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El punto de partida

¡Tu bebé acaba de llegar! Comienza a conocer el mundo, descubre y explora sus novedades y empieza a identificarse con él. Nuestro protagonista comienza su viaje, un viaje en el que la nutrición es un factor clave y tú serás su principal aliado: porque sabes que un crecimiento equilibrado y saludable comienza desde el primer día, estableciendo unas bases sólidas. Por eso en Milupa queremos estar a tu lado en este viaje nutricional que ahora comienza tu hijo, queremos ser vuestros compañeros y amigos. Estando a vuestro lado hoy y en cada etapa. Porque Milupa lleva toda una vida dedicada exclusivamente a la nutrición infantil.


Los aliados en esta etapa del viaje La lactancia materna es, sin duda, la mejor amiga de nuestro protagonista en esta etapa. Representa la alimentación más adecuada y completa en estos primeros meses. Le proporciona todos los nutrientes necesarios para un crecimiento y desarrollo adecuados, favoreciendo el proceso de digestión y absorción del lactante. Es un alimento completo, posee todos los elementos que garantizan al recién nacido protección contra infecciones, especialmente las respiratorias y gastrointestinales. Es hipoalergénica, constituyendo la mejor protección contra el riesgo de alergias ¡Y está siempre preparada, a la temperatura ideal! Pero si a pesar de sus reconocidas ventajas y debido a determinadas circunstancias (de salud, laborales o factores dependientes del niño) optas por alimentar a tu bebé con leches de inicio, dispones de un amplio abanico de posibilidades. Milupa pone a tu disposición


Milupa 1, fórmula de inicio para lactantes desde el primer día y Milupa Digest AC/AE 1, fórmula a partir del primer día para aliviar los trastornos digestivos leves como estreñimiento, gases y/o cólicos del lactante.

Consulta siempre a tu pediatra y él te aconsejará. Pero estate tranquila, las leches adaptadas tienen en su composición los hidratos de carbono, grasas, proteínas y vitaminas necesarios para cubrir perfectamente las necesidades del niño ante la ausencia de leche materna.


Los primeros momentos “¿Qué es lo que pasa?”. Posiblemente esa sea la pregunta que tu recién nacido tiene en la cabeza durante el día. ¡Imagínate! Todo es nuevo para él, hay muchos ruidos y luces intensas. Necesita un tiempo para acostumbrarse al cambio. Sus movimientos son más que nada reflejos: chupar, morder, agarrar, parpadear. Aún necesita unos cuantos días para que controle mejor su cuerpo. Aprovecha este tiempo para estar con él y sonreírle cada vez que enfoque su mirada en ti; eso le dará confianza. A medida que transcurran los días, notarás cambios importantes en su conducta: podrá levantar la cabeza algunos segundos, mover y mirar sus manos e incluso tal vez fijar su vista en algún elemento de colores fuertes o de alto contraste. Es probable que también haya desarrollado cierta rutina en cuanto a alimentación y sueño; esto suele suceder alrededor del primer mes. Lentamente, deja de realizar movimientos torpes y parece encontrarse más a gusto con su propio cuerpo.


Tal vez incluso siga tus movimientos con la mirada, desde su cuna. Y presta atención: cuando supere el mes, quizás comience a emitir sonidos y gorjeos, tratando de expresarse y comunicarse contigo. Háblale, sonríele, acarícialo y aliéntalo a seguir “hablando”, acompañando sus sonidos. Él, como lo hace desde siempre, te escuchará atentamente y sabrá reconocer tu voz sobre las demás. Es una de las sensaciones más emocionantes.

En estas primeras semanas de vida, es probable que tu bebé padezca cólicos. No te preocupes, es algo normal, que puedes notar si llora mucho tiempo seguido o se ve muy inquieto. Consulta con tu pediatra y no desesperes, sólo necesita un poco de paciencia.


Empezando a crecer Estate atenta, porque los cambios físicos de tu bebé en esta etapa son de verdad sorprendentes: en pocos días aumentará de peso y probablemente notes, aunque leve, un cambio de tamaño. Los músculos se desarrollan deprisa y ahora tienen más fuerza. Lo verás repetidas veces levantar su mano y mirarla con atención: está aprendiendo las distancias entre su cuerpo y las cosas. Ya cerca de los cuatro meses, las articulaciones son más flexibles, lo que se traduce en distintos movimientos como patear, cerrar los puños o extender los dedos. Con respecto a los movimientos, verás que ya tiene un mayor control. Puede darse la vuelta, levantar la cabeza e incluso moverla estando acostado boca abajo. Aprovecha para realizar movimientos suaves, así él puede seguirte con el cuerpo y la mirada. Sobre todo, recuerda hablarle todo el tiempo: en esta etapa tu bebé registra tu voz y tu lenguaje como una verdadera esponja y el hablarle estimulará su


desarrollo. Si haces una reunión en tu casa, no obligues a las visitas a estar en silencio "por el bebé". Todo lo contrario: hazle partícipe de la charla. Con respecto a la alimentación, si bien todos los bebés son distintos, es probable que al pasar los tres meses, tal vez un poco más, ya no necesite alimentarse de noche. Pero no desesperes si eso no sucede: pueden pasar varios meses hasta que efectivamente las horas de sueño sean más largas para ambos. Consulta con tu pediatra al respecto de la mejor dieta para él; si bien es costumbre comenzar a alimentarlo con alimentos sólidos, recuerda que tu propia leche provee de todos los nutrientes que necesita tu bebé hasta los seis meses. Siempre busca el consejo de un profesional antes de cambiar de rutina.


