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−Imposible −se opuso Julián−. Ya tenemos la denuncia y debemos indagarlo ahora mismo. −Con el mayor respeto fiscal −intervino Marcela con voz pausada, pero haciendo gala de su membresía de la unidad de apoyo−, estoy totalmente de acuerdo con el jefe Negro. Eso nos daría mayor oportunidad. −No hay marcha atrás, los derechos del acusado se van a respetar −sentenció Julián. −Entonces debemos avisarle para suspender la denuncia que lleva horas haciendo −dijo Marcela. −No −ordenó sin dilación Julián−, su denuncia es algo espontáneo y no haremos que se detenga. Cualquier información que de allí derive podría ser utilizada como prueba en su contra. El jefe Fernando Negro y Marcela López insistieron por unos minutos en no tomar declaración indagatoria a Manolo Araya, pero Julián Santerra impuso su decisión. Uno de los argumentos del jefe Fernando Negro fue: «Un homicidio no se puede investigar si no se tiene el cadáver». Y en realidad no se tenía. Pero Julián Santerra repuso que un homicidio se investiga con o sin cuerpo. −¿Qué pasa si lo entierran? ¿No lo buscamos? −dijo mientras atropelló a los asistentes con la mirada. Fue por respeto al cargo del fiscal que el jefe Fernando Negro dejó de discutir. Realmente dudaba de la orden de Julián Santerra dictada en ese momento. Para indagar a Manolo Araya se trasladaron a la oficina de Ricardo Bonilla en la unidad de delitos contra la propiedad del Ministerio Público, en el mismo edificio del OIJ. Allí esperaron que Araya concluyera, en la Oficina de Recepción de Denuncias, la

Tras la huella de los zopilotes  

Intro de novela negra costarricense.

Tras la huella de los zopilotes  

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