( 1.A44/( 4>( 3./( 34( >5( LQYLVLELOLGDGSHURVRORDQWHODSROLFtD(VWiHO 38>5@( 24>4A64( 34( >5A( .14@527./4A( 7/;.K7>75@75A( V1.@?04(4/(&@<4/67/5=(B4@(15@5(2@44@=(>.A(17A.A( A4(2./A6@094/(4/(14A.A(9(A4(B4/34/(4/(38>5@4AW( 9(4>(38>5@(60@7A65(34(>.A(<5A6.A(2./(65@N465AL(H59( 0/(38>5@(A.N5=(0/(38>5@(;5M:=(0/(38>5@(<7@5A.>E( FDGDXQRFRQVXSURSLDFRWL]DFLyQ<KDVWDXQ 38>5@(K5067:53.(2./(4>(4U6@5D.(/.;K@4(34(Y2./I 653.( 2./( >7?07O=( ?04( A4( 067>7:5( 15@5( >5( F0<5( 34( FDSLWDOHVSRUODYtDOHJDO -5(5A7;7>5278/(A.275>(34>(38>5@(15@5>4>.(4A( 65>(?04(>.A(1@7/2715>4A(375@7.A(5@<4/67/.A(10K>7I FDQHQVXVSiJLQDV¿QDQFLHUDVQRVRORODFRWL]DI FLyQGHOGyODUR¿FLDOVLQRWDPELpQODGHOQHJUR TXLHURGHFLUEOXH &RPRQRSRGtDVHUPHQRV 4/( >5A( @434A( A.275>4A( 95( H59( ?074/( 7/F.@;5( 34( >5( 2.67:5278/( 34>( 38>5@( 15@5>4>.( 5( 6.35A( H.@5AE(( #GyODUEOXH#GyODUFDEOH#GyODUOLWH P5@5(@7:5@(4>(@7:.=(@4274/64;4/64(515@4278( 0/5(51>725278/(7/F.@;C6725(?04(A7<04(>.A(5>67K5I N.A( 34>( 38>5@( 15@5>4>.( 4/( 674;1.( @45>( 4/( 71H.I QHV\LSDGV&RPRVHVDEHORVDUJHQWLQRVVRQ ORV UH\HV GHO LQYHQWR$Kt HVWi (UGRVDLQ \ VX URVDGHFREUHSDUDDWHVWLJXDUOR6HDXWRSURFODI ;5/(7/B4/6.@4A(34>(K.>M<@5F.(V?04(4/(&@<4/67/5( >>5;5/( 2./( 4>( 1420>75@( /.;K@4( 34( K7@.;4( 4/( H./.@( 5( A0( 2@453.@=( 4>( HQ/<5@.( /527./5>7:53.( 5@<4/67/.( -CA:>8( +7@.W( 9( 34>( 506.KQA( 0@K5/.( .( 2.>4267B.( V1043.( 35@( F4( 34( ?04( F04@./( 4>>.A( >.A( 2@453.@4A( 34>( 252H5@@.E( 1.@( +04/.A( &7@4A( FLUFXODQORVSURWRWLSRVPiVYLHMRVGHOSODQHWD  P04A(K74/=(0/5(4;1@4A5(5@<4/67/5(34(A767.A(a4K=( +0>>17U=( 4A6C( 346@CA( 34( >5( 51>725278/( 34>( 38>5@( K>04=(0/5(34(>5A(;CA(34;5/3535A(34(&11>4(4/(

;"(.&$&$!&$*'9/&/@$*3(,95&$92."(*'&1 !&


"($"!$4&#,$/"$!3,$,'"-"$!3*3, $UJHQWLQD©3ULPHURUHJDODPRVODDSOLFDFLyQD QXHVWURVFOLHQWHV/XHJRGHFLGLPRVFDUJDUODHQ 4>(&11( '6.@4( 34( ;5/4@5( <@560765( 1.@( 3.A( 3M5A( \ODGHVFDUJDURQPiVGHWUHVPLOSHUVRQDV/D SDVDPRV DO PRGR SDJR SDUD SRGHU PHMRUDUOD $KRUD FXHQWD FRQ QRWL¿FDFLRQHV HQ GRQGH VH 7/F.@;5(1.@(H.@5(>.A(25;K7.A(4/(>5(2.67:5278/O=( @4>565(&>4N5/3@.()./:7A=(37@426.@(2.;4@275>(34( >5(4;1@4A5=(5>(375@7.(71023",'#-%02"!+3$'%1 '7/( 65/6.A( 5>5@34A( 642/.>8<72.A=(&<0A6M/=( 0/(6@47/65D4@.(?04(>>4B5(A7464(5D.A(4/(4>(/4<.I 27.(34>(38>5@(15@5>4>.=(204/65(9(@4204/65(K7>>464A( 6@5A( 0/5( B4/65/7>>5( 4/( 0/( >.25>( 34( +5@@7.( $.@I WH XQD ]RQD GH FODVH PHGLDDOWD GH OD FDSLWDO Y)5;4(14A.AO=(.@34/5(A7/(?04(H595(/5374(;CA( DODYLVWD8QRVVHJXQGRVGHVSXpVXQERWHGH 1>CA672.(34A274/34(1.@(0/5(1>565F.@;5(H5K7>765I GDHQXQDHVTXLQDGHOKDELWiFXORGRQGHWUDEDMD ©&LHQGRVFLHQWRVWUHVFLHQWRV«ª/RVGHGRVGH $JXVWtQVRQPiVUiSLGRVTXHODYLVWD(QXQRV A4<0/3.A=(>4(4/6@4<5(A7464(;7>(2056@.274/6.A(27/I 204/65(14A.A(5(0/(2>74/64(?04(>4(H5(B4/373.(;7>( GyODUHV7RGRHQODFXHYDGH$JXVWtQ²HOWDEXI 2.(34(3.A(1.@(3.A(3./34(5674/34=(>5(>0:(;.@64I 27/5=(>5A(15@434A(205@64535AG(674/4(0/(57@4(34( A.@3734:(?04(/.(34A4/6./5(2./(>5(5267B7353(?04( DOOt VH SUDFWLFD OD XVXUD (O VRFLyORJR DOHPiQ X4.@<( '7;;4>( 95( 53B7@678( 4/( /D ¿ORVRItD GHO 6',+3"(V[`S\W(?04(>5A(@4>527./4A(H0;5/5A(?04I 35@./( ;5@2535A( 5( F04<.( 34A34( >5( 515@7278/( 34( 0/(7/A6@0;4/6.(34(2.;4@27.(?04(A4(6@5/AF.@;8( HQXQ¿QHQVtPLVPR&RQHOGLQHURVXUJHHOLQI 37B730.(25>20>53.@(4/(346@7;4/6.(34>(7/37B730.( FRQWHPSODWLYR Y*A6.(/.(674/4(;02H5(274/275E(A4(6@565(34( FRPSUDU \ YHQGHUª PH DVHJXUD$JXVWtQ 3HUR WLHQHPiVFLHQFLDGHODTXHSDUHFH©)DOWDQGyI >5@4A(4/(4>(;4@253.=(1.@(4A.(H59(65/65(34;5/35=( 9(>5(B5(5(A4<07@(H5K74/3.(1.@?04(4>(<.K74@/.(/.( B5( 5( A5>7@( 5( B4/34@( 38>5@4AL( H59( ?04( 4/64/34@( XQDFRVDHOFHSRFDPELDULRQRVHYDDDFDEDUª *>(204B4@.(H5K>5(34(42./.;M5(2./(34A15@I SDMR/DHVSLUDOLQÀDFLRQDULDDKtHVWiHOSUREOHI PD$UJHQWLQDVHSUHFLSLWDKDFLDHVDHVSLUDO\D ODSDUDOL]DFLyQGHOFUHFLPLHQWR2VHDODWHPLI GDHVWDQÀDFLyQ$JXVWtQSDUHFHXQHFRQRPLVWD SHURQRORHV©/RTXHSDVDHVTXHOHRPXFKR ;4(<0A65(4A65@(4/64@53.(34(>5A(2.A5A=(1.@?04(9.( 65;K7J/(;04B.(;7(1>565E(4/(.@.=(4/(K./.A=(3./I GHYHDTXHYDDVHUPiVUHQWDEOHª(QWUHOHFFLyQ \OHFFLyQVXHQDHOWHOpIRQR<$JXVWtQFRQWHVWD WHOHJUi¿FDPHQWH©(XURRFKRQRYHQWDª&RPR A7( F04@5( 0/( 25;K7.( >4<5>=( 2535( 3M5=( 34A34( >5A( 374:(9(;4375(34(>5(;5D5/5=(>.A(204B4@.A(2.;.(

&<0A6M/(>>5;5/(5(0/5(Y24/6@5>O(15@5(7/F.@;5@A4( A.K@4(4>(1@427.(34(2535(37B7A5(34(5204@3.(5(>5( RIHUWD\GHPDQGD©6RQEDQFRV\PHVDVGHGLI QHURGHOD&LW\ HO0LFURFHQWURSRUWHxR ODVTXH PDUFDQODSDXWDª !535(3M5(4>(;4@253.(/4<@.(;04B4(5>(;4/.A( B47/64(.(6@47/65(;7>>./4A(34(38>5@4A=(4>(6@4A(1.@( FLHQWRGHOWRWDO/RVWpFQLFRVOROODPDQPHUFDGR 7>M?073.(1.@?04(A4(6@565(34(0/(B.>0;4/(14?04D.( 3./34( 0/.A( 1.2.A( N0<53.@4A( 10434/( ;.B4@( 4>( WDEOHURDVXDQWRMR3HUR$JXVWtQQRWLHQHGXGDV A.K@4(?07J/(@4A15>35(>5(4U7A64/275(34(4A4(;4@25I 3.(15@5>4>.E(Y&>(?04(;CA(>4(7/64@4A5(?04(4U7A65( 4A(5>(1@.17.(<.K74@/.=(?04(5AM(10434(.14@5@(2./( VXVGyODUHVHQORVGRVPHUFDGRVHOR¿FLDO\HO SDUDOHOR(OORVVRQORVIRUPDGRUHVGHGLQHURª *>(/4<.27.(34>(204B4@.(4A6C(4A6@42H5;4/64( @4>527./53.( 2./( >5( B4/4@5278/( ?04( A74/64/( >.A( DUJHQWLQRVSRUHOGyODU0RQHGDIHWLFKHHOELI OOHWHYHUGHVHUiVLHPSUHJDUDQWtDGHDKRUUR©<R >.(4U1>72.(2./(4>(4N4;1>.(34(>5(25;14@5E(B.A(64( .>B73CA(0/5(25;14@5(4/(;7(/4<.27.(9(@4<@4ACA( 34/6@.(34(0/(5D.L(4/(0/(K.>A7>>.(34N5A64(274/(14I A.A(9(4/(4>(.6@.(274/(38>5@4AL(2./(4>(1@7;4@(K7>>4I 64(1.3@CA(2.;1@5@(0/(6@47/65(1.@(274/6.(;4/.A( SRUODLQÀDFLyQ PLHQWUDVTXHHOVHJXQGRORVHI <07@CA(<05@35/3.(1.@?04(/.(14@378(A0(B5>.@=(5>( FRQWUDULR¢6HHQWLHQGH"ª 0HULGLDQDPHQWH <PLHQWUDV$JXVWtQFRQWLQ~DKDEODQGRGH ;C@<4/4A(9(24/65B.A=(4>(4N4;1>.(34(>5(25;14@5( ;4(>>4B5(5(14/A5@(4/(6.3.A(4A.A(>0<5@4A(3./34( ORVDUJHQWLQRVJXDUGDQVXVDKRUURV/DGHVFRQI ¿DQ]DHQORVEDQFRVWUDVHOFRUUDOLWR¿QDQFLHUR 34(RSS[(>>4B8(5(;02H5(<4/64(5(4A2./34@(4>(37I /4@.(4/(>.A(@7/2./4A(;CA(7/A.A142H53.A(34(A0A( 25A5AE(K5N.(0/5(4/27;4@5=(4/(4>(K5>28/(.(4/6@4( ODURSDFRPRHVDFDPSHUD¿FWLFLDGH$JXVWtQ 2WURV SUH¿HUHQ QR DUULHVJDU WDQWR \ GHSRVLWDU A0A(38>5@4A(4/(>.A(K5/2.A=(14@.(/.(4/(0/5(204/65( VLQRHQXQDFDMDGHVHJXULGDG '4<Q/( 4>( 375@7.( B!&'-"0 C',%,$'+3"=( 4/( &@<4/67/5(H59(A464274/65A(;7>(25N5A(F04@64A(4/( ODV HQWLGDGHV EDQFDULDV &XiQWRV GyODUHV DFXI PXODQHVDVFDMDVHVXQPLVWHULR+D\WDPELpQ ?074/(342734(4/25A6@5@(>5(25N5(F04@64(4/(A0(1@.I SLRKRJDU */( 4>( 515@65;4/6.( ?04( 5>?07>J( 205/3.( >>4<0J( 5( +04/.A(&7@4A( H5KM5( 0/5( 4/.@;4( 25N5( IXHUWHHQHOFXDUWLWRGHODODYDGRUD'HKHFKR OD FDMD WHQtD HO WDPDxR GH XQD ODYDGRUD (VWDI K5(24@@535(5(25>(9(25/6.(9(/5374(A4(52.@35K5(34( ODFODYHSDUDDEULUOD'XUDQWHORVSULPHURVGtDV A.DJ( 2./( ?04( 0/.A( >53@./4A( 4/6@5K5/( 4/( 25A5(

*35"2$*3($-"("/32",$/"$?3(3,1 !'


*6,&2$*&!"23

0D710651%30&1)+E 0F"0-+,."01%0!+,"30 '6+%06+0@"30=)G0%10 651%30=)+0#+0*+,6+0 +,0+10!+3$%6"0,+.3"0 ,"01"06+,"!',%,0@"30 #)0,"!&3+<0H,+.3"I<0 +,01).%306+0 11%!%31"0&1)+A

9( ;4( 6.@60@5K5/( 15@5( ?04( 25/65@5( >5( 2.;K7/5I FLyQ &RPR QR OD VDEtD PH LEDQ FRUWDQGR ORV 343.A(34(>5A(;5/.A(9(205/3.(95(A.>.(?0435K5/( PXxRQHV PH GHVSHUWDED JULWDQGR /H SHGt HQI 25@42735;4/64(5(>5(53;7/7A6@53.@5(34>(17A.(?04( A4(>>4B5@5(4A5(2.A5(;5>7</5(34(;7(3415@65;4/6.( RTXHDOPHQRVODGHMDUDFRQODSXHUWDDELHUWD 3HUR QR IXH WDQ VHQFLOOR (O GXHxR YLYtD HQ HO 4U6@5/N4@.( 9( /.( @42.@35K5( >5( 2>5B4=( 5AM( ?04( >5( 53;7/7A6@53.@5(60B.(?04(2./6@565@(5(0/.A(4U14@I WRVHQFDMDVGHVHJXULGDG3ULPHURYLQRHORSHI @5@7.(4A67>7A65=(14@.(50/?04(<4A6720>8(2.;.(4A.A( >53@./4A(34(<05/64(K>5/2.(?04(A5>4/(4/(4>(27/4=( QRORJUyGDUFRQODIyUPXODDGHFXDGD6HPDUI FKyFDEL]EDMR'HVSXpVOOHJDURQORVUHYHQWDGRI @4A(1@.F4A7./5>4A=(671.A(@03.A(2./(65>53@53.@5A=( PDUWLOORV \ UHIUHVFRV GH FROD /D FDMD SHVDED 0/(?07/65>(9(>5(Q/725(F.@;5(34(/.(F0/37@(4>(5AI FHQVRU HUD WURFHDUOD 5RPSLHURQ YDULDV EURFDV DQWHVGHSRGHUSHUIRUDUHODFHURGHODUPDWRVWH $0/25(A014(;09(K74/(?0J(H7274@./(4A.A(Y4U14@I 6.AO( 65/6.( 674;1.( 4/( 4>( 205@6.( 34( >5( >5B53.@5=( SHURHVWXYLHURQYDULRVGtDVKDVWDTXH¿QDOPHQI 64(2./A7<074@./(A415@5@(>5(104@65(34>(204@1.(34( ODFDMD\PLSHVDGLOODSRU¿QVHDFDEy -4( H4( 14@373.( 4>( H7>.( 5( &<0A6M/( 30@5/64( 0/.A(A4<0/3.A(14@.(/.(7;1.@65(1.@?04(J>(A7<04( 4/(>.(A09.E(Y*>(38>5@(K>04(B5(5(2./67/05@(A0K74/I GRDXQTXHHOJRELHUQRGHYDO~HHOR¿FLDOVLQR 1./4(38>5@4A(5(>5(B4/65=(>5(K@42H5(A4<07@CO=(4A6C( GLFLHQGRDKRUD1RKD\XQDVDOLGDIiFLOVHJ~Q 4>(42./.;7A65(204B4@.=(1.@?04(A7(A4(4>7;7/5(4>(

241.(25;K75@7.(>5(<4/64(7@C(4/(;5A5(5(2.;1@5@( GyODUHV©(VODFXOWXUDDUJHQWLQDVRPRVDVtª -5(.KA4A78/(1.@(4>(38>5@(4U7A64(34A34(H524( GpFDGDV ©6DODULRV SUHFLRV WLSR GH FDPELR 6.3.( 4>( ;0/3.( H5K>5( 34( 37/4@.=( 6.3.A( >.A( ?04( 10434/(14@;76M@A4>.(2.;1@5/(38>5@4A(4/(4>(;4@I FDGRQHJUR<SURQWRHOYLVLWDQWHVHYHDIHFWDGR SRUODKLVWHULDª&XDOTXLHUDSRGUtDVXVFULELUHVD IUDVH KR\ SHUR IXH HVFULWD HQ  96 1DLI 150>(15>15K5(4/6./24A(>5(@45>7353(5@<4/67/5(15@5( 4A2@7K7@(A0(4U64/A5(2@8/725(A.K@4(4>(14@./7A;.E( 7103+.3+#"06+07*%08+35,(OWUDGXFWRUGH%RUI JHV1RUPDQ7KRPDVGL*LRYDQQLTXHOOHYDED 6@4A(5D.A(B7B74/3.(4/(+04/.A(&7@4A=(>4(6@5A>535( 5($57150>(4A5(7;1@4A78/E(Y*;174:5A(5(64/4@(>5( A4/A5278/(34(?04(64(4A6CA(15A5/3.(>.A(;4N.@4A( DxRVGHWXYLGDHQFDVDGHOFDPELVWD9R\DOOt 5><0/5A(65@34A(7<05>(?04(.6@5A(14@A./5A(B5/(34( FRPSUDV VROR SDUD YHU TXp VH RIUHFHª 3DUD A4<07@(4>(2./A4N.(34()7(X7.B5//7=(;4(524@2.(5( B7A765@(5(&<0A6M/(5><0/5A(65@34A(34(4A64(B4@5/.( DXVWUDO PLHQWUDV SDVHR SRU %XHQRV $LUHV 0H <0A65(B4@>4(2./65/3.(K7>>464A(5(6.35(B4>.27353E( 274/=( 3.A274/6.A=( 6@4A274/6.A=( ;74/6@5A( .@34/5( ?04(K5N4/(4>(F@5A?076.(2./(>.A(14A.A(4/(A0(65K0I FRGHGRVSRUGRV (VHOWULXQIRGHODVRFLHGDGGHOFiOFXOR Coaching in the river plate '4<0@5;4/64(&<0A6M/(/.(/424A764(>.A(2./A4N.A( 34($72.>CA(-76B7/.FF=(0/(42./.;7A65(V2./(6M60>.( XQLYHUVLWDULR GHYHQLGRFRDFK¿QDQFLHUR&XDQI 3.(.M(H5K>5@(34(J>(/.(64/M5(7345(34(?0J(34;./7.A( HUD XQ ©FRDFKª ¿QDQFLHUR XQD GH HVDV PDUDI B7>>.A5A( 4U1@4A7./4A( 34( /04A6@5( J1.25( <>.K5>7I ]DGD ©1R HV PiV TXH HO FRDFKLQJ RQWROyJLFR DSOLFDGRDODV¿QDQ]DVªPHVXHOWD/LWYLQRII '7<.( A7/( 4/64/34@( /535=( 5AM( ?04( 5K@.( A0( >7K@.( 7#0 -)0 6',+3"( 4( 7/64/6.( 4/64@5@;4( 34( ?0J( H5K>5;.A(205/3.(H5K>5;.A(34(2.52H7/<(./6.I >8<72.E(Y'4(K5A5(4/(>5(1@4;7A5(34(?04(4U7A64(0/5( @4>5278/(37@4265(4/6@4(/04A6@5(F.@;5(34(.KA4@B5@( 4>(;0/3.=(>5A(5227./4A(?04(4;1@4/34;.A(9(>.A( @4A0>653.A( ?04( .K64/4;.AL( 1.@( 4/34=( A0( ;465( 1@7/2715>( 4A( 6@5/AF.@;5@( 4>( 671.( 34( .KA4@B53.@( ?04( A.;.A( V]W( 15@5( 5>25/:5@( >.A( .KN467B.A( SODQWHDGRVª $SOLFDGR D ODV ¿QDQ]DV HO WUDEDMR GHO 2.52H(4A(>.<@5@(?04(4>(7/B4@A.@(25;K74(9(;4N.@4( A0(10/6.(34(.KA4@B5278/(34(>5(@45>7353(42./8I PLFDSDUDORJUDUUHVXOWDGRVWDQJLEOHV9R\HQI WHQGLpQGROR

"!$.3?'"2(3$(3,$-2&-&$*353$&$9($(A5"23$7$"!$89"$!3$4"25'-"$",$9(31 !(


"($"!$4&#,$/"$!3,$,'"-"$!3*3, $72.>CA(;4(H5(27653.(4/(0/5(25F464@M5(34( '5><04@.(9(-7K4@653.@=(0/5(34(>5A(:./5A(;CA(/.I K>4A(34(+04/.A(&7@4A=(3./34(0/.(7;5<7/5(?04( 5( >5( <4/64( /.( >4( H524/( F5>65( ;02H.A( 2./A4N.A( SDUDFRQVHJXLUSODWD©/RTXHKDJRHVGDUOHXQD B04>65( 34( 604@25( 5>( 2.52H7/<( 9( F0A7./5@>.( 2./( ODV¿QDQ]DVWUDEDMpHQVRFLHGDGHVGHEROVDPDI /4N5/3.(204/65A(34(64@24@.A(4(7;15@6M(2>5A4A(34( HFRQRPtD¿QDQFLHUDMXQWRWRGRHVR\VDOJRFRQ HOFRDFKLQJ¿QDQFLHURª<SDUDHOORIXQGy(VI WXGLQHURQHWXQVLWLRGHLQWHUQHWDOTXHVHDSXQI 65/(34A34(2./65K>4A(H5A65(;7/4@.A(.(65U7A65A(4/( EXVFDGHOWLHPSR \GHOGyODU SHUGLGR(QVXV 2>5A4A=(4>(2.52H(4/A4D5(5(A0A(5>0;/.A(5(Y7/B4@I WLU FRQ IXQGDPHQWRVª ©/D LQWXLFLyQ VLHPSUH JHQHUDSpUGLGDVªHVXQDGHVXVSUHPLVDV 7HQtDPLVGXGDVVREUHODVGLIHUHQFLDVHQWUH XQ FRDFK \ XQ DVHVRU ¿QDQFLHUR SHUR HPSHFp 5(34A14N5@>5A(205/3.($72.>CA(;4(2.;4/68(?04( 4A65K5(64@;7/5/3.(A0(1@7;4@5(/.B4>5E(J%-+,0%10 DVHVRU ¿QDQFLHUR 3DUHFH TXH ORV FRDFK QR VH OOHYDQPX\ELHQFRQORVDVHVRUHV©+D\VLHPI SUHXQFRQÀLFWRGHLQWHUHVHVHQWUHHODVHVRU\VX 2>74/64=(1.@?04(4>(5A4A.@(174/A5(A.>.(4/(4>(K./0A( GH¿QGHDxRTXHOHFRUUHVSRQGHUiSRUODFDQI WLGDG GH SURGXFWRV TXH KD\D SRGLGR FRORFDUª <HOFRDFKVHJ~Q1LFROiVWUDEDMDHQXQSODQR PiVHPRFLRQDO£4XpEXHQUROOR(QFXDOTXLHU 25A.=( 5( ;M( >5( 15@64( 34( >5( 2H5@>5( 2./( -76B7/.FF( ?04(;CA(;4(7/64@4A5(4A(205/3.(;4(@4B4>5(?04(J>( QRWUDEDMDPiVGHFXDWURKRUDVSRUGtD7UDEDMDU PHQRV\JDQDUPiVGHHVRVHWUDWD(UGRVDLQ\ HO5X¿iQ0HODQFyOLFRVHXQHQDQXHVWUDPHVD Y-5( 1@4<0/65( 2>5B4( G/.A( 7/F.@;5( 4>( 2.52H( 5( >.A( 6@4AG( 4A( A7( 2./B74/4( 343725@( 4>( .2H4/65(1.@(274/6.(34(/04A6@.(674;1.(5(<4/4@5@( >.A(7/<@4A.A(.=(1.@(4>(2./6@5@7.=(6@5K5N5@(4>(B47/I 64(1.@(274/6.(34(/04A6@.(674;1.(15@5(<4/4@5@(4>( RFKHQWDSRUFLHQWRGHORVLQJUHVRVª3DUDHOOR KD\TXHYHQGHUELHQQXHVWURWDOHQWR©,QWHUQHW 64(35(>5(1.A7K7>7353(34(>>4B5@(4A64(671.(34(B735( ?04( 9.( 1@.1./<.E( /0/25( F04( 65/( FC27>( ;./65@( 0/( /4<.27.( 2.;.( H.9( 4/( 3M5=( A4( 6@565( 34( K0AI FDU DTXHOORV QLFKRV QR H[SORUDGRVª /LWYLQRII ORVOODPD9HKtFXORV$XWRPDWL]DGRVGH,QJUHVR 2WUDH[SUHVLyQPDUDYLOORVDPHQWHSRVPRGHUQD ©6H YHQGH WDOHQWR 5D]yQ DTXtª SRGUtD A4@( 4>( >4;5( 34>( 6@5K5N.( 1.@( 204/65( 1@.175( ?04( YLHQH(OSUREOHPDVHJ~QHOFRDFKHVTXHQR WRGRHOPXQGRVDEHSRWHQFLDUVXFDSDFLGDG< >.A( ?04( A5K4/( H524@>.( G174/A.( 9.G( 65;K7J/( 10434/(254@(4/(>5A(@434A(34(>5(5/A74353E(-76B7I QRIIUHODWDHQVXOLEURODDYHQWXUD¿FWLFLDGHXQ K@.e4@( 34( K.>A5( 5@<4/67/.( ?04( 342734( ;5/4N5@(

FXHQWDVGHWHUFHURVGHVGHVXFDVD'HVSXpVGH 7/F.@;5@A4( K74/( VA7<074/3.( >.A( ;5/35;74/6.A( 34>(2.52H7/<W=(7/B74@64(4/(15?0464A(34(5227./4A( 34( >.A( 15MA4A( 4;4@<4/64A=( >.A( >>5;53.A( +@72A=( PX\HQERJD$OSULQFLSLROHYDGHPDUDYLOOD 2./(<5/5/275A(34(;7>(?07/74/6.A(38>5@4A(1.@(3M5=( 4>(A04>3.(34(0/(;4A(9(;437.(4/(A0(6@5K5N.(5/64I ULRU3HURXQGtDOD%ROVDGDXQJLURLQHVSHUDGR 9(4>(K@.e4@(2.;74/:5(5(14@34@(5>(;7A;.(@76;.( TXHDQWHVJDQDED7RGRHVROHJHQHUDXQHVWUpV 7/2./6@.>5K>4=( B7B4( 14<53.( 5( >5( 2.;10653.@5( H.<5@4D5( 6.3.( 4>( 674;1.=( A4( ?0435( 34AB4>53.( H5A65(>5(;53@0<535(15@5(B4@(28;.(A4(2.;1.@I 65/( >.A( ;4@253.A( 5A7C672.A=( 2.;4( ;5>=( 37A2064( FRQVXQRYLDXQLQ¿HUQR+DVWDTXHFDPELDOD 4A6@564<75(7/B4@A.@5(9(>.<@5(@4B4@67@(>5(25M35(34( VXFXHQWDGHWHUFHURV(OFXHQWRWLHQHXQ¿QDO F4>7:=(1.@?04(4>(K@.e4@(525K5(<5/5/3.(4/(?07/24( GtDVWUHVPLOTXLQLHQWRVGyODUHV3HURPDOGLWDOD JUDFLD$SXQWRKDHVWDGRGHTXHOROOHYDUDQD XUJHQFLDVSRUXQSDURFDUGLDFR©7LHQHDOJRGH DXWRELRJUi¿FRVtªFRQ¿HVD1LFROiVSDUDVDFLDU PLFXULRVLGDG -.A(2./A4N.A(34(-76B7/.FF(A.K@4(28;.(067I >7:5@(4>(37/4@.(9(4>(674;1.(A4(B4/34/(K74/(4/(>5A( >7K@4@M5A=(14@.(/.(H5/(>.<@53.(K567@(5(>5(506J/6725( 4A6@4>>5(34(>5(64;1.@535=(4>(K4A6IA4>>4@(34(>5(37I B0><5278/(42./8;725E(7$","!9%0%0$",-3%!%,"=( GHO SHULRGLVWD$OIUHGR =DLDW ©<R QR YHR HQ OD &@<4/67/5(0/5(.KA4A78/(2./(4>(37/4@.(2.;.(.KI N46.(F4672H4(34>(A7A64;5(251765>7A65(37F4@4/64(5(>5( ?04(10434(H5K4@(4/(.6@.A(15MA4AL(>.(?04(AM(4U7A64( HVXQDREVHVLyQFRQHOGyODUªPHH[SOLFD=DLDW */( A0( >7K@.( G>4260@5( 34( 25K424@5( 34( >5( 1@4A734/65(d7@2H/4@G=(i5756(343725(0/(251M60I OR D HVD REVHVLyQ < UHODWD DOJXQDV FXULRVLGDI 34A( 7/64@4A5/64A=( 2.;.( >5( 1420>75@( ;5/4@5( 4/( ?04( B75N5/( 6.3.A( 4A.A( 38>5@4A( ?04( 520;0>5/( >.A( 5@<4/67/.A( 34A34( >5( "4A4@B5( Z434@5>( H5A65( HO %DQFR &HQWUDO GH $UJHQWLQD 7RGR XQ QHI JRFLR SDUD :DVKLQJWRQ (Q FRQFUHWR HO 7HVRI @.( /.@645;4@725/.( @427K78( 6@4A( ;7>( 3.A274/6.A( B47/676@JA(;7>>./4A(34(38>5@4A(4/(7/64@4A4A(A.>.( HQ©/RVDUJHQWLQRVTXHVHDIHUUDQDHVRV K7>>464A( ;4@424/( A5K4@( ?04=( 34( F.@;5( <@560765( V]W=(H5/(2.>5K.@53.(2./(4A5(A0;5(;7>>./5@75(5( ODV¿QDQ]DVGH(VWDGRV8QLGRVª3DUD=DLDWOR ?04(AM(37F4@4/275(5(&@<4/67/5(34(.6@.A(15MA4A(4A( >5(20>60@5(@4/67A65(?04(H0/34(A0A(@5M24A(4/(>5(1.I A4A78/(34(B5A65A(C@45A(34(674@@5(6@4;4/35;4/64( SURGXFWLYDV SHUR HQ PX\ SRFDV PDQRV ©8QD 20>60@5(?04(/.(A4(37.(4/(.6@5A(15@64A(34>(;0/3.( 2./(0/5(K4/37278/(34(>5(/560@5>4:5(A7;7>5@(5(>5( QXHVWUDªGLFH

",-&53,$;';'"(/3$9($535"(-3$:',-62'*31 &)


*6,&2$*&!"23

34(;5/4@5(65/<4/275>=(2.;.(4/(>.A(@4<7A6@.A(34( <5A6.A( 34( '5@;74/6.( ?04=( 1.@( 274@6.=( 5/.65K5( KDVWDODVRUJtDV Y*A(5(15@67@(34(4A5(2@7A7A(34([T`S(205/3.( >5A(/.B4>5A(A4(H524/(25@<.(34(4A5(/04B5(@45>7I GDGHOGLQHURODFULVLVODHVSHFXODFLyQEXUViWLO &>(;7A;.(674;1.=(>.A(375@7.A(2.;74/:5/(5(10I EOLFDUQRWLFLDVUHODFLRQDGDVFRQODV¿QDQ]DVORV VXLFLGLRVTXHSURYRFDODFULVLVHWFpWHUDª<HVH 272>.(34(/.B4>5A(@4>527./535A(2./(4>(37/4@.(2./I FOXLUiD¿QDOHVGHODGpFDGDGHOYHLQWHFRQ/"#0 #'+-+01"$"#(9(/"#01%,R%11%!%#GH$UOW'HVSXpV 9(50/?04(.6@.A(<@5/34A(4A2@76.@4A=(34A34(+.@<4A( 5('54@=(6@565@./(4>(5A0/6.(5(A0(;5/4@5=(H5K@C(?04( 4A14@5@(H5A65(.6@5(46515(34(5K@0165(1@.A14@7353( 9( 2@7A7A( 15@5( 4/2./6@5@/.A( 2./( 4>( 37/4@.( 2.;.( SURWDJRQLVWDHQODQDUUDWLYDDUJHQWLQD */(>5(3J2535(34([``S(A4(4A2@7K4/=(A4<Q/( -54@5=(27/2.(/.B4>5A(?04(6@565/(4>(37/4@.(/.(95( 2.;.(4>(/04B.(HJ@.4(;.34@/.(?04(1@.2>5;5@5( %DO]DFVLQRFRPRVXUHYHUVR©6RQWUDPDVTXH @4F04@:5/( >5( 7345( 34( >5( 5KA6@52278/( 7/6@M/A425( 34>(37/4@.L(;CA(?04(34>(37/4@.(H5K>5/(34(>5(34I( VDSDULFLyQGHOGLQHURª$KtHVWiQ710%'3+(V[``RW=( 34( '4@<7.( !H4NF42=( 3./34( 4>( B73@7.( @44;1>5:5( 5( ;./435A( 9( K7>>464AL( S%#%&'( V[``kW=( 34(&>5/( P50>A=( 3./34( >5( K425( 2./243735( 5( 0/( 4A2@76.@(

)4F4/A.@(34>(2./6@.>(25;K75@7.(7;104A6.( 1.@( 4>( <.K74@/.=( 4>( 506.@( 34( 7$","!9%0 %0 $",4 -3%!%,"02@44(?04(>.(?04(4A6C(4/(N04<.(4A(>5(@4I 2014@5278/(34(>5(A.K4@5/M5(;./465@75(34>(15MA=( @7F535(5(A0(A04@64(30@5/64(3J2535A(34(1.>M6725A( QHROLEHUDOHV -.A( >7K@.A( 34( 37B0><5278/( 42./8;725=( 2.;.( 4>( 34( i5756=( 7/0/35/( >5A( 4A65/64@M5A( 34( ODV OLEUHUtDV DUJHQWLQDV 3HUR HO GLQHUR QR HVWi PX\SUHVHQWHHQODOLWHUDWXUDDFWXDO1RVLHPSUH IXHDVt/DLQYHVWLJDGRUDGHO&RQLFHW$OHMDQGUD -54@5=(3.26.@5(4/(-46@5A=(;4(2765(4/(4>(K5@(34>( 0XVHR6DUPLHQWRSDUDH[SOLFDUPHHQTXpPRI ;4/6.A(10A.(4>(F.2.(>5(>764@560@5(5@<4/67/5(4/(4>( GLQHUR /DHUD TXH SURQWR SXEOLFDUi VX HQVD\R C'$$'",+#06+106',+3"A0K3.+,-',%<0LMNO4POOL=(H5( 34642653.(0/5(4A6@42H5(@4>5278/(4/6@4(4A5A(3.A( pSRFDV'RVPRPHQWRVTXHFRPELQDQXQDJUDQ PRGHUQL]DFLyQFRQXQGHVDVWUHHFRQyPLFR(VD 64A7A( @4B4>53.@5( /.A( >>4B5( 5( 2./4265@( 5( j0>7C/( 0DUWHO²HOSULPHUDXWRUTXHVHRFXSyGHOGLI /4@.( 5( 2./274/275( 4/( /%0 Q"1#%( V[T`[WG=( 2./( >.A(/5@@53.@4A(2./64;1.@C/4.A(?04(4/6@4([``S( 9(RSS[(4A2@7K74@./(.K@5A(4/(>5A(?04(4>(37/4@.(A4( DUWLFXODFRPRPRWRUGHODWUDPD(Q/%0Q"1#%=( 0DUWHOHVFULEHSRUSULPHUDYH]VREUHXQDVXQI 6.(G4>(37/4@.G(?04(5/64A(A.>.(H5KM5(515@4273.(

