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Con diez años de menos

Apuntes apresurados sobre el movimiento estudiantil de la UBA (2001 – 2011) Por Martín Ogando*

En estos años que han pasado desde aquellos agitados 19 y 20 de diciembre de 2001 son muchas las cosas que podrían, y deberían, ser escritas sobre el movimiento estudiantil. Tanto en un registro histórico como en uno analítico, tanto desde el campo académico como desde la intervención militante, abundan los hechos y procesos que podrían ser destacados. En estas páginas nos empeñaremos en una faena mucho más modesta. Ensayaremos una breve y tentativa descripción del momento que atravesaba el movimiento estudiantil de la Universidad de Buenos Aires en aquel 2001; intentaremos establecer alguna vinculación entre los eventos específicamente universitarios y los procesos sociales más amplios, aún antes de aquella fecha, y; finalmente, acercaremos un breve recuento, un “debe y haber”, que ayude a formular un balance de diez años a esta parte. La aspiración es, tan sólo, generar disparadores de futuras indagaciones más detalladas. Dos aclaraciones metodológicas. Este trabajo no se piensa como empíricamente riguroso ni tampoco como una elaboración teórica sistemática sobre el movimiento estudiantil. Asumido esto escaparemos concientemente a una cantidad de temas de fondo que no serán abordados aquí, como ser la existencia o no de un sujeto estudiantil, sus características sociales o de clase, y las transformaciones que este pueda haber sufrido en las últimas décadas. Tampoco encaramos un trabajo académico, sino sobre todo militante y fuertemente condicionado por la experiencia o el conocimiento directo. Sin embargo intentaremos que esto no suponga un registro panfletario, y que se mantenga cierta mínima distancia con los acontecimientos y el imprescindible espíritu crítico. 2001: El fin de una época Un 20 de diciembre Fernando de la Rúa abandonaba el poder, luego de ordenar una feroz represión contra los manifestantes y dejando el país sumido en una profunda crisis económica y social. Mucho ha sido escrito sobre aquellas jornadas de movilización popular. Ocho días más tarde ocurría un hecho de mucha menor envergadura para el conjunto de la sociedad pero extraordinariamente significativo para la historia reciente de la Universidad de Buenos Aires: por primera vez desde 1983 la Franja Morada, brazo estudiantil de la Unión Cívica Radical, perdía el control sobre la federación estudiantil más grande de Sudamérica, la FUBA. Sobre este hecho, y el proceso posterior, es poco lo que se ha escrito y analizado. Sin embargo, el derrumbe de la hegemonía radical dentro de la federación estudiantil y su retroceso generalizado en todos los ámbitos de la vida universitaria marca un momento decisivo de la política argentina

