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Excursus “Si todas sus decisiones en materia de táctica obedecen a este principio: no tratar de crecer como organización específica sino contribuir en la maduración de los trabajadores, entonces, si esto es así, seguirá el buen camino.” Antón Pannekoek “Si había esperanzas, estaba en los proles” George Orwell

1 Nuestro enfoque se desliza sobre el filo de una navaja. Ha tratado de apartarse tanto de la posición antiestatalista como de la pro estatal. Proponemos un debate en dos frentes. Cuestionamos el estatalismo clásico de la izquierda pero desde un lugar distinto que no niega al Estado. No estamos de acuerdo con el antiestalismo que no quiere ir más allá de las situaciones, el antiestalismo que ante el temor a que el “exceso” conduzca al “leninismo” y a la anulación de la democracia, alienta la parálisis y termina prisionero de las lógicas del neoliberalismo. En este sentido, consideramos que se puede elaborar un discurso crítico a la representación, a la noción de externalidad de la conciencia, al vanguardismo, y a toda filosofía basada en metadogmas desde un campo específicamente marxista y político. Ante la visión que reduce la explicación del fracaso de las revoluciones del siglo XX a una cuestión ideológica más que histórica (el "estatalismo") se han desempolvado argumentos tradicionales y todo el arsenal folklórico de la izquierda: algunos tratan de explicar este fracaso, ya no a través de la centralidad que asumió el Estado en el marco de las estrategias revolucionarias, sino partiendo del estalinismo. Esto significa que, para algunos, el problema de la revolución se reduce al papel de Stalin como artífice exclusivo del proceso de burocratización. Además, este tipo de argumento tiende a asociar y a identificar el proceso revolucionario mundial al destino de la revolución rusa. Otras versiones más matizadas consideran que la burocratización es un fenómeno que no se puede explicar a partir de la “traición” de Stalin, pero no dejan de considerar otras figuras supuestamente libres de todo pecado, heréticas y derrotadas, (¿o heréticas por derrotadas?) como potenciales antídotos. Debemos asumir que no fueron exclusivamente las aberraciones del stalinismo las que afectaron las posibilidades de arraigo de la idea socialista en las masas. Por último, y en directa relación con las dos visiones anteriores, están quienes le achacan todos los males al carácter "nacional" de las revoluciones socialistas triunfantes en el siglo XX.

2 Engels, en 1888, con la pretensión de asestar un nuevo golpe a la filosofía clásica alemana, afirmaba que los hombres siempre actúan dotados de conciencia. Para Engels nada acontecía sin fines e intenciones, el reconocimiento de los “agentes espirituales” en la historia era una actitud consecuente con los principios dialécticos, la clave de la rigurosidad pasaba por la búsqueda y el análisis de los factores determinantes de esos agentes. Pero esta concepción tenía límites claros. Engels, por un lado, reconocía la existencia e incidencia de agentes subjetivos en la historia, sin embargo, por el otro, los veía como “determinados” (sin duda por factores materiales), es decir: le niega a los elementos subjetivos el carácter de “factores determinantes”. Marx había avanzado aún más en la Tesis I sobre Feuerbach: “La falla fundamental de todo el materialismo precedente (incluyendo el de Feuerbach) reside en que sólo capta la cosa (gegenstand), la realidad, lo sensible, bajo la forma de objeto (objekt) o de la contemplación (anschauung), no como actividad humana sensorial, como práctica; no de un modo subjetivo [...]” (Marx y Engels, 1985:665-666). Por lo menos, en este pasaje la dicotomía objetivo–subjetivo aparece resuelta por la categoría de praxis.

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