9(3$(3$",$43?2"$,'$(3$,"$"(-"2&1 &*


"($"!$4&#,$/"$!3,$,'"-"$!3*3, A4(6@5/AF.@;5(4/(0/5(14A537>>5(?04(>4(1@.B.25I @C(4>(2@427;74/6.(34(0/(?07A64L(81%-%0=)+!%6%( V[``gW=(34("725@3.(P7<>75=(3./34(5@34(4>(37/4@.( 34(0/(@.K.L(T%3%!"(V[```W=(34(!JA5@(&7@5=(2./( 4>( 37/4@.( F5>A.( 2.;.( 1@.65<./7A65=( 9( /%0 +>@+4 3'+,$'%0 #+,#'&1+0 VRSS[W=( 34( ".3.>F.( Z.<a7>>=( 3./34( 0/5( F5;7>75( A4( B4( 5K.2535( 5( <5A65@( A0( SODWDHQXQFDVLQRGH/DV9HJDV (Y*A65A(/.B4>5A(GA4D5>5(-54@5G(A./(0/5( DSXHVWD SRU HVFULELU ODV ¿FFLRQHV GHO GLQHUR 34A34( >5( 7/64@14>5278/( 9( >5( 34/0/275( 34( A7605I 27./4A(B7/20>535A(5>(2./64U6.(1.>M672.(9(A.275>( 34>(15MA=(9(2@4.(?04(4A(7;1.@65/64(>5(2./4U78/( FRQODVREUDVGHOGLHFLQXHYH$XQTXHVRQQRI B4>5A(34(64;C6725A(9(1@.104A65A(37F4@4/64A=(>5A( REUDVGH¿QDOHVGHOGLHFLQXHYH\ODVGHODGpFDI 35(34>(/.B4/65(2.7/2734/(4/(5><.(4A4/275>E(34AI 6525@( >5( 64/A78/( 4/6@4( ;.34@/7:5278/( 9( 2@7A7AL( A4( 6@565( 34( 272>.A( ;.34@/7:53.@4A( 2./( ;02H5( 7/B4@A78/=( ;02H.( 2./A0;.( >0N.A.=( 9( 5;K.A( 64@;7/5/( 2./( 2@7A7A( /.( A.>.( 42./8;725A( A7/.( LQVWLWXFLRQDOHVª P4@.(A7(H59(0/(4A2@76.@(?04(A0K>7;8(4>(37I /4@.(2.;.(6@5;5(24/6@5>(34(A0(.K@5(F04(".K4@6.( &@>6=(506.@(34(5><0/5A(34(>5A(<@5/34A(/.B4>5A(34( ODOLWHUDWXUDHQHVSDxROGHOVLJORYHLQWH3LJOLD KDYLVWRHQ$UOWDOJUDQXUGLGRUGHOD¿FFLyQGHO GLQHUR ©(Q VXV QRYHODV ²HVFULEH 3LJOLD² HO 37/4@.( 515@424( 2.;.( 250A5( 9( 2.;.( 4F426.( 34( OD¿FFLyQ&DXVDSRUTXHSDUDWHQHUORHVSUHFLI VRPHQWLUHVWDIDUKDFHUHOFXHQWR(IHFWRSRUI ?04( 4A4( 4/@7?0427;74/6.( A74;1@4( 1.A64@<53.( 34A4/2534/5(>5(H7A6.@75(34(6.3.(>.(?04(A4(B5(5( KDFHUFXDQGRVHWHQJDGLQHURª/DHUDWDPELpQ 2.;15@64(4A5(>4260@5(A.K@4(>5(/5@@567B5(34(&@>6E( ©7DQWR0 /"#0 #'+-+0 1"$"#( 2.;.( A0( 2./67/05278/=( /"#01%,R%11%!%#=(@41@4A4/65/(4>(;.;4/6.(20>I PLQDQWHGHODV¿FFLRQHVGHOGLQHURª (O HVFULWRU 0DUWtQ .RKDQ %XHQRV$LUHV [`lgW=(0/.(34(>.A(;4N.@4A(/5@@53.@4A(34(A0(<4I /4@5278/=(65;K7J/(2@44(?04(&@>6(35(4/(4>(2>5B.(5>( A0K@595@(0/5(34(>5A(3.A(F5/65AM5A(?04(3.;7/5/( 4>(7;5<7/5@7.(5@<4/67/.E(>5(@7?04:5(@414/67/5(5( WUDYpV GHO EDWDFD]R 6X FRQWUDFDUD HV OD UXLQD IXOPLQDQWHTXHWDQWRKDFDQWDGRHOWDQJR©/D 7345( 34>( K56525:.( 5@>675/.( B5( 4/( 2./6@5( 34( 4A5( ¿ORVRItDGHQXHVWURVDEXHORVHOWUDEDMRGLDULR 4>(A415@5@(4>(14A76.=(4>(5H.@@.O=(;4(204/65(d.I H5/(4/(4>(4A24/5@7.(34>(6456@.(X@5/3('1>4/373=( @.3453.(34(526.@4A(1.>M<>.65A(?04(/.(15@5/(34( WRPDU FDIp /OHJy D OD FLWD FRQ XQD FDPLVHWD GHSRUWLYD \ XQD PRFKLOD D FXHVWDV 1R SDUHFH XQLQWHOHFWXDO3HURVXYLGDVRQORVOLEURV\OD GRFHQFLD ©0L SULQFLSDO FDSLWDO HV HO WLHPSRª

PHFRQ¿HVDSDUDOXHJRH[SOLFDUTXHOHUHYLHQWD SHUGHUXQGtDHQWUiPLWHVEXURFUiWLFRV d.H5/( 4A( 0/( 5@<4/67/.( 56M172.=( 1.2.( .( QDGDSUHRFXSDGRSRUHOGLQHUR$XQTXHHVDLQI GLIHUHQFLD QR OR SURWHJH GHO YLUXV ©+R\ IXL D 2.;4@( 5( 0/5( 15@@7>>5( /.@;5>( 4/( 0/( K5@@7.( /.@I ;5>(9(205/3.(;4(>4B5/6J(15@5(7@(5>(K5D.(15AJ( K.@345/3.(6@4A(;4A5A(9(4/(6.35A(4A202HJ(2./I YHUVDFLRQHV UHODFLRQDGDV FRQ HO GLQHUR (V LQI 64@4A5/64(14/A5@(4/(4A5(14@A./5(?04(50/?04(/.( 4A6J(37@4265;4/64(>7<535(5>(64;5(34(>5(1>565(A4( 7/64@4A5( 34( 5><0/5( ;5/4@5=( 1.@?04( 4>( 37/4@.( HVWiHQHODPELHQWH(QPLPHPRULDGHDUJHQWLI /.=(A74;1@4(F04(0/(64;5(34>(?04(H5KM5(?04(A5K4@( DOJRFRPRHOFOLPDGHOGtDª &(d.H5/(/.(>4(304>4/(1@4/35A(4/(@42./.I 24@(?04(J>(;7A;.=(0/(5/67;4/4;7A65(342>5@53.=( A4(A7/678(34(5><0/5(;5/4@5(;4A;4@7:53.(1.@(>5( FRQYHUWLELOLGDG©(OLGHRORJHPDGHOXQRDXQR V0/(38>5@E(0/(14A.W(;4(?0438(7/.20>53.(2./(0/5( IXHU]DTXHLEDPiVDOOiGHODUDFLRQDOLGDGª'H @414/64=(5(5><074/(2.;.(d.H5/(G?04(20>67B5(4>( 5/672./A0;7A;.G(A4(>4(4/24/3M5/(>.A(.N.A(5/64( >5( 25/67353( 34( >7K@.A( 9( 37A2.A( 7;1.@653.A( ?04( SRGtDDGTXLULU©0iVDOOiGHTXHHOXQRDXQR /.(64/M5(/7/<Q/(F0/35;4/6.(42./8;72.(9(4A65I K5(34A67/53.(5(34A;.@./5@A4=(4A6C/(>5A(@5:./4A( 734.>8<725A( 1.@( >5A( ?04( F0/27./8L( >5( 2./B4@67I K7>7353(6.28(0/(34A4.(2.>4267B.=(>5(B.>0/653(34( FUHHUHQTXHVHSXHGHVHURWUDFRVDª -5( 7345( /.A( >>4B5( 34( /04B.( 5( 1@7/2717.A( 34>(A7<>.(B47/64=(5(>.A(4A65/274@.A(?04(B75N5K5/( 5(Z@5/275(2./(A0(B525(4/(>5(K.34<5(34>(K5@2.=( 5>(A04D.(34(0/5(/5278/(?04(?07A.(A4@(9(/.(F04( OD(VWDGRV8QLGRVGHOVXU/DPRQHGDDUJHQWLI /5(;7@5/3.(34(6Q(5(6Q(5>(38>5@(4@5(4A.E(>5(7345( 34(14@64/424@(5(0/(1@7;4@(;0/3.(1@7B7>4<753.=( 3./34(4>(2./A0;.(34AK.253.(VY34;4(3.AOW(A4I UtDHOQXHYREHFHUURGHRUR©/DFULVLVGH 534;CA(34(6.3.(4>(4;1.K@427;74/6.(?04(250A8=( >5A67;8( 4A4( 7;5<7/5@7.O=( A0K@595( 4>( 506.@( 34( 2'+,$'%#0!"3%1+#<HOSDFLHQWH\DHVWDEDWRFDI GRGHVSXpVGHVXIULUODKLSHULQÃ&#x20AC;DFLyQGH¿QDOHV GHORVDxRVRFKHQWD ©(O¿OyVRIR7RPiV$EUDKDPVHUH¿ULyHQ 0/(5@6M20>.(5(?04(4>(B4@3534@.(;743.(A.275>(52I 605>(4/(&@<4/67/5(B74/4(4A67;0>53.(1.@(4>(F5/I WDVPDGHODKLSHULQÃ&#x20AC;DFLyQSRUHQFLPDGHRWURV 6@50;5A(A.275>4A(2.;.(4>(?04(34N5@./(4/(4>(15MA( >.A(@41@4A.@4A(34(>5(Q>67;5(3726530@5L(4A(64@@7K>4( SHUR DXWpQWLFRª DSXQWD .RKDQ /RV WUDXPDV 42./8;72.A( ;5@25@./( 5( F04<.( 4/( >5( A.274353( XQ©UHÃ&#x20AC;HMRGHIHQVLYRªTXHQRKDGHVDSDUHFLGR 9(?04(/.(674/4(/535(?04(B4@(2./(>5(4A1420>5278/(

/"$!3,$(A5"23,$2"/3(/3,@$5"$.9,-&$"!$*"231 &"


*6,&2$*&!"23 SXUD\GXUDTXHSUDFWLFDQDOJXQRVŠ(OGLQHUR G3724(4>(4A2@76.@G(/.(4A(0/5(204A678/(@4>4B5/I WHHQPLYLGDSHURVtWHQJRHVHUHĂ&#x20AC;HMRGHDKRI UURQRWHQJRDYLGH]HQJDQDUGLQHURPLUHĂ&#x20AC;HMR HVQRJDVWDUÂŞ 0HGHVSLGRGH0DUWtQ.RKDQHQODFDIHI 64@M5(34(>5(34A>0;K@5/64(>7K@4@M5(*>(&64/4.=(b.( 4@5(4>(4A24/5@7.(34>(X@5/('1>4/373c=(9(;4(4/25I PLQRKDFLDFDVD7HQJRTXHKDFHUDOJXQRVDUUHI JORV HQ OD EDXOHUD &DGD YH] TXH HQWUR HQ HVD 2.B52H5(>>4/5(34(6@5A6.A(9(B4.(>5(25N5(F04@64(6@.I 24535(;4(B74/4/(5(>5(;4;.@75(5?04>>.A(3M5A(34( 5/<0A675=(205/3.(;4(56.@;4/65K5(>5(7345(34(?04( >.A(4U14@6.A(34(>5A(65>53@53.@5A(9(>.A(;5@67>>.A(

QXQFDSXGLHUDQWHUPLQDUVXWUDEDMR$UUXPEDGD 4/(0/5(4A?07/5(34(>5(K50>4@5(?0438(>5(104@65(34( ODFDMD1XQFDROYLGDUpHOGtDHQTXHXQRGHORV .14@5@7.A=(2./(>.A(.N.A(4/@.N4273.A(34(65/6.(1.>I YR Wy[LFR PH JULWy OD EXHQD QXHYD Š£<D HVWi OLVWRFDSRª4XLVHVHUWHVWLJRGHOPRPHQWRGH OD DSHUWXUD ¢4Xp SUHFLDGR WHVRUR VH HVFRQGtD 4/( 5?04>( 2.F@4( ;7A64@7.A.c( */6@J( 510@53.( 5( >5( H5K765278/(9(;4(5A.;J(7;15274/64(1.@(4/27;5( GHORVKRPEURVGHORSHUDULR(QODFDMDIXHUWH /.( H5KM5( /535E( /7( 0/( 14A.( /7( 0/( 38>5@( /7( 0/5( MR\D 1L VLTXLHUD XQ SDSHOLWR VRFDUUyQ FRQ OD IUDVHŠ£7HPDWDURQSRUQDGDSHORWXGRª6ROR YDFtR\QDGDPiV[

GLOSARIO DE TĂ&#x2030;RMINOS Y PERSONAS Abraham, Tomas: (Rumania, 1946) FilĂłsofo y escritor radicado en Argentina desde 1948. Aira, CĂŠsar: (Coronel Pringles, 1949) Escritor y traductor argentino. PublicĂł mĂĄs de sesenta obras. AlfonsĂ­n, RaĂşl: (ChascomĂşs, 1927-Buenos Aires, 2009) Presidente de la Argentina desde 1983 hasta 1989. Arlt, Roberto: (Buenos Aires, 1900- 1942) Novelista, cuentista, dramaturgo, periodista e inventor argentino. AstrĂłlogo: Personaje de la novela Los siete locos (1929) del escritor argentino Roberto Arlt. Belgrano, Manuel: (Buenos Aires, 1770-1820) Abogado, economista, polĂ­tico y periodista argentino. CreĂł la bandera argentina y participĂł en varias batallas decisivas para la independencia de EspaĂąa. BĂ­rĂł, LĂĄszlĂł JĂłzsef: (Budapest 1899-Buenos Aires, 1985) Conocido en la Argentina como Ladislao JosĂŠ Biro fue un inventor y periodista hĂşngaro, nacionalizado argentino. El bolĂ­grafo fue el invento que le otorgĂł fama internacional. ÂŤBiyuyaÂť, ÂŤtorbeloÂť, ÂŤventoÂť, ÂŤmangoÂť: En Lunfardo (jerga originada en Buenos Aires), dinero. Campera: Abrigo, chaqueta. Celular: TelĂŠfono mĂłvil. Colectivo: AutobĂşs. CrematĂ­stica: Arte de hacerse rico. Chejfec, Sergio: (Buenos Aires, 1956) Escritor argentino radicado en Nueva York. ,S9\Ă&#x201E;mU4LSHUJ}SPJV! Personaje de la novela Los siete locos.

Erdosain, Augusto Remo: Personaje de la novela Los siete locos. Ergueta: Personaje de la novela Los siete locos. Estancia: DenominaciĂłn de los grandes establecimientos rurales en Argentina. Farmacity: Cadena de farmacias de Argentina. Fogwill, Rodolfo: (Buenos Aires 1941-2010) Escritor y sociĂłlogo argentino. Giardinelli, Mempo: (Resistencia, 1947) Escritor argentino creador de la revista Puro Cuento. ColaborĂł en Orsai N9 con ÂŤLos traidoresÂť. Gombrowicz, Witold: (Polonia, 1904-Francia 1969) Novelista y dramaturgo polaco. Kohan, MartĂ­n: (Buenos Aires, 1967) Escritor y profesor de TeorĂ­a Literaria en la Universidad de Buenos Aires. Su novela Ciencias morales fue ganadora del premio Herralde 2007. Lavadora: Lavarropas. Litvinoff, NicolĂĄs: (Buenos Aires, 1975) Economista y autor del bestseller ÂĄEs tu dinero! Martel, JuliĂĄn: (Argentina, 18671896) SeudĂłnimo de JosĂŠ MarĂ­a MirĂł. PublicĂł en 1891 un estudio social llamado La Bolsa en el diario La NaciĂłn. ÂŤMentar la bichaÂť: Mencionar una posibilidad desagradable. Naipaul, Vidiadhar Surajprasad: (Chaguanas, Isla Trinidad, 1932) MĂĄs conocido como V.S. Naipaul, escritor britĂĄnico de origen trinitense-hindĂş, premio Nobel de Literatura 2001.

Pargo: Besugo. Pez comestible. Pauls, Alan: (Buenos Aires, 1959) Escritor, crĂ­tico literario y guionista argentino, ganador del Premio Herralde 2003. Perec, George: (ParĂ­s, 1936- IvrySur-Seine, 1982) Uno de los escritores mĂĄs importantes de la literatura francesa del siglo veinte. 7LZPĂ&#x201E;JHY! Convertir la moneda extranjera a pesos argentinos. Piglia, Ricardo: (Buenos Aires, 1941) Escritor, crĂ­tico, ensayista y profesor acadĂŠmico argentino. Quisque:=VaSH[PUHX\LZPNUPĂ&#x201E;JH ÂŤcada cualÂť. RolĂłn, Gabriel: (Buenos Aires, 1961) Psicoanalista y escritor argentino. RusiĂąol i Prats, Santiago: (Barcelona, 1861-1931) Pintor, escritor y dramaturgo catalĂĄn. Saer, Juan JosĂŠ: (Santa Fe, 1937ParĂ­s, 2005) Escritor argentino conZPKLYHKV\UVKLSVZTmZPUĂ&#x2026;\`LU[LZ del siglo veinte. Sarmiento, Domingo Faustino: (San Juan, 1811-AsunciĂłn, 1888) PolĂ­tico, escritor, docente, periodista y militar argentino. Fue presidente de la Argentina entre 1868 y 1874. Simmel, Georg: (BerlĂ­n 1858 - Estrasburgo, 1918) Doctor en FilosofĂ­a, fue parte de una de las primeras generaciones de sociĂłlogos alemanes. Wortman, Ana: Doctora en Ciencias Sociales, escritora y profesora en la Universidad de Buenos Aires. Zaiat, Alfredo: (Buenos Aires, 1964) Economista y periodista argentino.

*&"2$"($!&$*9"(-&$/"$89"$9(3$,"$",-=$&:3.&(/3$"($/"9/&,1 &#


43,-&!",@0@"30U+@

&$


&%


ESTADOS  UNIDOS

CRÓNICAS  DE  BOLSILLO


BLACK JACK EN ATLANTIC CITY

UNA CRÓNICA DE MARCOS PEREYRA ILUSTRADA POR LORENZO AMENGUAL


BLACK  JACK  EN  ATLANTIC  CITY

L

a  primera  vez  que  jugué  en  Atlantic   City   fue   hace   quince   años,   cuando   vivía  en  Nueva  York.  Era  un  sábado   a  la  tarde  y  estaba  aburrido.  Agarré   el  auto  a  las  tres  y  a  las  seis  ya  estaba   sentado  jugando  al  Black  Jack.  No  me  moví  de   ahí  hasta  las  diez  de  la  mañana  del  día  siguien-­ te.  Cada  vez  que  lo  cuento  la  gente  se  asombra:   fue  demasiado  tiempo,  incluso  para  mí.  Cuando   terminé  de  jugar  estaba  tan  cansado  que  casi  no   podía  moverme,  pero  decidí  subirme  al  auto  y   hacer  las  tres  horas  de  vuelta.  No  me  maté,  pero   me  dormí  y  me  detuvo  la  policía  por  exceso  de   velocidad,  aunque  no  recuerdo  en  qué  orden  su-­ cedieron  las  cosas.  Sí  recuerdo  lo  otro:  me  juré   no  volver  a  Atlantic  City.  O,  al  menos,  dejar  que   corriera  el  agua  hasta  hacer  otro  viaje.  Pasaron  los  años.   Estoy  yendo  a  la  ciudad  por  segunda  vez.   Alguien   en   la   revista   estaba   al   tanto   de   esta   anécdota  de  juego  y  me  ofrecieron  regresar  ya   no  solo  para  apostar  sino  también  para  contarlo.   Soy  capaz  de  jugar  hasta  desmayarme  así  que   en  este  caso  tomo  un  colectivo:  elijo  un  ómni-­ bus  llamado  «Lucky  Streak»  que  me  sacará  de   Manhattan   y   me   dejará   en   la   boca   del   casino   Ballys.  «¿Se  siente  con  suerte?  Entonces  súbase   a  uno  de  nuestros  autobuses  Lucky  Streak®  y   lo  llevaremos  directamente  a  las  puertas  de  los   casinos  y  resorts  más  populares  del  país»  dice   la   página   web   que   promueve   los   servicios.  Al   lado   hay   una   foto   de   dos   rubias   en   bikini   con   el  signo  «$»  por  todos  lados.  Pero  nunca  es  tan   así.  Mis  compañeros  de  viaje  no  parecen  estar  

MARCOS PEREYRA Buenos Aires, 1968 Abogado y escritor. Sobre su novela Te sigo, publicada por Libros del Zorzal en 2012, la crítica ha dicho que «se animó a crear un American Psycho vernáculo y, a pesar del fantasma omnipresente de Bret Easton Ellis, le salió bien». Te sigo se puede leer online en Z\ISVNKLÄJJP}U[LJSHZJVT En él también publica historias cortas, medianas y largas. Algunas de ellas han sido premiadas y YLWYVK\JPKHZLUTLKPVZNYmÄJVZ y radiales; otras no. Tuitea bajo el nic de @nippur y tiene una banda de música alternativa que algunos describen como una alternativa a la música. A pedido de sus vecinos, que no entienden mucho de música alternativa, enviamos a Marcos a divertirse a Atlantic City con unos viáticos de cincuenta dólares. Ni el huracán Sandy pudo detenerlo. En esta crónica, Orsai N12 echa a rodar la apuesta. Muestren sus cartas, señores. Nosotros tenemos un As.

NO  HAY  CARTERO  QUE  ENTIENDA  EL  JUEGO:  LAS  CARTAS  SE  REPARTEN  AL  AZAR. 78


MARCOS  PEREYRA pasando  por  un  gran  momento.  La  mayoría  es   de  raza  negra,  aunque  también  hay  un  puñado   de  latinos  —yo  soy  uno  de  ellos—  y  un  chino.   Chicas  como  en  la  foto,  ninguna.  Igual  no  me   importa:  voy  a  jugar. Atlantic   City   está   en   el   estado   de   Nueva   Jersey.  Para  llegar  desde  Nueva  York  solo  hay   que  cruzar  el  río  Hudson  a  través  de  un  puente   o  de  algún  túnel.  El  colectivo  elige  ir  por  debajo   \ORSULPHURTXHYHRDOVDOLUDODVXSHU¿FLHHVXQ cartel  que  publicita  servicios  de  abogados  para   las  víctimas  del  Sandy:  un  huracán  que  integra   el  «top  5»  de  los  más  brutales  de  la  historia  de   Estados  Unidos,  que  el  pasado  mes  de  noviem-­ bre  mató  cientos  de  personas  y  que  causó  daños   por  decenas  de  miles  de  millones  de  dólares  en   más  de  veinte  estados  norteamericanos,  princi-­ palmente  Nueva  York  y  Nueva  Jersey.   «Supertormenta   Sandy   tocó   tierra   cerca   de  Atlantic  City»  dijo  en  su  momento  la  BBC.   «El   huracán   Sandy   destruyó   la   costanera   de   Atlantic  City»  dijo  el  Washington  Post.  Empie-­ zo   a   recordar   algunas   cosas   que   leí   y   trato   de   imaginar  entonces  —mientras  vamos  por  la  ca-­ rretera—  cómo  estará  la  ciudad.  Pero  el  pensa-­ miento  se  interrumpe  por  la  voz  de  una  pasajera   que,   como   tantos   otros,   habla   a   los   gritos   por   su  celular. —No   estoy   yendo   al   casino,   voy   a   otro   lugar   —le   explica   la   señora   a   su   hija.   No   tie-­ ne  vergüenza  de  mentir  frente  a  nosotros;;  debe   considerarnos  pares.    Quizás,  de  algún  modo,  lo  seamos.  

M

e   preguntan   seguido   qué   es   lo   que   me   gusta   tanto   del   juego.   Al   principio   me   molestaba  porque  la  palabra  «tanto»  llevaba  un   juicio  implícito:  «¿No  pensaste  en  buscar  ayu-­ da?»  era  el  mensaje.  Después  maduré  y  ahora   me  río.  Aunque  esta  vez  quiero  buscar  una  res-­ puesta.  No  para  los  otros:  para  mí.  Quizás  este   viaje  también  sirva  para  eso.   No  me  acuerdo  de  la  primera  vez  que  pisé   un  casino.  Pero  sí  sé  que  a  los  catorce  años  fui   a  un  hipódromo  y  que  el  concepto  «juego»  me   pareció   agradable.   En   aquella   oportunidad   me   dejaron  apostar  y  por  supuesto  gané.  Uno  siem-­ pre   gana   al   principio.   Luego   crecí,   a   los   die-­ ciocho   años   conocí   el   primer   casino   —fue   en   Mar  del  Plata—  y  de  ahí  en  más,  jugué.  Incluso   hasta  sufrir  algún  inconveniente.  Una  vez  perdí   toda  la  plata  de  mis  vacaciones  al  tercer  día  de   haber   llegado   y   tuve   que   estar   mendigando   el   resto  del  mes.  Otra  vez  quise  cruzar  una  fronte-­

«¿Se  siente  con   suerte?  Entonces   súbase  a  uno  de   nuestros  autobuses   Lucky  Streak®   y  lo  llevaremos   directamente  a   las  puertas  de  los   casinos  y  resorts   más  populares   del  país».

ra  entre  Estados  Unidos  y  Canadá  para  ir  a  un   casino  de  Windsor,  pero  lo  hice  sin  visa  y  termi-­ né  esposado.  Volví  en  auto  hasta  mi  hotel,  con   dos  móviles  policiales  escoltándome  en  la  ruta. Miro,  ahora,  la  ruta  que  me  lleva  a  Atlan-­ tic  City.  Es  lisa  y  previsible:  no  hay  señales  del   huracán.   Pero   una   vez   en   la   ciudad   empiezan   a  aparecer  montículos  de  madera  prolijamente   apilados:  alguna  vez  fueron  casas.  Es  como  si  el   lobo  de  «Los  tres  chanchitos»  hubiera  soplado   y  soplado  hasta  destruirlas  y  después  alguien  se   hubiera  tomado  el  trabajo  de  ordenar  todo.  Hay   montañas  así  casi  por  todas  partes,  pero  —a  me-­ dida  que  avanzamos—  veo  que  no  en  el  centro.   Ahí  se  ve  otra  cosa.  El  centro  de  Atlantic  City   recuerda  a  esas  películas  donde  cae  una  bomba   TXtPLFD TXH PDWD JHQWH SHUR QR HGL¿FLRV /D rambla,  por  ejemplo,  sorprende.  La  costanera  es   famosa   por   ser   la   primera   construida   en   Esta-­ GRV8QLGRV²D¿QHVGHOVLJORGLHFLQXHYH²\ por  haber  sido  destruida  en  tres  oportunidades,   siempre   por   huracanes.   Sin   embargo,   a   pocos   meses  del  desastre  se  la  ve  intacta.  También  es-­ tán  intactos  los  doce  casinos  que  fueron  cons-­ truidos  frente  a  ella. El  micro  se  detiene  en  el  estacionamien-­ to  del  Trump  Plaza:  una  mole  llena  de  neones,   arabescos  y  notable  mal  gusto.  Bajo,  enciendo   un   cigarrillo   y   un   portero   llamado   Kevin   dice   en  español  que  pase,  que  puedo  fumar  adentro.  

CUIDADO  CON  LO  QUE  PRACTICA,  QUE  SE  LE  QUEDA. 79


BLACK  JACK  EN  ATLANTIC  CITY Le  pregunto  quĂŠ  ocurriĂł  con  el  huracĂĄn:  dĂłnde   estĂĄ,  dĂłnde  estuvo. â&#x20AC;&#x201D;AquĂ­  solo  pasĂł,  pero  rompiĂł  las  casas.   Mi   casa   se   salvĂł   pero   la   de   mi   suegra   no.   La   tengo  viviendo  conmigo,  tĂş  sabes.   Kevin  explica  que  los  casinos  estuvieron   sin  actividad  durante  una  semana.  Es  la  prime-­ ra  vez  desde  1978  â&#x20AC;&#x201D;cuando  se  abriĂł  el  primer   casino  en  Atlantic  Cityâ&#x20AC;&#x201D;  que  cierran  por  tan-­ to   tiempo.   Hubo   otras   anteriores,   pero   nunca   tan  largas  y  con   semejante  pĂŠrdida.  Las   cifras   â&#x20AC;&#x201D;sabrĂŠ  despuĂŠsâ&#x20AC;&#x201D;  fueron  dadas  por  Tony  Ro-­ dio,   presidente   del   casino  Tropicana   y   jefe   de   la  AsociaciĂłn   de   Casinos   de   Nueva   Jersey:   el   huracĂĄn  Sandy  hizo  que  los  casinos  de  la  ram-­ bla   perdieran   cada   uno   cinco   millones   de   dĂł-­ lares  diarios.  Por  eso  la  presiĂłn  de  los  dueĂąos   por   abrir   era   muy   alta,   aun   en   el   medio   de   la   emergencia.   â&#x20AC;&#x201D;TĂş   sabes,   ganan   esa   fortuna,   cĂłmo   no   van  a  querer  abrir  â&#x20AC;&#x201D;dice  Kevinâ&#x20AC;&#x201D;.  Y  hay  gente   que   hubiera   venido   igual,   you   know,   aun   con   el   agua   tapĂĄndoles   la   casa   y   los   carros   dados   vuelta  por  ahĂ­.    Entro  y  el  casino  estĂĄ  muerto.  Todas  las   luces  estĂĄn  prendidas,  pero  nada  de  esto  se  pa-­ rece   a   lo   que   vi   hace   quince   aĂąos.   Antes   del   Sandy,  Atlantic  City  era  un  exceso.  No  es  pura   VHQVDFLyQ KD\ XQD LQÂżQLGDG GH HVWXGLRV TXH KDEODQGHOMXHJRFRPRLQGXVWULDĂ&#x20AC;RUHFLHQWHHQ Estados   Unidos.   Uno   de   ellos,   llamado   ÂŤIm-­ pactos   sociales   de   los   negocios   de   juegos   con   apuestasÂť   â&#x20AC;&#x201D;y   publicado   por   la   Universidad   Nacional  de  MĂŠxicoâ&#x20AC;&#x201D;  dice  dos  cosas:  que  en   Estados  Unidos  la  industria  representa  un  mer-­ cado  superior  a  los  sesenta  mil  millones  de  dĂł-­ lares  anuales,  y  que  los  estadounidenses  gastan   mĂĄs  en  juegos  de  apuestas  que  en  idas  al  cine  y   parques  temĂĄticos. (QORTXHUHÂżHUHD$WODQWLF&LW\HQPD\R de  2010  un  informe  de  la  Universidad  Rutgers   analizĂł   cuĂĄnto   dinero   habĂ­a   entrado   a   la   ciu-­ dad  en  2008:  fueron  mĂĄs  de  siete  mil  millones   de  dĂłlares  que  salieron  de  los  bolsillos  de  casi   treinta  y  cinco  millones  de  turistas.   En  cualquier  caso,  eso  ya  no  se  ve.  Don-­ de   antes   habĂ­a   risas   ahora   solo   hay   ruidos   de   WUDJDPRQHGDVYDFtDVJHQHUDQGRXQHFRLQÂżQLWR Antes  de  avanzar  voy  a  la  recepciĂłn  del  hotel.   Estoy  mĂĄs  viejo  que  la  primera  vez  y  en  algĂşn   momento  voy  a  necesitar  un  cuarto  donde  tirar-­ me  un  rato.  Me  toca  el  1925,  en  el  piso  dieci-­ nueve.  La  habitaciĂłn  tiene  vista  a  la  playa  y  a   la  ciudad.  TambiĂŠn  se  ve  el  cartel  de  neĂłn  que  

dice   Trump   Plaza:   tiene   algunas   letras   que-­ madas.   Me   acuerdo   del   huracån   y   pienso   que   puede  ser  por  eso,  pero  no  me  detengo  mucho   mås.  Me  saco  la  campera,  los  calzoncillos  lar-­ gos  (hay  temperaturas  bajo  cero),  el  gorro  y  los   guantes,  y  salgo.  Es  tiempo  de  casino.   Una  vez  en  la  sala  la  primera  impresión  es   rara.   Estån   todas   las   luces   encendidas   y   todos   los  ruidos  en  orden,  pero  sigue  faltando  la  gen-­ te.  Las  mesas  estån  vacías  y  las  ruletas  no  giran.   Parece   un   casino   fantasma   y   hay   que   avanzar   bastante  para  encontrar  movimiento.  A  los  cien   PHWURV¿QDOPHQWHOOHJDODSDUWHDFWLYDGHHVWH asunto.  Y  empiezo  a  jugar.

L

o   mĂ­o   es   el   Black   Jack:   uno   de   los   pocos   juegos   de   casino   donde   es   importante   no   solo   cĂłmo   juegues,   sino   tambiĂŠn   cĂłmo   lo   ha-­ gan   tus   compaĂąeros.   Las   reglas   y   los   detalles   son   muchos,   pero   alcanza   con   entender   lo   si-­ guiente:  se  juega  con  cartas  abiertas  (a  la  vista)   y  todos  tenemos  que  ganarle  a  la  banca,  es  de-­ cir:  sumar  mĂĄs  que  el  crupier  â&#x20AC;&#x201D;quien  tambiĂŠn   juegaâ&#x20AC;&#x201D;   pero   sin   pasarnos   de   veintiĂşn   puntos.   Si  el  crupier  pierde  porque  se  pasĂł  de  veintiu-­ no,  ganamos  todos.  Si  el  crupier  pierde  porque   un  jugador  se  plantĂł  â&#x20AC;&#x201D;y  tiene  mĂĄs  puntos  que   la   bancaâ&#x20AC;&#x201D;   gana   ese   jugador   en   especial.  Y   si   el  crupier  gana  â&#x20AC;&#x201D;porque  tuvo  suerte  o  gracias   al   error   de   un   jugadorâ&#x20AC;&#x201D;   eso   impacta   en   toda   la   mesa:   todos   perdemos.   Por   esta   razĂłn,   y   a   grandes   rasgos,   tener   un   buen   compaĂąero   de   Black   Jack   es   maravilloso   (todos   nos   aliamos   para  hundir  a  la  banca  y  ganar  por  igual)  y  te-­ ner  un  mal  compaĂąero  es  una  tortura:  si  alguien   gana  de  modo  individual  o  no  se  queda  quie-­ toÂť  hasta  que  la  banca  pierda  sola,  eso  tiene  una   consecuencia  directa  en  tu  bolsillo. TambiĂŠn  por  eso  me  gusta  el  Black  Jack:   uno  juega  contra  el  casino,  pero  sobre  todo  jue-­ ga  contra  la  inoperancia  y  el  individualismo  de   los   otros.   La   vida   misma,   digamos,   metida   en   un  juego  de  azar. Me  siento  en  una  mesa  y  prendo  un  ciga-­ rrillo.  Los  casinos  son  el  único  lugar  de  Estados   Unidos  donde  se  puede  hacer  eso  sin  que  te  sa-­ quen  a  patadas.   â&#x20AC;&#x201D;ÂżDe  Argentina,  eh?  No  te  olvides  de  pa-­ sear  por  la  rambla.  Es  hermosa  aun  en  invierno   â&#x20AC;&#x201D;dice  la  crupier.   Nunca   escuchĂŠ   algo   asĂ­.   Los   crupiers     â&#x20AC;&#x201D;tambiĂŠn  llamados  pagadoresÂť  o  dealersÂťâ&#x20AC;&#x201D;   han   cambiado:   se   muestran   mĂĄs   relajados,  

SI  NOS  TOMà SEMOS  TODO  Mà S  COMO  UN  JUEGO,  VER�AMOS  QUE  ES  COMO  UN  JUEGO. 80


MARCOS  PEREYRA

En  una  mesa   de  Black  Jack   â&#x20AC;&#x201D;mi  juegoâ&#x20AC;&#x201D;  solo   hay  que  saber  hacer   dos  seĂąas:  un  dedo   arriba  de  la  mesa   para  pedir  cartas  y   un  movimiento  con   la  palma  de  la  mano   para  no  hacerlo.   Eso  es  lo  único   que  quieren  los   casinos  de  vos.   Eso  y  tu  plata.

como   si   â&#x20AC;&#x201D;quizĂĄs   luego   del   Sandyâ&#x20AC;&#x201D;   tuvieran   menos  necesidad  de  hacer  plata  para  el  casino  y   mĂĄs  de  relacionarse  con  los  jugadores.  Hablan,   hacen   chistes,   dan   consejos   y   hacen   todo   con   lentitud.  La  situaciĂłn  al  principio  es  agradable,   pero  despuĂŠs  se  vuelve  irritante.  A  veces  tardan   casi  diez  segundos  en  sumar  cuatro  o  mĂĄs  car-­ tas,   lo   que   es   pĂŠsimo   para   la   ansiedad   de   los   que,  como  yo,  las  cuentan  mĂĄs  rĂĄpido.   â&#x20AC;&#x201D;Diecinueve,   nena:   diecinueve.   Ocho   mĂĄs  cuatro  doce,  mĂĄs  tres  quince  y  mĂĄs  cuatro   diecinueve  â&#x20AC;&#x201D;le  digo  a  una  crupier  antes  de  que   empiece  a  usar  los  dedos.  Tiempo  atrĂĄs  leĂ­  que   los  casinos  estaban  empezando  a  buscar  chicas   que   fueran   agradables   a   la   vista.   Y   que   en   el   proceso  se  habĂ­an  deshecho  de  cualquiera  que   WXYLHUDDOJRGHRÂżFLR(VRPROHVWD Por   suerte   tengo   conmigo   a   Elisha:   mi   compaĂąera   de   mesa,   una   negra   que   conoce   el   juego.   Con   Elisha   nos   entendemos   pronto.   Siempre  me  pasa  lo  mismo.  No  importa  en  quĂŠ   paĂ­s   estĂŠ   o   quĂŠ   idioma   se   hable,   entro   y   en   el   acto   sĂŠ   quĂŠ   debo   hacer   y   cĂłmo,   y   con   quiĂŠn   GHER MXJDU \ SRU TXp$O ÂżQ \ DO FDER HQ XQD

mesa  de  Black  Jack  â&#x20AC;&#x201D;mi  juegoâ&#x20AC;&#x201D;  solo  hay  que   saber  hacer  dos  seĂąas:  un  dedo  arriba  de  la  mesa   para  pedir  cartas  y  un  movimiento  con  la  palma   de  la  mano  para  no  hacerlo.  Eso  es  lo  único  que   quieren  los  casinos  de  vos.  Eso  y  tu  plata.   Elisha   sabe   cuĂĄndo   pedir   y   cuĂĄndo   que-­ darse,   aunque   eso   no   es   garantĂ­a   de   que   vaya   a   ganar.   De   hecho,   Elisha   estĂĄ   perdiendo.   Yo   empiezo  despacio.  Me  prometĂ­  no  jugar  fuerte   y  no  traje  demasiada  plata.  El  problema  es  que   no  paro  de  ganar  y  me  la  paso  pensando  en  el   dinero  que  tendrĂ­a  si  hubiera  puesto  plata  en  se-­ rio.  A  mi  lado  Elisha  sigue  perdiendo,  aunque  lo   hace  con  gracia.   â&#x20AC;&#x201D;Vamos,   girl,   no   es   tu   dinero,   sĂŠ   mĂĄs   generosa   con   las   cartas   â&#x20AC;&#x201D;le   dice   a   la   crupier   varias  veces,  siempre  de  buen  humor. Elisha  me  cae  bien.  Me  pregunta  de  dĂłn-­ GHVR\TXpHV$UJHQWLQDGyQGHTXHGD<ÂżQDO-­ mente  pregunta  por  quĂŠ  estoy  jugando  en  este   casino   de   mierda.   Le   doy   alguna   razĂłn   vaga.   Ella  da  las  suyas. â&#x20AC;&#x201D;Juego  porque  tengo  demasiados  puntos   en  la  tarjeta  y  estoy  por  llegar  a  un  gran  premio.   Si  no,  no  jugarĂ­a  jamĂĄs  en  este  casino  racista.   El  fenĂłmeno  de  las  tarjetas  lo  vi  antes.  Los   casinos  te  dan  puntos  por  la  plata  que  jugĂĄs  o  el   tiempo   que   permanecĂŠs   sentado   en   una   mesa,   y   esos   puntos   son   intercambiables   por   distin-­ tos  premios.  En  PanamĂĄ,  por  ejemplo,  se  llega   al  colmo  del  absurdo:  el  casino  te  devuelve  el   0,5  por  ciento  del  dinero  que  jugaste.  Es  decir   que  si  perdiste  mil  dĂłlares  recuperĂĄs  veinticin-­ co.  Esto  es  muy  útil  en  los  lugares  donde  hay   PXFKRVFDVLQRVSRUTXHJHQHUDÂżGHOLGDGHVWDOHV como  la  de  Elisha,  quien  pese  a  odiar  a  Donald   Trump  estĂĄ  sentada  y  alimentando  su  mundo  (el   de  Trump).              El  origen  del  odio  estĂĄ  en  la  pelea  entre   Obama  y  Trump.  El  magnate  siempre  dudĂł  de   que  Obama  hubiera  nacido  y  estudiado  en  Esta-­ dos  Unidos,  a  tal  punto  que  ofreciĂł  donar  cin-­ co  millones  de  dĂłlares  a  la  obra  de  caridad  que   Obama  eligiera  si  el  presidente  mostraba  su  pa-­ saporte  y  sus  registros  de  la  universidad.  Con  la   llegada  del  Sandy  â&#x20AC;&#x201D;que  tuvo  lugar  una  semana   antes   de   los   comicios   presidencialesâ&#x20AC;&#x201D;  Trump   dijo  que  extenderĂ­a  su  apuesta  un  dĂ­a  mĂĄs  por-­ que   seguramente   Obama,   con   tal   de   ganar   las   elecciones,  estarĂ­a  parado  bajo  la  lluvia  y  entre-­ gando   dinero   compulsivamente   a   las   vĂ­ctimas   del  huracĂĄn. â&#x20AC;&#x201D;AĂşn  no  habĂ­an  enterrado  a  los  muertos   y  el  racista  tuiteĂł  que  Obama  iba  a  comprar  las  

SI  PRETENDĂ&#x2030;S  UN  GOLPE  DE  SUERTE,  BAJà  LA  GUARDIA. 81


BLACK  JACK  EN  ATLANTIC  CITY elecciones  dándole  billones  de  dólares  a  las  víc-­ timas,  fucking  ass-­hole  —brama  Elisha.  Luego   sigue   en   su   escalada   de   insultos   hasta   que   re-­ cibe   un   Black   Jack   servido   y   la   furia   se   disi-­ pa.  Ahora  todos  podemos  charlar  en  paz.  Entre   tanto  llega  a  la  mesa  una  nueva  crupier  llamada   Zina.  Creo  que  habla  español,  aunque  parece  no   querer  hacerlo.  Elisha  le  habla  del  Sandy  y  Zina   responde  que  el  huracán  le  arruinó  la  vida.  Su   casa  fue  destruida  y  está  viviendo  en  lo  de  unos   amigos,  junto  con  sus  dos  hijos.   —Los   que   dicen   que   «lo   bueno   es   estar   vivo»  no  perdieron  todo;;  no  hay  nada  bueno  en   perder   todo   —dice   Zina   mientras   mezcla   las   cartas  sin  alegría  y  sin  destreza. El  Sandy  destruyó  casas,  pero  sobre  todo   —puede  verse—  hizo  pedazos  el  ánimo  de  mu-­ cha   gente.   En   Atlantic   City,   donde   la   mayor   parte  del  turismo  está  vinculado  a  los  casinos,   el  cierre  temporal  de  las  casas  de  juegos  impac-­ tó  de  un  modo  drástico  en  la  vida  urbana.  Los   casinos  tienen  menos  gente  y  los  turnos  de  los   empleados  fueron  reducidos.   —Antes   venía   cinco   días   por   semana   y   ahora  vengo  dos,  you  know:  menos  paga,  menos   tips,  todo  se  ha  vaciado  —dice  Zina. La  charla  se  interrumpe  cuando  Tom  y  Ei-­ leen   llegan   a   la   mesa.   Son   dos   americanos   de   unos  cincuenta  años,  rubios  y  de  ojos  celestes.   Eileen  es  ruidosa,  alegre  y  no  tiene  la  más  remo-­ ta  idea  de  cómo  jugar  al  Black  Jack.  La  banca   tiene  malas  cartas  y  está  a  punto  de  perder,  pero   Eileen  —en  vez  de  dejarla  perder,  así  ganamos   todos—  pide  cartas  de  un  modo  frenético.   —Hit  me,  hit  me  —grita  desaforada,  mien-­ tras   se   traga   un   gin-­tonic   entero   y   extiende   la   mano   para   que   le   traigan   otro.  Acá   te   dan   las   bebidas  que  quieras;;  solo  hay  que  dejar  un  dólar   cada  tanto  en  la  bandeja  de  las  mozas.   Lo  increíble  es  que  Eileen,  borracha  como   está,  gana.  Y  lo  terrible  es  que  Elisha  y  yo  per-­ demos.  Eso  no  nos  pasa  una,  sino  varias  veces.   Pronto   entiendo   que   las   decisiones   de   Eileen   van  a  matarme.  Empiezo  a  jugar  el  mínimo  en   cada  mano  y  a  tratar  de  que  pase  la  tormenta.   Elisha   en   cambio   tiene   una   postura   más   agre-­ siva   y   quiere   recuperar   lo   perdido   apostando   cada  vez  más.  Elisha  está  nerviosa,  no  para  de   hablarme.   —Maldita   estúpida   —dice—,   no   tiene   idea  de  lo  que  está  haciendo;;  la  contrató  el  casi-­ no  para  que  perdamos  todos.   Eileen  y  Tom  están  en  su  pequeño  mundo   y  no  dan  señales  de  haber  escuchado  a  Elisha,  

Por eso me gusta el Black Jack: uno juega contra el casino, pero sobre todo juega contra la inoperancia y el individualismo de los otros. La vida misma, digamos, metida en un juego de azar.