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reciente. La UBA en particular ha sido una institución de enorme peso político y cultural en muchos momentos de la vida nacional, como así también objeto de ataques, clausuras e intervenciones por parte de las sucesivas dictaduras. Desde 1983 las universidades fueron uno de los bastiones del poder radical, su principal semillero de cuadros y los mas reconocidos académicos que trabajaban en ellas se convirtieron en el paradigma del intelectual con opinión política “autorizada”. La importancia política de la UBA también se sustentaba en aquel 2001 en números verdaderamente impresionantes: 253.260 estudiantes1, alrededor de 24 mil docente contando a los colegios universitarios y 283 millones de pesos de partida presupuestaria2, aún en un año de fuertes recortes al gasto público. Por supuesto que el retroceso de la Franja Morada es inescindible de la debacle final del gobierno de la Alianza y de la crisis de legitimidad y representación que se devoró a gran parte de la clase política argentina entre el 2001 y el 2003 (Svampa, 2005). El Partido Radical fue la conducción efectiva de aquella Alianza que venía, en sus palabras, a corregir la corrupción y el despilfarro menemista, y terminó desbordada por una crisis económica galopante y su consiguiente hecatombe social. Frente al agotamiento evidente del ciclo de la convertibilidad la respuesta fue la profundización de las recetas neoliberales, con el nombramiento de Domingo Cavallo en el Ministerio de Economía como hecho emblemático. Dentro de esta crisis estatal generalizada los cuadros procedentes del la Franja Morada jugaron papeles destacados. Incluso algunos de ellos formaron parte del polémico grupo “sushi”. Andrés Delich, ex - presidente de la FUBA (1983) fue el Ministro de Educación durante el 2001; Lautaro García Batallán, ex – presidente del Centro de Estudiantes de Psicología y de la FUBA fue Vice-Ministro del Interior; Darío Richarte, ex – presidente del Centro de Estudiantes de Derecho (1986) fue el número 2 de la SIDE, para mencionar sólo los casos más conocidos. En la madrugada del 28 de diciembre, con las calles todavía convulsionadas, se concretaba la caída de la Franja Morada y la asunción de una nueva conducción en la FUBA. El “Frente 20 de Diciembre” integrados por las agrupaciones independientes TNT (Económicas), PDI (Psicología), NBI (Derecho), SLM (Cs. Exactas) y El Mate (Cs. Sociales), junto a organizaciones de izquierda como el MST, alcanza los 61 congresales y consagra a Iván Heyn3 y Agustín Vanella4 como nuevos presidentes de la federación. El recambio no es sorpresivo: en las elecciones previas la Franja Morada había logrado retener sólo 4 de los trece 13 centros de estudiantes de la UBA5. La recta final El movimientos estudiantil de la UBA había protagonizado dos momentos de movilización importantes durante el 2001. El primero de ellos fue en el mes de marzo ante el nombramiento de Ricardo López Murphy como Ministro de Economía. El apóstol neoliberal dura 15 días en el cargo y Datos del Censo de la Universidad de Buenos Aires del año 2000 Equivalente en ese momento a idéntica cifra en dólares. 3 Militante de TNT de Ciencias Económicas 4 Miembro del MST, organización de orientación trotskista – morenista. 5 Los centro que mantenía Franja Morada eran Medicina, Derecho, Odontología y Farmacia. En Ciencias Económicas había sido derrotada pero nunca reconocerían el resultado en lo que constituye a esta altura un fraude absolutamente probado. 1 2

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tras anunciar una serie de recortes al presupuesto educativo cae jaqueado por la oposición del PJ y la falta de apoyo al interior de la propia Alianza. Si bien las movilizaciones en la UBA fueron protagonizadas fundamentalmente por el activo organizado, ya que no habían comenzado las clases en gran parte de las facultades, la derrota del recorte de López Murphy supuso un punto de inflexión. Este fue el primer ataque directo del gobierno radical a la educación y, al mismo tiempo, expresó el pasaje a la oposición de amplios sectores de un estudiantado que había depositado expectativas en que la Alianza rectificara el rumbo de la política educativa menemista. El 19 de marzo fueron tomadas las 13 facultades de la UBA y se realizaron decenas de cortes de calle6. A la medianoche comienza un paro activo nacional impulsado por CTERA, CONADU, CONADU (Histórica) y la FUA. El posicionamiento público de la Franja Morada contra el propio gobierno de De la Rúa es uno de los datos relevantes de aquellas jornadas. Frente al rechazo generalizado cae el recorte planteado, que suponía la reducción de 300 millones en el presupuesto de las universidades nacionales. En los últimos días de julio, ya con Cavallo como Ministro de Economía, se aprueba la llamada ley del “déficit cero”, de recorte del gasto público, que contenía como una de sus medidas centrales la reducción en un 13% de los salarios estatales. El 30 de julio se inician 48hs de paro de los trabajadores del estado y un multitudinario corte de ruta en La Matanza (encabezado por la CCC y la FVT) entre toda una serie de acciones de protesta en todo el país7. Aquí una vez más se hizo presente el movimiento estudiantil de la UBA. Los estudiantes acompañaron con altos grados de participación las huelgas de los sindicatos docentes y no docentes, movilizaron y ocuparon facultades. Por otro lado se operó un doble movimiento entre las organizaciones del estudiantado. Por un lado la Franja Morada, conducción de la FUA y la FUBA, ya antes de la aprobación del ajuste rompe abiertamente con el Gobierno y señala que buscará “una nueva construcción política con sectores de trabajadores, sindicatos y organizaciones sociales, la CTA, la Corriente Clasista y Combativa”8. Por otro lado, la organización de la base estudiantil tiende a superar a la conducción de la federación y la mayor parte de los centros de estudiantes, a la que se juzga tímida o poco creíble en su súbito pasaje a la oposición. Hay una proliferación de asambleas, asambleas permanentes, coordinadoras, comités de lucha y otras formas de organización de base que cuestionan la burocratización de los centros de estudiantes. Como todo el proceso de los años 2001-2002 esto se expresa con un alto contenido de rechazo a todo “aparato partidario” y a todas las formas de institucionalidad. Sin embargo, a partir de sus planteos mas confrontativos se fortalecen expresiones de izquierda e independientes. Si bien la ley del “déficit cero” no fue derrotada, este proceso de movilización, el fortalecimiento de las posiciones de izquierda, así como la crisis de la UCR y la desorientación completa de la Franja Morada, lograrán una expresión electoral antes de que termine el 2001. Ese el camino que culmina en aquel 28 de diciembre. Causas y antecedentes 6 7 8

