Page 34

38

el testigo involucrara al Pana y a los otros colombianos, por lo que la unidad de vigilancia y seguimientos del OIJ realizó un minucioso trabajo de inteligencia. Sabían en qué lugar se encontraría cada uno para detenerlo, en caso resultara positivo el anticipo de prueba. La audiencia inició a las nueve de la mañana con la presencia de Mamerto, del juez, del fiscal coordinador Héctor Vargas, del imputado Enrique Santos y de su abogado defensor. Para ese momento estaban preparados quince vehículos y cuarenta personas, entre ellas otros jueces penales para posibles allanamientos, fiscales de la unidad de apoyo y de la unidad de delitos contra la vida e investigadores del OIJ. El tiempo corría lentamente. Julián se encontraba en el parqueo subterráneo de los tribunales de justicia de Guadalupe, conversando sobre el caso con el jefe de homicidios del OIJ, Fernando Negro. Ambos se dieron cuenta de que consultaban sus relojes cada dos o tres minutos, lo que tornaba desesperante la situación. De repente, al dar las diez horas con treinta minutos se escuchó el timbre del celular de Julián. Se trataba de un mensaje de texto de Héctor que informaba según lo acordado: «Positivo. Luz verde. Iniciar Operación Neblina». Julián leyó mientras sentía que una sobredosis de adrenalina amenazaba reventarle el corazón. Esa era la clave acordada. Mamerto había vinculado en su declaración al Pana y a los otros tres colombianos. Terminada la lectura se volvió hacia Fernando Negro: −¡Ya los involucró, hay que aprehenderlos! Sin responder palabra, el jefe de homicidios tomó la radio de comunicación policial y dijo: «Espesa la neblina».

Tras la huella de los zopilotes  

Intro de novela negra costarricense.

Advertisement