SOMOS  TODOS  GANADORES  A  LOS  QUE,  EN  EL  REPARTO,  LES  HA  TOCADO  UNA  PIZCA  DEL  PREMIO. 82


MARCOS  PEREYRA

83


BLACK  JACK  EN  ATLANTIC  CITY aun  cuando  mi  compaĂąera  habla  a  los  gritos.  En   media  hora  Eileen  ha  ganado  quinientos  dĂłla-­ res,  yo  perdĂ­  mĂĄs  de  la  cuenta  y  de  Elisha  mejor   no  hablar.  Mientras  tanto  me  entero  de  que  es  la   primera  vez  que  Eileen  pisa  un  casino,  de  que   administra  un  campo  de  golf  y  de  que  conociĂł   a  Tom  â&#x20AC;&#x201D;que  es  de  Texasâ&#x20AC;&#x201D;  por  internet.  Eileen   vive  en  Connecticut,  a  mĂĄs  de  dos  mil  kilĂłme-­ tros  de  Tom.

La  mesa  me   deprime  y   quiero  irme.   Saber  retirarse   a  tiempo  es  una   virtud,  aunque  en   los  casinos  se   practica  poco.

â&#x20AC;&#x201D;Pero   espero   mudarme   a   Texas   pronto   â&#x20AC;&#x201D;me   susurra,   con   algo   parecido   a   un   guiĂąo   de  ojos.   Tom  no  escucha,  y  yo  estoy  harto  de  ver-­ los  ganar  en  paz.   â&#x20AC;&#x201D;Tom,  ¿asĂ­  que  te  vas  a  llevar  a  Eileen  a   Texas?  â&#x20AC;&#x201D;pregunto;Íž  quiero  verlos  pelear.   â&#x20AC;&#x201D;ÂżQuĂŠ?  ¿DĂłnde  escuchaste  eso?   â&#x20AC;&#x201D;Acaba   de   decirlo   â&#x20AC;&#x201D;dice   Elishaâ&#x20AC;&#x201D;,   Ei-­ leen  se  irĂĄ  a  vivir  a  Texas,  felicitaciones. Dos  minutos  despuĂŠs  el  microclima  Tom-­ Eileen  se  deteriora  y  ahora  estamos  todos  calla-­ dos.  Elisha  sonrĂ­e.  Tom  trata  de  remar  el  clima   tenso  y  me  pregunta  de  dĂłnde  soy.  Frente  a  mi   respuesta   grita   ÂŤManu   GinĂłbiliÂť   tres   veces,   mostrando  una  alegrĂ­a  que  no  siente.   La  mesa  me  deprime  y  quiero  irme.  Sa-­ ber  retirarse  a  tiempo  es  una  virtud,  aunque  en   los   casinos   se   practica   poco.   ÂżOtras   claves?   No  festejar  una  buena  mano  antes  de  haber  ga-­ nado;Íž  y  nunca  â&#x20AC;&#x201D;jamĂĄsâ&#x20AC;&#x201D;  apostar  fuerte  cuan-­ do   uno   estĂĄ   enojado.   Me   levanto   de   la   mesa  

con   mal   humor   y   con   hambre.   Me   hago   diez   minutos  para  tragar  una  pizza  y  â&#x20AC;&#x201D;sin  terminar   la  segunda  porciĂłnâ&#x20AC;&#x201D;  decido  cambiar  de  aire  y   de  casino.  El  mĂĄs  cercano  es  el  Cesarâ&#x20AC;&#x2122;s.  Queda   a  pocos  metros  de  acĂĄ,  tambiĂŠn  sobre  la  ram-­ bla.  Camino.  

S

igue   haciendo   frĂ­o   pero   no   me   quejo.   Tuve   viajes   mĂĄs   difĂ­ciles   hasta   un   casino.   Hace   unos  aĂąos  vivĂ­a  en  Ann  Arbor,  una  ciudad  uni-­ versitaria   en   el   estado   de   Michigan,   mi   mujer   habĂ­a  viajado  y  yo  â&#x20AC;&#x201D;una  vez  mĂĄsâ&#x20AC;&#x201D;  estaba  abu-­ rrido  y  sin  saber  a  dĂłnde  ir.  A  unos  cuarenta  ki-­ lĂłmetros,  cruzando  el  lĂ­mite  con  CanadĂĄ,  estaba   la  ciudad  de  Windsor,  repleta  de  casinos.  LleguĂŠ   a  la  frontera  de  noche  y  con  la  visa  vencida,  pero   FRQODHVSHUDQ]DGHTXH²VLÂżQJtDELHQHOLGLR-­ maâ&#x20AC;&#x201D;  tal  vez  me  trataran  como  a  un  gringo  y  no   me   pidieran   documentos.   SaliĂł   mal.   Me   pidie-­ URQHOSDVDSRUWHPHKLFLHURQSDVDUDXQDRÂżFLQD y   me   explicaron   amablemente   que   mi   visa   ha-­ bĂ­a  expirado.  Yo  intentaba  asentir  con  docilidad.   Pero  a  lo  lejos  titilaban  los  casinos  â&#x20AC;&#x201D;podĂ­a  ver   las   luces   desde   la   ventana   del   despacho   poli-­ cialâ&#x20AC;&#x201D;  y  algo  de  eso  me  hizo  perder  la  paciencia. â&#x20AC;&#x201D;Ok  â&#x20AC;&#x201D;dijeâ&#x20AC;&#x201D;,  no  tengo  visa  pero  voy  al   casino  y  vuelvo  en  un  rato,  dĂŠjeme  pasar. â&#x20AC;&#x201D;Ah,  ¿pero  usted  sabĂ­a  que  su  visa  no  era   vĂĄlida? â&#x20AC;&#x201D;Claro,  no  soy  estĂşpido. 7RGRFDPELy(ORÂżFLDOWRFyDOJ~QERWyQ y  en  el  acto  dos  policĂ­as  se  acercaron  para  es-­ posarme.   Luego   me   escoltaron   hasta   mi   auto,   donde   removieron   mis   esposas   mientras   otros   policĂ­as   miraban   todo   con   las   manos   pegadas   a  las  armas  en  la  cintura.  El  trayecto  hacia  De-­ troit   â&#x20AC;&#x201D;la   ciudad   americana   mĂĄs   cercanaâ&#x20AC;&#x201D;   lo   hice  solo  en  el  auto,  pero  con  dos  patrulleros  a   mis  espaldas.   Por   este   tipo   de   cosas,   los   cincuenta   pa-­ sos   que   me   separan   ahora   del   Casino   Cesarâ&#x20AC;&#x2122;s   no   son   â&#x20AC;&#x201D;a   pesar   del   frĂ­oâ&#x20AC;&#x201D;   tan   graves.   Diez   minutos  despuĂŠs  estoy  sentado  en  otra  mesa  de   Black  Jack.  AcĂĄ  solo  hay  una  mujer  negra  lla-­ mada  Ann.  Pienso  que  este  puede  ser  un  nuevo   comienzo,   hasta   que   quince   minutos   despuĂŠs   llegan  Tom  y  Eileen.  De  los  veinte  casinos  que   hay  en  todo  Atlantic  City,  de  los  doce  que  hay   sobre  la  rambla  y  de  las  no  sĂŠ  cuĂĄntas  mesas  de   Black  Jack  que  hay  en  la  ciudad,  Tom  y  Eileen   eligieron  venir  a  jugar  acĂĄ.  EstĂĄn  eufĂłricos.  Ha-­ blan  a  gritos  con  los  dos  crupiers  (Jerry  y  Dan)   y  beben  y  festejan  todo  el  tiempo.  

DOBLAR  LA  APUESTA,  ECHà RSELA  AL  BOLSILLO.  CORRER. 84


MARCOS  PEREYRA A  mi  derecha  sigue  Ann,  quien  no  para  de   fumar  mis  cigarrillos  mientras  le  pregunta  a  la   encargada   de   la   mesa   cuánto   falta   para   que   le   den  los  suyos.  Aparentemente  su  premio  por  ju-­ gar  es  tabaco,  y  ella  lo  necesita  ahora.   —Me  dijiste  que  faltaban  quince  minutos   para  mis  cigarrillos  y  eso  fue  hace  más  de  una   hora,   ¿dónde   están   mis   cigarrillos?   —le   pre-­ gunta  Ann  a  una  supervisora.   La   empleada   se   va   sin   responderle.  Ann   juega   manos   de   cincuenta   dólares   y   los   ciga-­ rrillos  valen  ocho.  Quiero  gritarle  que  compre   sus  putos  cigarrillos  en  lugar  de  fumar  los  míos   y  que  dejemos  de  hablar  del  tema  y  sobre  todo   que  deje  de  pedir  cartas  como  una  imbécil:  es-­ toy  perdiendo  plata,  más  de  lo  que  tenía  pensa-­ do.  Pero  cuando  estoy  a  punto  de  estallar  llega   el   momento   incorrecto.   Sobre   la   mesa,   Eileen   —la  novia  de  Tom—  dobla  la  apuesta  y  necesi-­ WDXQD¿JXUDSDUDJDQDUOHDODEDQFD \SDUDTXH HYHQWXDOPHQWHJDQHPRVWRGRV /DV¿JXUDVVRQ los  10,  los  11  y  los  12  y  uno  puede  referirse  a   ellas  con  la  palabra  «monkey»  (mono). —Gritá  «Monkey»  —le  dice  Ann,  de  raza   negra,  a  Eileen.   —¡No  voy  a  hacer  eso!  —contesta  Eileen,   TXHSUH¿HUHSHUGHUDQWHVTXHVHUWLOGDGDGHUDFLVWD Todos  nos  detenemos  a  la  espera  de  la  de-­ cisión  de  Eileen.   —Vamos,   girl.  Todos   los   asiáticos   lo   di-­ cen  y  no  paran  de  ganar  —le  insiste  Ann,  pero   Eileen  está  luchando  contra  sí  misma  y  se  niega   rotundamente.  Yo  tengo  bastante  plata  arriba  de   la  mesa  y  siento  que  esta  discusión  me  está  de-­ jando  seco.   —¡Dale,   decí   monkey   de   una   vez!   —le   digo.   Eileen  me  mira  asustada,  y  susurra: —Monkey. El  crupier  le  da  un  rey  de  trébol  y  un  vein-­ tiuno  a  Ann,  quien  también  gana.   —¡Alegría  para  todo  el  mundo!  ¡Siempre   que   gane   me   van   a   escuchar!   ¡Cuando   pierda   no,   pero   cuando   gano   quiero   que   se   enteren!     —grita  Ann   y   gritan   todos.  Todos   menos   yo,   porque  me  paso  y  pierdo  la  mano.   Estoy   de   pésimo   humor.   Va   a   ser   mejor   irme   mientras   me   queden   dólares   y   cigarrillos,   así  que  me  pongo  de  pie.  Todos  protestan,  en  es-­ pecial  Eileen  y  Tom:  piensan  que  somos  algo  así   como  hermanos  de  sangre  por  haber  compartido   dos  mesas  de  Black  Jack.  Si  yo  hubiera  tomado   tanto  como  ellos  quizá  pensaría  lo  mismo.  

S

algo   del   Cesar’s   como   puedo   y   vuelvo   al   Trump.   Paso   por   la   recepción   del   hotel   y   evalúo  la  posibilidad  de  subir  un  rato  a  la  ha-­ bitación.  Llevo  siete  horas  de  casino,  quizá  me   vendría   bien   dormir   un   poco   y   además   no   es-­ toy  pasando  por  una  gran  racha.  Pero  pienso  en   la   palabra   «racha»   y   en   el   acto   me   río   de   mí   mismo:  no  hay  forma  de  que  descanse,  menos   cuando  voy  perdiendo.   Entro  al  salón  del  Trump  Taj  Plaza  y  me   siento  a  jugar  de  nuevo.  Elijo  la  mesa  como  eli-­ jo  las  cartas:  mal.  A  mi  derecha  hay  un  colom-­ biano  borracho  y  pesado.   —Che   boludo,   ¿sos   argentino,   boludo?   Qué  grande  el  boludo. La  primera  vez  sonrío.  A  la  quinta  tengo   ganas  de  pegarle.  Por  suerte  le  quedan  muy  po-­ FDV ¿FKDV 3LHUGH HQ PHGLD KRUD \ VH WHUPLQD yendo.  La  palabra  «boludo»  se  le  queda  en  los   dientes.

Piensan  que   somos  hermanos   de  sangre  por   haber  compartido   dos  mesas  de  Black   Jack.  Si  yo  hubiera   tomado  tanto  como   ellos,  pensaría   lo  mismo.

Las  cartas  empiezan  a  ordenarse  y  mi  hu-­ mor  también.  No  sé  qué  hora  es.  Tengo  muchas   ¿FKDVFRQPLJR/DV¿FKDVVRQHOPHMRULQYHQ-­ to   del   casino:   la   razón   por   la   cual   la   gente   se   queda  jugando  en  vez  de  huir  de  antros  como   HVWH¢3RUTXpVHXVDQ¿FKDV\QRGLQHUR"/RV casinos  tienen  muchas  respuestas  y  a  lo  largo  de   los  años  las  he  escuchado  todas:  dicen  que  son   más  higiénicas  que  el  papel,  que  no  se  rompen   \TXHVRQPiVGLItFLOHVGHIDOVL¿FDUSRUTXHOHV ponen   un   chip   adentro   (dudo   de   que   sea   ver-­ dad).  De  todos  los  argumentos,  sin  embargo,  el   único  que  no  nombraron  es  —a  mis  ojos—  el  

GANADOR:  EL  QUE  NO  SE  ABURRE. 85


86


MARCOS  PEREYRA

PiVFLHUWRGHWRGRVODV¿FKDVQRVRQQDGD1R sirven  para  ninguna  otra  cosa  que  no  sea  apos-­ WDU<FXDOTXLHUMXJDGRUFRQ¿FKDVHQODPDQR se  olvida  fåcilmente  de  lo  mås  importante:  estå   empeùando  su  dinero.  

A

hora,  en  la  mesa,  el  ambiente  se  recompu-­ so:  estoy  ganando;Íž  todo  se  vuelve  agrada-­ EOH$PLODGRHVWi3HWURQD*XWLpUUH] XQDÂżOLSL-­ na  que  â&#x20AC;&#x201D;pese  a  su  nombreâ&#x20AC;&#x201D;  no  habla  espaĂąol)   y  estĂĄ  tambiĂŠn  Angelina,  una  chica  joven,  gor-­ da  y  linda  que  viene  acompaĂąada  por  un  amigo   que  le  pide  plata  todo  el  tiempo.   â&#x20AC;&#x201D;Come   on,   Angie,   dame   algo   para   do-­ blar;Íž   gano   y   te   lo   devuelvo   â&#x20AC;&#x201D;es   la   frase   que   repite  cada  dos  o  tres  manos. Angelina  le  da  todo  lo  que  gana  y  mien-­ tras  tanto  cuenta  que  debiĂł  dejar  su  casa  por  el   huracĂĄn.  Que  la  casa  estĂĄ  parcialmente  destrui-­ GDSHURTXHSDUDHOJRELHUQRHVVXÂżFLHQWHVX GHPROLFLyQIXHSODQLÂżFDGDSDUDHVWHPHV\DKR-­ ra  Angelina  estĂĄ  viviendo  con  unos  tĂ­os. â&#x20AC;&#x201D;No   debo   estresarme,   you   know   â&#x20AC;&#x201D;dice   Angelina  y  se  seĂąala  el  vientre:  lleva  un  emba-­ razo  de  siete  meses  y  medio,  y  dice  el  nĂşmero   â&#x20AC;&#x201D;ÂŤsiete  y  medioÂťâ&#x20AC;&#x201D;  entre  bocanadas  de  humo   de  cigarro.   La  miro. â&#x20AC;&#x201D;Cuando   nazca   voy   a   dejar   de   fumar     â&#x20AC;&#x201D;dice  y  pone  sus  cartas  sobre  la  mesa. El  crupier  es  un  colombiano  llamado  Luis   y  no  tiene  demasiada  suerte,  lo  que  quiere  decir   que  nosotros  sĂ­.  Petrona,  Angelina,  el  amigo  de   Angelina  y  yo  empezamos  a  ganar  con  calma,   mientras  charlamos  de  la  vida  y  bebemos  lo  que   mĂĄs  nos  plazca.  Todo  parece  una  playa  a  la  hora   de  la  caĂ­da  del  sol.  Empiezo  a  estar  cĂłmodo  y   decido  apostar  fuerte,  y  es  entonces  cuando  un   tipo  llamado  Evan  â&#x20AC;&#x201D;borrachoâ&#x20AC;&#x201D;  aparece  en  es-­ cena   y   desparrama   un   vaso   de   algo   naranja   y   pringoso  arriba  de  la  mesa.  Moja  todo  el  mazo.   El  crupier  reacciona  rĂĄpido  y  toma  unas  servi-­ lletas  y  absorbe  todo  en  segundos,  pero  las  car-­ tas  ya  estĂĄn  arruinadas.   â&#x20AC;&#x201D;AsĂ­  no  se  puede  seguir,  la  mesa  debe  ser   cerrada  â&#x20AC;&#x201D;dice. $3HWURQDVHOHGHVÂżJXUDODFDUD â&#x20AC;&#x201D;ÂĄNo  vas  a  cerrar  nada,  siempre  pasa  lo   mismo  cuando  voy  ganando!  ¥Trampa  es  lo  que   hacen,  trampa!  ¥Consiga  otras  cartas  y  sigamos! â&#x20AC;&#x201D;Lo  siento,  no  hay  otras  cartas. Lo  que  sigue  es  indignaciĂłn  y  caos.  Todos   â&#x20AC;&#x201D;salvo  el  borrachoâ&#x20AC;&#x201D;  protestamos  con  energĂ­a,  

/DV¿FKDVVRQ el  mejor  invento   del  casino:  la  razón   por  la  cual  la  gente   se  queda  jugando.   ¿Por  quÊ  se  usan   ¿FKDV\QRGLQHUR" /DV¿FKDVQRVRQ nada.  No  sirven  para   ninguna  otra  cosa   que  no  sea  apostar.   Y  cualquier  jugador   FRQ¿FKDVHQODPDQR se  olvida  fåcilmente   de  lo  mås  importante:   estå  empeùando   su  dinero.

QUIERO  VALE  MUCHO. 87


BLACK  JACK  EN  ATLANTIC  CITY aunque  en  el  fondo  sé  que  tengo  poco  resto.  Es-­ toy  cansado:  fueron  demasiadas  horas  para  mí.   Petrona,   en   cambio,   es   mayor   que   yo   —tiene   más   de   sesenta   años—   pero   muestra   unas   no-­ tables  ganas  de  pelear,  aun  cuando  estuvo  des-­ pierta  toda  la  noche.  A  los  gritos,  le  explica  al   empleado  del  casino  que  ella  decidió  dejar  pasar   un  colectivo  de  vuelta  a  su  casa  para  jugar  y  que   si  no  le  abren  la  mesa  se  habrá  quedado  en  vano   y  que  está  por  descomponerse  y  que  quiere  des-­

Estamos  viviendo   una  masacre  en   tiempo  récord  y,  en   una  obvia  alegoría   del  juego,  lo  ganado   se  va  en  un  suspiro.   Me  levanto  de  la   mesa  desplumado.

cansar  pero  no  tiene  un  cuarto  de  hotel  porque   pensaba  quedarse  jugando  toda  la  noche.  Petro-­ na  es  una  catarata  de  la  que  cualquiera  quisie-­ ra  librarse.  Cualquiera,  menos  el  casino:  todos   sabemos   que   Petrona   podría   caminar   algunos   metros  e  ir  a  otra  casa  de  juegos  con  cartas  se-­ cas,   pero   Petrona   sabe   que   a   ningún   casino   le   gusta  perder  clientes.  Antes  de  que  acabe  mi  ci-­ garro,  Petrona  tiene  en  la  mano  las  llaves  de  su   habitación,  cortesía  del  lugar,  aunque  igual  no   abandona  la  mesa.  Nadie  lo  hace. Angelina   mira   la   escena   con   el   rostro   adormecido  mientras  silba,  por  lo  bajo,  lo  que   entiendo   que   es   la   canción   «Bajo   la   rambla».   &XDQGRHOVROQRHVWi<ODWDUGHFDHDO¿Q Quiero  olvidar  los  momentos  que  en  la  rambla   pasé.  La  miro  extrañado.   —The  Drifters  —dice  Angelina—.  ¿Escu-­ chaste  la  versión  de  Springsteen?   En  realidad  pensaba  en  Gabriel  Carámbula.   —No  sabía  que  Springsteen  había  graba-­ do  esta  canción  —digo.  

Angelina   saca   su   teléfono,   entra   a   You-­ Tube   y   bajo   el   título   de   «Huracán   Sandy,   lle-­ gando   juntos»   aparecen   Bruce   Springsteen,   Billy  Joel  y  Steven  Tyler,  entre  otros,  cantando   «Under   the   boardwalk».  Arreglar   las   ramblas,   sabré  después,  costó  más  de  cincuenta  millones   de  dólares.  Y  los  músicos  juntaron  la  mayoría   GHHVHPRQWRHQXQDJDODEHQp¿FD/DFDQFLyQ es  linda  y  aunque  no  estamos  jugando,  por  un   momento  la  pasamos  bien.  Incluso  el  amigo  de   Angelina  deja  de  pedirle  plata. —Debajo   de   la   rambla   hay   gatos   —dice   Petrona—.  Gatos,  cientos.  Son  famosos  los  ga-­ tos  de  Atlantic  City.  La  gente  estaba  preocupa-­ da   porque   se   fueron   con   el   Sandy,   pero   ahora   volvieron  y  voluntarios  de  todo  el  país  vienen   a  cuidarlos.  La  gente  no  tiene  casa  pero  cuidan   a  los  gatos.   Petrona  sonríe.  No  sé  si  lo  hace  por  la  his-­ toria  de  los  gatos  o  porque  vino  un  supervisor   con  un  mazo  de  cartas  nuevo.  Da  igual.  Lo  im-­ portante   es   que   junto   con   el   mazo   llega   Lisa,   una  crupier  entrenada  en  el  arte  de  sacarnos  la   plata.  Los  crupiers,  hay  que  decirlo,  son  gente   de  miedo:  son,  en  muchos  casos,  jugadores  con   rasgos   ludopáticos   y   capaces   de   desvalijarte   en  un  minuto.  Un  estudio  de  la  Universidad  de   Chicago  advierte  que  el  veinticinco  por  ciento   de  los  empleados  de  casinos  tiene  severos  pro-­ blemas  de  adicción  al  juego.  Esa  enfermedad  es   útil  a  la  industria,  y  si  no  miren  a  Lisa:  es  feroz.   Con   ella   las   cartas   vuelan   y   también   nuestras   ¿FKDV7RGRHVPX\UiSLGR(VWDPRVYLYLHQGR una  masacre  en  tiempo  récord  y,  en  una  obvia   alegoría  del  juego,  lo  ganado  se  va  en  un  suspi-­ ro.  Me  levanto  de  la  mesa  desplumado.  

N

o  tengo  idea  de  la  hora  pero  estoy  tan  can-­ sado  que  a  gatas  llego  a  mi  cuarto.  Me  tiro   en  la  cama  y  prendo  el  televisor.  Hay  un  show   de  Jerry  Springer,  un  conductor  televisivo  que   se   hizo   famoso   por   ser   alcalde   de   Ohio   y   por   pagarle   a   una   prostituta   con   un   cheque,   razón   por  la  cual  Springer  debió  renunciar  a  su  cargo   de  funcionario.  «Si  fuera  posible  jugar  con  che-­ ques  tal  vez  seguiría  abajo,  en  alguna  mesa»  me   digo.  Y  eso  es  lo  último  que  pienso. Luego   creo   que   me   duermo.   Pasan   tres   horas  y  me  despierto  con  acidez,  dolor  de  cabe-­ za  y  una  imagen.  Prendo  un  cigarrillo,  esto  es  lo   que  veo.  Tengo  cinco  años  y  estoy  con  mis  pa-­ dres  caminando  por  alguna  ciudad  de  Colombia   cuando  entramos  a  un  lugar  con  tragamonedas.  

EN  MI  CAMA  APUESTO  EL  CUERPO. 88


MARCOS  PEREYRA Hace  calor  y  estamos  contentos;;  la  vida  es  bue-­ na.  Ellos  empiezan  a  jugar. —Marcos,   meté   vos   una   moneda   —dice   mi  padre.   Lo   hago,   tiro   la   palanca   y   empieza   una   ¿HVWD GH OXFHV \ UXLGRV PHWiOLFRV (O UXLGR HV sordo  y  las  monedas  no  paran  de  salir.  Son  tan-­ tas  que  se  desbordan  y  caen  al  suelo.  Las  perso-­ nas  se  acercan  a  ver;;  todos  miran  las  monedas,   todos  menos  mis  padres:  ellos  me  miran  a  mí.   Sonríen.   Anoto  el  recuerdo  en  una  libreta  y  le  pon-­ go  un  título:  «¿Origen?».  Después  salgo  de  mi   cuarto.

A

bajo,  en  la  misma  mesa  que  dejé  hace  al-­ gunas  horas  sigue  Petrona,  o  lo  que  queda   de  ella.  Está  claro  que  no  fue  a  la  habitación.  Su   cara  está  descompuesta  por  el  cansancio,  pero   aun  así  parece  alegre  de  verme.   —Te   estaba   esperando.   Ahora   vamos   a   enseñarles  —me  dice  con  una  sonrisa  y  poca  fe.   Pero  no  pasa  nada  y  vamos  aburriéndonos   de  a  poco.  Yo  dormí  algo  y  soy  más  joven,  así   que  debería  estar  en  mejor  estado  que  Petrona.   Pero  ella  tiene  lo  único  que  yo  no  tengo:  nece-­ sidad  de  ganar.  Eso  le  da  una  ventaja.  Resuelvo   fumar  un  último  cigarro  y  detenerme  acá.  Pero   antes  de  apagarlo  una  moza  me  trae  una  Coca  y   un  paquete  nuevo.   —Cortesía   de   la   casa   —dice.  Agradezco   y   siento   que   contra   ellos   no   se   puede.  Yo   es-­ toy   mirando   las   cartas   pero   ellos   están   miran-­ do  todo.  La  sensación  me  agota  y  por  segunda   vez   tomo   la   decisión:   en   cinco   minutos   parto,   es  un  hecho.  Así  que  ahora  juego  con  la  clari-­ dad  mental  del  que  sabe  que  no  va  a  volver  a   hacerlo   por   un   largo   tiempo.  Así   pasa   el   rato.  

En  algún  momento  se  va  Petrona  y  llegan  tres   negros  de  muy  buen  humor.   —Tengo   cuatro   trabajos   porque   tengo   cuatro  novias  que  mantener  —dice  uno,  y  todos   reímos.   Me  traen  un  café  y  lo  tomo,  aunque  no  lo   necesito.  Estoy  despabilado  y  fresco  y  empiezo   a  ganar.  Tengo  una  camisa  marca  Polo  y  el  de   las   cuatro   novias   me   dice   «Polo   Man   ».   Otro   pregunta   mi   nombre   y   se   lo   digo.  Al   rato   soy   «Marco  Polo»  para  todos  y  empiezo  a  olvidar-­ me  de  que  tengo  que  irme. Ya  me  pasó  otras  veces.  Cuando  me  casé   fui  de  luna  de  miel  a  California  y  como  quedaba   de  paso  (forzando  un  poco  el  paso),  nos  queda-­ mos  una  noche  en  Las  Vegas.  Fuimos  a  un  show   y  después  a  dormir,  pero  a  las  dos  de  la  mañana   bajé  solo  al  casino.  Mi  vuelo  salía  a  las  doce,  y   a  las  once  y  cuarto  sentí  que  me  tocaban  la  es-­ palda:  era  mi  mujer  que  había  hecho  las  valijas,   las  había  subido  a  un  taxi  y  me  había  encontra-­ GRDO¿QHQODPHVDGH%ODFN-DFN Ahora   no   está   mi   mujer,   así   que   llego   al   ómnibus  de  milagro.  Me  siento  de  un  modo  ex-­ tenuado  y  ciego:  sin  mirar  quiénes  viajan  con-­ migo.  Solo  sé  que  a  mis  espaldas  hay  un  nene   que  pega  patadas  todo  el  tiempo  y  que  a  mi  lado   hay  un  tipo  con  grandes  auriculares  y  una  bolsa   inmensa  de  comida  frita. —¿Buena  suerte?  —pregunta  con  la  boca   llena.   Procuro   ofrecer   un   gesto   amable,   pero   no   sé   qué   decir.   Dejo   mi   bolso   y   me   acomo-­ do  en  el  sillón  como  si  fuera  un  lugar  seguro.   Ahora   cierro   los   ojos,   trato   de   relajarme.   El   ruido   de   los   salones   todavía   está   conmigo   y   se  va  transformando  lentamente  en  una  lluvia   monótona  y  metálica:  puras  monedas  que  me   van  durmiendo.   Entre  ellas,  sonrío.  [

GLOSARIO DE TÉRMINOS Y PERSONAS Campera: Chaqueta, abrigo. Carámbula, Gabriel: (Montevideo, 1965) Músico uruguayo, nacionalizado argentino. Fundador de «Los ratones paranoicos» y «Los perros calientes». Formó parte de la banda estable de Fito Páez. Colectivo: En Argentina, autobús. Fucking ass-hole: Insulto muy bestia que cada uno podrá adaptar a su lengua de origen.

Ginóbili, Emanuel: (Bahía Blanca, 1977) Conocido como «Manu», es el mejor jugador argentino de baloncesto de todas las épocas. Muy famoso en Estados Unidos, donde consiguió tres campeonatos de la NBA. Hit me: Golpéame. Se utiliza también como «dame una carta» en el Black Jack. Mar del Plata: Ciudad de la Costa Atlántica argentina.

Micro: En Argentina, autobús de larga distancia The Drifters: Grupo afroamericano de rhythm & blues muy popular en los años cincuenta. Universidad Rutgers: Universidad estatal de Nueva Jersey.

NO  TENEMOS  NADA  QUE  PERDER,  ASÍ  QUE  APOSTAREMOS  LO  SUYO. 89


SOBREMESA

LAS IDEAS NO SON DE NADIE

M

e gustó mucho «Papelitos», tu cuento infantil bursátil —me dice Chiri. —Digamos que es mío a medias —le explico—. Por eso le pedí a María que pusiera en la portada «sobre una idea de Alfredo Molares», un señor al que no conozco. —¿El cuento es de él? —Molares tiene un blog económico, y en 2010 publicó una entrada a la que llamó «Credit Default :^HW`V[YHZTPLYKHZÄUHUJPLYHZL_WSPJHKHZWHYH lerdos», una idea muy divertida, pero sin estructura literaria. Yo le pedí una de esas entradas para hacer mi versión libre de un cuento infantil. —¿Le pagaste al hombre? Me imagino que sí. —No. Alfredo fue muy generoso y me lo prestó sin pedirme nada a cambio. —Entonces lo cagaste —me dice Chiri—. Lo plagiaste y además lo cagaste. Nos estás haciendo quedar para el orto en el extranjero. —Lo mío no es nada, Christian Gustavo. Mucho peor nos hace quedar Calero. —Eso es verdad. ¡Pero cuánta razón tiene! —Está buena la mirada que puede tener un extranjero sobre nosotros. A mí siempre me gustó mucho esa crónica de Naipaul que nombra Calero. Qué raros que somos, ¿no? —Rarísimos. —Se nota, por ejemplo, en todos los colores que ahora tiene el dólar —le digo—. ¿Decime si eso no es un símbolo hacia el futuro? Algo que seguramente va a quedar cuando se hable de LZ[HtWVJHKLSH(YNLU[PUH!LSK}SHYVÄJPHSLSIS\L el gris, el green, el celeste, el moreno... —Pero moreno no es un color, querido Jorge. A ese dólar le dicen así por Guillermo Moreno, el secretario de Comercio del interior. —¿Te conté que un día Moreno me llamó por teléfono? —le digo—. Me dijo: «Che, Orsai, ¿qué problema tenés vos?». Fue cuando nos retuvieron las revistas en el puerto. —¿Tuviste miedo? —Muchísimo miedo. Dicen que está loco. —¿Y qué le contestaste? —«No, señor, ya está todo solucionado». ·8\t NLU\ÅL_V X\L ZVZ ·TL KPJL *OPYP· ¿Y él qué te respondió? —Nada. Me cortó. Se fue sin saludar.