¡Hay un mundo ahí afuera! Al pasar los dos meses, verás que tu bebé comienza a responder a tus estímulos con más naturalidad. Puede que lo descubras sonriendo después de comer o si juegas con él. También ha llegado el momento de relacionarse con objetos más complejos; un sonajero es el elemento ideal Cuando tú o tu pareja os acerquéis a su cuna, él ya os identifica. Y, por supuesto, os buscará cuando algún familiar se acerque a él. Pasando los tres meses, los estímulos externos comenzarán a afectarlo de manera progresiva. Ruidos, música, voces: seguramente reaccionará de distintas maneras ante distintos eventos. Las notas musicales le gustan mucho; puedes aprovechar para empezar a cantarle, poner canciones entretenidas e incluso bailar para él. Será una experiencia muy divertida para los dos, y sobre todo para ti, porque lo notarás mucho más receptivo. Esta etapa suele ser muy gratificante después del cansancio


acumulado por las arduas tareas de las primeras semanas (cambiarlo, vestirlo, alimentarlo…). Concéntrate en disfrutar lo maravillosos que son estos momentos. Como ya dijimos, al sobrepasar el tercer mes tu bebé es una verdadera esponja: todos sus sentidos están alertas a lo que pasa. Los aromas, los sonidos, los roces, los colores, las luces e incluso algunos sabores: todo es atractivo para él. Estimula su desarrollo leyéndole, escuchando música y hablándole constantemente sobre lo que quieras. Los cambios, a partir de ahora, serán incluso más rápidos. Tal vez escuches palabras articuladas, pero en realidad son sonidos imitativos, ya que todavía no comprende lo que dice ni lo relaciona con los elementos o las personas. No falta tanto, sin embargo, para oír esas palabras mágicas salir de su boca: “mamá” y “papá”. ¡Prepárate!


¡Tengo un bebé! ¿Qué hago? La palabra clave: paciencia. Nadie te puede enseñar a ser mamá. Amamantar, por ejemplo: es una cuestión de costumbre. Pronto tu bebé se entenderá a la perfección con su más importante fuente de alimento. Las dudas que pueden asaltarte en los primeros días tienen que ver con una pregunta: “¿estaré haciendo las cosas bien”? No te preocupes: muy pronto aprenderás a entender todas las señales de tu bebé. Recuerda que hoy tu bebé necesita, sobre todo, tu amor, tu cariño, tu protección. El instinto maternal se encargará del resto.

De todos modos, si te surgen inquietudes, no dudes en consultarlas con tu pediatra de confianza. Una de las claves en las primeras semanas del recién nacido es la relación con tu


pareja: la franqueza lo es todo. Pídele ayuda cuando la necesites y compartir las cosas más divertidas entre los tres. Probablemente te sientas exhausta durante los primeros quince días, y tu pareja es el mejor soporte para seguir adelante. El sueño ya no es el de siempre, estás alerta todo el tiempo y tienes sensaciones encontradas acerca de tu bebé: piensa que todo eso es normal y que todos los padres, desde siempre, han atravesado por los mismos procesos. Muy pronto acordaréis una rutina satisfactoria para todos y el estrés será sólo otro recuerdo de esta maravillosa etapa. Pero recuerda: si la sensación de agotamiento y desánimo persiste durante mucho tiempo, busca ayuda.


Ya me siento más cómoda, ¿y ahora? Transcurridas las primeras seis o siete semanas, tu confianza en el rol de madre aumentará considerablemente. Hay dos razones para esto: primero, has aprendido las distintas rutinas de alimentación, baño y sueño; has entendido las señales de tu bebé y su relación es más fluida. Pero, además, sus sonrisas y respuestas encantadoras ante distintos estímulos le dan mucho más sentido a tus tareas, haciendo que el cansancio desaparezca como por arte de magia. Después del primer mes, es normal que busques salir de tu casa o realizar alguna actividad que corte tu rutina. Es saludable que lo hagas: pasea, comparte experiencias con otras madres, haz ejercicios o sal con tu pareja en la medida que sea posible. En el caso de que tengas un hijo más grande, hazte algo de tiempo para compartir con él. De esa manera evitarás los naturales celos de hermano e incluso puedes contar con un buen ayudante.


¿Cuándo vuelve todo a la normalidad? Después de los primeros meses es probable que dos temas clásicos aparezcan en el seno del hogar: tus relaciones sexuales y la inminente vuelta a tu actividad profesional. Para el primer caso, es importante que, luego de realizar tu revisión postparto, charles con tu pareja para encontrar el momento justo. Ambos tendréis dudas, y la mejor manera de resolverlas, como todo, es hablándolas con franqueza.

Con respecto a la vuelta a tus actividades, deberás considerar distintos factores: por un lado, tus propios tiempos y exigencias profesionales; por el otro, la necesidad de contar con alguien que pueda cuidar a tu bebé durante tu ausencia. La confianza es la variable principal, junto con el equilibrio. No te sientas culpable por “abandonar” a tu bebé. Si lo


necesitas, charla con otras madres que ya hayan atravesado por esa experiencia, con familiares o con especialistas sobre el tema. Tu bebé ya es más grande y ahora su relación es mucho más fluida. Es momento para que abras aún más el juego a tu pareja: sugiérele que se encargue del baño diario, impúlsalo a que le lea, le cante o le hable de su día al volver a casa. La relación paternal comenzará a estrecharse mucho más. Y, por cierto, las reacciones de tu bebé serán cada vez mayores. Su nivel de respuesta es asombroso en esta etapa; probablemente sea uno de los momentos más gratificantes de la paternidad. ¡Aprovéchalo!


EL PUNTO DE PARTIDA