Page 1

HISTORIA DEL PERIODISMO ESPAÑOL. Prensa, Política y Opinión Pública en la España Contemporánea Juan Francisco Fuentes Javier Fernández Sebastián

UN REPASO A LOS ORÍGENES DEL PERIODISMO

Prehistórico

Periodismo Como a cualquier actividad profesional, al periodismo se le pueden encontrar “antepasados” más o menos ilustres y remotos. Desde muy antiguo se han venido sucediendo modos de comunicación y procedimientos de intercambio de informaciones que tendían a satisfacer en cada momento las necesidades de la sociedad en la que se insertaban.

Mario Quijano

E

l perfeccionamiento del “comercio de noticias” ha sido un proceso gradual en el que a lo largo del tiempo se han conseguido hitos sobresalientes. La imprenta fue el punto de inflexión. En un principio existía un público muy reducido, formado por pequeños núcleos como cortesanos, magnates, clérigos o mercaderes y la difusión de noticias era más por un instinto comercial de los impresores y libreros que de la curiosidad de los compradores. El ensanchamiento del mercado noticiero comenzó en los albores de la Edad Moderna como consecuencia de tres factores: El reforzamiento del poder regio en los na-

cientes Estados dinásticos, la Reforma protestante y los conflictos políticos-religiosos subsiguientes y los grandes descubrimientos geográficos. Animada por la controversia religiosa o ideológica, el espíritu mercantil o el simple deseo de conocer las novedades, empiezan a florecer los calendarios, almanaques y pronósticos, carteles, pasquines, libelos y pliegos de cordel o las relaciones de sucesos. Seguramente este último es el prototipo más característico del paleoperiodismo. Las relaciones de sucesos se trataban de folletos generalmente breves, donde en unas pocas hojas se relataba detalladamente un solo acontecimiento de cierta importancia como podrían ser descubri-

mientos, conquistas, fiestas y celebraciones o catástrofes. Es decir, contenían las secciones propias de un diario actual y por ello se considera que las relaciones de sucesos son el antepasado más directo e inmediato del periodismo actual. En España, la tarea de relacioneros e impresores se vio favorecida por la expansión del Imperio Español y la necesidad de circular noticias y ordenes por todas las colonias. Algunos de los puntos clave fue la organización de postas y estafetas a partir de 1504 y la intensificación de la red viaria. Sin embargo, a pesar de la difusión de noticias en la España del Antiguo Régimen, existía el privilegio para producir impresos basado en la licencia de impresión, que consistía en que el rey daba un per-


Las relaciones de sucesos pueden verse como el antepasado lejano de la prensa moderna miso para poder publicar y que, claro está, llevaba aparejada a censura previa. A los controles previos por parte del poder civil se añadía la permanente vigilancia de un Santo Oficio que, incluso después de la publicación, constituía una amenaza temible para autores, libreros y simples lectores. Es sabido, por otra parte, que paralelamente al uso de la imprenta sobrevivió durante dos siglos más el viejo noticierismo manuscrito o avisos, cuyo máximo desarrollo se alcanzó en el siglo XVII. La exclusividad en las informaciones, la mayor facilidad para escapar a la vigilancia gubernativa e inquisitorial o el importante coste que suponía poner en marcha una imprenta, fueron algunas de las razones por las que esta clase de informes se convirtieron en “mercancía de lujo” solo al alcance de gente poderosa. Gaceterismo Al igual que la noticia manuscrita dio paso a la noticia impresa, esta tuvo que ceder a las gacetas, siendo vencedora a los obstáculos del espacio y el tiempo y consiguiendo derrotar a la crónica ocasional con las periodicidad. Las gacetas, además de numeradas, empiezan a ser fechadas, y su aparición terminará por sujetarse a in-

Felipe V

tervalos regulares. La creciente riqueza y variedad en contenidos informativos dieron lugar a las pautas fundamentales del periodismo moderno: seriación, regularidad, periodicidad… Aunque se cree que las primeras gacetas españolas se imprimieron en Barcelona y Sevilla, la que verdaderamente irrumpió en este mundo del periodismo fue la Ga-

rio histórico y político (1738) rebautizado como Mercurio de España y el Diario de Madrid (1758), de carácter semioficial. Es de destacar como en 1758 aparece el Diario Noticioso de Francisco Mariano Nipho, siendo la primera publicación española que aparecía todos los días, constituyendo algo insólito en Europa (aparte del londinense Daily Courant).

Aunque lenta pero inexorablemente, las gacetas eclipsaron a las relaciones y avisos, estas no dejaron de imprimirse y los corresponsales y redactores a sueldo no desaparecen. Esto se debió a que ciertas élites siguieron confiando en sus propios cronistas para cierto tipo de informaciones que nunca podrían ser recogidas en una gaceta.

ceta de Madrid (1661), periódico que con el tiempo acabaría transformándose en el Boletín Oficial del Estado (BOE) durante el reinado de Felipe IV. Significativamente, en su origen, la Gaceta de Madrid, no estuvo patrocinada por Felipe II, el rey que la vio nacer, sino por su hijo Juan José de Austria, que ambicioso por alcanzar la corona comprendió la importancia de la información como medio de lanzamiento político. Parecida a la Gazzete de Renaudot, sus informaciones se centran en las noticias internacionales, militares y políticas.