—¿Ves que somos raros? —me dice Chiri—. El otro día, leyendo el diario, caí en la cuenta de otra rareza nuestra: ¿vos sabías que dos de los héroes más grandes de la historia argentina en realidad vivieron poco tiempo en el país? —¿Sí? ¿Quiénes? —San Martín y Messi—le digo—. San Martín vivió solamente un cuarto de su vida en Argentina. Dieciséis años, para ser más exacto. O en realidad menos: once sobre sesenta y dos, si le descontás la campaña libertadora de Chile y Perú. Y Lionel Messi, el mejor jugador de la historia del fútbol, bueno, ya sabés... —No es que no me interese lo que me estás contando, pero ahora que nombraste la palabra «jugador» me acordé de una duda muy fuerte que [LUNV! ¦HS ÄUHS NHU} V WLYKP} LU LS JHZPUV LZ[L muchacho Pereyra? —¡Ganó! ¿No leíste cómo termina la crónica? —Sí, con esa lluvia de monedas y él en el bondi, sonriente, relajado —me dice Chiri—. Pero con LZLÄUHSHSVTLQVYLZ[LT\JOHJOVLZ[tX\LYPLUKV decir otra cosa. No sé, una metáfora... —¡No le digas más «este muchacho»! ¿Quién sos? ¿Bioy Casares? ¡Y además Pereyra está queriendo decir lo que está queriendo decir! Su crónica es honesta hasta en las metáforas. —A propósito de honestidad —me dice—. ¿Le vas a mandar una revista al pobre hombre al que le robaste el cuento, no? —¡No le robé nada! —me indigno. —En el número pasado le robaste una historia a Pedro Mairal, la del gol de Maradona a los ingleses. Ahora le robás una idea a otro buen señor. Miráme a los ojos, Jorge... —Te miro. Qué pasa. —Se te terminó la imaginación, ¿verdad, querido amigo? Tenía razón tu mamá: muchas drogas blandas en la adolescencia... No me escondas la mirada, a mí me podés decir la verdad. ·:x ·SL JVUÄLZV· ,Z[V` ZLJV *OYPZ[PHU Gustavo. Mi pozo se quedó sin agua fresca. —Me lo imaginaba. —Ya no me sale ser escritor —lloriqueo. —¿Y qué vas a ser ahora? —Intermediario de las historias de otros —le digo—. Es más relajado y se gana más plata. [

COPIAR  A  ALGUIEN  Y  LUEGO  PEGARLE. 90


ME  IS  BEAUTIFUL,  por  Manel  Fontdevila

91


ENTREVISTA

BUENOS  AIRES

EL MUERTO SE RÍE UNA CHARLA CON SABORIDO Y CAPUSOTTO


DEL DEGOLLADO UNA ENTREVISTA DE GONZALO GARCÉS PRODUCCIÓN FOTOGRÁFICA DE PEDRO OTERO


EL  MUERTO  SE  RÍE  DEL  DEGOLLADO

M

ientras  los  espero  en  un  bar  de   Barracas   pienso   que,   para   mí,   el  humor  de  Capusotto  y  Sabo-­ rido  es  siniestro.  En  el  sentido   que  le  daba  Freud  a  la  palabra   siniestro:  aquello  familiar  que  se  vuelve  extra-­ ño.   Extraño   y   por   lo   tanto   amenazante.  Antes   de   que   aparecieran   humoristas   como   Capu-­ sotto,   como   Saborido,   como   Casero,   antes   de   que  Cha  cha  cha  y  después  Todo  por  dos  pesos   pusieran  patas  arriba  al  humor  en  la  Argentina   a   mediados   de   los   noventa,   los   humoristas   se   reían   de   los   siete   pecados   capitales:   Olmedo,   Porcel,   Calabró   hacían   chistes   con   la   lujuria,   con  la  envidia,  con  la  cobardía,  con  la  pereza.   O  si  no,  estaba  el  humor  de  Tato  Bores,  que  nos   invitaba  a  reírnos  de  esa  casta  que  reúne  todos   los  pecados  anteriores  en  uno:  los  políticos.  Ya   Antonio   Gasalla,   con   sus   personajes   costum-­ bristas  al  borde  del  delirio,  provocaba  una  risa   con  más  matices  sombríos,  con  una  sospecha  de   que  nosotros  mismos,  o  nuestros  propios  prejui-­ cios,  podían  ser  el  blanco  del  chiste. Diego   Capusotto   ahora   dice   que   la   clave   de  todo  es  romper  el  rito.  Que  el  humor  es  eso.   Y  para  dar  un  ejemplo,  propone  un  asado  don-­

de   las   que   comen   son   vacas.   Pedro   Saborido,   su  guionista  y  colaborador  desde  hace  muchos   años,  propone  que  sean  vacas  que  comen  asado   de  hombre.  Yo  no  sé  cuál  de  los  dos  tiene  razón,   pero  sé  que  estar  ahí  cuando  Saborido  y  Capu-­ sotto  empiezan,  en  medio  de  la  charla,  a  inventar   un  sketch,  es  toda  una  experiencia.  No  hay  nada   previsible   en   la   conversación   con   estos   tipos,   así  como  no  hay  nada  previsible  en  los  dispara-­ tes  feroces  que  vienen  poniendo  en  la  pantalla   desde  Todo  por  dos  pesos  (1999-­2002)  y  quizá   más  todavía  con  Peter  Capusotto  y  sus  videos,   que  se  emite  sin  parar  desde  2006.  En  todos  los   personajes  de  Peter  Capusotto  hay  un  núcleo  de   parodia.   Nos   reímos   de   los   excesos   y   la   estu-­ pidez  de  los  rockeros  con  Pomelo.  Con  Micky   Vainilla,   de   la   forma   en   que   ciertos   cantantes   pop  son  funcionales  al  conformismo  y  a  los  pre-­ juicios  de  la  clase  alta.  Nos  reímos  al  encontrar,   en  Bombita  Rodríguez,  a  un  montonero  de  los   setenta  cantando  a  lo  Palito  Ortega.  Pero  a  la  pa-­ rodia   le   brotan   apéndices   extraños.   Cosas   que   escapan  a  la  lógica  del  humor,  o  que  representan   una  lógica  humorística  más  compleja.  Juan  Es-­ trasnoy,  el  ministro  de  Educación  que  interpreta   Capusotto,  ¿a  quién  parodia?  ¿A  las  autoridades  

NO  SE  GASTE  CON  TANTO  HUMOR  INTELIGENTE.  TENGA,  PISE  ESTA  CÁSCARA  DE  BANANA. 94


GONZALO  GRACĂ&#x2030;S

los  muertos  se  rĂ­en  de  los  degollados.  Porque  el   blanco  que  buscan  son  las  prĂĄcticas  que  alguna   vez  fueron  vivas  y  se  han  convertido  en  cadĂĄ-­ veres,  sus  programas  son  tambiĂŠn  cementerios.   Cementerios  de  arquetipos,  movimientos,  rela-­ tos,   artes   y   discursos.   Cementerios   radioacti-­ vos   donde   los   cadĂĄveres   se   mueven.   Y   hacen   reĂ­r   y   sentir   frĂ­o.   SĂ­,   Capusotto   especialmente   HV XQR GH HVRV RtGRV ÂżQtVLPRV TXH FRPR GH-­ cĂ­a   Roberto   BolaĂąo,   oyen   la   musiquita   de   los   mundos  que  se  disgregan.  Yo  querĂ­a  que  me  ha-­ blaran  de  la  prĂĄctica  de  su  disciplina.  Y  querĂ­a   que  me  hablaran  de  las  prĂĄcticas  de  otros,  del   humor  a  travĂŠs  del  tiempo,  porque  asĂ­  como  hay   pocas  miradas  mĂĄs  åcidas  que  las  de  Capusotto   y  Saborido,  tambiĂŠn  hay  poca  gente  asĂ­  de  in-­ teresante  cuando  habla  de  cine  o  de  televisiĂłn.   Por   eso   les   llevĂŠ   clips   de   cuatro   pelĂ­culas   co-­ nocidas   y   les   pedĂ­   que   me   dijeran   lo   primero   que  les  sugiriera  a  cada  uno.  No  imaginaba  que   ODVUHVSXHVWDVLEDQDLQFOXLUUHĂ&#x20AC;H[LRQHVH[LVWHQ-­ ciales,   consideraciones   sobre   los   Mercedes   de   Ricardo  Fort,  un  elogio  de  los  locos  del  Borda  y   una  pierna  humana  con  lechuga  y  tomate. La  charla  arranca  con  Capusotto.  Sabori-­ do  se  sumarĂĄ  despuĂŠs.

pacatas  preocupadas  por  el  mal  uso  del  lengua-­ je?  ¿O  a  nosotros  mismos,  gente  culta,  canchera   y  de  buen  gusto,  que  sentimos  ganas  de  matar   cuando  un  punga  dice  rescatĂĄte,  barrileteÂť  o  un   egresado  de  la  Universidad  de  Palermo  dice  que   se  dedica  a  hacer  stand  up  comedyÂť  o  usa  los   deditos   para   hacer   comillas   en   el   aire?   ÂżY   por   quĂŠ  Estrasnoy  tiene  pelo  largo? MĂĄs  o  menos  por  la  Êpoca  en  que  Capu-­ sotto   y   Saborido   empezaron   a   tener   seguido-­ res,  una  generaciĂłn  accedĂ­a  al  poder  en  todo  el   mundo:  la  generaciĂłn  del  rock,  del  individualis-­ mo,  de  la  informalidad,  del  gesto  libertario.  La   vieja  pacaterĂ­a  sigue  ahĂ­,  lo  mismo  que  los  siete   pecados  capitales,  pero  ahora  se  le  superponen   los  gestos  de  una  generaciĂłn  que  se  sigue  ima-­ ginando   joven.   Eso   obliga   al   humor   satĂ­rico   a   ejecutar  piruetas  extraĂąas,  a  retorcerse  sobre  sĂ­   PLVPRSDUDSUREDUVXĂ&#x20AC;H[LELOLGDG Yo   creo   que   Capusotto   y   Saborido   son   karatecas   veteranos   que   conservan   la   agilidad   necesaria  para  encontrar  las  imposturas,  los  ri-­ tos  cristalizados,  los  automatismos,  en  lugares   inesperados  e  íntimos.  Y  creo  tambiĂŠn  que  son,   quizĂĄ  de  manera  no  del  todo  voluntaria,  algo  asĂ­   como  poetas  de  la  degradaciĂłn.  Como  cuando  

LAS  REFLEXIONES  SOBRE  LA  VIDA  SON  SEGĂ&#x161;N  EL  BRILLO  DEL  SUJETO. 95


EL  MUERTO  SE  R�E  DEL  DEGOLLADO

â&#x20AC;&#x201D;E

n  estos  dĂ­as  volvĂ­  a  ver  muchos   de  tus  videos.  Uno  se  rĂ­e,  se  rĂ­e,   pero  llega  un  momento  en  que   le  agarra  angustia.  Hay  algo  muy  pesado  ahĂ­.   â&#x20AC;&#x201D;En  general,  no  tenemos  una  mirada  li-­ viana  de  la  vida.  Y  en  realidad  lo  que  hacemos   es  apuntar  algo  que  nos  duele  y  tambiĂŠn  a  tra-­ vĂŠs  del  humor  suavizarlo.  Y  tambiĂŠn,  a  travĂŠs   del   humor,   que   se   supone   que   suaviza   la   mi-­ rada,  estĂĄs  mostrando  algo  monstruoso.  Que  es   la  propia  realidad  transformada  en  algo  suave,   donde  lo  monstruoso  no  se  ve.  A  travĂŠs  del  len-­ guaje  humorĂ­stico  vos  podĂŠs  poner  eso  en  pri-­ mer  plano.   â&#x20AC;&#x201D;Vos  hablĂĄs,  en  otro  lado,  de  mostrar  lo   monstruoso  de  aquello  en  que  creemos.  No  solo   lo   que   estĂĄ   afuera,   sino   lo   que   te   resulta   mĂĄs   querido.   â&#x20AC;&#x201D;SĂ­,   claro,   tambiĂŠn   de   nuestras   propias   creencias.  Hay  una  burla  de  aquello  que  noso-­ WURVDÂżUPDPRVTXHVRPRV3HURHVRHVXQDE~V-­ TXHGD KXPDQD 8QR LQWHQWD DÂżUPDUVH VREUH OR que  es,  sobre  lo  que  quiere  hacer.  Y  a  veces  a  tra-­ YpVGHOKXPRUGHVPLWLÂżFDPRVHVDVPLVPDVSUH-­ guntas.  A   veces   desde   un   lugar   fatalista.   Otras   veces  porque  necesitamos  huir  de  nuestra  propia   gravedad.  Siempre  lo  que  hacĂŠs  son  puntos  de   fuga.  Viste  que  el  humor  estĂĄ  siempre  tocando   lo  trĂĄgico,  lo  oculto,  la  propia  tragedia  de  vivir,   lo   que   te   sofoca.   Por   eso   se   hace   tanto   humor   sobre  la  guerra,  sobre  la  muerte.  Claro  que  tam-­ biĂŠn  hay  puntos  que  son  mĂĄs  festivos.  Cuando   nosotros  hacemos  el  Bailarete  que  trata  de  en-­ gancharse  una  mina  en  un  boliche,  bueno,  ese  es   un  pelotudo  y  a  mĂ­  no  me  genera  ninguna  pena.   â&#x20AC;&#x201D;Pero  el  rock  es  distinto.  Ustedes  al  rock   lo  quieren.  No  es  una  pelotudez,  digamos.   â&#x20AC;&#x201D;El  rock  a  esta  altura  es  una  excusa.  De   alguna  manera,  el  sonido  del  rock  nos  pertene-­ ciĂł  y  tambiĂŠn  estaba  relacionado  con  una  mane-­ ra  de  mirar  la  vida  y  de  posicionarse  y  de  saber   quiĂŠnes  son  aquellos  con  los  que  te  querĂŠs  jun-­ tar  y  quiĂŠnes  no.  Y  despuĂŠs  el  programa  empe-­ zĂł  a  ser  otra  cosaâ&#x20AC;Ś  A  modo  de  cautela  pusimos   esto  de  que  el  nuestro  es  un  programa  de  rock.   Para  no  tener  que  decir  que  es  un  programa  de   humor.  Y  en  el  rock  entra  un  poco  de  todo.  Apa-­ recen   situaciones   que   no   tienen   nada   que   ver   con  el  rock,  pero  porque  el  programa  permitiĂł,   en  su  crecimiento,  que  nosotros  podamos  nom-­ brar  otras  cosas.   â&#x20AC;&#x201D;Eso  pensaba  yo  mirĂĄndolos:  hoy  el  rock   es  todo.  Aunque  sea  en  formas  bastardeadas  o   aguadas,   el   rock   estĂĄ   en   todos   los   niveles   de  

la   cultura.   Cuando   vos   ponĂŠs   al   ministro   de   EducaciĂłn  con  pelo  largo,  bueno,  es  una  idea   chistosa,  pero  al  mismo  tiempo  es  perfectamen-­ te  lĂłgica:  nosotros  tenemos  ministros  o  vicepre-­ sidentes  con  pelo  largo.  El  rock  es  una  de  las   banderas   de   un   diario   conservador   como   La   NaciĂłnâ&#x20AC;Ś   â&#x20AC;&#x201D;SĂ­,  claro.  El  rock  es  un  sonido  que  estĂĄ   integrado.  Para  mĂ­  los  únicos  sonidos  interesan-­ tes  del  rock  son  los  que  estĂĄn  en  la  periferia:  los   que   no   suenan   tanto   en   la   radio.   Por   ejemplo,   bandas  como  Pez,  como  Acorazado  Potemkin,   como  Sur  Oculto.  Los  Natas,  Tantra,  que  es  una   banda  de  Mar  del  Plataâ&#x20AC;Ś  Te  estoy  nombrando   algunas  pero  hay  millones.    Los  Jenifer  PĂŠrez,   que  hacen  psicodelia  y  que  son  de  allĂĄ  del  surâ&#x20AC;Ś   ÂżQuerĂŠs  medio  tostado?   â&#x20AC;&#x201D;Gracias,   me   acabo   de   clavar   dos   me-­ dialunas.   â&#x20AC;&#x201D;Son   grupos   mĂĄs   situacionistas,   si   se   quiere.  Tocan   en   lugares   que   son   mĂĄs   lugares   de  irrupciĂłn  que  festivales  organizados.   â&#x20AC;&#x201D;Lo  que  ustedes  mismos  hacen  se  podrĂ­a   vincular   con   los   situacionistas   de   los   sesenta.   Pero   con   una   diferencia   grande:   los   situacio-­ nistas   mostraban   las   grietas   o   las   hipocresĂ­as   de  una  sociedad  que  era  muy  pacata:  la  Fran-­ cia  de  De  Gaulle,  la  Europa  de  posguerra.  Pero   acĂĄ   la   situaciĂłn   es   muy   diferente,   porque   los   que  estĂĄn  en  el  poder  son  justo  la  gente  que  se   formĂł,  y  que  ayudĂł  a  formar,  la  cultura  cool.  La   FXOWXUDURFNHQGHÂżQLWLYD â&#x20AC;&#x201D;Nosotros  no  estamos  en  el  lugar  de  ac-­ ciĂłn  del  situacionismo.  Nosotros  estamos  en  un   canal  de  televisiĂłn  que,  si  se  quiere,  estĂĄ  esta-­ blecido.   Si   bien   estamos   en   un   canal   que   estĂĄ   corrido   de   los   grandes   ĂŠxitos,   el   lado   B   de   la   televisiĂłn,  es  un  programa  que  tambiĂŠn  estĂĄ  in-­ corporado  al  sistema.  De  todas  maneras,  noso-­ tros  tambiĂŠn  tenemos  una  visiĂłn  sobre  la  propia   existencia.   No   hablamos   solo   de   lo   macro,   no   apuntamos  al  funcionario  o  al  poder  real.  Tam-­ biĂŠn  hablamos  del  ser  humano  y  su  encuentro   consigo  mismo  en  un  lugar  que  lo  fagocita,  que   HV HO 8QLYHUVR (O KXPRU OR TXH KDFH HV ÂżMDU tratar   de   entender,   ser   curioso.   Desenmascara   Âżme  entendĂŠs?  La  idea  es  esa.   â&#x20AC;&#x201D;DespuĂŠs  de  mirar  videos  tuyos  durante   tres  dĂ­as  seguidos,  me  vino  a  la  cabeza  una  pa-­ labra:   entropĂ­a.   Hay   una   sensaciĂłn   de   que   es   un  humor  hecho  en  una  Êpoca  tardĂ­a,  en  la  que   muchas   cosas   han   degenerado:   el   peronismo,   el  rock,  la  vida  mismaâ&#x20AC;Ś   â&#x20AC;&#x201D;SĂ­,   y   lo   que   hay   tambiĂŠn   son   creencias  

POR  EL  PUNTO  DE  FUGA  SE  ESP�A  LA  ESCENA. 96


GONZALO  GARCÉS

que   son   puestas   en   duda.   Hay   la   necesidad   de   recrear  algo  así  como  una  realidad  paralela.  Por   eso  yo  decía:  esto  es  el  efecto  de  vivir  día  a  día.   El  humor  está  concatenado  con  la  burla  y  por  eso   yo  hablaba  de  desenmascarar  ciertos  discursos.   Ahí   vos   venís   a   meter   el   dedo   en   la   llaga.   So-­ bre   algunas   cosas   que   te   sensibilizan,   no   sobre   cualquier  cosa,  y  no  porque  vos  necesites  venir  a   convertirte  en  ese  personaje  mediático  que  es  el   personaje  que  transgrede.  Y  que  no  es  nada.  No-­ sotros  también  apuntamos  muchas  veces  a  eso.   —¿Un  ejemplo?   —Yo  creo  que  Violencia  Rivas  es  la  que   PiVUHSUHVHQWDFLHUWDGHVPLWL¿FDFLyQGHQXHV-­ tras   propias   creencias.   Ahí   ponemos   mucho   hincapié,   ahí   estamos   hablando   más   nosotros   con  la  excusa  del  personaje.  Y  después  Micky   Vainilla,   que   lo   más   inquietante   que   tiene   es   que   no   es   un   jerarca   nazi,   es   un   cantante   pop   que  simplemente  disimula  su  hijaputez  y  se  am-­ para  diciendo  que  él  no  está  diciendo  lo  que  vos   decís  que  dice.  En  Micky  Vainilla  están  repre-­ sentadas  un  montón  de  cosas.   —Claro:  el  lado  fascista  de  esa  normali-­ zación  light  que  vivimos  todos  los  días.  

Capusotto: «No  hablamos   solo  de  lo  macro,   no  apuntamos  al   funcionario  o  al   poder  real.  También   hablamos  del   ser  humano  y  su   encuentro  consigo   mismo  en  un  lugar   que  lo  fagocita,  que   es  el  Universo».

NO  HAY  MÁS  QUE  CREAR  PERSONAJES  CUANDO  UNO  YA  NO  CABE  EN  UNO. 97


â&#x20AC;&#x201D;Y  del  propio  poder  tambiĂŠn.  Vos  le  po-­ dĂŠs   hacer   la   lectura   que   quieras.  A   veces   me   resulta   mucho   mĂĄs   interesante   la   lectura   que   hacen   otros   que   la   que   hago   yo.   Son   los   per-­ sonajes  que  tienen  una  estructura  mĂĄs  densa.  Y   tambiĂŠn  nos  ocupamos  de  personajes  de  un  hu-­ mor  mĂĄs  directo,  mĂĄs  ligado  a  lo  infantil,  como   el   cantante   que   canta   en   un   inglĂŠs   de   mierda.   El  que  quiere  hacerle  una  interpretaciĂłn  a  eso,   que   la   haga,   pero   para   nosotros   es   solo   lo   ri-­ dĂ­culo   que   podemos   ser   expresando   algo   con   demasiada  intensidad.  No  darnos  cuenta  de  que   cantamos  mal  o  que  cantamos  en  un  inglĂŠs  es-­ pantoso.  Eso  hasta  te  puede  caer  bien:  alguien   que   intenta,   con   mucha   concentraciĂłn,   hacer   algo  que  no  le  sale.  Vos  ves  que  se  equivoca,   pero  Êl  no  lo  ve.  Hay  que  ver  cuĂĄl  de  los  dos   es  mĂĄs  feliz.   â&#x20AC;&#x201D;QuĂŠ  raro,  es  verdad:  casi  todos  los  per-­ sonajes  que  vos  hacĂŠs  son  gente  feliz,  en  el  sen-­ tido   de   que   hacen   lo   que   quieren.   Pomelo   es   un   pelotudo,   pero   un   pelotudo   feliz.   Violencia   Rivas  se  sale  con  la  suya.   ²%XHQRORVSHUVRQDMHVGHÂżFFLyQVXHOHQ salirse  con  la  suya.  Generalmente  uno  se  rĂ­e  de   eso   porque   tambiĂŠn   es   parte   del   asunto.   Uno   tambiĂŠn  es  bastante  miserable.  

â&#x20AC;&#x201D;Esta  forma  de  ver  las  cosas,  esta  mira-­ GDWDQFUtWLFDODQHFHVLGDGGHPLUDUODVÂżVXUDV en  los  discursos,  ¿de  dĂłnde  viene?  ¿Para  vos   es  algo  de  fĂĄbrica,  tiene  que  ver  con  cosas  que   te  pasaron?   â&#x20AC;&#x201D;Siempre  tiene  que  ver  con  cosas  que  te   pasaron.   Pero   yo   me   recuerdo   siempre   como   una   persona   observadora.   Que   es   el   primer   paso.  No  la  observaciĂłn  del  imitador,  que  cap-­ ta  cĂłmo  otro  se  mueve  para  copiarlo  tal  cual.   Es  la  necesidad  de  encontrar  un  sentido.  Pero   lo   que   nosotros   hacemos   tambiĂŠn   es   crear   un   lugar   propio,   un   lugar   mĂĄs   placentero   donde   vivir   que   la   realidad.   Por   decirte   algo,   en   la   realidad,  ¿con  cuĂĄnta  gente  te  conectĂĄs?  Yo  me   conecto   con   mĂĄs   gente   porque   soy   conocido   y  me  pueden  hacer  una  nota  o  puedo  dar  una   charla  donde  hay  mucha  gente,  pero  el  circuito   en  el  que  uno  se  mueve,  en  la  realidad  cotidia-­ na,  es  pequeĂąo.  Lo  que  hacemos  es  un  dispa-­ rador  que  puede  alcanzar  a  mĂĄs  gente  y  permi-­ te  que  uno  pueda  ser  portavoz  de  una  idea  en   comĂşn,  que  circula,  que  a  veces  es  rechazada   y  otras  veces  aceptada.  AhĂ­  se  genera  una  es-­ pecie  de  alianzaâ&#x20AC;Ś Llega  Pedro. SABORIDO:  â&#x20AC;&#x201D;ÂżQuĂŠ  tal?  

RE�R  JUNTOS  ES  RE�R  EL  DOBLE  CADA  UNO. 98


GONZALO  GARCÉS

Saborido: «Nosotros  pudimos   probar  lo  que   hacíamos  en  un   canal  de  cable.   La  TV  abierta   tiene  demasiados   instrumentos  para   saber  lo  que  puede   hacer  y  lo  que  no».

—M

e  estaba  hablando  Diego  de  los  alia-­ dos.  Pero  yo  pensaba  en  la  contra-­ cara:  en  lo  que  será,  para  ustedes,  ser  detestado   también   por   muchos.   Porque   están   los   que   se   toman  mal  las  parodias  del  rock,  los  que  piensan   que  Bombita  Rodríguez  no  se  debe  hacer  porque   con  la  militancia  de  los  setenta  no  se  jode…   S:   —Hay   gente   que   piensa   simplemente   que  sos  un  idiota.   C:   —Lo   más   inquietante   es   que   piensen   que   sos   un   idiota,   no   que   te   odien.   ¿Quién   te   odia?  ¿Cecilia  Pando?  A  mí  me  encantaría  que   me  odie  Cecilia  Pando.   S:  —Lo  que  pasa  es  que  también  te  cru-­ zás  con  gente  que  tiene  odio  estructural.  Te  va  a   odiar  a  vos  como  también  odiará  a  alguien  que   tiene  pantalón  verde  o  dientes  postizos.  Ahí  hay   un  malentendido.  Pero  también  es  un  malenten-­ dido  el  fan.   C:  —A  nosotros  no  nos  gusta  el  fan.  Por-­ que  el  fan  es  aquel  que  en  un  segundo  se  con-­ vierte  en  tu  peor  enemigo.  Si  vos  empezás  a  tra-­ bajar  para  el  deseo  del  fan,  te  convertís  en  una   especie   de   idiota,   o   en   un   artista   adolescente,   que  no  somos,  porque  tenemos  cincuenta  años.   Te  convertís  en  el  pelotudo  de  la  televisión  que   dice:   «Le   estamos   dando   a   la   gente   lo   que   la  

gente  quiere».  No  estás  dando  lo  que  vos  querés   decir,   sino   lo   que   la   gente   quiere,   que   es   una   abstracción.  ¿Qué  quiere  la  gente?  ¿Vos  lo  sa-­ bés?  ¡Qué  grosso!  ¿Vos  sabés  lo  que  yo  quiero?   Eso  lo  dicen  cuando  tienen  diez  puntos  de  ra-­ ting,  o  quince,  y  siguen  funcionando  con  la  idea   de  que  la  gente  quiere  ver  eso.  Así  que  al  fan  lo   tomás  siempre  con  cierto  recato.   —¿Cambió  la  relación  de  los  humoristas   con  la  gente?  Yo  siento  que  en  los  ochenta,  has-­ ta   mediados   de   los   noventa,   había   un   confor-­ mismo  en  el  humor  argentino  que  no  hay  ahora.   Con  Cha  cha  cha  y  con  algún  otro  eso  empieza   a  cambiar,  el  humorista  se  anima  más  a  mojar-­ le  la  oreja  a  su  público.   S:  —Me  parece  que  lo  que  hay  es  más  es-­ pacio   donde   hacerlo.  Ahora   nuestro   programa   puede  aparecer  en  televisión.  Está  la  oportuni-­ dad   de   romper   lo   establecido   televisivamente.   Vos   pensá   que   en   los   ochenta   había   cinco   ca-­ QDOHV 1R KDEtD PDUJHQ SDUD SL¿DUOD PXFKR De  todas  maneras,  yo  en  los  ochenta  no  miraba   televisión.  Esa  también  era  una  opción.   C:  —En  los  ochenta  los  espacios  más  in-­ teresantes   no   estaban   en   la   televisión.   Con   la   apertura   democrática,   los   lugares   más   intere-­ santes   para   ver   algo   revulsivo,   algo   que   fuera   testigo  de  lo  que  pasamos,  de  la  dictadura,  no   se  encontraba  en  la  televisión.  De  hecho,  Cha   cha  cha  sale  recién  en  los  noventa.  Con  el  me-­ nemismo.  Y  en  un  canal  que  casi  no  tenía  pro-­ gramación  y  que  lo  permitía.   S:   —Claro,   un   canal   de   cable.   Nosotros   pudimos   probar   lo   que   hacíamos   en   un   canal   de  cable.  La  TV  abierta  tiene  demasiados  ins-­ trumentos   para   saber   lo   que   puede   hacer   y   lo   que  no.  Va  poco  a  ciegas,  no  prueba,  tiene  de-­ masiadas   fórmulas,   tiene   el   minuto   a   minuto,   el   marketing,   el   focus   group.   Entonces,   sí,   se   hace  algo  para  gustarle  a  la  mayor  cantidad  de   gente,   ahí   no   podés   romper   porque   seguís   re-­ glas  básicas.  Por  ahí  en  los  sesenta  y  los  setenta   era  más  intuitivo.  «Bueno,  vamos  a  hacer  esto,   a   ver   qué   pasa».  Y   por   ahí   era   una   cosa   rara,   un  desafío  de  la  originalidad.  Ahora  está  siem-­ pre   el   temor   de   que   no   guste   a   mucha   gente,   entonces  proponer  un  formato  que  salga  de  lo   establecido…  En  dos  semanas,  a  un  programa   que  no  anduvo,  se  le  ponen  trece  panelistas  y   los  ponen  a  hablar  de  algún  escándalo  mediá-­ tico,  porque  me  va  a  pagar  rápido.  Es  como  un   boliche  donde  se  hace  comida  de  autor  y  a  los   quince  días  decís:  «Negro,  empezá  a  servir  mi-­ lanesas   porque   esto   no   anda».   Pero   las   cosas  

CUANDO  DICEN  «MI  GENTE»,  PIENSO  QUE  TIENEN  ESCLAVOS. 99


EL  MUERTO  SE  RÍE  DEL  DEGOLLADO

PARA  ABRIR  LA  MENTE  ES  NECESARIO  DEMOLER  MITOS. 100


GONZALO  GARCĂ&#x2030;S necesitan  su  tiempo,  y  lo  que  no  hay  es  tiempo.   Si  nosotros  no  hubiĂŠramos  hecho  el  programa   en  el  cable,  hubiĂŠramos  hecho  un  piloto  y  ha-­ brĂ­amos  durado  quince  dĂ­as  con  suerte.  Porque   no  se  respeta  a  cuatro  puntos  de  rating.  Si  vos   sos   parte   de   algo   que   se   llama   cuatro   puntos   de  rating,  andĂĄ  a  mirar  cable,  boludo.  AndĂĄ  a   mirar  el  History  Channel.  

â&#x20AC;&#x201D;S

i   les   parece,   les   paso   un   video   y   ha-­ blamos  un  poco  de  las  imĂĄgenes. Les  muestro  un  clip  de  El  Gran  Lebowsky.   Dos  matones  entran  en  la  casa  de  Jeff  Bridges   y  le  sumergen  la  cabeza  en  el  inodoro  mientras   le  preguntan:  ¿DĂłnde  estĂĄ  el  dinero,  Lebows-­ ky?Âť.  Uno  de  los  matones  mea  en  la  alfombra   de  Lebowsky.  ¿Ves  lo  que  pasa,  Lebowsky?Âť.   Bridges  protesta:  Nadie  me  llama  Lebowsky.   Yo  soy  el  Dude.  Se  equivocaron  de  personaÂť.   C:   â&#x20AC;&#x201D;Me   gustan   las   pelĂ­culas   de   los   her-­ manos  Cohen.  Yo  el  punto  mĂĄs  cercano  que  en-­ cuentro  con  mi  propia  sensibilidad,  con  lo  que   KDFHPRVQRVRWURVHVODHVFHQDGHOÂżQDOHQOD que  tiran  las  cenizas  de  su  amigo,  Donny,  y  la   FHQL]DOHVFDHHQODFDUD(VFRPRGHVPLWLÂżFDU una  acciĂłn  sagrada.  Que  es  lo  que  nosotros  ha-­ cemos.  Yo  antes  te  hablaba  del  peso  de  lo  trĂĄgi-­ co;Íž  bueno,  acĂĄ  te  disparĂĄs  hacia  un  lugar  donde   podĂŠs  tomarte  la  vida  en  solfa.   S:   â&#x20AC;&#x201D;Yo,   cuando   fui   a   tirar   al   viento   las   cenizas  de  mi  viejo,  me  acordĂŠ  de  esa  escena.   TirĂŠ   las   cenizas   de   mi   viejo   desde   un   puente,   y  medĂ­  el  viento,  porque  me  acordaba  de  la  es-­ cena.  ¥Porque  eso  puede  pasar  realmente!  ¿Me   entendĂŠs?   C:  â&#x20AC;&#x201D;Pero  igual,  que  eso  pase  estĂĄ  pensa-­ do  por  el  director.  Que  es  lo  que  nosotros  hace-­ mos  en  el  programa.  Puede  pasar  en  la  realidad,   pero   estĂĄ   pensado   de   antemano,   no   sĂŠ   si   para   aliviar.   O   para   que   la   muerte   no   sea   un   lugar   trĂĄgico,  sino  que  tambiĂŠn  tenga  su  propio  peso   en  esa  gestualidad,  en  la  que  la  muerte  vuelve   para  pegarte  en  la  cara  y  producir  una  situaciĂłn   que  tambiĂŠn  es  graciosa.  Capaz  que  si  tirĂĄs  las   cenizas  de  tu  viejo  y  te  vuelven  a  la  cara  vos  de-­ cĂ­s  QuĂŠ  loco,  puede  ser  un  signoÂť.  Capaz  que   un  pelotudo  piensa  que  es  un  signo  y  se  sienta   D SHQVDU HQ HO VLJQLÂżFDGR GH ORV VLJQRV GH OD muerte.  Y  otro  por  ahĂ­  se  caga  de  risa.  Este  he-­ cho  simbĂłlico  se  convierte  en  un  hecho  fortuito   y  gracioso  a  la  vez.   S:  â&#x20AC;&#x201D;Es  que  la  muerte  es  algo  tan  fuerte,  y   tan  claro,  y  que  no  merece  ningĂşn  comentario,  

Saborido:   Si  nosotros  no   hubiÊramos  hecho   el  programa  en  el   cable,  hubiÊramos   hecho  un  piloto  y   habríamos  durado   quince  días  con   suerte.  Porque  no   se  respeta  a  cuatro   puntos  de  rating.

UNA  EXPERIENCIA  FUGAZ,  HECHA  CENIZA  ETERNA. 101


EL  MUERTO  SE  RÍE  DEL  DEGOLLADO que   muchas   veces   el   humor   se   trata   de   decir:   esto  no  necesita  ningún  símbolo,  ningún  mito,   es  eso  simplemente.  Tirar  abajo  el  mito  es  lo  que   te  alivia  y  te  provoca  risa.  Lo  que  pasa  es  que,   hasta  el  momento  en  que  se  le  viene  la  ceniza   a  la  cara,  te  sorprendo  porque  te  estoy  llevando   a   la   emoción,   te   estoy   llevando   a   la   emoción,   te  estoy  llevando  a  la  emoción,  y  de  repente  te   saco  la  emoción  al  carajo.  ¡Boludo,  se  le  vino  la   ceniza  a  la  jeta!  ¿Qué  hacemos?  Yo  me  acuerdo   una  boludez,  que  también  se  lo  conté  a  Diego:   yo  le  expliqué  a  un  amigo  que  cuando  sacás  las   cenizas   y   querés   hacer   todo   el   rito,   tenés   que   ¿MDUWHGHWHQHUXQGHVWRUQLOODGRU3DUNHU3RUTXH las  urnas  vienen  muy  ajustadas.  ¿No  es  bueno?   El  pibe  lo  hizo  en  Mar  del  Plata  y  se  acordó  de   mí  y  pidió  en  el  hotel  un  destornillador.  Porque   es  verdad,  el  chabón  iba  a  tirar  las  cenizas  de  su   padre,  vos  vas  con  la  urna  al  atardecer,  con  las   olas  y  todo  eso,  y  de  pronto  no  la  podés  abrir.   ¿Qué  vas  a  hacer?  ¿Empezar  a  golpearla  contra   una  piedra?  ¡Se  fue  todo  al  carajo!   C:  —Vos  podés  hacer  una  película  a  partir   de  eso…  Y  aparte  yo  creo  que  lo  que  nosotros   hacemos  es  rememorar  la  infancia  con  los  jue-­ gos  que  vos  hacías  cuando  eras  chico,  pero  con   la  gravedad  del  adulto.  Vos  tocás  otros  temas,   ya  no  sos  un  chico  libre  e  inmortal.   —Claro:  sabés  que  te  vas  a  morir.   C:  —Yo  lo  que  creo  de  los  hermanos  Co-­ hen  es  que  tienen  también  esa  cosa  de  chicos.   Yo   cuando   me   río   de   algo   que   hacemos   en   el   programa,   me   río   como   un   chico,   no   es   que   digo   (gesto   de   sabihondo),   no   estoy   buscando   el   símbolo...  A   lo   mejor   los   hermanos   Cohen   terminan  riéndose  como  nenes.   —Eso   dice   Frances   McDormand,   que   está  casada  con  Joel.  Que  se  la  pasan  riéndose   como  boludos  de  porro.   S:  —Es  que  no  te  queda  otra.   C:  —Es  una  manera  de  escaparle  al  peso   de  la  realidad.   S:  —Y  es  que  no  es  importante  lo  que  es-­ tás  haciendo.  Vos  no  estás  operando  a  un  chico   de  una  peritonitis,  que  te  la  tenés  que  tomar  en   serio,   no   podés   joder.   Vos   estás   haciendo   un   programa  de  televisión  que  si  sale  mal  no  pasa   nada.  Tenés  que  creértelo  como  cuando  jugás  al   fútbol,  un  picado.  Querés  ganar,  de  eso  se  trata.   C:   —Además,   siempre   es   el   otro   el   que   te  hace  imprescindible.  No  nosotros.  Nosotros   hacemos   el   programa   y   no   sabemos   si   quedó   bien,  si  quedó  mal.  Para  nosotros  es  imprescin-­ dible  hacerlo.  Pero  en  el  imaginario  es  el  otro  

el  que  tiene  una  lista  de  cosas  imprescindibles   en  la  vida,  como  Woody  Allen  en  Manhattan,   cuando   enumera   las   cosas   imprescindibles   de   la  vida.  Para  mí  es  fundamental  ir  a  comer  una   vez  por  semana  con  mis  amigos,  sin  eso  la  vida   no  tiene  sentido.  Cosa  que  probablemente  a  los   cincuenta  años  vos  también  lo  digas.   S:  —O  que  venga  un  tipo,  como  una  vez  le   dijo  a  Diego  —que  no  es  por  lo  dramático  sino   para  mostrarte  la  potencia  de  una  boludez—,  le   dijo:   «Mi   hijo   tuvo   una   enfermedad   terminal   y   ver   el   programa   de   ustedes   lo   alivió   en   sus   últimos   años   cuando   estaba   en   la   cama».   Qué   sé   yo.   Mirá,   yo   lo   hacía   jugando,   no   lo   hacía   para  tu  hijo,  pero  qué  bueno  que  tu  hijo  lo  pudo   agarrar  para  eso.  Y  qué  bueno  que  el  padre  en-­ contró  eso.  Había  que  drogarlo  porque  se  estaba   muriendo  y  no  podían  encontrar  la  felicidad  con   los   amigos   porque   estaba   tirado   en   una   cama,   así   que   encontraron   esto.   Pero   más   allá   de   lo   melodramático,   ¿te   das   cuenta?,   es   un   juego   que  sale  para  cualquier  lado.  Y  lo  único  que  vos   podés  hacer,  realmente,  es  estar  encerrado  en  tu   propio  juego,  como  un  pibe  que  se  cree  que  una   escoba  es  una  guitarra  o  un  caballo.  Tenés  que   estar  medio  como  un  zombi,  porque  si  empezás   a  tener  en  cuenta  todo  lo  que  hay  afuera,  bueno,   no  lo  hacés.   —Vos  mencionás  a  Woody  Allen.  Pero  él   habla   de   un   aspecto   distinto   del   juego.   Dice   que  la  comedia  es  rabia.  Que  el  comediante,   cuando   le   fue   bien   con   su   público,   dice:   los   maté,  los  destruí.  ¿Ustedes  no  reconocen  algo   de  esto?   S:  —Es  que  hacés  humor  con  aquello  que   ves   desacomodado.   Y   que   te   molesta.   Podés   decir  que  un  tipo,  aunque  haga  un  juego,  tiene   una   gran   moralina,   o   es   un   tipo   esencialmen-­ te  moral.  Porque  en  realidad  está  señalando  lo   que   está   mal.   O   lo   que   todos   digan   que   está   bien.  Me  cago  en  lo  que  todos  dicen  que  está   bien.   Me   cago   en   que   Ernesto   Sabato   sea   un   gran   escritor.   Si   quiero   hacer   un   chiste   con   Sabato,   hago   un   chiste   con   Sabato.   Yo   hago   Papa’s  Blues,  Pappo  Benedicto  XVI.  No  es  una   cuestión   de   indignación,   porque   el   indignado   no  se  activa,  dice:  «Ay,  mirá  vos,  no  puede  ser   esto»,  y  nada  más.  Se  lava  en  su  propia  indig-­ nación.  Lo  que  vos  hacés  es  trastocarlo  y  decir-­ lo.  O  cuando  alguien  te  dice:  che,  no  se  puede   mezclar  la  muerte  con  un  chiste.  ¿Por  qué  no?   Mirá,  boludo.  La  mezclo.  No  podés  mostrar  un   tipo  comiendo  caca  en  televisión.  ¿Ah,  no?  Yo   como  caca.  No  sé  si  en  esa  cosa  de  «los  maté»  

GUARDO  MIS  MEJORES  CHISTES  PARA  CONSUMO  PERSONAL. 102


GONZALO  GARCÉS hay  algo.  Lo  que  sí  hay  quizás  en  la  gente  que   se  sube  a  un  escenario,  y  que  por  traslación  uno   lo  ve  cuando  sale  su  programa,  sí  hay  una  sen-­ sación  de  que  salís  a  defender  un  título,  te  subís   a  un  ring,  te  enfrentás  con  algo.  Y  si  vos  lo  po-­ nés  en  términos  de  público  y  crítica,  el  tipo  dice   «los   maté»,   pero   cuando   la   gente   agarra   una   crítica,  dice  «Los   mataron».   Hay   un   enfrenta-­ miento,   vos   venís   a   mostrar   algo.   O   la   nueva   temporada:  ya  te  están  esperando.  «¿Hay  nue-­ vos  personajes?».  Woody  Allen  también  decía   que  hace  cosas  distintas  para  marear.  El  huía  de   que  lo  emboquen.  Entonces  va  por  acá,  va  por   allá.  Hay  una  sensación  de  «me  están  esperan-­ do  para  bajarme».   C:   —Es   que   eso   pertenece   a   la   propia   crítica.  «Esto,  que  supuestamente  gusta,  yo  lo   destrozo».  A   veces   con   armas   nobles,   a   veces   para  posicionarse  en  una  especie  de  personaje   GHVPLWL¿FDGRU (V XQD HVSHFLH GH DIHFWDFLyQ Es  lo  que  pasa  con  la  gente  que  va  hablar  a  la   televisión,  que  se  convierte  en  una  especie  de   personaje.  Ya  tomó  un  rol.  O  sea,  el  gordo  Fein-­ mann   no   es   un   facho,   un   cuadro   del   fascismo   italiano.  Es  un  personajito  que  le  encanta  asus-­ tar   a   los   progres,   que   creen   que   es   un   cuadro   fascista.   Entonces   el   único   que   la   ve   clara   es   Tinelli,  que  lo  quiere  llamar  para  Bailando  por   un  sueño.  Porque  ve  que  es  un  producto  televi-­ sivo,  no  porque  Tinelli  sea  fascista.  Tinelli  ve   que  ahí  hay  un  personaje.  El  gordo  Feinmann   no  es  nada,  loco.  Pero  cuando  la  gente  le  cree,   sí.  Entonces  nosotros  venimos  precisamente  a   no  creer.   S:  —Vos  vas  a  tratar  de  hacer  algo  y  ver   cómo   escaparte   de   las   generales   de   la   ley.   O   sea,   si   vos   sos   una   banda   de   rock   gigantesca   que  triunfa,  ¿qué  te  queda?  Caer.  Y  bueno,  aho-­ ra  queda  que  Capusotto  y  Saborido  se  peleen,  o   que  decaigan,  viene  el  derrotero  de  la  Historia.   ¿Y  cuál  es?  La  decadencia,  porque  todo  decae.   De   todas   esas   reglas   que   hay,   podés   escapar.   Porque   los   Beatles   se   separaron,   pero   The   Grateful   Dead   siguieron   tocando.   Siguieron   para   sus   aliados.   Serían   menos,   serían   pocos.   Habrán   perdido   público,   no   importa,   pero   es-­ caparon   a   la   historia   del   héroe.   Esa   que   dice:   «Sos   genial,   sos   lo   máximo»,   para   después   verte  caer.  Ahora  Darín  metió  novecientos  mil   espectadores:  bueno,  vamos  a  esperar  cuál  va  a   ser  la  película  de  Darín  que  fracase.  Para  que   haga  la  curva  del  héroe  ¿no?  Y  después  se  re-­ dima.   C:  —Cuando  fracasás  y  estás  dos  años  sin  

Saborido: «Cuando  alguien   te  dice:  che,  no   se  puede  mezclar   la  muerte  con   un  chiste.   ¿Por  qué  no?   Mirá,  boludo.   La  mezclo.   No  podés  mostrar   un  tipo  comiendo   caca  en  televisión.   ¿Ah,  no?   Yo  como  caca».