Clarín, 20/03/2001 Página/12, 1/08/2001 Hernán Rossi, Sec. Gral. De Franja Morada en el Diario Página/12, 17/07/2001.

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Hay procesos ,que podríamos llamar endógenos a la dinámica del movimiento estudiantil, que venían madurando y que marcan antecedentes importantes que no deberían ser soslayados a la hora de analizar la derrota del radicalismo universitario. En los años que van desde la aprobación de la Ley de Educación Superior en 1995 hasta el recambio en la conducción de la federación la hegemonía de la Franja Morada comenzó a ser cuestionada, aunque sea de manera incipiente, por al menos dos procesos: a) el surgimiento de centros y federaciones dirigidas por corrientes de izquierda o cetro-izquierda que cuestionan a la dirección de la FUA y FUBA; b) la emergencia recurrente de organismos ad-hoc, de democracia directa, en cada uno de los conflictos relevantes del periodo que confrontan con la dirección oficial del movimiento estudiantil. No es el espacio para hacer una recapitulación detallada de ambos fenómenos, pero hubo elementos que fueron acumulando las condiciones para una superación de la hegemonía radical en al universidad. Uno de estos factores fue la pérdida de control por parte del radicalismo de algunas federaciones estudiantiles del país, como las de Comahue o Córdoba. Estas federaciones opositoras, más allá de no ser representativas del activismo de la UBA, fueron un indicador fiel de que la derrota de la Franja Morada era posible. En la propia Universidad de Buenos Aires habían comenzado a ganar terreno agrupaciones de izquierda o independientes: La CEPA (Corriente Estudiantil Popular y Antiimperialista) gana en 1996 la conducción del CEI9 y en 1998 la del CECEN10, el mismo año conquista junto al MST un centro tan importante como el CEFyL11; entre 1993 y 1997 el FANA, una agrupación independiente, dirige el Centro de Estudiantes de Agronomía. El otro gran proceso podemos decir que se inicia ya con la aprobación de la Ley de Educación Superior en 1995. En el marco de la lucha contra el proyecto menemista el accionar de la conducción de la FUA y la FUBA es fuertemente cuestionado. El activismo se organiza en asambleas, comités de lucha y cuerpos de delegados confrontando con la dirección oficial. El día de la aprobación definitiva de la Ley muestra la postal de lo que había sido el proceso: los centros de estudiantes opositores, el activo de la UBA y el grueso de la columna de los estudiantes platenses12 confrontando con la policía en el Congreso Nacional sin la presencia de la FUBA o la FUA, que se habían retirado marchando hacia el Ministerio de Educación. Al finalizar la jornada los estudiantes descargan su furia contra el local de la federación cito en Uriburu 920. El otro gran capítulo de auto-organización estudiantil previo al 2001 es indudablemente el proceso de movilización contra el recorte presupuestario que propone el Ministro de Economía de Menem, Roque Fernández, en 199913. Allí una vez más la conducción de la Franja Morada es desbordada en la movilización callejera. El 13 de mayo de aquel año la fractura del movimiento queda plasmada en una masiva movilización a la Casa Rosada, donde por Av. de Mayo ingresa la columna de la FUBA y