“Mientes más que la Gaceta” El periodismo de Estado Con la entrada del Siglo XIX, se produce la llegada de una nueva dinastía monárquica en España, y se produce un tímido cambio en el clima político e intelectual. Con Felipe V, la Gaceta inicia una nueva etapa más oficiosa, ya que el monarca consideraba que los anteriores gaceteros no siempre habían tocado “las materias de Estado” con la debida “prudencia y cordura”. Esta tendencia de Periodismo de Estado estable y regularizado se consolidará a lo largo del siglo, convirtiendo a la Gaceta en el órgano de la Monarquía por excelencia. Además de la Gaceta, el bloque de prensa paraestatal estará intregrado por el Mercu-

Sin embargo, el impulso de la prensa tocó fin cuando se producen los motines de la primavera de 1766, donde Carlos III llevó a cabo un endurecimiento represivo, perceptible en la cantidad de solicitudes de nuevas publicaciones denegadas y el fin de varios periódicos como El Pensador. La prohibición en 1791, por una lacónica disposición real de Carlos IV debido al temor a los sucesos revolucionarios en Francia, pusieron el punto final a la mayor fase de esplendor del periodismo ilustrado en España. Esto supuso una nueva fase de debilidad periodística que no se quebrará hasta la explosión publicista subsiguiente a 1808. Reformismo borbónico e ilustración En el siglo XVIII se inicia en toda Europa la transición de una sociedad de órdenes, rígidamente jerarquizada, a una sociedad de individuos. El privilegio y los derechos hereditarios van a ser progresivamente sustituidos por el mérito y la propiedad, dando así paso a una sociedad de clases, mucho más igualitaria que la que vieja sociedad estamental. Este proceso viene acompañado/precedido en el plano de las ideas por un fuerte avance del pensamiento crítico en todas las áreas, sobre todo en el plano político. Sin embargo, la Ilustración española no fue tan radical y rara vez sus intelectuales propusieron poner en tela de juicio valores considerados intangibles como la religión o la monarquía. Sus corrientes se orientaban preferentemente hacia la instrucción,


el desarrollo científico, los problemas económicos y los saberes prácticos. En España, ilustración política y política ilustrada casi nunca se dieron la espalda, al menos hasta la muerte de Carlos III. Durante el periodo carloino, las tentativas reformadoras tenían como objetivo promover una “feliz revolución”, es decir, una pacífica transformación que produjera una mejora tutelada de las condiciones de vida de los súbitos fortaleciendo simultáneamente los privilegios de la Corona. Una Monarquía fuerte era, a los ojos de nuestros ilustrados, la única garantía de progreso.

gaditana, El corresponsal del Censor o El duende de Madrid fueron algunos de ellos. Pero los dos más excelsos representantes fueron El Pensador (1762) y El Censor (1781). Contando con las mejores firmas del país, su pasión analítica y censora les llevó a reprobar con energía toda clases de lacras y vicios sociales, poniendo en entredicho a la nobleza, los modelos de teatro vigentes, el abuso de la iglesia, los métodos educativos, los textos jurídicos, etc. El Censor además se ocupaba del periodismo, dedicándole algunas alusiones como la necesidad de libertad de pensa-

El problema del público Los ilustrados, ya fueran gobernantes o gobernados, vieron en la prensa ante todo un útil instrumento al servicio de su programa de reformas, siendo puente de dirección con los ciudadanos. Pero en España existía una debilidad del mercado periodístico debido a la escasez de público. Esto se debía a las bajas tasas de alfabetización (la escolarización infantil apenas llegaba al 25%), lo que suponía un lastre casi insuperable para el despegue de la prensa. Periodismo crítico: El Pensador y El Censor A pesar de que la Ilustración era bastante moderada en comparación con otros focos de Europa y de que además contaba con el problema de un pueblo analfabeto, hubo quien se empeñó contra viento y marea en poner en entredicho el sistema y en hacer ejercicio de crítica contra las costumbres e instituciones. Basados en el ensayismo periódico que con gran éxito lanzaron Steele y Addison en la Inglaterra de principios del siglo XVIII, en España aparecen los “espectadores” a partir de 1761. El Duende especulativo, La Pensadora

puerto reformas, algunos intelectuales sostienen ya con claridad meridiana que las instituciones se justifican simplemente por las ventajas que su existencia entraña en los ciudadanos. Así, cuando al final del reinado de Carlos III es evidente la frustración del proyecto ilustrado, se abre un Con motivo de advertirse en los Diarios y papeles públicos que salen periódicamente haber muchas especies perjudiciales, cesen de todo punto, quedando solamente el Diario de Madrid de pérdidas y hallazgos, ciñéndose a los hechos, y sin que en él se puedan poner versos ni otras especies políticas de cualquier clase. Y en su consecuencia no se permita la continuación a los autores del Memorial Literario, La Espigadera, y Correo de Madrid. Real Orden dada por Carlos IV el 24 de Febrero de 1791

Carlos III miento y expresión. Crisis de la Ilustración La década periodística de 1780 coincide con una fase de relativa libertad, pero también de enrarecimiento del ambiente político. Quebrada la confianza en la capacidad de la Corona para llevar a buen

debate constitucional que tendrá su primer punto de llegada en 1812 y que, para el sector radical-ilustrado,, supone de hecho una transición sin solución de continuidad de las Luces al liberalismo. Llegan noticias alarmantes de Francia, y el secretario de Estado Floridablanca reacciona suspendiendo drásticamente a la prensa en Octubre de 1791. Sin embargo, la avidez de los españoles por conocer las novedades del país vecino hacen que consigan burlar los controles gubernativos e inquisitoriales siendo muchos los que consiguen estar al corriente de lo que sucede allí. Esta inquietud promovió la lectura de prensa. En 1792 se levantó la prohibición de Floridablanca, pero el porcentaje de proyectos periodísticos denegados seguía siendo muy alto.

Prehistórico Periodismo  

Mario Quijano

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you