SI  DICEN  «MATERIA  DE  ANÁLISIS»,  PIENSO  EN  CACA. 103


EL  MUERTO  SE  RÍE  DEL  DEGOLLADO

104


GONZALO  GARCÉS

105


EL  MUERTO  SE  RÍE  DEL  DEGOLLADO aparecer  en  la  pantalla,  empezás  a  ser  desvalo-­ rizado.  Nos  ha  pasado  a  nosotros  con  Todo  por   dos  pesos.   S:  —O  está  Tarantino  como  religión.  «No,   después  de  Reservoir  dogs  se  cayó…».  ¡Y  a  Ta-­ rantino  le  chupa  un  huevo!   C:  —Con  Todo  por  dos  pesos  y  Cha  cha   cha  pasó  exactamente  lo  mismo.  En  un  momen-­ to   ya   deja   de   ser   la   novedad,   porque   se   sitúa,   queda  establecido,  y  deja  de  ser  revulsivo  como   cuando   salió.   Cuando   esos   programas   desapa-­ recen   empiezan   a   ser   reivindicados,   probable-­ mente  porque  no  aparece  otro  programa  que  lo   supere,  o  si  hay  alguno  que  lo  supere,  tiene  su   raíz  en  los  programas  que  habíamos  hecho  no-­ sotros.   No   es   que   no   leamos   críticas,   pero   en   GH¿QLWLYD WHUPLQD RFXSDQGR PX\ SRFR OXJDU en  lo  que  hacemos.  Lo  que  nos  preocupa  más   que  nada  son  los  personajes  nuevos,  que  tienen   rebote   en   la   gente.   Pero   después   de   seis   años   de  hacer  el  programa,  por  supuesto  que  hay  un   efecto   de   novedad   que   se   pierde.   Yo,   la   ver-­ dad,  ¿viene  a  tocar  Television  acá  y  me  voy  a   preocupar  porque  dicen  que  seguimos  haciendo   el  mismo  programa?  Andá  a  la  concha  puta  de   tu  madre.  Los  Television  dejaron  de  tocar  hace   treinta   años   y   vuelven   a   tocar   ahora.   Porque   necesitarán  plata,  bueno.  Pero  es  Television.  Si   no,  hacé  una  banda  hoy  y  tocá,  pelotudo,  a  ver   si   tocás   mejor   que   Television.   Viste   cómo   es.   Así  que  mirá  si  nosotros  nos  vamos  a  privar  de   hacer  un  programa.

—A

hí  va  otro  video.   Vemos   un   clip   de   El   gran   dicta-­ dor.  Chaplin  es  soldado  en  la  Primera  Guerra   Mundial.   Dispara   un   enorme   cañón.   El   obús   VDOH FRQ GL¿FXOWDG \ FDH D SRFRV PHWURV (O sargento  ordena  a  un  soldado  ir  a  inspeccionar   el   obús.   El   soldado   se   da   vuelta   y   le   ordena   lo   mismo   al   siguiente.   El   siguiente   le   ordena   lo   mismo   al   siguiente.   El   último   es   Chaplin,   que   se   da   vuelta,   pero   no   encuentra   a   nadie.   Inspecciona   el   obús   caído.  A   medida   que   da   vueltas  en  torno  a  él,  el  obús  se  gira  para  se-­ guir  apuntándole.   C:  —Esto  es  intemporal.  Por  más  que  esté   situado   en   un   contexto   histórico.   Pero   el   ser   humano   se   ríe   siempre   de   lo   mismo.  Además   era  un  gran  artista.  Aunque  a  mí,  la  verdad,  me   gustaba  más  Buster  Keaton.  Me  parecía  menos   efectista.  Chaplin  siempre  me  pareció  más  para   la   masa.   Suena   feo   decirle   comercial,   porque  

Capusotto:   «A  mí,  la  verdad,   me  gustaba  más   Buster  Keaton.   Me  parecía  menos   efectista.  Chaplin   siempre  me  pareció   más  para  la  masa». Saborido:   «Sin  embargo   el  que  metía  más   gente  en  el  cine   no  era  ni  Chaplin   ni  Keaton.  Era   Harold  Lloyd».

Chaplin  era  un  artista  integral,  casi  te  diría  que   de  esos  pibes  no  salen  más.  Pero  a  pesar  de  eso   me  gustaba  más  Keaton.   S:  —Sin  embargo  el  que  metía  más  gente   no  era  ni  Chaplin  ni  Keaton.  Era  Harold  Lloyd.   C:  —Chaplin,  quizá,  tenía  algo  demagógi-­ co.  Se  metía  con  los  grandes  temas:  la  clase  tra-­ bajadora,  el  nazismo.  Tiene  algo  bienpensante.   S:  —Yo  no  sé  si  es  tan  bienpensante.  Pero   yo  no  conozco  otra  película  de  esa  época  don-­ de  alguien  haga  de  Hitler.  Y  estaba  Hitler  en  el   poder  todavía.   C:   —Tenía   cosas   efectistas.   Pero   era   un   grande.  A  mí  lo  que  me  gustaba  más  de  Buster   Keaton  es  cómo  se  salvaba  del  mundo.  Me  pare-­ ce  más  interesante  y  hasta  más  poético.  Tenía  un   registro  más  poético  que  Chaplin,  si  se  quiere.  Y   había  una  cosa  de  «él  contra  el  mundo».  Quizá   no  tocara  tanto  el  tema  político,  pero  era  una  per-­

LA  TESIS  DEL  ARTISTA  CONSISTE  EN  CONMOVER  A  DISCRECIÓN  POR  PRIMERA  VEZ. 106


GONZALO  GARCĂ&#x2030;S

sona  sumamente  romĂĄntica  que  se  las  rebuscaba   como  podĂ­a,  inclusive  con  elementos  absurdos,   y  le  daba  un  signo  de  coherencia  a  las  cosas  que   hacĂ­a.  Estoy  hablando  de  actos  concretos,  como   resolver   un   problema.   Que   ĂŠl   los   resolvĂ­a   des-­ de  el  delirio  y  que  terminaba  siendo  funcional.   CĂłmo  podĂ­a  inventar  una  mĂĄquina  que  lo  sacara   de   una   situaciĂłn   comprometida.   Keaton   estaba   ligado  a  la  idea  romĂĄntica  del  amor  imposible  y   las  cosas  que  podĂ­a  hacer  para  ganar  ese  amor.   Pero  tambiĂŠn  fue  uno  de  los  pocos  tipos  en  esa   ĂŠpoca  que  se  matĂł  a  sĂ­  mismo  en  una  pelĂ­cula,   que  no  recuerdo  cuĂĄl  es.  Terminaba  enterrado  Êl   con  la  mujer  a  la  que  querĂ­a.   S:   â&#x20AC;&#x201D;Fueron   felicesâ&#x20AC;Ś   Y   se   murieron.   ÂĄMostraba  eso!  Que  fueron  felices,  tuvieron  hi-­ jos,  y  se  murieron.   C:  â&#x20AC;&#x201D;Y  eso  tiene  mĂĄs  contundencia  que  el   efecto  chaplinesco.   Cuando   hoy   veo   a   Keaton  

no  veo  esa  correcciĂłn  polĂ­tica  que  veo  en  Cha-­ plin.  Chaplin  es  un  grosso,  eso  ni  hablar.  Pero   a   mĂ­   me   gustan   mucho   tambiĂŠn   los   hermanos   Marx,  porque  son  como  cuatro  dementes  pues-­ tos   en   un   mundo   supuestamente   normal.   Es   como  ver  a  cuatro  tipos  del  Borda,  pero  en  de-­ ÂżQLWLYDIHOLFHVGHQWURGHODFRQYHQFLyQGHTXH son  actores  que  estĂĄn  dentro  de  una  pelĂ­cula.   S:  â&#x20AC;&#x201D;No  es  que  te  rĂ­as  de  alguien  que  tiene   sufrimiento  psĂ­quico,  o  psiquiĂĄtrico.   C:   â&#x20AC;&#x201D;Son   tipos   que   estĂĄn   en   un   mundo   equivocado.  Y  el  mundo  mĂĄs  agradable  es  el  de   los   hermanos   Marx,   no   el   mundo   que   los   ro-­ dea,  que  es  el  mundo  al  que  nosotros  pertene-­ cemos.   Cuando   los   estĂĄs   mirando,   vos   no   sos   ORVKHUPDQRV0DU[YRVWHQpVODLGHQWLÂżFDFLyQ pero  lo  que  estĂĄs  viendo  son  personajes  que  tie-­ nen  identidad  propia.  Y  vos  ves  que  lo  intere-­ sante  son  esos  cuatro  dementes  y  no  el  mundo  

UNO  MUEVE  EL  MUNDO  CORRESPONDIENTE  A  SU  PUNTO  DE  APOYO. 107


EL  MUERTO  SE  RÍE  DEL  DEGOLLADO

108


GONZALO  GARCÉS

109


EL  MUERTO  SE  RÍE  DEL  DEGOLLADO que  los  rodea,  y  que  le  pone  límites  a  esa  locura.   Y   como   siempre   terminan   bien,   a   mí   me   gus-­ ta  ver  eso.  A  lo  mejor  el  tipo  de  película  y  de   formato  sí  es  de  una  época  y  vos  no  lo  podrías   hacer   hoy.   Pero   adonde   apunta   la   energía   de   los   Hermanos   Marx   es   algo   que   nos   atraviesa   a   nosotros.  A   nosotros   y   a   muchos   otros,   que   vieron  eso  y  se  formaron  con  eso.  Siempre  pasa   que  estás  haciendo  algo  que  está  haciendo  otro,   porque  es  una  idea  que  no  te  pertenece,  es  una   manera   de   mirar   la   vida   que   nos   pertenece   a   unos   cuantos.   El   otro   día,   por   ejemplo,   yo   vi   que   lo   pasaron   en  TV,   que   hay   un   restaurante   en   Estados   Unidos   que   se   llama   «La   muerte»   o  algo  así,  Y  después  ponían  nuestro  sketch  de   angioplastia.   S:   —Vos   intuís   que   hay   algo   que   puede   pasar.  Es  lo  que  intuís  cuando  vas  a  un  tenedor   libre.   Y   Estados   Unidos   es   una   sociedad   que   hace   esas   cosas.   Que   pone   un   boliche   que   se   llama  «Vení,  morite»  y  te  invita  a  comer  ham-­ burguesas…  Antes  hablábamos  del  fan.  Imagi-­ náte   esto:   alguien   ve   a   Diego   acá   y   no   se   da   cuenta  de  que  hay  un  vidrio,  le  quiere  pedir  un   autógrafo,  rompe  el  vidrio,  tiene  poco  aguante   y  se  muere.  

—L

es  paso  el  último.   Es   un   clip   de   Rambito   y   Rambón.   Los  soldados  están  en  la  selva,  hay  un  peligro.   Guillermo  Francella  le  da  instrucciones  a  cada   XQRGHVXVFRPSDxHURV$O¿QDOXQROHSUHJXQ-­ ta:  «¿Y  vos?»  «Yo  soy  muy  cagón»,  responde   Francella.   Enseguida,   un   clip   de   Bananas,   de   :RRG\$OOHQ8QR¿FLDOUHYROXFLRQDULRH[SOL-­ ca   a   todos   qué   hacer   si   alguien   es   picado   por   una  serpiente:  chupar  el  veneno  y  después  es-­ cupirlo.  Todos,  por  turno,  repiten  la  instrucción.   Cuando  llega  el  turno  de  Woody,  este  dice:  «No   puedo  chupar  la  pierna  de  nadie  con  quien  no   esté  comprometido».   S:  —En  realidad,  es  el  mismo  chiste.  La   gracia  es  el  cobarde  en  un  lugar  donde  alguien   así  nunca  llegaría  a  ser  soldado.  Pero  ves,  Woo-­ dy  Allen   tiene   algo   de   Buster   Keaton.   Porque   en  la  película,  Woody  Allen  arma  todo  el  qui-­ lombo  de  hacerse  revolucionario  para  levantar-­ se  una  mina.   C:  —Y  también  hay  un  tipo  de  humor  que   está  encuadrado  ahí  en  esas  películas.  No  en  ese   gag.  Tanto  el  gag  de  Woody  Allen  como  el  de   Francella,  los  dos.  Ahí  hay  una  representación   del  humor  que  es  muy  televisivo,  que  es  la  de   Sofovich,  por  ejemplo.  La  idea  de  que  la  gente  

Capusotto:   «Una  idea  que  no   te  pertenece  es   una  manera  de   mirar  la  vida  que   sí  nos  pertenece   a  unos  cuantos».

tiene  que  entender  todo,  que  no  hay  que  ser  re-­ buscado.  Y  que  la  gente  se  tiene  que  anticipar   al  remate.   S:  —Claro,  había  programas  de  televisión   donde   vos   sabías   cómo   iban   a   rematar   cada   sketch.  Lo  que  pasa  es  que  en  televisión  vos  ves   al  actor  o  a  la  actriz,  no  tanto  el  texto.  Entonces   la  gente  veía  a  Olmedo  y  Porcel,  que  repetían   los  mismos  cinco  sketches,  y  ya  sabías  el  rema-­ te  y  sabías  lo  que  pasaba.  Es  la  idea  de  que  todo   tiene  que  ser  entretenido,  el  remate  se  tiene  que   entender,  si  vos  sabés  cómo  viene  lo  disfrutás   junto  al  actor.  Es  una  cosa  que  nosotros  cuando   la  hacemos  es  de  manera  paródica.  Es  una  idea   muy  televisiva,  porque  supone  que  el  tipo  labu-­ ra  todo  el  día  y  cuando  llega  a  su  casa  necesita   estar   distendido   y   entender   todo.   Lo   que   pasa   es   que   si   ese   tipo   labura   doce   horas   por   día   y   gana  dos  lucas  por  mes,  le  chupa  un  huevo.  El   problema  es  que  el  tipo  debería  ganar  más,  no   que  debería  sentarse  a  ver  a  Tinelli.  

—¿U

stedes  notaron  que  en  el  cine,  no   importa  si  la  película  es  graciosa   o  no,  la  gente  siempre  se  ríe?   S:  —Yo  hace  poco  fui  a  ver  en  el  teatro   una   obra   sobre   Freud,   donde   aparece   Freud   con   cáncer   en   el   paladar   y   sufriendo   por   el   dolor   de   su   dentadura   postiza,   y   la   gente   se   empezó  a  reír.  Ahora,  análisis  psicológico:  ¿se   ríen  porque  no  se  bancan  la  potencia  del  dolor  

MIRO  TV  TODO  EL  DÍA  PARA  CUIDAR  QUE  NO  ME  LA  ROBEN. 110


GONZALO  GARCĂ&#x2030;S de  esa  escena?  ¿O  son  unos  cosos?  Uno  podrĂ­a   FDOLÂżFDUDHVWDJHQWHGHLPEpFLOHV3HURQRORV FDOLÂżFiV SRUTXH VH UtHQ VLQR SRUTXH VH UtHQ en   donde   supuestamente   estamos   de   acuerdo   todos   en   que   no   hay   que   reĂ­rse.   Porque   esto   es   serio.   Pero   bueno,   al   tipo   le   causĂł   gracia.   ÂżQuĂŠ   carajo   hacemos?   ÂżCĂłmo   compartimos   ese  lugar?   C:  â&#x20AC;&#x201D;Si  esa  situaciĂłn  la  trasladamos  a  la   ÂżFFLyQQRVFDXVDUtDJUDFLD S:   â&#x20AC;&#x201D;En   una   pelĂ­cula   de   los   hermanos   Marx,  el  que  se  rĂ­e  en  el  cine  cuando  no  debe   serĂ­a   uno   de   los   hermanos   Marx.   Y   nosotros,   viendo   la   pelĂ­cula   de   los   hermanos   Marx,   nos   reirĂ­amos   con   ellos.   DirĂ­amos:   mirĂĄ,   ese   actor   de  mierda  se  quiere  hacer  el  buen  actor  dramĂĄ-­ tico  y  estos  se  le  cagan  de  risa.  Sin  embargo,  si   vos  estĂĄs  ahĂ­,  vos  sos  Margaret  Dumont,  la  vie-­ ja.  Vos  decĂ­s:  QuĂŠ  mal,  cĂłmo  se  estĂĄn  riendo   acĂĄÂť.  A  veces  la  forma  de  ver  eso  es  ponerse  al   costado  y  ver  que  los  dos  son  ridĂ­culos:  el  que   se  rĂ­e  y  el  que  se  indigna  porque  se  rĂ­en.  Si  es   por  eso,  sesenta  personas  que  se  sientan  a  ver  a   un  tipo  que  hace  como  que  es  Freud,  ya  es  ridĂ­-­ culo.  Si  no  te  creĂŠs  el  rito,  no  podĂŠs  hacer  nada.   Si  no,  es  como  ir  a  un  asado  y  empezar  a  hablar   de  la  vaca  muerta.   â&#x20AC;&#x201D;Es  una  opciĂłn.   C:  â&#x20AC;&#x201D;Es  una  opciĂłn.  Una  vaca  comiendo   asado.   S:  â&#x20AC;&#x201D;Esta  puede  ser  una  discusiĂłn  de  chis-­ tes.   Diego   dice   una   vaca   comiendo   asado.  Yo   digo  una  vaca  comiendo  gente.   C:  â&#x20AC;&#x201D;Ya  saliĂł  un  sketch.  Cuatro  vacas  co-­ miendoâ&#x20AC;Ś   S:  â&#x20AC;&#x201D;ÂŤâ&#x20AC;ŚMmm,  esta  carneâ&#x20AC;ŚÂť.   C:  â&#x20AC;&#x201D;Y  saca  una  piernaâ&#x20AC;Ś   S:â&#x20AC;&#x201D;  ¿De  dĂłnde  es?Âť.  De  CotoÂť.   C:  â&#x20AC;&#x201D;ÂżPero  se  comen  un  humano?   S:  â&#x20AC;&#x201D;O  que  se  coman  una  vaca.   â&#x20AC;&#x201D;ÂżNo  es  mejor  que  se  coman  una  vaca?  Si   se  comen  un  humano,  puede  parecer  moralina.   S:  â&#x20AC;&#x201D;SĂ­,  pero  mĂĄs  fuerte  es  ver  una  gamba   humana  puesta  con  lechuga  y  tomate.  Pero  en   realidad  no  importa.  La  cosa  es  desarmar  el  rito.   ImaginĂĄte  que  vos  reciĂŠn,  cuando  nos  ponĂŠs  los   clips,  nos  decĂ­s:  Les  voy  a  mostrar  estos  clips   para  ver  quĂŠ  opinanÂť,  y  nos  empezĂĄs  a  mostrar   clips  de  gente  chupando  pijas.  Y  nosotros  pen-­ sando:  ¿Tiene  algo  que  ver?  ¿Este  tipo  de  quĂŠ   trabaja?  Lo  mandĂł  Casciariâ&#x20AC;ŚÂť.  Y  en  la  panta-­ lla  le  estĂĄn  haciendo  el  ojete  a  una.   â&#x20AC;&#x201D;ÂŤÂżQuĂŠ  opinan,  chicos?  ¿CĂłmo  lo  ven?Âť.   S:  â&#x20AC;&#x201D;Claro,  se  va  todo  al  carajo.  

C:  â&#x20AC;&#x201D;Por  eso,  lo  que  a  nosotros  mĂĄs  nos   hace   reĂ­r   es   esa   distorsiĂłn   de   la   normativa   de   los   signos   de   la   realidad.   SerĂ­a   gracioso   que   SDVDUD HVWR HQ HO PDUFR GH XQD ÂżFFLyQ GH XQ programa  de  humor.   S:   â&#x20AC;&#x201D;Pero   parĂĄ,   Diego,   porque   tambiĂŠn   te  divierte  cuando  por  ejemplo  viene  un  perio-­ dista   y,   sin   llegar   a   este   absurdo,   te   hace   una   pregunta   fuera   de   lugar   o   desconoce   algo   bĂĄ-­ sico.   ÂżCuĂĄl   es   el   lĂ­mite   del   humor?   En   algĂşn   momento  nos  convertimos  en  parodias  de  no-­ sotros  mismos.  

Saborido:   Sesenta  personas   que  se  sientan  a   ver  a  un  tipo  que   hace  como  que   es  Freud,  ya  es   ridículo.  Si  no  te   creÊs  el  rito,  no   podÊs  hacer  nada.   Si  no,  es  como   ir  a  un  asado  y   empezar  a  hablar   de  la  vaca  muerta.

C:  â&#x20AC;&#x201D;Puede  quedar  muy  afectado  que  yo   te   diga   que   el   programa   se   explica   solo.   Pero   la   verdad   es   que   explicar   lo   que   hacĂŠs   no   tie-­ ne  el  mismo  peso  que  hacerlo.  Y  ese  mundo  es   mucho  mĂĄs  personal  ahĂ­  en  la  pantalla  que  los   creadores  explicando  lo  que  hicieron.   â&#x20AC;&#x201D;Bueno,   pero   por   eso   existen   las   entre-­ vistas.  Yo  veo  a  ese  pintor  que  pintĂł  muy  bien  

ASADO  POPULAR,  PUEBLO  A  LA  PARRILLA. 111


EL  MUERTO  SE  RĂ?E  DEL  DEGOLLADO esa  casa  y  pienso:  quĂŠ  bueno  que  es,  dan  ganas   de  hablar  con  Êl.   C:   â&#x20AC;&#x201D;TambiĂŠn   las   charlas   son   interesan-­ tes  o  no.  Yo  no  niego  la  charla.  Esta  charla  fue   interesante.  Otras  charlas  son  obvias,  no  tienen   PXFKR SHVR HVSHFtÂżFR QL ODV SUHJXQWDV QL OR que  vayas  a  responder.  Le  explicĂĄs  a  otro  tres   veces   cĂłmo   hacer   un   huevo   frito.   ÂŤYa   te   lo   expliquĂŠÂť.  Pero  explicĂĄmelo  de  nuevoÂť.  Ah,   bueno.  Pero  si  encuentro  una  nota  a  Artaud,  la   leo.  Pero  leo  una  nota  a  Artaud,  no  a  Ricardo   Fort.  Un  chabĂłn  que  sale  del  hospital  y  como   estuvo  cerca  de  la  muerte,  dice  que  va  a  sacar   un  libro.  Que  se  supone  que  va  a  ser  espiritual.     Le   habrĂĄ   visto   la   pera   a   Dios,   algo   vio.   Pero   cuando  saliĂł  del  hospital,  lo  primero  que  dijo   es   que   se   comprĂł   cuatro   Mercedes.   ÂŤÂżY   por   quĂŠ  no  me  voy  a  comprar  cuatro  Mercedes,  si   estuve  cerca  de  la  muerte?Âť. S:   â&#x20AC;&#x201D;Eso   me   parece   mĂĄs   interesante   que   el  libro.   C:  â&#x20AC;&#x201D;Pero  si  este  chabĂłn  se  compra  cua-­ tro   coches,   no   lo   escuchemos   mĂĄs.   O   se   los   choreamos,  o  no  lo  escuchemos  mĂĄs.  Se  com-­ pra  cuatro  coches  y  vos  ganĂĄs  cuatro  lucas  por   mes,   vos   sos   idiota.   La   gente   es   idiota.   Pero   bueno,  cada  uno  elige  su  propia  vida  y  su  pro-­ pia  muerte.  [

Capusotto:   Lo  que  a  nosotros   mås  nos  hace  reír   es  esa  distorsión   de  la  normativa   de  los  signos  de  la   realidad.

GLOSARIO DE TĂ&#x2030;RMINOS Y PERSONAS Bailarete, Bombita RodrĂ­guez, Juan Estrasnoy, Pomelo, Vicky Vainilla, Violencia Rivas: Personajes KLĂ&#x201E;JJP}UKLSWYVNYHTHKL[LSL]PZP}U 7L[LY*HW\ZV[[V`Z\Z]PKLVZ Boliche: *HU[PUHLUSHQLYNH WVY[L|H(J[\HSTLU[L[HTIPtUZL KLUVTPUH­IVSPJOLÂŽHKP]LYZVZ ULNVJPVZ Borda: /VZWP[HSWZPX\Pm[YPJV KL)\LUVZ(PYLZ/VZWP[HS 0U[LYKPZJPWSPUHYPV7ZPJVHZPZ[LUJPHS 1VZt;PI\YJPV)VYKH Bores, Tato: )\LUVZ(PYLZ   /\TVYPZ[H`WYLZLU[HKVYKL [LSL]PZP}U:\O\TVYWVSx[PJVTHYJ}H NLULYHJPVULZKLHYNLU[PUVZ CalabrĂł, Juan Carlos:)\LUVZ

(PYLZ (J[VY`O\TVYPZ[H HYNLU[PUV Casero, Alfredo: )\LUVZ(PYLZ  /\TVYPZ[HHJ[VY`TÂ&#x201A;ZPJV *YLHKVYQ\U[VH+PLNV*HW\ZV[[V `V[YVZHJ[VYLZKLSWYVNYHTHKL [LSL]PZP}U*OHJOHJOH Coto: *HKLUHHYNLU[PUHKL Z\WLYTLYJHKVZ Cha cha cha: :LYPLKL[LSL]PZP}U HYNLU[PUHKLO\TVYHIZ\YKV WYV[HNVUPaHKHWVY(SMYLKV*HZLYV -HIPV(SILY[P`+PLNV*HW\ZV[[V ChabĂłn: ,UQLYNHS\UMHYKH VYPNPUHSTLU[LZPNUPĂ&#x201E;JHIH­[VU[VÂŽ (J[\HSTLU[LZLKPJL­JOHI}UÂŽV ­JOHIVUHÂŽHOVTIYLZ`T\QLYLZLU (YNLU[PUH

Embocar: 4VKPZTVHYNLU[PUVX\L LULZ[LJHZVZPNUPĂ&#x201E;JH­KHYSL\U NVSWLHHSN\PLUÂŽ Feinmann, Juan Pablo:)\LUVZ (PYLZ -PS}ZVMVKVJLU[L LZJYP[VY`JVUK\J[VYKLYHKPV` [LSL]PZP}U Fort, Ricardo:)\LUVZ(PYLZ  4\S[PTPSSVUHYPVTLKPm[PJVHYNLU[PUV Francella, Guillermo:)\LUVZ (PYLZ (J[VY`JVTLKPHU[L HYNLU[PUV Gasalla, Antonio:)\LUVZ(PYLZ  /\TVYPZ[HHJ[VYH\[VY WYVK\J[VY`WYVMLZVYKL[LH[YV HYNLU[PUV ÂŤLevantar una minaÂť: ,US\UMHYKV ­ZLK\JPYH\UHT\QLYÂŽ

EL  MAYOR  ERROR  DE  INTERPRETACIĂ&#x201C;N  ES  QUERER  INTERPRETAR  CUANDO  NO  ES  NECESARIO. 112


GONZALO  GARCÉS

Luca:7HSHIYHKLSS\UMHYKVX\L ZPNUPÄJHTPSWLZVZ Mina: 4\QLY Montonero: 6YNHUPaHJP}UN\LYYPSSLYH HYNLU[PUHKLSHPaX\PLYKHWLYVUPZ[H X\LKLZHYYVSS}SHS\JOHHYTHKHLU[YL  `  Olmedo, Alberto: 9VZHYPV " 4HYKLS7SH[H (J[VY` O\TVYPZ[HJVUZPKLYHKVJVTV\UVKL SVZJVTLKPHU[LZTmZPTWVY[HU[LZKL SH(YNLU[PUH Ortega, Palito:;\J\TmU  *HU[H\[VYHJ[VYWYVK\J[VYKPYLJ[VY KLJPUL`WVSx[PJVHYNLU[PUV Pando, Cecilia:)\LUVZ(PYLZ  (J[P]PZ[HHYNLU[PUHKLKLYLJOH \S[YHJVUZLY]HKVYH

Panelistas: 7LYZVUHZX\LOHISHU ZVIYL\U[LTHLUWHY[PJ\SHY,U (YNLU[PUHZLKLUVTPUHHZxHSVZ PU]P[HKVZKL\UWYVNYHTHKL [LSL]PZP}U,U,ZWH|H[LY[\SPHUVZ 3LðDU,YYHYLX\P]VJHYZL Pija: ,U(YNLU[PUHWLUL Porcel, Jorge: )\LUVZ(PYLZ " 4PHTP(J[VYO\TVYPZ[H JHU[HU[L`KPYLJ[VY[LH[YHSHYNLU[PUV ;YHIHQ}T\JOVZH|VZQ\U[VH(SILY[V 6STLKV Punga: 3HKY}UKLIPSSL[LYHZ «Rescatate, barrilete»: -YHZLKLS WLYZVUHQLKLÄJJP}U1\HU ,Z[YHZUV`KLSWYVNYHTHKL [LSL]PZP}U Peter Capusotto y sus videos.

Situacionista:,SX\LZLKLKPJHH JVUZ[Y\PYZP[\HJPVULZ Sofovich, Gerardo: )\LUVZ(PYLZ  (J[VYO\TVYPZ[HWYVK\J[VY` N\PVUPZ[HHYNLU[PUV Solfa: ,UQLYNHS\UMHYKH­WHSPaH® (J[\HSTLU[L­[VTHYLUZVSMH®ZPNUPÄJH [VTHYLUIYVTHVYPKPJ\SPaHYHSNV Tinelli, Marcelo: )\LUVZ(PYLZ  7YLZLU[HKVYLTWYLZHYPV WLYPVKPZ[HKLWVY[P]V`WYVK\J[VY HYNLU[PUV*VUK\JLLSWYVNYHTHKL [LSL]PZP}U Bailando por un sueño. Todo por dos pesos: 7YVNYHTHKL [LSL]PZP}UHYNLU[PUVWYV[HNVUPaHKV WVY-HIPV(SILY[P`+PLNV*HW\ZV[[V JVUN\PVULZKL7LKYV:HIVYPKV` 5tZ[VY4VU[HSIHUV

YO  CREO  QUE  TODO,  O  ES  GRACIOSO  O  NO  LO  ENTIENDO. 113


SOBREMESA

ÂŚ8<0i5/(*, ESTAS ENTREVISTAS?

