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−¿Qué recomienda hacer para rescatarla? −inquirió Marcela, muy segura de no recibir instrucción alguna que sirviera para algo. −Usted sabe que un homicidio debe tener un principio de investigación en las horas inmediatas al hecho o de lo contrario nunca se resolverá. Pues en este caso vamos a recuperar esas horas desperdiciadas por Consuelo Hernández −manifestó Julián asumiendo la condición de profesor universitario, lo que molestó a Marcela por brindarle una explicación tan elemental. −Con todo respeto −dijo ella, mientras abría el expediente−, he leído los informes policiales y no aportan mayor cosa. Dos personas en motocicleta, en apariencia hombres, se detienen junto al automóvil de Fabio Alfaro también detenido en una presa de tránsito, disparan tres veces contra el señor Alfaro impactándolo una vez en la cabeza y produciéndole la muerte. Esto es lo básico. Por lo demás hay mil versiones acerca del color de la motocicleta, lo que no ayuda para nada; y nadie da informe alguno sobre la identidad de los motociclistas. No hay mucho. −¿Es todo? −preguntó Julián como si conociera la respuesta. −Sí, es todo. −¿Qué debe investigarse en un caso de homicidio? −de nuevo Julián se comportaba como profesor, generando mayor enojo en Marcela. −Los indicios, el arma… −Por supuesto, pero hay algo elemental en toda investigación de homicidio. Marcela se sintió incómoda. −No tenemos nada para investigar −subió la voz, pretendiendo poner fin a aquel trance.

Tras la huella de los zopilotes  

Intro de novela negra costarricense.

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