Centro de Estudiantes de Ingeniería Centro de Estudiantes de Ciencias Exactas y Naturales 11 Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras 12 No es tema del artículo, pero en la Universidad de La Plata se había desarrollado desde hacía tiempo un activismo muy radicalizado y una fuerte militancia opositora a la Franja Morada, bajo la influencia de las agrupaciones independientes autónomas y las vinculadas a la organización Quebracho. 13 Se proponía recortar 280 millones de pesos del presupuesto educativo. 9

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por Diagonal Norte una opositora encabezada por una bandera de asamblea “Interfacultades”14. La segunda es la más numerosa. La incidencia de estos procesos en los acontecimientos que llevan a la caída del la Franja Morada en 2001 amerita un estudio más detallado. Es cierto, por un lado, que la Alianza (UCR – FREPASO) generó expectativas en amplios sectores del movimiento estudiantil (hastiados de 10 años de menemismo) y limitó el desarrollo de la movilización entre finales de 1999 y principios del 2001. Sobre todo debilitó el vínculo entre el activo estudiantil y el conjunto de sus compañeros. Sólo a partir del deterioro creciente del gobierno durante el 2001 esta distancia comenzó a estrecharse. Por otro lado es evidente que en estos combates previos que van de 1995 a 1999 se fue fogueando una generación de activistas y militantes que tuvo un protagonismo indiscutible en las jornadas del 2001, tanto fuera de la universidad como en el proceso de reorganización del movimiento estudiantil. Estas experiencias merecen ser recuperadas y puestas en relación con los acontecimientos más dinámicos y la crisis social general del año 2001, que seguramente fueron el determinante más visible del cambio de conducción estudiantil. De diez años a esta parte Diez años se cumplen de aquel 20 de diciembre, pero también de aquel 28 en el que la Federación Universitaria de Buenos Aires dejó de estar en manos del radicalismo universitario. Allí se abre un recorrido muy rico y a la vez complejo para el movimiento estudiantil de la UBA. Las condiciones generales, las económicas, las sociales, las políticas, se modificaron decisivamente. La institucionalidad dañada logró niveles de recomposición innegables de la mano de las dos gobiernos kirchneristas, se relanzó la acumulación de capital y se modificó el ciclo económico y las organizaciones y movimientos emergentes en 2001 han tenido que enfrentar nuevos desafío (Katz, 2010; Ogando; 2010). El movimientos estudiantil y sus organizaciones no han sido la excepción. Todo ese recorrido incluyó modificaciones en el gobierno universitario15, tomas de rectorado, fuertes conflictos por la demanda de democratización del co-gobierno por parte de la FUBA en los años 2006 y 2009, una gran lucha motorizado por los gremios docentes en 2005, conflictos focalizados como el de Ciencias Sociales en 2008 y el llamado “estudiantazo” durante el año 2010, entre muchos acontecimientos relevantes. En el medio también se modificó el mapa de los centros de estudiantes y las agrupaciones de la UBA: La Franja Morada debió cambiar su nombre para sobrevivir en algunos reductos, como el caso de Nuevo Espacio en Ciencias Económicas. A pesar de esto, y del tiempo que ha pasado, nunca volvió a retomar el peso político que había conquistado en las décadas pasadas. Aún así sus resabios tienen la capacidad de articular junto a Nuevo Derecho (MNR) y otros actores el llamado espectro “reformista” de la UBA, que mantiene un peso importante y suele promover las políticas más retrógradas y vinculadas al rectorado. Toda una generación de agrupaciones independientes que había logrado una fuerte incidencia desde fines de los noventa y que participa del Clarín, 14/05/1999 Durante el año 2002, pocos meses después de la caída de Franja Morada, Oscar Shuberoff abandona finalmente el cargo de rector de la UBA que había ocupado durante 16 años.

