Page 10

14

mañana, eran una carga muy pesada. Debía actuar con rapidez y prudencia. Sin embargo, tenía la agenda llena de trabajo y exámenes médicos que no podía postergar otra vez. Terminó de fumar y se metió en la ducha. Con la experiencia de bañarse todas las mañanas durante cincuenta y tres años, liberó las manos para que hicieran la limpieza mientras su cerebro se ocupaba en resolver la duda que le dejó Rubén. La concentración era tanta que no pudo disfrutar del agua, más caliente que tibia, que se deslizaba por su cuerpo. Terminó de vestirse y sin pensarlo bajó al primer piso y entró a la cocina. Abrió el refrigerador y con algo de molestia cerró la puerta, pues recordó los exámenes clínicos para los cuales debía permanecer en ayunas. Se sentó frente al desayunador, esperó que las agujas del reloj marcaran las siete y treinta de la mañana y tomó el teléfono. −Tribunal de Juicio −oyó una voz de hombre al otro lado de la línea. −Buenos días −dijo ella con la firmeza que dejan muchos años de ser la jefa−, le habla Carmen Lacomme. −¿Cómo está, licenciada? −Muy bien, gracias. Por favor comuníqueme con la jueza tramitadora… con María Fernanda. −Disculpe doña Carmen, pero la licenciada María Fernanda Zamora se reportó enferma desde el lunes de la semana anterior y su incapacidad la tendrá fuera de la oficina por algún tiempo más. Era jueves, por lo que de María Fernanda Zamora no había noticia desde hacía diez días.

Tras la huella de los zopilotes  

Intro de novela negra costarricense.

Advertisement