L

HZLU[YL]PZ[HZX\LSLOHJL.HYJtZHZ\ZLU[YLvistados son mucho mĂĄs entretenidas que las X\LTLOHJtZ]VZHTxHSĂ&#x201E;UHSKLJHKHJY}UPJH ¡Œ7LYK}U& ¡TL KPJL *OPYP¡ ÂŚ=VZ WLUZmZ X\L LZ[HZ JVU]LYZHJPVULZ NYHIHKHZ LU[YL ]VZ ` `VZVU\UHLU[YL]PZ[H& ¡*SHYV,Z\USHYN\xZPTVPU[LY]PÂ&#x201A;X\L]VZTL OHJtZ H Tx 4\` ZPTWm[PJV LZ ]LYKHK WLYV UV SLWVUtZSHWYVM\UKPKHKX\LSLWVUL.HYJtZ¡SL KPNV¡5VZtZP]HZHTHU[LULYLZ[LLTWSLV ¡=V` H KLQHY WHZHY LS THSLU[LUKPKV ¡KPJL *OPYPJHTIPHUKVKL[LTH¡ÂŚ;LN\Z[}SHJOHYSH JVU*HW\ZV[[V`:HIVYPKV& â&#x20AC;&#x201D;No pienso contestar â&#x20AC;&#x201D;le digoâ&#x20AC;&#x201D;. Tus preN\U[HZZVUZ\WLYĂ&#x2026;\HZ`VIZLJ\LU[LZ ¡;L ]V` H YLZWVUKLY JVTV =PVSLUJPH 9P]HZ SHWYLJ\YZVYHKLSW\URLULST\UKV!­)\LUĂ&#x201E;UKL semana, andĂĄ a la concha de tu hermanaÂť. ¡§,ZWLYm *OYPZ[PHU .\Z[H]V UV JVY[LZ ¡Z\WSPJV¡ :P UV [LYTPUHTVZ LZ[H ZVIYLTLZH UV ]HTVZ H WVKLY JLYYHY SH YL]PZ[H @ LZV ZLYxH T\`NYH]L=VZZHItZX\L`V[ÂťLZ[PTVTVS[ ¡Œ7VY X\t TL OHISmZ LU JH[HSmU ZHSHTL& ÂŚ8\PtU[LJYLtZX\LZV`&ÂŚ;\LZWVZH& â&#x20AC;&#x201D;Es que si lo digo en espaĂąol me suena meKPVW\[VLUJH[HSmULUJHTIPVLZV[YHJVZH ¡4LZHSLYLZWVUKLY[LJVUV[YV[LTHKL=PVSLUJPH9P]HZ!­4L[t[L[\JHYP|VLULSJ\SVÂŽ ¡§(O X\t [LT}U ¡SL KPNV¡ 4L LUJHU[H =PVSLUJPH 9P]HZ 7LYV ZP [\]PLYH X\L LSLNPY H \UV KLSVZWLYZVUHQLZKL*HW\ZV[[V`:HIVYPKVSLQVZ TLX\LKVJVU)VTIP[H9VKYxN\La ¡,S7HSP[V6Y[LNHTVU[VULYV<UJYHJ ¡@VSLLUZL|tHSH5PUHSHSL[YHJVTWSL[HKL ÂŤLa sonrisa de mamĂĄ es como la de PerĂłnÂť, y todas las noches, cuando nos sentamos a comer LUMHTPSPHZLSHJHU[HTVZH*YPZ[PUH â&#x20AC;&#x201D;A modo de homenaje. ¡7VYZ\W\LZ[VWLYV*YPZ[PUHUVSVLU[PLUKL de la misma manera que nosotros â&#x20AC;&#x201D;le digoâ&#x20AC;&#x201D;. 0N\HS JYLV X\L LU LS MVUKV SL N\Z[H 7VYX\L H ]LJLZIHPSHJVUSHTLSVKxHTPLU[YHZUVZZPY]LSH escalivada. ¡Œ:HIVYPKV`*HW\ZV[[VM\LYVUSVZWYPTLYVZ LUOHJLYJOPZ[LZJVUSVZZxTIVSVZ`SHSP[\YNPHWLYVUPZ[HUV&ÂŚ*}TVW\LKLZLYX\L[VKH]xHUHKPL LU(YNLU[PUHSVZOH`HX\LYPKVSPUJOHY& â&#x20AC;&#x201D;Porque pertenecen a un sector interno del

partido que se llama ÂŤPeronismo con Humor y RevisiĂłnÂť. Lo dijeron una vez en chiste, pero yo JYLVX\LLZJPLY[V!LZVSVZKLĂ&#x201E;ULIHZ[HU[L â&#x20AC;&#x201D;ÂżTe acordĂĄs que de chicos ya seguĂ­amos a :HIVYPKV&¡TLYLJ\LYKH*OPYP ¡*SHYVSVLZJ\JOmIHTVZLUSHYHKPVJ\HUKV LZ[HIH JVU Z\ HTPNV 6THY 8\PYVNH ` KLZW\tZ siempre estuvimos muy atentos a los guiones del WYVNYHTH KL ;H[V )VYLZ X\L LU \UH tWVJH LZJYPIPLYVUQ\U[VZÂŚ8\tLZKLSH]PKHKL8\PYVNH& â&#x20AC;&#x201D;Lo Ăşltimo que hizo, me parece, es una miniserie que se llama Memorias de una muchacha peronistaWHYHSH[LSL]PZP}UWÂ&#x201A;ISPJH ¡Œ,Z[mI\LUH& ¡5VSH]PWLYVZtX\L[YHUZJ\YYLLU[YL `  ¡TLKPJL*OPYP¡@SHOPZ[VYPHZLJ\LU[HHS ritmo de un aĂąo por episodio. Es, a escala, nuestro Mad Men@HKLTmZLSWLYZVUHQLWYPUJPWHSLZ \UHT\QLYX\LLU[YHH[YHIHQHYJVTVKHJ[PS}NYHMH en la redacciĂłn de una radio y se termina convirtiendo en periodista. ¡*VTV7LNN`6SZVU¡SLKPNV¡X\LKLZLJYL[HYPHZL[YHUZMVYTHLUJYLH[P]H ¡§*}TV SH ]HTVZ H L_[YH|HY H 7LNN` LZ[L aĂąo en Mad Men! ¡(O ÂŚUV ZHIxHZ& +PQV 4H[[OL^ >LPULY X\L Peggy sĂ­ estarĂĄ en la nueva temporada, que emWPLaH HOVYH! LS ZPL[L KL HIYPS ­5V W\LKV KLJPY J\mU[VUPKLX\tTHULYHUPJ\mS]HHZLYZ\OPZtoria, pero va a estarÂť, asegurĂł el pelado. ¡§8\tI\LUHUV[PJPHX\LTLKHZNVYKP[V â&#x20AC;&#x201D;SĂ­, todo muy lindo â&#x20AC;&#x201D;le digoâ&#x20AC;&#x201D;, pero dejame volver a un asunto que no me cierra. ÂżEntonces LZ[HZZVIYLTLZHZUVZVU\UHLU[YL]PZ[HX\L]VZ TLLZ[mZOHJPLUKVHTxKLZKLSHWYPTLYH6YZHP& ¡§5V¡TLNYP[H¡ÂŚ8\PtULZLSX\LKLZNYHIH LZ[HZ JOHYSHZ& ÂŚ8\PtU LZ LS X\L WVUL ­KPJL *OPYPÂŽ`KPJL­1VYNLÂŽHSĂ&#x201E;UHSKLJHKHKPmSVNV& ¡@V ¡*SHYVÂŚ@]VZHSN\UH]La]PZ[LH\ULU[YL]PZ[HKVOHJLY[VKVLS[YHIHQV& â&#x20AC;&#x201D;Entonces... â&#x20AC;&#x201D;digo, compungido. â&#x20AC;&#x201D;SĂ­, querido amigo. Lamento que lo descuIYHZKLZW\tZKL[YLZH|VZ ¡Œ@V[LLZ[V`LU[YL]PZ[HUKVH]VZ& â&#x20AC;&#x201D;AsĂ­ parece. ¡§(OX\t]PKHWLYYH ¡5V[LUNVTmZYLZW\LZ[HZ¡KPJL*OPYP[

MI  PEOR  ENEMIGO  ES  TAN  MAL  ENEMIGO  QUE  HASTA  ME  HACE  FAVORES. 114


PLANETA  TUTE,  por  Tute

115


( c u e n t o   i n é d i t o )

LA  LENGUA   DE  CHIFU Un  relato  de  LIAO  YIWU Traducción  de  CARLOS  LOMÉ Ilustraciones  de  MATÍAS  TOLSÀ

116


C LIAO YIWU Sichuan, 1958 Escritor, poeta y músico chino. Recibió en 2012 el Premio de la Paz de Comercio Librero Alemån. Desde 1987 estå en la lista negra de escritores prohibidos en China. Pasó cuatro aùos en la cårcel luego de escribir Masacre, un extenso poema sobre la matanza en la plaza de Tian´anmen. Yiwu describe esos aùos como una verdadera pesadilla en donde sufrió torturas físicas y psicológicas. En Por una canción y mil canciones, el autor relata su paso por la prisión. Actualmente vive exiliado en Alemania. En 2012 publicó El paseante de cadåveres. Retrato de la China profunda (Sexto Piso), un libro que habla de la gente que no sale en las noticias. Ademås de poeta y músico, Yiwu revela en La lengua de Chifu su trazo gastronómico. Orsai N12 enciende los fuegos y los invita a revolver este guiso espeso de nueve påginas. Amigos sensibles de Orsai, busquen digestivos y ¥bon appÊtit!

hifu   es   un   tipo   de   nariz   respingada   y   boca   grande.   Su   lengua   ha   pasado   por   grandes   experiencias   e   incluso   cuenta   con   un   gran   nĂşmero   de   seguidores.   ÂŤEsta   es   una  Êpoca  en  que  la  gente  solo  piensa  en  comer     â&#x20AC;&#x201D;me  decĂ­aâ&#x20AC;&#x201D;,  ademĂĄs  de  comer,  hay  que  vol-­ ver  a  comerÂť.  Yo  tambiĂŠn  soy  uno  de  sus  segui-­ dores,  fue  asĂ­  como  comenzamos  a  tener  puntos   de  vista  y  objetivos  en  comĂşn.  El  dos  de  enero   de  1999,  estando  en  cierta  casa  de  tĂŠ  a  punto  de   demolerse  en  la  zona  de  la  Puerta  Occidental  en   Chengdu,  el  viento  soplaba  de  extremo  a  extre-­ mo  del  local.  Sentados  alrededor  de  la  mesa  de   mahjong,  conversaba  con  Chifu  sobre  comida;Íž   sin  embargo,  a  medida  que  avanzaba  la  conver-­ saciĂłn  me  iba  desanimando.  Chifu  sĂ­  que  es  un   hombre  de  mucho  mundo  y  con  una  experien-­ cia  que  rebasa  todo  lĂ­mite,  tanto  que  aunque  me   esforzara  toda  una  vida  jamĂĄs  lograrĂ­a  alcanzar   el  nivel  al  que  Êl  ha  llegado.  Para  Êl  todo  es  co-­ mestible.  Cuando  estaba  organizando  este  texto   realmente   me   entrĂł   el   deseo   de   atravesarle   la   ERFDFRQXQDOÂżOHUDHVH&KLIXÂŁSHFDGRU LIAO  YIWU:  ¿QuĂŠ  delicias  te  has  comi-­ do  recientemente  Chifu? CHIFU:  Nada  en  especial,  ando  como  dijo   el  caballero  Liang  Shan  en  A  la  orilla  del  agua:   ÂŤCon  la  boca  tan  vacĂ­a  que  me  podrĂ­a  salir  un   nidoÂť. LIAO:   Nadie   te   lo   va   a   creer,   con   esos   ojos  radiantes,  tu  voz  imponente,  y  esa  cabeza   SHORQD\EULOODQWHÂŁ3HURPLUDKDVWDWXVSDWLOODV EODQFDV VH SXVLHURQ QHJUDV 6ROR SRUTXH D~Q no   llegas   a   los   cincuenta   aĂąos   no   puedo   decir   que  de  la  vejez  volviste  a  la  niĂąezÂť,  pero  a  ver,   dime  la  verdad,  ¿quĂŠ  tĂłnico  estĂĄs  tomando?

117


CHIFU:  ¿Acaso  ya  sabes  leer  el  rostro? LIAO:   Hace   un   tiempo   vi   la   película   taiwanesa  llamada  Comer,  beber,  amar  y  luego   releí  la  vieja  novela  de  Lu  Wenfu  El  gourmet,   me   parece   que   en   lugar   de   ponerse   a   comer   como  él  es  mejor  ver  a  los  demás  mientras  co-­ men,  para  tratar  de  aprender  a  descifrar  el  rostro   de  la  comida,  ¿de  qué  te  ríes? CHIFU:   No   me   río,   solo   estoy   haciendo   muecas.  ¿Acaso  puedes  comerte  las  películas  y   las  novelas?  Ver  no  sirve  de  nada,  solo  emba-­ rrando  la  lengua  conoces  la  frescura. LIAO:  Sí  que  te  has  vuelto  más  rudo  que   antes. CHIFU:  Pero  claro,  es  que  cada  vez  como   carne  humana  con  más  frecuencia. LIAO:  ¿Carne  humana?  Así  que  hasta  ho-­ micida   eres.   Mira   Chifu   ya   tienes   cierta   edad,   no  estás  para  decir  ese  tipo  de  cosas.  No  te  he   ofendido. &+,)8£3DUDQDGD(VPiVELHQSRUTXH veo  que  eres  un  buen  hombre  que  me  atrevo  a   decírtelo.  Si  en  estos  días  te  sientes  de  mal  hu-­ mor  y  quieres  buscar  alguna  motivación,  yo  te   puedo  llevar. LIAO:  No  pareces  estar  loco. CHIFU:  Loco  estarás  tú.  Acércate  un  poco   que   en   esta   casa   de   té   hay   mucha   gente   y   las   paredes   oyen.   Basta   que   alguien   vaya   con   el   chisme   y   esto   va   a   acabar   convirtiéndose   en   una  película  de  terror.  Toma  mi  tarjeta,  date  un   tiempo  y  ve  a  darte  una  vuelta;;  sigues  el  camino   recto  por  la  orilla  del  río  Fujiang,  allí  verás  un   gran  número  de  puestos  de  comida  que  venden   «pez  cacho  del  río  Qiuxi».  En  cierto  punto  en-­ contrarás   detenido   un   carrito,   por   ahí   te   bajas   del  coche  como  te  indique  tu  sexto  sentido.  En   la  noche  verás  a  unas  cuantas  personas  pasean-­ do   por   el   terraplén,   ve   en   esa   dirección   unas   ocho  calles,  hay  un  jardín  de  bambúes  y  al  en-­ WUDU YDV D WRSDUWH FRQ XQRV HGL¿FLRV GRQGH VH ve  mucho  desorden,  ahí  hay  servicio  completo:   comida,  bebida,  barajas,  mahjong,  karaoke,  se   puede  consumir  todo  un  día  a  doce  yuanes  por   persona. LIAO:  El  «agroturismo»  que  hay  por  to-­ das  partes  en  la  periferia  de  Chengdu,  ¿y  para   qué  iría  tan  lejos? &+,)8 £3XHV D FRPHU FDUQH KXPDQD Cuando  encuentres  a  Zhang  el  gordo,  el  dueño,   dile  que  quieres  probar  borrego,  él  te  entenderá.   Da  igual  si  le  das  o  no  la  tarjeta,  en  cuanto  vea  

118

tu  apariencia  de  fatiga  como  si  volvieras  de  un   largo   viaje   sabrá   que   andas   buscando   aquello.   Ese  detestable  lugar  es  de  lo  más  tranquilo  en   el  día,  pero  por  las  noches  está  a  reventar,  no  sé   de  dónde  salen  tantos  clientes.  Zhang  el  gordo   es  un  cocinero  con  un  talento  único  por  kilóme-­ tros  a  la  redonda,  además  de  su  famoso  plato  de   creación  original,  es  capaz  de  cocinar  cualquier   cosa  en  la  olla,  cualquier  ser  que  vuele  por  los   aires,  corra  por  el  suelo,  nade  en  el  agua  o  que   crezca  en  la  tierra.  Presiento  que  le  pone  opio   DVXVSODWRVSRUTXHKDVWDODVPiVLQVLJQL¿FDQ-­ tes  hojitas  le  salen  buenas.  A  veces  vende  toda   la   comida   y   queda   algún   cliente   insatisfecho   que  se  mete  a  husmear  en  la  cocina  olfateando   todo  como  perro  de  caza.  A  Zhang  el  gordo  no   le   queda   otra   que   golpear   el   bote   de   los   des-­ SHUGLFLRVJULWDQGR©£R\HVRORTXHGDHVWRSDUD alimentar  a  los  cerdos,  la  comida  para  las  perso-­ QDV\DVHDFDEyª)UHFXHQWHPHQWHEURPHRGL-­ FLHQGR©&XDQGRKD\DJDQDGRVX¿FLHQWHGLQHUR me  voy  a  mudar  a  la  casa  de  Zhang  el  gordo  a   pasar  mi  vejez,  así  todos  los  días  podré  comer   esa  carne  del  Bonzo  Tang  y  así  vivir  hasta  los   ciento  veinte  años».         LIAO:  Si  tan  glotones  se  ponen  de  segu-­ ro   no   es   normal.   El   año   pasado   El   Diario   de   Sichuan  sacó  a  la  luz  «la  verdad  sobre  los  des-­ perdicios   de   agua   y   aceite»,   y   causó   indigna-­ ción  entre  los  ciudadanos  de  Chengdu,  porque   en  la  foto  se  apreciaban  unos  botes  de  la  altura   de  una  persona  rebosantes  de  moscas,  los  botes   contenían  los  desperdicios  líquidos  que  los  tra-­ ¿FDQWHV GH EDVXUD KDEtDQ UHFROHFWDGR HQ FDGD restaurante   de   Chengdu.   Luego   de   hervir   lo   recolectado  separaban  la  capa  de  grasa  que  se   DFXPXODEDHQODVXSHU¿FLHGHHVWDVRSDGHVD-­ liva   del   pueblo   para   luego   revenderla   a   todos   los   puestos   de   brochetas   esparcidos   por   calles   y  callejones.  Así  que  la  nueva  corriente  de  esta   generación  de  alimentos  inducida  por  lo  sabro-­ so  y  barato  no  es  otra  cosa  que  los  desperdicios   de  comida  reciclados  varias  veces.  Si  se  usaran   para  alimentar  a  los  cerdos  no  serían  tan  útiles,   £SHURODVSHUVRQDVVtTXHVDERUHDQEURFKHWDWUDV EURFKHWDFRQJUDQSODFHU Después   del   reportaje   sobre   los   desper-­ dicios   de   aceite   se   fueron   destapando   las   ma-­ drigueras  de  una  en  una,  el  negocio  de  las  bro-­ chetas  cayó  en  la  ruina  por  dos  meses.  Sin  em-­ bargo,  conforme  el  clima  cambiaba,  las  ventas   también  fueron  mejorando  a  gran  velocidad,  al  


día  de  hoy  las  brochetas  ya  son  un  Êxito  rotundo   en   todo   Chengdu.   Es   increíble,   la   gente   no   le   teme  a  los  desperdicios  de  aceite,  su  inmunidad   para  eliminar  toxinas  se  desarrolla  por  naturale-­ za.  Es  imposible  envenenar  a  la  gente.  Me  atre-­ vo  a  asegurar  que  a  este  desperdicio  de  aceite   le  ponen  alguna  droga  que  va  directo  al  gusto,   haciendo  a  todos  adictos. CHIFU:   Pues   al   hotpot   le   ponen   cåpsula   GH DPDSROD LQFOXVR OD R¿FLQD GH ,QGXVWULD \ Comercio,  que  hace  revisiones  durante  las  cua-­ tro  estaciones  del  aùo,  nunca  ha  podido  frenar-­ lo.  La  cåpsula  de  amapola  es  la  materia  prima   para   producir   opio,   en   cuanto   se   le   agrega,   la   olla  emana  una  fragancia  única.  Basta  con  co-­ merlo  un  par  de  veces  para  volverse  adicto.  Fi-­ nalmente   terminas   volviÊndote   cliente   perma-­ nente  del  local. LIAO:  El  lugar  que  dices  seguramente  es   una  fuente  de  drogas. CHIFU:   Todos   los   lugares   concurridos   son   fuentes   de   drogas,   como   se   dice   común-­ mente:  hay  que  comer  con  excitación. LIAO:   ¿TambiÊn   vender   carne   humana   con  excitación?   CHIFU:  Pues  de  vez  en  cuando  los  poli-­ cías  tambiÊn  van  a  comerla. LIAO:   ¿No   me   estarås   inventando   una   nueva  A  la  orilla  del  río?  ¿Cuånto  cuesta  la  or-­ den  de  bollos  de  carne? CHIFU:   ¿Cómo   supones   que   es   una   or-­ den?  Son  del  tamaùo  de  la  palma  de  una  mano.   Se  limpia  bien  la  carne  de  todo  rastro  de  san-­ gre  y  se  mete  al  refrigerador  para  desinfectarla   (a  baja  temperatura).  De  hecho  es  mås  sabrosa   sin  desinfectar,  pero  las  mujeres  de  ahora  tie-­ nen   todo   tipo   de   enfermedades   complejas   así   que   es   mås   seguro   desinfectarla   y   de   paso   se   elimina   un   poco   el   olor   a   sangre.   DespuÊs   se   hierve  a  fuego  lento  en  una  olla  de  barro  con   un  poco  de  jengibre.  Si  se  trata  de  un  pequeùo   feto  a  lo  mucho  se  hierve  por  dos  horas  y  que-­ da  listo  porque  todavía  hay  que  estofarlo  hasta   que   quede   una   sopa   brillante   como   la   nieve,   luego  hay  que  ponerle  un  poco  de  ginseng.   Claro   que   el   supuesto   ginseng   es   la   patata   dulce  que  asemeja  una  planta  de  pie,  las  de  las   afueras  de  Chengdu  son  grandes  y  tienen  buena   consistencia,  incluso  les  sale  la  forma  de  dedo   pulgar.  Es  una  raíz  muy  buena  para  grabar  en   ella,  tanto  que  cuando  los  vendedores  de  medi-­ camentos  falsos  te  ofrecen  el  ginseng  de  los  

119

mil  aùos  de  la  montaùa  blanca  en  realidad  se   trata  de  esta  patata  grabada.  Hay  dos  tipos:  el   macho  y  la  hembra,  si  usas  ambas  queda  per-­ fecto,   pero   bueno   ya   me   fui   por   la   tangente.   Este  tipo  de  sopa  de  por  sí  ya  es  un  fuerte  su-­ plemento,  si  ademås  le  pones  ginseng  sería  de-­ masiado  para  el  cuerpo,  así  que  solo  se  le  pue-­ de  poner  la  patata  dulce  para  que  la  sopa  espese   mås.  Se  trae  a  la  mesa,  se  enciende  el  hotpot  y   se  le  puede  agregar  tiras  de  panza,  pollo  ralla-­ do,   tallarines   de   arroz   transparente   y   tambiÊn   raíz  de  loto.  Incluso  hay  otra  manera  de  cocinar  

Luego  de  hervir   lo  recolectado   separaban  la  capa   de  grasa  que  se   acumulaba  en  la   VXSHU¿FLHGHHVWD sopa  de  saliva  del   pueblo  para  luego   revenderla  a  todos  los   puestos  de  brochetas   esparcidos  por  calles   y  callejones.

la   sopa   para   que   quede   mås   sabrosa:   primero   se  despellejan  unos  ratones,  se  lavan  bien  y  se   estofan   con   aquello.   Zhang   el   gordo   cría   va-­ rios  ratones  blancos  en  jaulas,  parece  todo  un   FLHQWt¿FRSHURQDGDPiVGHYHUTXpOHVGDGH comer  me  da  no  sÊ  quÊ:  les  da  puro  desperdicio   podrido.  Para  ordenarlos  hay  que  pedir  ratones   de  los  buenos  y  a  buen  precio,  le  pides  a  Zhang   el  gordo  que  mande  algunos  campesinos  a  bus-­ car  de  entre  las  ratoneras  y  en  un  día  seguro  se   pueden   atrapar   de   diez   a   veinte   grandes.   Los  


120


despellejas  y  los  juntas.  Mira,  nada  mĂĄs  al  ver-­ los  te  das  cuenta  que  son  idĂŠnticos  a  un  feto,  a   veces  la  carne  humana  se  desbarata  al  estofarla   antes  que  la  de  ratĂłn,  pero  sus  patas  asemejan   manitas  y  pies  aĂşn  sin  formaâ&#x20AC;Ś LIAO:  ¿EstĂĄs  seguro  que  no  tienes  ningĂşn   problema  psicolĂłgico?  ¿Ese  feto  no  es  acaso  un   cadĂĄver?   CHIFU:   La   primera   vez   que   lo   comĂ­   de   verdad  que  no  sabĂ­a  quĂŠ  era,  un  amigo  me  lle-­ vĂł,  nos  sirvieron  una  sopa  bien  espesa  tan  blan-­ ca   que   deslumbraba   la   vista.   Con   solo   probar   la   primera   cucharada   la   sentĂ­   tan   sabrosa   que   todo  mi  cuerpo  se  sintiĂł  como  una  lengua  que   se  extendĂ­a  y  se  cerraba  para  lamer.  Mi  amigo   me  preguntĂł:  ¿QuĂŠ  te  parece?Âť  yo  estaba  estu-­ pefacto.  AprovechĂĄndose   de   mi   estupefacciĂłn   mi  amigo  sacĂł  rĂĄpidamente  el  contrato  de  dona-­ ciĂłn  para  la  protecciĂłn  del  medio  ambiente  en   HOUtR0DGUH\PHSLGLyÂżUPDUOR&RQPLPHQWH HQEODQFRORÂżUPpHOFRVWRGHHVWDGHOLFLDDV-­ ciende  a  los  cincuenta  mil  yuanes. Solo  con  comerlo  dos  veces  me  hice  algo   adicto.  Yo,   que   he   atravesado   de   Sur   a   Norte   por  negocios,  y  he  probado  todo  tipo  de  deli-­ catessen,  jamĂĄs  me  hubiera  imaginado  que  lo   mĂĄs   suave,   lo   mĂĄs   sabroso   y   de   mĂĄs   alto   ni-­ vel  fuera  la  carne  humana.  Las  tribus  primiti-­ vas  de  à frica  siempre  han  tenido  la  costumbre   de   comer   carne   humana.   Bokassa,   un   antiguo   emperador   de   Ă frica   Central,   incluso   ofrecĂ­a   carne  de  africanos  haciĂŠndola  pasar  por  carne   de   oso   cuando   daba   recepciones   a   huĂŠspedes   extranjeros.   El   registro   mĂĄs   famoso   de   cani-­ balismo  en  China  se  remonta  a  cuando  el  rey   Zhou  de  la  dinastĂ­a  Shang  retĂł  al  rey  Wen  de  la   dinastĂ­a  Zhou,  a  quien  encerrĂł  en  una  celda  por   tres  aĂąos.  Zhou,  para  descubrir  sus  intentos  de   conspiraciĂłn,  asesinĂł  a  su  hijo  Yi  Bokao  y  picĂł   VXFDUQHÂżQDPHQWHFRFLQiQGRODHQXQDJDFKD de  arroz  para  despuĂŠs  ofrecĂŠrsela.  El  rey  Wen   sabĂ­a   que   se   trataba   de   la   carne   de   su   propio   hijo  y  aun  asĂ­  se  lo  devorĂł  exclamando  sabro-­ soÂť  y  acabĂł  lamiendo  el  tazĂłn  hasta  que  que-­ dara  limpio.  A  decir  verdad,  en  aquel  entonces   cuando  leĂ­amos  estas  historias  de  canibalismo   sentĂ­amos  que  se  nos  ponĂ­a  la  piel  de  gallina.   Hay  demasiadas  descripciones  similares  a  esta   en  los  libros  antiguos  de  China,  todo  el  mundo   sabe  de  los  bollos  de  carne  humana  que  vendĂ­a   Sun  Erniang  en  A  la  orilla  del  rĂ­o  y  de  cĂłmo   hasta   Wusong   casi   muere,   asĂ­   como   cada   de-­

121

talle  de  cĂłmo  Likui  despedaza  a  Shi  Wengong   para  luego  sacarle  el  corazĂłn,  rebanarlo  y  cur-­ tirlo  en  alcohol.     TambiĂŠn,   son   interminables   las   historias   de  canibalismo  durante  los  tres  aĂąos  de  la  gran   hambruna  en  China.  Si  se  daba  a  luz  un  bebe  al   que  no  podĂ­an  dar  sustento  se  lo  comĂ­a  toda  la   familia,  bastaba  con  que  en  una  aldea  se  comen-­ zara   con   la   costumbre   para   seguir   haciĂŠndolo,   los  campesinos  pobres  y  de  clase  media  baja  se   comĂ­an  a  los  terratenientes  o  a  los  campesinos   ricos,   pero   como   la   carne   vieja   era   muy   dura   comenzaron  a  comerse  a  los  hijos  de  estos.  En   aquel  entonces  la  gente  deliraba  por  el  hambre   tanto  que  ya  ni  saboreaban.  Oye  Liao  mira,  en   todo,   lo   mĂĄs   difĂ­cil   es   romper   el   ayuno,   hasta   un   monje   que   rompe   su   ayuno   podrĂ­a   comer   mĂĄs  que  tĂş.  Si  se  llegara  a  romper  el  ayuno  de   carne  humana,  seguro  habrĂ­a  una  gran  cantidad   de  mujeres  que  se  dedicarĂ­an  a  tener  bebes  para   proveer  a  todo  tipo  de  restaurantes.       LIAO:  ¿TĂş  ya  rompiste  el  ayuno? CHIFU:  Pues  hay  una  diferencia  entre  un   bebe  que  naciĂł  y  el  que  no. LIAO:  ¿Y  a  quĂŠ  te  sabe  la  sopa  de  feto? CHIFU:  Anteriormente  habĂ­a  comido  pla-­ centa,  de  hecho  el  sabor  del  feto  y  el  de  la  pla-­ centa  es  el  mismo.  Zhang  el  gordo  es  un  buen   cocinero   y   tiene   su   receta   secreta   para   hacer   esta  sopa.  Ă&#x2030;l  logra  quitarle  todo  sabor  extraĂąo.   En  un  principio  ni  me  atrevĂ­a  a  mirar  dentro  de   la  cocina,  me  concentraba  en  comerme  la  sopa   abstraĂ­do.  Luego  vino  una  temporada  baja  y  la   mercancĂ­a  comenzĂł  a  escasear,  se  volviĂł  cada   vez  mĂĄs  cara.  Daban  mĂĄs  de  las  diez  y  los  en-­ cargados  de  ir  a  buscar  la  mercancĂ­a  no  volvĂ­an,   todo   el   mundo   se   quedaba   esperando   con   an-­ siedad.  Los  cincuenta  gramos  estaban  a  sesenta   yuanes,   y   en   caso   de   encontrar   mercancĂ­a   pe-­ queĂąa  a  lo  mucho  era  de  ciento  cincuenta  gra-­ mos,  que  daba  un  total  de  ciento  ochenta  yua-­ nes.  Los  ratones  estĂĄn  a  diez  yuanes  cada  uno,   estos  sĂ­  no  estĂĄn  caros.  AsĂ­  en  una  sentada  entre   tres  o  cuatro  personas  consumĂ­amos  tranquila-­ mente  entre  cuatrocientos  y  quinientos  yuanes.   Claro  si  corrĂ­amos  con  suerte  podĂ­amos  encon-­ trar  de  los  grandes,  de  esos  que  hasta  despuĂŠs   de  seis  meses  se  le  ocurrĂ­a  abortar  a  alguna  ton-­ ta.  En  un  abrir  las  piernas  a  alaridos,  el  doctor,   a  punta  de  pinzas,  le  saca  un  peso  de  encima:   las  orejas,  nariz,  boca,  todo  completo,  ya  tiene   hasta  uĂąas  en  los  dedos  de  las  manos  y  los  pies.  


Este  tipo  de  mercancĂ­a  mĂ­nimo  es  de  medio  kilo   a  un  kilo  y  a  veces  si  se  descuidan  y  abortan  en   el   Ăşltimo   momento   incluso   puede   llegar   a   ser   de  kilo  y  medio  a  dos  kilos.  AsĂ­  de  grande  una   ROODQRHVVXÂżFLHQWHDVtTXHVHWLHQHTXHGLYLGLU en  dos  o  tres  ollas.  Por  mĂĄs  que  no  quiera  ver   tengo  que  revisar  la  bĂĄscula  a  la  hora  de  pesarlo   porque  una  diferencia  mĂ­nima  de  peso  como  la   de  un  grano  de  arroz  equivale  a  varios  yuanes.   A  la  hora  de  dividir  la  carne  tambiĂŠn  hay  que   hacerlo   con   cuidado,   en   caso   de   encontrar   de   los  grandes  todos  quieren  las  nalgas  y  los  mus-­ los,  sin  embargo  la  cabeza  es  lo  mĂĄs  grande.  En   algunos  casos  es  la  mitad  del  tamaĂąo  del  cuerpo   o  bien  una  tercera  parte.  Basta  con  que  Zhang  le   rasure  el  cabello,  lo  limpie  y  lo  corte.  Finalmen-­ te  no  importa  donde  hay  mĂĄs  o  menos  carne,  se   separa  todo  por  igual  y  a  la  olla. LIAO:   ÂżY   a   esto   le   llamas   delicatessen?   Solo  de  escucharte  me  da  asco. CHIFU:  OĂ­r  y  ver  son  dos  cosas  distintas.   Lo  verdaderamente  mĂĄs  cruel  es  la  costumbre   en   Guangxi   de   comer   cerebro   de   mono,   en   cuanto   entras   al   restaurante   el   mesero   te   lleva   a   ver   la   jaula   de   monos   para   que   selecciones   al   que   quieras.   ImagĂ­nate,   los   monos   que   son   tan   inteligentes,   en   seguida   presienten   lo   que   viene.  Un  grupo  de  mĂĄs  de  diez  seres  casi  hu-­ manos   pelando   sus   ojos   redondos,   escondiĂŠn-­ dose   en   pĂĄnico.  Tratando   de   ocultarse   tras   los   demĂĄs,  empujando  a  sus  iguales  hacia  adelante.   Incluso  hay  unos  mĂĄs  inteligentes  que  empujan   a   los   demĂĄs   como   recomendĂĄndolos   a   los   hu-­ manosâ&#x20AC;Ś  Una  escena  tan  cruel,  ¿quiĂŠn,  ademĂĄs   GHO YHUGXJR TXH IUHFXHQWHPHQWH ORV VDFULÂżFD serĂ­a  capaz  de  aguantar  una  escena  similar?  Yo   no  puedo,  si  lo  viera  tal  vez  me  sentirĂ­a  como   ahora  te  sientes  tĂş,  muy  incĂłmodo.  Tantos  aĂąos   de  educaciĂłn  y  civilizaciĂłn  son  retados  por  un   mono.  Sin  embargo,  la  cabeza  de  mono  sĂ­  que   es   riquĂ­sima.   Para   cuando   el   mono   ya   ha   sido   atado  como  un  tamal,  con  un  pedazo  de  madera   en  la  boca  y  colocado  en  el  centro  de  la  mesa   cubierta  por  todas  partes  con  una  tela  negra,  con   el  cabeza  ya  rapada  y  al  descubierto,  ya  no  se   percibe   ningĂşn   movimiento.   Luego   se   le   abre   el   crĂĄneo   con   un   cuchillo,   ventilando   su   cere-­ bro   trĂŠmulo,   que   van   calentando   cucharada   a   cucharada  antes  de  que  te  lo  puedas  llevar  a  la   boca.  Tal  vez  su  parpadeo  es  el  único  rastro  de   dolor  que  queda,  pero  la  sensaciĂłn  en  la  lengua   VXSHUDWRGR ÂŁ\HVD~QPiVHPRFLRQDQWHFXDQGR

122

Cruel  es  la   costumbre  en   Guangxi  de   comer  cerebro  de   mono,  en  cuanto   entras  al  restaurante,   te  llevan  a  ver  la   jaula  de  monos  para   que  selecciones al  que  quieras. WHVLHQWHVQHUYLRVR 3DUDHOKRPEUHODFRPLGD es  la  necesidad  primaria. LIAO:  Desde  monos  hasta  carne  humana,   tú  sí  que  has  probado  de  todo.  ¿QuÊ  otras  cosas   extraùas  has  comido?       CHIFU:   Pangolín,   trompa   de   elefante,   carne   de   oso,   carne   de   muntiacus,   bagre,   sala-­ mandra  gigante.  Ya  ni  recuerdo  cuåntos  tipos  he   FRPLGRSHURHQ¿QPHGHEHUtDQGHFRUWDUODOHQ-­ gua  y  ofrecerla  al  pueblo  como  disculpa  porque   algunas   de   las   cosas   que   me   he   comido   estån   casi  en  extinción.  Una  que  me  como  es  una  me-­ nos  en  existencia.  Algunas  cosas  de  hecho  ni  sa-­ ben  bien,  es  solo  por  la  novedad  que  me  aguanto   y  las  pruebo.  Ya  sabes  que  en  esto  de  los  nego-­ cios  hay  que  entablar  relaciones  y  ademås  de  los   centros  nocturnos  solo  queda  comer  y  beber.  Lo   que  comes  tambiÊn  es  símbolo  del  nivel  social,   por  ejemplo  si  invitas  a  comer  a  algún  director   o  alguien  de  mås  alto  rango,  no  le  puedes  dar  de   comer  pollo  o  pescado  o  pato,  ¿no? LIAO:  ¿Ya  nada  te  parece  tan  bueno  como   la  carne  humana  verdad?     CHIFU:   Las   cosas   que   me   comía   de   pe-­ queùo  eran  las  mås  sabrosas,  te  podías  subir  a   cualquier  årbol  a  atrapar  algún  gorrión,  lo  cu-­ brías  con  barro  y  lo  horneabas  hasta  que  estu-­ viera   bien   cocido,   luego   de   sacarlo   del   horno   rompías  la  capa  de  barro  en  el  suelo,  le  quitabas   las  plumas  y  listo;͞  he  pensado  tantas  veces  en  


ese  sabor  y  cada  vez  se  me  hace  agua  la  boca.   Tal  cual  los  he  vuelto  a  cocinar  pero  ya  no  es   el  mismo  sabor  de  antes,  tal  vez  la  calidad  del   barro  ha  cambiado  por  tanto  fertilizante  indus-­ trial,  hormonas  y  toda  esa  basura  diaria.  En  las   ciudades   chinas   ya   no   hay   un   solo   rĂ­o   que   no   apeste,  el  agua  subterrĂĄnea  contamina  el  suelo   y  ya  no  es  tan  fĂĄcil  encontrar  ese  barro  amarillo   de   hace   veinte   aĂąos.   ÂżHas   probado   el   gusano   de  bambĂş?  Tienes  que  atrapar  mĂĄs  de  diez  en   algĂşn   huerto   de   bambĂş,   despuĂŠs   los   insertas   HQ SDOLOORV GH EDPE~ ORV SRQHV DVDU \ ÂŁHVD Vt TXHHVIUDJDQFLD1RSXHGHVGHMDUGHFRPHUORV He  comido  desde  gatos,  perros,  ratones,  vamos   hasta   cuando   logro   atrapar   una   gran   anguila   es   un   acontecimiento   que   rememoro   luego   de   muchos   aĂąos.   La   vez   que   con   mĂĄs   maldad   lo   he   hecho   fue   cuando   cocinĂŠ   a   un   gato,   ese   sĂ­   que  era  un  ladrĂłn  bien  conocido  por  todos.  Ese   gato  ya  estaba  aburrido  de  cazar  ratones  y  pre-­ ferĂ­a  robarse  la  carne  ajena,  se  dice  que  inclu-­ so  llegĂł  a  robarse  una  gallina.  Aunque  su  peso   era   como   de   unos   cinco   kilos   se   movĂ­a   veloz   como  un  rayo.  Ă&#x2030;l  ya  era  mi  enemigo  desde  ha-­ cĂ­a  algĂşn  tiempo  por  causa  de  una  placenta  que   habĂ­a   logrado   obtener   en   el   hospital   comunal.   En  esas   fechas  nadie   las   pedĂ­a,   yo   me   la   traje   y  la  estofĂŠ  junto  con  medio  kilo  de  grasa.  Esa   noche  estuve  ocupado  cocinĂĄndola  por  mĂĄs  de   dos  horas  y  cuando  ya  estaba  casi  lista  la  saquĂŠ   para  rebanarla,  pero  como  estaba  muy  caliente   la  puse  a  enfriar  en  el  balcĂłn.  Pensaba  cocinarla   como   la   panza   de   cerdo,   cortĂĄndola   en   tiras   y   estofĂĄndola  por  otra  hora,  entonces  me  fui  a  la   cocina   para   agregar   un   poco   mĂĄs   de   leĂąa.   Di-­ fĂ­cil   de   imaginar   que   en   menos   de   un   minuto   desapareciĂł  mi  placenta,  solo  pude  escuchar  un   PLDXVDOtFRUULHQGRFRQODROODKLUYLHQGRÂŁSHUR \DHUDGHPDVLDGRWDUGH AcabĂŠ   con   mi   rostro   todo   negro   por   el   humo  y  con  un  pedazo  de  ropa  quemada,  afor-­ tunadamente  no  metĂ­  las  manos  a  la  olla  si  no   aquello   hubiera   terminado   siendo   patitas   de   cerdo.  EscuchĂŠ  un  ruido  en  la  azotea  y  salĂ­  a  ver   pero  del  gato  y  la  placenta  no  habĂ­a  ningĂşn  ras-­ tro.  Estaba  tan  enfadado  que  busquĂŠ  por  todas   partes  por  media  noche,  todo  mareado  volvĂ­  y   me  atragantĂŠ  una  sopa  frĂ­a.  JurĂŠ  acabar  con  este   gato  a  costa  de  lo  que  fuera. AtrapĂŠ   unos   pececillos   en   el   canal   y   los   cocĂ­  a  fuego  lento.  Las  ollas  en  la  aldea  se  usan   para   cocinar   la   comida   tanto   de   las   personas  