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la recuperación de la FUBA en 2001 tendió a desaparecer progresivamente. Algunas sencillamente se disolvieron, otras sufrieron fracturas y reorganizaciones, o pasaron a formar parte de espacios políticos de mayor alcance (como el kirchnerismo o la izquierda partidaria). La izquierda partidaria, co-protagonista de aquellas disputas por la hegemonía al interior del movimiento estudiantil ha seguido recorridos diversos. El Partido Obrero ha crecido en influencia desde aquellos años, consolidándose como una de las fuerzas estudiantiles más fuertes de la universidad y manteniéndose en la presidencia de la federación desde el 2003 a esta parte. El MST, actor importante de aquellos años, atravesó sucesivas rupturas y crisis, y hoy prácticamente no cuenta con militancia importante en la UBA. La CEPA – PCR ha mantenido su peso en varias facultades, aunque retrocediendo muchos casilleros respecto de sus momento de mayor esplendor. Por otro lado la otrora Venceremos, hoy Libre del Sur, ha atravesado por una variedad inédita de posicionamientos políticos, desde su bloque con los independientes hasta su integración al FAP de Hermes Binner, pasando por su profesión de fe kirchnerista y su participación en Proyecto Sur. Con ninguna de ella ganó influencia decisiva en la universidad. La aparición del kirchnerismo universitario supone un fenómeno reciente. Este está conformado por un entramado heterogéneo compuesto de expresiones históricas del PJ, otrora agrupaciones independientes, ex comunistas y ex Franja Morada. Este espacio ha tenido fuertes dificultades de inserción en la UBA pero en los últimos dos años ha logrado avances innegables. Sin embargo con todos los recursos y el capital simbólico que el kirchnerismo a nivel nacional puede otorgarles no ha logrado ganar un sólo centro de estudiantes en todos estos años. Por último, desde mediados de la década comienza a surgir una nueva generación de agrupaciones independientes. La autodenominada “izquierda independiente” se hace visible sobre todo a partir de 2008 cuando conquista sus primeros centros de estudiantes y desde el año 2010 participa con un lugar destacado en la presidencia de la FUBA. La propia modificación de nomenclatura expresa un intento de superación de las primeras experiencias independientes y marca sin dudas la condensación de ciertas experiencias y balances de la militancia post-2001. Este espacio, cuya expresión más extendida en la Universidad de Buenos Aires es La Mella16, conduce los tres centros de estudiantes con mayor tradición combativa y capacidad de movilización (Cs. Sociales, Filosofía y Letras y Cs. Exactas) y se ha insertado en el espectro de izquierda buscando aportar a cierta renovación de las prácticas, los discursos y las concepciones desarrolladas fundamentalmente por las expresiones partidarias tradicionales. Esos diez años de recorrido, que nos traen hasta la actualidad, están plagados de acontecimientos importantes, procesos decisivos y, seguramente, de riquísimas lecciones para la proyección futura del movimiento estudiantil. Todo esto merece y demanda con urgencia una La Mella tiene presencia en Sociales, Filosofía y Letras, Cs. Exactas, FADU, Psicología, Ciencias Económicas, Derecho, Ingeniería, Medicina y el Ciclo Básico Común, además de los colegios universitarios Nacional Buenos Aires y Carlos Pellegrini. Otras agrupaciones que integran (o han integrado) este espacio en la UBA son Rebelión, Socialismo Libertario, Un solo Grito, Plan B, La Mala Educación, Plan B, MLI y Prisma. Mucho más larga es la trayectoria de la agrupación de agronomía FANA. 16

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indagación detallada y rigurosa, que por extensión y conocimiento, no puede ser desarrollada en este artículo. Queda la deuda pendiente.

Lo hecho y lo por hacer Dicho esto, sí nos atreveremos a realizar un sucinto inventario de qué conquistas y qué cuentas pendientes nos han dejado estos diez años. Con carácter tentativo y por supuesto incompleto señalaremos a continuación un breve estado de situación del movimiento estudiantil de la UBA a pocos días del 20 de diciembre de 2011 en cuatro aspectos que consideramos relevantes: - Defensa de los derechos y autonomía de las autoridades Una gran conquista es, indudablemente, la autonomía de los organismos gremiales respecto de las autoridades y la congruente capacidad de acción en defensa de los derechos estudiantiles y de la educación pública y gratuita. Una de las principales limitaciones del modelo previo al 2001 se asentaba en la dependencia (e incluso subordinación) de los centros y la federación respecto de los decanos o rectores de turno o del propio poder ejecutivo. Esto supuso durante muchos años un encorsetamiento estricto de la movilización estudiantil y por momentos la parálisis completa de sus organizaciones. La relación histórica de simbiosis entre la Franja Morada y el rector Oscar Shuberoff fue la muestra extrema de esta situación durante 16 años. La elección de conducciones de izquierda o independientes en la FUBA y la mayoría de los centros ha modificado sustancialmente esta situación, acercando la representación estudiantil a las necesidades e intereses del conjunto del estudiantado. Las nuevas conducciones han mostrado una defensa intransigente de una serie de derechos y conquistas vinculadas al financiamiento estatal de la educación universitaria, a las condiciones de trabajo y estudio, al derecho de organización y protesta, y a los mecanismos de acceso y permanencia. También se ha avanzado mucho en el rechazo a la injerencia empresarial en la producción y circulación de conocimiento y en el reclamo de una efectiva democratización del co-gobierno. Si bien no se han producido en términos generales ataques directos a las conquistas históricas del movimiento universitario (como sí ocurrió en muchos momentos de la década del 90) la situación de precariedad extendida, que está lejos de superarse en la educación superior, planteó durante esta década múltiples conflictos, aunque pocos de ellos generalizados. En estas luchas se podrá hacer una evaluación crítica de las conducciones estudiantiles, tanto las de izquierda partidaria como independiente, y señalar errores políticos, algunos de ellos seguramente graves. Pero lo que no sé podrá hacer es señalar que alguna de estas luchas se dilapidó o directamente no se encaró, por compromisos asumidos con las autoridades o el gobierno en desmedro de los intereses estudiantiles. - Posicionamiento político y solidaridad activa

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Otro elemento en el que las agrupaciones y el activo estudiantil han logrado una modificación sustancial respecto del periodo previo al 2001 es el posicionamiento político público de los centros y la FUBA. Los conflictos obreros, las organizaciones piqueteras, las luchas de géneros y una diversidad inenarrable de movilizaciones populares han contado con el apoyo decidido de la organizaciones estudiantiles que en el pasado solían darles la espalda o seleccionar muy arbitrariamente donde “poner el cuerpo” y donde no. Se podrá criticar el método y poner en cuestión el carácter declamativo, no eficiente, que este apoyo asume en ciertos casos. También es lícito reflexionar sobre los grande problemas que las organizaciones encuentran a la hora de involucrar en estas prácticas a sectores más amplios de su propia base social. Sin embargo, aún así, no se puede menospreciar la importancia que estas solidaridades han tenido para muchos sectores de nuestro pueblo. Por otra parte, las conducciones de izquierda o independientes, han promovido el pronunciamiento estudiantil alrededor de temas relevantes de la política nacional e internacional. El derecho al aborto, la lucha contra la precarización laboral, el enfrentamiento a la represión y a la criminalización de la pobreza, la solidaridad antiimperialista con los pueblos oprimidos, entre otros, son tópicos que retoman aspectos esenciales de la tradición del movimiento estudiantil argentino y han sido recuperados en los últimos años. Por supuesto que aquí también hay enormes inconvenientes para superar el estadio testimonial, y más aún, la enumeración reiterada de estos temas muchas veces ocluye la necesidad de organizar efectivamente la lucha por las demandas más inmediatas. Sin embargo, pensar en una reformulación, seguramente necesaria, de estas políticas no debiera oscurecer la valoración de su importancia. - Participación y protagonismo estudiantil Uno de los aspectos más cuestionados de las organizaciones estudiantiles dirigidas por la Franja Morada era su gran nivel de burocratización y la inexistencia de espacios que posibilitaran una participación efectivamente democrática. Al mismo tiempo esto se asentaba en un proceso social profundo de retroceso de la participación popular, desprestigio de la militancia y reflujo político – organizativo del movimiento estudiantil, entre otros actores sociales. Este problema figuraba a la cabeza de la agenda opositora o de izquierda ya en el 2001. Es este plano, sin embargo, el balance es más matizado. Ha habido avances innegables, algunos muy importantes. Los centros conducidos por la izquierda han mostrado, en término promedio, una voluntad política mucho más clara de democratizar la toma de decisiones y generar ámbitos de participación directa de los estudiantes. Asambleas, comisiones, coordinadoras, plenarios abiertos, congresos abiertos de la federación, han poblado la geografía estudiantil de los últimos años produciendo modificaciones sustantivas si se compara con la década pasada. Sin embargo, los resultados aún tienen alcances limitados. Los niveles de participación y protagonismo directo de los estudiantes en sus respectivas organizaciones gremiales demandan aún mucho trabajo. Está claro que el problema tiene un alcance que supera en mucho la mera voluntad de los sectores organizados, y las dificultades para la participación