123

como   de   los   cerdos,   por   tanto   son   ollas   gran-­ des  y  profundas.  Yo  no  alimento  cerdos  pero  en   esta  ocasiĂłn  dĂ­a  y  noche  esperaba  la  oportuni-­ dad   para   alimentar   a   este   gato.   Los   pececillos   se   fueron   secando   con   la   cocciĂłn   y   se   pusie-­ ron  crujientes,  a  distancia  se  percibĂ­a  el  olor  a   pescado.  TomĂŠ  un  recipiente  de  madera  con  un   diĂĄmetro  de  un  metro  y  lo  sostuve  sobre  la  olla   con   unos   palillos   de   bambĂş,   a   estos   les   ama-­ rrĂŠ   la   cuerda   de   la   caĂąa   de   pescar,   y   a   esta   la   sostenĂ­a  yo  desde  lejos.  Por  tres  dĂ­as  no  salĂ­  de   casa,  me  la  pasĂŠ  cocinando  pececillos  y  escon-­ diĂŠndome  bajo  las  sabanas  con  solo  los  ojos  al   descubierto,  utilicĂŠ  la  alta  inteligencia  humana   para  engaĂąar  a  un  gato.     El  gato  llegĂł,  apareciĂł  en  el  balcĂłn  como   la  vez  pasada,  con  sus  diestras  patas  rodeaba  los   palillos  y  se  asomaba  al  interior  de  la  olla.  Mi   corazĂłn  empezĂł  a  latir  mĂĄs  fuerte,  pero  Êl  retro-­ cedĂ­a  y  se  asomaba,  asĂ­  se  la  pasĂł  dudoso  unos   minutos.   SaltĂł   de   la   estufa   y   dio   unas   vueltas   maullando  algunas  veces.  Afortunadamente  no   jalĂł  el  hilo,  luego  volviĂł  a  saltar  sobre  la  estufa.   Cuando  se  cerciorĂł  que  no  habĂ­a  nadie,  poco  a   poco  se  fue  metiendo  dentro  de  la  olla,  yo  ya  es-­ taba  empapado  en  sudor.  Cuando  el  gato  entrĂł  a   la  olla  solo  quedaba  su  cola  afuera.       ApretĂŠ  los  dientes  y  jalĂŠ  el  hilo  con  odio   GHOEXHQR6RORVHHVFXFKyXQÂŁSDP\ODROOD quedĂł  cubierta,  despuĂŠs  escuchĂŠ  los  maullidos   del   gato.   Me   lancĂŠ   corriendo   y   con   todo   mi   cuerpo   tapĂŠ   el   recipiente   que   cubrĂ­a   al   gato.   Una  vez  que  me  relajĂŠ,  me  sentĂŠ  encima.  Jajaja,   me  reĂ­a,  ay  gato  ladrĂłn,  gato  ladrĂłn,  te  robaste   ODSODFHQWDGHHVWHYLHMRÂŁSXHVHVWHYLHMRWHTXH-­ EUDUiORVKXHVRV Estuve  sentado  sobre  la  tapa  de  la  olla  por   una  hora,  pero  el  gato  seguĂ­a  debatiĂŠndose  con   fuerza,  no  tenĂ­a  forma  de  agarrarlo  vivo,  asĂ­  que   puse  el  azadĂłn  encima  para  hacer  presiĂłn  y  en-­ cendĂ­  el  fuego.  El  gato  forcejeaba  tan  fuerte  que   parecĂ­an   truenos.   El   sonido   de   esos   maullidos   era  tan  escalofriante  que  no  me  pude  aguantar   las  ganas  de  orinar  y  me  mojĂŠ  todo  sin  darme   cuenta.   Me   tomĂł   de   dos   a   tres   horas   cocer   al   gato   vivo,   que   apenas   pudo   mover   un   poco   la   tapa;Íž   habĂ­a   una   apeste   a   quemado.   Cuando   pude   ver   â&#x20AC;&#x201D;entre   el   espeso   humoâ&#x20AC;&#x201D;   la   cabeza   del   gato,   ya   estaba   negra   como   el   carbĂłn   con   VXVÂżHURVRMRVFRFLGRV&RPHQFpDHFKDUOHDJXD a  cucharadas,  el  vapor  inundaba  todo,  del  gato   solo  saliĂł  un  maullido  agudo,  como  vocecita  de  


PXMHUÂŁ$\\DHUDHVStULWX3XVHRWUDYH]ODWDSD y  le  estuve  echando  agua  a  cucharadas,  el  vapor   inundaba  toda  la  casa;Íž  yo  tenĂ­a  la  sensaciĂłn  de   que   el   gato   aĂşn   se   movĂ­a   asĂ­   que   por   las   du-­ das  y  para  mayor  seguridad  lo  empecĂŠ  a  cocer   a  fuego  alto.  ¿Por  cuĂĄnto  tiempo  lo  cocĂ­?  Ya  no   recuerdo,   pero   cada   vez   que   levantaba   la   tapa   de  la  olla  sin  saber  por  quĂŠ  motivo  comenzaba   a   cantar:   Sopla   el   viento   de   oriente,   baten   los   tambores   de   guerra,   en   este   mundo   moderno   ÂżquiĂŠn  le  teme  a  quiĂŠn? Solo   cantĂŠ   dos   frases   con   mi   mejor   voz   y   de   repente   me   detuve:   el   gato   parecĂ­a   un   VXEPDULQRTXHVDOtDDĂ&#x20AC;RWHGHHQWUHHOOtTXLGR negro,  el  pecho  hacia  abajo  pero  con  la  panza   hacia  arriba,  con  un  pedazo  abierto  de  carne  del   tamaĂąo  de  un  puĂąo.  Lo  levantĂŠ  con  los  palillos,   la  panza  parecĂ­a  una  pelota  averiada.  En  unos   FXDQWRV PLQXWRV VH GHVLQĂ&#x20AC;y \ VH HVFXFKy SXI luego  le  saliĂł  un  lĂ­quido  similar  al  óxido. /,$2ÂŁ(UHVPX\DWUHYLGR,QFUHtEOH CHIFU:  No  seas  sarcĂĄstico  en  cuanto  a  las   costumbres  sociales,  pues  ¿quiĂŠn  podrĂ­a  hacer   lo   que   le   place?,   por   mi   boquita   tengo   ĂĄnimo   para  actuar  a  pesar  de  los  riesgos.  Uno  de  mis   seguidores,  de  repente  le  cortĂł  la  cola  a  un  toro   vivo,   le   causĂł   tal   dolor   que   el   animal   andaba   como  loco  en  la  montaĂąa,  todos  los  aldeanos  in-­ tentaban  detenerlo  pero  nadie  se  atrevĂ­a  a  acer-­ cĂĄrsele,  yo  tan  solo  me  comĂ­  un  gato. LIAO:  ¿Y  si  el  dueĂąo  del  gato  te  buscaba? CHIFU:  AĂşn   no   era   medianoche   cuando   ya  lo  tenĂ­a  en  mi  panza,  ¿quĂŠ  iba  a  buscar?  ¿un   fantasma?   LIAO:   ÂżAsĂ­   como   lo   cocinaste   te   lo   pu-­ diste  comer? CHIFU:  Mientras  sea  carne  nada  se  des-­ perdicia.  Claro  que  es  desagradable  ver  a  Gar-­ ÂżHOGKHFKRXQFDUEyQTXHPDGRSHURODFDUQH de  los  muslos  y  la  cola  estaba  en  buena  condi-­ ciĂłn,   solo   bastĂł   con   quitarle   la   piel   quemada.   Los   intestinos   y   la   cabeza   las   tirĂŠ,   tambiĂŠn   el   pescuezo  y  la  columna  aunque  lo  dudĂŠ  un  poco,   el   peso   total   de   mĂĄs   de   cinco   kilos   se   redujo   a   dos   o   dos   kilos   y   medio   despuĂŠs   de   tirar   lo   demĂĄs.  Su  tamaĂąo  se  reduce  mucho  durante  la   FRFFLyQ$OÂżQDOORTXHPHWHUPLQpFRPLHQGR fue  como  kilo  y  medio  de  carne.  CortĂŠ  la  carne   le  puse  un  poco  de  sal  y  con  tallarines  al  chile   seco   quedĂł   listo.  Aunque   la   carne   estaba   algo   dura  y  con  un  leve  sabor  åcido,  con  dos  sorbos   de  licor  de  papa  lo  maticĂŠ.  Me  imagino  que  la  

124

acidez   de   su   carne   se   debe   a   que   estaba   muy   alterado,  como  cuando  alguien  corre  por  mucho   tiempo  y  las  piernas  quedan  doloridas. LIAO:  Eres  de  buen  apetito. CHIFU:  Ya  son  como  veinte  aùos  y  no  he   tenido  ningún  problema  de  estómago  o  intesti-­ nos,   oye   me   la   he   pasado   presumiÊndote   todo   HOGtD\\DPHHVWiVRQDQGRHOHVWyPDJR£$\ Nada   como   los   días   de   antes,   vamos,   ya   ni   la   carne  humana  me  parece  tan  fragante  como  la   del   gato,   porque   esa   carne   es   la   que   ganÊ   con   gran  esfuerzo. LIAO:  ¿No  serå  que  lo  que  has  comido  no   es  carne  humana? CHIFU:  Cómo  se  te  ocurre. LIAO:  ¿De  dónde  salen  todos  esos  fetos? CHIFU:  ¿Cuåntas  mujeres  hay  en  China?   Mínimo  unos  quinientos  millones  ¿no?  Imagí-­ nate  que  cada  mujer  aborte  una  vez  en  su  vida,   esta  riqueza  en  el  pasado  se  tiraba,  en  la  actua-­ lidad  aún  se  desperdicia,  pero  la  placenta  vale,   todos  los  doctores  se  pelean  por  quedårsela,  y   nadie  quiere  a  los  fetos  muertos.  La  esposa  de   Zhang   el   gordo,   trabaja   en   el   centro   de   salud.   Se   sabe   bien   que   en   esta   Êpoca   donde   la   vida   sexual  estå  al  por  mayor,  basta  con  que  el  cos-­ to  sea  un  poco  bajo  para  que  las  embarazadas   prematuras  salgan  de  su  aprieto.  Los  centros  de   salud  y  hospitales  privados  en  ciudades  y  pue-­ blos  (sin  contar  a  los  mÊdicos  ambulantes  ni  los   lugares  clandestinos)  son  mås  que  las  estrellas.   Tan  solo  debes  apartar  la  mercancía,  ellos  saben   que  una  vez  que  estÊ  lista  te  llaman  y  te  citan   para  recogerla.  Cuanto  mås  fresca  es  mås  cara.   En  verdad  que  estås  perdido,  ¿cómo  haces  una   pregunta  tan  tonta  como  esta?   LIAO:  Tienes  razón,  sí  que  estoy  algo  blo-­ queado  con  mis  ideas. CHIFU:  En  esta  vida  si  no  comes  bien,  si   no  vistes  bien,  la  vida  no  tiene  sentido.   LIAO:  Pero  tengo  mi  libertad. &+,)8 3XHV QR WH KH YLVWR YRODU £(K /LDRQRWHODSDVHVWRPDQGRWpWRGRHOWLHPSR vas  a  acabar  dejando  tus  intestinos  blancos. LIAO:  Pues  quería  invitarte  a  tomar  unos   tragos,  pero  ya  no  tengo  ånimo. CHIFU:  Dos  callejones  adelante  hay  una   fonda  barata,  se  llama  La  res  amarilla,  de  sus   platos   ya   sean   al   vapor,   fritos,   asados   o   esto-­ fados  los  mejores  son  los  que  hacen  al  vapor,   vamos  por  unos  mås  un  trago  de  licor  blanco,   ese  que  te  baja  por  el  esófago  como  masajeån-­


dote.  Vamos  para  que  te  pongan  en  forma.  Ade-­ más  voy  a  darle  indicaciones  al  chef  para  que   nos  haga  un  plato  combinando  sesos  de  res  con   médula  y  queso  de  soja,  con  un  poquito  de  ce-­ bolla.  En  cuanto  lo  pruebes  hasta  bizco  te  vas   a  poner.  La  ventaja  que  tengo  es  que  sé  subir  y   bajar  de  nivel,  me  atrevo  a  probar  cosas  de  diez   yuanes  y  también  aprecio  los  platos  de  más  de   diez   mil.  Antes   de   morir   quisiera   ir   a   probar   las  delicias  de  Hong  Kong,  Japón  y  Occidente.   Por  eso  tengo  que  ganar  dinero,  para  compla-­ cer  mi  apetito:  bienvenidos  sean  los  yuanes.  A   la  comida  japonesa  no  le  agarré  mucho  sabor,   pero  con  el  ambiente  del  restaurante  quedé  sa-­ tisfecho.  He  oído  decir  que  en  Tokio  hay  una   forma  de  comer  el  sashimi  sobre  el  cuerpo  des-­ nudo  de  una  mujer  hermosa,  esto  le  da  fuerza   a  quien  lo  come.  En  verdad  que  para  comer  no   hay  límites. ¿Qué   te   parece?   ¿Nos   cambiamos   de   lu-­ gar  y  nos  vamos  a  «La  res  amarilla»  para  seguir   presumiéndote? LIAO:  Otro  día  te  invito,  Chifu. CHIFU:   Tu   apariencia   de   preocupación   por  tu  país  y  tu  gente  me  hace  pensar  que  nues-­ tra  amistad  puede  ser  considerada  pura  como   el  cristal.

He  oído  decir   que  en  Tokio  hay   una  forma  de   comer  el  sashimi   sobre  el  cuerpo   desnudo  de  una   mujer  hermosa,   esto  le  da  fuerza  a   quien  lo  come.

GLOSARIO DE TÉRMINOS Y PERSONAS

A la orilla del agua: Entre los siglos catorce y quince surgieron las «Cuatro Obras Maestras de la Literatura Clásica China»: Crónica de los tres reinos, Sueños en el pabellón rojo, A la orilla del agua y Viaje al Oeste. Bokassa, Jean-Bédel: (19211996) Primero fue dictador y más tarde se autoproclamó emperador de Centroáfrica. En 1979 reprimió y mató alrededor de cien escolares. A partir de entonces circuló el rumor de que Bokassa había participado de esa masacre y además se había comido algunos cuerpos. Bonzo Tang: Personaje de Viaje al Oeste, una de las cuatro obras más importantes de la literatura clásica china. Se lo consideraba como un santo y comer su carne era garantía de eterna juventud.

Comer, beber, amar: Película taiwanesa dirigida por Ang Lee que alude a la naturaleza esencial del ser humano nutrida por medio de la comida, la bebida y el amor. Chengdu: Capital de la provincia de Sichuan. Está situada en el sudoeste de China. El Gourmet: Novela de LuWenfu donde se repasa la historia maoísta. El narrador es un joven que debe dirigir un restaurante en Suzhou y decide llevar la revolución a la cocina. Hotpot: Plato de origen mongol muy popular en toda China, consiste en una olla acompañada de una pequeña estufa la cual se coloca al centro de la mesa y en donde se hierve todo tipo de carnes y verduras. Liang Shan: Personaje de la novela

125

A la orilla del agua. Likui: Personaje de la novela A la orilla del agua. Mahjong: Juego de mesa de origen chino exportado al resto del mundo. Muntiacus: Mamífero rumiante parecido al ciervo. Pez cacho: Pez no muy grande de la familia de las carpas. Sashimi: Plato japonés que consiste en mariscos o pescado crudo. Shi Wengong: Personaje de la novela A la orilla del agua. Sun Erniang: Personaje de la novela A la orilla del agua. Wenfu, Lu: (1927-2005) Escritor y periodista chino. Fue presidente de la Asociación de Escritores de Jiangsu. Wusong: Personaje de la novela A la orilla del agua.


( c l á s i c o   c o n   s o r p r e s a )

WAKEFIELD Un  relato  de  NATHANIEL  HAWTHORNE Ilustrado  por  MATÍAS  TOLSÀ

126


R

ecuerdo   haber   leĂ­do   en   alguna   revista   o   periĂłdico  viejo  la  historia,  relatada  como   verdadera,   de   un   hombre   â&#x20AC;&#x201D;llamĂŠmoslo   :DNHÂżHOG²TXHDEDQGRQyDVXPXMHUGXUDQWH un  largo  tiempo.  El  hecho,  expuesto  asĂ­  en  abs-­ tracto,  no  es  muy  infrecuente,  ni  tampoco  â&#x20AC;&#x201D;sin   una  adecuada  discriminaciĂłn  de  las  circunstan-­ ciasâ&#x20AC;&#x201D;  debe  ser  censurado  por  dĂ­scolo  o  absur-­ do.   Sea   como   fuere,   este,   aunque   lejos   de   ser   el  mĂĄs  grave,  es  tal  vez  el  caso  mĂĄs  extraĂąo  de   delincuencia  marital  de  que  haya  noticia.  Y  es,   ademĂĄs,  la  mĂĄs  notable  extravagancia  de  las  que   puedan   encontrarse   en   la   lista   completa   de   las   rarezas   de   los   hombres.   La   pareja   en   cuestiĂłn   vivĂ­a  en  Londres.  El  marido,  bajo  el  pretexto  de   un   viaje,   dejĂł   su   casa,   alquilĂł   habitaciones   en   la  calle  siguiente  y  allĂ­,  sin  que  supieran  de  Êl  la   esposa  o  los  amigos  y  sin  que  hubiera  ni  som-­ bra  de  razĂłn  para  semejante  autodestierro,  viviĂł   durante  mĂĄs  de  veinte  aĂąos.  En  el  transcurso  de   este  tiempo  todos  los  dĂ­as  contemplĂł  la  casa  y   con  frecuencia  atisbĂł  a  la  desamparada  esposa.   Y   despuĂŠs   de   tan   largo   parĂŠntesis   en   su   felici-­ dad  matrimonial  cuando  su  muerte  era  dada  ya   por  cierta,  su  herencia  habĂ­a  sido  repartida  y  su   nombre  borrado  de  todas  las  memorias;Íž  cuando   hacĂ­a  tantĂ­simo  tiempo  que  su  mujer  se  habĂ­a  re-­ signado  a  una  viudez  otoĂąal,  una  noche  Êl  entrĂł   tranquilamente   por   la   puerta,   como   si   hubiera   estado  afuera  solo  durante  el  dĂ­a,  y  fue  un  aman-­ te  esposo  hasta  la  muerte. Este  resumen  es  todo  lo  que  recuerdo.  Pero   SLHQVRTXHHOLQFLGHQWHDXQTXHPDQLÂżHVWDXQD absoluta  originalidad  sin  precedentes  y  es  pro-­ bable   que   jamĂĄs   se   repita,   es   de   esos   que   des-­ piertan  las  simpatĂ­as  del  gĂŠnero  humano.  Cada   uno  de  nosotros  sabe  que,  por  su  propia  cuenta,   no  cometerĂ­a  semejante  locura;Íž  y,  sin  embargo,   intuye   que   cualquier   otro   podrĂ­a   hacerlo.   En   mis  meditaciones,  por  lo  menos,  este  caso  apa-­ rece  insistentemente,  asombrĂĄndome  siempre  y   siempre  acompaĂąado  por  la  sensaciĂłn  de  que  la   historia  tiene  que  ser  verĂ­dica  y  por  una  idea  ge-­ neral  sobre  el  carĂĄcter  de  su  hĂŠroe.  Cuando  un   tema  afecta  la  mente  de  modo  tan  forzoso,  vale   la  pena  destinar  algĂşn  tiempo  para  pensar  en  Êl.   A  este  respecto,  el  lector  que  asĂ­  lo  quiera  puede  

NATHANIEL HAWTHORNE Salem, 1804 Plymouth, 1864 NaciĂł en el seno de una familia puritana, lo que explica en parte la profunda conciencia de los problemas ĂŠticos del pecado, LSJHZ[PNV`SHJ\SWHYLĂ&#x2026;LQHKVZ en sus relatos. Como la literatura no le alcanzaba para comer, tuvo X\L[YHIHQHYLUSH(K\HUHKL Boston dos veces. Aun asĂ­, Hawthorne pudo publicar a lo largo de su vida Historias dos veces contadas, La silla del abuelo: relato para los jĂłvenes, Musgos de una vieja rectorĂ­a, La letra escarlata, La casa de los siete tejados y el Libro de las maravillas para chicos y chicas, entre otros. Pasaron casi veinticinco aĂąos KLZKLX\LSLxTVZ­>HRLĂ&#x201E;LSKÂŽ por primera vez. En ese entonces todas nuestras preocupaciones eran solo dos: el futuro y los malditos granos; luego nos fuimos. Hoy regresamos sin acnĂŠ y vamos a tocar la puerta. Pasen con nosotros.

127


entregarse   a   sus   propias   meditaciones.   Mas   si   SUHÂżHUH GLYDJDU HQ PL FRPSDxtD D OR ODUJR GH HVWRVYHLQWHDxRVGHOFDSULFKRGH:DNHÂżHOGOH GR\ OD ELHQYHQLGD FRQÂżDQGR HQ TXH KDEUi XQ sentido  latente  y  una  moraleja,  aunque  no  logre-­ mos  descubrirlos,  trazados  pulcramente  y  con-­ GHQVDGRVHQODIUDVHÂżQDO(OSHQVDPLHQWRSRVHH VLHPSUHVXHÂżFDFLD\WRGRLQFLGHQWHOODPDWLYR su  enseĂąanza. ¢4XpFODVHGHKRPEUHHUD:DNHÂżHOG"6R-­ mos   libres   de   formarnos   nuestra   propia   idea   y   darle  su  apellido.  En  ese  entonces  se  encontra-­ ba  en  el  meridiano  de  la  vida.  Sus  sentimientos   conyugales,   nunca  violentos,  se  habĂ­an  ido   se-­ renando  hasta  tomar  la  forma  de  un  cariĂąo  tran-­ quilo  y  consuetudinario.  De  todos  los  maridos,   es  posible  que  fuera  el  mĂĄs  constante,  pues  una   especie  de  pereza  mantenĂ­a  en  reposo  a  su  co-­ razĂłn  dondequiera  que  lo  hubiera  asentado.  Era   intelectual,  pero  no  en  forma  activa.  Su  mente   se   perdĂ­a   en   largas   y   ociosas   especulaciones   que  carecĂ­an  de  propĂłsito  o  del  vigor  necesario   para  alcanzarlo.  Sus  pensamientos  rara  vez  po-­ VHtDQVXÂżFLHQWHVtPSHWXVFRPRSDUDSODVPDUVH en   palabras.   La   imaginaciĂłn,   en   el   sentido   co-­ UUHFWRGHOYRFDEORQRÂżJXUDEDHQWUHODVGRWHVGH :DNHÂżHOG 'XHxR GH XQ FRUD]yQ IUtR SHUR QR depravado  o  errabundo,  y  de  una  mente  jamĂĄs   afectada  por  la  calentura  de  ideas  turbulentas  ni   aturdida   por   la   originalidad,   ÂżquiĂŠn   se   hubiera   imaginado  que  nuestro  amigo  habrĂ­a  de  ganarse   un  lugar  prominente  entre  los  autores  de  proe-­ zas  excĂŠntricas?  Si  se  hubiera  preguntado  a  sus   conocidos  cuĂĄl  era  el  hombre  que  con  seguridad   no  harĂ­a  hoy  nada  digno  de  recordarse  maĂąana,   KDEUtDQ SHQVDGR HQ :DNHÂżHOG Ă&#x2019;QLFDPHQWH VX esposa   del   alma   podrĂ­a   haber   titubeado.   Ella,   sin  haber  analizado  su  carĂĄcter,  era  medio  cons-­ ciente   de   la   existencia   de   un   pasivo   egoĂ­smo,   anquilosado  en  su  mente  inactiva;Íž  de  una  suerte   de  vanidad,  su  mĂĄs  incĂłmodo  atributo;Íž  de  cier-­ ta  tendencia  a  la  astucia,  la  cual  rara  vez  habĂ­a   producido  efectos  mĂĄs  positivos  que  el  manteni-­ miento  de  secretos  triviales  que  ni  valĂ­a  la  pena   FRQIHVDU \ ÂżQDOPHQWH GH OR TXH HOOD OODPDED ÂŤalgo  raroÂť  en  el  buen  hombre.  Esta  última  cua-­ OLGDGHVLQGHÂżQLEOH\SXHGHTXHQRH[LVWD $KRUD LPDJLQpPRQRV D :DNHÂżHOG GHVSL-­ diĂŠndose  de  su  mujer.  Cae  el  crepĂşsculo  en  un   dĂ­a  de  octubre.  Componen  su  equipaje  un  sobre-­ todo   deslustrado,   un   sombrero   cubierto   con   un   hule,  botas  altas,  un  paraguas  en  una  mano  y  un  

128

maletĂ­n  en  la  otra.  Le  ha  comunicado  a  la  seĂąora   GH:DNHÂżHOGTXHGHEHSDUWLUHQHOFRFKHQRFWXU-­ no  para  el  campo.  De  buena  gana  ella  le  pregun-­ tarĂ­a  por  la  duraciĂłn  y  objetivo  del  viaje,  por  la   fecha  probable  del  regreso,  pero,  dĂĄndole  gusto   a  su  inofensivo  amor  por  el  misterio,  se  limita  a   interrogarlo  con  la  mirada.  Ă&#x2030;l  le  dice  que  de  nin-­ gĂşn  modo  lo  espere  en  el  coche  de  vuelta  y  que   no  se  alarme  si  tarda  tres  o  cuatro  dĂ­as,  pero  que   en  todo  caso  cuente  con  Êl  para  la  cena  el  viernes   SRU OD QRFKH (O SURSLR:DNHÂżHOG WHQJiPRVOR presente,  no  sospecha  lo  que  se  viene.  Le  ofrece   ambas  manos.  Ella  tiende  las  suyas  y  recibe  el   beso  de  partida  a  la  manera  rutinaria  de  un  matri-­ PRQLRGHGLH]DxRV<SDUWHHOVHxRU:DNHÂżHOG en  plena  edad  madura,  casi  resuelto  a  confundir   a   su   mujer   mediante   una   semana   completa   de   ausencia.  Cierra  la  puerta.  Pero  ella  advierte  que   la  entreabre  de  nuevo  y  percibe  la  cara  del  mari-­ do  sonriendo  a  travĂŠs  de  la  abertura  antes  de  es-­ fumarse  en  un  instante.  De  momento  no  le  pres-­ ta  atenciĂłn  a  este  detalle.  Pero,  tiempo  despuĂŠs,   cuando  lleva  mĂĄs  aĂąos  de  viuda  que  de  esposa,   DTXHOODVRQULVDYXHOYHXQD\RWUDYH]\Ă&#x20AC;RWDHQ WRGRVVXVUHFXHUGRVGHOVHPEODQWHGH:DNHÂżHOG En   sus   copiosas   cavilaciones   incorpora   la   son-­ risa  original  en  una  multitud  de  fantasĂ­as  que  la   hacen   extraĂąa   y   horrible.   Por   ejemplo,   si   se   lo   imagina  en  un  ataĂşd,  aquel  gesto  de  despedida   aparece   helado   en   sus   facciones;Íž   o   si   lo   sueĂąa   en  el  cielo,  su  alma  bendita  ostenta  una  sonrisa   serena  y  astuta.  Empero,  gracias  a  ella,  cuando   todo   el   mundo   se   ha   resignado   a   darlo   ya   por   muerto,  ella  a  veces  duda  que  de  veras  sea  viuda. Pero  quien  nos  incumbe  es  su  marido.  Te-­ nemos  que  correr  tras  Êl  por  las  calles,  antes  de   que   pierda   la   individualidad   y   se   confunda   en   la  gran  masa  de  la  vida  londinense.  En  vano  lo   buscarĂ­amos   allĂ­.   Por   tanto,   sigĂĄmoslo   pisando   sus   talones   hasta   que,   despuĂŠs   de   dar   algunas   YXHOWDV\URGHRVVXSHUĂ&#x20AC;XRVORWHQJDPRVFyPR-­ damente  instalado  al  pie  de  la  chimenea  en  un   pequeĂąo   alojamiento   alquilado   de   antemano.   Nuestro  hombre  se  encuentra  en  la  calle  vecina   \DOÂżQDOGHVXYLDMH'LItFLOPHQWHSXHGHDJUD-­ decerle   a   la   buena   suerte   el   haber   llegado   allĂ­   sin  ser  visto.  Recuerda  que  en  algĂşn  momento   la   muchedumbre   lo   detuvo   precisamente   bajo   la  luz  de  un  farol  encendido;Íž  que  una  vez  sintiĂł   pasos  que  parecĂ­an  seguir  los  suyos,  claramente   distinguibles  entre  el  multitudinario  pisoteo  que   lo   rodeaba;Íž   y   que   luego   escuchĂł   una   voz   que  


gritaba  a  lo  lejos  y  le  pareció  que  pronunciaba  su   QRPEUH6LQGXGDDOJXQDXQDGRFHQDGH¿VJR-­ nes  lo  habían  estado  espiando  y  habían  corrido   DFRQWiUVHORWRGRDVXPXMHU£3REUH:DNH¿HOG £4XpSRFRVDEHVGHWXSURSLDLQVLJQL¿FDQFLDHQ HVWH PXQGR LQPHQVR 1LQJ~Q RMR PRUWDO IXH-­ ra  del  mío  te  ha  seguido  las  huellas.  AcuÊstate   tranquilo,  hombre  necio;͞  y  en  la  maùana,  si  eres   sabio,  vuelve  a  tu  casa  y  dile  la  verdad  a  la  bue-­ QDVHxRUDGH:DNH¿HOG1RWHDOHMHVQLVLTXLHUD por  una  corta  semana,  del  lugar  que  ocupas  en   su  casto  corazón.  Si  por  un  momento  te  creye-­ UDPXHUWRRSHUGLGRRGH¿QLWLYDPHQWHVHSDUD-­ do  de  ella,  para  tu  desdicha  notarías  un  cambio   LUUHYHUVLEOHHQWX¿HOHVSRVD(VSHOLJURVRDEULU grietas  en  los  afectos  humanos.  No  porque  rom-­ pan   mucho   a   lo   largo   y   ancho,   sino   porque   se   cierran  con  mucha  rapidez. Casi  arrepentido   de   su   travesura,   o   como   TXLHUDTXHVHSXHGDOODPDU:DNH¿HOGVHDFXHVWD temprano.  Y,  despertando  despuÊs  de  un  primer   sueùo,  extiende  los  brazos  en  el  amplio  desierto   solitario  del  desacostumbrado  lecho.

â&#x20AC;&#x201D;N

o  â&#x20AC;&#x201D;piensa,  mientras  se  arropa  en  las   cobijasâ&#x20AC;&#x201D;,  no  dormirĂŠ  otra  noche  solo. Por   la   maĂąana   madruga   mĂĄs   que   de   cos-­ tumbre  y  se  dispone  a  considerar  lo  que  en  reali-­ dad  quiere  hacer.  Su  modo  de  pensar  es  tan  errĂĄ-­ tico  y  deshilvanado,  que  ha  dado  este  paso  con   un  propĂłsito  en  mente,  claro  estĂĄ,  pero  sin  ser   FDSD]GHGHÂżQLUORFRQVXÂżFLHQWHQLWLGH]SDUDVX SURSLDUHĂ&#x20AC;H[LyQ/DYDJXHGDGGHOSUR\HFWR\HO esfuerzo  convulsivo  con  que  se  precipita  a  eje-­ cutarlo   son   igualmente   tĂ­picos   de   una   persona   GpELOGHFDUiFWHU1RREVWDQWH:DNHÂżHOGHVFX-­ driĂąa  sus  ideas  tan  minuciosamente  como  pue-­ de  y  descubre  que  estĂĄ  curioso  por  saber  cĂłmo   marchan  las  cosas  por  su  casa:  cĂłmo  soportarĂĄ   su  mujer  ejemplar  la  viudez  de  una  semana  y,  en   resumen,  cĂłmo  se  afectarĂĄ  con  su  ausencia  la  re-­ ducida  esfera  de  criaturas  y  de  acontecimientos   en  la  que  Êl  era  objeto  central.  Una  morbosa  va-­ nidad,  por  lo  tanto,  estĂĄ  muy  cerca  del  fondo  del   asunto.   Pero,   ÂżcĂłmo   realizar   sus   intenciones?   No,  desde  luego,  quedĂĄndose  encerrado  en  este   confortable  alojamiento  donde,  aunque  durmiĂł   y   despertĂł   en   la   calle   siguiente,   estĂĄ   efectiva-­ mente  tan  lejos  de  casa  como  si  hubiera  rodado   toda  la  noche  en  la  diligencia.  Sin  embargo,  si   reapareciera  echarĂ­a  a  perder  todo  el  proyecto.   Con   el   pobre   cerebro   embrollado   sin   remedio  

SRUHVWHGLOHPDDOÂżQVHDWUHYHDVDOLUUHVXHOWRHQ parte  a  cruzar  la  bocacalle  y  echarle  una  mirada   presurosa  al  domicilio  desertado.  La  costumbre     â&#x20AC;&#x201D;pues  es  un  hombre  de  costumbresâ&#x20AC;&#x201D;  lo  toma   de  la  mano  y  lo  conduce,  sin  que  Êl  se  percate   en  lo  mĂĄs  mĂ­nimo,  hasta  su  propia  puerta;Íž  y  allĂ­,   en  el  momento  decisivo,  el  roce  de  su  pie  con-­ WUDHOSHOGDxRORKDFHYROYHUHQVtÂŁ:DNHÂżHOG ÂżAdĂłnde  vas? En   ese   preciso   instante   su   destino   viraba   en   redondo.   Sin   sospechar   siquiera   en   la   fata-­ lidad  a  la  que  lo  condena  el  primer  paso  atrĂĄs,   parte   de   prisa,   jadeando   en   una   agitaciĂłn   que   hasta  la  fecha  nunca  habĂ­a  sentido,  y  apenas  si   se  atreve  a  mirar  atrĂĄs  desde  la  esquina  lejana.   ÂżSerĂĄ  que  nadie  lo  ha  visto?  ¿No  armarĂĄn  un  al-­ boroto  todos  los  de  la  casa  â&#x20AC;&#x201D;la  recatada  seĂąora   GH:DNHÂżHOGODDYLVSDGDVLUYLHQWD\HOVXFLRSD-­ jecitoâ&#x20AC;&#x201D;  persiguiendo  por  las  calles  de  Londres   DVXIXJLWLYRDPR\VHxRU"ÂŁ(VFDSHPLODJURVR Cobra   coraje   para   detenerse   y   mirar   a   la   casa,   pero  lo  desconcierta  la  sensaciĂłn  de  un  cambio   HQ DTXHO HGLÂżFLR IDPLOLDU LJXDO D ODV TXH QRV afectan   cuando,   despuĂŠs   de   una   separaciĂłn   de   meses  o  aĂąos,  volvemos  a  ver  una  colina  o  un   lago  o  una  obra  de  arte  de  los  cuales  Êramos  vie-­ jos  amigos.  En  los  casos  ordinarios  esta  impre-­ siĂłn  indescriptible  se  debe  a  la  comparaciĂłn  y  al   contraste  entre  nuestros  recuerdos  imperfectos  y   ODUHDOLGDG(Q:DNHÂżHOGODPDJLDGHXQDVROD noche   ha   operado   una   transformaciĂłn   similar,   puesto  que  en  este  breve  lapso  ha  padecido  un   gran  cambio  moral,  aunque  Êl  no  lo  sabe.  Antes   GHPDUFKDUVHGHOOXJDUDOFDQ]DDHQWUHYHUODÂż-­ gura  lejana  de  su  esposa,  que  pasa  por  la  ventana   dirigiendo  la  cara  hacia  el  extremo  de  la  calle.  El   pobre  necio  parte  despavorido,  asustado  de  que   sus  ojos  lo  hayan  distinguido  entre  un  millar  de   ĂĄtomos  mortales  como  Êl.  Contento  se  le  pone   el  corazĂłn,  aunque  el  cerebro  estĂĄ  algo  confuso,   cuando  se  ve  junto  a  las  brasas  de  la  chimenea   en  su  nuevo  aposento. Eso   en   cuanto   al   comienzo   de   este   largo   capricho.  DespuĂŠs  de  la  concepciĂłn  inicial  y  de   haberse  activado  el  lerdo  carĂĄcter  de  este  hom-­ bre  para  ponerlo  en  prĂĄctica,  todo  el  asunto  si-­ gue  un  curso  natural.  Podemos  suponerlo,  como   UHVXOWDGR GH SURIXQGDV UHĂ&#x20AC;H[LRQHV FRPSUDQGR una   nueva   peluca   de   pelo   rojizo   y   escogiendo   diversas   prendas   del   baĂşl   de   un   ropavejero   ju-­ dĂ­o,  de  un  estilo  distinto  al  de  su  habitual  traje   PDUUyQ<DHVWiKHFKR:DNHÂżHOGHVRWURKRP-­

129


bre.   Una   vez   establecido   el   nuevo   sistema,   un   movimiento   retrĂłgrado   hacia   el   antiguo   serĂ­a   casi   tan   difĂ­cil   como   el   paso   que   lo   colocĂł   en   esta  situaciĂłn  sin  paralelo.  AdemĂĄs,  ahora  lo  estĂĄ   volviendo  testarudo  cierto  resentimiento  del  que   adolece  a  veces  su  carĂĄcter,  en  este  caso  motiva-­ do  por  la  reacciĂłn  incorrecta  que,  a  su  parecer,   se   ha   producido   en   el   corazĂłn   de   la   seĂąora   de   :DNHÂżHOG1RSLHQVDUHJUHVDUKDVWDTXHHOODQR estĂŠ  medio  muerta  de  miedo.  Bueno,  ella  ha  pa-­ sado  dos  o  tres  veces  ante  sus  ojos,  con  un  andar   cada  vez  mĂĄs  agobiado,  las  mejillas  mĂĄs  pĂĄlidas   y  mĂĄs  marcada  de  ansiedad  la  frente.  A  la  tercera   semana  de  su  desapariciĂłn,  divisa  un  heraldo  del   PDOTXHHQWUDHQODFDVDEDMRHOSHUÂżOGHXQERWL-­ cario.  Al  dĂ­a  siguiente  la  aldaba  aparece  envuelta   en  trapos  que  amortiguan  el  ruido.  Al  caer  la  no-­ che  llega  el  carruaje  de  un  mĂŠdico  que  deposita   a  su  dueĂąo  solemne  y  empelucado  en  la  puerta   GHODFDVDGH:DNHÂżHOGGHGRQGHVDOHDOFDER de  un  cuarto  de  hora,  anuncio  acaso  de  un  fune-­ UDOÂŁ0XMHUTXHULGD¢,UiDPRULU"$HVWDVDOWXUDV :DNHÂżHOGH[SHULPHQWDXQDHVSHFLHGHHIHUYHV-­ cencia  de  los  sentimientos,  pero  se  mantiene  ale-­ MDGRGHOOHFKRGHVXHVSRVDMXVWLÂżFiQGRVHDQWH su  conciencia  con  el  argumento  de  que  no  debe   ser   molestada   en   semejante   coyuntura.   Si   algo   mĂĄs  lo  detiene,  Êl  no  lo  sabe.  En  el  transcurso  de   unas  cuantas  semanas  ella  se  va  recuperando.  Ha   pasado  la  crisis.  Su  corazĂłn  se  siente  triste,  aca-­ so,  pero  estĂĄ  tranquilo.  Y,  asĂ­  el  hombre  regrese   tarde  o  temprano,  ya  no  arderĂĄ  por  Êl  jamĂĄs.  Es-­ tas  ideas  fulguran  cual  relĂĄmpagos  en  las  nieblas   GHODPHQWHGH:DNHÂżHOG\OHKDFHQHQWUHYHUTXH una   brecha   casi   infranqueable   se   abre   entre   su   apartamento  de  alquiler  y  su  antiguo  hogar. ²£3HUR VL VROR HVWi HQ OD FDOOH GHO ODGR â&#x20AC;&#x201D;se  dice  a  veces. ÂŁ,QVHQVDWR (VWi HQ RWUR PXQGR +DVWD ahora  Êl  ha  aplazado  el  regreso  de  un  dĂ­a  en  par-­ ticular  a  otro.  En  adelante,  deja  abierta  la  fecha   precisa.  MaĂąana  no...,  probablemente  la  semana   TXHYLHQHPX\SURQWRÂŁ3REUHKRPEUH/RV muertos  tienen  casi  tantas  posibilidades  de  vol-­ ver  a  visitar  sus  moradas  terrestres  como  el  au-­ WRGHVWHUUDGR:DNHÂżHOG ÂŁ2MDOi\RWXYLHUDTXHHVFULELUXQOLEURHQ OXJDUGHXQDUWtFXORGHXQDGRFHQDGHSiJLQDV (QWRQFHV SRGUtD LOXVWUDU FyPR XQD LQĂ&#x20AC;XHQFLD que   escapa   a   nuestro   control   pone   su   podero-­ sa  mano  en  cada  uno  de  nuestros  actos  y  cĂłmo   urde  con  sus  consecuencias  un  fĂŠrreo  tejido  de  