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hunde sus raíces en procesos sociales de más vasto alcance. Sin embargo, hay indicadores de que la etapa política se ha vuelta más favorable para la superación de estas limitaciones, lo cual demanda agudizar el ingenio en la construcción de canales apropiados para la participación democrática de cada vez más estudiantes. El aumento sistemático de la participación estudiantil en las elecciones de los centros (no obligatorias) es un muy buen indicador pero insuficiente. En los último años parece ser la “izquierda independiente” la que más sugerentes iniciativas ha tenido en este aspecto. Su intento de superación de las mecánicas dirigistas y de ciertas prácticas “de aparato” o facciosas por parte de la izquierda tradicional han derivado en algunos procesos alentadores. Experiencias como las del CECSo17 muestran la potencialidad que tiene una política que apunta al fortalecimiento de la herramienta colectiva, evitando la apropiación por parte de la conducción del gremio estudiantil y favoreciendo la identificación de los estudiantes con el mismo y su consiguiente participación. - Proyecto de universidad y perspectiva estratégica Encontramos aquí, seguramente, una de las mayores cuentas pendientes del movimiento estudiantil que se articuló a partir de 2001. Tanto en el terreno específicamente universitario como en el más amplio de la disputa política el movimiento estudiantil se ha encontrado con dificultades para superar las lógica meramente defensiva. Las modificaciones de la hegemonía capitalista en nuestro país supusieron también cambios sustanciales respecto de las condiciones para la construcción del movimiento estudiantil. Desde la década del 90 quedaron instaladas lógicas de organización y acción basadas fundamentalmente en la resistencia frente al modelo neoliberal y los ataques que esto suponía para la educación. De allí el ya clásico “la educación del pueblo no se vende, se defiende”, y de allí también la vitalidad de todo un arsenal programático y conceptual que hoy resulta insuficiente. Los dos gobiernos kirchneristas han estado muy lejos de producir transformaciones progresivas relevantes en la educación superior. No hay, por ejemplo, un proyecto estratégico para el desarrollo de una educación descolonizada, liberadora y autónoma de los poderes económicos nacionales y extranjeros. Muy por el contrario hay cada vez más dependencia tecnológica y imbricación con el capital privado. No hay tampoco mejoras sustantivas en las condiciones de trabajo de los docentes universitarios, que nos sean las derivadas de la administración más o menos progresista del ciclo económico. Sin embargo, estos procesos correlativos de precarización y mercantilización, no se expresan a la usanza brutal de los noventa. Y esto impone la necesidad de trascender la impronta defensiva para poder presentar alternativas superadoras, proyectos realmente populares de universidad. Aquí, salvando excepciones contadas o áreas muy acotadas, el movimiento estudiantil choca con fuertes limitaciones. No se han consolidado, por ahora, las condiciones de posibilidad para la construcción de un proyecto de universidad pública, popular, crítica, autónoma y de calidad capaz de oponerse con éxito, tanto frente a esta la actual institución en crisis, como frente a la universidad “para la producción” promovida por el “capitalismo serio” de Cristina 17

Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales

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Kirchner. Algunas instancias de reflexión y debate como el Foro Nacional de Educación para el Cambio Social18 señalan un buen rumbo a seguir pero aún de manera incipiente. Dificultad aún mayor se encuentra a la hora de comprometer contingentes decisivos del movimiento estudiantil en la construcción de una alternativa social contrahegemónica. Vale la pena señalarlo porque es una vocación explícita de casi todas las expresiones de izquierda (independientes o partidarias, nuevas o viejas) que tienen incidencia en el movimiento estudiantil. Por supuesto que esta debilidad remite al campo popular en su conjunto, a sus dificultades y a sus desafíos, y por lo tanto no es achacable exclusivamente a la militancia estudiantil de la UBA. Aún así constituye uno de los grandes nudos a desatar en el futuro inmediato. En el pasado esto fue posible. Tanto la militancia reformista de principios del siglo XX como las organizaciones de los sesentas y setentas, tuvieron la capacidad de construir empresas colectivas que involucraron a la mayoría del estudiantado en grandes proyectos históricos que trascendían en mucho los claustros universitarios. La Franja Morada se asentó al principio en el vendaval democrático del alfonsinismo y más tarde en la apatía y el corporativismo de una época. Es discutible que a su caída le haya sucedido la constitución de una nueva hegemonía ideológica, política y cultural de la izquierda. Más bien, las organizaciones de izquierda parecen haber ocupado un espacio vacante y luego haber revalidado la confianza estudiantil a partir de su buena y honesta gestión, su disposición a la lucha y el apego a las bases. Esto no alcanza para constituir una nuevo movimiento estudiantil. Para superar el limitado horizonte capitalista del proyecto kirchnerista es necesario presentar una alternativa global de la que los estudiantes sean parte. Hasta hoy ni la izquierda tradicional ni la “izquierda independiente” con intenciones de nueva izquierda han mostrado esa capacidad. La primera cuenta con límites casi “congénitos” al respecto, que parecieran muy difícilmente superables; la segunda tiene por delante pruebas de importancia en los próximos años donde deberá mostrar de qué es capaz y de qué no. La construcción de una nueva hegemonía política que vuelva a embarcar, en condiciones por supuesto novedosas, a contingentes fundamentales del movimiento estudiantil en una empresa emancipatoria anticapitalista sigue siento una tarea pendiente. Probablemente la tarea del momento para una nueva militancia estudiantil. Buenos Aires, Octubre de 2011 * Sociólogo y docente de la UBA. Militante de la Juventud Rebelde 20 de Diciembre.

Evento organizado por las agrupaciones estudiantiles del espacio independiente de izquierda agrupado en el ENEOB. Se ha realizado en La Plata, en Córdoba y el último en Buenos Aires donde se reunieron alrededor de 6.000 personas.

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Bibliografía BONAVENA, Pablo, CALIFA, Sebastián y MILLÁN, Mariano (2007) El movimiento estudiantil argentino. Historia con presente, Buenos Aires, Ediciones Cooperativas BORÓN, Atilio (2004). “Reflexiones en torno al gobierno de Néstor Kirchner”. 187 Revista SAAP, vol. 2, nº 1, diciembre KATZ, Claudio (2010) “Los nuevos desequilibrios de la economía argentina”, en Batalla de Ideas N° 1, Buenos Aires, Septiembre. MAZZEO, M.; ACHA O.; y otros (2007) Reflexiones sobre el poder popular, Buenos Aires, El Colectivo. OGANDO, Martín (2010). “¿Y a la izquierda del kirchnerismo qué? Apuntes críticos para una nueva izquierda”, en Batalla de Ideas N° 1, Buenos Aires, septiembre. ROMERO, Gabriel (comp.) (2009) Los estudiantes, organizaciones y luchas en Argentina y Chile, Bahía Blanca, Libros en Colectivo. SVAMPA, Maristella (2005). “La gran mutación” en La sociedad excluyente: la Argentina bajo el signo del neoliberalismo. Buenos Aires, Taurus.

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Con diez años de menos. Apuntes apresurados sobre el movimiento estudiantil de la UBA. 2001-2011  

Artículo publicado en el libro de autoría colectiva "¿Que se vayan todos? A 10 años del 19 y 20 de diciembre de 2001"

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