130

QHFHVLGDG:DNHÂżHOG HVWi KHFKL]DGR7HQHPRV que  dejarlo  que  ronde  por  su  casa  durante  unos   diez  aĂąos  sin  cruzar  el  umbral  ni  una  vez,  y  que   OHVHDÂżHODVXPXMHUFRQWRGRHODIHFWRGHTXH es  capaz  su  corazĂłn,  mientras  Êl  poco  a  poco  se   va  apagando  en  el  de  ella.  Hace  mucho,  debe-­ mos  subrayarlo,  que  perdiĂł  la  nociĂłn  de  singu-­ laridad  de  su  conducta. Ahora  contemplemos  una  escena.  Entre  el   gentĂ­o   de   una   calle   de   Londres   distinguimos   a   un   hombre   entrado   en   aĂąos,   con   pocos   rasgos   caracterĂ­sticos   que   atraigan   la   atenciĂłn   de   un   WUDQVH~QWH GHVFXLGDGR SHUR FX\D ÂżJXUD RVWHQ-­ ta,  para  quienes  posean  la  destreza  de  leerla,  la   escritura   de   un   destino   poco   comĂşn.   Su   frente   estrecha   y   abatida   estĂĄ   cubierta   de   profundas   arrugas.   Sus   pequeĂąos   ojos   apagados   a   veces   vagan   con   recelo   a   su   alrededor,   pero   mĂĄs   a   menudo  parecen  mirar  hacia  adentro.  Agacha  la   cabeza  y  se  mueve  con  un  indescriptible  sesgo   en   el   andar,   como   si   no   quisiera   mostrarse   de   frente  entero  al  mundo.  ObsĂŠrvelo  el  tiempo  su-­ ÂżFLHQWHSDUDFRPSUREDUORTXHKHPRVGHVFULWR y   estarĂĄ   de   acuerdo   con   que   las   circunstancias     â&#x20AC;&#x201D;que,   con   frecuencia,   producen   hombres   no-­ tables   a   partir   de   la   obra   ordinaria   de   la   natu-­ ralezaâ&#x20AC;&#x201D;,  han  producido  aquĂ­  este  individuo.  A   continuaciĂłn,  dejando  que  prosiga  furtivo  por  la   acera,  dirija  su  mirada  en  direcciĂłn  opuesta,  por   donde  una  mujer  de  cierto  porte,  ya  en  el  declive   de  la  vida,  se  dirige  a  la  iglesia  con  un  libro  de   oraciones   en   la   mano.   Exhibe   el   plĂĄcido   sem-­ blante  de  la  viudez  establecida.  Sus  pesares  o  se   han  apagado  o  se  han  vuelto  tan  indispensables   para  su  corazĂłn  que  serĂ­a  un  mal  trato  cambiar-­ los  por  la  dicha.  Precisamente  cuando  el  hom-­ bre  enjuto  y  la  mujer  robusta  van  a  cruzarse,  se   presenta   un   embotellamiento   momentĂĄneo   que   SRQHDODVGRVÂżJXUDVHQFRQWDFWRGLUHFWR6XV manos  se  tocan.  El  empuje  de  la  muchedumbre   presiona  el  pecho  de  ella  contra  el  hombro  del   otro.  Se  encuentran  cara  a  cara.  Se  miran  a  los   ojos.  Tras  diez  aĂąos  de  separaciĂłn,  es  asĂ­  como   :DNHÂżHOGWURSLH]DFRQVXHVSRVD 9XHOYHDĂ&#x20AC;XLUHOUtRKXPDQR\VHORVOOHYD a  cada  uno  por  su  lado.  La  grave  viuda  recupera   el  paso  y  sigue  hacia  la  iglesia,  pero  en  el  atrio   se  detiene  y  lanza  una  mirada  atĂłnita  a  la  calle.   Sin  embargo,  pasa  al  interior  mientras  va  abrien-­ GRHOOLEURGHRUDFLRQHVÂŁ<HOKRPEUH&RQHO rostro  tan  descompuesto  que  el  Londres  atarea-­ do  y  egoĂ­sta  se  detiene  a  verlo  pasar,  huye  a  sus  


habitaciones,   cierra   la   puerta   con   cerrojo   y   se   tira  en  la  cama.  Los  sentimientos  que  por  aĂąos   HVWXYLHURQODWHQWHVVHGHVERUGDQ\OHFRQÂżHUHQ un  vigor  efĂ­mero  a  su  mente  endeble.  La  mise-­ rable  anomalĂ­a  de  su  vida  se  le  revela  de  golpe.   Y  grita  exaltado: ²£:DNHÂżHOG:DNHÂżHOGHVWiVORFR QuizĂĄs  lo  estaba.  De  tal  modo  debĂ­a  de  ha-­ berse  amoldado  a  la  singularidad  de  su  situaciĂłn   que,   comparĂĄndolo   con   los   demĂĄs   hombres   y   FRQORVSUREOHPDVGHODYLGDQRVHSRGUtDDÂżU-­ mar  que  estuviera  en  su  sano  juicio.  Se  las  habĂ­a   ingeniado  (o,  mĂĄs  bien,  las  cosas  habĂ­an  venido   a   parar   en   esto)   para   separarse   del   mundo,   ha-­ cerse   humo,   renunciar   a   su   sitio   y   privilegios   entre  los  vivos,  sin  que  fuera  admitido  entre  los   muertos.  La  vida  de  un  ermitaĂąo  no  tiene  para-­ lelo  con  la  suya.  SeguĂ­a  inmerso  en  el  bullicio   de   la   ciudad   como   en   los   viejos   tiempos,   pero   las  multitudes  pasaban  de  largo  sin  advertirlo.  Se   HQFRQWUDED²GLJiPRVORHQVHQWLGRÂżJXUDGR²D todas  horas  junto  a  su  mujer  y  al  pie  del  fuego,   y  sin  embargo  nunca  podĂ­a  sentir  la  tibieza  del   uno  ni  el  amor  de  la  otra.  El  insĂłlito  destino  de   :DNHÂżHOGIXHHOGHFRQVHUYDUODFXRWDRULJLQDO de  afectos  humanos  y  verse  todavĂ­a  involucrado   en  los  intereses  de  los  hombres,  mientras  que  ha-­ EtDSHUGLGRVXUHVSHFWLYDLQĂ&#x20AC;XHQFLDVREUHXQRV y  otros.  SerĂ­a  un  ejercicio  muy  curioso  determi-­ nar  los  efectos  de  tales  circunstancias   sobre   su   corazĂłn  y  su  intelecto,  tanto  por  separado  como   al   unĂ­sono.   No   obstante,   cambiado   como   esta-­ ba,   rara   vez   era   consciente   de   ello   y   mĂĄs   bien   se  consideraba  el  mismo  de  siempre.  En  verdad,   a   veces   lo   asaltaban   vislumbres   de   la   realidad,   pero  solo  por  momentos.  Y  aun  asĂ­,  insistĂ­a  en   decir  pronto  regresarĂŠÂť,  sin  darse  cuenta  de  que   habĂ­a  pasado  veinte  aĂąos  diciĂŠndose  lo  mismo. Imagino   tambiĂŠn   que,   mirando   hacia   el   pasado,   estos   veinte   aĂąos   le   parecerĂ­an   apenas   mĂĄs  largos  que  la  semana  por  la  que  en  un  prin-­ FLSLR KDEtD SUR\HFWDGR VX DXVHQFLD :DNHÂżHOG considerarĂ­a  la  aventura  como  poco  mĂĄs  que  un   interludio  en  el  tema  principal  de  su  existencia.   Cuando,  pasado  un  rato  mĂĄs,  juzgara  que  ya  era   hora  de  volver  a  entrar  a  su  salĂłn,  su  mujer  aplau-­ GLUtDGHGLFKDDOYHUDOYHWHUDQRVHxRU:DNHÂżHOG ÂŁ4XpWULVWHHTXLYRFDFLyQ6LHOWLHPSRHVSHUDUD KDVWDHOÂżQDOGHQXHVWUDVORFXUDVIDYRULWDVWRGRV serĂ­amos  jĂłvenes  hasta  el  dĂ­a  del  Juicio. Cierta   vez,   pasados   veinte   aĂąos   desde   su   GHVDSDULFLyQ :DNHÂżHOG VH HQFXHQWUD GDQGR HO

paseo  habitual  hasta  la  residencia  que  sigue  lla-­ mando  suya.  Es  una  borrascosa  noche  de  otoĂąo.   Caen  chubascos  que  golpean  en  el  pavimento  y   que  escampan  antes  de  que  uno  tenga  tiempo  de   abrir  el  paraguas.  DeteniĂŠndose  cerca  de  la  casa,   :DNHÂżHOGGLVWLQJXHDWUDYpVGHODVYHQWDQDVGH la   sala   del   segundo   piso   el   resplandor   rojizo   y   oscilante  y  los  destellos  caprichosos  de  un  con-­ fortable   fuego.   En   el   techo   aparece   la   sombra   JURWHVFD GH OD EXHQD VHxRUD GH :DNHÂżHOG /D gorra,   la   nariz,   la   barbilla   y   la   gruesa   cintura   dibujan   una   caricatura   admirable   que,   ademĂĄs,   baila   al   ritmo   ascendente   y   decreciente   de   las   llamas,  de  un  modo  casi  en  exceso  alegre  para   la  sombra  de  una  viuda  entrada  en  aĂąos.  En  ese   instante   cae   otro   chaparrĂłn   que,   dirigido   por   una  rĂĄfaga  grosera,  pega  de  lleno  contra  el  pe-­ FKR\ODFDUDGH:DNHÂżHOG(OIUtRRWRxDOOHFDOD hasta  la  mĂŠdula.  ¿Va  a  quedarse  parado  en  ese   sitio,   mojado   y   tiritando,   cuando   en   su   propio   hogar  arde  un  buen  fuego  que  puede  calentarlo,   cuando  su  propia  esposa  correrĂ­a  a  buscarle  la   chaqueta  gris  y  los  calzones  que  con  seguridad   conserva  con  esmero  en  el  armario  de  la  alcoba?   ÂŁ1R:DNHÂżHOGQRHVWDQWRQWR6XEHORVHVFDOR-­ nes,  con  trabajo.  Los  veinte  aĂąos  pasados  desde   que  los  bajĂł  le  han  entumecido  las  piernas,  pero   pO QR VH GD FXHQWD ÂŁ'HWHQWH :DNHÂżHOG ¢9DV a  ir  al  único  hogar  que  te  queda?  Pisa  tu  tum-­ ba,  entonces.  La  puerta  se  abre.  Mientras  entra,   alcanzamos  a  echarle  una  mirada  de  despedida   a  su  semblante  y  reconocemos  la  sonrisa  de  as-­ tucia  que  fuera  precursora  de  la  pequeĂąa  broma   que   desde   entonces   ha   estado   jugando   a   costa   GHVXHVSRVDÂŁ&XiQGHVSLDGDGDPHQWHVHKDEXU-­ ODGR GH OD SREUH PXMHU (Q ÂżQ GHVHpPRVOH D :DNHÂżHOGEXHQDVQRFKHV El   suceso   feliz   â&#x20AC;&#x201D;suponiendo   que   lo   fue-­ raâ&#x20AC;&#x201D;  solo  puede  haber  ocurrido  en  un  momento   no  premeditado.  No  seguiremos  a  nuestro  amigo   a  travĂŠs  del  umbral.  Nos  ha  dejado  ya  bastante   VXVWHQWRSDUDODUHĂ&#x20AC;H[LyQXQDSRUFLyQGHOFXDO puede  prestar  su  sabidurĂ­a  para  una  moraleja  y   tomar   la   forma   de   una   imagen.   En   la   aparente   confusiĂłn  de  nuestro  mundo  misterioso  los  in-­ dividuos   se   ajustan   con   tanta   perfecciĂłn   a   un   sistema,  y  los  sistemas  unos  a  otros,  y  a  un  todo,   de  tal  modo  que  con  solo  dar  un  paso  a  un  lado   cualquier  hombre  se  expone  al  pavoroso  riesgo   de   perder   para   siempre   su   lugar.   Como  Wake-­ ÂżHOG VH SXHGH FRQYHUWLU SRU DVt GHFLUOR HQ HO Paria  del  Universo.  [

131


CARTA  ABIERTA,  por  Liniers

139


EL  DIARIO  DE  MALORY,  por  Aguirre  &  Lunik

140


141


Picadito

Una   vez   mås,   los   distribuidores   de   Orsai   comparten   sus   gustos   con   ORV OHFWRUHV 1XQFD DQWHV XQ GLVWULEXLGRU GH XQ PHGLR JUi¿FR VH KDEtD FRPXQLFDGRFRQXQOHFWRU1RVRORHVWDEDSURKLELGRVLQRTXHORVHGLWRUHV OHV FRUWDEDQ XQ GHGR $Vt HUD OD WULVWH UHDOLGDG GHO VLJOR YHLQWH £< *HHQSHDFHQRGHFtDQDGD

PELĂ?CULAS

en donde cada descubrimiento serĂĄ mĂĄs terrible que el anterior.

4Todo Lubitsch. Soy fanĂĄtica de

las pelĂ­culas viejas, especialmente las que se hicieron en Hollywood entre los aĂąos treinta y cincuenta, y muy especialmente las comedias, las buenas comedias. Blanco `ULNYVHJ[\HJP}UHY[PĂ&#x201E;JPVZH elegancia, los mejores diĂĄlogos, y muuuchas citas que encontramos despuĂŠs en Mad Men, en Tarantino y por supuesto en el cine de los Cohen. Entre todo eso, no se pueden perder, de ninguna manera, las pelĂ­culas de Lubitsch, un alemĂĄn exiliado que se reĂ­a de los nazis y de los ingleses, pero mucho mĂĄs de los yankis, aunque tambiĂŠn de los por entonces soviĂŠticos. Imperdibles: Ser o no ser (1942, para reĂ­rse con Hitler), Desing for living (Una mujer para dos, 1933, sobre lo bien que funcionan los trĂ­os), Ninotchka (1939, para que conozcan a Greta Garbo y la vean reĂ­rse por Ăşnica vez en el cine. Un detalle, hay un personaje menor, un policĂ­a polĂ­tico, y lo interpreta BĂŠla Lugosi, el gran vampiro del cine). Lo mejor: ustedes sabrĂĄn cĂłmo bajarlas de internet, son viejas y famosas. Graciela Goldchluk. Distribuidora en Palermo, Buenos Aires, Argentina. 4Wicker Park. Una pelĂ­cula de 7H\S4J.\PNHUĂ&#x201E;STHKHLU Cuenta la historia de un muchacho que conoce y seduce a quien cree la mujer de su vida. Se enamoran apasionadamente y un dĂ­a lo abandona sin dejar rastro. Dos aĂąos despuĂŠs, ĂŠl a punto de casarse, le parece verla, y huye. Con el corazĂłn hecho pedazos y preguntas sin resolver el protagonista inicia una bĂşsqueda obsesiva que lo llevarĂĄ cada vez mĂĄs al fondo de un misterio

Maximiliano Liciaga. Distribuidor en La Plata, Buenos Aires, Argentina. SERIES 4Freaklances. No tiene desperdicio para quienes trabajamos en el ĂĄmbito creativo como freelances (o somos esclavos por horas, da lo mismo). El pobre Fausto (â&#x20AC;&#x153;Fausto, no Faustino...â&#x20AC;?) sufre lo que sufrimos todos, incluso cuando le llega la gran oportunidad. Nerviosos clics en el correo a ver si surge trabajo, eternas horas sin dormir ni comer para llegar con la entrega, palabras tĂŠcnicas de marketing que no entiende... Me encantĂł el homenaje ochentero de la tercera temporada, ÂŤFreak to the futureÂť. (Y es genial el estereotipo de Maxi, el diseĂąador argentino). Es una webserie de Julio Garma y Alex Otero.

Gabriela Pedranti. Distribuidora en Barcelona, EspaĂąa. LIBROS 4Intercambio de libros. Dos

pĂĄginas para intercambiar los libros que ya no leas y conseguir alguno que te interese: libroscompartidos. com (no sĂŠ ahora, pero tuvieron pĂĄginas tambiĂŠn en MĂŠxico y en Argentina) funciona solo para EspaĂąa; y bookmooch.com para conseguir o enviar libros desde y a todo el mundo. Sandra RebeillĂŠ. Distribuidora en Barcelona, EspaĂąa.

142

4Los libros del lince. Es una

pequeĂąa editorial independiente de Barcelona que edita ensayos crĂ­ticos y muy radicales y da mucha bola a nuevos autores argentinos. Su editor, Enrique Murillo, fue quien se animĂł a editar la gran novela de MatĂ­as NĂŠspolo Siete maneras de matar a un gato, luego traducida a varios idiomas. TambiĂŠn editĂł otra excelente novela del argentino MartĂ­n Lombardo que se llama Locura circular, con una trama construida con letras de Charly GarcĂ­a como telĂłn de fondo. 4Lâ&#x20AC;&#x2122;atelier du tilde. Es una peque-

Ăąa editorial independiente de Lyon (Francia) muy interesada en traducir y publicar literatura argentina de todos los gĂŠneros, tanto clĂĄsicos inĂŠditos como autores jĂłvenes. La llevan adelante artistas, editores y traductores franceses muy jĂłvenes que trabajan en forma comunitaria. Reciben originales en contact@atelier-du-tilde.org. JuliĂĄn Chappa. Distribuidor en Caballito, Capital Federal, Argentina. 4BaĂşl de trompetillas. Quien estĂŠ

interesado en AgustĂ­n GarcĂ­a Calvo o Chicho SĂĄnchez Ferlosio, dos personas muy singulares y fascinantes, puede visitar la pĂĄgina BaĂşl de trompetillas. Igual pueden encontrarse libros de AgustĂ­n GarcĂ­a Calvo. De Chicho SĂĄnchez Ferlosio se pueden oĂ­r algunos de sus discos (A contratiempo, Canciones de resistencia, etcĂŠtera) y un documental excepcional que le hizo Fernando Trueba: Mientras el cuerpo aguante. JosĂŠ MarĂ­a Farjas. Distribuidor en Zaragoza, EspaĂąa.


4El Catarismo. Es un libro de

Eduard Berga que habla de cómo vivía esta comunidad «herética», llamada también de «los puros», en la Edad Media en Europa. Su intención era renovar el Cristianismo para devolverlo a lo que era en sus orígenes, y no en lo que se había convertido (la iglesia católica de fastos y oropeles LUWVZKL\UILULÄJPVTH[LYPHS;HUto llegaron a molestar, con su simple ejemplo de actos, que el Vaticano creó la conocida Inquisición para quitárselos de en medio. El resto ya lo JVUVJLTVZ:\PTW\SZVPUÅ\`}T\cho en el posterior Siglo de las Luces. Adrián Álvarez. Distribuidor en Valencia, España. 4Tales of Mystery and

Imagination. Para los adeptos a Edgar Allan Poe, existe un libro de relatos seleccionados (no sé si en español) con ilustraciones de Harry Clarke: Tales of Mistery and Imagination, las ilustraciones están en la web. Además, hay una animación bastante buena de 1953 de «El Corazón Delator» en YouTube. Diego Arellano. Distribuidor en Temuco, Chile.

para quien no tiene tiempo de entrar con frecuencia a la web. Me gusta la especial atención que le ponen a encontrar libros-objeto (esos que son una maravilla de diseño, contenido, edición y forma). Está en inglés, pero vale la pena hacer el esfuerzo. José María Farjas. Distribuidor en Zaragoza, España. 4Dos blogs. Les dejo un par de

blogs para matar el tiempo en la VÄJPUHLSWYPTLYVLZSHZOPZ[VYPL[HZ blogspot.com.ar, son historietas simples totalmente absurdas. El otro es mikelnhao.com, un español que hace bromas estilo Tangalanga pero por mail, ¡un genio! Cristian Putrino. Distribuidor en Martín Coronado, B. A., Argentina. 4Proyectocalco.wordpress.com.

,Z\UHPUPJPH[P]HZPUÄULZKLS\JYVX\L sale al encuentro de las personas a través de calcomanías con mensajes positivos e inspiradores. ¿El objetivo? Crear y reproducir bienestar en las personas... aunque sea por un rato. Cada vez más y más gente se copa con el proyecto, pide sus calcos, las pega por el mundo y las sube a Facebook. Vale la pena sumarse.

4 Barajas. Una novela de Alejandra

Zina. Un amigo me habló del libro y dudé, demasiado rosa la tapa pensé, a ver si en serio es de esos libros de JOPJHZ 7LYV HS ÄUHS SV LTWLJt H leer y quedé atrapada en el relato de Carolina la azafata. Un poco de intriga por saber de ese mundillo de los aviones, y que hubiera una Nelly Olson en el relato hicieron que me devorara el libro en un par de días. María Paula Rithner. Distribuidora en C.A.B.A. Argentina. WEBS 4Brainpickings.org. Uno de los mejores sitios de curación de contenidos culturales en sentido amplio. Desde libros, frases y recomendaciones hasta datos insólitos. Tienen una newsletter muy buena, ideal

Martín Commenge. Distribuidor en Belgrano, Capital Federal, Argentina. 4NoPuedoCreer.com. Soy fan de Orsai y algo nerd, por eso me maravillé con la cantidad de inventos que se pueden encontrar en esta web. ¿Un accesorio que transforma los dedos en vibradores? ¿Un bolígrafo que vibra si se cometen errores de ortografía? ¿Una bikini hecha con papel de burbujas? ¿Una mesa que camina? En esta página los esperan esos y muchos otros inventos. Se recomienda no verla con la tarjeta de crédito a mano: muchos están a la venta.

Ricardo Ferrari Distribuidor en Caballito, Capital Federal, Argentina.

143

MÚSICA 4MamaBora. Es una banda de reciente formación con una amplia propuesta: temas propios que revitalizan el disco, el funk, el reggae, el jazz y hasta la cumbia. Están grabando su primer disco, pero mientras tanto podés escucharlos en MySpace o en Facebook y también se los puede ver en vivo en locales de Buenos Aires o de la Costa Atlántica.

Andrés Monferrand. Distribuidor en Mercedes, Buenos Aires, Argentina. 4Acorazado Potemkin. Es un trío integrado por músicos de larga trayectoria en el under (Valle de Muñecas, Pequeña orquesta reincidentes, Los Visitantes, Don Cornelio). Como dice en su biografía, cuecen estribillos, yeites, palabras, lenguaje: una musicalidad extraña. Tienen un solo disco en la calle, Mugre, que se puede descargar desde su página. Una buena banda para agarrarla de entrada.

Cristian Putrino. Distribuidor en Martín Coronado, B. A., Argentina. REVISTAS 4FronteraD. Es una revista digital

centrada en el periodismo narrativo, la crónica y el ensayo que intenta dar una versión distinta y crítica de cada uno de los temas tratados. Sus reportajes denuncian en muchas ocasiones situaciones que pasan desapercibidas o directamente son obviadas. El equipo de FronteraD está formado por: Alfonso Armada, Emilio López-Galiacho, Israel Súarez, Anxo Pastor, Eduardo Momeñe, Carlos García Santa Cecilia, Borja Robert, Luis Calderón, Inés Rivera, Fátima Margú, Jaime G. Mora, Federico Volpini, Abelardo Gil-Fournier, Eduardo Jordá, Eduardo del Campo, Laura Ferrero y los ilustradores Raúl y Dotot. Merece la pena conocerla. Ignacio Dufour García. Distribuidor en Madrid, España.


XXX HOT,  por  Horacio  Altuna

144


Capítulo  II

145


HOT,  por  Horacio  Altuna

146


Capítulo  II

147


HOT,  por  Horacio  Altuna

148


Capítulo  II

149


HOT,  por  Horacio  Altuna

150


Capítulo  II

151


Also  starring    

Poly Bernatene Buenos Aires, 1972 Publicó libros infantiles en Argentina, México, España, Inglaterra, Australia, Dinamarca, Bélgica, Alemania, Francia, China, Taiwan, y Estados Unidos. Ilustró para Orsai dos crónicas de Enrique Symns, y una de Hernán Iglesias Illa. Esta vez lo convocamos para que dé la cara por nosotros en la portada.

Ángel Boligán La Habana, 1965 ,ZLSTH`VYO\TVYPZ[HNYmÄJV cubano. Premiado innumerables veces en el mundo entero, su trabajo se encuentra expuesto en el Museo del Humor de San Antonio de los Baños. Actualmente colabora en El Universal. Estará en Orsai todo el año, con su sección Per Saltum. Esta vez en la página dos. Guillermo Decurgez, Decur Rosario, 1981 Ha publicado en Ñ de Clarín, las revistas Fierro y Un Mundo Mejor, `LUKP]LYZVZZP[PVZ^LIZ,U publicó su primer libro con EdiJPVULZKLSH-SVY,UPS\Z[Y} todas las portadas de Orsai. Esta vez lo convocamos para la apertura de la crónica El experimento Polgar, desde la página ocho. Armengol Tolsá i Badia, Ermengol Córdoba, 1958 Vive en Lérida desde hace décadas, pero empezó en Hortensia. Dibujó en Playboy España, Segre, Diari de Andorra y La Mañana. Recibió el premio Mingote de ilustración en 1993. Miembro fundacional de Orsai, ilustra las cinco sobremesas de esta edición, y todas las anteriores desde la N1.

Alberto Montt Quito, 1972 Es ciudadano chileno. Se con]PLY[LLUO\TVYPZ[HNYmÄJVKLZde internet, con su blog Dosis Diarias, donde dibuja una viñeta al día festejada por una enorme comunidad de lectores de todo el mundo. Su sección Dosis Bimestrales, de la página veintiuno, estará todo el año.

Matías Tolsá Santa Fe, 1983 Ilustrador y caricaturista. Coordina una escuela de dibujo en Cataluña. Como su padre Ermengol, es miembro fundacional de Orsai e ilustra los cuentos de Orsai desde la N1. En esta edición se encarga KLSTVU[HQLNYmÄJVKLSHHistoria de las gemelas, y de los cuentos La lengua de Chifu y >HRLÄLSK.

Gustavo Sala Mar del Plata, 1973 Es dibujante, guionista, humorista NYmÄJV`\UNYHUWYV]VJHKVY*Vlabora en Rolling Stone, El Jueves y Página/12, entre otros. También hace radio, canta, escribe y actúa en espectáculos de humor. Estará en Orsai todo el año, con la sección Sin Afeitar, desde la página cincuenta y ocho.

Rodolfo Fucile Buenos Aires, 1978 Dibuja, escribe y trabaja como ilustrador. Publicó en diversos diarios y revistas como Clarín, La Nación, Caras y Caretas y también en un sinfín de editoriales. Es autor de los libros Artistas irrelevantes y El Supervisor. Ilustra la crónica En el país de Los Siete Locos desde la página setenta y seis.

Eduardo Salles Cd. de México, 1987

Miguel Repiso, Rep Buenos Aires, 1961

Fue, hasta hace poco, Director Creativo de JWT México. Es posiblemente uno de los mejores creativos de habla hispana. Su blog es uno de los más célebres de México. Estará en Orsai durante todo el año con su sección Cinismo Ilustrado, esta vez en la página cuarenta y siete.

Es uno de los viñetistas más respetados de Argentina. Publica en Página/12 desde el primer número. Colabora en Veintitrés, Fierro, El País y La Vanguardia. Ha pintado murales en ciudades de todo el mundo. Estará en Orsai todo el año con su sección Postales, desde la página setenta y cuatro.

Juan Pablo Caro Buenos Aires, 1965 Es portadista de la histórica revista Caras y Caretas. Colabora en Clarín y en la revista de actores Arlequín. Ilustra libros infantiles y juveniles para las editorales AZ, Aique, SM, Longseller, Pictus, Aethos y Estación Mandioca. Ilustra el cuento infantil Papelitos desde la página cuarenta y ocho.

152

Lorenzo Amengual Córdoba, 1939 Es arquitecto y fue reconocido durante mucho tiempo como O\TVYPZ[HNYmÄJV+\YHU[L JPUJ\LU[HH|VZOHYLÅL_PVUHKV con pasión sobre el dibujo y las VIYHZNYmÄJHZLU9VTH5\L]H York, Milán, Madrid y Berlín. Ilustra la crónica Black Jack en Atlantic City desde la página setenta y seis.


por orden de apariciĂłn

Manel Fontdevila Barcelona, 1965 Es colaborador habitual de la revista El Jueves, donde realiza las series Para ti, que eres joven, junto a Albert Monteys, y La parejita S.A. ColaborĂł en PĂşblico y ahora en El Diario. EstarĂĄ en Orsai durante todo el aĂąo, con su secciĂłn My is Beatiful de la pĂĄgina noventa y uno.

Gonzalo GarcĂŠs Buenos Aires, 1974 Novelista y crĂ­tico literario. EstudiĂł Letras en La Sorbona. Colabora en diversos medios de EspaĂąa y (TtYPJH3H[PUH,ULSH|V obtuvo el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral. Su Ăşltima novela se llama El Miedo. SerĂĄ el encargado de las entrevistas durante [VKV

Pedro Otero Buenos Aires, 1979 Es fotĂłgrafo editorial y publicitario. Trabaja en la revista Access DirectTV. TambiĂŠn dirige cine. En NHU}LSWYPTLYWYLTPVKLS concurso de cortometrajes Georges MĂŠliès. Realiza la producciĂłn MV[VNYmĂ&#x201E;JHKLSHLU[YL]PZ[HH*HW\sotto y Saborido, desde la pĂĄgina noventa y dos. Juan MatĂ­as Loiseau, Tute Buenos Aires, 1974 Publica desde hace aĂąos en La NaciĂłn, donde realiza la tira diaria Batu. TambiĂŠn publica en la revista dominical LNR. Sus dibujos se reproducen en diarios de todo el mundo. Ya estuvo en Orsai N3 y HOVYHLZ[HYmK\YHU[L[VKV con su secciĂłn Planeta Tute de la pĂĄgina ciento quince.

Carlos LomĂŠ MĂŠxico DF, 1981 Diplomado en la Universidad de 3LUN\HZKL)LPQPUNLU,Z traductor de espaĂąol, chino, inglĂŠs, P[HSPHUV`MYHUJtZ+LZKLLZ intĂŠrprete de chino-espaĂąol para el presidente de MĂŠxico en los paĂ­ses asiĂĄticos. Tradujo el cuento La lengua de Chifu, de Liao Yiwu, desde la pĂĄgina ciento catorce.

HernĂĄn CaĂąellas Buenos Aires, 1966 ,ZPS\Z[YHKVYLPUMVNYHĂ&#x201E;Z[H7\ISPJ} en Fierro, Noticias y 7LYĂ&#x201E;S. Actualmente trabaja para National Geographic Magazine,UM\LZLleccionado para exponer en la feria del libro infantil de Bologna. Durante ZLLUJHYNHYmKLJVTWVULY las infografĂ­as desplegables de la pĂĄgina ciento treinta y dos.

Ricardo Siri, Liniers Buenos Aires, 1973 ComenzĂł a publicar historietas en fanzines, y despuĂŠs en periĂłdicos y revistas. Es bestseller con su obra Macanudo. Sus libros, recopilaciones de sus publicaciones de tiras, son admirados. EstarĂĄ en Orsai todo el aĂąo, con su secciĂłn Carta Abierta de la pĂĄgina ciento treinta y nueve.

Carolina Aguirre Buenos Aires, 1978 Su blog Bestiaria la convirtiĂł en la escritora digital mĂĄs leĂ­da de la Argentina. PublicĂł tres libros: Bestiaria, El efecto NoemĂ­ y Ciega a citas, del que tambiĂŠn se hizo una serie de TV. HarĂĄ los guiones de El diario de Malony (junto a Lunik) K\YHU[L[VKV

153

Alejandra Lubliner Gonik, Lunik Stgo. de Chile, 1973 Nacionalizada argentina. Es ilustradora y dibujante de historietas. Actualmente publica sus CrĂłnicas de la cultura en la revista Ă&#x2018; y su personaje Lola en OhlalĂĄ. Su nueva tira en Orsai, El diario de Malony, tiene guiones de Carolina Aguirre. Ambas estarĂĄn en Orsai desde la pĂĄgina ciento cuarenta.

Horacio Altuna CĂłrdoba, 1941 Es el embajador de la historieta argentina en el mundo. PublicĂł en Fleetway, Thompson, Playboy, Fierro y en innumerables revistas de cĂłmic. DespuĂŠs de aĂąos, volverĂĄ HKPI\QHY\UHUV]LSHNYmĂ&#x201E;JHLWPZ}dica, Hot, en las seis ediciones de 6YZHPKLZKLSHWmNPUHJPLU[V cuarenta y cuatro.

Bernardo Erlich TucumĂĄn, 1963 Ha publicado en SĂĄtira/12 y La Gaceta de TucumĂĄn. Publica una viĂąeta diaria en la versiĂłn digital del diario El PaĂ­s de EspaĂąa. Nos HJVTWH|HLU6YZHPKLZKL (antes de que esto fuese una revis[H`LZ[HYmK\YHU[L[VKVJVU su secciĂłn AmĂŠn, esta vez en la pĂĄgina ciento cincuenta y cinco. Juan SĂĄenz Valiente Buenos Aires, 1981 Es historietista, ilustrador y animador. PublicĂł en Francia Sarna, historieta con guion de Trillo. TambiĂŠn colaborĂł en la realizaciĂłn del libro Arte y tĂŠcnica de la animaciĂłn, junto con su padre, Rodolfo SĂĄenz Valiente. DibujarĂĄ todas las contra[HWHZKL6YZHPK\YHU[L


La  letra  pequeùa

LO QUE VIENE EN MARZO Y ABRIL

STAFF

C

omo ya es costumbre, no diremos nada sobre los contenidos de la revista que viene, porque nos gusta el suspenso. O quizĂĄ porque no tenemos la menor idea (eso tambiĂŠn es suspenso). SĂ­ diremos que la web de Orsai se llenarĂĄ de novedades entre marzo y abril, asĂ­ que presten un poquito de atenciĂłn. Sacaremos a SH ]LU[H WVY Ă&#x201E;U LS IYL]L stock que nos queda de nĂşmeros atrasados: serĂĄn las ediciones del uno al diez, primero juntas, despuĂŠs sueltas (si queda algo). Empezaremos la preventa de una colecJP}U NYmĂ&#x201E;JH X\L SVZ OHYm babear contra la mesada de la cocina. Si les gustan

Editor responsable HernĂĄn Casciari Jefe de redacciĂłn Christian Basilis DirecciĂłn de arte MarĂ­a MonjardĂ­n EdiciĂłn Karina Salguero-Moya 1VZLĂ&#x201E;UH3PJP[YH

los dibujos de Horacio Altuna, Jorge GonzĂĄlez, Alberto Montt, Eduardo Salles, Tute Loiseau, Carlos Nine, Javier Zabala, Gusti Rosenffet y otras bestias peludas, estĂŠn atentos a #ProyectoEmbudo en Twitter. Como se ve en la foto, seguiremos incorporando tĂ­tulos digitales en

OrsaiPad.com, incluidas las versiones para Kindle de la revista. Y si quieren saber cĂłmo viene la ediciĂłn nĂşmero trece de Orsai, podrĂĄn ver adelantos suculentos desde el blog de la revista. Como siempre, estrenamos en papel, pero los ensayos son y serĂĄn virtuales.

E

adusto de poetas del siglo dieciocho, Aranda es Analista de Sistemas y TĂŠcnico en Construcciones. Trabaja en Sistemas del Poder Judicial de Santa Cruz y dibuja planos en CAD en un estudio de arquitectura. Su impronta literaria la canaliza exclusivamente, por ahora, en su cuenta de Twitter: @Cararanda. No dejen de seguirlo, es muy poco probable que los pueda defraudar.

FRASES AL PIE ste seĂąor que se masajea la sien con el Ă­ndice de la mano derecha, en una clara actitud de devaneo, es Carlos Aranda, nacido en RĂ­o Gallegos en  ,USHMV[VSV]LTVZ pensando ideas creativas, y asĂ­ estĂĄ siempre toda la tarde, incansable como el viento patagĂłnico. Carlos SLW\ZVZ\Ă&#x201E;YTHHSHZMYHses al pie de esta ediciĂłn de Orsai. Y aunque predomine en ĂŠl este gesto

Aviso legal. Queda terminantemente prohibido referirse a esta revista utilizando la medida duodecimal creada por los astrĂłnomos de la Mesopotamia. Aunque hayamos alcanzado la ediciĂłn nĂşmero doce de Orsai, no se le permite al lector pedir la revista con frases como ÂŤdon Cosme, dĂŠme una docena de OrsaiÂť, ni tampoco ÂŤahora me llevo media docena y despuĂŠs vengo a buscar la otra mediaÂť. La revista Orsai no se vende, ni se produce, ni se cuenta por docenas porque no somos huevos de gallina ponedora, ni goles de Lionel Messi, ni prole de catĂłlicos practicantes. En otro orden: los lectores que hayan adquirido la suscripciĂłn anual a Orsai en formato fĂ­sico (es decir, los que pagaron) pueden votar las nuevas caracterĂ­sticas del papel con que se imprimirĂĄ la revista durante el resto del aĂąo. Para hacerlo, deben entrar a la direcciĂłn editorialorsai.com/referendum y escoger entre ÂŤpapel mateÂŤ o ÂŤpapel ilustraciĂłnÂť o ÂŤme chupa un huevoÂť. En un futuro cercano los suscriptores tambiĂŠn podrĂĄn elegir cuĂĄl serĂĄ el prĂłximo corte de cabello del director de la revista, el color del marco de las gafas del jefe de redacciĂłn y el sueldo mĂ­nimo de los redactores. No nos detendremos hasta que este emprendimiento editorial se convierta en un reality show y se vaya todo al carajo, porque somos expertos en arruinar proyectos prometedores. Se imprimieron siete mil ejemplares de LZ[LUÂ&#x201A;TLYVKVJLJVYYLZWVUKPLU[LZHSVZTLZLZKLTHYaV`HIYPSKLLUPTWYLU[H4\UKPHS KLJHSSL*VY[LQHYLUHKL)\LUVZ(PYLZLULSTLZKLMLIYLYVKL,SKLW}ZP[VSLNHSLZLS 3,S0::5LS 3HTHYJH­6YZHP5HKPLLULS4LKPVÂŽLZ[mYLNPZ[YHKH

PRODUCEN  Mà S  QUE  LA  FE,  LAS  GANAS  DE  HACER. 154

Entrevistas Gonzalo GarcĂŠs 5V]LSH.YmĂ&#x201E;JH Horacio Altuna Arte y diseĂąo Ermengol TolsĂ  MatĂ­as TolsĂ  HernĂĄn CaĂąellas /\TVYNYmĂ&#x201E;JV Alejandra Lunik Ă ngel BoligĂĄn Bernardo Erlich Carolina Aguirre Eduardo Salles Gustavo Sala Liniers Juan SĂĄenz Valiente Manel Fontdevila Miguel Rep Tute FotografĂ­as Pedro Otero CorrecciĂłn Florencia Iglesias En este nĂşmero Carlos LomĂŠ CĂŠsar Calero Gabriela Manuli Guillermo Decurgez Juan Pablo Caro Liao Yiwo Lorenzo Amengual Marcos Pereyra Poly Bernatene Rodolfo Fucile Rodolfo Palacios GestiĂłn cultural Pablo Perantuono Desarrollo web Guillermo Harosteguy AdministraciĂłn Cristina Badia Silvia Peralta



Orsai n12